Dedicado a la reflexión desde todas las perspectivas: la filosofía y la ética; la antropología y la sociología; el arte y la literatura; la física y la metafísica. Este espacio está creado para reflexionar y debatir.
viernes, 21 de abril de 2017
SOBRE EL DOLOR, EL MIEDO Y LA MUERTE
Este enlace corresponde al texto <<Sobre el dolor, el miedo y la muerte>> . Publicado este año 2017, espero que les guste.
https://drive.google.com/file/d/0ByTNke8ghhm9QkxzU1M3WXpQZGs/view?usp=sharing
martes, 10 de enero de 2017
SOBRE EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR QUE LA GUERRA DEJA TRAS DE SÍ.
Antonio Rafael Mercado Flórez.
Después de la firma por la paz en Colombia entre el Gobierno
y la guerrilla, y el varapalo del Referéndum, el Premio Nobel de la Paz al
Presidente Juan Manuel Santos, deseo reflexionar sobre la crueldad, el dolor,
el sufrimiento y el sentido de la existencia en el mundo actual. Así, pienso
que la crueldad de la guerra, consiste en
que, los verdugos del Estado, la guerrilla y los paramilitares, no reconocen la
barbarie, los horrores y los dolores de las víctimas. Así mismo, acontece con
los que ejercen el poder, las corporaciones, la estructura, la economía y el
capital financiero, la educación y la cultura como un bien de consumo. ¿Saben por
qué? Porque la muerte se convirtió en un pretexto para el control social, el dominio
y la exclusión de la sociedad. Pero, a la vez, en la redistribución social del
PIB y las oportunidades de los necesitados.
Los colombianos se dieron cuenta de lo insoportable de la
existencia, porque el Gran Poder, el Estado y los hombres poderosos, imponen lo
colectivo, la estructura, el sistema, sobre el individuo y la personalidad. Crearon
un mundo con <<un mecanismo que funcionaba bien, con sus correspondientes
impulsos eléctricos e instintos, una estructura cerrada, hecha para comer,
nacer y reproducirse>>. Y no les importó el individuo, la sociedad, los desplazados,
los campesinos, los jornaleros, los desaparecidos, los obreros, los explotados,
los discriminados, los hambrientos y las madres que tenían que vender su cuerpo
para alimentar a sus hijos. Entonces Colombia se convirtió en una Tierra tomada
por el demonismo.
Ahora se trata de resarcir a los que han vivido el
sufrimiento, el dolor, el miedo y la muerte; y el objeto de la historia sean los
olvidados del Estado, del sistema y del poder. Como dice Imre Kertész: <<El
derrumbamiento ha alcanzado tales dimensiones que ya no queda nada para adornar entre las
ruinas>>. No podemos olvidar, que el sentido de la historia y la realidad
del presente, la memoria y el recuerdo, son un acto vital, una función vital
del ser humano. Para así de esa manera, no olvidar lo que acaeció en la
sociedad. De ahí que los narradores, los poetas, los pintores, los dramaturgos,
los músicos, los filósofos, los historiadores, los periodistas, tienen que dar
testimonio de lo ocurrido. Es un deber moral dar testimonio de lo que
verdaderamente aconteció.
Ahora bien, lo que aconteció fue una degradación del
individuo, de la persona individual, de la sensibilidad, de la experiencia de
la vida y del conocimiento. Porque afectó los centros vitales de la cultura,
los valores éticos y morales y la subjetividad del ser humano. Este es el mundo
donde nacimos y crecimos generaciones de colombianos. Lo bárbaro y atroz como
movimiento político, lo insoportable de la existencia en un mundo en llamas.
Porque ávidos de limpieza (física, psíquica, intelectual, ideológica, política
y espiritual), instauraron el Infierno dentro de nuestras fronteras. Entonces,
¿qué es la vida? Según Charles Sumner, <<consiste únicamente en conservar
la existencia, en <<intereses>>, en <<placer>>, en
evitar el sufrimiento y el tormento>>. Ahora, si el individuo tiene algún
valor, <<lo alcanza enfrentando lo colectivo, la muerte. Porque éste
sufre, dice Kertész, incluso en el pensamiento bajo el yugo de la determinación
por la especie, el género, lo colectivo, las <<costumbres
populares>>. Sólo existe una salida de lo colectivo, igual que del
individuo: la muerte […] en nombre de ésta podemos oponernos a lo colectivo y
enfrentarnos a nosotros mismos>>. Y así podemos alcanzar ser
<<verdaderos individuos en cuyo lugar nadie vive, en cuyo lugar nadie
muere>>. En este estado de cosas el individuo da paso a la persona
individual que tiene muchas más cosas que ofrecer. La persona individual no se
reduce a la individualidad, la supera incluso.
Por eso, el Gran Poder o los que trafican con la muerte, no
admiten la tarea individual, aquella que se opone a lo colectivo, a lo
establecido, y son capaces de hacer un punto de inflexión en su vida y en la
sociedad. Quizás, <<por el momento, las normas de comportamiento
sintonizan con los objetivos individuales, pero tan sólo por un período
transitorio, porque si mañana las normas cambian de tal modo que el individuo y
la masa, la sociedad, ya no coinciden, el individuo se adaptará y renunciará a
sus objetivos individuales>>. Ahora bien, <<si se puede sacar, a
pesar de todo, una conclusión, expresa Kertész basado en el pensamiento de
Sumner: la vida es para unos pocos. La mayoría no sabe qué hacer con ella, ni
siquiera sabe que vive, por así decirlo>>.
En un mundo como el nuestro el ser humano se vale de las
fuerzas creativas para seguir existiendo, para conservar la vida, <<no es
un don divino venido de afuera, sino una función vital, el instrumento
necesario para quedar con vida>>. De lo contrario, el Gran Poder, el
Estado, el sistema, la estructura o, las personas que trafican con la vida y la
muerte, se convierten en una aplanadora que arrasa todo lo que encuentra a su
paso. Se trata de existir, de conservar la vida, a costa de la determinación,
de entregar los valores morales y éticos, la subjetividad, los ideales de la vida,
al Estado para poder subsistir. Porque lo que desean es, extirpar la capacidad
de asombro, la sensibilidad, el sentido estético de la realidad y de la vida; y
entonces, por así decir, te convierten en objeto o, en número.
Los hombres poderosos detestan la voluntad libre y a la
personalidad, porque lo que buscan es que la vida pierda la alegría de vivir,
la audacia, como dice Kertész: <<asesinan de manera circunspecta,
cobarde, con los ojos cerrados, por así decirlo>>. Ya que no quieren
cargar con el peso de la culpa, la inquina de la consciencia, contaminan al
individuo y la masa, la sociedad, con palabras huecas e imágenes que son más
fuerte que la propia vida. Se trata de dominar al otro, su vida, su existencia,
pero el ser humano tiende a conservarla en la atmósfera de odio, dolor,
sufrimiento y muerte, en que se desenvuelve. Es un fenómeno desconcertante y, a
la vez obvio, para el que ejerce el poder: <<Aplastar a cualquiera con el
único fin de no sucumbir>>.
Ahora, ¿Estamos los seres humanos ávidos de redención? En una
sociedad como la colombiana, ¿Qué significa este fenómeno? En el saber
filosófico, en el saber psicológico, en el saber en torno a la muerte, en el
saber en torno a lo trascendente y divino, que significa la economía, las
relaciones de producción, el capital financiero, el dinero bancario, el
<<progreso>>, la revolución de la imagen y los lenguajes digitales,
algo que sólo se ubica en la capa exterior del ser del hombre. En la esfera de
la subjetividad, de la moral y de la ética, no se vive ninguna revolución
racional, porque estas ayudan a precisar la condición humana. Aquello que tiene
que ver con el dolor, el sufrimiento, el amor, el odio, la muerte, la
solidaridad, la paz, la guerra, la convivencia, el respeto a la vida y a la
dignidad del hombre. Eso que posibilita en medio del horror y la barbarie, alcanzar la categoría de persona.
