martes, 8 de septiembre de 2026

 

                                                             El neofascismo contemporáneo

                                                                        Madrid-España a 08/09/2026

 

No actuar contra el neofascismo o el autoritarismo constituye una decisión ética con consecuencias muy graves”.

“La verdadera responsabilidad moral exige superar la indiferencia cotidiana, para construir un mundo mejor mediante las elecciones de cada día”.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Los gobernantes autoritarios no aceptan la reflexión, el debate, las ideas, creen en el dogma ideológico y la imposición de sus principios. Los gobernantes autoritarios prometen seguridad y confianza, ante el caos sociopolítico de una nación. Dicen a sus votantes: “Yo sé lo que hay que hacer”. La mayoría de las veces no cumplen lo que dicen y se convierten en arlequines de los símbolos que los legitiman como gobernantes.

El espectáculo de su simbología lleva detrás de sí un contenido cualquiera: material, espiritual o ideológico. En un gobierno autoritario, totalitario o, neo fascista, lo fundamental es la estructura y la función del símbolo. Para legitimar un poder que se vale de la publicidad, las redes sociales o las imágenes. Por eso en la actualidad las imágenes para un gobierno neofascista, tienen más peso y sentido que las palabras.

Somos parte de una época en el que las imágenes sustituyen las palabras, las ideas, el debate público,6+ porque son fugaces como la luz del sol al amanecer.

Hoy, hay más países autoritarios, sociedades desorganizadas socialmente, violentas, intolerantes, que no saben qué hacer y le dan el poder a un autoritario o, a un dictador, o, a un neofascista, al que eligen en las urnas. Donald Trump en Estados Unidos, Nayip Bukele en el Salvador, y ahora, Abelardo De la Espriella en Colombia. De ahí que cuando una sociedad está desorganizada y el espacio de la convivencia social lo ocupan los delincuentes comunes, los traficantes de drogas, los grupos guerrilleros, los paramilitares, etc., aparece un “salvador”. Que, a través de ideas, símbolos, gestos, prometen la salvación de la nación o de la patria.

Pero se olvida que lo que le interesa es el ejercicio del poder, esto es, el poder por el poder. Estos personajes prometen que saben de dónde viene el mal y cómo combatirlo. Pero tradicionalmente siempre les basta con echar a los extranjeros, poner algunos grupos minoritarios como cabeza de turco de los males que padece la sociedad, y por supuesto, implementan la xenofobia, la discriminación racial y cultural de las minorías, y ahondan en la violencia y la guerra para legitimar sus acciones.

Podemos decir que la derecha y la extrema derecha populista-nacionalista, no creen en las ideas políticas, creen en las ideas biológicas, psicológicas o culturales. Ellos en la actualidad están recurriendo a esos principios para llegar al poder. Pero ellos no piensan, bien porque no están formados para pensar o debatir los grandes problemas de la sociedad, sino para excluir y denigrar al Otro. De ahí que en una sociedad y gobierno autoritario, el pensador, el poeta, el periodista crítico y reflexivo como lo fue Albert Camus, el filósofo, el pintor o el músico, etc., se convierten en los enemigos del Sistema autoritario o totalitario, que implementan en sus naciones.

Se valen de la simbología religiosa y del dogma, para ganarse los votos de las iglesias evangélicas, católicas y ortodoxas. Se valen de la ansiedad, el desamparo de las autoridades, del miedo y del sufrimiento, para recabar votos. Esto demuestra que la simbología religiosa y las creencias, se manipulan en provecho de las ideas y principios autoritarios o totalitarios. La ansiedad y la angustias en las escuelas y las nuevas generaciones, siempre terminan en opciones políticas autoritarias.

Tenemos la sensación en la actualidad que somos menos cultos, menos tolerantes, más violentos, menos sensibles con el Otro y los otros. Sus padecimientos parece que “la sociedad del vacío” como la llama Gilles Lipovetsky, responde sólo al Capitalismo de consumo, al trabajo, al consumo, a las bellas materias, al lujo, pero es indiferente al hambre, la falta de salud, de justicia, de educación, y de oportunidades para la sociedad. La violencia en las escuelas y colegios, la violencia en las calles y en ciertos espacios sociales, son síntomas que existe una alteración cerebral, la amígdala frontal está hipertrofiada y, en consecuencia, genera pulsiones violentas, agresivas hacia el Otro. Como también pulsiones sexuales que no pueden controlar.

