viernes, 14 de julio de 2023

LA PREGUNTA POR EL LENGUAJE

     

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Enrique Bernárdez, en el texto ¿Qué son las lenguas? Se pregunta sobre el origen del lenguaje, la relación que existe entre lenguaje, cerebro, cognición y sociedad. Tiene como objeto de análisis el lenguaje. “El lenguaje es algo que está en nuestras vidas desde el primer instante hasta el último. Nada más nacer escuchamos palabras en alguna lengua, incluso hasta el útero materno nos llegan ecos del lenguaje que no nos abandonará jamás”. (Bernárdez)

El lenguaje en el siglo XX, se convirtió en objeto de estudio de una pluralidad disciplinas: la filosofía, la sociología, la historia, la arqueología, la política, la psicología, la lingüística, que se plantean su origen hasta la relación que tiene con la cognición, la experiencia, la representación del mundo y su realidad, y la relación entre lenguaje y pensamiento. El lenguaje entonces es la retícula donde emerge y descansa la vida individual y colectiva del ser humano. El lenguaje dijo Martín Heidegger es, “la casa del ser” y sus guardianes el pensador y el poeta.

¿Qué es el lenguaje? ¿De dónde procede?

Podemos decir que el estudio de la evolución humana se relaciona con el cerebro y el lenguaje; por eso existe una correlación entre la evolución del cerebro y la conducta humana. La evolución del ser humano en su aspecto físico, biológico, en su conducta o el pensamiento, etc., se relaciona con el lenguaje. Algunos lingüistas, teóricos del lenguaje, piensan que éste se sitúa con el cerebro en el “centro” de la existencia humana: material, espiritual, mental y la experiencia que vive como tal.

Giambattista Vico (siglo XVII-XVIII) dijo que, “rastreando la historia de las palabras podemos rastrear la actitud hacia las cosas que expresan esas palabras, el papel que desempeñaron en las vidas que queremos comprender. Ese es el motivo que la historia de los lenguajes tenga una importancia crucial”. Así que, “la evolución de una lengua no es una mera evidencia, sino parte de la esencia de la evolución de la consciencia de la que la lengua es una expresión y con la que forma un todo”. (Isaiah Berlin).

De la misma manera, otros piensan que “el pensamiento es una forma del lenguaje”. Y otros que el lenguaje tiene un origen divino, tal como lo hacen los filósofos mesiánicos, Walter Benjamín, Franz Rosenzweig o, Germán Cohen. De ahí que toda conducta, pensamiento, experiencia, esté relacionado con él. Esto quiere decir que no existe una visión unitaria del origen del lenguaje.

“La lengua representa la idiosincrasia más profunda de un pueblo y una cultura y de las personas que participan de ésta. Si se pierde la lengua desaparece la cultura, y las personas quedan desarraigadas cultural, étnica y nacionalmente. De manera que hay que procurar que no desaparezca ninguna más. La lengua es parte de la cultura, de la identidad étnica e histórica”. (Bernárdez). Si prescindimos de ella y de la cultura, y dejamos morir los usos, las costumbres, los ritos, las tradiciones, los símbolos, en nombre del número o del objeto, de las imágenes en movimiento o, los lenguajes digitales de la cultura de lo efímero. Desaparece la identidad cultural, étnica y lingüística de un pueblo. O, dicho, en otros términos, desaparecen los pueblos como tales.

No se puede dejar la lengua al margen del resto de la cultura. Porque ésta es “un elemento fundamental en la vida del ser humano. Esto es: somos humanos porque tenemos lenguaje”.  Somos seres del lenguaje y quien define al hombre como hombre no es el cerebro, el cuerpo, el espíritu o los sentidos, sino el lenguaje. Éste ayuda a desarrollar el proceso cognitivo y de socialización. “Todas las lenguas que existen, han existido o puedan existir tienen gramática. La gramática es un componente esencial del lenguaje humano: no puede existir lengua (habla, dialecto, etc.) sin gramática”. (Bernárdez).

Sabemos que todos los pueblos poseen literatura, poesía, como todos tienen gramática, símbolos, signos, para denotar lo que existe. Pero también para comunicarse entre sí y con otros pueblos. Así que, la esencia del ser humano es enteramente lingüística, y la lengua comunica contenidos espirituales que le corresponden. Por eso, la labor del pensamiento es relacionar la esencia del Ser y del hombre con el lenguaje–al decir de Heidegger.

George Steiner dice que “la literatura es un lenguaje hasta cierto punto fuera del tiempo cotidiano que, al decir de Ovidio, sobrevive al tiempo mejor que el mármol o el bronce. Cuando la literatura es literatura, las opiniones o informaciones no pueden ser abstraídas ni para fraseadas –o sólo imperfectamente-. En el habla cotidiana, buena parte del material lingüístico es contingente, superfluo o decididamente convencional; podemos reemplazarlo con materiales análogos sin perder demasiado.

La literatura es lenguaje, pero lenguaje en estado especial: un estado de total significación, que es única en cada poema o fragmento de prosa. No es posible sustituir ningún elemento semántico, por más pequeño que sea. Dado que la literatura se deriva, en todo momento y por definición, de la historia y el uso de una lengua determinada, nuestra compresión de ella es esencialmente lingüística”.

Así pues, el lenguaje, en su defecto, sirve para hacer cosas, comunicar cosas, hacer literatura, poesía, y, por tanto, existe una función del lenguaje que suele llamarse estética. Ahora ¿qué es literatura? Ésta es un fenómeno social, cultural, y la sociedad y la cultura se interrelacionan en la narración literaria. De ahí que exista la función estética del lenguaje. Y, no podemos olvidar que, la estética es la madre de la ética. Porque el arte, la literatura, la música, la poesía, posibilitan sondear e interrogar la condición humana y, además, precisarla.

Coleridge dijo muy claro: “La lengua es la armadura de la mente humana y contiene al mismo tiempo los trofeos de sus conquistas pasadas y las armas de sus conquistas futuras”. El lenguaje es el halo luz que da forma, ubicación y organización a la experiencia humana. “Hablamos del mundo” y el poeta lo hace con excepcional riqueza y precisión. (Steiner). Wittgenstein afirmó que la filosofía es esencialmente “una terapia del lenguaje” y su tarea natural y esencial es clarificar el uso de la sintaxis y proponer un cambio radical de actitud. (Steiner).

Hay que tener presente que el estudio de la evolución humana está relacionado con la lengua y la cognición del ser humano. Además, existe una correlación entre la evolución del cerebro y la conducta humana. O, en otras palabras, entre la evolución del ser humano en su aspecto físico, biológico, de conducta y el lenguaje. Estas son esferas que están correlacionadas entre sí. “Y si determinadas conductas y actividades humanas están relacionadas con el lenguaje, entonces será posible ver paralelamente la evolución de todos estos aspectos”.

Ahora, la teoría del lenguaje nos posibilita una pluralidad de elementos para estudiar el origen de éste o, el lenguaje propiamente dicho: “Su relación con el cerebro, con las actividades no lingüísticas, con la conducta social, incluida la cultura; categorización (conceptual) y su relación con el vocabulario, relación del lenguaje oral con el gestual y con otras formas de expresión, con la actividad simbólica; relación entre el posible origen del lenguaje y la característica de las lenguas que conocemos; cambio lingüístico y contacto y mezcla de lenguas”. (Bernárdez).

Así, la conversación, la comunicación, la traducción, vivir en un entorno comunicativo posibilita desarrollar las capacidades intelectivas, mentales, cognitivas del ser humano; o, activar el mundo simbólico, metafórico o, la imaginación creadora de “formas”. Cuando disminuye la conversación o la comunicación, disminuye la capacidad de asombro, de imaginación, de pensar y la cualidad de ser humano y no inhumano. Disminuye la capacidad de entendernos unos a otros en las esferas de la conversación, del arte, la música, la religión, el mito y la cultura en general; en este ámbito no existe correspondencia entre el mundo simbólico de la mitología y el mundo simbólico de la técnica moderna.

