jueves, 17 de septiembre de 2026

 

                                                                     LA JOVEN GENERACIÓN

                                 Madrid-España a 11/09/2026    

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.     

 

La joven generación, la juventud, en su acepción más profunda y elevada nada tiene que ver con la historia económica, con la práctica política, con la ciencia o con la técnica. Es un Don metafísico, algo esencial, una estructura, y una predestinación –al decir de Thomas Mann. Es la luz de la aurora, la claridad sensitiva y racional, que indica el camino cuando los pueblos andan en la oscuridad, el caos y la violencia. Es la juventud con preocupaciones intelectuales o culturales, que acompaña a los espíritus despiertos.

Por eso, la insolencia del poder se manifiesta cuando quiere solapadamente someter a la juventud bajo el dominio de la civilización, la velocidad y los instrumentos técnicos. Así que, el deslumbramiento no está en las preocupaciones intelectuales, sino en el confort técnico y los beneficios que reportan. Es falta de pulcritud espiritual reducir ese Don metafísico, a ilusiones ópticas o auditivas o, al lucro y al ejercicio del poder.

Es una verdad que atormenta al disciplinador, al autoritario, al déspota, o, los que se ponen la “máscara” de demócratas, que la joven generación trascienda lo establecido: el Estado y sus instituciones, el presente-ahora, la moral común ordinaria; el ejercicio del poder que implementa la injusticia, la desigualdad, la intolerancia, el odio, el resentimiento, el revanchismo o la voluntad de venganza. Quienes quieren domesticarlos casi siempre se encuentran con lo inesperado. Goethe dijo de la joven generación: es embriaguez sin vino. En su acepción más elevada, es, irascibilidad, movimiento ascendente al encuentro del Espíritu y sus juicios.

Sí la juventud es la edad romántica por naturaleza –dijo Thomas Mann-. No es el romanticismo que huye de las responsabilidades éticas, sociales o intelectuales y se refugia en paraísos primitivos. ¡No! ¡Mil veces no! ¡De la juventud que hablo es la que siente la espontaneidad de espíritu y la capacidad de asombro! Es la que busca dentro de sí la forma y el contenido de lo que vive.

La juventud está adherida a las raíces de lo elemental y divino que mora en ella. En ella se entrecruza el presente-actual y lo primitivo, el origen como fenómeno originario, que da paso a una nueva estructura, a un nuevo arte, y se constituye en el lugar adecuado para la revelación del lenguaje. Para una persona que anda en los caminos del espíritu, en las preocupaciones intelectuales, la juventud misma, es, la revelación de lo sublime, que mora en el Hombre.

De ello depende la develación de la libertad, de la libertad sustancial, primitiva y divina, que aúna forma y contenido, materia y espíritu. Así que, la juventud ha de participar de una u otra forma, en la vida objetiva del espíritu. Esto es: de la historia y de la existencia, de los aspectos problemáticos de la vida. Es un deber moral, espiritual e intelectivo, que haga parte del devenir histórico de los pueblos.

Sabemos que el sentimiento de la vida se identifica con la consciencia de sí mismo. Con los más altos valores de la existencia y del mundo. No se puede suprimir la forma de la vida que posibilita la existencia espiritual. Ni anular la forma de la vida profunda, con estados de inconciencia que responden a la brutalidad y la barbarie. Así que, la juventud debe tender a la afirmación articulada de los sentimientos propios y a una forma de vida especifica. 

Estos hechos e ideales posibilitan que el mundo reconozca que la juventud tiene un sentimiento especifico de la vida. En esas circunstancias ésta adquiere el status debido a su nombre. Por lo demás, es natural que la juventud y la época de la juventud se comprendan mutuamente.

Las autoridades establecidas desean que la juventud acepte y se adapte a la idea de comunidad. Al convencionalismo social, a los prejuicios, a la moral común ordinaria, para moldearlos como hace el alfarero con el barro. Si esto sucede ¿dónde queda la libertad individual, los derechos y el libre albedrio de la joven generación? Entre las posibilidades que le ofrece la vida, la juventud debe manejar responsablemente su libertad. Más allá o más acá, si acierta o yerra. Porque no solo se aprende de los errores sino también de los fracasos y los sufrimientos.

Dejemos que la propia juventud adquiera el sentimiento consciente de la vida. Y la juventud es algo distinto a lo establecido y a la estructura y función de la sociedad, del Estado y las instituciones. Es la relación inmediata con lo primitivo, la aventura y la profundidad de la vida personal. Es la capacidad y la voluntad de afrontar y superar lo que la existencia tiene de natural y de demoniaco.

En esto se asemeja a lo religioso y a los requerimientos espirituales y morales de todo hombre. Como expresó Alberto Durero: en el sentido de juventud espiritual, de espontaneidad, como fe en la vida, como carrera entre la muerte y la existencia.

La juventud tiene una forma de vida especifica que se corresponde con su tiempo y su espacio. Sus apetencias espirituales o morales responden a sus ideales, no a lo establecido por el Sistema. Por eso, se identifica con la subversión, ya que rompe con lo establecido y caduco de la sociedad. Sabemos que su autoanálisis, el análisis de su subjetividad destruye lo que la vida tiene de inmediato, de natural. Pero en relación a su propio ser la juventud contribuye a vigorizar la existencia. Adquiere las herramientas de la experiencia, intelectuales o, reflexivas que le posibilitan orientarse en el mundo y conducir su propia vida.

La juventud es libre porque ella misma es un principio, un empezar. En todos los pueblos la juventud tiende a afirmar su personalidad, más allá de prejuicios, usos y tradiciones. Por eso, la falta de madurez empuja a la juventud al espíritu que le es propio y propicio, para poder enfrentar los avatares de la existencia cotidiana. Así que, lo inacabado e inmaduro que porta en sí, posibilita desgarrar lo establecido por la familia, la religión, las costumbres o, la autoridad.

En un mundo materialista y hedonista como el actual, ¿qué significa el sentimiento religioso? Es algo distinto de la racionalidad, del mundo dineral o de la técnica, es, quizá la juventud misma, la relación inmediata con lo ignoto, la intrepidez y la profundidad de la vida personal, la voluntad y la capacidad de afrontar y superar lo que la existencia tiene de natural y de demoniaco.

Es una percepción estética de la realidad, porque la estética es la madre de la ética. En ella se sintetiza lo bueno, lo justo y lo bello de la Humanidad. Es el Humanismo en su expresión trascendente, divina, pero humana. En esta civilización técnica y del espectáculo, se hermana con el arte y la filosofía. Estas disciplinas y la juventud misma, responden a los más profundos requerimientos y esperanzas humanas.

