miércoles, 19 de julio de 2023

Del arcaico mundo simbólico de la mitología al mundo de las sociedades modernas

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

En la historia del espíritu humano hubo un tiempo según la filosofía y el mito” clásico”, que las cosas del mundo, la vida y el cosmos, se concebían en las formas del tiempo geológico, circular, cosmogónico. Donde primaban los sistemas cíclicos, discontinuos del tiempo y la vida. Como dijo Ernst Jünger: lo que a estos últimos les corresponde en el mito es el titanismo con su eterno retorno. A los titanes les basta la peregrinación cósmica, el eterno retorno.

Es el tiempo que retorna con presentes a los habitantes de la Tierra -el de Dionisio, Apolo y Pan. Representan la continuidad orgánica entre la vida y el mundo, lo vegetal y lo animal, el hombre y el cosmos. Se gesta así el misterio de la vida y la muerte, el fuego y la oscuridad, lo terrenal y lo celeste, el tiempo que camina y permanece, lo sustancial y lo accidental, los dioses de las estrellas y los humanos.

Así que, la mitología no es, como defienden los teóricos neoclásicos del Renacimiento, la invención pintoresca de los poetas con la pretensión de estimular nuestra imaginación; tampoco, como mantuvieron los racionalistas, fabulas falsas difundidas por sacerdotes sin escrúpulos u otros charlatanes interesados, para engañar o adormecer a las masas ignorantes.

Los mitos según Giambattista Vico, son formas de ver, de comprender, de experiencia y de reaccionar ante el mundo; y resultan plenamente inteligibles probablemente sólo para los que los crearon y los que creyeron en ellos, esto es, para las primeras generaciones de hombres. Puede decirse que dentro de aquellas [fábulas] estaban descritos por las naciones mediante los sentidos humanos los principios de este mundo de ciencia, que posteriormente con raciocinio y con máximas nos han sido esclarecido por la reflexión particular de los doctos.

Las mitologías son “historias civiles de los primeros pueblos, los cuales se hallan que fueron en todo y naturalmente poetas”. Dicho de otra manera, son formas naturales de expresión de lo que sintieron, pensaron y hablaron, de forma tal que sólo podemos comprenderlo en la actualidad con un gran esfuerzo de la imaginación. Ernst Jünger dice: “intempestivo” contemplar cosas tempestivas en el espejo del mito. En él se ven siempre cosas nuevas, pero tras ellas se vislumbran en cada momento las mismas. En cuanto instrumento de contemplación, ese espejo va más allá del tiempo y la distancia.

Vico pregunta, ¿cómo puede nuestra imaginación racionalista y abstracta comprender que Júpiter es a la vez el padre de todos los dioses y también todo el cielo? O ¿cómo la naturaleza puede ser simbolizada como una inmensa mujer o un vasto cuerpo animado que siente pasiones y afectos? Recordemos que para nosotros resulta casi imposible pensar o sentir en términos de categorías “corpóreas”, y “poder entrar en la basta imaginación de aquellos primeros hombres”. Los dioses de los antiguos  –de los griegos y los romanos, por ejemplo- no son demonios -como enseñaban los primeros teólogos cristianos-, ni sus cualidades y construcciones poéticas e históricas son productos deliberadamente elaborados durante un largo período de tiempo en aras de la contemplación estética, sino que son las creaciones “poéticas” (esto es, generadas por el Volksgeist) de la primitiva consciencia humana actualmente muerta, fosilizada y disponible para que los expertos lleven a cabo disecciones y análisis. (Vico).

De ahí que el mito sea más fuerte que la historia; es algo que apunta a una etapa temprana del viaje. Si el mito supera el tiempo, el espacio y la causalidad es algo que encuentra su igual tan solo en los sueños. (Jünger).  Los mitos son el modo específico de expresión de la imaginación colectiva de los hombres primitivos, y para los críticos modernos son la fuente de conocimiento más rica de todas en relación con los hábitos mentales, físicos y las formas de vida de sus creadores. Las fabulas son historias verdaderas de costumbres.

Así, “la mitología es la primera ciencia que se debe establecer”.

Los mitos representan los poderes, instituciones y cambios en el orden social. Dioses, héroes y mortales son en cada caso un mito y un símbolo. (Vico). Reflejan la realidad de la época de la que surgieron. No son ficciones deliberadas de ensoñaciones poéticas, ni conceptos a-históricos de filósofos y críticos, sino un mundo simbólico que contiene y expresa, lo que pensaban y hacían esos hombres en una época temprana de la humanidad.

Asimismo, Vico vio en Homero no una persona individual que escribió la Ilíada y la Odisea, sino el genio nacional del pueblo griego mismo, en tanto que articula la visión de su propia experiencia a través de los siglos.  Homero es la imaginación creativa de todos los pueblos griegos; “todos esos pueblos griegos fueron este Homero”. Cree que existen símbolos permanentes en la imaginación –en los procesos mentales semi-conscientes de los individuos y de los grupos, desarrollándose cada uno a su propio ritmo-.

Que determinadas imágenes aparecen recurrentemente en la historia de la humanidad, como la salvación y la resurrección, el cataclismo y el renacimiento; que los mitos, la magia y los rituales pueden ser un modo natural -de hecho, el único históricamente posible- que describan la experiencia de seres humanos en un estadio lingüístico dado y eo ipso de desarrollo social y psicológico. Son imágenes, representaciones, experiencias, símbolos, que han modificado las experiencias, las ideas y los conceptos sobre la historia, el pensamiento y la cultura, tanto nuestras como la de otros seres humanos.

Se trata de percibir que la mitología, la filología, la antropología, el arte, la arqueología, la novela, la historia, la poesía, la religión, la música, la filosofía, y la cultura en general, posibilitan estudios interrelacionados e interdisciplinarios a cerca de las épocas antiguas de la humanidad. Y valiéndose de métodos empíricos se pueda descubrir la estructura y el significado que está por debajo de la experiencia social en su movimiento histórico. Vico es el autor de la idea de que la lengua, los mitos, los vestigios del pasado, reflejan directamente las diversas formas en que las realidades sociales, económicas o espirituales se refractaron en las mentes de nuestros antepasados.En la modernidad estos estudios de literatura comparada se han realizado a partir de Hegel, Marx, Durkheim, Comte, Weber, Freud, Frazer o Jung. Así que, la investigación que quiera abarcar a estos hombres remotos debe valerse de las imágenes lingüísticas, la imaginación, el recuerdo y la memoria, para comprender las mentalidades, la cultura y el entorno de estos hombres ignotos.

 Tengamos presente el mito griego:

 En Grecia la religión estaba totalmente integrada a la sociedad, hasta el punto que no había una sólo esfera de la vida que no tuviera su aspecto religioso. Nacimiento, edad adulta y muerte, guerra y paz, agricultura y comercio o política son hechos y actividades que se acompañaban con rituales religiosos y eran objeto de reglas religiosas; incluso “hacer el amor” (aphrodisiadsein) se expresaba haciendo derivar el verbo de Afrodita, la diosa del amor.

Cuando Heródoto quiere describir la religión de los pueblos vecinos utiliza la expresión “adorar a los dioses” (sebesthai tous theous) y cuando describe la nación griega habla de “la sangre común, la lengua común y los santuarios y sacrificios comunes”. Se deduce que la religión estaba integrada en la vida del pueblo griego e implicaba una ausencia real de religión privada. El culto era siempre una actividad pública y comunitaria. La completa integración de la religión en la vida también influyó en la conceptualización de lo sagrado.

Para el cristianismo y el islam, la religión griega era politeísta. Así que, en el politeísmo, el panteón constituye un sistema en el que los dioses bien pueden complementarse, bien oponerse entre sí. Al contrario del Dios Uno, para los judíos y los cristianos o Alá para los musulmanes. Dios es omnipotente, omnisciente, suya es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad; suyo es el reino y se levanta por encima de todo. Es alfa y omega, de él proceden las riquezas y la gloria.

Los dioses del politeísmo, en cambio cubren sólo un ámbito determinado de la realidad. Su importancia depende de dicho ámbito específico. De ahí que la totalidad de los dioses abarcaba toda la realidad y fue sólo en la época helenística cuando la fe en un solo dios, pistis, se hizo posible. Así que, sólo después de la aparición del cristianismo y del judaísmo aparecen las conversiones.