De ahí que Walter Benjamín diga en el ensayo Del lenguaje en general a la lengua de los hombres en particular, que Dios no puso en el centro del Edén el Árbol del Bien y del Mal, sino el de la Interrogación. Así que, al hablar el hombre se interroga a sí mismo, al otro y al entorno que lo rodea. Es decir, que el hombre es un ser lingüístico que se comunica en su lengua, connota e interroga, el mundo del que hace parte. Por eso, la lingüística y la poética están estrechamente relacionados; porque el lenguaje, el uso y la trasmisión del logos, son los contenidos espirituales sobre los que trabajan.

En este orden de ideas, el lenguaje posibilita pensar en imágenes, conceptos o de tipo inspirado. Ahora bien, el lenguaje debe asociarse con la cultura para desarrollar las potencialidades del ser humano. Porque es en la esfera de la cultura, la sociedad, donde el pensamiento y el lenguaje expresan los contenidos espirituales que le corresponden. “La utilización de un signo en ausencia total del objeto de la realidad al que se refiere es fundamental para el lenguaje. En lugar de establecer una referencia directa a la realidad se ha establecido una referencia a la representación mental de la realidad”. (Bernárdez).

Hay que tener en cuenta que, para entender el origen del lenguaje “las palabras corresponden a “conceptos”, de modo que estos tienen que existir para poder ser emparejados con sonidos. En segundo lugar, tiene que producirse el emparejamiento mismo”. Ahora, por la primacía de los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento, las redes sociales, estamos en un proceso de reducción de la gramática, el vocabulario y la sintaxis, y este proceso está repercutiendo en el lenguaje y los movimientos del pensamiento. El lenguaje entonces no responde a los procesos mentales, a la creación de pensamiento. Somos parte entonces de una época en que la pobreza del pensar y del lenguaje, se relaciona con el empobrecimiento de la condición humana: la vida, el nacimiento, la muerte, la pluralidad y la mundanidad – al decir de Hannah Arendt.

Por la pobreza del lenguaje y del pensamiento estamos viviendo una reducción de la capacidad expresiva y comunicativa del ser humano. Así “podemos entender la sintaxis como resultado de la automatización de procesos lingüísticos”.

Además, por el desarrollo y la complejidad de las sociedades modernas, parte de la comunicación se lleva a cabo sin la presencia de interlocutores: “es el caso de la escritura, desde sus formas más primitivas. Muchísimo después han surgido formas de comunicación oral sin contacto visual alguno (teléfono, radio), e incluso sin contacto directo entre los interlocutores, como sucede en los chats de Internet. Todo esto hizo necesario organizar de modo muncho más preciso el lenguaje oral para poder tener éxito en la comunicación sin contar con el apoyo de los gestos”. Los teóricos del lenguaje creen que es en buena medida un instrumento de la vida social, que lo utilizamos para sustituir la realidad.

 Así que, “la evolución de la sociedad y de la cultura va pareja con la evolución de las necesidades lingüísticas: al hacerse más compleja la sociedad, las necesidades informativas crecen y el lenguaje va haciéndose cada vez más imprescindible, especialmente porque no puede esperarse ya que todo el mundo sepa de todo. Igualmente, la complicación de los útiles, las herramientas, las normas sociales y demás, obligan a trasmitir conocimiento por medio del lenguaje. Y eso exige una herramienta lingüística cada vez más flexible y, si queremos usar la palabra, más compleja”. (Bernárdez).

En la medida que la esfera social es más abstracta las necesidades lingüísticas son más complejas, “las lenguas cambian porque se usan y porque el uso pone unas condiciones que necesariamente producen inestabilidad. Si pensamos que el lenguaje es una cierta disposición mental y que su uso es secundario, el cambio no puede producirse sino es por una nueva mutación genética. El lenguaje en su unidad indisoluble con el uso, el cambio es consustancial a él, no un aspecto marginal” (Bernárdez).

Ahora bien, “las lenguas cambian porque entran en contacto unas con otras; cuanto más intenso sea el contacto, más rápido y drástico será el cambio”. Ahora si las lenguas cambian cuando se interrelacionan, de la misma forma cambian los hablantes. Aunque el ser humano sea el mismo desde hace cientos de años, las condiciones materiales, mentales, culturales y lingüísticas no permanecen inmutables. “Hoy día se considera un tipo fundamental de cambio lingüístico, de la gramaticalización, la transformación de una palabra en un elemento gramatical”.

No podemos olvidar que el lenguaje es a la vez un fenómeno socio-cultural e individual-mental, que se transforma así mismo en la medida que cambia la sociedad y esto repercute en la mente del individuo. Así, el pensamiento se transforma y con él el lenguaje que comunica. Por tanto, no hay que tener en cuenta sólo la estructura, sino también el uso del lenguaje y las condiciones en que tiene lugar, para considerar el cambio lingüístico.

Preguntamos, ¿para qué sirve el lenguaje? “Todos los seres humanos tienen lenguaje. Pero ¿para qué sirve? Sirve para la comunicación”. Si el ser humano no tuviera lenguaje no podría pensar; el pensamiento es una forma del lenguaje. ¿Qué comunica el lenguaje? Comunica contenidos espirituales y la esencia que define al hombre es, el Ser y el lenguaje. Ahora, desde un sentido social el lenguaje trasmite información y no debemos entenderlo solo como aparece en los medios de comunicación de masas.

En este orden, “el lenguaje sirve básicamente para establecer la cohesión social e interpersonal”. Con él participamos y compartimos la esfera social, política, económica, cultural, con los demás. De ahí el lenguaje “posee una plasticidad que permite utilizarlo en las situaciones más variadas y los fines más diversos. Es en consecuencia un medio ideal para la relación social, para la comunicación entre individuos”. 

             “El lenguaje está para decir cosas y no simplemente para charlar”.  

Además, el lenguaje sirve para la comunicación, pero ésta no se limita a la simple transmisión de información. Ahora bien, según la teoría del lenguaje, éste sirve para mantener las relaciones interpersonales, la identidad y la coherencia del grupo; en este ámbito, cumple una función interpersonal. También sirve para comunicar a los otros seres humanos información sobre la realidad, tanto mental, cultural y social; cumple entonces una función comunicativa.

Así mismo, sirve para representar la realidad, para organizar coherentemente lo que percibimos, conceptualizamos e imaginamos; así cumple una función representativa. En esta alta civilización técnica, de masas y cultura de masas, el lenguaje audiovisual, auditivos no lingüísticos, Internet, redes sociales, imágenes en movimiento, están minando las bases fundamentales del lenguaje natural. Se está dando el paso del lenguaje natural al lenguaje artificial. Tengamos presente que “las analogías entre las estructuras profundas de las lenguas son más fuertes que sus diferencias de superficie. En este terreno la revolución lingüística juega un papel crucial”.

En relación a la competencia lingüística humana, lo que se “refiere a significados precisos, así como a connotaciones y opiniones que requieren un contexto especifico, las células y sinapsis del cerebro humano funcionan a una velocidad y un nivel selectivo que esta fuera del alcance de cualquier computadora”. En lo que se refiere a “la naturaleza y los límites del lenguaje, al genio singular del lenguaje y del “animal lingüístico”, las computadoras y los lenguajes digitales, están a gran distancia de la estructura profunda de las lenguas humanas. Si los lenguajes artificiales llegaran a sustituir las leguas naturales, representaría para la cultura occidental una fractura fundamental.

