jueves, 11 de febrero de 2021

LA ENCRUCIJADA DEL INDIVIDUO EN EL MUNDO MODERNO

 

 

 

        Al Dr. Julio Betin López con respeto y admiración.

 

<<A la memoria de su madre Dña. Julia Isabel López Guzmán, 

que en la Casa de la Cultura, me enseñó amar los libros y a pensar>>.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Al Mundo Moderno lo define el humanismo europeo y la modernidad ilustrada, y toma como principio la centralidad del hombre: un ser como sujeto de acción y pensamiento crítico; su capacidad de clarificación y teorización de la naturaleza y el mundo; y, su poder para transformarlo. La modernidad se construye sobre la idea del individuo que inventa, que persigue ideales como la libertad, la justicia, la igualdad y la fraternidad. En este umbral se ubica el “vitalismo” de Nietzsche y el espíritu de Hegel. En la modernidad el individuo también está atrapado en las redes de la sociedad, su cotidianidad y pierde su autenticidad; la razón de ser de su existencia individual.

Siguiendo la lectura de Heidegger sobre la modernidad y el humanismo, el hombre como <<pastor del ser>>, se ubica en los márgenes, como ser meditativo que espera alguna iluminación. Y ubicado en el umbral de la tradición judeo-cristiana dice: <<Sólo un dios puede salvarnos>>. A su alrededor hay un montón de escombros humanos y materiales, que Benjamín y Adorno definen como <<catástrofes>>: el peso de la técnica y la ciencia que ha caído sobre el hombre; la Primera y Segunda Guerra Mundial; el Holocausto judío; las bombas atómicas; la visión mecánica-materialista de la naturaleza y tecno-capitalista del mundo. En el que el ser humano se vuelve objeto o número, y todas las relaciones humanas y sociales se transforman en meras relaciones de consumo de unas personas respecto a otras. Eso que Arendt denomina reificación del ser humano consciente y libre como si fuera objeto o cosa no consciente ni libre.

Preguntamos, ¿esto que acontece ha posibilitado en el hombre moderno una transformación de su modo de pensar y ser? ¿por qué no piensa su relación con lo fundamental y las motivaciones últimas de la existencia? Porque el pensamiento se encuentra en dique seco –dijo Heidegger. La humanidad europea y occidental sigue jactándose de su humanismo, que sólo es una costra seca que voló por aires ante las exigencias del presente. Y también por las crisis y las catástrofes que el siglo XX dejó tras de sí. El logos (el lenguaje) está situado en su parte material (medios de comunicación de masas, el predominio de la imagen sobre la palabra, las redes de información rápida y simultanea), y, las lenguas naturales, el ámbito antropotécnico de la palabra, la escritura y el pensamiento, están en retirada. Entonces, la tradición ilustrada se encuentra en crisis; porque no responde a las necesidades morales, espirituales y materiales del ser humano.

De lo que existió las nuevas versiones humanistas del existencialismo y del marxismo, fueron intentos fallidos. El devenir histórico ha cambiado y la instrumentalización, la coacción, la domesticación y el ejercicio del poder, pasa a otros protagonistas. Así, las diferentes técnicas de dominio y control, pasan por un proceso civilizador de la <bestia> humana. Que dan como resultado eso que llamamos falta de imaginación, perdida de la capacidad de asombro, de pensar y de los contenidos espirituales del lenguaje. En la época actual predomina aquello que el griego antiguo denominó filisteo, un hombre adherido a la banausía, a la vulgaridad y, ahora es una mentalidad exclusivamente utilitaria, una incapacidad de pensar y juzgar las cosas como no sea por su función o utilidad. (Arendt). Esta incapacidad de discernir, de discriminar, proviene de la capacidad llamada gusto. El hombre se entrega desnudo y desprevenido, a la falta de gusto de la cultura del entretenimiento y el consumo masivo.

Ahora, ¿podría ser que el gusto fuera una de las facultades políticas? (Arendt). Si la política se expresa en la acción y el discurso, el gusto por las cosas bellas y buenas para el hombre, se relacionan con lo justo, la vida del ser humano en sociedad, la participación activa en los asuntos públicos, la justicia y la seguridad de los ciudadanos. Es decir, el gusto por la buena vida, privada o pública, es una facultad de la política. Así, la apreciación estética de la existencia se relaciona con las esferas de la política y la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Esta es una de las razones que la cultura y las obras de arte, se relacionan con un conjunto de variables que van más allá de la función y la utilidad de las cosas y la política como fin en sí misma. Y esto es sumamente grave para la democracia y la convivencia pacífica entre los seres humanos.

Porque al corromperse la práctica política toca todas las esferas de la sociedad. Y, en su defecto, manifiestan dos principios estéticos: libertad o cohibimiento. Ese es el destino que decide sobre la dicha o la desdicha, que permite a los unos considerar este mundo como un hogar y condena a los otros a un incurable y soberbio aislamiento. (Thomas Mann). En una atmósfera así el deseo del ser humano es abrirse paso o romper el cerco. En el mundo actual la cultura, las obras de arte y el gusto como facultades políticas, se transforman en vehículos de salvación; o, en otros términos, en facultades que posibilitan salvar a la humanidad de lo inmediato y efímero de la civilización del artificio. Por eso, la acción política es reflejo, expresión, instrumento, del espíritu profundo de los pueblos. De ahí que el porvenir encontrará en el arte y la cultura, una fuerza al servicio del ser humano y de la sociedad; un elemento de educación y libertad. Que estará al lado de otras esferas del saber y del conocimiento, al servicio de la Humanidad.

Se trata que frente a la inactividad de la existencia y el pensar, se situé la meditación y la vigilancia intelectual, para enfrentar con valentía los tranquilizadores presupuestos del poder y el saber. De esta manera, el pensamiento de Heidegger nos situaría en lo inhóspito, los márgenes e inquietante, de las seguridades, del bienestar del humanismo ilustrado y el Gran Poder. La auténtica esencia del hombre tiene que ver con la verdad, la libertad, el lenguaje y el pensamiento. O, en otros términos, su relación con el ser: el lenguaje como <<casa del ser>> y el hombre como <<pastor del ser>>.

La naturaleza del hombre fáustico, de expansión y dominio, del mundo y del hombre mismo, Heidegger las sustituye por habitar la proximidad del ser; el silencio más que la retórica; la escucha y la espera más que las prácticas sociales, discursivas o políticas. Por eso, su pensamiento da prioridad al silencio y la soledad del individuo que se escucha a sí mismo, que a la algarabía de las sociedades de masas y la cultura de masas. Heidegger propone en Carta sobre el Humanismo, ir más allá del humanismo, pero no lo hace en la dirección adecuada. Se remite al griego antiguo y, a la historia y el nacionalismo alemán, que desembocó en totalitarismo. Dice Peter Sloterdijk: <<qué amansará al ser humano, si hasta ahora sus esfuerzos para autodomesticarse a lo único que en realidad y sobre todo le han llevado es a la conquista del poder sobre todo lo existente?

No podemos olvidar que, el hombre existe en el mundo y se relaciona con los otros. El individuo en su particularidad, Heidegger lo define como <<inauténtico>>, que ha sido despojado de su esencia y, ahora nada sin rumbo empujado por las olas de la civilización del espectáculo, el artificio del artificio, el consumo, la publicidad y la cultura de masas. Y al respecto reflexiona:

 <<El uno (“el individuo, el Sistema o la Estructura”), despliega una   auténtica dictadura. Gozamos y nos divertimos como se goza; leemos, vemos y juzgamos sobre literatura y arte como se ve y se juzga; pero también nos apartamos del montón como se debe hacer; encontramos irritante lo que se debe encontrar irritante. El uno que no es nadie determinado y que son todos (pero no como la suma de ellos), prescribe el modo de ser de la cotidianidad>>.

La uniformización del individuo en las sociedades de masas, se convierte en <norma>> y <medianía>>. La nivelación de la sociedad obstruye las cualidades espirituales, mentales y físicas del individuo. Por tanto, las posibilidades del ser y de la existencia, se diluyen en las colectividades abstractas y uniformes. Y expresa Heidegger al respecto:

             <<En la previa determinación de lo posible o permitido intentar, la medianía vela sobre todo conato de excepción. Toda preminencia queda silenciosamente nivelada. Todo lo originario se torna de la noche a la mañana banal, cual si fuera cosa ya largo tiempo conocida>>.