Al nombre de la divinidad se le daba contenido a través del mito, que narraba su familia y sus hazañas. Los vínculos familiares eran una forma de establecer conexiones entre las divinidades o de indicar funciones a fines. Leto, madre, Apolo y Artemis, hermanos tenían conexiones afines y estaban relacionados con el rito de la iniciación. De ahí los Himnos Homéricos presentan a los dioses de diferentes maneras, a Dionisio, por ejemplo, lo relaciona con “un muchacho al borde de la adolescencia”, y a Apolo como “un vigoroso joven al borde de alcanzar la edad adulta”. El santuario de Apolo estaba situado en el ágora, como en Argos, en Dreros (Creta) y Olbia en Crimea. Sus diferentes ubicaciones quizá reflejen su posición ambigua entre la adolescencia y la edad adulta.

Recuerda Jacobo Burckhardt que, la interpretación de los mitos griegos por la ciencia moderna, es muy difícil en un pueblo que, como el griego, ha preferido olvidar la significación primitiva de las figuras y los hechos, cuyo simbolismo ha llegado a ser, o ha sido desde un principio, ingenuamente inconsciente, y que, además, ha recibido la influencia milenaria de un culto muy amigo de los sacrificios y la de un arte plástico de una riqueza infinita. En esta tesitura sus mitos cobrarían humana apariencia: se hablaría en ellos de los padres de la divinidad en cuestión, de los celos terribles que quisieron impedir su nacimiento, de luchas y enemistades con otras divinidades, y de divinidades protectoras.

 En este orden, el devenir del espíritu de la cultura griega posibilitó comprender el mito a través de las vías de asociación de ideas o la resonancia de las imágenes. Los dioses elementales dicen claramente lo que son, pero el resto de los otros grandes dioses algunos han cobrado tal multiformidad, que Zeus, Apolo, Atenea, Hermes, cada uno por sí, representa y provee casi todo lo que a los hombres interesa. No obstante, tenemos la remotísima dualidad de los seres divinos como protectores y destructores. Este aspecto humano y terrible lo poseen ya como dioses de la naturaleza; pero como se van acumulando en cada uno de esos aspectos rasgos de toda clase, su ser se hará cada vez más diverso. Apolo es el Dios de la luz, pero al mismo tiempo el que envía las epidemias y la muerte repentina.

Pero junto al poder de Apolo en la vida humana, de la que él sólo hubiera bastado para Señor, le corresponde a la vez, el triple patronato de la música, la adivinación y la medicina del cuerpo y el alma, y con ocasión de la primera atrajo a sí las Musas, que antes fueron cortejo de su propio padre Zeus; los rapsodas le enaltecieron sobre manera, por lo mismo que era un compañero. Se le fue juntando todo un haz casi inagotable de poder.

El dios Apolo solía ponerse en conexión con las asambleas anuales dorias, durante las que se integraba a los jóvenes en la comunidad de los adultos. Por encontrarse a medio camino entre la juventud y lo adulto, lo capacita para ser guardián de los ritos de iniciación y al mismo tiempo, centro de las instituciones políticas de la poli. Las sentencias: “Conócete a ti mismo” y “Nada con exceso”, se atribuyen a sus labios.

En suma: en la época clásica, la música, la poesía, la filosofía, la astronomía, las matemáticas, la medicina y las ciencias en general estuvieron bajo el control de Apolo. Enemigo del barbarismo, predicó la moderación en todo, y las siete cuerdas de su lira estaban conectadas con las siete vocales del alfabeto griego posterior, ya que tenían un significado místico y se usaban como terapia musical.

Dionisos es el dios más controvertido del panteón micénico. Según J. P. Vernant y su escuela, han analizado a Dionisos como el dios de la máscara, y le han definido como el Otro, el dios que es, al mismo tiempo, hombre y mujer, joven y viejo, y está cerca y lejos. El Dios afeminado parece estar en relación con la iniciación, en la que se solía vestir, temporalmente, a los jóvenes con ropa femenina. Pero, también se relacionaba con que fue criado por mujeres. Así que, los festivales en honor del Dios, simbolizan el jolgorio y a la vez la ruptura con lo establecido, el orden social.

 

A Dionisos le incumbe particularmente la vida y los cultos y fiestas han debido ser desde un principio mucho más populares y de tipo bien diferente que las fiestas de los otros dioses. Pero las delicias del vino y la embriaguez no agotan, ni con mucho su importancia; supone, además, otras incitaciones diferentes, correspondiendo a un amplio y oscuro dominio de la vida antigua, de la naturaleza humana en general, sobre el que jamás se expresaron con claridad los antiguos.

Entre los griegos Dionisos es el Dios que padece, muere y resucita. Y fuerza a los pueblos a participar en esta pasión. Como muerto se convierte en uno de los señores del Infierno, y su adoración mística cobra desde este momento otra nueva forma especial. Tras la máscara del dios de la fertilidad –dice Burckhardt- se oculta un ser extranjero. Un dios de origen camita que, en el extremo oriental del Asia Menor, entre los frigios, así como también entre los tracios, adquirió simbólicamente un ritmo salvaje y embriagador, y en repetidas invasiones remplaza en Grecia al culto de Dionisos.

De ahí que los Himnos Homéricos digan que “le placen el alboroto de las campanillas, el ruido de los crótalos, el resonar de las flautas y el aullido de los lobos y de los leones de mirada centellante, y las montañas retumbantes, y las gargantas silvestres”.

Con un cortejo acompañado por su madre, los sátiros y ménades, sus míticos seguidores, producen la locura. No enloquece sólo el que ofende al servidor de la diosa madre –rememora Burckhardt- sino asimismo el que llega a presenciar sus misterios o penetrar en sus santuarios sin estar llamado a ello. Tal como pasaba con el Templo y el Arca de Adonay el Señor de los israelitas. El que tocaba el Arca o el que traspasaba la línea del Tabernáculo sin ser invitado, moría insofacto. También Dionisos se vuelve loco una vez, según el mito griego, claro está, por disposición de Hera, y atraviesa tierras y mares para escapar a su mal.

¿Puede la alegría del vino y sus fiestas ser las más brillantes, y la representación de su mito dar ocasión a la comedia y a la tragedia? ¿pueden los seres y símbolos que le pertenecen, dar los más variados motivos a las artes plásticas y a las decorativas? Sabemos que detrás se esconde siempre su espíritu inquietante, que no se reduce sólo a atribuir en el mito a sus Ménades frenéticas toda clase de atrocidades, sino que en los mismos tiempos históricos exige a veces víctimas humanas, y envía locura y enfermedades sino se le ha prestado acatamiento.

Dionisos es un dios que exige confesión y acatamiento, hecho que ningún dios griego lo exige porque se ve como algo natural. Un dios que reclama adhesión y sumisión, que responde con muerte a aquellos que no lo cumplen. “En el mito, todos los que se resisten a ese dios sufren los más terribles castigos”. Las mujeres de Argos, por ejemplo, donde Dionisos no encontró adoración, se vuelven furiosas y destrozan en el monte a sus propios hijos; también las tres Miniades son presas de una locura criminal.

En las Bacantes de Eurípides, la tragedia representaba a sus seguidoras femeninas, las ménades, tanto en estado de serenidad, como también ejerciendo un ritmo salvaje y embriagador, cometiendo en estado de éxtasis los asesinatos y las atrocidades más execrables. Así, la relación que establece con los otros dioses revela la tensión existente entre caos y orden. Pues bien, no resulta extraño que se lo relacione con Afrodita, pues el vino y el amor iban también juntos en la antigüedad.

En efecto, algunas estatuas extrañas de Artemis, de Hera y de Dionisos, están asociadas a festivales de inversión de roles. Pero también se relaciona con la diosa Artemis, que vigila las fronteras de la normalidad, y supervisa la restitución del orden después de las fiestas dionisiacas. Según la mitología griega los dioses se erigen como guardianes del orden moral y social.

Dice Apolodoro: pero cuando los hombres estuvieron instruidos y honraron a Dionisos como Dios, sacó a la madre del Hades, le dio por nombre Tione y subió con ella al cielo. Este rapto simboliza el acto principal del drama sacro en las fiestas dionisiacas. Para Dionisos su mito, su culto y su persona, son una y la misma cosa.