De ahí que en la guerra, la muerte pierde su carácter sagrado
y divino, el misterio que encierra. Porque se objetiza en nombre de la patria,
la ideología, la religión, el partido, la sociedad y el ejercicio del poder. Durante
cincuenta años se nos privó de soñar, de tener ternura, de respetar al otro, de
amar y solidarizarnos con el necesitado; y en su lugar, primó el dolor, la
muerte y el sufrimiento. En esta atmósfera nauseabunda y repugnante en la que
vivimos, << ¿existe la carga que podamos soportar, existe la
responsabilidad que podamos asumir? La vida privada, la muerte privada. Hay en
ello una miseria que no se puede decir. Hemos sido despojados y vejados;
vivimos y lo que nos han quitado no es más que la vida. ¿Quién nos la ha
quitado?>>. El Gran Poder, el Estado, la guerrilla, los paramilitares,
los narcotraficantes, y lo paradójico consiste que, en su nombre hemos sido
humillados y ultrajados, despojados por la violencia del derecho a vivir, a
vivir dignamente como seres humanos. Y en lugar de la vida y de la alegría de
vivir, si miramos atrás, vemos un montón de ruinas humanas y materiales tirados
a la vera del camino. Ahora se trata de reconstruir desde lo destruido, reconstruir
desde los tormentos sufridos, o, por así decir, reconstruir un mundo más humano
para las nuevas generaciones de colombianos.
En el mundo que vivimos es <<lícito buscar salidas,
escapatorias, refugio, alivio, y abandonar el sufrimiento>>. Pero buscamos
ayuda en lugares y personas inadecuadas, y no nos damos cuenta <<que no es
ésa la verdadera ayuda>>. Si nos ponemos a pensar la verdadera ayuda está
dentro de nosotros, en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestro espíritu, en
nuestra sensibilidad, en nuestra imaginación, en nuestra mente. Desperdiciamos nuestra vida porque queremos
encontrar el sentido de ella, fuera de nosotros. Y se trata realmente, es, de
mirar en nuestro interior y ordenar las cosas de debajo de acuerdo al orden de
arriba. Así, podemos leer en la historia reciente de Colombia que la guerra, la
violencia, el hambre, el odio, el dolor, el sufrimiento, la muerte, se tejen a
manera de un destino. De un destino que garantiza la destrucción.
La maldad, la crueldad y la fraternidad son parte de la
naturaleza humana. Es fácil desatender el llamado de una imagen, de una voz
trémula o el grito del que está atrapado en una guerra, atrapado por el dolor,
el miedo y la crueldad, más si se encuentra lejos. La situación cambia cuando
nos toca de cerca, por medio de un familiar o un amigo; entonces somos incapaz
de asimilar el dolor, el sufrimiento o la crueldad. Así, en un estado de
violencia, guerra o convulsión social, la pasividad embota los sentidos. De la
misma manera que el miedo y el dolor, paraliza los sentimientos y las
reflexiones del pensamiento. Sabemos que en un estado mental y sensitivo de
violencia y muerte, sufrimiento y dolor, el Gran Poder y los hombres poderosos
que lo ejercen, buscan paralizar a las personas para ejercer el dominio y el
control social. En esa medida entran en juego una serie de relaciones de
fuerzas y de poder, que presentan un orden natural de las cosas como
irremediable y un destino común que tiende a la destrucción.
De ahí que los medios de comunicación de masas no solo
denotan la atención del oyente o del observador, sino que las imágenes crean un
mundo en que cada vez somos más insensible al dolor, al sufrimiento y la muerte,
del Otro. Somos parte de un mundo donde las imágenes están sustituyendo a las
palabras, donde somos cada vez más insensibles a la barbarie y al llamado del
Otro. Entonces los medios neutralizan la fuerza moral del ser humano frente a
las atrocidades. Esto es sumamente peligroso para el sentido de humanidad, la
subjetividad y la ética del ser humano. Porque implementan el totalitarismo, el
autoritarismo, el desprecio al Otro y se atenta contra la libertad. Como
expresó el escritor Javier Marías: <<Demasiadas personas no entienden ya
la libertad, o no la desean para los demás […] La libertad está hoy rodeada de
enemigos, y no son los únicos los miembros del DAES y los talibanes>>.
Para confrontar estos poderes temporales y terrenales el ser
humano se vale del espíritu. Porque <<la riqueza del ser humano es
infinitamente mayor de lo que él presiente. Es una riqueza de que nadie puede despejarlo y que en el transcurso de los tiempos aflora una y otra vez a la
superficie y se hace visible, sobre todo cuando el dolor ha removido las
profundidades>>. El Gran Poder y los hombres poderosos que lo ejercen, lo
que desean es, despojar al ser humano de esa riqueza enorme e inconmensurable
que posee, y convertirlo en esclavo del Estado, del sistema y las
colectividades. Pero el hombre porta en sí, aunque no sea consciente de ello, veneros
de aguas espirituales, que como espadas flamígeras en sus manos lucha contra el
materialismo, el odio, el racismo, el hambre, la discriminación, la
numerificación y la objetización del ser humano. Por tanto, <<el modo
propio de ser su daimonion>>,
al decir de Heráclito, habita en las profundidades, en la cripta del alma. Encima
de ella se alza la bóveda del mundo de las apariencias, el presente-ahora, que
responde a las relaciones de poder. En la época actual, lo vemos en las
sociedades, en la acción y el saber, lo <<difícil>> que resulta
<<salvaguardar el modo propio de ser […] En cambio, la riqueza que forma
parte del modo propio de ser no es sólo incomparablemente más valiosa; es el
manantial del que brota cualquier riqueza visible>>.
Es necesario que, el hombre actual empiece a edificar un
mundo nuevo sobre las ruinas humanas y materiales, que la historia deja tras de
sí. Para llevar a cabo esa labor, se necesita, una voluntad libre, un espíritu
libre, que posibilite el movimiento hacia lo
Superior en detrimento de lo Inferior.
Entonces, el ser humano podrá ordenar <<las cosas visibles de acuerdo con
su rango invisible. Toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas
según ese principio>>. No podemos olvidar que, pese a las atrocidades del
mundo actual, del miedo, el dolor y la crueldad, el ser humano porta en sí una
esperanza, de que surja un hombre nuevo de los escombros de la historia y que
<<cuyo cometido se anuncie en el cielo por una constelación. Presiente
que el mito, lugar donde se guarda el tesoro, reposa directamente debajo de la
historia, inmediatamente por debajo del terreno medido por el tiempo>>.
Desde la antigüedad sabemos que la parte numinosa del
espíritu está ahí. Existen poderes cósmicos, poderes telúricos, que desean
acabar con el alma, la parte eterna del ser humano. <<Siempre será
evidente que la agresión a él brota necesariamente del más tenebroso de los
abismos>>. Sólo un espíritu batido, debilitado, inerme, entrega el ser del hombre a estos poderes
devastadores. En la actualidad los conceptos dominantes captan la superficie
del proceso, y no se sumergen en las profundidades de todos y cada uno de
nosotros. Espíritus que se dejan seducir por las apariencias de los fenómenos
temporales e históricos; que dejan tras de sí un montón de ruinas. La
<<cultura del espectáculo>> o la <<la cultura de lo efímero>>,
son sólo expresiones degradadas del espíritu de la cultura y del sentido de
realidad. Son espíritus que desagradan a aquellos que poseen una noción de
eternidad, de inmortalidad, del ser
en el hombre. Sabemos que existen ámbitos en que el ser humano no puede ser
alcanzado por ningún poder de la Tierra. <<Frente a esto –dice Ernst
Jünger- es importante saber que el ser humano es inmortal y que hay en él una
vida eterna, una tierra que aún está por explorar, pero que se halla habitada,
un país que acaso él mismo niegue, pero que ningún poder terrenal es capaz de
arrebatarle>>.
Además, la violencia y la guerra contribuyen para que el
lenguaje pierda una parte de su energía y el hombre se convierta en menos
humanos. Lo que busca el dolor, el sufrimiento y el miedo, causado por la
violencia y la guerra o aquel que se interioriza en las instituciones. Es
paralizar al ser humano y entregar la autonomía de la voluntad, la libertad y
el pensamiento, a poderes que lo trasciende: la Iglesia, el Partido, el Estado,
el Gran Poder o la moral ordinaria del hombre común. Se trata en un mundo como
el nuestro de <<exponer la Vida en su significación intemporal>>,
para que no quede subsumida sólo en la historia que <<la describe en su
decurso temporal. De ahí que la protohistoria sea siempre la historia que más próxima nos queda, sea la historia del ser
humano en sí>>. Este tipo de historia se opone al sufrimiento y al dolor,
porque nos acerca a <<las cosas rítmicas que son las que luchan contra el
tiempo; y contra él es contra quien luchamos en el fondo>>. Ahora, sí
<<el ser humano lucha siempre contra el poder del tiempo>>, lucha
contra el dolor, el sufrimiento y la muerte. Como dice Kertész al respecto:
<<En la vivencia y la realización del estado del mundo […] sólo se ofrece
la catástrofe, a falta de la fe, de la cultura y de otros recursos
solemnes>>.
viernes, 1 de julio de 2016
FRAGMENTOS SOBRE LA CRUELDAD EN LA ACTUALIDAD.