Ser joven significa ser original, permanecer cerca de las fuentes vitales. Capaz de levantarse, orientarse y romper las cadenas de una civilización superada, tener el valor que hace falta, y que otros no tienen, para sumergirse de nuevo en las fuentes de lo elemental. En la juventud está latente la rebeldía, la aventura y lo inesperado con respecto a lo establecido. Por eso, el análisis de la joven generación hay que llevarlo a cabo en su Cultura. Porque ésta en todas sus acepciones, es la expresión de su cultura.

La juventud porta en si una secreta marca, oscura e ilegible al comienzo de su vida, que en el transcurso del tiempo se va develando en el gusto, el espíritu, la sensibilidad, la llaneza o profundidad de su vida vivida. Pero, casi siempre, las personas del común no se detienen a descifrar la marca. Sino que le dejan el trabajo al Estado, las instituciones, la iglesia, al poder o, ese grupo de hombres que lo ejercen sin contemplaciones. Por eso son incomprendidos por la sociedad, la moral común ordinaria, el Tiempo y sus juicios. Suscita la juventud cierta oposición critica entre él y el mundo, él y la sociedad. Estimula en el joven la obstinación y la ironía contra el orden social y le induce a buscar protección y refugio en la libertad espiritual, en los libros, en las ideas.

Así pues, la juventud es mal comprendida por su tiempo, porque busca la iluminación, la elevación, el entusiasmo y la trascendencia; ante lo fugaz de la vida cotidiana y el presente-ahora. Algunos se quedan tirados en la cuneta que son los muchos, ya que salen corriendo detrás del deslumbramiento del poder, las riquezas, el reconocimiento social y, olvidan lo fundamental de la vida, preocuparse por lo noble, lo inefable, lo superior y divino. Tener la sabiduría que el sentido de la existencia está en el interior de todos y cada uno de nosotros.

Somos parte de tiempos aciagos, tiempos de tensión espiritual, de penas y de zozobras, en los que la juventud es la fina sensibilidad que los capta, tal como el sismógrafo con las placas tectónicas. Están dispuestos a lo imprevisto y son una invitación constante a la innovación. Se cree a pie juntillas que los jóvenes al protestar, oponerse o criticar lo establecido, viven en una alucinación de sus sentidos. Pero están completamente equivocados; lo que hacen con sus acciones es, derribar los obstáculos, suprimir las inhibiciones y estorbos, que impiden el encuentro consigo mismo, la justicia y la libertad.

Ahora bien, ¿qué hacen en su soledad? Tratar de comprender el mundo que no los entiende; de ahí su ensimismamiento o su carácter interrogativo. Así, la joven generación se enfrenta a los flageladores del hogar o la sociedad. Es uno de los caminos que le ofrece la vida, para alcanzar la iluminación, la elevación, contra la ignominia y la tiranía. Está expresa en el espíritu, el lenguaje y el pensamiento, de la época que viven.

El mundo y lo objetivo como verdad, niegan lo subjetivo, la aventura interior, lo elemental, como algo sin valor. Por eso, la juventud se opone a la realidad con las armas del presente oportuno y los sentimientos. Porque lo eleva, le aumenta su sensación de energía, de fuerza y dominio propio. Saben que la mentira estimula el odio y se opone a la verdad. A la verdad que tiene como fundamento a la libertad. La juventud no sólo consigue dominar las dificultades paralizadoras de estos tiempos. Sino también el tiempo mismo, la época de la cultura y la cultura de la época.

Porque posibilita la creación de una época venidera donde la verdad y lo justo, la igualdad y la lucha contra el fascismo, el racismo, florezcan como prados en flor. Y ella se apropiará de los instrumentos de la creación y montada en su cabalgadura, absorbe los obstáculos y, en atrevido galope, saltan de un borde a otro los barrancos, y este acto es, mil veces más agradable a la vida que una existencia que arrastra sus pies detrás de las ilusiones ópticas y auditivas de la realidad cotidiana.

Saben captar la disolución en la luz de todos los crepúsculos, como el pecador que soporta el tormento y la ignominia como partes de la contrición que lo conduce a los pies del Señor.

La juventud desde la esfera del espíritu y la soledad, responde así a la llamada del Destino, a abrirse paso desde la subjetividad liberadora, y acceder al mundo para desgarrar la red de la soledad y el dolor, que le impiden relacionarse con las cosas y las demás personas. Expresa la libertad de inteligencia, la libertad de pensar, de interpretación elevada de los hechos elementales. Un mundo como el actual le pone obstáculos a la juventud para que se habrá paso, para que dé un paso adelante ante los acontecimientos históricos.

Afines del 2026 el mundo presenta una atmósfera llena de incertidumbres, penurias y desazón, la guerra, el Dios de la guerra parece marcar el paso de los acontecimientos históricos, acompañado por su consorte de la crisis económica internacional, el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China, el Dios de la guerra se manifiesta con crueldad en Yemen, Medio Oriente, Colombia y otros pueblos que son abrazados por el fuego del dolor, el sufrimiento y la muerte.

Existen pueblos en que una “selecta minoría” controla la renta, la riqueza, la tierra, la industria, la empresa, el poder político, y esto se convierte en un problema fundamental en la historia del país. Son pueblos con crecimiento económico, pero con grandes desigualdades. Porque se eleva el beneficio de las entidades financieras y aumenta la marginación social. En este orden, se percibe en las relaciones internacionales el renacer del neo-nacionalismo y el proteccionismo, agresivos y barbaros, que inducen a los gobiernos de las potencias mundiales a invertir en desarrollo armamentístico, más cuando se ha rota el Acuerdo Nuclear entre Rusia y Estados Unidos.

Tiene razón Walter Benjamín cuando dice: “Que lo que sobra del desarrollo se invierte en la publicidad para la guerra”. 

Ahora bien, en una atmósfera turbulenta y caótica en que vivimos, ¿cuál es el papel de la juventud? Desvelar y criticar el sentido oculto de los procesos históricos y de la guerra, la violencia, el hambre, la injusticia y la violación de los derechos humanos, en particular. Frenar con acciones prácticas el avance de la xenofobia, el racismo, el neofascismo, el cambio climático y el recorte de las libertades.

Así que, tengamos presente en estos tiempos de nubarrones oscuros sobre la existencia humana y el espíritu, que éste será en su elevada presencia la llama de la vela, que alumbrará en tiempos aciagos y peligrosos para la creación y la acción que dirige y da forma al espíritu. Tengo, por otra parte, el convencimiento de que las osadas empresas del espíritu, las más libres, las que estarán al frente de los acontecimientos humanos provienen de la joven generación y acabarán siempre por ser benéficas para los hombres.

