viernes, 30 de octubre de 2026

 

                          LA FRAGILIDAD DE LA EXISTENCIA ACTUAL  

                                                   Madrid-España a 30/10/2026     

                            “La libertad es la pregunta más seria del hombre”

                                                        Imre Kertész

                                        Premio Nobel de Literatura húngaro.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Sabemos que las transformaciones en la Cultura y la Civilización Occidental moderna, inciden en la Condición humana: la vida, el nacimiento, la pluralidad, la muerte y la Tierra –tal como lo dijo Hannah Arendt. Porque el nacimiento trae consigo un nuevo empezar, un renacimiento de la vida individual o social del ser humano. Que a la vez interroga y trasciende lo establecido como límite o como verdad. Por eso los regímenes totalitarios detestan un nuevo nacimiento en el cuerpo social. Ese nacimiento puede ser el germen de la subversión o el derrocamiento de lo establecido como verdad. Pero ante todo y, sobre todo, que cuestiona la solidez del Estado y las instituciones políticas, sociales, jurídicas o culturales de la sociedad. En otras palabras, interroga la solidez de las verdades establecidas como tales.

Así que, los espejismos que establecen los poderes actuales, falsifican y distorsionan la realidad y los fines de la vida. Los que ejercen el poder saben, que establecen cambios en la naturaleza viva de la existencia, en los pliegues más finos del ser, su naturaleza óntica y epistémica, ética y estética del ser humano y las sociedades. Porque la ontología trae consigo una nueva voluntad de poder y de saber. Soberana y autónoma, tal y como ahora se la entiende, marca las directrices de la existencia individual y de la vida en general.

Aunque la razón última del ser humano no pueda satisfacerse dentro del devenir histórico, y esté acosado por el dolor y el sufrimiento, el hambre y las enfermedades, la indigencia y la soledad. El ser humano ha de tender a la interrogación, al borde del mundo, a la justicia y la libertad. Así, al devenir de la existencia como experiencia hasta la frontera de lo trascendente; allende del espacio y del tiempo terrenal, es decir, de la existencia humana. Como dijo Eugenio Trías: “Este hallarse referido a la trascendencia o a lo imposible sólo lo sabe y experimenta el habitante de la frontera”.

El ser humano sabe que siente el vértigo de la frontera, un más allá, tener puesto un pie en el límite o frontera y otro avanzado hacia el límite de lo que trasciende. Asimismo, se revela que la existencia individual y social del ser humano, no se reduce a lo establecido como verdad, como legítimo y como legal. Porque ninguna vida, absolutamente ninguna, puede sustraerse a las potencias del espíritu, de la sana razón, de las experiencias comunicables y del lenguaje. Ya que en estas esferas ha de consolidarse la libertad venidera.

Lo ineludible del Sistema Capitalista de Rendimiento que arrastra el temor, el sufrimiento, y se manifiesta con claridad, cuando observamos esas vidas atormentadas y míseras, comprimidas en un breve espacio de tiempo. Porque la cultura de la productividad y el rendimiento, no le deja tiempo para sí mismo y los otros que lo rodean. Y, la vida se impregna de desolación, angustia y enfermedades emocionales, que convierten la vida en almacén de existencias. De ahí que ningún ser humano pueda eludir las congojas del presente, salvo si se encuentra a su altura y conoce las fuentes de donde emanan sus fintas.

Es cierto que en épocas de seguridad tendemos a olvidarlo, pero lo recordamos tan pronto se torna visible la zona de los elementos y las fuerzas del Gran Poder Tecnológico. “Los hombres de hoy nos hallamos inmersos ineludiblemente en esa zona y no podemos sustraernos con ninguna especie de ilusión óptica o auditiva”. Somos habitantes de la superficie de sus fenómenos y esto devela cuan frágil es el ser humano ante las potencias de lo elemental, lo técnico o lo divino. En este las ilusiones ópticas o auditivas son sólo espejismos que nos hechizan y no deja percibir la verdadera realidad. En ese umbral donde lo elemental, lo técnico y divino, excede a la vida deleznable y finita, reconocemos nuestra mísera fragilidad.

Reconocemos que más allá del muro del tiempo se oculta algo sublime y misterioso, que el hombre es incapaz de discernir en su totalidad.

Por el predominio del Estado técnico, de los instrumentos técnicos y del Neo-liberalismo de Rendimiento, a fines a las selectas minorías tecno-oligarcas, el hombre está siendo despojado de su fortaleza, la libertad y la psique, y se entrega desnudo y solitario a poderes fríos e insaciables. A demoniacas fuerzas que en la época actual han tomado rostro de nuevo. Por este estado de cosas, el espectro fantasmagórico de la cultura y la civilización actual, los instrumentos técnicos, la velocidad, las máquinas, el tejido artificial de las comunicaciones y las informaciones, siembran los campos, los pueblos, las ciudades de temor, sufrimiento, odio, violencia y muerte. El camino que trazan se asemejan a una ruta de espanto, de baile entre rosales, de dolor y muerte.

Sin embargo, la ruta se ofrece y se constituye como el único camino posible de la existencia. Entones el ser humano presto corre al festín que brindan esos poderes nuevos, en nombre de la seguridad, la justicia, la libertad, el Estado y la autoridad. Son ídolos que arrasan con todo lo que encuentran a su paso, porque necesitan espacios para la veneración. Este no es otro, que el mundo del Titán y del colectivo titánico (del técnico y del colectivo técnico), de los instrumentos técnicos para la guerra, de las comunicaciones artificiales y de la IA. De ahí que, no es casual que, en las atrocidades del tiempo actual, desempeñe la técnica y la IA un papel significativo.

Dice Ernst Jünger que, “en los grandes cuadros del Bosco, de Brueghel y de Cranach, el aspecto de las máquinas provoca un género especial de espanto: son símbolos de la agresión disfrazada de máquina, que es la agresión más fría e insaciable de todas”. Esos lugares infernales, con sus hogueras nocturnas y sus chimeneas ardientes, se asemejan a paisajes industriales de las grandes ciudades y las guerras infernales de la actualidad. A hombres que deambulan como desechos de vida urbana, sumidos en la embriaguez, la drogadicción, la violencia, la soledad, la desprotección Total y entregados al despilfarro de vida.

En el laberinto oscuro de la existencia no existe ningún intersticio que escape al asedio. Sí la fortaleza cae y el hombre se convierte sólo, en instrumento de la ciencia, de la técnica, del dinero, de las comunicaciones digitales y de Gran Poder Tecnológico. Es posible que de paso a una nueva estructura; a una nueva ética y a una nueva estética. Porque la época actual está configurando un mundo que responde a los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento, las funciones, el trabajo, el consumo, los algoritmos y la IA.

Esta atmosfera crea una creciente indiferencia hacia los seres humanos y los valores, un hastío hacia el mundo y un retraimiento en la esfera interior. Indiferencia y hastío –dice David Frisby en “Modernidad y posmodernidad. George Simmel, primer sociólogo de la modernidad”- que pueden ser fácilmente incorporados a una más amplia estetización de la realidad, que pretende enfatizar la distancia entre el individuo y el mundo […] La reserva e indiferencia como mecanismos de defensa en la Gran ciudad pueden ser usadas más fácilmente por aquellos estratos sociales que, desde una posición social relativamente segura, están en condiciones de atreverse adoptar esta respuesta”.

