miércoles, 18 de febrero de 2026

 

 

 

                                      El lenguaje en el umbral de la civilización moderna

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Madrid-España a 18/02/2026

Sabemos que el lenguaje contiene y expresa en contenidos espirituales, la esencia del ser humano, del mundo y su realidad. Posibilita, entre otros, la comunicación con el Yo interior, las “formas” del arte, la cultura, la ciencia, la religión o la filosofía. También posibilita la comunicación libre, solidaria y fraterna en una sociedad democrática; y, a la vez, el buen entendimiento entre los miembros de una comunidad o la comunicación entre enemigos. Así, el lenguaje no es una mera evidencia sino la esencia de contenidos espirituales que comunican el pensar y la experiencia.

Giambattista Vico (pensador italiano del siglo XVIII), fue el primer filósofo que concibió la idea de cultura. Vico quería comprender la naturaleza del conocimiento histórico, de la historia en sí misma. Expresó que, comprender es ponerse en la perspectiva de aquellos que hablan a otros, a quien también nosotros podemos oír. Dijo que, rastreando la historia de las palabras, podemos rastrear la actitud hacía las cosas que expresan esas palabras, el papel que desempeñaron en las vidas de aquellos que queremos comprender. Este es el motivo de que la historia de los lenguajes tenga una importancia crucial. Lo mismo se puede decir de la historia de los mitos, del arte, de la ley o, de la religión.    

Por eso, el pensar es una forma del lenguaje y no una mera evidencia; una parte de la esencia del lenguaje en su expresión y forman un todo. Así pues, el lenguaje también puede convertirse en instrumento de las manipulaciones psicológicas, morales, ideológicas o, de odio del ser humano. Cuando los hombres no habitan su morada se convierte en utensilio de su voluntad. En otros términos, en voluntad de poder, de coacción, de dominio o, de muerte.

Entendido el lenguaje de esa manera, oscurece la verdad del ser y la esencia del hombre; incapaz es, de expresar el ente en cuanto ser del ente, o sea la naturaleza, el mundo y el fundamento de éste.

El lenguaje es azas misterioso, contradictorio, ambiguo, insondable, multifocal, y los hombres desde los tiempos remotos saben que edifica o destruye al ser humano. Quien ejerce el poder instituye un tipo de lenguaje y éste legitima la fuerza, el derecho y el poder. Como dijo Michel Foucault: el poder crea saber y el saber crea poder. No hay que olvidar que el lenguaje posibilita alcanzar lo sagrado y puro que mora en los cielos estrellados, también bajar a las cloacas del mundo y de la existencia.

Cuando el lenguaje se manipula en función de la ideología, del dogma religioso o secular, se falsea. La mentira reemplaza la verdad y pasa a la recamara del lenguaje. Así, al perder la mediatez con las cosas se oscurecen los contenidos espirituales que comunica. Asimismo, pierde su sentido evocador, mágico y trascendente. Al hacerlo obedece a la razón o, a los instintos; no a la esencia del hombre, lo que constituye la humanidad de ser humano y no inhumano.

Cuando el lenguaje pasa a la recamara, el espíritu de éste se mancha, se oscurece o, se envenena. Entonces sirve como instrumento de demagogia, de mentira, de simulación, del ejercicio del poder.

Porque la espiritualidad implica libertad e infiere al mismo tiempo, las preguntas fundamentales de la existencia y del mundo, ¿quién soy? ¿cuál es el sentido de la vida? ¿por qué vivo así y no de otra manera? ¿cuál es el lugar que ocupa el hombre en la sociedad y en el mundo? Si preguntamos por lo fundamental de la existencia –la libertad, la fraternidad, el respeto al otro, el amor, la dignidad, la solidaridad, etc.-, respondemos como una práctica espiritual.

Sabemos que el pensamiento es la actividad del espíritu de autorreflexión que busca el “significado”, en el sentido Kantiano. En La vida del espíritu, Hannah Arendt se refiere a éste “como la actividad del pensamiento y del juicio que puede iniciarse o detenerse según la voluntad del sujeto”. Además, las preguntas fundamentales de la existencia, se oponen a cualquier dogmatismo y, en particular, al religioso que ofrece respuestas sencillas y pide creer en ellas.

Estas preguntas sondean la condición humana que es la que da sentido a la vida, al mundo y su realidad.

En este orden, la falsedad del lenguaje en la modernidad toma “forma” y “contenido” en el Estado, la política, la economía, la religión, los instrumentos técnicos y la cultura. El técnico, el político, el banquero, no están a la altura para que el espíritu afluya a ellos. Porque este tipo de individuos es amante de los gustos gruesos o del exceso. “Casi siempre olvidamos que estamos asentados en humores. También el sudor y las lágrimas significan que la vida está activa en regiones hondas de la salud”.

En esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, olvidamos que la vida no la abarca, los instrumentos técnicos, la ciencia, la economía, el Estado, las finanzas internacionales, sino que hay que mirarla con otros cristales. Mirar con los ojos de la sensibilidad, de la curiosidad, del alma o del espíritu, qué se oculta detrás del forro de los fenómenos. Por ejemplo, poner la técnica al servicio de las necesidades humanas (materiales, intelectivas, los saberes y las prácticas sociales), e ir al encuentro del sentido de la existencia.