La Antigüedad tuvo hasta el final un trato familiar y continuo con personajes míticos; el acercamiento a éstos era mayor y tenía más carácter de presencia que el acercamiento a nuestros santos. La fuerza con que impresionaban a la muchedumbre los textos de la tragedia, que a nosotros nos resultan de difícil lectura, permite inferir que allí el lenguaje causaba un efecto directo y que ese efecto no presuponía la comprensión, sino que la creaba.

El mito ha estado dando vida a la poesía y al teatro hasta nuestros días. Acompaña como un sueño a la historia; y, “como el rocío”, es en lo más profundo de la noche cuando cae sobre la hierba. Es de suponer que los personajes míticos no han abandonado nuestras vidas, sino que siguen allí en nuestra casa en “todos los tiempos y en todos los lugares”. En épocas de transito como la nuestra podemos darnos cuenta que el simbolismo del mito se esconde detrás de los fenómenos históricos; por eso “el mito es más fuerte que la historia; ésta lo repite en variantes”. (Jünger).

Durante la conquista de América Latina, los españoles construían iglesias sobre los escombros de las Malocas o lugares de veneración e invocación de los dioses indígenas precolombinos. Así que, podemos darnos cuenta que el mito trasparece casi siempre en los cultos y rituales cristianos. El Santuario de las Lajas en Nariño-Colombia lo testifica. De ahí que en épocas de transito los hechos históricos son más débiles que la simbología mítica.

No obstante, tejemos la historia sobre los estratos fósiles que hemos dejado tras de sí; sobre los escombros de la memoria esparcida en el devenir del tiempo; de ahí que, son significativos la rememoración y el recuerdo para que el mito se ponga el vestido de lo actual. Los lenguajes digitales, la imagen pictórica, las maquinas o la velocidad, frente a eso son sólo fenómenos secundarios. Así pues, “la estructura y el significado que está por debajo de su experiencia social en su movimiento histórico”, perduran en el mito. Son débiles reflejos del espíritu que ha estado siempre ahí, presto a la invocación o, a la veneración.

Ahora bien, según la mitología de Grecia antigua, Gea, la Naturaleza y madre de Urano que representa al cielo, son los padres de los titanes. Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tea, Rea, Temis, Mnemósis, Febe, Tesis, Cronos, son los titanes. Pero también se habla que Quirón, Prometeo o Hefestos, aunque son dioses del Olimpo, se les consideran titanes. Los titanes guiados por Cronos destronaron y mutilaron a Urano. Entonces, Cronos reinó sobre la tierra y sobre los dioses; y devoraba a sus hijos para que no lo destronaran. Entonces la mitología de los titanes está reflejando en la actualidad, un débil del espíritu primordial.

¿Quiénes son los titanes? Son los señores del tiempo; se muestran directamente en el cosmos, mientras los cultos llegan y perecen. A los titanes les basta la peregrinación cósmica, el eterno retorno. Es más, padecen y mueren en el tiempo como los humanos. Lo divino sopla desde lejos –no desde lo eterno, sino desde lo intemporal-, germina y florece. Eso correspondería a la concepción de Spengler, según la cual las culturas son traídas como semillas y echan raíces en un determinado sitio para alcanzar así un despliegue más elevado, sobre todo en el arte. (Jünger).

Esto sucedió en la historia del espíritu occidental, al menguar la luz de los dioses griegos, se sustituyó por los mitos, cultos y rituales del Dios Uno y, posteriormente por los del Hijo del Hombre. Asimismo, hasta nuestros días han alcanzado un despliegue más elevado, no sólo sobre los otros dioses, sino también en la cultura, sobre todo en el arte, la música, la literatura, la arquitectura, la poesía, el teatro, el cine, etc.

En la época actual no se prevé el advenimiento de los titanes, porque están aquende el muro del tiempo, “aquí-ahora”. “Los titanes son semejantes a los dioses, pero no idénticos. También aquí, como luego en Nietzsche, se busca refugio en Dionisos”. Así, el creyente lo busca en el calor del espíritu del Dios Uno o, en su Hijo Jesucristo. Porque se intuye que, en el siglo XXI, tal como Nietzsche lo pronosticó será el tiempo de la espiritualización.

Por eso, se observan en el mundo manos tendidas hacia los cielos estrellados implorando el advenimiento de los dioses. Porque el materialismo, la codicia, la rapiña, el relativismo moral, el odio, la voluntad de poder, han hecho del hombre moderno un ser sumamente desgraciado. En la civilización actual la Gracia y el Espíritu sólo pueden retirarse a un rincón.

 Como dijo Ludwig Wittgenstein:

 “No por ello son algo así como atávicos y superfluos, sino que se ciernen sobre las cenizas de la cultura como testigos eternos […] casi como vengadores de la divinidad”.

                                             Madrid-España a 19/07/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 14 de julio de 2023

LA PREGUNTA POR EL LENGUAJE

     

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Enrique Bernárdez, en el texto ¿Qué son las lenguas? Se pregunta sobre el origen del lenguaje, la relación que existe entre lenguaje, cerebro, cognición y sociedad. Tiene como objeto de análisis el lenguaje. “El lenguaje es algo que está en nuestras vidas desde el primer instante hasta el último. Nada más nacer escuchamos palabras en alguna lengua, incluso hasta el útero materno nos llegan ecos del lenguaje que no nos abandonará jamás”. (Bernárdez)

El lenguaje en el siglo XX, se convirtió en objeto de estudio de una pluralidad disciplinas: la filosofía, la sociología, la historia, la arqueología, la política, la psicología, la lingüística, que se plantean su origen hasta la relación que tiene con la cognición, la experiencia, la representación del mundo y su realidad, y la relación entre lenguaje y pensamiento. El lenguaje entonces es la retícula donde emerge y descansa la vida individual y colectiva del ser humano. El lenguaje dijo Martín Heidegger es, “la casa del ser” y sus guardianes el pensador y el poeta.

¿Qué es el lenguaje? ¿De dónde procede?

Podemos decir que el estudio de la evolución humana se relaciona con el cerebro y el lenguaje; por eso existe una correlación entre la evolución del cerebro y la conducta humana. La evolución del ser humano en su aspecto físico, biológico, en su conducta o el pensamiento, etc., se relaciona con el lenguaje. Algunos lingüistas, teóricos del lenguaje, piensan que éste se sitúa con el cerebro en el “centro” de la existencia humana: material, espiritual, mental y la experiencia que vive como tal.

Giambattista Vico (siglo XVII-XVIII) dijo que, “rastreando la historia de las palabras podemos rastrear la actitud hacia las cosas que expresan esas palabras, el papel que desempeñaron en las vidas que queremos comprender. Ese es el motivo que la historia de los lenguajes tenga una importancia crucial”. Así que, “la evolución de una lengua no es una mera evidencia, sino parte de la esencia de la evolución de la consciencia de la que la lengua es una expresión y con la que forma un todo”. (Isaiah Berlin).

De la misma manera, otros piensan que “el pensamiento es una forma del lenguaje”. Y otros que el lenguaje tiene un origen divino, tal como lo hacen los filósofos mesiánicos, Walter Benjamín, Franz Rosenzweig o, Germán Cohen. De ahí que toda conducta, pensamiento, experiencia, esté relacionado con él. Esto quiere decir que no existe una visión unitaria del origen del lenguaje.

“La lengua representa la idiosincrasia más profunda de un pueblo y una cultura y de las personas que participan de ésta. Si se pierde la lengua desaparece la cultura, y las personas quedan desarraigadas cultural, étnica y nacionalmente. De manera que hay que procurar que no desaparezca ninguna más. La lengua es parte de la cultura, de la identidad étnica e histórica”. (Bernárdez). Si prescindimos de ella y de la cultura, y dejamos morir los usos, las costumbres, los ritos, las tradiciones, los símbolos, en nombre del número o del objeto, de las imágenes en movimiento o, los lenguajes digitales de la cultura de lo efímero. Desaparece la identidad cultural, étnica y lingüística de un pueblo. O, dicho, en otros términos, desaparecen los pueblos como tales.

