La Moda y El Lujo
Walter Benjamín y Guilles Lipovetsky
Madrid-España a 12/07/2026
Con admiración a la Musa del perro:
Beatriz.
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
La Moda
En este siglo tan seco y ayuno de
fantasía poética la moda y el lujo abren un campo onírico en la sociedad, que
posibilita hacer un corte al presente-actual fijándose en la fragilidad de lo
fútil, lo fantástico y fugaz de la vida cotidiana. Walter Benjamín dijo en
algunos de sus pasajes: “La moda es la precursora del surrealismo, o mejor: la
eterna figura que le guarda el asiento”. Así que, prosigue Benjamín: “En toda
moda hay algo de amargura sátira sobre el amor, en toda moda se hallan trazadas
sin compasión todas las perversiones sexuales, toda moda abunda en resistencias
ocultas contra el amor… La pregunta por el vestuario rebasa el teatro y penetra
profundamente en la vida del arte y de la literatura, donde la moda es a la vez
conservada y superada”.
No se puede desconocer que “a
menudo el nuevo ritmo de la vida se anuncia del modo más insospechado, como en
los carteles… Simbolizan, en un grado aún más intenso que la prensa, la vida
rápida, agitada, multiforme, que nos arrastra”. Preguntamos, ¿qué representan
los carteles de la moda en la vida del hombre de la Gran ciudad? “Pues expresan una conducta profundamente afectiva del
hombre en relación al curso de la historia”. Se puede relacionar este afán de
experimentar sensaciones con la lascivia, la sexualidad, el deseo, lo onírico,
y la trascendencia del peso de la vida cotidiana.
“La moda es la búsqueda siempre
vana, a menudo ridícula, a veces peligrosa, de una belleza superior ideal” –al
decir de Du Camp-. Así que, “el lema de Balzac es sumamente apropiado para
explicar la época del infierno. Explicar, a saber, que esta época no quiere
saber nada de la muerte, que la moda también se burla de ella, que la
aceleración del tráfico, el ritmo de trasmisión de noticias –en el que se
suceden las ediciones de los periódicos-, acaban por eliminar toda
interrupción, todo final brusco, y que la muerte como corte está unida a la
linealidad del curso divino del tiempo. ¿Hubo modas en la antigüedad? ¿O lo
impedía el poder del marco? – expresó Benjamín en el Libro de los Pasajes.
Escribió Benjamín, “lo eterno en
todo caso es más bien un volante en un vestido que una idea”. Otra idea de
Benjamín: “En el fetichismo, el sexo abate las barreras entre el mundo orgánico
e inorgánico. El vestido y el adorno son sus aliados. Está en su casa tanto en
lo muerto como en la carne. Incluso esta última le indica por sí misma el modo
de instalarse en lo primero… Hay otro que se abre en el vértigo de la pasión:
los paisajes del cuerpo. Ya están animados, pero aún son accesibles a la vista,
aunque ciertamente cuanto más se aleja, más cede al tacto o al olfato la guía a
través de este reino de la muerte.
En los sueños, sin embargo, no
pocas veces aparecen pechos henchidos, cubiertos por completo –como la tierra-
de bosques y peñas, y las miradas han hundido sus vidas en el fondo de los
espejos de agua que dormitan en los valles. Atraviesan estos pasajes que
acompañan al sexo por el mundo de lo orgánico. La moda misma es sólo otro medio
que lo atrae aún más profundamente al mundo de la materia”.
Guillaume Apollinaire, en El poeta asesinado, nos recuerda estas
palabras de Tristouse: “Este año, la moda es extraña y familiar, es sencilla y
está llena de fantasía. Todas las materias de los diferentes reinos de la
naturaleza pueden ahora entrar en la composición de un traje de mujer… La moda
se vuelve práctica y no desprecia nada, lo ennoblece todo. Hace en cuanto a las
materias lo que los romanos hicieron para con las palabras”. Así que, “la moda
se hace únicamente de extremos. Dado que busca por naturaleza los extremos,
cuando prescinde de una determinada forma no le queda más remedio que
entregarse a la contraria. Sus extremos más radicales: la frivolidad y la
muerte”.