Como decíamos al principio, la transformación de la Cultura y la Civilización Occidental reciente, influye en la condición humana y los valores morales existentes no responden a las necesidades y esperanzas humanas. Su lugar lo ocupa ahora otras “figuras”, los ritmos de la ciencia y la técnica, de una parte; la algarabía del mundo digital y dineral, y la fría lengua de los lenguajes digitales, por otra. Esta transformación de los valores que anunció Friedrich Nietzsche, Walter Benjamín, Ernst Jünger y Martín Heidegger, condensa y estructura una nueva voluntad de poder.

Que incrementa la consciencia del hombre actual, que no presta atención a los órdenes de valores heredados, a la memoria, la rememoración, y percibir el presente y el futuro desde el pasado. Este tipo de hombre no presta atención al mito, la veneración, al misterio y la cultura humanista, que hacen de la vida algo digno de ser vivida. Porque es un tipo de Civilización y de Cultura, que exalta el presente-ahora, la moda, el lujo, el consumo y las bellas materias. Entonces podemos desvelar que la memoria y el recuerdo es un baúl de máscaras y de palabras de colores, de imágenes fragmentadas, que se enfrentan a las potencias del tiempo actual y abstracto, para restaurar el desorden del mundo y el despilfarro de la vida.

También la rememoración y el recuerdo están presente en los mitos, los ritos religiosos y las costumbres de las sociedades.

George Steiner nos enseñó que, “la imagen que llevamos en nuestro interior de una tranquilidad perdida y unas esperanzas frustradas, tiene mayor autoridad que la verdad histórica. Los hechos podrán refutar esa autoridad, pero no eliminarla. Semejante autoridad tiene que ver con profundas necesidades psicológicas y morales”. De esta afirmación se deduce que, el Sabio sabe que la historia se muda y cambia de forma, pero lo esencial permanece. Cada una de las mudanzas significativas que acontecen en su temple vital modifica la relación del ser humano con ella. Esa relación no está fijada de antemano, ni pertenece a las fuerzas del destino. Sino que obedece en cada época a la que tiene el ser humano con el devenir de la historia y el entorno que lo rodea.

En esta alta civilización técnica y de masas en que vivimos, las narrativas de ejercer el poder político, económico, social y cultural, han cambiado. Porque las democracias y el ejercicio del poder, responden a la simulación y la mentira; más no a la realidad. Sino a lo que presentan los medios de comunicación, la radio, la prensa, las redes sociales. Porque estamos gobernados por incapaces que responden al poder real: el capital financiero, las corporaciones de inversión, la bolsa de valores, el lobby político de las empresas e industrias multinacionales, los sindicatos, y la extensa red que se oculta detrás del comediante: Presidente de la Republica, Primer Ministro, Presidente del Gobierno, etc.

Aquí se trata el fenómeno como una anomalía, porque bufones y payasos de la plaza pública, que ejercen el poder político reemplazaron a los Estadistas, las mentes brillantes que presentaban soluciones programáticas a los problemas de manera racional y objetiva.

En la Cultura Occidental la sensación de desasosiego, desamparo, de retorno a lo atávico y lo violento, estructuran las imágenes de la actualidad. Se está construyendo un mundo donde prevalece la destrucción y la renuncia, ante la alegría de vivir. Esta atmosfera que respiramos crea una sensación de incertidumbre, tanto en el pensamiento como en las acciones humanas. El cambio de la realidad por las imágenes en movimiento, la verdad por la pos-verdad, la interiorización de la violencia, del hambre, de la guerra, del dolor y la muerte, como algo común y corriente; son expresiones sutiles del carácter destructivo de la sociedad.

Este mundo en que vivimos niega el ámbito de la sentimentalidad, de la fraternidad y la solidaridad, como también el acontecer que puede llamarse acción, es decir, el orden propiamente ético, el ethos, la conducta del hombre actual.

Ahora, si algunas veces somos incapaces de contener la agresión, la discriminación o el racismo, nos invade la nostalgia, la duda, sobre la validez de la existencia y de nuestros valores. Es digno de admirar que, en medio de la crisis más feroz, del ataque a las instituciones democráticas, a las libertades y derechos individuales, a los derechos económicos y sociales, a la dignidad del hombre, al orden jurídico; pese al desempleo y el hambre de millones de seres humanos, el terrorismo y la violencia, las migraciones y la situación de los refugiados; a pesar de todo, el espíritu no se ha inclinado a una concepción catastrófica de la historia, de la vida y del mundo. Ya que negaría el precepto divino y sublime, que el sentido de la existencia no es inmanente a la Historia, sino trascendente a ella.

sábado, 24 de octubre de 2026

 

                         EL PATHOS DE LA ÉPOCA ACTUAL

                                Madrid-España a 24/10/2026

               “Cuando el lenguaje se corrompe, se resiste a la verdad”

                                                           Franz Kafka

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En las sociedades modernas predomina la sociedad de masas y la cultura de masas, los instrumentos técnicos y el tiempo abstracto (las máquinas, la velocidad, las imágenes en movimiento, las redes sociales e Internet y la IA), que responden a los principios de lo actual. Que significa ruptura con la calma peculiar del mundo natural, la vida tranquila y sosegada. Esto configura una señal que el tiempo se desvanece, se escurre entre los dedos como el agua que queremos agarrar entre nuestras manos.

De ahí el tiempo sosegado, circular, discontinuo, que enriquece las apetencias y las necesidades humanas, se contrapone a la vida de la Gran ciudad. Esto constituye un campo magnético donde la atmósfera que se respira responde al duro hierro de los días. De ahí que en las sociedades contemporáneas un desierto crece, y el fuego del espíritu y el corazón de los seres humanos se consume como una llama en el combustible de la violencia, del hambre, de las enfermedades, del desempleo, de la discriminación, del racismo, del sufrimiento, del miedo, la soledad y la muerte.

En esta época nuestra la vida es arrastrada por el dominio universal de la decadencia y del nihilismo, mediante la globalización de la técnica. La Gran ciudad “parece multiplicar las cosas que se mueven, en menoscabo de las cosas que están quietas. En verdad, todos los poderes técnicos que hoy están desplegándose son un brillo fugaz que viene de las cámaras que guardan los tesoros del Ser”.

Así que, los enjambres de seres humanos que deambulan por las calles de las Grandes ciudades, son personas en su mayoría con rostros desencajados, afligidas, cadavéricas, y la soledad, la indiferencia psicológica y el dolor a cuesta, expresan el tormento que los aprisionan. En esos lugares fríos y distantes la sociedad crea una atmósfera de indiferencia hacia el Otro. Entonces los seres humanos por la prevalencia de las relaciones abstractas y contractuales, del dinero y la importancia de los instrumentos técnicos en las comunicaciones, se distancia de sí mismo y de los Otros.

Vivimos en un mundo atroz, insensible, insolidario, con las responsabilidades que tienen las sociedades con los seres humanos. Que algunas veces los compele a la violencia, el robo, el horror y la muerte. Asimismo, el habitante de la Gran ciudad no tiene tiempo para sí, la grata placidez, la familia, la tarea de meditar, conversar, venerar, leer o escribir. Porque la algarabía de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, con el caos auditivo y el hechizo de las masas, lo convierte en un ser seducido, vigilado, numerado y convertido en objeto.

Un hombre que no tiene tiempo para sí mismo, tampoco lo tiene para la inquietud intelectual ni para mirar el jeroglífico de los cielos estrellados, ni para la espera y escuchar la voz de los dioses, se convierte en un ser atormentado y apesadumbrado. De ahí que el silencio, la conversación, las experiencias compartidas, que eran principios de sabiduría se están remplazando por el consumo masivo, el ocio vacío de contenidos espirituales, el alcohol y la droga. De igual modo, el estado de excitación nerviosa del hombre de hoy, rompe con la cadencia de todas las cosas rítmicas que son armas contra el tiempo. Por eso contra él y sus configuraciones, es contra quien luchamos en el fondo.