En las sociedades modernas y la cultura del espectáculo, el catálogo de las cosas posibles, que marca la diferencia con lo siempre igual, lo oculta la banalidad, la función y la utilidad. Cristian von Wolf expresó que, la palabra Dasein (existencia) es, un complemento de lo posible. Para Hölderlin los dioses griegos no sólo eran posibles, sino que estaban presente. (Jünger). La persona individual representa lo posible, pero sus formas posibles y excepcionales, son borradas por <<decreto>>, por la uniformidad y la nivelación de la sociedad. Todo cambio individual es precedido por una exigencia: un llamado a la puerta, que viene desde lo posible, desde lo imparcelado. La persona individual vive eso en horas silenciosas en que la asaltan pensamientos incitándola a obrar. (Jünger).

En el Mundo Moderno se superponen los pensamientos viles, vulgares, feos, que ascienden desde las cloacas de la existencia, sobre los nobles, buenos, fantásticos o trascendentes, que provienen de las corrientes del espíritu. En momentos de soledad y de charla consigo mismo, es lícito sospechar que hay una extraordinaria afluencia de fuerzas, que vienen del más allá, allende del tiempo y del espacio.

Un mundo desgarrado, conquistado y convertido en <<existencias>>, naturales o humanas, como el actual. Se convierte en el ámbito propicio para actuar como los demás actúan, pensar según las imágenes o, las categorías de los medios de comunicación y las plataformas digitales. Un mundo donde prevalecen las relaciones inconexas determinadas por el dinero o el poder, se convierte en un mundo demoníaco. Armados con los cocimientos de las ciencias y los instrumentos de la técnica, vivimos una época de transito respecto al lenguaje, el pensar y la experiencia. Lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y que son pesimistas. No hay en ellas magia con la técnica basta. (Jünger).

De ahí el avance del cálculo y de su apreciación práctica hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras o números. La técnica ha evolucionado tanto hasta transformarse en lenguaje mundial; ello hace que la participación de los individuos en la sociedad se convierta en una participación estadística. (Jünger). Los <<medios>> y las <<redes sociales>> no sólo anticipan la opinión y las imágenes del mundo; sino que se convierten en el <Ágora> de nuestro tiempo. Estamos asistiendo a una especie de analfabetismo y de ignorancia, por la incapacidad de juzgar, de discernir y de analizar del hombre actual. Así que, el planeta adquirió un aura nueva, una epidermis más sensible. Las ondas en sí carentes de lenguaje, están a disposición de cualesquiera textos o imágenes, que golpean con la virulencia de la ola al romper. (Jünger).

En el Mundo Moderno la ciencia por antonomasia es la de la naturaleza y se presenta como fundamento de la técnica. Pero ésta no es un hecho puramente científico-natural; al mismo tiempo es un hecho histórico. Además, las cuestiones que la humanidad expone a la naturaleza están condicionadas por el estadio de su producción. En el desarrollo de la técnica se han podido percibir los progresos de las ciencias naturales, pero no los retrocesos de la sociedad. (Benjamín). El lado destructivo del desarrollo, no reconoce el lado destructivo de la sociedad. La técnica al servicio del capitalismo industrial, empresarial o financiero, tiene como meta la producción de mercancías. Su proceso de producción está determinado por el <<valor>>, la conversión de las cosas en dinero intercambiables en el mercado de la circulación y la demanda, sociales o individuales.

En el siglo XX se vivió como la velocidad de los medios de trasporte, o la capacidad de los aparatos con que se reproduce la palabra y la escritura, llevan a cabo una revolución en la percepción, el sentido de la vida y del mundo. Nos dimos cuenta que las energías que la técnica desarrolla más allá de ese umbral son destructoras. En primera línea favorecieron la técnica de la guerra y su preparación publicitaria. (Benjamín). Y se constató en la Primera y Segunda Guerra Mundial y los conflictos de las naciones del mundo; y también como el hombre no fue consciente de las energías destructoras de la técnica.

De otra parte, la revolución en los medios de comunicación de masas y los lenguajes digitales, posibilitan el paso de las leguas naturales a las artificiales. Se da una ruptura epistemológica y lingüística en el hombre. En este orden, la sociedad de masas y la cultura de masas, exaltan la futilidad de la existencia, el entretenimiento y la diversión, la función y la utilidad, de las cosas y de la vida. Las unas y la otra, se devalúan y pierden su valor intrínseco, independiente, y se convierten en puro medio: de la industria de la cultura, el dinero, la política y el ejercicio del poder. Ahora, la crítica (literaria, de la obra de arte, de la música, de la poesía o de la filosofía), que asesoran a las personas en la tarea de juzgar, analizar, criticar, comprender el mundo y la vida del ser humano, es una <<forma>> de la cultura que propaga el conformismo, la complacencia y la autosatisfacción. De este modo, las industrias del entretenimiento y la publicidad, sustituyen las preguntas fundamentales de la existencia: sobre la libertad, la justicia, el odio, el hambre, la violencia, el racismo, la tolerancia, la guerra, la paz y el amor, entre otros.

Somos parte de la civilización del espectáculo, vacía y oropel, donde el actor de cine o el futbolista, sustituyen a los grandes creadores de la alta cultura: la filosofía, la ciencia, la literatura y las artes. Personas que nos enseñan a afrontar los problemas y no los trivializan, que intentan dar respuestas serias y no fútiles a los grandes enigmas, interrogaciones y conflictos de la existencia humana. Ahora, una de las características de la época actual es la poca importancia que tiene el intelectual y la ínfima vigencia del pensamiento. Entonces el empobrecimiento de las ideas es la fuerza motora de la cultural. Los medios audiovisuales, la televisión, el cine y las plataformas digitales, sustituyen a los libros, los conciertos, el dialogo, la experiencia y la aventura interior. De ahí que el individuo se encuentra en una ambivalente encrucijada, de privilegiar el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, la burla sobre la seriedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio; a eso se enfrentan los seres humanos en la actualidad.            

 

                                                                               Madrid-España, 11/02/2021

 

                                                                                                      

sábado, 16 de enero de 2021

EL HOMBRE FÁUSTICO EN LA ÉPOCA MODERNA

 

                 

 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Para el hombre fáustico, ¿cuál es la esencia de la técnica? Sólo partiendo del alma humana puede descubrirse la significación de la técnica. La técnica es la táctica de la vida entera. La técnica no debe comprenderse partiendo de la herramienta. No se trata de la fabricación de cosas, sino del manejo de ellas; no se trata de las armas, sino de la lucha. (Oswaldo Spengler). Lo importante en el mundo de la técnica no son los instrumentos, sino el uso de ellos. Así, la técnica, la táctica y la lucha por la vida, van estrechamente unidos en el devenir del tiempo humano. En el mundo del hombre fáustico no se trata aquí de cosas, sino siempre de una actividad que tiene un fin.

En el animal no humano existe, por el contrario, la <<técnica de la especie>>. Es una técnica no personal, que no hace parte de la naturaleza humana, sino que es fija y repetitiva. En la técnica del hombre que es táctica de la vida y vida que lucha, es inventiva y, transforma el trabajo humano. En la esfera animal cada individuo se limita a ejecutar lo aprendido de generación en generación. No existen puntos de inflexión históricos, del pensar y el lenguaje; porque se ubican en la parte biológica del ser animal.

El hombre, por el contrario, se asombra, imagina, reflexiona, crea, innova y con el manejo de la libertad, la experiencia y el saber, rompe con el poder y la verdad. El ser humano es impredecible, ambiguo, contradictorio, insondable e infinito, en estas esferas descansa lo humano y lo divino de la naturaleza humana. Por eso, rompe las cadenas del determinismo económico, político, social y cultural, del mundo que vive. Esto es política.

La Edad Moderna significa desarrollo de la técnica, la economía y la ciencia, y el despliegue de pensamientos determinados por la estadística y el cálculo. La experiencia de la civilización fáustica es el fin de un siclo de la civilización occidental. Así que, perdiendo el alma se comprende la significación de la técnica; la técnica de la vida entera. La pregunta por la técnica desde la esfera del pensar filosófico, es la pregunta sobre el ser y la verdad. Al filósofo no le interesa el qué de la técnica, sino el destino de ésta en la verdad del ser.

En la Edad Moderna el hombre fáustico es el hombre de la fuerza y el poder. Un ser que tiene como meta el dominio de la naturaleza y de los hombres. No es el que nace por generación espontánea, sino como producto de una espiritualización severa y enérgica. Una espiritualización que se apropia de la naturaleza y la vida de los otros, y en su defecto, los convierte en objetos o números, sustituibles y consumibles. La espiritualización de la existencia tiende a la abstracción y a la estadística de la vida y, la objetivación se pierde en el tejido de los lenguajes digitales.

En esta esfera de la existencia la condición humana y, en particular la acción entra en crisis. Porque la técnica y la ciencia en la vida de las personas, deteriora la esfera de la política con distractores que ocultan el sentido de realidad y de la vida del ser humano. Así, los medios de comunicación de masas, las plataformas digitales, las técnicas de mensajería rápida y simultánea, implementan la cultura del artificio sobre los valores del momento oportuno. Esos que posibilitan las preguntas fundamentales de la existencia del hombre sobre la Tierra.

