jueves, 8 de agosto de 2019

REFLEXIÓN SOBRE EL TOTALITARISMO EN EL MUNDO MODERNO


 



           
      A todos los judíos y minorías étnicas que murieron en los campos de                                                                                            concentración.



Antonio Mercado Flórez


Ante la crisis de la política y la filosofía de la historia, Hannah Arendt cree que es necesario percibir los valores del ser humano: la vida, el amor, el dolor, la libertad, la fraternidad, ya que hacen parte de la esfera política y la historia. De ahí que se pregunte, ¿Cómo es posible vivir en el mundo, amar al prójimo –o incluso tú mismo- y no aceptas quién eres? El totalitarismo es un fenómeno histórico y político de principal importancia, así se convierte en objeto de reflexión filosófica. Pone en la esfera social, el protagonismo de las masas; el surgimiento de un nuevo sujeto histórico y su relación con las élites. De ahí que porte en sí unos rasgos que lo determinan: en él todo se presenta como político -el orden jurídico, el económico, la esfera científico-técnica, la educación o la cultura. En el totalitarismo todas las cosas se vuelven públicas. Para comprender su fenómeno en la sociedad, hay que hacerlo en su cultura.

Además, la experiencia en que se funda el totalitarismo es la soledad. Porque ésta brota en la ausencia de las demás personas; la soledad es ausencia de identidad, porque ésta se manifiesta en relación con los demás. La soledad que caracteriza a la vida humana encuentra en la política totalitaria su complemento en el aislamiento. Con el totalitarismo empieza para el hombre una nueva etapa de soledad, porque <<padece cada vez más a causa de la sociedad; también esta empieza a desmoronarse>>. En fin, lo que <<desea la persona individual es liberarse>>.

Así, el totalitarismo tiene como objeto destruir la vida privada e incrementar el desarraigo del hombre respecto al mundo, ya que anula el sentido de pertenencia a éste. De ahí que profundiza la experiencia de la soledad. Exalta el individualismo gregario que <<comprime los unos contra los otros, y cada uno está absolutamente aislado de los demás>>. Se convierte en una característica fundamental de organizar a las masas. Lo que caracteriza a las masas es, ser puro número, mera agregación de personas incapaces de integrarse en ninguna organización basada en el término común: <<Las masas […] carecen de esa clase especifica de diferenciación que se expresa en objetivos limitados y obtenibles>>.

Ahora bien, ¿De qué instrumentos se sirve el poder totalitario? La mentira, la ignominia, la delación, el odio, la discriminación, el miedo, la xenofobia, el racismo, la inseguridad, la violencia, la guerra y la falta de novedad. Entonces, ¿Cuál es la lógica profunda del totalitarismo? Posibilitar pensar tales dimensiones como efectos. Si se accede a ellas se revela el mal radical; el mal absoluto que invade la totalidad de la vida humana. En el totalitarismo el catálogo de las cosas posibles está siempre ahí –para que una posibilidad salga a escena es preciso que se la acepte. En él todo puede ser destruido, todo es posible. Como dijo David Rousset: <<Los hombres normales no saben que todo es posible>>. Así que: <<El totalitarismo deja a la persona singular en la estacada>>.

El totalitarismo aísla a las personas para que se incapaciten para actuar, las sume en un vacío existencial, un desgarramiento de la voluntad, de pensamiento, de fuerza y de poder. Por eso <<busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en que los hombres sean superfluos>>. Busca un hombre solo, aislado, insolidario, desprotegido, sustituible, vacío, gregario, numerificado u objetivado. Que responda a la norma, la ley, el orden, la publicidad, la ideología, el sistema, la estructura, los ideales del Estado fascista. Se centra en la superficialidad de los actos humanos, sin conexión alguna con la profundidad de sus motivaciones.

En el totalitarismo no existe la individualidad, ni el proyecto común, ni el telos plural. Porque estas acepciones necesitan de la esfera social, esto es, de las relaciones políticas, económicas, sociales o culturales. Que en el totalitarismo el ser humano es incapaz de alcanzar, porque todo está mediado por el Estado, las instituciones, la ideología, la masa, que niega los principios de la Ilustración: la libertad, la solidaridad, la fraternidad y la otredad. Por eso, el totalitarismo se contrapone al Estado democrático Social de Derecho. Él representa la estructura y la función del Estado Total.

En el totalitarismo <<el hombre del montón es un hombre de la masa, y la característica principal del hombre-masa no es la brutalidad ni el atraso, sino su aislamiento y su falta de relaciones sociales>>. El poder no consiste en la instrumentalización de la voluntad plural o social, para alcanzar unos fines determinados, sino en la formación de una voluntad común orientada al entendimiento. Una voluntad que pone en el centro de las relaciones comunitarias al dialogo. 

En una sociedad democrática <<el poder se deriva de la capacidad de actuar en común>>. También en la voluntad de dialogar en común. <<El poder surge allí donde las personas se juntan y actúan concertadamente>>. La política en tanto que disciplina contiene en su telos un fin práctico: la conducción de una vida buena y justa en la esfera social.

Hannah Arendt dice:<<La dominación totalitaria como un hecho establecido, que en su carácter sin precedentes no se puede aprehender mediante las categorías habituales del pensamiento político y cuyos <<crimines>> no se pueden juzgar según las normas de la moral tradicional ni castigar mediante la estructura legal de nuestra civilización, rompió la continuidad de la historia de Occidente [...] La ruptura de nuestra tradición es hoy un hecho consumado>>. 

Sabemos que <<la ruptura nació de un caos de incertidumbres masivas en la escena política y de opiniones masivas en la esfera espiritual, que los movimientos totalitarios, merced al terror y la ideología, hicieron cristalizar en una nueva forma de gobierno y dominación>>. La ruptura se manifiesta en la historia de Occidente como catástrofe. Catástrofe de la cultura y la civilización, las categorías políticas, la moral y la ética, el orden jurídico de la civilización occidental, consuman la ruptura con nuestra tradición.

 <<El hecho real de la dominación totalitaria va mucho más allá de las ideas más radicales o más aventuradas>> de los pensadores modernos, como Marx, Kierkegaard o Nietzsche. Ellos <<desafiaron las premisas básicas de la religión, del pensamiento político y de la metafísica tradicionales>>; sin embargo, no ocasionaron la ruptura en nuestra historia. <<La dominación totalitaria como un hecho establecido […] rompió la continuidad de la historia de Occidente>>. 

Rompe con la tradición del pensamiento político occidental y las normas de la moral, la cultura y la civilización. El propio hecho marca la división entre la época moderna y la estructura del siglo XX. <<Que llegó a la existencia a través de la cadena de catástrofes ocasionadas por la Primera Guerra Mundial>>. El totalitarismo no sólo rompe con <<el hilo de la continuidad de la historia, sino también con la autoridad y las creencias del pasado>>.

Ni Marx, ni Kierkegaard, ni Nietzsche; que se rebelan contra la tradición no son responsables <<de la estructura y las condiciones del siglo XX>>. Además de ser un juicio irresponsable, injusto y peligroso, no responde a la realidad histórica. La grandeza de ellos consiste en que <<percibieron su mundo como un ámbito invadido por nuevos problemas e incertidumbres que nuestra tradición de pensamiento era incapaz de enfrentar>>. Sin embargo, rompen el orden de las cosas, los valores y los rasgos que nos identifican como cultura y civilización.

