martes, 8 de septiembre de 2026

 

                                                             El neofascismo contemporáneo

                                                                        Madrid-España a 08/09/2026

 

No actuar contra el neofascismo o el autoritarismo constituye una decisión ética con consecuencias muy graves”.

“La verdadera responsabilidad moral exige superar la indiferencia cotidiana, para construir un mundo mejor mediante las elecciones de cada día”.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Los gobernantes autoritarios no aceptan la reflexión, el debate, las ideas, creen en el dogma ideológico y la imposición de sus principios. Los gobernantes autoritarios prometen seguridad y confianza, ante el caos sociopolítico de una nación. Dicen a sus votantes: “Yo sé lo que hay que hacer”. La mayoría de las veces no cumplen lo que dicen y se convierten en arlequines de los símbolos que los legitiman como gobernantes.

El espectáculo de su simbología lleva detrás de sí un contenido cualquiera: material, espiritual o ideológico. En un gobierno autoritario, totalitario o, neo fascista, lo fundamental es la estructura y la función del símbolo. Para legitimar un poder que se vale de la publicidad, las redes sociales o las imágenes. Por eso en la actualidad las imágenes para un gobierno neofascista, tienen más peso y sentido que las palabras.

Somos parte de una época en el que las imágenes sustituyen las palabras, las ideas, el debate público,6+ porque son fugaces como la luz del sol al amanecer.

Hoy, hay más países autoritarios, sociedades desorganizadas socialmente, violentas, intolerantes, que no saben qué hacer y le dan el poder a un autoritario o, a un dictador, o, a un neofascista, al que eligen en las urnas. Donald Trump en Estados Unidos, Nayip Bukele en el Salvador, y ahora, Abelardo De la Espriella en Colombia. De ahí que cuando una sociedad está desorganizada y el espacio de la convivencia social lo ocupan los delincuentes comunes, los traficantes de drogas, los grupos guerrilleros, los paramilitares, etc., aparece un “salvador”. Que, a través de ideas, símbolos, gestos, prometen la salvación de la nación o de la patria.

Pero se olvida que lo que le interesa es el ejercicio del poder, esto es, el poder por el poder. Estos personajes prometen que saben de dónde viene el mal y cómo combatirlo. Pero tradicionalmente siempre les basta con echar a los extranjeros, poner algunos grupos minoritarios como cabeza de turco de los males que padece la sociedad, y por supuesto, implementan la xenofobia, la discriminación racial y cultural de las minorías, y ahondan en la violencia y la guerra para legitimar sus acciones.

Podemos decir que la derecha y la extrema derecha populista-nacionalista, no creen en las ideas políticas, creen en las ideas biológicas, psicológicas o culturales. Ellos en la actualidad están recurriendo a esos principios para llegar al poder. Pero ellos no piensan, bien porque no están formados para pensar o debatir los grandes problemas de la sociedad, sino para excluir y denigrar al Otro. De ahí que en una sociedad y gobierno autoritario, el pensador, el poeta, el periodista crítico y reflexivo como lo fue Albert Camus, el filósofo, el pintor o el músico, etc., se convierten en los enemigos del Sistema autoritario o totalitario, que implementan en sus naciones.

Se valen de la simbología religiosa y del dogma, para ganarse los votos de las iglesias evangélicas, católicas y ortodoxas. Se valen de la ansiedad, el desamparo de las autoridades, del miedo y del sufrimiento, para recabar votos. Esto demuestra que la simbología religiosa y las creencias, se manipulan en provecho de las ideas y principios autoritarios o totalitarios. La ansiedad y la angustias en las escuelas y las nuevas generaciones, siempre terminan en opciones políticas autoritarias.

Tenemos la sensación en la actualidad que somos menos cultos, menos tolerantes, más violentos, menos sensibles con el Otro y los otros. Sus padecimientos parece que “la sociedad del vacío” como la llama Gilles Lipovetsky, responde sólo al Capitalismo de consumo, al trabajo, al consumo, a las bellas materias, al lujo, pero es indiferente al hambre, la falta de salud, de justicia, de educación, y de oportunidades para la sociedad. La violencia en las escuelas y colegios, la violencia en las calles y en ciertos espacios sociales, son síntomas que existe una alteración cerebral, la amígdala frontal está hipertrofiada y, en consecuencia, genera pulsiones violentas, agresivas hacia el Otro. Como también pulsiones sexuales que no pueden controlar.

Entonces, la joven generación es más díscola y agresiva. De ahí que existe una concatenación entre el Capitalismo de consumo, la ansiedad, las frustraciones, las pulsiones violentas y conservadoras de las jóvenes generaciones. De otra parte, la revolución de la información se convirtió en una pantalla abierta al mundo, que Internet llevó a su máxima expresión con las imágenes en movimiento, las redes sociales, y ahora con la IA, que se definen como instrumentos mágicos de comunicación, pero no de relaciones. Por eso en la actualidad, el ser humano nunca se ha sentido tan solo como ahora.

Ahora bien, preguntamos ¿qué tiene que ver todo eso con las políticas de la derecha y la extrema derecha? Que se valen de los adolescentes, los jóvenes y adultos, disfuncionales con el Sistema, la escuela, la familia y la sociedad, para lavarles el cerebro con el miedo, el sufrimiento, la violencia, la inseguridad, que el extranjero, el negro o el judío, trae a su sociedad. No los muestran como seres humanos que desean alcanzar otro país para realizarse como personas, tener un bienestar social que la pobreza y el país de origen les ha negado, sino que los muestran como usurpadores, violadores, ladrones, que traen consigo inseguridad y violencia.

Existe una relación intrínseca entre el amor, el apego y la memoria, quienes interconectan estas tres esferas tienen menos probabilidades de votar o apoyar a partidos de derecha y de extrema derecha, de sentirse realizados apoyando al autoritario o al neofascismo. Así que, la desconexión de estas tres esferas da más probabilidades al autoritario que se vale de la incertidumbre o la inseguridad para alcanzar el poder. De ahí que, en un gobierno autoritario o totalitario, todo se politiza, tanto la vida privada como la vida pública.

Solo el compañerismo, la vida en común, la seguridad de todos, posibilita apoyar programas sociales y de desarrollo de ideas. Que un espacio autoritario no lo permite. Preguntamos, ¿cuáles son las consecuencias del auge del autoritarismo, el neofascismo y el totalitarismo, en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica? Que no dan margen de reflexión, de discusión, porque se guían por convicciones. Un fanático no discute, impone sus ideas y principios dogmáticos con la fuerza y la violencia. Con los fanáticos religiosos, políticos o económicos, no hay margen de discusión, de consenso y acuerdos. Si no piensas y actúas como ellos eres un imbécil o un idiota.

Sabemos por lo acontecido por más de setenta años, la guerra de guerrillas por la toma del poder, el secuestro, las masacres, las desapariciones forzadas, ha sido un periodo trágico para la vida de todos los colombianos. Un periodo trágico de división, de odio, de violencia, de guerra, de exclusiones, sin distingo de ideologías, de razas, de estratos sociales, que ha sumido a Colombia en una atmosfera de dolor, de sufrimiento, de sin sentido ante el valor de la vida. Colombia no necesita odio, violencia y guerra, sino reconciliación y paz.

¡No más guerra permanente! Los contenidos de la memoria de estos terribles años, tienen que dar paso a otros contenidos de la vida y de la realidad.

Umberto Eco dijo en “Contra el fascismo”: “Si aún pensamos en los gobiernos totalitarios que rigieron Europa previo a la Segunda Guerra Mundial fácilmente podemos decir que sería difícil que reaparezcan bajo la misma forma en distintas circunstancias históricas. Si el fascismo de Mussolini fuera basado en la idea de un líder carismático, en el corporativismo, en la utopía del Destino Imperial de Roma, en un ímpetu imperialista de conquistar nuevos territorios, en un nacionalismo exacerbado, en un ideal de una nación entera regida en camisas negras, en el rechazo de la democracia parlamentaria, en el antisemitismo, entonces no hallo dificultad alguna en reconocer que hoy la Alleanza Nazionale italiana, nacida de las ascuas del Partido Fascista postguerra, MSI, y ciertamente un partido de derecha, ya no tiene mucho en común con el viejo fascismo”.

Observando el renacer de la derecha, la extrema derecha, del nacional-populismo, del neofascismo en Europa, Estados Unidos, y países Latinoamericanos, hay que tener presente que tras un régimen y su ideología hay una manera de pensar, de concebir el mundo y la realidad, y la vida en el ámbito privado y público. Un gobierno de derecha o de extrema derecha implementa en la sociedad una manera de reflexionar, de sentir, un conjunto de hábitos y costumbres culturales, instintos oscuros e impulsos inasibles. Que legitiman con su simbología, acciones y discursos el ejercicio del poder.

                 Ionesco dijo que,

                              sólo las palabras cuentan y el resto es mero parloteo”.

 

Así que, “los hábitos lingüísticos son frecuentemente importantes síntomas de sentimientos subyacentes”. Estamos en otra época histórica y luchar contra el neofascismo, la derecha y la extrema derecha, significa luchar contra el Estado tecno-burocrático que respaldan las Grandes Plataformas Digitales, sus acciones se expresan en destruir el Estado democrático Social de Derecho, los Sistemas democráticos, los derechos y libertades individuales y, los Organismos Internacionales.

Recordemos que “Mein Kampf  (Mi lucha), es un manifiesto de un programa político completo. El nazismo tenía una teoría del racismo y de la raza Aria como el pueblo elegido, una noción precisa del arte degenerado, entartete Kunst, una filosofía de la voluntad de poder y del Übermensch. El nazismo era decididamente anticristiano y neopagano, mientras que el Diamat de Stalin (la versión oficial del marxismo soviético) era groseramente materialista y ateo. Si con totalitarismo uno se refiere a un régimen que subordina cada acto del individuo al estado y su ideología, entonces tanto el nazismo y el estalinismo eran verdaderos regímenes totalitarios”- expresó Eco.

Ernst Jünger escribe en el libro “El Trabajador”, que el ascenso del nacionalsocialismo significa la única verdadera revolución alemana contra el mundo burgués y su cultura (un mundo que según él también incluye al socialismo marxista y al movimiento obrero), revolución que reemplazará la burguesa por una nueva forma de vida, la del “obrero” que blande el poder perfecto sobre el mundo perfectamente técnico, cuya libertad es el servicio espontaneo en el orden técnico, cuya actitud es la del soldado, y cuya racionalidad, la de la tecnología totalitaria.

El libro de Jünger es el prototipo de la unión nacionalista entre la mitología y la tecnología –dice Herbert Marcuse- libro donde “sangre y suelo” emergen como una empresa gigante, totalmente mecanizada y racional, que moldea la vida de los hombres hasta tal grado que los hace ser con precisión automática la operación correcta en el momento y el lugar correctos, un mundo de sentido práctico bruto, sin espacio ni tiempo para “ideales”. Pero este mundo totalmente tecnológico surge y se alimenta de una fuente supra- tecnológica que Jünger señala evocando los rasgos “anti-burgueses” del carácter alemán.

Así pues, “libertad del trabajo será la concepción aria de la libertad y de la cultura; una concepción nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o liberal porque para nada cuenta el sujeto o el individuo o el Yo, sino la comunidad de pertenencia; un concepto de la cultura alemana racista, y en permanente lucha por la existencia de la raza contra la modernidad. Que identifican con los judíos, la ciencia y la técnica política al servicio del egoísmo, la individualidad internacional. Que sólo busca en su expansión –ora liberal, ya marxista- la desaparición del ser.

Como escribió Adolf Hitler, de la “circunscripción territorial determinada de un Estado (que) supone una concepción idealista de la raza que lo constituye y, ante todo, tener una noción cabal del concepto trabajo. Por tanto, “el pueblo del trabajo” nazi coincide, en sus lineamientos geopolíticos más importantes, con “el pueblo metafísico”, “el pueblo espiritual”, en fin, “el pueblo histórico” de Martin Heidegger. Como expresa Julio Quesada: “Ahora podemos ver lo inconmensurable de la lucha por el ser, que tiene ver con la lucha de las especies, la “autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del hombre”. 

En la actualidad los partidos de derecha, de extrema derecha, nacional populistas, no tienen un programa político que responda a las necesidades materiales, espirituales, morales, ideológicas, culturales, de los países y las sociedades donde implementan sus políticas de gobierno. No se basan como el nazismo en una teoría de la raza superior, elegida que debe implementar una filosofía de la voluntad de poder, que responda a los ideales mítico-religiosos, ideológicos que exalte a una raza y a un pueblo, dentro del destino histórico de la nación. Son partidos que incrementan el odio, el racismo, la xenofobia, la violencia, la desigualdad, la injusticia, contra el extranjero, el negro, el judío, el indígena, sin fundamentos ideológicos, de principios o culturales. Esto comporta ataques exacerbados contra el nomos y contra el ethos.

   Como dijo Abelardo de la Espriella Presidente de Colombia, en una parada militar:

      Que los soldados de Colombia son “una máquina de guerra”, “una máquina de muerte.

 Desde hace cortos espacios de tiempo se está incrementando la batida contra el ser humano. “Una batida que no deja escapatoria ninguna; y está prepara por teorías que aspiran a dar una explicación lógica y compacta del mundo y que corren parejas con el desarrollo técnico”. Al adversario, al extranjero, al Otro, se lo cerca primero en el ámbito de la razón, la ideología, la política, el dinero, la diferencia racial, la religión o la lengua, y luego también en el ámbito social. Y a esto se le agrega, llegada la hora, la detención, la expulsión y, si es preciso su muerte.

                         Como dijo Ernst Jünger:

No hay destino más desesperado que el caer en un proceso como ése, en un proceso en el cual el derecho se ha convertido en un arma”.

Donald Trump no tiene un cuerpo teórico, ni una filosofía: solo retórica. Es un ateo militante de MAGA que utiliza a la Iglesia evangélica para orar sobre él y su gobierno. No es enteramente un fascista sino un nacional populista autoritario. Así que, todos los movimientos y partidos de derecha o de extrema derecha de Europa y América Latina, hallan en él una suerte de arquetipo a imitar en sus programas e ideales en sus respectivos países. Se ha convertido en una especie de faro que guía en la mar de contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales, a “jefecillos” nacional populistas y de extrema derecha de Sudamérica. Que provee una alternativa conservadora y revolucionaria ante la amenaza Wok, progresista que cree en la justicia social y las libertades individuales, en el continente.