En el devenir de la historia, de la realidad y de la vida, el hombre ha luchado siempre contra el tiempo y sus espejismos. Es decir, contra la muerte.

Esto suscita un estado de ánimo, un ambiente desagradable. Porque trata no de cosas inanimadas, sino de vidas humanas. Este espacio hace parte del mundo del novelista, de los amantes, del poeta. También del juego, de la música, del arte o la religión. Porque ponen de manifiesto la inmensa superioridad de lo numinoso sobre lo accidental. Quienes laboran en estos parajes ayudan a los seres humanos a encontrar el camino de vuelta a sí mismo: son puerto, hogar, seguridad y libertad.

“Por ellos la vida humana se vuelve posible, la tierra se torna humanamente habitable” – al decir José Luis Pardo.

Sabemos por experiencia que la Gran ciudad es fría, gris, escamosa, y su atmósfera exhala un aire enrarecido y turbio. Su tiempo mide y es medido, excluye y suma, más no se entrega a la vida sana y placentera, a la alegría de vivir. La Gran ciudad no tiene que ver con lo sanguíneo o lo espiritual del ser humano. Para el griego antiguo existían dos tipos de tiempo: Cronos y Kairós. Cronos era el dios del tiempo cronológico, simbolizaba los días repetitivos que suceden sin destino. Es el que prevalece en la Gran ciudad contemporánea. Kairós, era el dios de lo vivido, los instantes únicos; la cultura que enriquece los contenidos del momento oportuno.

Preguntamos, ¿por qué la condensación del tiempo actual mide la felicidad con el “tener”, el “consumir” y no con “ser”? Porque las horas de la vida cotidiana están determinadas por el tiempo del trabajo, del salario, del consumo, de la supervivencia y la reproducción, que ya no es poco. De ahí que soportar el peso de la vida sobre los hombros es tarea de muchos; mientras para los poderosos las satisfacciones las tiene al alcance de la mano.

En las sociedades actuales no es la cualidad del ser lo que determina la existencia, sino el dinero, el poder, el lujo, la moda, las bellas materias, y las satisfacciones ordinarias de la vida cotidiana.

No podemos olvidar que, esta concepción del sentido histórico y de la vida del tiempo actual, se concatena con la atmósfera del Capitalismo Global de Rendimiento. Por eso en este ámbito el ejercicio del poder responde a los intereses financieros globales, las grandes empresas e industrias multinacionales, pero en particular, a los intereses políticos y económicos de las plataformas digitales y de los tecno-oligarcas. De ahí que la práctica política en las democracias parlamentarias y el Estado de Derecho, estén secuestrados por estás selectas minorías.

Sabemos que en algunos Estados se sitúan por encima de la legalidad y de la legitimidad del ejercicio del poder. Y, como consecuencia erosionan la legitimidad del Sistema democrático y la legalidad del Estado de Derecho. Cuando esto sucede las necesidades sociales pasan por el filtro de los mercados, las instituciones financieras, y los intereses de las selectas minorías de los tecno-oligarcas. Preguntamos, ¿qué desean realmente este tipo de ralea en el tiempo actual? Destruir el Sistema democrático, la libertad, el respeto a la vida y a los derechos humanos, para instaurar un Sistema político que establezca en el corazón de los hombres el infierno de lo actual.

Por tanto, “si hay algo que encaja perfectamente en la sensibilidad de nuestra época, es confundir la gloria con el éxito y la trascendencia con la inmediatez. El tratamiento humano de la muerte y la pregunta sobre la trascendencia, informa sobre la condición del hombre en cada momento. Durante miles de años, mediante el arte, la religión y la filosofía, nuestros antepasados se han interrogado sobre los límites de la existencia y el enigma de la muerte. Al deseo de perdurar le acompaña el temor a una extinción definitiva” –escribió Rafael Argullol.

En la Cultura de lo efímero que jalona los lenguajes digitales y los algoritmos, a través de las plataformas digitales, el movimiento de las imágenes, las redes sociales que implementan las selectas minorías de los tecno-oligarcas, lo trascendente, el misterio de la vida y de la muerte, se encuentran aprisionados en las redes de la Civilización del espectáculo. Que exalta lo banal y lo frívolo del tejido vivo de la existencia, del mundo y la realidad.

En este estado de cosas nos hemos ido acostumbrando que en la actualidad vivimos en el ámbito de la idolatría, del vaciamiento del espíritu y el desgarramiento de la zona de la sentimentalidad, que oscurece la dimensión religiosa, mágica, numinosa, metafísica y lingüística del ser humano. Por eso en la consciencia del hombre actual hay una especie de zozobra e incertidumbre, respecto a los límites de la existencia y la perdurabilidad allende del tiempo.

Por eso “la historia del arte desde los albores de la humanidad hasta el abstraccionismo moderno, podría ser contemplado como una visión del despliegue sutil y pavoroso, expectante y desesperado, entre la vida y la muerte”. De ahí los movimientos del pensamiento y la apreciación estética de la existencia, del mundo y la realidad, son armas que luchan contra los espejismos de la Cultura del artificio, el despilfarro de la energía vital y las potencias de los poderes actuales.

No olvidemos que la banalidad idolátrica de nuestra época necesita que los fetiches adquieran rango sagrado. Tomar consciencia que, en la sensibilidad del hombre actual, los ídolos son fáciles de construir y de derruir, olvidándolos. Se trata de despertar que, entre el mundo de la técnica moderna y el arcaico mundo simbólico de la mitología, se establecen correspondencias. Despertar que el momento prehistórico del pasado ya no queda encubierto como antes en los pliegues de la familia, de la tradición y de la iglesia.

Se trata de despertar que el lenguaje “medial” de los medios de comunicación, de las plataformas digitales, de las redes sociales, son un débil reflejo del espíritu de la lengua natural, que obedecen a relaciones de dominio, de seducción, de coacción, de fuerzas y de poder. Por eso se ubican en la superficie del tiempo actual, de la cultura y del lenguaje, ya que responden a la concatenación entre la técnica, el mundo dinerario y las relaciones de poder.

Empero, ¿qué sorprende de la época que vivimos? En lo que respecta al lenguaje, las imágenes se dotan de credibilidad y poco a poco están sustituyendo las palabras. Sus efectos son más fuertes que el sentido de las palabras; así las imágenes sustituyen a la realidad. Esto se está constituyendo en una tragedia para la cultura occidental, pero afortunadamente el hombre acude a las experiencias, la imaginación, la literatura, la poesía, el arte, la música, como memorias vivas de los pueblos y sus generaciones. Esto posibilita seguir en la brega de la existencia y confrontarla con la sana razón, los sentimientos y las “formas” del arte y de la vida.

Recordemos estas palabras de Ernesto Sábato:

       “En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero

        que el hombre escucha en lo hondo de su alma; es la fidelidad o traición a lo que

        sentimos como un destino o vocación a cumplir”.

martes, 20 de octubre de 2026

 

                                             LA HIBRIS DE LA DESMESURA

                                                  Madrid-España a 20/102026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la época contemporánea estamos saciados del despilfarro de las palabras, de las imágenes, de la existencia, del lenguaje, que incrementa el Estado tecnológico, los instrumentos técnicos y los políticos –que facilitan el “confort”, las armas para la guerra y la conversión del hombre en objeto o número-. Un tiempo como el nuestro necesita de las consideraciones humanísticas, las filosóficas, las lingüísticas y las cientifico-tecnicas. Que hagan “hincapié en la importancia de la libertad espiritual e intelectual”: la libertad de expresión, la libertad de pensar, la libertad de criticar, la libertad de escribir, la libertad de movimiento, la libertad ideológica y de creencias religiosas.

