lunes, 15 de septiembre de 2025

¿Qué significa el “Humanismo” Ilustrado en la Época Moderna”

 

      

                                              Madrid-España a 15/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la época actual se trata de crear la ilusión psicológica que la vida es soportable para todos. Lo cual es mentira. Uno de los senderos que ha de transitar el pensar es develar las mentiras del poder. Así como la esencia de la técnica se extiende por doquier: la política, la economía, la cultura e incluso, la ecología participa de ésta. (José Mª Esquirol). Que oculta y, a la vez devela, la miseria y el peligro que representa para el hombre actual. Su significado político, económico y social de la crisis, en la cultura.

Una época en la que, el pensar cede su lugar al inventar, a la estadística o a la práctica política. Aquí la proposición de Ernesto Sábato acierta: “La cultura no es una capacidad del amontonar y el saber, es una cualidad del ser”. Ahora, se pregunta Sábato: “¿Quién es un hombre de cultura? El que está en posesión de un conjunto elástico de sistemas que confieren la intuición, el dominio y la valoración de la realidad”. Existe una diferencia entre pensar y planificar, porque las reflexiones del pensamiento requieren un esfuerzo especial y el beneficio que reporta no es parte de la estadística, ni del poder ni de la voluntad.

Sino de la cualificación del ser y del existir; aquello que posibilita el conocimiento de la realidad, del mundo y de la existencia. Como también la trascendencia, el encuentro del hombre consigo mismo o, con Dios. Y, esta trascendencia la puede aportar, el arte, la música, la arquitectura, la creencia en Dios, la teología, la mística judía, o la filosofía, etc.

Siguiendo la estela de T.S. Eliot y de Sábato, Ernst Jünger expresa en Radiaciones I: “El autor capta la luz, que luego se refleja en el lector. En este sentido lo que el autor realiza es un trabajo preliminar. Lo primero que ha de hacerse es armonizar la muchedumbre de las imágenes y luego valorarlas –es decir: dotarles, conforme a una clave secreta, de la luz que corresponde a su rango. Aquí la luz significa sonido, significa vida que está oculta en las palabras. Esto sería entonces un curso de metafísica realizado entre parábolas: la ordenación de las cosas visibles de acuerdo a su rango invisible. Toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio.

Así que el escribir no deja de entrañar un riesgo muy alto, exige un examen y una reflexión más profunda que los que se necesitan para conducir regimientos al combate. Y si aún existen anillos mágicos, estarían en los sitios donde la voluntad de creación vence esa resistencia. El oficio, el ministerio de poetas es uno de los más excelso de este mundo. A su alrededor se concentran los espíritus cuando él transustancia la Palabra; huelen que allí está haciéndose una ofrenda de sangre. No sólo allí son vistas cosas futuras; también son conjuradas o proscritas”.

Sabemos que la cultura occidental llegó a su máxima expresión con el poder de la técnica. Lo que caracteriza indudablemente a los actores es la nivelación de los viejos cultos, la esterilidad de las culturas, la mezquina mediocridad. (Jünger) Existe una correspondencia entre el vaciamiento de los valores de la cultura y la mediocridad. En esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y cultura de masas, unos órdenes nuevos han ocupado unas posiciones muy avanzadas, pero los valores correspondientes a esos órdenes aún no se han hecho visibles.

Estamos viviendo una situación ambigua en que el orden nuevo no ha llegado del todo y el viejo no se ha ido. Lo nuevo se viste con la ropa de lo viejo y esto trae confusión en aquellos que no comprenden el paso de una época a otra. En correspondencia con lo expuesto, el ser humano se ha colocado fuera de los valores de la cultura de la Ilustración, del sujeto cartesiano del cogito, la Kantiana comunidad de los seres racionales, o en términos sociológicos, del sujeto ciudadano, titular de derechos y propietario; se sitúa en el umbral de la filosofía del ser y el pensar.

El sujeto se ha salido del sistema de valores éticos y morales de la Ilustración, y, al mismo tiempo, la ciencia y la técnica se han vuelto autónomos. Y los valores devienen cada vez más sustituibles y prescindibles. Y esto genera en la consciencia o, en los centros vitales de la cultura occidental, una fractura fundamental. Se trata que desde el montón de ruinas que la civilización y la cultura dejan a la vera del camino de la historia y de la realidad, reiniciar la reconstrucción en su cultura.

Los ideales de la Ilustración son aquellos que establecen la razón como instrumento del pensar con lógica y racionalidad; no se basan en dogmas religiosos, en ideologías o, en la autoridad, las costumbres, el carisma o las verdades subjetivas; sino que instauran la ciencia y la aplicación de la razón en el mundo natural y humano. Y, a la vez, abogan por el humanismo, el componente moral o ético del ser humano que posibilita la prosperidad de los seres conscientes, las personas, en la búsqueda de la salud, de la felicidad, de la convivencia pacífica, del respeto a la otredad, la seguridad, la libertad y los placeres que ofrece la vida.

Por eso el humanismo se opone a que “la cultura se convierta en “un valor”, es decir, un bien social que puede ponerse en circulación y convertirla en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales.” (Hannah Arendt). En este orden, el humanismo que nos legó Cicerón es el resultado de la cultura animi, una actitud que sabe cómo cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo.

De este modo, el humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre actividades puramente políticas y las de pura elaboración, opuestos mutuos en varios aspectos. Como humanistas, podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista, como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que todos debemos conocer y buscar. (Arendt).

Ahora bien, si observamos el mundo que ha surgido de las catástrofes de la Primera y Segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que aumenta sin cesar la índole abstracta y, por tanto, también cruel de todas las relaciones humanas. (Jünger). La abstracción aleja al hombre del otro y, de las necesidades morales, materiales y espirituales que comparten en común. Asimismo, la substancia de la solidaridad, la fraternidad, el dialogo o, el amor, se diluyen, en nombre de la estadística, el cálculo y la objetivación de las valoraciones técnicas.

En la actualidad la crueldad no solo está implícita en el Estado técnico y sus instituciones, sino que ahora se ha trasladado a Internet y las redes sociales. Es un tipo de crueldad indolora, pero letal para la mente y el espíritu. En 1930 Jünger, en el ensayo Movilización total, dijo: “Tras un círculo recorrido por la dialéctica artificial, el progreso da un vuelco con el fin de proseguir su movimiento en un plano muy sencillo.

Ahora está empezando a someter a sí los pueblos bajo las formas que ya son poco distintas de las de un régimen absolutista, si se quiere prescindir de la cantidad mucho menor de libertad y bienestar. Son muchos los sitios donde ya casi se ha desprendido la máscara humanitaria; en su lugar aparece un fetichismo medio grotesco medio bárbaro de la máquina, un ingenuo culto a la técnica”.

Es un espectáculo grandioso y terrible ver los movimientos de las masas – unas masas de conformación cada vez más uniforme-, a las que está tendiendo sus redes el Weltgeist, el Espíritu del Mundo. Así que, en la sociedad de masas y la cultura de masas predomina la ciencia, la técnica, la velocidad, lo fútil, el lujo, el dinero, el maquinismo o, la robótica. Y, esto se convierte en una característica de la Gran ciudad moderna. Porque las diferencias entre los seres humanos las diluye el consumo y la conversión de los bienes en “valor”.

En la Gran ciudad existe una relación entre la Civilización del artificio y el lenguaje situado en su parte material. Es decir, situado en un dispositivo técnico. Así, la sociedad de masas y la cultura de masas no sólo tienden a la estandarización, a la Civilización del espectáculo, sino también a establecer relaciones abstractas e inconexas entre los individuos. Que George Simmel el sociólogo de la modernidad llamó, la distancia psicológica entre sus habitantes. Y, en consecuencia, el filisteísmo cultural de las sociedades de masas degrada los valores de la alta cultura y de la cultura popular. Porque los convierte en bien social que pueden ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales o individuales. (Arendt).

Bueno bien, lo que Jünger pronosticó en la década del 30 del siglo XX, es una realidad cotidiana en la actualidad: el mundo del titanismo, el desarrollo científico-tecnológico, la técnica como “estructura de emplazamiento”, el ser humano convertido en “cosa”, en existencias de “cosas” consumibles y desechables. Observó que “la fotografía: un modo especial de ver, un modo cruel; el cinematógrafo; las relaciones inconexas entre las masas y el dinero; el deporte: pasó de la competición a un proceso de medición exacta, el rostro carente de alma, trabajado como en metal, el rostro en el que se expresa el tipo, o sea, la raza del trabajador; el paso de la muerte mítico-ritual a la fría y distante;

La cosificación y la objetivación del hombre: la segunda consciencia, vernos como un objeto; tránsito a la edad de la seguridad, donde predominan las valoraciones técnicas; el alejamiento de la literatura que describe los más sutiles procesos psicológicos a una especie de relato exacto y objetivo; el trasplante de órganos artificiales; la objetivación de nuestra imagen del mundo, que incide en la relación con el dolor, el sufrimiento, la muerte; los medios de información como medios totales que esconden formas especiales de disciplina, y que el carácter instrumental no se limita a la zona propia del instrumento, sino que intenta someter también el cuerpo humano. (Jünger).

