martes, 22 de septiembre de 2026

 

                                                 La transfiguración del mito en la actualidad

                                               Madrid-España a 22/09/2026

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la época actual el lenguaje del arte nos dota de unos instrumentos de análisis y de crítica que posibilitan que le hagamos frente al terror, al miedo, al dolor, al sufrimiento, a la desesperanza; y son tan fuertes sus imágenes que son como la luz para los ciegos. Simbólicamente hablando posibilita que se desprendan las escamas de los ojos, y así podemos mirar cara a cara y ver que oculta el forro de los fenómenos. Como dijo Ernst Jünger: una ofrenda hecha a Apolo, aunque sea modesta, aunque no esté bien lograda, merece la atención del dios, también en ella hay un mérito, se asemeja al óbolo de la viuda pobre de que habla el evangelio.

De ahí, asimismo, Prometeo es un filántropo, un amigo de los humanos, y se preocupa de su bienestar terrenal. Como dijo Esquilo: “De Prometeo les vienen todas las artes a los mortales”. Tanto Zeus como Jehová se cuidan de que no le vaya demasiado bien al ser humano --de que alargue la mano hacia el Árbol de la vida, una vez que ya ha sido participe del conocimiento. En este sentido la apropiación de la manzana en el Jardín del Edén y el robo del fuego del Olimpo son hechos que están emparentados.

De las artes que Prometeo da a los hombres como un presente divino, está el fuego y también la invención del número. De los descendientes de Prometeo puede aguardarse el conocimiento de “lo que la tierra quiere”. Casi no parece que de ello forme parte el arte en sentido apolíneo, es decir: la exaltación de la belleza terrenal en razón de ella misma.

Como dice Rafael Argullol: “No hay ningún paraíso perdido en las brumas del pasado. Casi todas las mitologías y religiones lo tienen. También la helénica, cuando Prometeo era, en manos de Hesíodo, un ladrón que debía ser castigado por su robo del fuego celeste. Que la Edad de Oro, al igual que en la cronología bíblica, se perdiera por causa de una mujer, Pandora sólo demuestra que Hesíodo, excelente cronista y clasificador pero tosco poeta, era incapaz de escapar al tradicional prejuicio plebeyo que atribuye la penuria del hombre a la presencia femenina. Esquilo que, acostumbrado a la guerra, sabía que el corazón humano nunca había sobrevivido sin ésta, no podía compartir una justificación tan elemental y, al cabo, tan cobarde.

Ha sido castigado por Zeus por favorecer a los hombres, pero es capaz de ironizar sobre ello porque comprende que, en última instancia, tanto éstos como aquél forman parte de la misma cadena. Dioses y hombres, como el mismo en su escarpado risco, están encadenados a la violencia, a las efímeras ilusiones de triunfo, a la derrota inevitable. Esta es la causa de que Prometeo, a pesar de las condiciones de su cautiverio, pueda mantener hasta el final la cabeza. Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive”. Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive, a causa de su rebelión.

Ahora bien, en la época de Acuario al inventor no podemos hacerlo responsable del mal uso que el hombre haga de las máquinas y los lenguajes digitales o, de la IA. Se observa que los grandes caudillos y los estadistas, se ubican en la superficie del tiempo y sólo actúan teniendo en cuenta los espejismos de la ciencia y la técnica. Si percibieran lo que esconde el forro de los fenómenos, estarían obligados a hacer un giro copernicano y sacar al mundo de sus goznes. Pero no están a la altura del poder que fluye a ellos; porque son pobres de espíritu.

Prometeo, que robó el fuego, donó a los seres humanos algo con lo que estos pueden iluminar el mundo, pero también destruirlo. Toda chispa espiritual, toda visión original, es un trasunto de eso. Los grandes sueños de los que ha venido ocupándose la humanidad, es un trasunto de eso.

El espíritu del hombre es sólo un débil reflejo del espíritu de los dioses. Sólo un reflejo imperfecto de la visión original. Esa, cuando la lengua de los dioses era la lengua de las cosas y de la vida. El sisma comienza cuando el hombre descubre que, en mitad del Jardín del Edén, no está el árbol del bien y del mal – dice Walter Benjamín--, sino el de la interrogación. En ese instante, el hombre desafía a los dioses y es responsable del manejo de su libertad. Desde ahora en adelante se instaura un mundo y un tiempo diferente; entonces el hombre afronta el enigma de la vida y de la muerte.