Por tanto, todas las profesiones
que sirven al lujo, las modistas, los zapateros, los sombrereros, los joyeros,
etc., beben de las fuentes de lo fútil, lo pasajero y la muerte. La moda se
burla de la muerte, porque ésta es eterna y duradera; mientras que la moda es
fugaz como los pliegues del tiempo del día. Pueden restaurarse o cambiarse al
día siguiente, y seguir viviendo en lo grisáceo de la rutina de la vida
cotidiana. Siempre la moda y el lujo, expresan las “formas” del poder y su
parafernalia, y su entrelazamiento con la sensibilidad y el pensar de la época.
Eugène Montrue, en el texto El siglo XIX vivido por dos franceses,
París, dice: “La moda es un testigo, pero un testigo de la historia del gran
mundo solamente, pues en todos los pueblos… la gente pobre no tiene más modas
que historia, y ni sus ideas ni sus gustos ni siquiera su vida cambian apenas.
Sin duda... la vida pública comienza a penetrar en las pequeñas familias, pero
hará falta tiempo”. Benjamín interpreta lo precedente valiéndose de Bertolt
Brecht, y recurre al texto, Cinco
dificultades a la hora de escribir la verdad, París/Basilea/Praga 1935.
Expresa Benjamín, la siguiente observación permite conocer el significado de la
moda como velo de unos deseos muy concretos de la clase dirigente. “Los
poderosos tienen una gran aversión a los cambios bruscos. Quieren que todo siga
igual, preferiblemente mil años. ¡Lo mejor sería que la Luna se quedara parada
y que el Sol no avanzase! Entonces nadie tendría hambre ni querría cenar por la
noche. Si ellos han disparado, querrían que su tiro fuese el último, que el
contrario ya no tuviera derecho a disparar”.
En las sociedades de masas y
culturas de masas en el Siglo XIX y XX, lo importante no es la cultura, sino la
futilidad y el peso del presente-ahora. Eso que Benjamín y el surrealismo
llamaron actualidad. La moda y el lujo hacen parte de las sociedades masas, que
todo lo que tocan lo destruyen o lo consumen. A la moda no le interesa la
durabilidad de los objetos culturales, sino la fragilidad de lo que exponen o
consumen. En las gentes humildes y pobres de los pueblos y las ciudades, la
moda se presenta como un agente de discriminación, segregación y distinción
social. Como dice Eugène Montrue: “la gente pobre no tiene más modas que
historia”. Así que, la historia de la gente pobre es el dolor, el sufrimiento,
la explotación, la segregación social y económica por parte del Gran Poder.
También el hambre, las enfermedades y la falta de educación y de cultura.
La moda desdeña o no les presta
atención a las costumbres nacionales, los usos, los rituales, o a las historias
comunes, sino al consumo y fútil de los objetos representados en los vestidos,
los zapatos o los sombreros, por ejemplo. La moda son valores que están allí
para mostrar y consumir, es decir, “son bienes de consumo que necesitan ser
agotados, como cualquier otro objeto de consumo”. Dice Helen Grund en el texto,
La esencia de la moda que: “Los
creadores de moda… se mueven por la sociedad adquiriendo de ella una imagen,
una impresión general. Participan de la vida artística, asisten a estrenos y a
exposiciones, leen los best sellers;
en otras palabras, su inspiración surge… de los estímulos… que ofrece una
inquieta actualidad. Pero puesto que ningún presente se desprende por completo
del pasado, también el pasado les proporciona un estímulo”.
En el siglo XIX y XX, la guerra
publicitaria entre las casas de moda y los periodistas, es común entre ellas. A
principio del siglo XXI, la revolución en los medios de comunicación de masas,
Internet, las imágenes en movimiento, las redes sociales, y los diversos
lenguajes digitales; le proporcionan a la moda una dimensión universalista. Así
que, la novedad está concatenada por efecto sorpresa en la moda. Cuando un
vestido se hace público el efecto novedad desaparece. En la actualidad la moda
por el Sistema Capitalista de Consumo se ha popularizado. La sociedad de masas
posibilita que la moda como “status” social se popularice.
