miércoles, 4 de noviembre de 2026

 

                        

          LA BARBARIE DE LA CIVILIDAD COLOMBIANA                                                

                                                             Madrid-España a 04/11/2026

“Se ha llegado a una concepción nueva del poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantarles cara se necesita una concepción nueva de la libertad”.

                                                                                  Ernst Jünger.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Recordemos lo que dijo Bertolt Brecht: “La profunda rabia ante el rumbo que ha tomado el mundo y ante el hecho de que hayan sido siempre los vencedores los que han elegido qué es lo que debe registrar y recordar la humanidad”; es una especie de falsedad de la Historia. Así pues, Brecht “no escribe su poesía para los desfavorecidos, sino para aquellos hombres, vivos o muertos, cuya voz no ha sido nunca escuchada”. Se trata de desvelar lo que oculta el poder, los discursos y los hombres poderosos. Los hombres que están detrás del Estado técnico y sus instituciones públicas y privadas.

Los Sistemas políticos que actualmente predominan en el mundo se caracterizan por elecciones cada cuatro años. Donde los poderes de hecho, los que verdaderamente ejercen el poder escapan a la deliberación, la crítica y al juicio del cuerpo social. Son poderes ocultos detrás del Estado técnico, las instituciones públicas, privadas, sociales, económicas y culturales. Que en la actualidad responden a la plutocracia técnica, las redes sociales y la IA. Que determinan el ejercicio del verdadero poder: quién gana las elecciones, quién gobierna, y a quien debe beneficiar el ejercicio del poder. Es un Sistema político que responde a los intereses de las minorías del país, a las órdenes que provienen del Gobierno de Estados Unidos o, a los intereses tecno-burocráticos, de Silicón Valley. Este tipo de gobernantes no legitima a la democracia representativa sino a poderes autoritarios o neofascistas, que se valen del Estado de Derecho y sus instituciones públicas y privadas, para la gobernabilidad.

Son poderes que necesitan de un baúl de máscaras, que unas veces se ponen la máscara del demócrata, del demagogo, del payaso y del badulaque ignorante, con uniforme militar y pistola al cinto, del conservador o del revolucionario. Y, en nombre de una ideología, de unos principios religiosos y la defensa de la moral social, se cometen crimines, se declaran guerras ilegales, se persigue a las minorías étnico-lingüísticas y se expulsan del país. Porque invocando la voluntad popular y el poder de Dios, se creen predestinados por la divina providencia a ejercer el poder. Que, en nombre de la salvación de la Nación, de la limpieza social, se declaran ungidos para la redención de la Humanidad. Se creen defensores de la democracia y de las elecciones populares, porque legitiman y legalizan la gobernanza en defensa de los intereses de las minorías selectas. Tratan desde la gobernanza en un Sistema democrático, minar las bases del Estado de Derecho y sus instituciones públicas y privadas. E, instaurar poco a poco un Sistema autoritario, y un Estado punitivo, que trascienda los derechos y las libertades de los ciudadanos.

La barbarie que instauran se esconde en el concepto mismo de cultura, de técnica y de política, porque la consideran como un tesoro de valores, que, si bien no son independientes de la realidad del que surgieron, si lo son de aquel en que perduran. Que sirven a la apoteosis de este último por bárbaro que pueda ser. Este tipo de “ralea” instaura en las campañas electorales la coacción, la amenaza, el miedo, el atentado político a precandidatos o candidatos a las diversas corporaciones públicas y, en particular a la Presidencia de la República de Colombia. Que se concatena a la corrupción y la compraventa de votos y de consciencias.

Entonces, ¿qué es lo importante en las elecciones del país? Que el candidato ganador defienda los intereses de las selectas minorías nacionales y extranjeras: el capital bancario, la bolsa de valores, los Gremios económicos, los intereses de las corporaciones nacionales e internacionales, los grupos de inversión, y de las empresas multinacionales, etc. Lo importante es que el Gobierno defienda el poder corporativo y de inversión nacionales e internacionales. Sobre las necesidades materiales, sociales, económicas, morales y culturales de los colombianos.

Así pues, no hemos construido una civilidad sino una barbarie basada en la exclusión, el odio, el hambre, la pobreza y las desigualdades. Y, no en la solidaridad, la ternura, el amor, la justicia y la integración social. Y, esto posibilitó la fragmentación y el enfrentamiento entre los colombianos. Asimismo, la característica básica de este mundo común no radica en la palabra, el dialogo y la convivencia pacífica, sino en la exclusión y el poder del más fuerte. El espacio público que posibilita la “acción” y la “palabra”, se cerró a la mayoría de los colombianos. Por eso, se hace necesario repensar y revisar el contenido de lo político y las instituciones, y la acción en la esfera pública de forma no tradicional. “El objeto de la política está ligado precisamente a la preocupación por el mundo y, por ello, a los gestos dirigidos a estabilizar la convivencia de seres perecederos a través de una comunidad de diversos” –expresó Hannah Arendt. En este punto recordemos que el mundo hecho por el hombre es un espacio de libertad que posibilita el desarrollo de las “potencialidades” humanas. Y, no un ámbito donde el dolor, el odio, el sufrimiento y la muerte, determinen la vida de la sociedad.

Decía hace poco en el periódico El País de Madrid-España, Hernando Llano Ángel: “El régimen político, obviamente, es mucho más que las instituciones formales y sus gobernantes electos, aunque en todas partes aparezcan como sus representantes visibles y protagónicos. Pero, en la realidad de la vida cotidiana, el régimen es el conjunto de mediaciones, tanto las institucionales, formales y legales, como las informales y más o menos ilegales, que en últimas determinan quiénes gobiernan, cómo lo hacen, qué intereses sirven y a quiénes terminan favoreciendo con sus políticas y decisiones. Es, por tanto, un conjunto muy vasto y complejo de relaciones, que va desde los aspectos más visibles, apareciendo el Estado con todos sus rituales e instancias de representación como el más perceptible y ostentoso, hasta las relaciones más invisibles, simbólicas y prosaicas que sostenemos en los ámbitos políticos y sociales.

 

Dichas expresiones hacen parte sustancial de todos los regímenes políticos y definen precisamente su existencia, instituciones, gobernantes y la calidad de vida de los miembros en una sociedad.

Esas instituciones son una miríada de poderes que van desde el respetable entramado financiero y empresarial que articula discreta y legalmente a los poderes de facto de economías más o menos ilegales, como el contrabando, el narcotráfico, la minería, la trata de personas y demás recursos procedentes de bandas criminales, hasta los millones de-votos promovidos por persuasivos y fanáticos pastores cristianos que definen en las urnas a los ganadores”.

Para reevaluar y reinscribir los hechos históricos y poder narrarlos en perspectiva. Esta visión del mundo y de la vida en la actualidad, posibilitará la búsqueda de la paz y la convivencia. Los hacedores de violencia y de guerra, se olvidan que somos habitantes de un mundo humano hecho por los hombres, que en cuyo seno hay espacio para desplazase y compartir perspectivas distintas. Que la libertad aparece con el intercambio con los demás y no con nosotros mismos.

 “La libertad es la impronta que el hombre libre da al destino”; dijo Ernst Jünger.

