domingo, 8 de febrero de 2026

 

                           El poder de los algoritmos en la época contemporánea

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Madrid-España a 08/02/2026

Se piensa que la tecnología es un instrumento que sólo se utiliza para el confort, el bienestar individual o social, el desarrollo, el progreso, la industria militar, farmacéutica, automovilista; también se utiliza para causar dolor, angustia, sufrimiento y muerte (guerras nacionales, guerras entre naciones, terrorismo, intimidación, simulación, manipulación de la consciencia, coerción de gobiernos autocráticos, populistas y nacionalistas, etc.). A la vez se olvida lo que Martín Heidegger pensó, que el desvelamiento de la esencia de la técnica esconde tras de sí, la libertad. Es decir, la técnica brinda las herramientas para la libertad. El poder de la técnica no sólo hay que observarlo en su esfera negativa (causa dolor, sufrimiento, muerte), también posee una esfera positiva, posibilita que el hombre tome consciencia de sí y alcance la libertad debida a su nombre.

De ahí que la técnica se convirtió en la condición fundamental de la actualidad. El vestido del hombre actual es la técnica. Sucede que el brillo que irradia enceguece o entorpece al ser humano. Además, el hombre contemporáneo entrega su esencia y la libertad, a cambio de las facilidades técnicas. En las esferas del mundo técnico la verdad no tiene solidez, porque detrás de ella se esconde la Cultura del artificio: las máquinas, la velocidad, lo pasajero, los estados de consciencia manipulados, los espejismos del mundo y la realidad, la transcurrencia del tiempo, la simulación y lo que se denomina Civilización del algoritmo.

La técnica modula la percepción, la intuición, la atención, la experiencia, las ideas y posibilita la parálisis del pensamiento y del lenguaje. La técnica expresa un “tipo” de poder que determina las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales de la época. También como obedece al ejercicio del poder expresado en el Estado técnico y la autocracia tecnológica. Que amplifican un “tipo” de ejercicio del poder que ejerce su dominio, allende de las políticas implementadas en la corporeidad del ser humano.

Así que, el poder ubicado detrás de la esencia de la técnica no le interesa el cuerpo como campo de batalla, la tortura, la flagelación, la muerte; se interesa por la mente, las representaciones, las imágenes, las ideas, los sentimientos, que el hombre tiene de la realidad y del mundo, de sí mismo y del otro. De ahí en esta época de alto desarrollo técnico-científico, de sociedades de masas y de cultura de masas, se preocupa por la esfera interior del hombre: la estructura y funcionamiento de la mente, el espíritu, la conducta y las apetencias de la sociedad, las reflexiones del pensamiento, los valores éticos y morales del ser humano.

La técnica entonces incide en los procesos de cognición y de análisis crítico de la sociedad, de la realidad y del mundo.

Los que ejercen el Gran Poder Tecnológico tratan que los puntos de referencia no sean los valores eternos, la religión, el arte, la música, las literaturas, la poesía, la novela, la ética o la moral; sino el “Kitsch”, el espejo del mundo actual: la publicidad, el marketing, el consumo masivo, el lujo, las bellas materias, etc., que determinan la Civilización del espectáculo. Un mundo en que la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar de las responsabilidades, del aburrimiento, se establece como Phatos universal.

Detrás de la Civilización del espectáculo se esconden relaciones de poder: donde unas vidas encuadradas en la rutina de la vida cotidiana, deprimentes y embrutecidas, buscan la banalización de la cultura, la frivolidad y las redes sociales, el futbol, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se nutre del chisme y el escándalo. Para sentirse bien y estar de acuerdo con los valores vigente de la sociedad.

Por tanto, las resonancias de la técnica no sólo implican al tejido social, sino que su proceso de expresión posibilita umbrales para percibir, analizar, criticar y pensar, el mundo y la realidad. La técnica no es un instrumento pasivo sino activo, que teje y desteje un campo de fuerzas en un sistema de relaciones sociales, políticas, económicas, militares y culturales, en constante configuración. Que obedece al ejercicio del poder de las Plataformas Digitales, la Praxis Política y las Esferas de la Economía.

La técnica no establece un espacio de verdades absolutas, posibilita campos fluidos en devenir, que estructuran y ponen en funcionamiento, relaciones de fuerza y de poder, cada instante, cada minuto, cada hora o, cada día.

Somos parte de una época en la que el ejercicio del poder no necesita de la fuerza física, la carne flagelada, la persuasión lógico-racional, la tortura; le basta con concatenar la conducta y los estados de consciencia colectivos. La curiosidad se estructura en flujos de imágenes o de palabras bacías de sentido, que manipulan la consciencia y la realidad. Así es como la realidad se diluye en la información y “no está dirigida a proporcionar elementos de orientación en el mundo como puede hacerlo el consejo, que apela a la libertad del otro, tanto en cuanto a la disposición a recibirlo como al uso que de él pueda hacer en orden a la situación que le concierne” –al decir de Pablo Oyarzun.

