jueves, 17 de enero de 2019

¿Por qué es importante leer?



                                                            II

                                                            A mi esposa:
                                               Aida Montero Silva.


Numerosas son las maravillas del mundo; pero, de todas, la más sorprendente es el hombre.
                                                             Antígona.


El ser humano, en tanto que ser político y no sólo productivo, carga consigo la preocupación en torno a la preservación del mundo.
                                                           Hannah Arendt.


Antonio Mercado Flórez.

<<En verdad vivo en tiempos sombríos>>: son palabras de Bertolt Brech. Sugiere que los tiempos sombríos no son solo de horror, de dolor o de sufrimiento, sino también de confusión, pues la palabra o la teoría ya no vienen en nuestra ayuda. Así mismo, Arendt en su colección de ensayos, Hombres en tiempos de oscuridad, sugiere que el espíritu humano camina entre tinieblas. Donde las formas tradicionales de explicación ya no explican nada, esto no significa que no podamos dar con ciertas formas de iluminación que nos permita acercarnos a lo real. Ahora para comprender el fenómeno humano, no sólo bastan las ciencias sociales o la mirada científica, sino también la iluminación de la palabra. O, dicho en otras palabras, la iluminación de la lectura, la imaginación y el lenguaje. Por eso, no podemos olvidar lo que la aproximación de la palabra, la narración, posibilita con los hechos reales. En este orden, la lectura, el relato, el poema, serían, en ocasiones, caminos de aproximación a la vida y a los hechos históricos.

De ahí nos recuerda Arendt que <<la ruptura de la tradición es un hecho consumado>>. Esta cadena de catástrofe empieza con la Primera Guerra Mundial y alcanza su punto máximo con el totalitarismo del siglo XX. Como apunta ya en su artículo sobre Hermann Broch, se trata de <<la ruptura de un mundo que si se ha mantenido unido y ha conservado su sentido no ha sido gracias a sus “valores” sino al automatismo de sus costumbres y sus clichés>>. Por eso la lectura y la palabra ayudan en medio del caos y del horror, a desenmascarar ese mundo, a encontrar la iluminación. Porque permiten a los hombres bajar a las profundidades de la Cripta donde mora la palabra.

Asimismo, nos recuerda Ernst Jünger: <<Si se quiere que la palabra sea eficaz, entonces en ella ha de permanecer siempre la magia. Ahora bien, esta ha de ser soterrada en las profundidades, en la Cripta. Encima de ella se alza la bóveda del lenguaje hacia una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva a la palabra. La parte de la palabra que suscita el movimiento puro, ya sea de la voluntad o ya sea de los sentimientos, tendría que desaparecer en provecho de la otra parte, la que desvela el núcleo milagroso del lenguaje>>.                                                                                            

El lenguaje y la reflexión posibilitan, entre otros, <<distinguir entre la cultura y la técnica>>. Porque se constituyen en <<presupuestos de pulcritud espiritual, como lo es asimismo entre el creer y el saber>>. Así, <<los éxitos políticos y económicos aceleran la superficialización>>; favorecen el consumo, la estadística y la manipulación de la consciencia. La lectura, en cambio, precisa la individualidad, interroga la subjetividad y alimenta a la conciencia, para que el ser humano sea más libre, justo y ético. Permite percibir en épocas de transito como las imágenes sustituyen el sentido; y, como prevalecen los hechos significativos sobre los actores insignificantes.

Sabemos que lo bello, lo agradable, lo sublime, habla a los hombres, los interpela en el tiempo y el espacio. De ahí que, el <<lenguaje del artista esté en su obra>>. Una novela, una sinfonía, un cuadro, un ensayo, un poema, si está bien logrado exalta la condición humano, las angustias y las preocupaciones, las alegrías y los sufrimientos, el odio y el amor, el sueño y la vigilia, para que el lenguaje interrogue al mundo y a la naturaleza humana. Es propio de la condición humana desafiar al tiempo con la creación de actividades que permiten disfrutar a los hombres de cierta cuota de inmortalidad: entre estas encontramos la política, la historia, la filosofía, el arte. Así, en la estética de Kant vislumbramos estas palabras: <<En lo bello, sin embargo aparece el mundo, no la humanidad sino el mundo habitado por el hombre>>. En consecuencia, no son los conceptos sino las imágenes, las intuiciones, la experiencia, la imaginación, la metáfora, los que posibilitan ir allende del tiempo y el espacio. Son figuras que permiten al ser humano interrogar y enfrentar el mundo en el que vive; para que éstos den frutos en uno más humano, más libre y más justo.

Ernst Jünger nos recuerda que <<el fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia>>. Así, la petulancia toma figura en los inventos técnicos, el consumo, la velocidad, la política o la economía. En tiempos de desiertos espirituales, de oscuridad que nubla la imaginación, es necesario andar por los caminos de la lectura, el lenguaje y el pensamiento. Porque posibilitan el encuentro con lo numinoso, lo mágico y trascendente, que mora en todos y cada uno de nosotros.

En la época actual se trata de la diversidad, la heterogeneidad que posee la fuerza inimaginable que reposa en sí misma. Aquí <<el modelo es más fuerte que la copia, el mito es más fuerte que la historia; esta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas>>. Arendt expresa que los escritores y los artistas que le interesan son aquellos cuya obra <<no mira hacia atrás ni con nostalgia […] ni constituye una certificación <<del lamento ante lo que se ha perdido, sino de la expresión de la propia perdida>>. Asimismo, Walter Benjamín en este orden dice: << ¿De qué peligro son salvados los fenómenos? No sólo ni principalmente, del descredito y el desprecio en que han caído, sino de la catástrofe que representa determinada manera de trasmitirlos “celebrándolos” como “patrimonio”. Son salvados cuando se evidencia en ellos la fisura. Hay una tradición que es catástrofe>>. Para Arendt, rescatar es tanto un predicado del arte como una parte fundamental de una metodología encaminada a no perder lo valioso en épocas donde se está rodeado de ruinas.

Además, <<no cabe negar que las artes eleven los fenómenos a un nivel más elevado de percepción>>. No sólo tienen que ver con los fenómenos del Mundo de Abajo, sino también con lo intemporal del Mundo de Arriba. Por eso, lo importante es que el hombre nazca primero dentro de sí. Ya que en el presente-actual, se desvío hacía lo mecánico, lo demoníaco, lo pasajero y, es necesario que se restaure el equilibrio entre la luz y la oscuridad, las huestes celestiales y las demoníacas. <<El secreto de esto está en que el sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas>>.


