LAS ESFERAS DEL SER EN “CARTA SOBRE EL <<HUMANISMO>>
Madrid – España a 25/08/2026
Con amor a mis hijos:
Camilo y Ernesto.
“La ciencia experimental; las
matemáticas; tienen como fuente la libertad espiritual e intelectual del ser
humano. Pero también es cierto con respecto a la música, el arte y cualquier
otra expresión del ilimitado espíritu humano”.
Abraham Flexner
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
Uno de los conceptos más
controvertidos del pensamiento de Martín Heidegger, es el concepto de Ser. En
este ensayo lo abordaré desde el texto Carta
sobre el <<Humanismo>>. La diferencia ontológica entre Ser y
Ente lo entiende de la siguiente manera: El ente (Seiende), es cualquier cosa concreta que podemos tocar, pensar o
nombrar, (una casa, un coche, una silla, un perro, un árbol, un número o un hombre
concreto de carne y hueso). El Ser, en cambio, es lo que determina a esos
entes, lo que les permite ser lo que son. En otros términos, es la condición de
posibilidad de la realidad; esto es, no es un ente sino la apertura en que los
entes se presentan al ser humano.
Heidegger utiliza otro término
que denomina Dasein y lo define como
el guardián del Ser. ¿Qué significa Dasein?
Ser ahí, que utiliza para referirse
al ser humano. De ahí que el ser humano tenga el privilegio de cuestionarse por
el Ser. Nuestra esencia no es lago estático, sino que consiste en la propia
existencia. El ser humano es proyecto abierto, arrojado al mundo y consciente
de su finitud, es decir, de su muerte. Somos seres ambiguos, contradictorios, insondables
y finitos, es decir, somos seres mortales.
El Dasein entonces es “ser en el
mundo”. El ser humano no es un ser aislado que observa y aprende las cosas
desde la distancia. Sino que somos seres que tenemos la facultad de
relacionarnos con el entorno y con el Otro o los otros, a través de
herramientas y significados. El Ser se revela en cómo nos relacionamos con las
cosas y los otros seres humanos.
En suma, Ser es una totalidad,
una globalidad, también un tipo significativo. El Ser constituye un conjunto
dotado de posibilidades que no se encuentran en ninguno de sus elementos y, así
posee un sentido. Posee más que la suma de sus partes. Encarna como la “Figura” de Ernst Jünger, el espíritu
dominante de una época y conceden al mundo su principal significación.
El Ser y la Figura, son una
realidad superior que da sentido a los fenómenos históricos. No son un producto
de la historia sino aquello que permite realizarse. Por eso, determinan el
movimiento de la historia. De ahí que el Ser
y la Figura histórica son
independientes del tiempo y las circunstancias de las que brotan. En su
conducto, podemos decir que, la existencia del hombre se “da” en su esencia (su
estructura) y se revela en el “claro” del Ser, que no es otro que, la verdad
del Ser.
Martín Heidegger en Carta sobre el <<Humanismo>>,
define al pensar como constructor y conductor hacia la casa del ser, no como
creador de ésta. El pensar conduce a la existencia histórica, es decir, a la
humanitas del homo humanus, al ámbito donde brota lo salvo. Según las grandes religiones
monoteístas, en el lugar de lo ordinario y común brota lo salvo. Así, los
dioses están en las cosas cotidianas del hombre histórico; basta que la visión
penetre lo aparente de las cosas.
En este orden, el creador
desciende a las raíces del Árbol de la
Creación, en cambio, el constructor comunica las figuras que toma la verdad
del ser y la esencia del hombre. Se dedica a conducir la existencia histórica
al lugar donde brota lo salvo y ¿cuál es el lugar donde brota lo salvo en el
pensamiento de Heidegger? En la proximidad del ser y también en lo cotidiano
donde habita el hombre histórico. Así, el pensar no crea al ser ni al lenguaje,
por eso, es un trabajador del ser. Con lo salvo aparece el mal en el claro del
ser. Su esencia no consiste en lo malvado de los actos humanos, sino en la pura
maldad de la ferocidad.
Ahora, ¿de qué tiene que ser
salvada la humanidad? No de la “Caída”
en la oscuridad de la verdad del ser, esto es, del “pecado” o la “muerte”. Sino
del pensar conceptual que desemboca
en la ciencia, la técnica o el subjetivismo. De ahí que sepamos que la técnica
aboca al hombre a su autodestrucción. Entonces, sólo el ser le concede a lo
salvo alcanzar la gracia y a la ferocidad el impulso hacia el mal. La
ferocidad hay que entenderla como un tipo de maldad no humana, más “pura”. Que
se emparenta en el ser a la maldad instintiva y demoniaca del hombre. A la
trastienda oscura y bestial que mora en todos y cada uno de nosotros.
