lunes, 3 de noviembre de 2025

 

                                                              Hannah Arendt

                                  El humanismo: el juicio como capacidad del gusto  

                                               Madrid-España a 03/11/2025

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Hannah Arendt en el texto Entre el pasado y el futuro (Ocho ejercicios sobre la reflexión política) nos recuerda que la actitud del griego antiguo, liberado de las necesidades biológicas, dedica su tiempo libre al pensar, la poesía, el arte, la política y la esfera pública. O, en otros términos, al pensamiento, la acción y la estética. Es decir, la vida en la poli como ser libre. De ahí que se dieran cuenta que, la estética es la madre de la ética. La esfera de la ética es el principio de acuerdo consigo mismo.

Lo descubrió Sócrates, tal como lo formuló Platón, y está en la siguiente expresión: “Es… mejor que muchos hombres no estén de acuerdo conmigo y me contradigan, antes de que yo, que no soy más que uno, esté en desacuerdo conmigo mismo y me contradiga”. De esta frase nace la ética occidental, con su acento en el acuerdo con su propia consciencia. (Arendt).

Es en la Crítica del juicio donde Immanuel Kant lleva a cabo un punto de inflexión a partir de la capacidad del gusto. Que sólo estaba referido a fenómenos estéticos y considerado ajeno al campo político y al de la razón. Entonces descubre que, en los juicios estéticos, como en los políticos, se adopta una decisión de que el mundo mismo es un dato objetivo, algo común a todos los habitantes. (Arendt).

La capacidad del gusto posibilita ver y mostrar las cosas que pueblan al mundo, independiente de su función y utilidad. El gusto juzga al mundo en sus apariencias y en su mundanidad (más allá del interés privado del ser humano). Para los juicios de gusto su interés se centra en el mundo y no en el hombre y su vida privada. (Arendt).

      Descubrió Kant que, en los juicios estéticos, tanto como en los políticos, se adopta una decisión.

Además, los juicios de gusto comparten con las opiniones políticas su persuasividad; que tiene como meta buscar un acuerdo con los demás. Que permitan persuadir por la palabra y el gusto, como “formas” de la práctica política. Un ámbito donde las persones hablan entre sí para llegar acuerdos y consensos sobre la vida pública y el mundo en común.

Arendt dice al respecto: la cultura y la política, pues, van juntas porque no es el conocimiento o la verdad lo que en ellas está en juego, sino más bien el juicio y la decisión, el cuerdo intercambio de opiniones sobre la esfera de la vida pública y el mundo común. (Arendt). El gusto como actividad de una mente cultivada –cultura animi- le quita la barbarie al mundo de lo bello, porque no se deja abrumar por ella. Se preocupa de la belleza según su modo “personal” y, así produce una “cultura”.

El mundo de la belleza (obras de arte, partituras musicales, un poema, una novela, un atardecer, etc.), se oponen a la barbarie política, al odio, la mentira, las injusticias sociales o humanas. Es un mundo que dignifica la condición humana y exalta el Humanismo. El gusto es la capacidad política que humaniza la belleza y crea una cultura. La belleza posibilita que el hombre despierte la imaginación, la capacidad de asombro, de interrogación y de juicio.

    Es el ámbito de la vida humana donde se devela el Humanismo: la semejanza entre los hombres.

Sabemos que el humanismo y la cultura es de origen romano; se refiere al sentido romano de humanitas, de humanidad, a la integridad de la persona como persona. Porque en él se sacrifica el valor humano y la categoría personal, junto con la amistad, en aras de la primacía de una verdad absoluta. En traza de Cicerón podemos ver la exaltación que hace Arendt del humanismo y del humanista.

En Cicerón al verdadero humanista, ni las verdades de los científicos ni la verdad del filósofo ni la belleza del artista pueden ser absolutos; el humanista no está especializado y ejercita una facultad de juicio y gusto, que está más allá de las acciones que cada especialidad nos impone. Esta humanidad romana se aplicó a todos los hombres libres en todos los sentidos, para quienes el problema de la libertad, de no sentirse coaccionado, era decisivo, incluso en la filosofía, las ciencias y las artes. (Arendt).

Un hombre libre es no estar coaccionado en su asociación con los hombres y los objetos, ni por la verdad ni por la belleza.

                                      Cicerón

El gusto de una mente de verdad cultivada –cultura animi- que se puede confiar en ella para que se ocupe y cuide las cosas que pueblan el mundo, cuyo criterio básico es la belleza. Este humanismo es el resultado de la cultura animi, de una actitud que sabe cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo. (Arendt). Una mente cultivada se preocupa no sólo de las cosas, sino también de los seres que lo rodean y, en especial, de los demás seres humanos. Por eso el humanista se preocupa por la verdad y la belleza; pero no por lo absoluto que se quiera imponer a través de ellas.

Aquí un punto de contradicción entre una mente que todo lo convierte en “valor” de cambio y una mente, que trata de ocuparse y cuidar el mundo natural y lo hecho por el hombre. El humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre las actividades puramente políticas y las de pura elaboración. (Arendt). Porque en él no prevalece el ejercicio del poder y la función o, la utilidad de las cosas, sino el dialogo, el consenso, el acuerdo y la cualificación de la vida personal.

Eso que eleva en libertad a la esencia del “ser” y del “existir”. En otros términos, le interesa la cultura, el cuidado de las cosas del mundo, la amistad, la fraternidad, la ternura que comparte entre los seres humanos, el pensar y la búsqueda de un mundo más humano, libre y solidario.

Admiro que Arendt, en una civilización de alto desarrollo científico y técnico, de capitalismo global y políticas de bloques, se preocupe por la libertad y el humanismo. Y diga siguiendo las ideas de Cicerón: como humanistas podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista. Como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que debemos conocer y buscar. Así logramos estar por encima de las ideas y las acciones del filisteísmo, siempre que aprendamos ejercer nuestro gusto con libertad.

La libertad para Arendt, no es un Don divino ni natural al hombre, sino que se adquiere en las relaciones que establecemos con los demás, con los seres que vivimos en comunidad y hacemos del mundo algo común. El problema está en que el hombre entregue su libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual y, cuando falten estas, quede desvalido.

El humanista, en cambio, se propone llevar adelante una lucha, una lucha que para algunos no tiene ningún valor. El humanista posee una relación originaria con la libertad, con el tejido del cuerpo social; de ahí que se opone a todo automatismo, a todo autoritarismo, a todo populismo político, económico, social, cultural y, a las especialidades que niegan el libre conocer y buscar.

Si la contemplamos de ese modo, no dejará de hacérsenos evidente el papel desempeñado por el humanista en el conflicto entre el hombre de Estado y el artista, sino también en sus pensamientos y la apreciación estética de la existencia y del mundo. La realidad de estos años que estamos atravesando hacen del humanista algo esencial para confrontar todo tipo de coacciones y determinismos que atenten contra la libertad.

Así elevarse en libertad sobre el automatismo y el Gran Poder, significa reservarse la decisión propia y que el gusto por el mundo y las cosas que lo pueblan, nos ayuden a precisar nuestra condición estética y ética.

