domingo, 15 de junio de 2025

  

 

                                           ¿Qué está en juego en la Época Moderna?

                                                                    Madrid-España a 15/06/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Ernst Jünger pensó que la magnitud de las masas informes pasó de ser una dimensión moral y política a un mero objeto, número o cosa. La sociedad de masas y la cultura de masas, representan en la consciencia las relaciones inconexas de la Gran Ciudad, también la segunda consciencia donde éste se percibe como objeto. Así que, la Cultura del artificio posibilita la objetivación del individuo y sus articulaciones. Además, la zona de la sentimentalidad, el sentimiento de cercanía, del valor no simbólico, fundado en sí mismo, se desvanece y a cambio el movimiento de las unidades vivientes es dirigido a gran distancia. Por eso una única maniobra en el cuadro que los dirige a gran distancia conecta las articulaciones de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas– a la corriente de los lenguajes digitales.

La Gran ciudad es el ámbito donde prevalecen las relaciones inconexas de las sociedades de masas, el lujo, el consumo y el dinero. El lujo posibilita que los hombres amen lo visible, las bellas cosas, las bellas materias. Que el hombre se distancie de sí y de la esencia que lo constituye como tal; el lujo hace que el ser humano dependa de los objetos. Por eso “la existencia de un nuevo lujo que es el del tiempo, el del espacio y el de la distancia respecto a los objetos”, es fundamental para el hombre de hoy –al decir de Gilles Lipovetsky.

Además, la objetivación de las articulaciones humanas posibilita que el hombre responda a los requerimientos del Gran Poder. Estas ramificaciones y múltiples venas se entrelazan con “el orden técnico en sí, con ese gran espejo donde se revela con máxima claridad la objetivación de nuestra vida y se halla impermeabilizado de manera especial contra el acoso del dolor. La técnica es nuestro uniforme” –dice Jünger.

Desde esta perspectiva podemos percibir como el “carácter de confort de la técnica” se entrelaza con “un carácter instrumental de poder”. Es decir, de dominio, de control, de coacción, de vigilancia, de dolor y miedo. Un carácter que porta en sí, el rostro de la barbarie y de la muerte. La técnica y la razón se convierten en algo cruel. En esta época el poder no solo se relaciona con el saber, sino también con la técnica, el odio, el miedo y la crueldad.

Por eso en el espacio y el tiempo donde prevalece la racionalidad, la técnica y el poder, “hay quien se enfrenta a lo místico –y al misterio—sobre la base de la racionalidad. Su racionalidad es cuestionable – observa Kertész. Pero ¿Qué es lo místico? Se pregunta el escritor. “La totalidad universal que no es abarcable con el lenguaje, el gran curso inamovible detrás de los fenómenos, el gran acontecimiento oculto en las honduras de los acontecimientos, tal vez nuestra propia vida en sí, de la cual estamos excluidos debido al individuo y la racionalidad.

Dice Imre Kertész: Una de las formas más desalentadoras de la racionalidad: la racionalidad histórica, la que limita y se limita a la historia […] La mera razón, la árida llanura de lo “objetivo”; y la mera razón nunca es, en el fondo, razón, sino más bien defensa, síntoma de la incapacidad de emprender la aventura espiritual, rechazo. La –mera- racionalidad es carácter, como lo es la irracionalidad, la erotomanía o la cesaromanía”.

Por eso la aventura del espíritu no afluye a quien permanece inmerso en los espejismos de la razón y de la técnica. La crueldad de la razón se percibe en la cotidianidad del mundo: la práctica política, la economía, la ciencia o, los instrumentos técnicos para la guerra. Así la razón adolece de pulcritud espiritual; de ahí que sus hijos son pobres de espíritu. Porque no se hallan a la altura del poder que afluye a ellos. Son incapaz de penetrar en la profunda noche, en “la noche del mundo inconsciente de las pulsiones”, donde “Freud introdujo audazmente la mirada” (en palabras de Thomas Mann). Así que, el espíritu afluye al creador y como “el poema establece marcas que no son alcanzadas en la vida […] Semejantes a la capa de ozono, los misterios otorgan a la vida protección contra un ardor demasiado vivo. La visión directa de la belleza despojaría de lenguaje al espíritu, amenazaría con la muerte al cuerpo” -dijo Ernst Jünger.

Es algo evidente en la actualidad somos pobres de espíritu e incapaz de crear grandes obras como Thomas Mann, Goethe, Milton, Tolstoi, Cervantes o García Márquez, etc., espejos para que el hombre y la humanidad se miren y se conozcan así mismos. Observamos en el presente-ahora que el ethos de la técnica (la forma común de vida de la técnica, su costumbre, su conducta), se entrelaza al espíritu de la crueldad y la barbarie. Esto se expresa en las armas para la guerra. También en las Plataformas Digitales, Internet, redes sociales o, los medios de comunicación de masas.

“Pero todavía somos capaces de ver las pérdidas; aún sentimos la aniquilación del valor, la superficialización y la simplificación del mundo”- intuyó Jünger.

Aunque la zona donde se ubica la sentimentalidad esté siendo atacada por el mundo heroico, el cultual o técnico, el dinero bancario o el poder político, la industria militar o la nueva voluntad de poder o las Plataformas Digitales, los valores que dieron forma y sentido a la Época Moderna y, a la cultura occidental, todavía están vivos. Son valores universalistas que dan sentido a la vida de los pueblos y sus generaciones.

Observamos en las Grandes ciudades como se defienden los valores de la Ilustración –el “estatus” de la persona individual, el “sujeto”, la racionalidad, los derechos fundamentales, la justicia social, la libertad individual, de hablar, de escribir, de pensar, la democracia, etc. Somos conscientes que devienen valoraciones nuevas, pero no impiden que bebamos del pozo de los pensadores, del arte o la poesía. Así mismo, se establezca el Estado de Derecho y el Sistema democrático, que instauren la libertad, la justicia social, el respeto a la vida y a la dignidad humana. Eso que nos posibilita dignificar la vida de los pueblos y de las personas.

Ahora observamos como las generaciones nuevas son hijos de la Cultura del artificio. Donde la revolución de los medios de información, la informática, las redes sociales, Internet, la Inteligencia Artificial generativa, hacen que sean nativos del mundo digitalizado. Pero no hay que olvidar que, el ser humano tiene un resto misterioso y divino, que la técnica es incapaz de disolver. Humberto Eco afirmó que: “Toda tentativa de averiguar el sentido último conduce al absurdo y le arrebata su misterio al mundo”.

El desarrollo de los procesos científicos y la técnica, sólo se sitúan en la fina capa que los cubre. La fuente del destino que administra Mímir, está cerrada para el mundo técnico y el colectivo técnico. Aunque se crea que se está evaporando la substancia de la Edad Moderna, es decir, la edad copernicana, por el primado del mundo del artificio, sus valores hay que buscarlos incluso por debajo de la moral y la política.

¿Somos parte del mundo que profetizó Nietzsche, sólo como voluntad de poder y nada más? Este mundo es la voluntad de poder - ¡y nada más! Y también ustedes mismos son esa voluntad de poder - ¡nada más!

En la actualidad el pensar está siendo sustituido por las imágenes; éstas son más fuertes que las palabras y el pensamiento. Asistimos a un nuevo analfabetismo en que las tertulias, la política, las finanzas nacionales e internacionales, la publicidad, el consumo, el lujo, reemplazan al ser, al lenguaje o, al pensamiento. Heidegger propone que hay que volver al ser para poder entender la humanista que ha quedado perdida en la historia de la metafísica. En otros términos, volver a esa realidad superior, a la totalidad que ha quedado perdida en los fenómenos. Por eso en Heidegger se da una Ontología fundamental porque vuelve a su fundamento: el ser. Además, trata de sacarlo del olvido en que ha caído y, así mostrar que el ser está en el abismo.

Se trata de trascender la metafísica occidental, que para él no es otra cosa que negar el sujeto, el Yo, la Ilustración y el Orden Burgués. Tanto él como Jünger creen que los principios de la revolución alemana, unifican lo mítico, lo histórico y lo político, como bandera nacional antijudía y anti-burguesa. Así que, el Estado técnico y el nacionalsocialismo desean un tipo de hombre coagulado en los engranajes de la ciencia y de la técnica; y el ser humano convertido en “obrero” al servicio del orden técnico. Ahí la libertad se expresa como un servidor del Estado técnico y del partido nacionalsocialista. De ahí que el totalitarismo nazi y toda forma de autoritarismo, convierte el espacio público y el tejido de sus relaciones, en uno político. El totalitarismo todo lo politiza, tanto la vida privada como pública.

En la época actual donde prevalece la Cultura de lo efímero, la vida, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad, el lenguaje y el pensar, pierden peso, el sentido que les corresponde. El hombre se aferra al fanatismo religioso o, a la estridencia ideológica o, a la economía o, a los nacionalismos-populistas autoritarios, mítico-rituales, porque no tiene respuesta a los interrogantes esenciales de la existencia. Por tanto, el hombre en la actualidad abandonó el ser en el juego de relaciones de la cuadratura del mundo. De ahí que uno de los lugares fundamentales de la ausencia de lenguaje es la angustia, en el sentido de ese espanto al que destina al hombre el abismo de la nada. La nada, como lo otro de lo ente, es el velo del ser –dijo Heidegger en “Carta sobre el <Humanismo> “.

