jueves, 27 de agosto de 2026

 

                                                 El desgarramiento de la lengua natural

                                                 Madrid-España a 27/08/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Desde la perspectiva socio-política resulta preocupante las diferencias en el ámbito de la educación y la cultura, la ciencia y las tecnologías de la información, el ingreso per cápita y el PIB, la cualificación de la mano de obra y las oportunidades de trabajo, bienestar social y respeto a la libertad individual –porque rompen el equilibrio entre los Sujetos internacionales y ahondan las diferencias entre individuos y naciones. Podemos vislumbrar que unos utilizan gran parte de la economía de la existencia, al éxito económico y político, al bienestar social, a la educación y la cultura, la ciencia y la técnica; otros que son mayoría, a la supervivencia diaria.

Esto representa para la naturaleza esencial del ser humano, una degradación de los órganos vitales y las esferas del espíritu. En realidad, somos parte de un conjunto de naciones y civilizaciones, donde se prioriza el poder y la economía, las tecnologías y las armas, la eficacia y la eficiencia. Sobre la educación y la cultura, las artes y la música, la filosofía y las humanidades, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. O, lo que es lo mismo, se prioriza la IA ante la creatividad, el talento y el intelecto. Eso que posibilita alcanzar la dignidad de persona. O, en otros términos, las esferas del espíritu, la imaginación y el pensamiento, que facilitan el sentido de la existencia.

Ahora bien, si el hombre se aleja del humanismo es, porque no tiene confianza en sí mismo; una visión de la existencia que impide vivir auténticamente la propia vida. Porque el “núcleo” de la existencia no descansa sobre sí mismo, sino en algo exterior a ella: la técnica, el dinero, el poder, el lujo, el consumo, las bellas materias, las redes sociales y, la fugacidad de los acontecimientos cotidianos. Y, hace de la vida humana, sumamente desgraciada y atormentada, porque no logra estar a la altura de su temple vital.

Se comprobó en los últimos espacios de tiempo que, el hombre no tiene fe en sus posibilidades físicas e intelectuales. Que el ser humano ha ido perdiendo la fe en su obra y el entorno que lo rodea. Y, en consecuencia, el lugar del hombre se sustituyó por el ámbito de la Cultura de lo efímero; el umbral donde nuestras vidas son insignificantes y están destinadas al olvido. Un espacio donde prevalece el despilfarro de la energía vital y la existencia se deteriora, proyectando las vidas atormentadas como imágenes o números.

Así que, por el desgarramiento de la memoria verbal y la debilidad del espíritu, observamos cómo el ser humano ha ido perdiendo la capacidad de ser hombre, (de las ideas, creencias, costumbres, opiniones, sentimientos, experiencias, que se han tejido en las historias compartidas, etc.); y, cómo ser lingüístico, incapaz de comunicarse y cuestionar el mundo que le ha tocado vivir.

Las imágenes que tenemos del ser humano –distribuidas por los medios de comunicación, las Plataformas Digitales, las redes sociales, Facebook, Instagram, X, etc., no se corresponde con la realidad del hombre de carne y hueso. Nos preguntamos, ¿dónde está el ser humano que cree en la libertad? ¿dónde buscamos la criatura que descubre su “Yo” interior, la vivacidad de Dios, o de las cosas; ¿la esencia de la vida, su sentido amoroso, en el Otro? ¿dónde está la persona que sufre y calla, y cuyo silencio, es la voz de Dios?

Es nuestra alegría festiva. Conocemos entonces más que nuestro progreso, experimentamos nuestro poder estático, nuestra figura, nuestro ser–así en ella”. Vestigios de eso, se vislumbran en el horizonte, son instantes donde el espíritu entabla comunicación con los fragmentos de Absoluto. En este orden, se configura en las fronteras del tiempo, un rasgo alquímico, una voluntad misteriosa, donde el instante de la frágil y deleznable vida humana, se comunica con las potencias del Universo o, con Dios.

Es importante tener presente que, la literatura, la poesía, el arte o la música, preparan al ser humano para sentir la aniquilación del valor, preguntar sobre la existencia individual o colectiva, sobre aquello que da nuestra razón de ser. Y por la magia de la palabra nos enfrenta a la superficialización y simplificación del mundo técnico y político del que somos parte. Estamos observando como un número de seres humanos, se vale de la literatura, del arte, la teología o, la filosofía, del espíritu o la música, para soportar las energías destructoras del mundo técnico y científico, económico y militar.

Esto es digno de admiración y respeto en sociedades enloquecidas por el dinero, la política, el lujo, las bellas materias y las tecnologías de la información, la industria armamentística, la comunicación llana y simultanea o, la IA. Que en la superficie del mundo ya se están sintiendo sus partes blandas; son síntomas que indican que soñando nos acercamos a un nuevo despertar.

El poeta, “designa el momento de “creación” de una lengua, el momento de producción de las palabras, el momento en que el mundo se hace lenguaje o el lenguaje abre un mundo” –dijo José Luis Pardo en “La regla del juego”-. El poema, es palabra, abierta a la escritura, a la memoria y al recuerdo o, a la cadencia de la lengua. La poesía nos ayuda a soportar el peso de la historia y la Vida. Es lenguaje, creador de mundos y realidades, y al nombrarlos, los significa, desvelando fragmentos de los misterios que encierra el enigma de lo existente.

“Ellos han hecho el mundo decible, nombrable (y, por tanto, nos han hecho posible habitar la tierra como hombres: animales que hablan); hemos de suponerle una sabiduría inhumana, literalmente pre-humana, ellos han debido ver las cosas antes de cubrirse de palabras…, y por eso han podido fabricar esas palabras que ahora usamos del mismo modo en que recitamos sus poemas, es decir, de memoria…, ellos deben saber la verdad de las cosas para las cuales inventaron las palabras que las ponen de manifiesto”. Ellos crean las palabras que nosotros los seres humanos usamos. Somos evidentemente usuarios de palabras, “y para decir algo hace falta usar palabras ya existentes, palabras que preceden”.

El mundo que habitamos es un mundo creado por palabras; un tejido de lenguajes y para el lenguaje. A su vez, el devenir del tiempo en el marco de la historia, de las civilizaciones y sus configuraciones espacio-temporales en la Culturas y las Civilizaciones, es, un tejido de palabras. Así que, todo lo que hacemos o pensamos desemboca necesariamente en el lenguaje. Como dijo Ludwig Wittgenstein: “Todo lo que el hombre es, ha sido o será, lo contiene una proposición lingüística”.

La poesía, “es una condición estructural de la práctica lingüística”. No depende de los hechos, sino de las profundas necesidades espirituales y morales del ser humano. Si “los poetas producen palabras –escribe José Luis Pardo–, hacen lengua, pero no son ellos quienes hablan esa lengua, quienes dan un uso a sus productos o quienes conocen su finalidad. Los poetas son productores –una suerte de proletariado de la palabra–, y producción es lo que significa la palabra de la que procede su nombre (poiêsis), traer al mundo algo que antes no había”.

Si la poesía es manantial de agua viva, tierra y vida; se convierte en el umbral donde el hombre se proyecta como tal. Es digno de admirar que, “alrededor de estos hallazgos –manantiales de agua, etc. –la vida humana se vuelve posible, la tierra se torna humanamente habitable. Los poetas fundan lugares, crean comunidad”. Por eso el mundo contemporáneo echa de menos a los poetas, a los escribas de literatura, es decir, de novelas. Porque la palabra hace habitable lo inhabitable, y transforma la visión que tenemos de la realidad y la existencia individual.

Como expresó E. Benveniste, en Problemas de lingüística general, II: “Por encima de las clases, de los grupos y de las actividades… reina un poder cohesivo que hace de un agregado de individuos una comunidad y crea la posibilidad misma de la producción y de la subsistencia colectiva. Este poder es la lengua, y sólo la lengua”.

Podemos leer e interpretar desde el umbral del lenguaje los problemas de las sociedades actuales. Si los seres humanos olvidan los vestigios de la memoria verbal que inconscientemente han tejido los antepasados de la comunidad o, sus padres, inexorablemente se olvidan de sí mismos. Sin embargo, observamos estupefactos y anonadados como el hombre está entregando poco a poco la naturaleza lingüística e inquisidora, a los espejismos de la ciencia, la técnica, la política o, la economía. Este proceso de la historia reciente de Occidente, está convirtiendo al ser humano en objeto. De ahí que la civilización técnica que vivimos hace apremiante la presencia de la poesía, la novela, el arte, la teología, la filosofía, es decir, la Cultura de la que somos parte.