No se puede dejar la lengua al margen del resto de la cultura. Porque ésta es “un elemento fundamental en la vida del ser humano. Esto es: somos humanos porque tenemos lenguaje”.  Somos seres del lenguaje y quien define al hombre como hombre no es el cerebro, el cuerpo, el espíritu o los sentidos, sino el lenguaje. Éste ayuda a desarrollar el proceso cognitivo y de socialización. “Todas las lenguas que existen, han existido o puedan existir tienen gramática. La gramática es un componente esencial del lenguaje humano: no puede existir lengua (habla, dialecto, etc.) sin gramática”. (Bernárdez).

Sabemos que todos los pueblos poseen literatura, poesía, como todos tienen gramática, símbolos, signos, para denotar lo que existe. Pero también para comunicarse entre sí y con otros pueblos. Así que, la esencia del ser humano es enteramente lingüística, y la lengua comunica contenidos espirituales que le corresponden. Por eso, la labor del pensamiento es relacionar la esencia del Ser y del hombre con el lenguaje–al decir de Heidegger.

George Steiner dice que “la literatura es un lenguaje hasta cierto punto fuera del tiempo cotidiano que, al decir de Ovidio, sobrevive al tiempo mejor que el mármol o el bronce. Cuando la literatura es literatura, las opiniones o informaciones no pueden ser abstraídas ni para fraseadas –o sólo imperfectamente-. En el habla cotidiana, buena parte del material lingüístico es contingente, superfluo o decididamente convencional; podemos reemplazarlo con materiales análogos sin perder demasiado.

La literatura es lenguaje, pero lenguaje en estado especial: un estado de total significación, que es única en cada poema o fragmento de prosa. No es posible sustituir ningún elemento semántico, por más pequeño que sea. Dado que la literatura se deriva, en todo momento y por definición, de la historia y el uso de una lengua determinada, nuestra compresión de ella es esencialmente lingüística”.

Así pues, el lenguaje, en su defecto, sirve para hacer cosas, comunicar cosas, hacer literatura, poesía, y, por tanto, existe una función del lenguaje que suele llamarse estética. Ahora ¿qué es literatura? Ésta es un fenómeno social, cultural, y la sociedad y la cultura se interrelacionan en la narración literaria. De ahí que exista la función estética del lenguaje. Y, no podemos olvidar que, la estética es la madre de la ética. Porque el arte, la literatura, la música, la poesía, posibilitan sondear e interrogar la condición humana y, además, precisarla.

Coleridge dijo muy claro: “La lengua es la armadura de la mente humana y contiene al mismo tiempo los trofeos de sus conquistas pasadas y las armas de sus conquistas futuras”. El lenguaje es el halo luz que da forma, ubicación y organización a la experiencia humana. “Hablamos del mundo” y el poeta lo hace con excepcional riqueza y precisión. (Steiner). Wittgenstein afirmó que la filosofía es esencialmente “una terapia del lenguaje” y su tarea natural y esencial es clarificar el uso de la sintaxis y proponer un cambio radical de actitud. (Steiner).

Hay que tener presente que el estudio de la evolución humana está relacionado con la lengua y la cognición del ser humano. Además, existe una correlación entre la evolución del cerebro y la conducta humana. O, en otras palabras, entre la evolución del ser humano en su aspecto físico, biológico, de conducta y el lenguaje. Estas son esferas que están correlacionadas entre sí. “Y si determinadas conductas y actividades humanas están relacionadas con el lenguaje, entonces será posible ver paralelamente la evolución de todos estos aspectos”.

Ahora, la teoría del lenguaje nos posibilita una pluralidad de elementos para estudiar el origen de éste o, el lenguaje propiamente dicho: “Su relación con el cerebro, con las actividades no lingüísticas, con la conducta social, incluida la cultura; categorización (conceptual) y su relación con el vocabulario, relación del lenguaje oral con el gestual y con otras formas de expresión, con la actividad simbólica; relación entre el posible origen del lenguaje y la característica de las lenguas que conocemos; cambio lingüístico y contacto y mezcla de lenguas”. (Bernárdez).

Así, la conversación, la comunicación, la traducción, vivir en un entorno comunicativo posibilita desarrollar las capacidades intelectivas, mentales, cognitivas del ser humano; o, activar el mundo simbólico, metafórico o, la imaginación creadora de “formas”. Cuando disminuye la conversación o la comunicación, disminuye la capacidad de asombro, de imaginación, de pensar y la cualidad de ser humano y no inhumano. Disminuye la capacidad de entendernos unos a otros en las esferas de la conversación, del arte, la música, la religión, el mito y la cultura en general; en este ámbito no existe correspondencia entre el mundo simbólico de la mitología y el mundo simbólico de la técnica moderna.

De ahí que Walter Benjamín diga en el ensayo Del lenguaje en general a la lengua de los hombres en particular, que Dios no puso en el centro del Edén el Árbol del Bien y del Mal, sino el de la Interrogación. Así que, al hablar el hombre se interroga a sí mismo, al otro y al entorno que lo rodea. Es decir, que el hombre es un ser lingüístico que se comunica en su lengua, connota e interroga, el mundo del que hace parte. Por eso, la lingüística y la poética están estrechamente relacionados; porque el lenguaje, el uso y la trasmisión del logos, son los contenidos espirituales sobre los que trabajan.

En este orden de ideas, el lenguaje posibilita pensar en imágenes, conceptos o de tipo inspirado. Ahora bien, el lenguaje debe asociarse con la cultura para desarrollar las potencialidades del ser humano. Porque es en la esfera de la cultura, la sociedad, donde el pensamiento y el lenguaje expresan los contenidos espirituales que le corresponden. “La utilización de un signo en ausencia total del objeto de la realidad al que se refiere es fundamental para el lenguaje. En lugar de establecer una referencia directa a la realidad se ha establecido una referencia a la representación mental de la realidad”. (Bernárdez).

Hay que tener en cuenta que, para entender el origen del lenguaje “las palabras corresponden a “conceptos”, de modo que estos tienen que existir para poder ser emparejados con sonidos. En segundo lugar, tiene que producirse el emparejamiento mismo”. Ahora, por la primacía de los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento, las redes sociales, estamos en un proceso de reducción de la gramática, el vocabulario y la sintaxis, y este proceso está repercutiendo en el lenguaje y los movimientos del pensamiento. El lenguaje entonces no responde a los procesos mentales, a la creación de pensamiento. Somos parte entonces de una época en que la pobreza del pensar y del lenguaje, se relaciona con el empobrecimiento de la condición humana: la vida, el nacimiento, la muerte, la pluralidad y la mundanidad – al decir de Hannah Arendt.

Por la pobreza del lenguaje y del pensamiento estamos viviendo una reducción de la capacidad expresiva y comunicativa del ser humano. Así “podemos entender la sintaxis como resultado de la automatización de procesos lingüísticos”.

Además, por el desarrollo y la complejidad de las sociedades modernas, parte de la comunicación se lleva a cabo sin la presencia de interlocutores: “es el caso de la escritura, desde sus formas más primitivas. Muchísimo después han surgido formas de comunicación oral sin contacto visual alguno (teléfono, radio), e incluso sin contacto directo entre los interlocutores, como sucede en los chats de Internet. Todo esto hizo necesario organizar de modo muncho más preciso el lenguaje oral para poder tener éxito en la comunicación sin contar con el apoyo de los gestos”. Los teóricos del lenguaje creen que es en buena medida un instrumento de la vida social, que lo utilizamos para sustituir la realidad.

 Así que, “la evolución de la sociedad y de la cultura va pareja con la evolución de las necesidades lingüísticas: al hacerse más compleja la sociedad, las necesidades informativas crecen y el lenguaje va haciéndose cada vez más imprescindible, especialmente porque no puede esperarse ya que todo el mundo sepa de todo. Igualmente, la complicación de los útiles, las herramientas, las normas sociales y demás, obligan a trasmitir conocimiento por medio del lenguaje. Y eso exige una herramienta lingüística cada vez más flexible y, si queremos usar la palabra, más compleja”. (Bernárdez).

En la medida que la esfera social es más abstracta las necesidades lingüísticas son más complejas, “las lenguas cambian porque se usan y porque el uso pone unas condiciones que necesariamente producen inestabilidad. Si pensamos que el lenguaje es una cierta disposición mental y que su uso es secundario, el cambio no puede producirse sino es por una nueva mutación genética. El lenguaje en su unidad indisoluble con el uso, el cambio es consustancial a él, no un aspecto marginal” (Bernárdez).