A la época de Acuario le corresponde el mito de Hermes. En la temprana Grecia fue el dios fálico de las fronteras y los cruces de caminos. Su nombre designaba un montón de piedra que delimitaban los caminos, fronteras y propiedades. Simbolizaba el espíritu de cruce: se manifestaba en cualquier tipo de intercambio, transferencia, transgresión, transición, transito o travesía. Está presente en las actividades de un cierto tipo de cruce con un cierto sentido. Esto hace referencia a su relación con los intercambios, las palabras y la información implicada en el comercio. Para el griego Antiguo el comercio es el origen de las riquezas y las ganancias.

En la época actual a Hermes le corresponde la cultura de los valores del mercado, el dinero bancario y las comunicaciones globales. También las transacciones financieras, los valores en bolsa, el comercio en las redes globales. Entonces se confirma que el mito se transfigura en la historia. Esta lo repite en variantes –al decir de Ernst Jünger. Por tanto, no existe un momento en la actualidad que no haga referencia en la civilización occidental, al sentido del mito. Por eso, la interpretación de lo actual, viene a ser una nueva cercanía a aquello que es el mito mismo. El mito se pone la máscara de lo actual. Como dijo Karl Kraus: “Cuanto más cerca se mira la palabra, más lejos ve”. El mito se viste con el traje de la época, y sólo se capta en la alegoría, la religión, el arte o, las imágenes lingüísticas. Categorías que posibilitan interpretar la época actual desde el espíritu del pasado.

Después de lo acaecido durante la Primera y la Segunda Guerra mundial, se constató que el mundo se había salido de sus goznes. La capacidad de apropiarse de la ciencia y la técnica moderna –dice Wilhelm Fucks en su libro Poderes del mañana-, así como la de realizar trabajos creativos, es independiente de la raza, la religión, los sistemas económicos y sociales. Finalmente, a medida que va creciendo la espiritualización comienza asimismo la técnica a acercarse a la magia, por cuanto la exhibición de una fórmula se trasmuta directamente en poder, semejante en eso a un conjuro mágico o a un dibujo en el cajón de arena.

La época de Acuario trata de percibir el poder de los titanes y del titanismo elevado a una potencia superior. Eso eximiría en gran medida las acciones bélicas, tipo Hiroshima. Ahora la carrera armamentística y el poder de los titanes y del titanismo, se está trasladando al espacio y los astros siderales. Eso tiene que ver con el Logos situado en su parte material; los lenguajes digitales, la imagen en movimiento y la IA, están desojando la magia de los astros siderales.

Lo que les importaba a los griegos del atomismo no era el poder de la materia, sino su esencia; de ahí que estuvieran lejos de los experimentos físicos. Las diferentes especializaciones de las ciencias experimentales, son hijas de la Edad Moderna. La física moderna está llena de posibilidades y la más importante entre ellas, es que sigue la senda de la voluntad de poder. Heidegger dice que, detrás del ser se esconde la voluntad de poder, el saber y el amor.

Ahora, entre la física y la voluntad de poder existe una especie de juego de espejos; por eso el “modelo” de la representación del átomo, que muestra una de sus posibilidades responde a las exigencias de la voluntad de poder. El hecho que esa posibilidad se torne eficaz en proporciones gigantescas es una confirmación de que también la concepción del átomo brote del mito del poder. Semejante concepción tiene un origen titánico y se hace realidad tanto en lo más grande como en lo más pequeño dentro de los límites del mundo visible: tanto en los viajes espaciales como en la física nuclear.

Asimismo, los crepúsculos de los dioses van asociados a esas catástrofes naturales, que son descritas también en Hesíodo, las Eddas y en el Antiguo Testamento –asociadas, por ejemplo, a diluvios, lluvias de fuegos, inviernos muy prolongados, tinieblas, sequías, cosas todas ellas de las que no se recupera la Tierra hasta años más tarde. Pero la tierra reverdece, como lo pronostica también la Gran promesa (Génesis, 8, 22). Si para Nietzsche el espacio y la causalidad están sometidos a la representación, mientras que el tiempo es absoluto. Este modo de ver las cosas tiene su remate en la doctrina del eterno retorno. En ella triunfa el tiempo titánico.

Esta manera de pensar se concatena al tiempo telúrico y cosmogónico, que cada cierto tiempo retorna y desgaja las fuerzas elementales sobre la Tierra y la convierten en desierto. Sabemos que en el eterno retorno triunfa el tiempo titánico, y que detrás de esas representaciones se ocultan las emanaciones de los dioses. Para el griego Antiguo era la luz apolínea o, las fuerzas de lo sanguíneo y lo bárbaro; para el judaísmo o, el cristianismo, el Eterno tu Dios. Esas transformaciones en la arena de la historia aquende el muro del tiempo, lleva a lo sumo a parábolas nuevas. Parábolas que tienen que ver con la trascendencia y la atemporalidad. A la vista de las dimensiones nuevas los dioses son parábolas.