El hombre fáustico que conquista y coloniza tierras lejanas está dando paso a la conquista del mundo interior del hombre: el alma, el espíritu, la zona de la sentimentalidad y el cerebro. La antigua ciudadela en la que el hombre se refugiaba de los avatares de la existencia -el sufrimiento, el dolor, la enfermedad, el hambre, las injusticias, las discriminaciones, el odio o, la muerte-, da paso a relaciones de fuerza y de poder, que llegan a lo más profundo de la condición humana.

La acción, la esfera donde el hombre desarrolla la capacidad de ser libre, y de relacionarse con los otros, de crear valores de cultura y obras de arte, es decir, construir un mundo común, se remplaza por un mundo en el que predominan las categorías, los valores y la realidad de la cultura del artificio. Se olvida que sólo el hombre está implicado en el destino de la existencia; por eso, es la verdad del ser, lo que posibilita la existencia del hombre. En Heidegger lo único que es mundo se expresa en la verdad y el lenguaje.

De ahí que la crisis de la cultura se manifiesta como del pensar, del lenguaje y del ser. Así, en esta alta civilización técnica y de masas, el humanismo no se determina en función de la historia, el mundo y el fundamento del mundo. Sino en función de la política, la economía, la técnica y las relaciones de poder. La crisis de la condición humana tiene que ver con la crisis del logos, del pensar y de la libertad, porque la historia, el mundo y su fundamento, no posibilitan al ser humano los senderos para guiar y poder dejar ver, la apertura del ser y de la existencia. El Dasein –el ser ahí, la realidad histórica. Se trata no de respuestas, sino del preguntar, dejar ver lo interrogado y cuestionado, para que el ser y el hombre alcancen la altura que les corresponde en la historia y la vida.

El hombre fáustico en esta época de desarrollo científico-técnico, los convierte en instrumento de coacción, dominio y poder. Este tipo de hombre impone la voluntad de poder, en la que la vida se erige como poder y se levanta con la fuerza que contiene sobre el arte, la música, el mito, la novela y la filosofía. Para esta estirpe de hombres el núcleo de la historia está en la acción conquistadora de bienes y servicios, el dinero y el poder. Por eso, la degradación de la condición humana está ligada a la conversión del hombre en objeto o número.

Ernst Jünger expresó al respecto: son climáticas las causas de tal <<numerificación>> o <<conversión en cifras>>; es preciso buscarlas por debajo de la esfera política, buscarlas por debajo incluso del lenguaje. (La Tijera). Podemos ver como la estadística determina cada vez más la vida privada y pública del ser humano. Es necesario que el hombre encuentre el camino para que ordene las cosas visibles de acuerdo a su rango invisible. Por tanto, toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio. (Jünger). Si procuramos hacerlo realidad en la palabra, el pensamiento, la política, la economía, o el sentimiento estético de la existencia, el juego de las imágenes que la vida trae consigo, posibilitarían la capacidad de ser libre y que el hombre trascienda las limitaciones de la vida privada y pública, que implementa el Gran Poder.

Por estar inmerso en el mundo de la fugacidad del tiempo y de la vida, no se percibe que todas las cosas visibles deben ordenarse de acuerdo a su rango invisible. Es un susurro que se escucha en la lejanía que se acerca como la alegoría, que lo fundamental de la existencia, lo que está detrás del forro de los fenómenos, es lo que importa y cambia nuestras vidas. Aunque el lenguaje envejezca y el pensamiento no responda a las apetencias humanas, debemos asombrarnos del delicadísimo equilibrio que se extiende luego a las demás zonas de la vida.

jueves, 31 de diciembre de 2020

LA IMPORTANCIA DE LA LIBERTAD Y LA CONSCIENCIA: GEORG W. HEGEL


 

      <<Sólo el hombre libre deja su impronta en la historia y el destino>>.

                                                        Antonio Mercado Flórez

<<La historia mundial es el proceso por el cual el espíritu llega a una  consciencia de sí mismo como libertad. Así pues, la historia mundial es el progreso de la consciencia de la libertad>>.

                                                          G. F. Hegel

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

 G. F. Hegel es considerado uno de los filósofos más importantes de la cultura occidental en la Época Moderna. En su obra Fenomenología del Espíritu lleva a cabo una reflexión sobre la consciencia, la Ciencia o, el Saber absoluto. Sigue el camino de unificar la naturaleza con el espíritu, sin que dejen de ser lo que son. Se propuso convertir el filosofar en algo “científico”, es decir, el pensar está orientado hacia a la consecución de un fin para el caso de la Ciencia o, el Saber absoluto. Así, lo absoluto garantiza que la Ciencia es el todo, y no el saber parcial de las ciencias particulares desde los siglos XVIII y XIX.

El filósofo ha devenir Sabio, es decir, el hombre satisfecho por lo que es y por lo que Sabe. El Sabio debe aspirar a la Sabiduría hasta identificarse con ella y, describiendo el Ser por medio del Discurso. El lenguaje para Hegel posibilita la marcha de la consciencia a la Ciencia, o al Saber absoluto. Así que, el lenguaje se convierte para el filósofo en algo importante como es el aire para el ser humano. Algo esencial para la vida, la conciencia, el saber y la ciencia. Cada una de ellas son <formas> del lenguaje y el pensamiento.

Lo más radical de Hegel consiste en lo absoluto que “unifica” naturaleza y espíritu, sujeto y objeto, acto de conocimiento y cosa conocida, que las filosofías anteriores habían separado. Desde un punto metafísico, lo que ve Hegel en el horizonte de la Creación es la unidad de Dios y las cosas. Ese horizonte es lo formalmente absoluto. Pero siendo principio y fin, es el Todo, es decir, la razón debe aprehender ese todo en su verdad. El problema fundamental es la aprehensión del todo en su verdad racional.

Ahora, en la Fenomenología del Espíritu desarrolla las etapas del sujeto para ser consciente de sí mismo. Construye tres esferas que conducen a la libertad del ser humano desde el umbral de la consciencia: el temor a la muerte, la vida del ser humano al servicio del amo y del trabajo. En Hegel lo importante consiste en que piensa la libertad en relación con la vida. La libertad no es algo abstracto, ni independiente del que la piensa. Creemos que somos libres porque realizamos tareas cotidianas que tienen que ver con la supervivencia o, por la necesidad de pertenecer a una comunidad. Por eso, es un reducido número de personas las que se preguntan por la importancia de la libertad en la existencia de sí mismas.

Preguntamos ¿somos libres en un mundo lleno de prejuicios, dogmas, tradiciones, usos, que sirven como umbrales para percibir la realidad? O, ¿son ideas, conceptos, principios, valores, imágenes, que ayudan a coartar la libertad? Si estamos determinados por la economía, la técnica, el poder, y los múltiples distractores sociales, ¿qué posibilidad tiene la libertad de consciencia? Por tanto, el mundo objetivo -el Estado, las instituciones políticas y administrativas, las corporaciones, la iglesia, los grupos de presión, los gremios económicos, las redes sociales, etc. -, ¿por qué tratan de imponerse al mundo subjetivo en beneficio del Gran Poder y la “selecta minoría” que gobierna? Pocos seres humanos se preguntan por la libertad y qué importancia tiene para su existencia. Porque no es común y corriente que se reflexione en relación a nuestra existencia. Por ejemplo, ¿qué implicaciones tienen las tomas de decisiones en la vida privada y pública de las personas?

En Hegel la relación entre el amo y el esclavo, es una relación desigual y además ve el mundo de una forma exterior a él; depende del cristal de las ideas, los prejuicios, las normas, las reglas y las diferentes formas como percibe el amo al mundo. Una relación fundamental en las formas y sentidos de la esencia de lo humano; como también de la consciencia, de las relaciones intersubjetivas y la manera como están estructuradas y funcionan en nuestra realidad social. Esta relación entre amo y esclavo ha tomado diversas configuraciones a través de la historia: esclavo-Amo, siervo y Señor, trabajador y Jefe, Estado e instituciones y cuerpo social. Aquí hay que tener presente que, estas relaciones reproducen prácticas sociales que establecen relaciones de saber, de coacción, de dominio y de poder. Y quien lo ejerce se vale del miedo, el sufrimiento, la falta de libertad y la muerte, para imponerse sobre el otro o, los otros.

