LA HIBRIS DE LA DESMESURA
Madrid-España a 20/102026
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
En la época contemporánea estamos
saciados del despilfarro de las palabras, de las imágenes, de la existencia,
del lenguaje, que incrementa el Estado tecnológico, los instrumentos técnicos y
los políticos –que facilitan el “confort”, las armas para la guerra y la conversión
del hombre en objeto o número-. Un tiempo como el nuestro necesita de las
consideraciones humanísticas, las filosóficas, las lingüísticas y las cientifico-tecnicas.
Que hagan “hincapié en la importancia de la libertad espiritual e intelectual”:
la libertad de expresión, la libertad de pensar, la libertad de criticar, la
libertad de escribir, la libertad de movimiento, la libertad ideológica y de
creencias religiosas.
Como expresó el pedagogo
norteamericano Abraham Flexner: “Ninguna
de estas actividades necesita otra justificación que el simple hecho de que
sean satisfactorias para el alma individual que persigue una vida más pura y
elevada”.
En esta época interconectada en
Red y de imágenes en movimiento, importante es, develar las relaciones de poder
y el sentido de saber que ocultan tras de sí. Porque no sólo está en juego la
libertad espiritual e intelectual del estudiante, sino de la sociedad en
general. Estamos entregando las posibilidades de reflexionar, la capacidad de
crítica, los contenidos de las experiencias, la sensibilidad estética de la
existencia; aquello que eleva y dignifica la vida del hombre sobre la tierra,
por unas pocas monedas de lo actual.
Sabemos que en ciertas áreas del
mundo y en determinados países se está efectuando una “caza de brujas” sobre la
libertad del espíritu humano que presionan a millones de personas, jóvenes y
ancianos a migrar, a pasar necesidades materiales y espirituales, a sufrir
xenofobia, racismo y hambre. El enemigo real de la libertad y del espíritu
humano es, quien lo quiere someter a unos principios ideológicos, religiosos, políticos,
de control y de vigilancia en su vida privada y pública. Que se sitúe en un
nivel irreflexivo e instintivo que responda al llamado de la voluntad y las
relaciones de poder.
En esta época de alto desarrollo
técnico, de cultura de masas y de sociedad de masas, la justificación de la
libertad espiritual, sin embargo, no se puede desconocer o abolir en nombre de
las tecnologías de la información (la informática más telecomunicaciones), así
que, la tecnología del proceso de datos y las telecomunicaciones eléctricas
informatizadas hacen inevitable la conjunción entre el poder y el saber. El
filósofo Michel Foucault dijo: “El poder crea saber y el saber crea poder”.
Estos elementos estructuran un
tejido de relaciones de fuerza, que se distribuyen en las redes sociales y las
instituciones. En suma: el espíritu de la lengua responde a la economía del
poder. De ahí que las personas formadas para pensar se convierten en algo
incómodo para los que ejercen el poder. El filósofo, el artista, el poeta, el
escritor, el músico, el dramaturgo, el pensador, entre otros, son la voz de los
que no tienen voz. Son la conciencia crítica del mundo y de la realidad, frente
a los “centros de poder” distribuidos en las redes globales y las plataformas
digitales. Son seres política y socialmente repudiados por el Sistema y los
guardianes del “status quo”.
Por esa razón, considerar la
preocupación por la condición actual y la vitalidad futura del lenguaje y la
política. Esto induce a pensar que se están verificando las investigaciones
iniciadas en Alemania por Karl Kraus y Fritz Mauthner sobre la crisis del
lenguaje. Estamos acaso en un nuevo renacer de la retirada de la palabra y sus
consecuencias en la condición humana. De ahí que el fracaso de la palabra en la actualidad, tiene un efecto social, psicológico
y ético, en el ser humano y el cuerpo social.
Debemos tomar consciencia que el
mundo de la palabra que heredamos de la cultura greco-hebraica y del humanismo
burgués, se está deshaciendo como hongos podridos en la boca, dando paso a la
barbarie y a la animalidad política. Esto es traumático en la conducta y
escritura del pensador, del novelista y del poeta. Porque tienen la visión que
la herencia de la Cultura y la Civilización de Occidente, se está remplazando
por la violencia, el hambre, las migraciones, la xenofobia, la discriminación y
la guerra.
Porque la intolerancia política,
el autoritarismo, el neo-fascismo, el populismo de principios del Siglo XXI, está
afectando los contenidos espirituales del lenguaje y los cimientos de la
Cultura de Occidente. A su vez, los magos de la palabra sitúan la objetivación
de las relaciones humanas, el desgarramiento del Yo interior, el fanatismo y la animalidad política en la actualidad,
en los centros vitales de la cultura occidental. De ahí que las catástrofes estén
acompañadas por la fanfarronería de los sub-lenguajes, de las sub-humanidades y
los lenguajes artificiales, que se concatenan a la Cultura del artificio.
Esta
degradación del lenguaje es descrita magistralmente en las obras de los
novelistas, de los poetas, de los músicos o, de los narradores de historias.
Porque sí se observan como algo coyuntural equivale sencillamente a no
comprender lo que sucede.
Debemos ser conscientes que, a
consecuencia de la barbarie política y tecnológica en la actualidad, del mal
uso del lenguaje, al servicio de los políticos y el Gran poder de las tecnologías de la información –se tiraniza la
palabra, se viola la intimidad, la libertad y los derechos humanos, políticos y
sociales del individuo y del cuerpo social. Estas transformaciones del espíritu
lingüístico del ser humano, intensifican los procesos de falsificación en los
asuntos públicos y privados, que siempre forman parte de las difíciles
relaciones entre lenguaje y el ejercicio del poder.
Así pues, el legado de los
vestigios de la barbarie política en la actualidad, son de suma importancia
para el creador, el pensador o el artista. Porque es desde los escombros de la
cultura, los símbolos, los relatos, las narraciones de historias, los
fragmentos de los misterios o rituales olvidados. Desde donde se “reinscribirá”
la memoria y la historia de las vidas dislocadas. Se tiene la sensación que el
ser humano ha tocado fondo nuevamente y lo que deja a la vera del camino son
esquirlas de huesos rotos, destrucción de la naturaleza, el fuego abrazador de
las guerras actuales jalonadas por los instrumentos técnicos y la inteligencia
artificial.
Pero ese diminuto y frágil ser
humano, dotado de sentimientos, imaginación, sensibilidad, experiencias, pensamientos
y lenguajes, se enfrenta a los desafíos de la época y los superara. Como hace
en la actualidad con los desafíos ecológicos y del cambio climático, los
desafíos que genera la inteligencia artificial y, en particular, a los desafíos
de la violencia, del odio, de las migraciones, la xenofobia, el racismo y las
guerras nacionales e internacionales.
Se deduce de este estado de
cosas, que donde reina la oscuridad, la mentira, el miedo, el sufrimiento, el
horror, la amenaza, la sangre, la muerte, la uniformidad del lenguaje, la
objetivación de la vida, la poesía se convierte en fuente de información. Como
dijo George Steiner que “el poema es una conspiración en presencia de todos”.
El lenguaje poético, la cadencia de la palabra, las cosas rítmicas, en
circunstancias históricas donde la libertad y la vida se encuentran
constantemente amenazadas, se transforman en crítica, crítica de la condición
humana y de la política.
Son los creadores los que en la
sociedad contemporánea se convierten en guardianes de la esperanza, la
libertad, para que el lenguaje sobreviva a la muerte. Nos recuerdan que el
poder pertenece a lo histórico, a lo accidental, el arte, en cambio, a lo
eterno y a-temporal. Sí el arte y la literatura ayudan a precisar la
individualidad; así mismo toda “elección estética constituye algo individual,
entonces la experiencia estética es siempre íntima”. Además, “cuánto más rica
sea la experiencia estética de una persona, más sólido será su gusto, más agudo
su enfoque moral, y más libre podrá ser él”.
Por eso, la estética fortalece la
individualidad y precisa la libertad, contra la esclavitud y la servidumbre.
“Es posible que la comunicación verbal desempeñe ahora un papel menos
importante y creativo en la vida de la conciencia. Códigos no verbales como las
matemáticas controlan y definen gran parte de la realidad, y debido a los
criterios de evaluación de la literatura, es posible que esos códigos impongan
su realidad a una cantidad cada vez mayor de personas” –dijo George Steiner, en
el texto “El castillo de Barba Azul”.