Entonces, la joven generación es más díscola y agresiva. De ahí que existe una concatenación entre el Capitalismo de consumo, la ansiedad, las frustraciones, las pulsiones violentas y conservadoras de las jóvenes generaciones. De otra parte, la revolución de la información se convirtió en una pantalla abierta al mundo, que Internet llevó a su máxima expresión con las imágenes en movimiento, las redes sociales, y ahora con la IA, que se definen como instrumentos mágicos de comunicación, pero no de relaciones. Por eso en la actualidad, el ser humano nunca se ha sentido tan solo como ahora.

Ahora bien, preguntamos ¿qué tiene que ver todo eso con las políticas de la derecha y la extrema derecha? Que se valen de los adolescentes, los jóvenes y adultos, disfuncionales con el Sistema, la escuela, la familia y la sociedad, para lavarles el cerebro con el miedo, el sufrimiento, la violencia, la inseguridad, que el extranjero, el negro o el judío, trae a su sociedad. No los muestran como seres humanos que desean alcanzar otro país para realizarse como personas, tener un bienestar social que la pobreza y el país de origen les ha negado, sino que los muestran como usurpadores, violadores, ladrones, que traen consigo inseguridad y violencia.

Existe una relación intrínseca entre el amor, el apego y la memoria, quienes interconectan estas tres esferas tienen menos probabilidades de votar o apoyar a partidos de derecha y de extrema derecha, de sentirse realizados apoyando al autoritario o al neofascismo. Así que, la desconexión de estas tres esferas da más probabilidades al autoritario que se vale de la incertidumbre o la inseguridad para alcanzar el poder. De ahí que, en un gobierno autoritario o totalitario, todo se politiza, tanto la vida privada como la vida pública.

Solo el compañerismo, la vida en común, la seguridad de todos, posibilita apoyar programas sociales y de desarrollo de ideas. Que un espacio autoritario no lo permite. Preguntamos, ¿cuáles son las consecuencias del auge del autoritarismo, el neofascismo y el totalitarismo, en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica? Que no dan margen de reflexión, de discusión, porque se guían por convicciones. Un fanático no discute, impone sus ideas y principios dogmáticos con la fuerza y la violencia. Con los fanáticos religiosos, políticos o económicos, no hay margen de discusión, de consenso y acuerdos. Si no piensas y actúas como ellos eres un imbécil o un idiota.

Sabemos por lo acontecido por más de setenta años, la guerra de guerrillas por la toma del poder, el secuestro, las masacres, las desapariciones forzadas, ha sido un periodo trágico para la vida de todos los colombianos. Un periodo trágico de división, de odio, de violencia, de guerra, de exclusiones, sin distingo de ideologías, de razas, de estratos sociales, que ha sumido a Colombia en una atmosfera de dolor, de sufrimiento, de sin sentido ante el valor de la vida. Colombia no necesita odio, violencia y guerra, sino reconciliación y paz.

¡No más guerra permanente! Los contenidos de la memoria de estos terribles años, tienen que dar paso a otros contenidos de la vida y de la realidad.

Umberto Eco dijo en “Contra el fascismo”: “Si aún pensamos en los gobiernos totalitarios que rigieron Europa previo a la Segunda Guerra Mundial fácilmente podemos decir que sería difícil que reaparezcan bajo la misma forma en distintas circunstancias históricas. Si el fascismo de Mussolini fuera basado en la idea de un líder carismático, en el corporativismo, en la utopía del Destino Imperial de Roma, en un ímpetu imperialista de conquistar nuevos territorios, en un nacionalismo exacerbado, en un ideal de una nación entera regida en camisas negras, en el rechazo de la democracia parlamentaria, en el antisemitismo, entonces no hallo dificultad alguna en reconocer que hoy la Alleanza Nazionale italiana, nacida de las ascuas del Partido Fascista postguerra, MSI, y ciertamente un partido de derecha, ya no tiene mucho en común con el viejo fascismo”.

Observando el renacer de la derecha, la extrema derecha, del nacional-populismo, del neofascismo en Europa, Estados Unidos, y países Latinoamericanos, hay que tener presente que tras un régimen y su ideología hay una manera de pensar, de concebir el mundo y la realidad, y la vida en el ámbito privado y público. Un gobierno de derecha o de extrema derecha implementa en la sociedad una manera de reflexionar, de sentir, un conjunto de hábitos y costumbres culturales, instintos oscuros e impulsos inasibles. Que legitiman con su simbología, acciones y discursos el ejercicio del poder.

                 Ionesco dijo que,

                              sólo las palabras cuentan y el resto es mero parloteo”.

