lunes, 19 de mayo de 2025

 

                                                         El hecho estético

                                                                    Madrid-España a 19/05/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En una sociedad en la que predominan los instrumentos técnicos, la velocidad, la simulación, las imágenes sobre las palabras, las redes sociales, el hecho estético facilita un encuentro nuevo con el mundo, la realidad y la Vida. Asume el hecho de facilitar un encuentro nuevo con la curiosidad, la imaginación y los movimientos del pensamiento. Que posibilite un descubrimiento constante de sí mismo, del otro y el entorno que lo rodea. Cuando el hecho estético ocurre el mundo, la vida y la realidad, se llenan de imágenes de colores, de música, de palabras, que posibilitan al lector o, al observador, trascender lo establecido como verdad por los poderes actuales.

Jorge Luis Borges dijo refiriéndose al libro: “Cuando lo abrimos, cuando el libro da con el lector, ocurre el hecho estético”. Son entes mágicos esperando al lector para empezar a vivir. “En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan”, al decir de Borges. Que ese nuevo despertar posibilite un conocimiento, una experiencia y un lenguaje diferente al establecido como verdadero. En este nuevo despertar están los fragmentos de felicidad, que genera la lectura y la experiencia del mundo, de la realidad y de la vida.

El hecho estético y nosotros mismos somos el cambiante rio de Heráclito. Quizás no nos ayude a cambiar un Sistema político, unas estructuras económicas o sociales, tampoco a transformar la utilidad de los instrumentos técnicos, pero sí a encontrarnos más consigo mismo, el otro, con los que están cerca y aún con los que están lejos. Nos despierta la curiosidad de conocer, que el hombre es un solo hombre y todos los hombres. Tomar consciencia que “todo lo exquisito es una dadiva del azar y, lo mejor de la vida es siempre gratuito”, al decir de Ernst Jünger. De ahí que “la palabra es, a la vez, como una reina y una bruja. Que constituyen un reino mucho más hermoso que todos los imperios conquistados a punta de espada” –dijo Jünger en la novela “Sobre los acantilados de mármol”.

Los Grandes Poderes Actuales (el Estado técnico, el Gran Poder Tecnológico, Científico, Político, Económico, Militar o Cultural, etc.), están eliminando la zona de la sentimentalidad, los contenidos espirituales de las lenguas naturales y las reflexiones del pensar. Porque posibilitan ver la realidad desde nuevos umbrales y, que el mundo está ahí para sentirlo y preguntar. Aquí el hecho estético encuentra su razón de ser para la vida y el mundo que habitamos. Sí tenemos sensibilidad lo sentimos en los pliegues de la condición humana: el nacimiento, la vida, la mundanidad, la realidad, el amor, los fragmentos de felicidad, de esperanza o desesperanza, el odio, la violencia o la muerte, etc.

Se trata de concebir la lectura, el poema, la novela o la música, como una experiencia estética que posibilita las herramientas nocionales o imaginarias, que hagan frente a los poderes actuales. Pero también ver el mundo, la realidad y la vida, desde una multiplicidad de sentidos. Así que, la actualidad ha de proporcionar lo “negativo” y lo “positivo” de la época que vivimos, para que toda negación en el fondo perfile lo vivo y positivo de la época que se investiga. Apartar la visión de los espejismos de la época actual, para que salga de sus escombros algo positivo y distinto a lo señalado. Y, una de las herramientas fundamentales es el hecho estético, que nos libera de la praxis de la vida cotidiana y nos ofrenda lo imaginario, para romper las cadenas de lo siempre igual.

Quien ha de romper las cadenas de los instrumentos técnicos es el hombre de carne y hueso, “Tu” o “Yo”, para que la liberación por medio de la experiencia estética, le devuelva al hombre el lugar que le pertenece y la dignidad debida a su nombre. Que es dentro de sí donde hay que sembrar el fruto para la conformación de un nuevo “tipo” de hombre y, creará un mundo y una realidad, a la altura de las apetencias materiales, espirituales y morales, de éste. Aprovechar la oportunidad de percibir lo que vivimos de otras maneras; y, la experiencia y el conocimiento individual, “se habrán como plantas que despertarán de un sueño invernal, para que nos acerque más a sí mismos”.

El hecho estético nos sirve para tomar consciencia que “el orden y la ley incluso están presentes en lo que nosotros llamamos desorden y azar”. Estamos circundados por anillos eléctricos de los cuales es preciso liberarnos, liberarnos con la palabra o, con el amor o, con la amistad o, con el hecho estético. Con esa alegría viva que acompaña a quienes no permanecen anclados en el lugar del tópico y del lugar común. Así, los más hermosos regalos de los Dioses y las Musas son siempre gratuitos.

De ahí que el goce de la experiencia estética, es decir, de lo bello, que ofrece la obra de arte, la poesía o, el hecho estético, pueda abrir puertas y ventanas para percibir el mundo, la realidad y la vida, desde una pluralidad de perspectivas. Pero también hacerle frente al Gran Poder, al Estado técnico y los lenguajes digitales, con las herramientas de la sensibilidad, la imaginación y la creación. Aunque en las sociedades de masas y cultura de masas, la experiencia estética no se le reconozca el valor que porta en sí, es fundamental para ahondar la subjetividad, interrogar el mundo y crear lazos intersubjetivos.

En este mundo de espejismos técnicos, el hecho estético posibilita ir más allá del confort, la velocidad y la distancia que instauran los instrumentos técnicos. Porque se instala en el espacio de la libertad, de la imaginación, de la trasgresión, la interrogación y la creación. De ahí que la función estética de la literatura, de la obra de arte, de la música, profundicen en el conocimiento crítico del mundo y su realidad, de sí mismo y de los otros. Para formar hombres conscientes y libres, para que hagan frente a los espejismos de los instrumentos técnicos y, posibiliten un mundo más humano, más justo y más libre.

 

 

 

jueves, 17 de abril de 2025

 

                          El Gran Poder Tecnológico de la Civilización Algorítmica

                                                                     Madrid-España a 05/04/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Se piensa en la actualidad que la tecnología es un instrumento que sólo se utiliza para el confort, el bienestar social, el desarrollo, el progreso, la industria militar, farmacéutica, automovilista; también para el dolor, el sufrimiento y la muerte (guerras nacionales, guerras entre naciones, terrorismo, intimidación, coerción de gobiernos autocráticos, populistas y nacionalistas, etc.). Pero se olvida lo que Martín Heidegger pensó, que el develamiento de la esencia de la técnica escondía tras de sus pliegues, la libertad. Es decir, la técnica coarta, domina, somete, manipula y, también brinda las herramientas para la libertad. El poder de la técnica no sólo hay que observarlo en su esfera negativa (causa dolor, sufrimiento, muerte), también posee una esfera positiva, posibilita que el hombre tome consciencia de sí y alcance la libertad debida a su nombre.

De ahí que la técnica se convirtió en la condición fundamental de la actualidad. El vestido del hombre actual es la técnica. Sucede que el brillo que irradia enceguece o entorpece al ser humano. De ahí que el hombre contemporáneo entrega su esencia y la libertad, a cambio de las facilidades técnicas. En las esferas del mundo técnico la verdad no tiene solidez, porque detrás de ella se esconde la Cultura del artificio: las máquinas, la velocidad, lo pasajero, la transcurrencia del tiempo, la simulación y lo que se denomina Civilización del algoritmo.

La técnica modula la percepción, la intuición, la atención, la experiencia, las ideas y posibilita la parálisis del pensamiento y del lenguaje. La técnica expresa un <tipo> de poder que determina las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales de la época. También como obedece al ejercicio del poder expresado en el Estado técnico y la autocracia tecnológica. Que amplifican un <tipo> de ejercicio del poder que ejerce su dominio, su coerción y su manipulación, allende de las políticas implementadas en la corporeidad del ser humano.

Así que, el poder ubicado detrás de la esencia de la técnica no le interesa el cuerpo como campo de batalla, la tortura, la flagelación, la muerte; sino la mente, las representaciones, las imágenes, las ideas, que el hombre tiene de la realidad y del mundo, de sí mismo y del otro. De ahí en esta época de alto desarrollo técnico-científico, de sociedades de masas y de cultura de masas, se interesa por la esfera interior del hombre: la estructura y funcionamiento de la mente, el espíritu, la conducta y las apetencias de la sociedad, las reflexiones del pensamiento, los valores éticos y morales del ser humano.

Los que ejercen el Gran Poder Tecnológico tratan que los puntos de referencia no sean los valores eternos, la religión, el arte, la música, las literaturas, la poesía, la novela, la ética o la moral; sino la publicidad, el márquetin, el consumo, el lujo, las bellas materias, etc., que determinan la Civilización del espectáculo: Un mundo en que la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar de las responsabilidades, del aburrimiento, se establece como Phatos universal. Así, detrás de la Civilización del espectáculo se esconden relaciones de poder: donde unas vidas encuadradas en la rutina de la vida cotidiana, deprimentes y embrutecidas, buscan la banalización de la cultura, la frivolidad y las redes sociales, el futbol, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se nutre del chisme y el escándalo. Para sentirse bien y estar de acuerdo con los valores vigente de la sociedad.

Por tanto, las resonancias de la técnica, no sólo implican al tejido social, sino que su proceso de expresión posibilita umbrales para percibir, analizar, criticar y pensar, el mundo y la realidad. La técnica no es un instrumento pasivo sino activo, que teje y desteje un campo de fuerzas en un sistema de relaciones sociales, políticas, económicas, militares y culturales, en constante configuración. Que obedecen al ejercicio del poder de las Plataformas Digitales, la Praxis Política y las Esferas de la Economía.  La técnica no establece un espacio de verdades absolutas, posibilita campos fluidos en devenir, que estructuran y ponen en funcionamiento, relaciones de fuerza y de poder.

Somos parte de una época en la que el ejercicio del poder no necesita de la fuerza física, la carne flagelada, la persuasión lógico-racional, la tortura; le basta con concatenar la conducta y los estados de consciencia colectivos. La curiosidad se estructura en flujos de imágenes o de palabras bacías de sentido, que manipulan la consciencia y la realidad. Así es como la realidad se diluye en la información y “no está dirigida a proporcionar elementos de orientación en el mundo como puede hacerlo el consejo, que apela a la libertad del otro, tanto en cuanto a la disposición a recibirlo como al uso que de él pueda hacer en orden a la situación que le concierne” –al decir de Pablo Oyarzun.

Se trata que el Gran Poder Tecnológico manipule la atención de la información y la comunicación, para que estén dirigidas a “in-formar a los sujetos receptores, determinando su interés, que a suministrar elementos para la conducción de la vida y la orientación en el mundo”. Así pues, el ejercicio del poder no sólo induce, sino que manipula, la psiquis y la conducta de los seres humanos. Las narrativas centrales o multifocales que daban sentido al mundo y la realidad, ya no existen. Sólo existen flujos informáticos, imágenes en movimiento, que estructuran y ponen en funcionamiento, una realidad fluida y veloz, que se regenera cada instante. Y, “se sostienen sobre el sistema general de la información y la comunicación, lo único que es propia mente constante”.

Somos parte de un tiempo fragmentado donde unas pluralidades de narrativas compiten en el ámbito de la Cultura de lo efímero, por una representación de una verdad que no poseen. En este ámbito no existe la conversación entre las narrativas, sino enfrentamiento constante para establecer un tipo de verdad fugaz y veloz, como el relampaguear. Aquí la verdad y el simulacro se refractan para ejercer un <tipo> de poder: el Poder de las Plataformas Digitales, las redes sociales y la IA.

En este mundo de Cultura de lo efímero no se trata de persuadir sino de encantar. Los algoritmos son dispositivos narrativos que narran historias fantásticas como verdaderas, ahí la ficción y la mentira superan la verdad. Son estratos de un profundo sueño que aletarga e hipnotiza al que los ve o los escucha, porque provienen de lo más profundo de la mente humana. Aquí entra en juego un <tipo> de poder que se vale de los instrumentos técnicos, las imágenes en movimiento y sus narrativas, para dominar, vigilar o coartar al ser humano.

El sistema algorítmico trata que uno de ellos domine y someta las esferas y narraciones que se manifiestan en el espacio humano. Así, la filosofía, la metafísica y la ontología, son derivaciones de ficciones deliberadas, que buscan el dominio del hombre, de la realidad y del mundo. Los algoritmos no se preocupan por establecer verdades, sino encantar. El encantamiento es una de las ramas de la literatura fantástica o del amor o de la amistad, no de la verdad. Porque ésta última pertenece al ámbito de las ciencias sociales, experimentales o positivas.

Así que, el sistema algorítmico atrae el flujo de agentes y narraciones, que ofrece la sociedad y el poder, a uno de ellos. En este universo de variables no se trata de convencer, sino de dominar e inducir las pulsiones anímicas del individuo y la sociedad. Pero, no podemos olvidar que detrás de los fríos pliegues del vestido de los algoritmos, se esconden relaciones de fuerza o de poder, de dominio y manipulación. Somos seres manipulados por las imágenes y las narrativas, que las antenas de los dispositivos técnicos hacen circular por encima de la atmósfera de la Gran ciudad, los pueblos y veredas del mundo.

En el universo de los algoritmos se trata de apropiarse de sus engranajes, su estructura profunda de funcionamiento y lógicas internas, para posibilitar desde adentro formaciones discursivas y reflexiones críticas sobre el poder y el saber, que establecen como verdad. El develamiento del ejercicio del poder es, uno de los principios del pensar futuro. No se trata de oposición frontal a las narrativas y las imágenes de los dispositivos técnicos, de los algoritmos, sino que de sus tripas salga una reflexión crítica sobre el Gran Poder Tecnológico, que se oculta detrás de los algoritmos.