El lugar de la libertad es diferente al de todo autoritarismo, populismo o dogmatismo, porque ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo y trascender los muros de contención del Gran Poder. El humanista que cree en el ser humano y la libertad que le es propia, emprende la tarea de encontrarle sentido a unos acontecimientos históricos, políticos, sociales y culturales. Que dejan a la vera del camino muchos sufrimientos, dolor, miedo, muerte y, se convierte en piedra de escándalo.

El hecho de que el hombre de hoy, el hombre masa renuncie en amplia medida a la libertad, no significa que el hombre de –cultura animi- de la mente y del espíritu, también lo haga.

Como expresó Ernst Jünger: “De ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario si no queremos entregarnos a meras ilusiones. La libertad viene a la vez que lo necesario y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La libertad, en cambio, aunque siempre se encubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal”.

¿Qué pensaban los romanos que era una persona culta? La que sabe cómo elegir compañía entre los hombres, entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado.

                                                                                       Arendt

 

                                          

viernes, 31 de octubre de 2025

 

                                                       Byung-Chul Han

Fragmentos sobre el discurso del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025

                                                                        Madrid-España a 30/10/2025

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Byun-Chul Han es un filósofo alemán de origen surcoreano. Profesor de la Universidad de las Artes de Berlin. Nació en Seul, Corea del Sur en 1959. Sus libros, “La sociedad del cansancio, La expulsión de lo distinto, El aroma del tiempo, La sociedad de la transparencia”, etc., publicados en España por Editoriales como Herder y Taurus. Es un pensador que ha reflexionado sobre la sociedad contemporánea desde diversos puntos de vista: El neoliberalismo, el Sistema del Capitalismo Global, el tiempo, la transparencia, etc. Y, su repercusión en el comportamiento, la mente, el lenguaje y el pensamiento.

Han reflexiona sobre la «transparencia» como norma cultural creada por el mercado neoliberal, que él entiende como el insaciable impulso hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de información que raya en lo pornográfico. Según Han, los dictados de la transparencia imponen un sistema totalitario de apertura a expensas de otros valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad. Se rebela contra el capitalismo digital y lo desarrolla en sus textos como resistencia política.

Para Han los tiempos del otro o, de los otros, han pasado. El otro como amigo, como hermano, como comunidad, como misterio, etc., están dando paso a lo igual. Lo igual en todos los ámbitos de la sociedad, que pasan como crecimiento, esconden tras de sí las enfermedades patologías del cuerpo social. En la actualidad lo que enferma a la sociedad, no es el extrañamiento, la alienación, la prohibición y la represión, sino el exceso de información, la sobreproducción y el consumo excesivo. Por eso la expulsión de lo diferente y de lo otro del cuerpo social, repercute en las enfermedades mentales, la depresión y la autodestrucción.

“La psicopolítica es el sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, que reprime y expulsa, utiliza un poder seductor, inteligente, que busca que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación”. ​

                                                                 Byung-Chul Han

Han es consciente que somos habitantes de un mundo, donde estamos interconectado las veinte y cuatro horas del día y, vivimos una existencia vacía de contenidos espirituales, de experiencias. Los movimientos del pensar no expresan ni comunican, la esencia del ser, del hombre y del lenguaje. Esta deriva del mundo contemporáneo, analizada y criticada por pensadores como Michel Foucault, Zigmunt Bauman o Guy Debord, muestran en la Cultura de lo efímero o, la Civilización del espectáculo. Un malestar contemporáneo que la filosofía toma como objeto de crítica y de análisis.

Nos estamos convirtiendo en una prolongación de los instrumentos técnicos, de los teléfonos móviles, de los ordenadores y de las imágenes <pictóricas> en movimiento y de los lenguajes digitales. Y esto repercute en las capacidades mentales (la concentración, la lectura de textos complejos, la capacidad de asombro, la curiosidad, etc.). Que repercute en la esencia del ser humano, el lenguaje y el pensamiento. Porque “la utilización espontanea del lenguaje define al hombre”.

También porque el pensamiento es una forma del lenguaje. Como expresó George Steiner: “Lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles”.

Los filósofos en la historia de la cultura occidental han relacionado la capacidad de volar, la música y el amor. “Heidegger dice que el pensamiento lo eleva el ala de Eros y esa ala permite llegar a un lugar que todavía no ha pisado nadie, a un espacio que nadie ha experimentado” –nos recordaba Byun-Chul Han, en la entrevista que concedió al periódico el País por la concesión al premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025.  Para Platón –dijo- Eros nos acerca a la idea de lo Bueno y lo Bello. Que significa despegar y volar hacia el cielo de las ideas.

Somos parte de la sociedad “del trabajo, del rendimiento, de la comunicación, del electorado, del consumo”. No somos capaces de ver, analizar, criticar o, pensar el mundo y la realidad. No estamos educados para ello y, más que todo, no tenemos cultura, cultura general. El alimento del espíritu y del pensamiento, es escaso, lo posee una “selecta minoría”.

Los medios de comunicación de masas, las plataformas digitales y las redes sociales, exaltan lo banal, lo fútil y vació de contenidos espirituales, en detrimento de lo que tiene sentido y posibilita la capacidad de interrogación, de crítica, de análisis, al tejido vivo de la existencia, del mundo y la realidad.

Ahora por la algarabía de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, se deteriora la sintaxis, la gramática, “el estado transitorio e inestable del tiempo y la identidad personal, del yo y la muerte física, influyen en la condición y las posibilidades del lenguaje. Si los <<universales históricos>> cambian, si las estructuras sintácticas se modifican, se modifican también las formas de comunicación” –indicó George Steiner en Extraterritorial. Por eso “considerando estos niveles de transformación, el discutido papel de los medios electrónicos”, de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, son apenas un síntoma secundario.

Estamos en una dinámica en la vida cotidiana, donde los instrumentos técnicos y el capitalismo global, determinan el devenir de las sociedades y de la Humanidad. Donde la aceleración, “la cultura del rendimiento”, la artificialidad y la tecnificación de las relaciones personales y sociales; también la existencia, el hiperconsumo, la mercantilización del sistema del capitalismo global, están alterando la naturaleza esencial del ser humano. Que traen consigo disfuncionalidades físicas y psicológicas. Como la ansiedad, la depresión, la soledad, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y la esquizofrenia. A la vez, las enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas, la diabetes y el cáncer.

Así, los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento y el teléfono móvil, nos convierten en agentes depresivos. Somos una extensión de los instrumentos técnicos y del teléfono móvil. Esta transformación de la naturaleza humana, nos induce a perder el sentido de realidad, la relación con el otro y con el mundo en general. ¿Qué suministran las plataformas digitales a sus usuarios? Información. Lo que suministra y recibe el ser humano, es información. Por tanto, “el poder, la riqueza y el significado de la riqueza pasan de tener mucho dinero a tener muchos petabytes de información”. –dijo Yuval Harari en <<Nexus>>.