Asimismo, <<tiene razón Heráclito: nadie cruza dos veces el mismo río. Lo que en ese cambio hay de misterioso es que responde a las modificaciones de nuestro interior>>. Son transformaciones que tienen que ver con la parte curativa de nuestro interior, –<<somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro estado interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros>>. Ahí reside el misterio de la palabra, lo mítico, lo religioso, lo mágico, que expresa el espíritu, el lenguaje y la experiencia. Esto permite darnos cuenta que no somos ajenos a lo que hemos sido y a lo que somos en la actualidad. Porque sus contenidos espirituales nos posibilita que nos movamos en el interior de nuestro elemento. <<De ahí que sea también importante el que trabajemos en nosotros>>. Que nos valgamos de la lectura, la escritura y el lenguaje, para alcanzar la categoría de persona.


El mundo del artificio y trivial en que vivimos, da prioridad a lo <<Siempre-Igual>>, al <<Aquí-Ahora>>. De ahí que, la publicidad, las redes sociales, la producción en masa y el consumo, posibilitan que se acumulen cosas vacías como escombros de la Naturaleza y de la Vida. Así, la pobreza de experiencia, del lenguaje o del pensamiento, incrementa la velocidad y mengua el espíritu que afluye a los hombres. Por eso, <<los hijos de la fortuna son pobres de espíritu; de ahí que resulten comprensibles de que no se hallen a la altura del poder que afluye a ellos>>. Al ser pobres de espíritu, lo son del lenguaje, la imaginación y los movimientos del pensamiento. Una esfera sitúa al hombre en su parte material; la otra, en la del espíritu. Una mira hacia el perpetuum mobile; la otra, hacia lo eterno, lo que permanece en el tiempo.


Son la palabra, la escritura, la lectura y la experiencia, los que sitúan al ser humano en el umbral de comprensión del amor, el dolor, la felicidad, el sufrimiento y la muerte. Así, la palabra comunica contenidos espirituales que facilitan comprender que <<nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos>>. Estas esferas de la vida develan que <<el ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible>>. Porque <<a medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él>>.

En nuestro tiempo de aridez espiritual, ¿por qué es importante la lectura? Quien lee en soledad desarrolla lo fundamental que mora en él; y tiende al encuentro consigo mismo. Si no leemos nuestro pensamiento es pobre y débil. La lectura es una <<caja de herramientas>> que permite desandar lo andado, vivir lo que otros han vivido, imaginar mundos alternos al que vivimos; por eso la palabra y la escritura se revelan como <<enemigos>> del poder. De las instituciones, los prejuicios, las costumbres, los dogmas ideológicos o religiosos que responden al ejercicio del poder. La lectura ayuda a develar una <<luz mágica  y soberana sobre la oscuridad natural de las cosas>>. A descubrir la analogía universal entre Mundo y Hombre, Mundo y Cosmos. Para Baudelaire era una forma del conocimiento. Por eso la considera una ciencia. Como dice Roberto Calasso: <<Quizá incluso la ciencia suprema, si la imaginación es la <<reina de las facultades>>. Como lo explica Baudelaire en una carta a Alfonso Toussenel, <<la imaginación es la más científica de las facultades, puesto que es la única que comprende la analogía universal, o aquello que una religión mística llama la correspondencia>>.

El vaciamiento del espíritu tiene su correspondencia con la falta de lectura. Ya que surte a la memoria, la conciencia, de las imágenes, la experiencia, el concepto, que facilitan pensar. Nos enseña que el lenguaje es una forma del pensamiento. Ora, el hombre no puede existir sin sentir, sin palabra o sin pensamiento, porque para él se convierten en potencias divinas. Por eso la tarea del poeta, del novelista, del artesano de la palabra, se unen al sentimiento estético, a la reflexión y a las cosas rítmicas, que son las que luchan contra el tiempo. Hölderlin fue uno de los poeta que percibió la alteridad en las costumbres, los usos; donde algunos ven costumbre, él ve asombro. Y, elocuente dice:
    Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,
   Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,
   Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,
   Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

Me pregunto, ¿por qué leemos? Bloom nos regala un presente divino: <<Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás, y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más profundo y autentico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil>>. La lectura es <<la única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos <<enamorarse>>. Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar […] Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más>>.


Quizá en tiempos oscuros como el nuestro, de aridez del espíritu y del lenguaje, exista la esperanza que el arte y el pensamiento vengan a nuestro encuentro para reparar los portillos de la historia y de la vida. Que la cultura y, en general, la dimensión estética, contribuyan a percibir las intercepciones entre el fenómeno estético y el político. O, en otras palabras, comprender el fenómeno social y político de la crisis en la cultura. Que permitan percibir el mundo a través de su relación con la vita activa –según la reflexión de Hannah Arendt. De construir un mundo humano común a todos los hombres, en cuyo seno hay espacio para desplazarse y compartir perspectivas distintas; y recordar que la libertad aparece aquí en el intercambio con los demás y no con nosotros mismos. Un mundo que ha de garantizar la permanencia del hombre sobre la tierra a través de las obras de arte, la política y las cosas <<artificiales>>hechas por manos humanas. Por eso, es importante la lectura, la escritura, el lenguaje y el pensamiento, para que testifiquen la permanencia del hombre sobre la Tierra. 

jueves, 1 de marzo de 2018

EL CUERPO














Antonio Mercado Flórez




Ernst Jünger en el texto Sobre el dolor expresó que, la técnica no sólo se limita a la zona propia del instrumento, sino que intenta someter también a si el cuerpo humano.1 En el mismo orden Michel Foucault dijo en Microfisica del Poder: el cuerpo, y todo lo que se relaciona con el cuerpo, Herkunft, la fuente, la procedencia; es la vieja pertenencia a un grupo –el de sangre, el de tradición, el que se establece entre aquellos de la misma altura o de la misma bajeza-- Con frecuencia el análisis de la Herkunft hace intervenir a la raza o el tipo social […] Allí donde el alma pretende unificarse, allí donde el Yo se inventa una identidad o una coherencia, el genealogista parte a la búsqueda del comienzo -de los comienzos innombrables que dejan esa sospecha de color, esta marca casi borrada que no sabría engañar a un ojo poco histórico-; el análisis de la procedencia permite disociar al Yo y hace pulular, en los lugares y plazas de síntesis vacía, mil sucesos perdidos hasta ahora.2
Asimismo, la procedencia se enraíza en el cuerpo. Se inscribe en el sistema nervioso, en el aparato digestivo. […] El cuerpo -y todo lo que se relaciona con el cuerpo, la alimentación, el clima, el sol- es el lugar de la Herkunft: sobre el cuerpo se encuentra el estigma de los sucesos pasados, de él nacen los deseos, los desfallecimientos y los errores; en él se entrelazan y de pronto se expresan, pero también en él se desatan, entran en lucha, se borran unos a otros y continúan su inagotable conflicto. El cuerpo: superficie de inscripción de los sucesos (mientras que el lenguaje los marca y las ideas lo disuelven), lugar de disociación del Yo.3