Sabemos que somos parte de tiempos donde prevalecen los hechos significativos sobre los actores insignificantes. Esto es válido para la política, la economía y la cultura en general. En el horizonte se percibe un nuevo derrumbamiento que afectará todas las instancias de la vida humana. Estamos como pueblo, como nación y como hombres de carne y hueso, expuestos a fuerzas que trascienden moral y físicamente los diques de contención que permiten la “Vida” sobre la Tierra.

Estamos de hecho expuestos a la ley de la fuerza, la barbarie y la muerte. Parece que en el mundo prevaleciera la incomprensión, la irracionalidad y el odio, a toda empresa humana que posibilite, al juicio de los hombres y de Dios, la permanencia de la “Vida” sobre la Tierra. Por eso, la joven generación es la luz que alumbra en medio de la oscuridad y de las desavenencias humanas del mundo que vivimos. En ella se encarna la libertad, la vida profunda de los pueblos y sus generaciones.

La joven generación son los brotes verdes del Árbol de la Vida, que confirma la primicia que ella misma es libre porque es un principio. Porque con cada generación llega algo nuevo al mundo ya existente, que seguirá existiendo aún después de la muerte de cada una de ella.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

 

                                                      Las esferas de la ira en el tiempo actual

                                                                     Madrid-España a 16/09/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 Sabemos que existe un grupo de personas que acumulan la fuerza del Gran Poder (económico, financiero, político, militar, tecnológico y de la IA), que hacen sentir su poderío sobre la Tierra y expanden el miedo, cual aire tóxico, sobre la vida de los hombres. Así, las varian­tes del miedo las utiliza el Gran Poder o el Estado y sus instituciones, las fuerzas militares y de policía, para controlar al ser humano. No existe ningún sentimiento más rico en variantes que el miedo. De este modo, lo que busca el Gran Poder es que el ser humano no reflexione, delegue su libertad a un poder más grande y se paralice física y mentalmente.

Es tan profundo en el ser humano el miedo de nuestro tiempo que lo inmoviliza y lo empuja a soñar en las cosas del poder y de la muerte.

Pero también existen personas que confrontan el miedo, el sufrimiento, el dolor y la muerte, con “el cetro de la palabra en la mano”, porque son materiales espi­rituales que ayudan a construir “un reino mucho más hermoso que todos los imperios conquistados a punta de espada”. Este tipo de hombre tiene la “certeza de que el orden y la ley incluso están presentes en lo que nosotros llamamos desorden y azar”.

Los pensadores son personas que a la muerte la miran con los ojos del espíritu y, entonces, se dan cuenta de la importancia de la vida. Cuando nos acercamos más a nosotros mismos, tomamos consciencia de la confusa imagen que tenemos de la vida, los sentimientos, el dolor y la muerte, porque nos damos cuenta de que se relacionan con la coseidad y la numerificación del mundo actual. Es decir, que el ser humano se está convirtiendo en número o en objeto, en algo estadístico.

Pero, olvidamos que “existen armas más fuertes que aquellas que cortan y atravie­san”. Los artesanos de la palabra y la escritura saben que el lenguaje es más poderoso que los imperios conquistados a punta de espadas y de armas, pues esos hombres sencillos y humildes reconocen en “la palabra la espada mágica cuyo brillo hace palidecer el poder de los tiranos o demagogos”. Pero también que el lenguaje, el espíritu y la libertad son tres aspectos de la existencia, una misma y sola cosa.

Esos tejedores de palabras y de sueños saben que las fuerzas del Gran Poder o las personas dedicadas al derramamiento de sangre están poseídas por “una especie de embriaguez, en un sutil vértigo”, y son incapaces de sentir el «inmenso poder del que el hombre es depositario”. ­

Como un fuerte viento hace con los árboles, nos estremece “cuán profundamente unidos anidan en nosotros la delicia de vivir y la delicia de morir”. El sufrimiento, el temor y la muerte forman parte de la vida, pero también son los puentes que nos comunican con los fragmentos de felicidad, de amor y recuerdos compartidos. Los hombres poderosos llenos de orgullo y sober­bia son conscientes de que el “espíritu acostumbrado a dominar posee un juicio firme sobre el que descansan las opiniones”.

Así, la fuerza de su espíritu es tan penetrante que embriaga los cora­zones y el alma de los hombres, y se desvela que bajo el aspecto de poder que reina entre lo efímero dominan las potencias inferio­res. “La destrucción se nos aparece en las horas de debilidad bajo una forma terrible, como esas imágenes que se ven en los templos de los dioses de la venganza”.

En las tierras donde campa la canalla, el temor, el derrama­miento de sangre y la muerte llegan a convertirse en rutina. Allí todo transcurre como de costumbre y, sin embargo, todo es dife­rente. Se percibe un aliento de secreta fatiga y de anarquía, que hace que aquellas tierras entonces bellas se entreguen al dolor y a la muerte.

En los ojos de los asesinos brilla casi siempre, so­bre todo cuando salen de fechorías, una terrible jovialidad. Sus ojos de serpiente brillan y presto miran a su presa; en este tipo de gente se “aviva una expresión de astucia y de indomable fuerza, y a veces también de soberanía y poder”. Saben que la violencia instaura derecho y poder. Son la insolente expresión del Gran Po­der, ya sea que representen al Estado y sus instituciones (el ejército, la policía o los grupos de seguridad del Estado, etc.), o estén al margen de la ley y del orden.

Este tipo de ralea el “neofascista”, el “autoritario”, el “nacional populista”, y aquellos que implementan la violencia, el odio, el secuestro, o la muerte, en el Otro y la sociedad. Son el prototipo de épocas de decadencia en las que “se desvanece el sentido de la vida profunda que en cada uno de nosotros está dibujada de antemano”. Cuando la sociedad pierde sus huellas, vacila y se tambalea “como seres a quienes les falta el sentido del equilibrio”. Entonces pasan de “las oscuras alegrías a los oscuros dolores. Y la cons­ciencia de una infinita pérdida hace que el pasado y el porvenir se nos aparezcan llenos de atractivos, y mientras el instante huye para no volver más, nos balanceamos en épocas remotas o en fan­tástica utopías”.

Épocas en que el hombre deja de estar en el centro del mundo y lo ocupa el tópico y el lugar común, el odio, la violencia y la muerte. Son figuras que se crean cada cierto espacio de tiempo, entregando al ser humano “a la fuerza del eterno péndulo que, indiferente al día y la noche, empuja hacia delante las agujas. Así, comenzamos a soñar con las cosas del poder y de la fuerza y con las cosas que intrépi­damente ordenadas marchan unas junto a otras, dispuestas tanto al desastre como al triunfo, al combate de la vid­a”.

