Políticas sobre el cuerpo
Madrid-España
a 07/10/2026
Antonio
Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.
Es algo
que pasa desapercibido en la actualidad que, el cuerpo se está sustituyendo por
abstracciones, las funciones, las divisiones del trabajo, el número, el objeto,
las secuencias algorítmicas, la automatización; y se convierte en existencia.
Aquí predomina la segunda consciencia:
la objetivación y la numerificación de la vida –al decir de Ernst Jünger.
En este
orden el cuerpo puede ser sustituido y utilizado en el combate, el deporte, el
trabajo, la moda, la publicidad, el lujo, que contribuyen a situarlo fuera de
la totalidad, de lo absoluto y, por eso, hay un intenso sentimiento de
desdicha. Porque el cuerpo se convierte en objeto de poder y de saber, el lugar
donde las relaciones de poder se expresan con mayor intensidad y crueldad. Los
campos de batalla, la tortura, el dolor, el sufrimiento y la muerte sobre el
cuerpo, lo confirma en la actualidad.
El cuerpo
se hace volar por los aires como una costra seca o, se agujerea con balas o
puñales, de esto no se escapa ni el sacerdote, ni el pensador o el poeta. El
cuerpo porta en sí las señales del combate, también lo vulnerable y frágil que
es la vida humana.
Ese
cuerpo que se creía invulnerable que carga dentro de sí el cerebro, el alma y
el espíritu; la técnica lo convirtió en depósito de existencias. En la segunda consciencia es inmune al dolor,
al sufrimiento, la disciplina. También vive un proceso de aceración.
Además,
en esta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, donde
prevalece el Capitalismo de Rendimiento Global (la mirada mercantil, la
eficacia y la eficiencia sobre las verdaderas necesidades humanas, materiales,
espirituales o morales), se sustituyen por el rendimiento, el consumo y el
placer.
En un ámbito como este, el ser humano es
vigilado, disciplinado, normalizado, coaccionado o excluido, por el Gran Poder.
Somos
parte de una época en que la técnica ha llegado hasta los átomos del
cerebro y no existe un lugar de la vida humana, que no exprese las formas y
funciones del Gran Hermano de Orwell.
También la de Un mundo feliz de Aldous Huxley, que representan a los seres humanos (sus
cuerpos, sus almas, sus espíritus y sus mentes) controlados, dominados,
coaccionados, vigilados, sin hacerles daño.
Se está creando
un mundo en que el Estado tecnológico absoluto distribuye la seducción y el
placer para que los seres humanos se sientan feliz: el alcohol, la droga, el
sexo, la pornografía, el deporte, el consumo, el ocio vacío de contenidos
espirituales, históricos o morales, etc. Donde la publicidad, los medios de
comunicación social, las Plataformas Digitales, las redes sociales, las
imágenes pictóricas en movimiento, la Inteligencia Artificial, cumplen una
función aséptica y fundamental en el ejercicio del poder.
Queda
atrás lo que dijo Jünger en La
Emboscadura, con respecto a la salud, “el arquetipo que cada uno lleva
dentro de sí es su cuerpo, ese cuerpo que es invulnerable y que ha sido creado
allende el tiempo y sus mudanzas, ese cuerpo que irradia en su manifestación
corpórea humana y también interviene en la curación. En todas las curaciones
intervienen fuerzas creadoras”.
Por tanto, lo que se percibe en la actualidad es, que, el cuerpo se aleja
cada vez más de su espiritualidad, se objetiva o, se convierte en número, o
cosa.
Vemos que
la estadística, el algoritmo, el número, se sobreponen al análisis, la
reflexión, la crítica del pensamiento, a la imaginación y a la capacidad de
asombro. Esta transformación está llevando a un quebrantamiento de los valores
de la cultura y la civilización occidental. Que olvidamos por el predominio del
automatismo, el maquinismo y la velocidad, que aún hoy la curación brota de lo
numinoso. En el presente el hombre debe dejarse iluminar por lo numinoso y
sagrado, al menos en sus presentimientos.
Así podrá
acceder al reino de las Musas o, de
los Dioses y, posibilitar lo estético
y divino que le dan sentido a la existencia individual. Porque la Cultura del artificio está volviendo a
los seres humanos cada vez más predecibles, torpes e ignorantes Y, esto es muy
grave para la coherencia del tejido del Ser y el existir.