Ahora bien, “las lenguas cambian porque entran en contacto unas con otras; cuanto más intenso sea el contacto, más rápido y drástico será el cambio”. Ahora si las lenguas cambian cuando se interrelacionan, de la misma forma cambian los hablantes. Aunque el ser humano sea el mismo desde hace cientos de años, las condiciones materiales, mentales, culturales y lingüísticas no permanecen inmutables. “Hoy día se considera un tipo fundamental de cambio lingüístico, de la gramaticalización, la transformación de una palabra en un elemento gramatical”.

No podemos olvidar que el lenguaje es a la vez un fenómeno socio-cultural e individual-mental, que se transforma así mismo en la medida que cambia la sociedad y esto repercute en la mente del individuo. Así, el pensamiento se transforma y con él el lenguaje que comunica. Por tanto, no hay que tener en cuenta sólo la estructura, sino también el uso del lenguaje y las condiciones en que tiene lugar, para considerar el cambio lingüístico.

Preguntamos, ¿para qué sirve el lenguaje? “Todos los seres humanos tienen lenguaje. Pero ¿para qué sirve? Sirve para la comunicación”. Si el ser humano no tuviera lenguaje no podría pensar; el pensamiento es una forma del lenguaje. ¿Qué comunica el lenguaje? Comunica contenidos espirituales y la esencia que define al hombre es, el Ser y el lenguaje. Ahora, desde un sentido social el lenguaje trasmite información y no debemos entenderlo solo como aparece en los medios de comunicación de masas.

En este orden, “el lenguaje sirve básicamente para establecer la cohesión social e interpersonal”. Con él participamos y compartimos la esfera social, política, económica, cultural, con los demás. De ahí el lenguaje “posee una plasticidad que permite utilizarlo en las situaciones más variadas y los fines más diversos. Es en consecuencia un medio ideal para la relación social, para la comunicación entre individuos”. 

             “El lenguaje está para decir cosas y no simplemente para charlar”.  

Además, el lenguaje sirve para la comunicación, pero ésta no se limita a la simple transmisión de información. Ahora bien, según la teoría del lenguaje, éste sirve para mantener las relaciones interpersonales, la identidad y la coherencia del grupo; en este ámbito, cumple una función interpersonal. También sirve para comunicar a los otros seres humanos información sobre la realidad, tanto mental, cultural y social; cumple entonces una función comunicativa.

Así mismo, sirve para representar la realidad, para organizar coherentemente lo que percibimos, conceptualizamos e imaginamos; así cumple una función representativa. En esta alta civilización técnica, de masas y cultura de masas, el lenguaje audiovisual, auditivos no lingüísticos, Internet, redes sociales, imágenes en movimiento, están minando las bases fundamentales del lenguaje natural. Se está dando el paso del lenguaje natural al lenguaje artificial. Tengamos presente que “las analogías entre las estructuras profundas de las lenguas son más fuertes que sus diferencias de superficie. En este terreno la revolución lingüística juega un papel crucial”.

En relación a la competencia lingüística humana, lo que se “refiere a significados precisos, así como a connotaciones y opiniones que requieren un contexto especifico, las células y sinapsis del cerebro humano funcionan a una velocidad y un nivel selectivo que esta fuera del alcance de cualquier computadora”. En lo que se refiere a “la naturaleza y los límites del lenguaje, al genio singular del lenguaje y del “animal lingüístico”, las computadoras y los lenguajes digitales, están a gran distancia de la estructura profunda de las lenguas humanas. Si los lenguajes artificiales llegaran a sustituir las leguas naturales, representaría para la cultura occidental una fractura fundamental.

Si olvidamos que el lenguaje es quién permite representarnos la realidad de forma organizada, coherente, y esta representación posibilita comunicar la realidad, tomar contacto unos a otros y todas aquellas cosas que sirven para las funciones interpersonales y comunicativas. Olvidamos que “el lenguaje y el hombre están en correlación, que se implican y necesitan mutuamente”. (Steiner).

“El lenguaje, en consecuencia, nos permite organizar la experiencia de una forma en que no puede hacerlo ningún sistema perceptivo”. También organiza las representaciones de la realidad, los conceptos y la imaginación creadora de “formas”. Así que, el lenguaje posibilita representarnos la realidad y manejarla de modo indirecto; posibilita que se sustituya ésta por formas simbólicas. Entonces, el símbolo sustituye a la realidad de las cosas físicas y se utiliza para representar, hablar, comunicar, los contenidos espirituales de la realidad. Umberto Eco dijo: el hombre es un animal simbólico por naturaleza.

En este orden, consideramos que las similitudes lingüísticas “se deben a la existencia de una idéntica base cognitiva y la similitud esencial de la experiencia humana. Es decir, todos nacemos con capacidades cognitivas semejantes, un cerebro que posee una única arquitectura y funciona igual en todos los seres humanos”.  Los seres humanos somos los mismos y actuamos de manera semejante. El ser humano entonces está en el interior de todos y cada uno de nosotros. Por tanto, “el lenguaje, con su genio y sus limitaciones, es exclusivo del hombre”. (Steiner).

De ahí el lenguaje es un medio que nos permite resolver ciertos problemas planteados por la interacción social. Ora, el ser humano reproduce la realidad que percibe, y también la trasmite a otros individuos. Pero también trasmite la realidad mental y cultural en sí misma, que se llama función interpersonal del lenguaje. Así, la lengua es trasmisible y además tiene cierta relación estable con la realidad; con la realidad percibida, mental y cultural, no con la realidad física, “exterior”, tal como la quiere conocer la ciencia. Por tanto, la realidad mental, la relación “realidad-lenguaje” es más bien una relación “mente-lenguaje”, de ahí que nuestro pensamiento tenga mucho que ver con la lengua.

Así que, una de las características del lenguaje es su función representativa, la identidad entre pensamiento y lenguaje, “pensamos hablando, pensamos porque hablamos”. Aquí se constata lo que Martín Heidegger expresa, que el pensar relaciona el Ser con el lenguaje. El pensar es el pensar del Ser. Así que el rigor del pensar (el pensar como pensar de la verdad del ser) no consiste sólo en la exactitud artificial, es decir –teorico-tecnica- de los conceptos. Consiste en que el decir permanece puro en el elemento de la verdad del ser y deja que reine lo simple de sus múltiples dimensiones. (Heidegger).

Hay que tener presente tan pronto como el “rigor del pensar” deja de permanecer puro (en el elemento de la verdad del ser); aparecen nombres como “lógica”, “ética”, “física” surgen por primera vez en escena tan pronto “el pensar originario toca a su fin”. Aunque el rigor del pensar, el pensar originario, toque a su fin, la identidad entre pensamiento y lenguaje, sigue siendo una función importante en la vida humana. Porque al reflexionar entablamos un diálogo consigo mismo; también existen otras formas de pensamiento como pensar en imágenes libres. El Premio Nobel de literatura húngaro Imre Kertész dijo:

“El pensamiento es el lamento de los hombres: pensar sobre la vida equivale a cuestionarla; ahora bien, sólo cuestiona su propio elemento vial aquel que se ahoga o se mueve en su interior de manera contraria a la naturaleza”.

La cultura entonces se relaciona con la Gramática de la vida. Que Steiner entiende como “la articulación organizada de la percepción, la reflexión y la experiencia; la estructura nerviosa de la consciencia cuando se comunica consigo mismo y con otros”. Es el lenguaje el que posibilita que las personas piensen y hablen mediante procedimientos metafóricos, signos, alegorías, etc. O, entender cosas complejas en términos de otras más simples. Por ejemplo, entender la sucesión números naturales en relación a los puntos de un camino.

Steiner nos recuerda que “Kant y Schelling, pensaban que el lenguaje es menos un espejo que un rayo de luz lleno de energía, que da forma, ubicación y organización a la experiencia humana. <<Hablamos el mundo>> y el poeta lo hace con excepcional riqueza y precisión”. De ahí que el lenguaje “en su verdadero sentido, en su realidad concreta, escapa al conocimiento de cualquier modelo de ciencia lingüística” -dijo Frank Leavis. O también Walter Benjamín que le confía, a Hugo von Hofmannsthal que había acogido con benevolencia el ensayo sobre Las afinidades electivas, “la convicción que toda verdad tiene su morada o palacio ancestral en la lengua, que ese palacio está hecho de los más antiguos logoi y que, frente a una verdad así fundada, las aspiraciones de las ciencias particulares siguen siendo algo subalterno”.