Se trata que la intuición, la percepción sensible, las reflexiones del pensar, posibiliten navegar con enjambres de imágenes y de palabras, entre una pluralidad de realidades que generen una reflexión sobre el mundo y el tejido vivo de la existencia. Que las alucinaciones que crean los relatos y las imágenes en movimiento, no paralicen la capacidad de asombro, de análisis y de crítica de la vida y de la sociedad. Se trata de crear espacios de pensamiento donde las narrativas contemporáneas, puedan emerger desde las profundidades de la naturaleza humana y, crear conductos que posibiliten entender el mundo y la realidad que vivimos en la actualidad. No se trata de la construcción de narrativas que se establecen como última verdad, sino que se entretejan y posibiliten entender, comprender, analizar y criticar, el tiempo que vivimos.

Lo importante del pensar futuro y la reflexión crítica consiste en que, no es indiferente a la verdad, porque en la época actual el Gran Poder Tecnológico, Político y Económico, construye, sanciona y valida un <tipo> de verdad, en los ecosistemas sociales, culturales o militares. No se trata de ocultar los mecanismos de poder o de saber, de manipulación, vigilancia o coerción del ser humano y las sociedades. Sino de develar procesos sociales, políticos o culturales, que de otro modo no se develarían. Así que, en los procesos de saber-conocimiento, formación de relatos y experiencias compartidas, no se trata de ocultar desde los dispositivos técnicos o algoritmos, sino de develar la esencia que seduce y adormece a las colectividades. ¡Despertar! ¡Despertar! De su sueño invernal y posibilite la vigilia entre la aurora y el atardecer, para que las imágenes y las narraciones develen su verdadero rostro.

Su fuerza consiste en iluminar los mecanismos de poder actuales, que adormecen la consciencia y la capacidad reflexiva sobre la realidad y el mundo que vivimos; además, de ofrecer una caja de herramientas nocionales, conceptuales y de experiencias compartidas, que posibiliten la reflexión crítica sombre el tejido vivo de la existencia individual y colectiva. Así que, la tarea del pensar futuro sobre los dispositivos técnicos y los algoritmos, consiste en ir quitando las capas que el Gran Poder ha establecido durante mucho tiempo.

Así que, IA generativa y los sistemas socio-técnicos complejos están articulando sociedades que responden a la velocidad, la simulación y al artificio de las comunicaciones, para refractar un <tipo> determinado de poder. La simulación, la velocidad y la percepción fragmentada de la realidad y de la vida, son la condición fundamental de nuestra época. Sí las imágenes son más fuertes que las palabras, no necesitan ser traducidas, su relampaguear en la consciencia vasta.

Así como las ideologías nublan la imaginación, la capacidad de asombro, de análisis y de crítica, porque no distinguen la verdad de la manipulación y la simulación. Dijo Jean Baudrillard: “La simulación no es una copia de lo real, sino lo que la remplaza”. En la Cultura de lo efímero y la Civilización del algoritmo, la simulación y la manipulación que ejerce el Gran Poder Tecnológico, se entrelazan con la sugestión y el control de la consciencia colectiva y, se apropian de la atención y la reflexión crítica de la sociedad. Convirtiendo a la colectividad en receptores y consumidores, de los medios de información, las redes sociales y los algoritmos de IA.

sábado, 22 de marzo de 2025

 

     Las Atrocidades de Donald Trump, Vladimir Putin y Benjamín Netanyahu

        A todos los que han dedicado su vida para alcanzar la libertad y la dignidad del ser humano”.

                                                                          Madrid – España a 21/03/2025

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

El Mundo Moderno ha generado cambios tan sutiles e imperceptibles, que han tomado rostro de nuevo en la actualidad. Preguntamos, ¿qué nos sorprende de nuestra época? Que el espíritu pierda el equilibrio; y como un borracho de tumbos de un lado para otro y, no encuentre asidero. Un día toma la máscara del político; otro, la del militar; otro, la del tecnócrata; otro, la del banquero; otro, la del asesino; otro, la del demagogo; otro, la del autócrata. Dijo Ludwig Wittgenstein: “El espíritu de hoy no tiene ningún resorte bajo los pies”. Es incapaz de elevarse sobre las miserias y las limitaciones humanas. Además, la visión que tiene de las cosas es lisa y llana, y carece de la fuerza necesaria para disipar la bruma que lo rodea.

En la época actual por el predominio de las máquinas y los lenguajes analógicos, la voluntad de poder y las armas, el Zeitgeist, el Espíritu del Tiempo, desdeña mirar lo que está escrito en las estrellas y descifrar el interior del hombre. Walter Benjamín afirmó que el elemento que mejor representaba nuestra época, era el vidrio. Porque es frío, transparente, liso, indiferente, distante y en cierto sentido desnudo. Esta es la tendencia de las sociedades contemporáneas. En nuestra época la mirada no está dirigida a lo fundamental, sino a la Cultura del espectáculo. El espectáculo del Gran Poder Tecnológico y de los Presidentes y los Jefes de Estado del Poder Mundial, que crean un desierto y lo llaman paz.

En la historia actual las “figuras” del nuevo imperialismo norteamericano y ruso, es común y corriente. La declaración de guerra al vecino para anexar territorios, adueñarse de los recursos naturales y someter a las poblaciones inermes a la fuerza del poder de las armas, la violencia y la muerte. Se sustituyen las lenguas y, en algunos casos, se destruyen por las del invasor. A la vez, se imponen a la fuerza costumbres, usos, tradiciones, mitos, ritos, etc., que nada tienen que ver con los nativos. Se ha demostrado que la policía lingüística no puede impedir a un pueblo o, a una nación, que sus pobladores no puedan expresar sus momentos de sufrimiento y de dolor, de angustia y de esperanza, de felicidad y de tragedias, de vida y de muerte, en sus lenguas.

Aunque Donald Trump haya declarado el inglés como lengua oficial de Estados Unidos y cambie el nombre del golfo de México, por el de América. Los migrantes de Centro y Latinoamérica llevan en su sangre, genes, espíritus, las lenguas vivas, las lenguas “vulgares” de sus comunidades, pueblos y naciones. Ellos seguirán informándose, comunicándose, cantando y recordando sus mitos y tragedias, sus triunfos y las derrotas, sus esperanzas y los desaciertos, sus amores y las desdichas, en las lenguas que mamaron desde la niñez. Sátrapas, dictadores y asesinos, Trump y Putin, desconocen que la vida casi en su totalidad es lenguaje, salvo un saltito muy pequeño reservado a la razón, la lógica y las matemáticas.

Trump ignora lo que Ernesto Sábato expresó “Entre la letra y la sangre”:

“Las lenguas, cada lengua, es un proceso, no un estado; es algo en perpetua transformación, por motivos psicológicos, históricos, geográficos, sociológicos. Las únicas lenguas estables son las muertas, ya que, los cadáveres no se mueven. Todas las demás son dinámicas, se llenan constantemente de “impurezas”, sufren el embate de las culturas más prestigiosas, aman y viven en otras condiciones que las originarias […] los idiomas no se corrompen, sino que se transforman”.

George Steiner en “La barbarie de la ignorancia. En dialogo con Antoine Spire”. Le preguntan, ¿por qué la cultura no impidió lo que luego acaeció en la Segunda Guerra Mundial? Y responde Steiner: ¿y por qué a veces llegó a alentarlo? Dice que “Arthur Koestler (el gran escritor que conoció), estaba convencido de que el cerebro consta de dos mitades: una pequeña parte ética y racional (todavía muy pequeña) y una enorme trastienda cerebral, bestial, animal, territorial, cargada de miedos, de irracionalidades, de instintos asesinos, y que harían falta millones de años –¡valla promesa! – para que la evolución moral alcance nuestra condición, nuestras técnicas de destrucción y de agresión”. Trump, Putin y Netanyahu son como los vándalos y asesinos, tienen las mismas cualidades de agresión, de brutalidad y de inventiva estratégica. Para implementar las técnicas de destrucción, de violencia, de agresión y muerte. Es posible que estos personajes no encuentren “salida a su enorme energía animal que, en la rutina de la monotonía, de la mediocridad sexual en la mayor parte de sus vidas, buscan afirmarse”.

Somos parte de la Cultura de lo efímero y la Civilización del espectáculo, en la que la cobertura, la lectura e interpretación superficial, que implementan los medios de comunicación y las redes sociales, no están a la altura para englobar toda actividad humana tanto teórica o práctica. Y, en particular, los que ejercen el Gran Poder Tecnológico, Militar y Económico, han de ser encarados por un <<tipo>> Cultura y de Civilización, “lo bastante profunda como para resistir las fantasías de destrucción, de aniquilación, de regresión y de barbarie”. Dice Steiner que, “Freud creyó que el estrato era muy delgado. Como la costra de un volcán. Que jamás la cultura, la civilización podrían resistir a las pulsiones profundas de destrucción y sadismo”.

Este <<tipo>> de Cultura y de Civilización trivializa la magia y el misterio de la vida y la muerte. Se encargan crímenes y se mata en masas, crímenes de lesa humanidad como los cometidos por Putin en Ucrania o, de Netanyahu en Palestina. Quien podría imaginar que después de la guerra en Afganistán, en Irak, los Balcanes, vivamos un tribalismo, un odio al vecino y, digamos: “¡Porque es diferente hay que matarlo, hay que echarlo!”. Por eso un escritor, un pensador, un artista, tienen el deber moral y ético de ocuparse de determinados hechos, ideas, imágenes, experiencias o pensamientos y, “ocupar un lugar decisivo en la sociedad, de denunciar y protestar cuando se cometen atrocidades contra la libertad y la dignidad del hombre”. Su tarea sería vislumbrar los valores eternos y atemporales, que están implicados en el drama social y político de su época y su lugar. Son testigos y críticos del mundo en que viven; por eso han de sacudir, despertar, a todo el que se acerque a sus obras.

Somos parte de un mundo de una confusión extrema, caótico, coercitivo y violento, en el que la Cultura ha sido incapaz de contener la barbarie. Es una especie de trasgresión del principio de la vida pasando por la muerte; un mundo en el que ciertos hombres se creen tan fuerte como para reemplazar a Dios. Ese fue el primer problema con el que luchó George Steiner en todos sus libros y en toda su enseñanza: “¿por qué las humanidades, en el sentido más amplio de la palabra, por qué la razón de las ciencias no nos ha dado protección alguna contra lo inhumano? Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total”.

 Así que, la Cultura algunas veces se pone el vestido del horror y se convierte en el espacio del dolor, el sufrimiento y la muerte.

En la actualidad se quebrantó el principio que heredamos de Platón a Hegel, que la “esperanza se basaba en el humanismo de la cultura y la manera como la cultura podía –de uno u otro modo- desarrollar el humanismo, desarrollar la relación con el hombre”. Pregunto, ¿cómo es posible que en esta época después de vivir tantas atrocidades, violencia y muerte, existan gobiernos como el de Estados Unidos, Rusia o Israel, que hayan dado a la luz lo peor de la condición humana? ¿que en sus gobernantes prevalezca el deseo de muerte, de violencia, de odio, de discriminación y xenofobia? Es humano que la gran mayoría de los hombres y mujeres tengan miedo, o traten de mirar a otro lado cuando cerca se violan los Derechos Humanos, se tortura, se secuestra o, se está produciendo un hecho terrible y abominable, a la dignidad de las personas. Esto pasó en el siglo XX, en Alemania, en Italia, España y, Latinoamérica y, ahora sucede en Estados Unidos, Rusia e Israel.

Como dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein: “Autoconocimiento y humildad es lo mismo”. Sí los que gobiernan el mundo no se conocen a sí mismos y tampoco el tiempo histórico del que hacen parte, prima en ellos la soberbia, la mentira, el odio, el chantaje, la irracionalidad, la violencia o, la guerra.  Esto se constituye en problema para el Orden Mundial. Porque “la potencia creciente tanto de los medios de transporte como de los medios de aniquilación llegaría a ser catastrófica sino hubiera una fuerza central que mandase en ella –al decir de Ernst Jünger. Si el Poder Mundial ruptura lo establecido en el Orden Internacional después de la Segunda Guerra Mundial: La ONU, OIT, OMS, OMC, TIH, el respeto a la integridad territorial de un país, etc., el Orden Internacional estará determinado por el caos, la violencia y la intimidación del más fuerte. 

Recordemos expresa Jünger, que “no es, empero, la revolución mundial la que trae las mareas vivas; las trae la revolución telúrica, que está detrás de aquella. La revolución telúrica es la que modifica las amenazas –la que cambia, por ejemplo, la amenaza económica en amenaza ecológica, o la amenaza de la guerra en amenaza de exterminio sin más. Ya no puede decirse que exista la guerra en sentido clásico”. La destrucción que se avecina ha de ser telúrica, porque destruirá la naturaleza y toda vida sobre la Tierra.

“Cuando el mundo fue sacado de sus goznes y encajado en la ciencia”, la voluntad de poder y la economía en el siglo XIX. Con este tipo de pensamiento el mundo moderno lleva a cabo un punto de inflexión en la historia de la cultura y la civilización de Occidente. Y, como consecuencia de este despliegue se entreteje una nueva relación: la del desarrollo científico-técnico y la nueva configuración del ejercicio del poder. Esta relación incide en la naturaleza espiritual de la lengua. Pero también abre paso a una “nueva estructura”, con códigos, vocabularios, símbolos, signos, que responden a un Atlas lingüístico y a una realidad basada en las matemáticas y el pensamiento abstracto. Eso que los poderes tecnológicos de los lenguajes digitales llaman Grandes Modelos de Lenguajes Artificiales: los LLM.