Somos parte entonces de una época de transición donde el ethos (el carácter) clásico da paso al de la ciencia y la tecnología. Donde la idea de progreso no manifiesta en la consciencia de los hombres la esperanza y la seguridad, que brindaba en el siglo XIX. La esperanza de un nuevo y “más auténtico existir del hombre”, mirando a modo de indicación el “Principio de esperanza”, de Ernst Bloch. Principio que establece en oposición a la angustia, el miedo, el dolor y el nihilismo que identifica con Heidegger. No se trata de criticar al sujeto burgués, sino de resarcirlo en la actualidad. Como dice José Molinuevo: “Bloch piensa que se trata de una sociedad en decadencia y de una clase social en retirada. Que reflejan su propia agonía en categorías ontológicas”.

En el mismo orden, se percibe la relación entre el desarrollo de la técnica y los instrumentos bélicos para la guerra. También como la Gran ciudad es el espacio donde la civilización y el progreso se entrelazan y, se oponen a la Cultura. Como la idea de progreso se convierte en instrumento de poder, dominio, manipulación o, coacción del ser humano o, del cuerpo social. Como el progreso coarta la libertad y la igualdad entre las personas.

En este orden del pensar, la lengua se ha situado en su parte material y, deviene objetivada y vacía de contenidos espirituales. Esto genera una degradación de los valores humanísticos y de la condición humana, de la estética de la existencia individual y la filosofía.

Este tránsito de la cultura occidental posibilitó a Jünger pensar la ubicación del hombre en la época actual. Así que, por ejemplo, en la edad de la técnica los medios y los métodos de la conducción de la guerra llevan a cabo modificaciones más rápidas y radicales que las realizadas en épocas anteriores. (Jünger). Lo mismo sucede con la globalización en las comunicaciones artificiales, así que el mundo virtual está remplazando al real. Además, la globalización permite la comercialización, la venta y el consumo en todas sus formas, como la proliferación de los aparatos tecno-militares y las guerras globales.

La técnica, por tanto, no sólo influye en la confrontación bélica, sino que crea modos nuevos de combatir. Y permite percibir la “mortal rivalidad entre la fuerza del hombre y la fuerza de la máquina”. Precisamente, en la historia de la cultura y la civilización occidental, el espacio de lo técnico se relaciona con los instrumentos técnicos para la guerra y las máquinas como una expresión nueva del espíritu.

“El espíritu que viene tomando forma desde hace mucho tiempo dando forma a nuestro paisaje es, de ello no cabe duda, un espíritu cruel”.

Un espíritu que se ha despojado del vestido del humanismo y, ahora deviene con el de la crueldad, la zozobra, la inseguridad, la soledad, el odio, el dolor, el sufrimiento y la muerte. Un espíritu que está siendo jalonado por la informática y la tecnología del proceso de datos, que va de la estadística y la objetivación del ser humano, hasta penetrar en los más sutiles procesos psicológicos que determinan la conducta y la visión que tiene el hombre de sí mismo, del mundo y su realidad.

Pero la realidad vivida en los últimos años nos permite percibir la gran potencia de cambio que están generando las tecnologías de la información; desde los drones, los autómatas, el fluido de imágenes en banda ancha, el paso del átomo a los bits, la seguridad de los Estados y la ciudadanía, hasta el control, la homogenización, la numerificación de las sociedades y del individuo. Estamos viviendo en la actualidad una revolución en la estructura y la función de las sociedades, en la esencia del Ser y del existir, es decir, epistemológicas y ontológicas.    

domingo, 7 de septiembre de 2025

El lenguaje columna vertebral del Humanismo

 

                                    Madrid-España a 06/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 Sabemos por lo acontecido en los últimos tiempos que, en esta alta civilización tecnológica, el hombre asiste a marcha forzada a una ruptura con los lazos culturales, el asombro y la memoria. Se le obliga renunciar a desandar lo andado. Umbral donde la disolución del “Yo” concreto, los contenidos de la lengua, salen mal parados. Podemos decir, son manifestaciones de la existencia donde no existe relación entre el sentido de realidad y la significación de la vida. Esto resulta preocupante para el origen de la cultura Judeo-cristiana y Greco-latina, ya que diluyen las lenguas y los elementos de la civilización moderna. Pero también para el hombre de acción libre e independiente, que desea romper el cerco de las abstracciones, las funciones, los movimientos y las divisiones del trabajo.

Así que, el desarrollo del “canon” científico-tecnológico de las civilizaciones contemporáneas, está develando que la revolución en los lenguajes digitales y la imagen en movimiento, son sólo un débil reflejo de las potencias del espíritu. El espíritu del hombre recibe aquí fogonazos que producen alucinaciones en la conciencia, pero en el fondo, se trata de descifrar el jeroglífico del mundo. Que existe un rayo de luz, por ejemplo, que nos indica las esferas de las profundidades. En la estela del encuentro consigo mismo, es favorable para la naturaleza humana, que se esté dando un giro de la oscuridad a la luz –de los espejismos de la superficie a las profundidades de las criptas, donde mora el sentido de Humanidad.

Desde la perspectiva socio-política mundial resulta preocupante las diferencias en el ámbito de la educación y la cultura, la ciencia y las tecnologías de la información, el ingreso per cápita y el PIB, la cualificación de la mano de obra y las oportunidades de trabajo, bienestar social y respeto a la libertad individual –porque rompen el equilibrio entre los sujetos internacionales y ahondan las diferencias entre individuos y naciones. Podemos vislumbrar que unos utilizan gran parte de la economía de la existencia, al éxito económico y político, al bienestar social, a la educación y la cultura, la ciencia y la técnica; otros que son mayoría, a la supervivencia diaria. Esto representa para la naturaleza esencial del ser humano, una degradación de los órganos vitales y las esferas del espíritu.

En realidad, somos parte de un conjunto de naciones y civilizaciones, donde se prioriza el poder y la economía, las tecnologías y las armas, la eficacia y la eficiencia. Sobre la educación y la cultura, las artes y la música, la filosofía y las humanidades, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. Eso que posibilita alcanzar la libertad y dignidad de persona. O, en otros términos, las esferas del espíritu, la ética, la imaginación y el pensamiento, que posibilitan el sentido de la existencia. Esto induce a pensar la esterilidad intelectual y cognitiva de nuestra época. Porque una civilización que prioriza el éxito económico y político, sobre las verdaderas necesidades y esperanzas humanas. Es una civilización que coloca el pathos fuera de la obra. El ser humano “se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma”, y ahora éste “deviene cada vez más sustituible y prescindible”.

En la actualidad estamos bajo el dominio de potencias políticas, económicas y tecnológicas y, la deriva del devenir es la instauración de sociedades de control, sumisión, simulación y coacción. Estamos viviendo la lucha atroz de potencias imperialistas y la posible irrupción bélica de orden internacional. Es decir, estamos a las puertas de generar una catástrofe atómica. Pero esto no es tan raro como parece, viendo los líderes de la Gobernanza Mundial.

Como expresó Edgar Morín ante las adversidades y los peligros del presente: “La resistencia primera y fundamental es la del espíritu. Significa resistir a la intimidación de toda mentira blandida como verdad y al contagio de toda embriaguez colectiva. Significa no ceder jamás al delirio de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Exige resistir al odio y al desprecio. Impone una preocupación por comprender la complejidad de los problemas y los fenómenos en lugar de ceder a una visión parcial, unilateral. Requiere investigación, verificación de la información y aceptación de las incertidumbres”.

Así, “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas superpotencias (los Estados técnicos absolutos, económica y militarmente poderosos), no sólo juegan con las vidas de los seres humanos, sino también con el destino del hombre como especie sobre la Tierra.

Sorprendidos y anonadados en esta alta civilización tecnológica, nos enfrentamos a marcha forzada, al predominio de los instrumentos técnicos, las máquinas y el automatismo. También a la disolución del “Yo” concreto, de los contenidos espirituales y al sin sentido de la trascendencia. Son manifestaciones del tejido de la existencia que expresan la disyunción entre la realidad y el significado de la vida. En las sociedades contemporáneas, este tipo de contradicción se manifiesta como problema histórico, político, epistémico y lingüístico. Porque toca la esencia del Ser: el lenguaje y el pensamiento.

Si éstos se sustituyen por gramáticas artificiales, la esencia del hombre no responderá a los requerimientos fundamentales de la economía de la existencia. Esto es: al verdadero sentido de humanidad –el amor, la solidaridad, la fraternidad, la esperanza, la libertad, la verdad, la religión, la amistad, la ética, al espíritu; y al respeto de la dignidad del hombre o, a la otredad, etc. Porque son categorías esencialmente lingüísticas y trascendentes. Ya que el mundo del que somos parte, es un mundo lingüístico. Porque lo que comunica la lengua de las cosas y de los hombres, son contenidos espirituales. De ahí la relación entre los fenómenos de la naturaleza y el lenguaje.