    “La utilización espontánea e innovadora del lenguaje define al hombre” – al decir de Steiner

jueves, 6 de julio de 2023

Los Instrumentos Técnicos y la Economía Bélica en la Actualidad

 

                   

 Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, los medios y los métodos que condicionan la guerra, están basados fundamentalmente en los instrumentos técnicos de las comunicaciones humanas. Son los que condicionan la geopolítica, las estrategias, los avances, los repliegues y las defensas de los combatientes. El escenario de las guerras del golfo en Irak, los Balcanes, Afganistán, Colombia, Ucrania, lo constatan. Así que, son los instrumentos técnicos los que dan cuenta de la importancia de las comunicaciones digitales en las guerras de fines del siglo XX y principios del XXI.

Si la guerra se convirtió en una empresa técnica, el uniforme de esa empresa son los mass-media: Internet, redes sociales, la imagen pictórica en movimiento, la Inteligencia Artificial, o el cumulo de lenguajes digitales. Esta transformación técnica de la praxis de la guerra, no es indiferente a la movilización de la sociedad o, a la manipulación de las convicciones de los agentes civiles y militares que participan en ella.

Pienso que, por la primacía de los lenguajes digitales, los medios y la logística técnica de la guerra, las fronteras entre lo militar y lo civil, el combatiente y no combatiente; líneas que en el escenario de la guerra “clásica” permiten que cada uno ocupe el lugar que le corresponde; en la guerra como empresa técnica, en cambio, las líneas se diluyen.

Ya no hay guerra o paz, sino combate global permanente, que sin distinciones moviliza a todos los hombres. Este proceso de movilización que surge de las entrañas de la técnica, sobrepasa toda ideología. Al mismo tiempo, es material, espiritual e ideológica. Se ha generado una disposición (Bereitschafe) a la movilización total, ¡que incumbe incluso a los pacifistas! (Alain De Benoist)

Ernst Jünger cree que la vertiente técnica de la movilización para la guerra, no constituye su aspecto decisivo. Su principio como presupuesto de toda técnica, es difícilmente detectable: lo definiremos como disponibilidad a ser movilizado. De lo que sí estamos seguros es, que de la relación de los combatientes con el progreso se desprende una atmósfera embriagadora que juega un papel decisivo en los asuntos humanos. Porque efectivamente es ahí donde hay que buscar también el auténtico factor moral de nuestro tiempo. Que trasciende las fronteras del Espíritu de la Época y sus juicios.

Porque emana más allá de los límites de las circunstancias accidentales; proviene de las fuentes de lo elemental, del núcleo substancial. De ahí que la estructura del progreso, el desarrollo económico, la Ilustración, o la dynamis de las ciencias, no son capaces de dar cuenta de las fuerzas elementales; las que impulsan a una voluntad orgánica, una nación, a hundirse más y más en las profundidades de la fragua de Vulcano y bañarse con el fuego abrasador de las máquinas y las armas que provienen del vientre de la técnica. Y, extasiarse con el resplandor que abarca los contornos del mundo.

 

En este ámbito Ares le gana la partida a las Musas. Porque la guerra representa la brutalidad, la violencia y los horrores de las batallas. Las Musas, en cambio, se relacionan con las ramas artísticas y del conocimiento.

 

En ninguno de los sitios donde el hombre se tope con esas condiciones especiales; en ninguno de ellos cabe la explicación reduccionista de la economía dineral, del materialismo histórico, del liberalismo político, del historicismo, del estructuralismo, del funcionalismo, o del vitalismo, por más esclarecedoras que sean para comprender el estrato elemental. En ese lugar enigmático de la existencia individual, se mezclan las pasiones más salvajes y las pulsiones más excelsas, para que presto el ser humano acuda al llamado de la guerra. Estas acciones rozan la superficie del proceso; enfrentados a un fenómeno de esta naturaleza sólo, absolutamente sólo, cabe dirigir la mirada a un fenómeno cultual.

Desde que el ser humano tomó al progreso por la Gran iglesia popular del siglo XIX y XX, se configura en los estratos más elementales que lo determina: “la llamada eficaz”. Una llamada que posibilita la parte de fe de la movilización de las masas, que participan en la guerra. Esa masa es presa de un frenesí violento, que no puede sustraerse a su fuerza en cuanto se apela a las convicciones más profundas. Un lugar enigmático y contradictorio de la existencia individual, que toman la máscara que les facilita la economía del poder y los instrumentos técnicos; y preñadas de unas irradiaciones sutiles e incomprensibles, arrastran a millones de seres humanos al dolor y a la muerte.

 

Enfrentados a un fenómeno de esta naturaleza sólo cabe dirigir la mirada a un fenómeno cultual: “de exceso, aventura en las profundidades de la existencia y pasión mística en la barbarie y la muerte”.

 

Esta trastocación histórica y del orden de la existencia individual, influyen en la confrontación bélica. En un estado de excitación violenta el hombre pierde los contenidos de la experiencia, la capacidad de asombro y la sensibilidad, ante los avatares de la vida. Ya que en medio de la confrontación se volatizan los contornos, y todo lo que tenemos a nuestro alrededor se vuelve denso y embriagante. Así, el estado de embriaguez y de excitación nerviosa al que llega el ser humano, es tan profundo, que no le importa dar la vida en sacrificio. Esa experiencia se relaciona con el azar y las fuerzas del destino, de hecho, se presenta a la consciencia común, excitante y embriagadora.

 

Preñadas como están de energías dinámicas se agarran de lo que encuentran a su paso por la necesidad de vivir; y, son capaces de matar a otros semejantes por no alejarse de esas irradiaciones tan sutiles e embriagantes.

 

Esta llamada al campo de batalla donde se entrecruza el mundo físico y psíquico del ser humano, trasciende la investigación de los procesos. Está ocurriendo, precisamente, que la gente no posee una relación directa y productiva con las energías dinámicas. Esto los aleja de los más altos ideales de humanidad. Y el punto de inflexión que ocasionó en el Espíritu de la Época, del mismo modo trajo aparejado no sólo el advenimiento de las masas y la cultura de lo efímero, sino también una disminución del sentido de humanidad.

La cultura de la urbe moderna, de otra parte, donde las masas se asientan y el público se configura, se convierte en factor decisivo para la política. Esos fogonazos son los que confirman que somos parte de la globalización de las comunicaciones simultáneas e inmediatas, y de la cultura del espectáculo. Que en consecuencia desgarran la unidad del “Yo” concreto y la memoria histórica de los pueblos.

La primacía de las masas en la Gran ciudad genera, de hecho, otro tipo de cultura; la que exalta el presente–ahora, lo fugaz y momentáneo. Un tipo de cultura que estructura el periodismo, la radio, la política, la economía dineral, la ciencia, la técnica, la publicidad, las redes sociales y el consumo de masas. Como consecuencia de este proceso, las relaciones abstractas entre los seres humanos, están reemplazando a las relaciones de sentido. Y cuando esto acontece, el vaciamiento de las relaciones artificiales permite que broten las semillas de la indiferencia, la indolencia, el sufrimiento, la soledad, el miedo, o la insolidaridad en los asuntos humanos.

Y efectivamente posibilitan que se estructure un tipo de sociedad, que obedece sólo a la nueva voluntad de poder. Esa que subrepticiamente entreteje el mundo dineral con el técnico. En realidad, habitamos lugares donde se alojan millones de seres humanos, que sólo tienen en común relaciones dinerales, jurídicas o comerciales; como también la indiferencia psíquica y espiritual con el Otro. 

En una atmósfera como ésta el aprecio de las masas por lo público, se convierte en factor decisivo para la política de masas. El carácter abstracto de las sociedades modernas no es indiferente a la conversión del ser humano en objeto, o a la transformación de su vida en zona de emplazamiento. La Gran ciudad se vale de las máquinas, los instrumentos técnicos de la comunicación rápida y simultánea, o de la publicidad, para imponer la impronta que necesita la nueva voluntad de poder.