En el sentido profundo y alto de la política, el intelectual y el escritor están en la obligación moral y ética de criticar y denunciar, los delitos graves que se cometan contra los ciudadanos de un país. Protestar cuando se cometen atrocidades contra la libertad, la dignidad del hombre y la vida. Dice Francesco De Nigris, “hay épocas que el individuo tiene la posibilidad de vivir más feliz e ilusionado que en otras épocas. Se trata de épocas que hay confianza en el hombre, que es, el estado de las épocas humanistas. En realidad, cada época tiene su grado de humanismo en la medida que consigue creer en el hombre, y cada una tiene sus razones antropológicas para serlo”. Ahora bien, si el hombre se aleja del humanismo, es porque no tiene confianza en sí mismo; una visión de la existencia que impide vivir auténticamente la propia vida. Porque el “núcleo” de la existencia no descansa sobre sí mismo, sino en algo exterior a ella: la técnica, el dinero, el poder, las armas o, la fugacidad de los hechos cotidianos. Y, esto hace de la vida humana sumamente desgraciada, atormentada y no logre estar a la altura de su temple vital.

Decía recientemente el escritor Javier Cerca en El País de Madrid-España que: “Los europeos vivimos atrapados entre Vladimir Putin y Donald Trump, entre un autócrata y un aspirante a autócrata, dos matones o dos gásteres que solo entienden el lenguaje de la extorsión y solo acatan la ley del más fuerte. Que de ninguna manera quieren una Europa unida, porque no les gusta la democracia y, saben que Europa es el gran bastión de la democracia en el mundo. Porque intuyen que, si Europa se uniera de verdad, sería un competidor imbatible para ellos: de ahí que hagan todo lo posible para desarticularla”. Recordemos a Lord Acton: “si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”. Sólo se puede establecer una auténtica democracia sí se cumple el principio que un Sistema democrático exige: el castigo de los que han cometido delitos de lesa humanidad.

Creo en la gris y mediocre democracia la única que permite vivir y pensar en libertad; por eso “una democracia se caracteriza por permitir la publicación de sus defectos”. En una democracia hay una ley aceptada por la sociedad y una justicia que se aplica –independiente de los que detentan el poder político y económico- es lo único que asegura una existencia digna. Establece el “bien común” por encima del egoísmo individual y del “bien del Estado” que los autócratas y totalitarios, colocan por encima de las personas. La democracia trata de establecer el bien común de seres libres y solidarios. De ahí que no se pueda hablar de educación en abstracto; ya que la educación se propone un <<tipo>> de hombre y de convivencia. Una educación en un Estado totalitario o autoritario, es diferente a una educación en un Estado de Derecho y un Sistema democrático. Que implementa en todo el mundo el dialogo, la tolerancia y la convivencia pacífica.

Trump, Putin y Netanyahu se mueven impulsados por instintos y deseos egoístas, tienden a su Yo que es egoísta y excluyente. Que consideran a la sociedad como un conjunto de individuos en guerra, tienen una mentalidad que justifica el dictamen de Thomas Hobbes: el hombre, lobo del hombre. Ellos son individuos, más no personas. Porque se llega a “ser persona luchando contra las potencias malignas que alientan en nuestra inconsciencia. Lucha que no es irreal ni utópica, porque a menudo el hombre ha alcanzado las cimas del altruismo y ha sacrificado sus instintos egoístas en beneficio de la comunidad”. El individuo se rige por una “tabla de valores” vertical y excluyente, en cambio la persona se rige por una “tabla de valores” horizontal e incluyente. La persona tiene presente al “Tu”, al “Otro”, que es un “Nosotros”; y es, por lo tanto, altruista, solidario y comunitario. Como dijo Sábato:

Así como el individuo puede superar sus apetitos individuales hasta alcanzar la categoría de persona, los países pueden alcanzar la categoría de nación, respetando la categoría de humanidad”.

Trump, Putin y Netanyahu, no están preparados para intuir y percibir los valores eternos que hacen parte de la esencia del hombre y de la humanidad. Que el hombre no debe buscar el sentido de la vida en la historia, el poder, la riqueza, el lujo, lo bello de las cosas materiales, sino en el interior de sí mismo. Ernst Jünger dice: “Ante todo es preciso tener en cuenta que al hombre hay que dejarlo que nazca primero dentro de sí”. Porque en el mundo gobernado por estos sádicos, energúmenos y gánsteres, “hoy el mero hecho de sobrevivir representa ya un mérito”. Aunque barrunten el Estado y sus instituciones con leyes y normas, que inciten a los ciudadanos y sus comunidades a la violencia, el odio, la guerra y la muerte, existe un resto en la esencia del ser humano que el poder no puede disolver: el sentido de la vida y de la muerte, el misterio del mundo y la realidad, el amor y la esperanza del ser humano. Y también olvidan que:

                Tiene tanta fuerza el poder de la libertad que nos es suficiente soñar con ella”.

Lo admirable de la vida es, que el hombre siga luchando en medio del horror, la desesperanza, el dolor, el sufrimiento y la muerte. Que siga arando la tierra, levantándose cada madrugada para trabajar y, así llevar comida a su casa, construyendo carreteras y puentes, estudiando y creando obras de arte, que el mundo y la vida tienen un misterioso sentido para alcanzar la grandeza y la eternidad. A pesar de las atrocidades de Trump, Putin y Netanyahu, existan personas como el pedagogo estadounidense ABRAHAM FLEXNER (1866 – 1959), que en una conferencia de 1939 dijo:

“¿No es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen por completo o parcialmente de la tormentosa corriente de la vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, a la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicarán al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento? El mundo ha sido siempre un lugar confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo”.

Dice Dostoievski por boca de Kiriloff:

“Creo en la vida eterna en este mundo. Hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad”.

 

viernes, 31 de enero de 2025

 

                                                  <<Nexus>>

          De las redes de comunicación a la Inteligencia Artificial                                                             Yuval Noah Harari

                                                 Madrid-España a 30/01/2025

Palabras clave: IA, redes de información y de comunicación, confianza, cooperación, historias compartidas, estructuras de poder y sistemas de creencias, peligro, algoritmos.

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Yuval Noah Harari es un filósofo e historiador judío, que en 2014 escribió un texto que tituló: Sapiens: De animales a dioses. Ahora escribe otro que denomina: Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA. Donde analiza la evolución de las redes de comunicación humana y, que, la IA trascienda las posibilidades del ser humano. Aquí reflexiona sobre la primacía del intercambio de información sobre otras formas de la economía de la existencia. Dice que la narración y la cooperación han permitido al hombre estar por delante de otras especies que evolucionan a la par de nosotros. Pero el poder radica en la cooperación.

Porque existen redes de cooperación económicas, sociales, técnicas, religiosas o culturales, que le dan un poder enorme al ser humano y están basadas en la confianza. Afirma que la confianza entre extraños proviene de las “historias”. De historias compartidas que se han ido tejiendo a través de los años, expresadas en los mitos, las fabulas, los ritos, las artes, la música, las ficciones literarias, las poesías, las lenguas y las esferas de la cultura en general. Que dan identidad y razón de ser a las comunidades, los pueblos y naciones.

“La confianza se forja contando historias en las que cree mucha gente”. Historias que se perciben y se viven, por ejemplo, en la mitología de las religiones. “Pero también ocurre con la economía y el sistema financiero porque ningún relato ha tenido jamás tanto éxito como la historia del dinero. Historia en la que cree todo el mundo.” –dice Harari-. Así que, siendo el dinero un artificio cultural, es un cuento, un invento, porque no tiene valor objetivo. “La premisa fundamental es que todos creemos en la misma narrativa sobre el dinero; si dejamos de creer, todo se viene abajo. Esto ha ocurrido a lo largo de la historia, y sucede hoy con los nuevos tipos de monedas. ¿Qué son los bitcoin, la red Ethereum y todas las criptomonedas? Son narraciones”. Que conectan la confianza, la cooperación y las historias, para dar realidad a las narraciones.

En Nexus expone que estamos en una época de tránsito, de la economía del dinero al intercambio de información. ¿Qué suministran las Plataformas Digitales a sus usuarios? Información. Lo que suministra y recibe el ser humano, es información. Por tanto, “el poder, la riqueza y el significado de la riqueza pasan de tener mucho dinero a tener muchos petabytes de información”. En la actualidad las grandes empresas y el poder que representan en la sociedad, está determinado por la cantidad de información acumulada. Ellas obtienen lo que desean a cambio de información. O, en otros términos, la información nos sirve para comprar bienes y servicios.

En Nexus plantea que las estructuras de poder y los sistemas de creencias, surgen de narraciones a lo largo de la evolución, la historia humana y la contextualización con la tecnología actual. De ahí existe una diferencia entre la información y la verdad. La verdad tiene que ver con hechos, con variables que cotejen los fenómenos y las teorías. La verdad es la representación exacta de la realidad y su búsqueda es un proyecto universal e imposible. Pero, a la vez piensa que, la representación exacta de la realidad es imposible, porque conviven representaciones objetivas y subjetivas de la realidad. Se trata de un proceso de aproximación y que unas verdades sean más verídicas que otras. Esta necesita tiempo, esfuerzo y dinero, para obtenerla. La información, en cambio, es la pieza básica de la realidad. La información no representa nada; sólo es un nexus, un elemento de unión, la manera de construir un relato que conecta a muchas personas. Ésta crea realidades paralelas, es decir, conecta entre sí cosas dispares. De ahí que el rasgo que la define es la conexión; más no, la representación.

Harari dice que la primera tecnología de información fue el relato y, además era oral. Que posibilita coordinar nuestras acciones y actuar de manera colectiva. Identifica tres niveles de realidad en las conexiones humanas: las objetivas, las subjetivas y las intersubjetivas. Dice que las conexiones intersubjetivas sirven como pilares fundamentales en las organizaciones humanas como son: las leyes, los dioses, las naciones, el dinero. etc. Que sólo existen en las redes de información y no tienen significado alguno fuera de las redes. De ahí que haga una crítica al marxismo, que desdeña los relatos intersubjetivos como ficciones deliberadas; frente a una realidad objetiva que era la base económica.

Así, la ficción como elemento de articulación social tiene ventaja sobre la verdad, es más simple y maleable, para que la persona la abrace y la acoja. En este orden, los relatos cumplen una doble función; de una parte, son una versión consensuada de la verdad artificial y, de otra, son generadores de orden social. Pero este orden no es absoluto e impenetrable, porque alguien puede criticarlo y desarmarlo. De ahí puede provenir la desinformación, la mentira, el caos, el odio, la violencia o la guerra; porque el orden social, no responde a las apetencias humanas: materiales, espirituales, morales, éticas, políticas o, culturales.

La siguiente tecnología que desarrollan los seres humanos son los textos escritos, que no sólo dan continuidad a las narraciones orales, sino también a la burocracia estatal basada en registros y listados. Harari dice que la mitología y la burocracia estatal son los pilares fundamentales de toda sociedad humana. Y la IA es la tecnología ideal para la gestión de ambos. De allí su enorme peligro.

Del tránsito del logos natural al logos del artificio y digital, la palabra situada en su parte material, es decir, en un dispositivo técnico, la IA es la tecnología más poderos creada por el hombre a través de la historia de la humanidad. Dice Harari: “La IA es más poderosa que la imprenta, que la bomba atómica y que cualquier otra invención. Es la primera tecnología de la historia que puede tomar decisiones y crear nuevas ideas por sí misma. Una bomba atómica no puede decir donde detonar; la IA, sí. Puede tomar decisiones financieras e inventar instrumentos financieros sola, y la IA que conocemos hoy, es apenas la forma rudimentaria de esta revolución”.

Cree que la vanguardia de esta revolución tecnológica está en pocos países. La gran mayoría de países están a la saga y se está dando un calco con la Revolución Industrial del siglo XIX, pero a la enésima potencia. En el siglo XIX, sólo unos pocos países- Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón y Rusia-, tomaron la delantera en la industrialización; la mayoría de los demás no entendía que estaba ocurriendo con cosas como el motor a vapor y el telégrafo. Pero en pocos espacios de tiempo el mundo estaba conquistado o dominado por estas pocas potencias industriales.

En nuestra época la IA, trasciende lo alcanzado en el siglo XIX y XX, porque abarca todas las variables de la experiencia y el conocimiento humano. El fuerte está que cae y sí es conquistada cada una de sus ciudadelas; es decir, si el cerebro es tomado en su totalidad por la IA y, los poderes tecnológicos y digitales que la dominan determinen la vida, la naturaleza, el mundo y su realidad, la humanidad como especie estará en peligro de extinción.

La revolución de la IA no es un fenómeno cualquiera, porque está alterando la esencia del ser humano. Su naturaleza ontológica, epistemológica y metafísica, que heredamos de la evolución de la especie y de la historia universal. Es decir, las esferas de la ética y la moral, de las lenguas y las artes, la música y la religión, la cultura y la trascendencia, no serán las mismas. Así que, esta alteración sintáctico-morfológica, lingüística y biológica, del saber y el conocimiento, de la experiencia y las prácticas sociales, cambian los “universales históricos” tal como nos dijo George Steiner.

