viernes, 16 de octubre de 2026

 

                                                           Las Guerras Híbridas

                                                        Madrid-España a 15/10/2026



Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

La modernidad se caracteriza por los principios de la Ilustración y, la importancia de la ciencia y la técnica en las sociedades diversificadas. Las guerras híbridas han existido siempre, en la actualidad las tecnologías, la revolución en los medios de comunicación de masas, la cultura de masas y la sociedad de masas, revelan su nuevo rostro. Se caracterizan por ser conflictos de baja intensidad que no son pacíficos, pero tampoco son violentos. Porque el umbral en el que se ubican sus actores se sitúan entre la paz y la guerra.

Gobiernos que utilizan una pluralidad de variables, la manipulación de la información, la ciberexpiación o, la ciberagresion, ataques con drones, armas de recursos estratégicos que afectan la infraestructura o la administración pública del Estado agredido, entre otros. Por eso, el campo de batalla son las sociedades diversificadas o, las mentes de los ciudadanos, como sucedió en la campaña presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton, por parte de Rusia. Y, ahora la injerencia de Trump en la campaña electoral en Brasil. O, la ingerencia de Rusia en Polonia, Letonia, Lituania, Estonia o Finlandia, etc.

Observamos en el mundo actual cambios generados por las nuevas tecnologías de la información, que inciden en la seguridad de los Estados de diversas maneras. Convertir uno de los pilares fundamentales de las democracias modernas como la libertad de expresión, en una debilidad. Además, convertir la verdad en una pos-verdad, es decir, que las nuevas tecnologías difunden noticias falsas como verdaderas. También las guerras directas como la de Rusia y Ucrania, que alteran el contexto geopolítico y estratégico que desestabilizan una región. Particularmente el ataque directo o indirecto a los Estados y las democracias occidentales.

Así, los lenguajes y las armas digitales sirven a China y a Rusia, para cuestionar el liderazgo de Estados Unidos, de Inglaterra y de la Unión Europea, con tácticas asimétricas obviando las frontales. Provoca entre otros en las zonas “calientes” una intensa actividad de las variables correspondientes. Ahora, ¿qué buscan China y Rusia en Occidente? Fortalecer sus intereses nacionales debilitando al adversario. De ahí que utilicen tácticas y estrategias diversas: a través de partidos nacional-populistas o, ataques directos para crear desconfianza en las instituciones democráticas occidentales, y debilitar el Sistema o, la Estructura en su conjunto.

A la vez, romper la unidad de los Estados aliados, penetrar en las mentalidades para crear zozobra, angustia y miedo en la sociedad, promover líderes de derecha o de extrema derecha, nacionalistas o populistas, que generen daño a las instituciones democráticas, como hizo Carles Puigdemont en Cataluña al Estado Español. Como también hizo Orbán a la UE en Hungría mientras gobernaba.

En el siglo XXI adquieren relevancia por razones geopolíticas, estratégicas y tecnológicas, las migraciones orquestadas por Estados para desestabilizar a otros y crear zonas de tensión en las fronteras. La migración es una variable de las guerras híbridas, el uso de inmigrantes para crear problemas al adversario. Como hizo Bielorrusia en la frontera polaca o Marruecos jalonando la llegada a Ceuta de miles de inmigrantes, para fomentar la polarización de valores e intereses, de los Estados de la Unión. Que dan espacios de maniobras a partidos que desestabilizan el orden institucional nacional y de la Unión Europea. En el fondo, buscan agrietar las bases del Estado democrático Social de Derecho. Bielorrusia y Rusia fracasaron en sus objetivos; porque lo que buscaban era debilitar la Unión Europea y la unidad dentro de la OTAN.

Ahora bien, con el primado de la técnica en las sociedades diversificadas y de los medios de información, incentivan la propaganda, la mentira, la desinformación, la agitación de la opinión pública, la difusión de bulos, en un entorno donde se ponen en práctica tácticas y medios diferentes a los del pasado. La interconexión en el mundo global permite infinitas posibilidades en las esferas de la información, donde confundir y crear un tipo de receptor, anula suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. Como la capacidad de asombro, de análisis, de crítica o de juicio, sobre los hechos históricos, los fenómenos naturales o las acciones de los seres humanos y de los que ejercen el Gran Poder. De ahí que el desarrollo técnico y la inteligencia artificial, amplifican la polarización que tiene efectos negativos y destructivos sobre la seguridad nacional.

En la actualidad el mundo del ciber y de la información rápida y simultánea, rompen con los paradigmas del pasado. Estas variables han penetrado hasta los átomos del cerebro y el tejido del espíritu, que alteran la concepción del mundo y del ser. Así que, el ciber es espacio y herramienta de violencia o de guerra. Existen tres umbrales del ciber: la del espionaje, la del sabotaje y el chantaje. Que van desde el control de las mentalidades de una sociedad hasta actos criminales.

La dificultad es la identificación y la atribución de las autorías, que dejan afluir márgenes de dudas y ambigüedades. Son ataques a ministerios, empresas, industrias, o bloquear las conexiones de telefonía móvil o ataques a infraestructuras civiles, en Estados Unidos y la Unión Europea o, Australia. En otras palabras, a sistemas de infraestructuras críticas del Estado y la sociedad.

Desde otro umbral emergen los recursos estratégicos, como el petróleo o el gas que se convierten en elementos de presión o chantaje por parte de Rusia; las tecnologías punta por parte de Estados Unidos frente a China, impidiendo el acceso a sus empresas. Ahora el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Estados Unidos e Irán. También el uso del dólar como divisa de referencia en reservas y sistemas de pago, por parte del Gobierno de Washington como herramienta de presión. Estados Unidos ha recurrido a ella como instrumento de presión ante países como Corea del Norte o Irán. Pero no ha sido utilizada a gran escala frente a Grandes economías.

Los expertos definen estas variables como “armas de perturbación masiva”, que rompen con las dicotomías del pensamiento occidental: lo público y lo privado, lo legal y lo ilegal, la guerra y la paz, lo militar y lo civil. El reto de las democracias occidentales consiste en crear y desarrollar mecanismos de defensa que impidan agrietar sus valores fundamentales. Desde Bruselas se están ideando dispositivos para dotar a los ciudadanos de las claves para afrontar la guerra de la desinformación, la mentira, la manipulación, la simulación y el miedo. Como sucede en países como Letonia, Estonia o Polonia. Sabemos que la tarea no es fácil para controlar o desarticular las “armas de perturbación masiva”.

Preguntamos, ¿dónde se librarán las guerras del presente y del futuro? En la Red. Y sus protagonistas son Internet, las Plataformas Digitales, TikTok, X, YouTube o Instagram. Pero la guerra del futuro no la definirá la Inteligencia Artificial que monitorea un dron o un tanque que masacra a pueblos y ciudades, a personas inocentes (ancianos, adultos y niños), sino la capacidad del Dictador, del Autoritario, del Jefe de Estado o, del Sátrapa, de manipular lo que pensamos y lo que somos.

No culpemos de todo al algoritmo, los aparatos son y no dejan de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior. El ser humano es quien ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos o bien darles un sentido nuevo. Es posible hacer saltar las cadenas de la técnica y quien puede hacerlo es la persona individual.