De ahí que el destino de los colombianos no puede estar hipotecado a asesinarnos los unos a los otros. Sino la búsqueda colectiva de un mundo donde podamos “actuar” y “hablar”, coexistir y transformarnos en la medida que lo hacemos. “Lo que en este espectáculo resulta irritante es que en él la mediocridad va asociada a un poder funcional enorme”. Estamos gobernados por hombres mediocres y belicistas que se unen para que en cuya presencia se pongan a temblar miles de seres humanos. Son hombre de cuyas decisiones depende no sólo la vida de esos miles de seres humanos, sino de niños, hombres, mujeres y ancianos, que el único pecado que han cometido es haber nacidos pobres y desamparados. Este “tipo” de gobernantes son experto en demoliciones, dejar a la vera del camino del devenir histórico y de la actualidad, un montón de esquirlas de huesos rotos y de vidas tiradas a la vera del camino.

Ninguna de esas escenificaciones de la esfera política en el espacio público, contribuye al arte, la cultura, al carácter, ni a la coexistencia pacífica. Sino al despilfarro de la vida y de la energía vital del pueblo colombiano.

Nos recuerda nuevamente Hernando Llano Ángel: “Por todo lo anterior, no es una exageración afirmar que el régimen es la corrupción, mucho más que un asunto de algunos partidos o la personalización maniquea e hipócrita de los adversarios de turno, de la que siempre hacen gala en campaña todos los candidatos y juran solemnemente erradicar con grandilocuentes consignas como “No más tolerancia con la corrupción”, “No más casa por cárcel”. “No más impuestos”. Ya es hora de dejar tanta ingenuidad y reconocer que el problema de fondo no es la corrupción, sino propiamente el régimen establecido”.

El Estado de Derecho, el Sistema democrático y la sociedad, han sido mancillados por la incompetencia y el abuso de poder.

En este estado de cosas, no hay un destino más desesperanzado que caer en un proceso en que el derecho se ha convertido en un arma. Sabemos que en todo proceso de cambio se dan atrocidades e injusticias, pero el tiempo histórico es implacable con los verdugos. Causa desasosiego el hecho de que la crueldad, la injusticia, el sufrimiento, el dolor y la muerte, “se hayan convertido en elementos constitutivos, en una institución de las nuevas formaciones de poder, así como ver entregada inerme a ella a la persona individual”. En este ámbito la población vive unas intromisiones horrorosas. “La vida se vuelve gris, pero aún puede parecerle soportable a quien divisa a su lado la oscuridad, el negro absoluto”. Es comprensible que, en una atmósfera como ésta, la población tenga miedo y guarde silencio, es la que soporta las cargas de la violencia, la guerra y la muerte. No la cargan las minorías selectas, sus hijos o familiares, sino “el hombre desprotegido y solo, y cuya inseguridad es también total. Sabemos que es del miedo de lo que vive el gran despliegue del poder, y la coacción adquiere especial eficacia en aquellos sitios donde se ha intensificado la sensibilidad”

Los que planifican la guerra de Gabinete o en los campos de Colombia, tratan de llevar a cabo en las personas una operación quirúrgica, extirpar como un tumor maligno la zona de la sentimentalidad, la libertad individual, de pensar, de juicio, de opinar o de crítica. Porque se trata de expulsar la amistad, el amor, la solidaridad, el respeto, y excluirlos de la vida. Y, que ésta esté en todo tiempo dispuesta al encuentro con el dolor y la muerte. “Desde luego un espíritu cuya falta de discernimiento se revela en que confunda la guerra con el asesinato, o el crimen con la enfermedad, elegirá necesariamente en la lucha […] el modo menos peligroso y más deplorable de matar”. En una atmósfera de violencia y odio, o, “en una situación dominada por leguleyos los únicos sufrimientos que llegan a los oídos son los de los acusadores, pero no los de los indefensos y silenciosos”.

Lo importante de la esfera pública política es, que nos enseña a no renunciar por completo a la capacidad de “juzgar” y de “decir” o, en otras palabras, a la capacidad de pensar y al lenguaje. Y, por una cuestión puramente personal e individual, me veo inclinado a coincidir con el poeta W. H. Auden, y decir:

                            Los rostros privados en los lugares público

                            Son más sabios y agradables

                            Que los rostros públicos en lugares privados.

El pensador y el político ocupan esferas diferentes en la sociedad, uno se deja seducir por lo inmediato, su vida hace parte de los fenómenos de la vida cotidiana; en cambio el pensador –de la política, la filosofía, la estética, la historia, entre otros-, “se diferencia de otras actividades humanas, es una actividad invisible, no se manifiesta hacia el exterior, y cuenta además con un rasgo característico: no tiene ninguna urgencia de aparecer ante los demás y su impulso por comunicarse con los otros es muy limitado”. Sabemos que la “filosofía es una ocupación solitaria y no debe extrañarnos que se haga más presente su necesidad en tiempos de transición, cuando los hombres dejan de confiar en la estabilidad del mundo y en el papel que juegan dentro de él, y cuando las cuestiones que hacen referencia a las condiciones generales de la vida humana […] cobran de nuevo una especial relevancia”.

Existen sectores de la sociedad colombiana que exaltan la violencia, la guerra y la muerte, sobre el decir y la acción política en la esfera de lo público. Porque jamás han tenido un compromiso moral o ético, con un bios theoretikos, con la vida contemplativa, con el pensamiento, con la espera o el silencio, sino con la algarabía del guerrero, el hombre de acción: el que se vale de la racionalidad para alcanzar fines utilitarios. En comparación con la violencia que unos hombres ejercen contra los otros: unos hombres quitan la vida a otros. Y, la violencia ejercida contra la cultura degrada la experiencia, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. O, en otras palabras, los preceptos, las ideas, los valores, las nociones, los principios y la cultura. Son símbolos que legitiman la crueldad, la irracionalidad, la violencia y la muerte.

Como dije en mi texto, “Sobre el dolor, el miedo y la muerte. Aproximación cultural a la época actual”: Puedo asegurar que la guerra que se libró en Colombia, en la segunda mitad del siglo XX destruyó generaciones de talentos morales e intelectuales. Y dejó a la vera del camino, como escombros humanos a muchas de las mejores personalidades del futuro del país. Sabemos entonces que “reservas decisivas de inteligencia, de elasticidad y talento político quedaron aniquiladas”. Ahora en los frontispicios del siglo XXI, no se trata de revivir las heridas, los dolores y los sufrimientos, y caer en un pozo sin fondo donde la violencia, el miedo, el sufrimiento, el hambre, las discriminaciones, prevalezcan sobre la acción política en la esfera pública, el discurso y la convivencia pacífica entre los colombianos. Se trata de superar entre todos, la involución social, y que, de las cenizas del odio, del secuestro, de los desplazados, del dolor, de los vivos y de los muertos, como la Lechuza de Minerva al anochecer, renazca la Palabra, la tolerancia, la ternura, el dialogo y la paz.

viernes, 30 de octubre de 2026

 

                          LA FRAGILIDAD DE LA EXISTENCIA ACTUAL  

                                                   Madrid-España a 30/10/2026     

                            “La libertad es la pregunta más seria del hombre”

                                                        Imre Kertész

                                        Premio Nobel de Literatura húngaro.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Sabemos que las transformaciones en la Cultura y la Civilización Occidental moderna, inciden en la Condición humana: la vida, el nacimiento, la pluralidad, la muerte y la Tierra –tal como lo dijo Hannah Arendt. Porque el nacimiento trae consigo un nuevo empezar, un renacimiento de la vida individual o social del ser humano. Que a la vez interroga y trasciende lo establecido como límite o como verdad. Por eso los regímenes totalitarios detestan un nuevo nacimiento en el cuerpo social. Ese nacimiento puede ser el germen de la subversión o el derrocamiento de lo establecido como verdad. Pero ante todo y, sobre todo, que cuestiona la solidez del Estado y las instituciones políticas, sociales, jurídicas o culturales de la sociedad. En otras palabras, interroga la solidez de las verdades establecidas como tales.