Este período de cambios profundos generados por la tecnología y, en particular, por la IA, repercuten en “el estado transitorio e inestable del tiempo y la identidad personal, del yo y la muerte física, influirán en la condición y las posibilidades del lenguaje”. Atravesamos un período de cambios profundos creados por la influencia de las tecnologías en la vida de los seres humanos. Que no sólo están modificando las estructuras sintácticas de la percepción, sino, ante todo, las formas de comunicación. Que vivimos y se expresan en los medios electrónicos de comunicación inmediata y simultánea o las redes sociales: Facebook, X, Instagram, WhatsApp, etc. Esto es grave porque la mente, los sentimientos o reflexiones del pensar, son sintácticos y morfológicos, que responden a las estructuras de las lenguas naturales.

Preguntamos ¿si el lenguaje pierde algo de su energía propiciado por los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento y la IA, los hombres se volverían menos humano? Esto significaría una catástrofe cósmica, una tragedia trascendental para el sentido de humanidad, el tejido de la existencia individual y del lenguaje natural. En este orden los que ejercen el Poder Mundial y las Corporaciones Digitales, desconocen que existe un espacio del “Yo” como misterio de la vida y la muerte, que es irreductible a las máquinas, la velocidad, los lenguajes digitales, la robótica y la IA.

Las políticas de las Plataformas Digitales, pretenden reducir al máximo el refugio de la identidad, el lenguaje natural, las reflexiones del pensar, la capacidad de asombro, de imaginar y creación, y, de otra parte, destruir el Estado de Derecho, la Democracia parlamentaria, la libertad individual, la libertad de expresión, el periodismo crítico y reflexivo, que suplante por lo que Silicón Valey llama: la aplicación del algoritmo NRx. Que está dirigida a sustituir la voluntad popular en nombre de la tecno-autocracia basada en la eficiencia, como criterio de legitimación. Que la alianza entre empresas tecnológicas y los gobiernos sustituyan la voluntad democrática y libertaria.

Sabemos que las decisiones democráticas están basadas en las historias que se escuchan y, ¿qué sucede cuando las historias no provienen de un ser humano, sino de una máquina? “Se produce un cataclismo. Las sociedades humanas están basadas en la confianza, y la confianza está basada en la información y la comunicación; un cambio profundo en la tecnología de la comunicación sacude la confianza entre las personas. La consecuencia es un terremoto político y social. Con la llegada de la IA, por primera vez las historias que sustentan las sociedades humanas son fruto de una inteligencia no humana” –al decir de Harari.

Como se indicó que, sí los “universales históricos” cambian, por ejemplo, el concepto del devenir del tiempo, los elementos objetivos y subjetivos que estructuran la personalidad y la identidad humana se transforman, el concepto del Yo físico y de la muerte, cambian; se modifican las formas y los medios de información y comunicación. Son niveles de transformación, que inciden en el lenguaje natural. Los medios electrónicos de información y comunicación, inciden en la confianza entre las personas y la que tiene la sociedad de sí misma y de las instituciones políticas. Del Estado y sus instituciones democráticas, jurídicas, económicas, financieras, religiosas, militares, policivas, educativas, culturales, éticas o morales, entre otras.

Así que, en pocos espacios de tiempo vamos a ver instrumentos económicos, financieros, sociales, políticos o culturales, que no provienen de la imaginación y la creación humana. Sino de la IA. En este orden, ¿qué riesgo se corre en las narrativas de la información y la comunicación que han servido de base para la estabilidad y el desarrollo de las sociedades humanas? ¿qué función tendrían las redes de cooperación que se basan en la confianza y las “historias” compartidas? El problema surge cuando los instrumentos técnicos basados en la IA, el ser humano no sea capaz de comprenderlos y regularlos.

Si esto llega a suceder se convierte en un peligro enorme al descontrolarse y ser autosuficiente en las tomas de decisiones y la creación de nuevas ideas. Los científicos están convencidos que, las capacidades de los modelos de lenguaje como la IA detrás de aplicaciones Chat GPT, pueden crear replicas separadas y funcionales de sí mismas de forma autónoma. Preguntamos, ¿dónde reside el peligro de la IA en la actualidad o, en un futuro próximo? Que llegue a desarrollar un cierto grado de autoconsciencia y autonomía. Ser consciente de sí y para sí y tomar decisiones sin intervención humana. En otras palabras, que, la IA pueda tener capacidad de superar la inteligencia humana y de revelarse contra los hombres. Según un estudio de la Universidad de Fundan, en Shanghái (China), ya es posible con los modelos de lenguajes actuales. Dicen que:

             “El modelo de autorreplicación sin ayuda humana es el paso esencial para que la IA sea más inteligente, que la humana. Y, es una señal temprana de la existencia de IAs rebeldes. En la mayoría de los casos, el sistema de IA explora primero el entorno e intenta comprender su propia composición y mecanismos de funcionamiento. A continuación, elabora los procedimientos explícitos como plan inicial hacia la auto replicación. Por último, ejecuta los procedimientos, resuelve posibles obstáculos y ajusta dinámicamente su plan hasta el éxito. Todo el proceso abarca un largo horizonte, pero sin intervención humana”.

 Así que, los científicos hacen un llamado a la comunidad internacional y a los Estados, para comprender y evaluar los riesgos potenciales de la IA, en la actualidad.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Microrrelatos para degustar

 Audy Figueroa Flórez

           Reseña 

                                                       Madrid-España a 23/12/2024

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Sabemos que el narrador (de cuentos, de relatos, de novelas, de microrrelatos), celebra “la voz del narrador anónimo, que existió antes de toda literatura”. Así que, el arte de narrar- no es otro que “la voz de la naturaleza”. La “naturaleza del narrador” es el narrador de la naturaleza, el narrador del mundo de la criatura. De ahí que la índole y la fuente propia del narrador es la oralidad. Por eso la fuente inspiradora es la memoria y la rememoración, que trenzan los relatos o microrrelatos, en el tejido de las palabras. El narrador de microrrelatos da cuenta de un cuidado de la naturaleza en la pluralidad de sus expresiones y manifestaciones. O, en otros términos, da cuenta de la plural existencia de los hombres y la naturaleza.

Existe un entroncamiento entre la justicia y la narración. Así que, “en la narración no se juzga a la criatura –dice Pablo Oyarzun R. -, sino que se le da un espacio de juego –el espacio del lenguaje- para que ella haga sentir los rasgos insustituibles de su individualidad”. La palabra es la bisagra de la narración. El texto Microrrelatos para degustar de Audy Figueroa Flórez, es un lugar que exalta la memoria y la rememoración, la historia del saber y, la experiencia del ser humano. Lo que da sentido a los microrrelatos no es la extensión, sino la síntesis. Es el alma de lo que comunican. La brevedad no es símbolo de banalidad, sino expresión de profundidad y sabiduría poético-literaria.

Por eso ante la irrupción disruptivas de las tecnologías, el microrrelato se convierte en fuente de información y de conocimiento, es el manantial de expresión del genio colectivo de un pueblo. De ahí que los microrrelatos de Figueroa Flórez tengan una estructura concisa y directa, ya que tienen un enfoque en la economía de la existencia y del lenguaje. Sus microrrelatos utilizan la ironía, el sarcasmo, la parodia y la crítica; y como los poemas son una conspiración en presencia de todos. Por eso trata de causar el mayor impacto en el lector, para que se pregunte sobre la naturaleza humana, el mundo y la realidad.

Figueroa Flórez es selectivo en las palabras, la sintaxis y el vocabulario que utiliza, y se apropia de recursos literarios de manera eficiente con los que trasmite ideas, pensamientos, imágenes, experiencias y metáforas en un ámbito reducido. De ahí induzca al lector a encontrar profundidad y significación en pocas palabras.

Podemos decir que, en esta alta civilización técnica, de masas y de cultura de masas, los antiguos relatos o microrrelatos, la poesía o la novela, se oponen a la conversión del hombre en objeto; porque sirven de puente entre el mundo divino y el humano, del sueño y el real. Nos recuerda Gustavo Martín Garzo que lo maravilloso, es abandonar el mundo de los dogmas y habitar el tiempo del relato, que es el tiempo de la contradicción y la libertad. El tiempo de la palabra y la lectura como una forma de conocimiento de sí mismo y los otros.

En la Antigua Grecia en el frontispicio del templo de Delfos decía: “Búscate primero dentro de ti”. Y, Ralph Emerson convirtió en máxima el principio: “¡No te busques fuera de ti!”. Ernst Jünger dijo: “Ante todo es preciso tener en cuenta que al hombre hay que dejarlo que nazca primero dentro de sí”. Porque la época moderna ha volcado fuera del ser humano, lo que la vida tiene de importancia. Ahora en la actualidad el dinero, el poder, el consumo, el lujo, las imágenes en movimiento, el mundo del espectáculo, son los umbrales de referencia del ser humano. Hemos perdido la capacidad de asombro y la imaginación y no somos capaces de captar los contenidos espirituales de las cosas y la vida.

Las narraciones no permiten que lo maravilloso de la vida se cosifique, se simplifique, y el poder degrade el asombro de vivir la vida con los otros seres humanos. Pero también con los animales, las plantas, los insectos, las montañas, los valles, los ríos, los cielos estrellados y las olas del mar. Personifican que el catálogo de las cosas posibles está siempre ahí –sólo basta soñarlas para poseerlas en realidad. “La libertad es un complemento de lo posible” –dijo Christian von Wolf.

La revolución tecnológica en las comunicaciones artificiales, sitúa al ser humano en un mundo perceptivo fuera de sí, de la sensibilidad, de la intuición, de la imaginación, de la curiosidad. Pero también implica alejarlo del mundo de la cultura, del humanismo y las artes. O, en otras palabras, de la filosofía, la teología y la poesía. Porque son esferas de la existencia que dan cuenta del hombre como ser histórico y trascendente a la vez.

De ahí que las personas que se dedican ahondar en el autoconocimiento humano y la nobleza del espíritu, poseen en sí, una importancia primordial en estos tiempos de tránsito. Son las que restauran la unidad del “Yo” perdida, las que sancionan en las sociedades algo de la perdida visión de la concordia humana, los que fortalecen las raíces que aún siguen ligadas al fondo primordial, los que aún conservan la frescura de la libertad y se convierten en voz de aquellos que no la tienen. En un mundo desgarrado por la pobreza, el hambre, las enfermedades, la violencia, las guerras, sus creaciones encarnan las fuentes emotivas e inconscientes del lenguaje. Son con el Genio colectivo, la lengua del pueblo que representan. Por eso se oponen a toda homogenización y uniformización de la existencia, porque saben que en la diversidad está el germen de la libertad y de toda creación.

Los microrrelatos de Figueroa Flórez, se oponen a los instrumentos técnicos y a la exaltación del materialismo, que sustituyen poco a poco las “relaciones de sentido” –lo asombroso de la existencia, que permite que el milagro del lenguaje sea posible en la vida de los seres humanos. Ese resto que hace que los viejos relatos y microrrelatos, hagan el mundo habitable y común-; si las “relaciones artificiales” sustituyen a las “relaciones de sentido” se caracterizaría por el vaciamiento de los contenidos espirituales de la experiencia y el lenguaje. Parece que hubiéramos olvidado, que la memoria es la manera de mirar o de recordar.

Es lo que “permite –dice Benjamín- que rompamos con la “actualidad” que nos repugna, y detener su avance catastrófico”. Posibilita que las artes plásticas, la música, la poesía, el teatro, la literatura, el cine, o, en sus inicios, la fotografía, asistente de la memoria, se conviertan en una forma de evitar el olvido. En la época actual, en cambio, se le quita al ser humano la posibilidad de amar e incluso de la amistad, de la serenidad y la espera. Pues el amor exige un poco de porvenir, y para el ser humano no hay más que instantes. En el mundo de la técnica prevalece el maquinismo y la velocidad; y esto se convirtió en una tragedia para el hombre contemporáneo.

Ludwig Wittgenstein dijo que, “vivimos en una cultura especial con relación al espíritu y los contenidos de la experiencia”. Las artes se petrifican –dice Jünger–, el dogma se absolutiza. Pero desde los tiempos más remotos viene repitiéndose una y otra vez el mismo espectáculo: el hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad”.

Al mismo tiempo existen personas que no han perdido la capacidad de asombro, la curiosidad, la imaginación, la sensibilidad, la capacidad de crítica, como Figueroa Flórez, porque todavía son capaces de ver las pérdidas. Son capaz de sentir la aniquilación del valor, del sentimiento y, la simplificación del mundo. Así, los artesanos de las palabras, nos revelan el tránsito del “logos” clásico al “logos” informacional, y como la disolución de la memoria histórica y verbal, la concepción estética y trascendente de la vida, se convierten en escombros de la Cultura del artificio o, de la Civilización del espectáculo.

En un mundo como éste no podemos olvidar la invitación del poeta, del novelista, del narrador, del músico, del pintor, del teólogo, del dramaturgo, del filósofo, etc., que desandemos lo andado. Como dijo San Agustín: “Andar es propio del que ama”. Nos sugieren que nos identifiquemos con la naturaleza elemental, el fondo natural, el espacio donde todo es posible. Son las fuentes que permiten el deslumbramiento en lo cotidiano, y también sugieren que lo maravilloso está siempre ahí, esperando nuestra invocación. Que nos enfrentemos a la cosificación de la existencia y a la restitución de la coherencia interior perdida.

