jueves, 11 de abril de 2024

 

                                       El humanismo de la cultura animi

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Hannah Arendt en el texto, Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, dijo: “Sabemos que el humanismo, como la cultura es de origen romano; además, el gusto es la capacidad política que humaniza de verdad la belleza y crea una cultura”. Se refiere al “sentido romano de humanitas, de la integridad de la persona como persona, porque en él se sacrifica el valor humano y la categoría personal, junto con la amistad, en aras de la primacía de una verdad absoluta”. Siguiendo la traza de Cicerón podemos ver la exaltación que hace Arendt del humanismo y del humanista.

Lo que dice Cicerón es que, para el verdadero humanista, ni las verdades de los científicos ni la verdad del filósofo ni la belleza del artista pueden ser absolutos; el humanista, porque no está especializado, ejercita una facultad de juicio y gusto que está más allá de las acciones que cada especialidad nos impone. Esta humanitas romana se aplicó a todos los hombres libres en todos los sentidos, para quienes el problema de la libertad, de no sentirse coaccionado, era decisivo, incluso en la filosofía, las ciencias y las artes. (Arendt).

Un hombre libre para Cicerón era no estar coaccionado en su asociación con los hombres y los objetos, ni por la verdad ni por la belleza.

El gusto de una mente de verdad cultivada –cultura animi- que se puede confiar en ella para que se ocupe y cuide las cosas que pueblan el mundo cuyo criterio básico es la belleza. Este humanismo es el resultado de “la cultura animi, de una actitud que sabe cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo”. Una mente cultivada se preocupa no sólo de las cosas, sino también de los seres que lo rodean y, en especial, de los demás seres humanos. Por eso el humanista se preocupa por la verdad y la belleza; pero no por lo absoluto que se desea imponer a través de ellas.

He aquí un punto de contradicción entre una mente que todo lo convierte en “valor” de cambio y una que trata de ocuparse y cuidar el mundo natural y el mundo hecho por el hombre.

El humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre las actividades políticas y las de pura elaboración. Porque en él no prevalece el ejercicio del poder y la función o, la utilidad, sino el dialogo, el consenso, el acuerdo y la cualificación de la vida personal, que eleva en libertad a la esencia del ser y el existir. Le interesa la cultura, el cuidado de las cosas del mundo, las cosas bellas que hacen más soportable los avatares de la existencia; así que le importa la amistad, la fraternidad, la ternura que comparte con los otros seres humanos, el pensar y la búsqueda de un mundo más humano, libre y solidario.

Es de admirar que Arendt, en una civilización de alto desarrollo científico y técnico, de alto capitalismo industrial y financiero, políticas de bloques, nacionalistas o populistas, nos oriente a preocuparnos por la libertad y el humanismo. Y diga siguiendo las ideas de Cicerón: “como humanistas podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista, podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que todos debemos conocer y buscar. Podemos estar por encima de toda clase de especializaciones y de filisteísmo siempre que aprendamos a ejercer nuestro gusto con libertad”. (Arendt)

La libertad para ella no es un don divino ni natural del hombre, sino que se adquiere en las relaciones que establecemos con los demás seres humanos, con los que vivimos en comunidad y hacemos del mundo algo común. El problema está en que el hombre entregue su libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual y, cuando falten estas, quede desvalido. El humanista se propone llevar adelante una lucha, una lucha que para algunos no tiene valor. El humanista posee una relación originaria con la libertad, con el tejido del cuerpo social; de ahí que se opone a todo automatismo, al autoritarismo, al absolutismo político, económico, social, cultural y, a las especialidades que niegan el libre conocer y buscar.

Si contemplamos la libertad no dejará de hacerse evidente el papel desempeñado por el humanista entre el hombre de Estado y el artista, sino también en sus pensamientos y la apreciación estética de la existencia y del mundo. La realidad de estos años que estamos atravesando hacen del humanista algo esencial para confrontar todo “tipo” de coacciones, violencias y determinismos que atenten contra la libertad. Así, elevarse en libertad sobre el maquinismo, el automatismo, el mundo comunicado en Red y el Gran Poder, significa reservarse la decisión propia y que el gusto por el mundo y las cosas que lo pueblan, nos ayuden a precisar nuestra condición estética y ética.

 El lugar de la libertad es diferente al del totalitarismo, el autoritarismo o, el dogmatismo, porque ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo y trascender los muros de contención del Gran Poder.

El humanista que cree en el hombre y la libertad que le es propia, emprende la tarea de encontrarle sentido a unos acontecimientos históricos, políticos, sociales, culturales, que dejan a la vera del camino sufrimientos, odios, dolores, miedos, muertes y, se convierten en piedra de escándalo. El hecho de que el hombre de hoy, el hombre masa renuncie en amplia medida a la libertad, no significa que el hombre de –cultura animi- que cultiva la mente y el espíritu, también lo haga.

Como expresó Ernst Jünger: “De ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario si no queremos entregarnos a meras ilusiones. La libertad viene a la vez que lo necesario y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La Libertad, en cambio, aunque siempre se encubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal”.

En la actualidad donde prevalece el materialismo, el utilitarismo, el “valor”, el dinero, el poder, la ciencia y la técnica, sobre el humanismo, las esferas del espíritu y la sabiduría. El humanismo expresión de los saberes inútiles enseña que el “gusto es la capacidad política que humaniza de verdad la belleza y crea una cultura”.

Abraham Flexner el famoso pedagogo estadounidense, a mediados del siglo XX dijo:

“¿No es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen de la vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, a la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicaran al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento? El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que puede conseguir de otro modo. Mi pretensión en este artículo es ocuparme del problema de hasta qué punto la búsqueda de esas satisfacciones inútiles se revela inesperadamente como la fuente de la que deriva una utilidad insospechada”.

En cambio, Martín Heidegger ve el humanismo desde otra perspectiva; en respuesta al filósofo francés Jean Beaufret, que le formula la pregunta: ¿comment redonner un sens au mot, Humanismo? Se traduce: ¿cómo se le puede dar un nuevo sentido a la palabra, Humanismo? Para él existen dos umbrales: el Humanismo ha perdido su sentido y, es importante volver a dárselo. En Carta afirma decisivamente lo primero, pero no ve la necesidad de lo segundo. Piensa que la pérdida del sentido del Humanismo está ya en su naturaleza.

Que el Humanismo está ubicado en la metafísica de la subjetividad, característica de la Edad Moderna y, es una realidad en la actualidad. Ahora, ¿qué distingue a la metafísica de la subjetividad? El olvido del ser por el predominio del sujeto desde donde se proyecta el ser del ente. Por eso darle un nuevo sentido al Humanismo significa verlo desde la esencia del ser, del hombre y del lenguaje; y no desde la percepción del hombre como ser racional o biológico.

En Heidegger y el Humanismo, (1990), José Luis Molinuevo expresa: Heidegger parece centrar la consideración humanista del hombre en torno a su “dignidad”, lo que le permitiría seguir una continuidad en la Ilustración y el Romanticismo. Y repite que su rechazo del Humanismo no quiere significar que vaya contra ella, o que en su propio pensamiento no pueda alcanzar la “humanitas” la verdadera dignidad. (REVISTA ISEGORÍA/1 (1990).

Preguntamos, ¿cuál es el cometido de la humanitas? El deseo de Heidegger es pensar y cuidar que el hombre sea humano, esto significa Humanismo; y no inhumano, porque sería estar fuera de su esencia. El humanismo sería la manifestación de la esencia de la humanidad. Desde la esfera del pensar, ¿cómo se transforma el “homo”, en “humanus”? Cuando se tiene presente la palabra esencia, esto es, cuando se habla del ser. Es el ser el que posibilita al hombre la cualificación de humano. Por eso el hombre se refiere al ser, en tanto que, ser humano. La esencia del hombre deviene en la revelación del ser al hombre. De lo contrario, el hombre sería un ente entre los entes. Sería una cosa entre las cosas sino se reconoce la diferencia en el ser. Lo que le permite al hombre alcanzar su esencia es el ser y no el ente entre los entes.