Si el ser se aleja del elemento (del ámbito, del lugar), reemplaza su ausencia por la techne (las técnicas, las teorías), y se convierte en instrumento de formación, empresa cultural. La cultura en la actualidad, por ejemplo, no le importa la elevación del espíritu en la obra, o el análisis de la sociedad y del mundo, o, que el espíritu advenga al ser humano y lo colme de dicha y tranquilidad, sino percibirla como objeto de entretenimiento en el mercado de la circulación y la demanda. A la cultura y a sus agentes les concierne la Civilización del espectáculo, convertirla en “valor” de cambio.

Ahora, los medios de comunicación –Internet, WhatsApp, Twitter, T.V. Amazon, Baidu, Apple, X, etc. -, presentan un objeto cultural como se hace con un artículo de primera necesidad. Así que, en la sociedad de masas y la cultura de masas, o, en las sociedades individualistas actuales, el fin de los objetos manufacturados es el consumo. Asimismo, alejarse de su elemento significa distanciar el ser de las fuentes del pensar originario, lo que lo hace posible. Esa realidad superior que da sentido a los fenómenos. Por tanto, el ser no es un producto de la historia que permite a ésta realizarse. Sino que determina el movimiento de la historia, porque es independiente del tiempo y el espacio donde ella brota.

Desde el ámbito de la historia, del poder y del saber instrumentalizan la cultura, la educación, falsean el pensamiento y el hacer del hombre. Así, la educación se convierte en instrumento de homogenización, uniformidad, de control y dominio. En la educación se forma o deforma la individualidad para siempre. Porque en la época actual la empresa cultural antepone el “valor”, el dinero o la ganancia, a las verdaderas necesidades espirituales o mentales y, esperanzas humanas. Así el ser se oculta tras el querer de la voluntad de poder y del dinero. Se olvida que el pensamiento y el lenguaje posibilitan la revelación del ser y sus configuraciones en los procesos socio-históricos o, socio-antropológicos.

Por tanto, la existencia-del-hombre-esencial es, la del hombre libre. En la Época Moderna lo que está en juego es la libertad. La lucha por la libertad configura una idea nueva de ésta. En esta época se despliegan poderes que van más allá del hombre particular, “que sólo unas pocas potencias tienen capacidad de adoptar un comportamiento estratégico político que, apoyándose en los grandes medios de combate, están a la altura de unos objetivos planetarios”. La lucha por la libertad será posible, en cambio, en todos los lugares de la Tierra. Parece que estuviéramos inmersos en un dinamismo que induce inexorablemente a la extinción de ésta. Es comprensible la situación en la que se encuentra el hombre de hoy, entrega la libertad por la seguridad.

Sentirse seguro de la crueldad se convierte en parte constitutiva de las instituciones. Seguro de los que rompen el pacto social, del radicalismo religioso, del extremismo ideológico, del nacional-populismo, de los paramilitares, la guerrilla, del autoritarismo y de los avatares de la existencia. Ahora en la actualidad del poder tecnocrático y tecnológico de las Grandes Compañías Digitales, que no sólo manejan los relatos de información, sino que quieren hacer del mundo y de la vida humana, objetos de control, de vigilancia, coerción y dominio. Y, esto es grave para conservar y mantener sobre la tierra, la esencia del ser humano, del pensar y del existir.

Ahora vemos como cada instante el tejido estético de la existencia, su vida privada y su libertad, se convierten en “datos” algorítmicos que estas Compañías utilizan para ejercer el Poder Mundial. Desean destruir el Estado de Derecho, las Democracias representativas y la voluntad popular, para ejercer un poder autoritario en la vida privada o pública de los individuos.

Así que, no podemos olvidar que, en el Mundo Moderno, la libertad se depositó en el Estado y sus instituciones políticas, económicas, sociales, administrativas, religiosas, policivas, militares, de seguridad y culturales. En su devenir diversas formas de dominio y control, se configuraron. Este mundo ha cambiado y sigue haciéndolo, y lo hace por necesidad; más con ello ha cambiado también la libertad; no ha cambiado en su esencia, desde luego pero sí en su forma.                        

jueves, 5 de junio de 2025

 

 

 

                                                      Martín Heidegger

                                  La pregunta por el Hombre y el Humanismo

                                                    Madrid-España a 05/06/2025

 

                                                                   Con afecto a mi primo hermano:

                                                                          Audy Figueroa Flórez.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Martín Heidegger en “Carta sobre el <Humanismo>”, pregunta: ¿Qué es el hombre? Y responde, “el hombre consiste en ser más que el mero hombre como ser vivo dotado de razón”. El “más” significa: de modo más originario y, por ende, de modo más esencial en su esencia. Los atributos de éste son más que el mero ser dotado de razón, de alma y de espíritu, porque trasciende los límites del cuerpo y de la subjetividad. “El hombre no es el señor de lo ente. El hombre es el pastor del ser”. Ni en su origen ni como fenómeno originario es el señor de lo existente. Así que, el hombre es el que cuida el ser en su morada: el lenguaje.

En este ámbito el hombre no pierde nada, sino que gana, gana la dignidad de ser llamado por el ser a ser su pastor: que guarda su verdad. El hombre es el ente entre los entes que mora en la proximidad del ser. Adviene al ser arrojado en el claro en el que devela la verdad del ser. El hombre es el vecino del ser. Asimismo, el hombre es lo que es, Daseyn (ser-hombre-en-el-mundo), que protege la verdad del ser.

En Heidegger, el hombre se opone a lo que dice el Génesis: “Dios crea el mundo para el hombre”. Aquí el pensar de Heidegger subsume al teológico o mesiánico en el del griego tardío. El ser humano en sentido histórico no es dador de nombres, ni reina en el mundo de lo existente (las plantas, los animales, los ríos, los mares, etc.). Sino el que se expresa y se configura en la verdad del ser.

Los umbrales en los que se manifiesta la esencia del hombre son: el hombre es el vecino del ser, uno; y el otro, el hombre es el pastor del ser. En fin, la esencia de la verdad del ser se relaciona con la esencia del hombre en el pensar; como el lenguaje es, la casa del ser. Se trata de liberar el lenguaje de las ataduras de la filología, la gramática y así ganar un “orden” esencial y originario, reservado al pensar y el poetizar. Así mismo, liberar el lenguaje de la teorización y de la técnica del pensar; para que advenga la verdad del ser y la esencia del hombre. Es decir, deje de ser instrumento, medio de comunicación.

Porque el lenguaje como medio, oscurece la esencia del ser y del hombre. El ser se esconde detrás del medio que comunica, como hace en la voluntad de poder.

En este orden, el logos (la palabra, el discurso) abandona la casa del ser, y se ubica en su habitad material -los medios de comunicación de masas, las imágenes en movimiento, las redes sociales, Internet, Facebook, Google, WhatsApp, Twitter, Instagram, Inteligencia Artificial, etc. Ahora, si se utiliza el lenguaje como medio de comunicación, se falsifica su cualidad y el ser humano lo convierte en instrumento de poder, de coacción, de exclusión o, de dominio. Porque ocultan la verdad del ser, la esencia del hombre y los movimientos del pensamiento. Entonces, el lenguaje no está a la altura de los verdaderos requerimientos del hombre. Que se refieren a las verdaderas necesidades morales, espirituales, éticas y materiales.

Como consecuencia, este ámbito diluye el tejido vivo de la existencia; ya que el lenguaje se sitúa en su parte material donde prevalece la abstracción, sobre la realidad. Además, el lenguaje no sólo aclara y oculta el advenimiento del ser; también el es, la existencia, ambigua, contradictoria, multifocal, infinita e insondable. De ahí que el arte, la poesía, la pintura, la escultura, la novela, la música o, la religión, etc., permitan la trascendencia del tejido vivo de la existencia. O, en otros términos, el encuentro de todos y cada uno de nosotros, consigo mismo o, con Dios. En este orden se pregunta Hannah Arendt, ¿cuál es la facultad peculiar de todos los objetos culturales? “La de captar nuestra atención y conmovernos”. Por eso, la estética es la madre de la ética.

Ahora, ¿en qué consiste la humanidad del hombre? Es el humanismo que piensa al ser humano desde la vecindad del ser. Pero, lo que está en juego no es el hombre, sino la esencia histórica del hombre. Que en su origen procede de la verdad del ser. Por eso define al ser como él mismo. Es lo que tiene que aprender a experimentar y a decir el pensar futuro. El ser no es ni Dios ni un fundamento del mundo. El ser “es” el mismo. En Heidegger, el ser está más próximo al hombre que Dios o, al entorno que lo rodea. Para él Dios no es el origen del hombre como fenómeno originario: ni creador del Hombre.