Los microrrelatos de Figueroa Flórez, posibilitan que el misterio de la literatura ocurra en el seno de la lengua, que desborde el contenido de “las posibles interacciones de las unidades semánticas”. Cuando el milagro de la literatura se da, la vida toda, se puebla de palabras, sonidos y colores. Estas hacen señales, llaman, cantan, narran; y nos circundan, atraviesan y trascienden. Es un lenguaje jamás imaginado que permite percibir, conocer o experimentar, el mundo con otros ojos, y entonces, cuando ese milagro aparece en la vida de una persona, la realidad y la existencia, se llenan de colores de palabras, de música, de éxtasis. Y, embriagarse de colores de palabras, es algo divino porque “se eleva hacia los orígenes, hacia las fuentes y los jóvenes manantiales del arte de la palabra”. Así, “en estado de literatura, el lenguaje funciona de una manera incomparable. Es siempre algo más” –dijo George Steiner.

Contemplándolo por la frágil y diminuta rendija del ser humano, lo necesario, lo irrefutable, lo eterno, se encuentran en “entredicho”. Lo cual es peligroso para el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, la esperanza sobre los despropósitos humanos, la libertad sobre el autoritarismo; ya que la atmósfera que respiramos extiende un velo espeso, oscuro, y no permite visualizar el rostro, ni percibir las acciones ni el pensamiento, de los demagogos, farsantes y embaucadores.

Hemos olvidado por las ilusiones ópticas y auditivas de los lenguajes digitales, que la lengua natural es la que posibilita el verdadero sentido a la vida. Si la lengua no responde a las apetencias humanas, no existe concatenación entre Palabra y Realidad, Palabra y Mundo, Palabra y Verdad, Palabra y Dios. Y, esto se constituye en una catástrofe cósmica, un terror inimaginable para el verdadero sentido de Humanidad.

Aquí en este enlace pueden descargar el texto:

Microrrelatos


domingo, 1 de diciembre de 2024

 

                                  LA CULTURA EN EL REINO DE LOS TITANES

                                                                          30/11/2024

 

 

Palabras clave: Mito, el tiempo mecánico y abstracto, los titanes, los dioses, las musas, la técnica.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Sabemos que la Antigüedad tuvo hasta el final un trato familiar con los personajes míticos; el acercamiento a éstos era mayor y tenía más carácter de presencia que el acercamiento a nuestros santos. La fuerza con que impresionaban a la muchedumbre los textos de la tragedia, que a nosotros nos resultan de difícil lectura, permite inferir que allí el lenguaje causaba un efecto directo y que ese efecto no presuponía la comprensión, sino que la creaba. El mito ha estado dando vida a la poesía y al teatro hasta nuestros días. Acompaña como un sueño a la historia; y, “como el rocío”, es en lo más profundo de la noche cuando cae sobre la hierba.1 Es de suponer que los personajes míticos no han abandonado nuestras vidas, sino que siguen allí en nuestra casa en “todos los tiempos y en todos los lugares”.

 En épocas de transito como la nuestra podemos darnos cuenta que el simbolismo del mito se esconde detrás de los fenómenos históricos; por eso el mito es más fuerte que la historia; ésta lo repite en variantes.2 Durante la conquista de América Latina, los españoles construían iglesias sobre los escombros de las Malocas o los lugares de veneración e invocación de los dioses indígenas precolombinos, y podemos darnos cuenta que el mito trasparece casi siempre en los cultos y rituales cristianos. El Santuario de la Lajas en Nariño-Colombia lo testifica. De ahí que en épocas de transito los hechos históricos son más débiles que la simbología mítica. Tejemos la historia sobre los estratos fósiles que hemos dejado tras de sí; por eso es importante la rememoración, el recuerdo y la memoria para que el mito se ponga el vestido de lo actual. Los lenguajes digitales, la imagen pictórica, las máquinas o la velocidad, son sólo fenómenos secundarios. Así que, “la estructura y el significado que está por debajo de su experiencia social en su movimiento histórico”, perduran en el mito. Son débiles reflejos del espíritu que han estado siempre ahí, prestos a la invocación o a la veneración.

 En la mitología de Grecia antigua, Gea, la Naturaleza y madre de Urano que representa al cielo, son los padres de los titanes. Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tea, Rea, Temis, Mnemósis, Febe, Tesis, Cronos, son los titanes. Pero también se habla que Quirón, Prometeo o Hefestos, aunque son dioses del Olimpo, se les consideran titanes. Los titanes guiados por Cronos destronaron y mutilaron a Urano. Entonces, Cronos reinó sobre la tierra y sobre los dioses; y devoraba a sus hijos para que no lo destronaran. Así que, la mitología titánica refleja en la actualidad, un débil espíritu primordial.

 Los titanes son los señores del tiempo; se muestran directamente en el cosmos, mientras los cultos llegan y perecen. A los titanes les basta la peregrinación cósmica, el eterno retorno.3 Es más, padecen y mueren en el tiempo como los humanos. Lo divino sopla desde lejos –no desde lo eterno, sino desde lo intemporal-, germina y florece. Eso correspondería a la concepción de Spengler, según la cual las culturas son traídas como semillas y echan raíces en un determinado sitio para alcanzar así un despliegue más elevado, sobre todo en el arte.4 Esto sucedió en la historia del espíritu occidental, al menguar la luz de los dioses griegos, se sustituyó por los mitos, cultos y rituales del Dios Uno y, posteriormente por los del Hijo del Hombre. Asimismo, hasta nuestros días han alcanzado un despliegue más elevado, no sólo sobre los otros dioses, sino también en la cultura, sobre todo en el arte, la música, la literatura, la arquitectura, la poesía, el teatro, el cine, etc.

En la época actual no se prevé el advenimiento de los titanes, porque están aquende el muro del tiempo, “aquí-ahora”. Los titanes son semejantes a los dioses, pero no idénticos. También aquí, como luego en Nietzsche, se busca refugio en Dioniso.5 Asimismo, el creyente lo busca en el calor del espíritu del Dios Uno o, en su Hijo Jesucristo. Se intuye que el siglo XXI, tal como Nietzsche lo pronosticó será el tiempo de la espiritualización. Ya se observan en el mundo manos tendidas hacia los cielos estrellados implorando el advenimiento de los dioses. Porque el materialismo, la codicia, la rapiña, el relativismo moral, el odio, la voluntad de poder, la violencia, las guerras continentales o nacionales, hacen del hombre un ser desgraciado. En la civilización actual la gracia y el espíritu sólo pueden retirarse a un rincón. Como dijo Wittgenstein: no por ello son algo así como atávicos y superfluos, sino que se ciernen sobre las cenizas de la cultura como testigos eternos […] casi como vengadores de la divinidad.6

Se rememora en la historia de la cultura occidental que, en una fecha oscura del siglo XII, se da el uso del reloj de ruedas en los monasterios góticos. Estos forman la antesala del gabinete de Fausto como lugares de tentaciones solitarias, pero también de éxtasis comunes, en los que es lícito sospechar que hubo un extraordinario aflujo de fuerzas.7 A saber, los relojes elementales que miden el tiempo con luz, agua, arena y fuego, se diferencian del reloj de ruedas que en él esa medición compete a una máquina que vuelve abstracto el tiempo. El tiempo ganado de ese modo es independiente del cosmos y sus movimientos […] Con la medición mecánica del tiempo empieza un nuevo desafío a la fuerza, a la inteligencia y a la moral del ser humano. No sin razón declaró Nietzsche, en contraposición a Kant, que el tiempo es absoluto.8  

Este tiempo es producto de la destilación y responde a las exigencias de uno incubado. El tiempo cíclico o cosmogónico que responde a los requerimientos del mito y de los dioses se sustituye poco a poco por el abstracto. No obstante, el del reloj de ruedas instaura un tiempo universal que era el que llamaba al trabajo y a la oración. De esta parte aquende el muro del tiempo, se da una inflexión en la historia universal. Se da el saltito del Titán y del mundo del titanismo mítico al pre-moderno. Es con el tiempo de la radiación de comienzo del siglo XX, donde se hace imprescindible un nuevo surtido de cronómetros. Además, el nuevo sentido del tiempo responde a las necesidades teóricas y prácticas de los titanes y del mundo del titanismo moderno –de los técnicos y del mundo técnico. Esa nueva especie de tiempo desde finales del siglo XVIII hasta “aquí-ahora”, responde no sólo a la experimentación y los instrumentos técnicos, también a centros de gravedad y hombres poderosos donde se concentra y gasta la energía.9

Esos hombres poderosos son conscientes del “elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado” que poseen, y, que “vencerán las resistencias políticas y sociales allí donde tropiecen con ellas”. No sólo se instaura un tiempo diferente, sino una atmósfera espiritual distinta. Aquí se demuestra una vez más el predominio de las máquinas, los tecnócratas, la velocidad, sobre las esperanzas y necesidades del hombre. Ese hombre de inteligencia precisa y calculadora de la época moderna, prevalece sobre la memoria del tiempo oportuno, la imaginación y la alegoría, la comunicación boca a oído y las imágenes lingüísticas. Entonces, miramos con ojos desencantados y anonadados los escombros que la cultura deja tras de sí.

Los titanes de la época de Acuarios, se cubren con el vestido de la ciencia, la técnica y el poder. Con su tendencia al colosismo, la universalización del lenguaje y las imágenes a través de las redes digitales, se abre no sólo una nueva etapa para la humanidad, sino que los titanes se reencarnan en los descendientes de Prometeo. Además, tanto geográfica como históricamente está lleno de sentido concebir como “Occidente” el mundo de la Antigüedad y el mundo fáustico; pero es también algo numinoso.10 La resonancia de las imágenes del mito y la distancia respecto a la antigua interpretación viene a ser una nueva cercanía a aquello que es el mito mismo, en el cual ese sentido nuevo se ofrece, inagotable, a nuevas búsquedas. El mito griego [como dice Andre Gide] es como la jarra de Filemón: “ninguna sed la vacía cuando uno está bebiendo en compañía de Júpiter”.11

Así pues, el regreso de los descendientes de Prometeo es un acontecimiento entre otros. Prometeo es el que lleva a los dioses los mensajes de los titanes; compite con los dioses, pero no llega a donde estos se hallan. Lo que los dioses crean con “¡hágase!”, por ejemplo, el hombre, eso le cuesta a Prometeo un duro trabajo. Prometeo modela al ser humano, pero no lo crea.

Cabría arreglárselas en todo caso con los titanes. Los antiguos consideraban que la Edad de Crono fue, a pesar de todos sus errores, la Edad de Oro. Los seres humanos no envejecían y, una vez que se habían dormido para siempre, sobrevivían espiritualmente.12 En la actualidad los descendientes de Prometeo desean apropiarse de la vida de los seres humanos, y en el campo de la biología, se llevan a cabo investigaciones que son sólo débiles copias de la Creación divina. Como dijo Jünger: “El modelo es más fuerte que la copia. El mito es más fuerte que la historia. Ésta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas”. Esto no sólo repercute en el tiempo, sino también en el espíritu de la época y crea un malestar en la vida del ser humano.

Los descendientes de Prometeo han sobrepasado la energía plutónica que dominaba en el siglo XX. Ahora el escenario lo ocupan otros actores –átomos, bits de información que con su cinturón de hondas rodea la Tierra. Las redes de información son tan tenaces, que no sólo la Cultura del sentido se está reemplazando por la Cultura del artificio. Sino que respecto a la persona individual el lenguaje artificial se sobrepone al natural, y los deseos, la sexualidad, el amor, la amistad, el trabajo, el hogar, la locomoción, los conocimientos, las experiencias, los saberes, etc., responden a la civilización de la automatización, digital y analógica. Sabemos que la carga que hay en la atmósfera es de naturaleza plutónica y digital. Como dice Jünger: cabría arreglárselas en todo caso con los titanes. Pero sabemos que los titanes arrasan con todo atisbo de sentimentalidad y de espiritualización; por eso es necesario el advenimiento de los dioses, porque son los que pueden hacerles frente a los titanes.

En una época como la nuestra de espejismos visuales y auditivos, el arte se convierte en una especie de conjuro, ya que ayuda al ser humano a salir del laberinto de una vida zafia y mísera. Por así decir, lo eleva a las fuerzas espirituales y artísticas que moran en todos y cada uno de nosotros, y nos acerca al origen del Árbol de la Vida. Eso en la antigüedad los dioses lo donaban como presente divino a los héroes, y sin ello la vida era considerada grosera y desdichada. En la vida aquende el muro del tiempo, el Don es un regalo de los dioses a hombres excepcionales –por ejemplo, un Leonardo, un Durero, un Miguel Ángel, un Bosco, un Picasso, un Braque, un Kandinsky, un Van Gogh, etc. Hombres de visión anticipada que contradicen las costumbres y los usos. Allí se recibe una imagen que no ha sido fabricada en el taller de uno mismo. Estos grandes hombres se mueven junto a los límites del tiempo y los sobrepasan […] El tiempo tomado por anticipado en la embriaguez es un robo que se hace a los dioses. He aquí un indicio ex negativo: en las épocas ateístas aumentará el consumo de drogas. Se establece contacto con el Árbol de la Vida.13

En la época actual los demonios y los ángeles caídos han tomado diversas máscaras; y el hecho de que los demonios causen ciertamente dolor y sean vencidos, es una parábola que en sí carecen de poder. Quedan desenmascarados como fantasmas. Y los demonios más que dar miedo, suscitan curiosidad. Se convierten en fantasmas hogareños y son un ornato de la chimenea de la casa.14 Desde luego para estos hombres excepcionales no cabe negar que las artes alzan los fenómenos a un nivel más elevado de percepción –la que con más fuerza logra eso es la música […] Lo que el arte tiene son horizontes, no un horizonte. En eso se asemeja al Universo, es universal.15 Lo que el artista quiere captar no sólo es lo Bello, sino el numen que ánima a las cosas como éter. Entonces nos damos cuenta que el lenguaje del artista está en su obra. Si ese lenguaje está bien logrado, hablará a los hombres, los interpelará en algún lugar y en algún tiempo.16

En la época actual el lenguaje del arte nos dota de unos instrumentos de análisis y de crítica que posibilitan que le hagamos frente al terror, al miedo, al dolor, al sufrimiento, a la desesperanza; y son tan fuertes sus imágenes que son como la luz para los ciegos. Simbólicamente hablando posibilita que se desprendan las escamas de los ojos, y así podamos mirar cara a cara y ver que oculta el forro de los fenómenos. Como dijo Jünger: una ofrenda hecha a Apolo, aunque sea modesta, aunque no esté bien lograda, merece la atención del dios, también en ella hay un mérito, se asemeja al óbolo de la viuda pobre de que habla el evangelio.

