viernes, 15 de marzo de 2013

LA DERECHA NEOLIBERAL ESPAÑOLA







LA DERECHA NEOLIBERAL ESPAÑOLA




Antonio Mercado Flórez



En los últimos espacios de tiempo, los Estados europeos han implementado políticas neoliberales radicales, que afectan la vida de los pueblos y las naciones. Son políticas que inciden directamente en la Cultura y todas las formas de vida. Desean cambiar desde las estrategias y tácticas políticas, la razón de ser de las personas. Propende un cambio cultural, que transforme las condiciones,  las formas de representación y sentido de la vida y las cosas. De ello esperan una hegemonía cultural y material, de la existencia en general. Desde el umbral del lenguaje y el pensamiento, se implementan valores y criterios que responden a la ligazón entre política y economía. O, en otros términos, la política y las finanzas internacionales han de obedecer a los <<cuadros de mando>>, distribuidos en la Red global. Por eso, la hegemonía cultural se propone como implementación de valores y formas de vida, que concatenan el mundo dineral, la política y la técnica. Esto incide en que la manipulación del lenguaje y los medios de comunicación de masas, implementan políticas de desinformación y desprestigio, a todo proyecto colectivo. De ahí que la legitimación y la verdad de los argumentos de la derecha, se presentan como el único camino posible para salir de la crisis en la que nos encontramos.

Decía recientemente en el diario El País Josep Ramoneda, que el modelo de Gobierno reinante se funda en el uso del Estado para la mercantilización general de las relaciones humanas. De ahí que la extensión de la cultura de mercado a todos los dominios de la vida, repercute  insofacto,  en la reducción del ciudadano a hombre económico sin atributos. Por eso, la principal tarea del Estado es facilitar el enriquecimiento sin poner trabas en los abusos del poder económico, y garantizar la seguridad jurídica asegurando la complicidad con los poderes corporativos y proveer infraestructura y seguridad en las calles. Por tanto, para contener el malestar general, el Estado social se está transformando en penal, y la prisión está saltando sus muros para imponer su lógica en los cuerpos y las ciudades. Así pues, en las instituciones confluyen políticas asistenciales, de intervención urbana y las jurídico-policivas, que tratan de objetizar y disciplinar al ser humano, para dejar sus huellas en el alma y el cuerpo de los ciudadanos.

En nuestra época los gobiernos neoliberales se concatenan con figuras como burbuja, corrupción, inmoralidad, hecatombe y recortes. Pero también con las de la pobreza, el desempleo, el hambre, la mendicidad, la discriminación, la injusticia, la violencia, el miedo, el sufrimiento y la disolución moral de la sociedad. Por eso en la época actual, se hace necesario que las sociedades se organicen políticamente, para que el ejercicio del poder no se convierta en mafias y poderes ocultos. Porque cuando la corrupción y la inmoralidad cierran el paso a la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, el sistema y el Estado responden a una especie de casta política, económica y mediática, que niega las verdaderas necesidades de los ciudadanos. Y esto es sumamente grave para el Estado democrático Social de Derecho. Pero afortunadamente, todavía existen personas que son capaces de ver las perdidas.

Somos parte de un mundo donde el deterioro moral y político de las sociedades, se concatena con la degradación de los recursos verbales de la política de masas. Estas transformaciones en la práctica política, aumenta la disyunción entre las verdaderas necesidades de los pueblos y los intereses de los gobernantes. Desde la perspectiva del lenguaje, el deterioro y la degradación de las palabras, repercuten en las instituciones públicas o privadas. Así que,  la degradación de la <<gramática política>>, se expresa en la <<gramática del lenguaje>>. Por ende, cuando las palabras y las imágenes no comunican las verdaderas necesidades y esperanzas humanas, se convierten en verborreas vacías e instrumentos de demagogia y engaño. En los últimos espacios de tiempo,  la transformación en los modos y los medios de hacer política, concatenan  el ejercicio del poder y los instrumentos técnicos, de una parte; los medios de comunicación de masas –redes sociales, lenguajes digitales-, a la<<cultura de lo efímero>>, de otra.

Se entiende por <<cultura de lo efímero>>, la que exalta la información inmediata y simultánea, sobre los valores políticos, éticos y culturales. Un ámbito donde los contenidos espirituales, la sensibilidad y las reflexiones del pensamiento, se sustituyen por la númerificación y la objetización del ser humano. Por eso, se convertío para la derecha española, en el espacio para implementar políticas que se entrelazan con la frivolidad, el esnobismo y lo pasajero de la vida cotidiana. He ahí su ámbito, el lenguaje de los Medios de Información se sobrepone a la lengua del análisis, la crítica y los movimientos del pensamiento.  Además, convierten al hombre y el mundo que habita, en un campo de batalla, que responde a los requerimientos de los valores del neoliberalismo radical,  el sistema de producción global y el mercantilismo. De ahí que impongan valores, ideas, principios, imágenes,  hechos, contrapuestos a los heredados,  que expresan la memoria verbal e histórica, de las personas o los pueblos.