Como expresó el pedagogo norteamericano Abraham Flexner: “Ninguna de estas actividades necesita otra justificación que el simple hecho de que sean satisfactorias para el alma individual que persigue una vida más pura y elevada”.

En esta época interconectada en Red y de imágenes en movimiento, importante es, develar las relaciones de poder y el sentido de saber que ocultan tras de sí. Porque no sólo está en juego la libertad espiritual e intelectual del estudiante, sino de la sociedad en general. Estamos entregando las posibilidades de reflexionar, la capacidad de crítica, los contenidos de las experiencias, la sensibilidad estética de la existencia; aquello que eleva y dignifica la vida del hombre sobre la tierra, por unas pocas monedas de lo actual.

Sabemos que en ciertas áreas del mundo y en determinados países se está efectuando una “caza de brujas” sobre la libertad del espíritu humano que presionan a millones de personas, jóvenes y ancianos a migrar, a pasar necesidades materiales y espirituales, a sufrir xenofobia, racismo y hambre. El enemigo real de la libertad y del espíritu humano es, quien lo quiere someter a unos principios ideológicos, religiosos, políticos, de control y de vigilancia en su vida privada y pública. Que se sitúe en un nivel irreflexivo e instintivo que responda al llamado de la voluntad y las relaciones de poder.

En esta época de alto desarrollo técnico, de cultura de masas y de sociedad de masas, la justificación de la libertad espiritual, sin embargo, no se puede desconocer o abolir en nombre de las tecnologías de la información (la informática más telecomunicaciones), así que, la tecnología del proceso de datos y las telecomunicaciones eléctricas informatizadas hacen inevitable la conjunción entre el poder y el saber. El filósofo Michel Foucault dijo: “El poder crea saber y el saber crea poder”.

Estos elementos estructuran un tejido de relaciones de fuerza, que se distribuyen en las redes sociales y las instituciones. En suma: el espíritu de la lengua responde a la economía del poder. De ahí que las personas formadas para pensar se convierten en algo incómodo para los que ejercen el poder. El filósofo, el artista, el poeta, el escritor, el músico, el dramaturgo, el pensador, entre otros, son la voz de los que no tienen voz. Son la conciencia crítica del mundo y de la realidad, frente a los “centros de poder” distribuidos en las redes globales y las plataformas digitales. Son seres política y socialmente repudiados por el Sistema y los guardianes del “status quo”.

Por esa razón, considerar la preocupación por la condición actual y la vitalidad futura del lenguaje y la política. Esto induce a pensar que se están verificando las investigaciones iniciadas en Alemania por Karl Kraus y Fritz Mauthner sobre la crisis del lenguaje. Estamos acaso en un nuevo renacer de la retirada de la palabra y sus consecuencias en la condición humana. De ahí que el fracaso de la palabra en la actualidad, tiene un efecto social, psicológico y ético, en el ser humano y el cuerpo social.

Debemos tomar consciencia que el mundo de la palabra que heredamos de la cultura greco-hebraica y del humanismo burgués, se está deshaciendo como hongos podridos en la boca, dando paso a la barbarie y a la animalidad política. Esto es traumático en la conducta y escritura del pensador, del novelista y del poeta. Porque tienen la visión que la herencia de la Cultura y la Civilización de Occidente, se está remplazando por la violencia, el hambre, las migraciones, la xenofobia, la discriminación y la guerra.  

Porque la intolerancia política, el autoritarismo, el neo-fascismo, el populismo de principios del Siglo XXI, está afectando los contenidos espirituales del lenguaje y los cimientos de la Cultura de Occidente. A su vez, los magos de la palabra sitúan la objetivación de las relaciones humanas, el desgarramiento del Yo interior, el fanatismo y la animalidad política en la actualidad, en los centros vitales de la cultura occidental. De ahí que las catástrofes estén acompañadas por la fanfarronería de los sub-lenguajes, de las sub-humanidades y los lenguajes artificiales, que se concatenan a la Cultura del artificio.

Esta degradación del lenguaje es descrita magistralmente en las obras de los novelistas, de los poetas, de los músicos o, de los narradores de historias. Porque sí se observan como algo coyuntural equivale sencillamente a no comprender lo que sucede.

Debemos ser conscientes que, a consecuencia de la barbarie política y tecnológica en la actualidad, del mal uso del lenguaje, al servicio de los políticos y el Gran poder de las tecnologías de la información –se tiraniza la palabra, se viola la intimidad, la libertad y los derechos humanos, políticos y sociales del individuo y del cuerpo social. Estas transformaciones del espíritu lingüístico del ser humano, intensifican los procesos de falsificación en los asuntos públicos y privados, que siempre forman parte de las difíciles relaciones entre lenguaje y el ejercicio del poder.

Así pues, el legado de los vestigios de la barbarie política en la actualidad, son de suma importancia para el creador, el pensador o el artista. Porque es desde los escombros de la cultura, los símbolos, los relatos, las narraciones de historias, los fragmentos de los misterios o rituales olvidados. Desde donde se “reinscribirá” la memoria y la historia de las vidas dislocadas. Se tiene la sensación que el ser humano ha tocado fondo nuevamente y lo que deja a la vera del camino son esquirlas de huesos rotos, destrucción de la naturaleza, el fuego abrazador de las guerras actuales jalonadas por los instrumentos técnicos y la inteligencia artificial.

Pero ese diminuto y frágil ser humano, dotado de sentimientos, imaginación, sensibilidad, experiencias, pensamientos y lenguajes, se enfrenta a los desafíos de la época y los superara. Como hace en la actualidad con los desafíos ecológicos y del cambio climático, los desafíos que genera la inteligencia artificial y, en particular, a los desafíos de la violencia, del odio, de las migraciones, la xenofobia, el racismo y las guerras nacionales e internacionales.

Se deduce de este estado de cosas, que donde reina la oscuridad, la mentira, el miedo, el sufrimiento, el horror, la amenaza, la sangre, la muerte, la uniformidad del lenguaje, la objetivación de la vida, la poesía se convierte en fuente de información. Como dijo George Steiner que “el poema es una conspiración en presencia de todos”. El lenguaje poético, la cadencia de la palabra, las cosas rítmicas, en circunstancias históricas donde la libertad y la vida se encuentran constantemente amenazadas, se transforman en crítica, crítica de la condición humana y de la política.

Son los creadores los que en la sociedad contemporánea se convierten en guardianes de la esperanza, la libertad, para que el lenguaje sobreviva a la muerte. Nos recuerdan que el poder pertenece a lo histórico, a lo accidental, el arte, en cambio, a lo eterno y a-temporal. Sí el arte y la literatura ayudan a precisar la individualidad; así mismo toda “elección estética constituye algo individual, entonces la experiencia estética es siempre íntima”. Además, “cuánto más rica sea la experiencia estética de una persona, más sólido será su gusto, más agudo su enfoque moral, y más libre podrá ser él”.

Por eso, la estética fortalece la individualidad y precisa la libertad, contra la esclavitud y la servidumbre. “Es posible que la comunicación verbal desempeñe ahora un papel menos importante y creativo en la vida de la conciencia. Códigos no verbales como las matemáticas controlan y definen gran parte de la realidad, y debido a los criterios de evaluación de la literatura, es posible que esos códigos impongan su realidad a una cantidad cada vez mayor de personas” –dijo George Steiner, en el texto “El castillo de Barba Azul”.