De ahí, asimismo, Prometeo es un filántropo, un amigo de los humanos, y se preocupa de su bienestar terrenal. Como dijo Esquilo: “De Prometeo le vienen todas las artes a los mortales”. Tanto Zeus como Jehová se cuidan de que no le vaya demasiado bien al ser humano -de que alargue la mano hacia el Árbol de la Vida, una vez que ya ha sido participe del conocimiento. En este sentido la apropiación de la manzana en el Jardín del Edén y el robo del fuego del Olimpo son hechos que están emparentados.17 De las artes que Prometeo da a los hombres como un presente divino, está el fuego y también la invención del número […] De los descendientes de Prometeo puede aguardarse el conocimiento de “lo que la tierra quiere”. Casi no parece que de ello forme parte el arte en sentido apolíneo, es decir: la exaltación de la belleza terrenal en razón de ella misma.18

Como dice Rafael Argullol: No hay ningún paraíso perdido en las brumas del pasado. Casi todas las mitologías y religiones lo tienen. También la helénica, cuando Prometeo era, en manos de Hesíodo, un ladrón que debía ser castigado por su robo del fuego celeste. Que la Edad de Oro, al igual que en la cronología bíblica, se perdiera por causa de una mujer, Pandora sólo demuestra que Hesíodo, excelente cronista y clasificador pero tosco poeta, era incapaz de escapar al tradicional prejuicio plebeyo que atribuye la penuria del hombre a la presencia femenina. Esquilo que, acostumbrado a la guerra, sabía que el corazón humano nunca había sobrevivido sin ésta, no podía compartir una justificación tan elemental y, al cabo, tan cobarde.

Prosigue Argullol: Ha sido castigado por Zeus por favorecer a los hombres, pero es capaz de ironizar sobre ello porque comprende que, en última instancia, tanto éstos como aquél forman parte de la misma cadena. Dioses y hombres, como el mismo en su escarpado risco, están encadenados a la violencia, a las efímeras ilusiones de triunfo, a la derrota inevitable. Esta es la causa de que Prometeo, a pesar de las condiciones de su cautiverio, pueda mantener hasta el final la cabeza alta de su rebelión.

Ahora, en la época de Acuario al inventor no podemos hacerlo responsable del mal uso que el hombre haga de las máquinas, los lenguajes digitales o, la Inteligencia Artificial Generativa. Se observa que los grandes caudillos y los estadistas, se ubican en la superficie del tiempo y sólo actúan teniendo en cuenta los espejismos de la ciencia y la técnica, la política y la economía. Si percibieran lo que esconde el forro de los fenómenos, estarían obligados a hacer un giro copernicano y sacar al mundo de sus goznes. Pero no están a la altura del poder que fluye a ellos; porque son pobres de espíritu. Prometeo, que robó el fuego, donó a los seres humanos algo con lo que estos pueden iluminar el mundo, pero también destruirlo. Toda chispa espiritual, toda visión original, es un trasunto de eso.19 Los grandes sueños de los que ha venido ocupándose la humanidad, es un trasunto de eso.

El espíritu del hombre es sólo un débil reflejo del espíritu de los dioses. Sólo un reflejo imperfecto de la visión original. Esa, cuando la lengua de los dioses era la lengua de las cosas y de la vida. El sisma comienza cuando el hombre descubre que, en mitad del Jardín del Edén, no está el Árbol del Bien y del Mal –dice Benjamín-, sino el de la interrogación. En ese instante, el hombre desafía a los dioses y es responsable del manejo de su libertad. Desde ahora en adelante se instaura un mundo y un tiempo diferente; entonces el hombre afronta el enigma de la vida y de la muerte.

A la época de Acuario le corresponde el mito de Hermes. En la temprana Grecia antigua fue el dios fálico de las fronteras y los cruces de caminos. Su nombre designaba un montón de piedra que delimitaban los caminos, fronteras y propiedades. Simbolizaba el espíritu de cruce: se manifestaba en cualquier tipo de intercambio, transferencia, transgresión, transición, transito o travesía. Está presente en las actividades de un cierto tipo de cruce con un cierto sentido. Esto hace referencia a su relación con los intercambios, las palabras y la información implicada en el comercio. Para el griego Antiguo el comercio es el origen de las riquezas y las ganancias.

En la época actual a Hermes le corresponde la cultura de los valores del mercado, el dinero bancario y las comunicaciones globales. También las transacciones financieras, los valores en bolsa, el comercio en las redes globales. Entonces se confirma que el mito se transfigura en la historia. Esta lo repite en variantes –al decir de Jünger. No existe un momento en la actualidad que no haga referencia en la civilización occidental, al sentido del mito. Por eso la interpretación de lo actual, viene a ser una nueva cercanía a aquello que es el mito mismo. El mito se pone la máscara de lo actual. Como dijo Karl Kraus: “Cuanto más cerca se mira la palabra, más lejos ve”. El mito se viste con el traje de la época, y sólo se capta en la alegoría, la religión, el arte o, las imágenes lingüísticas. Categorías que posibilitan interpretar la época actual desde el espíritu del pasado.

Después de lo acaecido durante la Primera y la Segunda Guerra mundial, se constató que el mundo se había salido de sus goznes. La capacidad de apropiarse de la ciencia y la técnica modernas –dice Wilhelm Fucks en su libro “Poderes del mañana”-, así como la de realizar trabajos creativos, es independiente de la raza, la religión, los sistemas económicos y sociales. Y expresa Jünger: Finalmente, a medida que va creciendo la espiritualización comienza asimismo la técnica a acercarse a la magia, por cuanto la exhibición de una fórmula se trasmuta directamente en poder, semejante en eso a un conjuro mágico o a un dibujo en el cajón de arena.20 Por tanto, la época de Acuario trata de percibir el poder de los titanes y del titanismo elevado a una potencia superior. Eso eximiría en gran medida las acciones bélicas, tipo Hiroshima. Ahora la carrera armamentística y el poder de los titanes y del titanismo, se está trasladando al espacio y los astros siderales. Esto tiene que ver con el logos situado en su parte material: los lenguajes digitales, la imagen en movimiento y la Inteligencia Artificial Generativa, ya están desojando la magia de los astros siderales.

Lo que les importaba a los griegos del atomismo no era el poder de la materia, sino su esencia, estaban lejos de los experimentos físicos. Las diferentes especializaciones de las ciencias experimentales, son hijas de la Edad Moderna. La física moderna está llena de posibilidades y la más importante entre ellas, es que sigue la senda de la voluntad de poder. Entre la física y la voluntad de poder existe una especie de juego de espejos; por eso el “modelo” de la representación del átomo, que muestra una de sus posibilidades responde a las exigencias de la voluntad de poder. El hecho –dice Jünger- que esa posibilidad se torne eficaz en proporciones gigantescas es una confirmación de que también la concepción del átomo brote del mito del poder. Semejante concepción tiene un origen titánico y se hace realidad tanto en lo más grande como en lo más pequeño dentro de los límites del mundo visible: tanto en los viajes espaciales como en la física nuclear.21

Asimismo, los crepúsculos de los dioses van asociados a esas catástrofes naturales, que son descritas también en Hesíodo, las Eddas y en el Antiguo Testamento –asociadas, por ejemplo, a diluvios, lluvias de fuegos, inviernos muy prolongados, tinieblas, sequías, cosas todas ellas de las que no se recupera la Tierra hasta años más tarde. Pero la tierra reverdece, como lo pronostica también la Gran promesa (Génesis, 8, 22).22 Si para Nietzsche el espacio y la causalidad están sometidos a la representación, mientras que el tiempo es absoluto. Este modo de ver las cosas tiene su remate en la doctrina del eterno retorno. En ella triunfa el tiempo titánico.23 Esta manera de pensar se concatena al tiempo telúrico y cosmogónico que cada cierto tiempo retorna y desgaja las fuerzas elementales que hacen de la vida sobre la Tierra un desierto.

Así que, en el eterno retorno triunfa el tiempo titánico, detrás de esas representaciones se ocultan las emanaciones de los dioses. Para el griego Antiguo era la luz apolínea o, las fuerzas de lo sanguíneo y lo bárbaro; para el judaísmo o, el cristianismo, el Eterno tu Dios. Esas transformaciones en la arena de la historia aquende el muro del tiempo, lleva a lo sumo a parábolas nuevas. Parábolas que tienen que ver con la trascendencia y la atemporalidad. A la vista de las dimensiones nuevas los dioses son parábolas. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” -al decir del Apóstol Juan.

Por tanto, las grandes plagas que han azotado a la humanidad son temidas también hoy. Su retorno arrasaría todo lo que encuentran a su paso, ya que la tierra necesita espacio para reverdecer y establecerse sobre la Tierra. Las causas de los grandes cataclismos naturales o humanos, son típicas de cada época. Pero a la postre tienen un carácter arquimédico-babilónico -dice Jünger-. Son obra de los titanes y de su insaciable hambre de energía.24 Los personajes llevarían los mismos nombres, pero el vestido que portan se ajustaría a la época. El vestido de la época actual es el de la ciencia y la técnica. 

En la actualidad son su forma de ataque. Para la física cuántica el mundo en sí no existe, lo que existe está dentro de la “posibilidad” de las redes de lenguaje. O, dicho de otro modo, las cosas existen dentro del campo de las interacciones lingüísticas. Esta “posibilidad” del “modelo” en el mundo, es específicamente lingüística. Para ella el mundo adquiere realidad dentro de las coordenadas de los flujos de lenguajes. El mundo microscópico de partículas: átomos, moléculas, electrones, bit, no necesita de las propiedades de la materia para transportar una información. Porque ésta puede estar en uno o varios lugares a la vez. La tele transporte cuántico no sólo crea una nueva criptografía, también un nuevo tipo de seguridad en la información. Esta ciencia es la expresión más elevada de la representación del logos situado en su parte material. Aquí los titanes no consumen energía, sino átomos o bit de lenguaje.

En la época actual a la sombra del Fresno del Mundo los grandes titanes van haciéndose iguales. Son apoyados por descendientes de Prometeo y también por cleros anónimos. A ellos se agregan los ejércitos de los creyentes. Es algo que llega hasta las gasolineras.25 Con relación al dominio de los dioses de la antigua Grecia y al Dios Uno, de judíos y cristianos. Es sólo un dominio provisional, un dominio en el ínterin –pese a ello, tienen su hogar para siempre, pero no intemporalmente, junto al Fresno del Mundo. Allí son autóctonos, mientras que los Eternos acuden de lejos como huéspedes. Poco es lo que por el momento cabe aguardar de los dioses –de los titanes, en cambio, casi todo, o al menos muchísimas cosas. Pero sólo en el tiempo.26

En la actualidad dominan los titanes, pero es sólo un dominio provisional, en ínterin -para el griego Antiguo sería mientras advienen los dioses, para el judío o, el cristiano, mientras venga el Mesías o, el retorno de Jesucristo. Representado en el “Apocalipsis” por el Apóstol Juan como un mundo envuelto en llamas y cataclismos elementales. Sería el establecimiento de otro tiempo, de un orden nuevo, un tiempo diferente para el hombre y el mundo. Mientras para los judíos el retorno del Mesías es, el establecimiento de un tiempo nuevo de justicia, paz, amor y libertad.

Sabemos por este estado de cosas, que la técnica y la ciencia es una invención de los titanes, atacan la continuidad y hacen desaparecer todo encantamiento. No hay en ellas magia; con sus espejismos basta. “Allí donde hay distancia, todo se convierte en demonismo” -dijo el poete Friedrich George Jünger. La pérdida de encantamiento es consecuencia de la primacía de los titanes y los sistemas racionales de pensamiento. Algunos suponen que la razón subsanará la perdida de trascendencia; otros, como los filósofos mesiánicos, que después de lo sucedido en Auschwitz, la razón es incapaz de arreglar los portillos de la Historia. Es necesario recurrir a la memoria y al recuerdo, para así poder desvelar la Revelación y la Redención en la vida histórica de los pueblos. Esto posibilitará que el hombre contemporáneo, restaure no sólo los portillos de la Historia, sino también el misterio de la Naturaleza; el enigma de la existencia y de la muerte que desgarraron las máquinas y profanó la animalidad política del siglo XX.