A mis abuelos y a mis padres, que no vieron el renacer de una nueva Colombia.
No es
anómalo decir que el dolor y el miedo se han situado en el palpito de la vida
actual. De ahí que no pueda sorprender que estas categorías hagan parte de la
naturaleza material y espiritual del ser humano. No es una sorpresa que un ser
humano vuele por los aires en un estadio repleto de gente o, dispare
indiscriminadamente en una sala de baile, y lo revindique en nombre de su Dios.
Tampoco que el hambre y la enfermedad estén tiradas en las calles de las Grandes
ciudades. No es una sorpresa porque la excepción se ha convertido en norma. De igual manera –dice
Jünger— que se vea el genio– es decir: la posesión de la salud suprema— como
una de las formas de la demencia, de igual forma que se describe el nacimiento
como un fenómeno de enfermedad o que ya no se es capaz de distinguir entre el
soldado y el carnicero.
Si el
ejercicio del poder es indiferente a las necesidades de la sociedad; existen
países donde responde con la fuerza y la coacción. Es más, el poder se
concatena a maquinaciones malvadas, que expresan la descomposición de los
recursos económicos, sociales, políticos y morales. Así, el miedo y el dolor se
convierten en elementos constitutivos de las atrocidades del Gran Poder. Y, vemos
entonces entregada a la persona individual a las potencias del miedo, del odio
y de la muerte. No olvidemos que generaciones de seres humanos crecimos en
estrecha proximidad espacial y temporal, con las matanzas, el odio, la muerte
selectiva, la violencia y los campos de muerte. Es la estructura y el significado
de la proximidad lo que se debe considerar atentamente; si queremos conocer las
fuentes de la historia reciente de lo que aconteció en muchos países.
Puedo
asegurar que la guerra que se libró en Colombia, por ejemplo, en la segunda
mitad del siglo XX, destruyó generaciones de talentos morales e intelectuales.
Y dejó a la vera del camino como escombros humanos muchas de las mejores personalidades
del futuro del País. Sabemos que <<reservas decisivas de inteligencia, de
elasticidad, de talento político quedaron aniquiladas>>. Es más, ¿Por qué
los pilares de la educación, del espíritu religioso, la moral o la ética,
resultaron frágiles frente a las potencias de la bestialidad política? ¿Por qué
la estética y las reflexiones intelectuales, no estuvieron a la altura para
responder a las matanzas y la barbarie política? Creo que todo lo que causa
dolor o sufrimiento al ser humano, afecta nuestra sensibilidad, nuestros recursos
imaginativos, el pensamiento y la creatividad. Y, por ende, los centros vitales
de nuestra cultura y civilización. Simple y llanamente por eso y sólo por eso.
Pero, el pensamiento crítico, la estética, los movimientos sociales, están
dando testimonio de lo que aconteció en el siglo XX. Así pues, ya nos estamos
dejando calentar por el espíritu para que mengue el dolor, la desdicha y el
miedo, que aumenta la crueldad en la sociedad.
Aquellos
que infligen miedo, dolor y sufrimiento al ser humano, son personas poseídas
<<por el ansia de deleites gruesos, opulentos […] Siempre ocurre que es
el puro miedo el que provoca los horrores. Así, quien emprende la huida incita
ya con ella misma a la persecución; y el hombre que trama maldades se halla al
acecho de su víctima -cuando advierte en ésta signos de angustia caerá la
última barrera. De ahí que sea importante conservar la presencia de ánimo en
los encuentros sospechosos; por ejemplo, cuando alguien nos dirige la palabra
en el bosque. En nuestra condición de humanos disponemos de sellos de soberanía
que son difíciles de romper si no los estropeamos nosotros mismos; aun los
animales sienten el sortilegio de tales sellos. Lo único que se precisa es
saber, como el romano Mario, que somos invulnerables>>.
Siempre
en lugares de despellejar o, de sudarios <<flota en él también un vaho de
lugar siniestro>>. En esos sitios todo se convierte en objeto de dolor y
de miedo, y <<es totalmente imposible dejar de reconocer los rasgos de un
poder espiritual soberano>>. Este <<espectáculo acontece en un
mundo enteramente mecanizado>>, objetizado y numerificado. Un mundo donde
el malestar de la cultura hace que opere un <<juego de compensaciones
entre el ejercicio estúpido de la fuerza bruta y los sufrimientos
estúpidos>> del dolor y el miedo. <<Nuestro tiempo guarda semejanza
con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres
humanos>>.
Las
personas que ocasionan sufrimiento <<viven casi enteramente dentro de la
esfera de la consciencia, y se ocupan de modo exagerado en pensar en la
situación en la que se encuentran. Ofrecen síntomas de eso que se llama
<<miedo al examen>>; y también están completamente en vela, y
resulta extraño que tenga en ellas un desarrollo tan débil la voluntad de suerte
y también la voluntad de recorrer caminos no transitados. En estos casos se
tiene siempre la impresión de estar hablando con corredores de fondo o, y esto
resulta más angustioso todavía, con corredoras de fondo. ¿Qué será lo que el Weltgeist, el Espíritu del Mundo, tendrá
reservada hoy para sus soñadores y durmientes?>>
Quizá
los instintos estén dando un giro de la parte oscura a la luz; ya se observa
algo de eso en la esfera cultual. No podemos desconocer que en algunos ámbitos
de la vida, se está dando una regeneración espiritual y moral. Acontece en los
lugares <<de fontanal, de sobreabundancia de imágenes y de palabras, en cuyo cause van flotando las partículas sólidas>>.
Casi siempre en esos lugares se vivifica
el espíritu y la existencia. Cuando acontece se trasciende la Muralla del
Tiempo y la vida de los seres humanos se entrelaza con el milagro de la
Creación.
Casi
siempre la degradación del hombre se relaciona a un simbolismo rastrero y
degradante. El nazismo, el fascismo, el nacional-catolicismo y el autoritarismo
de Latinoamérica en el siglo XX, utilizaban estos epítetos para referirse al
enemigo o, al que consideraban la causa de los males. La degradación del otro,
el dolor y el sufrimiento, no sólo tienen que ver con la parte física del que
sufre, también con el lenguaje. El lenguaje que se habló en los campos de
concentración remplazó al lenguaje comunicativo, y sus contenidos espirituales se
ubicaron en su parte material. El lenguaje se degradó en nombre del dolor, del
sufrimiento y la barbarie. Además, el lenguaje no estuvo a la altura para
responder a las necesidades de la condición humana, es decir, del espíritu, la
esperanza y la vida.
Ni la
historia de las formaciones sociales, ni los valores ético y moral, ni los
contenidos intelectuales, estuvieron a altura para contener lo que <<ni
siquiera Wells pudo profetizar la verdadera dimensión de lo que luego acaeció,
el grado de disolución de las normas civilizadas y las esperanzas
humanas>>. Además, los gulags y los campos de concentración comprobaron, que donde prima el Mal absoluto no se respira una atmósfera de
esperanza y de vida, sino de muerte y de sudarios. Por tanto, cuando se sueltan
los perros de la guerra, no tiene valor la labor pedagógica del humanismo, ni
la religión, ni los valores éticos y morales de la sociedad.
Así
pues, después de dos mil años de cultura y civilización, nos encontramos irremediablemente
conviviendo en el siglo XXI, con un panorama dantesco. Como dice George Steiner,
En el castillo de Barba Azul:
<<Y actualmente, en diferentes partes de la tierra, vuelven a ser
incineradas, torturadas y deportadas comunidades enteras. Difícilmente haya una
metodología de la abyección y de la tortura
que no esté siendo aplicada en
alguna parte y en este momento a individuos y grupos de seres humanos>>.
Es en
la historia de la literatura moderna, el arte y la filosofía, donde se describe
con mayor precisión, la degradación de los centros vitales de la cultura
occidental. Ese anhelo de disolución violenta que se respira bajo el plomizo
cielo de las grandes ciudades europeas, fue formulado por Freud en El malestar de la cultura. <<El
ensayo de Freud es él mismo una construcción poética –dice Steiner-, un intento
de idear un mito de razón con el cual contener el terror de la historia. El
concepto de un deseo de muerte, operante tanto en el individuo como en la
consciencia colectiva, es, como el propio Freud lo hace notar con énfasis, un
tropo filosófico que va más allá ciertamente de los datos psicológicos y
sociológicos accesibles>>.
Las pinceladas grisáceas y de claroscuro
que hace Freud de la cultura occidental, trazan <<las tensiones que la
vida civilizada impone a fundamentales instintos humanos insatisfechos>>.