Así que, lo que le interesa no es el hombre en cuanto tal, sino la historia esencial del hombre. Historia que se puede representar, decir, leer, interpretar o pensar, en la esencia del ser. Por tanto, la representación de lo ente por el hombre se refiere a la verdad del ser. Aquí Heidegger deja abierta la pregunta por el ser. Pero también aparca al hombre que sufre, el que siente angustia, dolor, miedo u odio, por la esencia que lo constituye. Al hombre que, en su dimensión divina, pero humana va al encuentro de sí mismo o de Dios.

Ahora bien, ¿qué está en juego en la humanidad del hombre? El hombre en el horizonte del ser, también su existencia. Por eso es el arte y el pensar lo que puede salvar en esta alta civilización técnica donde prevalece la oscura barbarie. La barbarie de la experiencia, que entregamos por unas pocas monedas de lo actual; la barbarie del lenguaje, que exalta la noticia y la banalidad; la barbarie de la Cultura del artificio, que prioriza lo fugaz sobre lo inefable y eterno; la barbarie de la muerte, que pierde el aura de lo mítico y sagrado y oculta su rostro a lo colectivo y se pone la máscara de lo privado o comercial; la barbarie del desarrollo de las armas convencionales y atómicas; la barbarie de la Inteligencia Artificial generativa que sustituirá o acabará con la humanidad en pocos espacios de tiempo; la barbarie que cayó sobre la amistad, la confianza, o el amor, que despiertan la capacidad de asombro, la curiosidad, la sentimentalidad o, las cualidades meditativas de hombre.

Heidegger expresa en Carta, el humanismo no está en la razón, en la técnica, ni en la ciencia, ni en la economía, ni en la cultura, sino en la verdad del ser. En otros términos, en la esencia del hombre. Así que, tampoco está en el ser humano civilizado frente al homo barbarus. Sino en el advenimiento del ser y las esferas del lenguaje. El pensar sólo correlaciona los términos para que se devele la verdad y la esencia de ambos en la naturaleza del lenguaje. Además, el lenguaje dice en la palabra o las formas estéticas, la verdad del ser y la esencia del hombre. También significa el Daseyn (el hombre-en-el-mundo) y su experiencia en la historia. Pero todo, absolutamente todo, se realiza en las esferas del ser. No hay nada material, biológico o espiritual, que no devenga en los umbrales del ser, el pensar y el lenguaje.

En la historia de la cultura occidental (en la obra de arte o la literatura, por ejemplo), podemos percibir como lo arcaico se oculta en los pliegues del vestido de lo moderno. “No porque las formas arcaicas parecen ejercer en el presente una fascinación particular, sino porque la clave de lo moderno está oculta en lo inmemorial y lo prehistórico”.  Así, lo inmemorial se convierte en espejo de la modernidad, que refleja en claro oscuro las figuras de lo primitivo del presente-ahora, que da forma al rostro de la modernidad. En su defecto, “la vanguardia que se extravió en el tiempo, sigue a lo primitivo y arcaico”. En otros términos, “la vía de acceso al presente tiene la forma de una arqueología”.

Hay que tener presente que el hombre inmerso en la velocidad y lo efímero o, en la algarabía de los lenguajes digitales, las imágenes y el maquinismo, tal vez den la razón a Heidegger cuando dice: “El lenguaje reclama el justo silencio en lugar de una expresión precipitada.” Y prosigue: “Quizás sea más adecuado elevarse a la verdad del ser y mostrarla como aquello que hay que pensar”.   Si se eleva a la altura de los términos, se sustrae al hecho de opinar y suponer. Así, lo que prevalece en la actualidad es la opinión sobre los hechos. Somos parte de una época donde predomina la degradación del lenguaje y de los movimientos del pensamiento.

Entonces, el espíritu vive inmerso en los flujos de la información rápida e inmediata de la Cultura del artificio, y todos los días por la importancia de las imágenes sobre la palabra, se degrada la verdad del ser y la esencia de existir. En consecuencia, asistimos a marcha forzada a dar prioridad al Gran Poder, y en su defecto, a las imágenes sobre las palabras y a la opinión sobre la reflexión. De ahí que en la actualidad las reflexiones del pensar se encuentran en dique seco.

También somos contemporáneos de una indigencia espiritual que repercute en la cultura y la condición humana; y esto es sumamente grave para los valores fundamentales del hombre y su cultura. Porque la civilización actual no sólo desintegra la cultura y sus “monumentos duraderos” (las obras de arte, los edificios, la música, la poesía, la novela, etc.), sino que esta desintegración se convirtió en “un valor”, es decir, “un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales”- al decir de Arendt. En otras palabras, los objetos culturales se banalizan y se convierten en valor de uso, de cambio y de consumo; y, pierden la “facultad de captar nuestra atención y conmovernos”.

En este orden, se degradan los valores culturales y la capacidad de comprender e interpretar la existencia y el mundo. Ámbitos que niegan el principio que, el sentido de la vida no es inmanente a la historia; sino trascendente a ella.

Preguntamos, ¿es el umbral de la verdad del ser un espacio sin salida? ¿es el elemento donde la libertad conserva su esencia? ¿de qué modo podemos volver a dar sentido al humanismo? ¿ha perdido el humanismo la cualidad que proviene de los griegos y romanos, judíos y cristianos? Heidegger dice que se trata de ver el humanismo desde el umbral histórico más antiguo, que hasta el momento no ha proporcionado la historiografía, y tampoco el historicismo. La palabra “humanun” remite a humanitas, es decir, a la esencia del hombre.

 Su cualidad consiste en ser humano, no anti-humano; devolverle un sentido al humanismo, que sólo puede significar redefinir el sentido de la palabra. Cree que esto exige, por una parte, experimentar de modo más inicial la esencia del hombre, y mostrar en qué medida esa esencia se torna destino a su modo. En él la esencia se revela en el camino del ser. Éste posibilita el acontecer en cuanto existente en su verdad. Además, el hombre es guardián del ser. La palabra humanismo significa la esencia del hombre es esencial para la verdad del ser. Sin la esencia del hombre se oculta el ser; entonces, el lenguaje sería incapaz de dar sentido al mundo, a la historia y a la realidad.

Heidegger se pregunta, ¿se puede seguir llamando “humanismo” a este “humanismo” que se declara en contra de todos los humanismos existentes hasta la fecha, que al tiempo no se alza como portavoz de lo inhumano? ¿seguimos nadando en compañía de las corrientes reinantes, que se encuentran ahogadas por el subjetivismo metafísico y sumidas en el olvido del ser? A la vista de esa humanitas más esencial del homo humanus se abre la posibilidad de devolverle a la palabra humanismo un sentido histórico más antiguo que el sentido que historiográficamente se considera más antiguo. Si la historia no está apremiada en esa dirección, se podría despertar una reflexión que no sólo piense el hombre, sino también la “naturaleza” del hombre, y no sólo la naturaleza, sino de modo más inicial todavía, la dimensión esencial del hombre, determinada desde el ser mismo – al decir de Heidegger.   

Recordemos que está hablando después de la Segunda Guerra Mundial, donde la humanidad del hombre se degradó y se desgarró por completo. Y en su lugar invita a reflexionar la naturaleza del hombre, de modo más inicial, esto es, el hombre determinado por el ser. Es decir, que en la historia universal encuentre su lugar. Sabemos que la experiencia del siglo XX desgarró el humanismo que heredamos en la historia de Occidente, el de la razón clásica, el humanismo cristiano y renacentista. Humanismos que no estuvieron a la altura para contener la barbarie.

Heidegger olvida que son las condiciones morales, espirituales, subjetivas e históricas, las que dan sentido al humanismo. Y, no ubicarlo como hace en la verdad del ser, la esencia del hombre y el lenguaje. Lo que aquí hace es darle prioridad al ser en sí, a la esencia del pensar y del lenguaje, sobre el hombre de carne y hueso con sus generaciones históricas. Estos tres presupuestos prevalecen sobre el ser humano que tiene esperanza, sufre, ama, odia y va al encuentro de sí y del otro, para reconocerse a sí mismo como hombre.

Sabemos que la negación del “sujeto” atenta contra el sentimiento, el espíritu y el alma. Y, niega los presupuestos del humanismo, o, estar en el mundo y exaltar el en sí del ser humano.

Las monstruosidades en la historia de la cultura occidental, no en modo fecundas son para el Humanismo. Además, un mundo lleno de atrocidades, dolor, odios, sufrimientos, violencia y guerras, infunde temor en las almas de los hombres, para alcanzar el sentido de lo humano. Thomas Mann nos recuerda que, la piedad, el respeto, el decoro espiritual, la religiosidad, sólo son posibles en el hombre y por el hombre dentro del marco terrenal y humano.

Dice Thomas Mann: “Su fruto debiera ser puede ser y será un humanismo con ribetes religiosos, inspirado por el sentimiento del secreto trascendente del hombre, por la orgullosa consciencia que el hombre tiene de ser algo más que un fenómeno biológico, de estar ligado por una parte esencial de su ser a un mundo espiritual, de que la noción de lo absoluto le ha sido dada con las ideas de Verdad, de Libertad, de Justicia, de que le ha sido impuesto el deber de ir en busca de la perfección. En ese patetismo, en esa obligación, en esa veneración del hombre por sí mismo descubre a Dios. Pero soy incapaz de encontrarle en cien millones de vías lácteas”.