En la actualidad las grandes empresas y el poder que representan en las sociedades y las naciones, están determinados por la cantidad de información acumulada. Ellas obtienen lo que desean a cambio de información. O, en otros términos, la información nos sirve para comprar bienes y servicios. Así mismo, manipulan, coartan, vigilan o, alteran los estados de consciencia del ser humano. Que responden al ejercicio del poder de las plataformas digitales y los Estados técnicos.

Dice Han: “Necesitamos que se calle la información. Sino acaba explotándonos en el cerebro. Hoy percibimos el mundo a través de las informaciones”. Porque de lo contrario, “se pierde la vivencia presencial”. Nos estamos “desconectando del mundo de forma creciente. Vamos perdiendo el mundo”. Como dijo Walter Benjamín: “De qué nos sirve la experiencia, sino va unida a ella la educación”.

Ahora bien, ¿cuál es el papel del filósofo en el mundo que vivimos? Dice Han: “El papel del filósofo, según Platón, consiste en despertar, criticar, incomodar y exhortar a los atenienses”. Esa misión socrática de la filosofía, la han interiorizado los filósofos en el devenir de la cultura occidental. Se trata de ¡Despertar! a los demás seres humanos, para que perciban el gesto estético, la experiencia y el pensar, del mundo que vivimos.

Han cree que el sistema económico neoliberal nos posibilita vivir una libertad ficticia: “Hoy pensamos –dice- que somos más libres que nunca. En realidad, vivimos en un régimen neoliberal despótico que explota precisamente la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria gobernada por la prohibición y la orden (tal como lo percibe Michel Foucault y Guilles Deleuze), sino en una sociedad del rendimiento que se cree libre y está regida por el poder “hacer”. Pero ese poder sin límites sólo al principio produce una sensación de libertad; pronto genera más coacción que los antiguos “debes”.

Han no está en contra del teléfono móvil ni de la digitalización, que pueden ser herramientas muy útiles. Pero piensa “que somos nosotros seres humanos, quienes nos hemos convertido en su herramienta. El Smartphone nos usa a nosotros y no al revés. No es que el Smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos su producto”. Pienso que la tecnología contiene en sí misma, en la esencia que la determina, relaciones de poder y de saber, que responden a las minorías que gobiernan el mundo. Por ejemplo, a Silicón Valley y a los Estados técnicos como Estados Unidos, Rusia o China.

El problema consiste en que la tecnología sirve al Gran poder económico y político, para difundir el odio, el racismo, la xenofobia, las fake news, y termina creando en las sociedades polarización, discriminación, al extranjero, al inmigrante, al negro y al blanco empobrecido. Han critica el determinismo tecnológico y piensa, que son los poderes públicos, quienes deben limitar a las tecnologías. “La tecnología sin control político, sin ética, puede adquirir una forma monstruosa y volver a esclavizar al ser humano”. De ahí la crítica a la IA generativa, que como agente pueda sustituir algún día al ser humano, en las tomas de decisiones y de pensar por sí misma.

Para implementar y conservar la democracia, recuerda a Alexis de Tocqueville, donde se necesitan virtudes y valores universalistas como “el sentido común, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto”. Sin esas virtudes la democracia se convierte en algo vacío y sin sentido. Es decir, se convierte en un aparato que legitima y legaliza un determinado poder, y no se gobierna desde sus instituciones para alcanzar la justicia social, la legalidad, los derechos fundamentales del hombre, el respeto al otro, a la diversidad y al pensamiento.

La democracia debe garantizar la libertada en todas sus acepciones: libertad de escribir, de pensar, de criticar, religiosa, económica y política.

Por eso la política no ha de reducirse a luchar sólo por la consecución del poder, a la aclamación en los parlamentos, al electoralismo, sino responder a las verdaderas necesidades materiales, espirituales, éticas y culturales de las sociedades. Porque la creciente desigualdad económica y social, educativa y cultural, conduce a la sociedad a la seducción del autócrata, del populista y del demagogo. Que genera violencia, odio, mentira y opresión.

El compromiso de la democracia y los demócratas es, luchar contra las injusticias sociales e individuales, el sufrimiento, el dolor, y ponerla al servicio de la libertad y de la verdad.

En las sociedades contemporáneas la vida toda, está determinada por la velocidad, el dinero, el poder, el lujo, las bellas materias, el consumo y los espejismos de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento. Existe una desestructuración del interior del sujeto, una devaluación de la zona de la sentimentalidad, de los valores éticos y morales, que dan sentido a la personalidad. El hombre en la actualidad no ocupa el centro del mundo, sino que deviene “colocado fuera de la obra, se ha salido de ella. Esta se ha vuelto autónoma” y, el hombre es cada vez “más sustituible y prescindible”.

       Hemos olvidado las enseñanzas del mito y las Grandes religiones:

Que “en las cosas visibles están todas las indicaciones relativas al plan invisible” –dijo Ernst Jünger

En la sociedad contemporánea todo se convierte en “valor”, (la amistad, el amor, el sexo, el lujo, el consumo masivo, aún la educación y la “cultura en general”), es decir, en “un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales”. En otras palabras, todo se “convierte en valor de cambio, los valores culturales reciben el mismo trato que cualquier otro valor”; son “valores de cambio y al pasar de mano en mano se desgastan como monedas antiguas”. Como dice Hannah Arendt: “Así perdieron la que en su origen es la facultad peculiar de todos los objetos culturales: La facultad de captar nuestra atención y conmovernos”.

Somos parte de una época en que “el mundo se asemeja a un inmenso centro comercial donde todo se puede consumir. El scroll infinito promete información sin límites. Las redes sociales hacen posible una comunicación ilimitada” –dijo Han en su discurso por el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. Por la vorágine de la conectividad digital y de imágenes en movimiento, las relaciones de sentido seden su espacio a las relaciones artificiales, que obedecen a la Cultura del artificio. En las esferas de la vida, los vínculos reales y sentimentales, son débiles, vacíos y parece que hemos perdido la empatía.

Somos consciente que el Sistema Capitalista Global y, en particular, el neoliberalismo, deja tras de sí un montón de escombros humanos y materiales, tirados a la vera del camino. Deja un vacío en el interior del ser humano, que no se puede llenar con ideales, ni valores éticos ni morales, tampoco con la educación y la cultura en general. El neoliberalismo deviene en destrucción de las vidas de los seres humanos, de la naturaleza, de los mares, de los ríos, de los polos, e induce a vivir en el mundo del fuego, que es el mundo de la técnica, del poder y del dinero.

                                                  De ahí que:

“Nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”.

                                                           Ernst Jünger.

El pensador, el artista, el músico, el poeta, el novelista, el ensayista, etc., causa irritación por lo que dice y piensa; más a los que ejercen el poder político, económico, social y cultural. Como expresó George Steiner: “Hoy es cada vez más difícil <<ser uno mismo>>, encontrar un espacio diferenciado para el idioma, el estilo y la sensibilidad. Bajo la presión del embolo de los medios de comunicación, (las redes sociales) y la publicidad, hasta nuestros sueños se han uniformado”. Así que, “sólo en secreto celebramos la insolente maravilla del yo; sólo en secreto aspiramos - ¡oh enigma de la sensualidad! - el olor de nuestra propia inmundicia”.

