Madrid-España a 20/01/2023
Antonio Mercado Flórez.
Después de largos espacios de tiempo, la Inteligencia Artificial nos ha tomado por sorpresa. Porque estaba confinada a unos pocos especialistas: Ingenieros informáticos, computacionales, filósofos o personas cultas ilustradas. Con la revolución de los mass-media, Internet y las redes sociales, la IA abarca un espacio más amplio en la vida educativa, privada, social, profesional y científica del ser humano. Ahora hace parte de la esfera económica, medica, política, jurídica, militar y social de las personas, los organismos internacionales y los Estados Modernos.
Preguntamos, ¿qué implica la IA en las esferas de la vida biológica, mental, espiritual de las personas en la actualidad? ¿qué preocupa a algunos de sus creadores, políticos, académicos, estudiantes, Academias de la lengua natural, científicos, líderes sociales en la actualidad?
La preocupación estriba que, la IA no tienda a la inteligencia humana, sino a algo diferente que encierra en sí un potencial enorme, que no comprendamos ni controlemos. Así que, “ontológicamente hablando – dice Asunción Gómez-Pérez- la IA posee dos ramas. Una es la simbólica, utiliza palabras, la ontología. Otra es subsimbólica, aprende. La primera razona y explica, la segunda, aprende”.
El miedo se revela con la segunda, que trascienda la capacidad cognitiva y de resolución de problemas que la inteligencia humana puede llevar a cabo. Por eso los científicos algorítmicos y computacionales, piden que se regule. Como Sam Alma, pero después de que su empresa Open IA, lanzara el ChatGPT, es decir, de poner el producto en el mercado. Aquí prevalecieron los intereses económicos y de poder tecnológico, ante la ética, la moral y la seguridad de la Humanidad.
De ahí que los peligros que representa la IA y la tecnocracia autoritaria, son variados y disimiles:
Ahora tenemos la destrucción de los pilares del Estado de Derecho y el Sistema democrático, que dan paso a las tecnocracias autoritarias y excluyentes. Socavan la libertad en las esferas de la vida privada y pública (la libertad de expresión, de pensar y de criticar, de educación y de investigación, etc.). También sustituyen decisiones importantes en la vida de los seres humanos (las hipotecas, el empleo, las políticas económicas, macro y microeconómicas), determinadas y dirigidas por algoritmos oscuros, que trascienden la libertad y las tomas de decisiones de los ciudadanos.
De ahí que el sistema sociopolítico y socio-técnico nacional-populista, tiene como objetivo debilitar la legitimidad democrática y derrotarla. Porque la tecnocracia autoritaria trata de apoderarse del Estado tecnológico absoluto, para desmontarlo y configurarlo de acuerdo a sus intereses políticos, económicos, tecnológicos, militares y culturales. Existe el peligro que un gobernante totalitario, autoritario, populista-autocrático, pueda ceder las tomas de decisiones respecto al uso de armas nucleares a la AI. Siendo grave para la paz mundial, porque se corre el riesgo de una hecatombe nuclear.
En Europa estamos viviendo la vuelta del nacionalismo, de las ideas supremacistas, xenófobas, racistas y excluyentes, que tienen como mascarada el miedo a la migración. Son un peligro no solo para el Estado de Derecho y el Sistema democrático, sino también para las ideas humanistas que se instauraron en el devenir de la historia de Occidente, con los ideales de la Ilustración. Edgar Morin dijo en una entrevista reciente que: “La IA puede dar miedo, pero temo sobre todo a la inteligencia humana superficial”. A las ideas desconectadas del mundo y la realidad, es decir, de la pluralidad de factores que las generan y apenas reflexionamos.
Que la barbarie del pensamiento es la superficialidad, que debe combatirse con la educación libertaria y democrática, basada en la relación de conocimientos. Que el ser humano, el Homo sapiens es, a la vez, Homo demens: en él se condensa la locura, el delirio y el exceso, que son posibles en las acciones humanas. La “luz” y la “oscuridad”, la “dulzura” y la “maldad”, son las dos caras de la misma moneda del ser humano. Dice Morin: “Asistimos al delirio de los fanatismos que se multiplican, a la locura de las ilusiones que se creen racionales”.
En un mundo cada vez más tecnocrático, tecnológico, autoritario, polarizado en el orden internacional, donde predomina el nacional populismo, la idea de progreso y desarrollo es incapaz de concebir la complejidad de la realidad, y especialmente de las realidades humanas. Esto conduce inexorablemente al dogmatismo, al autoritarismo, al militarismo, la exclusión y al racismo. Que multiplican el delirio del fanatismo político, ideológico, y el exabrupto de las ilusiones y delirios que se creen lógicas y racionales. Como sucede actualmente con el Gobierno de Trump en los EE.UU. Con relación a los migrantes, los negros nacionales e internacionales, las minorías étnicas y los blancos empobrecidos.