Según Arendt, el nazismo no debe nada a ninguna parte de la tradición occidental, sea germana o no, sea católica o protestante, sea cristiana, griega o romana. Nos gusten más o menos Tomás de Aquino, Maquiavelo, Lutero, Kant, Hegel o Nietzsche […], lo cierto es que ninguno de ellos tiene la más mínima responsabilidad por lo ocurrido en los campos de exterminio. En términos ideológicos, el nazismo comienza sin ninguna base en la tradición, y convendría tomar conciencia del peligro que entraña esta negación de toda tradición, que fue el rasgo principal del nazismo desde su comienzo. 

Arendt cree que el nazismo no tiene ningún basamento en la tradición del espíritu alemán ni europeo. <<Las propias atrocidades del régimen nazi deberían habernos puesto sobre aviso de que aquí nos enfrentamos a algo inexplicable incluso en relación con los peores períodos de la historia. Y es que nunca antes ni en la historia antigua ni en la medieval ni en la moderna, se había desarrollado semejante programa explícito de destrucción, jamás dicha destrucción se había ejecutado mediante un proceso altamente organizado, burocratizado y sistematizado>>. 

<<Muchos signos premonitorios anunciaban la catástrofe que amenazaba la cultura europea desde hacía más de un siglo, y que Marx previó, aunque no la describió correctamente, en sus famosas palabras sobre la disyuntiva entre socialismo y barbarie>>. Una catástrofe que no sólo destruyó las obras más insignes del espíritu europeo, la tradición y la cultura, sino que <<se hizo visible en forma de la más violenta de la destructividad jamás experimentada por las naciones europeas. En ese momento, el nihilismo cambió de significado>>. 

El nazismo se basa en <<la embriaguez de la destrucción como experiencia real, cayó en el estúpido sueño de producir el vacío. La devastadora experiencia se reforzó enormemente en la posguerra, cuando la inflación y el desempleo arrojaron a la misma generación de la guerra a la situación opuesta de completo desamparo y pasividad en el marco de una sociedad aparentemente normal>>. 

Además, existen varias causas para el surgimiento del nazismo, entre otras, el Estado-nación, que había sido el símbolo del pueblo alemán, ya no representaba a ese pueblo, se había vuelto incapaz de salvaguardar la seguridad interna o externa. Que los pueblos europeos habían sobrepasado la organización de sus Estados nacionales y no respondían a las expectativas de esos Estados. A la disgregación de los Estados nacionales, los nazis responden con la mentira y el odio, basados <<en la complicidad en el crimen y regida por una burocracia de gásteres. Se trataba de una respuesta con la que los desclasados podían simpatizar>>.  

Si los pueblos europeos creyeron las mentiras de los nazis, fue porque <<las mentiras de estos aludían a ciertas verdades fundamentales […] Pero al menos esos pueblos han aprendido una gran lección: ninguna de las antiguas fuerzas que produjeron el Maelstrom de vacío es tan terrible como la nueva fuerza surgida del propio Maelstrom, cuyo propósito es organizar a los pueblos de acuerdo con la ley de esta corriente trituradora –que es la destrucción en sí misma>>. 

 <<Los nacionalistas de todo pelaje y los predicadores del odio>>, en la historia reciente de Occidente, han sido colaboracionistas del fascismo. Y estas acciones han quedado registradas y <<probadas a ojos de poblaciones enteras>>. Ahora, con el desmembramiento del Estado-nación y lo que simbolizaba para los europeos, la lucha contra el fascismo se convierte en <<piedra angular>>, para la consecución de la libertad. 

Europa <<bajo la opresión nazi no sólo no han reaprendido el significado de la libertad, sino que además han recuperado el significado por sí mismos y el apetito por la responsabilidad>>. Además, la resistencia y los diferentes sectores de la sociedad que hicieron frente al nazismo, abogan por una Europa federativa y Estados federados, porque el <<Estado centralista, está abocado a volverse totalitario>>.

De igual forma las exigencias económicas, sociales o culturales, son de importancia para todas las sociedades que componen los Estados de Europa. <<Todos quieren un cambio en el sistema económico, control de la riqueza, nacionalizaciones y propiedad pública de los recursos básicos y las grandes industrias>>. Políticas que de una u otra forma se llevan a cabo en Europa de posguerra con el Keynesianismo. De ahí que los franceses en boca de Louis Saillant digan, no deseamos <<una reedición de algún programa socialista o de otro tipo>>, les importa principalmente <<la defensa de esa dignidad humana por la que los hombres de la resistencia combatieron y se sacrificaron>>. 

En mi texto Sobre el dolor, el sufrimiento y la muerte, expreso que, después de la Segunda Guerra Mundial, Europa y la civilización occidental, vivió una época de prosperidad y seguridad relativa. El Estado de Bienestar en Europa posibilitó que gran parte de la población tuviera una vida digna. Se extendió la cobertura de la educación, la saludad universal y la asistencia social a gran parte de la población. De esa forma, el dolor, el sufrimiento, la discriminación y la inseguridad, fueron trasladados a la periferia de los barrios de la gran ciudad. Ahora bien, los problemas fundamentales del ser humano que componen el tejido vivo de la existencia no se tocaron ni resolvieron. Además, ¿qué tipo de felicidad, de bienestar espiritual o material trajo el Estado de Bienestar?

Los problemas que surgen como productos intelectuales del estado particular de las tecnologías de su tiempo, de las relaciones de propiedad y, por tanto, de las relaciones sociales permanecen sin resolver. Es más, los conceptos fundamentales del hombre –la justicia y la injusticia, lo bueno y lo malo, la dicha y la desdicha, la percepción estética de la realidad, la moral y la ética, como los propósitos de la existencia-, nos acompañan como preguntas sin resolver. 

Desde hace cuatro décadas se vienen implementando políticas neoliberales que han desmontado el Estado de Bienestar. Posibilitando la quiebra de los valores heredados, el hilo de tradición, la pobreza, el desempleo, el desamparo, la privatización del Estado y el Modelo de Desarrollo del capitalismo global. Este Modelo de Desarrollo trajo políticas de austeridad extensivas, de recortes en educación, salud y bienestar social, que degradan la dignidad del ser humano.

Detrás de las políticas neoliberales, se esconden mecanismos de poder y de dominio que responden a los intereses del capital bancario, de las empresas multinacionales y del poder político, y a los requerimientos de las élites que gobiernan el mundo. Estos son los cimientos donde descansan las políticas populistas, el nacionalismo-neofascista, que actualmente recorre las calles y los campos de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

jueves, 11 de julio de 2019

La cultura occidental frente a la revolución digital







                                                                           II




Antonio Mercado Flórez.



Ernst Jünger en el texto El Trabajador dice que el siglo XXI, es, el siglo de las luchas titánicas: enfrentamiento entre dioses. Se está formando la <<Figura>> de un nuevo tipo de hombre. Visto bajo el principio de las ideas y las formas platónicas, se percibe una visión de la substancia titánica. Una lucha infinita e intemporal. En estos momentos el tiempo está en floración. El enfrentamiento entre tiempos e intemporalidades crea un nuevo tipo de hombre. Un cambio en la substancia espiritual y material del hombre. Será un hombre más especializado en algunas funciones de la vida, pero más espiritual. Porque el contacto con lo intemporal posibilita que la espiritualidad esté contenida en la luz.