No podemos olvidar que, “la poesía crea comunidad, pero es una comunidad no elegida sino obligada, forzada por las inclemencias de lo inhóspito o, como también se dice, por las necesidades de la vida (el poeta, cuando es poseído por el dios que lo inspira, también lo es de un modo necesario, arbitrario e inclemente). Por eso, la comunidad nativa, natal, natural…es característicamente acogedora, protectora, cobijante” –escribió José Luis Pardo.

Por eso, no hay que ser indiferentes al mundo del espíritu, porque “el mundo espiritual tiene su centro fijo –afirma Hermann Cohen-, que irradia en toda la extensión infinita de la cultura, pero que los intereses de la cultura, sean cuales sean, nunca logran desplazar”.

Es importante anotar que el Zeitgeist, Espíritu del Tiempo y sus juicios, no percibe los profundos cambios que se están dando en la naturaleza del hombre; porque los sitúa sobre la cripta, en la superficie de la bóveda de lo actual, del presenta-ahora. Preguntamos, ¿qué es lo fundamental para el ser humano en esta época abstracta? Que la palabra conserve la magia y su relación con lo luminoso o, las potencias del espíritu. Y que nos permita salir de los yermos espacios donde se ubican los sistemas racionalistas y materialistas, que nos sujetan a la coacción de sus dialécticas. Así que, en estados como éstos sabemos que los átomos de la palabra liberan una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva la naturaleza espiritual que le corresponde.

Por eso la custodia del lenguaje o, de la comunicación verbal, no hay que dejarla en manos irresponsables. A la vez, tener en cuenta, que la primacía de los mass-media e Internet -átomos, bits, microchips, etc.-, en las civilizaciones actuales, posibilitó no sólo otros medios y modos de comunicación, sino también de imaginación, de cognición y de experiencia individual. Pero, cuando se manipulan al servicio de los poderosos, la vida se ubica en el umbral del ensimismamiento, la melancolía, ante la añoranza de lo fundamental. De ahí que nuestras ensordecidas y grises vidas, puedan obtener de la cadencia de la poesía, del lenguaje de la novela, las “formas” del arte, la veneración o, los ritmos de la música; algo así como “un sentimiento del movimiento interior y de la coherencia del ser individual y nuestras sociedades algo de la pérdida visión de una concordia humana”.

En un estado como éste, nos preguntamos, ¿cómo es posible que lo novedoso y exigente, lo que vale la pena decir, pensar o hacer, encuentre un auditorio entre el estrépito de inflación verbal y auditiva de las civilizaciones actuales? George Steiner piensa que, mediante la música, las artes y las ciencias exactas pueden llegar a una sintaxis común. Un ámbito donde los modos y los medios de comunicación posibiliten un mundo más humano y vivible, donde se transfigure una nueva Gramática de la vida.

En la época actual la lengua material y espiritual, el medio que comunica los contenidos espirituales de las personas y las comunidades, se está convirtiendo en un arma para la violencia o la guerra.

En este orden, se convierte en “deber ser” formar pedagógica y culturalmente a las nuevas generaciones, para que sean “capaz de acoger la sugerencia que debemos soportar tanto el haber nacido como el que tenernos que morir; es decir, de madurar” -al decir de Harold Bloom. En el mundo actual, es imprescindible formar para la vida y la muerte, la guerra y la paz, los triunfos y las derrotas, la felicidad y los infortunios; y, así de esa manera, elevarnos sobre nuestras propias inmundicias y posibilitar el encuentro con lo que Dickenson llamó: “Lo sublime precario”.

Es necesario que el Weltgeist, Espíritu del Mundo y sus juicios, esté a la altura para redescubrir lo humano. Que nos permita reconocer nuestras precariedades, también apropiarnos del hálito de lo sublime. Aquello que posibilita la coherencia interior del ser humano y la restauración de la visión de una concordia humana. Por eso las corrientes de pensamiento reduccionistas e historicistas que reducen el palpito de la existencia individual a hechos, cifras o relaciones de poder; perciben a los seres humanos como meras fichas de un juego filológico y político, económico o material. Pero desconocen que el hombre porta en sí y para-sí, un sustrato que es irreductible allende del tiempo y del espacio, o mejor, del Espíritu.

No olvidemos que en el decurso de las civilizaciones podemos observar que, casi todas cuentan con su versión de Babel, con su mitología de la dispersión original de las lenguas. Se tiene la imagen que “se cometió un error atroz, se produjo una liberación accidental del caos, semejante a la que desencadeno la caja de Pandora. Más comúnmente, se cree que la situación lingüística del hombre, las barreras absurdas que le impiden comunicarse, son un castigo. Una torre lunática fue lanzada a las estrellas; los titanes se atacaron entre sí, y sus esquirlas y huesos rotos se transformaron en las lenguas aisladas; deseoso de escuchar como Tántalo, la charla de los dioses, el hombre mortal se vio convertido en un bruto y perdió todo recuerdo de su palabra nativa y universal” –al decir de Steiner.

A partir de entonces el decurso de la historia, la tradición esotérica y metafórica, las imágenes del arcano, las construcciones cabalísticas y emblemáticas, las etimologías ocultas y los complicados desciframientos, han abierto la discusión sobre Babel y la búsqueda de las revelaciones esenciales.

Lo que luego acaeció en la Cultura y la Civilización occidental reciente, Karl Kraus lo percibió en la lengua de la filosofía, del derecho, de las artes, del periodismo. Creía que la lucha por la verdad y la responsabilidad individual en la comunicación pública o privada, habían sido fatalmente socavadas. Por eso intuyó que la imaginación, los medios y los modos del lenguaje, no eran las herramientas adecuadas para dar cuenta de la época. Que el lenguaje se había convertido en instrumento de demagogia y de despropósitos humanos. “La sospecha fin – de – siècle de que el lenguaje no sería nunca más adecuado o acorde con la experiencia humana -, que su corrupción por medio de las falacias políticas y la vulgaridad del consumo de masas habrían hecho de él un instrumento de bestialidad se ha confirmado” –expresó Steiner.

Esta degradación supuso para el “logo-centrismo” y los cimientos de la cultura occidental reciente, un desgarramiento fundamental; porque tocó la naturaleza del Ser y del existir. De ahí que, generó una trastocación ontológica y epistemológica, en la cultura occidental reciente. Es necesario reiterar que la civilización actual está diluyendo sus valores y formas estéticas, en la Cultura de lo efímero. Donde la imagen en movimiento, el campo magnético de las ondas energéticas, los lenguajes analógicos, se transforman en sociedades cinéticas y multimedia. Un tipo de civilización que nubla la capacidad de interrogar, la magia que representa para la vida, la soledad, la libertad o la muerte. Es una civilización que degrada la Gramática de la vida.

De ahí que la joven generación entienda la vida como algo fugaz, donde el aquí-ahora determina las pulsiones de la existencia individual. Además, el sin sentido y la falsedad de los “ordenes” de la existencia, banalizan las fronteras entre lo divino y lo humano. “Ello nos permite suponer –dice Steiner– que ciertos fundamentos de la consciencia humana, de los procesos mentales y los hábitos de la sensibilidad son susceptibles de ser alterados substancialmente”.

Si se alteran los medios y los modos de la comunicación humana, se hace lo mismo con los recursos verbales de la Cultura y la Civilización occidental. Así que, las lenguas se corrompen en beneficio de poderes espurios que incrementan el vaciamiento espiritual. Y, en nombre de la manipulación técnica y el Gran Poder Tecnológico (redes sociales, Plataformas Digitales, medios de comunicación), ponen la lengua del computador y de la informática, al servicio de los poderosos del mundo. Así esta mutación lingüística se convierte en problema político, militar, verbal, ético y epistémico, porque afecta la Gramática de la vida.

Así mismo, en medio de las corrientes de estupor de la época, los espíritus sensibles, fuertes, luchan contra el reduccionismo, la uniformidad o, el kitsch. Porque piensan que se concatenan con el fundamento mismo de la modernidad; la rebeldía expresada contra las ideas preconcebidas, el dogmatismo, y la estética del kitsch; y, el eclecticismo del orden existente, lo confirma.

Así que, la Creación se entronca con la naturaleza lingüística del hombre. Existe, en consecuencia, una correlación entre la lengua de Dios y la lengua de los hombres. Entonces, si esto sucede en la vida humana, “el mundo se traduce a sí mismo y para nosotros en unas prescripciones léxico-gramaticales prefijadas”. Que posibilitan que el ser humano trasforme la realidad y el pensamiento, en y por las palabras. Que todo, absolutamente todo, lo humano o no humano, es lenguaje. No podemos olvidar que, las palabras son los átomos del pensamiento y de la realidad.