Así que, el devenir histórico da razón para explicar por qué las palabras nacional populistas, autoritarios o neofascistas, pueden ser utilizadas para definir los diferentes movimientos o partidos reaccionarios en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. No es porque las palabras tengan en sí o en la naturaleza que las define, todos los elementos que las precisa como neofascistas, autoritarios o nacional populistas. El neofascismo es un autoritarismo confuso, contradictorio de diferentes ideas políticas reaccionarias donde florecen.

Preguntamos, ¿se pueden concebir los movimientos neofascistas y autoritarios, que conceden privilegios a las elites económicas nacionales, a la Iglesia evangélica o católica, en la educación estatal pública y privada y, que entrelaza la violencia, el control estatal con el libre mercado, como movimientos enteramente neofascistas? Así que, los movimientos neofascistas, autoritarios y populistas, son apoyados en Latinoamérica por terratenientes reaccionarios, el capital financiero, empresarial e industrial, medios de comunicación, redes sociales, para destruir al progresismo, la izquierda o la extrema izquierda, lo que dicen no responde a las verdaderas necesidades materiales, espirituales, morales y culturales de la sociedad.

No existe fascismo, neofascismo, autoritarismo tolerante. Porque sus convicciones políticas e ideológicas no lo permiten. Son movimientos que no tienen una base teorica-filosofica, sino que están adheridos a una ideología recalcitrante que bebe de las fuentes de ciertas corrientes arquetípicas. Los líderes opositores son enviados a prisión, exiliados o asesinados y, se valen del poder estatal, el ejército, la policía, los grupos de seguridad del Estado, los jueces, para controlar, vigilar y coaccionar a la sociedad civil. La prensa libre es abolida o vigilada, por los censores del partido o la elite gobernante.

Además, los sindicatos son desmantelados y los disidentes políticos son enviados a prisión o exiliados. El poder legislativo se transforma en una ficción deliberada del poder ejecutivo. Incrementan el odio, la mentira, las falacias desde los medios de comunicación y las redes sociales. Los decretos y las nuevas leyes se crean para defender las fronteras y la patria, de supuestos enemigos exteriores. También para preservar la raza blanca evangélica y católica del indígena, del negro o, del mestizo de pies descalzo y descamisado. Es decir, defender los intereses de las elites gobernantes nacionales e internacionales de los pobres del país.

Estos movimientos políticos de derecha y de extrema derecha o neofascistas, no poseen un nomos ni un ethos, que respondan a las necesidades mítico-culturales de la nación. Movimientos poéticos, artísticos o una arquitectura, a la altura de las necesidades políticas, sociales, culturales de la sociedad y de la ideología del Líder o Presidente de la nación. Como también de movimientos espirituales, expresiones estéticas materiales que hagan culto al ideario neofascista, autoritario populista. Como hizo el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini.

Así que, el falangismo político-católico de Francisco Franco, fue solo una versión descolorida del nazismo y del fascismo. Mientras la derecha y la extrema derecha nacional populista se aferran a principios que no se corresponden a las necesidades de sus pueblos. Sólo hablan de rojos, de Wok, de progresistas como apestados que han traído a los pueblos inseguridad, hambre, injusticias, violencia. Pero olvidan deliberadamente que son precisamente las elites gobernantes las que trajeron la violencia, el hambre, el desempleo, la inseguridad en la Gran ciudad y los campos, la falta de educación y saludad, que ahora esgrimen como espada flamígera para cortar las amarras de la descomposición social, económica y política.

“El resurgir de los partidos de extrema derecha nos retrotrae indefectiblemente al fascismo de los años treinta, adaptado a la actualidad política y económica. Es éste un neofascismo integral, cuya estructura ideológica no ha variado en la esencia, desplazando solo la figura del enemigo: del judío y el comunista al inmigrante y desde la crisis de los refugiados en 2015, el musulmán. Es imperativo, pues, entender el contenido de esta ideología neofascista”. Porque “sostiene una concepción pura de la nación (biológica, cultural o histórica), un rechazo visceral al mestizaje, y manifiesta un temor patológico frente a la evolución de los usos culturales (de ahí su homofobia y antifeminismo”. “En el terreno político, considera el “pueblo” una entidad orgánica, homogénea y opuesta a la división en clases sociales; deslegitima la representación política (“todos los políticos están podridos”), mientras obedece ciegamente a líderes demagógicos omnipotentes”.

Umberto Eco enumera claramente algunas características del “Fascismo eterno”:

1.       “La primera característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición”.

2.        “El tradicionalismo implica el rechazo del modernismo”.

3.        “El nazismo era una ideología basada en la sangre y la tierra”.

 “El irracionalismo depende del culto de la acción por la acción”. “Pensar es una forma de castración”. “Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas”.

Joseph Goebbels dijo: "Cuando oigo la palabra cultura, busco mi pistola".

4.        Expresiones: "Intelectuales degenerados", "Universidad, guarida de comunistas". De ahí la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo (del Fascismo eterno)”.

5.        “El mayor empeño de los intelectuales fascistas oficiales consistía en acusar a la cultura moderna y a la intelligentsia liberal de haber abandonado los valores tradicionales”.

6.        “Ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad”.

7.     "En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.

8.       "El desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El Ur-Fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo de la diferencia”.

9.       “El primer llamado de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos”.

1          10. “El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición”. 

11      “El llamado de los fascismos históricos ha sido el llamado a las clases medias frustradas”.

12.     Una clase que sufre “por la humillación social, la frustración económica o social”, se convierte en caldo de cultivo del fascismo puro.

13.     El nacionalismo: “el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Éste es el origen del nacionalismo”. “Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos”.

14.     Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, vida para la lucha”.

15.    “El pacifismo es entonces traficar con el enemigo. Es malo porque la vida es una guerra permanente”.

16.   “Los elitismos aristocráticos y militaristas implican el desprecio por el débil”.

17.    “En esta perspectiva, todos están educados para convertirse en un héroe”.

18.   “En todas las mitologías, el «héroe» es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma”.

19.    “Este culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte”. “El Ur-Fascismo se basa en un populismo selectivo, un populismo cualitativo”. “En una democracia, los ciudadanos gozan de derechos individuales, el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo – se siguen las decisiones de la mayoría”.

20.    “En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo en Televisión o Internet, o IA, en el que la respuesta emocional de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la Voz del Pueblo”.

21.    Los textos escolares y los discursos del Líder, “se basan en un léxico pobre y una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico”

22.    “Debemos prestar atención a que los sentidos de estas palabras no se vuelvan a olvidar. El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. Sería mucho más fácil para nosotros que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: "Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas".

Recordemos, por último, las palabras de Sami Nair, catedrático de Ciencias Políticas, que dijo recientemente en el periódico El País de Madrid-España:

 “Frente a esta gravísima situación, es imprescindible que las fuerzas democráticas tomen las riendas desde la raíz. Todo el proceso europeo, tan difícilmente conseguido desde la segunda guerra mundial, puede estallar bajo los golpes rabiosos de estas fuerzas oscuras. No habrá posibilidad de vencer su retórica si la estrategia se reduce solo a minimizar el impacto de su ideología o asentir la exclusión de los extranjeros, replegándose sobre las fronteras nacionales.