De ahí, el espíritu de lo actual abarca poco a poco los espacios de la Gran ciudad; el ámbito que habla el lenguaje de la civilización actual. Por la primacía del confort técnico y del mundo dineral en la Gran ciudad, observamos que se ofrece un producto de la canasta familiar como hace el marketing con un texto de creación poética, o una obra de arte.

Además, en estos últimos espacios de tiempo, las leyes del mercado y el marketing determinan el orden de la existencia en general. Ese tránsito de la política “clásica” a la del marketing, por ejemplo, sitúa el fin de la política más allá de las verdaderas necesidades humanas. Así que, en momentos contradictorios de los avatares humanos, la política se alía criminalmente con los instrumentos técnicos para la guerra.

Por eso, cuando la política ubica su praxis fuera de las esferas de las verdaderas necesidades humanas, insofacto, falsifica el fin que le corresponde. Se devela, entonces, que el sentido de la política no está en los cambios circunstanciales ni en los accidentes espacio-temporales, sino en la estructura profunda de las verdaderas necesidades materiales, psicológicas y morales del ser humano. En este orden de ideas, los que se embriagan con las ilusiones ópticas y auditivas de las sociedades contemporáneas, no perciben el sentido de la animalidad política de los Estados Modernos. Como tampoco el lugar donde mora lo Justo, lo Bueno y lo Bello de la política.

De lo que se trata realmente, es de analizar el orden de los principios que configuran la Época Moderna. Porque “al quitarle al núcleo su cáscara lo que se pretende es liberar esa visión”. Frente a eso se tornan secundarias las múltiples figuras que toma el Zeitgeist, Espíritu del Tiempo y sus juicios; se trata realmente de romper el hueso para extraer el tuétano que vivifica a la época.

Como diría Walter Benjamín, percibir la época en la cultura que le es propia. Pero la conciencia común no está formada para esos menesteres; y necesita de las personas formadas para pensar, del artista, el poeta, el teólogo, el filósofo, etc., para desvelar el contenido mágico e histórico, que contiene la realidad.

                                              Madrid-España a 06/07/2023

 

martes, 4 de julio de 2023

EN ESTADO DE LITERATURA LA OSCURIDAD NATURAL DE LAS COSAS SE DISIPA


 

Con afecto y respeto a la poetisa, escritora y gestora cultural, Yaneth Álvarez Montiel. Quien con su palabra ahonda la sensibilidad, el espíritu y la condición humana. Usted es un ejemplo para las nuevas generaciones de Colombia.

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Por la VI Feria Latinoamericana del Libro en Cartagena de Indias-Colombia, podemos decir que, cuando el misterio de la literatura ocurre en el seno de una lengua, desborda el contenido de “las posibles interacciones de las unidades semánticas”. Cuando el milagro de la literatura se da, la vida toda, se puebla de palabras, sonidos y colores. Estas hacen señales, llaman, cantan, narran; y nos circundan, atraviesan y trascienden. Es un lenguaje jamás imaginado que permite percibir, conocer o experimentar el mundo y su realidad con otros ojos, y entonces, cuando ese milagro aparece, el mundo, la realidad y la existencia, se llenan de palabras, de música o, de éxtasis.

 

Y, embriagarse de colores de la lengua, es algo divino porque “se eleva hacia los orígenes, hacia las fuentes y los jóvenes manantiales del arte de la palabra”. Así pues, “en estado de literatura, el lenguaje funciona de una manera incomparable. Es siempre algo más” –dijo George Steiner.

 

Sabemos de la importancia del estudio sociolingüístico o filosófico de la literatura, en la cultura actual. Porque abren horizontes nuevos en la semántica, la estructura léxico-gramatical o la significación de las palabras. Porque esta mutación en el orden del lenguaje, posibilita nuevos espacios de realidad, de sentido, o caminos diferentes de autoconocimiento y trascendencia de lo incognoscible: el Ser o, el Dios oculto. Es el instrumento adecuado para comprender la compleja relación entre mundo y verdad.

Pero también para desvelar la riqueza de las relaciones de sentido frente a las relaciones artificiales, que arremeten contra lo rítmico, lo sonoro, los momentos oportunos. De ahí que la literatura exalte “el recuerdo y la memoria, que permiten que rompamos con la “actualidad” que nos repugna, y detener su avance catastrófico”. No es algo irrelevante en la historia de las palabras, ya que es en sí misma, la historia de las reflexiones, los sueños y las pesadillas humanas.

En estado de literatura: “todo lenguaje está en relación activa y eventualmente creadora con la realidad”. De esa relación dialéctica entre lenguaje y realidad, emerge la espíteme de la historia del pensamiento occidental moderno; el territorio del saber, la verificación y la objetividad concreta de la experiencia humana. O, lo que es lo mismo, la epistemología capta la realidad en la medida en que el lenguaje lo permite. Así pues, se verifica la idea que todo acto cognitivo, es en sí un acto lingüístico. En esta atmósfera, un gran poema descubre formas hasta entonces inexistentes, y literalmente desata fuerzas adormecidas de la percepción.

En el trasegar de la palabra, la morfología, la sintaxis, la lógica o la gramatología, abren un amplio espacio filológico y significativo, que altera las reglas gramaticales y sintácticas de cualquier idioma. El idioma adquiere tal densidad o entropía, que el dinamismo de los recursos lingüísticos se convierte en juego de recursos verbales, jamás imaginados. La tirantez entre el sentido de realidad y el deseo como lo plantea la psicología, por la función intermedia del espíritu de la lengua, posibilita procesos cognitivos que abren otros campos de investigación lingüística. También entrelaza este espacio voluminoso, la estética y la filosofía, la ética y las creencias religiosas. Tal es el tejido entre las artes, la lingüística y la filosofía, que alteraron la espíteme moderna o, el concepto de cultura clásica.

La literatura es una forma de discurso que se elabora a partir de la totalidad o potencialidad de los recursos verbales de la lengua. La literatura existe porque puede crear una especie de membrana que la separa del flujo cotidiano del discurso. Las metas, los elementos que elige la literatura, son diferentes a los del discurso de la comunicación cotidiana. Esta elabora un filtro en la que los recursos verbales toman otros giros, ritmos o cadencias completamente distintos, a los de la comunicación diaria entre las personas. Así pues, uno se entronca con el campo de la mera información, o la irreflexión lingüística; el otro, con el ámbito de la totalidad del lenguaje.

La literatura entonces despierta en el hombre la capacidad de asombro, de imaginación, agudiza la sensibilidad y estimula la reflexión sobre la existencia y el mundo en general. De ahí que, el escritor, el poeta, ofrecen ciertos ángulos de visión, cierta imagen de la realidad, un cierto matiz de la condición humana, que sólo puede filtrarse a través del lenguaje. La cabalgadura de la literatura que ofrece la palabra, le dona “una luz mágica y sobre natural”, que desvela el enigma de la naturaleza animada e inanimada. Es como un cristal de muchos colores, donde desojamos el Árbol de la vida.

De ahí que sus propuestas, sean sólo propuestas, para responder a los enigmas de la condición humana: la vida, la mundanidad, la pluralidad, la libertad, el amor, la solidaridad, la belleza, la violencia, la guerra, la tolerancia, los sentimientos, los sueños, etc. En estado de literatura, nada, absolutamente nada, es un código de normas, verdades absolutas, sino un espíritu prevalecedor, una visión del mundo o, de la realidad. La literatura hace frente a toda forma de totalitarismo, de autoritarismo, a todo Sistema que niegue la libertad, y que desea ardientemente borrar de la faz de la Tierra, la riqueza de la diversidad.

Sí la historia esquematiza cuando toma teorías o hechos por verdades absolutas, desconoce que son verdades pasajeras. El historiador no nos muestra sus puntos de partida –dice Margarite Yourcenar–, sea individual, sea ideológico, ocultando a uno con el otro. No obstante, los tiene: es un burgués del siglo XIX, o es un militarista alemán que admira el imperialismo romano, o es un marxista que ve el comunismo en todos lados, o la ausencia de comunismo en el pasado. Está dominado por las teorías, a veces sin advertirlo.

 

La literatura, en cambio, revela que, en el hombre concreto de carne y hueso, “Tú” y “Yo”, se esconden todos los hombres de la humanidad y que el hombre es un solo hombre. He ahí su magia y su cadencia revelándose en palabras de colores.