Es algo evidente en los tiempos actuales, que la Cultura de lo efímero y las Nuevas utopías de lo inmediato, “les resulte fascinante que nuestras vidas sean insignificantes y estén destinadas al olvido” y que el presente-actual sólo se proyecte en los instrumentos técnicos, los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento.

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 21 de octubre de 2025

 

                               La importancia de la literatura y de las humanidades en general

                                                                 Madrid-España a 20/10/2025

  A la memoria de los profesores, de las aldeas, los pueblos y las ciudades de mí país y del mundo.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

El escritor Antonio Scurati en la ceremonia de concesión de la medalla del Circulo de Bellas Artes de Madrid 2025, decía refiriéndose a Albert Camus y el compromiso de la literatura con el mundo actual. “Respecto a la naturaleza del compromiso con el que la literatura debía contribuir a impedir la destrucción, el autor de El extranjero y La peste no tenía dudas: ponerse al servicio de la verdad y de la libertad, rechazar la mentira y resistir a la opresión”.

También preguntaba, “¿qué significa servir a la libertad en una época en la que la política soberanista triunfa por doquier reivindicando de manera obscena la libertad de suprimir y humillar la libertad ajena? ¿Y cómo podemos servir a la verdad en una era de posverdad, cuando no se trata ya de contrarrestar la falsedad, sino de evitar ahogarnos en una avalancha mediática de emotividad, prejuicios e ideología que niegan en su propia raíz los hechos objetivos, la ciencia y el conocimiento?”

En el mundo actual la posverdad se ha convertido en fundamento de las creencias colectivas, que niegan y sustituyen la relación con el mundo y la realidad. Porque las informaciones llanas y simultaneas de los medios masivos de comunicación, las redes sociales, que informan a los sujetos receptores determinando su interés, no suministran elementos para la conducción de la vida o la orientación en la realidad. Que las relaciones de poder sostienen sobre el sistema general de la información, lo único que realmente interesa y es propiamente constante.

Así que, la verdad en este tejido de información fugaz y pasajero, se convierte imperceptible e indetectable, irrelevante e inoportuna. Es decir, los que manejan el Poder Tecnológico y el Poder Político, superponen la falsedad sobre la verdad, mediante la alteración de la conciencia y de la zona de la sentimentalidad, con imágenes e ideologías que niegan los hechos verdaderos, el conocimiento y la ciencia.

En los Estados Modernos existe una relación intrínseca entre periodismo, novela y democracia. La novela se desarrolla en un ámbito democrático, que afirma que toda vida del ser humano merece ser narrada, con un lenguaje popular en consonancia con sus modernos antihéroes. La novela refleja al mundo y enriquece al ser humano a través de la ficción. También ofrece entretenimiento y fomenta el desarrollo integral de la personalidad. Además, es un registro histórico, social y cultural, que posibilita comprender otras épocas, realidades socio-políticas y culturales.

En la actualidad con el predominio de la técnica en los asuntos humanos, los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, paralizan las funciones del cerebro como la atención y las habilidades de lectura profunda de textos complejos. De ahí que los lenguajes digitales y las redes sociales, han generado un resurgimiento del analfabetismo literario, del análisis y la crítica de textos y de la realidad.

Por tanto, el declive de la capacidad de leer, se relaciona con el declive de las capacidades cognitivas y del lenguaje natural. La saturación de información digital y de las imágenes en movimiento, entorpecen el libre desarrollo de la imaginación y del lenguaje en general. Se olvida que, el pensamiento es una forma del lenguaje. Esto trae como consecuencia, la parálisis del pensamiento, del análisis crítico de la vida, la realidad y el mundo. En consecuencia, la memoria, la rememoración y los movimientos del pensamiento, no respondan a las necesidades morales, éticas, espirituales y materiales, del individuo y de la sociedad.

En la actualidad los discursos rupturistas, populistas, nacionalistas y autoritarios, que se diseminan en las redes sociales crean miedos paranoicos, creencias irracionales, emociones pasajeras, que aíslan a la joven generación y a la sociedad en general, de los umbrales del conocimiento y las experiencias. Que posibilitan desandar lo andado y develar el presente desde el pasado para comprender el futuro. Por eso los “analfabetos y las analfabetas digitales” responden a los discursos y las imágenes, agresivas y excluyentes del ejercicio del poder, que se implementan en las redes sociales, el periodismo y los medios de comunicación de masas.

                           Ahora bien,

“existe un vínculo, causal e histórico, entre el desarrollo de la literatura y el desarrollo de la democracia” -al decir de Antonio Scurati.

En la Época Moderna el estado de literatura, de poesía y de novela, está concatenado a la capacidad de leer, al advenimiento de las sociedades abiertas, al Estado de Derecho y los Sistemas democráticos. Como expresó Albert Camus: ¿en qué consiste la “misión del escritor”? o, ¿Cómo la literatura debe contribuir a impedir la destrucción del individuo, de la sociedad, del mundo y la realidad? Cuando se pone al servicio de la libertad, de la verdad, rechaza la mentira y resiste a la opresión. La literatura contribuye a formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma.

Porque el nacional-populismo en la actualidad, en nombre de la libertad nacional discrimina y oprime la diversidad de la libertad y de la vida. De ahí que la lectura, la literatura, la poesía, la pintura o, la cultura en general, se convierten en herramientas para desenmascarar las mentiras ideológicas y del ejercicio del poder. Por eso impulsan a aumentar la excelencia de nuestra naturaleza, hacer del hombre un ser más sensible y más inteligente.

A que la Cultura posibilite el perfeccionamiento del espíritu y de la vida. En la oscuridad y los espejismos de los lenguajes digitales o, de las imágenes, la Cultura contribuye a alcanzar la “dulzura” y la “luz”, en la armoniosa perfección humana.

Uno de los problemas del nacional-populismo separatista, consiste en que, mal interpreta el concepto de nación, de lengua, de identidad, de usos y de costumbres, como racional y lógico. “Y lo irracional en tanto engendro de lo irracional impensado presta curiosos servicios”: al racismo, la xenofobia, la discriminación, al odio y al autoritarismo. Creo que no podemos dejar de ser capaces de leer, de analizar, de criticar y de pensar, el mundo y la realidad, que nos ha tocado vivir. Porque existe una relación intrínseca entre lectura, democracia, periodismo, libertad y Estado de Derecho.

La vida de la joven generación se transforma de muchos modos –dijo Nuccio Ordine en “Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal”: “educando a los alumnos en la legalidad, la tolerancia, la justicia, el amor al bien común, la solidaridad humana, el respeto a la naturaleza y al patrimonio artístico, se realiza en silencio y lejos de los focos, un pequeño milagro que se repite cada día en cada escuela de cada país, rico o pobre, del mundo. Así que, la buena escuela la hacen ante todo los buenos profesores”.