Si las palabras encarnan el mundo y la vida de los hombres, y no son ajenas a los medios técnicos, a la política de masas, la ciencia, las artes, la música, al teatro, etc. Las condiciones y posibilidades del lenguaje, responden a las necesidades y esperanzas humanas. Por eso los desaciertos y las atrocidades de los hombres, no son indiferentes al lenguaje, la experiencia y el pensamiento. La barbarie, por así decir, que vivió centro Europa a mediados del Siglo XX, afectó profundamente los órganos vitales de la cultura occidental. Y demostró cuan frágil y deleznable es la vida humana. Esto supuso no sólo la ruptura entre los hombres, también la destrucción del sentido de Humanidad.

Se demostró que la relación entre lenguaje y política, algunas veces se trivializa convirtiéndola en instrumento de opresión, de demagogia, de dominio y exclusión. Más cuando en nombre de la nación, del partido, la ideología, la religión o la cultura, se discrimina, se desprecia, se odia, se humilla y se asesina al ser humano.  Lo cual significa, una vez más, que la relación entre lenguaje y política se convierte en referente para evaluar el estatus de la dignidad humana.

Y, observamos como la razón se pone al servicio de las potencias de la muerte: se configuró en centro Europa, como “el eclipse de lo mesiánico”: la Shoah, una fractura fundamental de la existencia humana. Y, ahora se observa en Ucrania y Palestina. Entender que la historia es cruel y contradictoria, el escarnecido se pone en el lugar del escarnecedor, la victima ocupa el lugar del verdugo, como está pasando en Palestina con respecto a Israel.

Desde otra perspectiva, socio-lingüística e histórica, existen pueblos y naciones ajenos a la evolución de la sintaxis, al asombro de la sensibilidad, a las energías de las gramáticas heredadas. A otros en cambio, se les permite estar a la altura de las circunstancias históricas y lingüísticas. George Steiner lo expresa elocuente en el texto, “Después de Babel”: “Las lenguas son conjuntos totalmente arbitrarios de señales e índices convencionales. Algunas civilizaciones han vivido épocas en que la sintaxis se vuelve rígida, épocas en que se marchitan los recursos disponibles de percepción viva y reformulación. En lugar de actuar como una membrana viva, la gramática y el vocabulario erigen barreras contra los nuevos sentimientos”.

Además, señala que la parálisis de las formas y contenidos idiomáticos, tiene como consecuencia en algunas lenguas, su muerte. Para otras en cambio, las dota de las herramientas necesarias para responder a los requerimientos psicológicos, materiales, éticos y morales de sus pueblos. Si las palabras antiguas y el fundamento semántico común, no responden a los requerimientos de la condición humana, resulta preocupante para la vivacidad de las culturas y las lenguas heredadas. En todo caso, por la primacía de la imagen y los lenguajes digitales están en entre dicho.

La idea de George Steiner trae a colación la preocupación que existe hoy en día, en los estudiosos del lenguaje. Ven por así decir, cómo la lógica interna que organiza las articulaciones espacio-temporales, se degradan y arrastran tras de sí, el idioma común y las significaciones alrededor del “logos” clásico. También, cómo poco a poco el lenguaje natural sede parte de su espacio a los nuevos lenguajes digitales. Perciben que en todas las formas léxico-gramaticales, el sentido de las palabras está cada vez más subordinado a la imagen. Esta trastocación en la cultura occidental reciente, afecta la estructura psíquico-somática y lingüística del hombre. Su mutación repercute en la percepción e interpretación de la experiencia y la realidad.

Esto induce a pensar que la crisis de las civilizaciones actuales, es concomitante con la idea de las Utopías de lo efímero. Se presentan fascinantes y atractivas en la atmósfera del hechizo de los medios de comunicación de masas, la algarabía de los lenguajes digitales y la estridencia de las Plataformas Digitales. Porque presentan la vida y los fundamentos de la existencia como algo insignificante y destinadas al olvido. Esta potencia liberada de todo propósito, constata la inmensa capacidad de los mass-media y los nuevos lenguajes digitales, para instaurar un nuevo orden de existencias.

Así mismo, aprenden a servirse del lenguaje y la imagen “pictórica”, como instrumentos de dominio, de control y de acción sobre los hombres. Son medios prácticamente infalibles. No respetan las reglas de juego, la diferencia entre verdad y falsedad, las fronteras entre pensamiento y realidad, los límites de la imagen y el lenguaje, las esperanzas y posibilidades humanas. No les importa lo que dice o representa la imagen pictórica en movimiento, sino a quién se dice, para qué se dice y cómo se dice. Liberados entonces de sus propósitos éticos y prácticos, morales y estéticos, se convierten ipso facto en instrumentos de poder, coerción y control.

Las Utopías de lo efímero presentan al ser humano en la Sociedad del espectáculo, como un ser sin memoria, sin recuerdos, sin experiencias, sin pensamientos, sin huellas dejadas tras de sí, sin esperanza. Las Utopías de lo efímero no posibilitan que las personas concatenen el pasado con el presente, la actualidad con los mitos, tampoco que vivencien los triunfos, las pesadillas, los sueños, las leyendas, porque presentan al hombre sin memoria situado en el presente-ahora. “La concepción que Hugo saluda en William Shakespeare testimonia lo acaecido: “El progreso es el paso del mismísimo Dios”.

El concepto de autonomía de la voluntad como querer desde la consciencia y la libertad, se degradan aquí tristemente. Además, éstas envuelven en niebla las relaciones entre los hombres por estar inmersos en una especie de hechizo del presente-actual. Su papel como instrumentos de dominio y de coacción, no se les escapa. Porque el ser humano se convierte en objeto de oscuras fuerzas que lo trascienden. Así, al perder las señales de identidad, las particularidades de lo singular y la consciencia de lo trascendente, se entrega al juego de la rutina de la vida cotidiana. Esto coloca al ser humano en una posición crítica, porque no es éste el que guía a los objetos, sino que se deja llevar por ellos y sus espejismos.

Recordemos que la Cultura de lo efímero se contrapone a lo mejor del hombre: el milagro del lenguaje, la sensibilidad, el pensar y el espíritu. Hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje pierde una parte de los contenidos espirituales que comunica, el hombre se vuelve menos humano. Es en el lenguaje donde el ser humano alcanza la categoría de persona. Por eso la lengua de la estética es la madre de la ética. Es en el ámbito del pensamiento y el lenguaje, donde la filosofía reflexiona el mundo y la realidad. La disolución del lenguaje común por la política, muestra cuanto significa la disminución de humanidad.

Esta reflexión expone polémicamente las energías políticas de la época. Que pueden leerse e interpretarse en las esferas del arte y la literatura. Porque se convierten en la “vanguardia de la libertad y la cultura”. De igual modo muestra las diferencias más sutiles entre los modos y los medios de comunicación técnicos, y su repercusión en los diversos universos del habla. Cómo en la historia de la cultura occidental reciente, es cada vez más difícil que las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario, posibiliten precisar las verdaderas necesidades y esperanzas humanas.

A la vez develar los intereses del modo de producción global y los “centros de poder” distribuidos en las redes globales. Ahora bien, sí la política es incapaz de aunar palabra y realidad, los recursos imaginativos y verbales se transforman en instrumentos de demagogia, mentiras y despropósitos humanos. Se trata del “choque frontal –dice Walter Benjamín- contra el pasado mediante el presente”. Para que los fenómenos sean “salvados cuando se evidencia en ellos la discontinuidad”. Estos fenómenos no pueden estar al margen del decurso material de la historia y de las verdaderas necesidades psicológicas, morales y materiales del ser humano.

Resulta preocupante que en esta alta civilización técnica y de masas, gran parte de la inteligencia mundial esté comprometida con las nuevas tecnologías de la información, las tecnocracias de las instituciones públicas o privadas, la industria armamentística, las finanzas internacionales, el dinero bancario, las guerras globales, los neo-nacionalismos trasnochados, que desembocan en un profundo malestar moral para la sociedad global. Además, que estén al servicio de los “centros de poder” distribuidos en las redes que tejen y destejen las relaciones de fuerza. Lo que está en juego no sólo tiene que ver con el bienestar o la pobreza de gran parte de la población mundial. Sino fundamentalmente con la permanencia de millones de seres humanos sobre la faz de la tierra.

Este acontecer significa para los que ejercen el poder, una gran responsabilidad moral. Porque la inteligencia mundial debe tener un compromiso ético con los más débiles de las sociedades. Es decir, “un sentimiento de responsabilidad social, así como su convicción de que es un deber de la sociedad proteger al individuo”. Su voz proclamará indignación moral ante ese rostro nuevo de la barbarie y la injusticia, la xenofobia y la exclusión, el racismo y la muerte. Que se expresan en la violencia y el odio, las guerras nacionales y globales, al migrante y desprotegido del poder Total, de aquel que sufre y está batido por el Gran Poder Tecnológico.

En este orden de cosas, “las personas que trafican con ideas no deben ser indiferentes con el mundo que los rodea. No hay duda que el deber de aquellos que tratan con ideas –nos recuerda Isaías Berlín– es ser racional y adecuar la acción a la palabra, vivir vidas integradas, no divorciar sus pensamientos de sus actos y no decirse a sí mismo que ser un profesor o un artista es una profesión tal y como lo son la de un herrero o un contable, que no implican responsabilidades sociales especiales”.