Si olvidamos que el lenguaje es quién permite representarnos la realidad de forma organizada, coherente, y esta representación posibilita comunicar la realidad, tomar contacto unos a otros y todas aquellas cosas que sirven para las funciones interpersonales y comunicativas. Olvidamos que “el lenguaje y el hombre están en correlación, que se implican y necesitan mutuamente”. (Steiner).

“El lenguaje, en consecuencia, nos permite organizar la experiencia de una forma en que no puede hacerlo ningún sistema perceptivo”. También organiza las representaciones de la realidad, los conceptos y la imaginación creadora de “formas”. Así que, el lenguaje posibilita representarnos la realidad y manejarla de modo indirecto; posibilita que se sustituya ésta por formas simbólicas. Entonces, el símbolo sustituye a la realidad de las cosas físicas y se utiliza para representar, hablar, comunicar, los contenidos espirituales de la realidad. Umberto Eco dijo: el hombre es un animal simbólico por naturaleza.

En este orden, consideramos que las similitudes lingüísticas “se deben a la existencia de una idéntica base cognitiva y la similitud esencial de la experiencia humana. Es decir, todos nacemos con capacidades cognitivas semejantes, un cerebro que posee una única arquitectura y funciona igual en todos los seres humanos”.  Los seres humanos somos los mismos y actuamos de manera semejante. El ser humano entonces está en el interior de todos y cada uno de nosotros. Por tanto, “el lenguaje, con su genio y sus limitaciones, es exclusivo del hombre”. (Steiner).

De ahí el lenguaje es un medio que nos permite resolver ciertos problemas planteados por la interacción social. Ora, el ser humano reproduce la realidad que percibe, y también la trasmite a otros individuos. Pero también trasmite la realidad mental y cultural en sí misma, que se llama función interpersonal del lenguaje. Así, la lengua es trasmisible y además tiene cierta relación estable con la realidad; con la realidad percibida, mental y cultural, no con la realidad física, “exterior”, tal como la quiere conocer la ciencia. Por tanto, la realidad mental, la relación “realidad-lenguaje” es más bien una relación “mente-lenguaje”, de ahí que nuestro pensamiento tenga mucho que ver con la lengua.

Así que, una de las características del lenguaje es su función representativa, la identidad entre pensamiento y lenguaje, “pensamos hablando, pensamos porque hablamos”. Aquí se constata lo que Martín Heidegger expresa, que el pensar relaciona el Ser con el lenguaje. El pensar es el pensar del Ser. Así que el rigor del pensar (el pensar como pensar de la verdad del ser) no consiste sólo en la exactitud artificial, es decir –teorico-tecnica- de los conceptos. Consiste en que el decir permanece puro en el elemento de la verdad del ser y deja que reine lo simple de sus múltiples dimensiones. (Heidegger).

Hay que tener presente tan pronto como el “rigor del pensar” deja de permanecer puro (en el elemento de la verdad del ser); aparecen nombres como “lógica”, “ética”, “física” surgen por primera vez en escena tan pronto “el pensar originario toca a su fin”. Aunque el rigor del pensar, el pensar originario, toque a su fin, la identidad entre pensamiento y lenguaje, sigue siendo una función importante en la vida humana. Porque al reflexionar entablamos un diálogo consigo mismo; también existen otras formas de pensamiento como pensar en imágenes libres. El Premio Nobel de literatura húngaro Imre Kertész dijo:

“El pensamiento es el lamento de los hombres: pensar sobre la vida equivale a cuestionarla; ahora bien, sólo cuestiona su propio elemento vial aquel que se ahoga o se mueve en su interior de manera contraria a la naturaleza”.

La cultura entonces se relaciona con la Gramática de la vida. Que Steiner entiende como “la articulación organizada de la percepción, la reflexión y la experiencia; la estructura nerviosa de la consciencia cuando se comunica consigo mismo y con otros”. Es el lenguaje el que posibilita que las personas piensen y hablen mediante procedimientos metafóricos, signos, alegorías, etc. O, entender cosas complejas en términos de otras más simples. Por ejemplo, entender la sucesión números naturales en relación a los puntos de un camino.

Steiner nos recuerda que “Kant y Schelling, pensaban que el lenguaje es menos un espejo que un rayo de luz lleno de energía, que da forma, ubicación y organización a la experiencia humana. <<Hablamos el mundo>> y el poeta lo hace con excepcional riqueza y precisión”. De ahí que el lenguaje “en su verdadero sentido, en su realidad concreta, escapa al conocimiento de cualquier modelo de ciencia lingüística” -dijo Frank Leavis. O también Walter Benjamín que le confía, a Hugo von Hofmannsthal que había acogido con benevolencia el ensayo sobre Las afinidades electivas, “la convicción que toda verdad tiene su morada o palacio ancestral en la lengua, que ese palacio está hecho de los más antiguos logoi y que, frente a una verdad así fundada, las aspiraciones de las ciencias particulares siguen siendo algo subalterno”.

    “La utilización espontánea e innovadora del lenguaje define al hombre” – al decir de Steiner

jueves, 6 de julio de 2023

Los Instrumentos Técnicos y la Economía Bélica en la Actualidad

 

                   

 Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, los medios y los métodos que condicionan la guerra, están basados fundamentalmente en los instrumentos técnicos de las comunicaciones humanas. Son los que condicionan la geopolítica, las estrategias, los avances, los repliegues y las defensas de los combatientes. El escenario de las guerras del golfo en Irak, los Balcanes, Afganistán, Colombia, Ucrania, lo constatan. Así que, son los instrumentos técnicos los que dan cuenta de la importancia de las comunicaciones digitales en las guerras de fines del siglo XX y principios del XXI.

Si la guerra se convirtió en una empresa técnica, el uniforme de esa empresa son los mass-media: Internet, redes sociales, la imagen pictórica en movimiento, la Inteligencia Artificial, o el cumulo de lenguajes digitales. Esta transformación técnica de la praxis de la guerra, no es indiferente a la movilización de la sociedad o, a la manipulación de las convicciones de los agentes civiles y militares que participan en ella.

Pienso que, por la primacía de los lenguajes digitales, los medios y la logística técnica de la guerra, las fronteras entre lo militar y lo civil, el combatiente y no combatiente; líneas que en el escenario de la guerra “clásica” permiten que cada uno ocupe el lugar que le corresponde; en la guerra como empresa técnica, en cambio, las líneas se diluyen.

Ya no hay guerra o paz, sino combate global permanente, que sin distinciones moviliza a todos los hombres. Este proceso de movilización que surge de las entrañas de la técnica, sobrepasa toda ideología. Al mismo tiempo, es material, espiritual e ideológica. Se ha generado una disposición (Bereitschafe) a la movilización total, ¡que incumbe incluso a los pacifistas! (Alain De Benoist)

Ernst Jünger cree que la vertiente técnica de la movilización para la guerra, no constituye su aspecto decisivo. Su principio como presupuesto de toda técnica, es difícilmente detectable: lo definiremos como disponibilidad a ser movilizado. De lo que sí estamos seguros es, que de la relación de los combatientes con el progreso se desprende una atmósfera embriagadora que juega un papel decisivo en los asuntos humanos. Porque efectivamente es ahí donde hay que buscar también el auténtico factor moral de nuestro tiempo. Que trasciende las fronteras del Espíritu de la Época y sus juicios.

Porque emana más allá de los límites de las circunstancias accidentales; proviene de las fuentes de lo elemental, del núcleo substancial. De ahí que la estructura del progreso, el desarrollo económico, la Ilustración, o la dynamis de las ciencias, no son capaces de dar cuenta de las fuerzas elementales; las que impulsan a una voluntad orgánica, una nación, a hundirse más y más en las profundidades de la fragua de Vulcano y bañarse con el fuego abrasador de las máquinas y las armas que provienen del vientre de la técnica. Y, extasiarse con el resplandor que abarca los contornos del mundo.