Sabemos que el Gran Poder y los hombres que lo encarnan tra­tan los negocios del mundo no de manera estética y ética, sino con una brutalidad espantosa que deja al borde del camino escombros materiales y humanos. Así pues, las personas que lo ejercen se sir­ven del poder de manera primitiva, valiéndose de las máquinas y de la velocidad, las imágenes y los lenguajes digitales, la crueldad y la barbarie para así, de esa manera, vencer las resistencias políticas o sociales allí donde tropiecen con ellas. También se valen de «una inteligencia precisa, de buena ca­lidad. Hay en todos los asuntos de la práctica un cierto número de seres humanos que forman la pequeña y bien diseñada ruedecita que da impulso trabajo a la obra”.

Sabemos que “cada uno de los humanos encuentra en la vida el puesto que le resulta adecuado”, pero no se justifica ni en el orden jurídico-filosófico, ni his­tórico-político, que prevalezcan en la actualidad la brutalidad, el dolor, la desdicha y el derramamiento de sangre. Así pues, uno de los problemas a que nos enfrentamos en el siglo XXI, es la sumisión a la tecnología (las máquinas, los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento, la robótica, la velocidad, el tiempo abstracto y las armas), y a cómo el Gran Poder, el Estado y los grupos delincuen­ciales se valen de ellos para someter y coactar al ser humano.

Por eso los hombres y mujeres se sienten cada día más desdichados e infelices, porque el sufrimiento, el dolor y la muerte le ganan la partida a la libertad, a la justicia, al amor, a la fraternidad y a los derechos fundamentales del ser humano. Y esto es sumamente grave en un Estado demo­crático y social de Derecho. ­

Son hombres poderosos que se valen de las redes sociales, el dinero bancario, las grandes corporaciones, la IA, del temor y de las armas para que el ser humano pierda el domino de sí mismo. Y, si lo pierde,” el miedo se apodera de él y lo domina, zarandeán­dolo en sus remolinos como a un ciego”. Ahora bien, hay que tener presente que «quien se precipita en el abismo ve las cosas de la manera más clara posible, como a través de unas gafas de au­mento”.

Esa misma visión posibilita que el aire que respiramos sea denso y malo de raíz. Los hombres poderosos desean a toda costa que nos precipitemos en el abismo para controlar y disci­plinar a la sociedad. Así que, “la serenidad del pensamiento y el desinterés espiritual aumentan en los momentos en que reina el terror”. Estos hombres poderosos quieren que miremos como en espejo, y que las imágenes artificiales sean más fuertes que las palabras y la realidad. Olvidan que en la antigüedad el “len­guaje causaba un efecto directo y que ese efecto no presuponía la comprensión, sino que la creaba”.

 Somos parte entonces de momentos de ínterin donde el Mundo y la Cultura del artificio se ponen al ser­vicio del Gran Poder. Esto no quiere decir que el ser humano no se guarnezca bajo el Árbol de la vida, en cuyas hojas está escrito el ínterin titánico, una peregrinación cósmica, es decir, el eterno retorno. “La figura del eterno retorno —dice Mircea Eliade— en la tradición mágico-religiosa arcaica, simboliza un intento de retorno a los orígenes”.

Así pues, en Colombia, por ejemplo, los guerrilleros, los paramilitares y grupos delincuenciales conforman las órdenes secretas desde donde fluyen las fuentes del Gran Poder. Es difícil determinar su verdadero radio de acción. Son conscientes del tejido del que forman parte, además no ignoran “la fecundidad para dar vida a nuevos grupos y asociaciones”. Ellos saben, por supuesto, que son una de las formas que tejen las redes del Gran Poder, “de manera que cuando uno trata de seguir su pista, acaba perdiéndose en un gran laberinto”.

Pienso que, en el Gobierno de Abelardo De la Espriella, es imposible reconstruir “normalmente” la nación, la concordia entre los colombianos, después de lo que no fue otra cosa que “la catástrofe en sí”. Estamos en la actualidad en un salto a la barbarie y al fuego, al desprecio por la vida y en la ebullición de admiración a la violencia, la amenaza y la muerte en sacrificio. Esto evidencia que la lógica de la historia es tan destructiva como los gobernantes y los hombres que procrea.

Debemos empeñarnos en restituir la figura del “auténtico superviviente” después de lo que acaeció y acontece en la actualidad en Colombia. Restituir el rostro frágil del hombre que representa por sí mismo, los “tiempos sombríos” en que nos encontramos. Tal como lo evocó Bertolt Brecht en el tejido de palabras de sus poemas. Que estos “tiempos sombríos” nos ayuden a hacer, un “sondeo en la profundidad del mundo y de la vida”. Un tiempo que se expandió como una nube tóxica sobre los colombianos y, lo que ha dejado hasta la actualidad, son escombros humanos y materiales tirados a la vera del camino.

   De ahí que los únicos lamentos que se escuchan no son los de los pobres y afligidos, sino los de los Poderosos.

Ahora bien, no se trata de retornar “a aquel mundo primitivo en el que el miedo es algo poderoso”, pero, aunque seamos parte del mundo global conectado en Red, de la velocidad, del maqui­nismo, de la robótica, de la numerificación y de la objetivación del ser humano, sentimos en lo profundo de nuestra intimidad los miedos ancestrales que heredamos de nuestros antepasados más remotos. Esos miedos ancestrales siempre han estado ahí, espe­rando la rememoración (Eingedenken) o el recuerdo (Zekher); noción que “no designa la conservación en la memoria de los acontecimientos del pasado, sino su reactualización en la expe­riencia del presente”.

Por tanto, lo terrible del ser humano no es enfrentarse a lo desconocido, sino a sí mismo. A sus miedos y vir­tudes ancestrales y actuales, que atormentan la consciencia. “El sentimiento original y primario del hombre —dijo Nietzsche— es el miedo. Por el miedo se explican todos los pecados y virtudes originales. Del miedo ha nacido también la virtud, la ciencia”. Así que, los gobernantes “autoritarios” y “neofascistas”, se valen del miedo y la angustia, para paralizar al contrincante político, para callar al comunicador social honesto y serio en el ejercicio del periodismo, para paralizar las protestas estudiantiles y sociales de los trabajadores, etc.

Evoquemos a Gershom Scholem: “Seguramente, la historia puede ser una ilusión, pero sin esa ilusión es imposible comprender el ser en su dimensión temporal”.  