Los movimientos desordenados del
mundo moderno, la velocidad y lo efímera de la vida moderna, se contraponen a
las artes. Estas apuestas por la durabilidad de las cosas bellas, materiales o
espirituales. Sobre la sensación de lo nuevo –Paul Valéry en Preámbulo. Exposición del arte italiano
de 1935, dice: “¡Nuestros ideales duran diez años! La absurda superstición de
lo nuevo –que ha reemplazado fastidiosamente a la antigua y excelente creencia
en el juicio de la posteridad- asigna a los esfuerzos el objetivo más ilusorio
y los orienta a crear lo más perecedero que hay, lo perecedero por esencia: la
sensación de lo nuevo”. A finales del siglo XIX y principios del Siglo XX, “el
vestido se convirtió en una imagen del movimiento rápido que lleva el mundo”
–al decir de Charles Blanc en Consideraciones
sobre las ropas de las mujeres,
1872”.
Piensa Rudolph von Jhering, en La finalidad bien entendida, 1883” que,
“para captar la esencia de la moda actual no se puede recurrir a motivaciones
individuales como… son el afán de cambio, el sentido de la belleza, la búsqueda
de lo decoroso o el impulso mimético. No hay duda que estas intervenciones han
intervenido… en la formación del vestido… desde las épocas más diversas. Pero
la moda, en el sentido que tiene hoy para nosotros, no posee una motivación
individual, sino social, y de comprenderlo como es debido depende entender toda
su esencia. Es el intento de las clases altas por separarse de las bajas, o más
bien de las medias”.
Los rasgos que caracterizan la
moda en la actualidad, consiste en que, los estratos altos de la sociedad ponen
diques con las nuevas modas respecto a las clases bajas y las clases medias.
Uno se esfuerza por ir delante con las nuevas modas y los otros, por
alcanzarlos e igualarlos. “La moda va de arriba abajo, y no de abajo hacia
arriba… Un intento de las clases medias por crear una nueva moda. De ahí que el
anhelo de las clases altas, sería algo así, como que las clases medias tengan
su propia moda.
Debemos tener presente que, “el
cambio continuo de la moda” indica que, “una vez adoptada la nueva moda por las
clases medias… pierde su valor para las altas. Pero la novedad es la condición
imprescindible de la moda… La duración de una moda está en proporción inversa a
la rapidez de su difusión; su fugacidad ha aumentado en nuestro tiempo en la
misma medida en que han progresado los medios de su difusión debido al
perfeccionamiento de los medios de comunicación”. Entonces, como la revolución
en los medios de difusión masiva forma parte de la sociedad, también la moda
forma parte de la sociedad. Existe una concatenación intrínseca entre la moda y
la sociedad donde aparece. Ambas entonces son expresión de su tiempo y su
espacio.
En la
actualidad el “carácter plebeyo de la moda” viene desde abajo por parte de los
nuevos ricos.
George Simmel en Cultura filosófica de 1911, señala que “hoy
día, las creaciones de la moda se integran cada vez más en la concepción objetiva
de actividad económica”. “No surge un artículo por las buenas, que luego se
pone de moda, sino que se introducen artículos con el objeto de que se pongan
de moda”. La publicidad, los medios de información y las redes sociales en la
actualidad, se corresponden con el Sistema Capitalista de Consumo, que ofrecen
la moda como un bien de consumo. Simmel nos recuerda que, “el ritmo de la vida
moderna no sólo expresa el anhelo por un rápido cambio en los contenidos
cualitativos de la vida, sino también el poder del estímulo formal del límite,
del principio y del fin”. (Ib.).
El rápido cambio de la moda
provoca “que la moda ya no pueda ser … tan caras como lo eran antes… un
verdadero circulo vicioso: cuanto más rápido cambia la moda, tanto más baratas
tienen que ser las cosas; y cuanto más baratas resultan, tanto más incitan a
los consumidores a un cambio rápido de la moda, forzando a los fabricantes a
ello”.
Benjamín hace alusión a Eduard Fuchs
ante las afirmaciones de Jhering sobre la moda, dice Fuchs: “Es necesario…
decir una vez más que los intereses de la separación de clases son sólo una de
las causas del frecuente cambio de la moda, y que hay una segunda… que también se
ha de tener en cuenta: el cambio frecuente de la moda como consecuencia del
modo de producción del capitalismo privado, que en interés de su tasa de
beneficio se ve obligado a aumentar constantemente su cifra de ventas”.
Fuchs anota que Jhering se le
pasa por alto otra perspectiva de la moda: “los fines de estimulación erótica
que persigue la moda, y que se cumplen inmejorablemente cuando el atractivo
erótico del portador o de la portadora se realza continuamente de distinta
maneras”. Existe entonces una concatenación entre lo erótico del vestido, la
separación de las clases sociales y la ganancia del Sistema Capitalista de
Consumo.
Benjamín sugiere que, en “toda
moda hay algo de amarga sátira sobre el amor, en toda moda se hallan trazadas
sin compasión todas las perversiones. Toda moda está en conflicto con lo orgánico.
Toda moda conecta el cuerpo vivo con el mundo inorgánico. En el viviente
percibe la moda los derechos del cadáver. El fetichismo que sucumbe al sexa-ppeal
de lo orgánico, es su nervio vital”.
Toda generación vive las modas de
la generación anterior y la suya propia, buscando su ubicación en el tiempo y
el espacio que le ha tocado vivir. Que dé cuenta de la vida orgánica e inorgánica,
de la vida y la muerte, de lo permanente e histórico, que se manifiesta en las “mascaras”
de lo fútil y pasajero de la vida cotidiana. Así, la moda tiene que ver con el
cuerpo y con el sexo, los ideales de la civilización que representa en los
vestidos o los zapatos o los sombreros que exponen. No se puede pensar la moda
moderna separada de la publicidad, los medios de comunicación, las redes
sociales y el Sistema Capitalista de Consumo.
El Lujo
En la actualidad somos parte de
la Civilización del espectáculo y la Cultura del artificio; del “kitsch” (espejo de nuestro tiempo, como lo
llama Guilles Lipovetsky: el consumo, la publicidad, los objetos, el cuerpo, el
lujo, las bellas materias, etc.). Que los mass-medias, las redes sociales,
Internet, Facebook, Instagram, están transformando la estructura profunda de la
cultura de Occidente. Probablemente los valores morales, éticos, religiosos,
los conceptos y lenguajes estéticos, que instauró la Ilustración europea a
fines del siglo XVIII y principios del XIX, no tengan ya razón de ser. Eso, que
Michel Foucault denominó: El Orden
Burgués.
“El lujo era lo más bello, lo más
caro y lo más raro. Hoy también es el mal gusto, lo feo, incluso lo vulgar y lo
obsceno”- dice Lipovetsky. Lo extravagante y obsceno lo observamos en la manera
de vestir, en las bellas materias (casas, carros, fincas, etc.), la manera de
ser y de estar en la sociedad. Esa clase de personas las observamos cada
instante, cada hora y cada día, en los medios masivos de comunicación de masas,
Facebook, X, Instagram, WhatsApp, Internet, y las diversas redes sociales y sus
imágenes en movimiento.
¿Quiénes son ese “tipo” de
personas? Los deportistas de elite, los futbolistas, los basquetbolistas, los
tenistas, los actores de cine, las actrices, los narcotraficantes, los
influensers, la huera ostentación de los nuevos ricos, etc. Que utilizan un
lenguaje corporal, un lenguaje espiritual y una conducta, que rompe lo
establecido en las sociedades desde un punto de vista ético, moral y material.
“Sus extremos más radicales: la frivolidad y la muerte”.
De ahí que, en la actualidad, las
sociedades modernas y materialistas, son las riquezas materiales la vía de
acceso al bienestar. Existe entonces una concatenación entre el lujo y el
Capitalismo de Rendimiento o de Consumo. En el Capitalismo Global todo está
determinado para el consumo tanto los entes, las cosas materiales que se
producen como las vidas de los seres humanos convertidas en almacén de recambio.
De ahí que aumente en “una cantidad y ritmos hasta entonces desconocidos el
número de las cosas “vaciadas”, pues el progreso técnico deja constantemente
fuera de circulación nuevos objetos de uso” – al decir de Walter Benjamín en el
Libro de los pasajes.
Los griegos, en cambio,
consideraban el pensamiento la cumbre de la felicidad, y que la vida
contemplativa posibilitaba la culminación del hombre porque es un ser pensante.
Así que, el pensamiento no tiene límites, mientras que la relación con las
cosas materiales sí las tiene. Comprender el mundo y la realidad donde vivimos,
posibilita una vida rica, no en el sentido del lujo, la moda, las bellas
materias o el consumo, sino en el interior del ser humano. Por eso la vida
intelectual no consiste en criticar o denunciar, sino en entender el mundo, la
realidad y la vida que vivimos.
Los griegos y los romanos tenían
una posición interesante respecto al lujo. Decían que el lujo privado era malo,
porque expresaba la hybris: la
desmesura, la arrogancia, el exceso. Que el lujo era mentira y vanidad. El lujo
público expresaba la presunción de quién lo muestra o lo expone a las miradas
de la sociedad. Pero, no se puede olvidar que hay una aspiración humana a la
belleza y a la grandeza, a la “dulzura” y a la “luz”, al encanto de las cosas.
Los seres humanos no son sólo seres éticos y morales, pensantes y
contemplativos, también son seres que portan un cuerpo, tienen pasiones,
voliciones y gustos.
En este orden de ideas se
pregunta, Lipovetsky: ¿El lujo es lo que nos hace humanos? De ahí G. Bataille
diga: “La fiesta es la forma primitiva del lujo”. La fiesta es lujo porque va
más allá de las necesidades. Así que, entre los modelos de vida que el hombre
ha creado en la historia de la humanidad está el lujo. Se puede tener un punto
de vista moral, ético y filosófico, pero desde uno antropológico, no hay
humanidad sin lujo. De ahí que en la modernidad observamos que la pasión por el
lujo no es sólo asunto de estratos sociales o de ricos, abarca también todo el
cuerpo social.
Gilles Lipovetsky expresa que,
“el lujo trajo consigo una revolución cultural. Hoy se ha democratizado el lujo
como el gusto por el lujo”. El lujo se ha vuelto plural, ya que responde a las
apetencias de la sociedad de masas y de la cultura de masas. No se puede
concebir una sociedad sin lujo como una cultura sin lujo. Pero, en la escala
del lujo existe una elite que tiene acceso al ultra lujo, un híper lujo
accesible solo a una selecta minoría. Esos que en la actualidad se denominan
milmillonarios.
Nos recuerda Lipovetsky que, en
la actualidad “el lujo se ha mundializado. La verdadera critica no es al lujo,
sino a la distribución de las riquezas. Si no hubiera ricos, no habría lujo. El
auge del Capitalismo de Consumo y de la individualización han roto las culturas
de clase”. Decía Hannah Arendt que, “el espacio público no sólo está
constituido tan solo por los productos del trabajo, sino también por la cultura
y las instituciones”. La cultura del lujo y del influensers en la actualidad,
son una nueva especie de “filisteos” culturales, que todo lo juzgan según la
utilidad y el interés de los valores materiales.
Arendt expresa en el texto Entre el pasado y el futuro que, “el filisteo
es un hombre adherido a la banausía,
a la vulgaridad”. Que ahora porta en sí la incapacidad de pensar y de juzgar
las cosas como no sea por su función y utilidad. El Sistema Capitalista de
Consumo, el lujo y la banausía,
desean la desintegración de la cultura, cuyos “monumentos duraderos” son las
estructuras, el lenguaje material y espiritual, que le dan la vitalidad a un
pueblo. De ahí que la cultura no se puede convertir en << “un valor”, es
decir, un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero
a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales>> -al decir de
Arendt.
El lujo responde a la futilidad,
lo superficial, al gusto, lo fugaz y pasajero del momento actual, es decir, a
la Cultura del artificio, pero no, a
los más sutiles procesos espirituales, materiales, históricos, psicológicos,
culturales, éticos y morales de la sociedad. Eso que se denomina la Condición humana, que está representada
en las obras de arte, la poesía, la novela, la música, la arquitectura, etc.
Se contraponen al lujo y al
consumo, porque exaltan la facultad peculiar de todos los objetos culturales:
“La facultad de captar nuestra atención y conmovernos”. Las obras de arte de un
pueblo, de una comunidad o de una sociedad, son los guardianes para que los
“valores” y la moral no se liquiden a bajos precios. Es decir, no se liquiden
por conveniencia social, política, económica o, de la moral comúnmente aceptada
en la sociedad.
En la actualidad hay “un nuevo
lujo que es el tiempo, el del espacio y, el de la distancia respecto a las
cosas”. En el Sistema de Capitalismo de Consumo, del lujo o, de la moda,
distanciarse del mundo de las cosas, nos dona como un presente divino, la
autonomía de la personalidad. Quizás en el lujo haya una parte de sueño. Porque
el ser humano necesita del sueño que lo libre de las ataduras de la realidad:
del trabajo, de la moral y la ética común ordinaria, los determinismos, las
necesidades naturales o artificiales, la iglesia, la familia, el Estado y las
instituciones del poder o de las costumbres o los usos, etc.
Guilles Lipovetsky en el texto La era del vacío, reflexiona sobre el
individualismo contemporáneo. La conmoción de las sociedades contemporáneas:
las costumbres, la emergencia de un modo de socialización y de individualización
inédito, que rompe con el instituido desde los siglos XVII y XVIII. Por tanto,
develar esa mutación en curso es el objeto del texto, considerando que el
universo de los objetos, de las imágenes, de la información y, de los valores
hedonistas, permisivos y psicologistas que se le asocian, han generado una
nueva forma de control, de vigilancia y coacción de los comportamientos
humanos. También una diversificación de los modos de vida, una imprecisión
sistemática de la esfera priva y pública, creencias y roles, y una nueva fase
en la historia del individualismo de la cultura occidental.
Lipovetsky nos recuerda que,
tengamos presente que, el análisis de las realidades socio-históricas y el
examen de estas, sigue estando caracterizado por el espíritu filosófico. Es un
tipo de trabajo inclasificable en el orden de las disciplinas universitarias.
Que toma como objeto de estudio unos fenómenos que la filosofía no tiene en
alta estima: la moda, la cotidianidad, el lujo, el humor, la publicidad y el consumo
de masas.
Los intelectuales en la
instauración de la modernidad imponen valores modernos (laicismo, libertad,
igualdad, pluralismo democrático, destradicionalización, etc.); en la
actualidad han perdido ya su fuerza instituyente. Actualmente comparten los
mismos valores que el conjunto de los miembros de la sociedad, proponen
interpretaciones divergentes, no otro modelo colectivo.
Lo importante del intelectual
–dice Lipovetsky- no es tomar partido, sino comprender un poco mejor “cómo va
todo” en la realidad misma. Propone modelos interpretativos más complejos, y
participación en los debates que necesita la sociedad democrática. Así que, le
interesa la cuestión del individualismo, la transformación de la cultura, los
valores y las formas de vida. Se preocupa por la realidad cotidiana y no por
los sistemas de pensamientos abstractos.
Se interesa por reflexionar, la
existencia, los modos de vida y la frivolidad de la existencia cotidiana. Esto
le permite pensar y explicar la sociedad nueva en la que la autonomía del
individuo o la individualidad, seden su libertad y acción a las máquinas. Se
necesita analizar los encuadramientos colectivos y darle más libertad a la
individualidad y los procesos socio históricos. Se interesa por el
individualismo democrático que surge de la observación de los modos de vida
contemporáneos, el auge de la sociedad de consumo, de la sociedad de masas y la
cultura de masas, y, en particular, en la revolución de los medios de
información.
Presta atención también al auge
del liberalismo cultural y político, a la sociología norteamericana, y los
estudios neotocquevillianos. Porque a través de este marco teórico comprende
las lógicas activas en la historia, la cultura y en la modernidad, no
juzgarlos. A partir de allí construye su pensamiento sobre la modernidad: el
arte, la filosofía, la sociología, la historia, la vida cotidiana, los medios
de comunicación de masas, las redes sociales, las imágenes en movimiento, el
lujo, la moda y la futilidad de la vida cotidiana.
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