Neutralizar a la ultraderecha representa un desafío europeo (norteamericano y Latinoamericano) y, por lo tanto, la respuesta debe ser europea (y de todos los continentes que se sientan amenazados por el neofascismo). Una respuesta coordenada y política. No basta con solo recuperar los valores democráticos frente a esta nueva barbarie, sino, más aún, elaborar materialmente propuestas sociales y políticas para reinsertar a las capas excluidas o precarizadas: empleos, seguridad profesional, esperanza colectiva. Vencer este neofascismo significa, más que nunca, defender una Europa (un Estados Unidos y una Latinoamérica), social y solidaria”.

    La libertad y la liberación de todas las sociedades y naciones de Occidente, son una tarea que no acaba nunca.

Vale la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt el 4 de noviembre de 1938:

"Me atrevo a afirmar que, si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestras tierras".

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

 

                                                          La era del vacío

                                                     Madrid-España a 01/09/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Guilles Lipovestky destaca que en esta época de alto desarrollo técnico y de comunicaciones rápidas y simultaneas, de sociedades de masas, redes sociales e IA, el análisis marxista de la falsa conciencia, de la alienación y la manipulación, resultan inútiles para comprender el funcionamiento de las sociedades desarrolladas. Así la relectura de Tocqueville le permitió analizar la sociedad democrática liberal y libertaria e individualista, como algo más que un epifenómeno sin consistencia o, la expresión de la economía capitalista. Esto le posibilitó configurar y descifrar las sociedades democráticas y plurales de la actualidad, en su Cultura.

                                             Que llamó

                                          la segunda revolución democrática”.

Así que, “la segunda revolución democrática” lo espolea para reflexionar sobre las imposturas de la democracia liberal. También el control totalitario de la existencia, el nuevo lugar que ocupa el individuo – agente en las sociedades modernas desarrolladas y de masas, la fuerza automatizada subjetiva impulsada por la segunda modernidad: el capitalismo productivo de consumo, el ocio y el bienestar de las masas en la modernidad. Su análisis se aleja del de Michel Foucault, que interpreta a la sociedad como una máquina disciplinaria, de control y de condicionamiento generalizado.

De ahí que perciba la vida privada y la vida pública como más abiertas, más estructuradas, a las opciones y juicios individuales. A la vez destaca el proceso de liberación del individuo, en relación con las imposiciones colectivas, que repercuten en la liberación sexual, la relajación de las costumbres y la ruptura con el compromiso ideológico.

Piensa que el hedonismo de la sociedad de consumo sacude los cimientos del orden autoritario, disciplinario y moralista. Este remesón se observa en las formas de vida, en la educación, los papeles sexuales, su relación con la política de masas y la cultura de masas. Estas ideas rompen con el análisis de la alienación y del control programado de la vida por el capitalismo burocrático. También critica la acción política, los valores morales y religiosos de la derecha y la extrema derecha en la actualidad. En particular la europea y la norteamericana a la cabeza de Donald Trump y su ideario político de MAGA.

Cree que la revolución individual-narcisista no fue un fenómeno totalmente positivo. Pero, apunta que el optimismo de la aventura democrática de la libertad fue real. Pero, se quedó corto respecto a la felicidad o, el bienestar social para toda la sociedad. O, lo que es lo mismo, que el Estado de Bienestar Social no respondió a las verdaderas necesidades sociales, económicas, materiales, morales, éticas y culturales de la sociedad. Piensa que las sociedades democráticas actuales con sus inconsistencias no deben ser demonizadas, por ciertos analistas y críticos de la modernidad.

En Lipovestky lo importante es que teoriza una realidad plural, poli dimensional, donde el universo social posibilita ser optimista y pesimista a la vez. Por eso la dimensión social que vivimos es contradictoria y ambigua, tal como lo es la naturaleza humana. En este orden de ideas, tengamos presente que la atmosfera optimista-libertaria del individuo se esfumo; y. por otra parte, predomina la mundialización y la ideología de la salud. Además, ahora el individuo está cargado de incertidumbre e inseguridad. Que se expresa en la acción política, tecno-militar y geoestratégica de los Estados modernos.

De ahí que la mundialización o la globalización, la comercialización, el consumo, no respondieron a las verdaderas necesidades humanas: espirituales, materiales, económicas, culturales de la persona humana. Y, esto trajo un malestar general en las democracias liberales y el Estado de Derecho. Así que, el hedonismo pasó de un sentimiento de triunfo a uno de fracaso y ansiedad. Entonces, la sensación de ligereza de la existencia da paso a la crispación, al odio, la violencia, el miedo, el sufrimiento y la guerra; Y, esto crea en la conciencia individual una especie de aire fétido, oscuro y nauseabundo, como si viniera de las cloacas de la existencia.

Esto posibilito lo que Lipovestky llama la “libertad paradójica”: Un ámbito donde “la sociedad del entretenimiento y del bienestar conviven” con los barrios de los parados, los desclasados, los lumpen, los traficantes de drogas, y la falta de bienestar para un amplio sector de la sociedad: la falta de atención sanitaria, de educación universal, de trabajo, de vivienda, de seguridad, etc. Que crea no solo un malestar social sino también subjetivo, psíquico, espiritual, moral en los componentes del cuerpo social. Y, en consecuencia, posibilita enfermedades como la depresión, la ansiedad, problemas del sueño y adicciones a las drogas o, a los fármacos.

Hay que destacar que, Lipovestky no escribe narrativas de filosofía pura, sino que analiza y explica la lógica del presente-actual, desde una perspectiva social, cultural, histórica, los deseos y los gustos del individuo. Piensa que las dinámicas del presente-actual, alteran el individualismo cultural y la socio-antropología democrática. Este tipo de análisis trae consigo los problemas de las diferentes etapas históricas. Es decir, que todo cambia en el devenir histórico de la humanidad. Podemos percibir entonces que “la decepción es una experiencia universal”. Donde deseo y decepción van juntas.

Guilles Lipovestky se vale de Schopenhauer y Cioran para estudiar la negación de la posibilidad de la felicidad, en la civilización moderna individualista y democrática. Afirman que “el deseo y la existencia conducen a una decepción infinita”. De ahí que el objeto de la literatura moderna de un Balzac, un Stendhal, un Muset, un Maupassant, un Céline, un Chejov, un Dostoievski, un García Márquez, un Sábato o un Borges, etc., sea el tedio, el resentimiento, la soledad, la violencia, la frustración, la vida malograda, las ilusiones perdidas, el amor, la guerra o la muerte, etc.

Lipovestky percibe que la Edad Moderna precipito las desilusiones de las clases medias, a multiplicar el número de descontentos y amargados por una realidad que no coincide con los ideales democráticos. Con otras palabras, los ideales de la democracia representativa no responden a las verdaderas necesidades de las sociedades modernas. Sino a unas selectas minorías tecnológicas y económicas que poseen el ochenta por ciento de las riquezas mundiales.

El ejemplo de Estados Unidos es diciente, desde que Trump llegó a la casa blanca por segunda vez, los que detentan el poder real, los tecno oligarcas reniegan de los principios de la democracia representativa y levantan el estandarte de la libertad individual, que significa no pagar impuestos, no regular la economía y, evitar la intervención del Estado en lo público. Necesitan de un sistema de gobierno semejante a una dictadura o, a un totalitarismo de Estado, para poder competir con sus oponentes y establecer un sistema financiero de criptomonedas al sistema financiero de los Estados-Nación.