Vistas las cosas así, las fuerzas del Gran Poder y del Estado o de los Hombres Poderosos, puede ser que los desolladeros, los lugares de sudarios y de demonismo estén dando paso a la luz que ayude a ver con claridad para tener paz espiritual y vivir en armonía en un Estado democrático y social de Derecho. Que respete las libertades fundamentales, la separación entre el ejercicio del poder y la religión, los derechos de la clase trabajadora, de los campesinos, de los jornaleros, de las comunidades negras e indígenas, de los desplazados y excluidos de Colombia.

Porque las fuerzas del Gran Poder, no se combaten solo con las armas, el dolor, el temor o la muerte, sino con la experiencia, la imaginación, el conocimiento, la solidaridad, el respeto a la dignidad humana y a la vida. Cuando la luz del espíritu cae sobre la vida de los hom­bres, lo que percibe no es algo nuevo, sino diferente. Entonces la existencia del ser humano recurre a sus reservas, y hace más cla­ros los problemas que la razón es incapaz de resolver.

De ahí que la cultura, la memoria y el recuerdo posibiliten fun­dar “la cadena de la tradición, que transmite de generación en ge­neración los acontecimientos del pasado”. Porque una sociedad sin memoria y sin cultura queda a expensas de los poderosos, de la trivialidad y de la ignorancia, en las tomas de decisiones polí­ticas, y eso es sumamente peligroso para la democracia y el Es­tado de Derecho.

Es más, cuando la “selecta minoría” determina la vida política, social, económica y cultural de un país, prima el darwinismo económico sobre las verdaderas necesidades mora­les, éticas, materiales y espirituales de la sociedad. Porque a ellos no les interesa la cultura ni la dignidad humana, sino el poder y el dinero. Por eso responden a los principios de la filosofía utilitaria, la ganancia y el dominio sobre el Otro.

En Europa en la actualidad, también en Asía, África y América Latina, las ideologías totalitarias, el auto­ritarismo y el desprecio por la vida y la dignidad humana es algo que se incrementa desde el Estado y el poder económico y militar del momento, dejando tras de sí un montón de ruinas y de escombros, materiales y humanos, a la vera del camino. Y ahora las políticas neoliberales y de recortes, de los poderosos de la Plataformas Digitales, han institucionali­zado el dolor, el hambre, la muerte, el odio y las injusticias socia­les, y las presentan como algo necesario y normal.

Además, es sabido, desde el tiempo de los tiempos, que aquel que le sirve al mundo con el espíritu está blindado con anillos luminosos. Así, un signo de las épocas de decadencia es hacer visible el poder de la materia sobre la llama del espíritu. Entonces se niega la antigua sentencia que dice: “Los más hermosos presentes de los dioses son siempre gratuitos”. Los verdugos de los pueblos y las naciones, los neofascistas y los autoritarios, saben que “profundo es el odio que en los corazones abyectos arde contra la belleza”.

En algunas tierras todavía se conserva la tradición de los cha­manes, los sacerdotes, los poetas, los cantores de vallenatos, los juglares que “cumplen la función de juez de los muertos”. Esos cantores y tejedores de palabras se encargan de que “los dioses vuelvan sus miradas hacia la existencia del desaparecido y de ce­lebrarla en sus versos poniéndola de relieve, al modo que el buzo saca a la luz la perla incrustada en la ostra”.

El pueblo sabe dis­tinguir entre las personas que componen y cantan alabanzas a los dioses por el retorno de las estaciones, las cosechas, la vaquería, la salud, el amor y la vida, y los que siembran en el corazón de los hombres el fruto del odio, la maldad y la muerte. Sabemos enton­ces que la vida de los hombres transcurre entre la amargura y la alegría, la desesperanza y los momentos de felicidad, “tal como nos está acordado a nosotros, los humanos”.

martes, 8 de septiembre de 2026

 

                                                             El neofascismo contemporáneo

                                                                        Madrid-España a 08/09/2026

 

No actuar contra el neofascismo o el autoritarismo constituye una decisión ética con consecuencias muy graves”.

“La verdadera responsabilidad moral exige superar la indiferencia cotidiana, para construir un mundo mejor mediante las elecciones de cada día”.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Los gobernantes autoritarios no aceptan la reflexión, el debate, las ideas, creen en el dogma ideológico y la imposición de sus principios. Los gobernantes autoritarios prometen seguridad y confianza, ante el caos sociopolítico de una nación. Dicen a sus votantes: “Yo sé lo que hay que hacer”. La mayoría de las veces no cumplen lo que dicen y se convierten en arlequines de los símbolos que los legitiman como gobernantes.

El espectáculo de su simbología lleva detrás de sí un contenido cualquiera: material, espiritual o ideológico. En un gobierno autoritario, totalitario o, neo fascista, lo fundamental es la estructura y la función del símbolo. Para legitimar un poder que se vale de la publicidad, las redes sociales o las imágenes. Por eso en la actualidad las imágenes para un gobierno neofascista, tienen más peso y sentido que las palabras.

Somos parte de una época en el que las imágenes sustituyen las palabras, las ideas, el debate público,6+ porque son fugaces como la luz del sol al amanecer.

Hoy, hay más países autoritarios, sociedades desorganizadas socialmente, violentas, intolerantes, que no saben qué hacer y le dan el poder a un autoritario o, a un dictador, o, a un neofascista, al que eligen en las urnas. Donald Trump en Estados Unidos, Nayip Bukele en el Salvador, y ahora, Abelardo De la Espriella en Colombia. De ahí que cuando una sociedad está desorganizada y el espacio de la convivencia social lo ocupan los delincuentes comunes, los traficantes de drogas, los grupos guerrilleros, los paramilitares, etc., aparece un “salvador”. Que, a través de ideas, símbolos, gestos, prometen la salvación de la nación o de la patria.

Pero se olvida que lo que le interesa es el ejercicio del poder, esto es, el poder por el poder. Estos personajes prometen que saben de dónde viene el mal y cómo combatirlo. Pero tradicionalmente siempre les basta con echar a los extranjeros, poner algunos grupos minoritarios como cabeza de turco de los males que padece la sociedad, y por supuesto, implementan la xenofobia, la discriminación racial y cultural de las minorías, y ahondan en la violencia y la guerra para legitimar sus acciones.

Podemos decir que la derecha y la extrema derecha populista-nacionalista, no creen en las ideas políticas, creen en las ideas biológicas, psicológicas o culturales. Ellos en la actualidad están recurriendo a esos principios para llegar al poder. Pero ellos no piensan, bien porque no están formados para pensar o debatir los grandes problemas de la sociedad, sino para excluir y denigrar al Otro. De ahí que en una sociedad y gobierno autoritario, el pensador, el poeta, el periodista crítico y reflexivo como lo fue Albert Camus, el filósofo, el pintor o el músico, etc., se convierten en los enemigos del Sistema autoritario o totalitario, que implementan en sus naciones.