En este orden, más allá de la filosofía utilitaria y del historicismo, los que así piensan son amigos de la humanidad y fervientemente desean que el ser humano se quite la máscara del progreso, la técnica, las ilusiones ópticas o auditivas. Para que se pongan al servicio del hombre de carne y hueso.  De ese que calla y sufre y, se encuentra desprotegido y solo, indefenso ante la fuerza del poder Total. Estas personas formadas para pensar deben desvelar una nueva dirección de los propósitos humanos, que tanta falta hace a la humanidad en general.

martes, 2 de septiembre de 2025

Apostillas sobre la situación actual

 

 

                                                   En Madrid-España a 02/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Vista la situación del mundo actual desde alguna perspectiva histórica, los orígenes de la cultura y la civilización occidental son enteramente grecolatinos y helénico-cristianos, son enteramente “verbalista”. Sabemos que el discurso hablado, escrito y recordado es la columna vertebral de la consciencia. Es algo evidente en la actualidad que el estudio de los medios de comunicación, las redes sociales, las imágenes en movimiento, los algoritmos y la IA. Expresan el deterioro de lo que organizó las articulaciones de tiempo y espacio en el ámbito del lenguaje, que están tocando a su fin. Cada vez más el logos (la palabra y la razón), se subordina a los lenguajes digitales.

Dijo George Steiner, “En el castillo de Barba Azul. Aproximación a un nuevo concepto de cultura”: “Son modos de comunicación autónomos que expresan por sí mismo un creciente campo de tareas activas y contemplativas. Las palabras están deterioradas por las falsas esperanzas y mentiras que han proclamado. El alfabeto electrónico de la comunicación global inmediata y de la simultaneidad no es el antiguo legado de Babel, divisorio, sino la imagen en movimiento”. Estamos viviendo una decadencia de la palabra, de la conversación y de los ideales del discurso literario y poético.

“Estamos retrocediendo hacia una disposición de los “espacios de significación” donde la imagen pictórica” en movimiento, los algoritmos, lo van abarcando todo. La construcción del discurso clásico, el carácter central de la palabra y del ser humano, ceden su espacio al logos situado en su parte material, al sin sentido del discurso y la verborrea demagógica de los políticos y los medios de comunicación de masas. No podemos olvidar que, la magia del entroncamiento del tiempo y la muerte, la vida y la trascendencia, beben de las fuentes del Árbol de la vida y del Árbol de la lengua. Por eso la naturaleza humana es enteramente lingüística.

Sabemos que la contracultura sabe dónde debe comenzar el trabajo de destrucción. La algarabía de los lenguajes digitales, las redes sociales, la demagogia política, el silencio de la juventud, el insulto y la mentira de los políticos, son una triste realidad de lo que vivimos en la actualidad. Preguntamos, ¿de qué se trata realmente ahora? Se trata de llevar a cabo una ruptura total con las historias heredadas, la memoria, la rememoración, los mitos y en particular, con el lenguaje y el pensamiento. Porque detrás de cada destrucción se ocultan relaciones de poder y de saber. Cuando esto sucede en una sociedad la mendacidad del discurso abre las puertas a la falacia de la imaginación, de la mentira, del odio, del engaño y al despilfarro de la existencia. 

La mendacidad del discurso deja al ser humano a merced de fuerzas que no comprende y lo trascienden. De ahí su angustia, sus sufrimientos, la soledad, su dolor, y el desierto espiritual en que se encuentra. Ahora si impedimos el discurso a otros, impedimos sus derechos y su libertad, entonces “la Medusa trabajará hacia dentro”. Trabajará destruyendo la condición humana: la vida, la solidaridad, la fraternidad, la amistad, el amor, el espíritu y los valores éticos, morales y espirituales. “Debemos mantener vivo en nosotros un sentido del escándalo tan abrumador que afecte todo aspecto significativo de nuestra posición en la historia y en la sociedad”.

Preguntamos, ¿el clima bestial de nuestros conflictos nacionales, sociales e internacionales, es algo parecido a un demente retorno a la barbarie? “No hay nada natural en nuestra condición actual”. En el presente-ahora “nuestra familiaridad con el horror es una radical derrota humana”. De ahí que la confianza en la palabra, en el progreso de la justicia y de las relaciones humanas, se reemplaza en la Gobernanza del Mundo por la violencia, el odio, el terror, la guerra y la muerte. De manera que hay relaciones entre el capitalismo de consumo, el armamentismo, el capital financiero internacional, el hombre como almacén de mercancías, la Cultura del artificio y la tendencia a la deshumanización del ser humano. Esto es política.

La nueva barbarie ha adoptado los instrumentos del sadismo que no sólo se aplican al cuerpo, sino también a la sensibilidad y al flujo de consciencia. Así que los aspectos de la técnica y de la práctica política, están dirigidos a la coerción, la manipulación, la homogenización, del espíritu y la conducta humana. Cobra validez la afirmación que existen relaciones entre la uniformización del lenguaje y los medios de comunicación técnicos. En este ámbito el hombre perdió el sentido de realidad y se mueve embriagado en una atmósfera de irrealidades sugestivas. Viendo y escuchando todos los días noticias sobre atentados políticos, masacres, terrorismo, guerras; así los hombres corrientes pierden toda percepción cabal de sí mismos, de la realidad y del mundo. 

Este malestar de la cultura y la civilización occidental, viene acumulándose desde hace tiempo, el aumento de la pobreza, el aumento de las injusticias sociales, el aumento del ritmo de trabajo y de movimiento, el aumento del racismo y la xenofobia, el aumento del nacional-populismo, el aumento de la polarización social y política, el aumento del autoritarismo, etc., que pueden desencadenar instintos de barbarie y devastación. Hemos llegado a este estado vital porque nos falta temple interior, presencia, poder personal y contenidos espirituales, para afrontar el mundo y la realidad. No vemos a las personas y su relación con sus semejantes y las cosas que lo rodean, sino la ropa que visten, el dinero, el poder, la capacidad de consumo, el lujo y las bellas materias. Y, esto ha convertido a hombres y mujeres, en seres desgraciados y dignos de atención y respeto.

Hemos llegado a un estado de postración interior, intelectual y moral, porque toda nuestra fuerza y el temple vital, se ha delegado a los instrumentos técnicos, a las ficciones de la Civilización del espectáculo, al dinero y al poder. Hemos perdido la capacidad de soñar, de asombro y la curiosidad por las cosas cotidianas. “La teoría de la personalidad, tal como se desarrolla desde Hegel a Nietzsche y Freud, es esencialmente una teoría de agresión”. En el análisis de las relaciones humanas, “el amor es fundamentalmente amor de sí mismo y la libido no desea ir más allá de las fronteras del sí mismo interior”. Parece que Freud da en el clavo al decir: “Al final, uno debe comenzar a amar para no enfermarse”.

Uno de los problemas del hombre actual consiste en que su espíritu no capta la catástrofe. Su captación “es más temible que los horrores reales del mundo del fuego. Esa captación es un riesgo que sólo pueden correr los espíritus más osados, los capaces de soportar grandes cargas, de hacer frente a las dimensiones de los acontecimientos, bien que no a su peso” –dijo Ernst Jünger en Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943). Hemos olvidado que la catástrofe cuando es prevista en todos los órdenes; hay que leerla e interpretarla como jeroglíficos. Pero en la actualidad no estamos preparados como lectores. “Si se quiere que la palabra sea eficaz, entonces en ella a de permanecer siempre la magia […] Y, también el amor a de aportar su contribución; él es el secreto de la maestría”. (Ib.).

Sabemos en nuestros momentos racionales, de afluencia de imágenes o de tiempo inspirado, que la visión histórico-política no responde a las esperanzas humanas. De ahí que la pura inversión del mirar indique, que “dentro del ser humano es donde es menester que se desarrolle un nuevo fruto, no en los Sistemas”. En los Estados Tecnológicos Modernos los que ejercen el poder modifican los argumentos del terror, de la violencia o de la guerra, pero no su práctica. La etapa de Trump, de Xi Jinping, de Putin y de Netanyahu, “es la etapa previa al mundo del fuego”.

Un mundo que no tiene consideración con nadie ni con nada. Porque su análogo en la superficie de la tierra es el Infierno. El Infierno se volvió inmanente a la vida cotidiana, los campos de batalla, la geopolítica y el ejercicio del poder. Es la realización deliberada de mentes enfermas y espíritus corruptos, que tienen su propia medida del tiempo en causar dolor, sufrimiento y muerte, al ser humano. La gente lo está perdiendo todo, “salvo un sentido vagamente siniestro de irrealidad”.

El desciframiento de su jeroglífico devela que, “en las cosas visibles están todas las indicaciones relativas al plan invisible. A eso tienden los ensayos de fusionar el lenguaje jeroglífico con el de la razón”. Estamos gobernados por lunáticos, autoritarios, demagogos y populistas, porque los espíritus de nuestro tiempo no son capaces de dar forma a las ideas de nuestro siglo. He ahí una mendacidad de nuestro interior que no da forma a los acontecimientos histórico-políticos del presente-actual.

