lunes, 16 de febrero de 2026

 

                                                 LA LIBERTAD EN EL ÁMBITO POLÍTICO

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Madrid-España a 13/02/2026

El ser humano no puede olvidar, que libertad impregnada por la acción y el comportamiento teórico y práctico. Es en sí una especie de luz que eleva la acción política a transformar los procesos automáticos e históricos. Así, la libertad tiende a develar los fenómenos históricos en cuanto posibilita la acción política en la sociedad. Entonces, la acción es “obrar”. Un hacer circunscrito a la práctica política y a unas circunstancias históricas determinadas.

La libertad es la llama de la vela que alumbra los logros o los fracasos, en la praxis política. Ella siempre es un comienzo en el devenir de las acciones humanas y, en particular, de la política.

En cuanto la libertad es llevada a galope sobre la práctica política es histórica. Así queda preservada en la memoria y la rememoración. Pensando la existencia del hombre o los hombres, no sólo habitan la casa del ser, el lenguaje, sino también la morada de la acción política. Medimos el hacer político, la acción en la esfera pública por el rasero de los logros de su práctica, colmados de éxitos o fracasos.

Así pues, en esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, Ernst Jünger piensa que, “se ha llegado a una concepción nueva del poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantearles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que no puede tener nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra.

Las corazas de los nuevos Leviatanes tienen sus brechas propias, que continuamente están siendo palpadas, y esa operación tiene como premisas una prudencia y una audacia de una especie nunca antes conocida. Así, uno se inclina a pensar que existen aquí minorías selectas que están iniciando la lucha en favor de una libertad nueva, una lucha que requiere grandes sacrificios; no es licito dar a esa lucha una interpretación que resulta indigna de ella.

Para encontrar algo parangonable con esa lucha es preciso dirigir la mirada a tiempos y lugares esforzados; por ejemplo, a los de los hugonotes o a los de las guerrillas que Goya vio en sus Desastres. Comparada con estas cosas, el asalto a la Bastilla, de la cual sigue alimentándose hoy la consciencia de libertad del individuo, no pasa de ser un paseo dominguero por las afueras de la ciudad”.

Pero, el quehacer de la política, su acción, teórica o práctica, se vale del lenguaje, del pensar y la libertad, para alcanzar lo que se propone. Bueno bien, ¿de dónde saca la libertad su fuerza y medida? ¿cuál es la ley de su hacer y decir? Por supuesto, de la esencia que la determina a sí misma y la impulsa a romper el cerco de los procesos automáticos y los procesos históricos. Es decir, la existencia de la libertad rompe con la multiplicidad de determinismos que la condicionan en sus diversas formas: el determinismo biológico o fisiológico; el determinismo social; el determinismo psicológico; o, el determinismo metafísico y teológico.

Podemos afirmar que, la acción es en cuanto destino de la libertad. Sin ésta la acción política se condiciona a los procesos históricos o al determinismo político. La libertad hay que blandirla como hace el guerrero con la espada; porque del manejo responsable de ella depende la justicia, la fraternidad, la convivencia pacífica, la educación, la cultura, los derechos humanos, la paz.

Por tanto, el advenimiento de la libertad trae consigo el evento de la acción política. Huir a refugiarse en lo siempre-igual no lo exime de peligros. El peligro adviene cuando la libertad posibilita que la acción entre en discordia con lo establecido como verdadero. Que amenace al Estado y sus instituciones, al poder o, a las minorías selectas que lo ejercen; o, que posibilite el pensar, el análisis, la crítica, de las relaciones de poder y de saber. Así pues, “la libertad contiene en sí el catálogo de las cosas posibles que siempre está ahí – para que una posibilidad salga escena es preciso que se la acepte”.

Ya es hora de desacostumbrarse a sobrestimar la política, la economía, la imagen o, los lenguajes digitales y, por así decir, no pedirles más de lo que pueden ofrecernos. En la actual precariedad y mediocridad del mundo, es necesaria más acción y más atención a los fines de la política y de los políticos. Por eso la política se encuentra en vías de descenso hacia la pobreza de su esencia; porque priman los intereses del partido y del Gran Poder, sobre el bienestar y el progreso de la sociedad.

Ahora vemos que las Grandes Empresas Tecnológicas (Amazon, Telefónica, Facebook, Instagram, X, Meta, etc.), se están convirtiendo en un nuevo Estado dentro de los Estados Modernos y, es sumamente grave para la libertad y la autodeterminación de los pueblos o las naciones. Ahora se trata de luchar contra un enemigo que nos vigila las 24 horas del día y se convierte en el Gran Hermano técnico y del mundo técnico, es decir, del técnico y del colectivo técnico.