Esa que describe las raíces de Árbol del Bien y del Mal, según el mito
judeocristiano. En el claro del ser como destino del claro, se posibilita lo
salvo y la ferocidad del mal. Del mal se origina lo salvo y viceversa; y
dialécticamente se contienen en la esencia del ser. Así que, el hombre debe
develar la ferocidad como maldad mítica, para que el ser humano alcance lo
salvo en la modernidad. En otras palabras, desde lo primitivo del mundo de la
técnica moderna captar el mundo simbólico de la mitología, y comprender el
presente y proyectarnos en el futuro.
Tratar según el pensamiento
mesiánico de componer los portillos de la historia, también las cosas fragmentadas, dispersas e incluso muertas puedan
ser descifradas, es algo que hace que aparezcan como una “alegoría de la
resurrección”, en virtud de la cual la contemplación, a su vez, puede efectuar
su salvación en un inmenso salto atrás”. Así que, la alegoría hace posible
la trasmisión de conocimientos a través de razonamientos por analogías.
La salvación del hombre histórico
no la percibe Heidegger en el umbral teológico-metafísico, sino en la libertad
de pensar y actuar. Del manejo responsable de la libertad depende no caer en el
“subjetivismo” o, en el “objetivismo”. Sino que la humanidad del ser humano, se
exprese en la verdad del claro del ser. El ser concede al hombre escoger la
gracia o la ferocidad de lo instintivo.
El poeta
Friedrich Hölderlin dijo:
“Donde hay peligro crece también la
salvación”.
Así, lo salvo no tiene que ver
con la teología o, la religión judeo-cristiana sino con el saber; con el
transitar los caminos del saber y del pensar. De ahí la pregunta por la técnica
supone un pensar, un modo de sabiduría o, una episteme que devela la esencia o
la verdad de la técnica. Piensa que, si vemos la técnica desde esta
perspectiva, obtenemos un carácter liberador. Liberarnos de la técnica como
instrumento que domina y coacciona al ser humano; liberarnos de la técnica como
instrumento bélico y como medio de dominación de la mente, del lenguaje y del
espíritu humano.
Heidegger reflexionó sobre la
técnica desde una pluralidad de puntos de vista y llegó a pensar que la
exactitud de la técnica fundamentada en la ciencia (el saber teórico y
especulativo) no expresaba lo verdadero. Que la verdad de la técnica no se
encontraba en el instrumento, sino que estaba oculta en la pregunta por la
esencia de la técnica. Y sólo se puede desvelar andando lo andado del término
técnica y, ese camino conduce al mundo del griego antiguo que aparece en el
concepto de techné. Aquí lo
importante de esta reflexión es que hace un punto de inflexión y expresa que es
necesario referirse a él para comprender la esencia o la verdad de la técnica.
Así pues, la técnica como instrumento no contiene ni agota la esencia de ésta,
porque lo trasciende.
Hay que tener presente en la
actualidad, que el espíritu está amenazado aún en zonas distintas en que lo
estuvo el Apóstol Pablo: es hora que los dioses den licencia al espíritu para
manifestar su gracia. Entonces se revelará “la perdurable crónica de la
humanidad”, como lo expresó en una ocasión William Faulkner. Y Hölderlin lo
intuye en la palabra poética:
[Sólo a veces soporta el hombre la plenitud
divina.
Sueño de ello es
después la vida. Pero el
desvarío
Ayuda, como el
sopor, y la necesidad y la noche
fortalecen.]
Teniendo presente a Hegel y
Schilling, el ser está pensado en el sentido de la realidad absoluta; y
comprendido como voluntad incondicionada que se quiere a sí misma en calidad de
voluntad de saber y de amor. En la voluntad se esconde también el ser como
voluntad de poder. La voluntad de poder nunca se sacia. Es
insaciable como la loba que está a la
entrada de la “Divina Comedia” de
Dante.
De ahí que lo “salvo” es luz para
el hombre y la mentira oscuridad. El querer de la voluntad contiene en sí misma
tres esferas, la del saber, el amor y el poder. Por eso nunca se sacia y en
particular, la voluntad de poder. Schopenhauer dice que la voluntad de poder es
ciega. No tiene contemplación con nadie y con nada. Sólo desea saciar su querer
sobre todas las cosas que existen sobre la tierra. Es como el germen patógeno
que ataca a pobres y ricos, blancos o negros, niños y ancianos, y mata a los
cerebros más eminentes de la humanidad.
En cuanto la existencia del
hombre pertenece a la verdad del ser, puede llegar del ser mismo la
prescripción de esas normas que tienen que convertirse en ley y reglas para el
hombre. Así, la ley no es sólo ley, es también la distribución escondida en el
destino del ser. Por tanto, sólo la ley consigue destinar y conjugar al hombre
en el ser. Sólo semejante conjunción es capaz de sustentar y vincular. De otro
modo ninguna ley pasa de ser un mero constructo de la razón humana.