En Foucault representa un sentimiento fantasmagórico, la idea de un cuerpo social que estaría constituido por la universalidad de las voluntades. No es el consensus el que hace aparecer el cuerpo social -dice-, es la materialidad del poder sobre los cuerpos mismos de los individuos. En las relaciones de poder, de dominio, la conciencia del cuerpo no ha podido ser adquirida más que por el efecto de la ocupación del cuerpo por el poder: la gimnasia, los ejercicios, el desarrollo muscular, la desnudez, la exaltación del cuerpo bello […] todo está en la línea del deseo del propio cuerpo mediante un trabajo insistente, obstinado, meticuloso que el poder ha ejercido sobre el cuerpo de los niños, de los soldados, sobre el cuerpo sano. Pero en el momento en que el poder ha producido este efecto, en la línea misma de sus conquistas, emerge inevitablemente la reivindicación del cuerpo contra el poder, la salud contra la economía, el placer contra las normas morales de la sexualidad, del matrimonio, del pudor […] el poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo […] De hecho la impresión de que el poder se tambalea es falsa porque puede operar un repliegue, desplazarse, investirse en otra parte […], y la batalla continua.4

Según Foucault, el cuerpo pasa por el filtro de la vigilancia y el control. Son relaciones de fuerza que abarcan al Estado, las instituciones, la esfera pública y política de los ciudadanos, también la sexualidad, el deseo, porque tienden al control, la normalización de la sociedad. Pienso –dice Foucault-: que desde el siglo XVIII hasta comienzos del XX, se ha creído que la dominación del cuerpo por el poder debía ser pesada, maciza, constante, meticulosa. Pero a partir de los años sesenta, se da uno cuenta que este poder tan pesado no era tan indispensable como parecía, que las sociedades industriales podrían contentarse con un poder sobre el cuerpo mucho más relajado. La distribución del poder en el Estado y el cuerpo social, es lo que permite su elasticidad y ejercicio. Que se ejerza no sólo en las instituciones, sino también por encima, por debajo, a los lados y atraviese los puntos y las cuerdas donde se solidifican. Es decir, se expresan como poder que disciplina y normaliza el cuerpo social o a los individuos en particular.5

    Foucault llegó a la conclusión que el ser humano no existe. Sino que es consecuencia de una multiplicidad de variables reales o supuestas, por las circunstancias en que transcurre su vida. Que el poder no está localizado en los aparatos de Estado, y que nada cambiaría en la sociedad si no se transforman los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos de Estado, por debajo de ellos, a su lado, de una manera mucho más minuciosa, cotidiana. Si se consiguen modificar estas relaciones o hacer intolerables los efectos de poder que en ellas se propagan, se dificultará enormemente la funcionalidad de los aparatos de Estado […] El poder, lejos de estorbar el saber, lo produce. Si se ha podido constituir un saber sobre el cuerpo, es gracias al conjunto de una serie de disciplinas militares y escolares. Es a partir de un poder sobre el cuerpo como un saber fisiológico, orgánico ha sido posible.6 Foucault cree que los seres humanos son efectos corporales de fuerzas que interactúan incansable sobre él. Así, en el decurso histórico nunca es el mismo, la identidad se convierte en una categoría metafísica. En el tiempo y el espacio siempre se encuentra en perpetua transformación. Son las representaciones que tenemos de la realidad las que permiten nuestra razón de ser. Por tanto, para que el hombre tenga la posibilidad de llevar sobre la Tierra una vida de gran estilo sobre elevados criterios. Debe cambiar los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos de Estado, que se ejercen en las instituciones, el cuerpo, la sexualidad, el deseo, el saber, y lo nombra, lo toca, lo designa, lo atraviesa, lo circunda y lo interroga, en la medida que lo convierte en objeto. Si se modifican las variables o se hacen insoportables las relaciones de fuerza que actúan sobre él, se dificulta la estructura y la función del Estado, pero también el pulular de los micropoderes.

    Asimismo, las políticas sobre el cuerpo y el valor del dolor en él, no es la misma en todas las épocas. Existen actitudes que capacitan al ser humano para alejarse donde el dolor manda como dueño absoluto. Semejante apartamiento se manifiesta en que el ser humano es capaz de tratar el cuerpo –es decir, el espacio mediante el cual participa en el dolor– como un objeto. Además, la objetización del cuerpo es la expresión más elevada que pueda considerar la vida. Como afirma Ernst Jünger: es considerado como un puesto avanzado que el ser humano es capaz de lanzar al combate y sacrificar desde gran distancia. Así, todas las medidas que se toman abocan no a escapar del dolor, sino a resistirlo. Foucault cree, en cambio, que el poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo. Se convierte en objeto de preocupación, análisis y reflexión, pero también en blanco de vigilancia y control. Esto engendra al mismo tiempo la intensificación de los deseos de cada uno por, en y su propio cuerpo. Entonces en los combates de la vida, a cada uno de los movimientos del adversario responde el movimiento del otro. La vida libra luchas indefinidas, lo cual no quiere decir, que no terminen alguna vez.

En el ámbito de la ciencia se llevan a cabo investigaciones y experimentos, al borde de lo trascendente. La neurociencia, la biología genética, la cibernética, la física cuántica, la medicina deportiva, están demostrando que el cerebro puede convertir el cuerpo, en objeto. Por ejemplo, el cuerpo es el ámbito donde se mueve el guerrero o el deportista. Donde se implementan relaciones de fuerza y dominio que responden a dispositivos, que están más allá de la sentimentalidad y el amor. Son expresiones objetivas de la cultura del artificio, que imperceptible y sutilmente disciplinan, normalizan, el cuerpo y la personalidad. Se trata, de destruir todo vestigio espiritual y sentimental, para convertirlo en objeto. Esto es algo degradante para la condición humana y los valores espirituales, que configuran la existencia. Afortunadamente todavía existen personas que son capaces de ver las pérdidas: la numerificación, la aniquilación del valor y la simplificación de la existencia.