    Como dice Ernst Jünger: “En una situación en que son los técnicos quienes administran los Estados y los remodelan de acuerdo con sus ideas, están amenazadas de confiscación no sólo las digresiones metafísicas y las consagradas a las Musas, lo está también la pura alegría de vivir”.

En la civilización y la cultura de Occidente reciente, la estructura funcional del lenguaje político y la democracia representativa, están actualmente erosionados. Vivimos con una abundancia de información, que a la vez se convierte en desinformación. Por la velocidad y el sin sentido del lenguaje político, asistimos al quebrantamiento del Estado de Derecho, del Sistema democrático. Las tecnocracias populistas, nacionalistas y de masas se caracterizan por el semialfabetismo. “Este semialfabetismo o subalfabetismo que no puede ser erradicado por la educación masiva se convierte en algo política y psicológicamente aceptable” –dijo George Steiner. Las personas que no tienen educación ni cultura política, no son capaces de hacer juicios políticos verdaderos sobre el ejercicio del poder, el mundo y la realidad.

“El uso de los medios de comunicación llevado a cabo por los políticos y las corporaciones –ambos igualmente totalitarios y excluyentes atacan la intimidad y la elección individual del ser humano. Que han incrementado los procesos de falsificación y deshumanización que siempre han formado parte de las difíciles relaciones entre lenguaje y Estado”. El insulto, las descalificaciones, las amenazas, la falsedad, en el ámbito de la praxis política son expresiones del “fracaso de la palabra en la política”. El predominio de las imágenes sobre las palabras, se convierte en algo trágico para los contenidos espirituales del lenguaje natural. “Los efectos que ellas causan son más fuertes que los causados por las palabras” –dijo Jünger en La Tijera.

Así que, el “fracaso de la palabra en la política” a posibilitado que el planeta adquiera un aura nueva, una epidermis más sensible. “La mudanza es por lo pronto atmosférica y no tiene signos, es como un folio no escrito”. La escritura y la lectura del tiempo actual que está estableciendo la era Trumpista, de proteccionismo rupturista, belicismo, amenazas, donde predomina la vanidad, la codicia y el resentimiento. Que identifican al presidente de Estados Unidos como las puntas de lanza de su ideario y liderazgo político. No es la lucha entre libertad y democracia como hace más de medio siglo, sino la creciente dinámica de pulsiones autoritarias, nacional-populistas de extrema derecha que regulan y controlan el mercado, la vida social, las empresas privadas y la cultura en general.

Preguntamos, ¿somos parte de un mundo en tránsito que se descarrila tal tren sin frenos hacia el abismo de la fuerza, el miedo, la intimidación, la mentira y la muerte? ¿Son estas las claves para solucionar los problemas nacionales y geopolíticos? Sabemos que el mundo está viviendo una etapa de cambios profundos y turbulentos. Así que, el ascenso de China que cuestiona la hegemonía norteamericana; el renacimiento de Rusia para restaurar el imperio que una vez tuvo y, la metamorfosis de EE. UU en la era Trump. Que abandona el modelo que se instauró después de la Segunda Mundial, inclinándose por la unilateralidad y el autoritarismo que agrieta o destruye sus alianzas internacionales.

Ahora bien, ¿qué nos depara la nueva barbarie que se está estableciendo en el ámbito nacional e internacional? ¿Somos parte del mundo que profetizó Nietzsche, sólo como voluntad de poder y nada más? Este mundo es la voluntad de poder - ¡y nada más! Y también ustedes mismos son esa voluntad de poder - ¡nada más! Que tiene como punta de lanza la mentira, la amenaza, la turbulencia, el caos, la violencia y la guerra como armas para ejercer el poder nacional o mundial.

En esta época que aúna el Capitalismo Global y la tecnología, al servicio de la tecnocracia política y el dinero bancario, los fondos de inversión y la tecnología de Inteligencia Artificial generativa, las corporaciones, el Estado técnico y la política, el pensar se encuentra en crisis. Se trata de restaurar la importancia del pensar en la historia de la cultura y la civilización occidental reciente. Porque estamos en una época de demagogos y farsantes del saber y el obrar. Pero, ante todo, en el ámbito político y digital, somos parte de hechos significativos y actores insignificantes.

    Como dijo Jünger: “Nuestra época es pobre en grandes hombres, pero rica en figuras”.

sábado, 16 de agosto de 2025

 

 

 

                                        Edgar Morin                                                         

                             La Crisis de la Humanidad

                                                                 Madrid-España a 15/08/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Edgar Morin en el texto: “La Vía. Para el futuro de la humanidad”. Recuerda que, “la globalización, la occidentalización y el desarrollo alimentan la misma dinámica que produce una pluralidad de crisis interdependientes, intrincadas, incluidas la crisis cognitiva, las políticas, las económicas y las sociales, que, a su vez, producen la crisis de la globalización, la de la occidentalización y la del desarrollo.

   La gigantesca crisis planetaria es la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad”.

Somos parte de una aventura que empezó hace miles de años, llena de crueldad, de sufrimientos, de dolores y de muerte. Pero también pletórica de retos, “de grandeza, de apogeos y desastres, de servidumbres y emancipaciones, que hoy arrastra a ocho mil millones de seres humanos”. De lo que si somos conscientes es, que, esta lucha en la Tierra, se manifiesta en la lucha entre los elementos, las fuerzas de la muerte y las de la Vida.

Así que, “las unas y las otras no sólo combaten entre sí, sino que se retroalimentan, ya que la descomposición de la muerte hace posible el renacimiento y la metamorfosis, pero también los asfixia: “Vivir de muerte, morir de vida”, la fórmula de Heráclito que expresa la ambivalencia de la crisis planetaria”.

El desarrollo del desastre profundiza la crisis de la Humanidad, a un abismo inimaginable. La Humanidad está guiada por cuatro fuerzas: “La ciencia, la técnica, la economía y el lucro, poseedores cada uno, de una sed insaciable: La sed del conocimiento (ciencia), la del poder (técnica), la de posesión y la de la riqueza”. En este orden, la ciencia ha traído ingentes beneficios a la Humanidad, pero a la vez, desastres y muertes. La industria armamentística y, la bomba atómica que pende como la espada de Damocles sobre la nuca de la Humanidad.

La técnica en la actualidad ha dominado las fuerzas de la naturaleza, la furia de los elementos, pero también ha sometido y dominado a los seres humanos. Pero, en particular, está desplazando la libertad del ser humano, hacia la velocidad y el automatismo.

      El hombre actual está entregando la libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual.

La economía ha posibilitado ingentes riquezas, bienestar y desarrollo, también miserias, hambre, exclusiones, polarización social, educativa y cultural. De ahí que una economía desregularizada incentiva el lucro y un capitalismo de consumo, que todo lo convierte en “valor”. Un capitalismo desenfrenado, que incentiva la carrera de la Humanidad, hacia el abismo.

Como expresa Edgar Morin:

“El capitalismo financiero dominante, desconectado de la economía real y dedicado a defender el interés exclusivo de los especuladores, ha provocado la crisis económica de 2008 y sigue alimentándose, como un vampiro, de nuestras sustancias vivas. Como ha dicho Alain Touraine en Apres la crise, el capitalismo se ha puesto por encima de la humanidad y deberíamos desterrarlo de la humanidad”.

Somos parte de un mundo dislocado y agresivo, que “acentúa los antagonismos” y, “alimentan los movimientos ideológicos-políticos-religiosos”, que exaltan el odio, la discriminación y el racismo, y, provocan histerias colectivas, fanatismos religiosos y políticos, “que favorecen las guerras y las expediciones punitivas”. Dice Edgar Morin:

“Hay dos barbaries que se encuentran más aliadas que nunca: la barbarie surgida de las profundidades de la historia, que mutila, destruye, tortura y masacra; y la barbarie fría, gélida, de la hegemonía del cálculo, de lo cuantitativo, de la técnica, del lucro a costa de las sociedades y las vidas humanas.

                     Estamos hundiéndonos en una edad de hierro planetaria”.

 Es algo evidente y real, que se constata todos los días, “los barbaros, enemigos de la humanidad”, acampan a sus anchas en la Tierra. De ahí que “el capitalismo desenfrenado de hoy no es la única amenaza para la humanidad”; asimismo, está la técnica, los “fanatismos desenfrenados, las dictaduras implacables”; que alimentan la posibilidad del nacional-populismo, el totalitarismo, y la limpieza étnica y religiosa, como la que lleva a cabo Israel sobre Palestina.

Somos parte de un mundo que vive en el devenir de la ilusión de un progreso científico, técnico, social y económico, infinito y cuantitativo. Debido a la revolución de las comunicaciones y de la información, de los algoritmos y la IA. Lo inhumano se extiende, lo humano se descompone, se degrada, asimismo triunfa el simplismo, y la hondura y la complejidad del pensamiento se diluyen en las imágenes en movimiento, los lenguajes digitales y las redes sociales.

Estamos en el centro de un devenir histórico-político, que ataca a la naturaleza humana, esto es, a la esencia que la determina. La humanidad del ser humano se sustituye por lo pasajero, lo fútil y rápido del tiempo actual; ya que prevalece la violencia, el odio, la discriminación, el racismo y la guerra. Y, olvidamos la enseñanza de Martín Heidegger: La esencia del ser humano y del pensamiento, moran en el lenguaje. “El lenguaje es la casa del Ser”. El poeta y el pensador son sus guardianes.