Esa confluencia de tonalidades se constituye en una pintura valida. Pero también, el estudio de las pulsiones muestra la interrelación de las pulsiones agresivas
y el espíritu de la civilización occidental. Y cómo en <<las
interrelaciones humanas existe un inevitable impulso hacia la guerra, un
inevitable impulso a la aserción suprema de la identidad a costa de la
destrucción mutua>>.
Así, el
dolor, el temor y la violencia, son sólo síntomas exteriores del malestar
esencial de nuestra cultura. <<Me parece irresponsable toda teoría de la
cultura –dice Steiner-, todo análisis de nuestras actuales circunstancias que
no tenga como eje la consideración de los modos de terror que acarrean la
muerte por obra de la guerra, del hambre y las matanzas deliberadas>>. El ser humano que <<emplee tiempo y recursos imaginativos en el examen de
estos lúgubres lugares>>, no quedará psicológica y moralmente intacto. En
esos ámbitos lúgubres está el vaho del malestar de nuestra cultura. <<Si
los pasamos por alto, no puede establecerse ninguna discusión seria de las
potencialidades humanas>>. Se trata de mostrar la crueldad
de la época actual, su ley y su lógica
interna independiente de nuestros momentos racionales y de las necesidades
humanas.
<<Al
inclinarse uno con demasiada fijeza sobre la fealdad, se siente singularmente
atraído por ella>>. Así, pues, el ser humano se da cuenta que la realidad
trasciende la estructura de la racionalidad y los conceptos generales de
nuestra cultura. ¿Es la fenomenología del odio y del anhelo por la disolución
violenta un hecho constante en la historia de las formaciones sociales e
intelectivas del ser humano? Por supuesto, quizás podamos leer sus rasgos en
los actos extremos de una joven generación sin esperanza, una realidad
excluyente y agresiva. Así pues, el extremismo religioso está engendrando en la
consciencia individual o colectiva de ciertas personas, fantasías de purificación
e inminente fracaso. <<El fanatismo se convierte –dice Thomas Mann- en un
medio de salvación>>.
Además,
la mayor parte de lo que sucede tiene sus orígenes en la larga tensión entre la
negación de la realidad, las injusticias sociales y los mecanismos de opresión
de las minorías. No podemos negar que este malestar general está en la esencia
de nuestra cultura, ni dejar de luchar contra la resignación, porque es
renunciar a la vida. Pero, ante todo, tener presente lo que alguien le preguntó Lutero, sí los hombres tenían derecho a la felicidad, el declaró: << ¿La
felicidad? ¡No! ¡Sufrir, Sufrir; la Cruz, la Cruz!>>. Lo interesante de
esta afirmación es que se convierte en el <<núcleo de ciertas formas de
religión cristiana –dice Berlin-; una de las más arraigadas creencias; visiones
de la realidad sobre la que ha construido sus vidas una gran cantidad de seres
humanos, tremendamente profundos. Sin duda, esto no es trivial>>. Además, <<a fin de descubrir –dice
Berlin- lo que esas palabras significan para Lutero, y para otros como él, lo
que significan, es este sentido de
“significan”, en nada nos ayudan a buscarla en el diccionario>>.
En la
actualidad el examen de las palabras y el pensamiento ha de develar los
propósitos de futuro del ser humano. Porque hacen visible lo invisible, aquello
que las fuerzas del Gran Poder no quiere que veamos o sepamos: la injusticia,
el hambre, las migraciones, el desempleo, el odio, la xenofobia, el racismo. En
la actualidad este pensamiento se relaciona con la participación de la sociedad
en la toma de decisiones y la libertad. <<Ya que en ocasiones las
palabras mismas son actos y que, por tanto, el examen de las palabras es el
examen del pensamiento y, ciertamente, de todas las perspectivas; de todas las
formas de vida>>. El Gran Poder es consciente que el hombre
dispone de anillos de soberanía y cual guerrero con una espada flamígera en la
mano, defiende los lugares que lo hace invulnerable a los espejismos de la
actualidad.
Así
pues, lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; y hasta
ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje pierde
una parte de su energía, el hombre se vuelve menos humano. La historia reciente
y la ruptura de comunicación entre enemigos y generaciones de colombianos,
muestra de manera inquietante lo que significa esa disminución de humanidad. Por
eso, la primacía de la palabra sobre el horror, la barbarie, la violencia y la
muerte; es una concepción particular de la identidad humana. De ahí que la paz,
la convivencia y la tolerancia, en una sociedad civilizada, han de primar sobre
el miedo, el dolor, las armas que atraviesan y cortan, y ante todo, sobre la
muerte. Porque no podemos olvidar, que la realidad y la vida, es una forma y
una función del lenguaje.
viernes, 29 de abril de 2016
LA ENCRUCIJADA DEL HOMBRE ACTUAL.
Uno sólo no aprende de las derrotas, sino también de los dolores.
Antonio Rafael Mercado Flórez.
En el mundo global interconectado en
Red podemos observar la estrecha conexión que hay entre el
miedo, el dolor y el sufrimiento, con los peligros que nos amenazan. Por
eso resulta difícil decir cuál mecanismo activa al otro para que se generen
estás angustias particulares. De ahí que es necesario ir a las fuentes del
miedo, del dolor y del sufrimiento, para conjurar sus acechanzas. Más cuando en
la sociedad actual la soledad es nuestra compañera. Entonces lloramos y creemos
que estamos solos, pero no, los dioses nos acompañan y muestran la luz al final
del camino. Esto ha sido así desde los tiempos ancestrales de la humanidad. Así
pues, tomamos conciencia que el Árbol del Mundo es manantial inagotable
de la vida cósmica, ya que deposita lo sagrado en la vida de los seres humanos. Las culturas arcaicas de Asía septentrional
se concatenan con las precolombinas, en que el Árbol simboliza el Cielo y la
Sabiduría. Entonces el Árbol de la Vida, representa el universo humano en
continua regeneración. Manantial inagotable de la vida de los seres humanos.
Sabemos que es peligroso ponerse en
el lugar del que amenaza. <<Si tratamos de hacernos más peligrosos que
aquellos a quienes tememos no contribuiríamos a la solución>>. Lo
agravaríamos más incluso. En momentos de angustia y de miedo, las armas de la
razón, la sensatez y el espíritu, son más fuertes que las de fuego y las
bombas. Son más poderosas que aquellos que buscan en el fuego purificador, el
más allá. Porque lo que busca quien impone miedo, dolor y terror, es la
destrucción de los valores, las costumbres y los signos de unificación de la
sociedad. <<El terror es semejante a un fuego que se dispone a devorar el
mundo entero>>. De ahí que destruya todo lo que encuentra a su paso,
porque necesita espacio para construir un mundo donde se impone el Caínismo, la
ironía diabólica y la destrucción. Sabemos que los signos globales son como
el azar, no tienen miramientos con nadie. Se trata de poner fin al terror y
al dolor, por eso <<quien pone fin al terror y al miedo se legitima como
llamado a ejercer el dominio. Y quien pone fin al terror es el mismo que antes
ha vencido al miedo>>.
Sabemos que no es
posible expulsar el miedo, el dolor y la desdicha de nuestras vidas.
<<Tal cosa no llevaría tampoco allende el automatismo –dice Ernst Jünger- al
contrario, lo introduciría en el interior del ser humano. Siempre que este
delibere consigo mismo continuará teniendo al miedo como su gran interlocutor
en el diálogo. En esa operación el miedo aspira al monólogo, a ser él el único
en hablar; el miedo se reserva la última palabra tan sólo cuando representa ese
papel>>. Pues bien, a medida que se disuelven los poderes
colectivos, el hombre individual y su libertad, adquieren poder. Por eso ante
la agresión de las potencias atávicas o del Estado; <<de lo único que el
hombre sale garante ahora es de sí mismo>>. <<Y es ahora cuando se
convierte en antagonista de Leviatán>>, de las fuerzas atávicas, lo
irracional, los Sistemas y los mecanismos de poder, que lo dominan.
En la actualidad se trata es de la importancia de la persona individual. Nos estamos refiriendo al hombre común y corriente, al hombre
de carne y hueso. Nos referimos al diminuto y frágil ser humano, <<a la
persona libre, tal como fue creada por Dios. Ese hombre no representa una
excepción, no es una minoría selecta. Antes al contrario, se halla oculto en el
interior de todos y cada uno de nosotros; las diferencias que aquí aparecen son
únicamente el resultado de la diferencia de grado en que el ser humano haya
sido capaz de hacer realidad la libertad que le ha sido otorgada. Para eso es
preciso prestarle ayuda –y se le ha de
prestar con el pensamiento, con el conocimiento, con la amistad, con el
amor>>. En estos momentos de lazos disueltos y de valores en
entredicho, la libertad, el pensamiento y el carácter, son las tres herramientas
adecuadas para confrontar los poderes que se entrelazan criminalmente con la
técnica, las armas y la muerte. Casi siempre habitan las regiones del mundo subterráneo,
oscuras y frías, donde moran los demonios.