La Red es el nuevo frente de batalla y lo vemos en la guerra de Ucrania, de Irán y Estados Unidos, de Israel y Palestina o el Líbano donde los lenguajes digitales trastocan la información del presente y del futuro, en el campo de batalla. Eso no evita que cientos de ancianos, hombres y mujeres, buenos y valientes vuelen por los aires como una costra seca. Vemos que Anonymous como si fuera una brigada internacional ha salido en defensa de Ucrania frente al Ciber Sátrapa. En esta guerra atroz como en todo tipo de violencia, los hackers se convierten en agentes fundamentales para salvar la democracia y la libertad. Como dice el analista de datos del diario El País de Madrid-España, Kiko Llaneras:

Ha cambiado la inteligencia bélica y mucha información relevante ya no la aportan espías ni satélites militares. Son recursos al alcance de cualquiera, como los mapas de tráfico de Google. De ahí que se multipliquen los expertos en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT). Que se dedican a recolectar, analizar y tomar decisiones con estos datos.

Muchos analistas creen que Vladimir Putin cometió errores de cálculo al planear la invasión a Ucrania. Uno de los errores fue subestimar las consecuencias de un ataque que iba a ser emitido en directo, por gente corriente y celebridades. Gracias a la ubicuidad de las cámaras, la capacidad de las redes para amplificar y al escrutinio colectivo, para Putin ha sido imposible ocultar la realidad del campo de batalla.

Preguntamos, si el Presidente de Ucrania no hubiese inundado las redes con mensajes de resistencias, ¿hubiera eso cambiado la guerra? ¿habrían sido tan rápidas y decisivas las sanciones de Occidente sobre Rusia? ¿los bombardeos rusos serían peores, si Putin no supiera que, una hora después del ataque las imágenes de la barbarie recorrerán el mundo?

Como escribió John Thornhill en Finalcial Times : Ucrania ha movilizado la sociedad civil y hay una colaboración entre su Estado y la gente. En cambio, el Estado ruso domina casi toda su comunicación. Es una competición entre una red horizontal y una estructura vertical, entre un coro y un megáfono.

Como dijo Bertol Bretch en un poema:

                                  General, el hombre es muy útil.

                                  Puede volar y puede matar.

                                 Pero tiene un defecto:

                                 puede pensar.

A los nuevos Sátrapas, como a los viejos, deben derribarlos sus pueblos.

miércoles, 14 de octubre de 2026

 

 

 

                                                             ¿Por qué es importante leer?              

                                    Madrid-España a 07/10/2026                 

 

“Numerosas son las maravillas del mundo; pero, de todas, la más sorprendente es el hombre”.

                                                                              Antígona.

 

“El ser humano, en tanto que ser político y no sólo productivo, carga consigo la preocupación en torno a la preservación del mundo”.

                                                                             Hannah Arendt.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

“En verdad vivo en tiempos sombríos”: son palabras de Bertolt Brech. Sugiere que los tiempos sombríos no son solo de horror, de dolor o de sufrimiento, sino también de confusión, pues la palabra o la teoría ya no vienen en nuestra ayuda. Así mismo, Hannah Arendt en su colección de ensayos, Hombres en tiempos de oscuridad, sugiere que el espíritu humano camina entre tinieblas. Donde las formas tradicionales de explicación ya no explican nada, esto no significa que no podamos dar con ciertas formas de iluminación que nos permita acercarnos a lo real.

Ahora para comprender el fenómeno humano, no sólo bastan las ciencias sociales o la mirada científica, sino también la iluminación de la palabra. O, dicho en otras palabras, la iluminación de la lectura, la imaginación y el lenguaje. Por eso, no podemos olvidar lo que la aproximación de la palabra, la narración, posibilita con los hechos reales. En este orden, la lectura, el relato, el poema, serían, en ocasiones, caminos de aproximación a la vida y a los hechos históricos.

De ahí nos recuerda Arendt que “la ruptura de la tradición es un hecho consumado”. Esta cadena de catástrofe empieza con la Primera Guerra Mundial y alcanza su punto máximo con el totalitarismo del siglo XX. Como apunta ya en su artículo sobre Hermann Broch, se trata de “la ruptura de un mundo que si se ha mantenido unido y ha conservado su sentido no ha sido gracias a sus “valores” sino al automatismo de sus costumbres y sus clichés”. Por eso la lectura y la palabra ayudan en medio del caos y del horror, a desenmascarar ese mundo, a encontrar la iluminación. Porque permiten a los hombres bajar a las profundidades de la Cripta donde mora la palabra.

Asimismo, nos recuerda Ernst Jünger: “Si se quiere que la palabra sea eficaz, entonces en ella ha de permanecer siempre la magia. Ahora bien, esta ha de ser soterrada en las profundidades, en la Cripta. Encima de ella se alza la bóveda del lenguaje hacia una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva a la palabra. La parte de la palabra que suscita el movimiento puro, ya sea de la voluntad o ya sea de los sentimientos, tendría que desaparecer en provecho de la otra parte, la que desvela el núcleo milagroso del lenguaje”.                                                                                             

El lenguaje y la reflexión posibilitan, entre otros, “distinguir entre la cultura y la técnica”. Porque se constituyen en “presupuestos de pulcritud espiritual, como lo es asimismo entre el creer y el saber”. Así, “los éxitos políticos y económicos aceleran la superficialización”; favorecen el consumo, la estadística y la manipulación de la consciencia. La lectura, en cambio, precisa la individualidad, interroga la subjetividad y alimenta a la conciencia, para que el ser humano sea más libre, justo y ético. Permite percibir en épocas de transito como las imágenes sustituyen al sentido; y, como prevalecen los hechos significativos sobre los actores insignificantes.

Sabemos que lo bello, lo agradable, lo sublime, habla a los hombres, los interpela en el tiempo y el espacio. De ahí que, el “lenguaje del artista esté en su obra”. Una novela, una sinfonía, un cuadro, un ensayo, un poema, si está bien logrado exalta la condición humana, las angustias y las preocupaciones, las alegrías y los sufrimientos, el odio y el amor, el sueño y la vigilia, para que el lenguaje interrogue al mundo y a la naturaleza humana. Es propio de la condición humana desafiar al tiempo con la creación de actividades que permiten disfrutar a los hombres de cierta cuota de inmortalidad: entre estas encontramos la política, la historia, la filosofía, el arte.

Así, que, en la estética de Kant vislumbramos estas palabras: “En lo bello, sin embargo, aparece el mundo, no la humanidad sino el mundo habitado por el hombre”. En consecuencia, no son los conceptos sino las imágenes, las intuiciones, la experiencia, la imaginación, la metáfora, los que posibilitan ir allende del tiempo y el espacio. Son figuras que permiten al ser humano interrogar y enfrentar el mundo en el que vive; para que éstos den frutos en uno más humano, más libre y más justo.

Ernst Jünger nos recuerda que “el fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia”. Así, la petulancia toma figura en los inventos técnicos, el consumo, la velocidad, la política o la economía. En tiempos de desiertos espirituales, de oscuridad que nubla la imaginación, es necesario andar por los caminos de la lectura, el lenguaje y el pensamiento. Porque posibilitan el encuentro con lo numinoso, lo mágico y trascendente, que mora en todos y cada uno de nosotros.