Sabemos que la “escuela digital” produce en la mente de los estudiantes y en su capacidad de aprendizaje, transformaciones profundas. Pero no educa para la vida, el sufrimiento, la fraternidad, el amor, la amistad, la justicia, la libertad, el dolor, la muerte, la democracia y el Estado de Derecho. Sino para otros menesteres que responden a las Plataformas Digitales, al Gran Poder Político y al Poder Económico Digital, que entiende la escuela y la sociedad, como un vasto mercado que explotar.

Esta preocupación sobre la libertad, la verdad, la opresión, la educación, la cultura y la condición humana, no le incumbe sólo a quienes hacen parte de las ciencias humanas y la estética. Sino también a los que se desenvuelven en las esferas del derecho, la política, la economía o las ciencias positivas. Basta con recordar un pasaje de un artículo sobre la escuela de Albert Einstein, que reza así:

La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista. En mi opinión, esto es aplicable, en cierto sentido, incluso a las escuelas técnicas, cuyos alumnos se dedicarán a una profesión totalmente definida. Lo primero debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados.

Lo importante para los alumnos y los seres humanos en general, no es la meta, sino el viaje que debemos llevar a cabo para alcanzarla. Ilustremos esta metáfora con un poema de Costantino Cavafis (1863 – 1933):

 

                                                        <<ÍTACA>>

 

                                    Mantén siempre Ítaca en tu mente.

                                    Llegar allí es tu destino.

   

                                   Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.

                                   Es mejor que dure muchos años

                                   Y que viejo al fin arribes a la isla,

                                    rico por todas las ganancias de tu viaje,

                                    sin esperar que Ítaca te vaya a ofrecer riquezas.

 

                                    Ítaca te ha dado un viaje hermoso.

                                    Sin ella no te habrías puesto en marcha.

                                    Pero no tiene ya más que ofrecerte

 

                                    Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha

                                    burlado.

                                    Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,

                                    Ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

 

Como expresó Nuccio Ordine: “Sacrificar a una meta el valor intrínseco de la experiencia misma de la aventura del conocimiento significa empobrecer nuestro proyecto”. Así que, el ser humano siempre debe estar dispuesto al libre cultivo del espíritu y de su mente, de sus intereses y de su curiosidad. Tener presente, que la educación forma o deforma la individualidad para siempre.

Que educar en una atmosfera democrática y libre, que nos ayude alcanzar la libertad y luchar contra el autoritarismo, el fascismo o el Totalitarismo. Se ha apoyado en la historia de la cultura y la civilización moderna, en el estudio de las lenguas antiguas, la filosofía, la literatura, la música y el arte en general.

Que nos permiten percibir el valor intrínseco de la belleza y la función civil que el arte o las humanidades pueden ejercer en la formación de la identidad, del pensamiento crítico; como también en el fomento del crecimiento humano y cultural de un pueblo. Se trata, en última instancia, de valorar el patrimonio de la humanidad, porque la “dulzura” y la “luz”, la libertad y la dignidad humana. Está en todos y cada uno de nosotros.

 

 

 

                              

 

 

lunes, 22 de septiembre de 2025

 

                                                   El Autoritarismo Digital

                                                           Madrid-España a 20/09/2025

<<No está comenzando un tiempo nuevo, lo que está comenzando es otro tiempo, un tiempo diferente>>.  

                                                                          Ernst Jünger

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Somos parte de una época en la que los Poderes Tecnológicos se manifiestan contrarios al Estado de Derechos y al Sistema democrático (los derechos civiles, la tolerancia, las diferencias políticas, la dignidad e integridad de la persona humana, la aceptación de la diversidad y el compromiso, etc.). En este orden de ideas, la vanguardia tecnológica niega la libertad, el respeto a los Derechos Humanos, al Derecho Internacional Humanitario. También niegan la igualdad social, la soberanía popular y la consciencia crítica del individuo y la sociedad. Así que, el espíritu que se configura en la actualidad es un espíritu cruel, porque el autoritarismo digital desconoce la condición humana: la mundanidad, la pluralidad, la solidaridad, la fraternidad, la libertad, los valores éticos y morales, que dan vida, vida en abundancia.

Hemos llegado a un momento de la historia y del pensar, “en que los problemas como tales proporcionan únicamente molestias”. Los tecnócratas y los técnicos consideran “que más bien que ser planteados, son liquidados con rapidez, liquidados en estado embrionario, por así decirlo: es una consecuencia de la aceleración”. (Ernst Jünger). Están multiplicándose los sectores –en lo político, lo económico, lo social, lo cultural, etc., en que los problemas son resueltos con las máquinas que otorgan el técnico y el colectivo técnico. O, en otras palabras, por los técnicos o los tecnócratas.

Como lo expresa Imre Kertész en Diario de la galera: “Desde que Dios abandonó el mundo, no existe la objetividad. ¿La mirada de quién ha de ser la objetiva? ¿La del tecnócrata? Le falta interioridad, convierte al ser humano en pieza de recambio que ya nada tiene que ver con su propia vida y entra en la estadística, en el cementerio de los datos – lo contrario de la cultura imperante, esto es, de la ideología- se separa cada vez más de la vida. Ya es la secta de unos pocos, de guías de ciegos”.

Este tipo de personas cree que los problemas políticos sólo tienen solución técnica, y que no es necesario otros métodos, otras visiones o proposiciones para resolverlos. Piensan que con la visión técnica o tecnocrática basta. Desconocen que los aparatos o la estadística no pueden sustituir la libertad del ser humano. “Incluso en los errores esa presencia se acerca más a lo perfecto que todas las exactitudes. La realidad causa un efecto más fuerte al ser mostrada que al ser dicha. Se la enseña”. (Jünger).

          La técnica se presenta en la actualidad como un sustituto de la política.

Así que, las democracias parlamentarias liberales serian un estorbo, sus procedimientos de deliberación, de consensos y decisiones, son un obstáculo cuando se dispone de instrumentos técnicos, del cálculo, la velocidad que proporciona la técnica. El debate político lo consideran los tecnócratas como una pérdida de tiempo, el acuerdo político o social, un freno a las tecnologías y la soberanía popular representada en los parlamentos, un homenaje a la mediocridad y la incompetencia.

El mundo digital en que nos movemos dominado por tecnócratas, por técnicos y el colectivo técnico, pretenden que los instrumentos técnicos decidan por nosotros, y, a la vez, sin considerar otras visiones de los problemas de la sociedad. Descartan el análisis y el racionamiento como instrumentos para resolver los problemas sociales, económicos, políticos y culturales del cuerpo social. Es decir, el manejo responsable de la autonomía de la voluntad y de la libertad, se delega a los instrumentos técnicos y la estadística.

Dijo Daniel Innerarity en El País de Madrid-España del17 SEPT 2025: La promesa de los tecnólogos “tiene como objetivo terminar con la condición humana que consideran deplorable y su cortejo de incertidumbre, complejidad y necesidad de decidir. Se trataría de escapar de la indeterminación, complejidad y necesidad de decidir. Se trata de escapar de la incertidumbre que nos caracteriza: la del porvenir. Gracias al desarrollo de la técnica la humanidad llegaría a un estadio fijo y determinado, sin incertidumbre ni controversias, protegidas por los riesgos de decisión, es decir, sin humanidad”. 