   Asimismo, el Cristianismo concibe el cuerpo como el templo donde mora el Espíritu de Dios. Simbólicamente la Iglesia es el cuerpo de Cristo en la Tierra. Afirma el evangelista: si se profana con adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicería, contiendas, disensiones, herejías, homicidios. No se hereda el Reino de los cielos. Más el fruto del Espíritu es, caridad, gozo, paz, amor, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre. Contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.7 Para el cristiano el Espíritu de Cristo, rescata el cuerpo de los espejismos de la carne y de la idolatría. Para la Cábala mística, en cambio el cuerpo es producto de las doscientas treinta y una combinaciones posibles de las veintidós letras del Tetragrámaton, que componen el alfabeto del Nombre de Dios; si se violenta como un campo de batalla, se violenta la esencia de Dios, el Nombre, configurado en el cuerpo, el mundo y el tiempo.

   Dice Jünger: en el marco de la edad de Acuario, de la que cabe aguardar una elevación del nivel medio espiritual […] El cuerpo es divisible; no lo es, en cambio, el individuo al que el cuerpo sirve de vestido. Esto toca uno de los motivos por los que los médicos antiguos declinaban tratar con la lanceta a los pacientes. Un eco de eso se ha conservado en la relación del internista con el cirujano. El individuo es único e invulnerable; el fuego no puede causarle ningún daño.

    La objetización del cuerpo –cree Jünger- se percibe con mayor claridad en el proceso peculiar que denominamos <deporte> y que cabe diferenciar de los juegos de la Antigüedad en la misma medida en que cabe diferenciar nuestras olimpiadas de las griegas. La diferencia esencial es la siguiente: para nosotros no se trata tanto de una competición cuanto de un proceso de medición exacta. Es algo que se deriva ya del hecho de que no se requiere que estén presentes ni el adversario ni los espectadores. Lo decisivo es, antes bien, la presencia de la <segunda consciencia>, que registra el resultado con la ayuda de la cinta métrica, del cronómetro, de la corriente eléctrica o de la fotografía. Ahora tiene una serie de instrumentos y medios, que proporciona la imagen, los lenguajes digitales y analógicos. Al contemplar a los deportistas de elite, al soldado, tenemos la impresión de que ya han quedado sustraídas en gran medida las zonas de la sentimentalidad. Esa carne disciplinada y uniformada por la voluntad con unos cuidados tan meticulosos suscita la idea de que se ha vuelto más indiferente a las heridas.

   En el deporte y la disciplina del soldado observamos las áreas, en que el perfil humano está endureciéndose y aguzándose o también galvanizándose. Se trata de estar informados con máxima exactitud de los resultados que es capaz de alcanzar el cuerpo humano como instrumento. A la vez, cómo es lanzado a la vanguardia del combate y capaz de entregar la vida en sacrificio. El hecho –dice Jünger- de que ya hoy nos encontramos en condiciones de soportar con mayor frialdad la visión de la muerte se explica en no pequeña medida porque ya no estamos en nuestro cuerpo, a la manera antigua, como en nuestra casa. Así pues, la objetización de la vida se concatena con la disolución de los valores espirituales, la sentimentalidad y la profanación del misterio de la muerte. Se constata en la imagen, los periódicos y revistas ilustradas, al mostrar el rostro carente de alma, frío, distante, trabajado como en metal, tallado en maderas especiales, y que posee una autentica relación con la fotografía, los medios y modos de comunicación. Se observa en el mundo actual como la objetización del ser humano, se concatena con relaciones de poder, de dominio y control; así entonces, estamos en una época de transición donde preponderan las valoraciones técnicas. Jünger dice: pero nada de eso exime de responsabilidad.

   Además, las personas formadas para pensar tienen una responsabilidad ética y moral, con la sociedad. De ellos depende desvelar que ocultan los fenómenos técnicos y a qué voluntad de poder, obedecen sus exigencias. Poner los fenómenos en una situación crítica, de crisis, depende el contexto de la representación de una idea para que sus fuerzas explosionen en el mundo de la revelación –que es la historia. Como dice Benjamín respecto a la alegoría: todo lo que la historia desde un principio tiene de intempestivo, de doloroso, de fallido, se plasma en un rostro; o, mejor dicho: en una calavera. Por eso la alegoría pone en escena la secularización de la existencia y del mundo, expone la historia sufriente de los hombres, sin hacer referencias teológicas que transfiguren su dolor. De esa manera, se podrán restaurar los portillos que la historia deja tras de sí. Es decir, el detritus de la vida urbana y del mundo en general.

   Las filosofías racionalistas de la historia y del conocimiento, la teología o los saberes del espíritu, tienen una concepción sobre el cuerpo. Benjamín en el texto Historia y Coleccionismo: Eduard Fuchs, habla sobre el arte, la cultura, el cuerpo, el placer sexual, la moda, la moral pública. Dice Benjamín: a Fuchs le fue siempre extraña una justa desconfianza contra la proscripción burguesa del puro placer sexual y de los caminos, más o menos fantásticos, por los que llega a producirse. Cierto que dará como principio que <<sólo puede hablarse de manera relativa de moralidad e inmoralidad>>.8 Entonces la crítica social y la historia natural, se inscriben y se expresan en el cuerpo. El cuerpo campo de batalla donde convergen placer y dolor, saber y poder. Para Fuchs, <<el placer orgiástico pertenece a las tendencias más valiosas de la cultura […] debemos tener claro que la orgía […] forma parte de lo que nos distingue del animal. Este, al contrario que el hombre, no conoce la orgía […] el animal se retira de la pitanza más sabrosa y de la fuente más cristalina, cuando ha aplacado su hambre y su sed, y su urgencia sexual se limita generalmente a breves y determinados períodos del año. Otra cosa muy distinta ocurre al hombre, sobre todo al hombre creador. Este ni conoce el concepto de suficiente>>.9 Como dice Gustavo Martín Garzo: Lo maravilloso que nos hace hablar tiene que ver con el principio erótico. La aventura erótica le regala al hombre el acceso a mundos, sin el cual permanecerían cerrados. Conocer es una <forma> de aventura erótica y espiritual; conocimiento es concordancia: entre deseo y realidad, realidad y pensamiento, naturaleza y ser humano. La aventura erótica nos hace hablar del poder espiritual del hombre; no de la fuerza, que incide en el dominio y el control. Es decir, del mundo de los sueños bienaventurados y de las pesadillas humanas.