Además,
el hombre dispensa la salud y la curación del cuerpo, del alma y del espíritu,
que sustrae de los dispensadores ocultos dentro de sí. Cuando se pierden las
corrientes que emanan de las profundidades del espíritu, el cuerpo enferma y se
convierte en sequedades de verano. Por eso la fuente de agua viva está siempre
ahí, esperando la llamada para brotar a la superficie y dar de beber al
sediento.
Opínese
lo que se opine del mundo, lo mejor y lo peor del ser humano, reposa en el
interior de todos y cada uno de nosotros. No hay que buscarlos en los
instrumentos técnicos, la ciencia, el poder, las riquezas, las bellas materias,
sino dentro de sí. Ahora, ¿dónde está la fortaleza del hombre en el mundo
tecnificado? Quién renuncia a las ayudas exteriores y hace de ellas sólo una
extensión de las fuerzas que residen en su interior. Esa es la fortaleza del
emboscado o el autor de su propia vida; el hombre libre que determina el
destino sobre la Tierra.
Sólo el hombre libre deja su impronta en la
historia que sirve como antorcha para que los demás se guíen por los caminos
oscuros y escabrosos de la vida.
La intromisión del Estado en la vida del ser
humano, es, cada vez mayor con pretextos de seguridad, de salud pública o del
bienestar social. En estos casos es algo que resulta sospechoso y, por eso hay
que manejarlo con cautela. Porque estamos entregando la libertad, la intimidad,
la sentimentalidad, la privacidad, lo que pensamos, en nombre de la seguridad y
la salud. En momentos como estos se recomienda la desconfianza, en tiempos
aciagos nos convertimos en objetos del poder.
Así que,
en nombre de un “fichero” o, una “nube”, podemos ser vigilados, controlados, encarcelados
o liquidados. De esto se nutren los demagogos, los populistas, los
nacionalistas, los autoritarios, los neo-fascistas, para ganarse el favor de
las masas. Además, todo se está
volviendo estadístico. Esto es sumamente grave en un Estado democrático Social de
Derecho. Porque una sociedad cuando los demagogos y charlatanes determinan
la vida privada o pública, respiramos el aire fétido de las cloacas del poder y
las relaciones sociales se degradan en el Sistema o la Estructura.
Por eso no
hay que olvidar que, la sustancia humana permanece y sólo hay que invocarla
para que el hombre desgarre las ataduras de lo funcional, lo siempre-igual; y
como un presente divino con bondad, con misericordia, con fraternidad, con
amor, con libertad, con coraje pueda asumir una responsabilidad diferente.
“Vivimos gracias a ése elevarnos por encima de las funciones” –dijo Ernst Jünger.
Recordemos
que, en el Estado total o autoritario, el ser humano es capaz de tratar el
cuerpo como objeto. Todas las medidas abocan no a escapar del dolor o, del
sufrimiento sino a resistirlo. Tanto en el mundo heroico como en el cultual
encontramos una relación con ellos del todo distinta a la del sentimiento.
Mientras
que en este último lo que importa es, expulsar el dolor y excluirlo de la vida,
de lo que se trata en el mundo heroico y en el cultual es de incluirlo en la
vida y de disponer ésta de tal manera que en todo tiempo se halle pertrechada
para el encuentro con el dolor.
En el mundo heroico o cultual, del técnico o
del colectivo técnico, del Titán o del colectivo titánico, la vida va al
encuentro del dolor, del sufrimiento, de la violencia o la muerte. Así que, la
vida y el cuerpo se objetivan en nombre del Estado absoluto, de Alá o del
Líder, del Presidente del Gobierno o del Presidente de la Republica, que
coagulan la diversidad de la nación.
Podemos
ver que la lealtad se jura en nombre de ellos, hasta el momento de entregar la
vida en sacrificio. En el Estado fascista o autoritario, la vida se enajena en
nombre del Jefe, del Presidente de la nación, del partido, la lengua, la cultura
o la ideología. Entonces, la vida individual no tiene valor ante el poder
absoluto del Estado, la ideología o, el partido. En el Estado fascista o
autoritario, todo se politiza.
El Estado
fascista o autoritario incita al ser humano a permanecer en contacto con el
dolor, el sufrimiento y la muerte. Esto significa la disciplina, tanto la
ascética del sacerdote, dirigida a la mortificación, como la heroica del
guerrero, dirigida a lograr un endurecimiento como el acero, una “aceración”. Ahora bien, ¿cuál es el
rango de los valores existentes? El máximo es tratar al cuerpo como un objeto.