Es, además, preocupante y abominable cómo el humanismo en el mundo actual, se reemplaza por la técnica, la ciencia, la Inteligencia Artificial, el dinero o, el poder. Por la técnica que no responde a las necesidades materiales y espirituales del hombre. De ahí que la ciencia no sea enemiga del humanismo, sino que ésta debe responder a los requerimientos humanos. “Es imposible calificar de diabólicos los temas y objetos de la ciencia sin que la acusación alcance a la ciencia misma”. Que la técnica sustituya el antropocentrismo en esta época de masas y de cultura de masas, no es una mera evidencia, sino que ataca al Humanismo.

Lo que preocupa es que, la ciencia, la técnica, la estadística, sustituyan la Libertad, la Verdad o la Justicia en los asuntos humanos. Lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y son pesimistas. No hay en ellas magia; con la técnica basta. En Huxley y Orwell, el avance del cálculo y de su aplicación práctica hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras o números –dijo Ernst Jünger. Así que, el avance de la ciencia y la técnica sustituyen todo rasgo de Humanismo, de Justicia y de Trascendencia. De ahí que se instrumentalizan en nombre del Gran Poder. Y, en consecuencia, el planeta adquirió un aura nueva, una epidermis más sensible.

 

 

 

 

 

domingo, 1 de junio de 2025

 

 

 

                                                          Martín Heidegger

                                El lenguaje y la técnica en la actualidad

                                                                          Madrid-España a 01/06/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Martín Heidegger responde la pregunta sobre el Humanismo desde el lenguaje. El lenguaje es el órganon de su reflexión filosófica. El lenguaje es la casa del ser. Lo humano del hombre es el Habla. La cualidad que define al hombre es el leguaje. No es la razón como dice Aristóteles; como el único ente dotado de razón y lo distingue del animal irracional. Así que, ambas cualidades desembocan en el logos. Para el pensador alemán el logos pre-socrático rompe con la concepción tradicional del lenguaje; como instrumento, como medio de comunicación. Piensa que el lenguaje no es un mero objeto, un instrumento, y lo que busca es sacar al hombre de la objetivación del lenguaje.

Por eso hace un punto de inflexión desde el logos pre-socrático hasta la lengua alemana donde trata de llevar a cabo un acercamiento al ser. Su visión consiste en que el logos muestre caminos alternativos para guiar y dejar ver, caminos diferentes al de la metafísica lingüística tradicional. Se trata de estar a la escucha de la revelación del ser. Lo que al pensar filosófico le interesa no es la respuesta, sino la pregunta. Se interesa por el hacer del griego Antiguo, en la pregunta misma sin dejar que muestre lo interrogado.

Así lo importante del pensar de Heidegger está en el qué y el cómo del logos, algo que acontece y no sólo “está”. En la medida que el logoi (el nombre) acontece se muestra y se escucha el devenir del ser. De ahí que el decir mostrativo deviene de las manifestaciones más profundas del ser, sin quedarse en la presencia del ente. El logos muestra, manifiesta el ser y dicha manifestación dice lo que es.

Heidegger en Carta sobre el <Humanismo>, se dirige al lenguaje para mostrar la relación entre pensar y ser. Que la percibe desde las estructuras ontológicas de la vida, abstractas que desembocan en el ser; y se apartan de los procesos contingentes y concretos de la sociedad y de la historia. Una de las críticas que hacen a Heidegger consiste en que, su filosofía es esencialista y anti-cartesiana; esto es, da prioridad al es y no al estar. Un lugar donde los procesos históricos de la realidad, la vida y el mundo, pasan a segundo plano.

Por tanto, Heidegger en Carta expresa que estamos lejos de pensar la esencia del actuar de modo suficientemente decisivo. Sólo se conoce el actuar como la producción de un efecto, cuya realidad se estima en función de su utilidad. Además, para Heidegger, la esencia del actuar es llevar a cabo. Sólo se puede llevar a cabo lo que ya es. Lo que ante todo “es” es el ser. La utilidad del actuar la suscribe en la esfera de la causa y el efecto, no en su esencia ya que ésta se ubica en lo que es y, este no es otro, que el ser. Observamos ya desde el principio el interés que tiene Heidegger, por el ser y, no por la ubicación del ser en el mundo y la historia; lo mismo sucede con el lenguaje.

Se aparta de la posición universalista del sujeto, del Yo en la historia. No le interesa el hombre particular, sino el “tipo”, que expresa la raza de un territorio. Le incumbe lo que se puede llevar a cabo y este, no es otro, que el ser. En su defecto, el “es” es el ser. Así que, el ser es lo que hace posible todo lo “que” es; es decir, todo lo que existe.

Así pues, el problema del ser como el de la libertad, lo aborda Heidegger en El estudiante alemán como trabajador, y también como el concepto de libertad se fundamenta en la adhesión al bloque. Según Heidegger y Jünger en el texto El Trabajador, la libertad es el trabajo. Para Marcuse el texto expresa en la década del treinta del siglo XX, los rasgos esenciales de la nueva mentalidad alemana. Dice Marcuse que

Jünger muestra, además, que el ascenso del nacionalsocialismo significa la única verdadera revolución alemana contra el mundo burgués y su cultura (un mundo que según él también incluye al socialismo marxista y al movimiento obrero), revolución que reemplazará la burguesa por una nueva forma de vida, la del “obrero” que blande el poder perfecto sobre el mundo perfectamente técnico, cuya actitud es la del soldado, y cuya racionalidad, la de la tecnología totalitaria.

El libro de Jünger es el prototipo de la unión nacionalista entre la mitología y la tecnología, en el que “sangre y suelo” emergen como una empresa gigante, totalmente mecanizada y racionalizada, que moldea la vida de los hombres hasta tal grado que los hace hacer con precisión automática la operación correcta en el momento y lugares correctos, un mundo de sentido práctico bruto, sin espacio ni tiempo para “ideales”.

Pero este mundo totalmente tecnológico surge y se alimenta de una fuente supratecnológica que Jünger señala evocando los rasgos “antiburgueses” del carácter alemán.  

Así pues, libertad del trabajo es, la concepción aria de la libertad y la cultura; una concepción nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o liberal, porque para nada cuenta el sujeto o el individuo o el Yo, ni la pluralidad, sino la comunidad de pertenencia. Un concepto de la cultura alemana racista y en permanente lucha por la existencia de la raza contra la modernidad. Que identifican con los judíos, la ciencia y la política al servicio del egoísmo, y la individualidad internacional.

Que busca en su expansión –ora liberal, ya marxista- la desaparición del ser. En este orden, Adolf Hitler dijo, la “circunscripción territorial determinada de un Estado supone una concepción idealista de la raza que lo constituye y, ante todo, tiene una noción cabal del concepto trabajo”. Así que, “el pueblo del trabajo” nazi coincide, en sus lineamientos geopolíticos más importantes, con “el pueblo metafísico”, “el pueblo espiritual”, “el pueblo histórico” de Heidegger.

Como expresa Julio Quesada: “Ahora podemos ver lo inconmensurable de la lucha por el ser, que tiene que ver con la lucha de las especies, la “autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del Hombre”. Se trata de exaltar el ultranacionalismo, el espíritu y la tierra alemana. Se trata de renovar el espíritu alemán para recuperar la grandeza del pueblo. O, en otras palabras, recuperar la grandeza destinada.

Desde otro umbral, la tarea del pensador está en que el hombre logre una relación satisfactoria con la esencia de la técnica. Que logre una relación explicita con lo que hoy acontece.

Observamos también como en las sociedades diversificadas se están dando articulaciones en el cuerpo social, político, cultural y científico, que responden al primado de la técnica en los asuntos humanos. Además, en la Cultura del artificio percibimos éstas obedeciendo a “órdenes superiores” que organizan las sociedades de masas en la uniformidad y la objetivación, que propugnan un poder autoritario, capaz de imponer programas de vigilancia masiva a los ciudadanos, y a los representantes elegidos democráticamente.

Eso que proponen los poderes digitales de Silicón Valley. Así pues, todas las situaciones se entrecruzan para dar lugar a la Figura -al decir de Jünger. Ve en la Figura una totalidad, una globalidad, también un tipo significativo. A la vez reacciona contra la razón disociadora y el pensamiento analítico y, precisa que constituye un conjunto dotado de propiedades que no se encuentran específicamente en ninguno de sus elementos, así la Figura posee un sentido.

La Figura “un conjunto que posee más que la suma de sus partes”. La noción de ésta se emparenta más con la monada de Leibniz que la idea platónica, más con la planta orgánica de Goethe que con la síntesis de Hegel. Jünger piensa que la Figura es un “tipo” y, por encima de toda una potencia constructora de tipos, que encarna el espíritu dominante de una época y concede al mundo su principal significación.