En el orden mundial irónico, diabólico que vivimos, el ser humano se está
convirtiendo en número o, en objeto; esto expresa el gran malestar de la
cultura actual. Porque detrás del concepto de cultura, de la técnica y el
progreso, se esconde la destrucción y la catástrofe. Así que, todo lo que
abarca el arte <<tiene una procedencia -dice Walter Benjamín- que no podrá considerarse sin
horror. Deben su existencia no sólo al esfuerzo de los grandes genios que lo
han creado, sino en mayor o menor grado a la prestación anónima de sus
contemporáneos. Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea al mismo
tiempo de la barbarie>>. Sabemos que el malestar de la
cultura que hemos arrastrado detrás de sí, <<estaba recogido de una vez
por todas en los graneros del presente>>. Si el futuro abre un resquicio
de esperanza, sólo podrá devenir del hombre individual, del hombre de carne y
hueso, Tú y Yo, con sus dolores y sufrimientos a cuesta. Porque los poderes
actuales no sólo reclaman nuestras vidas, sino también la esperanza, el
espíritu y la imaginación. De lo que tiene necesidad el hombre es de liberarse.
En el orden mundial es necesario <<dar al ritmo de la historia –dice Jünger-, la interpretación siguiente:
el ser humano se redescubre a sí mismo periódicamente>>. Siempre en la historia de la humanidad los poderes establecidos han tratado de
<<colocarle sus máscaras propias, poderes que unas veces son totémicos,
y otras mágicos, y otras técnicos. Entonces aumenta la rigidez; y al aumentar
la rigidez, crece también el miedo>>. Y como
colofón <<las artes se petrifiquen y el dogma se absolutiza>>.
Los que beben del tiempo abstracto creen que se debe al reinado de los Titanes
y del titanismo, del técnico y del colectivo técnico. Y los que se sitúan en el
tiempo cósmico, piensan que cada cierto tiempo retornan los dioses y los
elementos con sus frutos y destrucciones. Los que así piensan, se ubican detrás
del Muro del Tiempo, donde mora el misterio, lo mágico y absurdo de la
existencia. Sabemos que los dioses y las musas, retornan cada cierto tiempo, ya
que traen y restituyen cosas. Hoy en día se trata de rebelarse contra lo
establecido y posibilitar que el hombre ocupe el lugar que le corresponde. Lo
importante en la actualidad es <la rebelión de la indulgencia>. Esa que
posibilita ver que <<las horas dispensan obsequios. También son distintas
pues hay horas cotidianas y horas festivas. Hay ortos y hay ocasos, hay mareas
altas y mareas bajas, constelaciones y culminaciones>>.
Se trata de la vida y su organización, que no
esté determinada por el tiempo abstracto, frío, de la estructura, el Estado y
los hombres poderosos que ejercen el poder. Que el tiempo valido para la vida,
no es sólo, el tiempo cuantitativo, sino que existen otros estratos de tiempo,
desde donde podemos mirar la existencia del ser humano. Una especie de tiempo
que posibilita la alegría de vivir, y no sólo, la temporalidad que genera
dolor, sufrimiento y miedo, al ser humano. Se trata de destruir esa forma de
temporalidad que simboliza la vida como un castillo al que el ser humano nunca
puede acceder. Según Imre Kertész sólo el castillo podría simbolizar un mundo
trascendental. Un mundo dice Kafka donde <<la mentira se convierte en
principio universal>>. Ahora porqué K. quiere entrar al castillo:
<<por el paradigma, para romper el orden mundial>>. Como dice
Kertész: << El castillo no es más que la imagen universal de la
servidumbre del consenso […] no deja de ser la imagen universal de la
servidumbre del consenso>>. Pues bien, ahora se trata de romper esa
simbología y dar a los hombres otras posibilidades de vida.
Ahora sabemos que el tiempo de los Titanes
y del titanismo, del técnico y del colectivo técnico, es <<el tiempo que
avanza, que progresa –dice Jünger-, no se mide por siclos y rondas, sino por
escalas graduadas; es el tiempo uniforme. A cambio, el tiempo mismo adquiere
más peso>>. En el mundo actual estamos situados sobre el
lomo del tiempo lineal, uniforme, de las manecillas del reloj. En la época actual
el tiempo que predomina, es el que camina,
que fluye, se escurre y se desliza. Por
eso, los poderes actuales se preocupan por el tiempo, como lo hacen por el
hombre de carne y hueso, la individualidad y la libertad. Somos parte de una
época que responde a las apetencias del capital, de los Sistemas, del dinero
bancario, las tecnologías del poder. Así pues, los que se sitúan en el umbral del
tiempo abstracto, no son capaz de ver el tiempo que retorna. El de los astros y
las estaciones, los dioses y las musas. La idea del eterno retorno –expresa
Mircea Eliade- la encontramos en las hierofanías donde manifiestan <<un
“eterno volver a empezar”, un eterno retorno a un instante intemporal, un deseo
de abolir la historia, de borrar lo pasado, de recrear el mundo>>.
En la época actual, en cambio, <<nuestros ojos han experimentado una
modificación>>. El hombre es incapaz de ver, por ejemplo,
como poderes que creíamos conjurados por la razón, el conocimiento y la
técnica, se levantan de sus tumbas. Son fuerzas atávicas que destruyen lo que
encuentran a su paso. Aunque el tiempo tome la máscara del horror, del dolor y la muerte,
desde las épocas remotas viene repitiéndose el mismo espectáculo: <<El
hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo
luminoso de la libertad>>. Es posible que la servidumbre y la creatividad
no sean compatibles en plano ético, tampoco en el de la libertad; porque
<<la creatividad es manifestación de lo ético, es decir, en el plano de
determinadas formas del arte y el pensamiento>>.
Se trata de darnos cuenta que la vida vivida en la servidumbre y la quietud,
es una vida muda. Porque el lenguaje se refiere a la
experiencia; la designa y le otorga valor. Esto es: el lenguaje le otorga
sentido a la vida. <<El ser humano –dice Kertész- habla preferentemente
sobre sus problemas. El pensamiento es el lamento de los hombres: pensar sobre
la vida equivale a cuestionarla; ahora bien, sólo cuestiona su propio elemento
vital aquel que se ahoga o se mueve en su interior de manera contraria a la
naturaleza>>. Se trata de no resignarse, como dijo Platón: una vida que
no se cuestiona, no merece la pena vivirla.
jueves, 7 de abril de 2016
A PROPÓSITO DE UNA ENTREVISTA A ALBERT CAMUS.
A todos aquellos que quedaron tirados a la vera del camino sin saber por qué.
Antonio Rafael Mercado Flórez.
En un mundo donde la vida no tiene valor, y lo que un ser
humano hace se pierde en la fugacidad de la existencia. Estamos circundados,
atravesados y trascendidos por la mentira y el odio. Como dijo Albert Camus:
<<Nos ahogamos bajo la mentira, estamos arrinconados sobre la pared […]
La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos
escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La
libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifera la
mentira la tiranía se anuncia o se perpetua>>. En la actualidad la
mentira se pone la máscara de la verdad, <<está por construirse la
verdad, como el amor, como la inteligencia […] todo es posible para quien
acepta empresa y riesgo>>. Uno de los presupuestos de la libertad
es luchar contra la mentira y el odio. <<De todos los días son la
injusticia y la verdadera rebelión>>; de ahí que <<el odio es en sí
mismo una mentira>>. Una mentira que instaura el Gran Poder, el capital o
los políticos, para que se apropie del hombre el miedo, el dolor y el
sufrimiento.
<<Se calla instintivamente sobre una parte del
hombre>>: con relación al hambre, el desempleo, la xenofobia, el racismo,
los desplazados, la violencia. Estas son las figuras que toma la mentira y el
odio en la actualidad, la lengua silenciosa de la muerte. El odio niega la
compasión, el amor, la tolerancia, la convivencia, la ternura, la piedad, y
ante todo <<miente sobre el orden de las cosas>>. El odio enceguece
la consciencia y el espíritu; por eso se contrapone con la fuerza al
pensamiento y al lenguaje. Las palabras no son sólo palabras; meras fichas en
un juego filológico. Recordemos que las palabras expresan ideas. El lenguaje se
refiere a la experiencia; la expresa y la transforma. El que odia, miente y
mata, sabe de la importancia del lenguaje en la sociedad.
