martes, 25 de agosto de 2026

 

LAS ESFERAS DEL SER EN “CARTA SOBRE EL <<HUMANISMO>>

                                                   Madrid – España a 25/08/2026

 

                                                              Con amor a mis hijos:

                                                                      Camilo y Ernesto.

 

“La ciencia experimental; las matemáticas; tienen como fuente la libertad espiritual e intelectual del ser humano. Pero también es cierto con respecto a la música, el arte y cualquier otra expresión del ilimitado espíritu humano”.

                                                 Abraham Flexner

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Uno de los conceptos más controvertidos del pensamiento de Martín Heidegger, es el concepto de Ser. En este ensayo lo abordaré desde el texto Carta sobre el <<Humanismo>>. La diferencia ontológica entre Ser y Ente lo entiende de la siguiente manera: El ente (Seiende), es cualquier cosa concreta que podemos tocar, pensar o nombrar, (una casa, un coche, una silla, un perro, un árbol, un número o un hombre concreto de carne y hueso). El Ser, en cambio, es lo que determina a esos entes, lo que les permite ser lo que son. En otros términos, es la condición de posibilidad de la realidad; esto es, no es un ente sino la apertura en que los entes se presentan al ser humano.

Heidegger utiliza otro término que denomina Dasein y lo define como el guardián del Ser. ¿Qué significa Dasein? Ser ahí, que utiliza para referirse al ser humano. De ahí que el ser humano tenga el privilegio de cuestionarse por el Ser. Nuestra esencia no es lago estático, sino que consiste en la propia existencia. El ser humano es proyecto abierto, arrojado al mundo y consciente de su finitud, es decir, de su muerte. Somos seres ambiguos, contradictorios, insondables y finitos, es decir, somos seres mortales.

El Dasein entonces es “ser en el mundo”. El ser humano no es un ser aislado que observa y aprende las cosas desde la distancia. Sino que somos seres que tenemos la facultad de relacionarnos con el entorno y con el Otro o los otros, a través de herramientas y significados. El Ser se revela en cómo nos relacionamos con las cosas y los otros seres humanos.

En suma, Ser es una totalidad, una globalidad, también un tipo significativo. El Ser constituye un conjunto dotado de posibilidades que no se encuentran en ninguno de sus elementos y, así posee un sentido. Posee más que la suma de sus partes. Encarna como la “Figura” de Ernst Jünger, el espíritu dominante de una época y conceden al mundo su principal significación.

El Ser y la Figura, son una realidad superior que da sentido a los fenómenos históricos. No son un producto de la historia sino aquello que permite realizarse. Por eso, determinan el movimiento de la historia. De ahí que el Ser y la Figura histórica son independientes del tiempo y las circunstancias de las que brotan. En su conducto, podemos decir que, la existencia del hombre se “da” en su esencia (su estructura) y se revela en el “claro” del Ser, que no es otro que, la verdad del Ser.

Martín Heidegger en Carta sobre el <<Humanismo>>, define al pensar como constructor y conductor hacia la casa del ser, no como creador de ésta. El pensar conduce a la existencia histórica, es decir, a la humanitas del homo humanus, al ámbito donde brota lo salvo. Según las grandes religiones monoteístas, en el lugar de lo ordinario y común brota lo salvo. Así, los dioses están en las cosas cotidianas del hombre histórico; basta que la visión penetre lo aparente de las cosas.

En este orden, el creador desciende a las raíces del Árbol de la Creación, en cambio, el constructor comunica las figuras que toma la verdad del ser y la esencia del hombre. Se dedica a conducir la existencia histórica al lugar donde brota lo salvo y ¿cuál es el lugar donde brota lo salvo en el pensamiento de Heidegger? En la proximidad del ser y también en lo cotidiano donde habita el hombre histórico. Así, el pensar no crea al ser ni al lenguaje, por eso, es un trabajador del ser. Con lo salvo aparece el mal en el claro del ser. Su esencia no consiste en lo malvado de los actos humanos, sino en la pura maldad de la ferocidad.

Ahora, ¿de qué tiene que ser salvada la humanidad? No de la “Caída” en la oscuridad de la verdad del ser, esto es, del “pecado” o la “muerte”. Sino del pensar conceptual que desemboca en la ciencia, la técnica o el subjetivismo. De ahí que sepamos que la técnica aboca al hombre a su autodestrucción. Entonces, sólo el ser le concede a lo salvo alcanzar la gracia y a la ferocidad el impulso hacia el mal. La ferocidad hay que entenderla como un tipo de maldad no humana, más “pura”. Que se emparenta en el ser a la maldad instintiva y demoniaca del hombre. A la trastienda oscura y bestial que mora en todos y cada uno de nosotros.

Esa que describe las raíces de Árbol del Bien y del Mal, según el mito judeocristiano. En el claro del ser como destino del claro, se posibilita lo salvo y la ferocidad del mal. Del mal se origina lo salvo y viceversa; y dialécticamente se contienen en la esencia del ser. Así que, el hombre debe develar la ferocidad como maldad mítica, para que el ser humano alcance lo salvo en la modernidad. En otras palabras, desde lo primitivo del mundo de la técnica moderna captar el mundo simbólico de la mitología, y comprender el presente y proyectarnos en el futuro.

Tratar según el pensamiento mesiánico de componer los portillos de la historia, también las cosas fragmentadas, dispersas e incluso muertas puedan ser descifradas, es algo que hace que aparezcan como una “alegoría de la resurrección”, en virtud de la cual la contemplación, a su vez, puede efectuar su salvación en un inmenso salto atrás”. Así que, la alegoría hace posible la trasmisión de conocimientos a través de razonamientos por analogías.

La salvación del hombre histórico no la percibe Heidegger en el umbral teológico-metafísico, sino en la libertad de pensar y actuar. Del manejo responsable de la libertad depende no caer en el “subjetivismo” o, en el “objetivismo”. Sino que la humanidad del ser humano, se exprese en la verdad del claro del ser. El ser concede al hombre escoger la gracia o la ferocidad de lo instintivo.

                                    El poeta Friedrich Hölderlin dijo:

                                       Donde hay peligro crece también la salvación”.

Así, lo salvo no tiene que ver con la teología o, la religión judeo-cristiana sino con el saber; con el transitar los caminos del saber y del pensar. De ahí la pregunta por la técnica supone un pensar, un modo de sabiduría o, una episteme que devela la esencia o la verdad de la técnica. Piensa que, si vemos la técnica desde esta perspectiva, obtenemos un carácter liberador. Liberarnos de la técnica como instrumento que domina y coacciona al ser humano; liberarnos de la técnica como instrumento bélico y como medio de dominación de la mente, del lenguaje y del espíritu humano.

Heidegger reflexionó sobre la técnica desde una pluralidad de puntos de vista y llegó a pensar que la exactitud de la técnica fundamentada en la ciencia (el saber teórico y especulativo) no expresaba lo verdadero. Que la verdad de la técnica no se encontraba en el instrumento, sino que estaba oculta en la pregunta por la esencia de la técnica. Y sólo se puede desvelar andando lo andado del término técnica y, ese camino conduce al mundo del griego antiguo que aparece en el concepto de techné. Aquí lo importante de esta reflexión es que hace un punto de inflexión y expresa que es necesario referirse a él para comprender la esencia o la verdad de la técnica. Así pues, la técnica como instrumento no contiene ni agota la esencia de ésta, porque lo trasciende.

Hay que tener presente en la actualidad, que el espíritu está amenazado aún en zonas distintas en que lo estuvo el Apóstol Pablo: es hora que los dioses den licencia al espíritu para manifestar su gracia. Entonces se revelará “la perdurable crónica de la humanidad”, como lo expresó en una ocasión William Faulkner. Y Hölderlin lo intuye en la palabra poética:

                            [Sólo a veces soporta el hombre la plenitud divina.

                            Sueño de ello es después la vida. Pero el

                                                                                          desvarío

                            Ayuda, como el sopor, y la necesidad y la noche

                                                                                           fortalecen.]

 

Teniendo presente a Hegel y Schilling, el ser está pensado en el sentido de la realidad absoluta; y comprendido como voluntad incondicionada que se quiere a sí misma en calidad de voluntad de saber y de amor. En la voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder. La voluntad de poder nunca se sacia. Es insaciable como la loba que está a la entrada de la “Divina Comedia” de Dante.

De ahí que lo “salvo” es luz para el hombre y la mentira oscuridad. El querer de la voluntad contiene en sí misma tres esferas, la del saber, el amor y el poder. Por eso nunca se sacia y en particular, la voluntad de poder. Schopenhauer dice que la voluntad de poder es ciega. No tiene contemplación con nadie y con nada. Sólo desea saciar su querer sobre todas las cosas que existen sobre la tierra. Es como el germen patógeno que ataca a pobres y ricos, blancos o negros, niños y ancianos, y mata a los cerebros más eminentes de la humanidad.

