miércoles, 11 de mayo de 2022

ALEJANDRO DURÁN

 

                                   ALEJANDRO DURÁN: UN JUGLAR POPULAR

                                                    DEL MITO AL HOMBRE

 

                                                 A mis amigos de Chinú-Córdoba:

  Julio Betin López, Rafael Mercado Flórez, Rafael A. Figueroa Flórez (Batonio).

                                         

                          <<Poéticamente habita el hombre sobre la tierra>>.

                                                Friedrich Hölderlin

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Desde la antigüedad hace 30 o 20 mil años el hombre viene expresando la relación con el entorno y el Yo valiéndose de rituales funerarios, de mitos, de narraciones, de fabulas, del arte, la poesía, el cantar y la música. De esa forma busca darle sentido al mundo, las estrellas, la naturaleza y la vida. Son una manifestación de la existencia espiritual que puede ser concebida como una especie de lenguaje. Don divino que los dioses conceden a los hombres. Es el halito de la voz que comunica contenidos espirituales. Por eso el único ser lingüístico es el hombre. Porque tiene voz y habla; mientras la lengua de las cosas comunica un profundo lamento. Porque carecen de voz; es decir, de palabras. Esto posibilita que el hombre sea un ser simbólico por naturaleza. Un ser histórico y creador de cultura.

El ser humano simboliza y al simbolizar fabula y al fabular poetiza. De ahí que lo que tiene que ver con la espiritualidad humana es histórico y temporal. Así que, la lengua tiene una dimensión social que genera un tipo específico de palabras, palabra hablada o cantada. Un tipo de lenguaje compartido por los miembros de una comunidad especifica. Por tanto, la música no es sólo acompañamiento sonoro de las mudanzas históricas; también capta su esencia, la naturaleza de un pueblo. Por ser movimiento puro, liberado de los objetos, la música como tal no tiene una meta, un objetivo. 

El oído interno es el que capta las grandes composiciones musicales; llegan de otro mundo. La poesía y la música llevan a un mundo de mayor libertad donde queda vencido lo imposible. El placer, el dolor, el amor, la muerte, y la naturaleza –plantas, animales, el ritmo cósmico del día (el amanecer o el atardecer), el canto de los pájaros, las olas del mar o el agua de los ríos-, se sienten en una dimensión diferente. La música hecha raíces en la vida cotidiana; y el canto crea una estructura común que responde a las creencias, esperanzas, deseos, miedos y fantasías de una comunidad o, de un pueblo.

Estas <<formas>> estéticas las han creado los hombres para expresarse, para crear una estructura común que responda a las apetencias materiales, éticas y espirituales de un pueblo. Este <<tipo>> de lenguaje otros hombres pueden comprenderlo a través de la empatía con la poesía o la música. Así que, la música no es un mero adorno: es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión inmaterial concreta. El mito contiene la grandeza del hombre, de su alma y de su corazón. El mito del negro Alejo es más fuerte que la historia; ésta lo repite en variantes.

Gilberto Alejandro Durán Díaz (El Paso, Magdalena Grande, 9 de febrero de 1919 – Montería, Córdoba, 15 de noviembre de 1989), se conoce como el negro Alejo, fue un acordeonero, compositor y cantante de vallenato de la Costa Caribe de Colombia. En 1968 gana el primer Festival de la Leyenda Vallenata y, se convierte en el primer Rey Vallenato.

El juglar popular es un <<poseso>>, un <<vate>>, un <<espabilado>>, de las cosas animadas o inanimadas. Un poeta popular que encarna en universalidad la sensibilidad y el espíritu de su pueblo. En él se revela lo profano y lo sagrado de su cultura. En él se funda lo que queda. Como dijo el poeta alemán Hölderlin: <<Lo que queda lo fundan los poetas>>. Alejandro Durán al nombrar las cosas en la lengua de la música vallenata las significa y las da a conocer. Una especie de incitación, de invitación a los múltiples tonos de la vida: el amor, la muerte, lo sagrado, la amistad, lo profano, la vaquería, la lengua de los ríos, el monte, la brisa del campo, el amanecer, el atardecer, el grito del corralero. Alejo expresa la gran <<epopeya>> del sentimiento costeño.

Esta expresión cultural de los géneros literarios según el predominio de los valores masculinos o femeninos, le atribuyen un carácter a la música. Así que, la exclusión del sexo priva a la vida de más de la mitad de su poesía, y a la mitología de su mayor riqueza, pero no las destruye necesariamente. En nombre de todo cuanto existe el juglar establece una conexión rítmica y poética con el mundo que lo rodea. Así con la música vallenata le canta a la vida, a la mujer y a las cosas cotidianas que le dan sentido a la existencia. Por eso el sentido de la existencia tiene su origen en la palabra de la poesía cantada. No sólo hay un instinto de conservación vital, también hay un instinto de conservación ideal, que el juglar los convierte en <<inmortal>>.

El juglar conduce a la existencia histórica de su comunidad, es decir, a la humanidad del ser humano, al ámbito donde brota su poesía y su música. Así, la actividad del espíritu de la música del juglar es como la del pensamiento y del juicio del pensador. Porque a través de la actividad del espíritu y del pensar buscan darle <<significado>> al mundo y a la vida. El mundo en el que no sólo estamos, sino que formamos parte de él, el mundo de los hombres y sus generaciones históricas. Es la actividad subyacente que se revela a las esferas del espíritu de la música y del pensamiento. Porque somos seres dotados de sensibilidad, de razón y de lenguaje. Así que, el ritmo de la música vallenata amplía e intensifica la cadencia natural de la vida, en las notas sentidas de su acordeón.

El negro Alejo es el cronista, el narrador de historias y de anécdotas de los pueblos de la Costa Caribe de Colombia. El juglar, el coplero de la memoria colectiva, que rememora las historias en el folclor de su música. Su pasado es absolutamente necesario para la memoria de los pueblos, para el presente y el futuro de la música vallenata. Es el hombre y el mito representados en una persona que trasciende los linderos del espacio y del tiempo. Así que, después de su muerte su música y él se convierten en una presencia atemporal.

Sí se comprende la relación de la música vallenata respecto del lenguaje poético que la canta; se comprende la íntima correlación del juglar con la tradición cultural de nuestros antepasados. La frecuencia con que recurre a la memoria, a la niñez, a la familia, a la mujer, a los amigos, a las fiestas populares, a los agüeros, a los ritos sagrados o seculares, al trabajo en el campo –porque la mayoría son de extracción campesina-, sus canciones parecen el anuncio de una promesa. De ahí que el en ramaje de la lengua de su música es tejido de tonos y ritmos, que le dan sentido a su historia y su razón de ser.

 

                      Así le canta a uno de sus ideales amores <<Fidelina>>:

 

                                              Voy a coger mi acordeón

                                               pa´ que escuchen mi rutina

                                               Y voy a hacer este son ayayayay

                                               Es pa´que tu te diviertas Fidelina (bis)

                                                Fidelina Fidelina…

                                        

                                                Bella como flor del campo

                                                miren que mujer tan linda (bis)

                                                y te dedico mi canto ayayayay

                                               escucha mi serenata Fidelina (bis)

 

 

El negro Alejo un hombre que dibuja en el lienzo del amor sus notas de acordeón. Nos enseñó que la vida tiene que ser aceptada y para soportarla debe ser poetizada y cantada. Fidelina una mujer que atrapó en la rede de su corazón su amor. Como dice el periodista Juan Rincón Vanegas: a ella le dedicó una de las canciones que más le gustaba, porque llevaba impregnada la melancolía del aire de son en medio de los arreboles del recuerdo. Pensaba llevarla al altar del sentimiento, donde las palabras sobran y los cuerpos cabalgan al ritmo de la serenidad de la noche. 