Como dijo Ernst Jünger: <<La palabra es, a la vez, como
una reina y una bruja. Con el cetro de la palabra en la mano se puede construir
un reino mucho más hermoso que todos los imperios conquistados a punta de
espada […] pues el hombre siente la necesidad de imitar con su débil espíritu
el milagro de la creación, de la misma manera que el pájaro siente la necesidad
de construir su nido […] el orden y la ley incluso están presentes en lo que
nosotros llamamos desorden y azar. Cuanto más ascendemos, más nos acercamos al
misterio que el polvo oculta>>.
El odio presenta un orden de las cosas basado en la mentira y
la falsedad. Se distorsiona el sentido real del mundo, en nombre de la cultura
del artificio. Que responde al Gran Poder y a las personas que presentan al
odio como algo natural. Ocultan que el miedo, el dolor y el odio, son
instrumentos de control y dominio. Existen épocas de inquietud donde el hombre
no tiene otra salida que resistir más que con la fuerza del espíritu. En la
vida existen armas más fuertes que aquellas que cortan y atraviesan. Y, ellas
están en el interior de todos y cada uno de nosotros. Es necesario desgarrar la
máscara del odio para que el orden natural de las cosas revele la magia del
mundo y de la realidad. Si el <<odio es en sí mismo una mentira. El hombre
que odia se detesta en cierto modo a sí mismo. No hay pues un lazo lógico entre
la mentira y el odio, pero existe una filiación casi biológica entre el odio y
la mentira>>.
En el mundo el odio se pone la máscara de la mentira. Se constituye
en una de sus armas, quizás la más pérfida y la más peligrosa. <<El odio
no puede tomar otra máscara, no puede privarse de esta arma. No se puede odiar
sin mentir. E inversamente, no se puede decir la verdad sin sustituir el odio
por la compasión>>. Si la gran prensa, la radio, la televisión, Internet,
<<en grados diferentes son portavoces del odio y de la ceguera>>.
Es más, <<cuanto mejor odian, más mienten>>. Ellos se han convertido
en el instrumento adecuado para sembrar el fruto del odio y la mentira en el
corazón de los hombres. No sólo porque son porta voz del Gran Poder, sino de la
cultura de lo efímero donde la vida se trivializa para que reine la brutalidad.
Ellos no generan pensamiento crítico, ni movimientos sociales contra el orden
natural de las cosas, el odio y la mentira. Sino apaciguamiento de nuestros
sentimientos, parálisis del pensamiento, la imaginación y el lenguaje.
Ahora bien, ¿cuáles son los rostros del odio en la
actualidad? La violencia, la guerra, el odio frío con el maridaje de la
objetizacion y la numerificación del ser humano. Las matanzas de inocentes y
los ajustes de cuenta, la xenofobia y el racismo. La amenaza y el miedo que se
ejerce contra la sociedad civil. Los millones de personas –hombres, mujeres y
niños-, que son privados de hogar, deportados o asesinados. He ahí en lo que se
ha convertido el mundo, en una tierra donde prevalece la injusticia, la tiranía
y la falta de libertad.
Es más, la embriaguez de lo irracional posibilita que las
desgracias sean inevitables. No podemos olvidar que el sufrimiento es parte de
la vida; pero la existencia no puede negar el mundo para agarrarse a una
felicidad venidera. La felicidad no es un concepto metafísico, ni un presupuesto
religioso, es el placer de vivir cada día. El odio en la actualidad se pone la
máscara de lo llamativo, pero lo que importa es el rostro de lo significativo.
La persona que odia sabe que ningún sentimiento es más rico en variantes que el
miedo. Buscan que el miedo a la vida se le una el miedo a la muerte, como al
tono fundamental sus innumerables armónicos. Uno de los rostros del odio en la
actualidad, es crear miedo e incertidumbre en la sociedad. Porque en la
silenciosa inmersión que hace el hombre en sí mismo, el miedo se manifiesta en
toda su crudeza y paraliza al ser humano. Se trata que el odio utilice el miedo
y el sufrimiento como instrumentos de control y dominio. Por eso la maldad y el
odio prosperan cuando los hombres de bien se quedan cruzados de brazos.
El privilegio de la mentira consiste en que <<ninguna
virtud puede aliarse con ella sin perecer. Siempre vence al que pretende
servirse de ella. Por ello los servidores de Dios y amantes del hombre
traicionan a Dios y al hombre desde el momento que consienten la mentira por
razones que creen superiores. Ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la
mentira. La mentira, a veces, hace vivir, pero nunca eleva>>. La justicia
no consiste en perseguir y encarcelar al hombre solo y desprotegido; tampoco en
<<abrir unas prisiones para cerrar otras>>. La libertad entonces es el paso previo a
un sentimiento íntimo de derecho y justicia. La libertad no consiste en la
proliferación de medios de información o, del manejo de Internet, sino en la
lucha contra la mentira, la pobreza, el odio, el miedo, la violencia y el Gran
poder.
<<La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir.
Allí donde prolifera la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetua>>.
La tiranía y la demagogia se ponen la máscara de la democracia y la libertad,
para legitimar el odio y la mentira. La libertad no se reduce sólo a la
libertad de opinión, pensar o escribir. Sino que es como una espada flamígera
en manos de las personas que desenmascaran el Gran Poder, el odio y la tiranía.
Ahora bien, ¿dónde están los hombres justos, los misericordiosos, los
bondadosos, las personas que creen en la justicia y la ética del ser humano? La
mayor parte en las prisiones, las casas de acogida a los pobres, en los barrios
periféricos de las grandes ciudades, en los pueblos olvidados por los que
ejercen el poder, en los conventos, en los seminarios, en las fábricas o en las
oficinas para llevar un mendrugo de pan a su hogar. <<Pero también están
allí los hombres libres. Los verdaderos esclavos están en otra parte, dictando
sus órdenes al mundo>>. El hombre libre sabe reconocer la fuente más
honda del dolor, el miedo y el sufrimiento del ser humano. La libertad es la
impronta que el hombre libre da al destino.
La libertad –dice Jünger- es, la que posibilita que seamos
<<nosotros los que nos formamos
el mundo, y lo que nosotros vivimos
no está sujeto al azar. Es nuestro estado interior el que atrae y selecciona
cosas: El mundo es como lo hemos creado nosotros. Cada uno de nosotros es capaz de trasformar el mundo
–ese es el enorme significado que le ha sido conferido al ser humano. Y de ahí
que sea también tan importante el que trabajemos en nosotros>>. De ahí
que <<hoy el mero sobrevivir representa ya un mérito>>. Existen en
el mundo cierta clase de personas que no rehacen a los hombres. Pero tampoco
los rebajan. <<Por el contrario, los levantan un poco a fuerza de
obstinación, de lucha contra la injusticia, en nosotros mismos y en los
demás>>. Pero también hay hombres que protegen a la humanidad a fuerza de
luchar contra la resignación.
En nuestro tiempo
donde el reino de las sombras abarca casi todo el espectro humano. Es necesario
mirar hacia las estrellas y el lugar donde moran los dioses, pero ante todo lo
que tenemos a nuestro alrededor. Porque el tiempo de las musas y los dioses
está cerca. El odio y la maldad que moran en lo profundo de la condición humana,
sustituyen la diversidad y la personalidad. Sustituye lo que nuestros
antepasados llamaban costumbre, usos, tradiciones y, en último término cultura.
El odio se concatena al sufrimiento y, se constituye en enemigo de las cosas rítmicas,
el arte, la música, la diversidad de la vida y de la realidad. El odio no
aporta nada a la calidad del arte, ni a la riqueza de la existencia y la
realidad; salvo dolor, sufrimiento y muerte. El arte, en cambio, abre puertas y
ventanas para mirar que hay detrás del mundo que vivimos. Así pues, el odio y
la mentira son la máscara de los enemigos de la época actual, por eso producen
desdicha, soledad, dolor y sufrimiento en el ser humano. El amor, la ternura,
el arte, la música, en cambio, se abre a las personas como si despertaran de un
sueño invernal, posibilitando que se acerquen más a sí mismas. De ahí que las personas
que generan odio, dolor y muerte, son enemigas de las que beben del pozo de los
pensadores, de la verdad y del amor.