Así, el humanismo del ser humano, la humanidad de éste se precipita hacia el abismo. Vivimos en un mundo desesperanzado, el hombre no tiene confianza en sí mismo, porque la ha delegado a los instrumentos técnicos, al poder, al armamentismo, al dinero, al consumo, al lujo y las bellas materias. También hemos perdido la confianza en los pilares de la civilización y la cultura de Occidente y, esto se constituye en una tragedia fundamental para el ser humano.

Respecto a Europa, “se encuentra en un estado agónico, bloqueada por la contradicción entre el hermetismo nacionalista y la necesidad de reconocer el destino común de sus naciones, que no proviene del pasado, lleno de conflictos, sino que le es impuesto por el futuro. El nacionalismo se alimenta de enemigos. Y la gran sustitución es aquella que amenaza con reemplazar las ideas humanistas y emancipadoras por las supremacistas y xenófobas”.

El nacional-populismo se alimenta del odio, la discriminación y el racismo. El nacionalismo niega el principio fundamental del Humanismo: La semejanza entre los hombres. Reemplaza las ideas y los principios del humanismo laico y cristiano: el amor, la solidaridad, la justicia, la fraternidad, la verdad y la libertad. Por la confrontación, la discriminación, la polarización y el caos en la convivencia social.

Se opone desde dentro a las instituciones democráticas y al Estado de Derecho, a la pluralidad, la diversidad ideológica, y aboga por el mito de la grandeza, la raza, la lengua, las costumbres, la religión. Niega el destino común de los seres humanos y de las naciones, y lo remplaza por la segregación, la mentira, el odio, la animadversión, la xenofobia y la violencia. Estas acepciones y principios están implícitas en el Estado y sus instituciones, la familia, la sociedad, la religión, la lengua y la cultura.

La barbarie tiene muchas acepciones, como dijo Edgar Moran al periódico El Mundo de Madrid-España del 03/08/2025: “La barbarie del pensamiento está en la simplificación, en la disociación, en la separación, en la radicalización … en detrimento de la complejidad, de los vínculos inseparables y también del sueño y la poesía. El pensamiento se ha convertido en un apéndice del cálculo, cuando originalmente el cálculo debía ser un apéndice del pensamiento”. Esta mutación en el orden del conocimiento y del saber, da paso a la Inteligencia Artificial y la Cultura del artificio, que exaltan la mediocridad, lo fútil, lo pasajero, y la Civilización del espectáculo que enaltece los valores culturales y morales superficiales, sobre el sentido estético, mítico y religioso del hombre actual.

Somos parte del devenir de un progreso cuantitativo que degrada toda forma de cualificación y, en particular, la ética y la moral. El aumento de la información y la comunicación en la sociedad de masas y la cultura de masas, degrada la cualidad del Ser y el existir. En esta sociedad y en esta cultura, se observan ciertos rasgos deshumanitarios que se aceleraron en el Siglo XX y principios del Siglo XXI: la barbarie en el individuo y las comunidades. El hecho de las guerras nacionales, las guerras entre naciones, la violencia endémica en ciertos países por los recursos naturales y las riquezas y el poder político, nos induce a pensar que estamos inmersos en una nueva especie de barbarie.

Edgar Morin dice que, en la actualidad “la cultura es lo que puede unir los saberes y fecundarlos. La complejidad es el desafío que la realidad lanza a nuestras mentes, no es una ideología. Es necesaria una reforma del pensamiento y una reforma de la educación que permita afrontar las complejidades, integrar los diferentes saberes y soportar las regresiones”. Esa reforma de la educación y del pensamiento, ha de desembocar en saber afrontar la complejidad del mundo actual, y estar dirigida ahondar en el Humanismo de la cultura y del pensamiento.

Es necesario que la complejidad de la realidad del mundo que vivimos, hay que percibirla en una red de flujos de interacciones mentales, estéticas, técnicas, económicas, sociales y culturales. Una complejidad que integre la pluralidad de saberes y prácticas sociales y, soporte las regresiones y los diversos “tipos” de violencia. Como dijo Moran: “Los conocimientos sobre lo humano se han vuelto cada vez más parciales, limitados, compartimentados, marcados por la disociación entre lo espiritual y lo material, entre el cerebro y la mente”.

Existe en el tiempo nuestro el reconocimiento de la complejidad de la identidad humana. “Homo sapiens es también Homo demens: la locura, el delirio, el exceso son una posibilidad permanente. La locura y el delirio están siempre presentes en el ser humano, y uno de los polos puede inhibir al otro. Somos testigos del delirio de los fanáticos que se multiplican, de la locura de ilusiones que se creen racionales. Y al mismo tiempo asistimos a la proliferación de cegueras de una racionalidad puramente técnica y económica que ignora las realidades profundas de lo humano”.

En términos políticos, Donald Trump es la representación de la locura, del caos, la intimidación y la ilusión del poder. Estamos viviendo la época de la hiperrealidad o, de la posrealidad, porque ésta responde a los algoritmos, las imágenes en movimiento, las redes sociales o, a la IA. Una realidad que ha creado sus agentes propios para que gobiernen el mundo: Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping. Que encarnan las relaciones de fuerza y de poder mundiales.

Todo lo humano se ha convertido en pasajero, y el presente actual demerita la complejidad de lo humano, el mundo y la realidad, y da paso a la mediocridad, al sin sentido de las cosas y de los actos humanos. Así que, “la proliferación de cegueras de una racionalidad puramente técnica y económica que ignora las realidades profundas de lo humano”, niega la esencia que caracteriza al ser humano: el pensamiento y el lenguaje. Porque la palabra está situada en un dispositivo técnico y no responde a las apetencias humanas, a las necesidades materiales, espirituales, éticas y morales del ser humano. De ahí que la esfera estética, el mito y la religión sean indispensables para comprender la barbarie y la complejidad del mundo y la vida humana.

En la naturaleza humana conviven la razón y la sinrazón, la razón y el delirio, la razón y lo instintivo, que estructuran la complejidad del ser humano. El problema consiste en que la trastienda instintiva, bárbara, agresiva, oscura, del cerebro humano, predomina sobre la razón, la luz y el espíritu. Esta contradicción expresa la crisis del hombre moderno o contemporáneo.

Una crisis que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida humana: la racionalidad económica y técnica, el conocimiento y el progreso científico, la política y el arte, la actualidad y el mito, la secularización y la religión. Como expresa Morin: “Somos testigos del delirio de los fanatismos que se multiplican, de la locura de ilusiones que se creen racionales”. Esa realidad del mundo actual, conduce a la humanidad al abismo de la existencia individual y comunitaria.

Así que, no se logra algo bueno, bello, generoso, fraterno para la Humanidad, sin esperanza y libertad. El ser humano no puede encerrarse en las fortalezas del miedo, el dolor, el sufrimiento, la melancolía, la resignación, sino que luchando como un bravo soldado tenga la esperanza de encontrar la solidaridad, lo bello y lo bueno del hombre, tal como pensó Platón. Que la vida le ofrezca su lado maravilloso, encantador, que lo libere del egoísmo, el rencor y el odio.

Se trata de liberarse de los prejuicios, los usos, las costumbres, que atan al ser humano a la desesperanza, el odio, el dolor y el miedo. Que los más altos valores le ayuden a alcanzar la libertad, alejarse de las bajezas, las miopías mentales, sociales y políticas.

Se trata que prevalezca la Zona de la sentimentalidad, el espíritu, el amor, la solidaridad, la fraternidad, la lengua y la imaginación de la poesía de un pueblo. Porque “el esplendor de la vida es la emoción poética”. Existen pueblos y naciones sin el desarrollo de la racionalidad técnica y la racionalidad económica y social, pero no sin la imaginación poética popular. Dentro de la complejidad del mundo actual, debemos preservar los más altos valores morales, espirituales y éticos, que contribuyan a alcanzar la dignidad de la vida humana.

No olvidemos que la “Humanidad está ahora amenazada por peligros mortales: la proliferación de las armas nucleares, el desencadenamiento de fanatismos y la multiplicación de las guerras civiles internacionales, la degradación acelerada de la biosfera, la crisis y desregularización de la economía dominada por una especulación financiera desenfrenada”. Por esto la vida biológica y espiritual del ser humano, se convierte en un imperativo prioritario.

Entonces, lo improbable no es imposible en la vida del ser humano. Parece que los caminos que ofrece la Historia y la vida, sean improbables, pero no imposibles de alcanzar. El azar y el destino hacen parte de esta contradicción, que posibilitan caminos para alcanzar el sentido de Humanidad del ser humano. De ahí que los giros de la historia y de la vida han sido inesperados y fortuitos, que luego alcanzan estabilidad en el devenir del tiempo y el espacio.