En el mismo orden de ideas, “Ray Kurzweil lleva años augurando el adelanto de la inteligencia artificial a la humana y, entre otras cosas, la solución al envejecimiento. Sam Altman, el fundador de OpenAI, anuncia otros triunfos como la reparación del clima, el establecimiento de una colonia en el espacio y el descubrimiento de la totalidad del mundo físico. Estos y otros anuncios similares se apoyan en la convicción de que nuestro futuro se decidirá en la técnica”.

Creen que la técnica resolverá todos los problemas de la humanidad, lo cual es mentira. Quieren disolver la naturaleza humana ambigua, contradictoria, multifocal e insondable, en la técnica y la estadística. Que la reflexión sobre la moral, la ética, la libertad y la autenticidad del ser humano, se delegue a la técnica. Que el análisis, la crítica y el raciocinio dejen de ser instrumentos para resolver los problemas del hombre, del mundo y su realidad. Pasan por alto que una red de información no representa a la realidad, sino que crea realidades paralelas.

Aunque la IA pueda tomar decisiones y crear nuevas ideas por sí misma, “jamás conseguiría arrebatarnos el verdadero fondo a que nosotros nos aferramos, más aún, no podría hacernos dudar ni por un instante de la confianza que hemos cobrado en ello”. (Jünger). De ahí que, toda tentativa de la IA de averiguar el sentido último de la vida y del mundo conduce al absurdo y le arrebata su misterio a la realidad y al mundo.

El técnico y el mundo del colectivo técnico creen en la inmortalidad digital, que implica una mutación existencial de la naturaleza humana, del concepto de tiempo, de la indeterminación del futuro y de la libertad. Por eso liberarse del porvenir significa liberarse de decidir por sí mismo y delegarlo a los instrumentos técnicos o a la estadística.

Como expresa Innerarity: “Si nuestra vida fuera prolongada ilimitadamente por la técnica, no tendríamos que tomar ninguna decisión relevante, ni nos encontraríamos frente a opciones en las que se jugara nuestra supervivencia o la de nuestras instituciones. Estaríamos en un presente continuo en el que solo nos correspondería la tarea de optimizarlo, sin cuestionamientos radicales”.

La técnica concebida de esa manera nos protege de posibles males futuros, nos libra de las tomas de decisiones y del manejo de la libertad, y nos convierte en seres que no puede pasarles nada. Se trata que desaparezca de la vida del ser humano la incertidumbre del futuro y del presente, como todo acaecer imprevisible. Viviríamos un presente-actual continuo sin preguntas y cuestionamientos del tejido vivo de la existencia individual y social.

Según el mito de Prometeo, “el malestar de no ser como los animales lo calmamos con un robo que hacemos a los dioses: el del fuego que posibilita la técnica de forjar, que es un poder divino de crear y moldear las propias facultades, convertir nuestra originaria inutilidad en versatilidad. El robo prometeico compensa nuestra falta de animalidad predeterminada con el poder de hacer casi cualquier cosa gracias a la técnica. Hemos robado el poder de hacer, pero no hemos dejado de ser animales, es decir, seres vivos cuya vida depende de lo que hagamos, una supervivencia que no está garantizada por naturaleza, sino que se asegura artificialmente”.

No podemos olvidar que “el futuro depende de nosotros, no está prefijado. Los humanos no podemos asegurar el porvenir ni con la fijación natural de los animales en un mundo determinado ni por asimilación a los dioses; nuestra viabilidad futura debe ser continuamente creada, protegida, decidida, y mediante una técnica que no está inscrita en nuestra naturaleza, sino que será siempre el resultado de un robo, que es una metáfora para designar nuestra artificialidad”. (Innerarity).

Preguntamos, ¿qué pretenden los autoritarios digitales como Putin, Trump o Xi? Que en la técnica todo esté decidido y predeterminado, que abandonemos la autonomía de la voluntad y la libertad, que nos obligan a reflexionar, debatir, llegar a consensos y decidir, que se ubican en el corazón de la democracia. En una sociedad democrática el futuro del individuo o de la sociedad, depende de nosotros mismos, no de los instrumentos técnicos o la estadística.

Así que, el futuro del ser humano debe ser constantemente creado, protegido, de los autoritarios, los demagogos y farsantes de la historia y de la verdad. Porque en nombre de estos principios se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad.

Como expresó Jianwei Xun en “Hipnocracia”: “Los algoritmos no son solo herramientas de cálculo y predicción: son tecnologías hipnóticas de masas. Y la economía de la atención no es solo un modelo de negocio: es un sistema de inducción colectiva al trance […] El enredo es totalizador y opera en múltiples niveles. Las plataformas sociales no venden publicidad; venden estados alterados de conciencia. Su producto no son datos; es una sugestión profunda […] Los algoritmos de recomendación son auténticas técnicas hipnóticas automatizadas […] La personalización algorítmica no sirve para mostrar lo que nos interesa, sirve para mantenernos en un estado de trance óptimo para el consumo y el control”.

Recordemos lo que Jünger dice en La Tijera: “Lo que hay son centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ella”.

De ahí que la técnica se convirtió en la condición fundamental de la actualidad. El vestido del hombre actual es la técnica. Sucede que el brillo que irradia enceguece o entorpece al ser humano. De ahí que el hombre contemporáneo entrega su esencia y la libertad, a cambio de las facilidades técnicas. En las esferas del mundo técnico la verdad no tiene solidez, porque detrás de ella se esconde la Cultura del artificio: las máquinas, la velocidad, lo pasajero, los estados de consciencia manipulados, los espejismos del mundo y la realidad, la transcurrencia del tiempo, la simulación y lo que se denomina Civilización del algoritmo.

La técnica no es un instrumento pasivo sino activo, que teje y desteje un campo de fuerzas en un sistema de relaciones sociales, políticas, económicas, militares y culturales, en constante configuración. Que obedece al ejercicio del poder de las Plataformas Digitales, la Praxis Política y las Esferas de la Economía. La técnica no establece un espacio de verdades absolutas, posibilita campos fluidos en devenir, que estructuran y ponen en funcionamiento, relaciones de fuerza y de poder, cada instante, cada minuto, cada hora o, cada día.

Somos parte de un tiempo fragmentado donde unas pluralidades de narrativas compiten en el ámbito de la Cultura de lo efímero, por una representación de una verdad que no poseen. En este ámbito no existe la conversación entre las narrativas, sino enfrentamiento constante para establecer un tipo de verdad fugaz y veloz, como el relampaguear. Aquí la verdad y el simulacro se refractan para ejercer un “tipo” de poder: el Poder de las Plataformas Digitales, las redes sociales y la IA.