En la época actual se trata de la diversidad, la heterogeneidad que posee la fuerza inimaginable que reposa en sí misma. Aquí “el modelo es más fuerte que la copia, el mito es más fuerte que la historia; esta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas”. Arendt expresa que los escritores y los artistas que le interesan son aquellos cuya obra “no mira hacia atrás ni con nostalgia […] ni constituye una certificación “del lamento ante lo que se ha perdido, sino de la expresión de la propia perdida”.

Asimismo, Walter Benjamín en este orden dice: “¿De qué peligro son salvados los fenómenos? No sólo ni principalmente, del descredito y el desprecio en que han caído, sino de la catástrofe que representa determinada manera de trasmitirlos “celebrándolos” como “patrimonio”. Son salvados cuando se evidencia en ellos la fisura. Hay una tradición que es catástrofe”.

Asimismo, “tiene razón Heráclito: nadie cruza dos veces el mismo rio. Lo que en ese cambio hay de misterioso es que responde a las modificaciones de nuestro interior”. Son transformaciones que tienen que ver con la parte curativa de nuestro interior, –“somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro estado interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros”.

Ahí reside el misterio de la palabra, lo mítico, lo religioso, lo mágico, que expresa el espíritu, el lenguaje y la experiencia. Esto permite darnos cuenta que no somos ajenos a lo que hemos sido y a lo que somos en la actualidad. Porque sus contenidos espirituales nos posibilitan que nos movamos en el interior de nuestro elemento. “De ahí que sea también importante el que trabajemos en nosotros”. Que nos valgamos de la lectura, la escritura y el lenguaje, para alcanzar la categoría de persona.

El mundo del artificio y trivial en que vivimos, da prioridad a lo “Siempre-Igual”, al “Aquí-Ahora”. De ahí que, la publicidad, las redes sociales, la producción en masa y el consumo, posibilitan que se acumulen cosas vacías como escombros de la Naturaleza y de la Vida. Así, la pobreza de experiencia, del lenguaje o del pensamiento, incrementa la velocidad y mengua el espíritu que afluye a los hombres. Para hacerle frente a la velocidad evoquemos la máxima latina: Festina lente: Apresúrate despacio.

Por eso, “los hijos de la fortuna son pobres de espíritu; de ahí que resulta comprensible que no se hallen a la altura del poder que afluye a ellos”. Al ser pobres de espíritu, lo son del lenguaje, la imaginación y los movimientos del pensamiento. Una esfera sitúa al hombre en su parte material; la otra, en la del espíritu. Una mira hacia el perpetuum mobile; la otra, hacia lo eterno, lo que permanece en el tiempo.

Son la palabra, la escritura, la lectura y la experiencia, los que sitúan al ser humano en el umbral de comprensión del amor, el dolor, la felicidad, el sufrimiento y la muerte. Así, la palabra comunica contenidos espirituales que facilitan comprender que “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas esferas de la vida develan que “el ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible”. Porque “a medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él”.

En nuestro tiempo de aridez espiritual, ¿por qué es importante la lectura? Quien lee en soledad desarrolla lo fundamental que mora en él; y tiende al encuentro consigo mismo. Si no leemos nuestro pensamiento es pobre y débil. La lectura es una “caja de herramientas” que permite desandar lo andado, vivir lo que otros han vivido, imaginar mundos alternos al que vivimos; por eso la palabra y la escritura se revelan como “enemigos” del poder. De las instituciones, los prejuicios, las costumbres, los dogmas ideológicos o religiosos que responden al ejercicio del poder.

El vaciamiento del espíritu tiene su correspondencia con la falta de lectura. Ya que surte a la memoria, la conciencia, de las imágenes, la experiencia, los conceptos, las experiencias, que facilitan pensar. Nos enseña que el lenguaje es una forma del pensamiento. Ora, el hombre no puede existir sin sentir, sin palabra, sin imaginación, sin pensamientos, porque para él se convierten en potencias divinas.

Por eso la tarea del poeta, del novelista, del artesano de la palabra, se unen al sentimiento estético, a la reflexión y a las cosas rítmicas, que son las que luchan contra el tiempo. Hölderlin fue uno de los poetas que percibió la alteridad en las costumbres, los usos; donde algunos ven costumbre, él ve asombro. Y, elocuente dice:

    Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,

   Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,

   Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,

   Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

Me pregunto, ¿por qué leemos? Harold Bloom nos regala un presente divino: “Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás, y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más profundo y autentico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil”.

La lectura es “la única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos “enamorarse”. Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar […] Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más”.

Quizá en tiempos oscuros como el nuestro, de aridez del espíritu y del lenguaje, exista la esperanza que el arte y el pensamiento vengan a nuestro encuentro para reparar los portillos de la historia y de la vida. Que la cultura y, en general, la dimensión estética, contribuyan a percibir las intercepciones entre el fenómeno estético y el político. O, en otras palabras, comprender el fenómeno social y político de la crisis en la Cultura.

Que permitan percibir el mundo a través de su relación con la vita activa –según la reflexión de Hannah Arendt. De construir un mundo humano común a todos los hombres, en cuyo seno hay espacio para desplazarse y compartir perspectivas distintas; y recordar que la libertad aparece aquí en el intercambio con los demás y no con nosotros mismos. Y, que la libertad de la lectura posibilite alcanzar la comunión con los otros, la naturaleza y con Dios.

La lectura y el arte han de garantizar un mundo donde la permanencia del hombre sobre la tierra a través de las obras de arte, la política y las cosas “artificiales” hechas por manos humanas, lo posibiliten Por eso, es importante la lectura, la escritura, el arte, el lenguaje y el pensamiento, para que testifiquen la permanencia del hombre sobre la Tierra. 

La palabra “distingue entre la cultura y la técnica”. Porque se constituye en “presupuesto de pulcritud espiritual, como lo es asimismo entre el creer y el saber”. En la actualidad “los éxitos políticos y económicos aceleran la superficialización”; favorecen el consumo, la estadística y la manipulación de la consciencia. La lectura, en cambio, precisa la individualidad, ahonda la subjetividad y alimenta a la conciencia, para que el ser humano sea más libre, justo y ético. Permite percibir en épocas de decadencia como las imágenes sustituyen el sentido; y como prevalece la constitución de los hechos significativos sobre los actores insignificantes.

Sabemos que lo bello, lo agradable, lo sublime, habla a los hombres, los interpela en el tiempo y el espacio. De ahí que, el “lenguaje del artista esté en su obra”. Una novela, una sinfonía, un cuadro, un ensayo, un poemario, si está bien logrado exalta la condición humana, las angustias y las preocupaciones, las alegrías y los sufrimientos, el odio y el amor, el sueño y la vigilia, para que el lenguaje interrogue a la naturaleza humana.

En consecuencia, no son los conceptos sino las imágenes, las intuiciones, la experiencia, el lenguaje, los que posibilitan ir allende del tiempo y el espacio. Son figuras que permiten al ser humano interrogar y enfrentar el mundo en el que vive; para que la imaginación, el lenguaje y el pensamiento, den frutos en uno más humano, más libre y más justo.

Ernst Jünger nos recuerda que “el fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia”. La petulancia toma figura en los inventos técnicos, el consumo, la velocidad, la política o la economía. En tiempos de desiertos espirituales, de oscuridad que nubla la imaginación, se hace necesario andar por los caminos de la lectura, la imaginación y el pensar. Porque posibilitan el encuentro con lo numinoso, lo mágico y trascendente, que mora en todos y cada uno de nosotros.