 

En este ámbito Ares le gana la partida a las Musas. Porque la guerra representa la brutalidad, la violencia y los horrores de las batallas. Las Musas, en cambio, se relacionan con las ramas artísticas y del conocimiento.

 

En ninguno de los sitios donde el hombre se tope con esas condiciones especiales; en ninguno de ellos cabe la explicación reduccionista de la economía dineral, del materialismo histórico, del liberalismo político, del historicismo, del estructuralismo, del funcionalismo, o del vitalismo, por más esclarecedoras que sean para comprender el estrato elemental. En ese lugar enigmático de la existencia individual, se mezclan las pasiones más salvajes y las pulsiones más excelsas, para que presto el ser humano acuda al llamado de la guerra. Estas acciones rozan la superficie del proceso; enfrentados a un fenómeno de esta naturaleza sólo, absolutamente sólo, cabe dirigir la mirada a un fenómeno cultual.

Desde que el ser humano tomó al progreso por la Gran iglesia popular del siglo XIX y XX, se configura en los estratos más elementales que lo determina: “la llamada eficaz”. Una llamada que posibilita la parte de fe de la movilización de las masas, que participan en la guerra. Esa masa es presa de un frenesí violento, que no puede sustraerse a su fuerza en cuanto se apela a las convicciones más profundas. Un lugar enigmático y contradictorio de la existencia individual, que toman la máscara que les facilita la economía del poder y los instrumentos técnicos; y preñadas de unas irradiaciones sutiles e incomprensibles, arrastran a millones de seres humanos al dolor y a la muerte.

 

Enfrentados a un fenómeno de esta naturaleza sólo cabe dirigir la mirada a un fenómeno cultual: “de exceso, aventura en las profundidades de la existencia y pasión mística en la barbarie y la muerte”.

 

Esta trastocación histórica y del orden de la existencia individual, influyen en la confrontación bélica. En un estado de excitación violenta el hombre pierde los contenidos de la experiencia, la capacidad de asombro y la sensibilidad, ante los avatares de la vida. Ya que en medio de la confrontación se volatizan los contornos, y todo lo que tenemos a nuestro alrededor se vuelve denso y embriagante. Así, el estado de embriaguez y de excitación nerviosa al que llega el ser humano, es tan profundo, que no le importa dar la vida en sacrificio. Esa experiencia se relaciona con el azar y las fuerzas del destino, de hecho, se presenta a la consciencia común, excitante y embriagadora.

 

Preñadas como están de energías dinámicas se agarran de lo que encuentran a su paso por la necesidad de vivir; y, son capaces de matar a otros semejantes por no alejarse de esas irradiaciones tan sutiles e embriagantes.

 

Esta llamada al campo de batalla donde se entrecruza el mundo físico y psíquico del ser humano, trasciende la investigación de los procesos. Está ocurriendo, precisamente, que la gente no posee una relación directa y productiva con las energías dinámicas. Esto los aleja de los más altos ideales de humanidad. Y el punto de inflexión que ocasionó en el Espíritu de la Época, del mismo modo trajo aparejado no sólo el advenimiento de las masas y la cultura de lo efímero, sino también una disminución del sentido de humanidad.

La cultura de la urbe moderna, de otra parte, donde las masas se asientan y el público se configura, se convierte en factor decisivo para la política. Esos fogonazos son los que confirman que somos parte de la globalización de las comunicaciones simultáneas e inmediatas, y de la cultura del espectáculo. Que en consecuencia desgarran la unidad del “Yo” concreto y la memoria histórica de los pueblos.

La primacía de las masas en la Gran ciudad genera, de hecho, otro tipo de cultura; la que exalta el presente–ahora, lo fugaz y momentáneo. Un tipo de cultura que estructura el periodismo, la radio, la política, la economía dineral, la ciencia, la técnica, la publicidad, las redes sociales y el consumo de masas. Como consecuencia de este proceso, las relaciones abstractas entre los seres humanos, están reemplazando a las relaciones de sentido. Y cuando esto acontece, el vaciamiento de las relaciones artificiales permite que broten las semillas de la indiferencia, la indolencia, el sufrimiento, la soledad, el miedo, o la insolidaridad en los asuntos humanos.

Y efectivamente posibilitan que se estructure un tipo de sociedad, que obedece sólo a la nueva voluntad de poder. Esa que subrepticiamente entreteje el mundo dineral con el técnico. En realidad, habitamos lugares donde se alojan millones de seres humanos, que sólo tienen en común relaciones dinerales, jurídicas o comerciales; como también la indiferencia psíquica y espiritual con el Otro. 

En una atmósfera como ésta el aprecio de las masas por lo público, se convierte en factor decisivo para la política de masas. El carácter abstracto de las sociedades modernas no es indiferente a la conversión del ser humano en objeto, o a la transformación de su vida en zona de emplazamiento. La Gran ciudad se vale de las máquinas, los instrumentos técnicos de la comunicación rápida y simultánea, o de la publicidad, para imponer la impronta que necesita la nueva voluntad de poder.

De ahí, el espíritu de lo actual abarca poco a poco los espacios de la Gran ciudad; el ámbito que habla el lenguaje de la civilización actual. Por la primacía del confort técnico y del mundo dineral en la Gran ciudad, observamos que se ofrece un producto de la canasta familiar como hace el marketing con un texto de creación poética, o una obra de arte.

Además, en estos últimos espacios de tiempo, las leyes del mercado y el marketing determinan el orden de la existencia en general. Ese tránsito de la política “clásica” a la del marketing, por ejemplo, sitúa el fin de la política más allá de las verdaderas necesidades humanas. Así que, en momentos contradictorios de los avatares humanos, la política se alía criminalmente con los instrumentos técnicos para la guerra.

Por eso, cuando la política ubica su praxis fuera de las esferas de las verdaderas necesidades humanas, insofacto, falsifica el fin que le corresponde. Se devela, entonces, que el sentido de la política no está en los cambios circunstanciales ni en los accidentes espacio-temporales, sino en la estructura profunda de las verdaderas necesidades materiales, psicológicas y morales del ser humano. En este orden de ideas, los que se embriagan con las ilusiones ópticas y auditivas de las sociedades contemporáneas, no perciben el sentido de la animalidad política de los Estados Modernos. Como tampoco el lugar donde mora lo Justo, lo Bueno y lo Bello de la política.

De lo que se trata realmente, es de analizar el orden de los principios que configuran la Época Moderna. Porque “al quitarle al núcleo su cáscara lo que se pretende es liberar esa visión”. Frente a eso se tornan secundarias las múltiples figuras que toma el Zeitgeist, Espíritu del Tiempo y sus juicios; se trata realmente de romper el hueso para extraer el tuétano que vivifica a la época.

Como diría Walter Benjamín, percibir la época en la cultura que le es propia. Pero la conciencia común no está formada para esos menesteres; y necesita de las personas formadas para pensar, del artista, el poeta, el teólogo, el filósofo, etc., para desvelar el contenido mágico e histórico, que contiene la realidad.

                                              Madrid-España a 06/07/2023

 

martes, 4 de julio de 2023

EN ESTADO DE LITERATURA LA OSCURIDAD NATURAL DE LAS COSAS SE DISIPA


 

Con afecto y respeto a la poetisa, escritora y gestora cultural, Yaneth Álvarez Montiel. Quien con su palabra ahonda la sensibilidad, el espíritu y la condición humana. Usted es un ejemplo para las nuevas generaciones de Colombia.