El escritor J. M. Lasalle traza siguiendo las propuestas posmodernas de Jean-François Lyotard, que el pensar posmoderno supera las variables que definen la Ilustración del siglo XVII y la Época Moderna. Plantea que la condición posmoderna es el final de las grandes narrativas, que han interpretado el mundo y la existencia dentro de un relato coherente de progreso y racionalidad. Para Lasalle la estructura y el funcionamiento intelectual de la Ilustración, es insostenible debido a los avances tecnológicos y los cambios posindustriales que priorizaron las telecomunicaciones de la sociedad de la información.

Así que, la crisis de los relatos y de la Ilustración según Lyotard, dinamita el concepto de progreso, de razón ilustrada y configura en la esfera política, el fracaso de los gobiernos y la legitimidad de las sociedades abiertas, por estar insertas en una crisis de identidad.

Según Lasalle el humanismo y la posición del hombre en el mundo, la cultura misma y el libre juego interior del pensamiento, y la civilización occidental, son desplazados como ámbitos de interpretación por una visión científica donde prevalece la técnica y la voluntad de poder. Donde la revolución de la Cultura del artificio y la Civilización Digital reemplazan al “logos” natural y, arrastran tras de sí, la visión posmoderna que configura un nuevo ejercicio del poder. Un ámbito en el que, los problemas humanos se solucionan con big data y la Inteligencia Artificial aplicadas a las sociedades y la política posmoderna. Que ha generado un desenlace de consecuencias imprevisibles.

Así que, los datos de Internet y los algoritmos que los selecciona, discriminan y organizan el consumo diario de las sociedades modernas y, componen un binomio de control y dominio. En este ámbito, los seres humanos adquieren una fisonomía donde prevalece la parálisis del pensamiento, del lenguaje, la incapacidad de crear, escribir, juzgar, criticar y decidir. Entonces, las máquinas gestionan nuestras vidas como “objetos” o “números”, a través de una base de datos algorítmicos.

Hemos entrado de lleno en la era de la radicalidad. Una era en la que impera la brutalidad de las relaciones, en la que la fuerza prevalece sobre el derecho, las palabras; así las normas y leyes del derecho internacional y las relaciones armoniosas entre los Estados han quedado atrás. Una élite contrarrevolucionaria, armada teórica y técnicamente, se ha afianzado en Washington. Y está ahí para quedarse.

Se sugiere que existen otros métodos, caminos distintos, que nos hacen señas, insinúan cosas y ponen al ser humano en el centro del mundo. Son campos magnéticos que nos atraen hacia un centro único, creer en el hombre como el ser más idóneo para alcanzar los fragmentos de felicidad, lo justo, lo bueno y lo bello. Nuestra época, por el contrario, sitúa el pathos en otra esfera de la existencia. Por eso en la historia de la humanidad han existido épocas más humanistas que otras. No quiere decir que, el Espíritu de la Época, no tenga ningún valor. Sino que solo ubica el pathos, en otra esfera de la existencia individual.

En la Gran ciudad, los seres humanos sienten que se enfrentan a tempestades de acero, y el resplandor de sus hechizos arrastra tras de sí, espejismos de imágenes y lenguajes digitales, que configuran las nuevas utopías de lo inmediato. Por ende, el nuevo “tipo” de hombre que está configurando la arena de la historia, se presenta como un denigrador nato de todos los “tipos superiores” y de los modos y los medios naturales de comunicación humana. Este “tipo” de hombre rompe los lazos con el mundo del mito y la niñez; también con las fuentes de lo mágico y maravilloso de la realidad y de la Vida.

En esta época se olvida que la lengua responde a los más oscuros dilemas de la existencia: el nacimiento, la vida, la muerte, Dios, el destino, el sentido de la vida, la esperanza y la desesperanza. Además de ideas, experiencias, historias, metáforas, la novela y la poesía responden a los enigmas de la existencia con símbolos y mitos, con los recursos del pensamiento mágico. Por eso creo en el dialogo, la palabra dadora de sentido, creo en la dignidad del ser humano, creo en la justicia social y la libertad. Porque el dialogo y la fraternidad se reemplazaron por el insulto, la xenofobia, el racismo, y todas las formas de discriminación social.

Recordemos, por último, lo que dijo Ernesto Sábato, en el texto “La letra y sangre”, que “el estilo es la persona. El arte de la lengua necesita una tirantez entre las categorías gramaticales rígidas y las ocurrencias de cada individuo, y sobre todo las ocurrencias de los grandes creadores. La lengua de la vida es así: equívoca, multívoca [. . .]La lengua viva es una inquieta mediadora entre la sociedad y el individuo. Y gracias a sus “equivocaciones” se mantiene ese equilibrio dinámico que llamamos evolución”.

    

 

 

 

 

martes, 25 de agosto de 2026

 

LAS ESFERAS DEL SER EN “CARTA SOBRE EL <<HUMANISMO>>

                                                   Madrid – España a 25/08/2026

 

                                                              Con amor a mis hijos:

                                                                      Camilo y Ernesto.

 

“La ciencia experimental; las matemáticas; tienen como fuente la libertad espiritual e intelectual del ser humano. Pero también es cierto con respecto a la música, el arte y cualquier otra expresión del ilimitado espíritu humano”.

                                                 Abraham Flexner

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Uno de los conceptos más controvertidos del pensamiento de Martín Heidegger, es el concepto de Ser. En este ensayo lo abordaré desde el texto Carta sobre el <<Humanismo>>. La diferencia ontológica entre Ser y Ente lo entiende de la siguiente manera: El ente (Seiende), es cualquier cosa concreta que podemos tocar, pensar o nombrar, (una casa, un coche, una silla, un perro, un árbol, un número o un hombre concreto de carne y hueso). El Ser, en cambio, es lo que determina a esos entes, lo que les permite ser lo que son. En otros términos, es la condición de posibilidad de la realidad; esto es, no es un ente sino la apertura en que los entes se presentan al ser humano.

Heidegger utiliza otro término que denomina Dasein y lo define como el guardián del Ser. ¿Qué significa Dasein? Ser ahí, que utiliza para referirse al ser humano. De ahí que el ser humano tenga el privilegio de cuestionarse por el Ser. Nuestra esencia no es lago estático, sino que consiste en la propia existencia. El ser humano es proyecto abierto, arrojado al mundo y consciente de su finitud, es decir, de su muerte. Somos seres ambiguos, contradictorios, insondables y finitos, es decir, somos seres mortales.

El Dasein entonces es “ser en el mundo”. El ser humano no es un ser aislado que observa y aprende las cosas desde la distancia. Sino que somos seres que tenemos la facultad de relacionarnos con el entorno y con el Otro o los otros, a través de herramientas y significados. El Ser se revela en cómo nos relacionamos con las cosas y los otros seres humanos.

En suma, Ser es una totalidad, una globalidad, también un tipo significativo. El Ser constituye un conjunto dotado de posibilidades que no se encuentran en ninguno de sus elementos y, así posee un sentido. Posee más que la suma de sus partes. Encarna como la “Figura” de Ernst Jünger, el espíritu dominante de una época y conceden al mundo su principal significación.

El Ser y la Figura, son una realidad superior que da sentido a los fenómenos históricos. No son un producto de la historia sino aquello que permite realizarse. Por eso, determinan el movimiento de la historia. De ahí que el Ser y la Figura histórica son independientes del tiempo y las circunstancias de las que brotan. En su conducto, podemos decir que, la existencia del hombre se “da” en su esencia (su estructura) y se revela en el “claro” del Ser, que no es otro que, la verdad del Ser.

Martín Heidegger en Carta sobre el <<Humanismo>>, define al pensar como constructor y conductor hacia la casa del ser, no como creador de ésta. El pensar conduce a la existencia histórica, es decir, a la humanitas del homo humanus, al ámbito donde brota lo salvo. Según las grandes religiones monoteístas, en el lugar de lo ordinario y común brota lo salvo. Así, los dioses están en las cosas cotidianas del hombre histórico; basta que la visión penetre lo aparente de las cosas.

En este orden, el creador desciende a las raíces del Árbol de la Creación, en cambio, el constructor comunica las figuras que toma la verdad del ser y la esencia del hombre. Se dedica a conducir la existencia histórica al lugar donde brota lo salvo y ¿cuál es el lugar donde brota lo salvo en el pensamiento de Heidegger? En la proximidad del ser y también en lo cotidiano donde habita el hombre histórico. Así, el pensar no crea al ser ni al lenguaje, por eso, es un trabajador del ser. Con lo salvo aparece el mal en el claro del ser. Su esencia no consiste en lo malvado de los actos humanos, sino en la pura maldad de la ferocidad.

