LA JOVEN GENERACIÓN
Madrid-España a 11/09/2026
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
La joven generación, la juventud,
en su acepción más profunda y elevada nada tiene que ver con la historia
económica, con la práctica política, con la ciencia o con la técnica. Es un Don
metafísico, algo esencial, una estructura, y una predestinación –al decir de
Thomas Mann. Es la luz de la aurora, la claridad sensitiva y racional, que
indica el camino cuando los pueblos andan en la oscuridad, el caos y la
violencia. Es la juventud con preocupaciones intelectuales o culturales, que
acompaña a los espíritus despiertos.
Por eso, la insolencia del poder
se manifiesta cuando quiere solapadamente someter a la juventud bajo el dominio
de la civilización, la velocidad y los instrumentos técnicos. Así que, el
deslumbramiento no está en las preocupaciones intelectuales, sino en el confort
técnico y los beneficios que reportan. Es falta de pulcritud espiritual reducir
ese Don metafísico, a ilusiones ópticas o auditivas o, al lucro y al ejercicio
del poder.
Es una verdad que atormenta al
disciplinador, al autoritario, al déspota, o, los que se ponen la “máscara” de
demócratas, que la joven generación trascienda lo establecido: el Estado y sus
instituciones, el presente-ahora, la
moral común ordinaria; el ejercicio del poder que implementa la injusticia, la
desigualdad, la intolerancia, el odio, el resentimiento, el revanchismo o la
voluntad de venganza. Quienes quieren domesticarlos casi siempre se encuentran
con lo inesperado. Goethe dijo de la joven generación: es embriaguez sin vino. En su acepción más elevada, es,
irascibilidad, movimiento ascendente al encuentro del Espíritu y sus juicios.
Sí la juventud es la edad
romántica por naturaleza –dijo Thomas Mann-. No es el romanticismo que huye de
las responsabilidades éticas, sociales o intelectuales y se refugia en paraísos
primitivos. ¡No! ¡Mil veces no! ¡De la juventud que hablo es la que siente la
espontaneidad de espíritu y la capacidad de asombro! Es la que busca dentro de
sí la forma y el contenido de lo que vive.
La juventud está adherida a las
raíces de lo elemental y divino que mora en ella. En ella se entrecruza el presente-actual y lo primitivo, el origen como fenómeno
originario, que da paso a una nueva estructura, a un nuevo arte, y se constituye
en el lugar adecuado para la revelación del lenguaje. Para una persona que anda
en los caminos del espíritu, en las preocupaciones intelectuales, la juventud
misma, es, la revelación de lo sublime, que mora en el Hombre.
De ello depende la develación de
la libertad, de la libertad sustancial, primitiva y divina, que aúna forma y
contenido, materia y espíritu. Así que, la juventud ha de participar de una u
otra forma, en la vida objetiva del espíritu. Esto es: de la historia y de la
existencia, de los aspectos problemáticos de la vida. Es un deber moral,
espiritual e intelectivo, que haga parte del devenir histórico de los pueblos.
Sabemos que el sentimiento de la
vida se identifica con la consciencia de sí mismo. Con los más altos valores de
la existencia y del mundo. No se puede suprimir la forma de la vida que
posibilita la existencia espiritual. Ni anular la forma de la vida profunda,
con estados de inconciencia que responden a la brutalidad y la barbarie. Así
que, la juventud debe tender a la afirmación articulada de los sentimientos
propios y a una forma de vida especifica.
Estos hechos e ideales
posibilitan que el mundo reconozca que la juventud tiene un sentimiento
especifico de la vida. En esas circunstancias ésta adquiere el status debido a
su nombre. Por lo demás, es natural que la juventud y la época de la juventud
se comprendan mutuamente.
Las autoridades establecidas
desean que la juventud acepte y se adapte a la idea de comunidad. Al
convencionalismo social, a los prejuicios, a la moral común ordinaria, para
moldearlos como hace el alfarero con el barro. Si esto sucede ¿dónde queda la
libertad individual, los derechos y el libre albedrio de la joven generación?
Entre las posibilidades que le ofrece la vida, la juventud debe manejar responsablemente
su libertad. Más allá o más acá, si acierta o yerra. Porque no solo se aprende
de los errores sino también de los fracasos y los sufrimientos.
Dejemos que la propia juventud
adquiera el sentimiento consciente de la vida. Y la juventud es algo distinto a
lo establecido y a la estructura y función de la sociedad, del Estado y las
instituciones. Es la relación inmediata con lo primitivo, la aventura y la
profundidad de la vida personal. Es la capacidad y la voluntad de afrontar y
superar lo que la existencia tiene de natural y de demoniaco.
En esto se asemeja a lo religioso
y a los requerimientos espirituales y morales de todo hombre. Como expresó
Alberto Durero: en el sentido de juventud espiritual, de espontaneidad, como fe
en la vida, como carrera entre la muerte y la existencia.