Según Lipovestky somos parte de las sociedades modernas de masas y de cultura de masas, que se caracterizan por la decepción de los individuos que la componen. Es una sociedad decepcionante y de decepcionados. Porque somos parte de la civilización de la ansiedad, la frustración y el desengaño. Es decir, las sociedades hipermodernas se caracterizan por decepciones tanto públicas como privadas.

Desde otra perspectiva, la decepción se manifiesta también en la “desregularización y debilitamiento de la socialización religiosa”. En este orden de ideas, las iglesias no son referentes de socialización de las sociedades hiperindividualista. Como tampoco son referentes sociales de autoridad ni de cohesión social en la actualidad. George Steiner dijo que, los estadios de futbol eran la iglesia popular del Siglo XX.

   Esto no indica que la fe en Dios desaparezca, sino que la “religión no tiene la misma capacidad de consolación”.

Hay que tener presente que, la sociedad hipermoderna está conformada por una “modernidad triunfante que se ha confundido con un desatado optimismo histórico, con una fe inquebrantable en la marcha irreversible y continua hacia una “edad de oro” prometida por la dinámica de la ciencia y la técnica, la razón o la revolución”. Así que, “la visión progresista de la historia considera el futuro como superior al presente, y las grandes filosofías de la historia, de Turgot a Condorcet, de Hegel a Spencer, han partido de la idea de que la historia avanza necesariamente para garantizar la libertad y la felicidad del género humano”.

En este orden de ideas, las tragedias del Siglo XX y las de la actualidad han cuestionado el futuro como incesantemente mejor. Que la visión posmoderna define como “desencanto ideológico y perdida de la credibilidad de los sistemas progresistas”.  Por tanto, en la época actual “se prolongan las esperas democráticas de justicia y bienestar”, ya que en la actualidad prevalece el “desasosiego”, el “desengaño”, la “decepción y la angustia”. La decepción, por ejemplo, es una experiencia que caracteriza a la sociedad hiperindividualista. Una experiencia que se extiende cada vez más y se convierte en un fenómeno global. Somos individuos decepcionados en la convivencia social y con la pareja, en el matrimonio y el trabajo, etc.

 Lipovetsky describe un mundo donde el vacío no es ausencia, sino una nueva forma de organización cultural, social y emocional. El vacío no existe, ni como algo separable de los cuerpos ni como algo inseparable de ellos, pues no es un cuerpo, sino la extensión de un cuerpo. Arguye luego que para explicar el desplazamiento espacial no se necesita el vacío, pues al moverse los cuerpos se van reemplazando unos a otros.

Lipovetsky define el vacío como una sensación interna de falta de propósito, significado o plenitud, a menudo se describe como una sensación de "hueco" o "nada" en el interior, y puede estar asociado con la falta de satisfacción y sentido en la vida. Es decir, en la Cultura del artificio e hiperindividualista el vacío se relaciona con la conversión del hombre en objeto o en número. Y se expresa en la falta de sentido de la existencia en el mundo actual. Todo se presenta al ser humano como fugaz, pasajero, y sin valor real para orientar al ser humano en la acción y la teoría de la vida cotidiana.

Teniendo presente lo anterior, se afirma que estamos en la época postmoderna. Estallido de lo social, disolución de lo político, un ámbito donde el individuo maneja el tejido de la existencia individual como lo crea conveniente. El texto La era del vacío de Lipovetsky, escruta esta mutación esencial del ser humano, investigando los rasgos esenciales de la época actual, alejados de los tiempos de rebelión, interrogación y disentimiento de épocas precedentes. El texto desarrolla la temática siguiente: “Seducción non stop”, “La indiferencia pura”, “Narciso o la estrategia del vacío”, Modernismo y posmodernismo”, “La sociedad humorística”, y “Violencias salvajes y violencias modernas”.

Expresa Lipovetsky: “Los presentes artículos y estudios no tienen otro nexo de unión que el de plantear todos ellos, aunque a niveles diferentes, el mismo problema general: la conmoción de la sociedad, de las costumbres, del individuo contemporáneo de la era del consumo masificado, la emergencia de un modo de socialización y de individualización inédito, que rompe con el instituido desde los siglos XVII y XVIII”.

El pensamiento de Lipovetsky desvela la mutación histórica en curso, en el que, “el universo de los objetos, de las imágenes, de la información y de los valores hedonistas, permisivos y psicologistas que se le asocian, han generado una nueva forma de control social y del comportamiento de los individuos”.

Esa diversificación de las sociedades modernas, ha alterado la vida privada y la vida pública, las creencias y los roles, que han estructurado y puesto en funcionamiento, una nueva etapa en la historia del individualismo occidental. Piensa que, “nuestro tiempo sólo consiguió evacuar la escatología revolucionaria, base de una revolución permanente de lo cotidiano y del propio individuo: privatización ampliada, erosión de las identidades sociales, abandono ideológico y político, desestabilización acelerada de las personalidades; vivimos una segunda revolución individualista”.

Bueno bien, la hipótesis que propone Lipovetsky, “trata de una mutación sociológica global que está en curso, una creación histórica próxima a lo que Castoriadis denomina «significación imaginaria central», combinación sinérgica de organizaciones y de significaciones, de acciones y valores, iniciada a partir de los años veinte —sólo las esferas artísticas y psicoanalíticas la anticiparon en algunos decenios—, y que no cesa de ampliar sus efectos desde la Segunda Guerra Mundial”.

Vivimos una época hiperindividualista, donde “el proceso de personalización remite a la fractura de la socialización disciplinaria; positivamente, corresponde a la elaboración de una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades, el sexo y la asunción de los «factores humanos», en el culto a lo natural, a la cordialidad y al sentido del humor”.

Una época, por decirlo así, donde la hybris del progreso se concatena con el Capitalismo de consumo y la revolución de la información, que exalta las necesidades humanas, el consumo, el ocio vacío, el hedonismo y el sexo. Una época de decadencia de los valores y los conceptos, que fundamentan el tejido vivo de la existencia individual. De ahí que priorice a la Cultura del artificio ante la Cultura del sentido.

Desde hace pocos espacios de tiempo, hemos visto en el devenir histórico occidental, que “la lógica de la vida política, productiva, moral, escolar, asilar, consistía en sumergir al individuo en reglas uniformes, eliminar en lo posible las formas de preferencias y expresiones singulares, ahogar las particularidades idiosincrásicas en una ley homogénea y universal, ya sea la «voluntad general», las convenciones sociales, el imperativo moral, las reglas fijas y estandarizadas, la sumisión y abnegación exigidas por el partido revolucionario”.

Pero, en la época actual, “lo que desaparece es esa imagen rigorista de la libertad, dando paso a valores que apuntan al libre despliegue de la personalidad íntima, la legitimación del placer, el reconocimiento de las peticiones singulares, la modelación de las instituciones en base a las aspiraciones de los individuos”. Aquí se pone en evidencia lo que Hannah Arendt dijo:

  Que el hombre es libre porque él mismo es un principio; es decir, un empezar”.