En consecuencia, en el mundo moderno el hombre deviene en un proceso de simplificación de la existencia y quien está al borde del abismo sabe que “no faltan esfuerzos tendentes a ganar un mundo que tenga vigencia y valoraciones nuevas y más poderosas” -expresó en su día Jünger. 

Ahora, sí queremos comprender en la modernidad como vivían los seres humanos, debemos “comprender sus motivos, sus miedos, esperanzas y ambiciones, sus amores y sus odios, a quienes rezaban, cómo se expresaban a través del arte, de la poesía, de la religión. Somos capaces de hacerlo porque nosotros también somos seres humanos, y comprendemos nuestra propia vida interior en esos mismos términos” –dijo Vico. Ya que en la historia de la humanidad el hombre ha sido siempre todos los hombres, nos diferencia del de hace 30 o 20000 años, sólo un “saltito”.

Uno de los problemas del hombre moderno, consiste en que, la mayoría de las veces nos atenemos a los fenómenos, a las imágenes o a las cifras, que presenta el Gran Poder. En un mundo dominado por la materia y la futilidad, el ser humano es incapaz de transpirar y llorar, de verse a sí mismo como en espejo en su propio interior. “Desconoce que la vida tiene otras caras; así que lo húmedo en lo espiritual, como lo de jugoso, de musgoso, de frescor de bosque hay en la poesía. Y todo lo que en ellas hay de fontanal, sobreabundancia de imágenes y de palabras, en cuyo cause van flotando las partículas sólidas”.

Por tanto, en este mundo evanescente y fugaz, necesario es, que despertemos la curiosidad, la capacidad de asombro, de imaginación, de pensamiento y reflexión; porque estamos abocados a la disolución de los atributos de la existencia. En este orden, vemos la zona de la sentimentalidad, la subjetividad y la espiritualidad alejarse de los verdaderos requerimientos humanos. Y, esto es sumamente trágico para el futuro del hombre sobre la Tierra.

Uno de los umbrales que interesa en la actualidad nos dice: “En la morada de la palabra el hombre piensa”. No existe pensamiento sin lenguaje. Así, el lenguaje expresa modos de pensar y de actuar. Cuando el lenguaje no reside en el logos, se falsea y responde a algo exterior a la esencia que lo constituye. En esa estancia mora el odio, la mentira, la falacia, el disimulo, el engaño, la estafa, y, en términos políticos, el populismo, el nacionalismo, el autoritarismo, el demagogo, el fascista o el tirano.

En el Mundo del artificio en que vivimos necesitamos de un baúl de máscaras, porque la pretendida imagen interior de la propia naturaleza que llevamos de sí mismos es, de un minuto a otro, pura improvisación. Nos orientamos enteramente, por así decirlo, según las máscaras que nos son presentadas. El mundo es un arsenal de esas máscaras. Y sólo el hombre atrofiado, devastado, las busca como un simulacro en su propio interior. Porque la mayoría de las veces nosotros mismos somos pobres en este aspecto.

Por eso somos felices portando las máscaras más exóticas, la máscara del asesino, del farsante, del cuatrero, del violador, del dictador, del terrorista, del banquero, del político, del militar, del guerrillero, del paramilitar, del industrial, del empresario, del torturador, del hombre culto. etc. “Mirar a través de ellas nos encanta. Vemos el universo y sus constelaciones, los instantes en que hemos sido esto o lo otro de una vez”.

Así que, en la historia de la cultura occidental moderna, el compromiso con lo establecido como verdad y lógico, lo ratifica la historiografía o, el historicismo. Por eso somos habitantes del mundo de la falsedad y la mentira, de la simulación, porque la verdad reside en el olvido. Un espacio donde preferimos obedecer lo oscuro, lo enigmático, lo mítico, y no dejarnos guiar por la sentimentalidad, la imaginación creadora de “forma”, la sana razón o el tejido vivo de la estética de la existencia.

“Ahora, ¿en qué reside la grandeza de los hombres? En reconocer sus fuerzas en las propias derrotas” –dijo Walter Benjamín en Experiencia y Pobreza.

De ahí la importancia de la imaginación, la curiosidad, la libertad y el intelecto, para cuestionar lo “lógico”, lo que presenta el poder como verdadero e inamovible. En un ámbito como este, es importante la filosofía y el pensamiento crítico, porque posibilitan percibir, imaginar y pensar, el mundo que nos rodea. Aquí se trata de sacar a la luz el decir demostrativo, que Heidegger entiende por lenguaje, por habla.

Porque la esencia del hombre es enteramente lingüística y todo lo que hacemos o pensamos, desemboca en las corrientes espirituales del lenguaje. “El lenguaje es la casa del ser que ha acontecido y ha sido establecida por el ser mismo. El descenso a la subjetividad, que es un ascenso, conduce al hombre a la pobreza de la existencia” –al decir de Heidegger.

Así que, las condiciones de la existencia se develan en las esferas del pensamiento, del ser, la historia y el lenguaje. Porque la condición humana es una forma del lenguaje y del pensar apropiado que deviene a la verdad del ser y del lenguaje. Es el pensamiento y el lenguaje el que les da “forma” y “contenido”, esto es, sentido en los horizontes del mundo y de la historia.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario