Antonio
Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.
Así
que, el desarrollo del “canon”
científico-tecnológico de las civilizaciones contemporáneas, está develando que
la revolución en los lenguajes digitales y la imagen en movimiento, son sólo un
débil reflejo de las potencias del espíritu. El espíritu del hombre recibe aquí
fogonazos que producen alucinaciones en la conciencia, pero en el fondo, se
trata de descifrar el jeroglífico del mundo. Que existe un rayo de luz, por
ejemplo, que nos indica las esferas de las profundidades. En la estela del
encuentro consigo mismo, es favorable para la naturaleza humana, que se esté
dando un giro de la oscuridad a la luz –de los espejismos de la superficie a
las profundidades de las criptas, donde
mora el sentido de Humanidad.
Desde
la perspectiva socio-política mundial resulta preocupante las diferencias en el
ámbito de la educación y la cultura, la ciencia y las tecnologías de la
información, el ingreso per cápita y el PIB, la cualificación de la mano
de obra y las oportunidades de trabajo, bienestar social y respeto a la
libertad individual –porque rompen el equilibrio entre los sujetos
internacionales y ahondan las diferencias entre individuos y naciones. Podemos
vislumbrar que unos utilizan gran parte de la economía de la existencia, al
éxito económico y político, al bienestar social, a la educación y la cultura,
la ciencia y la técnica; otros que son mayoría, a la supervivencia diaria. Esto
representa para la naturaleza esencial del ser humano, una degradación de los
órganos vitales y las esferas del espíritu.
En
realidad, somos parte de un conjunto de naciones y civilizaciones, donde se
prioriza el poder y la economía, las tecnologías y las armas, la eficacia y la
eficiencia. Sobre la educación y la cultura, las artes y la música, la
filosofía y las humanidades, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. Eso
que posibilita alcanzar la libertad y dignidad de persona. O, en otros
términos, las esferas del espíritu, la ética, la imaginación y el pensamiento,
que posibilitan el sentido de la existencia. Esto induce a pensar la
esterilidad intelectual y cognitiva de nuestra época. Porque una civilización
que prioriza el éxito económico y político, sobre las verdaderas necesidades y
esperanzas humanas. Es una civilización que coloca el pathos fuera de la obra. El ser humano “se ha salido de ella; ésta
se ha vuelto autónoma”, y ahora éste “deviene cada vez más sustituible y
prescindible”.
En
la actualidad estamos bajo el dominio de potencias políticas, económicas y
tecnológicas y, la deriva del devenir es la instauración de sociedades de
control, sumisión, simulación y coacción. Estamos viviendo la lucha atroz de
potencias imperialistas y la posible irrupción bélica de orden internacional.
Es decir, estamos a las puertas de generar una catástrofe atómica. Pero esto no
es tan raro como parece, viendo los líderes de la Gobernanza Mundial.
Como
expresó Edgar Morín ante las adversidades y los peligros del presente: “La
resistencia primera y fundamental es la del espíritu. Significa resistir a la
intimidación de toda mentira blandida como verdad y al contagio de toda
embriaguez colectiva. Significa no ceder jamás al delirio de la responsabilidad
colectiva de un pueblo o de una etnia. Exige resistir al odio y al desprecio.
Impone una preocupación por comprender la complejidad de los problemas y los
fenómenos en lugar de ceder a una visión parcial, unilateral. Requiere
investigación, verificación de la información y aceptación de las
incertidumbres”.
Así,
“nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el
que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas superpotencias (los Estados
técnicos absolutos, económica y militarmente poderosos), no sólo juegan con las
vidas de los seres humanos, sino también con el destino del hombre como especie
sobre la Tierra.
Sorprendidos
y anonadados en esta alta civilización tecnológica, nos enfrentamos a marcha
forzada, al predominio de los instrumentos técnicos, las máquinas y el
automatismo. También a la disolución del “Yo”
concreto, de los contenidos espirituales y al sin sentido de la trascendencia.
Son manifestaciones del tejido de la existencia que expresan la disyunción
entre la realidad y el significado de la vida. En las sociedades
contemporáneas, este tipo de contradicción se manifiesta como problema
histórico, político, epistémico y lingüístico. Porque toca la esencia del
Ser: el lenguaje y el pensamiento.
Si
éstos se sustituyen por gramáticas artificiales, la esencia del hombre no
responderá a los requerimientos fundamentales de la economía de la existencia.
Esto es: al verdadero sentido de humanidad –el amor, la solidaridad, la
fraternidad, la esperanza, la libertad, la verdad, la religión, la amistad, la
ética, al espíritu; y al respeto de la dignidad del hombre o, a la otredad,
etc. Porque son categorías esencialmente lingüísticas y trascendentes. Ya que
el mundo del que somos parte, es un mundo lingüístico. Porque lo que comunica
la lengua de las cosas y de los hombres, son contenidos espirituales. De ahí la
relación entre los fenómenos de la naturaleza y el lenguaje.
Si
las palabras encarnan el mundo y la vida de los hombres, y no son ajenas a los
medios técnicos, a la política de masas, la ciencia, las artes, la música, al
teatro, etc. Las condiciones y posibilidades del lenguaje, responden a las
necesidades y esperanzas humanas. Por eso los desaciertos y las atrocidades de
los hombres, no son indiferentes al lenguaje, la experiencia y el pensamiento.
La barbarie, por así decir, que vivió centro Europa a mediados del Siglo XX,
afectó profundamente los órganos vitales de la cultura occidental. Y demostró
cuan frágil y deleznable es la vida humana. Esto supuso no sólo la ruptura
entre los hombres, también la destrucción del sentido de Humanidad.
Se
demostró que la relación entre lenguaje y política, algunas veces se trivializa
convirtiéndola en instrumento de opresión, de demagogia, de dominio y
exclusión. Más cuando en nombre de la nación, del partido, la ideología, la
religión o la cultura, se discrimina, se desprecia, se odia, se humilla y se asesina
al ser humano. Lo cual significa, una
vez más, que la relación entre lenguaje y política se convierte en referente
para evaluar el estatus de la dignidad humana.
Y,
observamos como la razón se pone al servicio de las potencias de la muerte: se
configuró en centro Europa, como “el
eclipse de lo mesiánico”: la Shoah,
una fractura fundamental de la existencia humana. Y, ahora se observa en
Ucrania y Palestina. Entender que la historia es cruel y contradictoria, el
escarnecido se pone en el lugar del escarnecedor, la victima ocupa el lugar del
verdugo, como está pasando en Palestina con respecto a Israel.
Desde
otra perspectiva, socio-lingüística e histórica, existen pueblos y naciones
ajenos a la evolución de la sintaxis, al asombro de la sensibilidad, a las
energías de las gramáticas heredadas. A otros en cambio, se les permite estar a
la altura de las circunstancias históricas y lingüísticas. George Steiner lo
expresa elocuente en el texto, “Después de Babel”: “Las lenguas son
conjuntos totalmente arbitrarios de señales e índices convencionales. Algunas
civilizaciones han vivido épocas en que la sintaxis se vuelve rígida, épocas en
que se marchitan los recursos disponibles de percepción viva y reformulación.
En lugar de actuar como una membrana viva, la gramática y el vocabulario erigen
barreras contra los nuevos sentimientos”.
Además,
señala que la parálisis de las formas y contenidos idiomáticos, tiene como
consecuencia en algunas lenguas, su muerte. Para otras en cambio, las dota de
las herramientas necesarias para responder a los requerimientos psicológicos,
materiales, éticos y morales de sus pueblos. Si las palabras antiguas y el
fundamento semántico común, no responden a los requerimientos de la condición
humana, resulta preocupante para la vivacidad de las culturas y las lenguas
heredadas. En todo caso, por la primacía de la imagen y los lenguajes digitales
están en entre dicho.
La
idea de George Steiner trae a colación la preocupación que existe hoy en día,
en los estudiosos del lenguaje. Ven por así decir, cómo la lógica interna que
organiza las articulaciones espacio-temporales, se degradan y arrastran tras de
sí, el idioma común y las significaciones alrededor del “logos” clásico.
También, cómo poco a poco el lenguaje natural sede parte de su espacio a los
nuevos lenguajes digitales. Perciben que en todas las formas
léxico-gramaticales, el sentido de las palabras está cada vez más subordinado a
la imagen. Esta trastocación en la cultura occidental reciente, afecta la
estructura psíquico-somática y lingüística del hombre. Su mutación repercute en
la percepción e interpretación de la experiencia y la realidad.
Esto
induce a pensar que la crisis de las civilizaciones actuales, es concomitante
con la idea de las Utopías de lo efímero. Se presentan fascinantes y
atractivas en la atmósfera del hechizo de los medios de comunicación de masas,
la algarabía de los lenguajes digitales y la estridencia de las Plataformas
Digitales. Porque presentan la vida y los fundamentos de la existencia como
algo insignificante y destinadas al olvido. Esta potencia liberada de todo
propósito, constata la inmensa capacidad de los mass-media y los nuevos
lenguajes digitales, para instaurar un nuevo orden de existencias.
Así
mismo, aprenden a servirse del lenguaje y la imagen “pictórica”, como
instrumentos de dominio, de control y de acción sobre los hombres. Son medios
prácticamente infalibles. No respetan las reglas de juego, la diferencia entre
verdad y falsedad, las fronteras entre pensamiento y realidad, los límites de
la imagen y el lenguaje, las esperanzas y posibilidades humanas. No les importa
lo que dice o representa la imagen pictórica en movimiento, sino a quién se
dice, para qué se dice y cómo se dice. Liberados entonces de sus propósitos
éticos y prácticos, morales y estéticos, se convierten ipso facto en
instrumentos de poder, coerción y control.
Las
Utopías de lo efímero presentan al ser humano en la Sociedad del
espectáculo, como un ser sin memoria, sin recuerdos, sin experiencias, sin
pensamientos, sin huellas dejadas tras de sí, sin esperanza. Las Utopías de lo efímero no posibilitan que
las personas concatenen el pasado con el presente, la actualidad con los mitos,
tampoco que vivencien los triunfos, las pesadillas, los sueños, las leyendas,
porque presentan al hombre sin memoria situado en el presente-ahora. “La
concepción que Hugo saluda en William
Shakespeare testimonia lo acaecido: “El progreso es el paso del mismísimo
Dios”.
El
concepto de autonomía de la voluntad como querer desde la consciencia y la
libertad, se degradan aquí tristemente. Además, éstas envuelven en niebla las
relaciones entre los hombres por estar inmersos en una especie de hechizo del
presente-actual. Su papel como
instrumentos de dominio y de coacción, no se les escapa. Porque el ser humano
se convierte en objeto de oscuras fuerzas que lo trascienden. Así, al perder
las señales de identidad, las particularidades de lo singular y la consciencia
de lo trascendente, se entrega al juego de la rutina de la vida cotidiana. Esto
coloca al ser humano en una posición crítica, porque no es éste el que guía a
los objetos, sino que se deja llevar por ellos y sus espejismos.
Recordemos
que la Cultura de lo efímero se
contrapone a lo mejor del hombre: el milagro del lenguaje, la sensibilidad, el
pensar y el espíritu. Hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido
indivisibles. Si el lenguaje pierde una parte de los contenidos espirituales
que comunica, el hombre se vuelve menos humano. Es en el lenguaje donde el ser
humano alcanza la categoría de persona. Por eso la lengua de la estética es la madre de la ética. Es en el ámbito
del pensamiento y el lenguaje, donde la filosofía reflexiona el mundo y la
realidad. La disolución del lenguaje común por la política, muestra cuanto
significa la disminución de humanidad.
Esta
reflexión expone polémicamente las energías políticas de la época. Que pueden
leerse e interpretarse en las esferas del arte y la literatura. Porque se
convierten en la “vanguardia de la libertad y la cultura”. De igual modo
muestra las diferencias más sutiles entre los modos y los medios de
comunicación técnicos, y su repercusión en los diversos universos del habla.
Cómo en la historia de la cultura occidental reciente, es cada vez más difícil
que las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario,
posibiliten precisar las verdaderas necesidades y esperanzas humanas.
A
la vez develar los intereses del modo de producción global y los “centros de poder” distribuidos en las
redes globales. Ahora bien, sí la política es incapaz de aunar palabra y
realidad, los recursos imaginativos y verbales se transforman en instrumentos
de demagogia, mentiras y despropósitos humanos. Se trata del “choque frontal
–dice Walter Benjamín- contra el pasado mediante el presente”. Para que los
fenómenos sean “salvados cuando se evidencia en ellos la discontinuidad”. Estos
fenómenos no pueden estar al margen del decurso material de la historia y de
las verdaderas necesidades psicológicas, morales y materiales del ser humano.
Resulta
preocupante que en esta alta civilización técnica y de masas, gran parte de la
inteligencia mundial esté comprometida con las nuevas tecnologías de la información,
las tecnocracias de las instituciones públicas o privadas, la industria
armamentística, las finanzas internacionales, el dinero bancario, las guerras
globales, los neo-nacionalismos trasnochados, que desembocan en un profundo
malestar moral para la sociedad global. Además, que estén al servicio de los “centros de poder” distribuidos en las
redes que tejen y destejen las relaciones de fuerza. Lo que está en juego no
sólo tiene que ver con el bienestar o la pobreza de gran parte de la población
mundial. Sino fundamentalmente con la permanencia de millones de seres humanos
sobre la faz de la tierra.
Este
acontecer significa para los que ejercen el poder, una gran responsabilidad
moral. Porque la inteligencia mundial debe tener un compromiso ético con los
más débiles de las sociedades. Es decir, “un sentimiento de responsabilidad
social, así como su convicción de que es un deber de la sociedad proteger al
individuo”. Su voz proclamará indignación moral ante ese rostro nuevo de la
barbarie y la injusticia, la xenofobia y la exclusión, el racismo y la muerte.
Que se expresan en la violencia y el odio, las guerras nacionales y globales,
al migrante y desprotegido del poder Total, de aquel que sufre y está batido
por el Gran Poder Tecnológico.
En
este orden de cosas, “las personas que trafican con ideas no deben ser
indiferentes con el mundo que los rodea. No hay duda que el deber de aquellos
que tratan con ideas –nos recuerda Isaías Berlín– es ser racional y adecuar la
acción a la palabra, vivir vidas integradas, no divorciar sus pensamientos de
sus actos y no decirse a sí mismo que ser un profesor o un artista es una
profesión tal y como lo son la de un herrero o un contable, que no implican
responsabilidades sociales especiales”.
En
este orden, más allá de la filosofía utilitaria y del historicismo, los que así
piensan son amigos de la humanidad y fervientemente desean que el ser humano se
quite la máscara del progreso, la técnica, las ilusiones ópticas o auditivas.
Para que se pongan al servicio del hombre de carne y hueso. De ese que calla y sufre y, se encuentra
desprotegido y solo, indefenso ante la fuerza del poder Total. Estas personas
formadas para pensar deben desvelar una nueva dirección de los propósitos
humanos, que tanta falta hace a la humanidad en general.
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