Así que, los espejismos que establecen los poderes actuales, falsifican y distorsionan la realidad y los fines de la vida. Los que ejercen el poder saben, que establecen cambios en la naturaleza viva de la existencia, en los pliegues más finos del ser, su naturaleza óntica y epistémica, ética y estética del ser humano y las sociedades. Porque la ontología trae consigo una nueva voluntad de poder y de saber. Soberana y autónoma, tal y como ahora se la entiende, marca las directrices de la existencia individual y de la vida en general.

Aunque la razón última del ser humano no pueda satisfacerse dentro del devenir histórico, y esté acosado por el dolor y el sufrimiento, el hambre y las enfermedades, la indigencia y la soledad. El ser humano ha de tender a la interrogación, al borde del mundo, a la justicia y la libertad. Así, al devenir de la existencia como experiencia hasta la frontera de lo trascendente; allende del espacio y del tiempo terrenal, es decir, de la existencia humana. Como dijo Eugenio Trías: “Este hallarse referido a la trascendencia o a lo imposible sólo lo sabe y experimenta el habitante de la frontera”.

El ser humano sabe que siente el vértigo de la frontera, un más allá, tener puesto un pie en el límite o frontera y otro avanzado hacia el límite de lo que trasciende. Asimismo, se revela que la existencia individual y social del ser humano, no se reduce a lo establecido como verdad, como legítimo y como legal. Porque ninguna vida, absolutamente ninguna, puede sustraerse a las potencias del espíritu, de la sana razón, de las experiencias comunicables y del lenguaje. Ya que en estas esferas ha de consolidarse la libertad venidera.

Lo ineludible del Sistema Capitalista de Rendimiento que arrastra el temor, el sufrimiento, y se manifiesta con claridad, cuando observamos esas vidas atormentadas y míseras, comprimidas en un breve espacio de tiempo. Porque la cultura de la productividad y el rendimiento, no le deja tiempo para sí mismo y los otros que lo rodean. Y, la vida se impregna de desolación, angustia y enfermedades emocionales, que convierten la vida en almacén de existencias. De ahí que ningún ser humano pueda eludir las congojas del presente, salvo si se encuentra a su altura y conoce las fuentes de donde emanan sus fintas.

Es cierto que en épocas de seguridad tendemos a olvidarlo, pero lo recordamos tan pronto se torna visible la zona de los elementos y las fuerzas del Gran Poder Tecnológico. “Los hombres de hoy nos hallamos inmersos ineludiblemente en esa zona y no podemos sustraernos con ninguna especie de ilusión óptica o auditiva”. Somos habitantes de la superficie de sus fenómenos y esto devela cuan frágil es el ser humano ante las potencias de lo elemental, lo técnico o lo divino. En este las ilusiones ópticas o auditivas son sólo espejismos que nos hechizan y no deja percibir la verdadera realidad. En ese umbral donde lo elemental, lo técnico y divino, excede a la vida deleznable y finita, reconocemos nuestra mísera fragilidad.

Reconocemos que más allá del muro del tiempo se oculta algo sublime y misterioso, que el hombre es incapaz de discernir en su totalidad.

Por el predominio del Estado técnico, de los instrumentos técnicos y del Neo-liberalismo de Rendimiento, a fines a las selectas minorías tecno-oligarcas, el hombre está siendo despojado de su fortaleza, la libertad y la psique, y se entrega desnudo y solitario a poderes fríos e insaciables. A demoniacas fuerzas que en la época actual han tomado rostro de nuevo. Por este estado de cosas, el espectro fantasmagórico de la cultura y la civilización actual, los instrumentos técnicos, la velocidad, las máquinas, el tejido artificial de las comunicaciones y las informaciones, siembran los campos, los pueblos, las ciudades de temor, sufrimiento, odio, violencia y muerte. El camino que trazan se asemejan a una ruta de espanto, de baile entre rosales, de dolor y muerte.

Sin embargo, la ruta se ofrece y se constituye como el único camino posible de la existencia. Entones el ser humano presto corre al festín que brindan esos poderes nuevos, en nombre de la seguridad, la justicia, la libertad, el Estado y la autoridad. Son ídolos que arrasan con todo lo que encuentran a su paso, porque necesitan espacios para la veneración. Este no es otro, que el mundo del Titán y del colectivo titánico (del técnico y del colectivo técnico), de los instrumentos técnicos para la guerra, de las comunicaciones artificiales y de la IA. De ahí que, no es casual que, en las atrocidades del tiempo actual, desempeñe la técnica y la IA un papel significativo.

Dice Ernst Jünger que, “en los grandes cuadros del Bosco, de Brueghel y de Cranach, el aspecto de las máquinas provoca un género especial de espanto: son símbolos de la agresión disfrazada de máquina, que es la agresión más fría e insaciable de todas”. Esos lugares infernales, con sus hogueras nocturnas y sus chimeneas ardientes, se asemejan a paisajes industriales de las grandes ciudades y las guerras infernales de la actualidad. A hombres que deambulan como desechos de vida urbana, sumidos en la embriaguez, la drogadicción, la violencia, la soledad, la desprotección Total y entregados al despilfarro de vida.

En el laberinto oscuro de la existencia no existe ningún intersticio que escape al asedio. Sí la fortaleza cae y el hombre se convierte sólo, en instrumento de la ciencia, de la técnica, del dinero, de las comunicaciones digitales y de Gran Poder Tecnológico. Es posible que de paso a una nueva estructura; a una nueva ética y a una nueva estética. Porque la época actual está configurando un mundo que responde a los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento, las funciones, el trabajo, el consumo, los algoritmos y la IA.

Esta atmosfera crea una creciente indiferencia hacia los seres humanos y los valores, un hastío hacia el mundo y un retraimiento en la esfera interior. Indiferencia y hastío –dice David Frisby en “Modernidad y posmodernidad. George Simmel, primer sociólogo de la modernidad”- que pueden ser fácilmente incorporados a una más amplia estetización de la realidad, que pretende enfatizar la distancia entre el individuo y el mundo […] La reserva e indiferencia como mecanismos de defensa en la Gran ciudad pueden ser usadas más fácilmente por aquellos estratos sociales que, desde una posición social relativamente segura, están en condiciones de atreverse adoptar esta respuesta”.

Como decíamos al principio, la transformación de la Cultura y la Civilización Occidental reciente, influye en la condición humana y los valores morales existentes no responden a las necesidades y esperanzas humanas. Su lugar lo ocupa ahora otras “figuras”, los ritmos de la ciencia y la técnica, de una parte; la algarabía del mundo digital y dineral, y la fría lengua de los lenguajes digitales, por otra. Esta transformación de los valores que anunció Friedrich Nietzsche, Walter Benjamín, Ernst Jünger y Martín Heidegger, condensa y estructura una nueva voluntad de poder.