Que el Gran Poder Tecnológico manipula la atención de la información y la comunicación, que están dirigidas a “in-formar a los sujetos receptores, determinando su interés, que a suministrar elementos para la conducción de la vida y la orientación en el mundo”. Así pues, el ejercicio del poder no sólo induce, sino que manipula, la psiquis y la conducta de los seres humanos. Las narrativas centrales o multifocales que daban sentido al mundo y la realidad, ya no existen. Existen flujos informáticos, imágenes, que estructuran y ponen en funcionamiento, una realidad fluida y veloz que se regenera cada instante. 

Y “se sostiene sobre el sistema general de la información y la comunicación, lo único que es propia mente constante”.

Somos parte de un tiempo fragmentado donde unas pluralidades de narrativas compiten en el ámbito de la Cultura de lo efímero, por una representación de una verdad que no poseen. En este ámbito no existe la conversación entre las narrativas, sino enfrentamiento constante para establecer un tipo de verdad fugaz y veloz, como el relampaguear. Aquí la verdad y el simulacro se refractan para ejercer un “tipo” de poder: el Poder de las Plataformas digitales, las redes sociales y la IA.

En la Cultura de lo efímero no se trata de persuadir sino de encantar. Los algoritmos son dispositivos narrativos que narran historias fantásticas como verdaderas, ahí la ficción y la mentira superan la verdad. Son estratos de un profundo sueño que aletarga e hipnotiza al que los ve o los escucha, porque provienen de lo más profundo de la mente humana. Aquí entra en juego un “tipo” de poder que se vale de los instrumentos técnicos, las imágenes en movimiento y sus narrativas para dominar, vigilar o coartar al ser humano.

El sistema algorítmico trata que uno de ellos domine y someta las esferas y narraciones que se manifiestan en el espacio humano. Aquí la filosofía, la metafísica y la ontología, son derivaciones de ficciones deliberadas, que buscan el dominio del hombre, de la realidad y del mundo. Los algoritmos no se preocupan por establecer verdades, sino encantar y seducir. El encantamiento es una de las ramas de la literatura fantástica o del amor o de la amistad, no de la verdad. Porque ésta última pertenece al ámbito de las ciencias sociales, experimentales o positivas.

Las redes sociales amplifican la pos-verdad y la normalización de la desinformación, ya que el término pos-verdad incorpora la intensión de engañar, porque utiliza medias verdades, bulos, mentiras y calumnias, que buscan establecer un tipo de poder que responda a los intereses de los poderosos: las Grandes Compañías Tecnológicas y a los Estados Modernos Tecnológicos. También a los Gobiernos populistas-nacionalistas autoritarios, que responden a los lenguajes algorítmicos: la mentira y la seducción.

Por eso Internet y las redes sociales no exaltan la verdad, sino el número de seguidores y la pertenencia a grupos sociales que validan nuestra identidad desde fuera. Así, la normalización de la pos-verdad como instrumento de poder político y económico, tiene como punto de mira los espacios donde se cultiva la reflexión, la crítica y el raciocinio como instrumentos para resolver los problemas de la sociedad: las universidades, los colegios, los centros de investigación, las humanidades y los museos.

Esos espacios que posibilitan reflexionar sobre la moral, la libertad, la autenticidad y la restauración del tejido vivo de la existencia, la realidad y el mundo en general. Son objetos de crítica y de burlas por las narrativas de la pos-verdad, que obedecen al Gran Poder Tecnológico, Político y Militar.

Así que, el sistema algorítmico atrae el flujo de agentes y narraciones, que ofrece la sociedad y el poder, a uno de ellos. En este universo de variables no se trata de convencer, sino de dominar e inducir las pulsiones anímicas del individuo y la sociedad. Pero, no podemos olvidar que detrás de los fríos pliegues del vestido de los algoritmos, se esconden relaciones de fuerza o de poder, de dominio o de manipulación. Somos seres manipulados por las imágenes y las narrativas, que las antenas de los dispositivos técnicos hacen circular por encima de la atmósfera de la Gran ciudad, los pueblos y veredas del mundo.

En el mundo de los algoritmos se trata de apropiarse de sus engranajes, su estructura de funcionamiento y lógicas internas, para posibilitar desde adentro formaciones discursivas y reflexiones críticas sobre el poder y el saber, que establecen como verdad. El desvelamiento del ejercicio del poder es, uno de los principios del pensar futuro. No se trata de oposición frontal a las narrativas y las imágenes de los dispositivos técnicos, de los algoritmos, sino que de sus tripas salga una reflexión crítica sobre el Gran Poder Tecnológico, que se oculta detrás de los algoritmos.

Asimismo, se trata que la intuición, la percepción sensible, las reflexiones del pensar, posibiliten navegar con enjambres de imágenes y de palabras, entre una pluralidad de realidades que generen una reflexión sobre el mundo y el tejido vivo de la existencia. Que las alucinaciones que crean los relatos y las imágenes en movimiento, no paralicen la capacidad de asombro, la curiosidad, el análisis y la crítica de la vida y de la sociedad.