De forma análoga va creciendo la prioridad de los lenguajes del artificio y poco a poco van remplazando las profundas estructuras de la gramática del habla. No resulta extraño que las palabras abarquen un espacio cada vez más reducido de la realidad del espíritu y del mundo. Que algunas veces no sean capaz de dar sentido a las esperanzas y a las necesidades humanas. Porque esto se convierte en tormento moral para las conciencias despiertas.

Además, somos parte de un mundo que vive bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el descrédito de las instituciones, el nepotismo político, las injusticias sociales, el racismo, el nacional-populismo, la crisis económica y financiera internacional, son apenas señales de la quiebra de los valores públicos y la disolución de las referencias colectivas. Esta atmósfera nos deja perplejos e inermes, porque las pautas y los puntos de referencia a los que nos agarrábamos, se están disolviendo. Esto se concatena en otras instancias, a una implícita añoranza de la coherencia moral y del Yo concreto.

Entonces vislumbramos la catástrofe que se viene sobre el hombre. Una catástrofe que dañará nuevamente los centros vitales de la cultura y la civilización occidental. Este acontecer inexorablemente repercutirá en el lenguaje, ya “que rechazar la semejanza entre los hombres; consiste en rechazar el principio fundamental del Humanismo” –al decir de Walter Benjamín.

En este orden, la economía del poder es consciente que un modelo autoritario y uniforme de sociedad, aspira a dominar la consciencia y el alma de las personas. En un tipo de sociedad como ésta se tiraniza, se manipula, se vacían deliberadamente las palabras de sus significados esenciales. Estos cambios permiten que se transforme el orden de la existencia -la libertad en esclavitud, la esperanza en desesperanza, la paz en guerra, el amor en odio, la libertad de expresión y de prensa en miedo, la tolerancia en xenofobia, la vida en muerte.

Así que, algunas naciones y Estados de corte nacional-populista de derecha en la actualidad, se ponen la máscara de la libertad para implementar la desconfianza hacia el Otro, la defensa de la lengua, de la cultura y las tradiciones nacionales, en nombre de la discriminación, la tortura, el racismo, la libertad de expresión, de ser y estar en el mundo y su realidad. Y esto es sumamente grave que se de en sociedades abiertas y de Estados democráticos Social de Derecho.

Estamos viviendo en la actualidad que algunos Estados y Gobiernos, individuos y sociedades, políticos y partidos políticos, incrementan actitudes racistas y excluyentes contra el inmigrante, las minorías étnicas y religiosas, en Europa y Estados Unidos. Y, ahora en algunos países latinoamericanos donde gobiernan partidos de derecha. Observamos que la justicia, la política y la administración pública y privada, esté al servicio de los políticos, de los partidos, de las grandes corporaciones y las élites de las plataformas digitales. Esta degradación política, social, moral y cultural, no es un fenómeno aislado, sino que obedece a las corrientes de pensamiento, de praxis política, económica y militar, que responden a las apetencias de los poderosos.

Asimismo, el devenir histórico muestra hoy día, que la crítica del lenguaje nos enfrenta a otros actores. A la alta civilización tecnológica, a la sociedad de masas y a la cultura de masas, al lenguaje político banalizado por la primacía de la imagen y el signo, y la importancia de la IA. Un ámbito donde se entrelazan los signos de unificación común. Un lugar donde el pensamiento y el escrutinio del espíritu salen mal parados. Así pues, los “grupos de poder” hacen del lenguaje un “instrumento”, donde la “situación política o social dominante urge idealizarse a sí misma para justificar así moralmente su existencia”.

Desde una perspectiva política la crítica del lenguaje en el siglo XXI, posibilita develar que, en todas las épocas de la humanidad, han existido embaucadores, demagogos, los que en nombre de la verdad y de Dios, se convierten en falsarios de la historia y del lenguaje. O, de la memoria verbal de los pueblos y las naciones. En una época se ponen la máscara del revolucionario o del conservador; en otra la del progresista o reformista de la sociedad. Pero en nombre de sus principios o ideales, se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad, lo cual no es tan raro como parece.

 

 

 

viernes, 16 de octubre de 2026

 

                                                           Las Guerras Híbridas

                                                        Madrid-España a 15/10/2026



Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

La modernidad se caracteriza por los principios de la Ilustración y, la importancia de la ciencia y la técnica en las sociedades diversificadas. Las guerras híbridas han existido siempre, en la actualidad las tecnologías, la revolución en los medios de comunicación de masas, la cultura de masas y la sociedad de masas, revelan su nuevo rostro. Se caracterizan por ser conflictos de baja intensidad que no son pacíficos, pero tampoco son violentos. Porque el umbral en el que se ubican sus actores se sitúan entre la paz y la guerra.

Gobiernos que utilizan una pluralidad de variables, la manipulación de la información, la ciberexpiación o, la ciberagresion, ataques con drones, armas de recursos estratégicos que afectan la infraestructura o la administración pública del Estado agredido, entre otros. Por eso, el campo de batalla son las sociedades diversificadas o, las mentes de los ciudadanos, como sucedió en la campaña presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton, por parte de Rusia. Y, ahora la injerencia de Trump en la campaña electoral en Brasil. O, la ingerencia de Rusia en Polonia, Letonia, Lituania, Estonia o Finlandia, etc.

Observamos en el mundo actual cambios generados por las nuevas tecnologías de la información, que inciden en la seguridad de los Estados de diversas maneras. Convertir uno de los pilares fundamentales de las democracias modernas como la libertad de expresión, en una debilidad. Además, convertir la verdad en una pos-verdad, es decir, que las nuevas tecnologías difunden noticias falsas como verdaderas. También las guerras directas como la de Rusia y Ucrania, que alteran el contexto geopolítico y estratégico que desestabilizan una región. Particularmente el ataque directo o indirecto a los Estados y las democracias occidentales.

Así, los lenguajes y las armas digitales sirven a China y a Rusia, para cuestionar el liderazgo de Estados Unidos, de Inglaterra y de la Unión Europea, con tácticas asimétricas obviando las frontales. Provoca entre otros en las zonas “calientes” una intensa actividad de las variables correspondientes. Ahora, ¿qué buscan China y Rusia en Occidente? Fortalecer sus intereses nacionales debilitando al adversario. De ahí que utilicen tácticas y estrategias diversas: a través de partidos nacional-populistas o, ataques directos para crear desconfianza en las instituciones democráticas occidentales, y debilitar el Sistema o, la Estructura en su conjunto.

A la vez, romper la unidad de los Estados aliados, penetrar en las mentalidades para crear zozobra, angustia y miedo en la sociedad, promover líderes de derecha o de extrema derecha, nacionalistas o populistas, que generen daño a las instituciones democráticas, como hizo Carles Puigdemont en Cataluña al Estado Español. Como también hizo Orbán a la UE en Hungría mientras gobernaba.

En el siglo XXI adquieren relevancia por razones geopolíticas, estratégicas y tecnológicas, las migraciones orquestadas por Estados para desestabilizar a otros y crear zonas de tensión en las fronteras. La migración es una variable de las guerras híbridas, el uso de inmigrantes para crear problemas al adversario. Como hizo Bielorrusia en la frontera polaca o Marruecos jalonando la llegada a Ceuta de miles de inmigrantes, para fomentar la polarización de valores e intereses, de los Estados de la Unión. Que dan espacios de maniobras a partidos que desestabilizan el orden institucional nacional y de la Unión Europea. En el fondo, buscan agrietar las bases del Estado democrático Social de Derecho. Bielorrusia y Rusia fracasaron en sus objetivos; porque lo que buscaban era debilitar la Unión Europea y la unidad dentro de la OTAN.