Ahora, la concepción psicológica e histórica de Fuchs –expresa Benjamín-, ha resultado de muchas maneras fructífera para la historia del traje. La moda tiene un triple interés para el autor –el histórico, el social y el erótico. La moda, dice en la historia de las costumbres, indica <<cómo se piensa llevar adelante el negocio de la moralidad pública>>. En Fuchs la moda es el exponente y el punto de referencia desde donde resplandece la visión de lo erótico y estético. Las nociones de valor moral y pasión sensual trascienden las frivolidades de la sociedad, las amarguras y tristezas de la vida; y se convierten en la dulce venganza del dolor y el sufrimiento. Tampoco se le escapa a Fuchs, su papel de instrumento de división de clases y de dominio. De igual modo que expresa las diferencias más sutiles entre los estamentos vigila sobre todo las toscas que hay entre las clases. Por tanto Fuchs se preocupa por tres principios: el primero está constituido por los <<intereses de la división de clase>>; el segundo representa <<el modo de producción capitalista privado>> que procura aumentar sus posibilidades de venta cambiando mucho la moda; y no olvidemos en tercer lugar <<las finalidades erótica-mente estimulantes>>.10

Según Fuchs, la erótica del cuerpo se entrelaza con la erótica de la creación. Acoge con entusiasmo la doctrina del origen erótico de los impulsos creadores. Como posteriormente hace Thomas Mann con la enfermedad. Esta se convierte en el impulso creativo en la obra de este autor. Para Fuchs, el arte es sensualidad inmediata, así como la ideología es un producto inmediato de los intereses. <<La esencia del arte es: la sensualidad. Y además, sensualidad en la forma más potenciada. El arte es una sensualidad hecha forma, sensualidad que se hace visible, y a la vez es la forma suprema y más noble de sensualidad>>.11 En el umbral del fetichismo le sigue la pista a sus equivalentes históricos. Parece que <<el incremento del fetichismo del calzado y de la pierna indica que el culto de la vulva sustituye al culto de Príapo>>; por el contrario el incremento del fetichismo de los senos es una tendencia regresiva. <<El culto del pie y de la pierna calzados refleja el dominio de la hembra sobre el varón; el culto de los senos refleja el papel de la hembra como objeto de placer del varón>>.12

Lo maravilloso del principio erótico no sólo posibilita hablar, sino que sitúa la conversación en el Árbol de la Vida y no en el Árbol del Conocimiento. Además posibilita descubrir fuentes nuevas y productivas. Eso que el artistas y el filósofo llaman embriaguez. Para Ernst Jünger en los sueños, el hablar y el oír, resultan extraños. Aquí queda amortiguada la parte física, mientras la fantasía disfruta de un libre campo de actuación. El hecho de que el durmiente empiece a hablar es un anuncio del despertar.13 Para Walter Benjamín ¡Despierto cuando conozco! El acto de vigilia desgarra el tejido del sueño en los linderos del alba y el despertar; y posibilita con la <caja de herramientas> conceptuales y gnoseológicas, preparar el “despertar histórico”, como práctica política. Se trata de despertar de la concepción historicista y de su visión racionalista, para darle vigencia y encontrar en la historia desde la actualidad, sus más altos significados. En Benjamín, la investigación histórica empieza con el despertar. <<Choque frontal entre dos trenes>>; entre el pasado y el presente. Se trata de <<darse cuenta que el comentario de una realidad requiere un método diferente al de un texto>>. Unas veces se hace desde la filosofía, otro desde la historia, el arte, la literatura, la poesía, la cultura o el lenguaje. El umbral y el objeto del comentario son correlativos a la realidad que se comenta. El arte, por ejemplo, se expresa en las formas de la cultura. O, en otros términos, <<el arte se caracteriza por desarrollar nuevas formas al conducir a nuevos contenidos>>.14 Se trata de trascender el canon preestablecido de antemano y dejar que las imágenes fluyan en la actualidad, buscando la saciabilidad de su deseo. Es decir, el contenido preciso, inagotable, en el horizonte de la historia.


  Este trabajo trata de superar el concepto de <<progreso>>, también el de <<período de decadencia>>, porque son sólo dos caras de una y la misma cosa. Superar la <<visión racionalista de la historia>> que trasmite que todo período tiene una vida póstuma de sus obras, “celebrándolos” como “patrimonio”>>. Así Benjamín opone una imagen sin duda, pero la más enigmática de todas, la más incierta de su estatuto, la más apta sin duda para poner a salvo los fenómenos, con el riesgo que sólo lo consiga mediante <<fragmentos o ruinas>>. No es otra que la <<alegoría>>. Pero sólo son salvados cuando se evidencia en ellos la discontinuidad. Por eso existe una tradición que es catástrofe. Se trata de los escombros que la historia deja tras de sí: el horror, las injusticias, los sufrimientos, el miedo, el odio, el hambre, el dolor de los vencidos: los arrastrados por la barbarie. Son el detritus, escombros, desechos, de la vida urbana. Estos fragmentos o ruinas, han de <<considerarse por encima de todo como la base de la historia>>.


Por tanto el principio erótico que posibilita la conversación y fluye bajo el follaje del Árbol de la Vida, anuncia un nuevo despertar. Se entronca con las cosas rítmicas, que son las que se oponen a los espejismos de la ciencia, la técnica y la cifra. El cuerpo y la sexualidad, el cuerpo y la moda, la técnica y la ciencia, el saber y el poder, habitan un mundo diferente al del lector, del poeta o del artista. Como dice Ernst Jünger: <<El oído interno es el que capta las grandes composiciones musicales; llegan de otro mundo>>. Así pues, <<los cuentos y las poesías>> se mueven en un orden superior de aconteceres. La realidad atraviesa diversos grados, semejante en eso a la materia, que puede aparecer como sólida, como liquida, como gaseosa y que puede asimismo tornarse invisible.

La poesía lleva a un mundo de mayor libertad, donde también queda vencido lo imposible. El placer y el dolor son sentidos en una dimensión diferente; también el lector tiene su Olimpo. De ahí que el Aladino que reposa en el lecho junto a la princesa esté más cerca del mundo de la tijera que no corta que el insaciable Don Juan. La rosa amenaza con la espina. A la vez crece el impulso instintivo que lleva a emprender tanto excursiones ideales como excursiones fantásticas. Ese impulso echa raíces en la vida cotidiana; pone en peligro el mundo real […] El poema establece marcas que no son alcanzadas en la vida. En diversos niveles amenaza el destino de Hamlet.