Así, podemos darnos cuenta que existe una relación entre el
odio, la maldad, el aburrimiento y el despilfarro de la existencia. Lo que
desean los poderes actuales es separarnos de lo que despierta la imaginación y
la creatividad estética, las ideas y la filosofía. En nuestra época se trata de
aunar el mundo y el espíritu; porque todo lo que existe es creación del
espíritu. Es más, la religión, el arte, la música, la lengua y la poesía, son
contenidos espirituales. Nos ayudan con sabiduría a confrontar la desesperanza,
los desaciertos humanos y la resignación. En nuestro tiempo cabe observar que
ya disponemos de una relación nueva con el dolor, el odio y la maldad. Pero también
con el espíritu que vivifica la vida. Se trata que la libertad desvele que el
mundo que vivimos es un mundo cruel y siniestro, donde el odio y la muerte
acampan a sus anchas. De ahí que ningún ser humano pueda sustraerse a sus
espejismos y padecimientos. El destino nos impone los poderes establecidos,
tanto si queremos o no, se trata de sopórtalo y eludir sus fintas, para que
reine la vida sobre la muerte.
Nota: La entrevista a Albert Camus fue hecha por Le Progrès de Lyon en diciembre de 1951.
viernes, 25 de diciembre de 2015
LILITH LA PRIMERA MUJER DE ADÁN.
Antonio Rafael Mercado Flórez.
En la historia de las religiones y los
mitos existe una recurrencia a pensar o imaginar, que hubo en los tiempos
inmemoriales rebeldías de algunos dioses a la estructura y el funcionamiento de
la jerarquía divina. Eso se ha trasmitido en la tradición y los usos de los
pueblos. De ahí que, lo mundano sea un
trasunto de lo divino. En la cultura Judaica algunas interpretaciones rabínicas
aseguran que durante la Creación
aparece insinuada una tercera presencia humana. Esa presencia en el Génesis se
denomina Lilith, un nombre que hunde sus raíces en la tradición mesopotámica.
El Judaísmo no la ha deificado, pero simboliza el concepto del Mal ligado al
erotismo femenino.
Como expresa el Génesis: «Y de la costilla
que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a
Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta
será llamada Varona, porque del varón fue tomada». Así pues, no en vano, una
extendida interpretación rabínica considera
que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra
los creó», significa que hubo otra mujer antes de Eva. Esa mujer abandona el Paraíso. Ahora bien, según
la tradición judía, Lilith se
convierte en la mujer que precede a Eva. Entonces según el mito Judaico una vez lejos de Adán, se convirtió en un Demonio que rapta a los niños de sus
cunas por la noche y, simboliza la encarnación de la belleza maligna y la madre
del adulterio. Por tanto, aquí podemos darnos cuenta el Mundo Inferior es un
trasunto del Mundo Superior.
Más allá de la tradición hebrea, el origen del mito de Lilith parece
contar con raíces sumerias y acadias. Había en Mesopotamia según
el arqueólogo británico Reginald Campbell Thompson, un
grupo de demonios femeninos derivado de la criatura Lilitú (Lilu,
Lilitú y Ardat Lili), con unas características que responden a la figura
mitológica del relato del Génesis. Que era mitad humanas y mitad divinas, y usaban
la seducción y el erotismo como armas. De
esa forma, la noche era su hábitat natural. Todos estos súcubos, en cualquier
caso, tenían las cualidades de lo que luego se ha representado como los
vampiros, aunque cubiertos de pelo. Que en el origen de las palabras significa «viento» o «espíritu». Esta tradición
mesopotámica pasa más tarde a la judaica a través de los semíticos residentes
en Babilonia. Los judíos adaptaron así al hebreo el
nombre de esta criatura maligna hasta vinculo a la palabra «laila»
(que se traduce como noche).
Así pues, según la
tradición oral Judaica, Lilitú perdió
varias cualidades en su versión hebrea.
Como su carácter divino, pero adquirió una personalidad más compleja. Su
presencia es frecuente en el folclore y los textos del Judaísmo, entre ellos el
Génesis. Así, frente a las dudas que ha generado el fragmento del Génesis que
dice: «y creó Dios al hombre (Adán) a su imagen, a imagen de Dios los
creó; varón y
hembra los creó». Así, han surgido interpretaciones de
diferentes rabinos a lo largo de la historia que plantean que bien, Adán
fue creado inicialmente como un Andrógino –que poseía un cuerpo femenino y
uno masculino unidos por la espalda–. Como diceen su obra el mitólogo
inglés Robert Graves: hubo otra mujer antes que Eva, la rebelde y
lujuriosa Lilith, que finalmente
abandonó el Paraíso. Y ella dice: “Yo también fui hecha con polvo».
Así pues, el Yalqut Reubeni –una
colección del siglo XVII de midrashim (interpretaciones de textos antiguos) por
el rabino Rubén Hoschke Kohen–, «Dios
formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán. Aunque
utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría
convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras
criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad». Estos demonios
hembras se dedicaban a atacar a las madres durante los partos con el fin de
robar al recién nacido para luego matarlo, como retrata un sello cilíndrico
expuesto en el Museo de Oxford.
En este sentido, existe otra
interpretación que presenta a Lilith
como una criatura igual a Adán, hecha de polvo puro, que se rebela contra los
designios divinos y muestra un marcado carácter. En el Alfabeto de Ben
Sira (escrito entre el siglo VIII y el XI), se narra cómo Lilith
se resistió a yacer por debajo de Adán: «¿Por qué
he de yacer debajo de ti? Yo
también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual», afirmó Lilith. Por eso, al ser forzada por
Adán a obedecerle, pronunció el nombre de
Dios en vano y decidió abandonar el Edén con dirección al Mar
Rojo.
Esta versión de Lilith se ha emplazado como una representación de las mujeres cananeas
y su visión de las relaciones sexuales en un periodo, hacia el 586 a.C, en el
que se fusionaron parcialmente los panteones de los canaanitas con los hebreos.
De esta manera, la demonización
de Lilith es una crítica a las prácticas de las mujeres cananeas dadas a
mantener relaciones sexuales pre-matrimoniales y
una sexualidad más abierta que la mostrada por las hebreas. Lilith es el demonio rebelde, el mal
ejemplo que precedió a Eva, más
obediente a lo que Adán esperaba de su mujer. No en vano, algunas de las
cualidades de esta versión de Lilith
parecen haberse inspirado en el principal culto femenino de los canaanitas –el
pueblo que según el Antiguo
Testamento conquistaron los judíos tras el éxodo por el
desierto–, Asheráh, diosa de los partos y la fertilidad.
Tras abandonar el Paraíso, Lilith se asentó en la costa del Mar
Rojo. Esta región se caracterizaba según esta tradición mitológica, por la
presencia de innumerables demonios, con los cuales engendró nuevas criaturas,
«a razón de más de cien por día». Ante este hecho, Dios envió a un grupo de ángeles para
exigirla que volviera con Adán: «Regresa con Adán de inmediato o
te ahogaremos». Ella respondió que ya no podía regresar porque «Dios me ha
ordenado que me haga cargo de todos los recién nacidos, de los niños hasta el
octavo día de vida (el de la circuncisión) y de las niñas hasta el vigésimo
día». Finalmente, Dios
permitió vivir a Lilith, pero
la castigó haciendo que cientos de sus hijos demoniacos perecieran cada día.
Desde entonces, la hermosa
criatura se propuso matar a todos los hijos de Adán y a todas las
madres durante el nacimiento y los días siguientes al parto.
La leyenda Lilith es posiblemente el origen del popular mito griego de la
reina Lamia, que, tras matar a sus
propios hijos por culpa de un engaño de Hera,
sintió envidia de las otras madres y se dedicó a devorar a sus hijos.
Transformada en una bestia, tenía
el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Este
relato dio lugar a que, en la Antigüedad, las madres griegas y romanas
acostumbraran a amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. La creencia
grecorromana a su vez se transmitió a leyendas medievales, repartidas por toda
la geografía europea, donde estos seres son representados con rostro de mujer y
el cuerpo de dragón. También se alimentaban de niños.
Así entonces la presencia del nombre de Lilith en la Biblia se
limita a una única mención. Aparece en Isaías 34:14: «Los gatos
salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí
reposará Lilith y en él encontrará
descanso», lo cual fue traducido en la Vulgata como Lamia, su
versión medieval. No obstante, resulta imposible saber con
certeza si para el autor del texto era un nombre propio –la célebre criatura
del folklore judío– o simplemente se trata de una bestia salvaje o de una rapaz
nocturna.
lunes, 7 de diciembre de 2015
EL HOMBRE SABIO.
Antonio Rafael Mercado Flórez.
Somos parte de una época donde la información utilitaria está
reemplazando a los procesos mentales que desembocan en el pensamiento y la Sabiduría.