En cuanto la existencia del hombre pertenece a la verdad del ser, puede llegar del ser mismo la prescripción de esas normas que tienen que convertirse en ley y reglas para el hombre. Así, la ley no es sólo ley, es también la distribución escondida en el destino del ser. Por tanto, sólo la ley consigue destinar y conjugar al hombre en el ser. Sólo semejante conjunción es capaz de sustentar y vincular. De otro modo ninguna ley pasa de ser un mero constructo de la razón humana.

Más importante que el establecimiento de reglas es que el hombre encuentre su estancia en la verdad del ser. Esa estancia es la única que procura la experiencia de lo estable. Y el apoyo para toda conducta lo regla la verdad del ser. En nuestro idioma “apoyo” significa protección. El ser es la protección que resguarda de tal manera a los hombres en su estancia existente en lo relativo a la verdad que la existencia los alberga y les da casa en el lenguaje.

El lenguaje es a un tiempo la casa del ser y la morada de la esencia del hombre. Sólo porque el lenguaje es la morada de la esencia del hombre pueden los hombres y cualquier humanidad histórica no estar en casa en su lenguaje, de tal modo que el lenguaje se convierta en la recamara de sus manipulaciones. Sabemos que el lenguaje contiene y expresa en contenidos espirituales, la esencia del ser humano. Posibilita entre otros la comunicación con el Yo interior, las “formas” del arte, la cultura, la religión o la filosofía.

Pero también posibilita la comunicación libre, solidaria y fraterna en una sociedad democrática; a la vez el buen entendimiento entre los miembros de una comunidad o la comunicación entre enemigos.      

El pensar es una forma del lenguaje y no una mera evidencia; una parte de la esencia del lenguaje que es su expresión y con la que forma un todo. Así que, el lenguaje también puede convertirse en instrumento de las manipulaciones, las mentiras y el odio del ser humano. En consecuencia, cuando los hombres no habitan su morada, se convierte en instrumento de su voluntad; en voluntad de poder, coacción y dominio. Llagado a este punto, oscurece la esencia del ser y del hombre; incapaz es, de expresar el ente en cuanto ser del ente, la naturaleza, el mundo y el fundamento del mundo.

El lenguaje es azas misterioso, contradictorio, insondable, los hombres saben desde tiempos remotos que edifica y destruye al ser humano. Quien ejerce el poder instituye un tipo de lenguaje y éste legitima el poder. Como dijo Michel Foucault: el poder crea saber y el saber crea poder. No hay que olvidar que, el lenguaje posibilita alcanzar lo sagrado y puro que mora en los cielos estrellados, también bajar a las cloacas del mundo y de la existencia. Cuando el lenguaje se manipula en función del dogma religioso o secular, se falsea. La mentira reemplaza la verdad y pasa a la recamara del lenguaje.

 Al perder la mediatez con las cosas se velan los contenidos espirituales que comunica. Pierde su sentido evocador, mágico y trascendente. Al hacerlo obedece a la razón o a los instintos; pero no a la esencia del hombre, lo que constituye la humanidad del ser humano. Cuando sucede el espíritu de la lengua se mancha, se oscurece o, se envenena.

La espiritualidad implica a la libertad e infiere a la vez, las preguntas fundamentales del ser, la existencia y el mundo, ¿quién soy? ¿cuál es el sentido de la vida? ¿por qué vivo así y no de otra manera? ¿cuál es el lugar que ocupo en la sociedad y por qué? Al preguntar por lo fundamental de la existencia humana – la libertad, la fraternidad, el amor, la dignidad, etc. -, buscamos respuestas a la “interrogación”. Estas preguntas se oponen al dogmatismo religioso; que ofrece respuestas sencillas y pide creer en ellas.

Además, la falsedad del lenguaje en el mundo moderno, toma “forma” y “contenido”, en el Estado, la política, la economía, los instrumentos técnicos o las redes sociales. El técnico, el político, el banquero, no están a la altura para que el espíritu fluya a ellos. Porque este “tipo” de individuo es amante de los gustos gruesos o del exceso. Casi siempre olvidamos que estamos asentados en humores. Que el sudor y las lágrimas significan que la vida está activa en regiones hondas de la salud.

 En esta alta civilización técnica y de masas, se olvida que la vida no la abarca toda los instrumentos técnicos o la ciencia, la economía de un Estado o las finanzas internacionales, las armas, sino que hay que mirar con otros cristales. Mirar con los ojos de la sensibilidad, del alma y del espíritu. Para, así de esa manera, poner la técnica al servicio de las necesidades humanas; y encontrar sentido a la existencia del hombre.

En el mundo moderno el hombre deviene en un proceso de simplificación de la existencia y quien está al borde del abismo sabe que, no faltan esfuerzos tendentes a ganar un mundo en que tengan vigencia valoraciones nuevas y más poderosas - expresó en su día Ernst Jünger. 

                                           

 

jueves, 20 de agosto de 2026

 

                                                                        La libertad en el ámbito político

                                                                      Madrid-España a 20/08/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Una lectura de los Diarios de Hannah Arendt me indujo a pensar el problema de la libertad. Que en la historia de la humanidad incentivaron a pensadores y filósofos como: Platón, Aristóteles, San Agustín, Tomás de Aquino, René Descartes, Baruch Espinoza, Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre, Isahias Berlin, entre otros. Preguntamos, ¿está en la naturaleza en sí de los procesos automáticos o los procesos históricos, a los que el hombre está condicionado o adherido, que pueda afirmarse en y a través de la acción, la libertad del ser humano?

Una vez que los procesos producidos por el hombre se vuelven automáticos, se tornan fatales como los de la vida natural. Que conduce al organismo vivo, biológicamente hablando, del ser al no-ser; o, de la vida a la muerte. La libertad impregnada por la acción y el comportamiento teórico y práctico. Es en sí una especie de luz que eleva la acción política a transformar los procesos automáticos e históricos. Así, la libertad tiende a develar los fenómenos históricos en cuanto posibilita la acción política en la sociedad.

Entonces, la acción es “obrar”. Un hacer circunscrito a la práctica política y a unas circunstancias históricas determinadas. La libertad es la llama de la vela que alumbra los logros o los fracasos, en la praxis política. Por eso, ella siempre es un comienzo en el devenir de las acciones humanas y, en particular, de la política. En cuanto la libertad es llevada a galope sobre la práctica política es histórica.

Así pues, queda preservada en la memoria y la rememoración. Pensando la existencia del hombre o los hombres, no sólo habitan la casa del Ser, el lenguaje, sino también la morada de la acción política. Medimos el hacer político, la acción en la esfera pública por el rasero de los logros de su práctica, colmados de éxitos o fracasos.

Así pues, en esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, Ernst Jünger piensa que, “se ha llegado a una concepción nueva del poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantearles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que no puede tener nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra”.

En la actualidad: “Las corazas de los nuevos Leviatanes tienen sus brechas propias, que continuamente están siendo palpadas, y esa operación tiene como premisas una prudencia y una audacia de una especie nunca antes conocida. Así, uno se inclina a pensar que existen aquí minorías selectas que están iniciando la lucha en favor de una libertad nueva, una lucha que requiere grandes sacrificios; no es licito dar a esa lucha una interpretación que resulta indigna de ella.

Para encontrar algo parangonable con esa lucha es preciso dirigir la mirada a tiempos y lugares esforzados; por ejemplo, a los de los hugonotes o a los de las guerrillas que Goya vio en sus Desastres. Comparada con estas cosas, el asalto a la Bastilla, de la cual sigue alimentándose hoy la consciencia de libertad del individuo, no pasa de ser un paseo dominguero por las afueras de la ciudad”.

Pero, el quehacer de la política, su acción, teórica o práctica, se vale del lenguaje, del pensar y la libertad, para alcanzar lo que se propone. Bueno bien, ¿de dónde saca la libertad su fuerza y medida? ¿cuál es la ley de su hacer y decir? Por supuesto, de la esencia que la determina a sí misma y la impulsa a romper el cerco de los procesos automáticos y los procesos históricos.

Es decir, la existencia de la libertad rompe con la multiplicidad de determinismos que la condicionan en sus diversas formas: “Hay un determinismo físico de la libertad, que es el simple resultado de aplicar a la causalidad libre la misma rigurosa determinación de la causalidad natural. Hay un determinismo biológico o fisiológico, que apenas difiere del anterior. Un determinismo social, que rara vez es tan extremo que destruya en absoluto la libertad humana, a la que, sin embargo, restringe y bloquea por el medio social, las ideas dominantes, la educación, etc.