La juventud tiene una forma de
vida especifica que se corresponde con su tiempo y su espacio. Sus apetencias
espirituales o morales responden a sus ideales, no a lo establecido por el
Sistema. Por eso, se identifica con la subversión, ya que rompe con lo
establecido y caduco de la sociedad. Sabemos que su autoanálisis, el análisis
de su subjetividad destruye lo que la vida tiene de inmediato, de natural. Pero
en relación a su propio ser la juventud contribuye a vigorizar la existencia.
Adquiere las herramientas de la experiencia, intelectuales o, reflexivas que le
posibilitan orientarse en el mundo y conducir su propia vida.
La juventud es libre porque ella
misma es un principio, un empezar. En todos los pueblos la juventud tiende a
afirmar su personalidad, más allá de prejuicios, usos y tradiciones. Por eso,
la falta de madurez empuja a la juventud al espíritu que le es propio y
propicio, para poder enfrentar los avatares de la existencia cotidiana. Así
que, lo inacabado e inmaduro que porta en sí, posibilita desgarrar lo
establecido por la familia, la religión, las costumbres o, la autoridad.
En un mundo materialista y
hedonista como el actual, ¿qué significa el sentimiento religioso? Es algo
distinto de la racionalidad, del mundo dineral o de la técnica, es, quizá la
juventud misma, la relación inmediata con lo ignoto, la intrepidez y la
profundidad de la vida personal, la voluntad y la capacidad de afrontar y
superar lo que la existencia tiene de natural y de demoniaco.
Es una percepción estética de la
realidad, porque la estética es la madre de la ética. En ella se sintetiza lo
bueno, lo justo y lo bello de la Humanidad. Es el Humanismo en su expresión
trascendente, divina, pero humana. En esta civilización técnica y del
espectáculo, se hermana con el arte y la filosofía. Estas disciplinas y la
juventud misma, responden a los más profundos requerimientos y esperanzas
humanas.
Ser joven significa ser original,
permanecer cerca de las fuentes vitales. Capaz de levantarse, orientarse y
romper las cadenas de una civilización superada, tener el valor que hace falta,
y que otros no tienen, para sumergirse de nuevo en las fuentes de lo elemental.
En la juventud está latente la rebeldía, la aventura y lo inesperado con
respecto a lo establecido. Por eso, el análisis de la joven generación hay que
llevarlo a cabo en su Cultura. Porque ésta en todas sus acepciones, es la
expresión de su cultura.
La juventud porta en si una
secreta marca, oscura e ilegible al comienzo de su vida, que en el transcurso
del tiempo se va develando en el gusto, el espíritu, la sensibilidad, la
llaneza o profundidad de su vida vivida. Pero, casi siempre, las personas del
común no se detienen a descifrar la marca. Sino que le dejan el trabajo al
Estado, las instituciones, la iglesia, al poder o, ese grupo de hombres que lo
ejercen sin contemplaciones. Por eso son incomprendidos por la sociedad, la
moral común ordinaria, el Tiempo y sus juicios. Suscita la juventud cierta
oposición critica entre él y el mundo, él y la sociedad. Estimula en el joven
la obstinación y la ironía contra el orden social y le induce a buscar
protección y refugio en la libertad espiritual, en los libros, en las ideas.
Así pues, la juventud es mal
comprendida por su tiempo, porque busca la iluminación, la elevación, el
entusiasmo y la trascendencia; ante lo fugaz de la vida cotidiana y el presente-ahora. Algunos se quedan
tirados en la cuneta que son los muchos, ya que salen corriendo detrás del
deslumbramiento del poder, las riquezas, el reconocimiento social y, olvidan lo
fundamental de la vida, preocuparse por lo noble, lo inefable, lo superior y
divino. Tener la sabiduría que el sentido de la existencia está en el interior
de todos y cada uno de nosotros.
Somos parte de tiempos aciagos,
tiempos de tensión espiritual, de penas y de zozobras, en los que la juventud
es la fina sensibilidad que los capta, tal como el sismógrafo con las placas
tectónicas. Están dispuestos a lo imprevisto y son una invitación constante a
la innovación. Se cree a pie juntillas que los jóvenes al protestar, oponerse o
criticar lo establecido, viven en una alucinación de sus sentidos. Pero están
completamente equivocados; lo que hacen con sus acciones es, derribar los
obstáculos, suprimir las inhibiciones y estorbos, que impiden el encuentro
consigo mismo, la justicia y la libertad.
Ahora bien, ¿qué hacen en su
soledad? Tratar de comprender el mundo que no los entiende; de ahí su
ensimismamiento o su carácter interrogativo. Así, la joven generación se
enfrenta a los flageladores del hogar o la sociedad. Es uno de los caminos que
le ofrece la vida, para alcanzar la iluminación, la elevación, contra la
ignominia y la tiranía. Está expresa en el espíritu, el lenguaje y el
pensamiento, de la época que viven.