Se valen de la simbología religiosa y del dogma, para ganarse los votos de las iglesias evangélicas, católicas y ortodoxas. Se valen de la ansiedad, el desamparo de las autoridades, del miedo y del sufrimiento, para recabar votos. Esto demuestra que la simbología religiosa y las creencias, se manipulan en provecho de las ideas y principios autoritarios o totalitarios. La ansiedad y la angustias en las escuelas y las nuevas generaciones, siempre terminan en opciones políticas autoritarias.

Tenemos la sensación en la actualidad que somos menos cultos, menos tolerantes, más violentos, menos sensibles con el Otro y los otros. Sus padecimientos parece que “la sociedad del vacío” como la llama Gilles Lipovetsky, responde sólo al Capitalismo de consumo, al trabajo, al consumo, a las bellas materias, al lujo, pero es indiferente al hambre, la falta de salud, de justicia, de educación, y de oportunidades para la sociedad. La violencia en las escuelas y colegios, la violencia en las calles y en ciertos espacios sociales, son síntomas que existe una alteración cerebral, la amígdala frontal está hipertrofiada y, en consecuencia, genera pulsiones violentas, agresivas hacia el Otro. Como también pulsiones sexuales que no pueden controlar.

Entonces, la joven generación es más díscola y agresiva. De ahí que existe una concatenación entre el Capitalismo de consumo, la ansiedad, las frustraciones, las pulsiones violentas y conservadoras de las jóvenes generaciones. De otra parte, la revolución de la información se convirtió en una pantalla abierta al mundo, que Internet llevó a su máxima expresión con las imágenes en movimiento, las redes sociales, y ahora con la IA, que se definen como instrumentos mágicos de comunicación, pero no de relaciones. Por eso en la actualidad, el ser humano nunca se ha sentido tan solo como ahora.

Ahora bien, preguntamos ¿qué tiene que ver todo eso con las políticas de la derecha y la extrema derecha? Que se valen de los adolescentes, los jóvenes y adultos, disfuncionales con el Sistema, la escuela, la familia y la sociedad, para lavarles el cerebro con el miedo, el sufrimiento, la violencia, la inseguridad, que el extranjero, el negro o el judío, trae a su sociedad. No los muestran como seres humanos que desean alcanzar otro país para realizarse como personas, tener un bienestar social que la pobreza y el país de origen les ha negado, sino que los muestran como usurpadores, violadores, ladrones, que traen consigo inseguridad y violencia.

Existe una relación intrínseca entre el amor, el apego y la memoria, quienes interconectan estas tres esferas tienen menos probabilidades de votar o apoyar a partidos de derecha y de extrema derecha, de sentirse realizados apoyando al autoritario o al neofascismo. Así que, la desconexión de estas tres esferas da más probabilidades al autoritario que se vale de la incertidumbre o la inseguridad para alcanzar el poder. De ahí que, en un gobierno autoritario o totalitario, todo se politiza, tanto la vida privada como la vida pública.

Solo el compañerismo, la vida en común, la seguridad de todos, posibilita apoyar programas sociales y de desarrollo de ideas. Que un espacio autoritario no lo permite. Preguntamos, ¿cuáles son las consecuencias del auge del autoritarismo, el neofascismo y el totalitarismo, en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica? Que no dan margen de reflexión, de discusión, porque se guían por convicciones. Un fanático no discute, impone sus ideas y principios dogmáticos con la fuerza y la violencia. Con los fanáticos religiosos, políticos o económicos, no hay margen de discusión, de consenso y acuerdos. Si no piensas y actúas como ellos eres un imbécil o un idiota.

Sabemos por lo acontecido por más de setenta años, la guerra de guerrillas por la toma del poder, el secuestro, las masacres, las desapariciones forzadas, ha sido un periodo trágico para la vida de todos los colombianos. Un periodo trágico de división, de odio, de violencia, de guerra, de exclusiones, sin distingo de ideologías, de razas, de estratos sociales, que ha sumido a Colombia en una atmosfera de dolor, de sufrimiento, de sin sentido ante el valor de la vida. Colombia no necesita odio, violencia y guerra, sino reconciliación y paz.

¡No más guerra permanente! Los contenidos de la memoria de estos terribles años, tienen que dar paso a otros contenidos de la vida y de la realidad.

Umberto Eco dijo en “Contra el fascismo”: “Si aún pensamos en los gobiernos totalitarios que rigieron Europa previo a la Segunda Guerra Mundial fácilmente podemos decir que sería difícil que reaparezcan bajo la misma forma en distintas circunstancias históricas. Si el fascismo de Mussolini fuera basado en la idea de un líder carismático, en el corporativismo, en la utopía del Destino Imperial de Roma, en un ímpetu imperialista de conquistar nuevos territorios, en un nacionalismo exacerbado, en un ideal de una nación entera regida en camisas negras, en el rechazo de la democracia parlamentaria, en el antisemitismo, entonces no hallo dificultad alguna en reconocer que hoy la Alleanza Nazionale italiana, nacida de las ascuas del Partido Fascista postguerra, MSI, y ciertamente un partido de derecha, ya no tiene mucho en común con el viejo fascismo”.

Observando el renacer de la derecha, la extrema derecha, del nacional-populismo, del neofascismo en Europa, Estados Unidos, y países Latinoamericanos, hay que tener presente que tras un régimen y su ideología hay una manera de pensar, de concebir el mundo y la realidad, y la vida en el ámbito privado y público. Un gobierno de derecha o de extrema derecha implementa en la sociedad una manera de reflexionar, de sentir, un conjunto de hábitos y costumbres culturales, instintos oscuros e impulsos inasibles. Que legitiman con su simbología, acciones y discursos el ejercicio del poder.

                 Ionesco dijo que,

                              sólo las palabras cuentan y el resto es mero parloteo”.

 

Así que, “los hábitos lingüísticos son frecuentemente importantes síntomas de sentimientos subyacentes”. Estamos en otra época histórica y luchar contra el neofascismo, la derecha y la extrema derecha, significa luchar contra el Estado tecno-burocrático que respaldan las Grandes Plataformas Digitales, sus acciones se expresan en destruir el Estado democrático Social de Derecho, los Sistemas democráticos, los derechos y libertades individuales y, los Organismos Internacionales.