Heidegger dice:

“Humanismo es el esfuerzo para que el hombre sea libre para su humanidad y encuentre en ello su dignidad”. 

Así que, en Carta sobre el “Humanismo”, la palabra humanismo se reflexiona desde una multiplicidad de puntos de vista, entre otros, la temática del ser. Sobre el ser funda la esencia del hombre y sobre ésta define al humanismo. Pensar la esencia del obrar en el despliegue del ser, es decir, en la plenitud de su esencia. Define al ser como lo que es. Establece que a través del pensamiento se produce la relación del ser con el hombre y que en el pensar el ser viene al lenguaje. Y establece: el lenguaje es la casa del ser. Aquí instaura la relación del ser, el pensar, el lenguaje y el hombre.

                 Y dice:

“Por eso el lenguaje es a un tiempo la casa del ser y la morada de la esencia del hombre”.  

Heidegger advierte: hombre no es un ser viviente que junto con otras facultades posee también el lenguaje. Más bien, es el lenguaje la casa del ser en la que el hombre sigue morando, existe en cuanto guardando esta verdad, pertenece a la verdad del ser. Este llamado a ser el hombre el “pastor del ser” es precisamente lo humano y de ahí deriva el nombre de humanismo. Se trata de la renovación de la palabra humanismo.

Heidegger ha recibido muchas críticas sobre la Carta, que su concepción del humanismo es in-humana; que es irracional; que niega los valores; que niega la trascendencia; que es atea; que es nihilista. Él vuelve a definir desde su punto de vista el sentido de lo humano; la verdad del ser; de los valores; del ser-en-el-mundo; de la frase de Nietzsche: “Dios ha muerto” y, su concepto de la nada. En este orden de ideas, “se está tan lleno de lógica que todo lo repugnante a lo habitual, al opinar, se calcula como contrario, reprobable”.

Heidegger reflexiona, el pensar conduce la existencia histórica, es decir, a la humanitas del homo humanus, al reino de la aurora de la gracia. Con la gracia revela la iluminación de lo malo. Así mismo, reflexiona sobre la ira, el no y el anonadamiento. Y al final del texto piensa: ¿queda por preguntar si, ciertamente, todo sí y no, no son ya existentes en la verdad del ser, puesto que el pensar pertenece a la existencia? Una proposición: el ser viene iluminándose, al lenguaje. Él está siempre en camino hacia el lenguaje. Trae al lenguaje en su decir, al pensar existente de su ser. El lenguaje mismo es elevado a la iluminación del ser. En esta proposición observamos que, el ser deviene iluminándose al lenguaje; siempre camina hacia él. El ser trae en su decir al lenguaje y al pensar existente de su ser. Así, el lenguaje se eleva a la iluminación del ser.

En este caso, volviendo a Arendt:

¿Qué pensaban los romanos que era una persona culta? La que sabe cómo elegir compañía entre los hombres, entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. (Arendt). Es necesario en la actualidad pensar y juzgar la crisis del Estado, de las instituciones, del poder, de los partidos políticos, de la condición humana, del ser y el existir, en su cultura.

                                     Madrid-España a 09/04/2024

 

 

 

 

lunes, 25 de marzo de 2024

 

                                            Sobre el sentido de la existencia 

                                                 ¿En qué reconoce uno su fuerza?

                                                         En sus propias derrotas.

                                                           Walter Benjamín.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Contra las trivializaciones del presente donde la distancia, la soledad y la indiferencia psicológica, predominan ante las necesidades espirituales y materiales del otro; la amistad y el amor, por el contrario, crean lazos de fraternidad, de respeto, de solidaridad, que provienen del corazón o del alma. Crean una escala de valores horizontales que nos enseñan amar al otro, con sus virtudes y sus miserias, así se enriquecen en su interior los seres humanos. Porque, en el vínculo de la amistad las personas encuentran las raíces de la lealtad, del dialogo, de la fraternidad, de la conversación y la solidaridad.

Sabemos que el predominio de las tecnologías, del dinero, de la política, que generan relaciones abstractas, de poder, desgarran la comunión entre los seres humanos y establecen relaciones jurídicas, económicas, sociales, culturales, que responden a intereses utilitarios, o de fuerzas del Gran Poder. Esta actitud ante el mundo y la vida rompen el vínculo sagrado, donde se nutre el dialogo y el respeto.

La generosidad de los seres humanos posibilita la fraternidad y el amor. Ser generoso en el ámbito político es ponerse en el lugar del otro y contribuir en la búsqueda del bien individual y común. En nuestra época hemos dejado de ser sabios en comprender y aprender de la experiencia y los sentimientos, de los fragmentos de felicidad, del dolor y la esperanza, que compartimos con el otro ser humano. Que somos únicos en el mundo y como tales, trascendemos el utilitarismo, las trivialidades de la Cultura del artificio: de la técnica, del dinero y del poder. Eso que se nomina Cultura del espectáculo.

La amistad, en cuanto elección libre del otro, crea lazos aún más fuertes que aquellos que nos unen a un consanguíneo. Cerca de los lazos biológicos o amorosos, existen lazos espirituales, del alma y del corazón, que van más allá de las costumbres, de la sangre y las tradiciones. Son manifestaciones del ser humano que escapan a las trivialidades y a toda ventaja utilitaria; por eso, la máxima expresión es la Gratitud.

El mundo de la técnica trata de destruir las relaciones de sentido, el misterio de la vida y de la muerte. Un enigma que contribuye a explorar la condición humana para alcanzar la categoría de persona. Un ámbito que mezcla y combina entre sí el misterio que compone la esencia del ser humano. Hemos olvidado que somos peregrinos sobre la tierra e hijos de las estrellas, donde moran los Dioses y las Musas. Aquí se entrelaza la miseria y la finitud del ser humano; con las virtudes y lo sagrado que provienen del Mundo de Arriba. Es necesario organizar el Mundo de Abajo como reflejo del Mundo de Arriba. Así los seres humanos pueden encontrar la gratitud, los fragmentos de felicidad y de amor entre los que están cerca y aun con los que están lejos.

             Porque el hombre es un solo hombre y todos los hombres.

Somos habitantes de un mundo donde la imaginación, la memoria, la experiencia, el espíritu y el amor, seden su espacio a relaciones de fuerza o, a la voluntad ciega que establece el Gran Poder. Los seres humanos no pasan los días y las noches, las fatigas y las esperanzas, compartiendo con un dialogo amistoso, la búsqueda de un mundo mejor que aquel que encontraron. Al decir de Francisco de Petrarca:

 “En cualquier parte que uno escoja para sentarse, tendrá a la otra persona como compañero”.

Que el mundo de la técnica, del dinero y del poder, desgarraron los contenidos espirituales de la experiencia; de la experiencia que se comunica “boca a oído”. Pero también desgarran el espíritu de la lengua y la creación. En el mundo moderno no sólo somos huérfanos del otro, sino que el saber y el lenguaje, ya no acuden al ser humano para hacer de la vida en la tierra más digna y más humana. En la actualidad vivimos en medio de la mendicidad del espíritu, del pensamiento y los sentimientos, y esto se convierte en una tragedia fundamental de la Condición Humana: la vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra –al decir de Hannah Arendt.

Sabemos por la experiencia o el saber, que ninguna relación abstracta o virtual, puede reemplazar al encuentro físico y espiritual entre los seres humanos. Escuchar la voz de un ser querido, ver su rostro o compartir juntos las dificultades del camino de la vida hasta la muerte, posibilita alcanzar, entre otros, fragmentos de eternidad. He ahí lo sublime y sagrado del ser humano, que mora en todos y cada uno de nosotros. Eso que posibilita pasar de homo economicu y homo juris, a ser persona.