El enfrentamiento titánico entre dioses y hombres, se reflejará en el Universo. Las huestes celestiales y las titánicas lucharán por el dominio de la Tierra. En este espacio la substancia de la historia no tiene razón de ser; y si el hombre permanece sobre la tierra se interesará por la técnica, la ciencia, la filosofía, las artes, la música, por Dios o el Demonio, y en ese momento, la lucha ocupa un sentido trascendental, metafísico, porque afecta la naturaleza del ser y de la existencia. La lucha política, religiosa, económica o militar, entre los hombres será un débil reflejo de la cósmica. Ya que lo fundamental permanece y el hombre de la civilización, el hombre del movimiento y de los fenómenos históricos ha de tomar sus criterios de su esencia inmóvil y sobre temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia. Aquí en estos lugares de fontanal se alimentan los espíritus fuertes. En el siglo XXI se augura, y no sólo por parte de los astrólogos, que habrá en él una espiritualización formidable.

Como no podía ser menos en el comienzo de un milenio, la atmósfera que reina en el mundo es contradictoria e inextricable – en unos sitios es prometeica, con grandes fuegos y manos tendidas hacia las estrellas, en otro es apocalíptica, con sentimientos de culpa que remuerden la consciencia. El planeta está adquiriendo un aura nueva, una epidermis más sensible. Los titanes actúan y padecen en el tiempo y con el tiempo. Asimismo, lo acortan y lo alargan. El movimiento se hace cada vez más preciso y a la vez gira sin fin; los ruidos se convierten en una tortura y a la vez en una amenaza. Las noches están pidiendo un Bosco. Quien entra en esta posada queda afectado por todo lo que en ella ocurre. A eso corresponde la esperanza de que alguna vez quedemos liberados de la posada de este mundo, de que estemos en ella sólo en calidad de huéspedes –dijo Jünger. Por tanto, la voluntad de poder del Ciberleviatán tiene sed de dominio y de sangre. Ha traído una dimensión nueva a nuestra vida. La conversión del hombre en número o en objeto, la velocidad, el automatismo y los espejismos de la ciencia y la técnica.

Cuando los algoritmos biométricos y el machine learning, sean capaces de interpretar las emociones, los sentimientos, traerán como correlato la sustitución de la libertad, de la autonomía de la voluntad. Seremos parte de un determinismo cognitivo donde el pensamiento obedecerá a los algoritmos matemáticos. En el orden del mundo vemos como los algoritmos son el instrumento a través del cual, las corporaciones y la tecnocracia manejan los bienes transables en el mercado de valores - (energéticos, metales, alimentos e insumos), -con datos. En este orden, la numerifición del mundo está permitiendo una nueva naturaleza del capitalismo global; está generando una riqueza sin propiedad; ya que los datos no poseen propiedad. Por tanto, es necesario en esta esfera de la vida saber dónde reside lo mío y lo tuyo y, delimitar el espacio público de los datos. Ahora bien, quien controla la información o los datos, hace parte del ejercicio del poder. Así, las empresas tecnológicas se desarrollan exponencialmente.

Además, lo que unas décadas era una fantasía, ahora se ha convertido en la realidad del presente. Donde los riesgos distopicos están ahí y convivimos con ellos diariamente. O, en otros términos, las utopías de la revolución tecnológica se están concretando en el mundo de la digitalización. Así que, la tecnocracia que domina el mundo tiene una idea nietzscheana del hombre que se expresa en el transhumanismo o el poshumanismo. Una idea global y tecnológica que diluye los límites, los contornos que diferencian al uno del otro, a una cultura de otra y, esto es sumamente grave, porque hace volar por los aires como una costra seca, la coherencia de nuestra cultura y civilización. Aquello que da razón de ser a la esencia de lo humano en una cultura determinada.

Lasalle plantea que el modelo del capitalismo global -basado en las tecnologías de la información, la digitalización, el algoritmo-, posibilita un capitalismo cognitivo que despoja al poder político de las tomas de decisiones y neutraliza la democracia liberal parlamentaria. Así pues, posibilita la concentración de la riqueza mundial. En consecuencia, el capitalismo global donde prevalece la cognición y la digitalización, fomenta la concentración del poder y la riqueza en una selecta minoría.

Las cuestiones que la humanidad expone a la naturaleza o, a la vida, están condicionadas por el estadio de su producción. Es el ámbito en el que fracasa el conocimiento científico y la <<cultura del artificio y digital>>. En el desarrollo de la técnica hemos percibido los progresos de las ciencias naturales, biológicas o digitales, pero no los retrocesos de la sociedad. Dice Walter Benjamín al respecto: las energías que la técnica desarrolla más allá de ese umbral son destructoras. En primera línea favorecen la técnica de la guerra y de su preparación publicitaria. En consecuencia, en el proceso de desarrollo científico, el ser humano no es consciente de las energías destructoras de la técnica.
Además, lo que configura la época actual es, un tipo de determinismo tecnológico que se presenta a los seres humanos como autónomo y libre. Así, el desarrollo del capitalismo técnoglobal avanza sin control de las apetencias humanas. Los que ejercen el Gran Poder olvidan que existe un resto alquímico en el hombre, que el desarrollo es incapaz de disolver. En los Estados Unidos y en China se está dando un proceso de control social a través de las tecnologías y la Inteligencia Artificial, una forma disciplinización y reglamentación de las sociedades.

Además, el desarrollo tecnológico tiende inexorablemente a un punto disruptivo con lo que <<somos>> o <<hemos sido>>. La experiencia y la memoria histórica son vaciadas de sus contenidos y sólo perdura en el mundo digital, la <<cultura del artificio>>. Y, esto es sumamente grave para la coherencia del Yo concreto, la subjetividad y la condición humana. Porque lo que prevalece en la civilización del artificio es, el dinero, el poder, la esfera de lo útil –lo que se produce o consume-, pero no la utilidad de lo inútil: la literatura, la poesía, la filosofía, las artes, la música, las disciplinas que posibilitan alcanzar la categoría de persona. Y, precisar el interior de todos y cada uno de nosotros.

Ahora, el mundo digitalizado entronca la revolución ontológica y epistemológica con el desarrollo de la técnica. La naturaleza del ser-en-la tierra y su forma-de-ser, se trastoca y afecta la esencia del ser-de-lo humano; esto es, el tejido del Yo concreto y la subjetividad. Por tanto, la percepción de la realidad, de la historia, la experiencia, la ética, la moral y la cultura, se sustituye por la base de datos y los algoritmos. La esfera política disuelve en las redes globales, la identidad, la pluralidad de la ciudadanía, el discurso –tal como lo percibe Hannah Arendt: Dónde quiera que esté en peligro el discurso, la cuestión se politiza, ya que es precisamente el discurso lo que hace al hombre un ser único.