Ahora bien, con el primado de la técnica en las sociedades diversificadas y de los medios de información, incentivan la propaganda, la mentira, la desinformación, la agitación de la opinión pública, la difusión de bulos, en un entorno donde se ponen en práctica tácticas y medios diferentes a los del pasado. La interconexión en el mundo global permite infinitas posibilidades en las esferas de la información, donde confundir y crear un tipo de receptor, anula suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. Como la capacidad de asombro, de análisis, de crítica o de juicio, sobre los hechos históricos, los fenómenos naturales o las acciones de los seres humanos y de los que ejercen el Gran Poder. De ahí que el desarrollo técnico y la inteligencia artificial, amplifican la polarización que tiene efectos negativos y destructivos sobre la seguridad nacional.

En la actualidad el mundo del ciber y de la información rápida y simultánea, rompen con los paradigmas del pasado. Estas variables han penetrado hasta los átomos del cerebro y el tejido del espíritu, que alteran la concepción del mundo y del ser. Así que, el ciber es espacio y herramienta de violencia o de guerra. Existen tres umbrales del ciber: la del espionaje, la del sabotaje y el chantaje. Que van desde el control de las mentalidades de una sociedad hasta actos criminales.

La dificultad es la identificación y la atribución de las autorías, que dejan afluir márgenes de dudas y ambigüedades. Son ataques a ministerios, empresas, industrias, o bloquear las conexiones de telefonía móvil o ataques a infraestructuras civiles, en Estados Unidos y la Unión Europea o, Australia. En otras palabras, a sistemas de infraestructuras críticas del Estado y la sociedad.

Desde otro umbral emergen los recursos estratégicos, como el petróleo o el gas que se convierten en elementos de presión o chantaje por parte de Rusia; las tecnologías punta por parte de Estados Unidos frente a China, impidiendo el acceso a sus empresas. Ahora el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Estados Unidos e Irán. También el uso del dólar como divisa de referencia en reservas y sistemas de pago, por parte del Gobierno de Washington como herramienta de presión. Estados Unidos ha recurrido a ella como instrumento de presión ante países como Corea del Norte o Irán. Pero no ha sido utilizada a gran escala frente a Grandes economías.

Los expertos definen estas variables como “armas de perturbación masiva”, que rompen con las dicotomías del pensamiento occidental: lo público y lo privado, lo legal y lo ilegal, la guerra y la paz, lo militar y lo civil. El reto de las democracias occidentales consiste en crear y desarrollar mecanismos de defensa que impidan agrietar sus valores fundamentales. Desde Bruselas se están ideando dispositivos para dotar a los ciudadanos de las claves para afrontar la guerra de la desinformación, la mentira, la manipulación, la simulación y el miedo. Como sucede en países como Letonia, Estonia o Polonia. Sabemos que la tarea no es fácil para controlar o desarticular las “armas de perturbación masiva”.

Preguntamos, ¿dónde se librarán las guerras del presente y del futuro? En la Red. Y sus protagonistas son Internet, las Plataformas Digitales, TikTok, X, YouTube o Instagram. Pero la guerra del futuro no la definirá la Inteligencia Artificial que monitorea un dron o un tanque que masacra a pueblos y ciudades, a personas inocentes (ancianos, adultos y niños), sino la capacidad del Dictador, del Autoritario, del Jefe de Estado o, del Sátrapa, de manipular lo que pensamos y lo que somos.

No culpemos de todo al algoritmo, los aparatos son y no dejan de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior. El ser humano es quien ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos o bien darles un sentido nuevo. Es posible hacer saltar las cadenas de la técnica y quien puede hacerlo es la persona individual.

La Red es el nuevo frente de batalla y lo vemos en la guerra de Ucrania, de Irán y Estados Unidos, de Israel y Palestina o el Líbano donde los lenguajes digitales trastocan la información del presente y del futuro, en el campo de batalla. Eso no evita que cientos de ancianos, hombres y mujeres, buenos y valientes vuelen por los aires como una costra seca. Vemos que Anonymous como si fuera una brigada internacional ha salido en defensa de Ucrania frente al Ciber Sátrapa. En esta guerra atroz como en todo tipo de violencia, los hackers se convierten en agentes fundamentales para salvar la democracia y la libertad. Como dice el analista de datos del diario El País de Madrid-España, Kiko Llaneras:

Ha cambiado la inteligencia bélica y mucha información relevante ya no la aportan espías ni satélites militares. Son recursos al alcance de cualquiera, como los mapas de tráfico de Google. De ahí que se multipliquen los expertos en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT). Que se dedican a recolectar, analizar y tomar decisiones con estos datos.

Muchos analistas creen que Vladimir Putin cometió errores de cálculo al planear la invasión a Ucrania. Uno de los errores fue subestimar las consecuencias de un ataque que iba a ser emitido en directo, por gente corriente y celebridades. Gracias a la ubicuidad de las cámaras, la capacidad de las redes para amplificar y al escrutinio colectivo, para Putin ha sido imposible ocultar la realidad del campo de batalla.

Preguntamos, si el Presidente de Ucrania no hubiese inundado las redes con mensajes de resistencias, ¿hubiera eso cambiado la guerra? ¿habrían sido tan rápidas y decisivas las sanciones de Occidente sobre Rusia? ¿los bombardeos rusos serían peores, si Putin no supiera que, una hora después del ataque las imágenes de la barbarie recorrerán el mundo?

Como escribió John Thornhill en Finalcial Times : Ucrania ha movilizado la sociedad civil y hay una colaboración entre su Estado y la gente. En cambio, el Estado ruso domina casi toda su comunicación. Es una competición entre una red horizontal y una estructura vertical, entre un coro y un megáfono.

Como dijo Bertol Bretch en un poema:

                                  General, el hombre es muy útil.

                                  Puede volar y puede matar.

                                 Pero tiene un defecto:

                                 puede pensar.

A los nuevos Sátrapas, como a los viejos, deben derribarlos sus pueblos.

miércoles, 14 de octubre de 2026

 

 

 

                                                             ¿Por qué es importante leer?              

                                    Madrid-España a 07/10/2026                 

 

“Numerosas son las maravillas del mundo; pero, de todas, la más sorprendente es el hombre”.

                                                                              Antígona.

 

“El ser humano, en tanto que ser político y no sólo productivo, carga consigo la preocupación en torno a la preservación del mundo”.

                                                                             Hannah Arendt.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

“En verdad vivo en tiempos sombríos”: son palabras de Bertolt Brech. Sugiere que los tiempos sombríos no son solo de horror, de dolor o de sufrimiento, sino también de confusión, pues la palabra o la teoría ya no vienen en nuestra ayuda. Así mismo, Hannah Arendt en su colección de ensayos, Hombres en tiempos de oscuridad, sugiere que el espíritu humano camina entre tinieblas. Donde las formas tradicionales de explicación ya no explican nada, esto no significa que no podamos dar con ciertas formas de iluminación que nos permita acercarnos a lo real.

Ahora para comprender el fenómeno humano, no sólo bastan las ciencias sociales o la mirada científica, sino también la iluminación de la palabra. O, dicho en otras palabras, la iluminación de la lectura, la imaginación y el lenguaje. Por eso, no podemos olvidar lo que la aproximación de la palabra, la narración, posibilita con los hechos reales. En este orden, la lectura, el relato, el poema, serían, en ocasiones, caminos de aproximación a la vida y a los hechos históricos.