Definir la civilización y la cultura occidental como técnica se convierte en una frivolidad. Pero, es importante concebir la técnica y la ciencia como valores que posibilitan el desarrollan de las actividades creadoras e intelectuales, en la modernidad. Así que, la técnica como conjunto de instrumentos o máquinas en funcionamiento, son medios materiales para que se realicen los fines del hombre. La definición antropológica de la técnica se expresa como algo instrumental al servicio del hombre, que utiliza para alcanzar unos fines determinados.

De ahí que la civilización actual tiene una relación especial con la ciencia y fundamentalmente con las ciencias naturales, la física cuántica, la cibernética y ahora con la informática, la telemática y la Inteligencia Artificial. Este es un rasgo que la diferencia con las formas de la ciencia y la técnica de la Antigüedad. El hombre moderno no sólo es un hombre tecnificado, sino que también responde a las variables y a los fines de las ciencias modernas. Somos parte del mundo del colectivo técnico y de la técnica; como los griegos eran parte del mundo del Titán y del titanismo.

Existe una relación intrínseca entre las investigaciones científicas y los descubrimientos técnicos en la modernidad. En el mundo griego, por así decir, el desarrollo de las ciencias no lo acompaña el desarrollo técnico. Se constata en la literatura del griego Antiguo, por ejemplo, Plutarco en “La vida de Marcelo”, al referirse a Arquímedes. Éste consideraba que la reflexión sobre geometría aplicada a las cosas sensibles o corpóreas, eran algo vil, bajo y mercenario.

O, lo que es lo mismo, el arte que tuviera que ver con la utilidad y la praxis de las cosas hechas por las manos del hombre, no era un arte que exalta la belleza y la esencia de la naturaleza, sino adherido a las necesidades humanas. En la Polis o Ciudad-Estado quienes vivían en la esfera de la satisfacción de las necesidades eran los esclavos o, las personas carentes de libertad. Quien no era ciudadano libre de la Polis griega.

Martín Heidegger reflexionó sobre la técnica desde una pluralidad de umbrales y llegó a pensar que la exactitud de la técnica no expresaba lo verdadero. Que la verdad de ésta no se encontraba en el instrumento, sino que la verdad de la técnica moderna estaba oculta en la pregunta por la esencia de la técnica. Que sólo puede desvelarse desandando lo andado del término técnica y, ese ámbito es el del mundo del griego Antiguo que aparece en el concepto de Techné. Lo importante de la reflexión de Heidegger es que, hace un punto de inflexión y expresa que es necesario referirse a él para comprender la esencia o la verdad de la técnica moderna. Así, la técnica como instrumento no contiene ni agota la esencia de ésta, porque lo trasciende. Entonces, ¿Qué se esconde detrás de la esencia de la técnica? Expresa Heidegger: la libertad del ser humano.

El poeta Friedrich Hölderlin dijo: “Donde hay peligro crece también la salvación”. Lo salvo en Heidegger no tiene que ver con la teología o, la religión judeo-cristiana sino con el saber; con el transitar los caminos del saber y del pensar. De ahí que la pregunta por la técnica supone un pensar, un modo de sabiduría o, una episteme que devela la esencia o la verdad de la técnica. Cree que, si la vemos desde esta perspectiva, la técnica obtiene un carácter liberador.

Como expresó Edgar Morín, en El País de 28/01/2024: 

“Cabe señalar que el progreso del conocimiento, al multiplicarse y compartimentarse mediante barreras entre las distintas disciplinas, ha provocado un retroceso del pensamiento, que se ha vuelto ciego. Ligado al dominio del cálculo en un mundo cada vez más tecnocrático, el progreso del conocimiento es incapaz de concebir la complejidad de lo real, y especialmente de las realidades humanas. Esto conduce a un retorno al dogmatismo y al fanatismo, así como a una crisis de la moral por el auge del odio y la idolatría”.

En la actualidad estamos inmersos en una pluralidad de crisis generadas por el progreso de las ciencias y la técnica, de una parte; de otra, por el predominio del Estado técnico absoluto. De ahí que los avances científicos y tecnológicos, no han podido resolver los retrocesos antropológicos en la actualidad. Así lo confirman las guerras nacionales, las guerras entre naciones, el hambre, la violencia, el desempleo, las enfermedades, la discriminación, el racismo, las desigualdades sociales, educativas o culturales y la falta de oportunidades para un sector importante de las sociedades actuales.

Actualmente estamos dominados por potencias políticas, económicas y tecnológicas, que no sólo están estructurando y poniendo en funcionamiento, sociedades sumisas, disciplinadas, uniformes, que responden al Gran Poder: Y, por el incremento del desarrollo armamentístico estamos abocados al desastre total o, por la utilización de las armas atómicas a la desaparición de la vida humana sobre la faz de la Tierra. Así que, las armas atómicas son la espada de Damocles sobre la nuca de la humanidad. 

Como dijo el expresidente John F. Kennedy:

“Cada hombre, mujer y niño vive bajo una espada de Damocles nuclear, colgando por el hilo más delgado, y que puede cortarse en cualquier momento por accidente, error de cálculo o locura. Las armas nucleares deben abolirse antes de que acaben con nosotros”.

En un mundo enloquecido por el desarrollo de las armas, las guerras y la violencia, se olvida que “lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; y hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje perdiera una parte de su energía, el hombre se volvería menos humano. La historia reciente y la ruptura de comunicación entre enemigos y generaciones muestran de manera inquietante lo que significa esa disminución de humanidad” – expresó George Steiner en el texto “Extraterritorial”.

Si esto acontece en la actualidad el esclarecimiento de las confusiones lingüísticas se convierte para los Poderes Mundiales, en las sociedades democráticas y autoritarias, en esclarecimiento de las palabras y las acciones humanas. Porque el examen de las palabras es, el del pensamiento y, de todas las perspectivas y de todas las formas de vida. Por eso en la actualidad tanto en el espacio político o social, ciertas palabras tienen que recuperar su verdadero sentido. Y, sólo puede provenir del análisis, la interpretación, la crítica o, las fuentes de la “sátira política”.

En los Estados y sociedades autoritarias se trata de romper el cerco. De trascender los límites del poder y desde la crítica social, la libertad de expresión y la zona del pensar y la participación ciudadana; hacer grietas al Gran Poder del Estado y al partido único. De esa manera los derechos de los ciudadanos y sus libertados posibilitan crear partidos alternativos que posibiliten poco a poco la democracia social y libertaria. Se trata de romper el cerco no con la fuerza ni las armas, sino con la palabra, los sentimientos y el pensamiento. Los gobiernos autoritarios no soportan el carácter imprevisible del otro, o de los otros, es decir, de la sociedad. Porque objetivan (en el Estado y las instituciones, la policía, los cuerpos de seguridad, el partido, la ideología), la libertad. Es decir, la posibilidad de fiarnos de nosotros mismos. Los autoritarios aman la uniformidad, la homogenización, la coacción, el dominio y el ejercicio del poder.

Cuando hablamos de democracias parlamentarias y libertades, no nos situamos en los umbrales de eufemismos lingüísticos, sino en la democracia real: lucha contra la injusticia social y jurídica, la pobreza, el sufrimiento de los desamparados, el secuestro, el terrorismo, la corrupción, el racismo, el desempleo, la discriminación en todas sus formas, etc. Porque la democracia pasa por el filtro del respeto a la dignidad humana, la libertad de expresión, de escribir, de pensar y del derecho a la vida. Estas son categorías que forman parte de las cualidades del “Ser” y el “Existir”.

“Somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros”. (Ernst Jünger). Por eso la estética o la filosofía enseñan, que el mundo está ahí para interrogarlo. “Cada uno de nosotros es capaz de transformar el mundo”, el enorme significado que ha sido legado a los hombres. De ahí la importancia de la palabra y las reflexiones del pensamiento, en la esterilidad intelectual y cognitiva de la época actual.           

En nuestra época, el poder de seducción que posee la imagen y los diversos lenguajes digitales, lo constata. En el umbral de lo estético, por el contrario, se intuye la presencia de condensaciones de tiempo, que se entrecruzan con lo eterno y atemporal, es decir, lo mágico. Si la literatura, el arte, la poesía, o la música, posibilitan otras esferas de existencia y de experiencia; el lenguaje se expresa como algo misterioso que responde a modificaciones en nuestro interior y al sentido de la Condición Humana.

