LA POLARIZACIÓN DE LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA
Antonio Mercado Flórez.
Madrid-España a 28/01/2026
El desgarramiento del Orden
Político Internacional llevado a cabo por Vladimir Putin, Xi Jiping y Donald
Trump, ha establecido la polarización, la exclusión, la coerción, la violencia,
la amenaza, el miedo, la militarización y la guerra, como moneda de cambio para
ejercer el poder en determinados territorios. Así que, existen rasgos
ideológicos, políticos, económicos, lingüísticos, militares, etc., entre el
fascismo y el totalitarismo del siglo XX y el autoritarismo nacional-populista
del momento actual.
Uno de los problemas
fundamentales consiste en la defensa de la libertad, los derechos y la
dignidad, en todas sus acepciones. Martín Heidegger reflexionó en la Introducción
a la metafísica que, poder preguntar significa esperar, aunque fuese la
vida entera. Platón hace decir a Sócrates que una vida sin examen no merece
vivirse. Por tanto, los integrantes de una sociedad, aunque no sean
intelectuales o pensadores, tienen el deber moral de preguntar sobre las
condiciones en las cuales viven.
Dijo Isaíah Berlin, en dialogo
con Bryan Magee, “Una introducción a la filosofía”, que: “Si los
presupuestos no se examinan y se dejan al garete, las sociedades corren el
riesgo de osificarse; las creencias endurecerse y convertirse en dogmas;
distorsionarse la imaginación, y tornarse estéril el intelecto. Las sociedades
pueden decaer a resulta de dormirse en el mullido lecho de dogmas
incontrovertidos. Si ha de despertarse la imaginación; si ha de trabajar el
intelecto, sino ha de hundirse la vida mental, y no ha de cesar la búsqueda de
la verdad (o de la justicia, o de la propia realización), es preciso cuestionar
las suposiciones; poner en tela de juicio los presupuestos; al menos, lo
bastante para conservar en movimiento a la sociedad”.
Preguntamos, ¿qué buscan los poderes
autoritarios, fascistas o totalitario? Buscan inexorablemente sociedades
disciplinadas, homogenizadas, donde prevalezca el miedo, el sufrimiento, el
dolor, la angustia, sobre la libertad, la libertad de pensar, de escribir, de
criticar, de acción, o de juicio. Porque necesitan personas adheridas sin
fisuras al bloque, la ideología, al partido, las creencias, y al ejercicio del
poder del Líder, del Presidente, del Primer Ministro, del Jefe de Estado.
Porque a través de la publicidad, la propaganda, la intimidación, la
militarización, todo en el Estado Totalitario, Fascista o, Autoritario, se
politiza.
Recordemos que el problema del
ser como el de la libertad, lo aborda Martín Heidegger en “El estudiante
alemán como trabajador”. Según Heidegger y Ernst Jünger en el texto “El
Trabajador”, la libertad es el trabajo. Para Herbert Marcuse, el texto de
Jünger expresa en la década del treinta del siglo XX, los rasgos esenciales de
la mentalidad alemana. Dice Marcuse que,
Jünger
muestra, además, que el ascenso del nacionalsocialismo significa la única
verdadera revolución alemana contra el mundo burgués y su cultura (un mundo que
según él también incluye al socialismo marxista y al movimiento obrero),
revolución que reemplazará la burguesa por una nueva forma de vida, la del
“obrero” que blande el poder perfecto sobre el mundo perfectamente técnico,
cuya actitud es la del soldado, y cuya racionalidad, la de la tecnología
totalitaria.
En la actualidad el discurso de
Donald Trump contra los valores de la cultura y la civilización europea, como
valores decadentes y destinados a desaparecer, ataca las raíces de la cultura
occidental moderna. Que se arraigan en la Ilustración y la cultura
judeocristiana humanística y libertaria. “Europa sufre un asalto que busca manipular
las mentes hasta aniquilar el pensamiento propio. Los individuos no ejercen un
verdadero libre albedrío, sino que actúan totalmente condicionados por la
influencia externa”. Con la tecnología y sus algoritmos, se manipula la
imaginación, la capacidad de asombro, el pensamiento y la representación de la
realidad. Estamos condicionados por la tecnología y los algoritmos, que
responden a relaciones de fuerza y de poder.
El libro de Jünger es el
prototipo de la unión nacionalista entre la mitología y la tecnología, libro en
el que “sangre y suelo” emergen como una empresa gigante, totalmente mecanizada
y racionalizada, que moldea la vida de los hombres hasta tal grado que los hace
hacer con precisión automática la operación correcta en el momento y lugares correctos,
un mundo de sentido práctico bruto, sin espacio ni tiempo para “ideales”. Pero
este mundo totalmente tecnológico surge y se alimenta de una fuente
supratecnológica que Jünger señala evocando los rasgos “antiburgueses” del
carácter alemán.