Por Figura, entendemos una realidad superior que da sentido a los fenómenos. Desde un punto de vista histórico, la Figura no es el producto de la historia como aquello que permite a la historia realizarse. La Figura determina el movimiento de la historia, una Figura histórica es, en lo más profundo, independiente del tiempo y las circunstancias de las que ella parece brotar. La historia no engendra Figura alguna, sino que se transforma en su contrario gracias a ésta. La historia revela así una metafísica del ser.

En el Tratado del Rebelde, Jünger dice que nuestra época es pobre en grandes hombres, pero rica en figuras. En otras palabras, somos parte de una época de hechos significativos y de actores insignificantes. Esto expresa la cultura de la futilidad, de lo pasajero, lo fugaz de la época actual. En lo político y social domina la Civilización del espectáculo, la publicidad sobre lo programático del partido; el entretenimiento y lo fugaz sobre la realidad y dador de sentido, por eso prevalece la aclamación y la estridencia en la vida pública.

Jünger piensa que la magnitud de las masas informes pasa de ser una dimensión moral y política a un mero objeto, número o cosa. La sociedad de masas y la cultura de masas, representan en la consciencia del hombre las relaciones inconexas de la Gran Ciudad, también la segunda consciencia donde éste se percibe como objeto. Así que, la Cultura del artificio posibilita la objetivación del individuo y sus articulaciones. Además, la zona de la sentimentalidad, el sentimiento de cercanía, del valor no simbólico, fundado en sí mismo, se desvanece y a cambio el movimiento de las unidades vivientes es dirigido a gran distancia.

Así, una única maniobra en el cuadro que los dirige a gran distancia conecta las articulaciones de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas– a la corriente de los lenguajes digitales. La Gran ciudad es el ámbito donde prevalecen las relaciones inconexas de las sociedades de masas, el lujo y el dinero. El lujo posibilita que los hombres amen lo visible, las bellas cosas, las bellas materias. Que el hombre se distancie de sí y de la esencia que lo constituye como tal; el lujo hace que el ser humano dependa de los objetos.

Por eso “la existencia de un nuevo lujo que es el del tiempo, el del espacio y el de la distancia respecto a los objetos”, es fundamental para el hombre de hoy –al decir de Gilles Lipovetsky. Además, la objetivación de las articulaciones posibilita que el hombre responda a los requerimientos del Gran Poder y las Tecnologías Digitales. Estas ramificaciones y múltiples venas se entrelazan con “el orden técnico en sí, con ese gran espejo donde se revela con máxima claridad la objetivación de nuestra vida y se halla impermeabilizado de manera especial contra el acoso del dolor. La técnica es nuestro uniforme”.

Desde esta perspectiva podemos percibir como el “carácter de confort de la técnica” se entrelaza con “un carácter instrumental de poder”. Es decir, de dominio, de control, de coacción, de vigilancia, de dolor y de miedo. Un carácter que porta en sí, el rostro de la barbarie y de la muerte. La técnica y la razón se convierten en algo cruel. En esta época el poder no solo se relaciona con el saber, sino también con la técnica, el miedo y la crueldad.

lunes, 19 de mayo de 2025

 

                                                         El hecho estético

                                                                    Madrid-España a 19/05/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En una sociedad en la que predominan los instrumentos técnicos, la velocidad, la simulación, las imágenes sobre las palabras, las redes sociales, el hecho estético facilita un encuentro nuevo con el mundo, la realidad y la Vida. Asume el hecho de facilitar un encuentro nuevo con la curiosidad, la imaginación y los movimientos del pensamiento. Que posibilite un descubrimiento constante de sí mismo, del otro y el entorno que lo rodea. Cuando el hecho estético ocurre el mundo, la vida y la realidad, se llenan de imágenes de colores, de música, de palabras, que posibilitan al lector o, al observador, trascender lo establecido como verdad por los poderes actuales.

Jorge Luis Borges dijo refiriéndose al libro: “Cuando lo abrimos, cuando el libro da con el lector, ocurre el hecho estético”. Son entes mágicos esperando al lector para empezar a vivir. “En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan”, al decir de Borges. Que ese nuevo despertar posibilite un conocimiento, una experiencia y un lenguaje diferente al establecido como verdadero. En este nuevo despertar están los fragmentos de felicidad, que genera la lectura y la experiencia del mundo, de la realidad y de la vida.

El hecho estético y nosotros mismos somos el cambiante rio de Heráclito. Quizás no nos ayude a cambiar un Sistema político, unas estructuras económicas o sociales, tampoco a transformar la utilidad de los instrumentos técnicos, pero sí a encontrarnos más consigo mismo, el otro, con los que están cerca y aún con los que están lejos. Nos despierta la curiosidad de conocer, que el hombre es un solo hombre y todos los hombres. Tomar consciencia que “todo lo exquisito es una dadiva del azar y, lo mejor de la vida es siempre gratuito”, al decir de Ernst Jünger. De ahí que “la palabra es, a la vez, como una reina y una bruja. Que constituyen un reino mucho más hermoso que todos los imperios conquistados a punta de espada” –dijo Jünger en la novela “Sobre los acantilados de mármol”.

Los Grandes Poderes Actuales (el Estado técnico, el Gran Poder Tecnológico, Científico, Político, Económico, Militar o Cultural, etc.), están eliminando la zona de la sentimentalidad, los contenidos espirituales de las lenguas naturales y las reflexiones del pensar. Porque posibilitan ver la realidad desde nuevos umbrales y, que el mundo está ahí para sentirlo y preguntar. Aquí el hecho estético encuentra su razón de ser para la vida y el mundo que habitamos. Sí tenemos sensibilidad lo sentimos en los pliegues de la condición humana: el nacimiento, la vida, la mundanidad, la realidad, el amor, los fragmentos de felicidad, de esperanza o desesperanza, el odio, la violencia o la muerte, etc.

Se trata de concebir la lectura, el poema, la novela o la música, como una experiencia estética que posibilita las herramientas nocionales o imaginarias, que hagan frente a los poderes actuales. Pero también ver el mundo, la realidad y la vida, desde una multiplicidad de sentidos. Así que, la actualidad ha de proporcionar lo “negativo” y lo “positivo” de la época que vivimos, para que toda negación en el fondo perfile lo vivo y positivo de la época que se investiga. Apartar la visión de los espejismos de la época actual, para que salga de sus escombros algo positivo y distinto a lo señalado. Y, una de las herramientas fundamentales es el hecho estético, que nos libera de la praxis de la vida cotidiana y nos ofrenda lo imaginario, para romper las cadenas de lo siempre igual.

Quien ha de romper las cadenas de los instrumentos técnicos es el hombre de carne y hueso, “Tu” o “Yo”, para que la liberación por medio de la experiencia estética, le devuelva al hombre el lugar que le pertenece y la dignidad debida a su nombre. Que es dentro de sí donde hay que sembrar el fruto para la conformación de un nuevo “tipo” de hombre y, creará un mundo y una realidad, a la altura de las apetencias materiales, espirituales y morales, de éste. Aprovechar la oportunidad de percibir lo que vivimos de otras maneras; y, la experiencia y el conocimiento individual, “se habrán como plantas que despertarán de un sueño invernal, para que nos acerque más a sí mismos”.

El hecho estético nos sirve para tomar consciencia que “el orden y la ley incluso están presentes en lo que nosotros llamamos desorden y azar”. Estamos circundados por anillos eléctricos de los cuales es preciso liberarnos, liberarnos con la palabra o, con el amor o, con la amistad o, con el hecho estético. Con esa alegría viva que acompaña a quienes no permanecen anclados en el lugar del tópico y del lugar común. Así, los más hermosos regalos de los Dioses y las Musas son siempre gratuitos.

De ahí que el goce de la experiencia estética, es decir, de lo bello, que ofrece la obra de arte, la poesía o, el hecho estético, pueda abrir puertas y ventanas para percibir el mundo, la realidad y la vida, desde una pluralidad de perspectivas. Pero también hacerle frente al Gran Poder, al Estado técnico y los lenguajes digitales, con las herramientas de la sensibilidad, la imaginación y la creación. Aunque en las sociedades de masas y cultura de masas, la experiencia estética no se le reconozca el valor que porta en sí, es fundamental para ahondar la subjetividad, interrogar el mundo y crear lazos intersubjetivos.

En este mundo de espejismos técnicos, el hecho estético posibilita ir más allá del confort, la velocidad y la distancia que instauran los instrumentos técnicos. Porque se instala en el espacio de la libertad, de la imaginación, de la trasgresión, la interrogación y la creación. De ahí que la función estética de la literatura, de la obra de arte, de la música, profundicen en el conocimiento crítico del mundo y su realidad, de sí mismo y de los otros. Para formar hombres conscientes y libres, para que hagan frente a los espejismos de los instrumentos técnicos y, posibiliten un mundo más humano, más justo y más libre.