                                           T. S. Eliot dijo:

                          “Tuvimos la experiencia, pero perdimos el sentido,

                           Y acercarse al sentido restaura la experiencia”

                                        Madrid-España a 24/03/2024             

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 10 de marzo de 2024

 

                            REFLEXIÓN SOBRE EL MUNDO ACTUAL

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Ernst Jünger expresó que, “nosotros consideramos, pues, una característica de una prestación elevada que la vida sea capaz de distanciarse de sí misma, o, dicho en otras palabras, de sacrificarse. Eso no ocurre en ninguno de los sitios donde la vida se reconoce a sí misma como el valor normativo y no se contemple meramente como un puesto avanzado”. El hecho de la objetivación en la vida de las personas, lo consideramos de una importancia elevada. Que el hombre se convierta en objeto o en número es, sólo una “Figura” por las que se expresa la tecnología y el Gran Poder.

Así que, se considera al ser humano consciente y libre como objeto. Y, esto no resulta extraño en una época de alto desarrollo técnico, el problema surge cuando la persona individual es arrojada a la sociedad de masas y a la cultura de masas y le coartan los derechos individuales o, la libertad que lo determina. Esto está sucediendo en algunos países como China, Estados Unidos, Corea del norte, Hungría, Rusia, Venezuela, Nicaragua, etc. Donde los derechos se los apropia el Estado, en nombre de la seguridad, la verdad, la justicia, la salud pública o la preservación de la unidad nacional. Así observamos que el Estado técnico lleva a cabo intrusiones horrorosas en la vida privada y pública de los ciudadanos.

La impresión que hay en la actualidad es que la economía, la técnica, la industria se han alejado de los elementos y situados por encima de ellos, se nutren más o menos de su sustancia. (Jünger). En la época actual el ser humano es incapaz de ver las perdidas. En el desarrollo de la técnica se han podido percibir los progresos de las ciencias naturales, biológicas o químicas, (de la informática, los medios de comunicación rápida y simultánea, de Internet, la Inteligencia Artificial, las redes sociales, etc.), pero no los retrocesos de la sociedad. (Walter Benjamín). No se percibe el lado destructivo del desarrollo de la tecnología, porque somos extraños al lado destructivo de los elementos y de la vida. Así que, éstos se deterioran en nombre del poder, del dinero, la técnica y el progreso.

Si la iluminación técnica nos enceguece, no podemos ver lo que oculta tras de sí. Estamos anestesiados por la técnica e incapaces de percibir el dolor, la destrucción, el sufrimiento, el peligro, el miedo o la muerte, que arrastra tras de sí. Sólo se percibe como instrumento, pero no la esencia que la determina. Es decir, el saber y la libertad.

Ya empiezan a verse en sus grietas personas que luchan por conservar la estabilidad del sistema ecológico y la relación que tiene el hombre con las estrellas. El ser humano se ha dado cuenta que la técnica sirve a la sociedad no sólo para la producción de mercancías o, de armas para la guerra o, para acumular ríos de oro en selectas minorías, también para dar “confort” y bienestar al ser humano. La técnica no es algo neutro. La esencia que la constituye obedece a relaciones de poder. La esencia de la técnica esconde tras de sí el ser como voluntad de poder. Se trata de convivir con la técnica y llevar a cabo un punto de inflexión para que esté al servicio del hombre.

Sabemos que el Estado tecnológico expresa la voluntad de poder y de saber, que es insaciable con los elementos. En el Génesis el mundo es dado al hombre por Dios como despena y morada. Una despensa que el hombre alteró, violentó y, se está agotando ahora. El cambio climático y su efecto invernadero. Así, la abundancia de los elementos a la que se refiere Hesíodo, tocan su fin. Se necesita un nuevo reordenamiento del mundo, de las sociedades y una relación distinta con los elementos y el universo. Quizá podría establecerse la tesis que el “orden visible” se ordene de acuerdo al “orden invisible”.

Así que, las cosas visibles que aumentan la sensibilidad -el dolor, el sufrimiento, el odio, el horror, el hambre, la guerra, la violencia, la muerte-, den paso a las cosas invisibles, inefables, sagradas. El hombre técnico abandonado a la sociedad de masas y a la cultura de masas, está perdiendo la armonía interior. Como, asimismo, aumenta el número de médicos en la misma proporción en que se pierde la capacidad curativa. (Jünger).

Es necesario que se nos caigan las escamas de los ojos como se le cayeron a Pablo en el camino de Damasco. Para que los elementos se abran a los hombres llenos de magia y color como campos en flor. Entonces, con los ojos abiertos veamos lo íntimo e inviolable de los elementos y de esa manera brille la luz del Ser o, de las Musas.

En momentos como esos la naturaleza y la vida cobran a menudo un sentido prodigioso. Un sentido sagrado y eterno para que el hombre valla allende del espacio y el tiempo. En este acto humano, divino y estético, se transustancia la palabra y la vida de los hombres. En esos momentos acuden poderes mágicos o sagrados que llenan el vaso interior de cada uno de nosotros. Son encuentros numinosos que ayudan a soportar el peso de la existencia y, además, ver que se oculta detrás del forro de los fenómenos. 

En esta época de alto desarrollo tecnológico estamos anonadados por los instrumentos técnicos, la función y la utilidad que desempeñan en la sociedad. Hemos ido entregando poco a poco la libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual. La seguridad y la vigilancia brindan la experiencia de lo estable. El hombre planifica y su hacer está supeditado a la técnica, a la ciencia y a la estadística. Se trata que el pensar futuro desenmascare lo que oculta la experiencia de lo estable en el Estado, las instituciones, el orden jurídico o los parlamentos.

Además, el Estado técnico absoluto, los técnicos y el mundo técnico, darán paso a la ciudadanía libre, igualitaria y fraterna para la democracia. Sabemos que el mundo técnico y el colectivo técnico ponen en tela de juicio la esencia de la civilización democrática. Se necesitan actores significativos que prevalezcan sobre el mundo técnico y el colectivo técnico; así se develaran a los hombres cosas prodigiosas y divinas jamás imaginadas.

                           Martin Heidegger dice que,

“la esencia de la técnica porta en sí la iluminación y la verdad del ser. Se trata de develarla en su claro para que se manifieste la verdad del ser y la esencia del hombre y del lenguaje. Esto posibilitará un mundo más humano y vivible”.

Abriéndose en el camino del ser y la esencia del hombre, la experiencia de lo estable llega al lenguaje. En efecto, en su decir, lleva al lenguaje sólo lo inexpresable, las mentiras del poder. De este modo, el lenguaje se alza por encima de la experiencia de lo estable y comunica el brillo de los contenidos espirituales en medio de la oscuridad del mundo. Además, posibilita percibir la verdad no como algo establecido e inamovible, sino como advenimiento del ser y la esencia del hombre. Sólo así el lenguaje es misterioso y reina en nosotros. (Heidegger).

Sabemos por los anales de la historia y de la cultura, que lo misterioso, la miseria y la grandeza del ser humano, desembocan en el lenguaje. Éste comunica las desdichas y las grandes virtudes de los seres humanos. Desde la Antigüedad se expresa en las formas estéticas, los mitos, los rituales, la música, el arte, la religión, la filosofía. Así, el arte es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión en una forma material concreta- al decir de Vico.

Jünger capta el desvelamiento del arte en la época actual, al decir en el texto La Tijera: “Lo que el arte tiene son horizontes, no un horizonte. En eso se asemeja al Universo, es universal. La contemplación puede llevar a un recogimiento íntimo, a vistas panorámicas sobre cordilleras; las formas se funden. La persona individual podrá olvidarse de que alguna vez le produjo entusiasmo un gran poema, o la Mona Lisa. Pero esas cosas provocaron un cambio en ella, aun cuando las fuerzas de su espíritu decaigan o, aunque fuese la madre quien, con la corriente de la sangre, trasmitiese aquello al no nacido”.