Es importante anotar que “la lógica individualista: el derecho a la libertad, en teoría ilimitado, pero hasta entonces circunscrito a lo económico, a lo político, al saber, se instala en las costumbres y en lo cotidiano”. En este mundo posmoderno vivir significa, vivir libremente sin represiones, escoger íntegramente el modo de existencia de cada uno: es el hecho social y cultural más significativo de nuestro tiempo, la aspiración y el derecho más legítimos a los ojos de nuestros contemporáneos”.

jueves, 27 de agosto de 2026

 

                                                 El desgarramiento de la lengua natural

                                                 Madrid-España a 27/08/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Desde la perspectiva socio-política resulta preocupante las diferencias en el ámbito de la educación y la cultura, la ciencia y las tecnologías de la información, el ingreso per cápita y el PIB, la cualificación de la mano de obra y las oportunidades de trabajo, bienestar social y respeto a la libertad individual –porque rompen el equilibrio entre los Sujetos internacionales y ahondan las diferencias entre individuos y naciones. Podemos vislumbrar que unos utilizan gran parte de la economía de la existencia, al éxito económico y político, al bienestar social, a la educación y la cultura, la ciencia y la técnica; otros que son mayoría, a la supervivencia diaria.

Esto representa para la naturaleza esencial del ser humano, una degradación de los órganos vitales y las esferas del espíritu. En realidad, somos parte de un conjunto de naciones y civilizaciones, donde se prioriza el poder y la economía, las tecnologías y las armas, la eficacia y la eficiencia. Sobre la educación y la cultura, las artes y la música, la filosofía y las humanidades, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. O, lo que es lo mismo, se prioriza la IA ante la creatividad, el talento y el intelecto. Eso que posibilita alcanzar la dignidad de persona. O, en otros términos, las esferas del espíritu, la imaginación y el pensamiento, que facilitan el sentido de la existencia.

Ahora bien, si el hombre se aleja del humanismo es, porque no tiene confianza en sí mismo; una visión de la existencia que impide vivir auténticamente la propia vida. Porque el “núcleo” de la existencia no descansa sobre sí mismo, sino en algo exterior a ella: la técnica, el dinero, el poder, el lujo, el consumo, las bellas materias, las redes sociales y, la fugacidad de los acontecimientos cotidianos. Y, hace de la vida humana, sumamente desgraciada y atormentada, porque no logra estar a la altura de su temple vital.

Se comprobó en los últimos espacios de tiempo que, el hombre no tiene fe en sus posibilidades físicas e intelectuales. Que el ser humano ha ido perdiendo la fe en su obra y el entorno que lo rodea. Y, en consecuencia, el lugar del hombre se sustituyó por el ámbito de la Cultura de lo efímero; el umbral donde nuestras vidas son insignificantes y están destinadas al olvido. Un espacio donde prevalece el despilfarro de la energía vital y la existencia se deteriora, proyectando las vidas atormentadas como imágenes o números.

Así que, por el desgarramiento de la memoria verbal y la debilidad del espíritu, observamos cómo el ser humano ha ido perdiendo la capacidad de ser hombre, (de las ideas, creencias, costumbres, opiniones, sentimientos, experiencias, que se han tejido en las historias compartidas, etc.); y, cómo ser lingüístico, incapaz de comunicarse y cuestionar el mundo que le ha tocado vivir.

Las imágenes que tenemos del ser humano –distribuidas por los medios de comunicación, las Plataformas Digitales, las redes sociales, Facebook, Instagram, X, etc., no se corresponde con la realidad del hombre de carne y hueso. Nos preguntamos, ¿dónde está el ser humano que cree en la libertad? ¿dónde buscamos la criatura que descubre su “Yo” interior, la vivacidad de Dios, o de las cosas; ¿la esencia de la vida, su sentido amoroso, en el Otro? ¿dónde está la persona que sufre y calla, y cuyo silencio, es la voz de Dios?

Es nuestra alegría festiva. Conocemos entonces más que nuestro progreso, experimentamos nuestro poder estático, nuestra figura, nuestro ser–así en ella”. Vestigios de eso, se vislumbran en el horizonte, son instantes donde el espíritu entabla comunicación con los fragmentos de Absoluto. En este orden, se configura en las fronteras del tiempo, un rasgo alquímico, una voluntad misteriosa, donde el instante de la frágil y deleznable vida humana, se comunica con las potencias del Universo o, con Dios.

Es importante tener presente que, la literatura, la poesía, el arte o la música, preparan al ser humano para sentir la aniquilación del valor, preguntar sobre la existencia individual o colectiva, sobre aquello que da nuestra razón de ser. Y por la magia de la palabra nos enfrenta a la superficialización y simplificación del mundo técnico y político del que somos parte. Estamos observando como un número de seres humanos, se vale de la literatura, del arte, la teología o, la filosofía, del espíritu o la música, para soportar las energías destructoras del mundo técnico y científico, económico y militar.

Esto es digno de admiración y respeto en sociedades enloquecidas por el dinero, la política, el lujo, las bellas materias y las tecnologías de la información, la industria armamentística, la comunicación llana y simultanea o, la IA. Que en la superficie del mundo ya se están sintiendo sus partes blandas; son síntomas que indican que soñando nos acercamos a un nuevo despertar.

El poeta, “designa el momento de “creación” de una lengua, el momento de producción de las palabras, el momento en que el mundo se hace lenguaje o el lenguaje abre un mundo” –dijo José Luis Pardo en “La regla del juego”-. El poema, es palabra, abierta a la escritura, a la memoria y al recuerdo o, a la cadencia de la lengua. La poesía nos ayuda a soportar el peso de la historia y la Vida. Es lenguaje, creador de mundos y realidades, y al nombrarlos, los significa, desvelando fragmentos de los misterios que encierra el enigma de lo existente.

“Ellos han hecho el mundo decible, nombrable (y, por tanto, nos han hecho posible habitar la tierra como hombres: animales que hablan); hemos de suponerle una sabiduría inhumana, literalmente pre-humana, ellos han debido ver las cosas antes de cubrirse de palabras…, y por eso han podido fabricar esas palabras que ahora usamos del mismo modo en que recitamos sus poemas, es decir, de memoria…, ellos deben saber la verdad de las cosas para las cuales inventaron las palabras que las ponen de manifiesto”. Ellos crean las palabras que nosotros los seres humanos usamos. Somos evidentemente usuarios de palabras, “y para decir algo hace falta usar palabras ya existentes, palabras que preceden”.

El mundo que habitamos es un mundo creado por palabras; un tejido de lenguajes y para el lenguaje. A su vez, el devenir del tiempo en el marco de la historia, de las civilizaciones y sus configuraciones espacio-temporales en la Culturas y las Civilizaciones, es, un tejido de palabras. Así que, todo lo que hacemos o pensamos desemboca necesariamente en el lenguaje. Como dijo Ludwig Wittgenstein: “Todo lo que el hombre es, ha sido o será, lo contiene una proposición lingüística”.

La poesía, “es una condición estructural de la práctica lingüística”. No depende de los hechos, sino de las profundas necesidades espirituales y morales del ser humano. Si “los poetas producen palabras –escribe José Luis Pardo–, hacen lengua, pero no son ellos quienes hablan esa lengua, quienes dan un uso a sus productos o quienes conocen su finalidad. Los poetas son productores –una suerte de proletariado de la palabra–, y producción es lo que significa la palabra de la que procede su nombre (poiêsis), traer al mundo algo que antes no había”.

Si la poesía es manantial de agua viva, tierra y vida; se convierte en el umbral donde el hombre se proyecta como tal. Es digno de admirar que, “alrededor de estos hallazgos –manantiales de agua, etc. –la vida humana se vuelve posible, la tierra se torna humanamente habitable. Los poetas fundan lugares, crean comunidad”. Por eso el mundo contemporáneo echa de menos a los poetas, a los escribas de literatura, es decir, de novelas. Porque la palabra hace habitable lo inhabitable, y transforma la visión que tenemos de la realidad y la existencia individual.