Hannah Arendt piensa que, en los procesos históricos los períodos de libertad han sido relativamente cortos en la historia de la humanidad. Lo que permanece intacto en épocas de petrificación y ruina es, la facultad de la libertad misma. La capacidad de comenzar, que anima e inspira todas las actividades humanas. Y, constituye, por así decir, la fuente oculta de producción de las cosas grandes o bellas. Por eso la estética es la madre de la ética y de toda capacidad de juzgar.

La libertad no es una virtud del hombre, sino un Don supremo que el hombre entre todas las criaturas de la Tierra crea. Pero es a través de la acción, cuando devela la luz que se esconde detrás del forro de los fenómenos históricos. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, una capacidad para realizar milagros debe estar dentro del rango de las actividades humanas.

Así que, “está en la naturaleza de todo nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una “infinita improbabilidad”, pero es esto lo que en realidad constituye el tejido de lo que llamamos real. Esta “infinita improbabilidad” es válida para un nuevo nacimiento o interrumpir la lógica y la coherencia de los procesos históricos. De ahí que los sistemas totalitarios, detesten la venida de una vida nueva al mundo, por ser siempre un recomenzar. Un volver a empezar que esconde detrás de la voluntad y de la acción, del pensar y el lenguaje, la ruptura con lo establecido como dogma o verdad.

Seria superstición esperar milagros, “infinitas improbabilidades”, en el contexto de procesos automáticos sean históricos o políticos, aunque no estén excluidos. Además, la historia está llena de acontecimientos que el milagro, la “infinita improbabilidad”, ocurre frecuentemente. Ya que, por decir, los procesos históricos son creados e interrumpidos, por iniciativa humana por ser un ser que actúa. Y detrás de la acción se esconde la esencia de la libertad, que le posibilita actuar en múltiples esferas.

La libertad como hecho demostrable y la política coinciden y se relacionan entre sí como las dos caras de una misma moneda.

De ahí que lo impredecible y lo imprevisible se esperan como milagros en las esferas de la vida política. La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”, sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida terrenal, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica, consiste que, en el dominio de los asuntos humanos conocemos al autor de dichos “milagro”. Son los hombres quienes los protagonizan, quienes por haber recibido el doble Don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Una realidad que responda a las apetencias morales, espirituales y materiales; pero también, en la vida pública, la política, que la libertad y la acción tiendan a lo justo, lo bueno y lo bello. A un Estado democrático Social de Derecho que proteja y facilite a la sociedad la acción política y la libertad, como piedras angulares de la colectividad democrática y libertaria.

Porque el mundo común es el escenario de la acción y de la palabra; sin un ámbito políticamente garantizado la libertad carece de un espacio mundano en el que pueda hacer su aparición.

De ahí que, la libertad necesita de un mundo organizado políticamente en el que cada hombre libre pueda insertarse de palabra y obra. De lo contrario, será sólo una manifestación de la libertad interior o subjetiva de la persona humana o, tal vez, la libertad cercenada o secuestrada por el poder autoritario o el totalitario. Porque existe una concatenación entre el mundo común que comparten todos los hombres, la palabra y la libertad.

En este ámbito, el lenguaje no puede caer “al servicio de las vías de comunicación a modo de acceso uniforme de todos a todo, pasando por encima de cualquier límite”. Porque en la actualidad la objetivación del lenguaje en la comunicación rápida y simultánea, es lo único que perdura: efímero por sí misma se sostiene sobre el sistema general de la información, que hace de las noticias conmensurables de acuerdo al interés que el sistema administra.

Una de las tareas del pensar futuro consiste en desvelar el sistema general de la información, que está ligado a informar a los sujetos receptores, determinando su interés, y no a suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. Porque degradan la experiencia y la vida en común, de todos y cada uno de nosotros. En esta civilización de lo efímero los medios de comunicación o las redes sociales, le otorgan al individuo la objetivación de su existencia. Por eso la coherencia de la individualidad se quebrantó en nombre de lo fugaz de la vida.

La “opinión pública” decide lo “comprensible y lo desechable por incomprensible”. Además, degrada no sólo la esfera privada, sino que sustituye los hechos por opiniones falaces y vacías.

Se trata de tener presente que, la seducción que ejerce la opinión pública sobre el ser humano, se dirige a las pasiones, los sentimientos, los instintos, los mitos, las leyendas, los prejuicios, la conciencia, que los crea para legitimar el ejercicio del poder y del saber. De ahí que la opinión pública es efím

era como el artificio de la realidad que comunica. Esta tiene una relación intrínseca con la Cultura del artificio. El hombre en este ámbito debe dejarse interpelar por el ser.

Sólo así se le vuelve a regalar a la palabra y a la libertad, el valor precioso de sus esencias y al hombre, la morada donde habitar en la verdad del ser.

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