Más importante que el
establecimiento de reglas es que el hombre encuentre su estancia en la verdad
del ser. Esa estancia es la única que procura la experiencia de lo
estable. Y el apoyo para toda conducta lo regla la verdad del ser. En nuestro
idioma “apoyo” significa protección. El ser es la protección que
resguarda de tal manera a los hombres en su estancia existente en lo relativo a
la verdad que la existencia los alberga y les da casa en el lenguaje.
El lenguaje es a un tiempo la
casa del ser y la morada de la esencia del hombre. Sólo porque el lenguaje es la morada de la esencia del hombre
pueden los hombres y cualquier humanidad histórica no estar en casa en su
lenguaje, de tal modo que el lenguaje se convierta en la recamara de sus
manipulaciones. Sabemos que el lenguaje contiene y expresa en
contenidos espirituales, la esencia del ser humano. Posibilita entre otros la
comunicación con el Yo interior, las “formas” del arte, la cultura, la religión
o la filosofía.
Pero
también posibilita la comunicación libre, solidaria y fraterna en una sociedad
democrática; a la vez el buen entendimiento entre los miembros de una comunidad
o la comunicación entre enemigos.
El pensar es una forma del
lenguaje y no una mera evidencia; una parte de la esencia del lenguaje que es
su expresión y con la que forma un todo. Así que, el lenguaje también puede
convertirse en instrumento de las manipulaciones, las mentiras y el odio del
ser humano. En consecuencia, cuando los hombres no habitan su morada, se
convierte en instrumento de su voluntad; en voluntad de poder, coacción y
dominio. Llagado a este punto, oscurece la esencia del ser y del hombre;
incapaz es, de expresar el ente en cuanto ser del ente, la naturaleza, el mundo
y el fundamento del mundo.
El lenguaje es azas misterioso,
contradictorio, insondable, los hombres saben desde tiempos remotos que edifica
y destruye al ser humano. Quien ejerce el poder instituye un tipo de lenguaje y
éste legitima el poder. Como dijo Michel Foucault: el poder crea saber y el
saber crea poder. No hay que olvidar que, el lenguaje posibilita alcanzar lo
sagrado y puro que mora en los cielos estrellados, también bajar a las cloacas
del mundo y de la existencia. Cuando el lenguaje se manipula en función del
dogma religioso o secular, se falsea. La mentira reemplaza la verdad y pasa a
la recamara del lenguaje.
Al perder la mediatez con las cosas se velan
los contenidos espirituales que comunica. Pierde su sentido evocador, mágico y
trascendente. Al hacerlo obedece a la razón o a los instintos; pero no a la
esencia del hombre, lo que constituye la humanidad del ser humano. Cuando
sucede el espíritu de la lengua se mancha, se oscurece o, se envenena.
La espiritualidad implica a la
libertad e infiere a la vez, las preguntas fundamentales del ser, la existencia
y el mundo, ¿quién soy? ¿cuál es el sentido de la vida? ¿por qué vivo así y no
de otra manera? ¿cuál es el lugar que ocupo en la sociedad y por qué? Al
preguntar por lo fundamental de la existencia humana – la libertad, la
fraternidad, el amor, la dignidad, etc. -, buscamos respuestas a la
“interrogación”. Estas preguntas se oponen al dogmatismo religioso; que ofrece
respuestas sencillas y pide creer en ellas.
Además, la falsedad del lenguaje en el mundo moderno, toma
“forma” y “contenido”, en el Estado, la política, la economía, los instrumentos técnicos o las redes sociales. El
técnico, el político, el banquero, no están a la altura para que el espíritu
fluya a ellos. Porque este “tipo” de individuo es amante de los gustos gruesos
o del exceso. Casi siempre olvidamos que estamos asentados en humores. Que el
sudor y las lágrimas significan que la vida está activa en regiones hondas de
la salud.
En esta alta civilización técnica y de masas,
se olvida que la vida no la abarca toda los instrumentos técnicos o la ciencia,
la economía de un Estado o las finanzas internacionales, las armas, sino que
hay que mirar con otros cristales. Mirar con los ojos de la sensibilidad, del
alma y del espíritu. Para, así de esa manera, poner la técnica al servicio de
las necesidades humanas; y encontrar sentido a la existencia del hombre.
En
el mundo moderno el hombre deviene en un proceso de simplificación de la
existencia y quien está al borde del abismo sabe que, no faltan esfuerzos
tendentes a ganar un mundo en que tengan vigencia valoraciones nuevas y más
poderosas - expresó en su día Ernst Jünger.