Así que, la idea de Hegel sobre la libertad descansa sobre los pilares de la relación entre la consciencia de sí y el reconocimiento del otro. Que las relaciones humanas tienen su origen en el reconocimiento de sí y del otro, en la consciencia. Esto es, ser consciente de sí y, a la vez, que el otro me reconozca igual y semejante a él. O, en otros términos, la subjetividad y la corporeidad de mi ser, esté en todos y cada uno de nosotros. Este es el principio que define el humanismo: la semejanza entre los hombres. Pero también en las sociedades modernas los derechos y deberes del hombre. Así que, mi libertad termina donde empieza la del otro. Arendt lo confirma en las democracias modernas: la pluralidad, la equidad, la justicia, la estabilidad, la libertad; como también el derecho a pensar, escribir y criticar el mundo en el que vivo. Estas “figuras” configuran el Estado democrático de Derecho –entre otras-.

Hegel creía que el reconocimiento por parte del otro, no es inmediato y fácil; sino una lucha ardua y permanente del sujeto para ser reconocido por el otro o, los otros. Tiene que arriesgar su vida para ser reconocido como ser consciente y libre. Es el camino del ser humano que conduce a la ascensión de la consciencia y de la libertad. Sólo los seres conscientes pueden ser libres. La consciencia posibilita la libertad del ser humano.

Para Hegel existen tres etapas para alcanzar la consciencia de sí mismo: la primera, enfrentarse al miedo a la muerte; la supervivencia biológica es un impulso animal, que en el hombre puede impedir el desarrollo de la consciencia. El temor al hambre, a la soledad y a la desprotección; el miedo a hacer algo prohibido o indebido, configura en el fondo el temor a morir. Conservar la vida aun en estado vegetativo, que arriesgar la vida por la consciencia y la libertad. Por eso, sólo el hombre libre da forma y sentido al destino.

La “dialéctica del amo y el esclavo” nos enseña que, el hombre prefiere la esclavitud cuando está en riesgo la supervivencia y la reproducción. Por eso, la mayoría de los seres humanos delegan el manejo de la libertad y la autonomía de la voluntad. Ya que el manejo responsable de la libertad conduce a asumir riesgos que la mayoría no lo lleva a cabo. Y esto lo impulsa a conservar no sólo la vida, sino también la familia, el entorno social y natural, las cosas materiales que posee. De ahí que el ascenso a la consciencia y la libertad, induzca a la búsqueda de nuevos horizontes y al riesgo de la aventura.

Desde hace treinta mil años aproximadamente, se viene dando la lucha a muerte con el otro. Un enfrentamiento que lo lleva a poner en riesgo su propia existencia y, aquí hay un punto de inflexión de arriesgar la vida a cambio del reconocimiento de la consciencia y de ser amo y, a la vez, ejercer el poder. Piensa Hegel, para el esclavo el temor a la muerte le trae sus beneficios: aprende a desplazar el deseo propio en beneficio del otro. Porque se convierte más tarde en fundamento de la convivencia comunitaria. Por tanto, cuando el ser humano renuncia a sus deseos individuales beneficia al otro; ahora cuando piensa en el bien común, aparece la posibilidad de la cooperación, la solidaridad y la fraternidad. Por así decir, aparecen los principios morales, éticos y espirituales, de las grandes religiones monoteístas. Pero también de la moral y la ética racional filosófica.

Así, la segunda etapa, consiste en distanciarnos del mundo instintivo y controlar los impulsos, distingue la consciencia del ser humano de las esferas instintivas del animal. Dice Hegel que en el ámbito donde el animal es esclavo de sus necesidades instintivas, el ser humano puede controlarlas, postergarlas o sublimarlas. La muerte y la sublimación de los instintos, posibilitan las fabulas, la narración, el arte, la religión, la música y la cultura en general. Como expresa Hegel: sólo se aprende cuando se está bajo la tutela del amo.

La tercera esfera la sitúa Hegel en el trabajo y la importancia para el ser humano. Ahora bien, desde una perspectiva intelectual comprende el entorno donde vive y lo transforma en su beneficio. A través del trabajo el ser humano pone a su disposición la naturaleza y la sociedad en la que vive. El trabajo posibilita transformar la realidad y transformarse así mismo. El ser humano transforma el mundo de acuerdo a las ideas que tiene en su consciencia. Así, el trabajo refleja objetivamente la vida del espíritu y el desarrollo de la consciencia, un lugar en que trabajo y consciencia coinciden necesariamente. El ser humano necesita que su creación encuentre expresión y un espacio en el mundo, que tome forma y pueda ser reconocida por otros.

Ahora bien, el miedo a la muerte; la consciencia de distinguir y diferir un deseo; la importancia del trabajo para la vida del ser humano. Son temporalidades y formas que posibilitan la adquisición de la libertad para la consciencia. Que, en última instancia, por decir, se convierte en algo fundamental para la libertad general. El pensar filosófico de Hegel, no solo abarca la libertad objetiva del ser humano, sino ante todo la libertad sustancial. Que posibilita que la vida transforme continuamente la realidad de la que hace parte. Que el hombre rompa las cadenas de las costumbres, los usos, las tradiciones, las ideas heredadas como verdad; con el manejo responsable de la libertad. Que ésta posibilite <<valores nuevos y más altos>>; o, en otros términos, el poder, la vida y el amor del hombre hacia su existencia terrena.

lunes, 14 de diciembre de 2020

PINCELADAS SOBRE EL CUADRO DE LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LA ACTUALIDAD

 

     

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Jorge Luis Borges dijo que, la mente que una vez lo soñó volverá a soñarlo; mientras la mente siga soñando, nada se habrá perdido. Schopenhauer pensó en la posibilidad de la mente humana como una y única, donde la forma permanece, sólo cambia la máscara de esa forma en el devenir histórico. Que no es otra cosa que la Historia misma. Así, el pasado es indestructible; porque siempre vuelve en las formas del mito, la historia, el saber y la cultura. Aun en medio de la felicidad que viva el ser humano está condenado a soportar sobre sus hombros el peso de la historia y la tragedia de su vida. Así, la visión del espíritu y del alma es inconmensurable, abarca más allá del horizonte donde se ancla la visión sensible; y explora con las herramientas que ofrece el arte, la música, la filosofía; la condición humana y la cultura.

La cultura no goza de libertad, sí se identifica con el Estado y sus instituciones, el <valor>, que la convierte en mercancía en el mercado de la circulación y la demanda. Así que, la cultura no es el Estado, ni el ejercicio del poder, ni el dinero bancario, tiene que ver con el espíritu, la sensibilidad, la imaginación, y <<la facultad peculiar de todos los objetos culturales: la facultad de captar nuestra atención y conmovernos>>. (Arendt). Por tanto, el Estado y la cultura no son lo mismo, porque al ponerse al servicio de éste degrada sus cualidades fundamentales y se convierte en mendiga de las dadivas del ejercicio del poder. En otros términos, de los intereses de los gobernantes y del Gran Poder.

La hybris del progreso exalta la avidez, la economía, el despilfarro material y vital. Dice Rafael Argullol: <<Aprender sería aprender a desarticular la civilización de la hybris. Educar al hombre en un nuevo contrato existencial, con sus derechos y sus deberes, en que la vida, lejos de ser un objeto de saqueo, fuese un objeto de armonía. Claro que eso implicaría hacer una verdadera revolución espiritual, algo más delicado que cualquier revolución de otro tipo>>. Se trataría de una transformación pedagógica que forma o distorsiona la individualidad para siempre. <<Un nuevo concepto de educación desbordaría, con mucho, el marco de las escuelas y universidades para afectar la mente del hombre>>. Se trata de despertar la inquietud, la imaginación, la sensibilidad, y elevar el espíritu del educando a las esferas del arte, el conocimiento, la sabiduría y la cultura. En un ámbito como este hay que tener en cuenta que al hombre hay que dejarlo que crezca primero dentro de sí. (Jünger). 

En la sociedad de masas y la cultura de masas, los iconos de la sociedad de consumo, son el equivalente proletario de la riqueza burguesa, y la ostentación vulgar del bienestar de los trabajadores proporcionado por el Estado social de Derecho […] La privacidad de los pobres se esfuerza en disimular esa penuria espiritual en una aparente opulencia que se acredita mediante su exhibición constante. (Argullol).

Somos parte de una época que ha convertido en irrisorio todo lo que tiene valor y, en particular, los valores éticos y morales que dignifican la vida humana. En el mundo actual los valores ligados al individuo: la libertad, la justicia, la igualdad, el derecho, la razón, etc., pierden su contenido teórico para entrar en ligazón con la soberana violencia, el autoritarismo, la guerra o, la dictadura de la fe. En los últimos tiempos los conceptos de los que dominan no han sido siempre los espejos en los cuales ha nacido la imagen de un <orden>. Que posibilite al hombre confrontar la vida objetiva (las injusticias, el dolor, el hambre, la dignidad, el sufrimiento, la libertad, etc.), con los saberes inútiles: como el arte, la música, la literatura, la filosofía o, la cultura. En la actualidad hay que tener presente que, en todo movimiento vital, las fuerzas demoniacas se ocultan detrás de las cualidades ordenadoras. (Jünger).