 

 

viernes, 18 de julio de 2025

 

                                               Pinceladas sobre la Época Actual

                                                          Madrid-España a 18/07/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Es importante recordar, uno de los umbrales que interesa en la actualidad dice: “En la morada de la palabra el hombre piensa”. No existe pensamiento sin lenguaje. Así, el lenguaje expresa modos de pensar y de actuar. Cuando el lenguaje no reside en el logos, se falsea y responde a algo exterior a la esencia que lo constituye. En esa estancia mora el odio, la mentira, la falacia, el disimulo, el engaño, la estafa, y, en términos políticos, el populismo, el nacionalismo, el autoritarismo, el demagogo, el fascista o el tirano. En el mundo del artificio en que viven necesitan de un baúl de máscaras, porque la pretendida imagen interior de la propia naturaleza que llevan de sí mismos es, de un minuto a otro, pura improvisación. Se orienta enteramente, por así decirlo, según las máscaras que le son presentadas.

El mundo es un arsenal de esas máscaras. Y sólo el hombre atrofiado, devastado, las busca como un simulacro en su propio interior. Porque la mayoría de las veces nosotros mismos somos pobres en este aspecto. Por eso somos felices portando las máscaras más exóticas, la máscara del asesino, del farsante, del cuatrero, del violador, del dictador, del terrorista, del banquero, del político, del militar, del guerrillero, del paramilitar, del industrial, del empresario, del torturador, del político, del hombre culto. etc. Mirar a través de ellas nos encanta. Vemos el universo y sus constelaciones, los instantes en que hemos sido esto o lo otro de una vez –Walter Benjamín.

Ese instante despliega sus aristas e ilumina los caminos de la existencia, sus mitos, narraciones o fabulas propias, para justificar el Sistema y las vidas atrofiadas que portan las máscaras.

Así en la historia de la cultura occidental moderna, ese compromiso lo ratifica la historiografía o, el historicismo. Por eso somos habitantes del mundo de la falsedad y la mentira, porque la verdad reside en el olvido. Un espacio donde preferimos obedecer lo oscuro, lo enigmático, lo mítico, y no dejarnos guiar por la sentimentalidad, la imaginación creadora de “forma”, la sana razón o el tejido vivo de la estética de la existencia.

“Ahora, ¿en qué reside la grandeza de los hombres? En reconocer sus fuerzas en las propias derrotas” –al decir de Benjamín.

Somos parte de un mundo donde el pensamiento se encuentra en crisis. Donde el hombre es incapaz de pensar por sí mismo; y también, donde la imaginación se sustituye por las imágenes. Existe en las esferas de la vida humana un cansancio intelectual, una pereza por la pregunta, que conduce inexorablemente a una exaltación de la futilidad. Una época en la que el pensamiento mecanicista, las trivialidades y la civilización de lo efímero, configuran un tipo de hombre. Que responde a la voluntad de poder que se quiere a sí misma, en calidad de voluntad de saber y de dominio. Es un hombre devastado por relaciones de fuerza y saber que no tiene memoria, incapaz de rememorar y de reflexionar sobre el destino que le espera.

Por otra parte, los “escribas”, los expertos en la escritura, por escaso que sea su número, se vuelven aún más indispensables de lo que lo fueron en la Antigüedad y hasta los tiempos de Lutero –y no sólo en el campo de la política y la cultura, sino más todavía en el terreno del culto. En cada uno de los niveles es posible una mutación, igual que en cada momento es posible la muerte -dijo Ernst Jünger. Preguntamos, ¿por qué la pregunta y la reflexión son importantes en esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas? Atreverse a pensar es hacerlo contra la “lógica”, significa pensar lo establecido como verdad y, traer a la luz lo oscuro de la verdad del ser y lo oculto del Gran Poder. Todo aquello que existe en la realidad efectiva de la historia y del presente.

De ahí el pensar futuro se vale de la memoria y la rememoración, de las imágenes y los conceptos, de la experiencia y la imaginación, para que, desde el pasado del presente, comprendamos la actualidad y, también el futuro. Se trata de leer en la vida y las formas perdidas y aparentemente secundaria de aquella época, la vida y las formas de hoy –dijo Benjamín en el Libro de los Pasajes.

En la historia de la humanidad y las diversas civilizaciones, han existido plurales formas de leer e interpretar la naturaleza, la existencia humana, la cultura, según Heidegger, pero no su sentido. Ahora bien, el ser humano desde hace 20.000 años ha cambiado poco, con respecto al hombre actual. Por eso estudiar al homo sapiens (desde la perspectiva de la esfera cognitiva, la historia, la experiencia y el lenguaje), posibilita comprender al hombre en la actualidad. Permite develar sus miedos, sus angustias, sus esperanzas, sus sufrimientos, razones y sin razones de la existencia. Porque este hombre está oculto en todos y cada uno de nosotros; y constata que en el devenir del tiempo es uno y todos los hombres. Solo lo diferencia un “saltito” en el devenir histórico de la humanidad.

No olvidemos que, “el hilo conductor que posibilita comprender el (eidos), la especie, y también la naturaleza, es el logos. Los griegos definen al hombre como el ser vivo al que le es propia la palabra. Como lo expresa Heidegger: “Esa determinación de la esencia del hombre, que después llegó a ser corriente en las “definiciones” del homo: animal rationale, el hombre: el ser vivo racional, no significa que el hombre “tenga” la “capacidad lingüística” a la manera de una propiedad entre otras, sino que tener el logos y mantenerse en él señala precisamente la esencia del hombre”.

En Grecia Antigua logos significa narración, conversación, sentencia, concepto; y, él comunica la naturaleza, la vida, el mundo y su fundamento y el cosmos. Esto confirma que la naturaleza del hombre es enteramente lingüística.

La humanidad ahora camina por un desfiladero estrecho y funesto, que la conduce a precipitarse al “brillo” de los instrumentos tecnológicos. En la esfera de la biología y la reproducción técnica de la vida, por ejemplo, que el hombre se produzca a sí mismo técnicamente. Si sucede a gran escala el hombre saltaría por los aires cual costra seca; en la medida que desaparece su esencia como subjetividad. Esto supone que el hombre espiritual y la zona de la subjetividad y la esfera de la sentimentalidad, el que se interroga y se inculpa a sí mismo, sería un hombre situado a nuestras espaldas y los valores de ese hombre, quedan rebatidos por la técnica.

Por eso expresa Jünger: “No faltan esfuerzos tendentes a ganar un mundo en que tengan vigencia valoraciones nuevas y más poderosas”. Lo asombroso de este mundo consistiría en que el hombre llegue a convertirse en mendigo de la técnica y del poder. En este orden, el ser humano no tiene criterios ni categorías para interrogar y enjuiciar a los instrumentos técnicos y el ejercicio del poder.

Así que, tener presente que la voluntad contiene tres esferas la del saber, la del amor y del querer. En ellas se devela el ser, el pensar y el lenguaje. También las categorías de la condición humana: la vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra –al decir de Hannah Arendt.

jueves, 10 de julio de 2025

 

 

 

 

    La Joven Generación en la Civilización de la Inteligencia Artificial

                                                                    Madrid-España a 09/07/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Somos parte de una época donde prevalece la Cultura del artificio: los medios de comunicación de masas, las imágenes “pictóricas” en movimiento, las redes sociales y la IA. Que estructuran y ponen en funcionamiento la civilización abstracta y automática, veloz y efímera, determinada por los instrumentos técnicos. En un momento disruptivo en la vida de los seres humanos, primero fue Internet y la globalización de la conectividad y, ahora estamos en un punto de inflexión con la irrupción de la IA, en todos los ámbitos de la vida humana.

Lo importante en la actualidad es captar, comprender y analizar, como los gigantes tecnológicos se convierten en actores políticos. Vivimos un periodo de transito donde la IA, la ciberseguridad, el ciberataque, el ciberespionaje, determinan la Gobernanza Mundial, la economía, las finanzas nacionales e internacionales, la industria militar, farmacéutica, etc. Una época en la que, la Cultura del artificio condiciona la vida privada y pública de las personas.

Somos parte de una época donde la verdad, la posverdad, la privacidad, la ciberguerra, las guerras hibridas y las guerras en cuanto tal, están alterando la naturaleza humana, la convivencia social, la paz, el Estado de Derecho, las instituciones, el ejercicio del poder y la geopolítica, a nivel internacional. De ahí que el poder, la privacidad, el poder de la información, los relatos políticos, los acontecimientos, el Derecho Internacional y los Derechos Humanos, estén determinados en la actualidad por el Ciberespacio. Es decir, estamos pasando de la realidad a la Ciberrealidad.

Existe una concatenación entre la privacidad, los Derechos Humanos y la libertad. Porque los Estados tecnológicos, los gigantes tecnológicos incentivan la vigilancia masiva, el control y la coerción social. También el dominio sobre las mentes, el espíritu, el comportamiento y la conciencia de los ciudadanos a través de los algoritmos, que responden a relaciones de saber, de dominio y de poder.

Por eso la defensa de la privacidad y de la libertad, son fundamentales en la actualidad; que se libran en las ONG, las instituciones académicas, las universidades, los movimientos políticos, los parlamentos y la sociedad civil, etc. En la actualidad las redes sociales están destruyendo la privacidad y, en particular la de la joven generación. De ahí que el paso de los lenguajes naturales a los lenguajes artificiales, esté posibilitando el vaciamiento de las mentes, del espíritu, de los movimientos del pensamiento y del lenguaje.