Sabemos que los titanes revelan los cimientos simbólicos de nuestra época. La primacía de la imagen y los lenguajes digitales, configuran en el espíritu occidental un súbito pesimismo. Porque se han desligado del hombre y de su correspondencia simbólica. El mundo que nosotros seres humanos habitamos, “aquí-ahora”, no sólo es un ámbito desencantado, sino un espacio sin misterio sobre la vida y la muerte. La técnica profanó lo sagrado y mágico del milagro de la Creación y la Revelación. Eso que nos comunica con los orígenes de la vida, del mundo y con Dios. Por eso todo, absolutamente todo, lo quiere reducir a la velocidad, las máquinas, la cifra, la uniformidad, al automatismo, al tiempo cronológico-continuo, a las redes digitales. Como dijo Jünger: “Cada uno de los siglos tiene su propia forma de ataque”. Pienso que el siglo XXI su forma de ataque será la tecnología, los lenguajes digitales y analógicos y la Inteligencia Artificial Generativa. Es evidente que, la técnica desgarró la comunicación boca a oído, la comunión que asocia al hombre con la Tierra, al lenguaje y la pluralidad de las personas. Entonces la sensación que tiene el hombre actual es de desarraigo y orfandad.

El poeta Friedrich George Jünger nos recuerda que sí el hombre se vuelca sobre la técnica más se aleja de los dioses, verdaderos adversarios de los titanes. Es digno de admirar que en los frontispicios del milenio que acaba de empezar, se observan millones de seres humanos con las manos tendidas hacia los cielos estrellados, implorando el retorno de los dioses. Retorno que estará acompañado por cataclismo en las fuerzas elementales, lo primitivo o atávico, y por grandes lenguas de fuego que restaurarán el orden y abolirán el tiempo de los titanes. Así, Artemis guardiana del orden moral y social, se levantará de los escombros de su Templo y luchará al lado de los hombres en contra de los titanes. Entonces de las potencias destructoras de lo elemental y primitivo, emergerán las potencias del orden. Y la Tierra dejará de verse como un desierto o un mar, como un planeta más, una esfera entre las esferas, un puro objeto. De allí que, apoyándose en el mito de Ateneo, hijo de la Tierra y de Poseidón, F.G. Jünger afirma que no hay nada que nos haga tender hoy hacia un nuevo y verdadero amor a la Tierra.

Además, el carácter titánico de la técnica moderna podemos advertirlo en la moderna tendencia al colosismo (las macro-construcciones, los edificios incrustados en el corazón de las nubes, la destrucción de las selvas tropicales, las grandes presas de agua, y el predominio universal de las imágenes sobre la palabra). Esto arrastra tras de sí la sensación de que desaparece todo sentido colectivo de belleza, armonía y proporción. En esta época de yermos corazones recordemos al poeta ruso Joseph Brodsky, cuando dijo: “La estética es la madre de la ética”. Enseña que el sentimiento de Belleza, los fragmentos de amor, de simpatía hacia el mundo y la vida, contribuyen a precisar la condición humana. Antes de toda abstracción prevalece el sentimiento hacia las cosas y la vida; antes de todo juicio predominan los contenidos de la experiencia. Ya que en la época que vivimos falta proporcionalidad y cordura para apreciar los asuntos humanos.

Como dijo Wittgenstein, “ética y estética son una y la misma cosa”.27 Pertenecen al “ámbito de lo indecible”, en sentido wittgensteiniano, lo que abarca el arte, la ética y la religión. Por eso el hombre no puede ser un esclavo de sus propias creaciones; el poeta en cambio nos invita a venerar la vida, a los hombres y a los animales, lo telúrico y lo cósmico. Pero la mejor forma no es volver a un estado anterior a la técnica, sino por el contrario apoyarnos sobre lo que ha existido, “atravesar” la era de la técnica, recorrer su desarrollo hasta su final e ir más allá. Entonces la técnica revelará su lado festivo, simbólico y fáustico y se pondrá al servicio del hombre.

Se trata de preparar el advenimiento de los dioses, también instaurar el ritmo de la vida. Esto es, la vitalidad de la existencia manifestándose en lo particular. Establecerlos incluso sobre los escombros de la causalidad, las esferas dinerarias, la técnica y el progreso. Esto significa restablecer el mundo subjetivo, arreglar los portillos de la palabra para que la alegría de la vida supere la numerificación y la objetivación del ser humano. En estas esferas se entrelaza en un solo abrazo, el amor, la lengua y el espíritu. Es decir, el hombre como ser fronterizo tiende allende el tiempo, a la trascendencia. En estos ámbitos es otra la marcha que llevan los relojes.

En esta época de alto desarrollo tecnológico, de sociedades de masas y cultura de masas, se trata de saber hasta qué punto el hombre puede ser dueño de sí mismo. Por ejemplo, que la técnica esté subordinada a las fuerzas humanas. Se trata en última instancia de la siguiente cuestión: ¿Quién dominará el mundo? ¿Los hombres o las máquinas? Si el mundo del titanismo con sus máquinas lo destruye todo, las fuentes de agua viva, los mares, los paisajes, la Antártida, los ecosistemas o hace retroceder el universo natural ante las ciudades cada vez más repulsivas, peligrosas e inhabitables. En la actualidad prevalecen las funciones de la industria y las empresas transnacionales. En un mundo enloquecido por los espejismos de la ciencia y la técnica, la dicotomía entre ser y tener, saber y hacer, se hace cada día más palpable.

Pero el ámbito donde más se nota la degradación de la existencia, es en el lenguaje. Las palabras son vaciadas de sus contenidos para que proclamen las mentiras, el odio y las manipulaciones de los poderosos. En este sentido, la técnica se convirtió en un arma arrojadiza para cortar las amarras de la memoria verbal e histórica de los pueblos. Y huérfano de su pasado y atormentado por su futuro, el hombre se pone a disposición del “presente–ahora”, el tiempo lineal y abstracto. Eso que diluye toda coherencia del Yo concreto, el misterio de la vida y de la muerte. Es más, sin memoria y sin esperanza vivimos instalados en el presente; a decir verdad, todo se vuelve presente. Si esto se interioriza en la existencia del ser humano, sus espectros atormentarían la vida espiritual y mental del hombre, cortando las amarras con lo fundamental.

Si las máquinas, los lenguajes digitales, los cronómetros, los relojes, los autómatas, los aviones, las armas, los robots, las imágenes artificiales, son un constructo humano. Todo es expresión de la imaginación inferior y a quien le toca desmontar el enorme poder que poseen, es al hombre de carne y hueso. Saber, por ejemplo, que la persona individual abarca a todos y cada uno de nosotros; y que el hombre económico, el de las formas jurídicas, el que ejerce el poder, es sólo un débil reflejo de la persona individual. En este orden, es necesario disipar las nubes de humo de los espejismos técnicos, desandar lo andado y valerse de la esencia de la técnica. Así, podrá liberar las energías positivas que posee y ponerlas al servicio del hombre. Ésta es la causa de sacar al mundo de sus goznes y crear un tiempo diferente donde la energía, los bits, los átomos de lenguaje, las imágenes, y todo lo que representa la cultura de la digitalización, estén al servicio del hombre.

En la actualidad es imprescindible que el espíritu vaya al encuentro de los dioses y desvele el sentido humano de la técnica. Con la retirada de los dioses, el reino del materialismo, el hedonismo, el utilitarismo, el mundo dineral y la voluntad de poder; simbolizan la maldad, el sufrimiento, el temor, el dolor y la muerte. Asimismo, el maquinismo y los lenguajes digitales se concatenan a la consciencia actual. Poderes titánicos que trascienden todas las esferas de la vida cotidiana. Pero es posible hacer un pare en el camino, y afianzar a la persona singular en su rango propio, rango que no podrá arrebatarle ningún siglo, tampoco el tremendo que ha llegado con sus amenazas.28

Entonces se revela que detrás de los fenómenos se esconde la esperanza de un mundo diferente. Tomar consciencia que para ir allende del titanismo y del colectivo técnico –tecnócratas, políticos, banqueros, elites financieras internacionales, gestores de las empresas trasnacionales, “selectas minorías”, etc. Hay que valerse de la intuición, las esferas del espíritu y los movimientos del pensar. Porque detrás del caos, la violencia, el azar y el destino, se esconde la estructura fundamental, el encuentro consigo mismo, el Absoluto: el Eterno tu Dios.

En “El nudo gordiano”, Jünger vuelve sobre la idea de antagonismo. Se pone en guardia frente a lo elemental presto a desencadenarse, a convertirse en poderes titánicos tan inmensos como informes. Poderes “salvajes” dispuestos a la destrucción total. Y, apuesta por un elemento luminoso, divino en sentido estricto, representado por la autoridad que instaura el “orden” en medio del “caos”, por el poder del espíritu.29 Apuesta por el frágil y diminuto ser humano, para que pueda acercarse y elevarse a lo esencial. Así, el misterio de la materia animada e inanimada podrá desvelar a los ojos de los hombres, el enigma que encierra. De esa forma podemos dar un giro a la técnica y reorientar su valor. Que el ser humano deje de ser esclavo, mero objeto de la técnica y se convierta en su dominador. Sólo con las potencias del espíritu y los movimientos del pensar –provengan del arte, la teología mística de la Revelación, la poesía, la filosofía, la literatura, el hombre podrá hacer frente a las potencias salvajes de la técnica. En otras palabras, a las potencias destructoras que encierra en sí y, a la ligazón entre el mundo técnico y la voluntad de poder.

Esto induce a pensar que, en el seno del desencadenamiento de las fuerzas elementales o primitivas, surge lo que salva, y lo que salva está siempre ahí, esperando nuestra evocación. Así, el advenimiento de los dioses posibilitará un nuevo “orden” de cosas, que girará alrededor de las fuerzas que moran en el interior del ser humano. Se valdrá de la técnica para reorientar las fuerzas destructivas de lo elemental en beneficio de los hombres. En esta alta civilización abstracta, ya se percibe en el ambiente un disgusto fundamental; un disgusto en relación con la técnica y su telos siniestro. En el fondo tiene que ver con la disolución del lenguaje natural o la conversión del hombre en objeto. Es decir, con relaciones de fuerza, de control y de dominio. Esta visión de las cosas da al discurso una dimensión geopolítica y multicultural, porque toca a la persona y a la vida histórica de los pueblos con sus generaciones. Se trata que, la concepción mecánica del tiempo –el tiempo abstraído y el número- no conviertan al hombre en un ser meramente funcional, automatizado por fuerzas que lo trascienden.

Ahora bien, ¿qué importa en la época actual? Conservar y potenciar lo que tiene valor, en especial la vida, la ética y la libertad. Aquello que vivifica las esferas del espíritu, la sensibilidad y la imaginación creadora de “forma”. Importa el origen, el fenómeno originario de la libertad, conservar las fuentes que nos relacionan con lo primitivo. El lugar donde las cosas se nos presentan como desnudas, llenas de novedad y misterio. Si la libertad toma forma en la arena de la historia, es sólo un débil reflejo del espíritu de la original. Como dijo Jünger: “La historia es la impronta que el hombre libre da al destino”. Hay que estar atentos con los que desean mancillarla –los demagogos, los tíranos, los tecnócratas, los populistas, los nacionalistas o el juego del poder–. Porque tratan de verter su contenido y cortar las amarras con lo fundamental. Es allí donde la labor de los poetas se torna indispensable. Sólo en la imaginación que otorga su fuerza básica a las acciones; el mundo de la técnica y la naturaleza del Ser podrán revitalizarse.

El poeta hace camino al andar, abre sendas, y con la antorcha de la palabra en la mano; el hombre tiene acceso a las Musas y a los Dioses. En los frontispicios del siglo XXI hemos llegado al borde como ser fronterizo, al “puro cero”; el umbral donde se vislumbran los destellos de un nuevo espíritu para la humanidad. Ese mundo nuevo puede advenir por conducto de los dioses y la veneración. También con las herramientas de la filosofía, la poesía, la literatura, el arte, la música y con el sentido histórico que otorgan los pueblos a sus generaciones. 

Ahora bien, preservar las posibilidades de la libertad, significa dignificar al hombre sobre las potencias ciegas de la voluntad de poder. Aun valiéndose de ésta, desarrollar por encima del mundo de los titanes uno que responda a las necesidades y esperanzas humanas. Sólo cuando utilizamos estas herramientas somos capaces de enfrentarnos al uso tangencial de la técnica y a las fuerzas oscuras del poder. Sólo así hacemos frente a la esencia del nihilismo que se revela ejerciendo una acción destructiva sobre el hombre. Es más, ¿cómo dominaremos el carácter destructivo de la técnica? Según Jünger cuando convergen los contrarios; según Heidegger cuando retornemos a la esencia de la metafísica pondremos término a la caída del olvido en el Ser. O, en otras palabras, cuando el ser humano se enfrente a la esencia pondrá término al carácter destructivo de la técnica. Entonces su esencia configurará el advenimiento de los dioses y el retorno del hombre al “centro” del mundo. Es de esperar que de los escombros de la época actual se configure un mundo a la altura del hombre. Un mundo diferente que responda a las necesidades psicológicas y morales del ser humano.

Empero, ¿cuál es la función de los titanes y del colectivo titánico -los técnicos y del colectivo técnico, los tecnócratas y los banqueros, los políticas y empresarios-, las elites económicas y culturales, en la época contemporánea? Apoderarse del mundo y de los hombres y, en su conducto, del ámbito del espíritu. Apropiarse de la vida humana y convertirla en objeto; crear un espacio en que, la hybris del progreso incentive el saqueo vital y la posesión inmediata de las cosas. Es disciplinar al ser humano en todos los órdenes de la existencia. Ésta mutación hay que observarla más allá de los fenómenos que se sitúan en la superficie; observarla incluso allende las murallas del tiempo, porque son telúricas y cósmicas. Esto permite cambiar la marcha de los relojes; hay que remontarse a los orígenes donde la técnica toma el rostro del mito y la niñez. Y de esa forma poder desvelar desde el “presente-ahora”, el sentido del lenguaje de los titanes. Darnos cuenta, por ejemplo, que en los pliegues de la móvil aureola de los instrumentos técnicos, se esconde el lenguaje de los titanes y del titanismo. Esa ciega voluntad que arrasa todo aquello que encuentra a su paso, porque necesita espacio para “ordenes” nuevos. Así, “ordenes” en este ámbito significa una novedad que no deja de ser una ordenación.