En este orden, la libertad del
trabajo será la concepción aria de la libertad y de la cultura. Una concepción
nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o libertaria. Porque para nada
cuenta el individuo o, el Yo, sino la comunidad de pertenencia. Un concepto de
la cultura alemana racista y en permanente lucha por la existencia de la raza
contra la modernidad. Que identifican con los judíos, la ciencia y la política
al servicio del egoísmo, y la individualidad internacionalizada.
Que busca en su expansión –ora liberal,
ya marxista-, la desaparición del ser. Adolf Hitler dijo, la “circunscripción
territorial de un Estado supone una concepción idealista de la raza que
lo constituye y, ante todo, tiene una noción cabal del concepto trabajo.
Así, “el pueblo del trabajo” nazi
coincide, en sus lineamientos geopolíticos más importantes, con “el pueblo
metafísico”, “el pueblo espiritual”, en fin, “el pueblo histórico” de
Heidegger. Como expresa Julio Quesada: “Ahora podemos ver lo inconmensurable de
la lucha por el ser, que tiene que ver con la lucha de las especies, la
“autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del
Hombre”.
En este análisis de literatura
comparada, nos damos cuenta que el trumpismo quiere adueñarse de las mentes,
los ideales, la concepción del mundo y la realidad de los europeos. Necesita de
las Plataformas Digitales y los algoritmos, para manipular las mentes,
seducirlas, y ejercer el poder. Esta forma de fascismo nacional-populista,
persigue a los funcionarios que promuevan iniciativas de control y de
fiscalización del Gobierno. En el fondo lo que desea Trump, es el control, la
vigilancia y la coacción de la libertad individual. Un proyecto político que
responde a los principios del nazismo alemán y el fascismo italiano.
Bueno, el propósito de Trump es
envenenar las mentes y las conciencias occidentales, europeas y destruir la UE.
Uno de los obstáculos de la UE es, que no cuenta con el software, ni con
hardware, ni de plataformas de redes sociales o buscadores, que hagan frente a
las de EEUU. Es decir, la UE no posee grandes centros de datos, ni de nubes de
computación a gran escala, que estén a la altura de las innovaciones técnicas
en información y comunicaciones. Es importante entonces “incrementar la
regulación, avanzar en la innovación y la constitución de los activos
europeos”. Esta es una carrera a toda velocidad, de lo contrario estaremos en
las garras del nuevo Ciberleviatán y las Grandes Compañías Digitales de
EE.UU.
En la actualidad el Sistema
democrático y el Estado de Derecho en EE.UU., se están resquebrajando. Los
Estados Unidos viven una experiencia autoritaria y fascista, que viola los
derechos fundamentales, los derechos humanos, las libertades y la constitución,
para poner en práctica una dictadura blenda, sin tanques ni campos de
exterminio. Es un régimen que conserva las formas democráticas, pero las vacía
de contenidos. Como dijo Mirian Martinez-Bascuñan en el periódico El País de
Madrid-España: “No hace falta tomar el Estado por asalto, basta con perseguir a
los críticos, proteger a los aliados, asfixiar al que financia la disidencia y
enseñarnos que el silencio es más seguro que la palabra. El nuevo autoritarismo
coloniza las instituciones desde adentro y seca el oxígeno de la sociedad civil
colapsando la infraestructura de la resistencia”.
“Tocqueville advirtió que la
democracia puede morir sin tiranos: basta que los ciudadanos abandonen el
espacio común”. Hoy somos más conscientes, nos advierte Hannah Arendt, que “las
actividades políticas verdaderas, actuar y hablar, por otra parte, no se pueden
llevar adelante sin la presencia de otros, sin gente, sin un espacio construido
por la mayoría”. O, lo que es lo mismo, sin un espacio común. Hoy existe hacia
el campo específicamente político y su carácter público cierta desconfianza que
están aprovechando los partidos nacional-populista, de derecha y de extrema
derecha, para copar el espacio que los partidos tradicionales de centro
izquierda y de izquierda, olvidaron para responder a las verdaderas necesidades
económicas, sociales, políticas, morales, culturales, o materiales y
espirituales de las sociedades que configuran el espacio común.
Arendt nos indica que “la
capacidad de juicio es una habilidad política específica en el propio sentido
denotado por Kant, es decir, como habilidad de ver cosas no sólo desde el punto
de vista personal sino también desde el punto de vista de todos los que estén
presentes; incluso ese juicio puede ser una de las habilidades fundamentales
del hombre como ser político, en la medida en que le permite orientarse en el
ámbito público, en el mundo común”.