 

Así que, “los hábitos lingüísticos son frecuentemente importantes síntomas de sentimientos subyacentes”. Estamos en otra época histórica y luchar contra el neofascismo, la derecha y la extrema derecha, significa luchar contra el Estado tecno-burocrático que respaldan las Grandes Plataformas Digitales, sus acciones se expresan en destruir el Estado democrático Social de Derecho, los Sistemas democráticos, los derechos y libertades individuales y, los Organismos Internacionales.

Recordemos que “Mein Kampf  (Mi lucha), es un manifiesto de un programa político completo. El nazismo tenía una teoría del racismo y de la raza Aria como el pueblo elegido, una noción precisa del arte degenerado, entartete Kunst, una filosofía de la voluntad de poder y del Übermensch. El nazismo era decididamente anticristiano y neopagano, mientras que el Diamat de Stalin (la versión oficial del marxismo soviético) era groseramente materialista y ateo. Si con totalitarismo uno se refiere a un régimen que subordina cada acto del individuo al estado y su ideología, entonces tanto el nazismo y el estalinismo eran verdaderos regímenes totalitarios”- expresó Eco.

Ernst Jünger escribe en el libro “El Trabajador”, que el ascenso del nacionalsocialismo significa la única verdadera revolución alemana contra el mundo burgués y su cultura (un mundo que según él también incluye al socialismo marxista y al movimiento obrero), revolución que reemplazará la burguesa por una nueva forma de vida, la del “obrero” que blande el poder perfecto sobre el mundo perfectamente técnico, cuya libertad es el servicio espontaneo en el orden técnico, cuya actitud es la del soldado, y cuya racionalidad, la de la tecnología totalitaria.

El libro de Jünger es el prototipo de la unión nacionalista entre la mitología y la tecnología –dice Herbert Marcuse- libro donde “sangre y suelo” emergen como una empresa gigante, totalmente mecanizada y racional, que moldea la vida de los hombres hasta tal grado que los hace ser con precisión automática la operación correcta en el momento y el lugar correctos, un mundo de sentido práctico bruto, sin espacio ni tiempo para “ideales”. Pero este mundo totalmente tecnológico surge y se alimenta de una fuente supra- tecnológica que Jünger señala evocando los rasgos “anti-burgueses” del carácter alemán.

Así pues, “libertad del trabajo será la concepción aria de la libertad y de la cultura; una concepción nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o liberal porque para nada cuenta el sujeto o el individuo o el Yo, sino la comunidad de pertenencia; un concepto de la cultura alemana racista, y en permanente lucha por la existencia de la raza contra la modernidad. Que identifican con los judíos, la ciencia y la técnica política al servicio del egoísmo, la individualidad internacional. Que sólo busca en su expansión –ora liberal, ya marxista- la desaparición del ser.

Como escribió Adolf Hitler, de la “circunscripción territorial determinada de un Estado (que) supone una concepción idealista de la raza que lo constituye y, ante todo, tener una noción cabal del concepto trabajo. Por tanto, “el pueblo del trabajo” nazi coincide, en sus lineamientos geopolíticos más importantes, con “el pueblo metafísico”, “el pueblo espiritual”, en fin, “el pueblo histórico” de Martin Heidegger. Como expresa Julio Quesada: “Ahora podemos ver lo inconmensurable de la lucha por el ser, que tiene ver con la lucha de las especies, la “autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del hombre”. 

En la actualidad los partidos de derecha, de extrema derecha, nacional populistas, no tienen un programa político que responda a las necesidades materiales, espirituales, morales, ideológicas, culturales, de los países y las sociedades donde implementan sus políticas de gobierno. No se basan como el nazismo en una teoría de la raza superior, elegida que debe implementar una filosofía de la voluntad de poder, que responda a los ideales mítico-religiosos, ideológicos que exalte a una raza y a un pueblo, dentro del destino histórico de la nación. Son partidos que incrementan el odio, el racismo, la xenofobia, la violencia, la desigualdad, la injusticia, contra el extranjero, el negro, el judío, el indígena, sin fundamentos ideológicos, de principios o culturales. Esto comporta ataques exacerbados contra el nomos y contra el ethos.

   Como dijo Abelardo de la Espriella Presidente de Colombia, en una parada militar:

      Que los soldados de Colombia son “una máquina de guerra”, “una máquina de muerte.

 Desde hace cortos espacios de tiempo se está incrementando la batida contra el ser humano. “Una batida que no deja escapatoria ninguna; y está prepara por teorías que aspiran a dar una explicación lógica y compacta del mundo y que corren parejas con el desarrollo técnico”. Al adversario, al extranjero, al Otro, se lo cerca primero en el ámbito de la razón, la ideología, la política, el dinero, la diferencia racial, la religión o la lengua, y luego también en el ámbito social. Y a esto se le agrega, llegada la hora, la detención, la expulsión y, si es preciso su muerte.