Asimismo, Heidegger expresa en Carta que, “el destino del mundo se anuncia en la poesía sin haberse revelado todavía como historia del ser. Por eso, el pensar histórico universal de Hölderlin, que llega a la palabra en el poema “Andenken”, es más esencialmente inicial y, por ende, está más preñado de futuro que el mero cosmopolitismo de Goethe. Por lo mismo, la relación de Hölderlin con lo griego es algo esencialmente diferente del humanismo”.

El lenguaje posibilita que advenga el ser y el hombre exista, que aclara y oculta su esencia. “Sólo cuando el lenguaje es llevado a la plenitud de su esencia es histórico, el ser queda preservado en la memoria”. De este modo, el ser humano y las generaciones históricas, alcanzan la memoria y la rememoración. Por eso, el decir que piensa trae a colación la relación de la verdad del ser y la esencia del hombre. Entonces, podemos percibir la humanidad del hombre en el lenguaje y en su obrar. Cuando el lenguaje oculta la verdad del ser y la esencia del hombre, el decir se falsea. Hace que lo aparente, fútil y mentiroso ocupen la “casa del ser” y la morada del hombre.

Esto posibilitó que el lenguaje se convirtiera en signo o, en imagen. En la actualidad las imágenes son más fuertes que las palabras. Estas no necesitan ser traducidas y actúan de manera directa. La enorme afluencia de imágenes favorece un nuevo analfabetismo. La escritura se sustituye por signos; pues, observamos una decadencia de la ortografía. La consecuencia que se sigue es una vulgarización de la gramática. (Jünger). Recordemos que, en la década del treinta del siglo XX, toma el poder en Alemania el totalitarismo nazi. Entonces, el lenguaje es vaciado de sus contenidos y se vulgariza, se convierte en instrumento de poder, de demagogia, de engaño, de mentira y de odio.

También en la actualidad lo hace el lenguaje de los populistas, los nacionalistas, los autoritarios, el radicalismo religioso, que se valen de las necesidades humanas y de la parálisis de los partidos tradicionales y de las elites del poder, para destruir la acción política desde dentro de las instituciones y las libertades democráticas. Destruir la vida en común entre los ciudadanos. Entonces, en un Estado democrático Social de Derecho agrietan las bases donde se asienta. No podemos olvidar que la democracia es frágil como un niño recién nacido, por eso tenemos que cuidarla y fortalecerla cada día de nuestras vidas. Porque el destino de los pueblos se fundamenta en la libertad, la libre decisión, la voluntad popular y la democracia participativa, y, no en el odio, el racismo, la xenofobia, la discriminación, la violencia, la guerra, el hambre, el sufrimiento o la muerte.

Estamos caminando sobre un desfiladero estrecho y funesto, que impele a los hombres a la destrucción de la vida, del pensar, de la experiencia y del lenguaje. “En cada uno de los niveles es posible una mutación, igual que en cada momento es posible la muerte”. Asistimos por la primacía de las imágenes sobre el sentido de las palabras, al final de un ciclo. “Lo que sigue es un tiempo sin historia, de duración indefinida, que puede resultar agradable o, en todo caso, no trágico, según el modelo de ese “último hombre” que nos anunció Nietzsche y que nos ha descrito Huxley. (Jünger).                                                                                                                                                    

Se necesita un “tipo” de hombre que contribuya a restaurar la esencia que mora en él y en cada uno de nosotros. Que todos formemos parte de un nuevo “orden” en la historia universal y que la capacidad de análisis y de juicio como una actividad importante, permita compartir-el-mundo-con-los-demás. Que nos posibilite orientarnos en el ámbito público y en el mundo común. Un orden que trascienda el nihilismo, los anti-valores o el irracionalismo, y posibilite la proximidad Tierra y Cielo, Mortales y Divinos. Así de esa manera, pueda advenir la verdad del ser, la esencia del hombre o, la Revelación divina.

“En esta proximidad –dice Heidegger- es donde se consuma, si lo hace, la decisión si acaso Dios o los dioses se niegan a sí mismos y permanece la noche, si acaso alborea el día de lo sacro, si puede comenzar de nuevo en ese amanecer de lo sacro una manifestación de Dios o de los dioses y cómo será”. Así que, en el mundo actual lleno de atrocidades, mentiras, discriminaciones, hambre, xenofobia, desplazamientos, odios, violencia, guerras y muertes; hora es, que “los dioses salgan de sus escondites” –como dijo el poeta Hölderlin.

Heidegger piensa que “lo sacro, el único espacio de la divinidad, posibilita la dimensión de los dioses, y que llega a manifestarse si previamente, y tras largos preparativos, el ser se ha abierto en su claro y llega a ser experimentado en su verdad. Sólo así comienza, a partir del ser, la superación de ese desterramiento por el que no sólo los hombres, sino la esencia del hombre, vagan sin rumbo”.

No podría ser menos, la atmósfera que reina en el mundo es contradictoria e inextricable -en unos sitios es prometeica, con grandes fuegos y manos tendidas hacia las estrellas, en otros es apocalíptica, con sentimientos de culpa que remuerden la conciencia. Nietzsche es optimista, Spengler ve parcialmente la fatalidad –como el acabamiento normal de una cultura. (Jünger). Algunos seres humanos perciben el milenio que comienza con optimismo y alegría; mientras otros, con el pesimismo de la fatalidad. Se perfila un tiempo en que los lenguajes digitales abarcarán el espectro humano, que se esconde detrás de las Redes, la Inteligencia Artificial y las imágenes para ocultar su verdad. Y, otro donde las calamidades elementales y las guerras globales darán cuenta de la existencia del hombre sobre la Tierra.

Entonces, por así decir, “una única maniobra ejecutada en el cuadro de distribución de la energía conecta la red de la corriente de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas”- a la corriente del Gran Poder: Al Estado y sus instituciones, las Compañías transnacionales, al Capital financiero internacional, al dinero bancario, a las bolsas de valores, a la Industria militar, a la Inteligencia Artificial, a las redes globales e Internet, etc.

Ese umbral configura un mundo donde los seres humanos son incapaz de ver y detenerse a reflexionar. Un mundo grotesco y excluyente para la esencia del ser humano. Un mundo donde somos incapaz de tenerlo en común y compartir los valores morales y culturales con los demás. Somos parte de un tiempo determinado por las Plataformas Digitales, la Inteligencia Artificial, que condicionan la vida “subjetiva” y “objetiva” de los seres humanos. En este orden, cada ser humano cumple la función que le corresponde y está ubicado fuera de la obra, “se ha salido de ella. Ésta se ha vuelto autónoma, y ahora el ser humano deviene más sustituible y prescindible.” Parece que nos convirtieran en esclavos, y, por ende, no disfrutamos de la libertad ni de la realidad que vivimos. Porque ésta es un constructo velado por la técnica y las selectas minorías.

Además, el ámbito de las máquinas, la física, la Inteligencia Artificial, la neurobiología, el ciberespacio, la biotecnología, se convirtió en prisión para la mente y el espíritu. Se trata de trascender el sentido instrumental de la técnica y ponerla al servicio del hombre. Entonces viviríamos una especie de catarsis y los fenómenos naturales o los elementos, tanto como los hechos humanos, se percibirían no sólo con los sentidos, sino, ante todo, con los ojos del espíritu.

En el mundo actual el hombre masa es siervo de las máquinas y del Gran Poder; niega la libertad y afirman el determinismo. Estamos vigilados las veinticuatro horas del día, saben dónde estoy, qué hago, qué pienso, cómo actúo, qué gustos tengo. El ejercicio del poder necesita que se diluyan los sueños, la fraternidad, la esperanza y el amor, en el ámbito de objetos virtuales. O, en otras palabras, en el espacio de la Cultura del artificio. Se trata de destruir la capacidad de asombro, de percepción, de análisis o, de crítica. Es decir, que el sentido de realidad esté prisionero en las imágenes y las representaciones del mundo y su realidad, que ofrece el Gran Poder como verdad.