Por la primacía de los
instrumentos técnicos, de las redes sociales, las imágenes en movimiento, las
Plataformas Digitales, en la vida privada y pública de las personas; de otra
parte, por el vaciamiento del sentido de la acción política, por embaucadores y
demagogos, no le permiten al hombre como ser político orientarse en el ámbito
público, en el mundo común. Así que, “el discernimiento, que los griegos
llamaron la capacidad por excelencia del hombre de Estado, es decir, el sentido
común nos desvela la naturaleza del mundo en la medida en que se trata de un
mundo común y compartimos con otros; como la del juicio es una actividad
importante, en la que se produce este compartir-el mundo-con-los-demás”.
Se encuentra ahora en entre
dicho, porque a nivel político prevalece la polarización, el caos, la amenaza,
el odio, la violencia, la guerra y el despilfarro del lenguaje político. No
importa compartir-el-mundo-con- los-demás, sino apropiarse las riquezas
naturales por la fuerza de las armas, la desinformación, la manipulación
informativa, política y mental de las sociedades.
De ahí que las actividades
políticas verdaderas, actuar y hablar, discernir y juzgar, se reemplazan por la
mentira, la amenaza, el odio y las armas. Esto impele a pensar que la política
de masas, los parlamentos y las acciones de gobierno, responden a la
aclamación, los intereses económicos, tecnológicos, estratégicos, partidistas,
ideológicos, financieros, culturales, etc., de una “selecta” minoría.
Pero no a las verdaderas necesidades materiales, morales, espirituales,
políticas, de la sociedad. De aquí nace el conflicto entre la Política y la
Sociedad, el Poder y la Cultura.
Pues bien, ¿qué está en juego en
el campo de la acción y el discurso, es decir, el campo de las actividades
políticas? Que el Estado Totalitario o Fascista o Nacional-Populista, reemplace
al Estado de Derecho y al Sistema democrático. Que los derechos humanos,
políticos, sociales y la libertad, sean borrados por decretos. Que el espacio
público, es decir, la política responda a los intereses privados o militares y,
no a las verdaderas necesidades de la sociedad.
Hay épocas de decadencia política
y social, ética y cultural, donde sólo unos pocos perciben las riquezas
naturales, científicas, técnicas, económicas y culturales. Cuando esto sucede
en la sociedad, incrementa la barbarie y quita el significado humanístico de la
acción política y el discurso; porque en ella prevalece la utilización del
poder económico como poder político o tecnológico.
Se está configurando un mundo y
una realidad, donde se entrelaza el poder de la fuerza, el poder económico y el
poder tecnológico.
La Organización Oxfam Intermón,
alerta que las grandes fortunas se esmeran por controlar medios de comunicación
y redes sociales, “sin que los gobiernos hayan logrado ponerles freno”. Dice al
respecto: “Los milmillonarios están dedicando su riqueza y poder para generar
estado de opinión, influir sobre el debate público y cambiar incluso el curso
político. No sólo compran yates, compran incluso democracias, alimentando el
discurso del odio y la polarización política, todo por defender únicamente sus
intereses”. Advierte, que “las libertades civiles y los derechos políticos
están retrocediendo de forma alarmante”.
Asimismo, “esta obscena brecha de
riqueza no se limita a jets privados: está creando un abismo en el poder e
influencia políticas que ostenta esta élite milmillonaria, y el resto de la
población. La pobreza genera hambre, pero la constante desafección política
genera ira. Si nuestras sociedades se sienten hoy más divididas y frustradas es
porque efectivamente lo están”.
Desde que Donald Trump está en la
Casa Blanca, nos recuerda Joaquín Estefanía en el periódico El País de
Madrid-España (25/01/2026): “Se han reducido los impuestos a los superricos y
se les aplican gravámenes más bajos que a ningún otro grupo social; se han
bloqueado los pequeños avances en la fiscalidad internacional para grandes
corporaciones; se han limitado los intentos de frenar el poder de los
monopolios; se ha impulsado en las Bolsas de Valores, sectores como el de la
inteligencia artificial, cuyos beneficios han ido a parar casi exclusivamente,
a las grandes fortunas; etc.”.
Esta dinámica permite que, las
élites económicas, políticas y tecnológicas, molden las normas que rigen el
poder político, económico, financiero y social mundial. Que trae como
consecuencia, el deterioro de los derechos y libertades del conjunto de las
sociedades actuales.