Recordemos que “Mein Kampf  (Mi lucha), es un manifiesto de un programa político completo. El nazismo tenía una teoría del racismo y de la raza Aria como el pueblo elegido, una noción precisa del arte degenerado, entartete Kunst, una filosofía de la voluntad de poder y del Übermensch. El nazismo era decididamente anticristiano y neopagano, mientras que el Diamat de Stalin (la versión oficial del marxismo soviético) era groseramente materialista y ateo. Si con totalitarismo uno se refiere a un régimen que subordina cada acto del individuo al estado y su ideología, entonces tanto el nazismo y el estalinismo eran verdaderos regímenes totalitarios”- expresó Eco.

Ernst Jünger escribe en el libro “El Trabajador”, que el ascenso del nacionalsocialismo significa la única verdadera revolución alemana contra el mundo burgués y su cultura (un mundo que según él también incluye al socialismo marxista y al movimiento obrero), revolución que reemplazará la burguesa por una nueva forma de vida, la del “obrero” que blande el poder perfecto sobre el mundo perfectamente técnico, cuya libertad es el servicio espontaneo en el orden técnico, cuya actitud es la del soldado, y cuya racionalidad, la de la tecnología totalitaria.

El libro de Jünger es el prototipo de la unión nacionalista entre la mitología y la tecnología –dice Herbert Marcuse- libro donde “sangre y suelo” emergen como una empresa gigante, totalmente mecanizada y racional, que moldea la vida de los hombres hasta tal grado que los hace ser con precisión automática la operación correcta en el momento y el lugar correctos, un mundo de sentido práctico bruto, sin espacio ni tiempo para “ideales”. Pero este mundo totalmente tecnológico surge y se alimenta de una fuente supra- tecnológica que Jünger señala evocando los rasgos “anti-burgueses” del carácter alemán.

Así pues, “libertad del trabajo será la concepción aria de la libertad y de la cultura; una concepción nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o liberal porque para nada cuenta el sujeto o el individuo o el Yo, sino la comunidad de pertenencia; un concepto de la cultura alemana racista, y en permanente lucha por la existencia de la raza contra la modernidad. Que identifican con los judíos, la ciencia y la técnica política al servicio del egoísmo, la individualidad internacional. Que sólo busca en su expansión –ora liberal, ya marxista- la desaparición del ser.

Como escribió Adolf Hitler, de la “circunscripción territorial determinada de un Estado (que) supone una concepción idealista de la raza que lo constituye y, ante todo, tener una noción cabal del concepto trabajo. Por tanto, “el pueblo del trabajo” nazi coincide, en sus lineamientos geopolíticos más importantes, con “el pueblo metafísico”, “el pueblo espiritual”, en fin, “el pueblo histórico” de Martin Heidegger. Como expresa Julio Quesada: “Ahora podemos ver lo inconmensurable de la lucha por el ser, que tiene ver con la lucha de las especies, la “autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del hombre”. 

En la actualidad los partidos de derecha, de extrema derecha, nacional populistas, no tienen un programa político que responda a las necesidades materiales, espirituales, morales, ideológicas, culturales, de los países y las sociedades donde implementan sus políticas de gobierno. No se basan como el nazismo en una teoría de la raza superior, elegida que debe implementar una filosofía de la voluntad de poder, que responda a los ideales mítico-religiosos, ideológicos que exalte a una raza y a un pueblo, dentro del destino histórico de la nación. Son partidos que incrementan el odio, el racismo, la xenofobia, la violencia, la desigualdad, la injusticia, contra el extranjero, el negro, el judío, el indígena, sin fundamentos ideológicos, de principios o culturales. Esto comporta ataques exacerbados contra el nomos y contra el ethos.

   Como dijo Abelardo de la Espriella Presidente de Colombia, en una parada militar:

      Que los soldados de Colombia son “una máquina de guerra”, “una máquina de muerte.

 Desde hace cortos espacios de tiempo se está incrementando la batida contra el ser humano. “Una batida que no deja escapatoria ninguna; y está prepara por teorías que aspiran a dar una explicación lógica y compacta del mundo y que corren parejas con el desarrollo técnico”. Al adversario, al extranjero, al Otro, se lo cerca primero en el ámbito de la razón, la ideología, la política, el dinero, la diferencia racial, la religión o la lengua, y luego también en el ámbito social. Y a esto se le agrega, llegada la hora, la detención, la expulsión y, si es preciso su muerte.

                         Como dijo Ernst Jünger:

No hay destino más desesperado que el caer en un proceso como ése, en un proceso en el cual el derecho se ha convertido en un arma”.

Donald Trump no tiene un cuerpo teórico, ni una filosofía: solo retórica. Es un ateo militante de MAGA que utiliza a la Iglesia evangélica para orar sobre él y su gobierno. No es enteramente un fascista sino un nacional populista autoritario. Así que, todos los movimientos y partidos de derecha o de extrema derecha de Europa y América Latina, hallan en él una suerte de arquetipo a imitar en sus programas e ideales en sus respectivos países. Se ha convertido en una especie de faro que guía en la mar de contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales, a “jefecillos” nacional populistas y de extrema derecha de Sudamérica. Que provee una alternativa conservadora y revolucionaria ante la amenaza Wok, progresista que cree en la justicia social y las libertades individuales, en el continente.

Así que, el devenir histórico da razón para explicar por qué las palabras nacional populistas, autoritarios o neofascistas, pueden ser utilizadas para definir los diferentes movimientos o partidos reaccionarios en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. No es porque las palabras tengan en sí o en la naturaleza que las define, todos los elementos que las precisa como neofascistas, autoritarios o nacional populistas. El neofascismo es un autoritarismo confuso, contradictorio de diferentes ideas políticas reaccionarias donde florecen.

Preguntamos, ¿se pueden concebir los movimientos neofascistas y autoritarios, que conceden privilegios a las elites económicas nacionales, a la Iglesia evangélica o católica, en la educación estatal pública y privada y, que entrelaza la violencia, el control estatal con el libre mercado, como movimientos enteramente neofascistas? Así que, los movimientos neofascistas, autoritarios y populistas, son apoyados en Latinoamérica por terratenientes reaccionarios, el capital financiero, empresarial e industrial, medios de comunicación, redes sociales, para destruir al progresismo, la izquierda o la extrema izquierda, lo que dicen no responde a las verdaderas necesidades materiales, espirituales, morales y culturales de la sociedad.

No existe fascismo, neofascismo, autoritarismo tolerante. Porque sus convicciones políticas e ideológicas no lo permiten. Son movimientos que no tienen una base teorica-filosofica, sino que están adheridos a una ideología recalcitrante que bebe de las fuentes de ciertas corrientes arquetípicas. Los líderes opositores son enviados a prisión, exiliados o asesinados y, se valen del poder estatal, el ejército, la policía, los grupos de seguridad del Estado, los jueces, para controlar, vigilar y coaccionar a la sociedad civil. La prensa libre es abolida o vigilada, por los censores del partido o la elite gobernante.