   Asimismo, la crítica de la experiencia histórica hay que situarla en el lenguaje y los movimientos del pensar. Porque la actualidad representa una crisis del lenguaje, asociada al olvido de sus secretos. El lenguaje como instrumento de revelación podrá restituir los escombros que la historia dejó a la vera del camino y los celebra como patrimonio. Entonces podrá perfilar algo más elevado y digno para el hombre contemporáneo. Si la revelación es el saber que anida en la historia, la filosofía, el arte, la teología, la literatura, la poesía, la teoría de la cultura, etc. Han de posibilitar las herramientas estéticas, gnoseológicas e históricas, para que los fenómenos develen su verdadero gesto. Lo que el Surrealismo llamaba: el gesto estético.

  Sabemos que estamos en los umbrales de las nuevas tecnologías del poder, que están configurando el espíritu de la época actual. Tienen que ver con el cuerpo como campo de batalla. Donde convergen placer y dolor, dominio y objeto; figuras donde se hace patente la vida actual. También con el espíritu, donde se llevan a cabo los combates más atroces entre las huestes celestiales y las demoniacas, el mundo del titanismo y del espíritu. Además, el fin de la voluntad de poder es menguar las corrientes del espíritu, para batirlo con las fuerzas del sin-sentido y la barbarie. En la medida que lo consiga se intensifica el dolor, el miedo y el sufrimiento en la vida del ser humano.



                                                          Bibliografía


  1. Jünguer, Ernst. Sobre el dolor. TusQuets Editores, 2003. pág. 77.
  2. Foucault, Michel. Microfisica del Poder. Madrid: Las Ediciones de la Piqueta, 1979. pág. 20.
  3. Ib. pág. 12.
  4. Ib. pág. 12.
  5. Ib. pág. 104.
  6. Ib. pág. 107 y 108.
  7. Los Evangelios. Galatás 5: 16 – 24.
  8. Foucault. Ib. pág. 125.
  9. Benjamin, Walter. Historia y Coleccionismo: Eduard Fuch. Madrid: Taurus Ediciones, S. A. pág. 132.
    10. Ib. pág. 99 y 100.
    11. Ib. pág. 100 y 101.
    12. Ib. pág. 101.
    13. Ib. pág. 101.
    14. Jünger. Ib. pág. 110.
15. Benjamín. Ib. pág. 110 y 111.
    16. Jünger. Radiaciones I. Diarios sobre la segunda guerra mundial (1939 – 1943). TueQuets Editores, 2005. pág. 51.

domingo, 11 de febrero de 2018

LA ANGUSTIA DEL HOMBRE ACTUAL.





Antonio Mercado Flórez.


En mi libro, Sobre el dolor, el miedo y la muerte, hago una reflexión sobre la angustia en tiempos de crisis espiritual y material de la sociedad. Me refiero a la relación que existe entre la crisis de las instituciones sociales y el espíritu del ser humano. Por tanto lo que se percibe en el mundo actual es el vaciamiento del espíritu y la búsqueda de salvadores utópicos, que son perores que los males que nos afligen. Hitler en Alemania, Musoline en Italia, Franco en España, Stalin en la Unión Soviética, Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Putin en Rusia, Trump en Estados Unidos, entre otros. Ahora estamos asistiendo a la emergencias de angustias particulares que cada vez toman un cariz general; y nos damos cuenta que algunas veces no sabemos quien genera la otra. Entonces, la crisis económica, social, política y moral, que vive la sociedad global se concatena con la del espiritual y ética del hombre actual. La primera es sólo un trasunto de la segunda. Así lo expreso en mi texto antes mencionado:

<<Si el gran mecanismo político, no es el único que causa miedo, dolor y angustia, existe una cantidad de mecanismos particulares que los generan. El desempleo, el hambre, la inmigración, la pobreza, los desplazamientos, el odio, la violencia, la guerra, entre otros. Son representaciones particulares del dolor, del miedo y las angustias de nuestro tiempo. Además, en momentos de crisis material, espiritual y moral, los hombres son capaces de agarrarse a un clavo ardiendo con tal de alcanzar su seguridad y conservar su vida>>. Sabemos por lo antes dicho que, el gran mecanismo político no es lo único que causa miedo y angustia. Hay una cantidad innumerable de angustias particulares. Ellas traen consigo la incertidumbre y esta deposita siempre su esperanza en médicos, salvadores, taumaturgos, brujos, echadoras de cartas y juegos de azar. Todo puede convertirse en objeto de miedo y angustia. Y esto es un signo de la catástrofe de nuestra época; porque una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre: la pobreza de la experiencia.

Como expresó el filosofo alemán de origen judío Walter Benjamín: <<Desde luego está clarísimo: la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo –y tan exacto y perfilado como el de los mendigos de la Edad Media. ¿Para que valen los bienes de la educación si no nos une a ellos la experiencia? >>. Ahora bien, prosigue Benjamín: <<La pobreza de nuestra experiencia no es sólo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general. Se trata de una especie nueva de barbarie>>. Saben ¿por qué? Porque cuando el ser humano no vivencia su experiencia con sigo mismo y los otros, por ejemplo, la experiencia que mana de boca a oído. Se expresa la catástrofe, el vaciamiento del lengua, del pensamiento, del misterio de la vida y del mundo.

Así pues, el ser humano por conveniencia y miedo de manejar su libertad, entrega su vida a los oportunistas, los demagogos, los populistas, los nacionalistas, los ortodoxos radicales, los banqueros, al Estado, a las Instituciones sociales; y, entonces, se orienta, enteramente, por el arsenal de máscaras que le son presentadas. El mundo es un arsenal de esas máscaras. Y sólo el hombre atrofiado, devastado, las busca como un simulacro en su propio interior. Porque la mayoría de las veces nosotros mismos somos pobres en ese aspecto. Mirar a través de ellas nos encanta. Vemos las constelaciones, el pueblo o la ciudad de nuestros antepasados, los instantes en los que hemos sido esto o lo otro o todo de una vez. Pero lo que más le encanta a este tipo de personas son los juegos de azar, creen encontrar allí la respuesta a sus apetencias materiales y sus frustraciones espirituales. Entonces se dan cuenta que la propia imagen que llevan dentro de sí es pura improvisación, y la esperanza en el dinero se convierte de un minuto a otro, en un volcán en llamas.