El lenguaje de la derecha, es el de la democracia populista, sin contenido programático ni proyecto colectivo de futuro. Lo cual significa, que las representaciones del mundo y la realidad,  las necesidades y esperanzas de los ciudadanos, se identifican con la cultura del <<kitsch>>. Donde prima la apariencia sobre el <<sentido>>, lo frívolo sobre lo permanente, el presente-ahora sobre la memoria verbal y política de las personas. Todo se desvanece y nada tiene consistencia, ya que la <<cultura de lo efímero>> sólo busca informar de una manera rápida y digestiva, dejar que el tiempo transcurra sin interrupción. En un mundo como éste los valores espirituales, la dignidad del ser humano y la libertad, se sustituyen por el reino de la necesidad, el mercantilismo, las finanzas y el despilfarro de la energía vital. Por lo rápido como presentan las cosas y lo fugaz como se alejan, no dejan tiempo para pensar. Y el dolor, el sufrimiento y el miedo, se convierten en espejismos que atormentan las consciencias. He ahí su campo, he ahí su acción, a la <<cultura de lo efímero>> le corresponde la objetización de la existencia individual y la estadística en la sociedad.


Sabemos que la lengua comunica los contenidos espirituales de la conciencia colectiva de un pueblo. Por tanto, la decadencia de una lengua, se expresa en la degradación psicológica y moral, de ese pueblo. El mapa político que dibuja la derecha neoliberal, la cultura y la civilización occidental reciente, muestra las relaciones intrínsecas entre el quebrantamiento de los elementos léxico gramaticales y sus políticas económicas y sociales. En España nos abruman con una catarata de nociones, cifras, iconos, eufemismos e ideas, vacíos de contenidos: flexibilidad, crisis, competividad, confianza en los mercados, prima de riesgo, moderación salarial, copago, recortes, indemnización por diferido, etc. Palabras que no se explican y que tienen como fin crear en la sociedad y el imaginario colectivo, confusiones lingüístico-semánticas.  Además, la derecha neoliberal trivializa el lenguaje, paralizan la imaginación y la capacidad de interrogar, para exaltar la esclerosis de los clichés. Y en consecuencia, se van remplazando las profundas estructuras de la gramática del habla, por la cifra, la imagen gráfica en movimiento, la estadística y la objetización del ser humano. En otros términos, la <<Gramática de la vida>> se remplaza por la <<cultura del espectáculo>>.


El filósofo Ludwig Wittgenstein dijo: en la vida de una sociedad lo importante,  es <<la esencia de la gramática>>. De ahí que la derecha neoliberal  desea a toda costa destruir la <<gramática de la vida y la lengua>>. Porque ahí descansan nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestros mitos, nuestras frustraciones, nuestras pesadillas, nuestra memoria verbal e histórica. Ya que sí se degradan los recursos verbales, la sensibilidad y los movimientos del pensamiento, se degradan los ideales de moralidad, las empresas nacionales y los recursos de la imaginación creadora. Pero esto no debe extrañarnos, porque en el ideario político de la derecha española, hace parte de su <<telos>> siniestro. En la democracia del Partido Popular, las ideas, los hechos, las personas, los nombres y la existencia misma que contravienen a su ideario político, son borrados por decretos o por eufemismos lingüísticos. O, en otros términos,  implementan la memoria del artificio que remplaza la diversidad de la memoria individual. En la gramática política del Partido Popular, al ser mentiras constantemente modificadas y renovadas, el pasado se vuelve presente. Por eso vivimos rodeados de la mendicidad del lenguaje y el pensamiento, porque se correlacionan con la complacencia mentirosa y consensuada del ejercicio del poder.


Aldous Huxley Y George Orwell, predicen no sólo la numerificación  de las  sociedades modernas, sino también las políticas neoliberales de la actualidad. Porque el ser humano se objetiza y el avance del cálculo y su aplicación práctica,  hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras. Sí la participación de los individuos en la sociedad va convirtiéndose cada vez más en una participación estadística; algunos medios de comunicación de masas se convierten en <<filtros>> para legitimar las políticas neoliberales. De ahí que las imágenes no sean ya simples ilustraciones, sino lo principal. Los efectos que ellas causan son más fuertes que los causados por las palabras. En fin, la manipulación que hace la derecha neoliberal de los medios de comunicación de masas, crean un nuevo analfabetismo gramatical y político. Esta transformación en el orden de la existencia, incide en la capacidad de asombro, de imaginar, de interrogar, en la dignidad y la libertad de la persona humana. Por eso, la práctica política y el ejercicio del poder, no son ajenos a los contenidos semánticos y la búsqueda de la justicia social.