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Por la VI Feria Latinoamericana del Libro en Cartagena de Indias-Colombia, podemos decir que, cuando el misterio de la literatura ocurre en el seno de una lengua, desborda el contenido de “las posibles interacciones de las unidades semánticas”. Cuando el milagro de la literatura se da, la vida toda, se puebla de palabras, sonidos y colores. Estas hacen señales, llaman, cantan, narran; y nos circundan, atraviesan y trascienden. Es un lenguaje jamás imaginado que permite percibir, conocer o experimentar el mundo y su realidad con otros ojos, y entonces, cuando ese milagro aparece, el mundo, la realidad y la existencia, se llenan de palabras, de música o, de éxtasis.

 

Y, embriagarse de colores de la lengua, es algo divino porque “se eleva hacia los orígenes, hacia las fuentes y los jóvenes manantiales del arte de la palabra”. Así pues, “en estado de literatura, el lenguaje funciona de una manera incomparable. Es siempre algo más” –dijo George Steiner.

 

Sabemos de la importancia del estudio sociolingüístico o filosófico de la literatura, en la cultura actual. Porque abren horizontes nuevos en la semántica, la estructura léxico-gramatical o la significación de las palabras. Porque esta mutación en el orden del lenguaje, posibilita nuevos espacios de realidad, de sentido, o caminos diferentes de autoconocimiento y trascendencia de lo incognoscible: el Ser o, el Dios oculto. Es el instrumento adecuado para comprender la compleja relación entre mundo y verdad.

Pero también para desvelar la riqueza de las relaciones de sentido frente a las relaciones artificiales, que arremeten contra lo rítmico, lo sonoro, los momentos oportunos. De ahí que la literatura exalte “el recuerdo y la memoria, que permiten que rompamos con la “actualidad” que nos repugna, y detener su avance catastrófico”. No es algo irrelevante en la historia de las palabras, ya que es en sí misma, la historia de las reflexiones, los sueños y las pesadillas humanas.

En estado de literatura: “todo lenguaje está en relación activa y eventualmente creadora con la realidad”. De esa relación dialéctica entre lenguaje y realidad, emerge la espíteme de la historia del pensamiento occidental moderno; el territorio del saber, la verificación y la objetividad concreta de la experiencia humana. O, lo que es lo mismo, la epistemología capta la realidad en la medida en que el lenguaje lo permite. Así pues, se verifica la idea que todo acto cognitivo, es en sí un acto lingüístico. En esta atmósfera, un gran poema descubre formas hasta entonces inexistentes, y literalmente desata fuerzas adormecidas de la percepción.

En el trasegar de la palabra, la morfología, la sintaxis, la lógica o la gramatología, abren un amplio espacio filológico y significativo, que altera las reglas gramaticales y sintácticas de cualquier idioma. El idioma adquiere tal densidad o entropía, que el dinamismo de los recursos lingüísticos se convierte en juego de recursos verbales, jamás imaginados. La tirantez entre el sentido de realidad y el deseo como lo plantea la psicología, por la función intermedia del espíritu de la lengua, posibilita procesos cognitivos que abren otros campos de investigación lingüística. También entrelaza este espacio voluminoso, la estética y la filosofía, la ética y las creencias religiosas. Tal es el tejido entre las artes, la lingüística y la filosofía, que alteraron la espíteme moderna o, el concepto de cultura clásica.

La literatura es una forma de discurso que se elabora a partir de la totalidad o potencialidad de los recursos verbales de la lengua. La literatura existe porque puede crear una especie de membrana que la separa del flujo cotidiano del discurso. Las metas, los elementos que elige la literatura, son diferentes a los del discurso de la comunicación cotidiana. Esta elabora un filtro en la que los recursos verbales toman otros giros, ritmos o cadencias completamente distintos, a los de la comunicación diaria entre las personas. Así pues, uno se entronca con el campo de la mera información, o la irreflexión lingüística; el otro, con el ámbito de la totalidad del lenguaje.

La literatura entonces despierta en el hombre la capacidad de asombro, de imaginación, agudiza la sensibilidad y estimula la reflexión sobre la existencia y el mundo en general. De ahí que, el escritor, el poeta, ofrecen ciertos ángulos de visión, cierta imagen de la realidad, un cierto matiz de la condición humana, que sólo puede filtrarse a través del lenguaje. La cabalgadura de la literatura que ofrece la palabra, le dona “una luz mágica y sobre natural”, que desvela el enigma de la naturaleza animada e inanimada. Es como un cristal de muchos colores, donde desojamos el Árbol de la vida.

De ahí que sus propuestas, sean sólo propuestas, para responder a los enigmas de la condición humana: la vida, la mundanidad, la pluralidad, la libertad, el amor, la solidaridad, la belleza, la violencia, la guerra, la tolerancia, los sentimientos, los sueños, etc. En estado de literatura, nada, absolutamente nada, es un código de normas, verdades absolutas, sino un espíritu prevalecedor, una visión del mundo o, de la realidad. La literatura hace frente a toda forma de totalitarismo, de autoritarismo, a todo Sistema que niegue la libertad, y que desea ardientemente borrar de la faz de la Tierra, la riqueza de la diversidad.

Sí la historia esquematiza cuando toma teorías o hechos por verdades absolutas, desconoce que son verdades pasajeras. El historiador no nos muestra sus puntos de partida –dice Margarite Yourcenar–, sea individual, sea ideológico, ocultando a uno con el otro. No obstante, los tiene: es un burgués del siglo XIX, o es un militarista alemán que admira el imperialismo romano, o es un marxista que ve el comunismo en todos lados, o la ausencia de comunismo en el pasado. Está dominado por las teorías, a veces sin advertirlo.

 

La literatura, en cambio, revela que, en el hombre concreto de carne y hueso, “Tú” y “Yo”, se esconden todos los hombres de la humanidad y que el hombre es un solo hombre. He ahí su magia y su cadencia revelándose en palabras de colores.

 

La filosofía, en su conducto, enseña que detrás de las cosas más insignificantes de la vida –las apariencias o los lugares comunes–, se oculta lo fundamental, su naturaleza en sí y para sí, el espíritu que las anima, lo Absoluto o, el Ser. Y para desvelar el misterio que encierran, se vale del lenguaje y las reflexiones del pensamiento. Para el escritor la realidad, los contenidos de la experiencia y el pulso vital, son fundamentales en la escritura. Son las pruebas existenciales las que somete a una elaboración conceptual, metafísica y ficciosa del lenguaje.

 Por eso, aprehender la verdad con las pinzas de las palabras para restaurar el “sentido”, se convierte en un juego de ecos en el proceso creativo. “La realidad –una noción tan fluctuante–, el conocimiento más exacto posible de los seres -nos recuerda Yourcenar-, es nuestro punto de contacto, y nuestra vía de acceso a las cosas que van más allá de la realidad”.

Si el escritor se aparta de la realidad y obedece a mandatos ideológicos o dogmas religiosos, la obra se convierte en panfleto que suple necesidades humanas inmediatas. Por la embriaguez del poder, las ilusiones ópticas o auditivas, la fama, el dinero, este tipo de hombre se convierte en mendigo de las Musas o de los Dioses. Porque la palabra es como la llama de la vela; la luz puede convertirse en conflagración.

En éste umbral, la cultura habita el lenguaje. Como dijo Martín Heidegger: “El lenguaje es la casa del Ser”. Es el umbral donde las cosas o la existencia individual, toman la configuración que les corresponde. En la historia de la humanidad, el artesano de la palabra se ha convertido en algo incómodo para los que ejercen el poder. Pero a la vez, es la conciencia viva de aquellos que no tienen voz. El escritor se convierte en el filtro del genio popular. Es el espejo donde se reflejan las esperanzas y necesidades de la sociedad. Por eso, ha de ser fiel al tiempo y el espacio que vive. Es a través de él donde la reflexión crítica de la realidad se hace más evidente y tenaz.