La pérdida de confianza en sí mismo del hombre moderno, lo obliga a recurrir a un violento sentimiento subjetivo, que lo induce dice Nuccio Ordine: a apropiarse la utilidad de los saberes inútiles. Saberes que se contraponen a la utilidad dominante del interés económico que mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico; aquí el horizonte civil debería inspirar toda actividad humana.

En las esferas del utilitarismo, a saber, una maquina vale más que un poema, un coche más que una novela, una vaca más que una sinfonía: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia y la eficiencia, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué sirve el arte, la música, la literatura, o, la filosofía. Nadamos en un mar de mendicidad espiritual y mental, donde en las olas de la vida del ser humano prevalece lo abstracto y cuantitativo, las máquinas y la velocidad, que desembocan en la cultura del artificio. Donde predomina lo fugaz, el consumo, y las cosas vacías del mercado de la circulación y la demanda. En momentos de crisis de la condición humana como la actual, ciertas personas deberían abstenerse de hablar de libertad, de justicia, de razón, de humanidad; deberían abstenerse de ello por escrúpulo espiritual. (Arendt).

De lo que se trata en la actualidad es, mostrar y trasmitir que la educación, la sabiduría y la cultura, pueden desafiar una vez más las leyes del mercado, el poder y el progreso. Yo puedo poner en común mis conocimientos sin empobrecerme. Puedo ensañar a un alumno la teoría de la relatividad o leer junto a él una página de Montaigne dando vida a un proceso virtuoso en el que se enriquece, al mismo tiempo, quien da y quien recibe. (Ordine). Por eso, la educación y la cultura son algo mágico, ya que forman o, transforman la cualidad del ser. Eso que posibilita a los hombres alcanzar la categoría de persona.

En este orden, sí lo sublime y eterno se envilecen, desaparece el sentimiento del humanismo: la semejanza entre los hombres. Y, así, <<precipitándose en la parte baja de la rueda de la Fortuna, toca fondo. El hombre se empobrece cada vez más mientras cree enriquecerse:

Como dice Cicerón en las paradojas de los estoicos: Si diariamente defraudamos, engañamos, buscas y hacer componendas, robas y arrebatas con violencia, si despojas a tus socios, si saqueas el erario entonces, dime: ¿significa esto que te encuentras en mayor abundancia de bienes o que careces de ellos?

Así también lo percibe el Pseudo Longino (vivió entre el Siglo I y el III d. C.), en Sobre lo sublime: <<Ese afán insaciable de lucro que a todos nos infecta […] es lo que nos esclaviza […] La avaricia es, ciertamente un mal que envilece>>. Siguiendo estos falsos ídolos, el hombre egoísta no dirige <<ya su mirada hacia lo alto>> y <<la grandeza espiritual>> acaba marchitándose. En esta degradación moral <<se cumple la paulatina corrupción de la existencia, no queda espacio para ningún sitio de sublimidad. Lo sublime dice el Pseudo Longino, para existir requiere también libertad: <<La libertad es capaz por sí sola de alimentar los sentimientos de las almas nobles, de dar alas a la esperanza>>. (Ordine).

En un mundo limitado por las necesidades biológicas, la técnica y el Gran Poder; la libertad, la educación y la cultura se domestican y se diluyen en el huero concepto de sí mismas. El ser humano tiende a edificar la existencia sobre los aparatos, la economía y el poder; por eso ha de saber cuáles son aquellos sitios donde no es licito traficar con su decisión soberana. Y, frente a esto la única esperanza que queda es no entregarse indefenso de la mente y el espíritu, a la crueldad, la violencia, el odio, la discriminación, el racismo, la pobreza, la xenofobia y la muerte, por unas pocas monedas de lo actual. O, desde otra perspectiva, por así decir, el predominio en el espacio público y privado, de la civilización del artificio.

 

                                                               Madrid, España 12/12/2020

 

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

DE LA LENGUA NATURAL A LOS LENGUAJES ARTIFICIALES

 

                    

 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

En un pueblo del Caribe al umbral de la tarde cuando la noche entrega a los dioses el velo nocturno y el cielo se preña de estrellas. Mi abuela me contaba historias interminables en el patio debajo de un abeto. Las ramas del árbol eran como los cabellos de una mujer que nos protegían de los avatares del tiempo cósmico. Con esta lengua ignota, fantástica y misteriosa, el tiempo se detenía en un marasmo existencial. Como si una tristeza o melancolía dieran cuanta de la vida pueblerina. Las historias narraban aventuras fantásticas y terroríficas, que por la noche se convertían en sueños aterradores. Así, la lengua de estos cuentos despertó la sensibilidad, la imaginación y la agudeza del espíritu, en mí. Entonces descubrí que la lengua viva eran corrientes de contenidos espirituales que provenían del Árbol de la Vida. Desde la niñez mamé la lengua de mis mayores y como un presente divino, el nombre, el espíritu lingüístico, y el significado de las cosas y la vida. En ella aprendí el contenido de las palabras como cielo, estrellas, pájaro, pescado, amor, fraternidad, libertad, tolerancia, juego, convivencia, macaneo, aguacate o takaloa.

Sabemos que el mundo de los mayores permanece en la memoria y la rememoración. Así, la capacidad del ser humano de recordar posibilita desandar lo andado y proyectarlo al futuro. En este orden, ¿cómo los judíos experimentaban el tiempo pasado? Conmemorándolo. A ellos les estaba prohibido escrutar el futuro. En cambio, la Torá y la plegaria les instruyen en la conmemoración. Esto desencantaba el futuro, al cual sucumben los que buscan información en los adivinos”. En los últimos tiempos la Gran ciudad, la ciencia, la masificación, la técnica, Internet, los algoritmos, el desarrollo social y el progreso, han dejado a la vera del camino las cosas del pasado como escombros tirados a la intemperie. Estas esferas de la existencia diluyeron en la actualidad, los cimientos del Antiguo legado grecolatino y judeo-cristiano, que da vida a la lengua natural, la memoria y la conmemoración. Y donde tuvo mayor incidencia fue en el espíritu lingüístico del hombre. En el siglo XX los contenidos espirituales de la lengua natural, se balcanizaron.

Quizás, en tiempos no muy lejanos, la concepción de la existencia y del mundo, tal como la organizó la experiencia y el logos clásico, no den cuenta de los requerimientos humanos. En la historia y el presente-ahora que nos concierne buscamos los últimos vestigios del ser, la identidad y la razón de la existencia. Porque en pocos espacios de tiempo quizás no estén para responder a los humanos. Quizás la existencia se convierta en número o en objetos, en una serie algorítmica manejados a gran distancia y la vida solo un espejismo de la realidad. Su contrapartida será un proceso continuo de linealidad lógica, en los asuntos que le conciernen al fundamento de la existencia.

En la actualidad somos parte de la cultura del espectáculo; el kitsch promulgado por los mass-medias, las redes sociales e Internet, están sustituyendo la estructura profunda de la cultura de Occidente.  Quizás los valores morales, éticos, religiosos, los conceptos y los lenguajes estéticos, que instauró la Ilustración europea a fines del siglo XVIII y principios del XIX, no tengan razón de ser. Eso que el filósofo Michel Foucault denominó: El Orden Burgués.

Tal vez, la mundialización de la existencia en las comunicaciones, esté trastocando las leguas naturales. Estas que se estructuraron alrededor del logos clásico empiezan su retirada. Así, el desarrollo científico-técnico, el progreso, las relaciones inconexas de los seres humanos, están diluyendo los contenidos espirituales de las lenguas naturales. Existe una especie de desorden semántico y, tal vez de la relación realidad-verdad que da sentido a la existencia. Existe la posibilidad en tiempos no lejanos la lengua natural no dé cuenta de los requerimientos de la condición humana.

Tal vez la historia se convierta en un espejismo de la razón instrumental y las tecnologías. Y, los recursos de la imaginación, la sensibilidad, los contenidos de la experiencia, en un montón de escombros y no estén a la altura para responder a los requerimientos morales, materiales y espirituales del ser humano. Esta trastocación traería un caos en los recursos verbales de la cultura de Occidente. Es decir, los sentimientos, la imaginación, la sensibilidad, la experiencia, las ideas y las tragedias humanas que heredamos de fragmentos de autores griegos, de la Biblia, la Torá, Shakespeare, Milton, Cervantes, García Márquez; ya no tengan razón de ser.