Dice Ernst Jünger: <<Son climáticas las causas de lo que está sucediendo, hay que buscarlas incluso por debajo de la política; incluso por debajo del lenguaje>>. Son atmosféricas tales causas y condensan en la gran ciudad, los pueblos y las veredas, un clima mal sano, fétido, enfermizo, de desconfianza, angustia, dolor, sufrimiento y muerte. Porque las políticas neoliberales del Partido Popular reemplazan el sentido de las palabras y las acciones humanas: <<No es cuestión de izquierda o de derecha, sino de sentido común>>, <<cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no lo iba hacer>>, <<no se puede plantear en términos de despidos, sino de no renovación de contratos>>, <<deben olvidarse de tomar el cafelito, deben de olvidarse de leer el periódico>>, los sindicatos son <<antisociales, anticuados y reaccionarios>>, la amnistía fiscal de dineros ocultos, la interpretan como el <<Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos>>, <<nuestra agenda reformista necesarias para España y para Europa, es nuestro sello de identidad>>. Por eso, la inversión y la falsedad del sentido de las palabras o las imágenes, trastocan la realidad y la existencia individual. Además, en este orden, la degradación del lenguaje, configura la degradación moral e institucional de la sociedad.


El Gobierno del Partido Popular sabe que, en esta alta civilización técnica y de masas, la sociedad vive de flashes y frases cortas e ingeniosas, tipo twiter e imágenes. De ahí que  esté trastocando la política <<clásica>>, de programas que respondan a las verdaderas necesidades y esperanzas de los ciudadanos, por otro tipo que responde a cosas breves, ocurrentes, ingeniosas y digestivas. Son el <<filtro>> para implementar en la sociedad española, la primacía de las<<relaciones artificiales>> sobre las <<relaciones de sentido>>. La inversión dialéctica, léxico gráfica, de representación de las imágenes y las palabras, tratan de homogenizar y uniformizar a la sociedad. De ahí que detrás de las palabras, las imágenes y los instrumentos técnicos, se ocultan relaciones de dominio y poder. El desmantelamiento del Estado de Bienestar –sus políticas sociales, económicas, de justicia social, de cultura e investigación-innovación, de oportunidades y derechos de los ciudadanos, etc. Son borrados por decretos, o se sustituyen en nombre de la recuperación económica. Esta manera de percibir la realidad, las necesidades y esperanzas de los españoles, está creando una sensación de desasosiego, malestar moral y psicológico en la sociedad.


Esto nos permite percibir el lugar que ocupa el lenguaje en la sociedad. Nos damos cuenta que las palabras no son sólo palabras; las palabras expresan ideas. Estas no son fichas en un juego filológico; las palabras se refieren a la experiencia, la expresa y la transforma. El lenguaje entonces no es indiferente a la práctica política. Porque éste da sentido a la historia, a la memoria, el recuerdo y la Tradición.  Pero también al tejido social, las instituciones y el Estado. Esto muestra a ojos vista, la importancia del lenguaje en la política. Ya que confirma que el análisis de las palabras, o el de las imágenes, se concatena con la crítica de la sociedad. Desde una perspectiva de las relaciones de poder, el análisis crítico del lenguaje, es política.


Desvelar el sentido oculto de ciertas palabras del Gobierno del Partido Popular, como <<seguridad>>, <<recortes>>, <<libertad>>, <<democracia>>, <<corrupción>>, <<justicia>>, <<violencia>>, <<inmigrantes>>, <<reformas>>, entre otras. Significa esclarecer las confusiones lingüísticas, ya que el esclarecimiento de las palabras, se convierte en el de las acciones humanas. Además, el examen de las palabras, es el examen del pensamiento; y también de todas las perspectivas, de todas las formas de vida. Así que, es en la naturaleza lingüística del hombre y su ideal moral, donde se expresa la autenticidad de la vida de los pueblos. Humboldt dijo: la lengua no es un estado, sino energía en perpetuo movimiento. Una energía plagada de impurezas, imperfecciones, contradicciones y ambigüedades; y esto demuestra que detrás de la solidez de una palabra se esconde casi siempre la fragilidad de su fuerza, el horror de su historia, las pesadillas de sus imposturas y la exclusión de otras palabras.


El Gobierno del Partido Popular, implementa una práctica política de desprestigio a todo proyecto de izquierda o centro izquierda. Para establecer una hegemonía ideológica, que se correlaciona con una escala de valores que uniformiza, homogeniza y excluye todo proyecto alternativo. A su vez, ofrece una visión de la realidad que excluye otras opciones de interpretación o  experiencia de la sociedad. La retórica política de la derecha española, busca un tipo de sociedad normalizada, pasiva, irreflexiva, objetizada, que responda a sus requerimientos ideológicos y al verdadero poder que se oculta en los <<cuadros de mando>>. Se trata en última instancia, de ejercer el control de valores, creencias, nociones, principios, ideas, imágenes, de representación de la sociedad y la realidad. Porque saben que sí controlan el lenguaje y el pensamiento, detentan el poder. Por eso, el ejercicio del poder del Partido Popular, reproduce comportamientos, saberes, experiencias y prácticas sociales,  que responden al ideario neoliberal español.