En el mundo de los algoritmos se trata de apropiarse de sus engranajes, su estructura profunda de funcionamiento y lógicas internas, para posibilitar desde adentro formaciones discursivas y reflexiones críticas sobre el poder y el saber, que establecen como verdad. El desvelamiento del ejercicio del poder es, uno de los principios del pensar futuro. No se trata de oposición frontal a las narrativas y las imágenes de los dispositivos técnicos, de los algoritmos, sino que de sus tripas salga una reflexión crítica sobre el Gran Poder Tecnológico, que se oculta detrás de los algoritmos.

Lo importante del pensar futuro y la reflexión crítica consiste en que, no es indiferente a la verdad, porque en la época actual el Gran Poder Tecnológico, Político y Económico, construye, sanciona y valida un “tipo” de verdad, en los ecosistemas sociales, culturales o militares. No se trata de ocultar los mecanismos de poder o de saber, de manipulación, vigilancia o coerción del ser humano y las sociedades. Sino de develar procesos sociales, políticos o culturales, que de otro modo no se develarían.

Así que, en los procesos de saber-conocimiento, formación de relatos y experiencias compartidas, no se trata de ocultar desde los dispositivos técnicos o algoritmos, sino de develar la esencia que seduce y adormece a las colectividades. ¡Despertar! ¡Despertar! De su sueño invernal y posibilite la vigilia entre la aurora y el atardecer, para que las imágenes y las narraciones develen su verdadero rostro.

<<En una civilización como ésta los únicos lamentos que se escuchan no son los de los afligidos y menesterosos, sino los de los poderosos>>.

 

lunes, 15 de septiembre de 2025

¿Qué significa el “Humanismo” Ilustrado en la Época Moderna”

 

      

                                              Madrid-España a 15/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la época actual se trata de crear la ilusión psicológica que la vida es soportable para todos. Lo cual es mentira. Uno de los senderos que ha de transitar el pensar es develar las mentiras del poder. Así como la esencia de la técnica se extiende por doquier: la política, la economía, la cultura e incluso, la ecología participa de ésta. (José Mª Esquirol). Que oculta y, a la vez devela, la miseria y el peligro que representa para el hombre actual. Su significado político, económico y social de la crisis, en la cultura.

Una época en la que, el pensar cede su lugar al inventar, a la estadística o a la práctica política. Aquí la proposición de Ernesto Sábato acierta: “La cultura no es una capacidad del amontonar y el saber, es una cualidad del ser”. Ahora, se pregunta Sábato: “¿Quién es un hombre de cultura? El que está en posesión de un conjunto elástico de sistemas que confieren la intuición, el dominio y la valoración de la realidad”. Existe una diferencia entre pensar y planificar, porque las reflexiones del pensamiento requieren un esfuerzo especial y el beneficio que reporta no es parte de la estadística, ni del poder ni de la voluntad.

Sino de la cualificación del ser y del existir; aquello que posibilita el conocimiento de la realidad, del mundo y de la existencia. Como también la trascendencia, el encuentro del hombre consigo mismo o, con Dios. Y, esta trascendencia la puede aportar, el arte, la música, la arquitectura, la creencia en Dios, la teología, la mística judía, o la filosofía, etc.

Siguiendo la estela de T.S. Eliot y de Sábato, Ernst Jünger expresa en Radiaciones I: “El autor capta la luz, que luego se refleja en el lector. En este sentido lo que el autor realiza es un trabajo preliminar. Lo primero que ha de hacerse es armonizar la muchedumbre de las imágenes y luego valorarlas –es decir: dotarles, conforme a una clave secreta, de la luz que corresponde a su rango. Aquí la luz significa sonido, significa vida que está oculta en las palabras. Esto sería entonces un curso de metafísica realizado entre parábolas: la ordenación de las cosas visibles de acuerdo a su rango invisible. Toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio.

Así que el escribir no deja de entrañar un riesgo muy alto, exige un examen y una reflexión más profunda que los que se necesitan para conducir regimientos al combate. Y si aún existen anillos mágicos, estarían en los sitios donde la voluntad de creación vence esa resistencia. El oficio, el ministerio de poetas es uno de los más excelso de este mundo. A su alrededor se concentran los espíritus cuando él transustancia la Palabra; huelen que allí está haciéndose una ofrenda de sangre. No sólo allí son vistas cosas futuras; también son conjuradas o proscritas”.

Sabemos que la cultura occidental llegó a su máxima expresión con el poder de la técnica. Lo que caracteriza indudablemente a los actores es la nivelación de los viejos cultos, la esterilidad de las culturas, la mezquina mediocridad. (Jünger) Existe una correspondencia entre el vaciamiento de los valores de la cultura y la mediocridad. En esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y cultura de masas, unos órdenes nuevos han ocupado unas posiciones muy avanzadas, pero los valores correspondientes a esos órdenes aún no se han hecho visibles.

Estamos viviendo una situación ambigua en que el orden nuevo no ha llegado del todo y el viejo no se ha ido. Lo nuevo se viste con la ropa de lo viejo y esto trae confusión en aquellos que no comprenden el paso de una época a otra. En correspondencia con lo expuesto, el ser humano se ha colocado fuera de los valores de la cultura de la Ilustración, del sujeto cartesiano del cogito, la Kantiana comunidad de los seres racionales, o en términos sociológicos, del sujeto ciudadano, titular de derechos y propietario; se sitúa en el umbral de la filosofía del ser y el pensar.

El sujeto se ha salido del sistema de valores éticos y morales de la Ilustración, y, al mismo tiempo, la ciencia y la técnica se han vuelto autónomos. Y los valores devienen cada vez más sustituibles y prescindibles. Y esto genera en la consciencia o, en los centros vitales de la cultura occidental, una fractura fundamental. Se trata que desde el montón de ruinas que la civilización y la cultura dejan a la vera del camino de la historia y de la realidad, reiniciar la reconstrucción en su cultura.

Los ideales de la Ilustración son aquellos que establecen la razón como instrumento del pensar con lógica y racionalidad; no se basan en dogmas religiosos, en ideologías o, en la autoridad, las costumbres, el carisma o las verdades subjetivas; sino que instauran la ciencia y la aplicación de la razón en el mundo natural y humano. Y, a la vez, abogan por el humanismo, el componente moral o ético del ser humano que posibilita la prosperidad de los seres conscientes, las personas, en la búsqueda de la salud, de la felicidad, de la convivencia pacífica, del respeto a la otredad, la seguridad, la libertad y los placeres que ofrece la vida.

Por eso el humanismo se opone a que “la cultura se convierta en “un valor”, es decir, un bien social que puede ponerse en circulación y convertirla en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales.” (Hannah Arendt). En este orden, el humanismo que nos legó Cicerón es el resultado de la cultura animi, una actitud que sabe cómo cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo.

De este modo, el humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre actividades puramente políticas y las de pura elaboración, opuestos mutuos en varios aspectos. Como humanistas, podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista, como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que todos debemos conocer y buscar. (Arendt).