George Steiner observa el proceso de degradación de los recursos verbales y los valores de la cultura occidental, como un rasgo de inhumanidad política del siglo XX. Donde las palabras han entrado en un proceso de entumecimiento y oscuridad. Que afectó profundamente la estructura lingüística de los hombres. Por tanto, la incompatibilidad entre la vivencia de la naturaleza inhumana de la realidad política y los requerimientos del ser y el existir. Están dando cuenta del lenguaje. Por la revolución en las comunicaciones, las redes sociales y el Ágora en que se ha convertido el mundo, vivimos el tránsito del lenguaje natural al artificial.

Esta trastocación en el ámbito lingüístico posibilita observar en el individuo y la sociedad, la sustitución de la lengua natural (inmediata, infinita, contradictoria y polisémica), por la charla maligna. Un espacio donde la lengua elocuente y los contenidos espirituales de la lengua natural, no responden a los requerimientos humanos. Atravesamos un período de cambios profundos, dice Steiner: “Pienso que ese estado transitorio e inestable del tiempo e identidad personal, del yo y de la muerte física, influirán en la condición y las posibilidades del lenguaje”. Sí la estructura sintáctica cambia, si los códigos y los elementos del lenguaje cambian, si las estructuras de la percepción y la imaginación cambian, se modificarán también las formas de la comunicación.

Estamos asistiendo en la historia de la humanidad, a cambios jamás imaginados por el ser humano. ¿qué sería del hombre sino se interroga sobre el entorno que lo rodea, el enigma de la existencia y el destino que le espera? Platón en la aurora del tiempo dice que una vida sin examen no merece la pena vivirse. Así, para comprender y conocer el mundo y la naturaleza humana, es fundamental la filosofía, las literaturas, las artes, la música, la poesía, el teatro, la ciencia, entre otros. Ese legado que heredamos de la Antigua filosofía griega, de Descartes, de Kant, de Spinoza, de Leibniz, Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger, Kierkegaard, Hegel, Althusser, Husserl, Foucault, etc. Ya que la filosofía posibilita que la consciencia en marcha se descubra a sí misma y desgarre el forro de los fenómenos. La filosofía se plantea cuestiones y hay que resolverlas. Es necesaria para tener una visión global de la historia y de la cultura, del hombre como humanidad. Porque permite a los hombres organizar su cultura, introducir un orden, reencontrarse consigo mismo, obtener seguridad intelectual y darle peso a la existencia.

Ahora, inquirir los supuestos del humanismo burgués desde la teoría de la cultura como hace Steiner. Es posibilitar un campo de investigación que nos aporte un cristal para el análisis de la cultura, el racionalismo clásico y el humanismo cristiano. Un aporte para comprender las fisuras del espacio voluminoso de la civilización moderna. Porque el siglo XX fue un siglo controvertido, pero a la vez uno de los siglos más prósperos en bienestar social y desarrollo en las esferas del saber-conocimiento. Así, la experiencia del totalitarismo como un hecho en Europa trastocó la vida y el orden de las cosas de las naciones europeas, como expresó Hannah Arendt: “La dominación totalitaria como un hecho establecido, que en su carácter sin precedente no se puede aprehender mediante las categorías habituales del pensamiento político y cuyos crímenes no se pueden juzgar según las normas de la moral tradicional ni castigar mediante la estructura legal de nuestra civilización, rompió la continuidad de la historia de Occidente”.

Además, el aporte de Steiner como el de Benjamín y Arendt, muestran las fisuras del siglo que nos deparó dos Guerras Mundiales, la Soha contra los judíos y las diversas etnias minoritarias de Europa. Y, las diversas guerras periféricas que aún subsisten y desestabilizan el Orden Mundial. Este análisis permite visualizar que los cimientos espirituales, morales y materiales de Occidente se están resquebrajando. Por eso, la crítica política, económica y social, hay que percibirla en su cultura. Porque el horror, el secuestro, el atentado, el hambre, las masacres, el terrorismo, el narcotráfico; se expresan en las formas y sentidos de los lenguajes de la civilización moderna.

Asistimos sorprendidos, anonadados y desorientados a un acontecer humano: el barbarismo del lenguaje. Donde lo más preciado y mágico de la condición humana, el lenguaje, vive un proceso de degradación. Así, el infinito mar de contradicciones espirituales que constituyen la lengua humana. Se ve bombardeado continuamente por las imágenes pictóricas en movimiento, el determinismo del lenguaje económico y político, que la esfera de la estadística, la opinión y los acontecimientos históricos. Más no en el ámbito de la lengua entendida –dice Ernesto Sábato-, como un intrincado, sutil y absurdo resultado de emociones, sentimientos, fantasías, delirios, sueños, ilusiones y mitos. Situándonos en el umbral de las ideas de Vico, de Herder, de Vossler, de Humboldt, la lengua es una corriente de energía viva en perpetuo cambio. Entonces, ¿qué comunica la lengua? Comunica contenidos espirituales. Nos recuerda que la naturaleza humana es esencialmente lingüística. Que el hombre se expresa con palabras, las palabras son actos y, por tanto, el examen de las palabras. Es el examen del pensamiento y de todas las perspectivas; de todas las formas de vida.

                                                                        Madrid-España 1/11/2020

lunes, 19 de octubre de 2020

LA POBREZA INTELECTUAL EN EL PRESENTE

 

                        

 

 

                           << Con amor a mi esposa Aida Montero Silva:

                                          Que ha hecho esto posible>>.

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Estamos seguros que, en la época moderna, el pensar científico-técnico es incapaz de mitigar la pobreza de la condición humana. Su disolución se deshace como hongos podridos en la boca, y trae la soledad, el dolor, el sufrimiento, el odio y la muerte. No sólo hemos perdido la fe en Dios, sino en el hombre mismo y, en particular, en aquellos que más cerca están de nosotros. Hemos perdido la confianza en los dirigentes, en las instituciones, la política y la economía. Por eso, en un mundo donde prevalece el pensamiento científico-técnico y el volcamiento del hombre particular a las masas, nos sentimos solos y desprotegidos. Como dijo Stevenson: no es que el hombre no crea en nada, sino que cree en todo.

Ahora existe una desilusión sobre la época y el hombre pone sus ojos en la Providencia divina, en el Hacedor de palabras o, en el que bebe de los posos de los pensadores; por eso, los acompaña un halo de redención y eternidad. Quizá rediman al hombre contemporáneo del montón de escombros humanos y materiales, que el progreso ha dejado tras de sí. Como dijo Benjamín: Hemos podido ver el progreso de las ciencias naturales, biológicas y químicas, pero no, el retroceso de la sociedad. En un mundo donde la materia, el dinero y la política, predominan; es comprensible que los hombres sean pobres de espíritu. Que no se hallen a la altura del Tiempo y sus juicios y, del poder que fluye a ellos.

Por eso, es necesario reflexionar sobre los peligros venideros que, con la máscara de la técnica y la ciencia, se presentan como verdaderos. En medio de la oscuridad y la desesperanza en que estamos, hay que creer en la libertad, el respeto y la dignidad de la persona humana. En aquellos valores que exaltan lo numinoso y mágico del mundo y la vida. Por tanto, creer en el hombre y la verdad significa que existe algo en el ser humano que no lo puede determinar la lógica científico-técnica, ni explicarlo en los laboratorios, porque se relaciona con lo eterno y trascendente que mora en todos y cada uno de nosotros. Como dijo Jünger: La historia no tiene meta; existe. El camino es más importante que la meta por cuanto puede convertirse en meta cada momento, ante todo en el de la muerte. Y tener presente la observación de Humberto Eco: Toda tentativa de averiguar el sentido último conduce al absurdo y le arrebata su misterio al mundo.

De ahí que el pesimismo en el mundo moderno esconda tras de sí una pasión por la redención del hombre. Como el poetizar y el pensar buscan las verdades eternas y la esencia del ser-en-el-mundo. Por eso, se valen de las palabras y el pensar, para alcanzar la trascendencia -en el mundo de los aparentes entes-, del ser humano. Se trata desde la naturaleza del ser-hombre, resolver los enigmas del tiempo y la muerte, como dar respuestas al sufrimiento, el dolor y las injusticias, que un ser humano inflige a otros. Ahí se encuentra la riqueza del poetizar y el pensar, que permanezcamos en la memoria por nuestros actos y hacer humano.

Que lo que hagamos en este mundo de alto desarrollo técnico y de masas, posibilite en la oscuridad del borde del abismo, un mundo más justo y más libre. Donde la redención del amor y la belleza prevalezcan sobre la crueldad y la injusticia. Así, cuando la noche más larga de la iluminación tecno-científica nos dejen en la oscuridad más absoluta; ahí estarán el poeta y el pensador para salvarnos. De este modo, el poema establece marcas que no son alcanzadas en la vida; dijo Jünger. A este respecto se pronuncia Baudelaire:

              ¡Porque en verdad, Señor, el mejor testimonio

               Que podemos mostrar de nuestra dignidad

               Es este ardiente grito rodando en las edades

               ¡Que va a morir al borde de vuestra eternidad!