Por eso el mundo de las máquinas y las redes de información rápida y simultánea, se expresan sustituyendo la experiencia de lo estable. La experiencia del sentido común que nos desvela la naturaleza del mundo y su realidad en la medida que se trata de un mundo común. En este ámbito no existe correspondencia entre el mundo simbólico de la mitología y el mundo de la técnica moderna. Y, esto produce una cierta angustia respecto al destino del hombre sobre la Tierra. Porque no sólo destruye el hilo de la historia, también los usos, las costumbres, las tradiciones, los mitos, los rituales, los lenguajes naturales y el pensar, que han dado coherencia a los pueblos con sus generaciones.

Así pues, lo importante es que la mente y el espíritu sientan las cadenas que tejen los valores en los que se sustentan. En la realidad del artificio, por ejemplo, prevalece el miedo sobre el libre albedrío, el sufrimiento sobre la fraternidad, el dolor sobre el placer, también la desesperanza, el odio y la muerte. Por eso la duda, el miedo y el sufrimiento se ubican en el centro de la existencia. De ahí que en la realidad no exista, porque niegan la zona de la sentimentalidad, de la intuición y los sentidos humanos. En la cadena de producción o, de procreación el ser humano se convierte en número o en objeto.

Así que, estamos organizados y funcionamos respondiendo a los intereses del Capital, del mercado, del consumo, de las bolsas de valores, las financias internacionales, y, por supuesto, respondemos al Gran Poder. Y, en consecuencia, se exalta la crisis de la condición humana. Esa, de la que nos habló Hannah Arendt en el texto La condición humana: la vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra.

Jünger dice que todo lo que tiene que ver con la técnica es confuso: “el mundo se presenta como una arquitectura confusa”. No tiene lógica ni sentido de realidad, ya que, a los ojos de los hombres, es un constructo artificial. No se corresponde con el “verdadero” sentido de realidad. En este orden de ideas, se tiene la sensación que todo lo creado, inventado, coleccionado o memorizado, se esfuma cual pompas de jabón. No somos conscientes que la técnica destruye la memoria, la rememoración, los contenidos de la experiencia, el pensar y el lenguaje. Entonces el ser humano responde a mecanismos que lo trascienden. Que lo diluyen en las relaciones de poder y saber, en el orden jurídico o en la estructura económica. Por eso hay que percibir las esferas del mundo técnico, en su cultura.

En el mundo el hombre de carne y hueso es una ficción deliberada, que responde al Gran Poder. Se convierte en instrumento de poderes abstractos que lo dominan y van más allá de su singularidad. Asimismo, náufrago en la mar de las redes artificiales y estructuras abstractas, sustituyen las necesidades morales, materiales y espirituales del ser humano, por la futilidad, lo estadístico, lo cósico, lo pasajero y fugaz de la existencia humana.

                    Y eso hace del hombre actual un ser sumamente desgraciado.

                                       Madrid-España a 10/03/2024

miércoles, 6 de marzo de 2024

 

                                 Fragmentos sobre el pensamiento de:

                    Martín Heidegger, Ernst Jünger y Hannah Arendt.

 

 

  “La palabra sagrada y divina de Dios está condicionada al advenimiento de la verdad del ser”.

                                                                                   M. Heidegger

 

 “La verdadera sabiduría no es acumular conocimiento, sino vivir en armonía con la naturaleza y los demás seres humanos”.

                                                                                      E. Jünger

                          

                   “La acción es la manifestación más plena de la libertad humana”.

                                                                                        H. Arendt

                                                  

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En Heidegger, Dios es un ser entre los seres, una existencia más. Sólo a la luz de la esencia de la divinidad puede ser pensado y dicho qué debe nombrar la palabra “dios”. La palabra según Heidegger significa la esencia de la divinidad. La esencia de Dios no reside según él, en la creencia, la omnipotencia u omnisciencia del ser Absoluto, Alfa y Omega de lo que existe. Sino que la esencia de Dios hay que buscarla y encontrarla en el “decir”, la palabra como lenguaje. Éste es el que contiene a Dios y lo define en su esencia. Aquí podemos percibir que Heidegger, ni afirma ni niega la existencia de Dios, sólo desde el pensar la ubica en la casa del ser: el lenguaje. Por eso, el hombre es el pastor del ser y no de Dios.

Así, la existencia del hombre no se origina de un acto creativo de Dios, por amor de su nombre. Sino porque el hombre advine en la esencia de la verdad del ser. Como el lenguaje es el advenimiento de la esencia del ser; que aclara y oculta. En Heidegger hay que comprender y escuchar cuidadosamente todas estas palabras para experimentar como hombre, es decir, como ser existente, la relación del hombre con “dios. Además, pensar la experiencia del hombre con Dios no viene de la “Revelación”, sino de la relación del hombre y la palabra.

Y Heidegger cuestiona, ¿cómo va a poder preguntar el hombre de la historia mundial de modo serio y riguroso si dios se acerca o se sustrae, cuando él mismo omite adentrarse con su pensar en la única dimensión que puede preguntar esa pregunta?    

Sólo entrando el hombre en su pensar puede preguntar por la situación del mundo. Pero el pensar se encuentra en dique seco. O, en otros términos, en la actualidad el pensar se encuentra en crisis. Estamos atravesando el desierto de una época de alto desarrollo técnico-científico, de cultura de masas y de sociedad de masas, donde prevalece la publicidad, el consumo, la velocidad, la futilidad de la vida, la inmovilidad del pensamiento. Como también el desierto del momento oportuno, la ruptura de la relación del hombre y el entorno, del hombre y el mundo, del hombre y el universo, la ruptura con la experiencia y los contenidos espirituales del lenguaje. Desde hace tiempo este tejido de relaciones se entregó a las máquinas, a los lenguajes digitales o, a los algoritmos.

Preguntamos, ¿cuáles son los fines de la técnica en la actualidad? ¿qué se esconde detrás de la voluntad de la técnica y de la esencia que la determina? Que predomine la velocidad, el automatismo y lo siempre-igual, en la vida humana. Que coarte las decisiones y la autonomía de la voluntad, que responden a la libertad. Si estamos en medio de la atmósfera de las irradiaciones de la técnica, la ciencia y la economía, o, de la Inteligencia Artificial, el hombre solo es un grano de arena en el desierto del mundo actual.

Además, por así decir, los que ejercen el poder tratan que el hombre sienta miedo, angustia, dolor y sufrimiento, para que piense constante en las cosas del poder, del espejismo del dinero, del lujo o, de la realidad. Y, esta especie de inseguridad e indigencia, de abandono ante los poderes establecidos hacen de él un ser desgraciado, silencioso, solo, afligido y lleno de amargura.

Ernst Jünger dice que “vemos al hombre meditar, como planificador y pensador audaz, sobre el avance de los procesos y sobre el modo de encontrarles una salida”. Desde otro umbral, “la técnica genera en la persona individual una especie de optimismo, una conciencia de poder generada por la velocidad”. Y cuando las cosas cambian la técnica se traslada de las confortables comodidades a otros ámbitos, y aparece el dolor, el sufrimiento, la catástrofe o, la muerte. Y, en otros, se hace evidente y visible la falta de libertad.

Jünger piensa que el miedo es uno de los síntomas de nuestro tiempo. Es del miedo de lo que vive el Gran despliegue del poder, y la coacción adquiere especial eficacia en aquellos sitios donde se ha intensificado la sensibilidad. De ahí que el problema fundamental de la existencia en relación al desarrollo de los procesos técnicos, lo ubica Jünger en el ámbito de la libertad. Se observa que en favor del automatismo entregamos cada vez más, una porción de libertad. De este modo, las facilidades técnicas procuran numerosas comodidades; pero también la pérdida de la libertad. De ahí que Heidegger diga que el problema que esconde la esencia de la técnica es, el de la libertad.