Que incrementa la consciencia del hombre actual, que no presta atención a los órdenes de valores heredados, a la memoria, la rememoración, y percibir el presente y el futuro desde el pasado. Este tipo de hombre no presta atención al mito, la veneración, al misterio y la cultura humanista, que hacen de la vida algo digno de ser vivida. Porque es un tipo de Civilización y de Cultura, que exalta el presente-ahora, la moda, el lujo, el consumo y las bellas materias. Entonces podemos desvelar que la memoria y el recuerdo es un baúl de máscaras y de palabras de colores, de imágenes fragmentadas, que se enfrentan a las potencias del tiempo actual y abstracto, para restaurar el desorden del mundo y el despilfarro de la vida.

También la rememoración y el recuerdo están presente en los mitos, los ritos religiosos y las costumbres de las sociedades.

George Steiner nos enseñó que, “la imagen que llevamos en nuestro interior de una tranquilidad perdida y unas esperanzas frustradas, tiene mayor autoridad que la verdad histórica. Los hechos podrán refutar esa autoridad, pero no eliminarla. Semejante autoridad tiene que ver con profundas necesidades psicológicas y morales”. De esta afirmación se deduce que, el Sabio sabe que la historia se muda y cambia de forma, pero lo esencial permanece. Cada una de las mudanzas significativas que acontecen en su temple vital modifica la relación del ser humano con ella. Esa relación no está fijada de antemano, ni pertenece a las fuerzas del destino. Sino que obedece en cada época a la que tiene el ser humano con el devenir de la historia y el entorno que lo rodea.

En esta alta civilización técnica y de masas en que vivimos, las narrativas de ejercer el poder político, económico, social y cultural, han cambiado. Porque las democracias y el ejercicio del poder, responden a la simulación y la mentira; más no a la realidad. Sino a lo que presentan los medios de comunicación, la radio, la prensa, las redes sociales. Porque estamos gobernados por incapaces que responden al poder real: el capital financiero, las corporaciones de inversión, la bolsa de valores, el lobby político de las empresas e industrias multinacionales, los sindicatos, y la extensa red que se oculta detrás del comediante: Presidente de la Republica, Primer Ministro, Presidente del Gobierno, etc.

Aquí se trata el fenómeno como una anomalía, porque bufones y payasos de la plaza pública, que ejercen el poder político reemplazaron a los Estadistas, las mentes brillantes que presentaban soluciones programáticas a los problemas de manera racional y objetiva.

En la Cultura Occidental la sensación de desasosiego, desamparo, de retorno a lo atávico y lo violento, estructuran las imágenes de la actualidad. Se está construyendo un mundo donde prevalece la destrucción y la renuncia, ante la alegría de vivir. Esta atmosfera que respiramos crea una sensación de incertidumbre, tanto en el pensamiento como en las acciones humanas. El cambio de la realidad por las imágenes en movimiento, la verdad por la pos-verdad, la interiorización de la violencia, del hambre, de la guerra, del dolor y la muerte, como algo común y corriente; son expresiones sutiles del carácter destructivo de la sociedad.

Este mundo en que vivimos niega el ámbito de la sentimentalidad, de la fraternidad y la solidaridad, como también el acontecer que puede llamarse acción, es decir, el orden propiamente ético, el ethos, la conducta del hombre actual.

Ahora, si algunas veces somos incapaces de contener la agresión, la discriminación o el racismo, nos invade la nostalgia, la duda, sobre la validez de la existencia y de nuestros valores. Es digno de admirar que, en medio de la crisis más feroz, del ataque a las instituciones democráticas, a las libertades y derechos individuales, a los derechos económicos y sociales, a la dignidad del hombre, al orden jurídico; pese al desempleo y el hambre de millones de seres humanos, el terrorismo y la violencia, las migraciones y la situación de los refugiados; a pesar de todo, el espíritu no se ha inclinado a una concepción catastrófica de la historia, de la vida y del mundo. Ya que negaría el precepto divino y sublime, que el sentido de la existencia no es inmanente a la Historia, sino trascendente a ella.

sábado, 24 de octubre de 2026

 

                         EL PATHOS DE LA ÉPOCA ACTUAL

                                Madrid-España a 24/10/2026

               “Cuando el lenguaje se corrompe, se resiste a la verdad”

                                                           Franz Kafka

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En las sociedades modernas predomina la sociedad de masas y la cultura de masas, los instrumentos técnicos y el tiempo abstracto (las máquinas, la velocidad, las imágenes en movimiento, las redes sociales e Internet y la IA), que responden a los principios de lo actual. Que significa ruptura con la calma peculiar del mundo natural, la vida tranquila y sosegada. Esto configura una señal que el tiempo se desvanece, se escurre entre los dedos como el agua que queremos agarrar entre nuestras manos.

De ahí el tiempo sosegado, circular, discontinuo, que enriquece las apetencias y las necesidades humanas, se contrapone a la vida de la Gran ciudad. Esto constituye un campo magnético donde la atmósfera que se respira responde al duro hierro de los días. De ahí que en las sociedades contemporáneas un desierto crece, y el fuego del espíritu y el corazón de los seres humanos se consume como una llama en el combustible de la violencia, del hambre, de las enfermedades, del desempleo, de la discriminación, del racismo, del sufrimiento, del miedo, la soledad y la muerte.

En esta época nuestra la vida es arrastrada por el dominio universal de la decadencia y del nihilismo, mediante la globalización de la técnica. La Gran ciudad “parece multiplicar las cosas que se mueven, en menoscabo de las cosas que están quietas. En verdad, todos los poderes técnicos que hoy están desplegándose son un brillo fugaz que viene de las cámaras que guardan los tesoros del Ser”.

Así que, los enjambres de seres humanos que deambulan por las calles de las Grandes ciudades, son personas en su mayoría con rostros desencajados, afligidas, cadavéricas, y la soledad, la indiferencia psicológica y el dolor a cuesta, expresan el tormento que los aprisionan. En esos lugares fríos y distantes la sociedad crea una atmósfera de indiferencia hacia el Otro. Entonces los seres humanos por la prevalencia de las relaciones abstractas y contractuales, del dinero y la importancia de los instrumentos técnicos en las comunicaciones, se distancia de sí mismo y de los Otros.

Vivimos en un mundo atroz, insensible, insolidario, con las responsabilidades que tienen las sociedades con los seres humanos. Que algunas veces los compele a la violencia, el robo, el horror y la muerte. Asimismo, el habitante de la Gran ciudad no tiene tiempo para sí, la grata placidez, la familia, la tarea de meditar, conversar, venerar, leer o escribir. Porque la algarabía de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, con el caos auditivo y el hechizo de las masas, lo convierte en un ser seducido, vigilado, numerado y convertido en objeto.