                                                       (Las flores del mal).

 

En el mundo moderno de la técnica y la ciencia, las preguntas sobre lo fundamental de la existencia humana y lo eterno, se esconden detrás de las noticias del periódico de la mañana, de Internet o las redes sociales. Nuestro lugar en el mundo y el saber estar en él, se remplazaron por la estridencia y repugnante comportamiento humano. Existen pueblos que pueden enseñar a pensar, a educar a los niños, a encontrar la felicidad donde otros sólo ven pobreza, miseria y humillación. Que hay relaciones intrínsecas entre el idioma que se habla y la conducta de quienes lo habitan.

Cuando Heidegger nos habla del habitar en el claro, lo que quiere trasmitir es que, allí se devela la verdad del ser y la esencia del hombre. Que existen palabras como amor, piedad, bondad, paz, o, en su defecto, como paciencia o aprecio por la libertad y la individualidad humana, que hinchan al idioma de verdad y eternidad. Este acto divino y humano que posibilita la lengua, permite que el ser y Dios, moren en el lenguaje. Por eso, según Heidegger, la serenidad y la apertura al ser y la verdad, se develan en el lenguaje. Así que, cada día que vive en lo profundo de la selva negra, desandar los tenues trazos que los campesinos dejan en los caminos, escuchar el canto del pájaro, y ver el tejido armonioso de los astros en el firmamento, le produce en lo más profundo de su ser una gratitud amorosa al ser y a Dios.

En Heidegger, adentrarse en el lenguaje posibilita establecer nuestra morada en él, y en el Hablar nos confía su esencia. La esencia de la lengua comunica contenidos espirituales, que alumbran los caminos del mundo y de la vida. Cuando la lengua se corrompe o, sólo sirve como medio de comunicación, se da una fractura fundamental en la esencia del hombre. Entonces, no responde a los más altos requerimientos del humanismo: la solidaridad, el respeto y la afirmación del otro, el libre albedrío, el amor o la fraternidad. Así que, en las palabras “destino”, “tierra natal”, “pueblo”, “espíritu”, Heidegger habla con las cosas pasajeras y lo eterno, que mora en todos y cada uno de nosotros. En el decir, el habla teje la cuadratura del mundo: Tierra y Cielo, Hombre y Dios. Es el oído interno en que capta esta gran sinfonía; que llega de otro mundo.

La serenidad, por su parte, posibilita que las cosas acontezcan, sin el determinismo de los instrumentos técnicos. La serenidad es la distancia y la aceptación activa ante los instrumentos técnicos y el aparecer del ente ahí delante. Heidegger, en su referencia a la técnica, que determina el estado del mundo, la serenidad remite directamente a la experiencia contemporánea, marcada por el desarraigo, la minusvaloración de lo propio, las imposiciones de la disponibilidad; se encuentran extendidas hasta el extremo en el despliegue universal del pensar unilateral. 

Así pues, la experiencia del hombre contemporáneo, se percibe como desgarramiento de la tradición de la iglesia y la familia, del espíritu de lo natal y pueblerino, para dar paso a la enajenación en la Gran ciudad, del mundo y del hombre. La técnica aleja al hombre de lo cercano y el hábitat, y borra las huellas que ha dejado tras de sí. La técnica no deja huellas en el espíritu ni en el cuerpo, donde podamos leer e interpretar el significado de la existencia individual. Ya en la vida cotidiana resultan notables esas transiciones. La persona que lee traduce a lenguaje el texto leído y lo recita en espíritu. (Jünger).

Por eso, en el decir y la lectura, se devela la esencia del ser y del hombre. El hecho de que el durmiente empiece a hablar es un anuncio del despertar (Jünger). Benjamín pensaba que las imágenes dialécticas son auténticas imágenes (esto es, no arcaicas), y el lugar donde se las encuentra es el lenguaje. En el recuerdo, la infancia y en los sueños, se devela el despertar. (Benjamín). Y es que, la vigilia del sueño despierta la imaginación y la creatividad.

En el mundo moderno el predominio la pregunta por la técnica significa la superación de la metafísica occidental –que se expresa en el cálculo y la estadística, o, en la disponibilidad de las cosas como existencia-, la superación de un modo de pensar que conduce a la pérdida del arraigo, lo natural y divino del hombre. También la tendencia a la uniformidad, la estadística y la objetivación del hombre. Somos parte de un mundo carente de pensamiento, de amor, de solidaridad, de fraternidad y creer en lo fundamental de la vida. Esta actitud ante la vida posibilita una existencia sumamente desgraciada.

 Ahora, ¿Cómo se opone el ser humano al despliegue y la amenaza del mundo técnico? Activando la apertura, la serenidad y la imaginación, en los lugares donde la técnica no pueda dominar y coaccionar al hombre. Son lugares primitivos que dan la razón de ser a la esencia del hombre y, toma <<figura>> en el lenguaje. Esto posibilitará que el misterio y lo numinoso del mundo y la vida del hombre sobre la tierra, se eleven a las alturas donde moran los dioses y las musas. El misterio del ser deviene al hombre en el lenguaje; y se convierte en su morada. El misterio en la apertura del mundo se refiere al develamiento de la esencia de la técnica. El pensar futuro y meditativo, se opone a la caída de la ausencia de pensar, que predomina en la época de la técnica.

Entonces, ¿Cuál es la característica del pensar meditativo en la época actual? Indagar, por supuesto, el sentido de todo lo que existe. Además, se opone a todo lo que oscurece al ser y domina la vida del ser humano. El pensar meditativo se correlaciona con la verdad como aleteia, y es la balanza que equilibra en la actualidad, las manifestaciones del cálculo, la estadística y la objetivación del ser humano. De ahí en la actualidad se convierte en un pensar liberador del positivismo científico-técnico, y las tecnocracias al servicio del Gran Poder. Así pues, lo importante de este de pensar consiste en que, protege al hombre de la iluminación técnica y de la soberbia del poder. Por tanto, la ausencia de pensar atenta contra la dignidad humana y, a la vez posibilita que el hombre indague caminos alternos al encuentro de la libertad.

El pensar futuro y la reflexión filosófica en particular, han de tener un compromiso con el presente, para desenmascarar las mentiras del Gran Poder, y el compromiso con el hombre actual. Serenidad y apertura del mundo, serian para Heidegger, no conceptos vacíos, sino una manera nueva de advenir al ser y habitar la Tierra. Se puede decir que Heidegger se opone al mundo técnico, en la medida que convierte los entes en reserva. Un lugar en el que todo se consume y se remplaza, en el engranaje del Sistema. Por eso, el pensamiento en el presente debe ser abierto y opuesto a todo fundamentalismo religioso y totalitarismo político. Pero, a la vez, ser crítico con la univocidad de la técnica y la ciencia; también con el pensar que establece explicaciones universales y definitivas. Preguntamos, ¿Qué nos espera en un mundo dominado por la esencia de la técnica, el dinero bancario y las corporaciones? ¿Cuál será el destino del ser humano en el Estado tecnológico y las tomas de decisiones de una <selecta minoría> en el tejido del Gran Poder?

sábado, 26 de septiembre de 2020

DEL TOTALITARISMO AL NACIONAL-POPULISMO ACTUAL

 

          

          

              

 Los hombres normales no saben que todo es posible

                                                                      David Rousset

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista

 

Que irónica que es la historia, en la actualidad se repite con algunas de sus variantes. El siglo XX europeo fue sangriento, donde las condiciones materiales, espirituales, ideológicas, posibilitaron regímenes que negaron la libertad, la igualdad, la fraternidad y la convivencia entre los seres humanos. Regímenes como el estalinismo y el nazismo, ponen en marcha la maquinaria de la tortura, del dolor, del sufrimiento y la muerte. Implementaron el Holocausto, las deportaciones a campos de trabajo e internamiento, el genocidio de los armenios, las masacres en Polonia, Yugoslavia, los campos de concentración, que dan cuenta de la realidad que se vivió.

Siempre en la historia de la humanidad hay personas, clases sociales o económicas, que han apoyado el desastre de los pueblos. Eso sucedió en la Unión Soviética estalinista, la Alemania nazi, la Italia de Mussolini o, la España de Franco. Detrás de las circunstancias que posibilitan el desastre existe una selecta minoría que toma las decisiones.  Así que, el siglo XX, se caracteriza por la <<brutalidad>> de la política y de todas las relaciones humanas. En momentos de catástrofes espirituales y materiales, lo importante no es el <<qué>>, sino el <<cómo>>, del odio, del racismo, de la xenofobia, la matanza, de seres humanos y pueblos indefensos.