En la época actual, se trata, de dar sentido a la diversidad, la heterogeneidad, que poseen la fuerza inimaginable, que reposa en sí misma. Aquí “el modelo es más fuerte que la copia, el mito es más fuerte que la historia; esta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas”.

“Desde luego no cabe negar que las artes eleven los fenómenos a un nivel más elevado de percepción”. No sólo tienen que ver con los fenómenos reales del Mundo de abajo, sino también con lo intemporal del Mundo de arriba. Un mundo que mora en el interior de todos y cada uno de nosotros. Por eso, lo importante es que el hombre nazca primero dentro de sí. Ya que, en el presente actual, se desvío hacía lo mecánico, lo demoníaco, y, es necesario que se restaure el equilibrio entre la luz y la oscuridad, las huestes celestiales y las demoniacas. “El secreto de esto está en que el sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas”.

Ahí reside el misterio de la palabra, lo mítico, lo religioso, lo mágico, que expresa el espíritu, el lenguaje y la experiencia. Esto permite darnos cuenta que no somos ajenos a lo que hemos sido y lo que somos, en el mundo que vivimos. Porque sus contenidos espirituales nos posibilitan que nos movamos en el interior de nuestro elemento. “De ahí que sea también importante el que trabajemos en nosotros”. Que nos valgamos de la lectura, la escritura, el arte, la música y el lenguaje, para alcanzar la categoría de persona.

El mundo del artificio y trivial en que vivimos, da prioridad a lo siempre igual, al “Aquí-Ahora”. La producción en masa y el consumo, posibilitan que se acumulen cosas vacías como escombros de la naturaleza y la vida. Así pues, la pobreza de experiencia, del lenguaje o del pensamiento, incrementa la velocidad, y mengua el espíritu que afluye a los hombres. Son la palabra, la escritura, la lectura y la experiencia, los que sitúan al ser humano en el umbral de comprensión del amor, el dolor, la felicidad, el sufrimiento y la muerte.

Así, la palabra y la experiencia comunican contenidos espirituales, que facilitan comprender que “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas esferas de la vida develan que “el ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible”. Porque “a medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él”.

 Quien lee en soledad desarrolla lo fundamental que mora en él; y tiende al encuentro consigo mismo. Si no leemos nuestros pensamientos serán pobres y débiles. La lectura es una “caja de herramientas” que permite desandar lo andado, vivir lo que otros han vivido, imaginar mundos alternos al que vivimos; por eso la palabra y la escritura se revelan como enemigos del poder. De las instituciones, los prejuicios, las costumbres, los dogmas ideológicos o religiosos que responden al ejercicio del poder.

La lectura ayuda a develar una “luz mágica y soberana sobre la oscuridad natural de las cosas”; a descubrir la analogía universal entre Mundo y Hombre, Mundo y Cosmos. Para Baudelaire era una forma del conocimiento. Por eso la consideraba una ciencia. Como dice Roberto Calasso: “Quizá incluso la ciencia suprema, si la imaginación es la “reina de las facultades”. Como lo explica Baudelaire en una carta a Alfonso Toussenel, “la imaginación es la más científica de las facultades, puesto que es la única que comprende la analogía universal, o aquello que una religión mística llama la correspondencia”.

El vaciamiento del espíritu tiene su correspondencia con la falta de lectura. Ya que la lectura surte a la memoria, la conciencia, de las imágenes, la experiencia, los conceptos y el lenguaje, que facilitan pensar. Nos enseña que el lenguaje es una forma del pensamiento. El hombre no puede existir sin sentir, sin palabra o sin pensamiento, porque para él se convierten en potencias divinas. Por eso a la tarea del poeta, del novelista, del artesano de la palabra, se unen al sentimiento estético, la reflexión y las cosas rítmicas, que son las que luchan contra el tiempo.

Me pregunto, ¿Por qué leemos? Bloom nos regala como un presente divino la respuesta: “Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás, y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más profundo y autentico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil”.

La lectura es “la única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos “enamorarse”. Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar […] Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más”.

lunes, 12 de octubre de 2026

 

                                       Reflexión sobre la técnica en Martín Heidegger

                                                         Madrid-España a 12/10/2026

“Nada de lo nuestro nos pertenece, porque otros lo han vivido de una u otra forma”.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

En Martín Heidegger el habitar del hombre en la tierra se relaciona con la Época Moderna caracterizada por un alto desarrollo científico-técnico, y un modo de pensar hegemónico determinado por el cálculo y el Gran Poder Tecnológico. Que tiene como consecuencia la unilateralidad, la homogenización y la seducción del ser humano. Así que, el mundo debe responder a los presupuestos de la ciencia y la técnica y, estar a la altura del desarrollo económico, industrial o político del presente. Unas relaciones de poder que están organizando la vida del ser humano y los cosas como existencia. Además, todo en el mundo está disponible para ser consumido y sustituido tal mercancía.

El rápido avance del cálculo y la estadística en la actualidad, afecta la esfera social y cultural y, es de tal alcance que genera desarraigo y pérdida de identidad. La naturaleza, el hombre y, las cosas producidas, no sólo se convierten en mercancías, sino también en objetos y números. Las cosas hechas por las manos del hombre –una casa, un coche, un edificio, una carretera, una obra de arte, una partitura musical, etc.-; posibilitan un mundo artificial en que el hombre pierde la memoria, la rememoración, el pensar y el lenguaje.

El mundo del presente genera desarraigo y extrañamientos. Todo se percibe en el ser humano en la perspectiva del cálculo, la función, la eficacia, la eficiencia y la disponibilidad. Existe entonces una concatenación entre la unilateralidad del cálculo, la eficiencia y la eficacia, que inducen al hombre a pensar y actuar teniendo presente los supuestos de políticas autoritarias, populistas o totalitarias.

Así, el buen funcionamiento del mundo que habló Heidegger, no se debe sólo al desarraigo que produce la técnica, sino que se concatena con relaciones de poderío. Existe en la actualidad una ligazón entre la técnica, el Estado y unas selectas minorías, que ejercen el poder. En particular obedecen a las directrices del Gran Poder Tecnológico expresado en los oligarcas tecnológicos.

Por eso, la técnica no sólo degrada la diversidad y la identidad del ser humano, sino que su funcionamiento es universalista y se encuentra presente en todas las esferas de la vida humana. Se trata no sólo que el pensar futuro posibilite un nuevo hábitat del hombre sobre la tierra, sino de posibilitar el “entre”, para una convivencia libre, tolerante y democrática entre los hombres. Se trata de pensar –desde una perspectiva socio-política- el “aquí” y el “ahora”, del mundo contemporáneo.

O, preguntarnos, ¿qué lugar ocupa el hombre en un mundo dominado por la técnica, la economía y la política? En la Época Moderna el desarrollo acelerado de la ciencia y la técnica, y el despliegue de un modo de pensar hegemónico que responde al cálculo y la estadística; está convirtiendo al ser humano en existencia y una pieza del engrane de la globalización económica y política.