Expresaba Jesús Cebréiro en el
periódico El País de Madrid-España recientemente que, “en menos de 30
años la democracia liberal ha pasado de ser un bien universal a un sistema en
recesión. Incluso en países como Estados Unidos, Reino Unido, Suecia o
Australia, grandes minorías la consideran como una alternativa más, y no
necesariamente la mejor. La caída del muro de Berlín en 1989 fue saludada como
el final de la historia: la democracia se había impuesto a cualquier otra forma
de gobierno. Algunos académicos consideran hoy que Europa Central (y no solo) estaría
viviendo el reverso de aquel tiempo. Y la llegada de Trump a la presidencia de
EE UU ha disparado todas las alarmas. Las democracias ya no caen por
golpes militares, sino a través del voto. Nacen así lo que los académicos han
venido a llamar democracias iliberales, que con frecuencia derivan en
dictaduras”.
En este orden, se está
configurando en EE.UU., un Gobierno Fascista Autoritario coagulado en el Líder,
(el Presidente de la Nación), como ocurrió en la década del treinta del siglo
XX, en Alemania. Se rechazan las reglas del Sistema democrático; se degradan y
se niegan los derechos políticos y civiles de los oponentes; se persigue y se
expulsa a los inmigrantes; se tolera desde las instituciones la violencia por
las autoridades policivas y civiles; y se restringen las libertades y los
derechos civiles, del cuerpo social.
Un pregonero del régimen
autoritario ruso, Serguéi Karaganov, dijo en una entrevista hecha por Tucker Carl, que: “Europa ha perdido
sus referencias, todas sus referencias morales, políticas y espirituales.
Después de originar el nazismo, lo más hostil para la humanidad, han traído
algo antihumano: la pérdida del respeto por la familia, por el amor entre un
hombre y una mujer, por los ancianos, por el patriotismo, etc. Y, por supuesto,
la pérdida de la fe en Dios. ¿Qué es Europa en estas condiciones? ¿Qué queda de
ella? Es un verdadero abismo moral”.
Ahora bien, ¿qué buscan los
ideologos de Putin, como Serguéi Karaganov o, de MAGA (Make America Great
Again), con relación a Donald Trump, que promueva el nacionalismo, el
proteccionismo y valores conservadores. Que se perciba a Europa y la UE, en
particular, como un continente en decadencia, donde los valores éticos y
morales, los contenidos de la cultura y la civilización occidental, están
destinados a desaparecer y volar por los aires como una costra seca. Creen que
los <<valores>> morales, éticos y culturales, se liquidan a bajos
precios. Olvidan estos sátrapas Trump y Putin, que gobiernan despótica y
arbitrariamente, ostentando su poder que, “el hombre puede empezar porque él es
un comienzo; ser humano y ser libre son una y la misma cosa. Dios creó al
hombre para introducir en el mundo la facultad de empezar: la libertad” -nos
enseña Hannah Arendt.
Así que, el Fascismo y el
Nacional-Populismo-Autoritario, tienen como objetivo destruir la vida privada e
incrementar el desarraigo del hombre respecto al mundo, ya que anulan el
sentido de pertenencia a éste. De ahí que profundizan la experiencia de la
soledad. Exaltan el individualismo gregario que “comprime los unos contra los
otros, y cada uno está absolutamente aislado de los demás”. Se convierte en una
característica fundamental de organizar a las masas. Lo que caracteriza a las
masas es, ser puro número, mera agregación de personas incapaces de integrarse
en ninguna organización basada en el término común: “Las masas […] carecen de
esa clase especifica de diferenciación que se expresa en objetivos limitados y
obtenibles”.
Preguntamos, ¿de qué instrumentos
se sirve el Poder Fascista y el Nacional-Populista-Autoritario? La mentira, la
ignominia, la delación, el odio, la discriminación, el miedo, la xenofobia, el
racismo, la inseguridad, la violencia, la guerra y la falta de novedad.
Entonces, ¿cuál es la lógica profunda del Totalitarismo y del
Fascismo-Autoritario? Posibilitar pensar tales dimensiones como efectos. Si se
accede a ellas se revela el mal radical; el mal absoluto que invade la
totalidad de la vida humana. En estos regímenes el catálogo de las cosas
posibles está siempre ahí –para que una posibilidad salga a escena es preciso
que se la acepte. En él todo puede ser destruido, todo es posible. Como dijo
David Rousset: “Los hombres normales no saben que todo es posible”. En
consecuencia,
El Totalitarismo y
el Fascismo dejan a la persona singular en la estacada.