El vallenato es una especie de canto a la libertad; un cantar <<épico>>, elemental del sentimiento. Por eso se hermana con la literatura y tratan desde la palabra escrita y cantada, dar cuenta de los más sutiles procesos psicológicos y del sentimiento de la condición humana. Así que, la literatura de García Márquez y el vallenato se funden en un abrazo fraternal de una cultura amerindia y negra amamantada por una lengua de millones de hombres a lo largo de siglos. El novelista evoca la traza del acordeón y del canto vallenato, al decir: cómo se podía saber de otros mundos y de otra gente a través de una canción. Después descubrí la literatura y me di cuenta que el procedimiento es el mismo. El acordeón y el canto vallenato se convierten para García Márquez en un emblema que revela la magia de la materia animada e inanimada.

En la música popular vallenata la literatura y el arte captan algo distinto de la realidad física y mental de la Costa Caribe de Colombia. La música del negro Alejo deshoja el árbol del paraíso de la poesía pura; en otras palabras, que no está lejos de su experiencia de hombre mítico e histórico. Es la gracia de la poesía pura, el aletear de la voz cadente y sonora que nace de la raíz del sentimiento. Es la historia de unos pueblos que merecían ser cantadas, ingresar en la memoria del espíritu humano, ser un rumor y una música. No hay episodio trascendental de la historia que no haya dejado un eco en la música verbal de su tiempo o de los tiempos ulteriores –al decir de William Ospina.

 

      Si hablamos de Alejo Durán nos referimos a la canción Alicia adorada,

                aunque su autoría es de otro juglar Juancho Polo Valencia:

                                  

                                       

                              Como Dios en la tierra no tiene amigos

                              como no tiene amigos que lo quieran

                              tanto le pido y le pido ¡ay hombe!

                                            se llevó a mi compañera.

 

                              ¡Ay! pobre mi Alicia. Alicia adorada

                                 yo te recuerdo en todas mis parrandas.

                               ¡ay! pobre mi Alicia. Alicia querida

                                   yo te recordaré toda la vida…

 

                                 Alicia mi compañera que tristeza

                                 Alicia mi compañera que dolor,

                                 y solamente a Valencia ¡ay hombe!

                                               el guayabo le dejó.

 

                                   Aya en Flores de María

                                  donde todo el mundo me quiere,

                            yo reparo a las mujeres ¡ay hombe!

                                       y no veo Alicia la mía.

 

                                  Donde todo el mundo me quiere

                                              Alicia murió solita,

                     donde quiera que uno muera ¡ay hombe!

                                  todas las tierras son benditas.

 

El mundo en el que emerge espontánea y libre la música del juglar es, un mundo en estado naciente, todo pertenece a un orden natural y mítico, y la vida transcurre en el campo o los pueblos de la Costa Caribe de Colombia de un modo inmediato y vigoroso. En la poesía más antigua del vallenato se representa una especie humana que en cuyo ánimo, presenta expresiones muy distintas de las nuestras. Por ser más naturales, más cósmicas y universales; lo podemos percibir en el origen de todas las culturas y civilizaciones del mundo. En este ámbito las palabras hechas de música y poesía se entrelazan con los mitos y las narraciones, deviniendo en lenguaje estético y folclor. De ahí que un hálito de alegría o melancolía recorra desprevenido y libre las tierras altas, los caminos, las sabanas, las calles polvorientas y encendidas de los pueblos y veredas, cuando se escucha el acordeón de Alejandro Durán, Rafael Escalona, Luis Enrique Martínez, Enrique Díaz, Juancho Polo Valencia, Colacho Mendoza, Leandro Díaz, Alfredo Gutiérrez o Máximo Jiménez.

En la aurora de los tiempos en Magdalena Grande, ya se escuchaba un <<son>> que narra el acontecer cotidiano de su gente. Ese valor de eternidad que el filósofo alemán de origen judío Walter Benjamín, asocia a la narración. Sobre todos los acontecimientos se escucha un canto acompañado de guacharaca, caja y acordeón. La vida de las personas se desenvuelve de un modo elemental, sencillo y humilde, en un tono absolutamente terreno. Un modo de vida donde los hechos son diáfanos, todas las afinidades inmediatas, todas las situaciones accesibles y fáciles de abarcar.

De ahí que toda narración está, por así decir, rodeada de un halo de arcaísmo, como si se tratara de una historia que se ha venido contando desde siempre y para siempre. Este es el criterio que permite reconocer la narración genuina que Benjamín llama el <<gran narrador>>. El carácter aurático de la narración vallenata, es el sello de una manera u otro anónimo de la historia que se narra. En otras palabras, es la traza del <<gran narrador>>.

Del modo más natural el juglar narra las aflicciones del alma, el amor a una mujer, el dolor o la alegría que ofrece la vida cotidiana. Por eso es un testigo fiel de la memoria colectiva de su pueblo, que la música simboliza en las vivencias compartidas que borran las fronteras entre realidad y fantasía. El juglar se entrelaza con el mito y éste en las leyendas sentidas y cantadas. Así pues, mito y juglar componen una unidad indivisible en el ideario popular. Su música teje y desteje los hilos de las palabras que dan sentido a la vida de una comunidad.

De ahí que trovadores populares recojan en sus cantares, las tradiciones, la identidad, la lengua y los inventos de una legión secular de creadores. El juglar posee el Don de los dioses de considerar poéticamente en su canto y su música, las comunes circunstancias de la vida y del mundo. Por eso es un labrador de la palabra en la memoria viva de su gente. El negro Alejo es un verdadero cronista de la música vallenata que canta las vicisitudes y las glorias de su pueblo.

También acerca del carácter aurático de la narración, observamos al juglar concatenando el sentido de eternidad y del pensamiento en el factum de la vida y de la muerte, de la dicha y la desdicha, la alegría y la melancolía. Que en la consciencia de la sociedad actual vive un proceso de pérdida de comunicabilidad de la experiencia y el fin del arte de narrar. <<La muerte es sanción de todo lo que el narrador puede referir>> -al decir de Walter Benjamín. Su música y su canto es, en cierto modo, la bisagra de la memoria colectiva. ¿Qué significa que la muerte sea tal sanción?

Una sanción es la confirmación o aprobación de una ley, acto o costumbre. Tiene, por ello mismo, carácter de autoridad. Ello confiere al juglar y a la índole aurática de su narración un sello enteramente peculiar, en la medida que no puede ser explicada sin más por su construcción ideológica, sino por la remisión al fundamento de la comunicación y así, también, fundamento de comunidad. (Pablo Oyarzun R.).

Podemos decir que, la narración del juglar atiende como a su elemento más originario, a la callada interpelación que proviene del morir: esa interpelación es la de lo inolvidable. Sería lícito hablar de una vida o de instantes inolvidables, aun cuando todos los hombres lo hubiesen olvidado. Su esencia exige no ser olvidado, exigencia a la cual los hombres no corresponden, y al mismo tiempo contendría una referencia hacia a la memoria y la rememoración de lo colectivo. Cabría pensar que la narración del juglar concede a lo inolvidable, algo que resiste al tiempo y a la muerte, que pareciera descansar en la posibilidad de la memoria y la rememoración. Así que, he sugerido que el carácter aurático de la narración está directamente vinculado al valor de eternidad, porque el juglar es la voz del narrador anónimo, que existió antes de toda literatura –al decir de Leskov, en La Alejandría-.

Quiero también decir que el <<narrador anónimo>>, anterior a toda literatura, es <<la voz de la naturaleza>>. Esto es: la <<naturaleza del narrador>> es el narrar de la naturaleza, el narrador del mundo de la criatura. Por eso la fuente y la índole de la narración del juglar, es la oralidad. A su vez, el elemento inspirador es la memoria, que trama la red ideal de todas las historias, es decir, la pura voz de aquel narrador primordial. <<No lo que habla por ella, lo que resuena en esa voz es lo inolvidable>>. (Oyarzun).