Un aporte de Heidegger, en Carta sobre el <<Humanismo>>, es la crítica al mecanismo tecno-científico que concibe lo existente como reserva; que, es la versión más desarrollada del olvido del ser y de la esencia del hombre. De ahí que el dominio técnico del mundo se relaciona al dominio y la coacción del hombre. La técnica en la esencia que la determina despliega relaciones de poder, que tienen como fin el dominio de la naturaleza y del hombre. En este ámbito, la inteligencia y las mentalidades están al servicio del Gran Poder Tecnológico

En la historia de la cultura occidental reciente el olvido del ser por la metafísica, y su interpretación técnico-moderna despliega el pensamiento tecnico-cientifico que todo se mire como reserva y disposición. Se considera una manifestación del despliegue totalizador de la técnica moderna y de la Gel-Stell, la esencia de ésta. Se da en Heidegger una concatenación entre el despliegue de la metafísica moderna sobre lo exitente en cuanto tal, y el predominio de la ciencia y la técnica en todas las esferas de la vida cotidiana y cultural.

Después de la barbarie del siglo XX y sus configuraciones en el XXI, ¿puede el hombre meditar sobre el habitar humano y las posibilidades de que pueda entrar en trato con el mundo? El pensar futuro no puede estar ligado a la metafísica y una de sus tareas es poner a la técnica y la ciencia moderna al servicio del hombre. Así que, el análisis filosófico sobre la actualidad, la desesperanza y la desconfianza al pensamiento y la poesía, caracteriza la reflexión crítica de Heidegger

Se puede tener presente que la postura crítica de Heidegger está ligada a la reflexión “propositiva” de un auténtico habitar en el mundo de la técnica. No sólo hace una descripción de categorías teórico-formales de la existencia humana, sino también política, ya que reflexiona sobre el “aquí” y el “ahora” del mundo contemporáneo.

Aunque Otto Pöggler diga que, en el pensamiento de Martín Heidegger hace falta una “filosofía práctica” pero no la dimensión política. Ésta dimensión está en ser miembro del partido nacionalsocialista y representarlo como rector de la Universidad de Friburgo.

No se puede aceptar que la cuestión política en el pensamiento de Heidegger, se reduzca al predominio técnico-científico. Ya que ser miembro de un partido como el nacionalsocialismo y omitir la barbarie que estaban cometiendo con el Holocausto y la muerte sistemática de minorías étnicas, no lo exime de su responsabilidad ética. Su obra expresa de una u otra forma, el pensar totalitario de la época.

Es de anotar que Heidegger en Carta sobre el <<Humanismo>> y La pregunta por la técnica, resalta el olvido del ser y la invasión de la Gel-Stell, en todas las esferas de la vida humana. Es importante observar como aborda al ser, el “aquí” y el “ahora”, sin olvidar el origen como fenómeno originario. Así que, la reflexión sobre la esencia de la técnica (Gel-Stell), no sólo lo sitúa en el presente, sino que abre el claro para visualizar su sitio en el devenir histórico.

En Identidad y Diferencia, Heidegger expresa: pero el pensar, él mismo histórico, que define hoy en día la historia del mundo, no procede de la actualidad, es más antiguo que el simple pasado; nos agita en sus pensamientos más antiguos desde una cercanía de la que no percibimos rastro alguno; porque creemos que lo que propiamente es, su esencia, nos concierne en lo actual.

En La pregunta por la técnica hay que entender la metafísica moderna, cómo su predominio conduce a la homogenización y a la unilateralidad del pensar, que inexorablemente incide en la pérdida de la identidad y del habitar en el mundo. El desarraigo que arrastra la metafísica y, el predominio de la ciencia y la técnica, rompen todo lazo de pertenencia y de comunidad.

La técnica rompe con la tradición de la iglesia, de la familia, los usos, las costumbres, y se olvida del lenguaje que mamamos desde la niñez. Así, el mundo de la técnica da prioridad a lo presente-actual pasajero y fugaz, sobre lo que permanece. Se expresa en que las relaciones artificiales prevalecen sobre las relaciones de sentido. La técnica no requiere del pensamiento. Porque depender de ella reduce nuestra destreza y la capacidad de imaginacion, de interrogación y del pensar.

En este orden, el desarraigo no sólo le concierne al pensar, sino también a las formas sociales y culturales, que lo determinan. En el mundo de la técnica y de las abstracciones, predominan las relaciones inconexas de la Gran ciudad, las relaciones económicas, políticas y culturales, que no responden a las apetencias materiales, espirituales y morales del ser humano.

Sino a los requerimientos del Gran Poder Tecnológico y los intereses de las selectas minorías. Asistiendo por el predominio de la técnica a la uniformidad y la indiferencia respecto al Otro –el “sujeto”, el “yo” o, el “hombre de carne y hueso”-, incide en el olvido del lenguaje y la cultura.

Somos parte de un mundo carente de los movimientos del pensamiento y de la mirada estética de la realidad y de la existencia. Que afectan las relaciones del hombre con el mundo y los demás seres humanos. Como dijo Walter Benjamín: “El momento prehistórico del pasado ya no queda encubierto, como antes, en la tradición de la iglesia y la familia. Esto es consecuencia y condición de la técnica […]

Los mundos perceptivos se descomponen velozmente, lo que tienen de mítico aparece rápida y radicalmente, rápidamente se hace necesario erigir un mundo perceptivo por completo distinto y contrapuesto al anterior. Así es como se ve desde el punto de vista de la prehistoria actual, el ritmo acelerado de la técnica.”

  Invita a percibir y pensar las trasformaciones de la técnica y la ciencia, en su Cultura.

De ahí que el pensar futuro no se reduce a la metafísica moderna, sino de trascender la metafísica occidental, que para él no es otra cosa, que negar el sujeto, el Yo, la Ilustración y el Orden Burgués. Tanto Heidegger como Ernst Jünger creen que los principios de la revolución alemana, unifican lo mítico, lo histórico y lo político como bandera nacional anti-judía y anti-burguesa. Así, el Estado técnico y el nacionalsocialismo desean un tipo de hombre coagulado en los engranajes de la ciencia y la técnica; y el ser humano convertido en “obrero” al servicio del orden técnico. Por eso la libertad se expresa como un servidor del Estado técnico y del partido nacionalsocialista. De ahí que el totalitarismo nazi convierte el espacio público y el tejido de sus relaciones, en uno político.

Heidegger no se opone a los avances técnicos o científicos, sino a la instrumentalización de éstos. Por eso, aboga por la serenidad que desemboca en el pensar meditativo; no por uno que en sus presupuestos posibilite la transformación del mundo, la sociedad y la cultura actual.

Así que, la pregunta por la técnica es la pregunta por su esencia y, no por la concepción de los aparatos técnicos dominados por la actividad humana. Pero, tener presente que, los instrumentos técnicos portan en sí relaciones de poder, dominio, coacción y de seducción. Su pensar es “a-político” y “esencialista”.

Estamos en un proceso de pérdida de la capacidad de asombro, de imaginar y de pensar, por el predominio de la técnica en todos los asuntos humanos. Estamos entregando la libertad, la voluntad y los movimientos del pensar, al determinismo económico, político, social o militar, que responden a los dictados del Gran Poder Tecnológico.

Como la técnica incide en el Estado Moderno, las instituciones políticas, sociales y culturales. Así que, la democracia liberal del siglo XIX y XX, la relación de los dirigentes con la sociedad, las tomas de decisiones y el sentido de realidad, han cambiado. La Civilización del artificio que responde a la técnica y se concatena con un sentido nuevo y práctico de la política, se relaciona (…).