Si ajustamos el discurso a las necesidades del pensamiento científico, el discurso dejaría de tener significado, ya que las ciencias de hoy utilizan un lenguaje de símbolos matemáticos que, si bien, al principio eran expresiones abreviadas del discurso hablado, ahora contiene otras expresiones imposibles de traducir a discurso. Así pues, los científicos se mueven en un mundo donde el discurso a perdido su poder […] Tal vez haya verdades más allá del discurso, y sean de gran importancia para el hombre en singular, es decir, para el hombre en cuanto no sea un ser político, pero los hombres en plural, o sea, los que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan, y se sienten unos a otros a sí mismos.

Vivimos en el mundo de la automatización, que libera al hombre del trabajo y la servidumbre de la necesidad; el progreso científico y el desarrollo técnico sólo han sacado partido de la liberación del trabajo, que otras épocas ya han experimentado. El deseo de liberación de la “fatiga y molestias”, no es moderna sino tan antigua como la historia registrada. La realización del deseo puede ser contraproducente; se trata de una sociedad de trabajadores que está a punto de ser liberada de las trabas del trabajo, y dicha sociedad desconoce esas otras actividades más elevadas y significativas por cuyas causas merecería ganarse la libertad. Esas causas en la actualidad son: el maquinismo, la robótica, la Inteligencia Artificial, los lenguajes digitales, los algoritmos, etc. Nos enfrentamos a una sociedad de trabajadores sin trabajo, es decir, sin la única actividad que les queda.

La cultura del artificio, la digitalización algorítmica, están configurando unas categorías políticas, morales, éticas, sociales, económicas, que responden a los intereses de las corporaciones, el capital financiero internacional, el Gran Poder y no a las necesidades más apremiantes del ser humano. Además, al perder el hombre el contacto con el otro, la sentimentalidad y el espíritu, se reemplaza por el mundo de la instrumentalización y las funciones. Y los sentimientos como el dolor, la crueldad, el sufrimiento o la muerte, se materializan. En un mundo como éste las maquinas se constituyen en los instrumentos adecuados para solucionar los problemas sociales. Cada vez más, las matemáticas y la estadística sustituyen al hombre de carne y hueso en la libre voluntad, la elección y las tomas de decisiones. En la esfera política observamos como la aclamación reemplaza a la libre elección. Por eso, se observa en la práctica política una crisis de la democracia parlamentaria liberal.

La Salle cree que la esclavitud de la antigüedad se está sustituyendo por la esclavitud de las máquinas y los robots. Así que, los esclavos del siglo XXI serán los robots. Se trata, de otra parte, de darle un sentido humanístico a las máquinas; sino los trabajos manuales se sustituirán por robots. Los trabajos técnicos remplazarán a las disciplinas liberales y esto creará una crisis humanitaria que va desde la supervivencia a la disolución de las clases sociales y la personalidad. Somos parte de una época de desconcierto y zozobra por lo desconocido, y, a la vez, de esperanza en lo venidero. En cada época, el pasado es la tendencia que el cadáver deja tras de sí. Cada época sueña con la que viene y soñando se acerca a un nuevo despertar.

lunes, 8 de julio de 2019

La cultura occidental frente a la revolución digital.


            

                                                                                            I


Antonio Mercado Flórez


José María Lasalle acaba de publicar un texto que titula: Ciberleviatán, el colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital. Donde devela que los datos y algoritmos conforman un binomio de control y dominio de la técnica sobre los seres humanos. Este ejercicio del poder desemboca en la administración matematizada del mundo. El sujeto de la Ilustración y la democracia representativa, tal como los valores y la civilización de Occidente, están en jaque. La técnica reemplazó al mito en el Mundo Moderno, y su estilo carece magia. Estamos abocados a la disolución del Yo concreto, la coherencia de la personalidad por la matematización y la objetivación de la existencia. El mundo reificado hecho por el hombre, es, un mundo artificial que responde a las élites gobernantes - (Facebook, Twitter, VK, Snapchat, Messenger, Pinteres, etc.); y, los operadores más grandes de las telecomunicaciones: AT y T, NTT, T, Verinzón, Telefónica; en este orden, también las organizaciones y corporaciones transnacionales-, no a las verdaderas necesidades morales, espirituales y materiales de la sociedad global.     

Así pues, se avecina un reino político desprovisto de ciudadanía, sin derechos y libertades. Una época donde se extinguirá la democracia liberal y los principios de la Ilustración. Se instaurará una era mítica tal como la imaginó Hesíodo, de una raza de humanos sometidos al orden y a la seguridad. Una época donde el libre albedrío y la alteridad, la disensión y la crítica, serán vistos como rupturas con el statu quo, las reglas del juego político y el orden social establecido por las minorías selectas. Primará un mundo de fibra óptica y tecnología 5G, dominado por una visión poshumana. Que trasciende el concepto de hombre que hemos heredado de la cultura Grecolatina y Judeocristiana.

El mundo que evoluciona tras la tendencia que la técnica deja tras de sí, es, el de la revolución digital, la robótica y la velocidad. Un mundo que trae consigo una nueva experiencia de la realidad y de la vida. Una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre al tiempo que ese enorme desarrollo de la técnica […] Pero desde luego está clarísimo: la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo […] ¿Para qué valen los bienes de la educación si no nos une a ellos la experiencia? […] Sí, confesémoslo: la pobreza de nuestra experiencia no es sólo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general […] La pobreza de la experiencia: no hay que entenderla como si los hombres añorasen una experiencia nueva. No; añoran liberarse de las experiencias –dijo Walter Benjamín.

En el siglo XIX el mundo fue sacado de sus goznes y encajado en la ciencia […] En el saber están a punto de producirse modificaciones que aún no cabe calibrar […] La tarea se vuelve anónima, también más peligrosa. Pronto empezará a hablar la materia misma, tras haber estado largo tiempo mascullando […] Las grandes inflexiones de la historia van precedidas de tiempos de transición; las dinastías, de interregnos. Los nuevos valores no están aún vigentes, los viejos ya no lo están –escribió Ernst Jünger. Esto produce en las personas una sensación de desamparo, confusión y caos.

Ahora, ¿Cuál es el papel de la historia, el pensamiento y el lenguaje, en un mundo técnodigitalizado? ¿Cuál es el lugar del hombre en la esfera pública y política, donde predomina la vigilancia, el miedo, el orden y la seguridad? ¿Se trata entonces de la interiorización de la técnica como parte sustancial de la idea de hombre? ¿Dejaría el ser humano el centro del mundo y lo ocuparía la robótica, la digitalización, los algoritmos, la automatización? ¿Qué consecuencias traen en la naturaleza del ser y del existir, el pensar y la experiencia? Son preguntas que están en la atmósfera que respiramos en la cotidianidad. Y, el ser humano trata de dar las respuestas adecuadas de acuerdo a sus necesidades vitales y espirituales.

José María Lasalle traza siguiendo las propuestas posmodernas de Jean-François Lyotard, algunas directrices el pensamiento posmoderno supera las variables que definen la Ilustración del siglo XVII y la Época Moderna. Lyotard plantea que la condición posmoderna es el final de las grandes narrativas, que han interpretado el mundo y la existencia dentro de un relato coherente de progreso y racionalidad. Para Lasalle la estructura y el funcionamiento intelectual de la Ilustración en la actualidad, es insostenible debido a los avances tecnológicos y los cambios posindustriales que priorizaron las telecomunicaciones de la sociedad de la información. La crisis de los relatos y de la Ilustración según Lyotard, dinamita el concepto de progreso, de razón y configura en la esfera política el fracaso de los gobiernos (su institucionalidad) y la legitimidad de las sociedades abiertas, por estar insertas en una crisis de identidad.