De ahí nos recuerda Arendt que “la ruptura de la tradición es un hecho consumado”. Esta cadena de catástrofe empieza con la Primera Guerra Mundial y alcanza su punto máximo con el totalitarismo del siglo XX. Como apunta ya en su artículo sobre Hermann Broch, se trata de “la ruptura de un mundo que si se ha mantenido unido y ha conservado su sentido no ha sido gracias a sus “valores” sino al automatismo de sus costumbres y sus clichés”. Por eso la lectura y la palabra ayudan en medio del caos y del horror, a desenmascarar ese mundo, a encontrar la iluminación. Porque permiten a los hombres bajar a las profundidades de la Cripta donde mora la palabra.

Asimismo, nos recuerda Ernst Jünger: “Si se quiere que la palabra sea eficaz, entonces en ella ha de permanecer siempre la magia. Ahora bien, esta ha de ser soterrada en las profundidades, en la Cripta. Encima de ella se alza la bóveda del lenguaje hacia una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva a la palabra. La parte de la palabra que suscita el movimiento puro, ya sea de la voluntad o ya sea de los sentimientos, tendría que desaparecer en provecho de la otra parte, la que desvela el núcleo milagroso del lenguaje”.                                                                                             

El lenguaje y la reflexión posibilitan, entre otros, “distinguir entre la cultura y la técnica”. Porque se constituyen en “presupuestos de pulcritud espiritual, como lo es asimismo entre el creer y el saber”. Así, “los éxitos políticos y económicos aceleran la superficialización”; favorecen el consumo, la estadística y la manipulación de la consciencia. La lectura, en cambio, precisa la individualidad, interroga la subjetividad y alimenta a la conciencia, para que el ser humano sea más libre, justo y ético. Permite percibir en épocas de transito como las imágenes sustituyen al sentido; y, como prevalecen los hechos significativos sobre los actores insignificantes.

Sabemos que lo bello, lo agradable, lo sublime, habla a los hombres, los interpela en el tiempo y el espacio. De ahí que, el “lenguaje del artista esté en su obra”. Una novela, una sinfonía, un cuadro, un ensayo, un poema, si está bien logrado exalta la condición humana, las angustias y las preocupaciones, las alegrías y los sufrimientos, el odio y el amor, el sueño y la vigilia, para que el lenguaje interrogue al mundo y a la naturaleza humana. Es propio de la condición humana desafiar al tiempo con la creación de actividades que permiten disfrutar a los hombres de cierta cuota de inmortalidad: entre estas encontramos la política, la historia, la filosofía, el arte.

Así, que, en la estética de Kant vislumbramos estas palabras: “En lo bello, sin embargo, aparece el mundo, no la humanidad sino el mundo habitado por el hombre”. En consecuencia, no son los conceptos sino las imágenes, las intuiciones, la experiencia, la imaginación, la metáfora, los que posibilitan ir allende del tiempo y el espacio. Son figuras que permiten al ser humano interrogar y enfrentar el mundo en el que vive; para que éstos den frutos en uno más humano, más libre y más justo.

Ernst Jünger nos recuerda que “el fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia”. Así, la petulancia toma figura en los inventos técnicos, el consumo, la velocidad, la política o la economía. En tiempos de desiertos espirituales, de oscuridad que nubla la imaginación, es necesario andar por los caminos de la lectura, el lenguaje y el pensamiento. Porque posibilitan el encuentro con lo numinoso, lo mágico y trascendente, que mora en todos y cada uno de nosotros.

En la época actual se trata de la diversidad, la heterogeneidad que posee la fuerza inimaginable que reposa en sí misma. Aquí “el modelo es más fuerte que la copia, el mito es más fuerte que la historia; esta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas”. Arendt expresa que los escritores y los artistas que le interesan son aquellos cuya obra “no mira hacia atrás ni con nostalgia […] ni constituye una certificación “del lamento ante lo que se ha perdido, sino de la expresión de la propia perdida”.

Asimismo, Walter Benjamín en este orden dice: “¿De qué peligro son salvados los fenómenos? No sólo ni principalmente, del descredito y el desprecio en que han caído, sino de la catástrofe que representa determinada manera de trasmitirlos “celebrándolos” como “patrimonio”. Son salvados cuando se evidencia en ellos la fisura. Hay una tradición que es catástrofe”.

Asimismo, “tiene razón Heráclito: nadie cruza dos veces el mismo rio. Lo que en ese cambio hay de misterioso es que responde a las modificaciones de nuestro interior”. Son transformaciones que tienen que ver con la parte curativa de nuestro interior, –“somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro estado interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros”.

Ahí reside el misterio de la palabra, lo mítico, lo religioso, lo mágico, que expresa el espíritu, el lenguaje y la experiencia. Esto permite darnos cuenta que no somos ajenos a lo que hemos sido y a lo que somos en la actualidad. Porque sus contenidos espirituales nos posibilitan que nos movamos en el interior de nuestro elemento. “De ahí que sea también importante el que trabajemos en nosotros”. Que nos valgamos de la lectura, la escritura y el lenguaje, para alcanzar la categoría de persona.

El mundo del artificio y trivial en que vivimos, da prioridad a lo “Siempre-Igual”, al “Aquí-Ahora”. De ahí que, la publicidad, las redes sociales, la producción en masa y el consumo, posibilitan que se acumulen cosas vacías como escombros de la Naturaleza y de la Vida. Así, la pobreza de experiencia, del lenguaje o del pensamiento, incrementa la velocidad y mengua el espíritu que afluye a los hombres. Para hacerle frente a la velocidad evoquemos la máxima latina: Festina lente: Apresúrate despacio.

Por eso, “los hijos de la fortuna son pobres de espíritu; de ahí que resulta comprensible que no se hallen a la altura del poder que afluye a ellos”. Al ser pobres de espíritu, lo son del lenguaje, la imaginación y los movimientos del pensamiento. Una esfera sitúa al hombre en su parte material; la otra, en la del espíritu. Una mira hacia el perpetuum mobile; la otra, hacia lo eterno, lo que permanece en el tiempo.

Son la palabra, la escritura, la lectura y la experiencia, los que sitúan al ser humano en el umbral de comprensión del amor, el dolor, la felicidad, el sufrimiento y la muerte. Así, la palabra comunica contenidos espirituales que facilitan comprender que “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas esferas de la vida develan que “el ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible”. Porque “a medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él”.

En nuestro tiempo de aridez espiritual, ¿por qué es importante la lectura? Quien lee en soledad desarrolla lo fundamental que mora en él; y tiende al encuentro consigo mismo. Si no leemos nuestro pensamiento es pobre y débil. La lectura es una “caja de herramientas” que permite desandar lo andado, vivir lo que otros han vivido, imaginar mundos alternos al que vivimos; por eso la palabra y la escritura se revelan como “enemigos” del poder. De las instituciones, los prejuicios, las costumbres, los dogmas ideológicos o religiosos que responden al ejercicio del poder.

El vaciamiento del espíritu tiene su correspondencia con la falta de lectura. Ya que surte a la memoria, la conciencia, de las imágenes, la experiencia, los conceptos, las experiencias, que facilitan pensar. Nos enseña que el lenguaje es una forma del pensamiento. Ora, el hombre no puede existir sin sentir, sin palabra, sin imaginación, sin pensamientos, porque para él se convierten en potencias divinas.