La novela y la poesía permiten percibir y analizar que el lenguaje político, la comunicación llana y simultánea, el lenguaje económico, el periodístico, conservan la “significación” pero carecen de “sentido”.  Éste tipo de reflexión alcanza la crítica de la sociedad y de su tiempo, pero también una exaltación crítica del Ser. O, lo que es lo mismo, posibilitan que los recursos verbales de la literatura o la poesía, son algo así como una crítica filosófica y estética; que, a la vez, se convierte en ontológica de la vida y del mundo. O, mejor dicho, una crítica epistémica de la realidad y la cultura que vivifica.

Podemos decir que entre los hombres y las cosas se generan filtros, y uno de los fundamentales, es el lenguaje. Son los que confieren a las cosas su sonoridad, sus ritmos, sus colores. Cada siglo posee su propio matiz de colores y sus tonalidades, pero es el siglo XX, el que llega hasta los sueños. Son como cristales que permiten ver el espíritu y la materia de cada siglo. Por eso, la literatura, la poesía, el arte, la música, nos donan imágenes que quedan fuera del marco de la historia.

Además, se convierten en herramientas fundamentales para luchar contra el mundo técnico y el colectivo de ese mundo. Nos conducen por los caminos oscuros y escabrosos del alma y del espíritu, y posibilitan percibir aún por un instante, la estructura fundamental, el Absoluto –su esencia inmóvil y sobre temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia. Pero también, intuir la presencia de poderes de los cuales lo único que conocemos desde hace mucho tiempo, son sus nombres abstractos. Este acto divino, pero humano, hace que nos percatemos de que fallan nuestros medios históricos, filosóficos, morales, de los cuales estamos orgullosos y nos enseñan que es menester apropiarnos de otras herramientas.

Son poderes ancestrales que el tiempo en sus configuraciones actuales, posibilitó que pierdan “sentido”. Porque en su lugar se sitúo lo abstracto y mensurable. Pero no podemos olvidar que los poderes misteriosos, divinos o estéticos, están siempre ahí esperando la invocación. Así que, la literatura, el arte, la poesía, la música, la religión, se convierten en filtros para la veneración y los fenómenos cultuales. Porque hacen parte de la naturaleza del ser humano. De ahí que el advenimiento de los dioses, que enfrentarán a los Titanes y al mundo del titanismo, se percibe como una Revelación.

Sabemos que esos poderes no son eternos, pero perdurarán mientras exista el tiempo.  De ahí que, el mundo estético es un ámbito mágico, ambiguo, infinito, contradictorio e insondable. Porque nos desvela que, del Espíritu del Mundo, sólo conocemos sus nombres abstractos. En nuestra época, el poder de seducción que posee la imagen y los diversos lenguajes digitales, lo constata. En el umbral de lo estético, por el contrario, se intuye la presencia de condensaciones de tiempo, que se entrecruzan con lo eterno y atemporal, lo mágico del mundo y su realidad y de la existencia.

Si la literatura, el arte, la poesía, la música, posibilitan otras esferas de existencia y de experiencia; el lenguaje se expresa como algo misterioso que responde a modificaciones en nuestro interior. “Somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros” –expresó Ernst Jünger.

Por eso, la estética o la filosofía nos enseñan, que el mundo está ahí para interrogarlo. “Cada uno de nosotros es capaz de transformar el mundo”, el enorme significado que ha sido legado a los hombres. De ahí la importancia de la palabra y las reflexiones del pensamiento, en la esterilidad intelectual de la época actual.           

Por así decir, las investigaciones en terrenos compartidos con la gramática, la fonética, la lingüística, la lógica, la historia de las lenguas, la poesía, la filosofía, la literatura, la biología, el arte, la neurología, la electro-física, etc.; abren un campo de posibilidades para descifrar el enigma del lenguaje humano. Nos enseñan que la poesía, “el secreto de su extrañeza y tenaz existencia como discurso diferenciado de los demás”, consiste, en que es profundo y esencial, es decir, real y existente.

 

“El poema –superando cualquier otro acto de lenguaje– llega hasta las raíces mismas de la lengua, a la   dialéctica comunicativa y sensorial que define la identidad humana”.

 

Por eso, la literatura –toda literatura–, es una forma y una función del lenguaje –dijo George Steiner. Su idea, consiste, en que el poema trasciende la crítica y la historia literaria. Porque la lengua alcanza en el poema la mayor tirantez fónica y melódica, donde la cadencia de la palabra expresa los sonidos inaudibles de los actos comunicativos y sensoriales, que posibilitan la identidad humana.

Ernst Jünger nos recuerda que estamos asentados en humores. Estos están presentes en la vida biológica, o en la existencia espiritual. Lo húmedo en lo espiritual, como lo que, de jugoso, de musgoso, de frescor de bosque hay en las poesías. Y sobre todo lo que en ellas hay de fontanal, de sobreabundancia de imágenes y de palabras, en cuyo cause van flotando las partículas sólidas. Así pues, no es en el terreno de la reflexión ni del conocimiento, tampoco en la técnica ni en la abstracción pura, sino en el imbricado y contradictorio lazo de lengua y vida, donde el ser humano alcanza la mayor expresión de la existencia.

Aquí pues, a galope entre la realidad y la imaginación, ni la crítica literaria ni la historia de la literatura, tampoco las diversas disciplinas lingüísticas, pueden descifrar en sus raíces, el drama de la vida poética. Porque rechazar las dimensiones literarias o poéticas de la lengua en nombre de la cifra, la estadística, la técnica, la ciencia, la política, o la razón instrumental de acuerdo a fines, no es inevitablemente un mérito, ya que hablar de poesía, literatura, arte, filosofía o teología, es hablar del hombre. Hablar de los orígenes y las condiciones del lenguaje, es hablar de la historia de la humanidad.

El siglo XX fue el tiempo del primado de la comunicación llana y simultánea, la técnica y la ciencia. Entonces, sorprendidos y anonadados vemos cómo se cumple la metáfora de Karl Marx:

“Todo lo sólido se desvanece en el aire; cuanto es sagrado se profana, y los hombres se ven obligados a mirar finalmente con ojos desencantados su propia condición real y sus propias relaciones con sus semejantes”.

                                                Madrid-España a 03/07/2023

lunes, 22 de mayo de 2023

COLOMBIA AL BORDE DE UN ACANTILADO

                                          

                      “El miedo es uno de los síntomas de nuestro tiempo”

                                                      Ernst Jünger

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Existen situaciones que invitan a tomar decisiones morales y éticas, respecto a lo que sucede en la sociedad. Esto ocurre en aquellos países donde la corrupción, la inmoralidad, el crimen alcanzan cuotas muy altas. Donde la delación, el miedo y la delincuencia organizada, se entroncan con las instituciones del Estado y las autoridades competentes. En esos sitios los remolinos más hondos llegan esta las entrañas del cuerpo social, el espíritu de la nación y la vida cotidiana de la sociedad.

Esto siempre no ha sido así y no continuara siendo por siempre. El problema surge en tanto que las instituciones y las personas que ejercen el poder, responden a fuerzas oscuras y criminales al margen de las normas y las leyes. “En terrenos como estos lo que es justo y lo que es moral son cosas que están en el aire. Naturalmente que hay delitos, pero también hay tribunales y policía”. (Ernst Jünger).