Ahora, ¿de qué tiene que ser salvada la humanidad? No de la “Caída” en la oscuridad de la verdad del ser, esto es, del “pecado” o la “muerte”. Sino del pensar conceptual que desemboca en la ciencia, la técnica o el subjetivismo. De ahí que sepamos que la técnica aboca al hombre a su autodestrucción. Entonces, sólo el ser le concede a lo salvo alcanzar la gracia y a la ferocidad el impulso hacia el mal. La ferocidad hay que entenderla como un tipo de maldad no humana, más “pura”. Que se emparenta en el ser a la maldad instintiva y demoniaca del hombre. A la trastienda oscura y bestial que mora en todos y cada uno de nosotros.

Esa que describe las raíces de Árbol del Bien y del Mal, según el mito judeocristiano. En el claro del ser como destino del claro, se posibilita lo salvo y la ferocidad del mal. Del mal se origina lo salvo y viceversa; y dialécticamente se contienen en la esencia del ser. Así que, el hombre debe develar la ferocidad como maldad mítica, para que el ser humano alcance lo salvo en la modernidad. En otras palabras, desde lo primitivo del mundo de la técnica moderna captar el mundo simbólico de la mitología, y comprender el presente y proyectarnos en el futuro.

Tratar según el pensamiento mesiánico de componer los portillos de la historia, también las cosas fragmentadas, dispersas e incluso muertas puedan ser descifradas, es algo que hace que aparezcan como una “alegoría de la resurrección”, en virtud de la cual la contemplación, a su vez, puede efectuar su salvación en un inmenso salto atrás”. Así que, la alegoría hace posible la trasmisión de conocimientos a través de razonamientos por analogías.

La salvación del hombre histórico no la percibe Heidegger en el umbral teológico-metafísico, sino en la libertad de pensar y actuar. Del manejo responsable de la libertad depende no caer en el “subjetivismo” o, en el “objetivismo”. Sino que la humanidad del ser humano, se exprese en la verdad del claro del ser. El ser concede al hombre escoger la gracia o la ferocidad de lo instintivo.

                                    El poeta Friedrich Hölderlin dijo:

                                       Donde hay peligro crece también la salvación”.

Así, lo salvo no tiene que ver con la teología o, la religión judeo-cristiana sino con el saber; con el transitar los caminos del saber y del pensar. De ahí la pregunta por la técnica supone un pensar, un modo de sabiduría o, una episteme que devela la esencia o la verdad de la técnica. Piensa que, si vemos la técnica desde esta perspectiva, obtenemos un carácter liberador. Liberarnos de la técnica como instrumento que domina y coacciona al ser humano; liberarnos de la técnica como instrumento bélico y como medio de dominación de la mente, del lenguaje y del espíritu humano.

Heidegger reflexionó sobre la técnica desde una pluralidad de puntos de vista y llegó a pensar que la exactitud de la técnica fundamentada en la ciencia (el saber teórico y especulativo) no expresaba lo verdadero. Que la verdad de la técnica no se encontraba en el instrumento, sino que estaba oculta en la pregunta por la esencia de la técnica. Y sólo se puede desvelar andando lo andado del término técnica y, ese camino conduce al mundo del griego antiguo que aparece en el concepto de techné. Aquí lo importante de esta reflexión es que hace un punto de inflexión y expresa que es necesario referirse a él para comprender la esencia o la verdad de la técnica. Así pues, la técnica como instrumento no contiene ni agota la esencia de ésta, porque lo trasciende.

Hay que tener presente en la actualidad, que el espíritu está amenazado aún en zonas distintas en que lo estuvo el Apóstol Pablo: es hora que los dioses den licencia al espíritu para manifestar su gracia. Entonces se revelará “la perdurable crónica de la humanidad”, como lo expresó en una ocasión William Faulkner. Y Hölderlin lo intuye en la palabra poética:

                            [Sólo a veces soporta el hombre la plenitud divina.

                            Sueño de ello es después la vida. Pero el

                                                                                          desvarío

                            Ayuda, como el sopor, y la necesidad y la noche

                                                                                           fortalecen.]

 

Teniendo presente a Hegel y Schilling, el ser está pensado en el sentido de la realidad absoluta; y comprendido como voluntad incondicionada que se quiere a sí misma en calidad de voluntad de saber y de amor. En la voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder. La voluntad de poder nunca se sacia. Es insaciable como la loba que está a la entrada de la “Divina Comedia” de Dante.

De ahí que lo “salvo” es luz para el hombre y la mentira oscuridad. El querer de la voluntad contiene en sí misma tres esferas, la del saber, el amor y el poder. Por eso nunca se sacia y en particular, la voluntad de poder. Schopenhauer dice que la voluntad de poder es ciega. No tiene contemplación con nadie y con nada. Sólo desea saciar su querer sobre todas las cosas que existen sobre la tierra. Es como el germen patógeno que ataca a pobres y ricos, blancos o negros, niños y ancianos, y mata a los cerebros más eminentes de la humanidad.

En cuanto la existencia del hombre pertenece a la verdad del ser, puede llegar del ser mismo la prescripción de esas normas que tienen que convertirse en ley y reglas para el hombre. Así, la ley no es sólo ley, es también la distribución escondida en el destino del ser. Por tanto, sólo la ley consigue destinar y conjugar al hombre en el ser. Sólo semejante conjunción es capaz de sustentar y vincular. De otro modo ninguna ley pasa de ser un mero constructo de la razón humana.

Más importante que el establecimiento de reglas es que el hombre encuentre su estancia en la verdad del ser. Esa estancia es la única que procura la experiencia de lo estable. Y el apoyo para toda conducta lo regla la verdad del ser. En nuestro idioma “apoyo” significa protección. El ser es la protección que resguarda de tal manera a los hombres en su estancia existente en lo relativo a la verdad que la existencia los alberga y les da casa en el lenguaje.

El lenguaje es a un tiempo la casa del ser y la morada de la esencia del hombre. Sólo porque el lenguaje es la morada de la esencia del hombre pueden los hombres y cualquier humanidad histórica no estar en casa en su lenguaje, de tal modo que el lenguaje se convierta en la recamara de sus manipulaciones. Sabemos que el lenguaje contiene y expresa en contenidos espirituales, la esencia del ser humano. Posibilita entre otros la comunicación con el Yo interior, las “formas” del arte, la cultura, la religión o la filosofía.

Pero también posibilita la comunicación libre, solidaria y fraterna en una sociedad democrática; a la vez el buen entendimiento entre los miembros de una comunidad o la comunicación entre enemigos.      

El pensar es una forma del lenguaje y no una mera evidencia; una parte de la esencia del lenguaje que es su expresión y con la que forma un todo. Así que, el lenguaje también puede convertirse en instrumento de las manipulaciones, las mentiras y el odio del ser humano. En consecuencia, cuando los hombres no habitan su morada, se convierte en instrumento de su voluntad; en voluntad de poder, coacción y dominio. Llagado a este punto, oscurece la esencia del ser y del hombre; incapaz es, de expresar el ente en cuanto ser del ente, la naturaleza, el mundo y el fundamento del mundo.

El lenguaje es azas misterioso, contradictorio, insondable, los hombres saben desde tiempos remotos que edifica y destruye al ser humano. Quien ejerce el poder instituye un tipo de lenguaje y éste legitima el poder. Como dijo Michel Foucault: el poder crea saber y el saber crea poder. No hay que olvidar que, el lenguaje posibilita alcanzar lo sagrado y puro que mora en los cielos estrellados, también bajar a las cloacas del mundo y de la existencia. Cuando el lenguaje se manipula en función del dogma religioso o secular, se falsea. La mentira reemplaza la verdad y pasa a la recamara del lenguaje.

 Al perder la mediatez con las cosas se velan los contenidos espirituales que comunica. Pierde su sentido evocador, mágico y trascendente. Al hacerlo obedece a la razón o a los instintos; pero no a la esencia del hombre, lo que constituye la humanidad del ser humano. Cuando sucede el espíritu de la lengua se mancha, se oscurece o, se envenena.

La espiritualidad implica a la libertad e infiere a la vez, las preguntas fundamentales del ser, la existencia y el mundo, ¿quién soy? ¿cuál es el sentido de la vida? ¿por qué vivo así y no de otra manera? ¿cuál es el lugar que ocupo en la sociedad y por qué? Al preguntar por lo fundamental de la existencia humana – la libertad, la fraternidad, el amor, la dignidad, etc. -, buscamos respuestas a la “interrogación”. Estas preguntas se oponen al dogmatismo religioso; que ofrece respuestas sencillas y pide creer en ellas.