Un hombre que no tiene tiempo para sí mismo, tampoco lo tiene para la inquietud intelectual ni para mirar el jeroglífico de los cielos estrellados, ni para la espera y escuchar la voz de los dioses, se convierte en un ser atormentado y apesadumbrado. De ahí que el silencio, la conversación, las experiencias compartidas, que eran principios de sabiduría se están remplazando por el consumo masivo, el ocio vacío de contenidos espirituales, el alcohol y la droga. De igual modo, el estado de excitación nerviosa del hombre de hoy, rompe con la cadencia de todas las cosas rítmicas que son armas contra el tiempo. Por eso contra él y sus configuraciones, es contra quien luchamos en el fondo.

En el devenir de la historia, de la realidad y de la vida, el hombre ha luchado siempre contra el tiempo y sus espejismos. Es decir, contra la muerte.

Esto suscita un estado de ánimo, un ambiente desagradable. Porque trata no de cosas inanimadas, sino de vidas humanas. Este espacio hace parte del mundo del novelista, de los amantes, del poeta. También del juego, de la música, del arte o la religión. Porque ponen de manifiesto la inmensa superioridad de lo numinoso sobre lo accidental. Quienes laboran en estos parajes ayudan a los seres humanos a encontrar el camino de vuelta a sí mismo: son puerto, hogar, seguridad y libertad.

“Por ellos la vida humana se vuelve posible, la tierra se torna humanamente habitable” – al decir José Luis Pardo.

Sabemos por experiencia que la Gran ciudad es fría, gris, escamosa, y su atmósfera exhala un aire enrarecido y turbio. Su tiempo mide y es medido, excluye y suma, más no se entrega a la vida sana y placentera, a la alegría de vivir. La Gran ciudad no tiene que ver con lo sanguíneo o lo espiritual del ser humano. Para el griego antiguo existían dos tipos de tiempo: Cronos y Kairós. Cronos era el dios del tiempo cronológico, simbolizaba los días repetitivos que suceden sin destino. Es el que prevalece en la Gran ciudad contemporánea. Kairós, era el dios de lo vivido, los instantes únicos; la cultura que enriquece los contenidos del momento oportuno.

Preguntamos, ¿por qué la condensación del tiempo actual mide la felicidad con el “tener”, el “consumir” y no con “ser”? Porque las horas de la vida cotidiana están determinadas por el tiempo del trabajo, del salario, del consumo, de la supervivencia y la reproducción, que ya no es poco. De ahí que soportar el peso de la vida sobre los hombros es tarea de muchos; mientras para los poderosos las satisfacciones las tiene al alcance de la mano.

En las sociedades actuales no es la cualidad del ser lo que determina la existencia, sino el dinero, el poder, el lujo, la moda, las bellas materias, y las satisfacciones ordinarias de la vida cotidiana.

No podemos olvidar que, esta concepción del sentido histórico y de la vida del tiempo actual, se concatena con la atmósfera del Capitalismo Global de Rendimiento. Por eso en este ámbito el ejercicio del poder responde a los intereses financieros globales, las grandes empresas e industrias multinacionales, pero en particular, a los intereses políticos y económicos de las plataformas digitales y de los tecno-oligarcas. De ahí que la práctica política en las democracias parlamentarias y el Estado de Derecho, estén secuestrados por estás selectas minorías.

Sabemos que en algunos Estados se sitúan por encima de la legalidad y de la legitimidad del ejercicio del poder. Y, como consecuencia erosionan la legitimidad del Sistema democrático y la legalidad del Estado de Derecho. Cuando esto sucede las necesidades sociales pasan por el filtro de los mercados, las instituciones financieras, y los intereses de las selectas minorías de los tecno-oligarcas. Preguntamos, ¿qué desean realmente este tipo de ralea en el tiempo actual? Destruir el Sistema democrático, la libertad, el respeto a la vida y a los derechos humanos, para instaurar un Sistema político que establezca en el corazón de los hombres el infierno de lo actual.

Por tanto, “si hay algo que encaja perfectamente en la sensibilidad de nuestra época, es confundir la gloria con el éxito y la trascendencia con la inmediatez. El tratamiento humano de la muerte y la pregunta sobre la trascendencia, informa sobre la condición del hombre en cada momento. Durante miles de años, mediante el arte, la religión y la filosofía, nuestros antepasados se han interrogado sobre los límites de la existencia y el enigma de la muerte. Al deseo de perdurar le acompaña el temor a una extinción definitiva” –escribió Rafael Argullol.

En la Cultura de lo efímero que jalona los lenguajes digitales y los algoritmos, a través de las plataformas digitales, el movimiento de las imágenes, las redes sociales que implementan las selectas minorías de los tecno-oligarcas, lo trascendente, el misterio de la vida y de la muerte, se encuentran aprisionados en las redes de la Civilización del espectáculo. Que exalta lo banal y lo frívolo del tejido vivo de la existencia, del mundo y la realidad.

En este estado de cosas nos hemos ido acostumbrando que en la actualidad vivimos en el ámbito de la idolatría, del vaciamiento del espíritu y el desgarramiento de la zona de la sentimentalidad, que oscurece la dimensión religiosa, mágica, numinosa, metafísica y lingüística del ser humano. Por eso en la consciencia del hombre actual hay una especie de zozobra e incertidumbre, respecto a los límites de la existencia y la perdurabilidad allende del tiempo.

Por eso “la historia del arte desde los albores de la humanidad hasta el abstraccionismo moderno, podría ser contemplado como una visión del despliegue sutil y pavoroso, expectante y desesperado, entre la vida y la muerte”. De ahí los movimientos del pensamiento y la apreciación estética de la existencia, del mundo y la realidad, son armas que luchan contra los espejismos de la Cultura del artificio, el despilfarro de la energía vital y las potencias de los poderes actuales.

No olvidemos que la banalidad idolátrica de nuestra época necesita que los fetiches adquieran rango sagrado. Tomar consciencia que, en la sensibilidad del hombre actual, los ídolos son fáciles de construir y de derruir, olvidándolos. Se trata de despertar que, entre el mundo de la técnica moderna y el arcaico mundo simbólico de la mitología, se establecen correspondencias. Despertar que el momento prehistórico del pasado ya no queda encubierto como antes en los pliegues de la familia, de la tradición y de la iglesia.

Se trata de despertar que el lenguaje “medial” de los medios de comunicación, de las plataformas digitales, de las redes sociales, son un débil reflejo del espíritu de la lengua natural, que obedecen a relaciones de dominio, de seducción, de coacción, de fuerzas y de poder. Por eso se ubican en la superficie del tiempo actual, de la cultura y del lenguaje, ya que responden a la concatenación entre la técnica, el mundo dinerario y las relaciones de poder.

Empero, ¿qué sorprende de la época que vivimos? En lo que respecta al lenguaje, las imágenes se dotan de credibilidad y poco a poco están sustituyendo las palabras. Sus efectos son más fuertes que el sentido de las palabras; así las imágenes sustituyen a la realidad. Esto se está constituyendo en una tragedia para la cultura occidental, pero afortunadamente el hombre acude a las experiencias, la imaginación, la literatura, la poesía, el arte, la música, como memorias vivas de los pueblos y sus generaciones. Esto posibilita seguir en la brega de la existencia y confrontarla con la sana razón, los sentimientos y las “formas” del arte y de la vida.