Por tanto, en el presente predomina la publicidad, Internet, las redes sociales, como el Ágora de la política moderna. Estamos asistiendo a marcha forzada a un cambio de la esfera privada y la esfera pública. Lo importante en la actualidad es que la práctica política no se reduzca a la aclamación, sino que posibilite el sentido crítico sobre la historia, la sociedad y el mundo.

    Hay que ver la práctica política, la estructura económica y social, en su Cultura.

Bueno bien, lo que le interesa a Heidegger, es tomar distancia desde su pensar meditativo-reflexivo ante la instrumentalización de la técnica y la ciencia. Se preocupa por la función, la eficacia y la eficiencia, de la ciencia y la técnica; pero, ante todo, por el sentido y su aplicación en la sociedad y la cultura. Que se expresa en el Estado técnico absoluto y el Gran Poder Tecnológico, que busca dominar el mundo y el hábitat del ser humano.

En un mundo ordenado y planificado de acuerdo a los fines y los intereses de la técnica y el Gran Poder Tecnológico, se abre la posibilidad de retornar a la verdad del ser, la esencia del hombre y al lenguaje. En otros términos, liberar las inmensas fuerzas de la historia, en las formas estéticas y los movimientos del pensamiento. Se trata de trascender los límites de la uniformidad, la homogenización y la objetivación del hombre.

Así en 1957 Heidegger dijo: “En el mutuo disponerse de hombre y ser escuchamos el llamado que define la constelación de nuestra época. El Ge-Stell es, más ser que toda la energía atómica y todas las máquinas, más que el ímpetu de la organización y la información”. Así que, “la gigantesca concentración del calculo en la técnica, la economía y la política, da testimonio del poder del pensamiento poseído por el logos de la lógica en una estructura casi limítrofe con la locura. Así, todo el ímpetu del pensar que calcula se concentra en la época moderna” - al decir de Alfredo Rocha.

La reflexión de Heidegger aboga por el pensar meditativo y, a la vez, concibe la razón calculadora como un peligro que amenaza al hombre. El peligro no está en la razón calculadora en sí, ni en la posibilidad de disponer de las cosas que pueblan el mundo, sino que niegue otras maneras de pensar y se convierta en un pensar totalizador y utilitarista, que anule la diversidad. Y expresa al respecto: “Por todas partes y de manera permanente vemos en las formas más diversas aquello que hoy en día determina la realidad del mundo. Es la técnica moderna, que ya de manera uniforme domina toda la tierra e incluso las regiones del espacio sideral”.

El pensar que calcula penetra todos los ámbitos de la vida del ser humano. Se vale de la verificación y experimentación físico-matemáticas previamente definidas, y alcanza procedimientos de validación experimental, que inciden en aplicaciones prácticas. Por eso, en el ámbito científico-técnico no cabe la pregunta por la esencia de los cosas, sino aquello que esté dominado por la lógica del cálculo y la mate-matización del mundo.

Estamos seguros que, en la época moderna, el pensar científico-técnico es incapaz de mitigar la pobreza de la condición humana. Su disolución se deshace como hongos podridos en la boca, y trae la soledad, el dolor, el sufrimiento, el odio y la muerte.

No sólo hemos perdido la fe en Dios, sino en el hombre mismo y, en particular, en aquellos que más cerca están de nosotros. Así, hemos perdido la confianza en los dirigentes, las instituciones, la política, las autoridades y la economía. En un mundo donde prevalece el pensamiento científico-técnico y el volcamiento a las masas, nos sentimos solos y desprotegidos.

 Como dijo Stevenson: no es que el hombre no crea en nada, sino que cree en todo.

Ahora existe una desilusión sobre la época y el hombre pone sus ojos en la Providencia divina, o, el Hacedor de palabras o, en el que bebe de los posos de los pensadores; por eso, los acompaña un halo de redención y eternidad. Quizás rediman al hombre contemporáneo del montón de escombros humanos y materiales, que el progreso ha dejado tras de sí.

Como dijo Walter Benjamín: “Hemos podido ver el progreso de las ciencias naturales, biológicas y químicas, pero no, el retroceso de la sociedad”. En el mundo del poder de la materia, el dinero y la política; comprensible que los hombres sean pobres de espíritu. Que no se hallen a la altura del Tiempo y sus juicios y, del poder que fluye a ellos.

En la filosofía de Heidegger hay algo así como un retirarse del ser (el ser no es una cosa ni un objeto, sino el horizonte que hace posible que las cosas existan y tengan sentido para nosotros). Ese ocultarse es un acontecimiento en el que se articula el propio destino del ser con el pensamiento del hombre. Esa relación unitiva entre el ser y el pensamiento, va de la mano con un pensar desviado hacia las cosas o, ahora, a las existencias.

Somos parte de un tiempo de indigencia del pensar; una penuria que imposibilita que se piense al ser y la esencia del hombre. Aunque vivamos inmersos en la noche más oscura, siempre aparece la apertura donde se devela un resquicio de luz. Donde el claro posibilita que devenga la verdad del ser, la esencia del hombre y el lenguaje en el pensar.

Se trata de tener presente que, Heidegger responde la pregunta por el humanismo desde el lenguaje. El lenguaje es el órganon de su reflexión filosófica. Por eso expresa: “El lenguaje es la casa del ser”. Así, lo humano del hombre es el Habla. La cualidad que define al hombre es el leguaje. No es la razón como dice Aristóteles, un animale rational (animal racional); como el único ente dotado de razón y eso lo distingue del animal irracional.

Ambas cualidades desembocan en el logos. El pensamiento de Heidegger parte del logos pre-socrático y rompe con la concepción tradicional del lenguaje; como instrumento, medio de comunicación. Piensa que el lenguaje no es un mero objeto, un instrumento, y lo que busca es sacar al hombre de la objetivación del lenguaje.

Heidegger hace un punto de inflexión desde el logos pre-socrático hasta la lengua alemana donde trata de llevar a cabo un acercamiento al ser. Su visión consiste en que el logos muestre caminos alternativos para guiar y poder dejar ver, caminos diferentes al de la metafísica lingüística tradicional. Se trata de estar a la escucha de la revelación del ser. Por eso, lo que al pensar filosófico le interesa no es la respuesta, sino la pregunta. Se interesa por el hacer del griego antiguo, en la pregunta misma sin dejar que muestre lo interrogado.

Así, lo importante del pensar de Heidegger está en el qué y el cómo del logos, como algo que acontece y no sólo “está”. En la medida que el logoi acontece se muestra y se escucha el devenir del ser. De ahí que el decir mostrativo deviene de las manifestaciones más profundas del ser, sin quedarse en la simple presencia del ente.

El logos muestra cómo se manifiesta el ser y dicha manifestación dice lo que él es. Heidegger en Carta sobre el <<Humanismo>>, se dirige al lenguaje para mostrar la relación entre pensar y ser. Esa relación la percibe desde las estructuras ontológicas del mundo de la vida, estructuras abstractas que desembocan en el ser; y que se apartan de los procesos contingentes y concretos de la sociedad y la historia.

Una de las críticas que hacen a Heidegger consiste en que, su filosofía es esencialista y anti-cartesiana; esto es, da prioridad al es y no al estar. Un lugar donde los procesos históricos de la realidad, la vida y el mundo, pasan a segundo plano.