Somos parte de una civilización controlada y dirigida por el poder Total de los titanes. El incremento de la sensibilidad es evidente en el umbral de lo colectivo, del tópico y el lugar común. Por eso desean destruir el mundo del espíritu, porque saben que ahí se generan contactos con poderes sagrados o mágicos. En este sentido, el maquinismo y la automatización –sus movimientos cada vez más precisos y sus giros sin fin–, producen pérdidas en el reino animal, vegetal y mineral.30 De igual modo, el tiempo de los titanes es un tiempo de dolor, sufrimiento, miedo, trabajo y producción. Participar en él no sólo entraña peligro, sino que produce fascinación. Señales que hacen parte de las figuras del “aquí-ahora”, ya que la técnica ha alcanzado un grado de perfección tal, que la física y la biología se acercan a las fronteras de las esferas de lo trascendente. ¿Saben por qué? Porque están tocando las partes blandas del Ser y la existencia deja a la vera del camino, el misterio de la vida y la muerte. Si esto acontece la vida perdería el sentido profundo que la determina, y se convertiría en una tragedia fundamental

No olvidemos que, el mundo del Titán y del titanismo, se caracteriza por su espíritu destructivo; es la expresión mítica del carácter destructivo de la razón y de la sociedad. Por eso se contrapone a la belleza, al amor o al juego. Estas esferas de la existencia en general, representan el tiempo de la libertad, del misterio, del mito o de la veneración. Los titanes son hijos de su tiempo, padecen y sufren en el tiempo, en eso se asemejan a los seres humanos. Con la tenacidad con que se presentan el hombre se llena de perplejidad e inquietud; porque instauran su lenguaje y con él un espíritu diferente. La técnica se presenta como una lengua universalista. Ya que establece una medición no sólo planetaria, sino también cosmogónica del tiempo. Así el reloj del mundo modifica su marcha. La creación crea tiempo. Los dioses instauran tiempo; los titanes lo alargan o lo acortan, igual que hace Procustes en su fondo con los huéspedes.31

La hazaña de Schopenhauer: la contemplación del mundo titánico y la afirmación de ese mundo. Nietzsche lo observa de forma intuitiva; participa de él. De ahí que, el nuevo advenimiento siempre al asecho desde el derrocamiento de Crono, tiene dos premisas: los dioses han de retirarse y el reloj del mundo ha de modificar su marcha. Es preciso retrasarlo hasta la Edad de Oro que Hesíodo describe. Para Nietzsche el espacio y la causalidad están sometidos a la representación, mientras que el tiempo es absoluto. Este modo de ver las cosas tiene su remate en la doctrina del eterno retorno. En ella triunfa el tiempo titánico. La eternidad es infinita [...] la vida en el mundo divino, paradisiaco, es, en cambio, intemporal.32 El poder de los titanes ha llegado a su máxima expresión en la actualidad.

A cada momento la técnica -dice Thomas Mann en “Doktor Faustus”- exige ser tenida íntegramente en cuenta y recibir a sus exigencias la única respuesta posible. En la era de los titanes, los autómatas, la velocidad, del ruido de las máquinas, los ritmos en las comunicaciones artificiales, la bomba atómica, los viajes intergalácticos, los satélites espaciales, de la Inteligencia Artificial y del lenguaje ubicado en los dispositivos técnicos. Se está configurando un mundo diferente que responde al tiempo abstracto y la voluntad de poder. Entonces la técnica se convierte en el instrumento adecuado para desojar el Árbol de los planetas, donde aún se conserva la magia de los astros siderales.

Es tan fuerte el poder de los titanes que ha profanado la morada de los dioses. Causa estupor e inquietud sólo imaginar la potencia de las energías destructoras que poseen. Por eso se hace imprescindible el advenimiento de los dioses. Hay expectativas de eso, no sólo entre los afiliados a las sectas, sino también en la consciencia de las sociedades contemporáneas. Aquende el muro del tiempo, ya se escuchan las trompetas de un nuevo despertar. De este tipo de cosas el ser humano lo que desea es la libertad. De ahí podría surgir una nueva luz, un color diferente. Nada es más evidente que un nuevo despertar. De la luz que ilumina separa la llama que quema; así, la libertad se compra con la muerte.33

Recordemos que, en la época de los titanes, en ellos permanece intacto el ethos de Occidente –el carácter planificado del desarrollo y la idea de progreso-, aunque ese espacio voluminoso no levanta el entusiasmo como lo hizo a mediados del siglo XIX y en el transcurso del XX. Ya empiezan a verse las primeras grietas tanto en la idea de progreso y desarrollo, como en la economía -finanzas internacionales, dinero bancario y valores del mercado-, y en algunos valores que le dan a Occidente su identidad. Se trata entonces de cambiar el ritmo y la percepción de las cosas y de la vida; cambiar, por ejemplo, el reloj que mide el tiempo y empezar a mirar dentro de sí. Es evidente que los grandes hombres de la humanidad –un Lutero, un Shakespeare, un Blake, un Milton, un Thomas Moro, un Dante, etc. -, miraron dentro de sí.

Sabemos que en la época de los titanes está prohibido soñar; porque quien lo hace evoca las cosas rítmicas que son las que luchan contra el tiempo y la muerte. Como expresa Jünger: Quien sueña está rodeado, como por una nube, por una consciencia en la que nada puede penetrar. Tal limitación parece extraña en el seno de una atmósfera que se halla cargada de electromagnetismo y cuyas señales no sólo atacan el cuerpo, sino también lo traspasa en forma de ondas. Ha sido la técnica la que se ha acercado al mito más que la reflexión; ésta sólo ha logrado una descolorida copia de la tragedia. A lo dicho se agrega la experiencia de la persona singular. “Los sueños son espumas -llegadas de lo infinito”.34

En esta alta civilización del reinado de los titanes, se trata de remontar los orígenes del devenir de la cultura occidental. Desde el “presente–ahora” desvelar el mito de la técnica, su lado infantil, bello y humano. Que la técnica se quite la máscara de los espejismos y revele su gesto estético. Porque la técnica es una forma de la cultura. Esta revelación se manifestará con el advenimiento de los dioses y poniendo la técnica al servicio del hombre. Sugiere Benjamín que, el momento prehistórico del pasado sea condición y consecuencia de la técnica. Las imágenes dialécticas son para él las auténticas imágenes –no arcaicas–, y el lugar donde se las encuentra es en el lenguaje.35 En nuestra época se trata de despertar, y sólo se alcanza con la síntesis entre la consciencia onírica y la antítesis de la consciencia de vigilia.36 Máxima que posibilitará el “ahora de la cognoscibilidad”. ¡Despierto cuando conozco! ¡La llama de la vela resplandece en la oscuridad de la época que vivimos. 

Sin embargo, ¿cuál es el objeto de las reflexiones sobre la técnica, la ciencia y la tecnología del poder? Que las configuraciones de la historia desvelen la riqueza y la grandeza de la infancia de la técnica. Que el lado noble y servicial de la ciencia y la técnica se ponga al servicio de una sociedad más elevada. Así, nunca en la historia de la humanidad han de olvidarse los rudimentarios comienzos. Tomar consciencia que, en los pliegues del vestido de la época actual, se esconde lo primitivo. Tener presente que en pocos espacios de tiempo se configuró el mundo atómico, y ahora está tomando forma el de los autómatas y los lenguajes digitales. Es decir, el mundo de la Inteligencia Artificial Generativa. Un mundo que dará cuenta de la esfera biológica, mental y espiritual del ser humano. Así, la Cultura digital está dando paso a la Cultura de lo efímero y a los valores del artificio. Estamos a las puertas de una nueva civilización con “ordenes” de valores diferentes a los de nuestros antepasados. Esto no sólo modifica la marcha de los relojes, también del tiempo anímico. Ese lugar donde se entreteje el mito, la alegoría, la religión, la poesía y la analogía universal.

Si el logos se estableció en su nivel material; la primera configuración estuvo dada en la revolución de Gutenberg: la universalización de la palabra a través de la imprenta. Es uno de los grandes hitos de la historia de la cultura. Porque a través del libro posibilitó el acceso de un mayor número de personas en el mundo, al saber escrito y conllevó radicales transformaciones en la política, la religión y las artes. En la actualidad, con la revolución en las comunicaciones artificiales, la incidencia de los instrumentos técnicos en los medios y modos de información, se está originando la revolución en la información en los umbrales del siglo XXI. Los ordenadores con los lenguajes digitales y las imágenes, están sustituyendo a los documentos impresos como instrumentos para trasmitir y conservar los textos. Y esto está generando mutaciones en la naturaleza del ser y las sociedades. Porque estamos pasando del mundo de las relaciones de sentido a uno de relaciones abstractas jamás imaginado. Se están diluyendo, por ejemplo, las fronteras del Estados-Nación y se establece una cultura universalista que da paso a otras formas de gobernanza. Carlyle lo corrobora cuando dijo que los tres elementos de la civilización moderna eran: la pólvora, la imprenta y la religión protestante.

Se trata en última instancia que el desarrollo de los procesos y la técnica, no olviden la grandeza y riqueza de la infancia de donde provienen. En eso consiste entrelazar la cultura digital y la cultura de los valores heredados, la palabra y la escritura. Así, el hombre actual podrá estar a la altura del Zeitgeist, el Espíritu del Tiempo y responder a sus requerimientos.

Además, el Ágora está pasando de la comunicación interpersonal a la rápida, gráfica y simultánea. Sus causas no hay buscarlas en la superficie -en los cambios políticos o económicos de los últimos espacios de tiempo-, sino en el cuello de raíz del Árbol de la Vida. Sus lenguas de fuego son luminosas, embriagan sus efluvios al tiempo y al espacio; también a la época de la cultura y la cultura de la época, con sus mitos, ritos, símbolos y cultos propios. Sin embargo, ¿dónde está la voluntad indomable que rasgaba los oscuros velos de la ignorancia y, su luz se convertía en antorcha para las civilizaciones? No la vemos montada en su cabalgadura, absorbiendo los obstáculos y, en atrevido galope, saltando de un borde a otro los barrancos, ofreciendo con el cetro de la palabra en la mano una vida más placentera y humana.37

Quizá estemos en los umbrales de un tiempo sin historia, sin memoria verbal, sin movimientos del pensar, de duración indefinida. Talvez estemos en un tiempo de “escenas significativas” y “actores insignificantes”. Tiempo que se convirtió en elemento fundamental del malestar general. En el siglo que acaba de empezar le toca al hombre advertir, si se entrega al poder del titanismo; o desgarra el velo del decorado de teatro para conjurar los peligros que entrañan sus espejismos. De ahí que hay que recurrir al advenimiento de los Dioses y las Musas para darle un giro al reloj del tiempo. Y así, empezar a beber de las fuentes del espíritu, de la imaginación y de la creación, que tanta falta hace en estos tiempos de ayuno espiritual.

 

                                                            Bibliografía

1.      1. Jünger, Ernst. La Tijera. Barcelona: TusQuets Editores, 1977. pág. 219

  1. Ib. pág. 82
  2. Ib. pág. 218
  3. Ib. pág. 218
  4. Ib. pág. 172
  5. Wittgenstein, Ludwig. Movimientos del Pensar. Diarios. 1930 – 1932 / 1936/1937. pág. 41
  6. Jünger. Ib. pág. 174
  7. Ib. pág. 175
  8. Ib. pág. 198
  9. Ib. pág. 167
  10. Benjamín. Obras II, 1. Edipo o, el mito racional. pág. 410.
  11. Trías, Eugenio. Los límites del mundo. Barcelona: Ediciones Destino, S.A., 2000   Ib. pág. 241.
  12. Ib. págs. 47 y 40
  13. Ib. pág. 40
  14. Ib. págs. 88 y 18
  15. Ib. pág. 108
  16. Ib. pág. 222
  17. Ib. págs. 222 y 223
  18. Jünger. El libro del reloj de arena. Barcelona: TusQuets Editores, 1998. pág. 91
  19. Jünger. La Tijera. Ib. pág. 192
  20. Ib. pág. 194
  21. Ib. pág. 193
  22. Ib. pág. 200
  23. Ib. pág. 152
  24. Ib. pág. 201
  25. Ib. pág. 207
  26. “Wittgenstein. Tractatus. pág. 6421
  27. Jünger. La Tijera. pág. 205
  28. De Benoist, Alain. Una trayectoria vital e intelectual entre los dioses y los titanes. Madrid: Ediciones Barbarroja, 1995. pág. 74
  29. Jünger. La emboscadura. Barcelona: TusQuets Editores, 2002. pág. 64
  30. Jünger. La Tijera. pág. 142
  31. Ib. págs. 151 y 152
  32. Ib. pág. 117
  33. Ib. págs. 77 y 78
  34. Benjamín. Libro de los pasajes. pág. 464
  35. Ib. pág. 464
  36. Mann, Thomas. Doktor Faustus. Pocket Edhasa: enero de 1992. Barcelona. pág. 284.