Además, la falsedad del lenguaje en el mundo moderno, toma “forma” y “contenido”, en el Estado, la política, la economía, los instrumentos técnicos o las redes sociales. El técnico, el político, el banquero, no están a la altura para que el espíritu fluya a ellos. Porque este “tipo” de individuo es amante de los gustos gruesos o del exceso. Casi siempre olvidamos que estamos asentados en humores. Que el sudor y las lágrimas significan que la vida está activa en regiones hondas de la salud.

 En esta alta civilización técnica y de masas, se olvida que la vida no la abarca toda los instrumentos técnicos o la ciencia, la economía de un Estado o las finanzas internacionales, las armas, sino que hay que mirar con otros cristales. Mirar con los ojos de la sensibilidad, del alma y del espíritu. Para, así de esa manera, poner la técnica al servicio de las necesidades humanas; y encontrar sentido a la existencia del hombre.

En el mundo moderno el hombre deviene en un proceso de simplificación de la existencia y quien está al borde del abismo sabe que, no faltan esfuerzos tendentes a ganar un mundo en que tengan vigencia valoraciones nuevas y más poderosas - expresó en su día Ernst Jünger. 

                                           

 

jueves, 20 de agosto de 2026

 

                                                                        La libertad en el ámbito político

                                                                      Madrid-España a 20/08/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Una lectura de los Diarios de Hannah Arendt me indujo a pensar el problema de la libertad. Que en la historia de la humanidad incentivaron a pensadores y filósofos como: Platón, Aristóteles, San Agustín, Tomás de Aquino, René Descartes, Baruch Espinoza, Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre, Isahias Berlin, entre otros. Preguntamos, ¿está en la naturaleza en sí de los procesos automáticos o los procesos históricos, a los que el hombre está condicionado o adherido, que pueda afirmarse en y a través de la acción, la libertad del ser humano?

Una vez que los procesos producidos por el hombre se vuelven automáticos, se tornan fatales como los de la vida natural. Que conduce al organismo vivo, biológicamente hablando, del ser al no-ser; o, de la vida a la muerte. La libertad impregnada por la acción y el comportamiento teórico y práctico. Es en sí una especie de luz que eleva la acción política a transformar los procesos automáticos e históricos. Así, la libertad tiende a develar los fenómenos históricos en cuanto posibilita la acción política en la sociedad.

Entonces, la acción es “obrar”. Un hacer circunscrito a la práctica política y a unas circunstancias históricas determinadas. La libertad es la llama de la vela que alumbra los logros o los fracasos, en la praxis política. Por eso, ella siempre es un comienzo en el devenir de las acciones humanas y, en particular, de la política. En cuanto la libertad es llevada a galope sobre la práctica política es histórica.

Así pues, queda preservada en la memoria y la rememoración. Pensando la existencia del hombre o los hombres, no sólo habitan la casa del Ser, el lenguaje, sino también la morada de la acción política. Medimos el hacer político, la acción en la esfera pública por el rasero de los logros de su práctica, colmados de éxitos o fracasos.

Así pues, en esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, Ernst Jünger piensa que, “se ha llegado a una concepción nueva del poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantearles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que no puede tener nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra”.

En la actualidad: “Las corazas de los nuevos Leviatanes tienen sus brechas propias, que continuamente están siendo palpadas, y esa operación tiene como premisas una prudencia y una audacia de una especie nunca antes conocida. Así, uno se inclina a pensar que existen aquí minorías selectas que están iniciando la lucha en favor de una libertad nueva, una lucha que requiere grandes sacrificios; no es licito dar a esa lucha una interpretación que resulta indigna de ella.

Para encontrar algo parangonable con esa lucha es preciso dirigir la mirada a tiempos y lugares esforzados; por ejemplo, a los de los hugonotes o a los de las guerrillas que Goya vio en sus Desastres. Comparada con estas cosas, el asalto a la Bastilla, de la cual sigue alimentándose hoy la consciencia de libertad del individuo, no pasa de ser un paseo dominguero por las afueras de la ciudad”.

Pero, el quehacer de la política, su acción, teórica o práctica, se vale del lenguaje, del pensar y la libertad, para alcanzar lo que se propone. Bueno bien, ¿de dónde saca la libertad su fuerza y medida? ¿cuál es la ley de su hacer y decir? Por supuesto, de la esencia que la determina a sí misma y la impulsa a romper el cerco de los procesos automáticos y los procesos históricos.

Es decir, la existencia de la libertad rompe con la multiplicidad de determinismos que la condicionan en sus diversas formas: “Hay un determinismo físico de la libertad, que es el simple resultado de aplicar a la causalidad libre la misma rigurosa determinación de la causalidad natural. Hay un determinismo biológico o fisiológico, que apenas difiere del anterior. Un determinismo social, que rara vez es tan extremo que destruya en absoluto la libertad humana, a la que, sin embargo, restringe y bloquea por el medio social, las ideas dominantes, la educación, etc.

Hay un determinismo estrictamente psicológico, que más que una negación de la libertad es una falsa concepción de ella, pues no anula la espontaneidad del acto libre y su fundamento en la razón, aunque afirma que la voluntad queda rigurosamente determinada por el motivo más poderoso. Finalmente hay un determinismo metafísico y teológico, al que algunos pueden llamar fatalismo, que llega a la negación de la libertad humana, y aun a veces de toda libertad, descendiendo de ciertos principios metafísicos o teológicos con las que se las cree incompatible”.

Podemos afirmar que, la acción es en cuanto destino de la libertad. Sin ésta la acción política se condiciona a los procesos históricos o al determinismo político. La libertad hay que blandirla como hace el guerrero con la espada; porque del manejo responsable de ella depende la justicia, la fraternidad, la convivencia pacífica, la educación, la cultura, los derechos humanos, la paz. El advenimiento de la libertad trae consigo el evento de la acción política.

Huir a refugiarse en lo siempre-igual no exime al ser humano de peligros. El peligro adviene cuando la libertad posibilita que la acción entre en discordia con lo establecido como verdadero. Que amenace al Estado y sus instituciones, al poder o, a las minorías selectas que lo ejercen; o, que posibilite el pensar, el análisis, la crítica, del mundo y la realidad, de las relaciones de poder y de saber. Así pues, la libertad contiene en sí “el catálogo de las cosas posibles que siempre está ahí – para que una posibilidad salga escena es preciso que se la acepte” –al decir Ernst Jünger.

Ya es hora de desacostumbrarse a sobrestimar la política, la economía, la imagen o, los lenguajes digitales y, por así decir, no pedirles más de lo que pueden ofrecernos. En la actual precariedad y mediocridad del mundo, es necesaria más acción y más atención a los fines de la política y de los políticos. Por eso la política se encuentra en vías de descenso hacia la pobreza de su esencia; porque priman los intereses del partido y del Gran Poder, sobre el bienestar y el progreso de la sociedad.

Ahora vemos que las Grandes Empresas Tecnológicas (Amazon, Telefónica, Facebook, Instagram, X, Meta, etc.), se están convirtiendo en un nuevo Estado dentro de los Estados Modernos y, es sumamente grave para la libertad y la autodeterminación de los pueblos o las naciones. Ahora se trata de luchar contra un enemigo que nos vigila las 24 horas del día y se apropia de lo que hacemos, pensamos y escribimos. Por así decir, se convierte en el Gran Hermano técnico y del mundo técnico, es decir, del técnico y del colectivo técnico.

Arendt piensa que, en los procesos históricos los períodos de libertad han sido relativamente cortos en la historia de la humanidad. Lo que permanece intacto en épocas de petrificación y ruina es, la facultad de la libertad misma. La capacidad de comenzar, que anima e inspira todas las actividades humanas. Y, constituye, por así decir, la fuente oculta de producción de las cosas grandes o bellas.

    Por eso la estética es la madre de la ética y de toda capacidad de juzgar.

La libertad no es una virtud del hombre, sino un Don supremo que el hombre entre todas las criaturas de la Tierra crea. Pero es a través de la acción, cuando devela la luz que se esconde detrás del forro de los fenómenos históricos. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, una capacidad para realizar milagros debe estar dentro del rango de las actividades humanas.

Dice Arendt, está en la naturaleza de todo nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una “infinita improbabilidad”, pero es esto lo que en realidad constituye el tejido de lo que llamamos real. Esta “infinita improbabilidad” es válida para un nuevo nacimiento o interrumpir la lógica y la coherencia de los procesos históricos.