Según Lasalle el humanismo y la posición del hombre en el mundo, la cultura y la civilización occidental, son desplazados como ámbitos de interpretación por una visión científica donde prevalece la técnica y la voluntad de poder. Donde la revolución de la <<cultura del artificio y digital>> arrastra tras de sí, la visión posmoderna en que se configura un nuevo poder y los problemas humanos se solucionan con datos que manejan las maquinas. Para Lasalle los datos que genera Internet y los algoritmos que los selecciona, discrimina y organiza para nuestro consumo, componen un binomio de control y dominio. Así, los seres humanos adquieren una fisonomía donde prevalece la parálisis del pensamiento, la incapacidad de juzgar, de criticar y de decidir. Las maquinas gestionarán nuestras vidas como “objetos” a través de una base de datos.

Tiene razón Jünger cuando expresa: la carga que hay en la atmósfera es de naturaleza plutónica y eléctrica. El hecho de que se trasmitan imágenes y sonidos en el cinturón eléctrico que ahora rodea a la Tierra, es un detalle secundario y discrecional en comparación con el hecho de que el cuerpo sea traspasado por ondas que llegan hasta los átomos, incluidos los del cerebro. De ello tampoco quedan libres, claro está, ni los vegetales ni los animales ni los minerales. A pesar de todo ello, hay que tener presente que, los aparatos no pueden sustituir la presencia del ser humano.

Por la revolución en la <<cultura del artificio y digital>>, la humanidad vive un proceso de mutación identitara. Donde los hombres pierden el espesor y el contorno, porque mutan en pos-humanos programables algorítmicamente. Seres tecnológicos y amorales, al convertirse en objetos o números. Así, lo orgánico y psíquico del hombre se diluye en la Red. En esta esfera, el cinturón eléctrico que rodea la Tierra, disuelve las fronteras y la identidad. Los hombres se convierten en un enjambre masivo sin capacidad de crítica, de análisis, de pensar, de aventura o, de experiencias. De esa forma, se entrega inerte al consumo masivo de aplicaciones tecnológicas dentro de un flujo de información que crece exponencialmente.

Para Lasalle la técnica posibilita la configuración de una figura titánica que instaura una dictadura tecnológica. Un poder que descansa sobre la gestión digital. O, lo que es lo mismo, el rostro del Gran Poder se oculta detrás de la <<cultura del artificio y digital>>. De ahí que la gestión tecnológica ofrezca dos umbrales: la que ofrece orden dentro del caos y seguridad en medio de la catástrofe. Así pues, el protagonista político ya está con nosotros. No hemos tardado mucho en reconócelo y nombrarlo. Es el Gran Poder tecnológico. De ahí que los gigantes de la tecnología como son Estados Unidos y China, giren alrededor de la Inteligencia Artificial, la robótica, los algoritmos, los datos, etc.

Jünger devela el enorme valor que hoy se le otorga a la <<protección de datos>> es un testimonio de que las necesidades de seguridad han crecido mucho. Parece perdida de antemano la batalla de la persona singular contra el <<tratamiento de datos>>, si tenemos en cuenta que, además del Estado, de la sociedad, de la economía y, ante todo, de los medios de comunicación, hay también grupos que se ocupan de examinarnos a todos y cada uno de nosotros con rayos X, hasta en los menores detalles. Eso comporta que siempre <<haya algo>> contra uno […] La protección de datos podrá a lo sumo suavizarla algo, pero no podrá hacer nada contra la <<númerificacion>>. En cuestión de segundos se averigua quien es una persona individual. De ello depende que pueda atravesar o no una frontera.

El Gran Poder que ejercen las tecnológicas digitales, es, anónimo y desconsiderado, amoral, ya que acumula una cantidad de energías desproporcionadas, y además no necesita la fuerza ni la violencia, para imponer las reglas de juego, como tampoco unos relatos para legitimar su práctica social. Dice Lasalle al respecto: se vale del monopolio del ejercicio del poder basado en una estructura de sistemas algorítmicos que instaura una administración matematizada del mundo. Esto hace que la participación del individuo en la sociedad vaya convirtiéndose cada vez más en una participación estadística. Son climáticas las causas de tal <<númerificacion>> o <<conversión en cifras>>; es preciso buscarlas por debajo de la esfera política, buscarlas incluso por debajo del lenguaje –dijo Jünger.

Estamos inmersos por la revolución tecnológica en las comunicaciones y la digitalización como en un sistema totalitario. Como consecuencia del colapso de nuestra democracia liberal y el desbordamiento de nuestra subjetividad. Esto se constituye en una mutación antropológica que altera la identidad cognitiva y existencial de los seres humanos. Se está dando una mutación en el <<ser>> y el <<existir>> del hombre sobre la Tierra. O, en otros términos, una mutación epistemológica y ontológica del ser humano. Está provocando una revolución ontológica que afecta la naturaleza del ser humano, cambia nuestra subjetividad, el lenguaje natural por el artificial, crea relaciones humanas inconexas donde prevalecen las redes sociales, el dinero o el poder; y posibilita que el cuerpo se retire de la percepción de la realidad y de la vida. Ora, en términos políticos diluye los ideales de la Revolución Americana y Francesa y la idea de ciudadanía plural. Por una libertad vigilada que controla y coacciona al ser humano y que atenta contra el Estado de Derecho y sustituye la ley por los algoritmos.

Piensa Lasalle que para el siglo XXI, es, inevitable la aparición de un Ciberleviatán. Éste traerá malestar, incertidumbre y miedo, porque ruptura los relatos establecidos, el statu quo y volatiza los puntos de orientación y las bases materiales o teóricas, donde nos asentamos. Instaurará una dictadura sin violencia sin tortura, estableciendo un nuevo orden de vida. Así que, en la esfera política (del ciudadano, el Estado, las instituciones y la sociedad), no habrá ni debate ni conflicto, como producto de una necesidad requerida por la aclamación y no por la deliberación, la crítica y el juicio. Es una civilización tecnológica que responde a las apetencias de una selecta minoría que gasta y concentra la energía del mundo actual. En una civilización como ésta los únicos lamentos que se escuchan no son los de los afligidos y menesterosos, sino los de los poderosos.

viernes, 5 de julio de 2019

DEL NACIONAL-POPULISMO AL NEOFASCISMO EN LA ACTUALIDAD


       



Antonio Mercado Flórez



Quien iba a imaginar hace veinte años que los principios de la Ilustración (la libertad, la igualdad, la fraternidad, la autonomía de la voluntad), y la democracia liberal, iban a estar cuestionados nuevamente. Sabemos que la época moderna surge con las ciencias naturales del siglo XVII, y llega a su máxima expresión política con las revoluciones del siglo XVIII y despliega sus aristas hasta después de la Revolución Industrial; y se distingue del mundo del siglo XX, porque llegó a la existencia a través de la cadena de catástrofe ocasionadas por la Primera Guerra Mundial. 1 En el siglo XX se produce la <<ruptura de nuestra historia>>, que nace de un caos de incertidumbres masivas en la escena política y de opiniones masivas en la esfera espiritual, que los movimientos totalitarios, merced al terror y la ideología, hicieron cristalizar en una nueva forma de gobierno y dominación […] La dominación totalitaria […] rompió la continuidad de la historia de Occidente. La ruptura de nuestra tradición es hoy un hecho consumado. 2

Como expreso en mi libro <<Sobre el dolor, el miedo y la muerte>>, que los rasgos que tejen a Europa en la actualidad son semejantes en algunos aspectos, a los que precedieron a la Segunda Guerra Mundial: <<Un conjunto de potencialidades mentales y físicas, de nuevos elementos híbridos con sus variantes, demasiados numerosos como para poder medirlos>>, se entrelazan a la cultura occidental: emigración que huye de la violencia, el hambre y la falta de oportunidades, la falta de libertad y la guerra. También el desplazamiento de europeos empobrecidos en el interior de su territorio. Con políticas neoliberales de recortes y austeridad, que destruyen el Estado de Bienestar y benefician a los monopolios, los mercados financieros desregulados, la precariedad del trabajo, la privatización de los bienes públicos, la educación y la salud etc.