Aquí percibimos el carácter justiciero de la narración del juglar, que consiste que ello da cuenta del acaecer cotidiano y singular, da cuenta de lo particular en su acaecer. El juglar da importancia al cuidado del detalle, lo prolijo, que caracteriza a la narración en sentido tradicional, y que está asociado al espíritu de la crónica. Como dice Juan Gosaín en una entrevista: <<El vallenato no es un género musical, el vallenato es un género literario. Un género que sirve para echar el cuento, mezcla de crónica y música>>.

Así que, la <<criatura>>, es el humano, el animal, la cosa, en su íntima singularidad que es, a la vez, su imborrable alteridad. Criatura es todo, a condición que se la perciba en su irreductible e irrepetible singularidad, y esto quiere decir, a condición que se la repita en su irreductible e irrepetible individualidad. (Oyarzun). Además, el narrador juglar en su narración, no juzga a la criatura, al humano, sino que le da un espacio de juego para que exprese los rasgos insustituibles de su individualidad. Así, la justicia de la narración y del narrador juglar, consiste precisamente en que ni éste emite un juicio ni ella es un dictamen.

El juglar popular de la Costa Caribe de Colombia, en y con su música vallenata (acordeón, guacharaca y caja), le canta a la criatura, al humano (hombre o mujer), a la cosa, a la naturaleza, a los animales del campo, al tiempo y las estaciones, al sol y a la lluvia, como una celebración y rememoración de la lengua del imaginario colectivo.

Joselina Daza es una de las canciones de Alejo Durán donde hace un homenaje a la mujer, a la belleza y al amor:

                                En el pueblo de Patillal, tengo el corazón sembrado

                        Y no lo he podido arrancar, ay, Tanto como he batallado

                                   

                               Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón Ay! Hombe

                               Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón

                                Y yo no sé lo que te pasa con mi pobre corazón

                      Ay! Oye Joselina Daza por que no das tu amor Ay! Hombe

 

                               No se vayan a extrañar, no les cause maravillas

                            Si me voy pa´Patillal en busca de Joselina ay, Hombe

                            Si me voy pa’Patillal en busca de Joselina ay! Hombe

                             Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón

                             Y yo no sé lo que te pasa con mi pobre corazón

                        Ay! Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón ay! Hombe

                                      

                              Pobre Alejandro Durán dejó su tierra querida   

                           Y se va pa´Patillal en busca de Joselina Daza Ay! Hombe

 

                         Las mujeres colombianas son hermosas, son muy lindas

                              Por eso es que Joselina se ha adueñado de mi alma

 

                             Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón Ay! Hombe

                             Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón

                              Y yo no sé lo que te pasa con mi pobre corazón

                         Ay! Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón Ay! Hombe

                  

En las antiguas culturas –griega, babilónica, hebrea, árabe, china, hindú, egipcia, precolombina, entre otras -, el poeta y el profeta tienen acceso a la <<Verdad>>, no por sus propias fuerzas sino por las potencias del espíritu de las lenguas de los dioses. En la cultura popular de la Costa Caribe de Colombia, las palabras tejidas de música las encarna el juglar popular. El negro Alejo es un prototipo del folclor costeño: la música vallenata. Donde palabra, poesía y canto, entretejen no la <<Verdad>> de los dioses o de los grandes héroes, sino la condición humana del hombre común y corriente.

Así que, el vallenato es una música de encuentros, de diálogos y jolgorios, mediante el buen uso de la parranda; porque libera los requerimientos más profundos del alma y del corazón. El vallenato en el desarrollo de los procesos culturales de Colombia posee una identidad propia. Unas veces critica a las leyes y da un carácter relativo a las normas morales y éticas; otra, deifica los sueños fallidos del pueblo; otra, le canta a las tragedias y a la felicidad humana; otra, manifiesta la magia de las cosas, de la vida y de la muerte. El misterio y el encantamiento que rodea a Alejo, se convierte en fuente de su inspiración artística. Su música es el anuncio de una promesa –confirma lo que dijo Umberto Eco en un ensayo de 1988: toda tentativa de averiguar el sentido último conduce al absurdo y le arrebata su misterio al mundo.

Alejo es un asombrado del mundo, de la vida, del amor y de la muerte. Porque en el centro de las relaciones vitales está la calma, la amistad, el respeto, la libertad y la confianza espontanea. En este mundo profano y profanador, la <<mirada mercantil>>, la <<técnica>> o, las <<relaciones de poder>>, no destruyen en el juglar la libertad reservada a la contemplación y la creación. Él ve asombro donde otros ven costumbre. En Alejo el anhelo admitido de una niñez y digna juventud, le posibilitan la condición primordial para crear.

Como escribió el poeta romántico alemán Friedrich Schiller: <<dígale usted/que cuando sea hombre /respete los sueños de su juventud>>. Al juglar cuanto más le cuesta alcanzar algo grande, más fácilmente encuentra el espíritu de la inspiración en el mundo que comparte con los demás hombres. Zaratustra pensó: <<Uno siempre se vivencia sólo a sí mismo>>, al final de su peregrinaje. Escribió Ciro Quiroz Otero: <<Tendría 23 años cuando Alejo Durán descubre en ese entonces que la voz, el tono y los temas de las canciones rusticas de aquellos vaqueros tienen el perfil de una realidad imposible de contarse de manera diferente a como se escucha fresca y temprana en la garganta de los guías de los caminos. Por eso tarde o temprano ocurriría lo que sucedió. Por influencia familiar o razones tristemente laborales, dejó de ser vaquero para quedarse haciendo cantos de los mismos que inicialmente oía y le gustaban, sin saber tampoco por qué en su infancia los rechazaba. Sería acordeonero>>. (Gaceta Nº 6.).

 

Alejo Durán solía visitar Chinú y parrandear con sus amigos Don Rafael José Ordosgoitia, Don Julio Miger (El Vacano) y, el Currimbe (Fernán Marsiglia) a los que le compuso el disco Ron con Limón. Por sus memorias mis recuerdos a sus hijos y nietos con mucho cariño y respeto:

                                                         Ron con Limón

 

                                                Que me decía Julio Miger

                                                tócame un porrocumbé

                                                vamo’a visitar el Currimbe

                                                 y al compae’ Rafael José

 

                                            Pero tómese ese trago de ron

                                                   gordolobo con limón

                                            Pero tómese ese trago de ron

                                                   gordolobo con limón

                                            Pero tómese ese trago de ron

                                                    gordolobo con limón

 

                                                Esto me decía el vacano

                                                me gusta el porrocumbé

                                           ya que estamos parrandeando 

                                         va a mandá el compae Rafael José

                      

                                           Pero tómese ese trago de ron

                                                  gordolobo con limón

                                           Pero tómese ese trago de ron

                                                  gordolobo con limón

 

La música de Alejandro Durán proviene de los más profundos requerimientos del alma y del corazón. Con ella vivencia el sentido de la existencia o, la condición humana. Sólo el arte puede expresar la angustia y la desesperación, la alegría y la tristeza, es la esfera que capta la totalidad del espíritu y del sentimiento. La creación es parte del sentido que hemos conquistado en tensión con la inmensidad de las cosas y de la vida. De ahí que el negro Alejo esté lleno de sabiduría elemental y de prodigios. En su música la rudeza y la ternura encuentran una expresión elocuente y vivaz. No se dejó deslumbrar por lo <<moderno>>, ya que su música cantaba la memoria y el espíritu de sus antepasados.

Así que, el punto focal para Alejo era la música. A través de la sonoridad, el ritmo, el canto y el ritual, que comunican los sueños, la tierra, el sexo, lo sagrado, la naturaleza y el sentimiento de libertad. Cada una de las canciones va tejiendo la red de su microcosmo. Su mundo le despierta la imaginación y la sensibilidad hacia la vida y lo existente que lo rodea. Alejo es un hombre adherido a lo elemental; tejido de palabras, de palabras de música donde encuentra su razón de ser. Derramó sus cantares sobre el sentimiento de las gentes, cual lluvia sobre la seca tierra. Es una obra divina, pero humana.