De ahí que los sistemas totalitarios, detesten la venida de una vida nueva al mundo, por ser siempre un recomenzar. Un volver a empezar que esconde detrás de la voluntad y de la acción, del pensar y el lenguaje, la ruptura con lo establecido como dogma o verdad.

Después de todo –piensa Arendt- nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales. La cadena de “milagros” es válida en los procesos del Universo o de la Naturaleza, esto es, que exista la tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos. La evolución del hombre a partir de los procesos de la vida inorgánica, muestran “infinitas improbabilidades”, que se constituyen en “milagros” en el lenguaje cotidiano.

Así que, la experiencia que dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada; sino de lo más natural, en la vida cotidiana es un lugar común. Sin esta experiencia corriente la parte asignada de la religión a los milagros sobrenaturales sería incomprensible. Así que, teniendo presente la interrupción de los procesos naturales por el advenimiento de una “infinita improbabilidad” ilustra lo que llamamos real, en la experiencia ordinaria adquiriendo su existencia por coincidencias más extrañas que la ficción.

Seria superstición esperar milagros, “infinitas improbabilidades”, en el contexto de procesos automáticos sean históricos o políticos, aunque no estén excluidos. Además, la historia está llena de acontecimientos que el milagro, la “infinita improbabilidad”, ocurre frecuentemente. Ya que, por decir, los procesos históricos son creados e interrumpidos, por iniciativa humana por ser un ser que actúa. Y detrás de la acción se esconde la esencia de la libertad, que le posibilita actuar en múltiples esferas.

La libertad como hecho demostrable y la política coinciden y se relacionan entre sí como las dos caras de una misma moneda.

De ahí que lo impredecible y lo imprevisible se esperan como milagros en las esferas de la vida política. La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”, sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida terrenal, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica, consiste que, en el dominio de los asuntos humanos conocemos al autor de dichos “milagro”. Son los hombres quienes los protagonizan, quienes por haber recibido el doble Don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Una realidad que responda a las apetencias morales, espirituales y materiales; pero también, en la vida pública, la política, que la libertad y la acción tiendan a la justicia social, el respeto a los derechos de la persona individual: a la vida, al libre pensar y actuar, lo bueno y lo bello, la libertad de creencias religiosas, política y de acción libre responsable, la libertad de pensar, escribir, criticar y juzgar, etc.

Es necesario un Estado democrático Social de Derecho que proteja y facilite a la sociedad la acción política y la libertad, como piedras angulares de la colectividad democrática y libertaria. Porque el mundo común es el escenario de la acción y la palabra; sin un ámbito políticamente garantizado la libertad carece de un espacio mundano en el que pueda hacer su aparición.

De ahí que, la libertad necesita de un mundo organizado políticamente en el que cada hombre libre pueda insertarse de palabra y obra. De lo contrario, será sólo una manifestación de la libertad interior o subjetiva de la persona humana o, tal vez, la libertad cercenada o secuestrada por el poder autoritario o totalitario. Porque existe una concatenación entre el mundo común que comparten todos los hombres, la palabra y la libertad.

En este orden de ideas, el Mundo Moderno posibilitó que el lenguaje cayera en un vacío profundo y oscuro que obstaculiza comunicar los contenidos espirituales que le corresponden. “Un mundo donde la objetivación incondicionada de todo, que procede de la subjetividad se relaciona con la metafísica. En este ámbito el lenguaje cae al servicio de la mediación de las vías de comunicación a modo de acceso uniforme de todos a todo, pasando por encima de cualquier límite –al decir de Martín Heidegger.

 Así que, en la actualidad la objetivación del lenguaje en la comunicación rápida y simultánea es lo único que perdura: efímero por sí mismo se sostiene sobre el sistema general de la información, que hace de las noticias conmensurables de acuerdo al interés que el sistema administra. Degradan la experiencia de cada uno de nosotros, la experiencia individual y concreta de cada ser humano. Degradan el tejido de la percepción y la participación en lo diferente de los acontecimientos, que se oponen a lo inefable y eterno de la verdad.

En este orden de ideas, Walter Benjamín asocia el valor de eternidad a la narración. Si observamos ésta con ojos desencantados, toda genuina narración está rodeada de un halo de arcaísmo, como si fuera una historia que se ha contado de generación a generación en el tiempo: contando desde siempre y para siempre. Así que, las figuras que la narración toma en el transcurrir del tiempo, no anulan la esencia que la determina. Sino que la enriquece y da sentido y coherencia a las historias de los hombres y los pueblos.

Por eso la narración trasciende en el tiempo y el espacio a la información rápida y simultanea; pero ante todo en la polifonía y el sentido del lenguaje. Además, somos parte en tanto que cuerpos finitos y flujos de consciencia, a enfrentarnos en el mundo de la técnica a una serie de aparatos y de máquinas, que condicionan el ritmo de la vida. Porque rompen con la sucesión de la experiencia y la narración, que trenzan los hilos de la imaginación y del lenguaje. Ya que el tiempo de las máquinas es, un tiempo simultaneo y abstracto; el de la experiencia y la narración es un tiempo concreto, cosmológico, que nos trae y regala cosas nuevas en cada narración.

En este caso, la uniformidad del lenguaje posibilita la objetivación de la existencia. Entonces el ser humano se percibe como objeto o número. La “existencia privada” cae en los espejismos del sistema general de la información, que corrompe los contenidos espirituales del ser humano. Entre ellos los contenidos del lenguaje y la libertad. La “opinión pública” es la que materializa la “existencia privada”. Así el individuo deriva la existencia individual a la esfera de lo público y lo político.

En esta Civilización de lo efímero los medios de comunicación o las redes sociales, le otorgan al individuo la objetivación de su existencia. Por eso la coherencia de la individualidad se quebrantó en nombre de lo efímero de la vida. La “opinión pública” decide lo “comprensible y lo desechable por incomprensible”. Además, degrada no sólo la esfera privada, sino que sustituye los hechos por opiniones falaces y vacías, que falsean la libertad del ser humano.

Estamos en un devenir en el que la realidad se falsea en nombre del poder y el dominio sobre el Otro. En este ámbito, lo interesante no es el Ser, el lenguaje, el pensar, la libertad, sino lo automático, lo pasajero y placentero que ofrece el Sistema como realidad. Todo se consume y pasa en el devenir del tiempo como la tersura de la piel joven a las arrugas de la vejez. Lo sorprendente de la Civilización de lo efímero, consiste que, lo pasajero y automático no dejan huellas en la vida del ser humano.

Todo fenómeno hace parte de lo siempre-igual, la alteridad espacio-temporal de los hechos, la experiencia, de la vida, se ocultan en la publicidad, el lujo, el consumo masivo, el marketing, el deporte, el dinero o, el Gran Poder. En un ámbito como éste, la libertad política se atrofia por estar determinada por fuerzas exteriores que la determina y subyuga, a sus intereses materiales, espirituales, sociales, económicos, técnicos, educativos y culturales.

Estamos transitando hacia lugares escabrosos y contradictorios, con respecto al tejido vivo de la existencia individual y la libertad política, de pensar, de ser, la palabra y la experiencia del individuo y las sociedades. ¿Saben por qué? Porque las Grandes Compañías Digitales, el poder económico y financiero mundial y, el Gran Poder Político, están tejiendo un mundo enteramente siniestro, cruel, diferente, al de nuestros mayores. Un mundo balcanizado donde predomina la simulación, la expiación, la vigilancia masiva, el hambre, las enfermedades, el desempleo, la amenaza, el miedo, el racismo, las armas, la violencia y la guerra.

Así que, el lenguaje situado en los dispositivos técnicos, diluye la naturaleza lingüística del ser humano; la lengua natural que comunica contenidos espirituales, el sentido del mundo, de la realidad y la existencia individual. Y, esto se convierte en peligro para la coherencia interior de la individualidad, la mente sintáctico-biológica del ser humano y la libertad. También para la vida como lenguaje, como información trasmitida por la lengua natural. Esto posibilitaría la ruptura con el argumento de Noam Chomsky, sobre “los universales lingüísticos” –aquello que permite diferenciar lo que es posible en una lengua de lo que no lo es-ellos son “sencillamente una propiedad biológica de la mente humana”.