Esto es sumamente grave en un Estado democrático Social de Derecho. Porque a través de eufemismos lingüísticos o de la tergiversación del sentido de ciertas palabras, se desmonta el Estado de Bienestar, la libertad se percibe como necesidad, la esperanza como eficacia o eficiencia en los asuntos humanos, los derechos del ciudadano como holgazanería, la justicia social como dadivas del Estado, las contradicciones sociales y económicas de los ciudadanos con el sistema de producción global y el capital financiero, se perciben como desavenencias personales. En un tipo de sociedad como ésta,  el <<status>> de ciudadano, la libertad y la dignidad humana, lo determina el tener y la capacidad de compra, más no la cualidad del ser. Esta visión de la realidad social y el mundo que habitamos, no sólo está degradando las referencias públicas de convivencia y solidaridad entre  los ciudadanos, sino también el sentido de la condición humana de los españoles.



jueves, 14 de marzo de 2013

El mundo del artificio en la civilización contemporánea: de la tradición a la abstracciónn



  

El mundo del artificio en la civilización contemporánea: 
de la tradición a la abstracción.  


                                                                 

Antonio Mercado Flórez





Los críticos del lenguaje son conscientes que la práctica política  en sí, trata de controlar el lenguaje y el pensamiento. Piensan que controlar el lenguaje significa no sólo el dominio de los medios técnicos de comunicación de masas, la parafernalia de la publicidad, el consumo de mercancías, los lenguajes digitales; significa , entre otros, el control del cuerpo, del espíritu y el pensamiento. Esa es una labor que se viene realizando desde los albores de la humanidad. Primero fue el dominio de los elementos, luego la simbología del <<pre-mundo>> se apropia del alma de lo viviente, más tarde del cuerpo, y ahora la tecnología del poder no sólo domina el cuerpo y el espíritu del ser humano, sino también el cerebro y el pensamiento. Pero esta parafernalia del ejercicio del poder posee sus ritos y mitos propios. Se trata de desvelar que la técnica en sus orígenes, en su infancia, estaba al servicio del hombre;  y ahora,  no sólo el hombre se ha desligado de la obra, sino que el entrelazamiento entre técnica y poder tratan de objetizarlo. Somos parte de una época que <<se dispone a suprimir de forma masiva a los habitantes de este planeta>> y que el universo de su experiencia, se convierte en despojo de unos cuantos poderosos.  Sólo le podemos otorgar a nuestras experiencias de miedo y dolor del mundo actual, un <<margen soberbio inaccesible a la catástrofe>>, si recurrimos a la Tradición, el recuerdo y la memoria.


Así pues, en la época contemporánea la política se interesa por el dominio de un tipo de conocimiento, de experiencia, de sensibilidad e imaginación, que no entorpezca  el discurrir de su devenir. Por eso,  el ejercicio del poder se preocupa por el pensador, el poeta, el narrador de historias, el escritor, el científico, el filósofo, el artista, el dramaturgo, el canta autor; como la policía  hace con el hombre de carne y hueso, mas no por sofismas de distracción. Y, han de hacerlo porque un modelo autoritario y uniforme de sociedad, aspira a dominar el cuerpo y el alma de las personas. En un tipo de sociedad como ésta se tiranizan y se vacían las palabras deliberadamente de sus significados. Se cambia el orden de la existencia individual: la libertad en esclavitud, la vida en muerte, la esperanza en desesperanza, la tolerancia en intolerancia, la confianza en desconfianza, la paz en guerra. Pero alcanzado los límites de la comprensión tal como los expone el Gran Inquisidor en Dostoievski: <<el hombre está en presencia de un misterio insondable que le prohíbe predicar la libertad o el amor, imponiéndole, por el contrario, someterse a un secreto o enigma que no puede comprender>>.

Además, los gobiernos autoritarios y las democracias populistas quieren extirpar el pasado de la memoria verbal de las personas. El pasado se reinventa para justificar el presente. Los hechos, las experiencias compartidas, los mitos, las costumbres, los nombres y la existencia misma, son borradas por decretos. En un tipo de sociedad como ésta, la memoria del artificio, las ficciones y mentiras deliberadas, reemplazan la diversidad de la memoria individual. Por tanto, cuando la gramática autoritaria reemplaza a la Gramática de la vida, las conjunciones verbales se trivializan. El <<presente impersonal y un futuro utópico>>, sustituyen el pasado verbal, la historia y la memoria. Porque <<al ser una mentira constantemente renovada y modificada, el pasado se vuelve presente>>. Como en los relatos de las figuras de la obra de Kafka, que se reclaman participes de las potencias de un <<mundo primitivo>>, que también es el mundo actual.