Las <<relaciones artificiales>> se sitúan en el palpito de la
cultura actual. La lengua y el pensamiento se deterioran para darle paso a la
brutalidad y a la mecanización de la existencia. Así, podemos darnos cuenta que
existe un deterioro intelectivo de la humanidad, que se relaciona con la
degradación de la intelectualidad. Como dice Javier Marías: <<La gente
tiende a ser más simple, más torpe, ya que existe una complacencia en la
ignorancia>>. Esto se concatena con el auge del <<fanatismo, de la
superstición, de la eliminación de los matices y sobre todo de la
complejidad>>. Por eso en todos los ámbitos de la existencia está
creciendo <<la vehemencia, la intolerancia, la irracionalidad más
extrema>>. Nos despojamos de las herramientas intelectivas e intelectuales,
para darle prioridad a la información, a la imagen <<pictórica>> en movimiento, a la técnica y a la velocidad. Somos
pobres en experiencias comunicables, en los contenidos espirituales del lenguaje,
en los movimientos del pensamiento y la apreciación estética de la realidad. Entonces
los fundamentos de la existencia se deterioran en nombre del dinero, del
consumo, del confort, de la banalidad, la trivialidad, el poder, la técnica y
los lenguajes digitales.
En el mundo actual ninguna sociedad quiere que seas Sabio. Porque
la Sabiduría va en contra de los fundamentos y los intereses del poder.
Si una persona es Sabia no puede ser manipulada, explotada, forzada a vivir
mecánicamente, como robot. El ser humano que porta en sí la cualidad de la
Sabiduría, busca su individualidad. Se hace preguntas sobre el mundo que lo
rodea, la sociedad de la que hace parte y el lugar que ocupa en ella. El Sabio
se da cuenta que la objetizacion y la numerificación del ser humano responde a
las tácticas y estrategias de los que ejercen el poder. Pero también cómo la
Sabiduría se concatena a la libertad; a la búsqueda incansable de la libertad.
Y quién es libre llevará consigo la fragancia de la rebeldía y la
desobediencia, a toda forma de fascismo, de autoritarismo, de dogmatismo, de
xenofobia, y creará un armazón filosófico e histórico, para confrontar a
aquellos que niegan la vida y el derecho a pensar.
Los hombres libres saben que han de romper con lo funcional,
con el Sistema, con el proceso económico y las relaciones de producción, que
niegan el derecho a vivir y a ser persona. Ellos saben que lo rompen con su
bondad, o con su amor, o con su libertad, o con su fraternidad, o con su coraje
para asumir una responsabilidad por encima de las funciones y la objetización.
Porque lo que desean los poderes actuales es adormecer la capacidad de asombro,
la imaginación y la sensibilidad del ser humano. Vivimos gracias a ese
elevarnos por encima de nuestras miserias, nuestras limitaciones, nuestras
desgracias, nuestras virtudes. La libertad es el tema de la historia en cuanto
tal, como dijo Ernst Jünger: <<La libertad es la impronta que el hombre
libre da al destino>>. La libertad es lo que deslinda al ser humano
frente a los reinos de los demonios y de la oscuridad de la sinrazón. <<Por
supuesto, la libertad viene dada a la vez
que lo necesario, y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia
hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. Vistas las cosas
así históricamente, todo cambio acaecido en lo necesario comporta también una
modificación de la libertad>>.
En la actualidad resulta sumamente difícil sostener la
libertad. <<La oposición exige grandes sacrificios; eso explica el
ingente número de seres humanos que prefieren la coacción>>. Porque es
más fácil para los hombres y mujeres, delegar el manejo de la libertad, a la
Iglesia, al Partido Político, al Sindicato, la Religión, la Ideología, el
Estado, las Instituciones Sociales, que asumir responsablemente el manejo de
ésta. Así que, los hombres Sabios amarán la libertad aun arriesgando su propia vida. La libertad viene
con Sabiduría; ninguna sociedad quiere que seas libre. Porque desde el instante
que empiezas a utilizar tú inteligencia y tú libertad, te vuelves peligroso
para el Sistema y la sociedad. Sí utilizas responsablemente tú libertad, eres
peligroso para los eruditos, los tecnócratas, los políticos, los burócratas,
los banqueros, las multinacionales y las finanzas internacionales. Así, los que
ejercen el poder dicen que eres un loco, un desadaptado social, un demagogo, un
inútil, una escoria, y en su nombre te dilapidan.
De hecho un hombre Sabio es un poeta, un soñador, un
filósofo, un teólogo, preñado de sensatez un fuego viviente en el corazón frío
de las sociedades. Es la llama de la vela que permite que veamos en medio de la
oscuridad del día. Él no puede vender su vida al mejor postor, como lo hacen
los ejércitos de delincuentes y asesinos. Él no puede ser un sirviente de los
poderes actuales, porque atenta contra los valores éticos que lo constituyen.
Él prefiere morir antes de convertirse en esclavo. Él sabe dónde encontrar los
veneros espirituales que dan vida, vida en abundancia. Él es consciente de las
épocas de tránsito, y ante todo, de tránsito a la conciencia y a la luz del Espíritu.
Él porta en sí la belleza y el amor, como dijo Simone Weil: <<Porque en
un ser humano es equivalente al orden del mundo>>.
El Sabio sabe mirar detrás del forro de los fenómenos, mirar
cara a cara el horror y la barbarie del mundo actual. Él toma sus criterios no
de lo pasajero del tiempo, de las máscaras con que cubren las cosas y las
acciones humanas. Sino de su <<esencia inmóvil y sobre temporal>>, del
<<Mundo Superior>>, el cual se pone de manifiesto y se modifica en
la historia. El Sabio sabe cómo hacer frente al automatismo, a la velocidad del
que maneja el tiempo y la vida de los hombres. Sabe cómo hacer frente a la
violencia y a las desgracias humanas. Porque ellas casi siempre responden a la
crueldad de los poderosos. El Sabio porta en sí <<la antigua libertad
vestida con el traje propio de la época: es la liberad sustancial, la libertad
elemental, la que se despierta en los pueblos cuando el país es oprimido por la
tiranía de los partidos>>, de los banqueros y las multinacionales.
<<No es una libertad que se limita simplemente a protestar o a emigrar;
es una libertad que está dispuesta a luchar>>.
Sabemos que en esta alta civilización técnica y de masas, la
vida espiritual cobra mayor fuerza. Si la miramos con el vestido técnico, del
movimiento y las transformaciones históricas, <<dispone de formas que son
más eficaces que la propia disciplina militar, más eficaces que el
entrenamiento en los deportes o que el ritmo del mundo del trabajo>>. El
Sabio sabe que ese <<grupo de hombres donde se concentra y se gasta la
energía>>, su propósito es poner trabas al flujo metafísico, trascendente
y espiritual del ser humano. Ese <<grupo de hombres>> tratarán de
convencer a la sociedad que está ante un peligro inminente y por tanto son
necesarios los ejércitos, la policía y los grupos de seguridad del Estado. De
convencer al hombre común y corriente, Tú y Yo, que necesitamos ser vigilados y
disciplinados. Y, en cuanto esto acontezca, los hombres y mujeres son empujados
a su oscura soledad. Por eso tratan de romper todo lazo de amistad, de
fraternidad, de solidaridad, que despierte en los seres humanos el sentido de
Humanidad.
Ser Sabio es darse cuenta que la soledad es <<uno de
los signos de nuestro tiempo>>. Por eso nos cercan, nos circundan con la
urdimbre de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, que reflejan
un mundo atroz donde no merece la pena vivir. Estamos cercados por el miedo, el
dolor y el sufrimiento, que desgarran nuestras entrañas como hace el águila con
Prometeo, por haberle regalado a los hombres el misterio del fuego, del
conocimiento y del saber. Como dice Ernst Jünger: <<El miedo toma formas
reales – en las cárceles, en la esclavitud, en la batalla de cerco>>, Y
ahora, en las calles de las grandes ciudades, los barrios periféricos, las
religiones radicales, los ejércitos y la policía.
En un mundo como el nuestro
lleno de maldad, de demonismo y de sinrazón, es necesario que el hombre Sabio, el
que contiene tesoros que los poderes actuales han sido incapaces de agotar. Su tarea es como la del Teólogo, hacer vislumbrar al hombre,
<<cuáles son las cosas de que está despojado, aun en la mejor de sus
situaciones, y cuáles son las fuerzas poderosas que en él se hallan
latentes>>. Cuan necesarios son los Sabios y los teólogos en la
actualidad. Porque nos quieren despojar de la capacidad de soñar, de imaginar y
allende del Tiempo, donde se esconde <<la ciencia de la abundancia, el
enigma de las fuentes eternas, las cuales son inagotables y están siempre
cerca>>.
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