Y, también la posibilidad, que la biología de la mente sea también <sintáctica> - al decir de George Steiner. Esto abre el umbral que la genética, y otras ciencias particulares, que sean una rama especifica de la teoría de la información. En este orden, la degradación de la condición humana se concatena al vaciamiento del lenguaje natural. Así que, el automatismo, las redes sociales, las imágenes en movimiento, la Inteligencia Artificial, son sólo un fenómeno secundario, respecto a las mutaciones lingüísticas, biológicas, psíquicas, espirituales, materiales de los seres humanos.

Deseo terminar el ensayo con unas ideas de Isaíah Berlin, que concedió en una entrevista al filósofo Bryan Magee, que tituló “Una introducción a la filosofía”. Dijo que “los problemas filosóficos son interesantes por sí mismos. A menudo se refieren a ciertos supuestos, en los que se fundamenta una gran cantidad de creencias generalizadas […] Cuando se examinan críticamente, resultan, mucho menos claros y firmes, y su significado e implicaciones, mucho menos claros y firmes que lo que parecían a primera vista. Al analizarlas y cuestionarlas, los filósofos amplían el autoconocimiento del hombre”.

Cuando el ser humano “se enfrenta a alguna disyuntiva, de cualquier índole, ¿no se encuentra en ocasiones tan nervioso que no desea enfrentarse a ella, y que cierra los ojos e intenta pasar la respuesta a una espalda más ancha: ¿al Estado, a la Iglesia, a la clase social, a alguna otra asociación a la que pertenezca, quizá al código moral general de la gente decente ordinaria, cuando debería pensar el problema y resolverlo usted mismo?”.

La gran mayoría de las personas no es consciente del poder del pensamiento, del lenguaje y de la libertad. La filosofía nos enseña a “saber por qué vivo, cómo estoy viviendo y por qué debo hacerlo así”. De ahí que, se trata de “argumentar acerca de palabras; pero, claro está, las palabras no son sólo palabras; meras fichas en un juego filológico. Las palabras expresan ideas. El lenguaje se refiere a la experiencia; la expresa y la transforma”.

En Colombia nos enfrentamos a un problema moral; que cabe en el ámbito de la ética. Entre quienes conceden un valor supremo al deber militar, o al patriótico, y especialmente en tiempos de violencia o de guerra. Pero existen otras consideraciones: mandamientos religiosos absolutos, la voz de la consciencia, los valores éticos y morales de los seres humanos, las relaciones entre uno y otro ser humano, y el manejo responsable de la libertad.

Traigo a colación lo que dijo un héroe de Fiódor Dostoievski, si le preguntasen si estaba dispuesto a comprar la felicidad a millones de gentes al precio de la tortura de un niño inocente, diría que no. ¿Estaba equivocada su respuesta? Un pragmático estaría obligado a decir: “Sí; estaba obviamente equivocada; era sentimental y errónea”. Pero, claro está, no todos pensamos así; algunos pensamos que un hombre tiene derecho a decir: “No torturaré a un niño inocente. No sé lo que suceda luego, pero hay ciertas cosas que ningún hombre puede hacer, cualquiera que sea el costo”.

Aquí “tenemos dos filosofías en conflicto. Una es, quizá, en el sentido más noble, utilitarista, pragmática, (o patriótica); la otra, se funda en la aceptación de reglas universales absolutas. Así que, el filósofo moral le compete explicar cuáles son las cuestiones y valores que están en juego; examinar y juzgar los argumentos a favor y en contra de diversas conclusiones; esclarecer qué formas de vida se encuentran en conflicto, los fines de la vida y, quizá, los costos en los que tiene que elegir.

Después de todo, “el hombre tiene que aceptar su responsabilidad personal, y hacer lo que considere correcto; su elección será racional, sí advierte conforme a que principios elige, y será libre si pudo haber elegido de otra manera. Tales opciones suelen ser muy angustiantes. Es más fácil obedecer órdenes sin reflexionar”.

Bueno bien, deseo resaltar, que, en la vida del ser humano en ciertas circunstancias históricas, sociales o políticas, se enfrentan dos filosofías, visiones de la existencia y del mundo, la utilitarista que exalta los valores pragmáticos, patrióticos y militares; y, la que tiene que ver con valores absolutos del ser humano, que se basan en principios éticos y morales. No deseo guiar al lector; dejo a los lectores atenidos a sus propios recursos, lo cual detesta la gente. ¿Saben por qué? Porque no estamos acostumbrados a elegir libremente, a utilizar responsablemente la libertad.

De ahí que, “la tarea del filósofo no es predicar, ni exhortar, alabar o condenar, sino sólo iluminar. Se trata de enseñar a las personas a distinguir entre la demagogia política y la mentira, y tratar que los seres humanos decidan por sí mismos. En Colombia por parte del Gobierno de Abelardo De la Espriella, optó por el utilitarismo y el patriotismo, la fuerza y la guerra. Que ya empezaron a dejar tirados a la vera del camino esquirlas humanas de campesinos, jornaleros, niños inocentes, madres de familia y ancianos.

Pero, existen otras corrientes políticas y de pensamientos, que han optado por los principios éticos y morales, que defienden la vida, la solidaridad, la justicia social, la fraternidad, el respeto al Otro, la paz. Es un deber ser, que el colombiano utilice responsablemente la libertad que le ha sido otorgada. De eso depende en gran manera, el respeto a la dignidad y la vida de todos los colombianos.

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

 

                                            La derecha y la extrema derecha en Latinoamérica

                                             Madrid-España a 19/08/2026

 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Walter Benjamín expreso en el ensayo “Fragmento Político Teológico” que, “sólo el Mesías mismo consuma todo suceder histórico, y en el sentido precisamente de crear, redimir, consumar su relación para con el mesiánico. Esto es, que nada histórico puede referirse a lo mesiánico por sí mismo. El reino de Dios no es el telos de la dynamis histórica; no puede ser propuesto aquél como meta de ésta.

Visto históricamente no es meta, sino final. Por eso el orden de lo profano no debe edificarse sobre la idea del reino divino; por eso la teocracia no tiene ningún sentido político, sino que lo tiene únicamente religioso. El orden de lo profano tiene que erigirse sobre la idea de felicidad. Su relación para con lo mesiánico es una de las enseñanzas esenciales de la filosofía de la historia”.

Lo expongo con una imagen: “Si una flecha indicadora señala la meta hacia la cual opera la dynamis de lo profano y otra señala la dirección de la intensidad mesiánica, es cierto que la pesquisa de felicidad de la humanidad libre se afana apartándose de la dirección mesiánica”.

  Así que, “el orden de lo profano no puede favorecer la llegada del Reino mesiánico”.

Traigo a colación lo anterior porque me preocupa la deriva del mundo en la actualidad. Porque las nuevas derechas nacional populistas están apropiándose del lenguaje de la izquierda, los dogmas religiosos, exaltando el lenguaje vacío y agresivo y, valiéndose de la religión para ejercer el poder. La izquierda parece que está en un estado de parálisis, de shock de las ideas, los pensamientos y los programas. Su actitud ante lo que sucede en el mundo, es de pasividad con relación a las rupturas de los programas que se instauraron después de la Segunda Guerra Mundial. Están demoliendo los principios liberales y revolucionarios del Estado de Derecho y de la Social democracia europea.

En este orden, señala Yanis Varoufakis: “Lo que Trump y los populistas están haciendo es, en la práctica, una revolución; no es una revolución socialista, pero están cambiando radicalmente el capitalismo tal y como lo conocemos. La nueva derecha populista es la que está haciendo una revolución”. Esto nos induce a pensar que, la era del Estado de bienestar democrático y social europeo se ha acabado. Así que, la élite política, militar, económica mundial, lo está justificando en términos religiosos. La justificación religiosa de Israel sobre la limpieza étnica en Gaza, es cada vez más fundamentalista.

Están justificando sus acciones político-militar refiriéndose a textos sagrados de la Biblia o de la Torá. Lo cual es mentira y crean un devenir histórico artificial posibilitando las masacres, la limpieza étnica y cultural de los palestinos. Me preguntó, ¿qué pensarían Walter Benjamín, Hannah Arendt, Theodor Adorno, Gershom Scholem, George Steiner, Albert Einstein y otros pensadores judíos, sobre la actitud del Gobierno de Benjamín Netanyahu, en Palestina y Líbano?

En la actualidad estamos inmersos en una crisis planetaria con tres problemas fundamentales: la guerra nuclear, la crisis ecológica y la inteligencia artificial. Por el predominio de la Cultura del artificio (los medios de comunicación, las redes sociales, la Inteligencia Artificial, etc.), la mayoría de la humanidad es cada vez más estúpida e ignorante. Desde una perspectiva política, las imágenes, las opiniones vacías, el marketing, la publicidad, reemplazan a las ideas, los pensamientos, los programas políticos, y predomina en los parlamentos y en la esfera de lo público, la aclamación. Podemos afirmar que la democracia parlamentaria está en crisis ante el populismo autoritario, que se vive en el mundo.