Como expresó E. Benveniste, en Problemas de lingüística general, II: “Por encima de las clases, de los grupos y de las actividades… reina un poder cohesivo que hace de un agregado de individuos una comunidad y crea la posibilidad misma de la producción y de la subsistencia colectiva. Este poder es la lengua, y sólo la lengua”.

Podemos leer e interpretar desde el umbral del lenguaje los problemas de las sociedades actuales. Si los seres humanos olvidan los vestigios de la memoria verbal que inconscientemente han tejido los antepasados de la comunidad o, sus padres, inexorablemente se olvidan de sí mismos. Sin embargo, observamos estupefactos y anonadados como el hombre está entregando poco a poco la naturaleza lingüística e inquisidora, a los espejismos de la ciencia, la técnica, la política o, la economía. Este proceso de la historia reciente de Occidente, está convirtiendo al ser humano en objeto. De ahí que la civilización técnica que vivimos hace apremiante la presencia de la poesía, la novela, el arte, la teología, la filosofía, es decir, la Cultura de la que somos parte.

No podemos olvidar que, “la poesía crea comunidad, pero es una comunidad no elegida sino obligada, forzada por las inclemencias de lo inhóspito o, como también se dice, por las necesidades de la vida (el poeta, cuando es poseído por el dios que lo inspira, también lo es de un modo necesario, arbitrario e inclemente). Por eso, la comunidad nativa, natal, natural…es característicamente acogedora, protectora, cobijante” –escribió José Luis Pardo.

Por eso, no hay que ser indiferentes al mundo del espíritu, porque “el mundo espiritual tiene su centro fijo –afirma Hermann Cohen-, que irradia en toda la extensión infinita de la cultura, pero que los intereses de la cultura, sean cuales sean, nunca logran desplazar”.

Es importante anotar que el Zeitgeist, Espíritu del Tiempo y sus juicios, no percibe los profundos cambios que se están dando en la naturaleza del hombre; porque los sitúa sobre la cripta, en la superficie de la bóveda de lo actual, del presenta-ahora. Preguntamos, ¿qué es lo fundamental para el ser humano en esta época abstracta? Que la palabra conserve la magia y su relación con lo luminoso o, las potencias del espíritu. Y que nos permita salir de los yermos espacios donde se ubican los sistemas racionalistas y materialistas, que nos sujetan a la coacción de sus dialécticas. Así que, en estados como éstos sabemos que los átomos de la palabra liberan una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva la naturaleza espiritual que le corresponde.

Por eso la custodia del lenguaje o, de la comunicación verbal, no hay que dejarla en manos irresponsables. A la vez, tener en cuenta, que la primacía de los mass-media e Internet -átomos, bits, microchips, etc.-, en las civilizaciones actuales, posibilitó no sólo otros medios y modos de comunicación, sino también de imaginación, de cognición y de experiencia individual. Pero, cuando se manipulan al servicio de los poderosos, la vida se ubica en el umbral del ensimismamiento, la melancolía, ante la añoranza de lo fundamental. De ahí que nuestras ensordecidas y grises vidas, puedan obtener de la cadencia de la poesía, del lenguaje de la novela, las “formas” del arte, la veneración o, los ritmos de la música; algo así como “un sentimiento del movimiento interior y de la coherencia del ser individual y nuestras sociedades algo de la pérdida visión de una concordia humana”.

En un estado como éste, nos preguntamos, ¿cómo es posible que lo novedoso y exigente, lo que vale la pena decir, pensar o hacer, encuentre un auditorio entre el estrépito de inflación verbal y auditiva de las civilizaciones actuales? George Steiner piensa que, mediante la música, las artes y las ciencias exactas pueden llegar a una sintaxis común. Un ámbito donde los modos y los medios de comunicación posibiliten un mundo más humano y vivible, donde se transfigure una nueva Gramática de la vida.

En la época actual la lengua material y espiritual, el medio que comunica los contenidos espirituales de las personas y las comunidades, se está convirtiendo en un arma para la violencia o la guerra.

En este orden, se convierte en “deber ser” formar pedagógica y culturalmente a las nuevas generaciones, para que sean “capaz de acoger la sugerencia que debemos soportar tanto el haber nacido como el que tenernos que morir; es decir, de madurar” -al decir de Harold Bloom. En el mundo actual, es imprescindible formar para la vida y la muerte, la guerra y la paz, los triunfos y las derrotas, la felicidad y los infortunios; y, así de esa manera, elevarnos sobre nuestras propias inmundicias y posibilitar el encuentro con lo que Dickenson llamó: “Lo sublime precario”.

Es necesario que el Weltgeist, Espíritu del Mundo y sus juicios, esté a la altura para redescubrir lo humano. Que nos permita reconocer nuestras precariedades, también apropiarnos del hálito de lo sublime. Aquello que posibilita la coherencia interior del ser humano y la restauración de la visión de una concordia humana. Por eso las corrientes de pensamiento reduccionistas e historicistas que reducen el palpito de la existencia individual a hechos, cifras o relaciones de poder; perciben a los seres humanos como meras fichas de un juego filológico y político, económico o material. Pero desconocen que el hombre porta en sí y para-sí, un sustrato que es irreductible allende del tiempo y del espacio, o mejor, del Espíritu.

No olvidemos que en el decurso de las civilizaciones podemos observar que, casi todas cuentan con su versión de Babel, con su mitología de la dispersión original de las lenguas. Se tiene la imagen que “se cometió un error atroz, se produjo una liberación accidental del caos, semejante a la que desencadeno la caja de Pandora. Más comúnmente, se cree que la situación lingüística del hombre, las barreras absurdas que le impiden comunicarse, son un castigo. Una torre lunática fue lanzada a las estrellas; los titanes se atacaron entre sí, y sus esquirlas y huesos rotos se transformaron en las lenguas aisladas; deseoso de escuchar como Tántalo, la charla de los dioses, el hombre mortal se vio convertido en un bruto y perdió todo recuerdo de su palabra nativa y universal” –al decir de Steiner.

A partir de entonces el decurso de la historia, la tradición esotérica y metafórica, las imágenes del arcano, las construcciones cabalísticas y emblemáticas, las etimologías ocultas y los complicados desciframientos, han abierto la discusión sobre Babel y la búsqueda de las revelaciones esenciales.

Lo que luego acaeció en la Cultura y la Civilización occidental reciente, Karl Kraus lo percibió en la lengua de la filosofía, del derecho, de las artes, del periodismo. Creía que la lucha por la verdad y la responsabilidad individual en la comunicación pública o privada, habían sido fatalmente socavadas. Por eso intuyó que la imaginación, los medios y los modos del lenguaje, no eran las herramientas adecuadas para dar cuenta de la época. Que el lenguaje se había convertido en instrumento de demagogia y de despropósitos humanos. “La sospecha fin – de – siècle de que el lenguaje no sería nunca más adecuado o acorde con la experiencia humana -, que su corrupción por medio de las falacias políticas y la vulgaridad del consumo de masas habrían hecho de él un instrumento de bestialidad se ha confirmado” –expresó Steiner.