Asimismo, el descontento social ante las desigualdades extremas, el débil crecimiento económico, el estancamiento de algunos Estados; también los conflictos políticos internacionales que se expresan en el juego de la geopolítica, el proteccionismo y las guerras en la esfera del comercio. Este estado de cosas, contribuye a fomentar un pesimismo y una desidia en la vida privada y pública de las personas. Se tiene la sensación que hemos llegado al fin de un siclo histórico y que la humanidad entra a un túnel oscuro donde prevalece la inseguridad, el miedo, la desolación, con el futuro que se avecina. Ahora bien, es necesario comprender y articular estos aspectos socio-económicos, históricos, políticos, étnico-religiosos con el espíritu de la cultura occidental. Y, además, percibir, analizar y reflexionar, estas variables en su Cultura.

Estamos asistiendo en las sociedades occidentales, a una crisis de la democracia representativa liberal. Provocada por la globalización, las burbujas financieras que traen como consecuencia el aumento de la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la exclusión social, el hambre, en los países avanzados. Que han posibilitado el auge de los movimientos nacional-populistas indignados con el Sistema, con soluciones simples para problemas complejos. Además, cómo las innovaciones tecnológicas y sociales destruyen el orden emanado después de la Segunda Guerra Mundial. Que se conoce como la Unión Europea, en el que prevalecen los principios de la Ilustración y la democracia representativa.

En una entrevista reciente el autor del libro <<Ciberleviatán, el colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital>>, José María Lasalle decía: La revolución digital está siendo una revolución ontológica, que afecta a la esencia de lo humano, cambia nuestra subjetividad, provoca por primera vez en la Historia que el cuerpo se retire de la percepción directa de la realidad. Es también una revolución política, que está triturando los ideales de la Revolución Francesa y la construcción de la idea de ciudadanía por la mayoría de edad, y propone una libertad asistida que sustituye la ley por los algoritmos. Y supone otro cambio radical: sustituye a la Revolución Industrial: el modelo de desarrollo económico basado en el capital y el trabajo está arrojando al trabajo y sustituyéndolo por IA y la robótica. La mayor revolución de la historia se está produciendo ahora. Y está empezando por nosotros mismos.

El nacional-populismo, es atávico, primitivo, porque desea regresar a las fuentes de la religión, la lengua y la cultura: y, de otra parte, se vale de una simbología política y ritual, que exalta la nación, la raza, la lengua, la tradición, y tiende inexorablemente a repudiar lo diferente, lo diverso, aquello que <<ruptura>> la homogenización. Niegan el universalismo de la Ilustración en beneficio de la nación, la lengua y sus mitos propios. Viven en una esfera política y espiritual, que alienta la xenofobia, el racismo, la discriminación, el rechazo a la pluralidad y crean chivos expiatorios para justificar el neofascismo. Porque los extremistas lo que desean es romper la cohesión social, la convivencia y el respeto al otro. O, en otros términos, buscan destruir la democracia representativa, la libertad, la igualdad, en beneficio de una <<selecta minoría>> que concentra y gasta la energía. Una de sus categorías consiste en buscar los extremos para polarizar a la sociedad y crear la desinformación y el caos en la esfera social y política. Porque responden a la ideología y los principios nacional-populistas, cual viento fétido y frío como la muerte recorre a Europa y todos los países del mundo.

Sabemos que la globalización liberal que se puso en marcha a finales del siglo pasado, entró en una época de crisis y de implosión. Por eso, es necesario un nuevo Modelo de Desarrollo que responda con políticas reales y concretas, a las verdaderas necesidades morales, espirituales y materiales, de las sociedades globales. También fortalecer la democracia liberal representativa que apueste por políticas sociales y económicas, que contribuyan a reducir la brecha que deja tras de sí la globalización económica de las élites del mundo. Políticas de integración, solidaridad, tolerancia, respeto y dignidad, en la esfera pública y social, con las minorías y los más necesitados de la sociedad.

De ahí que, el ideario nacional-populista carezca de programas y se valga de los instrumentos y los medios de la <<cultura del artificio y digital>>, para descalificar, calumniar, excluir, y recurrir a un lenguaje demagogo llamando a la unidad de la nación, denunciando la decadencia de los partidos tradicionales y a la recuperación de los valores, las tradiciones y creencias, que posibiliten la grandeza perdida de la nación. El principio de la retórica demagoga del nacional populismo neo-fascista, se centra contra los fundamentos de la Ilustración y la democracia representativa, el rechazo a la igualdad, la tolerancia y a la diversidad de la ciudadanía.

Así, los fundamentos de la Ilustración y la democracia representativa luchan en dos frentes: la revolución digital que es a la vez una revolución político-social, económica-cultural, desea convertir a los ciudadanos en números u objetos, para que respondan a la secuencia de los algoritmos. Donde la visión de la élite tecnocrática de la <<cultura del artificio y digital>>, se concatena con la de Nietzsche y Spengler sobre la voluntad de poder. Donde se exalta la superioridad de las fuerzas activas sobre las reactivas, como un rango inmutable e innato de la jerarquía: el problema de la jerarquía es el mismo que el de los espíritus libres. Esto es: ser un animal depredador, un ser de rapiña, que domina y somete al otro, que coacciona y mata. Spengler considera que la técnica (la <<cultura del artificio y digital>>), es la táctica de la vida entera. Es la forma intima de manejarse en la lucha. Así, la técnica es la forma de afirmase luchando, venciendo y aniquilando.

Se trata como pensó Ernst Jünger, que la maleabilidad del valor técnico en cuanto fuerza despersonalizada no brote la posibilidad abominable de que la mediocridad <<vaya asociada a un poder funcional enorme>>. Donde las élites gobernantes y su civilización se sobrepongan al realismo histórico de la humanidad, empleando a la técnica como una fuente de penurias, de sinsentido y de nihilismo planetario. Jünger es un escritor que sigue en algunos aspectos el pensamiento de Nietzsche y Spengler, y encarna un nuevo tipo humano, que propone la superación del individualismo burgués y del hedonismo. Esta superación sólo puede ser entendida en una vía nietzscheana: a la universalización del nihilismo corresponde una universalización de la técnica.3 La técnica no sólo desgarra las lenguas naturales, sino que se convirtió en lenguaje universal. Esa es una de las razones que la técnica reemplace al logos y al mito en la modernidad.