De forma análoga va creciendo la
prioridad de los lenguajes del artificio
y poco a poco van remplazando las profundas estructuras de la gramática del
habla. No resulta extraño que las palabras abarquen un espacio cada vez más
reducido de la realidad del espíritu y del mundo. Que algunas veces no sean
capaz de dar sentido a las esperanzas y a las necesidades humanas. Porque esto
se convierte en tormento moral para las conciencias despiertas.
Además, somos parte de un mundo
que vive bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el
descrédito de las instituciones, el nepotismo político, las injusticias
sociales, el racismo, el nacional-populismo, la crisis económica y financiera
internacional, son apenas señales de la quiebra de los valores públicos y la
disolución de las referencias colectivas. Esta atmósfera nos deja perplejos e
inermes, porque las pautas y los puntos de referencia a los que nos
agarrábamos, se están disolviendo. Esto se concatena en otras instancias, a una
implícita añoranza de la coherencia moral y del Yo concreto.
Entonces
vislumbramos la catástrofe que se viene sobre el hombre. Una catástrofe que
dañará nuevamente los centros vitales de la cultura y la civilización
occidental. Este acontecer inexorablemente repercutirá en el lenguaje, ya “que
rechazar la semejanza entre los hombres; consiste en rechazar el principio
fundamental del Humanismo” –al decir de Walter Benjamín.
En este orden, la economía del
poder es consciente que un modelo autoritario y uniforme de sociedad, aspira a
dominar la consciencia y el alma de las personas. En un tipo de sociedad como
ésta se tiraniza, se manipula, se vacían deliberadamente las palabras de sus
significados esenciales. Estos cambios permiten que se transforme el orden de
la existencia -la libertad en esclavitud, la esperanza en desesperanza, la paz
en guerra, el amor en odio, la libertad de expresión y de prensa en miedo, la
tolerancia en xenofobia, la vida en muerte.
Así que, algunas naciones y
Estados de corte nacional-populista de derecha en la actualidad, se ponen la
máscara de la libertad para implementar la desconfianza hacia el Otro, la
defensa de la lengua, de la cultura y las tradiciones nacionales, en nombre de
la discriminación, la tortura, el racismo, la libertad de expresión, de ser y
estar en el mundo y su realidad. Y esto es sumamente grave que se de en
sociedades abiertas y de Estados democráticos Social de Derecho.
Estamos viviendo en la actualidad
que algunos Estados y Gobiernos, individuos y sociedades, políticos y partidos
políticos, incrementan actitudes racistas y excluyentes contra el inmigrante,
las minorías étnicas y religiosas, en Europa y Estados Unidos. Y, ahora en
algunos países latinoamericanos donde gobiernan partidos de derecha. Observamos
que la justicia, la política y la administración pública y privada, esté al
servicio de los políticos, de los partidos, de las grandes corporaciones y las
élites de las plataformas digitales. Esta degradación política, social, moral y
cultural, no es un fenómeno aislado, sino que obedece a las corrientes de
pensamiento, de praxis política, económica y militar, que responden a las
apetencias de los poderosos.
Asimismo, el devenir histórico
muestra hoy día, que la crítica del lenguaje nos enfrenta a otros actores. A la
alta civilización tecnológica, a la sociedad de masas y a la cultura de masas,
al lenguaje político banalizado por la primacía de la imagen y el signo, y la
importancia de la IA. Un ámbito donde se entrelazan los signos de unificación
común. Un lugar donde el pensamiento y el escrutinio del espíritu salen mal
parados. Así pues, los “grupos de poder” hacen del lenguaje un “instrumento”,
donde la “situación política o social dominante urge idealizarse a sí misma
para justificar así moralmente su existencia”.
Desde una perspectiva política la
crítica del lenguaje en el siglo XXI, posibilita develar que, en todas las
épocas de la humanidad, han existido embaucadores, demagogos, los que en nombre
de la verdad y de Dios, se convierten en falsarios de la historia y del
lenguaje. O, de la memoria verbal de los pueblos y las naciones. En una época
se ponen la máscara del revolucionario o del conservador; en otra la del
progresista o reformista de la sociedad. Pero en nombre de sus principios o
ideales, se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad, lo
cual no es tan raro como parece.
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