                         Como dijo Ernst Jünger:

No hay destino más desesperado que el caer en un proceso como ése, en un proceso en el cual el derecho se ha convertido en un arma”.

Donald Trump no tiene un cuerpo teórico, ni una filosofía: solo retórica. Es un ateo militante de MAGA que utiliza a la Iglesia evangélica para orar sobre él y su gobierno. No es enteramente un fascista sino un nacional populista autoritario. Así que, todos los movimientos y partidos de derecha o de extrema derecha de Europa y América Latina, hallan en él una suerte de arquetipo a imitar en sus programas e ideales en sus respectivos países. Se ha convertido en una especie de faro que guía en la mar de contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales, a “jefecillos” nacional populistas y de extrema derecha de Sudamérica. Que provee una alternativa conservadora y revolucionaria ante la amenaza Wok, progresista que cree en la justicia social y las libertades individuales, en el continente.

Así que, el devenir histórico da razón para explicar por qué las palabras nacional populistas, autoritarios o neofascistas, pueden ser utilizadas para definir los diferentes movimientos o partidos reaccionarios en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. No es porque las palabras tengan en sí o en la naturaleza que las define, todos los elementos que las precisa como neofascistas, autoritarios o nacional populistas. El neofascismo es un autoritarismo confuso, contradictorio de diferentes ideas políticas reaccionarias donde florecen.

Preguntamos, ¿se pueden concebir los movimientos neofascistas y autoritarios, que conceden privilegios a las elites económicas nacionales, a la Iglesia evangélica o católica, en la educación estatal pública y privada y, que entrelaza la violencia, el control estatal con el libre mercado, como movimientos enteramente neofascistas? Así que, los movimientos neofascistas, autoritarios y populistas, son apoyados en Latinoamérica por terratenientes reaccionarios, el capital financiero, empresarial e industrial, medios de comunicación, redes sociales, para destruir al progresismo, la izquierda o la extrema izquierda, lo que dicen no responde a las verdaderas necesidades materiales, espirituales, morales y culturales de la sociedad.

No existe fascismo, neofascismo, autoritarismo tolerante. Porque sus convicciones políticas e ideológicas no lo permiten. Son movimientos que no tienen una base teorica-filosofica, sino que están adheridos a una ideología recalcitrante que bebe de las fuentes de ciertas corrientes arquetípicas. Los líderes opositores son enviados a prisión, exiliados o asesinados y, se valen del poder estatal, el ejército, la policía, los grupos de seguridad del Estado, los jueces, para controlar, vigilar y coaccionar a la sociedad civil. La prensa libre es abolida o vigilada, por los censores del partido o la elite gobernante.

Además, los sindicatos son desmantelados y los disidentes políticos son enviados a prisión o exiliados. El poder legislativo se transforma en una ficción deliberada del poder ejecutivo. Incrementan el odio, la mentira, las falacias desde los medios de comunicación y las redes sociales. Los decretos y las nuevas leyes se crean para defender las fronteras y la patria, de supuestos enemigos exteriores. También para preservar la raza blanca evangélica y católica del indígena, del negro o, del mestizo de pies descalzo y descamisado. Es decir, defender los intereses de las elites gobernantes nacionales e internacionales de los pobres del país.

Estos movimientos políticos de derecha y de extrema derecha o neofascistas, no poseen un nomos ni un ethos, que respondan a las necesidades mítico-culturales de la nación. Movimientos poéticos, artísticos o una arquitectura, a la altura de las necesidades políticas, sociales, culturales de la sociedad y de la ideología del Líder o Presidente de la nación. Como también de movimientos espirituales, expresiones estéticas materiales que hagan culto al ideario neofascista, autoritario populista. Como hizo el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini.

Así que, el falangismo político-católico de Francisco Franco, fue solo una versión descolorida del nazismo y del fascismo. Mientras la derecha y la extrema derecha nacional populista se aferran a principios que no se corresponden a las necesidades de sus pueblos. Sólo hablan de rojos, de Wok, de progresistas como apestados que han traído a los pueblos inseguridad, hambre, injusticias, violencia. Pero olvidan deliberadamente que son precisamente las elites gobernantes las que trajeron la violencia, el hambre, el desempleo, la inseguridad en la Gran ciudad y los campos, la falta de educación y saludad, que ahora esgrimen como espada flamígera para cortar las amarras de la descomposición social, económica y política.