Hay un determinismo estrictamente psicológico, que más que una negación de la libertad es una falsa concepción de ella, pues no anula la espontaneidad del acto libre y su fundamento en la razón, aunque afirma que la voluntad queda rigurosamente determinada por el motivo más poderoso. Finalmente hay un determinismo metafísico y teológico, al que algunos pueden llamar fatalismo, que llega a la negación de la libertad humana, y aun a veces de toda libertad, descendiendo de ciertos principios metafísicos o teológicos con las que se las cree incompatible”.

Podemos afirmar que, la acción es en cuanto destino de la libertad. Sin ésta la acción política se condiciona a los procesos históricos o al determinismo político. La libertad hay que blandirla como hace el guerrero con la espada; porque del manejo responsable de ella depende la justicia, la fraternidad, la convivencia pacífica, la educación, la cultura, los derechos humanos, la paz. El advenimiento de la libertad trae consigo el evento de la acción política.

Huir a refugiarse en lo siempre-igual no exime al ser humano de peligros. El peligro adviene cuando la libertad posibilita que la acción entre en discordia con lo establecido como verdadero. Que amenace al Estado y sus instituciones, al poder o, a las minorías selectas que lo ejercen; o, que posibilite el pensar, el análisis, la crítica, del mundo y la realidad, de las relaciones de poder y de saber. Así pues, la libertad contiene en sí “el catálogo de las cosas posibles que siempre está ahí – para que una posibilidad salga escena es preciso que se la acepte” –al decir Ernst Jünger.

Ya es hora de desacostumbrarse a sobrestimar la política, la economía, la imagen o, los lenguajes digitales y, por así decir, no pedirles más de lo que pueden ofrecernos. En la actual precariedad y mediocridad del mundo, es necesaria más acción y más atención a los fines de la política y de los políticos. Por eso la política se encuentra en vías de descenso hacia la pobreza de su esencia; porque priman los intereses del partido y del Gran Poder, sobre el bienestar y el progreso de la sociedad.

Ahora vemos que las Grandes Empresas Tecnológicas (Amazon, Telefónica, Facebook, Instagram, X, Meta, etc.), se están convirtiendo en un nuevo Estado dentro de los Estados Modernos y, es sumamente grave para la libertad y la autodeterminación de los pueblos o las naciones. Ahora se trata de luchar contra un enemigo que nos vigila las 24 horas del día y se apropia de lo que hacemos, pensamos y escribimos. Por así decir, se convierte en el Gran Hermano técnico y del mundo técnico, es decir, del técnico y del colectivo técnico.

Arendt piensa que, en los procesos históricos los períodos de libertad han sido relativamente cortos en la historia de la humanidad. Lo que permanece intacto en épocas de petrificación y ruina es, la facultad de la libertad misma. La capacidad de comenzar, que anima e inspira todas las actividades humanas. Y, constituye, por así decir, la fuente oculta de producción de las cosas grandes o bellas.

    Por eso la estética es la madre de la ética y de toda capacidad de juzgar.

La libertad no es una virtud del hombre, sino un Don supremo que el hombre entre todas las criaturas de la Tierra crea. Pero es a través de la acción, cuando devela la luz que se esconde detrás del forro de los fenómenos históricos. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, una capacidad para realizar milagros debe estar dentro del rango de las actividades humanas.

Dice Arendt, está en la naturaleza de todo nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una “infinita improbabilidad”, pero es esto lo que en realidad constituye el tejido de lo que llamamos real. Esta “infinita improbabilidad” es válida para un nuevo nacimiento o interrumpir la lógica y la coherencia de los procesos históricos.

De ahí que los sistemas totalitarios, detesten la venida de una vida nueva al mundo, por ser siempre un recomenzar. Un volver a empezar que esconde detrás de la voluntad y de la acción, del pensar y el lenguaje, la ruptura con lo establecido como dogma o verdad.

Después de todo –piensa Arendt- nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales. La cadena de “milagros” es válida en los procesos del Universo o de la Naturaleza, esto es, que exista la tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos. La evolución del hombre a partir de los procesos de la vida inorgánica, muestran “infinitas improbabilidades”, que se constituyen en “milagros” en el lenguaje cotidiano.

Así que, la experiencia que dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada; sino de lo más natural, en la vida cotidiana es un lugar común. Sin esta experiencia corriente la parte asignada de la religión a los milagros sobrenaturales sería incomprensible. Así que, teniendo presente la interrupción de los procesos naturales por el advenimiento de una “infinita improbabilidad” ilustra lo que llamamos real, en la experiencia ordinaria adquiriendo su existencia por coincidencias más extrañas que la ficción.

Seria superstición esperar milagros, “infinitas improbabilidades”, en el contexto de procesos automáticos sean históricos o políticos, aunque no estén excluidos. Además, la historia está llena de acontecimientos que el milagro, la “infinita improbabilidad”, ocurre frecuentemente. Ya que, por decir, los procesos históricos son creados e interrumpidos, por iniciativa humana por ser un ser que actúa. Y detrás de la acción se esconde la esencia de la libertad, que le posibilita actuar en múltiples esferas.

La libertad como hecho demostrable y la política coinciden y se relacionan entre sí como las dos caras de una misma moneda.

De ahí que lo impredecible y lo imprevisible se esperan como milagros en las esferas de la vida política. La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”, sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida terrenal, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica, consiste que, en el dominio de los asuntos humanos conocemos al autor de dichos “milagro”. Son los hombres quienes los protagonizan, quienes por haber recibido el doble Don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Una realidad que responda a las apetencias morales, espirituales y materiales; pero también, en la vida pública, la política, que la libertad y la acción tiendan a la justicia social, el respeto a los derechos de la persona individual: a la vida, al libre pensar y actuar, lo bueno y lo bello, la libertad de creencias religiosas, política y de acción libre responsable, la libertad de pensar, escribir, criticar y juzgar, etc.

Es necesario un Estado democrático Social de Derecho que proteja y facilite a la sociedad la acción política y la libertad, como piedras angulares de la colectividad democrática y libertaria. Porque el mundo común es el escenario de la acción y la palabra; sin un ámbito políticamente garantizado la libertad carece de un espacio mundano en el que pueda hacer su aparición.

De ahí que, la libertad necesita de un mundo organizado políticamente en el que cada hombre libre pueda insertarse de palabra y obra. De lo contrario, será sólo una manifestación de la libertad interior o subjetiva de la persona humana o, tal vez, la libertad cercenada o secuestrada por el poder autoritario o totalitario. Porque existe una concatenación entre el mundo común que comparten todos los hombres, la palabra y la libertad.

En este orden de ideas, el Mundo Moderno posibilitó que el lenguaje cayera en un vacío profundo y oscuro que obstaculiza comunicar los contenidos espirituales que le corresponden. “Un mundo donde la objetivación incondicionada de todo, que procede de la subjetividad se relaciona con la metafísica. En este ámbito el lenguaje cae al servicio de la mediación de las vías de comunicación a modo de acceso uniforme de todos a todo, pasando por encima de cualquier límite –al decir de Martín Heidegger.

 Así que, en la actualidad la objetivación del lenguaje en la comunicación rápida y simultánea es lo único que perdura: efímero por sí mismo se sostiene sobre el sistema general de la información, que hace de las noticias conmensurables de acuerdo al interés que el sistema administra. Degradan la experiencia de cada uno de nosotros, la experiencia individual y concreta de cada ser humano. Degradan el tejido de la percepción y la participación en lo diferente de los acontecimientos, que se oponen a lo inefable y eterno de la verdad.

En este orden de ideas, Walter Benjamín asocia el valor de eternidad a la narración. Si observamos ésta con ojos desencantados, toda genuina narración está rodeada de un halo de arcaísmo, como si fuera una historia que se ha contado de generación a generación en el tiempo: contando desde siempre y para siempre. Así que, las figuras que la narración toma en el transcurrir del tiempo, no anulan la esencia que la determina. Sino que la enriquece y da sentido y coherencia a las historias de los hombres y los pueblos.

Por eso la narración trasciende en el tiempo y el espacio a la información rápida y simultanea; pero ante todo en la polifonía y el sentido del lenguaje. Además, somos parte en tanto que cuerpos finitos y flujos de consciencia, a enfrentarnos en el mundo de la técnica a una serie de aparatos y de máquinas, que condicionan el ritmo de la vida. Porque rompen con la sucesión de la experiencia y la narración, que trenzan los hilos de la imaginación y del lenguaje. Ya que el tiempo de las máquinas es, un tiempo simultaneo y abstracto; el de la experiencia y la narración es un tiempo concreto, cosmológico, que nos trae y regala cosas nuevas en cada narración.