Recordemos estas palabras de Ernesto Sábato:

       “En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero

        que el hombre escucha en lo hondo de su alma; es la fidelidad o traición a lo que

        sentimos como un destino o vocación a cumplir”.

martes, 20 de octubre de 2026

 

                                             LA HIBRIS DE LA DESMESURA

                                                  Madrid-España a 20/102026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la época contemporánea estamos saciados del despilfarro de las palabras, de las imágenes, de la existencia, del lenguaje, que incrementa el Estado tecnológico, los instrumentos técnicos y los políticos –que facilitan el “confort”, las armas para la guerra y la conversión del hombre en objeto o número-. Un tiempo como el nuestro necesita de las consideraciones humanísticas, las filosóficas, las lingüísticas y las cientifico-tecnicas. Que hagan “hincapié en la importancia de la libertad espiritual e intelectual”: la libertad de expresión, la libertad de pensar, la libertad de criticar, la libertad de escribir, la libertad de movimiento, la libertad ideológica y de creencias religiosas.

Como expresó el pedagogo norteamericano Abraham Flexner: “Ninguna de estas actividades necesita otra justificación que el simple hecho de que sean satisfactorias para el alma individual que persigue una vida más pura y elevada”.

En esta época interconectada en Red y de imágenes en movimiento, importante es, develar las relaciones de poder y el sentido de saber que ocultan tras de sí. Porque no sólo está en juego la libertad espiritual e intelectual del estudiante, sino de la sociedad en general. Estamos entregando las posibilidades de reflexionar, la capacidad de crítica, los contenidos de las experiencias, la sensibilidad estética de la existencia; aquello que eleva y dignifica la vida del hombre sobre la tierra, por unas pocas monedas de lo actual.

Sabemos que en ciertas áreas del mundo y en determinados países se está efectuando una “caza de brujas” sobre la libertad del espíritu humano que presionan a millones de personas, jóvenes y ancianos a migrar, a pasar necesidades materiales y espirituales, a sufrir xenofobia, racismo y hambre. El enemigo real de la libertad y del espíritu humano es, quien lo quiere someter a unos principios ideológicos, religiosos, políticos, de control y de vigilancia en su vida privada y pública. Que se sitúe en un nivel irreflexivo e instintivo que responda al llamado de la voluntad y las relaciones de poder.

En esta época de alto desarrollo técnico, de cultura de masas y de sociedad de masas, la justificación de la libertad espiritual, sin embargo, no se puede desconocer o abolir en nombre de las tecnologías de la información (la informática más telecomunicaciones), así que, la tecnología del proceso de datos y las telecomunicaciones eléctricas informatizadas hacen inevitable la conjunción entre el poder y el saber. El filósofo Michel Foucault dijo: “El poder crea saber y el saber crea poder”.

Estos elementos estructuran un tejido de relaciones de fuerza, que se distribuyen en las redes sociales y las instituciones. En suma: el espíritu de la lengua responde a la economía del poder. De ahí que las personas formadas para pensar se convierten en algo incómodo para los que ejercen el poder. El filósofo, el artista, el poeta, el escritor, el músico, el dramaturgo, el pensador, entre otros, son la voz de los que no tienen voz. Son la conciencia crítica del mundo y de la realidad, frente a los “centros de poder” distribuidos en las redes globales y las plataformas digitales. Son seres política y socialmente repudiados por el Sistema y los guardianes del “status quo”.

Por esa razón, considerar la preocupación por la condición actual y la vitalidad futura del lenguaje y la política. Esto induce a pensar que se están verificando las investigaciones iniciadas en Alemania por Karl Kraus y Fritz Mauthner sobre la crisis del lenguaje. Estamos acaso en un nuevo renacer de la retirada de la palabra y sus consecuencias en la condición humana. De ahí que el fracaso de la palabra en la actualidad, tiene un efecto social, psicológico y ético, en el ser humano y el cuerpo social.

Debemos tomar consciencia que el mundo de la palabra que heredamos de la cultura greco-hebraica y del humanismo burgués, se está deshaciendo como hongos podridos en la boca, dando paso a la barbarie y a la animalidad política. Esto es traumático en la conducta y escritura del pensador, del novelista y del poeta. Porque tienen la visión que la herencia de la Cultura y la Civilización de Occidente, se está remplazando por la violencia, el hambre, las migraciones, la xenofobia, la discriminación y la guerra.  

Porque la intolerancia política, el autoritarismo, el neo-fascismo, el populismo de principios del Siglo XXI, está afectando los contenidos espirituales del lenguaje y los cimientos de la Cultura de Occidente. A su vez, los magos de la palabra sitúan la objetivación de las relaciones humanas, el desgarramiento del Yo interior, el fanatismo y la animalidad política en la actualidad, en los centros vitales de la cultura occidental. De ahí que las catástrofes estén acompañadas por la fanfarronería de los sub-lenguajes, de las sub-humanidades y los lenguajes artificiales, que se concatenan a la Cultura del artificio.

Esta degradación del lenguaje es descrita magistralmente en las obras de los novelistas, de los poetas, de los músicos o, de los narradores de historias. Porque sí se observan como algo coyuntural equivale sencillamente a no comprender lo que sucede.

Debemos ser conscientes que, a consecuencia de la barbarie política y tecnológica en la actualidad, del mal uso del lenguaje, al servicio de los políticos y el Gran poder de las tecnologías de la información –se tiraniza la palabra, se viola la intimidad, la libertad y los derechos humanos, políticos y sociales del individuo y del cuerpo social. Estas transformaciones del espíritu lingüístico del ser humano, intensifican los procesos de falsificación en los asuntos públicos y privados, que siempre forman parte de las difíciles relaciones entre lenguaje y el ejercicio del poder.

Así pues, el legado de los vestigios de la barbarie política en la actualidad, son de suma importancia para el creador, el pensador o el artista. Porque es desde los escombros de la cultura, los símbolos, los relatos, las narraciones de historias, los fragmentos de los misterios o rituales olvidados. Desde donde se “reinscribirá” la memoria y la historia de las vidas dislocadas. Se tiene la sensación que el ser humano ha tocado fondo nuevamente y lo que deja a la vera del camino son esquirlas de huesos rotos, destrucción de la naturaleza, el fuego abrazador de las guerras actuales jalonadas por los instrumentos técnicos y la inteligencia artificial.

Pero ese diminuto y frágil ser humano, dotado de sentimientos, imaginación, sensibilidad, experiencias, pensamientos y lenguajes, se enfrenta a los desafíos de la época y los superara. Como hace en la actualidad con los desafíos ecológicos y del cambio climático, los desafíos que genera la inteligencia artificial y, en particular, a los desafíos de la violencia, del odio, de las migraciones, la xenofobia, el racismo y las guerras nacionales e internacionales.

Se deduce de este estado de cosas, que donde reina la oscuridad, la mentira, el miedo, el sufrimiento, el horror, la amenaza, la sangre, la muerte, la uniformidad del lenguaje, la objetivación de la vida, la poesía se convierte en fuente de información. Como dijo George Steiner que “el poema es una conspiración en presencia de todos”. El lenguaje poético, la cadencia de la palabra, las cosas rítmicas, en circunstancias históricas donde la libertad y la vida se encuentran constantemente amenazadas, se transforman en crítica, crítica de la condición humana y de la política.