De igual manera, el uso de la IA que le puedan dar los grupos terrorista, se convierte en algo preocupante para las sociedades actuales y la Gobernanza Mundial. Así que, la creación de armas de destrucción masiva entra en sus posibilidades; por tanto, la sustitución del discurso verdadero por el falso, atenta contra las democracias de las sociedades abiertas. También destruye la cohesión y la confianza de los ciudadanos en el Estado y sus instituciones públicas y privadas.
Además, la IA podría dividir el mundo entre países ricos con un potencial enorme en tecnología y, otros sin ella. Ello dificultaría la cooperación internacional y fragmentaría la geopolítica mundial. Más si observamos el tablero paleolítico mundial que se está armando liderado por EE. UU, Rusia y China, por posesionarse en zonas de influencias donde los recursos naturales, las tierras raras, el oro, el petróleo, el litio, etc., estén a disposición de los nuevos imperios mundiales. Asimismo, de la seguridad con respecto a una confrontación bélica. También se intensificaría la ciberguerra a escala mundial sin respeto a las normas internacionales. En consecuencia, la disuasión nuclear sería más difícil de aplicarse en la actualidad.
Así que, los riesgos son evidentes si la Gobernanza Mundial no actúa responsablemente ante un poder tan inconmensurable, que representa la IA. Estamos ante un riesgo enigmático e incalculable, una inteligencia más potente que la humana. En un mundo caótico, polarizado y agresivo gobernado por dictadores, por aristócratas tecnológicos y nacional-populistas, la cooperación internacional y los mecanismos de control, no están a la altura para responder a los “espíritus algorítmicos” ni a la voluntad de poder ciega y malévola, como la actual.
De ahí que en pocos espacios de tiempo la IA sea imposible de controlar y ponerla al servicio de la Humanidad.
Que en nuestra época la IA trascienda lo alcanzado en el siglo XIX y XX, significa que abarca todas las variables de la experiencia, el conocimiento y la sabiduría humana. Observamos que el fuerte está que cae y sí es conquistada cada una de sus ciudadelas; es decir, si el cerebro es tomado por la IA y, los poderes tecnológicos y digitales que la dominan determinaran la vida, la naturaleza, el mundo y su realidad; la humanidad como especie estaría en peligro de extinción.
Estará gobernada por una especie de Titanes y de colectivo titánico, que arrasaran todo lo que encuentren a su paso. Porque necesitan espacio para construir un mundo nuevo, unas sociedades diferentes y un nuevo Orden Internacional que obedezca al Poder de las Tecnologías Digitales y, al Gran Poder Político, Militar y Económico Mundial.
Este período de cambios generados por la tecnología y, en particular, por la IA, repercuten en “el estado transitorio e inestable del tiempo y la identidad personal, del yo y la muerte física, influyen en la condición y las posibilidades del lenguaje”. Atravesamos un período de cambios creados por la influencia de las tecnologías en la vida de los seres humanos. Que no sólo están modificando las estructuras sintácticas de la percepción, ante todo, las formas de comunicación. Vivimos y se expresan en los medios electrónicos de comunicación inmediata y simultánea o, las redes sociales: Facebook, X, Instagram, WhatsApp, etc.
Esto es grave porque la imaginación, la mente, los sentimientos, lo simbólico, lo lúdico, las reflexiones del pensar, son sintácticos y morfológicos, que responden a las estructuras biológicas de las lenguas naturales.
Preguntamos, ¿si el lenguaje pierde algo de su energía propiciado por los lenguajes digitales, las imágenes pictóricas en movimiento y la IA, los hombres se volverían menos humano? Esto significaría una catástrofe cósmica, una tragedia fundamental para el sentido de humanidad, el tejido de la existencia individual y del lenguaje natural. En este orden, los que ejercen el Poder Mundial y las Corporaciones Digitales, desconocen que existe un espacio del “Yo” como misterio de la vida y la muerte, que es irreductible a las máquinas, los algoritmos, la velocidad, los lenguajes digitales, la robótica y la IA.
José Mª Lasalle cree que, en el trascurso del siglo XXI, es inevitable la aparición de un Ciberleviatán. Y, en consecuencia, traerá malestar, incertidumbre, caos, sufrimiento y miedo, porque ruptura los relatos establecidos, el statu quo y volatiza los puntos de orientación y las bases materiales o teóricas, donde nos asentamos. Asimismo, instaurará una dictadura sin violencia sin tortura, estableciendo un nuevo orden de Vida. Así, en la esfera política (del ciudadano, el Estado, las instituciones y la sociedad), no habrá ni debate, tampoco conflicto, como producto requerido por la aclamación y no por la deliberación, la crítica y el juicio. Se convierte en una civilización tecnológica que responde a las apetencias de una “selecta minoría” que gasta y concentra la energía del mundo actual.
Sabemos que en esta época el hombre perdió la Gracia y el Don de escuchar la palabra de Dios. Las palabras saturadas de mentiras y atrocidades difícilmente pueden expresar las esperanzas y necesidades humanas e intuir la veneración. Así que, “el espíritu que trata de comprender la realidad no puede darse por satisfecho hasta que la reduzca a términos de pensamiento”. Solo escuchamos como ladridos de perros en medio de la noche, el lamento del espíritu de la lengua.