En este caso, la uniformidad del lenguaje posibilita la objetivación de la existencia. Entonces el ser humano se percibe como objeto o número. La “existencia privada” cae en los espejismos del sistema general de la información, que corrompe los contenidos espirituales del ser humano. Entre ellos los contenidos del lenguaje y la libertad. La “opinión pública” es la que materializa la “existencia privada”. Así el individuo deriva la existencia individual a la esfera de lo público y lo político.

En esta Civilización de lo efímero los medios de comunicación o las redes sociales, le otorgan al individuo la objetivación de su existencia. Por eso la coherencia de la individualidad se quebrantó en nombre de lo efímero de la vida. La “opinión pública” decide lo “comprensible y lo desechable por incomprensible”. Además, degrada no sólo la esfera privada, sino que sustituye los hechos por opiniones falaces y vacías, que falsean la libertad del ser humano.

Estamos en un devenir en el que la realidad se falsea en nombre del poder y el dominio sobre el Otro. En este ámbito, lo interesante no es el Ser, el lenguaje, el pensar, la libertad, sino lo automático, lo pasajero y placentero que ofrece el Sistema como realidad. Todo se consume y pasa en el devenir del tiempo como la tersura de la piel joven a las arrugas de la vejez. Lo sorprendente de la Civilización de lo efímero, consiste que, lo pasajero y automático no dejan huellas en la vida del ser humano.

Todo fenómeno hace parte de lo siempre-igual, la alteridad espacio-temporal de los hechos, la experiencia, de la vida, se ocultan en la publicidad, el lujo, el consumo masivo, el marketing, el deporte, el dinero o, el Gran Poder. En un ámbito como éste, la libertad política se atrofia por estar determinada por fuerzas exteriores que la determina y subyuga, a sus intereses materiales, espirituales, sociales, económicos, técnicos, educativos y culturales.

Estamos transitando hacia lugares escabrosos y contradictorios, con respecto al tejido vivo de la existencia individual y la libertad política, de pensar, de ser, la palabra y la experiencia del individuo y las sociedades. ¿Saben por qué? Porque las Grandes Compañías Digitales, el poder económico y financiero mundial y, el Gran Poder Político, están tejiendo un mundo enteramente siniestro, cruel, diferente, al de nuestros mayores. Un mundo balcanizado donde predomina la simulación, la expiación, la vigilancia masiva, el hambre, las enfermedades, el desempleo, la amenaza, el miedo, el racismo, las armas, la violencia y la guerra.

Así que, el lenguaje situado en los dispositivos técnicos, diluye la naturaleza lingüística del ser humano; la lengua natural que comunica contenidos espirituales, el sentido del mundo, de la realidad y la existencia individual. Y, esto se convierte en peligro para la coherencia interior de la individualidad, la mente sintáctico-biológica del ser humano y la libertad. También para la vida como lenguaje, como información trasmitida por la lengua natural. Esto posibilitaría la ruptura con el argumento de Noam Chomsky, sobre “los universales lingüísticos” –aquello que permite diferenciar lo que es posible en una lengua de lo que no lo es-ellos son “sencillamente una propiedad biológica de la mente humana”.

Y, también la posibilidad, que la biología de la mente sea también <sintáctica> - al decir de George Steiner. Esto abre el umbral que la genética, y otras ciencias particulares, que sean una rama especifica de la teoría de la información. En este orden, la degradación de la condición humana se concatena al vaciamiento del lenguaje natural. Así que, el automatismo, las redes sociales, las imágenes en movimiento, la Inteligencia Artificial, son sólo un fenómeno secundario, respecto a las mutaciones lingüísticas, biológicas, psíquicas, espirituales, materiales de los seres humanos.

Deseo terminar el ensayo con unas ideas de Isaíah Berlin, que concedió en una entrevista al filósofo Bryan Magee, que tituló “Una introducción a la filosofía”. Dijo que “los problemas filosóficos son interesantes por sí mismos. A menudo se refieren a ciertos supuestos, en los que se fundamenta una gran cantidad de creencias generalizadas […] Cuando se examinan críticamente, resultan, mucho menos claros y firmes, y su significado e implicaciones, mucho menos claros y firmes que lo que parecían a primera vista. Al analizarlas y cuestionarlas, los filósofos amplían el autoconocimiento del hombre”.

Cuando el ser humano “se enfrenta a alguna disyuntiva, de cualquier índole, ¿no se encuentra en ocasiones tan nervioso que no desea enfrentarse a ella, y que cierra los ojos e intenta pasar la respuesta a una espalda más ancha: ¿al Estado, a la Iglesia, a la clase social, a alguna otra asociación a la que pertenezca, quizá al código moral general de la gente decente ordinaria, cuando debería pensar el problema y resolverlo usted mismo?”.

La gran mayoría de las personas no es consciente del poder del pensamiento, del lenguaje y de la libertad. La filosofía nos enseña a “saber por qué vivo, cómo estoy viviendo y por qué debo hacerlo así”. De ahí que, se trata de “argumentar acerca de palabras; pero, claro está, las palabras no son sólo palabras; meras fichas en un juego filológico. Las palabras expresan ideas. El lenguaje se refiere a la experiencia; la expresa y la transforma”.

En Colombia nos enfrentamos a un problema moral; que cabe en el ámbito de la ética. Entre quienes conceden un valor supremo al deber militar, o al patriótico, y especialmente en tiempos de violencia o de guerra. Pero existen otras consideraciones: mandamientos religiosos absolutos, la voz de la consciencia, los valores éticos y morales de los seres humanos, las relaciones entre uno y otro ser humano, y el manejo responsable de la libertad.

Traigo a colación lo que dijo un héroe de Fiódor Dostoievski, si le preguntasen si estaba dispuesto a comprar la felicidad a millones de gentes al precio de la tortura de un niño inocente, diría que no. ¿Estaba equivocada su respuesta? Un pragmático estaría obligado a decir: “Sí; estaba obviamente equivocada; era sentimental y errónea”. Pero, claro está, no todos pensamos así; algunos pensamos que un hombre tiene derecho a decir: “No torturaré a un niño inocente. No sé lo que suceda luego, pero hay ciertas cosas que ningún hombre puede hacer, cualquiera que sea el costo”.

Aquí “tenemos dos filosofías en conflicto. Una es, quizá, en el sentido más noble, utilitarista, pragmática, (o patriótica); la otra, se funda en la aceptación de reglas universales absolutas. Así que, el filósofo moral le compete explicar cuáles son las cuestiones y valores que están en juego; examinar y juzgar los argumentos a favor y en contra de diversas conclusiones; esclarecer qué formas de vida se encuentran en conflicto, los fines de la vida y, quizá, los costos en los que tiene que elegir.

Después de todo, “el hombre tiene que aceptar su responsabilidad personal, y hacer lo que considere correcto; su elección será racional, sí advierte conforme a que principios elige, y será libre si pudo haber elegido de otra manera. Tales opciones suelen ser muy angustiantes. Es más fácil obedecer órdenes sin reflexionar”.

Bueno bien, deseo resaltar, que, en la vida del ser humano en ciertas circunstancias históricas, sociales o políticas, se enfrentan dos filosofías, visiones de la existencia y del mundo, la utilitarista que exalta los valores pragmáticos, patrióticos y militares; y, la que tiene que ver con valores absolutos del ser humano, que se basan en principios éticos y morales. No deseo guiar al lector; dejo a los lectores atenidos a sus propios recursos, lo cual detesta la gente. ¿Saben por qué? Porque no estamos acostumbrados a elegir libremente, a utilizar responsablemente la libertad.

De ahí que, “la tarea del filósofo no es predicar, ni exhortar, alabar o condenar, sino sólo iluminar. Se trata de enseñar a las personas a distinguir entre la demagogia política y la mentira, y tratar que los seres humanos decidan por sí mismos. En Colombia por parte del Gobierno de Abelardo De la Espriella, optó por el utilitarismo y el patriotismo, la fuerza y la guerra. Que ya empezaron a dejar tirados a la vera del camino esquirlas humanas de campesinos, jornaleros, niños inocentes, madres de familia y ancianos.

Pero, existen otras corrientes políticas y de pensamientos, que han optado por los principios éticos y morales, que defienden la vida, la solidaridad, la justicia social, la fraternidad, el respeto al Otro, la paz. Es un deber ser, que el colombiano utilice responsablemente la libertad que le ha sido otorgada. De eso depende en gran manera, el respeto a la dignidad y la vida de todos los colombianos.

