LA LIBERTAD EN EL ÁMBITO POLÍTICO
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
Madrid-España a 13/02/2026
El ser humano no puede olvidar,
que libertad impregnada por la acción y el comportamiento teórico y práctico.
Es en sí una especie de luz que eleva la acción política a transformar los
procesos automáticos e históricos. Así, la libertad tiende a develar los
fenómenos históricos en cuanto posibilita la acción política en la sociedad.
Entonces, la acción es “obrar”. Un hacer circunscrito a la práctica política y
a unas circunstancias históricas determinadas.
La
libertad es la llama de la vela que alumbra los logros o los fracasos, en la
praxis política. Ella siempre es un comienzo en el devenir de las acciones
humanas y, en particular, de la política.
En cuanto la libertad es llevada
a galope sobre la práctica política es histórica. Así queda preservada en la
memoria y la rememoración. Pensando la existencia del hombre o los hombres, no
sólo habitan la casa del ser, el lenguaje,
sino también la morada de la acción política. Medimos el hacer político, la
acción en la esfera pública por el rasero de los logros de su práctica,
colmados de éxitos o fracasos.
Así pues, en esta alta
civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, Ernst Jünger
piensa que, “se ha llegado a una concepción nueva del poder, se ha llegado a
unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantearles
cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que no
puede tener nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a
esa palabra.
Las corazas de los nuevos Leviatanes tienen sus brechas propias,
que continuamente están siendo palpadas, y esa operación tiene como premisas
una prudencia y una audacia de una especie nunca antes conocida. Así, uno se
inclina a pensar que existen aquí minorías
selectas que están iniciando la lucha en favor de una libertad nueva, una
lucha que requiere grandes sacrificios; no es licito dar a esa lucha una
interpretación que resulta indigna de ella.
Para encontrar algo parangonable
con esa lucha es preciso dirigir la mirada a tiempos y lugares esforzados; por
ejemplo, a los de los hugonotes o a los de las guerrillas que Goya vio en sus Desastres.
Comparada con estas cosas, el asalto a la Bastilla, de la cual sigue
alimentándose hoy la consciencia de libertad del individuo, no pasa de ser un
paseo dominguero por las afueras de la ciudad”.
Pero, el quehacer de la política,
su acción, teórica o práctica, se vale del lenguaje, del pensar y la libertad,
para alcanzar lo que se propone. Bueno bien, ¿de dónde saca la libertad su
fuerza y medida? ¿cuál es la ley de su hacer y decir? Por supuesto, de la
esencia que la determina a sí misma y la impulsa a romper el cerco de los
procesos automáticos y los procesos históricos. Es decir, la existencia de la
libertad rompe con la multiplicidad de determinismos que la condicionan en sus
diversas formas: el determinismo biológico
o fisiológico; el determinismo social; el determinismo psicológico; o, el determinismo metafísico y teológico.
Podemos
afirmar que, la acción es en cuanto destino de la libertad. Sin
ésta la acción política se condiciona a los procesos históricos o al
determinismo político. La libertad hay que blandirla como hace el guerrero con
la espada; porque del manejo responsable de ella depende la justicia, la
fraternidad, la convivencia pacífica, la educación, la cultura, los derechos humanos,
la paz.
Por tanto, el advenimiento de la
libertad trae consigo el evento de la acción política. Huir a refugiarse en lo
siempre-igual no lo exime de peligros. El peligro adviene cuando la libertad
posibilita que la acción entre en discordia con lo establecido como verdadero.
Que amenace al Estado y sus instituciones, al poder o, a las minorías selectas
que lo ejercen; o, que posibilite el pensar, el análisis, la crítica, de las
relaciones de poder y de saber. Así pues, “la libertad contiene en sí el catálogo
de las cosas posibles que siempre está ahí – para que una posibilidad salga
escena es preciso que se la acepte”.
Ya es
hora de desacostumbrarse a sobrestimar la política, la economía, la
imagen o, los lenguajes digitales y, por así decir, no pedirles más de lo que
pueden ofrecernos. En la actual precariedad y mediocridad del mundo, es
necesaria más acción y más atención a los fines de la política y de los
políticos. Por eso la política se encuentra en vías de descenso hacia la
pobreza de su esencia; porque priman los intereses del partido y del Gran
Poder, sobre el bienestar y el progreso de la sociedad.
Ahora vemos que las Grandes Empresas Tecnológicas (Amazon,
Telefónica, Facebook, Instagram, X, Meta, etc.), se están convirtiendo en un
nuevo Estado dentro de los Estados Modernos y, es sumamente grave para la
libertad y la autodeterminación de los pueblos o las naciones. Ahora se trata
de luchar contra un enemigo que nos vigila las 24 horas del día y se convierte
en el Gran Hermano técnico y del mundo técnico, es decir, del técnico y
del colectivo técnico.