En éste orden de ideas, la crítica del lenguaje se enfrenta hoy en día con otros actores. El imperio de la corrupción, el descrédito de las instituciones, el nepotismo político, la inmoralidad en el manejo de los asuntos públicos, que se han transformado en quiebra de los valores públicos y privados. Por tanto, a la disolución de las referencias colectivas le corresponde un mudo abstracto y sin fronteras delimitadas. En un ámbito como éste el lenguaje político, por ejemplo, se ha vaciado de sus contenidos y obedece más al marketing y a la cultura del espectáculo, que a presupuestos  ideológicos e ideales éticos. De ahí que la crítica del lenguaje se enfrenta a los medios técnicos de comunicación de masas, a la publicidad, a las masas de consumidores y a la uniformidad de los lenguajes digitales. Por ello se convierte en crítica de la vida y de la realidad. Pregunto, ¿somos acaso participes de las pequeñas criaturas  de un universo, que estructura un mundo de lo alto que se ha vuelto ininteligible o absurdo? ¿estamos atrapados con las manos vacías en las redes de un poder privado de sentido que trasciende todo vínculo colectivo?

 



Todo esto prefigura la imagen de un tiempo, donde prima la cultura de lo efímero. Un mundo global interconectado, con alta tecnología en las telecomunicaciones, la telemática y la informática. Un ámbito donde se vive navegando cada día con millones de palabras absolutamente vacías de significados. Y, en un espacio como éste las personas no se han sentido tan solas y aisladas como ahora. Esto trae como consecuencia que la gran mayoría de los seres humanos conectados en Red viven rodeados de la mendicidad del significado y la vacuidad de la palabra. Un mundo en el que la algarabía y el desperdicio de la energía vital, se concatena con la degradación de la condición humana. Pero también podemos observar que el silencio y la soledad creativa, se convierten en privilegio de unos pocos <<iluminados>>. De ahí que se pueda deducir, que el resultado de la revolución tecnológica en las comunicaciones y la informática arrastre tras de sí, un montón de escombros, la pobreza del vocabulario y la sintaxis, las jergas y los clichés. Es probable –dice George Steiner-, que en la civilización de la radio, la televisión y el cine oigamos más y escuchemos menos.







Este acontecer no es algo nuevo para el hombre contemporáneo. Porque existen secciones cada vez mayores de los hechos y de las sensibilidades, especialmente en las matemáticas, las ciencias exactas y las artes no representativas, que trascienden la expresión verbal y la paráfrasis. En consecuencia, el <<logos>> clásico da paso a un <<logos>> nuevo, que depende de la matemática, la informática, la telemática y la imagen gráfica en movimiento. Existe, entonces, una correlación entre la imagen gráfica en movimiento y los nuevos lenguajes digitales. Así pues, la praxis política actual, por ejemplo, es más una cuestión de publicidad, de marketing o de estadística, que de principios y formulaciones programáticas. O, en otros términos, que obedezca a las verdaderas necesidades materiales, psicológicas o morales de la sociedad.



Esto ha generado en el electorado de la política de masas, una especie de cansancio e indiferencia de la retórica política. Es inevitable que los ciudadanos que no militan en los partidos y movimientos políticos, la inmensa mayoría, se desentienda de sus pugnas y rechacen sus modos y ejercicios. En otras palabras, la libertad, la igualdad, los derechos fundamentales de las personas -el respeto a la diferencia, al color de piel, a la  religión, a lengua, a la dignidad del ser humano, a suplir sus necesidades cotidianas y a la vida-; no pueden ser evaluados en términos cuantitativos, de eficiencia y de eficacia. Sino en términos cualitativos, de ser y existir dignamente como ser humano sobre la faz de la tierra. Porque en los últimos espacios de tiempo, los tecnócratas y las políticas neoliberales, no sólo están dando cuenta de la vida de las personas y los pueblos. Sino que desean convertir a los seres humanos en cifras y el telos siniestro que persiguen, no es otro que, la objetivación del ser humano. Esta mutación en el orden de la existencia, resulta preocupante para la democracia representativa y el Estado de Derecho.



 Por tanto, en los últimos espacios de tiempo, las tecnologías de la información y la imagen pictórica en movimiento, la publicidad y el consumo de masas, han acelerado el proceso de degradación de los recursos verbales de la política de masas. Porque la prevalencia de los medios técnicos de la información y comunicación en las sociedades actuales, vaciaron los contenidos espirituales de las palabras y las imágenes. Esta transformación de la práctica política permite que los dirigentes mundiales sean más insensibles e indiferentes a los problemas de los ciudadanos.