Su música concebida como un <<todo>> es fiel reflejo de la raza y la cosmovisión de su pueblo: la lengua, las fiestas de corraleja, el arreo, el ordeño, las zafras, las carreras de caballos, y la religión entroncamiento sincrético: con sus rituales sagrados y profanos. En la vida de Alejo componen una textura visual, de olores o colores que transforma en música. De ahí que la música no se puede percibir desde el espejismo imaginativo de una sola perspectiva. Porque no se puede reducir a una única sustancia, como fuente ideal del ser musical. Ella es multifocal, ambigua, contradictoria e infinita como la lengua que comunica. Además, como toda lengua viva no es estática sino dinámica. Así que, la música vallenata alimentándose de la materia y del espíritu, halito de vida de los pueblos de la Costa Caribe de Colombia. 

Durán fue coherente en sus principios, y la única verdad definitiva en su vida es la moral y la ética. Su prudencia era su virtud suprema. Porque los sentidos lo pudieron engañar, pero su realidad moró en una vida tejida de música vallenata. Así, toda acción o intensión estuvo acorde con sus principios – como dice precisamente el filósofo alemán Johann Fichte: <<La certeza, precisamente por ser moral, es absoluta>>. Alejo se funde en la música vallenata y ésta expresa en poemas cantados su visión estética y ética de la vida.

                                     ¡Porque la estética es la madre de la ética!

 

                                                          

                                                              Bibliografía

 

Araujo Noguera, Consuelo. <<Vallenatología, orígenes y fundamentos>>. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1983.

Abadía Morales, Guillermo. <<Compendio general del folclor colombiano>>. Banco Popular, cuarta edición, Bogotá 1983

Abadía Morales, Guillermo. <<ABC>> del folclor colombiano. Editorial Panamericana, 1995.

Bachelard, Gastón. <<El Derecho de Soñar>>. FCE. México, D.F. 1985.

Benjamín, Walter. <<El Narrador>>. Introducción, traducción, notas e índices de Pablo Oyarzun R. Ediciones/Metales Pesados, Santiago de Chile, 2010.

Cobo Borda, J. Gustavo. <<Para llegar a García Márquez>>. Ediciones Temas de Hoy. S.A. Santa Fe de Bogotá. 1997.

Dangoud Castro, Leonor. <<Raíces Vallenatas>>. Editorial Colina. Medellín, 1988.

Ospina, William. <<Las Auroras de Sangre>>. Editorial Norma. Sata Fe de Bogotá, 1999.

Sábato, Ernesto. <<Entre la letra y la sangre>>. Editorial Planeta Argentina S.A.I.C. Buenos Aires, Argentina 1988.

Sánchez Juliao, David. <<Entrevista a Alejandro Durán>>. Caracol, Medellín 1986.

Segrera, Martín. <<Mitos y Sociedad>>. Editorial Labor; S.A. Barcelona, 1967.

Yourcenar, Margarita. <<Con los ojos abiertos>>. EMECE Editores. Buenos Aires, Argentina, 1982.

Revista <<Gaceta Nº 6>>; Marzo – abril de 1990. ¡Viva el Rey! Alejandro Durán ha muerto. Ciro A. Quirós Otero.

Entrevista a Juan Gosaín.

                                                           

                                         Madrid-España a 11/05/2022

miércoles, 27 de abril de 2022

NUCCIO ORDINE: LA UTILIDAD DE LO INUTIL

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Algunas personas agradecemos a Nuccio Ordine en estos tiempos oscuros y en crisis por el texto La utilidad de lo inútil. En el que reflexiona sobre la actualidad y las ideas de filósofos y escritores y, la importancia en los colegios y las universidades por el afán de saber e indagar; sin tener como prioridad el lucro. En el Apéndice encontramos un homenaje al pedagogo estadounidense Abraham Flexner por el reconocimiento de las ciencias, del arte y las humanidades, en una conferencia que tituló La Utilidad de los Conocimientos Inútiles de octubre de 1939, y se pregunta:

En este orden de ideas, ¿no es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen por completo o parcialmente de la tormentosa vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicaran al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento?

El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo.

Mi pretensión es ocuparme hasta qué punto la búsqueda de estas satisfacciones inútiles se revela inesperadamente como la fuente de la que deriva una utilidad insospechada. Un gran número de jóvenes se dedica a los estudios seguidos por sus padres y los dirige al estudio, igualmente importante y no menos urgente, de los problemas sociales, económicos y gubernamentales. No me quejo de esta tendencia.

El mundo en el que vivimos es el único que nuestros sentidos pueden atestiguar. A menos que se construya un mundo mejor, un mundo más justo, millones de personas continuaran yendo a la tumba silenciosas, afligidas y llenas de amargura. Nuestras escuelas deberían prestar mayor atención al mundo en el que sus alumnos y estudiantes están destinados a vivir.

Podemos considerar esta cuestión desde dos puntos de vista: el científico, el humanístico o, espiritual. De una cosa podían estar seguros, teniendo presente los trabajos de Heinrich Hertz y Clerk Maxwell, de que habían realizado su trabajo sin pensar en la utilidad y de que a lo largo de la historia de la ciencia la mayoría de descubrimientos realmente importantes que al final se han probado beneficiosos para la humanidad se debían a hombres y mujeres que no se guiaron por el afán de ser útiles sino meramente por el deseo de satisfacer su curiosidad.

La curiosidad que puede conducir o no a algo útil es probablemente la característica más destacada del pensamiento moderno. No se trata de algo nuevo se remonta a Galileo, Bacon y sir Isaac Newton, y hay que darle total libertad. Las instituciones científicas deberían entregarse al cultivo de la curiosidad. Cuanto menos se desvíen por consideraciones de utilidad inmediata, tanto más probable será que contribuyan al bienestar humano y a otra cosa asimismo importante: a la satisfacción del interés intelectual, que se ha convertido en la pasión hegemónica de la vida intelectual de los tiempos modernos. (Nuccio Ordine).

El interés del hombre por la curiosidad intelectual, no sólo lo ha llevado a pensar al hombre en la historia, sino también la esencia del tejido de la condición humana. Cómo el hombre da cuenta del mundo y de la existencia en general. Atreverse a pensar significa traer a la luz lo oscuro de la verdad del ser, del mundo y de la existencia. De todo lo que existe en la realidad efectiva de la historia y el presente. Que el pensar futuro se valga de la imaginación, la memoria y la rememoración para que, desde el pasado del presente comprendamos la actualidad y el futuro.

Como observa Walter Benjamín: “leer en la vida y las formas perdidas y aparentemente secundaria de aquella época, la vida y las formas de hoy”. En este caso, en la historia del hombre han cambiado las formas de leer e interpretar la naturaleza y la existencia humana, no su sentido. El ser humano desde hace 20 o 30.000 años ha cambiado poco, con respecto al hombre actual. Estudiar al homo sapiens (desde la cognición, la experiencia y el lenguaje), posibilita comprender al hombre en la actualidad. Posibilita develar sus miedos, las angustias, las esperanzas, los sufrimientos, las razones y sin razones de la existencia. Estas esferas del saber-conocimiento se concatenan con las ciencias y las técnicas al uso.

Lo que llama la atención en las utopías de nuestro tiempo es que se presentan con el estilo de la ciencia y son pesimistas. No hay en ellas magia; con la técnica basta. Huxley y Orwell, creen que el avance del cálculo y su aplicación práctica hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras y números. La técnica ha evolucionado hasta el punto de transformarse en un lenguaje mundial; ello hace que la participación de los individuos en la sociedad vaya convirtiéndose cada vez más en una participación estadística. (Ernst Jünger).