Esta degradación supuso para el “logo-centrismo” y los cimientos de la cultura occidental reciente, un desgarramiento fundamental; porque tocó la naturaleza del Ser y del existir. De ahí que, generó una trastocación ontológica y epistemológica, en la cultura occidental reciente. Es necesario reiterar que la civilización actual está diluyendo sus valores y formas estéticas, en la Cultura de lo efímero. Donde la imagen en movimiento, el campo magnético de las ondas energéticas, los lenguajes analógicos, se transforman en sociedades cinéticas y multimedia. Un tipo de civilización que nubla la capacidad de interrogar, la magia que representa para la vida, la soledad, la libertad o la muerte. Es una civilización que degrada la Gramática de la vida.

De ahí que la joven generación entienda la vida como algo fugaz, donde el aquí-ahora determina las pulsiones de la existencia individual. Además, el sin sentido y la falsedad de los “ordenes” de la existencia, banalizan las fronteras entre lo divino y lo humano. “Ello nos permite suponer –dice Steiner– que ciertos fundamentos de la consciencia humana, de los procesos mentales y los hábitos de la sensibilidad son susceptibles de ser alterados substancialmente”.

Si se alteran los medios y los modos de la comunicación humana, se hace lo mismo con los recursos verbales de la Cultura y la Civilización occidental. Así que, las lenguas se corrompen en beneficio de poderes espurios que incrementan el vaciamiento espiritual. Y, en nombre de la manipulación técnica y el Gran Poder Tecnológico (redes sociales, Plataformas Digitales, medios de comunicación), ponen la lengua del computador y de la informática, al servicio de los poderosos del mundo. Así esta mutación lingüística se convierte en problema político, militar, verbal, ético y epistémico, porque afecta la Gramática de la vida.

Así mismo, en medio de las corrientes de estupor de la época, los espíritus sensibles, fuertes, luchan contra el reduccionismo, la uniformidad o, el kitsch. Porque piensan que se concatenan con el fundamento mismo de la modernidad; la rebeldía expresada contra las ideas preconcebidas, el dogmatismo, y la estética del kitsch; y, el eclecticismo del orden existente, lo confirma.

Así que, la Creación se entronca con la naturaleza lingüística del hombre. Existe, en consecuencia, una correlación entre la lengua de Dios y la lengua de los hombres. Entonces, si esto sucede en la vida humana, “el mundo se traduce a sí mismo y para nosotros en unas prescripciones léxico-gramaticales prefijadas”. Que posibilitan que el ser humano trasforme la realidad y el pensamiento, en y por las palabras. Que todo, absolutamente todo, lo humano o no humano, es lenguaje. No podemos olvidar que, las palabras son los átomos del pensamiento y de la realidad.

El escritor J. M. Lasalle traza siguiendo las propuestas posmodernas de Jean-François Lyotard, que el pensar posmoderno supera las variables que definen la Ilustración del siglo XVII y la Época Moderna. Plantea que la condición posmoderna es el final de las grandes narrativas, que han interpretado el mundo y la existencia dentro de un relato coherente de progreso y racionalidad. Para Lasalle la estructura y el funcionamiento intelectual de la Ilustración, es insostenible debido a los avances tecnológicos y los cambios posindustriales que priorizaron las telecomunicaciones de la sociedad de la información.

Así que, la crisis de los relatos y de la Ilustración según Lyotard, dinamita el concepto de progreso, de razón ilustrada y configura en la esfera política, el fracaso de los gobiernos y la legitimidad de las sociedades abiertas, por estar insertas en una crisis de identidad.

Según Lasalle el humanismo y la posición del hombre en el mundo, la cultura misma y el libre juego interior del pensamiento, y la civilización occidental, son desplazados como ámbitos de interpretación por una visión científica donde prevalece la técnica y la voluntad de poder. Donde la revolución de la Cultura del artificio y la Civilización Digital reemplazan al “logos” natural y, arrastran tras de sí, la visión posmoderna que configura un nuevo ejercicio del poder. Un ámbito en el que, los problemas humanos se solucionan con big data y la Inteligencia Artificial aplicadas a las sociedades y la política posmoderna. Que ha generado un desenlace de consecuencias imprevisibles.

Así que, los datos de Internet y los algoritmos que los selecciona, discriminan y organizan el consumo diario de las sociedades modernas y, componen un binomio de control y dominio. En este ámbito, los seres humanos adquieren una fisonomía donde prevalece la parálisis del pensamiento, del lenguaje, la incapacidad de crear, escribir, juzgar, criticar y decidir. Entonces, las máquinas gestionan nuestras vidas como “objetos” o “números”, a través de una base de datos algorítmicos.

Hemos entrado de lleno en la era de la radicalidad. Una era en la que impera la brutalidad de las relaciones, en la que la fuerza prevalece sobre el derecho, las palabras; así las normas y leyes del derecho internacional y las relaciones armoniosas entre los Estados han quedado atrás. Una élite contrarrevolucionaria, armada teórica y técnicamente, se ha afianzado en Washington. Y está ahí para quedarse.

Se sugiere que existen otros métodos, caminos distintos, que nos hacen señas, insinúan cosas y ponen al ser humano en el centro del mundo. Son campos magnéticos que nos atraen hacia un centro único, creer en el hombre como el ser más idóneo para alcanzar los fragmentos de felicidad, lo justo, lo bueno y lo bello. Nuestra época, por el contrario, sitúa el pathos en otra esfera de la existencia. Por eso en la historia de la humanidad han existido épocas más humanistas que otras. No quiere decir que, el Espíritu de la Época, no tenga ningún valor. Sino que solo ubica el pathos, en otra esfera de la existencia individual.

En la Gran ciudad, los seres humanos sienten que se enfrentan a tempestades de acero, y el resplandor de sus hechizos arrastra tras de sí, espejismos de imágenes y lenguajes digitales, que configuran las nuevas utopías de lo inmediato. Por ende, el nuevo “tipo” de hombre que está configurando la arena de la historia, se presenta como un denigrador nato de todos los “tipos superiores” y de los modos y los medios naturales de comunicación humana. Este “tipo” de hombre rompe los lazos con el mundo del mito y la niñez; también con las fuentes de lo mágico y maravilloso de la realidad y de la Vida.

En esta época se olvida que la lengua responde a los más oscuros dilemas de la existencia: el nacimiento, la vida, la muerte, Dios, el destino, el sentido de la vida, la esperanza y la desesperanza. Además de ideas, experiencias, historias, metáforas, la novela y la poesía responden a los enigmas de la existencia con símbolos y mitos, con los recursos del pensamiento mágico. Por eso creo en el dialogo, la palabra dadora de sentido, creo en la dignidad del ser humano, creo en la justicia social y la libertad. Porque el dialogo y la fraternidad se reemplazaron por el insulto, la xenofobia, el racismo, y todas las formas de discriminación social.

Recordemos, por último, lo que dijo Ernesto Sábato, en el texto “La letra y sangre”, que “el estilo es la persona. El arte de la lengua necesita una tirantez entre las categorías gramaticales rígidas y las ocurrencias de cada individuo, y sobre todo las ocurrencias de los grandes creadores. La lengua de la vida es así: equívoca, multívoca [. . .]La lengua viva es una inquieta mediadora entre la sociedad y el individuo. Y gracias a sus “equivocaciones” se mantiene ese equilibrio dinámico que llamamos evolución”.