 

La filosofía, en su conducto, enseña que detrás de las cosas más insignificantes de la vida –las apariencias o los lugares comunes–, se oculta lo fundamental, su naturaleza en sí y para sí, el espíritu que las anima, lo Absoluto o, el Ser. Y para desvelar el misterio que encierran, se vale del lenguaje y las reflexiones del pensamiento. Para el escritor la realidad, los contenidos de la experiencia y el pulso vital, son fundamentales en la escritura. Son las pruebas existenciales las que somete a una elaboración conceptual, metafísica y ficciosa del lenguaje.

 Por eso, aprehender la verdad con las pinzas de las palabras para restaurar el “sentido”, se convierte en un juego de ecos en el proceso creativo. “La realidad –una noción tan fluctuante–, el conocimiento más exacto posible de los seres -nos recuerda Yourcenar-, es nuestro punto de contacto, y nuestra vía de acceso a las cosas que van más allá de la realidad”.

Si el escritor se aparta de la realidad y obedece a mandatos ideológicos o dogmas religiosos, la obra se convierte en panfleto que suple necesidades humanas inmediatas. Por la embriaguez del poder, las ilusiones ópticas o auditivas, la fama, el dinero, este tipo de hombre se convierte en mendigo de las Musas o de los Dioses. Porque la palabra es como la llama de la vela; la luz puede convertirse en conflagración.

En éste umbral, la cultura habita el lenguaje. Como dijo Martín Heidegger: “El lenguaje es la casa del Ser”. Es el umbral donde las cosas o la existencia individual, toman la configuración que les corresponde. En la historia de la humanidad, el artesano de la palabra se ha convertido en algo incómodo para los que ejercen el poder. Pero a la vez, es la conciencia viva de aquellos que no tienen voz. El escritor se convierte en el filtro del genio popular. Es el espejo donde se reflejan las esperanzas y necesidades de la sociedad. Por eso, ha de ser fiel al tiempo y el espacio que vive. Es a través de él donde la reflexión crítica de la realidad se hace más evidente y tenaz.

La novela y la poesía permiten percibir y analizar que el lenguaje político, la comunicación llana y simultánea, el lenguaje económico, el periodístico, conservan la “significación” pero carecen de “sentido”.  Éste tipo de reflexión alcanza la crítica de la sociedad y de su tiempo, pero también una exaltación crítica del Ser. O, lo que es lo mismo, posibilitan que los recursos verbales de la literatura o la poesía, son algo así como una crítica filosófica y estética; que, a la vez, se convierte en ontológica de la vida y del mundo. O, mejor dicho, una crítica epistémica de la realidad y la cultura que vivifica.

Podemos decir que entre los hombres y las cosas se generan filtros, y uno de los fundamentales, es el lenguaje. Son los que confieren a las cosas su sonoridad, sus ritmos, sus colores. Cada siglo posee su propio matiz de colores y sus tonalidades, pero es el siglo XX, el que llega hasta los sueños. Son como cristales que permiten ver el espíritu y la materia de cada siglo. Por eso, la literatura, la poesía, el arte, la música, nos donan imágenes que quedan fuera del marco de la historia.

Además, se convierten en herramientas fundamentales para luchar contra el mundo técnico y el colectivo de ese mundo. Nos conducen por los caminos oscuros y escabrosos del alma y del espíritu, y posibilitan percibir aún por un instante, la estructura fundamental, el Absoluto –su esencia inmóvil y sobre temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia. Pero también, intuir la presencia de poderes de los cuales lo único que conocemos desde hace mucho tiempo, son sus nombres abstractos. Este acto divino, pero humano, hace que nos percatemos de que fallan nuestros medios históricos, filosóficos, morales, de los cuales estamos orgullosos y nos enseñan que es menester apropiarnos de otras herramientas.

Son poderes ancestrales que el tiempo en sus configuraciones actuales, posibilitó que pierdan “sentido”. Porque en su lugar se sitúo lo abstracto y mensurable. Pero no podemos olvidar que los poderes misteriosos, divinos o estéticos, están siempre ahí esperando la invocación. Así que, la literatura, el arte, la poesía, la música, la religión, se convierten en filtros para la veneración y los fenómenos cultuales. Porque hacen parte de la naturaleza del ser humano. De ahí que el advenimiento de los dioses, que enfrentarán a los Titanes y al mundo del titanismo, se percibe como una Revelación.

Sabemos que esos poderes no son eternos, pero perdurarán mientras exista el tiempo.  De ahí que, el mundo estético es un ámbito mágico, ambiguo, infinito, contradictorio e insondable. Porque nos desvela que, del Espíritu del Mundo, sólo conocemos sus nombres abstractos. En nuestra época, el poder de seducción que posee la imagen y los diversos lenguajes digitales, lo constata. En el umbral de lo estético, por el contrario, se intuye la presencia de condensaciones de tiempo, que se entrecruzan con lo eterno y atemporal, lo mágico del mundo y su realidad y de la existencia.

Si la literatura, el arte, la poesía, la música, posibilitan otras esferas de existencia y de experiencia; el lenguaje se expresa como algo misterioso que responde a modificaciones en nuestro interior. “Somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros” –expresó Ernst Jünger.

Por eso, la estética o la filosofía nos enseñan, que el mundo está ahí para interrogarlo. “Cada uno de nosotros es capaz de transformar el mundo”, el enorme significado que ha sido legado a los hombres. De ahí la importancia de la palabra y las reflexiones del pensamiento, en la esterilidad intelectual de la época actual.           

Por así decir, las investigaciones en terrenos compartidos con la gramática, la fonética, la lingüística, la lógica, la historia de las lenguas, la poesía, la filosofía, la literatura, la biología, el arte, la neurología, la electro-física, etc.; abren un campo de posibilidades para descifrar el enigma del lenguaje humano. Nos enseñan que la poesía, “el secreto de su extrañeza y tenaz existencia como discurso diferenciado de los demás”, consiste, en que es profundo y esencial, es decir, real y existente.

 

“El poema –superando cualquier otro acto de lenguaje– llega hasta las raíces mismas de la lengua, a la   dialéctica comunicativa y sensorial que define la identidad humana”.

 

Por eso, la literatura –toda literatura–, es una forma y una función del lenguaje –dijo George Steiner. Su idea, consiste, en que el poema trasciende la crítica y la historia literaria. Porque la lengua alcanza en el poema la mayor tirantez fónica y melódica, donde la cadencia de la palabra expresa los sonidos inaudibles de los actos comunicativos y sensoriales, que posibilitan la identidad humana.

Ernst Jünger nos recuerda que estamos asentados en humores. Estos están presentes en la vida biológica, o en la existencia espiritual. Lo húmedo en lo espiritual, como lo que, de jugoso, de musgoso, de frescor de bosque hay en las poesías. Y sobre todo lo que en ellas hay de fontanal, de sobreabundancia de imágenes y de palabras, en cuyo cause van flotando las partículas sólidas. Así pues, no es en el terreno de la reflexión ni del conocimiento, tampoco en la técnica ni en la abstracción pura, sino en el imbricado y contradictorio lazo de lengua y vida, donde el ser humano alcanza la mayor expresión de la existencia.

Aquí pues, a galope entre la realidad y la imaginación, ni la crítica literaria ni la historia de la literatura, tampoco las diversas disciplinas lingüísticas, pueden descifrar en sus raíces, el drama de la vida poética. Porque rechazar las dimensiones literarias o poéticas de la lengua en nombre de la cifra, la estadística, la técnica, la ciencia, la política, o la razón instrumental de acuerdo a fines, no es inevitablemente un mérito, ya que hablar de poesía, literatura, arte, filosofía o teología, es hablar del hombre. Hablar de los orígenes y las condiciones del lenguaje, es hablar de la historia de la humanidad.

El siglo XX fue el tiempo del primado de la comunicación llana y simultánea, la técnica y la ciencia. Entonces, sorprendidos y anonadados vemos cómo se cumple la metáfora de Karl Marx:

“Todo lo sólido se desvanece en el aire; cuanto es sagrado se profana, y los hombres se ven obligados a mirar finalmente con ojos desencantados su propia condición real y sus propias relaciones con sus semejantes”.

                                                Madrid-España a 03/07/2023