A principios de la Carta, expresa, estamos lejos de pensar la esencia del actuar de modo suficientemente decisivo. Sólo se conoce el actuar como la producción de un efecto, cuya realidad se estima en función de su utilidad. Pero la esencia del actuar es el llevar a cabo. Que significa desplegar algo en la plenitud de su esencia, guiarlo hacia ella. Sólo se puede llevar a cabo lo que ya es. Lo que ante todo “es” es el ser.

En Heidegger la utilidad del actuar se suscribe en la esfera de la causa y el efecto, no en su esencia ya que ésta se ubica en lo que es y, este no es otro, que el ser. Aquí observamos ya desde el principio el interés que tiene Heidegger, por el ser y, no por la ubicación del ser en el mundo y la historia; esto mismo sucede con el lenguaje. Al mismo tiempo se aparta de la posición universalista y del sujeto, del Yo, en la historia. No le interesa el hombre singular, sino el “tipo”, que expresa la raza de un territorio. En otros términos, le incumbe lo que se puede llevar a cabo y este, no es otro que el ser. Por eso, el “es” es el ser.

Así pues, en el problema del ser tanto como en el de la libertad abordado por Heidegger en el ensayo El estudiante alemán como trabajador, cuyo concepto de libertad se fundamenta en la adhesión sin fisuras al bloque. Según Martín Heidegger y Ernst Jünger en el texto El Trabajador, la libertad es el trabajo.

Jünger muestra, además, que el ascenso del nacionalsocialismo significa la única verdadera revolución alemana contra el mundo burgués y su cultura (un mundo que según él también incluye al socialismo marxista y al movimiento obrero), revolución que reemplazará la burguesa por una nueva forma de vida, la del “obrero” que blande el poder perfecto sobre el mundo perfectamente técnico, cuya libertad es el servicio espontaneo en el orden técnico, cuya actitud es la del soldado, y cuya racionalidad, la de la tecnología totalitaria.

El libro El Trabajador de Jünger, es el prototipo de la unión nacionalista entre la mitología y la tecnología, donde “sangre y suelo” emergen como una empresa gigante, mecanizada y racional, que moldea la vida de los hombres hasta tal grado que los hace ser con precisión automática la operación correcta en el momento y el lugar correctos, un mundo de sentido práctico bruto, sin espacio ni tiempo para “ideales”.

Pero este mundo tecnológico surge y se alimenta de una fuente supra- tecnológica que Jünger señala evocando los rasgos “anti-burgueses” del carácter alemán.

Así, pues, la libertad del trabajo será la concepción aria de la libertad y de la cultura; una concepción nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o liberal porque para nada cuenta el sujeto o el individuo o el Yo, sino la comunidad de pertenencia; un concepto de la cultura alemana racista, y en permanente lucha por la existencia de la raza contra la modernidad. Que identifican con los judíos, la ciencia y la técnica política al servicio del egoísmo, la individualidad internacionalizado.

Que sólo busca en su expansión –ora liberal, ya marxista- la desaparición del ser. Como escribió Adolf Hitler, de la “circunscripción territorial determinada de un Estado (que) supone una concepción idealista de la raza que lo constituye y, ante todo, tener una noción cabal del concepto trabajo – al decir de Julio Quesada.

En este orden, la concepción “del pueblo del trabajo” nazi coincide, en sus lineamientos geopolíticos más importantes, con “el pueblo metafísico”, “el pueblo espiritual”, en fin, “el pueblo histórico” de Heidegger. Como expresa Quesada: “Ahora podemos ver lo inconmensurable de la lucha por el ser, que tiene que ver con la lucha de las especies, la “autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del hombre.

Según Heidegger debemos tener presente que el pensar lleva acabo la relación del ser con la esencia del hombre. No hace ni produce esta relación. El pensar se limita ofrecerse al ser como aquello que a él mismo le ha sido dado por el ser. Este ofrecer consiste en que en el pensar el ser llega al lenguaje.

El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada. Su guarda consiste en llevar a cabo la manifestación del ser, en la medida en que, mediante su decir, ellos lo llevan al lenguaje y allí lo custodian.

Así que, el ser se manifiesta en el lenguaje, y los pensadores o poetas en la palabra o el decir, portan las llaves que abren y custodian la morada del ser: el lenguaje. Son importantes no sólo como guardianes, sino que, en la palabra del poeta y las reflexiones del pensador, se relaciona también el ser, el mundo y el hombre. Un tríptico que posibilita desvelar la magia del ser y del existir.

Así que, todo lo que el hombre “es”, está contenido en el ser y el lenguaje. Porque el pensar sólo relaciona al ser y la esencia del hombre. Ahora bien, el pensar es importante, pero sólo como enlace entre el ser, la esencia del hombre y el lenguaje. El pensar por sí sólo es algo sin contenido, que se repite así mismo en el devenir del tiempo. Sólo establece puntos de inflexión en la historia, si se refiere al ser, la esencia del hombre y el lenguaje.

Podemos observar que, el pensar en Heidegger, se desconecta de la realidad histórica y, las condiciones socio-políticas donde emerge. Entendido de esa manera, el pensamiento y el lenguaje, obtienen realidad en las configuraciones del ser en la historia.

En la actualidad el pensar está siendo sustituido por las imágenes; éstas son más fuertes que las palabras. Asistimos a un nuevo analfabetismo en que las tertulias, la política, las finanzas, la publicidad, el consumo, reemplazan al ser, o, a los movimientos del pensamiento. Heidegger propone que hay que volver al ser para poder entender la humanitas que ha quedado perdida en la historia de la metafísica.

Por eso, en Heidegger se da una Ontología fundamental, porque vuelve a su fundamento: el ser. Además, trata de sacarlo del olvido en que ha caído y mostrar que el ser está en el abismo. Se trata de trascender la metafísica occidental, que para Heidegger no es otra cosa, que negar al sujeto, al Yo, la Ilustración y el Orden Burgués. Tanto él como Jünger creen que los principios de la revolución alemana, funden lo mitico-politico como bandera nacional anti-judía y anti-burguesa.

Así, el Estado técnico absoluto y el nacionalsocialismo desean un tipo de hombre disuelto en los engranajes de la ciencia y la técnica; y el hombre convertido en “obrero” al servicio del orden técnico. Por eso, la libertad se expresa como un servidor del Estado técnico absoluto y del partido nacionalsocialista. De ahí que el totalitarismo nazi convierte el espacio público y el tejido de sus relaciones, en uno político.

El camino de Heidegger es liberarse de las corrientes de pensamientos –los itmos- de la historia de la cultura occidental y captar el ser como claro y verdad. No se trata de captar el ente y sus manifestaciones en lo actual (lo que está enfrente, presente), sino el ser que se oculta en las manifestaciones aparentes del ente.

A Heidegger le inquieta el olvido del ser; por eso, habla de “destrucción” y dice: “Destrucción no significa aniquilar sino desmontar, desarticular y desplazar”. Significa despejar el camino de los escombros que la metafísica ha dejado tras de sí. Mover los obstáculos de las teorías, la lógica, las técnicas y la cultura como mercancía. “Destruir quiere decir abrir los oídos, dejarlos libres para lo que se nos asigna en la tradición como el ser del ente. En la medida que escuchamos esta asignación, logramos la correspondencia”.

Adviene la relación entre cielo y tierra, mortales e inmortales. Se trata de hacer una “nueva” lectura e interpretación de la historia de la cultura occidental y, encontrar nuevas alternativas a lo tradicional, lo cercano, mostrando su desarrollo desde y en el lenguaje.