 

 

 

jueves, 17 de abril de 2025

 

                          El Gran Poder Tecnológico de la Civilización Algorítmica

                                                                     Madrid-España a 05/04/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Se piensa en la actualidad que la tecnología es un instrumento que sólo se utiliza para el confort, el bienestar social, el desarrollo, el progreso, la industria militar, farmacéutica, automovilista; también para el dolor, el sufrimiento y la muerte (guerras nacionales, guerras entre naciones, terrorismo, intimidación, coerción de gobiernos autocráticos, populistas y nacionalistas, etc.). Pero se olvida lo que Martín Heidegger pensó, que el develamiento de la esencia de la técnica escondía tras de sus pliegues, la libertad. Es decir, la técnica coarta, domina, somete, manipula y, también brinda las herramientas para la libertad. El poder de la técnica no sólo hay que observarlo en su esfera negativa (causa dolor, sufrimiento, muerte), también posee una esfera positiva, posibilita que el hombre tome consciencia de sí y alcance la libertad debida a su nombre.

De ahí que la técnica se convirtió en la condición fundamental de la actualidad. El vestido del hombre actual es la técnica. Sucede que el brillo que irradia enceguece o entorpece al ser humano. De ahí que el hombre contemporáneo entrega su esencia y la libertad, a cambio de las facilidades técnicas. En las esferas del mundo técnico la verdad no tiene solidez, porque detrás de ella se esconde la Cultura del artificio: las máquinas, la velocidad, lo pasajero, la transcurrencia del tiempo, la simulación y lo que se denomina Civilización del algoritmo.

La técnica modula la percepción, la intuición, la atención, la experiencia, las ideas y posibilita la parálisis del pensamiento y del lenguaje. La técnica expresa un <tipo> de poder que determina las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales de la época. También como obedece al ejercicio del poder expresado en el Estado técnico y la autocracia tecnológica. Que amplifican un <tipo> de ejercicio del poder que ejerce su dominio, su coerción y su manipulación, allende de las políticas implementadas en la corporeidad del ser humano.

Así que, el poder ubicado detrás de la esencia de la técnica no le interesa el cuerpo como campo de batalla, la tortura, la flagelación, la muerte; sino la mente, las representaciones, las imágenes, las ideas, que el hombre tiene de la realidad y del mundo, de sí mismo y del otro. De ahí en esta época de alto desarrollo técnico-científico, de sociedades de masas y de cultura de masas, se interesa por la esfera interior del hombre: la estructura y funcionamiento de la mente, el espíritu, la conducta y las apetencias de la sociedad, las reflexiones del pensamiento, los valores éticos y morales del ser humano.

Los que ejercen el Gran Poder Tecnológico tratan que los puntos de referencia no sean los valores eternos, la religión, el arte, la música, las literaturas, la poesía, la novela, la ética o la moral; sino la publicidad, el márquetin, el consumo, el lujo, las bellas materias, etc., que determinan la Civilización del espectáculo: Un mundo en que la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar de las responsabilidades, del aburrimiento, se establece como Phatos universal. Así, detrás de la Civilización del espectáculo se esconden relaciones de poder: donde unas vidas encuadradas en la rutina de la vida cotidiana, deprimentes y embrutecidas, buscan la banalización de la cultura, la frivolidad y las redes sociales, el futbol, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se nutre del chisme y el escándalo. Para sentirse bien y estar de acuerdo con los valores vigente de la sociedad.

Por tanto, las resonancias de la técnica, no sólo implican al tejido social, sino que su proceso de expresión posibilita umbrales para percibir, analizar, criticar y pensar, el mundo y la realidad. La técnica no es un instrumento pasivo sino activo, que teje y desteje un campo de fuerzas en un sistema de relaciones sociales, políticas, económicas, militares y culturales, en constante configuración. Que obedecen al ejercicio del poder de las Plataformas Digitales, la Praxis Política y las Esferas de la Economía.  La técnica no establece un espacio de verdades absolutas, posibilita campos fluidos en devenir, que estructuran y ponen en funcionamiento, relaciones de fuerza y de poder.

Somos parte de una época en la que el ejercicio del poder no necesita de la fuerza física, la carne flagelada, la persuasión lógico-racional, la tortura; le basta con concatenar la conducta y los estados de consciencia colectivos. La curiosidad se estructura en flujos de imágenes o de palabras bacías de sentido, que manipulan la consciencia y la realidad. Así es como la realidad se diluye en la información y “no está dirigida a proporcionar elementos de orientación en el mundo como puede hacerlo el consejo, que apela a la libertad del otro, tanto en cuanto a la disposición a recibirlo como al uso que de él pueda hacer en orden a la situación que le concierne” –al decir de Pablo Oyarzun.

Se trata que el Gran Poder Tecnológico manipule la atención de la información y la comunicación, para que estén dirigidas a “in-formar a los sujetos receptores, determinando su interés, que a suministrar elementos para la conducción de la vida y la orientación en el mundo”. Así pues, el ejercicio del poder no sólo induce, sino que manipula, la psiquis y la conducta de los seres humanos. Las narrativas centrales o multifocales que daban sentido al mundo y la realidad, ya no existen. Sólo existen flujos informáticos, imágenes en movimiento, que estructuran y ponen en funcionamiento, una realidad fluida y veloz, que se regenera cada instante. Y, “se sostienen sobre el sistema general de la información y la comunicación, lo único que es propia mente constante”.

Somos parte de un tiempo fragmentado donde unas pluralidades de narrativas compiten en el ámbito de la Cultura de lo efímero, por una representación de una verdad que no poseen. En este ámbito no existe la conversación entre las narrativas, sino enfrentamiento constante para establecer un tipo de verdad fugaz y veloz, como el relampaguear. Aquí la verdad y el simulacro se refractan para ejercer un <tipo> de poder: el Poder de las Plataformas Digitales, las redes sociales y la IA.

En este mundo de Cultura de lo efímero no se trata de persuadir sino de encantar. Los algoritmos son dispositivos narrativos que narran historias fantásticas como verdaderas, ahí la ficción y la mentira superan la verdad. Son estratos de un profundo sueño que aletarga e hipnotiza al que los ve o los escucha, porque provienen de lo más profundo de la mente humana. Aquí entra en juego un <tipo> de poder que se vale de los instrumentos técnicos, las imágenes en movimiento y sus narrativas, para dominar, vigilar o coartar al ser humano.

El sistema algorítmico trata que uno de ellos domine y someta las esferas y narraciones que se manifiestan en el espacio humano. Así, la filosofía, la metafísica y la ontología, son derivaciones de ficciones deliberadas, que buscan el dominio del hombre, de la realidad y del mundo. Los algoritmos no se preocupan por establecer verdades, sino encantar. El encantamiento es una de las ramas de la literatura fantástica o del amor o de la amistad, no de la verdad. Porque ésta última pertenece al ámbito de las ciencias sociales, experimentales o positivas.

Así que, el sistema algorítmico atrae el flujo de agentes y narraciones, que ofrece la sociedad y el poder, a uno de ellos. En este universo de variables no se trata de convencer, sino de dominar e inducir las pulsiones anímicas del individuo y la sociedad. Pero, no podemos olvidar que detrás de los fríos pliegues del vestido de los algoritmos, se esconden relaciones de fuerza o de poder, de dominio y manipulación. Somos seres manipulados por las imágenes y las narrativas, que las antenas de los dispositivos técnicos hacen circular por encima de la atmósfera de la Gran ciudad, los pueblos y veredas del mundo.

En el universo de los algoritmos se trata de apropiarse de sus engranajes, su estructura profunda de funcionamiento y lógicas internas, para posibilitar desde adentro formaciones discursivas y reflexiones críticas sobre el poder y el saber, que establecen como verdad. El develamiento del ejercicio del poder es, uno de los principios del pensar futuro. No se trata de oposición frontal a las narrativas y las imágenes de los dispositivos técnicos, de los algoritmos, sino que de sus tripas salga una reflexión crítica sobre el Gran Poder Tecnológico, que se oculta detrás de los algoritmos.

Se trata que la intuición, la percepción sensible, las reflexiones del pensar, posibiliten navegar con enjambres de imágenes y de palabras, entre una pluralidad de realidades que generen una reflexión sobre el mundo y el tejido vivo de la existencia. Que las alucinaciones que crean los relatos y las imágenes en movimiento, no paralicen la capacidad de asombro, de análisis y de crítica de la vida y de la sociedad. Se trata de crear espacios de pensamiento donde las narrativas contemporáneas, puedan emerger desde las profundidades de la naturaleza humana y, crear conductos que posibiliten entender el mundo y la realidad que vivimos en la actualidad. No se trata de la construcción de narrativas que se establecen como última verdad, sino que se entretejan y posibiliten entender, comprender, analizar y criticar, el tiempo que vivimos.

Lo importante del pensar futuro y la reflexión crítica consiste en que, no es indiferente a la verdad, porque en la época actual el Gran Poder Tecnológico, Político y Económico, construye, sanciona y valida un <tipo> de verdad, en los ecosistemas sociales, culturales o militares. No se trata de ocultar los mecanismos de poder o de saber, de manipulación, vigilancia o coerción del ser humano y las sociedades. Sino de develar procesos sociales, políticos o culturales, que de otro modo no se develarían. Así que, en los procesos de saber-conocimiento, formación de relatos y experiencias compartidas, no se trata de ocultar desde los dispositivos técnicos o algoritmos, sino de develar la esencia que seduce y adormece a las colectividades. ¡Despertar! ¡Despertar! De su sueño invernal y posibilite la vigilia entre la aurora y el atardecer, para que las imágenes y las narraciones develen su verdadero rostro.