Como dice Benjamín nuevamente: <<Todos añoramos este juego de máscaras como ebriedad, y de ello viven hoy los echadores de cartas, los astrólogos y los que leen en la palma de la mano. Saben estos tras-ponernos a esas quedas pausas del destino, de las cuales sólo más tarde advertimos que contuvieron el embrión de un curso completamente distinto del que nos cayó en suerte>>. Esas personas atrofiadas y vacias espiritualmente, malgastan sus vidas creyendo en las runas del destino y no en la libertad que le ha sido otorgada como un Don divino. Como Dijo Nietzsche en boca de Zaratustra: <<El desierto crece, ay de aquel que alberga desierto>>. Porque desconoce que los más hermosos presentes de los dioses son siempre gratuitos. De ahí el peligro que se seque la fuerza dispensadora de bienes.


El propósito del poder, de todos los sistemas, es domar y amaestrar a la gente en el sentido de lo colectivo y lo siempre igual. Por eso la persona individual está cercada por el miedo, la angustia y el dolor, los cuales empujan como si fueran un muro. Estos signos de nuestro tiempo toman formas reales –en las calles de la Gran ciudad, las cárceles, la violencia, la guerra, el hambre, el narcotrafico, el odio, la inmigración, la xenofobia y el racismo. Esto llena los pensamientos, los sentimientos, los diálogos del hombre consigo mismo, vivimos años en que ni siquiera se tiene confianza en los que más próximos están. De ahí que el hombre esté desnudo ante el poder, la banca, el capital financiero, el irracionalismo religioso, los demonios y sus horrores. Por eso en los tiempos que vivimos es importante que el hombre mire dentro de sí y tenga una nueva oportunidad en la Tierra de los vivientes. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

EUROPA Y EL NACIONALISMO POPULISTA.





Antonio Mercado Flórez.


En Europa se está agitando el espíritu del nacionalismo y el problema identitarios, que a la vez se le está dando un tinte político. De ahí se agitan miedos y fantasmas de identidad, que responden a políticas que exaltan la xenofobia, el racismo y la exclusión social. Por eso el filósofo francés François Jullien en su último texto de ensayos: <<La identidad cultural no existe>>, plantea que no hay que hablar de identidad cultural. Hay que hablar de recursos culturales. Porque el término <<identidad>> excluye, levanta fronteras y crea espacios de confrontación. Es necesario hablar de <<recursos>>, porque es un término que incluye, que abre fronteras y propone el dialogo, como encuentro entre diferentes. Esto posibilita en su dynamis histórica el enriquecimiento del ser humano y las culturas. Este tipo de análisis es un aporte intelectual para Europa y el mundo.

Jullien piensa que existe en el mundo una reacción a la globalización, la uniformización y la estandarización de la vida. Que nos ubica en el palpito de lo que Hannah Arendt llamó la <<futilidad de la vida>>; que otros pensadores llaman la <<cultura del artificio>>. Un espacio donde las <<relaciones artificiales>> reemplazan a las <<relaciones de sentido>>. En esta civilización técnica y de comunicación rápida y simultánea, el cliché y la banalidad del lenguaje, no expresan el sentido de la vida. Sino la futilidad del presente actual. Esto trajo consigo la crisis de la experiencia, del lenguaje y el pensamiento; y con ello, la crisis de los contenidos espirituales que comunica.

Ahora bien, lo que el poder desea es, quebrantar la confianza en la realidad de la vida y en la realidad del mundo. Lo que busca el nacionalismo y el populismo es, que no tengamos confianza en la realidad de la vida y en la realidad del mundo. Porque la confianza en la vida <<depende casi de modo exclusivo de la intensidad con que se sienta la vida, con la fuerza que ésta se deje sentir>>. De ahí que deseen sustituir la vitalidad y la viveza de la vida; o, en otras palabras, estar dispuesto a tomar sobre si la carga, la fatiga, el dolor, y el sufrimiento de la vida; y, sustituirla por la banalidad de la existencia y el vaciamiento del espíritu y el pensamiento. Así pues, por la numerificación y la coseidad del ser humano, llegaran a primar los utensilios, la maquinas, el robot y los números, sobre la vida del hombre; y de insofacto, se produciría una fractura fundamental en la unicidad de la existencia. Se produciría una fractura de los principios fundamentales de la vida: el amor, la fraternidad, la solidaridad, la convivencia, el respeto, la paz, la libertad, el lenguaje y el pensamiento. Eso que Hannah Arendt llama la Condición Humana.

Desde otra perspectiva, Jullien  dice que existe un sentimiento de aplastamiento de la diversidad cultural bajo el poder opresor de la mundialización, que estandariza y uniformiza a la sociedad. Así mismo, Europa ya no tiene tanto poder en el mundo y vive un repliegue identitarios. Y esto está ocurriendo también en Estados Unidos. Defiende que hay que dejar de hablar de identidad cultural para hablar de recursos culturales. Porque los recursos culturales –expresa- no son valores. Los valores tienden a excluirse los unos a los otros y se predican; los recursos no. Unos recursos se unen a otros, alumbran a otros, no se excluyen, sino que incluyen posibilitando alumbrar los caminos de la vida. Y, se pregunta ¿Defender la cultura qué es? No es otra cosa que activar esos recursos. Hay que activar – prosigue- los recursos culturales, para que emerja un espacio común. No es un común de esencias, ni de pertenencias, sino un común de recursos compartidos, de convivencia y tolerancia.  De ahí que el primer recurso cultural, político y social, sea  la lengua.

Giambattista Vico dijo en el siglo XVIII, que <<la evolución de una lengua no es una mera evidencia, sino parte de la esencia de la evolución de la conciencia de la que la lengua es una expresión y con la que forma un todo. Lo mismo se puede decir de la historia de los mitos, del arte, de la historia y la religión>>. […]. De igual forma dice Jullien: <<La tolerancia está en la lengua. Y el sectarismo también se refleja en ella. La lengua es aquello a través de lo cual se articula el pensamiento; no es neutra. Pensar es explotar los recursos del lenguaje>>. Porque el lenguaje es una forma del pensamiento. De ahí que no se escriba como habla, sino como se piensa.