En esta barbarie del lenguaje, del pensamiento y la dignidad humana, George Steiner tuvo la honradez de decir: “Las palabras saturadas de mentiras y atrocidades difícilmente pueden resumir la vida”. Porque comprende la relevancia del lenguaje en la vida del ser humano. Thomas Mann lo dijo en la conferencia de 1929 sobre Leasing: “Un arte que se sirve del lenguaje como instrumento producirá siempre creaciones extremadamente críticas, pues la lengua es en sí misma una crítica de la vida: la nombra, la toca, la designa y la juzga, en la medida en que le otorga vida”.
Estamos inmersos en una turbulenta corriente lingüística donde los medios técnicos de la comunicación, la sociedad de masas, la cultura de masas, las políticas económicas y financieras globales, la IA, determinan las dinámicas de las sociedades modernas y la vida de las personas. De igual modo, los cambios que afectan a la experiencia de la comunicación prefiguran las modificaciones en los hábitos lingüísticos. Sabemos que la civilización occidental en el transcurso del siglo XX, posibilitó la fractura de la estructura de los recursos verbales. En consecuencia, el vaciamiento de la palabra diluyó la unidad del sujeto parlante.
Además, la algarabía de la palabra vana, la información llana y simple, las imágenes en movimiento, están sustituyendo a la palabra restauradora de sentido, es decir, a la conversación. Esta mutación de los recursos lingüísticos no responde a las expectativas psicológicas, morales, sociales, políticas e históricas del ser humano. Como lo expresó Steiner: “En vez de estilo hay retórica. En vez de uso común y preciso, jerga”.
Este aletargamiento de los hábitos, las costumbres lingüísticas, opacó el asombro vocálico donde los sonidos se convierten en colores ideales.
Llegados a este punto del desarrollo informacional de la IA, se pronostica que, las máquinas inteligentes serán más competitivas que los seres humanos. Así, el uso del software por los humanos superará a la computación orgánica. Uno de los problemas que nos planteamos en la actualidad es, el implante neuronal para la cognición y la percepción. Que, para algunos científicos informacionales, filósofos o estudiosos de la IA, los seres humanos serán manipulados, coaccionados, uniformados y disciplinados, de acuerdo a los intereses económicos, políticos, militares y tecnológicos, de las Grandes Compañías Tecnológicas o, por el Estado técnico absoluto.
Ahora bien, los que tengan el implante neuronal podrán comunicarse con los demás seres humanos que lo poseen y, quien no lo tenga estará rezagado en la vida privada, profesional y pública. Además, la definición de homo sapiens cambiará y la Inteligencia Artificial se fusionará con la biología humana, y dará lugar a una significación híbrida del concepto de ser humano. Así que, las máquinas inteligentes argumentarán que son humanas, ya que fueron creadas a partir de la inteligencia humana. Que son humanos porque sus cerebros son copias de metal y cilicio del cerebro del hombre.
A partir de aquí, se abre el debate sobre los límites éticos de las máquinas inteligentes en las discusiones políticas y filosóficas más importantes de los momentos actuales. Esto quiere decir que, si la humanidad se desarrolló a partir de organismos unicelulares a un ritmo exponencial (describe un proceso donde el crecimiento o decrecimiento) se aceleran constantemente porque es proporcional al tamaño de la cantidad.
Expresan algunos científicos en IA, que los seres humanos podemos desarrollarnos hasta cierto punto debido a nuestras limitaciones biológicas. En cambio, con la tecnología los humanos trascienden dichos obstáculos y posiblemente surgirá el peligro de producir máquinas más inteligentes que los humanos. Esto es, estamos abocados según algunos científicos en IA, que las máquinas y los seres humanos se fusionarán a finales del siglo XXI.
De otra parte, estamos observando como un número de personas, se vale de la literatura, el arte, la teología, la filosofía, de la ética, del espíritu y la música, para soportar las energías destructoras del mundo técnico y científico, económico y militar. Esto es digno de admiración y respeto en sociedades enloquecidas por el mundo dineral, la praxis política, las bellas materias y las tecnologías de la información, la industria armamentística, la comunicación llana y simultanea o, la IA.
Así nos damos cuenta que en las superficies del mundo ya se están sintiendo sus partes blandas; son síntomas que indican que soñando nos acercamos a un nuevo despertar.
Antonio Mercado Flórez es Filosofo, politólogo y especialista en relaciones internacionales. Profesor universitario. Escribió el texto: “Sobre el dolor, el miedo y la muerte. Aproximación cultural a la época actual”. (2017), Editorial Mundo Palabras. Terminó dos textos más que denomina: “Carta sobre el <Humanismo> de Martín Heidegger. El ámbito de la cultura en el espacio de la técnica en la Época Moderna”. Y, otro que llama: “La lengua herida. El lenguaje en el ámbito de la técnica”. Posee un blog en Google: “El Umbral de las Ideas”.