En la actualidad la hybris del progreso exalta la avidez, el lucro, el poder y el despilfarro de la materia y la vida. Como expresa Rafael Argüllol: aprender sería aprender a desarticular la civilización de la hybris. Educar al hombre en un nuevo contrato existencial, con sus derechos y sus deberes, en que la vida, lejos de ser un objeto de saqueo, fuese un objeto de armonía. Claro que eso implicaría hacer una verdadera revolución espiritual, algo más delicado que cualquier revolución de otro tipo.

Porque tiene que ver con la formación o deformación de la individualidad para siempre. Un nuevo concepto de educación desbordaría, con mucho, el marco de las escuelas y universidades para afectar directamente, a la mente del hombre. Se trata de despertar la inquietud, la imaginación, la sensibilidad, y elevar el espíritu del educando a las esferas del arte, el conocimiento, la sabiduría y la cultura.

<<Hay que tener en cuenta que al hombre hay que dejarlo que crezca                        primero dentro de sí>>.                         

                                         (Jünger).  

                     Madrid-España a 27/04/2022

domingo, 17 de abril de 2022

UMBRALES SOBRE LA LIBERTAD

 

 

   La libertad es la impronta que el hombre libre da a la historia y al  destino.                    

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.


Oswald Spengler reflexiona en Decadencia de Occidente, que todavía no ha penetrado en nuestras formulas intelectuales la convicción de que, además de la necesidad que une la causa con el efecto –que él llama lógica del espacio-, hay en la vida otra necesidad: la necesidad orgánica del sino –lógica del tiempo-. Es un hecho de profunda certidumbre interior, que llena el pensamiento mitológico, religioso, artístico, político, cultural, un hecho que constituye el ser y núcleo de toda historia. Un pensamiento que se opone a la naturaleza pero que es accesible a las formas del conocimiento analizadas en la Crítica de la razón pura, por Immanuel Kant.  Por tanto, la historia universal es nuestra imagen del mundo, no la imagen de la <<humanidad>>.

En la civilización de Occidente, la historia universal se convierte en la forma enérgica de la conciencia vigilante: la que capta la alteridad, que analiza y crítica el mundo y la existencia en general bajo el principio de la libertad. Es la imagen que tenemos de los procesos históricos y del entorno y el universo, lo que constituye la historia universal.

El mecanismo del reloj penetra profundamente en los ámbitos humanos. Así que, la merma de la libertad causada por el automatismo lleva a esa inmigración que nos llega de los territorios fronterizos zoológicos y demoniacos, una inmigración que, aunque anunciada por videntes solitarios, ha suscitado espanto. Las cosas que se han vuelto terribles en la técnica proceden de otras regiones, de unas regiones con las que la máquina no tiene otra relación que las de ser sus síntomas. Son regiones que actúan no sólo en la técnica, sino en el Universo. El demonio no ocupa un lugar visible. (Jünger).

Allí donde no rige la libertad como principio rector –pensó Eugenio Trías- de cada uno y del conjunto de los sujetos en interacción, allí la humanidad de lo humano no se produce: se produce, en cambio, lo inhumano, la condición de vida inhumana. Principio ético que ha de regularse desde la opción de la intersubjetividad, de la relación entre los seres humanos. Aquel que rige y regula la actividad de lo humano, preservándola dentro del orden de interacciones del sujeto dentro de un territorio comunitario. Ese principio es, el principio de la justicia.  

Son valores éticos que posibilitan la realización de la humanidad de lo humano, para que el hombre acceda a lo justo, lo bueno y lo bello. Esto posibilita ir más allá de su vida puramente física, determinada por las circunstancias (hambre, frío, calor, etc.), para empelarlo a la existencia y convivencia en su verdadera patria, que es la frontera.

Así pues, esa comunidad es verdaderamente patria del hombre, es decir, comunidad propiamente moderna, comunidad crítica, en crisis, en la cual se vive y se convive en y desde la libertad y la justicia. Que la sociedad rompa el cerco, los diques de dominio y control que quieren imponer a la gran mayoría de la población. Rompa el cerco que legitima el poder y la coacción, en nombre de alguna naturaleza del otro Mundo (Dios o Patria Eterna). (Trías).

La libertad, la fraternidad y la justicia que regula la convivencia y la interacción entre las personas, posibilita la humanidad del ser humano, lo ético propiamente dicho. En una comunidad así se realiza lo moderno y lo crítico: lo ético en su dimensión pública, civil, ciudadana, la verdadera ciudad de los hombres. (Trías).

También la libertad posibilita las herramientas para criticar el mundo y las esferas públicas de los ciudadanos, el obrar, el lugar donde interactúa el tejido de la comunidad, el ámbito social y político. Es allí donde la libertad adquiere un sentido que dignifica a la comunidad. O, lo que es lo mismo, lo ético eleva al hombre sobre el cerco de las necesidades, del tópico y del lugar común. En el umbral de la libertad adquiere razón de ser la dimensión metafísica del hombre. Que el sentido de la existencia no es inmanente a los procesos históricos, sino trascendente a ellos.

En el mundo actual con la antorcha de la palabra en la mano y la libertad, podemos hacer frente al mundo del Titán y al colectivo del tetanismo (del técnico y el colectivo técnico). Esas poderosas ficciones del tiempo mecánico y automático, que están tocando las partes blandas del ser, y se presentan a los seres humanos con rostro del demonio. Pero también, confrontar los centros de poder esparcidos en las redes globales. Aquí- ahora -confrontar el Zeitgeist, el Espíritu del Tiempo-, es hacerles frente a los instrumentos técnicos, no sólo como ídolos, sino también a sus espejismos.

La tendencia es convertir a los seres humanos en objetos o números; pero la sociedad puede hacer un punto de inflexión y ponerlos al servicio del hombre. Para que acontezca hay que orientar al individuo hacia los padres, hacia los órdenes que nos fueron propios, hacia los órdenes que están más cerca del origen que nosotros. (Jünger). Se trata de romper las redes de acero de las máquinas, del automatismo y la velocidad, para desgarrar el velo del poder. Esto capacita al ser humano para buscar la libertad en las fuerzas primordiales, y así le ayuden a hacerle frente a los puros poderes temporales: políticos, económicos, militares, sociales, religiosos o culturales.

Así, pues, el misterio de la vida y de la muerte tiene siempre abierto el acceso a las catatumbas, las criptas, donde mora el lenguaje y la libertad. Estos poderes jamás podrán ser diluidos en las redes del movimiento o, en las relaciones de un Sistema. Esta cuestión no puede limitarse a la conquista de puros reinos interiores ni limitarse sólo a objetivos reales. Ocurre más bien, que quien ha captado la situación mejor que todos los gobiernos y que todos los teorizantes es el hombre sencillo, el hombre de la calle, la persona con que nos encontramos todos los días y en todos los sitios.

Se debe a que continúan estando vivos en él, vestigios de un saber que llega más hondo que los lugares comunes de la actualidad. En este orden, el hombre, el común de los mortales, <<Tu>> o <<Yo>>, continúa teniendo órganos en los que está viva una sabiduría y una experiencia que trasciende los poderes temporales de los gobiernos, del Estado o las corporaciones.

Además, cuando el hombre de la calle intenta averiguar dónde hay una salida, un camino para huir, se comporta de una manera que tiene en cuenta la magnitud e inminencia de la amenaza. Cuando desconfía de los medios de comunicación de masas, la verborrea de los políticos, del capital financiero internacional, de la crisis, se atiene a objetos reales y al mundo que pertenece. Sabe distinguir entre lo que es al parecer, de lo que es. Sabe diferenciar el oro del latón que está a la orilla del camino; y mirar cara a cara a la catástrofe y enfrentase al modo en que uno puede verse envuelto en ella, es algo útil en todo caso.

Sabe que deliberar sobre el horror, el sufrimiento, el dolor, la injusticia o la desesperanza, que infligen los Sistemas, es bueno para el espíritu, más si se hace al borde del abismo. Pero sabemos que no somos profundos, sin embargo, nos atemorizamos ante el abismo que hay en el corazón humano. Si no somos capaces de responder a nuestra exigencia vital; que infeliz puede llegar a ser el hombre.