Además, los sindicatos son desmantelados y los disidentes políticos son enviados a prisión o exiliados. El poder legislativo se transforma en una ficción deliberada del poder ejecutivo. Incrementan el odio, la mentira, las falacias desde los medios de comunicación y las redes sociales. Los decretos y las nuevas leyes se crean para defender las fronteras y la patria, de supuestos enemigos exteriores. También para preservar la raza blanca evangélica y católica del indígena, del negro o, del mestizo de pies descalzo y descamisado. Es decir, defender los intereses de las elites gobernantes nacionales e internacionales de los pobres del país.

Estos movimientos políticos de derecha y de extrema derecha o neofascistas, no poseen un nomos ni un ethos, que respondan a las necesidades mítico-culturales de la nación. Movimientos poéticos, artísticos o una arquitectura, a la altura de las necesidades políticas, sociales, culturales de la sociedad y de la ideología del Líder o Presidente de la nación. Como también de movimientos espirituales, expresiones estéticas materiales que hagan culto al ideario neofascista, autoritario populista. Como hizo el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini.

Así que, el falangismo político-católico de Francisco Franco, fue solo una versión descolorida del nazismo y del fascismo. Mientras la derecha y la extrema derecha nacional populista se aferran a principios que no se corresponden a las necesidades de sus pueblos. Sólo hablan de rojos, de Wok, de progresistas como apestados que han traído a los pueblos inseguridad, hambre, injusticias, violencia. Pero olvidan deliberadamente que son precisamente las elites gobernantes las que trajeron la violencia, el hambre, el desempleo, la inseguridad en la Gran ciudad y los campos, la falta de educación y saludad, que ahora esgrimen como espada flamígera para cortar las amarras de la descomposición social, económica y política.

“El resurgir de los partidos de extrema derecha nos retrotrae indefectiblemente al fascismo de los años treinta, adaptado a la actualidad política y económica. Es éste un neofascismo integral, cuya estructura ideológica no ha variado en la esencia, desplazando solo la figura del enemigo: del judío y el comunista al inmigrante y desde la crisis de los refugiados en 2015, el musulmán. Es imperativo, pues, entender el contenido de esta ideología neofascista”. Porque “sostiene una concepción pura de la nación (biológica, cultural o histórica), un rechazo visceral al mestizaje, y manifiesta un temor patológico frente a la evolución de los usos culturales (de ahí su homofobia y antifeminismo”. “En el terreno político, considera el “pueblo” una entidad orgánica, homogénea y opuesta a la división en clases sociales; deslegitima la representación política (“todos los políticos están podridos”), mientras obedece ciegamente a líderes demagógicos omnipotentes”.

Umberto Eco enumera claramente algunas características del “Fascismo eterno”:

1.       “La primera característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición”.

2.        “El tradicionalismo implica el rechazo del modernismo”.

3.        “El nazismo era una ideología basada en la sangre y la tierra”.

 “El irracionalismo depende del culto de la acción por la acción”. “Pensar es una forma de castración”. “Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas”.

Joseph Goebbels dijo: "Cuando oigo la palabra cultura, busco mi pistola".

4.        Expresiones: "Intelectuales degenerados", "Universidad, guarida de comunistas". De ahí la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo (del Fascismo eterno)”.

5.        “El mayor empeño de los intelectuales fascistas oficiales consistía en acusar a la cultura moderna y a la intelligentsia liberal de haber abandonado los valores tradicionales”.

6.        “Ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad”.

7.     "En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.

8.       "El desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El Ur-Fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo de la diferencia”.

9.       “El primer llamado de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos”.

1          10. “El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición”. 

11      “El llamado de los fascismos históricos ha sido el llamado a las clases medias frustradas”.

12.     Una clase que sufre “por la humillación social, la frustración económica o social”, se convierte en caldo de cultivo del fascismo puro.

13.     El nacionalismo: “el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Éste es el origen del nacionalismo”. “Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos”.

14.     Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, vida para la lucha”.

15.    “El pacifismo es entonces traficar con el enemigo. Es malo porque la vida es una guerra permanente”.

16.   “Los elitismos aristocráticos y militaristas implican el desprecio por el débil”.

17.    “En esta perspectiva, todos están educados para convertirse en un héroe”.

18.   “En todas las mitologías, el «héroe» es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma”.

19.    “Este culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte”. “El Ur-Fascismo se basa en un populismo selectivo, un populismo cualitativo”. “En una democracia, los ciudadanos gozan de derechos individuales, el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo – se siguen las decisiones de la mayoría”.

20.    “En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo en Televisión o Internet, o IA, en el que la respuesta emocional de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la Voz del Pueblo”.

21.    Los textos escolares y los discursos del Líder, “se basan en un léxico pobre y una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico”

22.    “Debemos prestar atención a que los sentidos de estas palabras no se vuelvan a olvidar. El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. Sería mucho más fácil para nosotros que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: "Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas".

Recordemos, por último, las palabras de Sami Nair, catedrático de Ciencias Políticas, que dijo recientemente en el periódico El País de Madrid-España:

 “Frente a esta gravísima situación, es imprescindible que las fuerzas democráticas tomen las riendas desde la raíz. Todo el proceso europeo, tan difícilmente conseguido desde la segunda guerra mundial, puede estallar bajo los golpes rabiosos de estas fuerzas oscuras. No habrá posibilidad de vencer su retórica si la estrategia se reduce solo a minimizar el impacto de su ideología o asentir la exclusión de los extranjeros, replegándose sobre las fronteras nacionales.

Neutralizar a la ultraderecha representa un desafío europeo (norteamericano y Latinoamericano) y, por lo tanto, la respuesta debe ser europea (y de todos los continentes que se sientan amenazados por el neofascismo). Una respuesta coordenada y política. No basta con solo recuperar los valores democráticos frente a esta nueva barbarie, sino, más aún, elaborar materialmente propuestas sociales y políticas para reinsertar a las capas excluidas o precarizadas: empleos, seguridad profesional, esperanza colectiva. Vencer este neofascismo significa, más que nunca, defender una Europa (un Estados Unidos y una Latinoamérica), social y solidaria”.

    La libertad y la liberación de todas las sociedades y naciones de Occidente, son una tarea que no acaba nunca.

Vale la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt el 4 de noviembre de 1938:

"Me atrevo a afirmar que, si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestras tierras".