Asimismo, Heidegger critica el habla, el lenguaje o, el idioma, como instrumento y objeto. Por que en la historia de la cultura occidental se ha instaurado al ser como mero ente y habla (sprache); como instrumento que se adhiere al hombre, no como algo esencial a él. El olvido del ser conduce al lenguaje a su funcionalidad, es decir, estar al servicio del hombre.

El propósito de Heidegger es rescatar su esencia y liberarlo de su objetivación. Se trata entonces de rescatar la expresión genuina del lenguaje y de las palabras, que ellos dejen de ser recipientes para empacar las cosas y ser intercambiadas por vía oral o escrita. Tener presente que en el lenguaje se van haciendo las cosas; y su uso tergiversado lo reduce a palabras huecas y meras habladurías, que hace que pierda su verdadera relación con las cosas. Así, el lenguaje en la proximidad, que es, lejanía, restaura la correspondencia de la cuadratura del mundo: cielo y tierra, hombres y dioses.

En la época actual donde prevalece la Cultura de lo efímero, la vida, el lenguaje y el pensar, pierden peso, el sentido que les corresponde. El hombre se aferra al fanatismo religioso, a la estridencia ideológica o, a la economía, o, a la tecnología, porque no tiene respuesta a los interrogantes esenciales de la existencia. En este orden, el hombre en la actualidad abandonó al ser en el juego de relaciones de la cuadratura del mundo. No existe correlación entre el hombre y el ser, el envío del ser al hombre.

De ahí que uno de los lugares fundamentales de la ausencia de lenguaje es la angustia, en el sentido de ese espanto al que destina al hombre el abismo de la nada. La nada, como lo otro de lo ente, es el velo del ser. Heidegger recuerda que, en el ser ya se ha consumado en el inicio todo destino de lo ente.

Porque el ser está más cerca al hombre que todo ente, ya sea una casa, una roca, una calle, “pero la proximidad es lo que más lejos que le queda al hombre. El hombre se atiene siempre en primer lugar y solamente a lo ente”. Además, el hombre tiene como tarea hacer salir lo oculto de lo ente; y, en la medida del hacer, se revela la verdad del ser.

Así que, “cuando el pensar representa a lo ente como ente, a lo que se refiere es al ser”. El hombre ofrece al ser la revelación de lo ente y, en cuanto lo lleva a cabo, “la pregunta por el ser” sigue siendo siempre la pregunta por lo ente. Por tanto, todo lo que sale desde lo ente y todo retorno a él se encuentra ya en la luz del ser. De ahí que abarque todo lo ente; el hombre tiene la tarea de hacer salir de lo oculto de lo ente a la luz del ser.

“Pero el claro mismo es el ser. Es lo único que dentro del destino del ser de la metafísica permite tener un horizonte […] De tal manera que el hombre mismo sólo puede tocar el ser”. Desde ese horizonte atrae hacía sí el claro que posibilita el advenimiento del ser, montado en la cabalgadura del lenguaje y los movimientos del pensar. Lo que le importa a Heidegger es, la esencialidad del ser y del lenguaje, no el ser en la historia, ni lo ente en la actualidad, sea un sistema político, un gobierno, una piedra, un hombre de carne y hueso. En él prevalece la esencialidad del ser y del lenguaje sobre el hombre histórico.

Por eso, el pensar sólo actúa en la medida en que piensa. Este pensar es el más simple, pero también el más elevado porque atañe a la relación del ser con el hombre. Pero todo obrar reside en el ser y se orienta a lo ente. Por el contrario, el pensar se deja reclamar por el ser para decir la verdad del ser. La acción del pensar se suscribe al decir del ser y en la medida que lo hace, atañe a la correlación ser y hombre. Esa relación se confirma en el decir, la reflexión del pensador y la palabra del poeta. Y su canon es el lenguaje.

La inmovilidad del pensamiento en el presente-ahora concierne a que se ha ubicado en algo exterior a él: la técnica, las imágenes, el conocimiento, la voluntad, la economía del poder, la IA, etc. El pensar ya no revela la verdad del ser y la esencia del hombre. Porque el lenguaje se situó en su parte material y el logos “clásico”, ambiguo, contradictorio, infinito, multifocal, da paso a los lenguajes digitales. Ocultan el advenimiento de la verdad del ser y la esencia del hombre y las humanidades históricas, que se perciben en el lenguaje.

En la época actual avistamos los espejismos del lenguaje del artificio, no la esencia de la técnica que oculta tras de sí. El pensar futuro tiene que desenmascarar lo que oculta la inmovilidad del pensamiento y las relaciones de fuerzas del Gran Poder Tecnológico. Así el pensar actuará sobre los movimientos de lo que piensa y desvelará la verdad del ser y la esencia del hombre.

Heidegger trata de superar la interpretación que ha dado la metafísica desde la antigüedad, la relación sujeto y objeto y la interpretación del lenguaje en la forma de la lógica y la gramática occidentales. Por eso, vuelve a un logos pre-socrático, a un logos mostrativo. Reflexiona acerca del lenguaje que exige adentrarse en su hablar para establecer nuestra morada en él. Rompe con la concepción tradicional de la cultura, que el lenguaje se perciba como instrumento, medio de comunicación.

Preguntamos, ¿de qué se vale Heidegger para sacarnos de la objetivación del lenguaje tradicional? En La Carta, trata de liberarlo de la gramática, la lingüística, la filología, y volver a las fuentes del logos pre-socrático, no con el fin de dar respuesta a todo, sino que el logos ha de buscar senderos para poder dejar ver o, escuchar, la apertura del ser. Este camino es el preguntar, mientras el fin de la metafísica es el responder.

Así, el logos pre-socrático se basa en la pregunta que deja ver lo interrogado para que se devele el ser; y así ganar un “orden” más originario reservado al pensar y el poetizar. Además, tener presente que la historia del ser sostiene y determina toda condición y situación humana. O, en otros términos, los procesos ónticos, contingentes de la historia y la realidad; se definen en las estructuras abstractas de la vida que están bajo el destino del ser. No es el devenir de la historia lo que determina al ser o al ente, sino todo lo contrario. 

Pues bien, no se puede, según Heidegger, pensar la historia del ser humano (del homo sapiens), fuera del ser. Así que, la revolución cognitiva, el lenguaje y la cultura desde hace 20.000 años, Heidegger los percibe en las esferas del ser. Adquieren figura y sentido, en la historia del ser. Para que experimentemos la esencia del pensar, tenemos que liberarnos de la interpretación técnica del pensar. Liberar al pensar de las ataduras que vienen desde Platón y Aristóteles, porque vale como una técnica, como el procedimiento de la reflexión al servicio del hacer y fabricar.

El pensar en la actualidad se subordina al hacer y fabricar técnico. Por eso, en esta época que aúna el capitalismo global de rendimiento y la técnica, al servicio de la tecnocracia y el dinero bancario, la sociedad de masas y la cultura de masas, al consumo, el pensamiento se encuentra en crisis.

Es necesario restaurar la importancia del pensar, en la historia de la cultura y la civilización occidental moderna. Porque estamos en una época de demagogos y farsantes del saber y el hacer. Pero, ante todo, en el ámbito de la práctica política.

   Somos de una época de hechos significativos y actores insignificantes.