Su fuerza consiste en iluminar los mecanismos de poder actuales, que adormecen la consciencia y la capacidad reflexiva sobre la realidad y el mundo que vivimos; además, de ofrecer una caja de herramientas nocionales, conceptuales y de experiencias compartidas, que posibiliten la reflexión crítica sombre el tejido vivo de la existencia individual y colectiva. Así que, la tarea del pensar futuro sobre los dispositivos técnicos y los algoritmos, consiste en ir quitando las capas que el Gran Poder ha establecido durante mucho tiempo.

Así que, IA generativa y los sistemas socio-técnicos complejos están articulando sociedades que responden a la velocidad, la simulación y al artificio de las comunicaciones, para refractar un <tipo> determinado de poder. La simulación, la velocidad y la percepción fragmentada de la realidad y de la vida, son la condición fundamental de nuestra época. Sí las imágenes son más fuertes que las palabras, no necesitan ser traducidas, su relampaguear en la consciencia vasta.

Así como las ideologías nublan la imaginación, la capacidad de asombro, de análisis y de crítica, porque no distinguen la verdad de la manipulación y la simulación. Dijo Jean Baudrillard: “La simulación no es una copia de lo real, sino lo que la remplaza”. En la Cultura de lo efímero y la Civilización del algoritmo, la simulación y la manipulación que ejerce el Gran Poder Tecnológico, se entrelazan con la sugestión y el control de la consciencia colectiva y, se apropian de la atención y la reflexión crítica de la sociedad. Convirtiendo a la colectividad en receptores y consumidores, de los medios de información, las redes sociales y los algoritmos de IA.

sábado, 22 de marzo de 2025

 

     Las Atrocidades de Donald Trump, Vladimir Putin y Benjamín Netanyahu

        “A todos los que han dedicado su vida para alcanzar la libertad y la dignidad del ser humano”.

                                                                          Madrid – España a 21/03/2025

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

El Mundo Moderno ha generado cambios tan sutiles e imperceptibles, que han tomado rostro de nuevo en la actualidad. Preguntamos, ¿qué nos sorprende de nuestra época? Que el espíritu pierda el equilibrio; y como un borracho de tumbos de un lado para otro y, no encuentre asidero. Un día toma la máscara del político; otro, la del militar; otro, la del tecnócrata; otro, la del banquero; otro, la del asesino; otro, la del demagogo; otro, la del autócrata. Dijo Ludwig Wittgenstein: “El espíritu de hoy no tiene ningún resorte bajo los pies”. Es incapaz de elevarse sobre las miserias y las limitaciones humanas. Además, la visión que tiene de las cosas es lisa y llana, y carece de la fuerza necesaria para disipar la bruma que lo rodea.

En la época actual por el predominio de las máquinas y los lenguajes analógicos, la voluntad de poder y las armas, el Zeitgeist, el Espíritu del Tiempo, desdeña mirar lo que está escrito en las estrellas y descifrar el interior del hombre. Walter Benjamín afirmó que el elemento que mejor representaba nuestra época, era el vidrio. Porque es frío, transparente, liso, indiferente, distante y en cierto sentido desnudo. Esta es la tendencia de las sociedades contemporáneas. En nuestra época la mirada no está dirigida a lo fundamental, sino a la Cultura del espectáculo. El espectáculo del Gran Poder Tecnológico y de los Presidentes y los Jefes de Estado del Poder Mundial, que crean un desierto y lo llaman paz.

En la historia actual las “figuras” del nuevo imperialismo norteamericano y ruso, es común y corriente. La declaración de guerra al vecino para anexar territorios, adueñarse de los recursos naturales y someter a las poblaciones inermes a la fuerza del poder de las armas, la violencia y la muerte. Se sustituyen las lenguas y, en algunos casos, se destruyen por las del invasor. A la vez, se imponen a la fuerza costumbres, usos, tradiciones, mitos, ritos, etc., que nada tienen que ver con los nativos. Se ha demostrado que la policía lingüística no puede impedir a un pueblo o, a una nación, que sus pobladores no puedan expresar sus momentos de sufrimiento y de dolor, de angustia y de esperanza, de felicidad y de tragedias, de vida y de muerte, en sus lenguas.

Aunque Donald Trump haya declarado el inglés como lengua oficial de Estados Unidos y cambie el nombre del golfo de México, por el de América. Los migrantes de Centro y Latinoamérica llevan en su sangre, genes, espíritus, las lenguas vivas, las lenguas “vulgares” de sus comunidades, pueblos y naciones. Ellos seguirán informándose, comunicándose, cantando y recordando sus mitos y tragedias, sus triunfos y las derrotas, sus esperanzas y los desaciertos, sus amores y las desdichas, en las lenguas que mamaron desde la niñez. Sátrapas, dictadores y asesinos, Trump y Putin, desconocen que la vida casi en su totalidad es lenguaje, salvo un saltito muy pequeño reservado a la razón, la lógica y las matemáticas.

Trump ignora lo que Ernesto Sábato expresó “Entre la letra y la sangre”:

“Las lenguas, cada lengua, es un proceso, no un estado; es algo en perpetua transformación, por motivos psicológicos, históricos, geográficos, sociológicos. Las únicas lenguas estables son las muertas, ya que, los cadáveres no se mueven. Todas las demás son dinámicas, se llenan constantemente de “impurezas”, sufren el embate de las culturas más prestigiosas, aman y viven en otras condiciones que las originarias […] los idiomas no se corrompen, sino que se transforman”.

George Steiner en “La barbarie de la ignorancia. En dialogo con Antoine Spire”. Le preguntan, ¿por qué la cultura no impidió lo que luego acaeció en la Segunda Guerra Mundial? Y responde Steiner: ¿y por qué a veces llegó a alentarlo? Dice que “Arthur Koestler (el gran escritor que conoció), estaba convencido de que el cerebro consta de dos mitades: una pequeña parte ética y racional (todavía muy pequeña) y una enorme trastienda cerebral, bestial, animal, territorial, cargada de miedos, de irracionalidades, de instintos asesinos, y que harían falta millones de años –¡valla promesa! – para que la evolución moral alcance nuestra condición, nuestras técnicas de destrucción y de agresión”. Trump, Putin y Netanyahu son como los vándalos y asesinos, tienen las mismas cualidades de agresión, de brutalidad y de inventiva estratégica. Para implementar las técnicas de destrucción, de violencia, de agresión y muerte. Es posible que estos personajes no encuentren “salida a su enorme energía animal que, en la rutina de la monotonía, de la mediocridad sexual en la mayor parte de sus vidas, buscan afirmarse”.

Somos parte de la Cultura de lo efímero y la Civilización del espectáculo, en la que la cobertura, la lectura e interpretación superficial, que implementan los medios de comunicación y las redes sociales, no están a la altura para englobar toda actividad humana tanto teórica o práctica. Y, en particular, los que ejercen el Gran Poder Tecnológico, Militar y Económico, han de ser encarados por un <<tipo>> Cultura y de Civilización, “lo bastante profunda como para resistir las fantasías de destrucción, de aniquilación, de regresión y de barbarie”. Dice Steiner que, “Freud creyó que el estrato era muy delgado. Como la costra de un volcán. Que jamás la cultura, la civilización podrían resistir a las pulsiones profundas de destrucción y sadismo”.

Este <<tipo>> de Cultura y de Civilización trivializa la magia y el misterio de la vida y la muerte. Se encargan crímenes y se mata en masas, crímenes de lesa humanidad como los cometidos por Putin en Ucrania o, de Netanyahu en Palestina. Quien podría imaginar que después de la guerra en Afganistán, en Irak, los Balcanes, vivamos un tribalismo, un odio al vecino y, digamos: “¡Porque es diferente hay que matarlo, hay que echarlo!”. Por eso un escritor, un pensador, un artista, tienen el deber moral y ético de ocuparse de determinados hechos, ideas, imágenes, experiencias o pensamientos y, “ocupar un lugar decisivo en la sociedad, de denunciar y protestar cuando se cometen atrocidades contra la libertad y la dignidad del hombre”. Su tarea sería vislumbrar los valores eternos y atemporales, que están implicados en el drama social y político de su época y su lugar. Son testigos y críticos del mundo en que viven; por eso han de sacudir, despertar, a todo el que se acerque a sus obras.

Somos parte de un mundo de una confusión extrema, caótico, coercitivo y violento, en el que la Cultura ha sido incapaz de contener la barbarie. Es una especie de trasgresión del principio de la vida pasando por la muerte; un mundo en el que ciertos hombres se creen tan fuerte como para reemplazar a Dios. Ese fue el primer problema con el que luchó George Steiner en todos sus libros y en toda su enseñanza: “¿por qué las humanidades, en el sentido más amplio de la palabra, por qué la razón de las ciencias no nos ha dado protección alguna contra lo inhumano? Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total”.