Se trata de crear espacios de pensamiento donde las narrativas puedan emerger desde las profundidades de la naturaleza humana y, crear conductos que posibiliten entender el mundo y la realidad. No se trata de construir narrativas que se establecen como última verdad, sino que se entretejan y posibiliten entender, comprender, analizar y criticar, el tiempo que vivimos.

Lo importante del pensar futuro y la reflexión crítica consiste en que, no es indiferente a la verdad, porque en la época actual el Gran Poder Tecnológico, Político y Económico, construye, sanciona y valida un “tipo” de verdad, en los ecosistemas sociales, culturales o militares. No se trata de ocultar los mecanismos de poder o de saber, de manipulación, vigilancia o coerción del ser humano y las sociedades. Sino de develar procesos sociales, políticos o culturales, que de otro modo no se develarían.

En los procesos de saber-conocimiento, formación de relatos y experiencias compartidas, no se trata de ocultarlos desde los dispositivos técnicos o algoritmos, sino de develar la esencia que seduce y adormece a las colectividades. ¡Despertar! ¡Despertar! De su sueño invernal y posibilite la vigilia entre la aurora y el atardecer, para que las imágenes y las narraciones develen su verdadero rostro.

Su fuerza consiste en iluminar los mecanismos de poder actuales, que adormecen la consciencia y la capacidad reflexiva sobre la realidad y el mundo que vivimos. Además, de ofrecer una caja de herramientas nocionales, conceptuales y de experiencias compartidas, que posibiliten la reflexión crítica sombre el tejido vivo de la existencia individual y colectiva. Así que, la tarea del pensar futuro sobre los dispositivos técnicos y los algoritmos, consiste en ir quitando las capas que el Gran Poder ha establecido durante mucho tiempo.

La IA generativa y los sistemas socio-técnicos complejos están articulando sociedades que responden a la velocidad, la simulación y al artificio de las comunicaciones, para refractar un “tipo” determinado de poder. La simulación, la velocidad y la percepción fragmentada de la realidad y de la vida, son la condición fundamental de nuestra época. Sí las imágenes son más fuertes que las palabras, no necesitan ser traducidas, su relampaguear en la consciencia vasta.

Así como las ideologías nublan la imaginación, la capacidad de asombro, de análisis y de crítica, porque no distinguen la verdad de la manipulación y la simulación. Como dijo Jean Baudrillard: “La simulación no es una copia de lo real, sino lo que la remplaza”. La Cultura de lo efímero y la Civilización de los algoritmos, la simulación y la manipulación que ejerce el Gran Poder Tecnológico, se entrelaza con la sugestión y el control de la consciencia colectiva y, se apropian de la atención y la reflexión crítica de la sociedad. Convirtiendo a la colectividad en receptores y consumidores, de los medios de información, las redes sociales y los algoritmos de IA.

Estamos en los umbrales del paso del logos natural al logos del artificio o digital, que expresan los “Grandes Modelos de Lenguaje”. Preguntamos, ¿Qué son los grandes modelos de lenguaje? ¿Qué son los LLM? Son categorías de modelos básicos entrenados sobre inmensas capacidades de datos, que los hace capaces de comprender y generar lenguajes artificiales.

A la vez, crear tipos de contenidos para realizar una multiplicidad de tareas básicas en la vida laboral y cotidiana de las personas. Por eso empresas como IBM llevan años implementando LLM en diferentes niveles para mejorar sus capacidades de comprensión de los lenguajes naturales y procesamiento del lenguaje natural. Además, se implementan en los modelos del automatismo, los algoritmos, las redes neuronales y, en la arquitectura como sistemas de IA.

Además, aunque estemos inmerso en el devenir histórico en el que las máquinas, el automatismo, la velocidad y la IA generativa, determinan procesos en la vida privada y pública, laboral y educativa, científica y cultural, las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario de las lenguas naturales, son fundamentales para comprender, analizar y conocer, el papel del hombre en el mundo y la realidad. Sabemos que lo que define al hombre es, el lenguaje. De ahí que la experiencia, el pensamiento y el conocimiento, sean formas del lenguaje.

Así que, los modelos de lenguaje artificial, no han alcanzado la profundidad y la altura de las conjunciones lingüísticas, las gramáticas heredadas y la sintaxis de las lenguas naturales. En consecuencia, los instrumentos especulativos del ser humano, no se pueden sustituir por bases de datos y lenguajes de programación. Porque la lengua no es sólo un instrumento de comunicación, sino también de expresión y afirmación de la personalidad y la comunidad.

Se accede a la vida espiritual y mental, cultural y social, a través de la lengua. Hans-George Gadamer dijo: “El lenguaje nos precede y nos ofrece una acepción del mundo característica”. La lengua es una “forma” de la naturaleza del Ser, que nos identifica con una comunidad o, una nación.