Sabemos, en efecto, que la cultura y la civilización de Occidente, es fundamentalmente lingüística. Ahora bien, si se degradan  los contenidos espirituales del vocabulario y los recursos verbales de la comunicación, inexorablemente se altera la naturaleza y el fin de la política. Por eso y sólo por eso, no es indiferente a un mundo enloquecido por la imagen y la palabrería hueca. Pero virulentamente contagiosa. Ya que en las democracias esta idea se concatena, con la vacía verborrea de los debates parlamentarios.



De ahí que George Steiner diga que, a esta devaluación de la palabra política, le agreguemos la monstruosa inflación y malversación de la dicción que han privado de voz a la verdad. Porque al vaciar su contenido mágico, misterioso o laico, que acompañaba al lenguaje religioso, la sabiduría y la experiencia en las decisiones que afectaban a los pueblos. Se pudo constatar en el transcurso del Siglo XX, su configuración malévola y diabólica en las diferentes formas de autoritarismo y totalitarismo de las sociedades occidentales. Por tanto, centro Europa y Occidente en general, fueron ámbitos donde la tortura, el fusilamiento, el secuestro político, la desaparición forzada, los desplazamientos, las matanzas, los campos de concentración, la violación de los derechos humanos, derrumbaron los cimientos de la verdad y del humanismo político.



Este mapa de la condición humana y de la praxis política, prefigura en los umbrales del Siglo XXI, la prevalencia de la gramática del miedo, el dolor y la muerte, sobre la Gramática de la vida. Me atrevo a pensar que existe una relación intrínseca entre el predominio de la comunicación e información electrónica y simultánea, y una balcanización de las culturas y las civilizaciones actuales. De ahí que Steiner tenga razón cuando dice que, esta atmósfera propaga hondas de choques tan constantes, tan puerilmente seductoras que saturan la conciencia, logran la <<antimateria>> de la palabra respecto a aquello que concierne a su responsabilidad y al deseo de verdad.



Así pues, desconcertados y anonadados asistimos a una época de tránsito y, por ende, llena de zozobra y angustia por lo porvenir. Un ámbito donde el mundo dineral, las relaciones de fuerza, la política de masas, los medios técnicos, determinan la economía de la existencia. Somos parte, entonces, de un tiempo en el que los valores supremos se están sustituyendo por valores efímeros. Esos que heredamos de nuestros mayores y permanecen en el recuerdo y la memoria. Son los que afectan a la condición humana y definen la naturaleza del hombre -la solidaridad, el amor, la amistad, el respeto a la otredad, la libertad, la verdad, el bien, lo justo, lo bello, etc.-. En esta alta civilización abstracta, o de <<cultura de lo efímero>>, los contenidos del espíritu, la intuición, la sensibilidad, la analogía universal, la imaginación creadora de <<formas>>, o las reflexiones del pensamiento, salen  mal parados. Porque el predominio del cálculo, la cifra y la razón instrumental de acuerdo a fines, devienen en individuo diluido en las redes de la globalización.



Esta mutación en los últimos espacios de tiempo, transformó el orden de la existencia en general. Porque facilitó, entre otros, la dispersión de la coherencia interior del individuo, la desestructuración del sujeto, la dispersión psicológica de la persona individual, la distancia psicosomática de la gran ciudad, el auge de las megalópolis con sus flujos sociales, económicos, culturales, lingüísticos o raciales, etc. Y se convirtieron en punta de lanza de una civilización con patrones comunes compartidos en todo el mundo. Esta no es otra, que la <<civilización del espectáculo>>. De modo que la persona singular deviene en ser despersonalizado en las redes del cálculo económico, la planificación racional de la política y del Estado. Nos preguntamos, ¿qué teje y desteje el mundo dineral, la política y la técnica, en las redes de las lenguas globales? La concatenación entre la nueva voluntad de poder y el confort técnico. Pero donde más se observa este tejido, es en las sociedades con un alto desarrollo científico y tecnológico.



En los frontispicios del siglo XXI, estamos asistiendo a cambios tan sutiles e imponderables, que trascienden los contornos de la existencia individual. Son mutaciones en el orden del ser y el existir, que afectan la naturaleza de la existencia individual. El cuerpo, por ejemplo, no sólo está  abandonando el lugar del sentimiento, la magia de la materia animada, sino que se está convirtiendo en un ámbito de emplazamiento, de lucha, de fuerza y dominio del ser humano. Por tanto, en la medida que se objetiza y se convierte en campo de batalla y de deseo, responde a <<centros de mando>> que lo dominan a gran distancia. La voluntad de poder y la técnica, atraviesan, circundan y trascienden, el cuerpo humano. Este entonces se transforma en objeto que responde a los espejismos del poder, a la técnica y a las finanzas internacionales. En este orden, la moda, el deporte, el sexo, la droga, el alcohol, la religión, etc., lo confirma. De ahí que el terrorismo internacional lo convierte en puesto de avanzada. Donde el hombre es capaz de entregar su vida en sacrificio.