“El resurgir de los partidos de extrema derecha nos retrotrae indefectiblemente al fascismo de los años treinta, adaptado a la actualidad política y económica. Es éste un neofascismo integral, cuya estructura ideológica no ha variado en la esencia, desplazando solo la figura del enemigo: del judío y el comunista al inmigrante y desde la crisis de los refugiados en 2015, el musulmán. Es imperativo, pues, entender el contenido de esta ideología neofascista”. Porque “sostiene una concepción pura de la nación (biológica, cultural o histórica), un rechazo visceral al mestizaje, y manifiesta un temor patológico frente a la evolución de los usos culturales (de ahí su homofobia y antifeminismo”. “En el terreno político, considera el “pueblo” una entidad orgánica, homogénea y opuesta a la división en clases sociales; deslegitima la representación política (“todos los políticos están podridos”), mientras obedece ciegamente a líderes demagógicos omnipotentes”.

Umberto Eco enumera claramente algunas características del “Fascismo eterno”:

1.       “La primera característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición”.

2.        “El tradicionalismo implica el rechazo del modernismo”.

3.        “El nazismo era una ideología basada en la sangre y la tierra”.

 “El irracionalismo depende del culto de la acción por la acción”. “Pensar es una forma de castración”. “Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas”.

Joseph Goebbels dijo: "Cuando oigo la palabra cultura, busco mi pistola".

4.        Expresiones: "Intelectuales degenerados", "Universidad, guarida de comunistas". De ahí la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo (del Fascismo eterno)”.

5.        “El mayor empeño de los intelectuales fascistas oficiales consistía en acusar a la cultura moderna y a la intelligentsia liberal de haber abandonado los valores tradicionales”.

6.        “Ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad”.

7.     "En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.

8.       "El desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El Ur-Fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo de la diferencia”.

9.       “El primer llamado de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos”.

1          10. “El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición”. 

11      “El llamado de los fascismos históricos ha sido el llamado a las clases medias frustradas”.

12.     Una clase que sufre “por la humillación social, la frustración económica o social”, se convierte en caldo de cultivo del fascismo puro.

13.     El nacionalismo: “el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Éste es el origen del nacionalismo”. “Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos”.

14.     Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, vida para la lucha”.

15.    “El pacifismo es entonces traficar con el enemigo. Es malo porque la vida es una guerra permanente”.

16.   “Los elitismos aristocráticos y militaristas implican el desprecio por el débil”.

17.    “En esta perspectiva, todos están educados para convertirse en un héroe”.

18.   “En todas las mitologías, el «héroe» es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma”.

19.    “Este culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte”. “El Ur-Fascismo se basa en un populismo selectivo, un populismo cualitativo”. “En una democracia, los ciudadanos gozan de derechos individuales, el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo – se siguen las decisiones de la mayoría”.

20.    “En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo en Televisión o Internet, o IA, en el que la respuesta emocional de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la Voz del Pueblo”.

21.    Los textos escolares y los discursos del Líder, “se basan en un léxico pobre y una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico”

22.    “Debemos prestar atención a que los sentidos de estas palabras no se vuelvan a olvidar. El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. Sería mucho más fácil para nosotros que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: "Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas".

Recordemos, por último, las palabras de Sami Nair, catedrático de Ciencias Políticas, que dijo recientemente en el periódico El País de Madrid-España:

 “Frente a esta gravísima situación, es imprescindible que las fuerzas democráticas tomen las riendas desde la raíz. Todo el proceso europeo, tan difícilmente conseguido desde la segunda guerra mundial, puede estallar bajo los golpes rabiosos de estas fuerzas oscuras. No habrá posibilidad de vencer su retórica si la estrategia se reduce solo a minimizar el impacto de su ideología o asentir la exclusión de los extranjeros, replegándose sobre las fronteras nacionales.

Neutralizar a la ultraderecha representa un desafío europeo (norteamericano y Latinoamericano) y, por lo tanto, la respuesta debe ser europea (y de todos los continentes que se sientan amenazados por el neofascismo). Una respuesta coordenada y política. No basta con solo recuperar los valores democráticos frente a esta nueva barbarie, sino, más aún, elaborar materialmente propuestas sociales y políticas para reinsertar a las capas excluidas o precarizadas: empleos, seguridad profesional, esperanza colectiva. Vencer este neofascismo significa, más que nunca, defender una Europa (un Estados Unidos y una Latinoamérica), social y solidaria”.

    La libertad y la liberación de todas las sociedades y naciones de Occidente, son una tarea que no acaba nunca.

Vale la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt el 4 de noviembre de 1938:

"Me atrevo a afirmar que, si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestras tierras".

 

 

 

 

 

 

 

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