El Totalitarismo y el Fascismo
aíslan a las personas para que se incapaciten para actuar, las sume en un vacío
existencial, un desgarramiento de la voluntad, del pensamiento, de la fuerza y
del poder. Por eso “buscan no la dominación despótica sobre los hombres, sino
un sistema en que los hombres sean superfluos”. Asimismo, buscan un hombre
solo, aislado, insolidario, desprotegido, sustituible, vacío, gregario,
numerificado y objetivado. Que responda a la norma, la ley, el orden, la
publicidad, la ideología, el sistema, la estructura, los ideales del Estado
fascista. Se centra en la superficialidad de los actos humanos, sin conexión
alguna con la profundidad de sus motivaciones.
En el Totalitarismo y el
Fascismo-Autoritario, no existe la individualidad, ni el proyecto común, ni
el telos plural. Porque estas acepciones necesitan de la
esfera social, esto es, de las relaciones políticas, económicas, sociales o
culturales. Que, en el totalitarismo y el fascismo autoritario, el ser humano
es incapaz de alcanzar, porque todo está mediado por el Estado, las
instituciones, la ideología, la masa, que niega los principios de la
Ilustración: la libertad, la solidaridad, la fraternidad y la otredad. Por eso,
el Fascismo se contrapone al Estado democrático Social de Derecho. Ellos
representan la estructura y la función del Estado Total.
En el Totalitarismo y el
Fascismo, “el hombre del montón es un hombre de la
masa, y la característica principal del hombre-masa no es la brutalidad ni
el atraso, sino su aislamiento y su falta de relaciones sociales”. El poder no
consiste en la instrumentalización de la voluntad plural o social, para
alcanzar unos fines determinados, sino en la formación de una voluntad común orientada
al entendimiento. Una voluntad que pone en el centro de las relaciones
comunitarias al dialogo.
En una sociedad democrática “el
poder se deriva de la capacidad de actuar en común”. También en la voluntad de
dialogar en común. Además, “el poder surge allí donde las personas se juntan y
actúan concertadamente”. La política en tanto que, ejercicio público, contiene
en su telos un fin práctico: la conducción de una vida buena y
justa en la esfera social.
Según Arendt, el Nazismo no debe
nada a ninguna parte de la tradición occidental, sea germana o no, sea católica
o protestante, sea cristiana, griega o romana. Nos gusten más o menos Tomás de
Aquino, Maquiavelo, Lutero, Kant, Hegel o Nietzsche […], lo cierto es que
ninguno de ellos tiene la más mínima responsabilidad por lo ocurrido en los
campos de exterminio. En términos ideológicos, el nazismo comienza sin ninguna
base en la tradición, y convendría tomar conciencia del peligro que entraña
esta negación de toda tradición, que fue el rasgo principal del nazismo desde
su comienzo.
Dijo el Primer Ministro de
Canadá, Mark Carney, en Davos recientemente: Que, “en lugar de lamentarse
por el regreso de los imperios depredadores, Canadá propone «construir algo
mejor, más fuerte y más justo. Esa es la tarea de las potencias medias, que son
las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen
que ganar en un mundo de verdadera cooperación. Los poderosos tienen su poder.
Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar
a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar
juntos».
Pero también les diré que los
demás países, en particular las potencias medias como Canadá, no son
impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre
nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo
sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los
Estados.
En un mundo marcado por la
rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos
opciones: competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una
tercera vía que tenga peso.
Es nombrar la realidad. Dejar de
invocar el «orden internacional basado en normas» como si aún funcionara tal y
como se nos presenta. Llamar al sistema por su nombre: un período de
intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más
fuertes actúan según sus intereses utilizando la integración económica como
arma de coacción.
Se trata de reducir la influencia
que permite la coacción. Todo gobierno debería dar prioridad a la creación de
una economía nacional fuerte. La diversificación internacional no es sólo una
cuestión de prudencia económica, sino también la base material de una política
exterior honesta. Los países se ganan el derecho a adoptar posiciones de
principio al reducir su vulnerabilidad a las represalias.
El poder
de los menos poderosos comienza con la honestidad”.
En un mundo polarizado donde
prevalece la fuerza, el chantaje, la coacción, el odio, la discriminación, la
militarización de los grandes imperios, las potencias medias y países
periféricos, deben estar unidos para alcanzar en común lo mejor para sus
pueblos. Y, no olvidar que,
Se percibe y trae a la palabra,
al dialogo y al entendimiento común, lo que es inherente a la poiesis, a todo
habla del ser: que, siendo “la más inocente” de todas las ocupaciones, es “el
más peligroso de todos los bienes”.
Antonio
Mercado Flórez. Filósofo. Politólogo y Especialista en Relaciones
Internacionales. Profesor universitario.
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