Aquí en
este orden no cabe la esfera de la sentimentalidad, de la subjetividad, de los
Derechos Humanos, tampoco la libertad, la justicia social, el pensamiento o la
palabra; lo que importa es la objetivación, la estadística o, el poder.
Entonces, ¿qué respuesta tenemos para este mundo in-humano, violento y
materialista, donde prevalece la “aceración”?
Michel
Foucault pensaba que, “siempre en las relaciones de poder, se encuentra uno
ante fenómenos complejos que no obedecen a la forma hegeliana de dialéctica. El
dominio, la conciencia de su cuerpo no han podido ser adquiridos más que por el
efecto de la ocupación del cuerpo por el poder: la gimnasia, los ejercicios, el
desarrollo muscular, la desnudez, la exaltación del cuerpo bello... todo está
en la línea que conduce al deseo del propio cuerpo mediante un trabajo
insistente, obstinado, meticuloso que el poder ha ejercido sobre el cuerpo de
los niños, de los soldados, sobre el cuerpo sano.
Pero
desde el momento en que el poder ha producido este efecto, en la línea misma de
sus conquistas, emerge inevitablemente la reivindicación del cuerpo contra el
poder, la salud contra la economía, el placer contra las normas morales de la
sexualidad, del matrimonio, del pudor. Y de golpe, aquello que hacía al poder
fuerte se convierte en aquello por lo que es atacado.
El poder
se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo. Recordemos
el pánico de las instituciones del cuerpo social (médicos, hombres políticos)
con la idea de la unión libre o del aborto. De hecho, la impresión de que el
poder se tambalea es falsa porque puede operar un repliegue, desplazarse a otra
parte …, y la batalla continua.”
Y,
concreta Foucault su reflexión al decir: “Es preciso en principio descartar una
tesis muy extendida según la cual el poder en nuestras sociedades burguesas y
capitalistas habría negado la realidad del cuerpo en provecho del alma, de la
conciencia, de la idealidad. En efecto, nada es más material, más físico, más
corporal que el ejercicio del poder. Y, se pregunta, ¿cuál es el tipo de
inversión sobre el cuerpo que es preciso y suficiente para el funcionamiento de
una sociedad capitalista como la nuestra?
Desde
otra perspectiva, el “nacionalismo cultural”, en su dimensión humanista protectora
o, defensiva de lo “Otro”, es algo peligroso visto desde el umbral ideológico,
racial o político; ya que incrementa la discriminación, el racismo, hacia lo
diferente. Desde un punto de vista histórico-colonial, el humanismo se percibe
desde muchos puntos de vista, “uno cómplice de genocidios y crímenes, el otro,
heraldo de enormes esperanzas y deseos de libertad” –al decir de Rosi
Braidotti.
El mundo y las sociedades donde vivimos ha creado
hombres pusilánimes, sin arrojo para enfrentar las adversidades de la vida, del
cuerpo y la muerte, y por ser pequeño y bajo de ideales delega la libertad a
una espalda mayor: El Estado técnico absoluto, las instituciones, la iglesia,
la religión, la técnica, las opiniones rápidas y simultaneas de los medios de
información, las redes sociales, Internet, la IA, las costumbres, el ethos (el carácter), las instituciones
que prestan servicios sociales.
Y, esto es sumamente grave en el manejo de la
libertad, de la libertad responsable. Que posibilita el pensamiento, la
capacidad de asombro, de análisis, de crítica, de juicio, la experiencia y la
comunidad; eso que Hannah Arendt llamó pluralidad.
En esta alta civilización técnica, de sociedades
de masas y cultura de masas, el cuerpo no está aislado de las formas, los
medios y los mecanismos concretos del ejercicio del poder. En un mundo como el nuestro
el cuerpo es interrogado, atravesado, circundado, donde el espacio de la
publicidad lo convierte en objeto de deseo, de consumo y de control. Por eso,
no es ajeno a los mecanismos de poder del Capitalismo de Rendimiento Global.
Por lo acaecido en los últimos espacios de tiempo,
estamos en un epílogo pronunciado de la época que vivimos. Por eso es necesaria
una metáfora de la esperanza. Un nuevo despertar de un largo sueño donde se
recupere el anhelo del asombro, de la imaginación y de la creación.
Ese nuevo
despertar traerá para la Humanidad un nuevo vínculo entre palabra y mundo. Una
nueva relación entre sentido y ser.
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