En una entrevista al País de Madrid-España el filósofo Slavoj Zizek, decía recientemente que: “Necesitamos de una cooperación global para afrontar esto, la catástrofe ecológica y el peligro de una guerra nuclear… Necesitamos más formas obligatorias de cooperación global… Para afrontar estos problemas necesitamos de mecanismos de cooperación, que no se pueden dejar a los mercados, que limiten la soberanía de los Estados”. Por así decir, “vivimos en una era de desconocimiento”

Nos preguntamos, ¿están los seres humanos aproximándose a una emergencia global con los problemas que vivimos en la actualidad? Zizek en referencia a Trump expresa que, está “gobernando por decreto una situación de emergencia”. Así que, la democracia tal como la conocemos está perdiendo eficacia. Que “vienen tiempos en los que necesitamos decisiones más rápidas y eficaces. Se hizo durante la pandemia en España y funcionó. Decisiones centralizadas pero conectadas con la sociedad civil y las organizaciones sociales. La pandemia fue un buen ejemplo de lo que nos espera, un estado de emergencia… Los viejos buenos tiempos de la socialdemocracia liberal pasaron. Las reglas han cambiado. No podemos hablar de un mundo mejor, sino de supervivencia, continuar con algún tipo de vida normal, con libertades, en un estado de emergencia”.

Vistas las cosas en el devenir histórico-político de Latinoamérica en la actualidad, Nayib Bukele vende la imagen de la seguridad a nivel mundial a costa de destruir las instituciones, las libertades fundamentales de la sociedad, los derechos y la justicia social, aprovechándose de la popularidad para perpetuarse en el poder. De otra parte, Javier Milei simboliza la motosierra como el instrumento que podará los males políticos, económicos, sociales, ideológicos de los argentinos. En este orden, Donald Trump promete la deportación masiva de indocumentados de la historia de Estados Unidos. En Chile José Antonio Kast es un nostálgico del pinochetismo.

En Colombia Abelardo de la Espriella convirtió su campaña en una plataforma de provocación, rechazó lo Woke (el que tiene conciencia activa de la desigualdad, del racismo y de las injusticias sociales), y ofreció mano dura contra la guerrilla, la delincuencia común, la inseguridad, los cultivos ilícitos como la coca, los narcotraficantes; que vistas en conjunto dibujan el mapa que vivirá Colombia en los próximos cuatro años.

En este orden de ideas, Donald Trump se convirtió en referente ideológico, político, económico, militar y cultural, de los dirigentes Latinoamericanos de la derecha populista-nacionalista y de la extrema derecha. Así que, el movimiento MAGA proporciona el ideario adecuado para la praxis política-militar de la derecha reaccionaria y de la extrema derecha en América Latina.

Abelardo De la Espriella habla de la Patria Milagro, y la percibe como lo impredecible y lo imprevisible se esperan como milagros en las esferas de la vida política. La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”, sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida terrenal, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica, consiste que, en el dominio de los asuntos humanos conocemos al autor de dichos “milagros”. Son los hombres quienes los protagonizan, quienes por haber recibido el doble Don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Uno de los problemas de la actualidad reside en el logos, el lenguaje, cuando se falsea y responde a algo exterior a la esencia que lo constituye. En esa estancia mora el odio, la mentira, la falacia, el disimulo, el engaño, la estafa, y, en términos políticos, el populismo, el nacionalismo, el autoritarismo, el demagogo, el fascista o el tirano. En el Mundo del artificio en que viven necesitan de un baúl de máscaras, porque la pretendida imagen interior de la propia naturaleza que llevan de sí mismos es, de un minuto a otro, pura improvisación. Se orienta enteramente, por así decirlo, según las máscaras que le son presentadas.

El mundo es un arsenal de esas máscaras. Y sólo el hombre atrofiado, devastado, las busca como un simulacro en su propio interior. Porque la mayoría de las veces nosotros mismos somos pobres en este aspecto. Por eso somos felices portando las máscaras más exóticas, la máscara del asesino, del farsante, del cuatrero, del violador, del dictador, del terrorista, del banquero, del político, del populista, del militar, del guerrillero, del paramilitar, del industrial, del empresario, del torturador, del hombre culto. etc. Mirar a través de ellas nos encanta. Vemos el universo y sus constelaciones, los instantes en que hemos sido esto o lo otro de una vez.

Viendo los acontecimientos histórico-político en retrospectiva la paz total de Gustavo Petro fue un fracaso. En la región del Catatumbo el choque entre los grupos de disidencias de las extintas FARC agrupados bajo el Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla en armas de Latinoamérica, produjo la crisis humanitaria más grave del año pasado. En el Nordeste antioqueño, dos frentes de esas mismas disidencias combaten al Clan del Golfo, el grupo más grande del archipiélago de ilegales. En la Costa Caribe, el Clan enfrenta a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, un grupo local. En el Cauca, el Estado Mayor Central —la otra gran facción disidente de las FARC— y el ELN llevan años en disputa.

El Presidente Abelardo De al Espriella prometió una pax romana, en referencia a recuperar todos los territorios ocupados por grupos guerrilleros y organizaciones delincuenciales. De la misma manera, implementa los bombardeos a los campamentos de la guerrilla, la fumigación de cultivos ilícitos y aumentando el pie de fuerza, sin negociaciones. El modelo de referencia para De la Espriella es Bukele en el Salvador y está de acuerdo con una alianza geoestratégica con Estados Unidos e Israel. De esta alianza recabara la financiación y los instrumentos técnicos y las armas, para combatir los grupos al margen de la ley, el orden y el Estado.

Hay que tener en cuenta que Colombia es sui generis, no es Argentina, ni Ecuador ni el Salvador, es un país donde se combinan múltiples formas de ilegalidad: grupos armados que dependen de la coca y la cocaína, la minería ilegal, la extorción, el secuestro, y el control de las economías locales y su poder político. La gestión de las localidades donde hacen presencia armada depende de lo que diga la guerrilla. Además, el Gobierno ha de hacer frente a las bandas criminales, los paramilitares, y en especial al Clan del Golfo.

El investigador Francisco Daza expresó: “En medio de este panorama, el reto más grande no es militar, sino humanitario. En 2025, los conflictos desplazaron de forma masiva a más de 107.000 personas y dejaron a otras 128.000 confinadas, sin posibilidad de moverse. Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo en desplazamientos internos por conflictos armados, con más de 7,2 millones de personas afectadas. Una estrategia basada exclusivamente en la confrontación, el militarismo y sin negociación”. De ahí que, “la población civil no es un actor del conflicto: es su principal víctima, y ningún plan de choque en 90 días cambia esa ecuación”.

En el mismo orden de ideas, el académico peruano Alberto Vergara se refiere al auge de la derecha y la extrema derecha en Latinoamérica, al periódico El País de Madrid-España: “No se trata solo de fuerzas que desean reformas más conservadoras o un Estado más pequeño, sino una reacción frente a las aperturas civiles, políticas y sociales que acompañaron a las transiciones democráticas y se ampliaron durante las últimas décadas. La derecha latinoamericana de los años noventa prometía dejar atrás el pasado.

Hablaba de privatizaciones, de disciplina fiscal, de apertura comercial, modernización. En los gobiernos primaban los economistas formados en universidades estadounidenses, citaban las virtudes del mercado y ofrecían a países agobiados por la inflación y el fracaso estatal una entrada acelerada al futuro. Para aquella derecha la historia era un lastre. Había que superar el populismo y reducir la política a una administración racional de la economía”.

Es decir, que los asuntos económicos, sociales, justicia, igualdad, libertades, educación y cultura, son tratados por la tecno-burocracia administrativa. Esta visión en Latinoamérica fracasó, por eso ahora viene la mano dura del militarismo y el autoritarismo policivo.

Preguntamos, ¿por qué la derecha ha encontrado el espacio para ejercer el poder en Latinoamérica? Porque los vacíos y los escombros dejados atrás y tirados a la vera del camino por la izquierda como: desigualdad, inseguridad, narcotráfico, corrupción, violencia, servicios públicos deficientes y desconfianza en las instituciones y los partidos tradicionales, sirvieron como punta de lanza para el auge de la extrema derecha en Latinoamérica.

En este mar de contradicciones y desaciertos, de violencia y odio entre los colombianos, lo que les deseo a todos los compatriotas:

                     ¡Que Dios proteja a Colombia y a sus habitantes!