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

 

                                            La derecha y la extrema derecha en Latinoamérica

                                             Madrid-España a 19/08/2026

 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Walter Benjamín expreso en el ensayo “Fragmento Político Teológico” que, “sólo el Mesías mismo consuma todo suceder histórico, y en el sentido precisamente de crear, redimir, consumar su relación para con el mesiánico. Esto es, que nada histórico puede referirse a lo mesiánico por sí mismo. El reino de Dios no es el telos de la dynamis histórica; no puede ser propuesto aquél como meta de ésta.

Visto históricamente no es meta, sino final. Por eso el orden de lo profano no debe edificarse sobre la idea del reino divino; por eso la teocracia no tiene ningún sentido político, sino que lo tiene únicamente religioso. El orden de lo profano tiene que erigirse sobre la idea de felicidad. Su relación para con lo mesiánico es una de las enseñanzas esenciales de la filosofía de la historia”.

Lo expongo con una imagen: “Si una flecha indicadora señala la meta hacia la cual opera la dynamis de lo profano y otra señala la dirección de la intensidad mesiánica, es cierto que la pesquisa de felicidad de la humanidad libre se afana apartándose de la dirección mesiánica”.

  Así que, “el orden de lo profano no puede favorecer la llegada del Reino mesiánico”.

Traigo a colación lo anterior porque me preocupa la deriva del mundo en la actualidad. Porque las nuevas derechas nacional populistas están apropiándose del lenguaje de la izquierda, los dogmas religiosos, exaltando el lenguaje vacío y agresivo y, valiéndose de la religión para ejercer el poder. La izquierda parece que está en un estado de parálisis, de shock de las ideas, los pensamientos y los programas. Su actitud ante lo que sucede en el mundo, es de pasividad con relación a las rupturas de los programas que se instauraron después de la Segunda Guerra Mundial. Están demoliendo los principios liberales y revolucionarios del Estado de Derecho y de la Social democracia europea.

En este orden, señala Yanis Varoufakis: “Lo que Trump y los populistas están haciendo es, en la práctica, una revolución; no es una revolución socialista, pero están cambiando radicalmente el capitalismo tal y como lo conocemos. La nueva derecha populista es la que está haciendo una revolución”. Esto nos induce a pensar que, la era del Estado de bienestar democrático y social europeo se ha acabado. Así que, la élite política, militar, económica mundial, lo está justificando en términos religiosos. La justificación religiosa de Israel sobre la limpieza étnica en Gaza, es cada vez más fundamentalista.

Están justificando sus acciones político-militar refiriéndose a textos sagrados de la Biblia o de la Torá. Lo cual es mentira y crean un devenir histórico artificial posibilitando las masacres, la limpieza étnica y cultural de los palestinos. Me preguntó, ¿qué pensarían Walter Benjamín, Hannah Arendt, Theodor Adorno, Gershom Scholem, George Steiner, Albert Einstein y otros pensadores judíos, sobre la actitud del Gobierno de Benjamín Netanyahu, en Palestina y Líbano?

En la actualidad estamos inmersos en una crisis planetaria con tres problemas fundamentales: la guerra nuclear, la crisis ecológica y la inteligencia artificial. Por el predominio de la Cultura del artificio (los medios de comunicación, las redes sociales, la Inteligencia Artificial, etc.), la mayoría de la humanidad es cada vez más estúpida e ignorante. Desde una perspectiva política, las imágenes, las opiniones vacías, el marketing, la publicidad, reemplazan a las ideas, los pensamientos, los programas políticos, y predomina en los parlamentos y en la esfera de lo público, la aclamación. Podemos afirmar que la democracia parlamentaria está en crisis ante el populismo autoritario, que se vive en el mundo.

En una entrevista al País de Madrid-España el filósofo Slavoj Zizek, decía recientemente que: “Necesitamos de una cooperación global para afrontar esto, la catástrofe ecológica y el peligro de una guerra nuclear… Necesitamos más formas obligatorias de cooperación global… Para afrontar estos problemas necesitamos de mecanismos de cooperación, que no se pueden dejar a los mercados, que limiten la soberanía de los Estados”. Por así decir, “vivimos en una era de desconocimiento”

Nos preguntamos, ¿están los seres humanos aproximándose a una emergencia global con los problemas que vivimos en la actualidad? Zizek en referencia a Trump expresa que, está “gobernando por decreto una situación de emergencia”. Así que, la democracia tal como la conocemos está perdiendo eficacia. Que “vienen tiempos en los que necesitamos decisiones más rápidas y eficaces. Se hizo durante la pandemia en España y funcionó. Decisiones centralizadas pero conectadas con la sociedad civil y las organizaciones sociales. La pandemia fue un buen ejemplo de lo que nos espera, un estado de emergencia… Los viejos buenos tiempos de la socialdemocracia liberal pasaron. Las reglas han cambiado. No podemos hablar de un mundo mejor, sino de supervivencia, continuar con algún tipo de vida normal, con libertades, en un estado de emergencia”.

Vistas las cosas en el devenir histórico-político de Latinoamérica en la actualidad, Nayib Bukele vende la imagen de la seguridad a nivel mundial a costa de destruir las instituciones, las libertades fundamentales de la sociedad, los derechos y la justicia social, aprovechándose de la popularidad para perpetuarse en el poder. De otra parte, Javier Milei simboliza la motosierra como el instrumento que podará los males políticos, económicos, sociales, ideológicos de los argentinos. En este orden, Donald Trump promete la deportación masiva de indocumentados de la historia de Estados Unidos. En Chile José Antonio Kast es un nostálgico del pinochetismo.

En Colombia Abelardo de la Espriella convirtió su campaña en una plataforma de provocación, rechazó lo Woke (el que tiene conciencia activa de la desigualdad, del racismo y de las injusticias sociales), y ofreció mano dura contra la guerrilla, la delincuencia común, la inseguridad, los cultivos ilícitos como la coca, los narcotraficantes; que vistas en conjunto dibujan el mapa que vivirá Colombia en los próximos cuatro años.

En este orden de ideas, Donald Trump se convirtió en referente ideológico, político, económico, militar y cultural, de los dirigentes Latinoamericanos de la derecha populista-nacionalista y de la extrema derecha. Así que, el movimiento MAGA proporciona el ideario adecuado para la praxis política-militar de la derecha reaccionaria y de la extrema derecha en América Latina.

Abelardo De la Espriella habla de la Patria Milagro, y la percibe como lo impredecible y lo imprevisible se esperan como milagros en las esferas de la vida política. La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”, sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida terrenal, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica, consiste que, en el dominio de los asuntos humanos conocemos al autor de dichos “milagros”. Son los hombres quienes los protagonizan, quienes por haber recibido el doble Don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Uno de los problemas de la actualidad reside en el logos, el lenguaje, cuando se falsea y responde a algo exterior a la esencia que lo constituye. En esa estancia mora el odio, la mentira, la falacia, el disimulo, el engaño, la estafa, y, en términos políticos, el populismo, el nacionalismo, el autoritarismo, el demagogo, el fascista o el tirano. En el Mundo del artificio en que viven necesitan de un baúl de máscaras, porque la pretendida imagen interior de la propia naturaleza que llevan de sí mismos es, de un minuto a otro, pura improvisación. Se orienta enteramente, por así decirlo, según las máscaras que le son presentadas.

El mundo es un arsenal de esas máscaras. Y sólo el hombre atrofiado, devastado, las busca como un simulacro en su propio interior. Porque la mayoría de las veces nosotros mismos somos pobres en este aspecto. Por eso somos felices portando las máscaras más exóticas, la máscara del asesino, del farsante, del cuatrero, del violador, del dictador, del terrorista, del banquero, del político, del populista, del militar, del guerrillero, del paramilitar, del industrial, del empresario, del torturador, del hombre culto. etc. Mirar a través de ellas nos encanta. Vemos el universo y sus constelaciones, los instantes en que hemos sido esto o lo otro de una vez.

Viendo los acontecimientos histórico-político en retrospectiva la paz total de Gustavo Petro fue un fracaso. En la región del Catatumbo el choque entre los grupos de disidencias de las extintas FARC agrupados bajo el Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla en armas de Latinoamérica, produjo la crisis humanitaria más grave del año pasado. En el Nordeste antioqueño, dos frentes de esas mismas disidencias combaten al Clan del Golfo, el grupo más grande del archipiélago de ilegales. En la Costa Caribe, el Clan enfrenta a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, un grupo local. En el Cauca, el Estado Mayor Central —la otra gran facción disidente de las FARC— y el ELN llevan años en disputa.