Porque lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y la técnica; y, además, que son pesimistas. No hay en ellas magia con la técnica basta […] La técnica ha evolucionado hasta el punto de transformarse en un lenguaje mundial; ello hace que la participación de los individuos en la sociedad vaya convirtiéndose cada vez más en una participación estadística.4 Con la revolución de la <<cultura del artificio y digital>>, el mundo se transforma en un ágora en el que, de un día para otro, los llamados medios anticipan la opinión. Los oyentes se cuentan por millones, hablan muchos idiomas; de ahí que las imágenes no sean simples ilustraciones, sino lo principal. Los efectos que ellas causan son más fuertes que los causados por las palabras. El planeta ha adquirido un aura nueva, una epidermis más sensible. Las ondas, en sí carentes de lenguaje, están a disposición de cualesquiera texto e imágenes, que golpean con la virulencia de la ola al romper.5

Jünger señala en el texto La emboscadura, que la técnica está dejando atrás su período titánico, para ser reemplazada por una era de bienestar universal dominada por el símbolo del burgués. A ello se agrega en la posmodernidad el surgimiento de una sociedad individualista, narcisista y hedonista que rechaza sobre todas las cosas la doctrina del gran dolor y de las fraguas de Vulcano en que se asienta toda genuina grandeza y toda <<política universal de gran estilo>>.6 Nietzsche y Spengler, las fuentes de las que bebe el nacional-populismo neo-fascista actual. Porque no creen en la cultura humanística, en la Ilustración y la democracia representativa. Sino en la cultura de la violencia y del odio, de la discriminación y el racismo, el dominio del fuerte sobre el débil. Porque creen que este tipo de hombre dispone de grandes medios que contrastan con la mediocridad; ese hombre que cree a pie juntillas en los periódicos, la televisión y las redes sociales, pero desdeña mirar lo que está escrito en las estrellas.7

En este orden, vemos en Europa, EE. UU. y Latinoamérica, que emergen movimientos de nacionalistas de derecha que ganan espacio, porque los partidos tradicionales no han sabido manejar las consecuencias de la crisis financiera de finales del siglo pasado, la des-regularización de los mercados, el desempleo, la privatización de las políticas neoliberales, el hambre, la falta de educación y salud públicas, que la globalización deja tras de sí. Son movimientos autoritarios y violentos, que alientan la islamofobia, el antisemitismo, el populismo, el conservadurismo, el nacionalismo y el desprecio a la pluralidad de la ciudadanía. Así, los problemas sociales se sustituyen por problemas religiosos, identitarias y étnico-culturales. Y, la crítica y la oposición al Sistema, devela que llega un momento en que los problemas como tales proporcionan únicamente molestias. Por ahora, más bien que ser planteados, son liquidados en estado embrionario: es una consecuencia de la aceleración y la intolerancia. Están multiplicándose los sectores en que los problemas son resueltos por las máquinas y la violencia.8

A saber, el espíritu de la cultura occidental está amenazado, pero lo que ahora causa consternación es, que, en nombre de los valores y principios que le dan la razón a su existencia, el nacional-populismo, lo fracture en nombre del neofascismo, el antisemitismo y la xenofobia. Sabemos que el logos se ha situado en su nivel material y responde a las necesidades del Gran Poder y el pensamiento se deteriora; de ahí que, mucho más frecuente que la espiritualización, que libera del miedo, es el aumento de la sensibilidad, que lo hace crecer.9 Por eso, el catálogo de las cosas posibles está siempre ahí –para que una posibilidad salga a escena es preciso que se la acepte.10 Y, esa posibilidad nos advierte que se acercan tiempos aciagos. <<El más incómodo de los huéspedes ya está a las puertas>>, escribió Nietzsche. No es un monstruo mitológico, un Leviatán, cuya irrupción marcará inevitablemente el fin de los tiempos. Porque no hemos tardado mucho en reconócelo y en nombrarlo. Ahora sabemos dónde está situado. Su nombre es autoritarismo, populismo, neofascismo, el imperio del lucro y del miedo, la trivialización de la vida y de la muerte.

                                                          


                                                                        Bibliografía


1.      1. Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política.    Ediciones Península, Barcelona 2016, pág. 47.
2.    2. Ib. pág. 46.
3.     3.De Benois, Alain. Ernst Jünger y El Trabajador. Una trayectoria vital e intelectual entre los dioses y los titanes. Ediciones Barbarroja, Madrid 1995. pág. 7 y 8.
4.       4.Jünger, Ernst. La Tijera. Tusquets Editores, S.A. Barcelona 1997. pág. 74.
5.     5.Ib. pág. 75.
6.    6. DE Benois. Ib. pág. 12.
7.     7. Ib. pág. 12.
8.    8. Jünger. Ib. pág. 184.
9.     9. Ib. pág. 141.
10 Ib. pág. 173


domingo, 31 de marzo de 2019

EL RETORNO DE LO REPRIMIDO



                                                 

                                                              Wolfgang Streeck
                                            <<EL RETORNO DE LO REPRIMIDO>>.
                                               A mi amigo: Edgar Bonett Villareal.
                                             Con quien he compartido estas ideas.

                                                                                     II


Antonio Mercado Flórez.


Es una verdad que las cuestiones cardinales, como el desempleo, el hambre, la inmigración, la xenofobia, la educación, la ciencia, la técnica, la desigualdad social o económica, el deterioro del medio ambiente, el cambio climático, la manipulación de la información, la libertad o las consecuencias nefastas de las políticas neoliberales. Pasan a segundo plano y los que ejercen el poder priorizan lo pasajero e intrascendente, para ejercer un poder que niega las esperanzas morales, espirituales y materiales de las personas. 

De ahí que no nos detenemos a pensar en lo realmente importante que son para la sociedad. En aquello que está cambiando nuestras vidas y el futuro que nos espera. En lo que se esconde detrás de la cultura del espectáculo y lo efímero que presentan los medios de comunicación de masas. Como puntos de referencias de valores y comportamientos del ser humano.

Así que, el neoliberalismo político y económico, necesita una población pasiva, apática, a los problemas fundamentales de la sociedad; y que ésta se vuelque al ocio vacío y el consumismo y, la estridencia de los partidos tradicionales. Entonces los poderosos pueden ejercer el poder sin límites y nadie que los controle. De ahí que nos encontremos en una época de crisis permanente, durante las cuales el Zeitgeist, el Espíritu del Tiempo, se vuelve hacía lo pasajero y fugaz. Uno de los indicios de las crisis actuales es que, el neoliberalismo no está a la altura de los tiempos presentes para responder a los requerimientos humanos.

Tiene razón Streeck al decir que la distancia entre los <<populistas>> y los partidos tradicionales, se evidencia en las sociedades golpeadas por la crisis del capitalismo financiero. Así pues, los partidos tradicionales defienden los intereses económicos, sociales, burocráticos, políticos, de las élites y, los otros, critican sus políticas para ganar adeptos entre los votantes. Ora, la cuestión no es otra que la relación existente entre el capitalismo global y el sistema estatal. Por eso, nada polariza más a las sociedades actuales que el debate sobre las identidades, la nación, la lengua, la cultura, ante las políticas globales, es decir, la necesidad y legitimidad de la política nacional.