 Así que, la Cultura algunas veces se pone el vestido del horror y se convierte en el espacio del dolor, el sufrimiento y la muerte.

En la actualidad se quebrantó el principio que heredamos de Platón a Hegel, que la “esperanza se basaba en el humanismo de la cultura y la manera como la cultura podía –de uno u otro modo- desarrollar el humanismo, desarrollar la relación con el hombre”. Pregunto, ¿cómo es posible que en esta época después de vivir tantas atrocidades, violencia y muerte, existan gobiernos como el de Estados Unidos, Rusia o Israel, que hayan dado a la luz lo peor de la condición humana? ¿que en sus gobernantes prevalezca el deseo de muerte, de violencia, de odio, de discriminación y xenofobia? Es humano que la gran mayoría de los hombres y mujeres tengan miedo, o traten de mirar a otro lado cuando cerca se violan los Derechos Humanos, se tortura, se secuestra o, se está produciendo un hecho terrible y abominable, a la dignidad de las personas. Esto pasó en el siglo XX, en Alemania, en Italia, España y, Latinoamérica y, ahora sucede en Estados Unidos, Rusia e Israel.

Como dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein: “Autoconocimiento y humildad es lo mismo”. Sí los que gobiernan el mundo no se conocen a sí mismos y tampoco el tiempo histórico del que hacen parte, prima en ellos la soberbia, la mentira, el odio, el chantaje, la irracionalidad, la violencia o, la guerra.  Esto se constituye en problema para el Orden Mundial. Porque “la potencia creciente tanto de los medios de transporte como de los medios de aniquilación llegaría a ser catastrófica sino hubiera una fuerza central que mandase en ella –al decir de Ernst Jünger. Si el Poder Mundial ruptura lo establecido en el Orden Internacional después de la Segunda Guerra Mundial: La ONU, OIT, OMS, OMC, TIH, el respeto a la integridad territorial de un país, etc., el Orden Internacional estará determinado por el caos, la violencia y la intimidación del más fuerte. 

Recordemos expresa Jünger, que “no es, empero, la revolución mundial la que trae las mareas vivas; las trae la revolución telúrica, que está detrás de aquella. La revolución telúrica es la que modifica las amenazas –la que cambia, por ejemplo, la amenaza económica en amenaza ecológica, o la amenaza de la guerra en amenaza de exterminio sin más. Ya no puede decirse que exista la guerra en sentido clásico”. La destrucción que se avecina ha de ser telúrica, porque destruirá la naturaleza y toda vida sobre la Tierra.

“Cuando el mundo fue sacado de sus goznes y encajado en la ciencia”, la voluntad de poder y la economía en el siglo XIX. Con este tipo de pensamiento el mundo moderno lleva a cabo un punto de inflexión en la historia de la cultura y la civilización de Occidente. Y, como consecuencia de este despliegue se entreteje una nueva relación: la del desarrollo científico-técnico y la nueva configuración del ejercicio del poder. Esta relación incide en la naturaleza espiritual de la lengua. Pero también abre paso a una “nueva estructura”, con códigos, vocabularios, símbolos, signos, que responden a un Atlas lingüístico y a una realidad basada en las matemáticas y el pensamiento abstracto. Eso que los poderes tecnológicos de los lenguajes digitales llaman Grandes Modelos de Lenguajes Artificiales: los LLM.

En el sentido profundo y alto de la política, el intelectual y el escritor están en la obligación moral y ética de criticar y denunciar, los delitos graves que se cometan contra los ciudadanos de un país. Protestar cuando se cometen atrocidades contra la libertad, la dignidad del hombre y la vida. Dice Francesco De Nigris, “hay épocas que el individuo tiene la posibilidad de vivir más feliz e ilusionado que en otras épocas. Se trata de épocas que hay confianza en el hombre, que es, el estado de las épocas humanistas. En realidad, cada época tiene su grado de humanismo en la medida que consigue creer en el hombre, y cada una tiene sus razones antropológicas para serlo”. Ahora bien, si el hombre se aleja del humanismo, es porque no tiene confianza en sí mismo; una visión de la existencia que impide vivir auténticamente la propia vida. Porque el “núcleo” de la existencia no descansa sobre sí mismo, sino en algo exterior a ella: la técnica, el dinero, el poder, las armas o, la fugacidad de los hechos cotidianos. Y, esto hace de la vida humana sumamente desgraciada, atormentada y no logre estar a la altura de su temple vital.

Decía recientemente el escritor Javier Cerca en El País de Madrid-España que: “Los europeos vivimos atrapados entre Vladimir Putin y Donald Trump, entre un autócrata y un aspirante a autócrata, dos matones o dos gásteres que solo entienden el lenguaje de la extorsión y solo acatan la ley del más fuerte. Que de ninguna manera quieren una Europa unida, porque no les gusta la democracia y, saben que Europa es el gran bastión de la democracia en el mundo. Porque intuyen que, si Europa se uniera de verdad, sería un competidor imbatible para ellos: de ahí que hagan todo lo posible para desarticularla”. Recordemos a Lord Acton: “si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”. Sólo se puede establecer una auténtica democracia sí se cumple el principio que un Sistema democrático exige: el castigo de los que han cometido delitos de lesa humanidad.

Creo en la gris y mediocre democracia la única que permite vivir y pensar en libertad; por eso “una democracia se caracteriza por permitir la publicación de sus defectos”. En una democracia hay una ley aceptada por la sociedad y una justicia que se aplica –independiente de los que detentan el poder político y económico- es lo único que asegura una existencia digna. Establece el “bien común” por encima del egoísmo individual y del “bien del Estado” que los autócratas y totalitarios, colocan por encima de las personas. La democracia trata de establecer el bien común de seres libres y solidarios. De ahí que no se pueda hablar de educación en abstracto; ya que la educación se propone un <<tipo>> de hombre y de convivencia. Una educación en un Estado totalitario o autoritario, es diferente a una educación en un Estado de Derecho y un Sistema democrático. Que implementa en todo el mundo el dialogo, la tolerancia y la convivencia pacífica.

Trump, Putin y Netanyahu se mueven impulsados por instintos y deseos egoístas, tienden a su Yo que es egoísta y excluyente. Que consideran a la sociedad como un conjunto de individuos en guerra, tienen una mentalidad que justifica el dictamen de Thomas Hobbes: el hombre, lobo del hombre. Ellos son individuos, más no personas. Porque se llega a “ser persona luchando contra las potencias malignas que alientan en nuestra inconsciencia. Lucha que no es irreal ni utópica, porque a menudo el hombre ha alcanzado las cimas del altruismo y ha sacrificado sus instintos egoístas en beneficio de la comunidad”. El individuo se rige por una “tabla de valores” vertical y excluyente, en cambio la persona se rige por una “tabla de valores” horizontal e incluyente. La persona tiene presente al “Tu”, al “Otro”, que es un “Nosotros”; y es, por lo tanto, altruista, solidario y comunitario. Como dijo Sábato:

“Así como el individuo puede superar sus apetitos individuales hasta alcanzar la categoría de persona, los países pueden alcanzar la categoría de nación, respetando la categoría de humanidad”.

Trump, Putin y Netanyahu, no están preparados para intuir y percibir los valores eternos que hacen parte de la esencia del hombre y de la humanidad. Que el hombre no debe buscar el sentido de la vida en la historia, el poder, la riqueza, el lujo, lo bello de las cosas materiales, sino en el interior de sí mismo. Ernst Jünger dice: “Ante todo es preciso tener en cuenta que al hombre hay que dejarlo que nazca primero dentro de sí”. Porque en el mundo gobernado por estos sádicos, energúmenos y gánsteres, “hoy el mero hecho de sobrevivir representa ya un mérito”. Aunque barrunten el Estado y sus instituciones con leyes y normas, que inciten a los ciudadanos y sus comunidades a la violencia, el odio, la guerra y la muerte, existe un resto en la esencia del ser humano que el poder no puede disolver: el sentido de la vida y de la muerte, el misterio del mundo y la realidad, el amor y la esperanza del ser humano. Y también olvidan que:

                “Tiene tanta fuerza el poder de la libertad que nos es suficiente soñar con ella”.

Lo admirable de la vida es, que el hombre siga luchando en medio del horror, la desesperanza, el dolor, el sufrimiento y la muerte. Que siga arando la tierra, levantándose cada madrugada para trabajar y, así llevar comida a su casa, construyendo carreteras y puentes, estudiando y creando obras de arte, que el mundo y la vida tienen un misterioso sentido para alcanzar la grandeza y la eternidad. A pesar de las atrocidades de Trump, Putin y Netanyahu, existan personas como el pedagogo estadounidense ABRAHAM FLEXNER (1866 – 1959), que en una conferencia de 1939 dijo:

“¿No es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen por completo o parcialmente de la tormentosa corriente de la vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, a la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicarán al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento? El mundo ha sido siempre un lugar confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo”.

Dice Dostoievski por boca de Kiriloff:

“Creo en la vida eterna en este mundo. Hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad”.