El Presidente Abelardo De al Espriella prometió una pax romana, en referencia a recuperar todos los territorios ocupados por grupos guerrilleros y organizaciones delincuenciales. De la misma manera, implementa los bombardeos a los campamentos de la guerrilla, la fumigación de cultivos ilícitos y aumentando el pie de fuerza, sin negociaciones. El modelo de referencia para De la Espriella es Bukele en el Salvador y está de acuerdo con una alianza geoestratégica con Estados Unidos e Israel. De esta alianza recabara la financiación y los instrumentos técnicos y las armas, para combatir los grupos al margen de la ley, el orden y el Estado.

Hay que tener en cuenta que Colombia es sui generis, no es Argentina, ni Ecuador ni el Salvador, es un país donde se combinan múltiples formas de ilegalidad: grupos armados que dependen de la coca y la cocaína, la minería ilegal, la extorción, el secuestro, y el control de las economías locales y su poder político. La gestión de las localidades donde hacen presencia armada depende de lo que diga la guerrilla. Además, el Gobierno ha de hacer frente a las bandas criminales, los paramilitares, y en especial al Clan del Golfo.

El investigador Francisco Daza expresó: “En medio de este panorama, el reto más grande no es militar, sino humanitario. En 2025, los conflictos desplazaron de forma masiva a más de 107.000 personas y dejaron a otras 128.000 confinadas, sin posibilidad de moverse. Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo en desplazamientos internos por conflictos armados, con más de 7,2 millones de personas afectadas. Una estrategia basada exclusivamente en la confrontación, el militarismo y sin negociación”. De ahí que, “la población civil no es un actor del conflicto: es su principal víctima, y ningún plan de choque en 90 días cambia esa ecuación”.

En el mismo orden de ideas, el académico peruano Alberto Vergara se refiere al auge de la derecha y la extrema derecha en Latinoamérica, al periódico El País de Madrid-España: “No se trata solo de fuerzas que desean reformas más conservadoras o un Estado más pequeño, sino una reacción frente a las aperturas civiles, políticas y sociales que acompañaron a las transiciones democráticas y se ampliaron durante las últimas décadas. La derecha latinoamericana de los años noventa prometía dejar atrás el pasado.

Hablaba de privatizaciones, de disciplina fiscal, de apertura comercial, modernización. En los gobiernos primaban los economistas formados en universidades estadounidenses, citaban las virtudes del mercado y ofrecían a países agobiados por la inflación y el fracaso estatal una entrada acelerada al futuro. Para aquella derecha la historia era un lastre. Había que superar el populismo y reducir la política a una administración racional de la economía”.

Es decir, que los asuntos económicos, sociales, justicia, igualdad, libertades, educación y cultura, son tratados por la tecno-burocracia administrativa. Esta visión en Latinoamérica fracasó, por eso ahora viene la mano dura del militarismo y el autoritarismo policivo.

Preguntamos, ¿por qué la derecha ha encontrado el espacio para ejercer el poder en Latinoamérica? Porque los vacíos y los escombros dejados atrás y tirados a la vera del camino por la izquierda como: desigualdad, inseguridad, narcotráfico, corrupción, violencia, servicios públicos deficientes y desconfianza en las instituciones y los partidos tradicionales, sirvieron como punta de lanza para el auge de la extrema derecha en Latinoamérica.

En este mar de contradicciones y desaciertos, de violencia y odio entre los colombianos, lo que les deseo a todos los compatriotas:

                     ¡Que Dios proteja a Colombia y a sus habitantes!

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 16 de agosto de 2026

 

 

 

                                        ¿Es el hombre un ser fronterizo?

                                                            Madrid-España a 16/08/2026

“A todos los que sufren, sienten dolor y miedo, por las políticas de inmigración del Poder Total, el cual progresa en configuraciones cada vez mayores, a través de todas las resistencias. Y dejan a la vera del camino carnes flageladas, llanto, hambre, deportaciones o muerte. Este no es otro que la persona que sufre, y se encuentra desprotegido y solo y, cuya inseguridad es también total. Así que, es del miedo de lo que vive el gran despliegue del Poder Total, y la coacción adquiere especial eficacia en aquellos sitios donde se ha intensificado la sensibilidad”.

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 Este ensayo es una investigación interdisciplinaria sobre el lenguaje que está abriendo nuevos campos de indagación para comprender el enigma de la realidad (política, económica, militar, geoestratégica y cultural, en la actualidad) o, el tejido vivo de la existencia de la condición humana. El problema se centra que sí se modifican los universales históricos, se transforma la estructura general del Ser, del existir y del mundo que vivimos. Cambios que van desde la ontología hasta la epistemología.

De ahí que las transformaciones en los medios electrónicos de comunicación de masas (Facebook, WhatsApp, Instagram, X, etc.), son un fenómeno secundario. Frente a la psicología del pronombre de la primera persona, la consciencia de la muerte, el transcurso del tiempo, las convenciones de repetición y variación lingüística en las que se basan las técnicas de evocación.

Son sólo un fenómeno menor. Así pues, la comunicación humana no se puede reducir a un fenómeno de opinión, (político, económico, social, o de orden público), ya que toca la estructura profunda de la identidad del hombre. Así que, vale la pena recordar que “cuando nos interrogamos sobre el cuándo y el cómo del lenguaje, en realidad nos estamos planteando los orígenes de la humanidad del hombre”.

Los conceptos de Hombre y Lenguaje existen de manera entrelazada. El concepto de hombre pre-lingüístico –del hombre antes del hálito de la lengua- es una quimera. El hombre no se convierte en ser humano, al pasar al lingüístico. Porque la esencia del hombre es, enteramente instintiva, lingüística y racional. Recordemos que sí la estructura sintáctica de la percepción se modifica; se modifica también la forma de la comunicación.

Ahora bien, ¿Cuál es el estrato profundo que oculta el paso del lenguaje natural al lenguaje del artificio? Que la Vida y la Muerte se trivialicen. Sí los “efectos de la supresión de las inhibiciones verbales sobre la vitalidad y el núcleo misterioso del lenguaje” se profanan, el sentido de la existencia pierde valor. Así, la imagen que tenemos de la muerte, su dimensión poética o trascendente, se vulgariza. Con el auge de los lenguajes digitales o, del “logos” del artificio, está en juego la gramática del pasado, del presente y del futuro; el lenguaje natural como corrientes espirituales que nos permite “ser” y “estar”. Es decir, la naturaleza del Ser que desemboca en el lenguaje.

Se necesita en una sociedad como la nuestra, que “la imaginación puesto que es la única que comprende la analogía universal, o aquello que una religión mística llama correspondencia”, despierte de su sueño invernal y advenga al encuentro del hombre. Porque la civilización técnica del presente-actual, está sustituyendo las relaciones de sentido por relaciones artificiales. Sustituir al hombre que se inculpa así mismo y valora su hacer, por el que convierte su cuerpo en un campo de batalla y es capaz de dar la vida en sacrificio –por una ideología o un dogma-, se presenta a los recursos de la sensibilidad y la imaginación, como una desdicha fundamental. Por supuesto, el valor normativo o numérico no se puede convertir en el único telos del hombre contemporáneo.

A un pensador le está permitido imaginar y reflexionar, no comprometer lo que escribe a una ideología, a un partido, ni al imperativo moral de la sociedad. Se trata de no creer en el nacionalismo, el populismo y el patriotismo, porque son sólo un acto de fe. Por eso el pensador no debe hipotecar lo que escribe a una crítica del presente-ahora, sino de revelar la magia que encierra la realidad y la vida.

Observamos que el despilfarro de la energía vital está a la orden del día. Por tanto, captar la atmósfera que reina en el mundo contemporáneo, es tarea de espíritus sensibles y de la inteligencia general que presta atención a las cosas de la vida y de la realidad. En esta alta civilización abstracta hemos llegado a una concepción nueva de la existencia y de las relaciones de fuerza. Nos percatamos que el carácter instrumental de la técnica se está fusionando cada vez más, con el carácter instrumental de poder, y ésta mutación repercute en la naturaleza del ser humano.

Observamos, por ejemplo, que el valor artificial de la vida se sobrepone al auténtico de la existencia. En este estado de cosas se hace necesario, que el ser humano recurra a su mundo interior, al espíritu, lo Absoluto que mora en él. De lo contrario estaremos destinados a que fuerzas oscuras, abstractas y distantes nos dominen. Sí el lenguaje y el pensamiento no responden a las esperanzas y necesidades humanas, los hombres en pocos espacios de tiempo seremos criaturas deshumanizadas, victimas del sin sentido de la historia y los avatares de la existencia.