 La religión quieren convertirla en guerra y arma política, en campaña de aniquilación moral, discriminación, xenofobia, exclusión o muerte, que inciden en los estratos más profundos y sensibles de la identidad social e individual. Asimismo, los espacios donde se toman decisiones morales, políticas o económicas, sobre el respeto y el desprecio, la inclusión o exclusión, de las minorías nacionales; han de estar de acuerdo con la normativa del Estado democrático Social de Derecha; para así poder responder a la extrema derecha y los partidos nacional-populistas de centro derecha. Ya que no están a la altura de los requerimientos políticos ni culturales de la sociedad. Porque no tienen Programas que respondan a las exigencias de la época actual. Sino con políticas de exclusión y demagogia sobre la sociedad y los sectores más  vulnerables.

De este modo, el surgimiento de los nuevos partidos se puede explicar como una Gran Regresión de la gente humilde, los excluidos, los pobres, que se percibe como falta de educación y respeto a los más formados. Y también una ruptura del estatu quo y lo establecido como políticamente correcto. Y como consecuencia puede estar acompañado con políticas contra la integración, los derechos políticos, sociales, económicos, de las minorías y la inmigración. Es un peligro para la convivencia que las decisiones importantes sobre el destino estos colectivos se deriven a la burocracia, a expertos y autoridades no políticas.

Por la crisis generada por el neoliberalismo global, somos parte de un período de incertidumbres, inestabilidades, desconciertos, en todos los ámbitos de la sociedad. Dijo el pensador italiano Antonio Gramsci: un periodo de duración incierta en el que el viejo orden agoniza, pero uno nuevo no puede nacer todavía. Por eso el ancien régimen presenta fenómenos patológicos de la más diversa índole.

Ernst Jünger dice al respecto: <Las grandes inflexiones de la historia van precedidas de tiempos de transición; las dinastías, de interregnos. Los nuevos valores no están aún vigentes, los viejos ya no lo están>. Vivimos tiempos donde las cadenas causales se rompen, y en cualquier momento, en su defecto, pueden ocurrir acontecimientos inesperados y grotescamente anormales.

Así pues, los Modelos de Desarrollos estables se tambalean y discurren paralelos otros, acompañados de acontecimientos sorprendentes que suplantan a las estructuras predecibles. Y a los hechos históricos se agrega que, somos parte de un tiempo de hechos significativos y actores insignificantes. Esto es válido para la política, la economía o la cultura. Es algo que se pone de manifiesto sobre todo en los Grandes hombres que aparecen en su escenario y no están a la altura de los tiempos que vivimos.

Streeck expresa que las clases políticas neoliberales se ven obligadas a escuchar con mayor atención a sus poblaciones nacionales. Después de decenios de desprecio de las democracias nacionales en provecho de las Instituciones Internacionales, se ven en la necesidad de canalizar el descontento para no perder sus privilegios. Ahora, los partidos que han confiado en la responsabilidad tendrán que reaprender lo que significa la <capacidad de respuesta>, o bien tendrán que ceder su lugar a otros partidos. Se trata que el Retorno de lo Reprimido tenga el lugar que le corresponde en las sociedades nacionales. O, en otros términos, que el Estado cumpla la función social que le corresponde.

De ahí que Theresa May en su discurso del 11 de julio de 2016 donde anuncia su candidatura, pidió cambios en la política socio-económica inglesa: guerra contra la desigualdad, imposición más justa a las rentas más elevadas, así como mejor sistema educativo, incorporación de los trabajadores a la administración de las empresas, protección de los empleos británicos contra la deslocalización, y, con límites impuestos a la inmigración. Después del Brexit explicó el resultado del referéndum en estos términos: <<El deseo de un país más fuerte y más justo>>. Que lo haya cumplido o no es otro cantar. Lo importante es que los partidos tradicionales europeos se han dado cuenta que no se pueden quedar apeados del tren de los nuevos tiempos y cambios.

Asimismo, la crisis del capitalismo financiero, en su defecto, no es más gobernable nacionalmente desde abajo que internacionalmente desde arriba. Por eso Streeck cree que las reformas estructurales neoliberales consideradas por los <<expertos>> como complemento indispensable se han visto frustradas, en los países donde realmente podrían ser de alguna utilidad, por la resistencia popular a la <<globalización>> en su modo de vida.

Al mismo tiempo, la desigualdad económica va en aumento, en parte porque los sindicatos y los Estados han perdido su poder o lo han cedido a los mercados mundiales. En consecuencia, la destrucción de las instituciones nacionales capaces de apostar por la redistribución económica y la consiguiente dependencia de la política monetaria y de los bancos centrales como política económica de último recurso han hecho ingobernable el capitalismo, ya sea por métodos <<populistas>> o tecnocráticos.

Ahora, ¿Qué se espera de la crisis del neoliberalismo económico? ¿Qué propuestas tiene Trump, May y otros gobernantes para salir de ella? Por el momento ninguna, sino desviar la atención a los grupos más vulnerables de la población, y lanzar campañas de desprestigio contra las minorías étnicas y de otro tipo. Por eso, los Derechos Humanos, el Derecho Internacional, la Cooperación Internacional, el respeto a las libertades individuales, seden su lugar a la fuerza, la exclusión y el sometimiento. En la época actual la mentira nunca ha estado a la orden del día como ahora y la inteligencia y cierta valentía moral, es lo que falta para cambiar la vida y las sociedades actuales.

Por eso Jünger dice: <<Lo que hay son centros de gravedad y hombres poderoso en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas y sociales allí donde tropiece con ellas>>.

Asimismo expresa: <<Llega el momento en que los problemas como tales proporcionan únicamente molestias. Por ahora, más bien que ser planteados, son liquidados con rapidez, en estado embrionario, por así decirlo: es una consecuencia de la aceleración. Están multiplicándose los sectores en que los problemas son resueltos por las maquinas>>.

Por tanto, los nacionalistas, los populistas, los nuevos proteccionistas no pondrán fin a la crisis del capitalismo global; pero volverán a poner en juego la praxis política y recordarán a los estratos medios y bajos de la población que son los perdedores de la globalización. La izquierda o lo que queda de ella no tiene idea cómo podría realizarse la transición desde el capitalismo ingobernable del presente-actual neoliberal, a un futuro mejor, ordenado y con menos riesgo y menos peligro. Por eso, deben tener en cuenta de no repetir los fracasos del neoliberalismo y de la política identitaria y sustitutiva. Para crear unas sociedades más libres y más igualitarias para todos y para todas.

Ahora bien, ¿Qué enseñanzas se pueden sacar de lo que ha pasado en las últimas décadas a nivel mundial, en términos económicos, sociales, morales o culturales? Que los pobres y marginados de la sociedad del conocimiento no pueden ser abandonados y desprotegidos a un destino incierto por razones morales, espirituales y estéticas. Que los Estados-nación deben forjar políticas a favor de sus ciudadanos y no contra ellos; y alcanzar sociedades más justas, más libres y oportunidades para los más necesitados. 

Sociedades que aludan a una esperanza que atañe a todos los seres humanos y que esa esperanza pueda cumplirse en un destino común. Como dice Jünger: “Desde los tiempos más remotos viene repitiéndose una y otra vez el mismo espectáculo: el hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad”.