domingo, 7 de septiembre de 2025

El lenguaje columna vertebral del Humanismo

 

                                    Madrid-España a 06/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 Sabemos por lo acontecido en los últimos tiempos que, en esta alta civilización tecnológica, el hombre asiste a marcha forzada a una ruptura con los lazos culturales, el asombro y la memoria. Se le obliga renunciar a desandar lo andado. Umbral donde la disolución del “Yo” concreto, los contenidos de la lengua, salen mal parados. Podemos decir, son manifestaciones de la existencia donde no existe relación entre el sentido de realidad y la significación de la vida. Esto resulta preocupante para el origen de la cultura Judeo-cristiana y Greco-latina, ya que diluyen las lenguas y los elementos de la civilización moderna. Pero también para el hombre de acción libre e independiente, que desea romper el cerco de las abstracciones, las funciones, los movimientos y las divisiones del trabajo.

Así que, el desarrollo del “canon” científico-tecnológico de las civilizaciones contemporáneas, está develando que la revolución en los lenguajes digitales y la imagen en movimiento, son sólo un débil reflejo de las potencias del espíritu. El espíritu del hombre recibe aquí fogonazos que producen alucinaciones en la conciencia, pero en el fondo, se trata de descifrar el jeroglífico del mundo. Que existe un rayo de luz, por ejemplo, que nos indica las esferas de las profundidades. En la estela del encuentro consigo mismo, es favorable para la naturaleza humana, que se esté dando un giro de la oscuridad a la luz –de los espejismos de la superficie a las profundidades de las criptas, donde mora el sentido de Humanidad.

Desde la perspectiva socio-política mundial resulta preocupante las diferencias en el ámbito de la educación y la cultura, la ciencia y las tecnologías de la información, el ingreso per cápita y el PIB, la cualificación de la mano de obra y las oportunidades de trabajo, bienestar social y respeto a la libertad individual –porque rompen el equilibrio entre los sujetos internacionales y ahondan las diferencias entre individuos y naciones. Podemos vislumbrar que unos utilizan gran parte de la economía de la existencia, al éxito económico y político, al bienestar social, a la educación y la cultura, la ciencia y la técnica; otros que son mayoría, a la supervivencia diaria. Esto representa para la naturaleza esencial del ser humano, una degradación de los órganos vitales y las esferas del espíritu.

En realidad, somos parte de un conjunto de naciones y civilizaciones, donde se prioriza el poder y la economía, las tecnologías y las armas, la eficacia y la eficiencia. Sobre la educación y la cultura, las artes y la música, la filosofía y las humanidades, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. Eso que posibilita alcanzar la libertad y dignidad de persona. O, en otros términos, las esferas del espíritu, la ética, la imaginación y el pensamiento, que posibilitan el sentido de la existencia. Esto induce a pensar la esterilidad intelectual y cognitiva de nuestra época. Porque una civilización que prioriza el éxito económico y político, sobre las verdaderas necesidades y esperanzas humanas. Es una civilización que coloca el pathos fuera de la obra. El ser humano “se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma”, y ahora éste “deviene cada vez más sustituible y prescindible”.

En la actualidad estamos bajo el dominio de potencias políticas, económicas y tecnológicas y, la deriva del devenir es la instauración de sociedades de control, sumisión, simulación y coacción. Estamos viviendo la lucha atroz de potencias imperialistas y la posible irrupción bélica de orden internacional. Es decir, estamos a las puertas de generar una catástrofe atómica. Pero esto no es tan raro como parece, viendo los líderes de la Gobernanza Mundial.

Como expresó Edgar Morín ante las adversidades y los peligros del presente: “La resistencia primera y fundamental es la del espíritu. Significa resistir a la intimidación de toda mentira blandida como verdad y al contagio de toda embriaguez colectiva. Significa no ceder jamás al delirio de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Exige resistir al odio y al desprecio. Impone una preocupación por comprender la complejidad de los problemas y los fenómenos en lugar de ceder a una visión parcial, unilateral. Requiere investigación, verificación de la información y aceptación de las incertidumbres”.