Quizá en esta época como pensó Stevenson, no necesitemos “códigos de normas” sino “un espíritu prevalecedor”; “no verdades” sino “un sentido de la verdad”; “no puntos de vista” sino “una visión”. O, tal vez valernos de Novalis cuando dijo: “El primer genio que penetró en sí mismo encontró aquí el germen típico de un mundo inconmensurable. Hizo un descubrimiento que no pudo ser sino el más extraordinario de la historia universal, con él comienza toda una nueva época de la humanidad, y solamente a partir de este nivel se hace posible una verdadera historia de la clase que fuere, pues el comienzo que hasta entonces se había recorrido constituye ahora un todo propio, enteramente explicable”.

La aventura de lo inexpresivo, del pensamiento y las vivencias del “Yo”; como ojo interior de todo “hacer” y “pensar”, lo confirma. Donde reflexionar o sentir se convierten en imágenes de colores refractadas en el espejo interior. Es la clase de personas que necesitamos, porque nos ofrendan la vida y el mundo como un Don gratuito de los Dioses. 

Se trata de develar que aquellos que defienden con bombos y platillos la hybris del progreso, la dynamis de los procesos y la primacía de la técnica, desconocen que el mundo interior del hombre, la sique (la psyché, “el alma humana”, la fuerza vital de un individuo), y su umbral perceptivo, están abriendo otros campos de visión, de existencia y realidad. Están “aflorando a la superficie, por el contrario, otras cuestiones que son distintas de las anteriores y más contundentes que ellas”.

Son las que brotan del Árbol adentro de la naturaleza humana, de la fuerza del espíritu, lo natural o eterno. Sacar a la luz, por ejemplo, la cuestión política o económica; y preguntarnos, ¿Cómo han tomado rostro de nuevo en la esencia de la técnica y las formas del ejercicio del poder? ¿Cómo la revolución técnica en las comunicaciones, la capacidad de control sobre la conducta y el pensamiento, tiende a la disolución de la coherencia interior del sujeto o, a apropiarse de la última ciudadela que falta por conquistar, el cerebro humano? La cuestión política, por así decir, no se interesa ya por la relación entre libertad y autoridad, libertad y necesidad, ni la búsqueda de una vida justa y digna, el amor al bien común y la justicia social.

Sino por convertir al ser humano en número o, cosa desechable y manipulable. O, en otras palabras, transformar la práctica política en espectáculo. No le importa suplir las esperanzas y necesidades humanas, sino la conversión de todo lo humano a estadística. Donde la conducta y el pensamiento estén controlados aún a larga distancia. Espero que el temple vital, no abandone al ser humano. Y contribuya a esclarecer el paso de las letras a las imágenes, del lenguaje espiritual al material –ahí es donde está el punto de inflexión entre el mundo creado por el espíritu y el creado por la lengua material.

Es deber moral esclarecer los medios y los fines de la investigación científica o, de la técnica o, de la política; además preguntarnos, ¿por qué la esencia de las cuestiones ha sufrido cambios tan profundos? Mi trabajo al servicio de la humanidad tiene que apoyarse en una elevada moralidad.

La manipulación política de la libertad, la propaganda autoritaria, los plebiscitos, los lenguajes digitales, en esta civilización abstracta “ponen de manifiesto el destronamiento político de las masas que el siglo XIX había desarrollado”. En las sociedades contemporáneas es visible una experiencia nueva de pobreza, abandono y soledad, en particular en la Gran ciudad. Asimismo, un desierto auditivo y perceptivo, que afecta a la esencia del hombre y de las sociedades.

Nos encontramos en un mundo donde las palabras no concuerdan con los hechos. Y el ámbito más evidente es, el de la política. De ahí que un mundo vigilado, dominado por la estadística y los instrumentos técnicos, determinado por gobernantes autoritarios y demagogos, se convierte en un lugar siniestro y adverso a la esencia del ser humano. Porque todo lo que somos y hemos sido está atravesado por el lenguaje. El lenguaje da forma a la realidad y, a la vez, es el filtro de la realidad y de la existencia. Cuando el lenguaje político lo corrompe, también corrompe la naturaleza espiritual del ser humano y se resiste a la verdad.

Se siente en la atmósfera que respiramos que la civilización técnica, de sociedades de masas y de cultura de masas, de nacionalismos exacerbados, agresivos donde predomina el racismo, el odio al Otro, al pobre, al migrante, al negro o al mestizo, ponen en funcionamiento un nuevo empleo de la violencia; escenificado en los medios de comunicación de masas, Internet, Facebook, Instagram, etc. Donde la propaganda invita al consumo desaforado, el desempleo deambula por la Gran ciudad, el hambre mendiga en las calles o, las puertas de las iglesias, la prostitución, la droga, el alcoholismo, la insalubridad, lo testifica.

Así pues, estas esferas del Espíritu de la Época, se corresponden con el tiempo frío, chato, alejado de la Gran ciudad. Aquí en este ámbito prevalecen las relaciones inconexas y distantes. Que George Simmel denominó: Distancia psicológica. Sabemos por estas cuestiones cuáles son las exigencias de nuestro tiempo, nuestro estado vital, sabemos muchas cosas más. En esos sitios donde además de prevalecer la mera fuerza de voluntad, la materia y el ejercicio del poder, “aparecen también rasgos espirituales, allí perdura un material antiguo”.

Como humanista pienso que, la búsqueda de la “dulzura” y la “luz” - (lo poético, la sabiduría o la cultura)-, debe anteponerse a la del fuego y la fuerza. Así que, no es el poder ni las armas el que otorga la recompensa más alta, sino el aedo. Un poema, una novela, un atardecer, un fragmento de felicidad, la luz del espíritu, la sonrisa de un ser humano, el tapiz de colores que teje y desteje el tiempo del mundo; quizá tengan más “peso” que los contenidos históricos, el poder o el dinero. Porque responden a necesidades psicológicas y morales del ser humano. De ahí que el lenguaje es el mecanismo de la literatura para la ficción de la historia, de la realidad y de la vida.

Ese material que acompaña al hombre desde la Antigüedad, tiene que ver con la fuerza del espíritu, la sensibilidad y la imaginación. Por eso “la atmósfera que reina en el mundo es contradictoria e inextricable –en unos sitios es prometeica, con grandes fuegos y manos tendidas hacia las estrellas, en otros es apocalíptica, con sentimientos de culpa que remuerden la conciencia”. Se están abriendo nuevos órdenes que tienen que ver con la fuerza del espíritu. En algunos sitios la hybris del progreso y la técnica, la política y la economía, dan paso a las potencias del espíritu.

Nos damos cuenta que reconducen a las sociedades por otros senderos del que ofrece el automatismo y el confort técnico, la estadística y la política. Lo característico de la época que vivimos, su total indiferencia por lo fundamental; tiene que ver con la lucha, el trabajo, soportar el peso de la existencia ordinaria. En la Gran ciudad prevalece el artificio de los instrumentos técnicos, el dinero, la velocidad, el ruido de las máquinas, la simulación, el consumo, las bellas materias, el lujo, el número o la voluntad de poder. Ahora bien, ¿qué es lo propio de la época? Ir a pie juntillas detrás de la sensiblería ordinaria, del tópico y el lugar común. También de la opinión que difunden los medios de comunicación de masas y las redes sociales.

Dicen en algunos casos, que la fuerza del espíritu es anticuada, rancia, pasada de moda; de ahí que las potencias de la intuición o la reflexión del pensar, se antepongan al Espíritu de la Época. Ya que pensar sobre los avatares del espíritu y la vida, genera angustia, desasosiego e inseguridad, al no estar habituados a estos menesteres. Además, el hombre no está acostumbrado a reflexionar, a manejar responsablemente la libertad, sino delegarla a algunos poderes establecidos: la iglesia, el partido, el Estado, la policía, el líder, la moral común ordinaria, al orden jurídico, etc.

En este orden, solemos ver la vida y las cosas desde un corte pequeño, minúsculo; la óptica desde donde miramos es siempre reducida; la familia, las costumbres, el trabajo, los amigos, el barrio, el bar, las necesidades de la existencia ordinaria. Pero no solemos verla como un Todo. Parece como si las cosas las viéramos como en espejo. Por eso sentimos o vemos erróneamente su valor. Esa función la cumplen cabalmente los instrumentos técnicos, el mundo cinético o los lenguajes digitales. Ahora, Internet legitima el artificio de la existencia individual; lo que se llama Cultura de lo efímero.

Hemos olvidado que el hombre no es una fórmula matemática, un conjunto de números, un silogismo, tampoco una imagen artificial. El hombre es “un sutil, intrincado, irracional y absurdo resultado de emociones, sentimientos, fantasías, delirios, sueños y mitos” –como expresó Ernesto Sábato, en el texto “Entre la letra y la sangre”.