Se trata de un abismo. Aquellos que lo han contemplado retornan locos a sus hogares o se suicidan. Friedrich Nietzsche, Vincent Van Gogh, Friedrich Hölderlin, pagaron un precio elevado por haber estado ahí. Quien visita esos lugares ya no vuelve a ser el mismo.

En tiempos nublados la persona individual, libre e independiente, toma consciencia de la responsabilidad que le es otorgada. De su vida privada o pública, para que adquiera poder y figura, una idea nueva de la libertad y la justicia. Su posibilidad: un deber ético de la sociedad. Entonces tendríamos que sacar al mundo de sus goznes y hacer un giro copernicano, para que las energías desplegadas en las redes globales se pongan al servicio del hombre. Y no de una selecta minoría que maneja los hilos de los centros de mando. Si esto acontece, no sólo se realiza una revolución telúrica, sino también de dimensiones cósmicas.

                                            Madrid-España a 17/04/2022

 

 

 

 

 

domingo, 10 de abril de 2022

EL PROBLEMA DE LA CIENCIA Y LA TECNICA EN LA ACTUALIDAD

 

        

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt en el texto La condición humana, piensa que los primeros efectos de los triunfos singulares de la ciencia se han dejado sentir en una crisis dentro de las propias ciencias naturales. La dificultad reside en el hecho que las <<verdades>> del moderno mundo científico, si bien pueden demostrarse en las fórmulas matemáticas y comprobarse tecnológicamente, ya no se presentan a la normal expresión del discurso y del pensamiento. En la investigación de las ciencias naturales y de las matemáticas, el discurso y el pensamiento no están a la altura de un lenguaje cada vez más abstracto.

El desarrollo científico-técnico trajo una crisis en la naturaleza lingüística del hombre, el pensamiento y las esferas de la cultura. Parece que fuéramos incapaces de entender, esto es, de pensar y hablar las cosas que, no obstante, hace la ciencia y la técnica. En este caso, sería como si nuestro cerebro, que constituye la condición física, material, de nuestros pensamientos, no pudiera seguir lo que realizamos, y en adelante necesitáramos máquinas artificiales para elaborar nuestro pensamiento y habla. (Arendt). Así, el sentido trágico de la vida del hombre se expresaría en que, se convirtiera en esclavo de las máquinas y del conocimiento. El problema surge porque las ciencias han adquirido un gran significado político.

Donde quiera que esté en peligro lo propio del discurso, la cuestión se politiza, ya que es precisamente el discurso lo que hace del hombre un ser único. Si siguiéramos el consejo, con el que nos apremian tan a menudo, de ajustar nuestras actitudes culturales al presente estado del desarrollo científico, adoptaríamos con toda seriedad una forma de vida en la que el discurso dejaría de tener significado, ya que las ciencias de hoy día han obligado a adoptar un <<lenguaje>> de símbolos matemáticos que, si bien en un principio eran sólo abreviaturas de las expresiones habladas, ahora contienen otras expresiones que resulta imposible traducir a discurso. (Arendt).

Si llegáramos a ajustar nuestras actitudes culturales al estado del desarrollo científico, de ipso facto, el discurso no respondería a las apetencias humanas. A los requerimientos más profundos de la naturaleza y la condición humana. La razón por la que puede ser prudente desconfiar del juicio político de los científicos, consiste, en que se mueven en un mundo donde el discurso ha perdido su poder. Puede que haya verdades más allá del discurso, y tal vez sean de gran importancia para el hombre en singular, es decir, para el hombre en cuanto no sea un ser político, pero los hombres en plural, o sea, los que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan y se sienten unos a otros a sí mismos. (Arendt).

Uno de los aspectos del desarrollo científico es que ha aparcado la zona de la sentimentalidad y el discurso natural. El logos natural multifocal, ambiguo, contradictorio, infinito e insondable, se está reemplazando por las matemáticas, la estadística, los lenguajes digitales y las imágenes. Con la técnica y la ciencia basta dicen los científicos, porque han llegado hasta las células del cerebro humano. Esto trajo que los elementos de la condición humana entraran en crisis: la propia vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra.

Pero lo más significante en la actualidad se presenta a los hombres, con la revolución en los medios de comunicación. La lengua natural se ha ubicado en su parte material y los hombres hablan un lenguaje completamente diferente. El lenguaje de las imágenes, de los medios de comunicación de masas, de las Plataformas Digitales, de Twitter, de Facebook, etc. Que están desgarrando naturaleza lingüística del hombre y los contenidos espirituales del lenguaje. Porque ya no comunican la naturaleza que les corresponde.

Walter Benjamín a principios del siglo XX, en Experiencia y Pobreza expresó que, una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre al tiempo que ese enorme desarrollo de la técnica. Pero desde luego está clarísimo: la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo –y tan exacto y perfilado como el de los mendigos en la Edad Media. Y se pregunta, ¿para qué valen los bienes de la educación sin no nos une a ellos la experiencia?

Con el primado de la técnica Benjamín percibe, entre otros, la crisis de la experiencia que mana de boca a oído. Una nueva cultura que no sólo da cuenta del hombre de carne y hueso, sino también del lenguaje. La pobreza de la experiencia: no hay que entenderla como si los hombres añorasen una experiencia nueva. No; añoran liberarse de las experiencias, añoran un mundo en torno en el que puedan hacer que su pobreza, la externa y por ultimo también la interna, cobre vigencia tan clara, tan limpiamente que salga de ella algo decoroso. No siempre son ignorantes o inexpertos. Con frecuencia es posible decir todo lo contrario: lo han <<devorado>> todo, <<la cultura>> y <<el hombre>>, y están sobresaturados y cansados. (Benjamín). Por eso, en el mundo de la ciencia y de la técnica, la pobreza de la experiencia se hermana con la más elevada y la más pura actividad de la que es capaz el hombre, la de pensar y con la del lenguaje en general.

Así que, más próximo y quizás igualmente decisivo es otro hecho no menos amenazador: el advenimiento de la automatización y del maquinismo. Que probablemente en pocas décadas vaciará las fábricas y liberará a la humanidad de su antigua y natural carga, la del trabajo y la servidumbre de la necesidad. En este caso, parece como si el progreso científico y el desarrollo técnico sólo hubieran sacado partido para lograr algo que fue un sueño en otros tiempos, incapaces de hacerlo realidad. (Arendt). Esto sólo fue un sofisma de distracción de los que ejercen el poder y del beneficio de la ciencia y de la técnica a la humanidad.

Según Heidegger, entender su procedimiento es comprender el significado de la esencia de la técnica. En este caso, trasciende el movimiento de las manipulaciones técnicas como actividad. Uno de los problemas que plantean los procesos técnicos consiste en las manipulaciones que están llegado hasta los átomos del cerebro, los sentimientos, el espíritu, el alma y la conducta. En consecuencia, los instrumentos se utilizan en la vigilancia masiva, y para explorar un planeta como marte.

El control y el dominio por parte de los Gobiernos, es, tan audaz y sutil, que utilizan una multiplicidad de distractores, la publicidad, el consumo masivo, la cultura de masas, las estadísticas, el miedo y los sentimientos, para ejercer el poder. Así que, se consume un producto de la canasta familiar como se compran y se consumen datos, que manejan las Plataformas de la Información (Internet, WhatsApp, Twitter, Redes Sociales, etc.).

Además, estamos vigilados, atravesados y trascendidos por las imágenes, los lenguajes digitales y las redes globales. Esto es completamente diferente a entender la esencia de la técnica desde el umbral cognitivo; que no es otra cosa, que comprender en que se basa toda fabricación y toda producción. O, en otras palabras, entender o comprender el procedimiento de lo que se hace: un coche, una silla, una mesa, etc.