El mundo y lo objetivo como
verdad, niegan lo subjetivo, la aventura interior, lo elemental, como algo sin
valor. Por eso, la juventud se opone a la realidad con las armas del presente
oportuno y los sentimientos. Porque lo eleva, le aumenta su sensación de
energía, de fuerza y dominio propio. Saben
que la mentira estimula el odio y se opone a la verdad. A la
verdad que tiene como fundamento a la libertad. La juventud no sólo consigue
dominar las dificultades paralizadoras de estos tiempos. Sino también el tiempo
mismo, la época de la cultura y la cultura de la época.
Porque posibilita la creación de
una época venidera donde la verdad y lo justo, la igualdad y la lucha contra el
fascismo, el racismo, florezcan como prados en flor. Y ella se apropiará de los
instrumentos de la creación y montada en su cabalgadura, absorbe los obstáculos
y, en atrevido galope, saltan de un borde a otro los barrancos, y este acto es,
mil veces más agradable a la vida que una existencia que arrastra sus pies
detrás de las ilusiones ópticas y auditivas de la realidad cotidiana.
Saben
captar la disolución en la luz de todos los crepúsculos, como el pecador que
soporta el tormento y la ignominia como partes de la contrición que lo conduce
a los pies del Señor.
La juventud desde la esfera del
espíritu y la soledad, responde así a la llamada del Destino, a abrirse paso
desde la subjetividad liberadora, y acceder al mundo para desgarrar la red de
la soledad y el dolor, que le impiden relacionarse con las cosas y las demás personas.
Expresa la libertad de inteligencia, la libertad de pensar, de interpretación
elevada de los hechos elementales. Un mundo como el actual le pone obstáculos a
la juventud para que se habrá paso, para que dé un paso adelante ante los
acontecimientos históricos.
Afines del 2026 el mundo presenta
una atmósfera llena de incertidumbres, penurias y desazón, la guerra, el Dios
de la guerra parece marcar el paso de los acontecimientos históricos,
acompañado por su consorte de la crisis económica internacional, el
enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China, el Dios de la guerra se
manifiesta con crueldad en Yemen, Medio Oriente, Colombia y otros pueblos que
son abrazados por el fuego del dolor, el sufrimiento y la muerte.
Existen pueblos en que una “selecta
minoría” controla la renta, la riqueza, la tierra, la industria, la empresa, el
poder político, y esto se convierte en un problema fundamental en la historia
del país. Son pueblos con crecimiento económico, pero con grandes
desigualdades. Porque se eleva el beneficio de las entidades financieras y
aumenta la marginación social. En este orden, se percibe en las relaciones
internacionales el renacer del neo-nacionalismo y el proteccionismo, agresivos
y barbaros, que inducen a los gobiernos de las potencias mundiales a invertir
en desarrollo armamentístico, más cuando se ha rota el Acuerdo Nuclear entre
Rusia y Estados Unidos.
Tiene razón Walter Benjamín
cuando dice: “Que lo que sobra del
desarrollo se invierte en la publicidad para la guerra”.
Ahora bien, en una atmósfera
turbulenta y caótica en que vivimos, ¿cuál es el papel de la juventud? Desvelar
y criticar el sentido oculto de los procesos históricos y de la guerra, la
violencia, el hambre, la injusticia y la violación de los derechos humanos, en
particular. Frenar con acciones prácticas el avance de la xenofobia, el
racismo, el neofascismo, el cambio climático y el recorte de las libertades.
Así que, tengamos presente en
estos tiempos de nubarrones oscuros sobre la existencia humana y el espíritu,
que éste será en su elevada presencia la llama de la vela, que alumbrará en
tiempos aciagos y peligrosos para la creación y la acción que dirige y da forma
al espíritu. Tengo, por otra parte, el convencimiento de que las osadas
empresas del espíritu, las más libres, las que estarán al frente de los
acontecimientos humanos provienen de la joven generación y acabarán siempre por
ser benéficas para los hombres.
Sabemos que somos parte de
tiempos donde prevalecen los hechos
significativos sobre los actores
insignificantes. Esto es válido para la política, la economía y la cultura
en general. En el horizonte se percibe un nuevo derrumbamiento que afectará
todas las instancias de la vida humana. Estamos como pueblo, como nación y como
hombres de carne y hueso, expuestos a fuerzas que trascienden moral y
físicamente los diques de contención que permiten la “Vida” sobre la Tierra.
Estamos de hecho expuestos a la
ley de la fuerza, la barbarie y la
muerte. Parece que en el mundo prevaleciera la incomprensión, la irracionalidad
y el odio, a toda empresa humana que posibilite, al juicio de los hombres y de
Dios, la permanencia de la “Vida” sobre la Tierra. Por eso, la joven generación
es la luz que alumbra en medio de la oscuridad y de las desavenencias humanas del
mundo que vivimos. En ella se encarna la libertad, la vida profunda de los
pueblos y sus generaciones.
La
joven generación son los brotes verdes del Árbol de la Vida, que confirma la
primicia que ella misma es libre porque es un principio. Porque con cada
generación llega algo nuevo al mundo ya existente, que seguirá existiendo aún
después de la muerte de cada una de ella.