Por eso la tarea del poeta, del novelista, del artesano de la palabra, se unen al sentimiento estético, a la reflexión y a las cosas rítmicas, que son las que luchan contra el tiempo. Hölderlin fue uno de los poetas que percibió la alteridad en las costumbres, los usos; donde algunos ven costumbre, él ve asombro. Y, elocuente dice:

    Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,

   Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,

   Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,

   Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

Me pregunto, ¿por qué leemos? Harold Bloom nos regala un presente divino: “Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás, y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más profundo y autentico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil”.

La lectura es “la única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos “enamorarse”. Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar […] Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más”.

Quizá en tiempos oscuros como el nuestro, de aridez del espíritu y del lenguaje, exista la esperanza que el arte y el pensamiento vengan a nuestro encuentro para reparar los portillos de la historia y de la vida. Que la cultura y, en general, la dimensión estética, contribuyan a percibir las intercepciones entre el fenómeno estético y el político. O, en otras palabras, comprender el fenómeno social y político de la crisis en la Cultura.

Que permitan percibir el mundo a través de su relación con la vita activa –según la reflexión de Hannah Arendt. De construir un mundo humano común a todos los hombres, en cuyo seno hay espacio para desplazarse y compartir perspectivas distintas; y recordar que la libertad aparece aquí en el intercambio con los demás y no con nosotros mismos. Y, que la libertad de la lectura posibilite alcanzar la comunión con los otros, la naturaleza y con Dios.

La lectura y el arte han de garantizar un mundo donde la permanencia del hombre sobre la tierra a través de las obras de arte, la política y las cosas “artificiales” hechas por manos humanas, lo posibiliten Por eso, es importante la lectura, la escritura, el arte, el lenguaje y el pensamiento, para que testifiquen la permanencia del hombre sobre la Tierra. 

La palabra “distingue entre la cultura y la técnica”. Porque se constituye en “presupuesto de pulcritud espiritual, como lo es asimismo entre el creer y el saber”. En la actualidad “los éxitos políticos y económicos aceleran la superficialización”; favorecen el consumo, la estadística y la manipulación de la consciencia. La lectura, en cambio, precisa la individualidad, ahonda la subjetividad y alimenta a la conciencia, para que el ser humano sea más libre, justo y ético. Permite percibir en épocas de decadencia como las imágenes sustituyen el sentido; y como prevalece la constitución de los hechos significativos sobre los actores insignificantes.

Sabemos que lo bello, lo agradable, lo sublime, habla a los hombres, los interpela en el tiempo y el espacio. De ahí que, el “lenguaje del artista esté en su obra”. Una novela, una sinfonía, un cuadro, un ensayo, un poemario, si está bien logrado exalta la condición humana, las angustias y las preocupaciones, las alegrías y los sufrimientos, el odio y el amor, el sueño y la vigilia, para que el lenguaje interrogue a la naturaleza humana.

En consecuencia, no son los conceptos sino las imágenes, las intuiciones, la experiencia, el lenguaje, los que posibilitan ir allende del tiempo y el espacio. Son figuras que permiten al ser humano interrogar y enfrentar el mundo en el que vive; para que la imaginación, el lenguaje y el pensamiento, den frutos en uno más humano, más libre y más justo.

Ernst Jünger nos recuerda que “el fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia”. La petulancia toma figura en los inventos técnicos, el consumo, la velocidad, la política o la economía. En tiempos de desiertos espirituales, de oscuridad que nubla la imaginación, se hace necesario andar por los caminos de la lectura, la imaginación y el pensar. Porque posibilitan el encuentro con lo numinoso, lo mágico y trascendente, que mora en todos y cada uno de nosotros.

En la época actual, se trata, de dar sentido a la diversidad, la heterogeneidad, que poseen la fuerza inimaginable, que reposa en sí misma. Aquí “el modelo es más fuerte que la copia, el mito es más fuerte que la historia; esta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas”.

“Desde luego no cabe negar que las artes eleven los fenómenos a un nivel más elevado de percepción”. No sólo tienen que ver con los fenómenos reales del Mundo de abajo, sino también con lo intemporal del Mundo de arriba. Un mundo que mora en el interior de todos y cada uno de nosotros. Por eso, lo importante es que el hombre nazca primero dentro de sí. Ya que, en el presente actual, se desvío hacía lo mecánico, lo demoníaco, y, es necesario que se restaure el equilibrio entre la luz y la oscuridad, las huestes celestiales y las demoniacas. “El secreto de esto está en que el sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas”.

Ahí reside el misterio de la palabra, lo mítico, lo religioso, lo mágico, que expresa el espíritu, el lenguaje y la experiencia. Esto permite darnos cuenta que no somos ajenos a lo que hemos sido y lo que somos, en el mundo que vivimos. Porque sus contenidos espirituales nos posibilitan que nos movamos en el interior de nuestro elemento. “De ahí que sea también importante el que trabajemos en nosotros”. Que nos valgamos de la lectura, la escritura, el arte, la música y el lenguaje, para alcanzar la categoría de persona.

El mundo del artificio y trivial en que vivimos, da prioridad a lo siempre igual, al “Aquí-Ahora”. La producción en masa y el consumo, posibilitan que se acumulen cosas vacías como escombros de la naturaleza y la vida. Así pues, la pobreza de experiencia, del lenguaje o del pensamiento, incrementa la velocidad, y mengua el espíritu que afluye a los hombres. Son la palabra, la escritura, la lectura y la experiencia, los que sitúan al ser humano en el umbral de comprensión del amor, el dolor, la felicidad, el sufrimiento y la muerte.

Así, la palabra y la experiencia comunican contenidos espirituales, que facilitan comprender que “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas esferas de la vida develan que “el ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible”. Porque “a medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él”.

 Quien lee en soledad desarrolla lo fundamental que mora en él; y tiende al encuentro consigo mismo. Si no leemos nuestros pensamientos serán pobres y débiles. La lectura es una “caja de herramientas” que permite desandar lo andado, vivir lo que otros han vivido, imaginar mundos alternos al que vivimos; por eso la palabra y la escritura se revelan como enemigos del poder. De las instituciones, los prejuicios, las costumbres, los dogmas ideológicos o religiosos que responden al ejercicio del poder.

La lectura ayuda a develar una “luz mágica y soberana sobre la oscuridad natural de las cosas”; a descubrir la analogía universal entre Mundo y Hombre, Mundo y Cosmos. Para Baudelaire era una forma del conocimiento. Por eso la consideraba una ciencia. Como dice Roberto Calasso: “Quizá incluso la ciencia suprema, si la imaginación es la “reina de las facultades”. Como lo explica Baudelaire en una carta a Alfonso Toussenel, “la imaginación es la más científica de las facultades, puesto que es la única que comprende la analogía universal, o aquello que una religión mística llama la correspondencia”.

El vaciamiento del espíritu tiene su correspondencia con la falta de lectura. Ya que la lectura surte a la memoria, la conciencia, de las imágenes, la experiencia, los conceptos y el lenguaje, que facilitan pensar. Nos enseña que el lenguaje es una forma del pensamiento. El hombre no puede existir sin sentir, sin palabra o sin pensamiento, porque para él se convierten en potencias divinas. Por eso a la tarea del poeta, del novelista, del artesano de la palabra, se unen al sentimiento estético, la reflexión y las cosas rítmicas, que son las que luchan contra el tiempo.

Me pregunto, ¿Por qué leemos? Bloom nos regala como un presente divino la respuesta: “Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás, y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más profundo y autentico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil”.

La lectura es “la única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos “enamorarse”. Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar […] Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más”.