En este orden, vivimos en una atmósfera pesada y oscura, que impide ver la iluminación de los movimientos del pensamiento, la percepción estética del mundo y de la existencia. Ya no se pregunta sobre la historia universal o el sentido del tejido vivo de la existencia, sino por satisfacer las necesidades biológicas, como el consumo, el lujo, el ocio vacío o, la reproducción. Entonces el ser humano vive una crisis en los elementos del pensar y la esencia de la existencia, que impiden develar el presente y posibilitar los elementos de orientación en el mundo. Por eso hay que apelar a la libertad y confirmar que el hombre es todos los hombres y, que detrás de la oscuridad del pensar o del lenguaje, se ocultan relaciones de poder.

En el mundo actual observamos que la vida biológica prevalece sobre la vida sentimental, espiritual y el pensar.

De modo que, cuando Hannah Arendt analiza la sociedad moderna, su crítica no se reduce a un simple lamento acerca de cómo los modernos concedemos tanto valor a la tecnología, sino que su preocupación básica gira en torno a las perniciosas consecuencias que detecta en el hecho que la sociedad moderna esté organizada alrededor de la labor –que las ocupaciones en que utilizamos la mayor parte de nuestro tiempo y atención sean aquellas a través de las cuales mantenemos nuestra vida biológica y que el valor social de nuestro hacer se conciba en términos, no de lo que cada uno produzca, sino por su función en el proceso productivo colectivo.

Más que mostrarnos esta época como un retroceso paulatino de la naturaleza, nos la presenta como un desmesurado avance de la misma y, por ello, como una progresiva pérdida de mundo común. Sugiere que, en la modernidad, se ha dado una paulatina fuga del mundo, de la pluralidad, hacia el yo, una fuga de la realidad que es al mismo tiempo una huida de la responsabilidad hacia la indiferencia con respecto a lo común.

En este orden de ideas, en el texto La Condición Humana podemos leer e interpretar “una breve teoría de sello fenomenológico que gira en torno a la relación del arte con la tripartición de la vita activa y con la temporalidad –y el significado político y social de la crisis en la cultura”. De modo que, en la teoría de la acción de Arendt, encontramos el concepto de mundo a través de su relación con la vita activa. Que el concepto de mundo común no se reduce a la gente que vive en él. Es el espacio que hay “entre” ellos. El mundo, en cuanto es común, no es idéntico a la Tierra o a la Naturaleza, más bien está relacionado con “los objetos fabricados por las manos del hombre, así como con los asuntos de quienes habitan juntos en el mundo hecho por el hombre”.

Convivir en el mundo significa, en esencia, que un “mundo de cosas está entre quienes lo habitan. Un mundo humano en cuyo seno hay espacio para desplazarse y compartir perspectivas distintas; y cabe recordar aquí que:

“La libertad aparece en el intercambio con los demás y no con nosotros mismos”.

Así pues, somos contemporáneos sin saber por qué lo somos. Incapaz de desandar lo andado y rememorar la historia, caímos en el hoyo profundo y oscuro de la desesperanza, el dolor y el sufrimiento. Vivimos una especie de desierto espiritual, mental y sentimental; ya que “el hombre de la civilización, el hombre del movimiento y de los fenómenos históricos, dejó de tomar sus criterios de su esencia inmóvil y sobre temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia”.

Somos parte de una época de actores insignificantes y de hechos significativos, hay que abrirles paso a los espíritus fuertes. Porque son capaces de ver las perdidas en el borde del abismo, lo que oculta la oscuridad. “En ese proceso lo heredado medita sobre aquello que está en el fondo de todas las herencias”. Es una confrontación solitaria y en eso reside su encanto, porque el ser humano se enfrenta a sí mismo. Y ese desafío no necesita de juez, de sacerdote, de burócrata, de banquero, de político. “En esa soledad el hombre es soberano a condición que tenga conocimiento de su rango.

El ser humano en este sentido es: el Hijo de Dios y Redentor de los hombres”.

                                            Madrid-España a 05/03/2024

 

domingo, 28 de enero de 2024

LA TÉCNICA: EL PREDOMINIO DE LA CULTURA DIGITAL


 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la actualidad con el predominio de los lenguajes digitales (Facebook, X, Google, WhatsApp, Instagram, etc.), y la Inteligencia Artificial Generativa, el ser humano no es consciente de las repercusiones psicológicas, espirituales, materiales, éticas, morales e intelectivas, que acarrea. Las capacidades cognitivas, de asombro, de creación, la libertad, se deterioran para dar paso a la Cultura del artificio. Así que, la memoria y el rememorar, la curiosidad y el momento oportuno, los reemplazará Google, y el mundo de las cosas y la realidad, dará paso a la base de datos y a los lenguajes digitales. De ahí que el lenguaje de las máquinas y las imágenes sean más fuertes que las palabras. Porque lo que se esconde detrás de la esencia de la técnica es la libertad: de pensar, de imaginar, de asombro, de juzgar o de Ser.

Así que, el ser humano delegará a la técnica y a las máquinas, el manejo responsable de la libertad y de Ser. La pereza mental y de actuar será la característica de las masas del Siglo XXI. Sólo una “selecta minoría” tendrá la capacidad, la voluntad y el arrojo, para analizar, cuestionar y criticar, lo establecido como verdad por el Estado Técnico y el Gran Poder.

Sabemos que la educación forma o deforma la individualidad para siempre. Sí en la educación de la niñez prevalece la Cultura del artificio y los lenguajes digitales, esto es, los grandes modelos lingüísticos de las máquinas, la pereza mental prevalecerá sobre la curiosidad y la capacidad de asombro. Si la educación se centra y privilegia GPT4 o 5 y las maquinas piensen y tomen las decisiones por los niños, repercutirá en el pensar y la Condición Humana: el nacimiento, la vida, la muerte, la mundanidad, la pluralidad, la libertad, etc., como la concibe Hannah Arendt.

Esto será más importante que los Gobierno y los Estados, la economía, las instituciones públicas o privadas, el desempleo o las financias internacionales. Entonces, si el ser humano delega la capacidad de pensar, de juzgar y de Ser, a una máquina, no tendremos futuro como especie. Desde una perspectiva lingüística el pensamiento dejaría de ser una forma del lenguaje y se convertirá en una de la máquina. La pregunta, fundamento de la filosofía y del pensar, da paso a la respuesta lógica, matemática o, a la estadística; y esto, se convierte en una tragedia fundamental. Así que, los modelos lingüísticos de las máquinas incentivan la pereza mental y de actuar.

En las sociedades que se están configurando, el desarrollo de las humanidades será fundamental, porque dotará a los seres humanos de una “Caja de herramientas” conceptuales, la intuición, la curiosidad, el asombro, y la experiencia, como herramientas para desarrollar el pensamiento crítico. La filosofía, la historia, la literatura, la música, el arte, entre otros, posibilitarán que los individuos y las sociedades florezcan, que seamos más sensibles, imaginativos y creativos, con nosotros mismos y el mundo y la realidad del que somos parte.

Desde el umbral de la filosofía, Heidegger cree que, la técnica moderna no es una “herramienta” y no tiene que ver con ella. Dice que hasta ahora no hemos encontrado una manera de responder a la esencia de la técnica. Que en el mundo de la técnica moderna “todo está funcionando”, el “funcionamiento impulsa a uno mayor”. En Heidegger, esto quiere decir que, “la técnica desaloja cada vez más al hombre y lo desarraiga de la tierra”. El hombre está alienado de la tierra, del mundo y su realidad. En su esencia es algo que el hombre no domina por su propio poder. Piensa que la técnica es un “imperar”, cuyo poder escapa al control del hombre. Por eso define la esencia de la técnica como “estructura de emplazamiento”, idea que toma de Ernst Jünger.