El desarrollo de los procesos científicos y la técnica, no sólo convierten al cuerpo en objeto, sino que la técnica se transforma en prolongación de los sentidos. Los marcapasos, el chip subcutáneo que se utiliza para controlar ordenadores con el pensamiento, etc., son ejemplos de ello. El ser humano entrega cada vez más, una porción de su libertad, en nombre de la necesidad. Entonces, ¿que persigue el entramado de la técnica y el ejercicio del poder? Controlar, por supuesto, el cerebro humano; controlar no sólo su estructura, sino también su función. Porque sí se controla el cerebro humano, se detenta el poder.



Ernst Jünger nos recuerda en el texto <<La Tijera>> que: <<El movimiento no es tanto de avance cuanto de rotación; de ahí que hasta ahora ese movimiento ni haya formulado unas metas precisas ni haya producido tampoco un mando supremo concreto. Lo que hay son centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ellas>>. Por eso, las personas formadas para pensar han de estar alertas, para que los <<centros de mando>>, no diluyan en sus redes la existencia individual. Y, conviertan la vida en un baile entre rosales.





Ahora bien, somos parte de la era de la movilidad, la técnica y el automatismo. Entonces, ¿para qué poetas en tiempos de ayuno espiritual? Eso llenaría de consternación a Hörderlin. Pero en una época abstracta y de relaciones artificiales, <<quien continua siendo indispensable es el filósofo; a él le toca afianzar a la persona singular en su rango propio, en ese rango que no podrá arrebatarle ningún siglo>>, tampoco el siglo XXI, con sus amenazas. <<Cada uno de los siglos tiene su forma propia de ataque – el XVIII, la subordinación, el XIX, la proletarización, el XX, la numerificación>>. Pero en el siglo XXI, la persona individual ha de saber si se entrega o no al reinado de los titanes -del técnico o del colectivo técnico-, porque participar de él entraña peligros, pero también produce satisfacción. Tal como están las cosas, el siglo XX volvió absurda la teodicea y la teología. Porque durante su transcurso no hicieron parte de los ritos de los Parlamentos ni de los Estados, y el derecho y la moral, se subordina muchas veces a la fuerza del poder. <<También en esto hay que hacer una salvedad –dice Ernst Jünger-: la técnica, en especial la técnica de la física y la biología, ha alcanzado un nivel que la acerca a la trascendencia>>.



En los frontispicios del siglo XXI, estamos observando un avivamiento espiritual de tal magnitud, que sus contenidos espirituales están rodeando nuevamente como un cinturón eléctrico, al globo terráqueo. Porque lo que se necesita son buenos maestros sobre las cuestiones fundamentales de la vida. Ya que de las universidades sólo se pueden sacar títulos de <<know how técnico>>: personas con pericia o experiencia en conocimientos técnicos, pero ignorantes en lo que significa, qué es el bien y el mal, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto. Esa dimensión humana que posibilita que la estética sea la madre de la ética.



Se trata que los pensadores no sean aficionados a la política ni a la economía, o que los historiadores no sean sólo peones del periodismo. Sino la conciencia crítica del mundo y la realidad en la que viven. Porque los <<centros de mando>> distribuidos en las redes globales y un número determinado de personas, presentan los problemas que nos afectan –la producción, distribución y consumo de droga, el alcoholismo, la superpoblación, con los fenómenos marginales que acompañan, el desempleo, la criminalidad, el terrorismo, el hambre, las enfermedades, la violencia, la guerra, etc., como insolubles. <<Es manifiesto que hemos exagerado –dice Jünger-, y ello también éticamente, el valor del progreso. De ahí, asimismo, esa vuelta a los sistemas lineales a los cíclicos; lo que a estos últimos les corresponde en el mito es el titanismo con su eterno retorno>>.



Bueno bien, la atmósfera que respiramos se asocia a la angustia mundial de que los problemas son insolubles. Pero no podemos olvidar, que el <<Estado mundial está coordinado con dimensiones cósmicas>>. Así pues, habrá solución <<cuando encajen bien los hechos que están en su base y surja así una estructura nueva, un sistema nuevo>>. Esto cobra validez tanto en el orden del capital bancario y financiero internacional, como en un nuevo orden entre los Sujetos Internacionales, bajo la luz del Derecho Internacional y el buen hacer de la Organización de las Naciones Unidas. <<Pero es algo que hay que observar –dice Jünger-, por doquier en la Naturaleza y también en la sociedad. Grandes fuerzas como la gravedad y el magnetismo, pero también pólemos y eros, la lucha y el amor, se cuidan de ello. No hay luz sin sombra; toda marea alta va seguida de una marea baja>>.