Son los creadores los que en la sociedad contemporánea se convierten en guardianes de la esperanza, la libertad, para que el lenguaje sobreviva a la muerte. Nos recuerdan que el poder pertenece a lo histórico, a lo accidental, el arte, en cambio, a lo eterno y a-temporal. Sí el arte y la literatura ayudan a precisar la individualidad; así mismo toda “elección estética constituye algo individual, entonces la experiencia estética es siempre íntima”. Además, “cuánto más rica sea la experiencia estética de una persona, más sólido será su gusto, más agudo su enfoque moral, y más libre podrá ser él”.

Por eso, la estética fortalece la individualidad y precisa la libertad, contra la esclavitud y la servidumbre. “Es posible que la comunicación verbal desempeñe ahora un papel menos importante y creativo en la vida de la conciencia. Códigos no verbales como las matemáticas controlan y definen gran parte de la realidad, y debido a los criterios de evaluación de la literatura, es posible que esos códigos impongan su realidad a una cantidad cada vez mayor de personas” –dijo George Steiner, en el texto “El castillo de Barba Azul”.

De forma análoga va creciendo la prioridad de los lenguajes del artificio y poco a poco van remplazando las profundas estructuras de la gramática del habla. No resulta extraño que las palabras abarquen un espacio cada vez más reducido de la realidad del espíritu y del mundo. Que algunas veces no sean capaz de dar sentido a las esperanzas y a las necesidades humanas. Porque esto se convierte en tormento moral para las conciencias despiertas.

Además, somos parte de un mundo que vive bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el descrédito de las instituciones, el nepotismo político, las injusticias sociales, el racismo, el nacional-populismo, la crisis económica y financiera internacional, son apenas señales de la quiebra de los valores públicos y la disolución de las referencias colectivas. Esta atmósfera nos deja perplejos e inermes, porque las pautas y los puntos de referencia a los que nos agarrábamos, se están disolviendo. Esto se concatena en otras instancias, a una implícita añoranza de la coherencia moral y del Yo concreto.

Entonces vislumbramos la catástrofe que se viene sobre el hombre. Una catástrofe que dañará nuevamente los centros vitales de la cultura y la civilización occidental. Este acontecer inexorablemente repercutirá en el lenguaje, ya “que rechazar la semejanza entre los hombres; consiste en rechazar el principio fundamental del Humanismo” –al decir de Walter Benjamín.

En este orden, la economía del poder es consciente que un modelo autoritario y uniforme de sociedad, aspira a dominar la consciencia y el alma de las personas. En un tipo de sociedad como ésta se tiraniza, se manipula, se vacían deliberadamente las palabras de sus significados esenciales. Estos cambios permiten que se transforme el orden de la existencia -la libertad en esclavitud, la esperanza en desesperanza, la paz en guerra, el amor en odio, la libertad de expresión y de prensa en miedo, la tolerancia en xenofobia, la vida en muerte.

Así que, algunas naciones y Estados de corte nacional-populista de derecha en la actualidad, se ponen la máscara de la libertad para implementar la desconfianza hacia el Otro, la defensa de la lengua, de la cultura y las tradiciones nacionales, en nombre de la discriminación, la tortura, el racismo, la libertad de expresión, de ser y estar en el mundo y su realidad. Y esto es sumamente grave que se de en sociedades abiertas y de Estados democráticos Social de Derecho.

Estamos viviendo en la actualidad que algunos Estados y Gobiernos, individuos y sociedades, políticos y partidos políticos, incrementan actitudes racistas y excluyentes contra el inmigrante, las minorías étnicas y religiosas, en Europa y Estados Unidos. Y, ahora en algunos países latinoamericanos donde gobiernan partidos de derecha. Observamos que la justicia, la política y la administración pública y privada, esté al servicio de los políticos, de los partidos, de las grandes corporaciones y las élites de las plataformas digitales. Esta degradación política, social, moral y cultural, no es un fenómeno aislado, sino que obedece a las corrientes de pensamiento, de praxis política, económica y militar, que responden a las apetencias de los poderosos.

Asimismo, el devenir histórico muestra hoy día, que la crítica del lenguaje nos enfrenta a otros actores. A la alta civilización tecnológica, a la sociedad de masas y a la cultura de masas, al lenguaje político banalizado por la primacía de la imagen y el signo, y la importancia de la IA. Un ámbito donde se entrelazan los signos de unificación común. Un lugar donde el pensamiento y el escrutinio del espíritu salen mal parados. Así pues, los “grupos de poder” hacen del lenguaje un “instrumento”, donde la “situación política o social dominante urge idealizarse a sí misma para justificar así moralmente su existencia”.

Desde una perspectiva política la crítica del lenguaje en el siglo XXI, posibilita develar que, en todas las épocas de la humanidad, han existido embaucadores, demagogos, los que en nombre de la verdad y de Dios, se convierten en falsarios de la historia y del lenguaje. O, de la memoria verbal de los pueblos y las naciones. En una época se ponen la máscara del revolucionario o del conservador; en otra la del progresista o reformista de la sociedad. Pero en nombre de sus principios o ideales, se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad, lo cual no es tan raro como parece.

 

 

 

viernes, 16 de octubre de 2026

 

                                                           Las Guerras Híbridas

                                                        Madrid-España a 15/10/2026



Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

La modernidad se caracteriza por los principios de la Ilustración y, la importancia de la ciencia y la técnica en las sociedades diversificadas. Las guerras híbridas han existido siempre, en la actualidad las tecnologías, la revolución en los medios de comunicación de masas, la cultura de masas y la sociedad de masas, revelan su nuevo rostro. Se caracterizan por ser conflictos de baja intensidad que no son pacíficos, pero tampoco son violentos. Porque el umbral en el que se ubican sus actores se sitúan entre la paz y la guerra.

Gobiernos que utilizan una pluralidad de variables, la manipulación de la información, la ciberexpiación o, la ciberagresion, ataques con drones, armas de recursos estratégicos que afectan la infraestructura o la administración pública del Estado agredido, entre otros. Por eso, el campo de batalla son las sociedades diversificadas o, las mentes de los ciudadanos, como sucedió en la campaña presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton, por parte de Rusia. Y, ahora la injerencia de Trump en la campaña electoral en Brasil. O, la ingerencia de Rusia en Polonia, Letonia, Lituania, Estonia o Finlandia, etc.

Observamos en el mundo actual cambios generados por las nuevas tecnologías de la información, que inciden en la seguridad de los Estados de diversas maneras. Convertir uno de los pilares fundamentales de las democracias modernas como la libertad de expresión, en una debilidad. Además, convertir la verdad en una pos-verdad, es decir, que las nuevas tecnologías difunden noticias falsas como verdaderas. También las guerras directas como la de Rusia y Ucrania, que alteran el contexto geopolítico y estratégico que desestabilizan una región. Particularmente el ataque directo o indirecto a los Estados y las democracias occidentales.

Así, los lenguajes y las armas digitales sirven a China y a Rusia, para cuestionar el liderazgo de Estados Unidos, de Inglaterra y de la Unión Europea, con tácticas asimétricas obviando las frontales. Provoca entre otros en las zonas “calientes” una intensa actividad de las variables correspondientes. Ahora, ¿qué buscan China y Rusia en Occidente? Fortalecer sus intereses nacionales debilitando al adversario. De ahí que utilicen tácticas y estrategias diversas: a través de partidos nacional-populistas o, ataques directos para crear desconfianza en las instituciones democráticas occidentales, y debilitar el Sistema o, la Estructura en su conjunto.