        Esto es sumamente grave para los cimientos de la Civilización y la Cultura Occidental.

De ahí defender la privacidad y la libertad del ser humano, es algo importante para la democracia y el Estado de Derecho. La educación debe educar la individualidad desde la niñez en la defensa de los derechos y las libertades fundamentales. También la defensa de su privacidad en un mundo tomado por las redes sociales y su espacio público donde se mueven. Lo importante es educar a las nuevas generaciones y proporcionarles las herramientas adecuadas para que gobiernen las nuevas tecnologías y puedan hacerle frente desde la niñez.

Educarlos en los principios de la cultura cívica, la solidaridad, el respeto al otro, a la diferencia de raza, de religión, de lengua, de sexo, y exaltar los Derechos Fundamentales de la persona humana en una sociedad democrática y plural.

Educar a las nuevas generaciones para que tomen consciencia que ahora las Grandes Corporaciones Tecnológicas (Microsoft, Google, Apple, Amazon o Ali Baba), son más poderosas que algunos Estados. Enseñarles que en el escenario internacional no sólo son agentes económicos, sino también actores políticos y militares. Que incentivan gobiernos o sustituyen gobernantes, por la defensa de sus intereses políticos y económicos. Son actores en la Organización de las Naciones Unidas y los Estados, la OIC, la Alianza Atlántica, el G8, los países del BRIC (el Sur Global), el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etc.

Que defienden el orden que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial y no el concierto actual de las naciones del mundo en vías de desarrollo. También se oponen a reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Etc. Estas y muchas cosas más hay que tener en cuenta para hacer un análisis objetivo y crítico del hacer de las Grandes Corporaciones Tecnológicas en el concierto internacional.

Los gigantes tecnológicos se están convirtiendo en actores políticos, económicos y militares y, en pocos espacios de tiempo serán determinantes en que una única maniobra ejecutada en el cuadro de distribución de la energía conectada a la red de la corriente de las Grandes Corporaciones Tecnológicas y a la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas- repercutirá a nivel global.

Las reglas de juego político y militar cambian y, a la vez el equilibrio de poderes nacionales e internacionales. El hecho que Microsoft defienda a Ucrania y que toda la información de su Gobierno esté en su nube, responde a como defenderlo si alguien lo ataca y le ayudará también a prevenir el ataque.

Decía en una entrevista al periódico El País de Madrid-España, el experto israelí en inteligencia artificial, ciberseguridad y ciberespionaje, exresponsable en estrategia cibernética del Gobierno de Israel, Eviatar Matania que: “Estamos en una nueva era de comportamiento político en el mundo. Microsoft, por ejemplo, comparte los valores occidentales liberales, pero ¿qué pasaría si no lo hiciera? Es un juego que está apenas en sus inicios, estamos solo empezando a comprenderlo y no solo en cuestión de ciberseguridad. Facebook en Australia libra una batalla por la información.

Hay nuevos actores en la política internacional y el debate sobre lo que pueden o no hacer va a ser muy interesante. Hay una lucha constante entre Silicón Valley y Washington DC, entre tecnólogos y políticos. No quieres que la tecnología decida por ti y en un país democrático prefieres hacerlo a través de la política. Pero hay gente que prefiere que Apple la defienda en lugar de un senador en Washington DC. Esa lucha va a construir un nuevo equilibrio entre los que van a controlar. En Europa, por ejemplo, dominan los reguladores. En EE UU son los tecnólogos, las empresas y Washington DC.AWS”.

Bueno bien, sabemos que existe una lucha entre el técnico y el colectivo técnico, los políticos y los Estados, entre la protección de datos y los estándares de regulación. La UE y Reino Unido están muy avanzados en la protección de datos y la ciberseguridad. Dice Matania que: “EE UU, Rusia y China son las superpotencias en lo ciber desde el punto de vista militar. Por detrás están Reino Unido, Francia, Israel y otros. Pero hay otra carrera interesante, no desde el punto de vista militar, sino de los datos. Y en esa carrera las superpotencias son EE UU, China y la UE. Rusia no. Lejos encuentras a Israel y Reino Unido.

Así que, Rusia no es un actor en la carrera económico-tecnológica de la inteligencia artificial. En Israel se ha hecho un planteamiento doble: uno, para la seguridad de Israel y, otro, para construir un poder global en inteligencia artificial. Ahora bien, gracias a todos los datos que tiene, hay tecnologías basada en Inteligencia Artificial que está cambiando el mundo. EE UU y China compiten en quién va a ser el mejor desarrollador en esa área. Y la UE busca el mejor uso de las tecnologías.

Por ejemplo, Finlandia dice: no podemos competir con EE UU o China en el desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial, pero seremos los mejores clientes. Educaremos a nuestra población en el uso del nuevo lenguaje de datos para conseguir una mejor economía y bienestar. Y la UE dice: voy a ser el mejor usuario y vas a depender de mí por ello”.

Bueno bien, lo importante en el desarrollo de los instrumentos técnicos y la IA, respecto a la educación y la formación de las jóvenes generaciones en las nuevas tecnologías, es fundamental. Enseñarles que vivimos en el tiempo de la era tecnológica, que influye en la vida, la seguridad, la economía y la cultura. Que influyen en las tomas de decisiones políticas y económicas, y como repercuten positiva o negativamente en el espíritu, la sensibilidad, las intuiciones, la curiosidad, los movimientos del pensamiento y el lenguaje. “No necesitan ser tecnólogos, pero sí saber entender cómo usarla, cómo comportarse. Será lo más importante para la próxima década o dos”.

Con la revolución industrial sucedió lo mismo que ahora con la IA; quién esté a la vanguardia en ciber, hará un punto de inflexión a nivel internacional. Porque determinará el Ciberespacio y la Ciberrealidad utilizando la IA. Esto repercute en el manejo de la información, la industria militar, farmacéutica, la economía global, y el poder mundial y la geopolítica, estarán determinadas por la fuerza, las tecnologías de la información, el poder económico y financiero internacional, y la Cultura de lo efímero.

En la actualidad la Inteligencia Artificial y el uso de algoritmos en las tomas de decisiones que se implementan en el mundo, en la justicia penal, la salud, los servicios de bienestar social, la educación, la inmigración, etc.; se están utilizando sin regulación o consulta pública. Debemos educar a las nuevas generaciones en los algoritmos utilizados para vigilarnos, clasificarnos y puntuarnos por sistemas que desconocemos o no entendemos.

Esto significa que estamos entregando la libertad, la autonomía de la voluntad y el pensamiento crítico, a los algoritmos, las imágenes en movimiento, las redes sociales. Por ejemplo, al solicitar un préstamo hipotecario o personal, un empleo o un beneficio del Estado. Esta agresión simbolizada en las máquinas, se está convirtiendo en la más fría e insaciable de todas. ¿Saben por qué? Porque se implementan por los Gobiernos, los bancos, las ciudades e instituciones públicas o privadas, sin regulación y control, entre otros.

Preguntamos, ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo mediante el uso de la inteligencia artificial? Como resultado, la IA ha cambiado la forma en que analizamos los datos, tomamos decisiones e interactuamos con nuestros entornos. Como dice Claudia Armesto: “La tecnología de IA también plantea el peligro de replicar los sesgos existentes en la sociedad. Los algoritmos que operan a través del aprendizaje automático aprenden de los datos existentes, entendiendo que estos datos de entrenamiento pueden reflejar los sesgos existentes en la sociedad. Esto plantea el riesgo de incorporar tales sesgos en los futuros programas de toma de decisiones, lo que exacerbaría las desigualdades sociales ya existentes. Si no abordamos estos problemas, corremos el riesgo de crear una sociedad que perpetúe aún más la desigualdad existente y refuerce la exclusión social”.

Es necesario que la joven generación tenga conciencia que, “la llegada de la tecnología de IA también ha llevado a la generación y gestión de grandes cantidades de datos, y esos datos son clasificados en base a una verdad. Con la gran cantidad de datos generados a través de la IA, surge un problema la objetividad de los datos, de privacidad y seguridad de los datos. El tema de la privacidad de los datos ya se ha convertido en una preocupación importante para muchas personas en todo el mundo. El almacenamiento de datos confidenciales, ya sean médicos o personales, tiene el potencial de exponer a las personas a vulnerabilidades que podrían tener un impacto significativo en la sociedad, incluido el robo de identidad, la invasión de la privacidad y el fraude”.

En suma: Las jóvenes generaciones deben educarse para distinguir entre las fake news de la verdad. Una de las futuras luchas será entre la falsedad y la mentira, la verdad y la posverdad, distribuidas en las redes sociales. Veremos la capacidad de construir verdades paralelas, de crear mentiras que seducen, porque atacan y penetran el inconsciente de los jóvenes y de los ciudadanos. Hay que preparar a las jóvenes generaciones, en el ámbito de la curiosidad, la capacidad de asombro, de crítica, de análisis y de juzgar. Es necesario educar a la joven generación y la sociedad en general, para entender cómo abordar la IA y las consecuencias de la automatización que trae consigo.