Así, “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas superpotencias (los Estados técnicos absolutos, económica y militarmente poderosos), no sólo juegan con las vidas de los seres humanos, sino también con el destino del hombre como especie sobre la Tierra.

Sorprendidos y anonadados en esta alta civilización tecnológica, nos enfrentamos a marcha forzada, al predominio de los instrumentos técnicos, las máquinas y el automatismo. También a la disolución del “Yo” concreto, de los contenidos espirituales y al sin sentido de la trascendencia. Son manifestaciones del tejido de la existencia que expresan la disyunción entre la realidad y el significado de la vida. En las sociedades contemporáneas, este tipo de contradicción se manifiesta como problema histórico, político, epistémico y lingüístico. Porque toca la esencia del Ser: el lenguaje y el pensamiento.

Si éstos se sustituyen por gramáticas artificiales, la esencia del hombre no responderá a los requerimientos fundamentales de la economía de la existencia. Esto es: al verdadero sentido de humanidad –el amor, la solidaridad, la fraternidad, la esperanza, la libertad, la verdad, la religión, la amistad, la ética, al espíritu; y al respeto de la dignidad del hombre o, a la otredad, etc. Porque son categorías esencialmente lingüísticas y trascendentes. Ya que el mundo del que somos parte, es un mundo lingüístico. Porque lo que comunica la lengua de las cosas y de los hombres, son contenidos espirituales. De ahí la relación entre los fenómenos de la naturaleza y el lenguaje.

Si las palabras encarnan el mundo y la vida de los hombres, y no son ajenas a los medios técnicos, a la política de masas, la ciencia, las artes, la música, al teatro, etc. Las condiciones y posibilidades del lenguaje, responden a las necesidades y esperanzas humanas. Por eso los desaciertos y las atrocidades de los hombres, no son indiferentes al lenguaje, la experiencia y el pensamiento. La barbarie, por así decir, que vivió centro Europa a mediados del Siglo XX, afectó profundamente los órganos vitales de la cultura occidental. Y demostró cuan frágil y deleznable es la vida humana. Esto supuso no sólo la ruptura entre los hombres, también la destrucción del sentido de Humanidad.

Se demostró que la relación entre lenguaje y política, algunas veces se trivializa convirtiéndola en instrumento de opresión, de demagogia, de dominio y exclusión. Más cuando en nombre de la nación, del partido, la ideología, la religión o la cultura, se discrimina, se desprecia, se odia, se humilla y se asesina al ser humano.  Lo cual significa, una vez más, que la relación entre lenguaje y política se convierte en referente para evaluar el estatus de la dignidad humana.

Y, observamos como la razón se pone al servicio de las potencias de la muerte: se configuró en centro Europa, como “el eclipse de lo mesiánico”: la Shoah, una fractura fundamental de la existencia humana. Y, ahora se observa en Ucrania y Palestina. Entender que la historia es cruel y contradictoria, el escarnecido se pone en el lugar del escarnecedor, la victima ocupa el lugar del verdugo, como está pasando en Palestina con respecto a Israel.

Desde otra perspectiva, socio-lingüística e histórica, existen pueblos y naciones ajenos a la evolución de la sintaxis, al asombro de la sensibilidad, a las energías de las gramáticas heredadas. A otros en cambio, se les permite estar a la altura de las circunstancias históricas y lingüísticas. George Steiner lo expresa elocuente en el texto, “Después de Babel”: “Las lenguas son conjuntos totalmente arbitrarios de señales e índices convencionales. Algunas civilizaciones han vivido épocas en que la sintaxis se vuelve rígida, épocas en que se marchitan los recursos disponibles de percepción viva y reformulación. En lugar de actuar como una membrana viva, la gramática y el vocabulario erigen barreras contra los nuevos sentimientos”.