Ahora bien, cuando el espíritu se entrelaza con el ámbito oscuro del ser humano, le tiende la mano y lo levanta sobre los escombros de sus inmundicias para que alcance la morada de los Dioses o, de las Musas. Por eso termina rompiendo los cánones establecidos, las normas y las categorías gramaticales, que legitiman el ejercicio del poder. Entonces, sobre los oscuros nubarrones y las tempestades de acero, se configura el triunfo de la vida sobre la muerte, la “luz” y la “dulzura”, sobre “la oscuridad natural de las cosas”. Aquí, en este caso, se constituye el ámbito donde la frágil y deleznable criatura humana, alcanza la trascendencia. Porque el ser humano por naturaleza es un ser fronterizo.

Eso que da hálito a la lengua de la vida, equívoca, multiforme, contradictoria e insondable. Es el principio esencial del lenguaje vivo. El lugar donde la fantasía poética se entrelaza con la imaginación y la analogía. En estado de literatura o, de poesía, el lenguaje es ficción. Por eso trasciende las barreras del tiempo y del espacio, es decir, de las vidas vividas, de la muerte, de la identidad del “Yo” y, de la realidad.

El arte y, sobre todo, las ficciones de la novela y la poesía, representan las ideas, los sueños, los símbolos o los mitos de una sociedad. El arte humaniza el conocimiento, porque amplia la base de la vida y la inteligencia, porque trabaja para difundir la “dulzura” y la “luz”, en el corazón de los hombres. El arte no tiene nada que ver con el pensamiento lógico, las matemáticas, el tiempo abstracto, sino con la naturaleza del hombre concreto de carne y hueso. Por eso el drama que vive el hombre contemporáneo se representa descarnadamente en las obras de arte.

Así, el poema posibilita la crítica de la condición humana y las fronteras últimas a las que ha llegado el hombre de hoy. También ayuda a alcanzar las cosas de la mente y los sentimientos, en cultura y totalidad. Por tanto, el mundo donde reina la soledad, la incomunicación, el secuestro, la tortura, la muerte, la violencia, el odio, el terrorismo, la guerra, la miseria de la naturaleza humana, se convierte en material del creador. Los griegos pensaban que el arte debe educar a su pueblo; y el creador ha de ser profeta de su Destino.

Como la lengua, el arte nace de lo más profundo del ser humano; hace referencia a los escombros de los sueños, los desfiladeros de las pesadillas, los pliegues de los mitos, al sentido de la verdad, que tejen el mundo del hombre. Esto nada tiene que ver con el concepto de Progreso. En la danza del tiempo, del azar y el destino, nos damos cuenta que el arte no progresa, como no progresan los sueños, las mitologías o las pesadillas. De ahí la necesidad del verdadero espíritu revolucionario, que exalta el “Yo” concreto, la subjetividad y, el interior del hombre.

El que se rebela contra la masificación y objetivación del ser humano, y cómo la ciencia y la técnica lo han convertido en plataforma de lanzamiento. Estamos en los frontispicios de una civilización que termina –el acabamiento normal de una cultura–, como pensó Oswald Spengler. El arte y la filosofía entonces se erigen como algo fundamental, para comprender las civilizaciones actuales. Son alimento espiritual, goce para los sentidos y ejercicio intelectual.

Los artistas y los pensadores, son los que trastornan las normas establecidas, el orden jurídico o la moral ordinaria; por eso son mal vistos por el “statu quo”, el Estado y sus instituciones. En este mundo de alta civilización técnica y de irracionalismos políticos, de neo-nacionalismos exacerbados y fundamentalismos religiosos, ideológicos o, de militarismo, la conciencia crítica del artista, del poeta, del pensador o, del hacedor de literatura, es fundamental.

En una época como la nuestra donde el hombre es capaz de todos los extremos; de violar la dignidad del otro, de asesinar en masa o, alcanzar la grandeza más sublime: morar al lado de los dioses o, de hundirse en el hoyo profundo y oscuro de la desesperanza o, la muerte. De encarnar las perversidades más degradantes de la condición humana. La estética se convierte en algo importante para percibir la vida, el mundo y la realidad, con la sensibilidad, la inteligencia y la cultura en general. Los artistas al referirse a la existencia, trascienden sus propias limitaciones y perversidades. Porque “sus obras se levantan sobre la sangre y el estiércol de esta triste humanidad como inmaculadas estatuas que miden hasta dónde puede llegar el espíritu humano”.

No olvidemos que, durante el siglo XX, y ahora, a principios del XXI, el hombre alcanzó en física, en biología, en neurofisiología, biotecnología, astronomía, nano-ciencia, tecnologías, Inteligencia Artificial, neurociencia, y en las ciencias del lenguaje y del aprendizaje, etc., las cuotas más altas. Pero también alcanzó la ignorancia más profunda sobre las sabias ideas del bien y el mal, la muerte y el infortunio, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo. Olvidó el principio que: “La estética es la madre de la ética”. Que el tejido vivo de la existencia se basa en los pilares de la ética.

Es en la esfera “de la ética –nos recuerda Hermann Cohen-, donde se da la correlación entre Dios y el hombre, y sólo puede darse si entra en juego la correlación entre el hombre y el hombre que ella misma incluye. Hasta ahora, la esfera religiosa ha representado para el hombre, una vía de acceso a lo interior, invisible y Absoluto, de la existencia individual”. Estas imágenes se convierten, en conductos a través de los cuales, las verdades místicas revelan lo sagrado de lo cotidiano.

Por eso el hombre tiene una relación especial con el mito, el rito y la simbología sagrada. El poeta lirico de la Grecia clásica del siglo VI, Píndaro, legó, que el sentido místico del rito era fundamental en la vida del ser humano.

En estos tiempos desacralizados y materialistas, donde predomina la fuerza, la violencia, la guerra, la discriminación y la muerte, parece que el ser humano rechazara la magia que posibilita el sentimiento de lo sagrado; escuchar el latir de lo eterno; sentir el instante donde la jovialidad recobra su belleza; o, que “el prójimo en sentido propio”, sea el único ser “que anuncie la exigencia ética de ser tratado como otro yo mismo”. Por eso el sentido de las religiones es reunir y, al mismo tiempo, unir al hombre con el otro hombre para participar de la felicidad, del amor y la vida eterna, como expresión religiosa de la moralidad.

De esta relación mística y divina del ser humano con lo eterno, se intuye que la fe convulsiva, agresiva, discrimina la otredad, esto es, la raza, la lengua, los ritos, los símbolos, los estilos de vida diferentes, y produce odio, dolor, sufrimiento y muerte. El martirio es el medio del sufrimiento, del dolor y la muerte. En la época actual el “tipo” de religión y de política agresiva, violenta, que incrementan el odio, la discriminación y la muerte, son anti-humanistas. Porque no son tolerantes, inclusivos, fraternales, solidarios y amorosos, en la vida privada y pública.

Dentro de cincuenta años a nadie le interesa el gobernante en la actualidad, sino lo que el pensador o el filósofo, el novelista o el poeta dijeron sobre la realidad y el mundo, la historia y el mito, el tejido vivo de la existencia y la trascendencia. Eso que Hannah Arendt llamó Condición humana.

En la época nuestra, por ejemplo, la sacralización del orden de las cosas; una cierta sacralización que los instrumentos técnicos y la imagen en movimiento, han secularizado; está trastocando el mundo que vivimos en algo detestable, siniestro y digno de admiración y respeto. Es necesario en la actualidad que, las esferas de la ética, de la moralidad y de la estética, restauren la textura de la realidad, del mundo y de la existencia en general.

Así que, todo lo que permanece en el hombre, es una parte del Absoluto que mora en el interior de él. El sentido de la belleza, el amor, la amistad, la fraternidad, la veneración, la simpatía de los grandes poetas de la humanidad, lo confirma. Sí Dios insufló al hombre Espíritu, Vida y Lengua; derramó en él poesía sublime y trascendente. Un sentimiento sagrado que acompaña al ser humano desde el Génesis.

En ésta existencia tan desdichada y desacralizada que vivimos, se hace necesaria esa sabia mitología que permita al ser humano desandar lo andado, para captar los fragmentos de la Divinidad. Para que se desvelen los enigmas de la condición humana. He ahí la literatura, la religión y la filosofía, enfrentándonos a nuestro trágico destino de animal lingüístico, equivoco y multívoco; y, a la vez, ser un animal metafísico. Es decir, animales fronterizos.

Ernst Jünger expresó en la Tijera: “Desde los inicios se tuvo conocimiento de que no podemos saber ni de dónde venimos ni a dónde vamos y se sospechó que nuestro estar aquí en la Tierra, nuestra presencia en ella, es tan sólo una breve interrupción del camino”.