Así que, la composición tecnológica del mundo, la define como un modo de existencia humana que determina el obrar y el pensar del hombre. Éste no puede escapar del control que ejerce la técnica sobre él. La técnica se convirtió en el vestido del hombre moderno. Ha penetrado tanto en la naturaleza humana, que ya toca las partes blandas del ser y del existir. Aquí se trata de indicar la necesidad de preparar una relación libre respecto a la esencia de la técnica, es decir, despertar el Ahí-ser a lo que ahí está-siendo. Pensar la técnica parece ser la suprema manifestación de un obrar, un quehacer que supera toda praxis, aunque consista en un decir, en traer a la palabra que desvela, revelando el velo del ocaso del ser en su última morada.

Para Heidegger, La pregunta por la técnica, es algo esencial en su reflexión epistemológica y ontológica sobre el ser y la verdad. Porque así le posibilita comprender el fenómeno planetario de la técnica y cómo configura el rostro de nuestra época. Por eso se aleja de la definición de la tradición metafísica occidental, tanto griega o latina. Ubica la Ge-stell, en otro umbral para hacer La pregunta por la técnica. Ese algo que impera sobre la libertad del hombre, que lo trasciende y lo domina. De ahí que el hombre es incapaz de abarcar la técnica, al Estado técnico en su totalidad; sólo destellos que su tendencia deja tras de sí.

La técnica es aquello que revela y oculta, el ser. Y define la Ge-stell como la forma colectiva en la que los seres tienen experiencia.

José M. Esquirol dice que con la esencia de la técnica moderna nos encontramos en un camino, en una forma de revelación, y es en ese sentido como cabe hablar de destino (Geschick). No hay coerción dice Heidegger. “Pues el hombre deviene precisamente libre por vez primera en tanto pertenece al ámbito del (Geschick) y así se vuelve un oyente (Hörender) pero no un esclavo (Hóringer)”.

Heidegger entendía que escuchar libera. Fijémonos en esta articulación: pasamos del lenguaje del desvelamiento y de lo que aparece, a la escucha; y la libertad se refiere a esta capacidad de escucha. A través de la escucha, la libertad sigue estando relacionada, como siempre, con la verdad en cuanto desvelamiento. Libre lo es quien, advirtiendo reflexivamente el camino en el que se halla emplazado, sabe corresponder de manera adecuada. 

Ernst Jünger expresó en el año de 1979 en el texto: “Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939 – 1945): “El mundo a cuyo nacimiento estamos asistiendo no será el calco y motivos y principios plasmados de una manera unitaria –surgirá del conflicto, como toda creación. Y una de las grandes delimitaciones es ante todo la que se traza entre el libre albedrío y la determinación. En nuestra cabeza, en nuestro pecho es donde están los circos en que, vestidos con los disfraces del tiempo, se enfrentan la Libertad y el Destino.

En otro apartado del texto dice: “tiene tanta fuerza el poder de la libertad que nos es suficiente soñar con ella”. De ahí que Heidegger diga en La pregunta por la técnica, que lo que se esconde detrás de la esencia de la técnica es la libertad. Y Jünger lo expresó claramente: “Sólo el hombre libre deja su impronta en el destino”.

En este mundo de alto desarrollo técnico detenernos junto a lo próximo es sumamente difícil; porque el hombre vive desarraigado, extrañado de sí mismo, por la velocidad y los instrumentos técnicos. Así que la técnica aleja al hombre de lo familiar, lo habitual y lo sitúa en los márgenes de su propia esencia. Aquel que posibilita que el ser advenga y manifieste su verdad, y como ser lingüístico su lengua es, la “casa del ser”. Heidegger es consciente de las consecuencias de la técnica moderna en la vida del ser humano como del desarraigo que trae consigo la civilización actual y “frente a ello expresa nostalgia de la tradicional existencia campesina”.

“La técnica arranca al hombre de la tierra y lo desarraiga. Todo lo esencial y grande sólo ha podido surgir cuando el hombre tenía una patria y estaba arraigado a una tradición”.

Esquirol corrobora a Heidegger: “Ya no es posible volver a ser leñadores, ni agricultores, como antes. Pero el pensar y el poetizar pueden llevar a cabo una especie de nuevo enraizamiento. Falta de tierra natal” que ayude al encuentro consigo mismo y lo más cercano. Si en la civilización actual el arraigo en el suelo natal ya no es posible, ¿qué ocupa su lugar? “El arte, el habitar cabe las cosas, la cosa, el pensar y, siempre, la cercanía. Ese pensar que se expresa en la cercanía y que tiene su lugar en el mundo de la técnica se bautiza también con otra palabra: serenidad. Estamos rodeados de objetos técnicos”. Por eso, es indispensable la labor del poeta y del pensador; porque nos ayudan a trascender las barreras del determinismo, de la política y de la cultura. Pero, ante todo, apropiarnos de la libertad para cortar las amarras de lo establecido como verdad y exaltar la sensibilidad y la libertad de pensar, ante las fuerzas atávicas y la irracionalidad política

Según Heidegger, la amenaza no le viene al hombre principalmente de las máquinas y aparatos técnicos, que puedan actuar de modo mortífero. Sino que ésta se ha introducido ya en la esencia del hombre. Donde domina lo dis-puesto (el destino del des ocultamiento), hay, en el sentido más elevado, peligro.

Como testifica el poeta Hölderlin:

 

                                          “Pero, donde hay peligro

                                           Crece también lo salvador”.

 

En un mundo humanamente en peligro, ¿quién nos puede salvar? ¿el pensar, el arte o Dios? Sólo sabemos que son caminos que se ofrecen al hombre para encontrar la iluminación o, la verdad, y como antorchas iluminen los senderos en la oscuridad para ir al encuentro de la trascendencia. Que al arte le esté confiada esta tarea –dice Heidegger-, no lo sabemos. Pero si posibilita dice el poeta Hölderlin: “... poéticamente habita el hombre sobre la Tierra”. Vivir la vida poéticamente, significa, elevarse a la altura del desvelar.

                           En este umbral la estética se convierte en madre de la ética.

Si un día vivimos en el frenesí de la técnica, la esencia de la técnica posibilitará el advenimiento de la verdad. Porque la esencia de la técnica no es nada técnico, y al reflexionar sobre ella, de un lado nos revela su relación con ella y, de otro, existe algo completamente distinto. Ese otro es, el arte. Que posibilita la constelación de la verdad, tras la cual vamos [fragen: preguntamos]. Es evidente, que el arte, la música, la filosofía, nos ayudan a encontrar la serenidad. “Se trata, en fin, de no cederlo todo a la diafanidad del mundo técnico y su disponibilidad”. Porque el ser humano perdería la esencia que lo determina: los sentidos, el pensamiento y el lenguaje, entre otros.

Vistas las cosas así, desde el peligro de la técnica moderna, podemos ver lo que salva. Así, el arte posibilita que nos veamos como lugar de la verdad. Además, caminar por esta senda nos posibilita también descubrir nuestra propia esencia. Podemos decir, por una parte, la esencia de la técnica oscurece su propio develar, y, por otra, en ella el hombre puede reconocer la relación de la técnica con la verdad. En cuanto a la salvación Heidegger hace referencia a la serenidad, el enraizamiento en el lugar, el pensar y el preguntar. Porque el pensar conduce por la senda que va más allá del tópico y lugar común, de la homogeneidad, la disciplina, el dogma y la Totalidad.

Existe en Heidegger una relación entre la serenidad, la paciencia, la espera, la escucha y la vida campesina. “Permite, la serenidad, ese escuchar de nuevo la voz de las palabras más originarias. En la serenidad decimos lo que hemos escuchado. Nuestro decir es un volver a decir la respuesta escuchada”. Así que, la palabra más profunda procede de la escucha en silencio y la serenidad. Este escuchar nos salva de la algarabía de los lenguajes digitales, de la homogenización y de la uniformidad. Y, exalta la diversidad, la alteridad y la multiplicidad, en el ámbito de las lenguas, de las culturas, de los movimientos del pensamiento, del ser y el estar, en el mundo.

Con ello, “el hombre se refiere al ser en un juego de relaciones que lo vinculan a la tierra nutricia, con la claridad celeste y con el registro de lo divino” –al decir José M. Esquirol. 

                                    Madrid-España a 26/01/2022