Esto se expresa cuando la propaganda, la demagogia y los medios de información, reemplazan la moral y las instituciones se truecan en armas para intimidar, desaparecer, detener y asesinar. Por eso ellas no pueden ser indiferentes con lo que sucede en el cuerpo social y la comunidad. En estos momentos la decisión le corresponde a la persona individual; una decisión que ha de optar por callar o apoyar veladamente a los delincuentes de cuello blanco y aquellos al margen de la ley y el orden (paramilitares, guerrilleros o delincuentes comunes), o apoyarse en la libertad sustancial que rompe las murallas del tiempo y del espacio.

Aquí no cabe la neutralidad como conducta social, la que ha de adoptarse responderá a las exigencias políticas y morales del tiempo y la sociedad.

“También los que ejercen el poder, acosan ahora a la persona individual con su dilema. Es el telón del tiempo, el cual se alza para dejar paso al espectáculo de siempre, al espectáculo que retorna otra vez y otra. Los signos que en este telón aparecen no son lo más importante”. (Jünger). Sino los que se ocultan tras ellos, quien conoce la historia del ejercicio del poder y de las ordenes secretas sabe lo difícil que es determinar el verdadero poder y su radio de acción. Quien trata de seguir su pista se pierde en la espesura de sus laberintos.

Es importante tener presente que,

 “Hay épocas de decadencia en las que se desvanece la forma de vida profunda que en cada uno de nosotros está dibujada de antemano” - expresa elocuente Jünger).

Si perdemos sus “huellas, vacilamos y nos tambaleamos como seres a quienes falta el sentido del equilibrio. Entonces pasamos de las oscuras alegrías a los oscuros dolores. Y la conciencia de una infinita pérdida hace que el pasado y el porvenir se nos aparezcan llenos de atractivos, y mientras el instante huye para no volver más, nos balanceamos en épocas remotas o en fantásticas utopías”. (Jünger).

En Colombia vivimos una época en que “nos hemos entregado a la fuerza –al eterno péndulo- que indiferente al día y la noche empuja hacia adelante las agujas”. Así comenzamos a soñar las cosas del poder y de la fuerza y con “las formas que intrépidamente ordenadas marchan unas junto a otras”, nos precipitamos al desastre, al triunfo o al combate de la vida. Y existen personas que se valen del poder para que el individuo o la comunidad pierdan el dominio de sí mismos y “los zarandean en remolinos como a ciegos” al borde de un acantilado.

Quien se precipita en el abismo que ofrece los que ejercen el poder, “ve las cosas de la manera más clara posible, como a través de unos vidrios de aumento”. Y libres de temor descienden a las profundidades de “los hondones de los campos de esclavos y los mataderos donde unos hombres primitivos se asocian criminalmente” con las armas y la fuerza. Aquí en estos lugares la existencia que la realidad propone es trágica, en cuanto necesaria y no dramática, siendo los riesgos inmensos la persona individual ha de jugársela por sí solo, para la vida o para la muerte.

Entonces desde hace largos espacios de tiempo, el pánico, el dolor, el sufrimiento y la muerte, se apoderó de nuestras Grandes ciudades y de nuestros campos, y ha dejado tras de sí un montón de ruinas materiales y humanas, que claman Redención y Justicia. Así que, los que conocen el poder y la fuerza, sólo esperan la hora de volver a implementar la tiranía, el miedo y el dolor

Que ellos desencadenan luchas “entre las obras y los pensamientos, luchas entre los ídolos y el espíritu”. Más de un hombre ha podido ver y leer en las disensiones las luchas más atroces que se han llevado a cabo en la historia y el presente de Colombia. Quién hace parte de la legión del poder, sabe de las “galerías secretas y las criptas hacia las que ningún historiador nos sabría guiar”.

Más de uno ha perecido intentando con las armas en la mano y las ideas, asaltar los laberintos donde se esconde el Gran Poder: el Estado y sus instituciones, las corporaciones nacionales e internacionales, el Sistema, el Capital financiero, el poder político, el poder militar, los gremios económicos, los medios de comunicación de masas, etc. En Colombia todo transcurre como de costumbre y, sin embargo, todo es diferente. Porque cuando extendemos la mirada por las tierras altas y bajas del país, se percibe un aliento secreto de fatiga, miedo y apatía con lo que sucede.

Esa guerra que se ha librado en Colombia ha nublado la sensibilidad hacia el Otro y, ha avivado el espíritu de la tiranía y la venganza, y exaltó la barbarie hasta no quedar sino el simple crimen. Entonces los que implementan el dolor, el sufrimiento y la muerte, se valen de la violencia para ponerla al servicio de extraños intereses. Por eso en Colombia hace tiempo se perdió el sentido de realidad; porque hemos sido víctima de la pura crueldad.

Pero más que todo esto, se da una circunstancia que revela la extrema gravedad del peligro: todos esos crímenes que soliviantan al país y que claman justicia, no son vengados por nadie y únicamente en voz baja se habla de ellos, hasta tal punto se hace evidente la debilidad de la gente, del Estado y sus instituciones frente al caos, la coacción y la muerte. La autarquía de esos grupos que implementan la violencia -en el campo, los pueblos y la Gran ciudad-, la Constitución, el derecho y la autoridad amenazan a mayor ruina.

Así que, el desorden, el sufrimiento y la violencia pueden ganar sólo en aquellos sitios donde las nuevas generaciones, las personas con sentido crítico del mundo y su realidad, las autoridades políticas, jurídicas o morales se quedan cruzados de brazos. Esas luchas que conducen a la caza del hombre y de la mujer, a las emboscadas y a las tomas de los pueblos, tanto de la izquierda y la derecha perdieron el sentido de la medida. Y su lenguaje espiritual, político y material, se convirtió “en expresiones que habitualmente sólo se emplean entre esa canalla que debe ser extirpada, destruida y pasada por el fuego”.

El lenguaje es el lugar donde se manifiesta la verdad, la falsedad o la violencia. Pero, como ya es sabido, el lenguaje presta curiosos servicios en aquellos países o lugares, donde la canalla se expande como campos en flor y clavan su veneno en el polvo y el corazón de los hombres en fuga. Pero también “el lenguaje forma parte de la propiedad del ser humano, de su modo propio de ser, de su patrimonio heredado, de su patria, de una patria que le toca en suerte sin que él tenga conocimiento de su plenitud y riqueza”. El lenguaje es el portador de los bienes más grandes y sublimes del hombre; también porta detrás de su recamara la insidia, el dolor, la ofensa, la discriminación, la demagogia y la violencia más atroz que se pueda infligir a un ser humano.

Ernst Jünger dijo en la novela Sobre los acantilados de mármol: “La palabra es, a la vez, como una reina y una bruja”. Quien porta el cetro de la palabra en la mano, avanza en el caos del reino animal y vegetal, tal como hizo Linneo. Su poder se puede extender por las tierras altas y las tierras bajas, en medio del caos y la violencia que implementan algunos; y también “constituir un reino mucho más hermoso que todos los imperios conquistados a punta de espada”.

En este orden de ideas,

“El lenguaje es también una de las grandes formas para todos los bienes en general. Es la llave que abre las puertas de los tesoros y secretos del mundo” – al decir de Jünger.

No olvidemos que “la ley y el dominio en los reinos visibles y aun en los invisibles comienzan con poner nombre a las cosas. La palabra es el material del espíritu y en su condición de tal sirve para tender puentes audaces: al mismo tiempo es el medio supremo de poder”. Sabemos que el mundo y su realidad concreta, las esferas del espíritu, todas las carreteras y edificios, todos los pactos nacionales o entre Estados, “van precedidos de revelaciones, planificaciones y conjuros en la palabra y el lenguaje, y van precedidos también del poema. Puede incluso decirse que hay dos especies de historia: una, en el mundo de las cosas; otra, en el mundo del lenguaje”.