La humanidad ahora camina por un desfiladero estrecho y funesto, que la conduce a precipitarse al “brillo” de los instrumentos técnicos. En la esfera de la biología y la reproducción técnica de la vida, por ejemplo, la de que el hombre se produzca a sí mismo técnicamente. Si sucede a gran escala el hombre saltaría por los aires cual costra seca; en la medida que desaparece su esencia como subjetividad. (Heidegger).

Esto supone que el hombre espiritual y la zona de la subjetividad, el que se interroga y se inculpa a sí mismo, es un hombre situado a nuestras espaldas y los valores de ese hombre, han quedado rebatidos por la técnica. No faltan esfuerzos tendentes a ganar un mundo en que tengan vigencia valoraciones nuevas y más poderosas. (Jünger). Lo asombroso consistiría en que el hombre llegue a convertirse en mendigo de la técnica. En este orden, el ser humano no tiene criterios para interrogar y enjuiciar los instrumentos técnicos.

Ahora bien, si el hombre se produce a sí mismo técnicamente, el dolor, el sufrimiento y la crueldad, le ganarían la partida a la vida. A la zona de la sentimentalidad y, a los valores que hemos heredados en la historia de la cultura occidental –la libertad, el amor, la solidaridad, la fraternidad, la dignidad humana. Valores que contienen la esencia del ser humano. De este modo, la crueldad de la razón y la animalidad política del siglo XX, demostraron que los valores de la cultura occidental se degradaron. Y, se convirtió en una tragedia fundamental. Europa quedó seriamente dañada en sus centros vitales –al decir de Steiner.

Así pues, lo importante en la actualidad es repensar lo pensado y de esa manera, el pensar futuro posibilite un mundo más humano y vivible. Que el pensar se levante del polvo y se eleve a las esferas donde moran las Musas y los Dioses y, descienda cargado de sentido para la vida humana y el mundo. Esto posibilitará que el humanismo se esparza como el viento en campos en flor.

El pensar futuro ha de pensar el logos y la esencia de la razón que funda. Y mostrar que lo lógico y lo verdadero, lo establecido por el Gran Poder, no es tan lógico ni verdadero, si reflexionamos sobre las razones en que se basan. De ahí que lo irracional y bárbaro del Estado, la religión, la política, la economía, la educación y la cultura, develen la sin-razón de la que se originan. Porque el pensar crítico del futuro debe desnudar las cloacas del poder y del saber.

En el mundo actual <<sólo un dios puede salvarnos>>, al decir de Heidegger.

                                           Madrid-España a 10/04/2022

martes, 29 de marzo de 2022

El PROGRESO TÉCNICO EN LA ECONOMÍA BÉLICA

 

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

En el siglo XX y principios del XXI, pudimos o podemos observar el genio de la guerra entrelazarse al espíritu del progreso. Ambos fenómenos, la guerra mundial y la revolución mundial guardan entre sí una relación mucho más estrecha de lo que a primera vista parece; son los dos lados de un acontecimiento cósmico y en muchos aspectos dependen el uno del otro tanto en lo que concierne a su génesis como en lo que se refiere a su estallido. Aunque surja la sospecha sobre el progreso –que trae consigo la superficialidad y la uniformidad a que nos enfrentamos-, resulta más significativo el fondo del que esas formaciones brotan. (Ernst Jünger).

En la actualidad aflora la duda que el progreso no es un avance; que el auténtico significado del progreso es otro, que se esconde detrás de la máscara de la razón; sabemos que la razón es cruel. De este maridaje se revela que la crueldad, el sufrimiento, el dolor o la muerte, se ponen el vestido del progreso. Así que, el progreso esconde tras de sí su verdadero fondo del que surge; el confort técnico sólo es una manifestación superficial y uniforme de las formaciones de poder y de saber. El progreso técnico trata de cosificar y objetivar la vida y, adquiere el carácter de instrumento que obedece a relaciones de poder.

Y, efectivamente, en esa relación es donde hay que buscar el auténtico factor moral de este tiempo, un factor provisto de irradiaciones tan sutiles e imponderables que con ellas no pueden competir ni siquiera los ejércitos más fuertes, pertrechados en las últimas armas de aniquilación de la edad de las máquinas y los lenguajes digitales. (Jünger). Topamos hoy con algo que a los hombres nos resulta incomprensible: la renuncia al progreso como una fuerza de índole cultual, de fe, de extender hasta el infinito la perspectiva de la finalidad y, a la vez, el aumento del perfeccionamiento de los equipamientos bélicos. Sabemos que detrás del perfeccionamiento se esconde una amenaza no sólo contra las sociedades modernas, sino también contra la supervivencia del hombre sobre la Tierra. Las armas nucleares son como la espada de Damocles sobre la nuca de la humanidad. Son y no dejan de ser una agresión indirecta sobre los pueblos y la humanidad.

En los equipamientos bélicos participan las formas abstractas del Espíritu, del Dinero, del Pueblo, en suma, las relaciones de poder de la nación que conjugan el Gran Poder. Hoy podemos decir, sin duda, que hasta los pacifistas participan de la guerra; ella arrastra tras de sí recursos humanos y materiales, que es imposible cuantificarlos en la naturaleza que les corresponde. Más cuando el desarrollo de los procesos científicos y técnicos traspasan las fronteras nacionales y se aventuran en el cosmos. 

Ahora cabe ir observando cómo la creciente trasmutación de la vida en energía y la progresiva volatilización del contenido de todos los vínculos en beneficio de la movilidad otorga un carácter cada vez más incisivo al acto de la movilización. (Jünger). Así es como, el predominio de la técnica en los asuntos humanos y de la guerra, posibilita la segunda consciencia, esto es, la conversión de la vida en objeto y número. Esto es válido para el combatiente o para el civil; más si se diluye la zona de la sentimentalidad y todo vínculo de valor.

Así es también como la imagen de la guerra en cuanto acción armada va penetrando cada vez más en la imagen más amplia de un gigantesco proceso de trabajo; junto a los ejércitos que se enfrentan en los campos de batalla surgen los ejércitos del tráfico, del abastecimiento, de la industria de armamento – el ejército del trabajo en general. (Jünger). En la actualidad al proceso técnico lo acompaña la revolución en las comunicaciones digitales. 

Así pues, los Estados industrializados hacen de los equipamientos bélicos algo prioritario; inclusive ante las necesidades materiales, espirituales y culturales de la sociedad. Estamos viendo al progreso acompañado por equipamientos bélicos (maquinas, drones, sonares, satélites, mapas digitales, comunicaciones digitales, etc.), que llegan hasta el tuétano más íntimo, hasta el nervio vital más fino. Por eso, movilizar la sociedad hacia la guerra se concatena con el acto mediante el cual una única maniobra ejecutada en el cuadro de distribución de la energía conecta la red de la corriente de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas- a una gran corriente de la energía bélica. (Jünger).

El progreso entrelaza la industria y los procesos bélicos convirtiéndose en un despliegue de poder en general. Estamos viendo de igual manera que toda vida alumbra ya también, al nacer, el germen de la muerte, así la salida a escena de las grandes masas implica una democracia de la muerte. (Jünger). La guerra entre Rusia y Ucrania está confirmando por parte de los ucranianos, empero, no una movilización parcial ni una movilización general, sino una movilización total, la cual se extiende a todos los estratos de la sociedad. Basta contemplar las imágenes para vislumbrar un sentimiento de horror mezclado de angustia y dolor, que constata como la gran corriente de la energía bélica arrastra tras de sí al país en general. 

La movilización total tanto en la guerra como en la paz, se convierte en la expresión misteriosa y coercitiva a que nos somete esta vida en la edad de las masas y las máquinas. Es penosa la impresión que causa en el ánimo toda la monotonía del espectáculo de la guerra –un espectáculo que hace pensar en el funcionamiento exacto de una turbina alimentada con sangre-, ninguna duda puede caber, empero, de su significado simbólico inmanente. (Jünger).