Hannah
Arendt piensa que, en los procesos históricos los períodos de
libertad han sido relativamente cortos en la historia de la humanidad. Lo que
permanece intacto en épocas de petrificación y ruina es, la facultad de la
libertad misma. La capacidad de comenzar, que anima e inspira todas las
actividades humanas. Y, constituye, por así decir, la fuente oculta de
producción de las cosas grandes o bellas. Por eso la estética es la madre de la
ética y de toda capacidad de juzgar.
La libertad no es una virtud del
hombre, sino un Don supremo que el hombre entre todas las criaturas de
la Tierra crea. Pero es a través de la acción, cuando devela la luz que se
esconde detrás del forro de los fenómenos históricos. Si es verdad que la
acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, una capacidad para realizar
milagros debe estar dentro del rango de las actividades humanas.
Así
que, “está
en la naturaleza de todo nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una
“infinita improbabilidad”, pero es esto lo que en realidad constituye el tejido
de lo que llamamos real. Esta “infinita improbabilidad” es válida para un nuevo
nacimiento o interrumpir la lógica y la coherencia de los procesos históricos.
De ahí que los sistemas totalitarios, detesten la venida de una vida nueva al
mundo, por ser siempre un recomenzar. Un volver a empezar que esconde detrás de
la voluntad y de la acción, del pensar y el lenguaje, la ruptura con lo
establecido como dogma o verdad.
Seria superstición esperar milagros, “infinitas improbabilidades”,
en el contexto de procesos automáticos sean históricos o políticos, aunque no
estén excluidos. Además, la historia está llena de acontecimientos que el
milagro, la “infinita improbabilidad”, ocurre frecuentemente. Ya que, por
decir, los procesos históricos son creados e interrumpidos, por iniciativa
humana por ser un ser que actúa. Y detrás de la acción se esconde la esencia de
la libertad, que le posibilita actuar en múltiples esferas.
La
libertad como hecho demostrable y la política coinciden y se relacionan entre
sí como las dos caras de una misma moneda.
De ahí
que lo
impredecible y lo imprevisible se esperan como milagros en las esferas de la
vida política. La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”,
sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida terrenal, y el carácter
milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica,
consiste que, en el dominio de los asuntos humanos conocemos al autor de dichos
“milagro”. Son los hombres quienes los protagonizan, quienes por haber recibido
el doble Don de la libertad y la acción pueden establecer una
realidad propia.
Una
realidad que responda a las apetencias morales,
espirituales y materiales; pero también, en la vida pública, la política, que
la libertad y la acción tiendan a lo justo, lo bueno y lo bello. A un Estado
democrático Social de Derecho que proteja y facilite a la sociedad la
acción política y la libertad, como piedras angulares de la colectividad
democrática y libertaria.
Porque
el mundo común es el escenario de la acción y de la palabra; sin un ámbito
políticamente garantizado la libertad carece de un espacio mundano en el que
pueda hacer su aparición.
De ahí que, la libertad necesita
de un mundo organizado políticamente en el que cada hombre libre pueda
insertarse de palabra y obra. De lo contrario, será sólo una manifestación de
la libertad interior o subjetiva de la persona humana o, tal vez, la libertad
cercenada o secuestrada por el poder autoritario o el totalitario. Porque
existe una concatenación entre el mundo común que comparten todos los hombres,
la palabra y la libertad.
En este ámbito, el lenguaje no
puede caer “al servicio de las vías de comunicación a modo de acceso uniforme
de todos a todo, pasando por encima de cualquier límite”. Porque en la
actualidad la objetivación del lenguaje en la comunicación rápida y simultánea,
es lo único que perdura: efímero por sí misma se sostiene sobre el sistema
general de la información, que hace de las noticias conmensurables de acuerdo
al interés que el sistema administra.
Una de las tareas del pensar
futuro consiste en desvelar el sistema general de la información, que está
ligado a informar a los sujetos receptores, determinando su interés, y no a
suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el
mundo. Porque degradan la experiencia y la vida en común, de todos y cada uno
de nosotros. En esta civilización de lo efímero los medios de comunicación o
las redes sociales, le otorgan al individuo la objetivación de su existencia.
Por eso la coherencia de la individualidad se quebrantó en nombre de lo fugaz
de la vida.
La
“opinión pública” decide lo “comprensible y lo desechable por incomprensible”.
Además, degrada no sólo la esfera privada, sino que sustituye los hechos por
opiniones falaces y vacías.
Se trata de tener presente que,
la seducción que ejerce la opinión pública sobre el ser humano, se dirige a las
pasiones, los sentimientos, los instintos, los mitos, las leyendas, los
prejuicios, la conciencia, que los crea para legitimar el ejercicio del poder y
del saber. De ahí que la opinión pública es efím
era como el artificio de la
realidad que comunica. Esta tiene una relación intrínseca con la Cultura del
artificio. El hombre en este ámbito debe dejarse interpelar por el ser.
Sólo
así se le vuelve a regalar a la palabra y a la libertad, el valor precioso de
sus esencias y al hombre, la morada donde habitar en la verdad del ser.