     En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, -dijo el Apóstol Juan.

Por lo tanto, las grandes plagas que han azotado a la humanidad son temidas también hoy. Su retorno arrasaría todo lo que encuentran a su paso, ya que la tierra necesita espacio para reverdecer. Las causas de los grandes cataclismos naturales o humanos, son típicas de cada época. Pero a la postre tienen un carácter arquimédico-babilónico. Son obra de los titanes y de su insaciable hambre de energía. Los personajes llevarían los mismos nombres, pero el vestido que portan se ajustaría a la época. El vestido de la época actual es el de la ciencia y la técnica.

En la actualidad son su forma de ataque. Para la física cuántica el mundo en sí no existe, lo que existe está dentro de la “posibilidad” de las redes de lenguaje. O, dicho de otro modo, las cosas existen dentro del campo de las interacciones lingüísticas. Esta “posibilidad” del “modelo” en el mundo, es específicamente lingüística. Para ella el mundo adquiere realidad dentro de las coordenadas de los flujos de lenguajes. El mundo microscópico de partículas: átomos, moléculas, electrones, no necesita de las propiedades de la materia para transportar una información. Porque ésta puede estar en uno o varios lugares a la vez. El tele-transporte cuántico no sólo crea una nueva criptografía, sino también un nuevo tipo de seguridad en la información. Esta ciencia es la expresión más elevada de la representación del Logos situado en su parte material. Aquí los titanes no consumen energía, sino átomos de lenguaje.

En la época actual a la sombra del Fresno del Mundo los grandes titanes van haciéndose iguales. Son apoyados por descendientes de Prometeo y también por cleros anónimos. A ellos se agregan los ejércitos de los creyentes. Es algo que llega hasta las gasolineras. Con relación al dominio de los dioses de la antigua Grecia y al Dios Uno, de judíos y cristianos. Es sólo un dominio provisional, un dominio en el ínterin –pese a ello, tienen su hogar para siempre, pero no intemporalmente, junto al Fresno del Mundo. Allí son autóctonos, mientras que los Eternos acuden de lejos como huéspedes. Poco es lo que por el momento cabe aguardar de los dioses –de los titanes, en cambio, casi todo, o a las menos muchísimas cosas. Pero sólo en el tiempo.

En la actualidad dominan los titanes, “aquí-ahora”, pero es sólo un dominio provisional, en ínterin -para el griego Antiguo sería mientras advienen los dioses, para el judío o, el cristiano, mientras venga el Mesías o, el retorno de Jesucristo. Representado en el “Apocalipsis” por el Apóstol Juan como un mundo envuelto en llamas y cataclismos elementales. Sería el establecimiento de otro tiempo, de un orden nuevo, un tiempo diferente para el hombre y el mundo.

Como dice Walter Benjamín, que los judíos lo representan como la irrupción del Mesías: “Es sabido que a los judíos les estaba prohibido indagar sobre el futuro. La Torá y la plegaria les instruyen, en cambio, en la memoria. Ella les desencantaba el futuro al que sucumbían quienes buscaban información en los adivinos. Pero gracias a ello el futuro no se convirtió para los judíos en un tiempo homogéneo y vacío. Pues en él cada segundo era la pequeña puerta por la cual podía entrar el Mesías”.

Sabemos por este estado de cosas, que la técnica y la ciencia es una invención de los titanes, atacan la continuidad y hacen desaparecer todo encantamiento. No hay en ellas magia; con sus espejismos basta. Allí donde hay distancia, todo se convierte en demonismo -dijo el poete Friedrich George Jünger. La pérdida de encantamiento es consecuencia de la primacía de los titanes y los sistemas racionales de pensamiento. Algunos suponen que la razón subsanará la perdida de trascendencia; otros, como los filósofos mesiánicos, que después de lo sucedido en Auschwitz, la razón es incapaz de arreglar los portillos de la historia.

Por eso, es necesario recurrir a la memoria y al recuerdo, para así poder desvelar la Revelación y la Redención en la vida histórica de los pueblos. Esto posibilitará que el hombre contemporáneo, restaure no sólo los portillos de la historia, sino también el misterio de la naturaleza; el enigma de la existencia y de la muerte que desgarraron las máquinas y profanó la animalidad política del siglo XX.

 

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