A la vez, romper la unidad de los Estados aliados, penetrar en las mentalidades para crear zozobra, angustia y miedo en la sociedad, promover líderes de derecha o de extrema derecha, nacionalistas o populistas, que generen daño a las instituciones democráticas, como hizo Carles Puigdemont en Cataluña al Estado Español. Como también hizo Orbán a la UE en Hungría mientras gobernaba.

En el siglo XXI adquieren relevancia por razones geopolíticas, estratégicas y tecnológicas, las migraciones orquestadas por Estados para desestabilizar a otros y crear zonas de tensión en las fronteras. La migración es una variable de las guerras híbridas, el uso de inmigrantes para crear problemas al adversario. Como hizo Bielorrusia en la frontera polaca o Marruecos jalonando la llegada a Ceuta de miles de inmigrantes, para fomentar la polarización de valores e intereses, de los Estados de la Unión. Que dan espacios de maniobras a partidos que desestabilizan el orden institucional nacional y de la Unión Europea. En el fondo, buscan agrietar las bases del Estado democrático Social de Derecho. Bielorrusia y Rusia fracasaron en sus objetivos; porque lo que buscaban era debilitar la Unión Europea y la unidad dentro de la OTAN.

Ahora bien, con el primado de la técnica en las sociedades diversificadas y de los medios de información, incentivan la propaganda, la mentira, la desinformación, la agitación de la opinión pública, la difusión de bulos, en un entorno donde se ponen en práctica tácticas y medios diferentes a los del pasado. La interconexión en el mundo global permite infinitas posibilidades en las esferas de la información, donde confundir y crear un tipo de receptor, anula suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. Como la capacidad de asombro, de análisis, de crítica o de juicio, sobre los hechos históricos, los fenómenos naturales o las acciones de los seres humanos y de los que ejercen el Gran Poder. De ahí que el desarrollo técnico y la inteligencia artificial, amplifican la polarización que tiene efectos negativos y destructivos sobre la seguridad nacional.

En la actualidad el mundo del ciber y de la información rápida y simultánea, rompen con los paradigmas del pasado. Estas variables han penetrado hasta los átomos del cerebro y el tejido del espíritu, que alteran la concepción del mundo y del ser. Así que, el ciber es espacio y herramienta de violencia o de guerra. Existen tres umbrales del ciber: la del espionaje, la del sabotaje y el chantaje. Que van desde el control de las mentalidades de una sociedad hasta actos criminales.

La dificultad es la identificación y la atribución de las autorías, que dejan afluir márgenes de dudas y ambigüedades. Son ataques a ministerios, empresas, industrias, o bloquear las conexiones de telefonía móvil o ataques a infraestructuras civiles, en Estados Unidos y la Unión Europea o, Australia. En otras palabras, a sistemas de infraestructuras críticas del Estado y la sociedad.

Desde otro umbral emergen los recursos estratégicos, como el petróleo o el gas que se convierten en elementos de presión o chantaje por parte de Rusia; las tecnologías punta por parte de Estados Unidos frente a China, impidiendo el acceso a sus empresas. Ahora el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Estados Unidos e Irán. También el uso del dólar como divisa de referencia en reservas y sistemas de pago, por parte del Gobierno de Washington como herramienta de presión. Estados Unidos ha recurrido a ella como instrumento de presión ante países como Corea del Norte o Irán. Pero no ha sido utilizada a gran escala frente a Grandes economías.

Los expertos definen estas variables como “armas de perturbación masiva”, que rompen con las dicotomías del pensamiento occidental: lo público y lo privado, lo legal y lo ilegal, la guerra y la paz, lo militar y lo civil. El reto de las democracias occidentales consiste en crear y desarrollar mecanismos de defensa que impidan agrietar sus valores fundamentales. Desde Bruselas se están ideando dispositivos para dotar a los ciudadanos de las claves para afrontar la guerra de la desinformación, la mentira, la manipulación, la simulación y el miedo. Como sucede en países como Letonia, Estonia o Polonia. Sabemos que la tarea no es fácil para controlar o desarticular las “armas de perturbación masiva”.

Preguntamos, ¿dónde se librarán las guerras del presente y del futuro? En la Red. Y sus protagonistas son Internet, las Plataformas Digitales, TikTok, X, YouTube o Instagram. Pero la guerra del futuro no la definirá la Inteligencia Artificial que monitorea un dron o un tanque que masacra a pueblos y ciudades, a personas inocentes (ancianos, adultos y niños), sino la capacidad del Dictador, del Autoritario, del Jefe de Estado o, del Sátrapa, de manipular lo que pensamos y lo que somos.

No culpemos de todo al algoritmo, los aparatos son y no dejan de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior. El ser humano es quien ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos o bien darles un sentido nuevo. Es posible hacer saltar las cadenas de la técnica y quien puede hacerlo es la persona individual.

La Red es el nuevo frente de batalla y lo vemos en la guerra de Ucrania, de Irán y Estados Unidos, de Israel y Palestina o el Líbano donde los lenguajes digitales trastocan la información del presente y del futuro, en el campo de batalla. Eso no evita que cientos de ancianos, hombres y mujeres, buenos y valientes vuelen por los aires como una costra seca. Vemos que Anonymous como si fuera una brigada internacional ha salido en defensa de Ucrania frente al Ciber Sátrapa. En esta guerra atroz como en todo tipo de violencia, los hackers se convierten en agentes fundamentales para salvar la democracia y la libertad. Como dice el analista de datos del diario El País de Madrid-España, Kiko Llaneras:

Ha cambiado la inteligencia bélica y mucha información relevante ya no la aportan espías ni satélites militares. Son recursos al alcance de cualquiera, como los mapas de tráfico de Google. De ahí que se multipliquen los expertos en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT). Que se dedican a recolectar, analizar y tomar decisiones con estos datos.

Muchos analistas creen que Vladimir Putin cometió errores de cálculo al planear la invasión a Ucrania. Uno de los errores fue subestimar las consecuencias de un ataque que iba a ser emitido en directo, por gente corriente y celebridades. Gracias a la ubicuidad de las cámaras, la capacidad de las redes para amplificar y al escrutinio colectivo, para Putin ha sido imposible ocultar la realidad del campo de batalla.

Preguntamos, si el Presidente de Ucrania no hubiese inundado las redes con mensajes de resistencias, ¿hubiera eso cambiado la guerra? ¿habrían sido tan rápidas y decisivas las sanciones de Occidente sobre Rusia? ¿los bombardeos rusos serían peores, si Putin no supiera que, una hora después del ataque las imágenes de la barbarie recorrerán el mundo?

Como escribió John Thornhill en Finalcial Times : Ucrania ha movilizado la sociedad civil y hay una colaboración entre su Estado y la gente. En cambio, el Estado ruso domina casi toda su comunicación. Es una competición entre una red horizontal y una estructura vertical, entre un coro y un megáfono.

Como dijo Bertol Bretch en un poema:

                                  General, el hombre es muy útil.

                                  Puede volar y puede matar.

                                 Pero tiene un defecto:

                                 puede pensar.

A los nuevos Sátrapas, como a los viejos, deben derribarlos sus pueblos.