Ahora bien, si observamos el mundo que ha surgido de las catástrofes de la Primera y Segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que aumenta sin cesar la índole abstracta y, por tanto, también cruel de todas las relaciones humanas. (Jünger). La abstracción aleja al hombre del otro y, de las necesidades morales, materiales y espirituales que comparten en común. Asimismo, la substancia de la solidaridad, la fraternidad, el dialogo o, el amor, se diluyen, en nombre de la estadística, el cálculo y la objetivación de las valoraciones técnicas.

En la actualidad la crueldad no solo está implícita en el Estado técnico y sus instituciones, sino que ahora se ha trasladado a Internet y las redes sociales. Es un tipo de crueldad indolora, pero letal para la mente y el espíritu. En 1930 Jünger, en el ensayo Movilización total, dijo: “Tras un círculo recorrido por la dialéctica artificial, el progreso da un vuelco con el fin de proseguir su movimiento en un plano muy sencillo.

Ahora está empezando a someter a sí los pueblos bajo las formas que ya son poco distintas de las de un régimen absolutista, si se quiere prescindir de la cantidad mucho menor de libertad y bienestar. Son muchos los sitios donde ya casi se ha desprendido la máscara humanitaria; en su lugar aparece un fetichismo medio grotesco medio bárbaro de la máquina, un ingenuo culto a la técnica”.

Es un espectáculo grandioso y terrible ver los movimientos de las masas – unas masas de conformación cada vez más uniforme-, a las que está tendiendo sus redes el Weltgeist, el Espíritu del Mundo. Así que, en la sociedad de masas y la cultura de masas predomina la ciencia, la técnica, la velocidad, lo fútil, el lujo, el dinero, el maquinismo o, la robótica. Y, esto se convierte en una característica de la Gran ciudad moderna. Porque las diferencias entre los seres humanos las diluye el consumo y la conversión de los bienes en “valor”.

En la Gran ciudad existe una relación entre la Civilización del artificio y el lenguaje situado en su parte material. Es decir, situado en un dispositivo técnico. Así, la sociedad de masas y la cultura de masas no sólo tienden a la estandarización, a la Civilización del espectáculo, sino también a establecer relaciones abstractas e inconexas entre los individuos. Que George Simmel el sociólogo de la modernidad llamó, la distancia psicológica entre sus habitantes. Y, en consecuencia, el filisteísmo cultural de las sociedades de masas degrada los valores de la alta cultura y de la cultura popular. Porque los convierte en bien social que pueden ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales o individuales. (Arendt).

Bueno bien, lo que Jünger pronosticó en la década del 30 del siglo XX, es una realidad cotidiana en la actualidad: el mundo del titanismo, el desarrollo científico-tecnológico, la técnica como “estructura de emplazamiento”, el ser humano convertido en “cosa”, en existencias de “cosas” consumibles y desechables. Observó que “la fotografía: un modo especial de ver, un modo cruel; el cinematógrafo; las relaciones inconexas entre las masas y el dinero; el deporte: pasó de la competición a un proceso de medición exacta, el rostro carente de alma, trabajado como en metal, el rostro en el que se expresa el tipo, o sea, la raza del trabajador; el paso de la muerte mítico-ritual a la fría y distante;

La cosificación y la objetivación del hombre: la segunda consciencia, vernos como un objeto; tránsito a la edad de la seguridad, donde predominan las valoraciones técnicas; el alejamiento de la literatura que describe los más sutiles procesos psicológicos a una especie de relato exacto y objetivo; el trasplante de órganos artificiales; la objetivación de nuestra imagen del mundo, que incide en la relación con el dolor, el sufrimiento, la muerte; los medios de información como medios totales que esconden formas especiales de disciplina, y que el carácter instrumental no se limita a la zona propia del instrumento, sino que intenta someter también el cuerpo humano. (Jünger).

Somos parte entonces de una época de transición donde el ethos (el carácter) clásico da paso al de la ciencia y la tecnología. Donde la idea de progreso no manifiesta en la consciencia de los hombres la esperanza y la seguridad, que brindaba en el siglo XIX. La esperanza de un nuevo y “más auténtico existir del hombre”, mirando a modo de indicación el “Principio de esperanza”, de Ernst Bloch. Principio que establece en oposición a la angustia, el miedo, el dolor y el nihilismo que identifica con Heidegger. No se trata de criticar al sujeto burgués, sino de resarcirlo en la actualidad. Como dice José Molinuevo: “Bloch piensa que se trata de una sociedad en decadencia y de una clase social en retirada. Que reflejan su propia agonía en categorías ontológicas”.

En el mismo orden, se percibe la relación entre el desarrollo de la técnica y los instrumentos bélicos para la guerra. También como la Gran ciudad es el espacio donde la civilización y el progreso se entrelazan y, se oponen a la Cultura. Como la idea de progreso se convierte en instrumento de poder, dominio, manipulación o, coacción del ser humano o, del cuerpo social. Como el progreso coarta la libertad y la igualdad entre las personas.

En este orden del pensar, la lengua se ha situado en su parte material y, deviene objetivada y vacía de contenidos espirituales. Esto genera una degradación de los valores humanísticos y de la condición humana, de la estética de la existencia individual y la filosofía.

Este tránsito de la cultura occidental posibilitó a Jünger pensar la ubicación del hombre en la época actual. Así que, por ejemplo, en la edad de la técnica los medios y los métodos de la conducción de la guerra llevan a cabo modificaciones más rápidas y radicales que las realizadas en épocas anteriores. (Jünger). Lo mismo sucede con la globalización en las comunicaciones artificiales, así que el mundo virtual está remplazando al real. Además, la globalización permite la comercialización, la venta y el consumo en todas sus formas, como la proliferación de los aparatos tecno-militares y las guerras globales.

La técnica, por tanto, no sólo influye en la confrontación bélica, sino que crea modos nuevos de combatir. Y permite percibir la “mortal rivalidad entre la fuerza del hombre y la fuerza de la máquina”. Precisamente, en la historia de la cultura y la civilización occidental, el espacio de lo técnico se relaciona con los instrumentos técnicos para la guerra y las máquinas como una expresión nueva del espíritu.

“El espíritu que viene tomando forma desde hace mucho tiempo dando forma a nuestro paisaje es, de ello no cabe duda, un espíritu cruel”.

Un espíritu que se ha despojado del vestido del humanismo y, ahora deviene con el de la crueldad, la zozobra, la inseguridad, la soledad, el odio, el dolor, el sufrimiento y la muerte. Un espíritu que está siendo jalonado por la informática y la tecnología del proceso de datos, que va de la estadística y la objetivación del ser humano, hasta penetrar en los más sutiles procesos psicológicos que determinan la conducta y la visión que tiene el hombre de sí mismo, del mundo y su realidad.

Pero la realidad vivida en los últimos años nos permite percibir la gran potencia de cambio que están generando las tecnologías de la información; desde los drones, los autómatas, el fluido de imágenes en banda ancha, el paso del átomo a los bits, la seguridad de los Estados y la ciudadanía, hasta el control, la homogenización, la numerificación de las sociedades y del individuo. Estamos viviendo en la actualidad una revolución en la estructura y la función de las sociedades, en la esencia del Ser y del existir, es decir, epistemológicas y ontológicas.