Además, señala que la parálisis de las formas y contenidos idiomáticos, tiene como consecuencia en algunas lenguas, su muerte. Para otras en cambio, las dota de las herramientas necesarias para responder a los requerimientos psicológicos, materiales, éticos y morales de sus pueblos. Si las palabras antiguas y el fundamento semántico común, no responden a los requerimientos de la condición humana, resulta preocupante para la vivacidad de las culturas y las lenguas heredadas. En todo caso, por la primacía de la imagen y los lenguajes digitales están en entre dicho.

La idea de George Steiner trae a colación la preocupación que existe hoy en día, en los estudiosos del lenguaje. Ven por así decir, cómo la lógica interna que organiza las articulaciones espacio-temporales, se degradan y arrastran tras de sí, el idioma común y las significaciones alrededor del “logos” clásico. También, cómo poco a poco el lenguaje natural sede parte de su espacio a los nuevos lenguajes digitales. Perciben que en todas las formas léxico-gramaticales, el sentido de las palabras está cada vez más subordinado a la imagen. Esta trastocación en la cultura occidental reciente, afecta la estructura psíquico-somática y lingüística del hombre. Su mutación repercute en la percepción e interpretación de la experiencia y la realidad.

Esto induce a pensar que la crisis de las civilizaciones actuales, es concomitante con la idea de las Utopías de lo efímero. Se presentan fascinantes y atractivas en la atmósfera del hechizo de los medios de comunicación de masas, la algarabía de los lenguajes digitales y la estridencia de las Plataformas Digitales. Porque presentan la vida y los fundamentos de la existencia como algo insignificante y destinadas al olvido. Esta potencia liberada de todo propósito, constata la inmensa capacidad de los mass-media y los nuevos lenguajes digitales, para instaurar un nuevo orden de existencias.

Así mismo, aprenden a servirse del lenguaje y la imagen “pictórica”, como instrumentos de dominio, de control y de acción sobre los hombres. Son medios prácticamente infalibles. No respetan las reglas de juego, la diferencia entre verdad y falsedad, las fronteras entre pensamiento y realidad, los límites de la imagen y el lenguaje, las esperanzas y posibilidades humanas. No les importa lo que dice o representa la imagen pictórica en movimiento, sino a quién se dice, para qué se dice y cómo se dice. Liberados entonces de sus propósitos éticos y prácticos, morales y estéticos, se convierten ipso facto en instrumentos de poder, coerción y control.

Las Utopías de lo efímero presentan al ser humano en la Sociedad del espectáculo, como un ser sin memoria, sin recuerdos, sin experiencias, sin pensamientos, sin huellas dejadas tras de sí, sin esperanza. Las Utopías de lo efímero no posibilitan que las personas concatenen el pasado con el presente, la actualidad con los mitos, tampoco que vivencien los triunfos, las pesadillas, los sueños, las leyendas, porque presentan al hombre sin memoria situado en el presente-ahora. “La concepción que Hugo saluda en William Shakespeare testimonia lo acaecido: “El progreso es el paso del mismísimo Dios”.

El concepto de autonomía de la voluntad como querer desde la consciencia y la libertad, se degradan aquí tristemente. Además, éstas envuelven en niebla las relaciones entre los hombres por estar inmersos en una especie de hechizo del presente-actual. Su papel como instrumentos de dominio y de coacción, no se les escapa. Porque el ser humano se convierte en objeto de oscuras fuerzas que lo trascienden. Así, al perder las señales de identidad, las particularidades de lo singular y la consciencia de lo trascendente, se entrega al juego de la rutina de la vida cotidiana. Esto coloca al ser humano en una posición crítica, porque no es éste el que guía a los objetos, sino que se deja llevar por ellos y sus espejismos.