Los que ejercen el poder y los que implementan la violencia desconocen que “la riqueza del país está en sus hombres y en sus mujeres, que han hecho experiencias extremas, experiencias como sólo una vez se allegan al ser humano en el transcurso de muchas generaciones. Esto hace modestas a las personas, pero les da también seguridad”. En el siglo XX se configuró en Colombia el desheredado, el proletario, el campesino, el jornalero, el comerciante, el propietario de la tierra, el empresario, el industrial, el banquero, el estudiante, el profesor, el intelectual, el político, el funcionario público, etc. Y sin darnos cuenta se consolido el Estado Moderno y las sociedades actuales.

Pero también se consolidó en los estratos sociales “los expulsados, los proscritos, los ultrajados, los despojados de su patria y de su terruño, los empujados con brutalidad a las simas más hondas. Ahí es donde están las catacumbas de hoy”; los lugares donde mora el asesino, el desollador, el delincuente, el paramilitar, el guerrillero; el lugar donde la canalla hace evidente el destino, la necesidad interior de las desigualdades más hondas de la sociedad. Entonces estos aconteceres traen aparejado a personas en el poder o fuera de él, que les fascina la pura violencia y sólo puede escapar quien asciende moralmente un estrato en la sociedad. Así nos pudimos dar cuenta que “existen otros muchos signos a través de los cuales se manifiesta la decadencia”.

“Ya tenemos suficiente con los horrores del presente”. En un tiempo como éste ya sabemos quiénes soportan las cargas. En este orden las personas han “de distinguir, por tanto, las cosas que no merecen ningún sacrificio de aquellas otras por las que hay que luchar. Estas últimas son las cosas inalienables, son la auténtica esencia de ellas”. Las cosas por las que se lucha son las que uno lleva consigo y nos acompañan hasta la muerte. Como dijo Heráclito: son el modo propio de ser de uno, modo propio de ser que es el demon del hombre. “Mi modo de ser es mi daimonion” –al decir de Heráclito. Entre ellas está también la patria, la patria que uno porta en el corazón y que es la de todos y de cada uno de nosotros, que ha sido mancillada, ensangrentada y violada, por unos pocos.

“Resulta difícil salvaguardar el modo propio de ser” –y resulta más difícil cuanto más somos expulsados de la riqueza interior: el Ser. “La riqueza que forma parte del modo propio de ser no sólo incomparablemente más valiosa; es el manantial del que brota cualquier riqueza visible”. Esa que nos enseña que los hombres somos hermanos, pero no iguales. Porque la búsqueda de la igualdad entre los hombres, desembocó en el siglo XX en diferentes formas de Totalitarismo, de Fascismo y de Autoritarismo –tanto al lado de la derecha y de la izquierda. Por eso hay que abogar por el Estado de Derecho, la democracia y la libertad, en todas sus acepciones.

Los que ejercen el poder e implementan la violencia en Colombia, no tienen consciencia que existen personas hacia “las que afluye la plenitud en la misma medida en que va creciendo el desierto. Esto conduce a poderes nuevos y a riquezas nuevas (materiales o espirituales), a repartos nuevos”. El hombre sin prejuicios, libre como el Cóndor de los Andes, hace patente que, en el dolor, el sufrimiento o la muerte, está oculto un poder quieto, benefactor, que le da sentido a la vida y a la realidad. De ahí que “el modo propio de ser del hombre no es, en efecto, únicamente creador, sino también destructor, es su daimonion”.

Se trata de destruir las amarras, las fronteras que envilecen y empobrecen, la vida y el espíritu de los pueblos. Entonces ese modo propio de ser se yergue y pone en movimiento fuerzas que configuran un nuevo poder, una sociedad nueva, nuevos discursos que hablan de oportunidades, de justicia, de moral, de convivencia plural y de paz. “También este espectáculo tiene sus límites propios, su tiempo propio”.

Sabemos por experiencia que el miedo como la esperanza, conducen al ser humano a trascender los límites del poder y la fuerza. Por ello los pueblos nunca pierden la esperanza de que aparezca un nuevo Hombre, que encarne sus limitaciones, sus frustraciones, sus dolores, sus miedos, sus sufrimientos; y posibilite ver debajo de las escamas de Leviatán los tesoros que han estado ocultos para ellos. Y que reposan directamente debajo de la historia, inmediatamente debajo del mito, por debajo del terreno medido por el tiempo, y posibilite un nuevo amanecer y una esperanza nueva para todos los colombianos.

En el siglo XX y principios del XXI en Colombia, los que han ejercido el poder y la violencia, han querido aniquilar la riqueza interior del pueblo colombiano. Llámese este poder espíritu, alma, mente, sensibilidad, moral, ética, poder cósmico o eterno que mora en el interior de todos. Tener presente que la agresión brota del interior oscuro y tenebroso de los abismos, donde moran los demonios. Sobre este abismo se levanta la inmoralidad, la corrupción, la indiferencia hacia las necesidades del Otro y, ante todo, las limitaciones de la libertad. Sólo un espíritu atrofiado y debilitado exalta la coacción y el miedo en nombre de la seguridad.

En los sitios donde hay inmoralidad, amenaza y muerte, existen seres humanos que se levantan sobre las adversidades materiales o humanas, y no pueden ser alcanzados ni menoscabados ni aniquilados por ningún poder de la Tierra. La expresión de un espíritu que ha empezado a corroerse y devaluar los más altos valores de la sociedad y la cultura, no pueden prevalecer sobre los que le dan cohesión y permanencia a la realidad y la sociedad. “Frente a esto es importante saber que el ser humano es inmortal y que hay en él una vida eterna, una tierra que aún está por explorar, pero que se halla habitada, un país que acaso el mismo niegue, pero que ningún poder terrenal es capaz de arrebatarle”.

Quizás muchos de los colombianos que “tienen acceso a esa vida, a esa tierra, a ese país, acaso sea parecido a un pozo en el que desde hace tiempo viene arrojándose escombros y desechos”. Si se retiran, se encontrará en el fondo no sólo manantiales de espíritus, sino también imágenes de viejos mitos que nos dan la coherencia como personas y sociedad. La riqueza de ser colombiano es “una riqueza que nadie puede despojarle y en el transcurso de los tiempos aflora una y otra vez a la superficie y se hace visible, sobre todo cuando el dolor ha removido las profundidades”. Por eso, el dolor y el miedo no es el mismo en todas las épocas. Se trata en la actualidad de enfrentarlo con la espada flamígera en las manos y sus apariencias en la realidad se esfumarán como pompas de jabón.

Una de las grandes esperanzas de los colombianos está en que los mediadores (el Presidente, los ministros, los políticos, el poder económico y cultural, la iglesia, la universidad, etc.), sean capaces de abrir el acceso a las fuentes de veneros espirituales. Ahora si se logra un auténtico acercamiento y contacto con la riqueza interior del colombiano en un punto, eso tendrá efectos inmensos para alcanzar la justicia, la libertad, la convivencia y la paz, en el cuerpo social.

Entonces no podemos dar la espalda al sufrimiento inaudito de millones de colombianos vejados, discriminados, desplazados, arrancados a la fuerza de su tierra, apartados del ritmo de la historia por el Gran Poder,

“No podemos limitarnos a conocer en el piso de arriba la verdad y la bondad mientras en el sótano están arrancando la piel a otros seres humanos como nosotros. También hoy existen poderes fuertes que llevan a alta mar al ser humano, que lo conducen al interior de los desiertos y a su mundo de máscaras. Tal viaje perderá su condición amenazadora si el ser humano vuelve en sí y recuerda la fuerza divina que posee”.

                                                     Ernst Jünger

                                                 Madrid-España a 22/05/2023