Una idea que va asociada a esta alta civilización técnica y de masas, es la de que somos parte de la era de la movilidad, la tecnología y el automatismo. Porque inciden en la política, la economía, el Estado, la cultura, y todas las formas de vida. Sí en la gran ciudad se habla el lenguaje de la civilización actual, la cultura que prima es la del artificio. Por eso, teje y desteje cada instante, cada hora, cada día, relaciones de movimiento. Un ámbito donde los individuos se convierten en átomos de las redes sociales. Un mundo donde se habla una lengua enteramente diferente, porque el <<logos>> está situado en su parte material. Y, la traza que deja tras de sí es enteramente constructiva, porque sustituye a los contenidos espirituales de la lengua natural. Por eso, los modos y los medios por los que se expresa, son los mass-media, Internet y la imagen gráfica en movimiento.



Para no ser arrastrado por la corriente del tópico y el lugar común, y poder recabar para sí las fuerzas propias del hombre, es necesario salirse de las abstracciones, de las funciones, de las divisiones del trabajo, la especialidad, el consumo masivo. De esa manera no sólo rompemos con el mundo del artificio, sino que nos ponemos en relación con la totalidad, con lo absoluto y las fuentes del espíritu, que emanan de nuestro interior. <<Y en todo ello hay un sentimiento de dicha>>. Porque cuando se <<realza la dignidad de lo bello -dice el escritor Rafael Argullol-, se desnuda la abyección de lo mezquino y lo corrupto>>.



Se trata de romper el tópico y el lugar común, para escuchar la invitación de Walter Benjamín: <<a una escucha poética del mundo alternativa a la metafísica>>, a la tecnología y la política. De oponerse al agotamiento de la Tradición, la memoria y el recuerdo, porque <<sólo la facultad de las cosas de ser citadas podrá sobrevivir a la crisis de la transmisión>>. Porque <<escribir la historia significa –dice Benjamín-, por tanto, citar la historia>>. Se trata de sondear en la profundidad del mundo y la realidad, <<un modo de beber en la esencia de las cosas intentando <<nombrarlas>> más que hablar de ellas>>. Y que existe, en efecto, un sendero que nos ayuda a romper el círculo vicioso del que somos parte: <<y ese sendero no es otro que la obra bien hecha>>.



Quizá estemos en los umbrales de un tiempo sin memoria, sin recuerdos, sin reflexiones del pensamiento, de duración indefinida. En un tiempo de <<escenas significantes>> y de <<actores insignificantes>>. Esto desvela el elemento fundamental del malestar general. Pero en el siglo que acaba de empezar le toca al hombre de carne y hueso advertir si se entrega completamente al poder del titanismo o desgarra el velo del decorado de teatro para conjurar los peligros que entrañan sus espejismos. Por eso se hace necesario trabajar en el interior del hombre, recurrir el advenimiento de los Dioses y las Musas, para darle un giro al reloj del tiempo. Y empezar a beber de las fuentes del espíritu que tanta falta hace en estos tiempos de ayuno espiritual.



Pero, ¿qué importa realmente en el Zeitgeist, el Espíritu del Tiempo y sus juicios? Las preocupaciones teológicas y que la Religión -la Redención y la Revelación-, sigue siendo a pesar de todo el <<orden supremo>>. Ahora bien, ¿Cuál es la tarea del teólogo en esta alta civilización tecnológica y abstracta? Hacer vislumbrar al ser humano –dice Ernst Jünger- cuáles son las cosas de que está despojado, aun en la mejor de sus situaciones, y cuáles son las cosas poderosas que en él se hallan latentes. Entonces, ¿quién es el teólogo en un mundo de espejismos artificiales como el nuestro? El que conoce allende de la economía inferior la ciencia de la abundancia, el enigma de las fuentes eternas, las cuales son inagotables y están siempre cerca. Es el sapiente, el que porta en sí, la sabiduría del mundo, pero también lo oculto allende del tiempo y los cielos estrellados. Es el que desentierra los tesoros ocultos y los entrega a los hombres como un presente divino.



Por tanto, en las inflexiones de los tiempos presente, donde el colectivo técnico y el mundo de ese colectivo, la economía dineraria y el ejercicio del poder, determinan el orden de la existencia. Se hace necesario sacar al mundo de sus goznes y hacer un giro copernicano, para que el sentido de realidad, el mundo y la vida, se ubiquen en el interior del hombre. Para que el Dios uno, y el canto de las Musas, posibiliten al hombre con la antorcha de la palabra en la mano, conquistar los reinos que ahora gobiernan los titanes y el mundo del titanismo. Para realizar esta tarea hacen falta hombres fuertes en el espíritu.




                                
          Bibliografía          


Ernst Jünger. La Tijera. Tusquets Editores, S.A. Barcelona 1997.

Ib. Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943). Tusquets Editores, S.A. Barcelona 2005.

Ib. Ib. La emboscadura. Tusquets Editores, S.a. Barcelona 2002.

George Steiner. Extraterritorial. Ediciones Siruela, S.A. Madrid 2002.
Pierre Bouretz. Testigos del futuro. Filosofía y mesianismo. Editorial Trotta, S.A. Madrid 2012.