Recordemos que la Cultura de lo efímero se contrapone a lo mejor del hombre: el milagro del lenguaje, la sensibilidad, el pensar y el espíritu. Hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje pierde una parte de los contenidos espirituales que comunica, el hombre se vuelve menos humano. Es en el lenguaje donde el ser humano alcanza la categoría de persona. Por eso la lengua de la estética es la madre de la ética. Es en el ámbito del pensamiento y el lenguaje, donde la filosofía reflexiona el mundo y la realidad. La disolución del lenguaje común por la política, muestra cuanto significa la disminución de humanidad.

Esta reflexión expone polémicamente las energías políticas de la época. Que pueden leerse e interpretarse en las esferas del arte y la literatura. Porque se convierten en la “vanguardia de la libertad y la cultura”. De igual modo muestra las diferencias más sutiles entre los modos y los medios de comunicación técnicos, y su repercusión en los diversos universos del habla. Cómo en la historia de la cultura occidental reciente, es cada vez más difícil que las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario, posibiliten precisar las verdaderas necesidades y esperanzas humanas.

A la vez develar los intereses del modo de producción global y los “centros de poder” distribuidos en las redes globales. Ahora bien, sí la política es incapaz de aunar palabra y realidad, los recursos imaginativos y verbales se transforman en instrumentos de demagogia, mentiras y despropósitos humanos. Se trata del “choque frontal –dice Walter Benjamín- contra el pasado mediante el presente”. Para que los fenómenos sean “salvados cuando se evidencia en ellos la discontinuidad”. Estos fenómenos no pueden estar al margen del decurso material de la historia y de las verdaderas necesidades psicológicas, morales y materiales del ser humano.

Resulta preocupante que en esta alta civilización técnica y de masas, gran parte de la inteligencia mundial esté comprometida con las nuevas tecnologías de la información, las tecnocracias de las instituciones públicas o privadas, la industria armamentística, las finanzas internacionales, el dinero bancario, las guerras globales, los neo-nacionalismos trasnochados, que desembocan en un profundo malestar moral para la sociedad global. Además, que estén al servicio de los “centros de poder” distribuidos en las redes que tejen y destejen las relaciones de fuerza. Lo que está en juego no sólo tiene que ver con el bienestar o la pobreza de gran parte de la población mundial. Sino fundamentalmente con la permanencia de millones de seres humanos sobre la faz de la tierra.

Este acontecer significa para los que ejercen el poder, una gran responsabilidad moral. Porque la inteligencia mundial debe tener un compromiso ético con los más débiles de las sociedades. Es decir, “un sentimiento de responsabilidad social, así como su convicción de que es un deber de la sociedad proteger al individuo”. Su voz proclamará indignación moral ante ese rostro nuevo de la barbarie y la injusticia, la xenofobia y la exclusión, el racismo y la muerte. Que se expresan en la violencia y el odio, las guerras nacionales y globales, al migrante y desprotegido del poder Total, de aquel que sufre y está batido por el Gran Poder Tecnológico.

En este orden de cosas, “las personas que trafican con ideas no deben ser indiferentes con el mundo que los rodea. No hay duda que el deber de aquellos que tratan con ideas –nos recuerda Isaías Berlín– es ser racional y adecuar la acción a la palabra, vivir vidas integradas, no divorciar sus pensamientos de sus actos y no decirse a sí mismo que ser un profesor o un artista es una profesión tal y como lo son la de un herrero o un contable, que no implican responsabilidades sociales especiales”.

En este orden, más allá de la filosofía utilitaria y del historicismo, los que así piensan son amigos de la humanidad y fervientemente desean que el ser humano se quite la máscara del progreso, la técnica, las ilusiones ópticas o auditivas. Para que se pongan al servicio del hombre de carne y hueso.  De ese que calla y sufre y, se encuentra desprotegido y solo, indefenso ante la fuerza del poder Total. Estas personas formadas para pensar deben desvelar una nueva dirección de los propósitos humanos, que tanta falta hace a la humanidad en general.

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