En la actualidad con el ascenso en Europa, EE UU y Latinoamérica, de gobiernos autoritarios, nacional-populista, el surgimiento de grupos de extrema derecha, racistas, xenófobos; la ideología que implementó los campos de concentración, las matanzas, el paramilitarismo, resurge de sus cenizas como la Lechuza de Minerva. O, en otros términos, siempre ha estado ahí, sólo bastó palpar las partes blandas de las profundidades del sistema y la sociedad, para que aparecieran nuevamente. Sabemos que las democracias parlamentarias no se reducen al modelo económico y político neoliberal, sino que su fundamento está en la libertad. Por eso, hay que cuidarlas ya que son frágiles como un niño recién nacido, y estar vigilantes para que sus enemigos no la destruyan.

En tiempos turbulentos como el nuestro vuelven a la mente el fantasma de la Shoah o, el Gulag y, es necesario que la filosofía política reflexione sobre lo que sucede en la actualidad. Así, tener presente que el mundo espiritual, así como el físico, no es una estructura lineal. Sino que obedece a un devenir discontinuo, contradictorio y multifocal. Hay que subrayar que los argumentos que puedan aducirse para analizar lo que sucede en la actualidad, es un objeto propio de la filosofía. Preguntamos, ¿Por qué es un objeto de análisis filosófico? Porque trata de problemas de principios, que preocupan profundamente a los hombres. Por los que se han desatado la violencia, la guerra, las masacres, las desapariciones forzadas, la discriminación y el racismo.

Aunque existan personas que piensen que los filósofos se preocupan por palabras y abstracciones; y que nada tiene que ver con la vida real, con la vida diaria y preocuparse por eso, y que pensarla hace del hombre un ser sumamente infeliz. Pero existen personas que desean saber por qué viven, cómo están viviendo y por qué deben hacerlo así y no de otra manera. Es un deseo que sienten seres humanos imaginativos, sensibles, inteligentes y pensantes. Como expresó Isaiah Berlin: <<En efecto es argumentar acerca de palabras; pero, claro está, las palabras no son sólo palabras; meras fichas en un juego filológico. Las palabras expresan ideas. El lenguaje se refiere a la experiencia; la expresa y la transforma>>.

Así, la violencia, la guerra, las matanzas, el paramilitarismo, el racismo o, la xenofobia, se convierten para algunas personas en problemas morales; porque caben en el ámbito de la ética. El manejo responsable de la libertad es, el fundamento de la ética; y de esta manera, la estética es la madre de la ética. Antes de la abstracción y del juicio sobre un comportamiento humano; el hombre siente sí es bello o feo, agradable o repugnante. Así, quienes conceden un valor supremo al deber militar, o patriótico, dan importancia a la bandera, la religión, las costumbres, la estructura y el funcionamiento económico y político de la sociedad; sobre los derechos de las personas y la libertad. Pero existen otros seres humanos que creen en los mandamientos absolutos de sus creencias; la voz de la consciencia, las relaciones entre los seres humanos y la libertad de hablar, de pensar o escribir. Un héroe de Dostoievski dijo que, si estaba dispuesto a comprar la felicidad de millones de gentes al precio de la tortura de un niño inocente, diría que no. Este es el objeto de la filosofía plantear problemas políticos y morales al ser humano; y, que el manejo de la libertad posibilite interesarse por lo uno o por lo otro.

Hannah Arendt pensó sobre el totalitarismo y las máscaras que porta en sí. Que entre el totalitarismo de izquierda y de derecha, sólo existen matices que lo diferencian. Arendt reflexionó sobre la restauración de la dignidad de la política como herramienta de resistencia contra la tiranía y la opresión. Pensó que la libertad es un bien humano y que su manejo produce angustia, riesgo y errores. Que el mundo que vivimos se vuelve peligroso e incierto, pero también digno y humano, cuando se maneja responsablemente la libertad.

Viene aquí a propósito una pregunta en el mundo que vivimos, ¿Hasta qué punto es deseable la libertad? ¿Hasta dónde tiene sentido la libertad dentro de la situación histórica y la singularidad que configura? Ahora bien, quién pretende encontrarle unos rasgos llenos de sentido a unos acontecimientos que van asociados con tantos sufrimientos se convierte en piedra de escándalo. (Ernst Jünger). Así que, la libertad viene dada a la vez que lo necesario, y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que no entre en relación con lo necesario. Lo necesario podrá acercarse a nosotros en la modalidad de la coacción, de la enfermedad, del caos e incluso en la modalidad de la muerte –pero en todo caso desea que lo concibamos como un quehacer. No obstante, sólo los hombres libres pueden hacer autentica historia. La historia es la impronta que el hombre libre da al destino. (Ernst Jünger).

En La condición humana, Arendt divide el quehacer del hombre en tres esferas: la labor, el trabajo y la acción. Que la acción es el único proceso que no se ejerce contra la materia. Porque es el espacio del discurso, ya que su fin no es sólo la comunicación, sino la creación del ámbito político. Así que, la acción es lo verdaderamente humano; porque ahí aflora lo irrepetible de cada individuo. <<Todos somos lo mismo, es decir, humanos, y nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá>>. Considera que cada nacimiento garantiza la diversidad, la pluralidad y la aventura del ser humano. Por eso, el totalitarismo detesta la diversidad, ya que atenta contra la homogenización y la uniformidad del ser humano.

En la época actual el populismo-nacionalista no es un constructo de la moral, que despiertan en la propaganda o las ideas el sentimiento de un pueblo. Para ellos la propaganda se torna efectiva si se plantea en términos políticos, raciales, lingüísticos, económicos o sociales. Trata de despertar los sentimientos oscuros de pertenencia y discriminación del otro; y así de esa manera poder gobernar. Y crean con el engaño y la falsedad, el odio y la discriminación hacía el extranjero; posiciones intolerantes y xenófobas.

El problema del populismo-nacionalista norteamericano o mundial, se está convirtiendo en <<una horrenda realidad, y ello debido a que dicha realidad se presenta bajo la antigua forma de la propaganda nacional>>. (Arendt) La cháchara del populismo o del nacionalismo, sólo sirve para cubrir con un velo oscuro, lo natural de las cosas -al decir de Baudelaire. El odio hacía los extranjeros o a las minorías nacionales empobrecidas, se convierte en sofisma para encubrir las necesidades materiales, psicológicas, sociales y económicas y culturales de sus pueblos.

<<La propaganda ha perdido gran parte de su poder sugestivo, ha adquirido una nueva función. Se ha convertido en una forma de guerra política, que se usa con el objetivo de preparar a la opinión pública para ciertos pasos políticos>>. (Jünger). Difundir la propaganda, las ideas, la ideología, como muletillas para la discriminación, el odio, la mentira, <<tiene el efecto de enmascarar las cuestiones políticas actuales>>: el hambre, el desempleo, la precariedad laboral, la privatización de la saludad y la educación, la concentración de la riqueza, la desigualdad, los desahucios, la falta de oportunidades; y así posibilitar una sociedad embrutecida y manipulada por los medios de comunicación de masas, Internet y las redes sociales.

Estamos asistiendo a una balcanización de los contenidos de las experiencias, de la lengua y del espíritu, de los pueblos. Porque la mentira según Kafka: <<Se convierte en principio universal>>. Por eso, es necesario desvelar las mentiras del poder y las instituciones, que opacan la realidad de los pueblos del mundo. Al identificar al extranjero con los males nacionales, se engaña a la gente y se le hace creer que simboliza la pobreza, el desempleo, la inseguridad, la falta de oportunidades, y esto es una flagrante mentira. De este modo, se hace posible cerrar los ojos ante la crisis europea, que en modo alguno se ha superado con las políticas neoliberales y de recortes, de austeridad, que se imponen desde Bruselas. ¿Saben por qué? Porque la crisis europea es estructural. Sí por el populismo y el nacionalismo fuera, practicaran el juego de la política basada en la fuerza, el miedo, el dolor y la muerte.

El surgimiento en Europa de movimientos políticos de extrema derecha, populistas y nacionalistas, posibilitan dibujar <<ciertas tendencias que apuntan hacia el fascismo, y ciertas clases sociales que son más fácilmente seducidas y engañadas por él –pero todas estas tendencias y clases tienen que sufrir un cambio en sus funciones sociales básicas antes que los grupos de extrema derecha puedan hacer uso efectivo de ellas>>. (Arendt). Sólo la incomprensión de las realidades políticas y sociales posibilita que estas personas populistas y de extrema derecha, asuman responsabilidades históricas nacionales o paneuropeas. En el fondo buscan minar la democracia y sus instituciones, negar la libertad y la pluralidad de razas, religión, lenguas, de opiniones o de ideas de los ciudadanos. De ahí que el nacionalismo sea la antesala de la ruptura de toda tradición cultural, espiritual y el basamento político e ideológico, del neofascismo europeo y mundial.