Estamos viendo en esta guerra como el decurso técnico (máquinas, radares, lenguajes digitales, etc.), se mezcla al estrato elemental –esa mezcla de las pasiones más salvajes del ejército ruso y las pasiones más excelsas del pueblo ucraniano, que es consubstancial al ser humano. Aquí en este ámbito no valen explicaciones económicas, ni morales ni culturales, se lucha por la defensa de la patria y de la libertad; aún a expensa de morir. Después de una larga paz en Europa, Estados Unidos de Norteamérica, Asia y América Latina, toparnos con esfuerzos de tal envergadura, hacen vibrar hasta el último nervio vital, hay que dirigir la mirada a un fenómeno de rango cultual, de fe.

El Progreso es la gran iglesia popular de los siglos XIX y XX, estaba señalado como la punta de lanza y el pueblo el mango que la impulsaba. En Ucrania la llamada eficaz de la movilización total para que participen en la guerra se apeló a sus convicciones, al fervor patriótico, que responde al ideal de la civilización y la cultura ucraniana. Vemos como Rusia pone en marcha la destrucción global de la estructura del Estado y de la sociedad civil. Esto no se separa de la técnica para la guerra, el automatismo y los lenguajes digitales, en la infraestructura de ataques –tanques, satélites balísticos, mapas, -etc. Que abren camino para la toma de Odesa. Vista a esa luz la guerra aparece como una piedra de toque insobornable, que efectúa sus valoraciones de conformidad con unas leyes estrictas y propias – como un terremoto que pone a prueba los cimientos de todos los edificios. (Jünger). 

Vladimir Putin y sus asesores no sólo planearon mal los cálculos de la guerra, sino que la fuerza de resistencia, incluso en una situación de debilidad física ante las fuerzas rusas, es digna de admirar en todo el mundo. En este tipo de guerra no importa que el Estado fuese o no un Estado militar, sino el grado de partición de la sociedad civil. Es un tipo de guerra popular, de guerrilla, de resistencia, de emboscadura, de desgaste, crear en el enemigo zozobra e inseguridad en el combate. Se trata de obstruir o destruir las líneas de provisiones –de armamentos, alimentos, vestidos, etc., y, de desencriptar las ordenes de combate. Bien entendido que aquí estamos hablando de cuestiones técnicas, de cuestiones de escenificación – de la movilización de la sustancia, pero no de la substancia misma. (Jünger).

Cabe tener presente que el interés propio de Putin, los oligarcas y la casta militar, posee un rango de limpieza ideológica, política y étnica – se combate para limpiar a Ucrania de nazis y de un régimen que se opone a las políticas de Putin en Ucrania -, la substancia misma de la guerra está en crear un corredor de Moscú a la península de Crimea y sus intereses estratégicos y geopolíticos, de una parte; también las riquezas elementales como el litio, por ejemplo, de otra. De la misma manera, poner un Gobierno títere que defienda los intereses del Gobierno de Putin y los oligarcas. Y ante la opinión pública de Rusia con la manipulación de los medios de información, cumplen una función humanitaria. Es el colmo de la insensatez, la mentira, la demagogia, que deja a la vera del camino cientos de muertos –ancianos, mujeres, hombres y niños, que nada tienen que ver con la guerra. También miles de desplazados de su hogar, su patria, con el dolor y el sufrimiento del recuerdo de lo que una vez fue suyo.

Así, la materia elemental, la fuerza primordial del pueblo ucraniano, fue afectada en su totalidad. De ahí que, bajo la cruzada de la sinrazón del Gobierno de Putin, y del sortilegio de una dogmática tan clara y evidente, todos los pueblos del mundo, ven unas tropas ávidas de sangre y de muerte como no ha habido otra en los últimos tiempos. Si a los soldados rusos le preguntaran porqué están luchando, les aseguro que la gran mayoría no sabe dar una respuesta clara. Difícilmente se les habría oído decir, por el pueblo ruso, luchan contra la barbarie y la reacción, luchan por la civilización y la libertad del pueblo ucraniano. Porque la gran mayoría de ellos no sabe porque combate y porqué está ahí. ¿Saben por qué? Porque no poseen ideales, ni una dirección objetiva y diáfana, una consciencia que les sirva como fundamento para alcanzar la victoria.

Sabemos que la guerra será tanto más segura y tanto más imperturbable en su decurso para los ucranianos cuanto más unitaria y profundamente sepan reclamar de antemano para sí la suma de todas las fuerzas. (Jünger). Vemos en esta guerra el espíritu del progreso entrelazado a la substancia de ésta. Los Estados y las sociedades occidentales son conscientes que la historia del mundo cambiará para siempre si dejan que Putin gane la guerra. Si pierde la guerra Occidente gana un mayor espacio, y gana la civilización, la libertad, la democracia y la paz entendidas en su acepción profunda. Eso presupone un alumbramiento de los valores propios, presupone otras ideas y otros aliados. Así el espíritu del progreso y la energía bélica se ponen al servicio de grandes ideales y principios para la humanidad en general.

Sin cesar va aumentando la índole abstracta y, por tanto, también cruel de las relaciones humanas. La segunda consciencia está ubicada en el palpito de las sociedades modernas, esto es, la conversión del hombre en número o en objeto. El patriotismo está siendo sustituido por un nacional-populismo nuevo, fuertemente impregnado de elementos conscientes. Son muchos los sitios donde el progreso se ha desprendido de la máscara humanitaria; en su lugar aparece un fetichismo medio grotesco medio bárbaro de la máquina, un ingenuo culto de la técnica. (Jünger). 

Y esto está ocurriendo en todos los países del mundo, aunque no se tenga una relación profunda con la esencia de ésta y las relaciones de poder que esconde tras de sí. Vemos como la marcha de los relojes cambian su curso a favor de la expresión bélica – carros de combate, cañones de largo alcance, drones, aviones de guerra que sobrepasan la barrera del sonido, escuadrillas de combate equipadas con bombas, buques de guerra, portaviones, etc.-.

El progreso técnico incide directamente en las masas cada vez más uniformes, en la economía, la política, la industria de armamentos, la cultura y, en el Weltgeist, el Espíritu del Mundo. Quien tiene el poder reina sobre todas esas esferas y la evolución de las técnicas de la guerra lo confirma. Así que, el <<el genio de la guerra>> y el <<espíritu del progreso>> se funden en una íntima ligazón, que se traduce en la primacía del elemento técnico y la movilización de energías cada vez más considerables. (Alain De Benoist). 

En este orden, la guerra se ha convertido en una empresa técnica, las distinciones tradicionales entre combatiente y no combatiente, militar y civil, se han desvanecido. Ya no hay guerra o paz, combate global permanente que sin distinciones moviliza a todos los hombres. Este proceso surge de las entrañas de la técnica y sobrepasa toda ideología. (Benoist).

En la guerra de Ucrania observamos que el progreso técnico (que va del maquinismo a los lenguajes digitales), no es indiferente ni neutral. A un nivel más profundo, en los dominios donde se aplica la dialéctica de las finalidades de la guerra, el pueblo ucraniano se ha encontrado consigo mismo. Así, la guerra le ha dado la oportunidad de realizarse y unificarse como pueblo. 

Esta guerra confirma una vez más que los equipamientos bélicos de las potencias mundiales han adquirido unas dimensiones planetarias; con ello está en correspondencia el potencial de esos equipamientos. (Jünger). Ahora veremos que es un concepto que ha penetrado en la política, tanto en su polémica como en su realidad. Una guerra que ha posibilitado un punto de inflexión mundial y todos los países correrán presto a los equipamientos bélicos y caminaremos sobre un desfiladero estrecho y profundo que conduce a la destrucción o, a la muerte. Ello modificará el significado histórico de la situación actual; y se utilizarán valores nuevos para tener un sentido de realidad completamente diferente al precedente.