En el mismo orden, expresa George Steiner: <<Todo lenguaje, está en relación activa y eventualmente creadora con la realidad […] Lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; y hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje perdiera una parte de su energía, el hombre se volvería menos humano>>. Esto se expresa en la guerra, la violencia, el odio, el secuestro, las matanzas, el asesinato selectivo, entre enemigos y generaciones. Entonces, <<muestra de manera inquietante lo que significa esa disminución de humanidad>>. Como escribió el poeta Wallace Stevens de manera premonitoria:

[Las hojas susurran. No es un susurro de advertencia divina,/ Ni el hálito de héroes sin aliento, ni un susurro humano./ Es el susurro de hojas que no trascienden a sí mismas./ / Carentes de imaginación, sin significar más/ De lo que son al encontrarse con el aire, en la cosa misma,/ Hasta que finalmente el susurro no le interesa a nadie.]

El neo-nacionalismo populista de Europa y Estados Unidos, exalta la violencia, el odio a la cultura, al inmigrante, a las minorías raciales, a la convivencia y la tolerancia. Como digo en mi texto <<Sobre el dolor, el sufrimiento y la muerte. Aproximación cultural a la época actual>>: <<De esto se deduce que desde hace ciento cincuenta años <<viene dando forma a nuestro paisaje, de ello no cabe duda, un espíritu cruel>>. La crueldad y el dolor responden a la <<estructura>> de la violencia, la tortura, la guerra y la muerte; pero también a la <<estructura>> que funciona independiente de la voluntad de los individuos. Aquella que se interioriza en la sociedad, las instituciones, el trabajo, la política y la cultura. La violencia estructural se ejerce directamente de hombre a hombre: unos hombres quitan la vida a otros. La otra es muda, silenciosa, se ejerce con tal virulencia sobre los seres humanos como hace la ola al romper […] El concepto moderno de violencia estructural pone de manifiesto que se puede matar sin recurrir a la violencia directa. Se mata a través de negar la cobertura de la salud, la educación, el trabajo, el hambre, la seguridad y la cultura a millones de seres humanos. Y esto se convierte en algo sumamente grave para el sentido de humanidad>>. Son símbolos que legitiman la violencia en nombre del Estado, el Sistema,  la religión, la lengua o la raza. Así pues, el poder y los grupos al margen de la ley y el orden constitucional, elaboran mitos legitimadores y justificaciones pseudorracionales.

Así mismo, el populismo nacionalista Europeo y Norte Americano, utiliza valores, ideas, mitos y preceptos, para justificar las injusticias socio económicas, la xenofobia, el racismo, las deportaciones, los muros, la guerra, el hambre y los refugiados. Entonces estos tipos de violencia tejen una red social con la que se relacionan, y compelen a los seres humanos a caminar por un desfiladero estrecho y funesto que tiende inexorable al dolor, el sufrimiento o, la muerte. Porque <<la mentira nunca ha sido –dice Sándor Márai- una fuerza tan creadora de historia>> como en los últimos cien años. Se trata de encontrar modos de viabilidad históricos inteligibles. Porque en política el discurso pobre se vuelve demagógico; el discurso político se ha empobrecido porque los políticos no leen y son incultos; demagogia y deterioro del lenguaje van de la mano.


Por eso, lo que hace falta es libertad, libertad de pensamiento, porque el poder no quiere que pensemos. Sino que seamos parte de una <<estructura>> donde estemos determinados por las nuevas <<utopías de lo inmediato>>, que exaltan el trabajo, la publicidad, el consumo y la banalidad de la personalidad y la cultura. Quizás <<hoy sea cada vez más difícil <<ser uno mismo>>, encontrar un espacio diferenciado para el idioma, en estilo y la sensibilidad>>. Así pues, aunque los medios de comunicación, las redes sociales, Internet, la publicidad, sean herramientas del populismo nacionalista para uniformar hasta nuestros sueños; el ser humano posee un rasgo alquímico que el poder es incapaz de disolver.

jueves, 27 de julio de 2017

¿QUE SIGNIFICA HOY LA SEGURIDAD EN EL MUNDO?



Versión completa de la intervención de apertura de la sesión de trabajo sobre cooperación en seguridad y defensa en la XV Reunión Interparlamentaria España-México, Baiona (Pontevedra), el 10 de julio de 2017
MARCELO EXPOSITO.

SENADO DE LA REPÚBLICA
20 DE JULIO DE 2017
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Final del formulario


Queridos amigos y amigas: como miembro de la Mesa del Congreso de los Diputados me sumo a daros la bienvenida a este encuentro interparlamentario y a recordar los estrechos vínculos políticos, culturales y afectivos que han unido históricamente a nuestros pueblos. Sobre todo, no olvidamos el apoyo que México dio durante el siglo pasado a nuestros exiliados y emigrantes en momentos muy difíciles de nuestra historia.

Para cerrar este encuentro nos hemos propuesto dialogar en torno a cuestiones de seguridad y defensa. Ya que tendremos muchas aportaciones detalladas sobre cómo nuestros países podrían cooperar en estos asuntos, prefiero facilitar como introducción apenas un par de reflexiones de fondo a nuestro debate. A nadie se le escapa que en un mundo que se encuentra en una situación muy compleja, los peligros que acechan a la seguridad de nuestros pueblos son muchos, pero uno no siempre está seguro de si las decisiones que a veces adoptan nuestros gobiernos mejoran o empeoran la seguridad del mundo. Precisamente porque he empezado celebrando la generosidad histórica de México con nuestros refugiados y emigrantes, quiero sumarme a denunciar una infamia: la amenaza que ha proferido el presidente Donald Trump de construir un muro que impida la circulación de los mexicanos y las mexicanas hacia Estados Unidos, un muro que cerraría la frontera que se ve atravesada por uno de los flujos migratorios más densos del planeta.

Se construya o no, el muro de Trump no es una mera ocurrencia sino un signo de los tiempos. Se corresponde en todos los sentidos con el muro a veces invisible erigido por las políticas fronterizas de la Unión Europea para controlar los flujos migratorios que provienen principalmente de Latinoamérica y África, con un mar Mediterráneo convertido en una abismal fosa común. Según la Organización Internacional para las Migraciones, sólo hasta la fecha de hoy se han contabilizado aproximadamente 2.300 muertes en el Mediterráneo, y claro está que el número sigue creciendo. Esta cifra sirve para indicarnos el descomunal desastre que suponen las políticas basadas en un enfoque fundamentalmente securitario y punitivo de los flujos migratorios. Los muros se erigen hoy día  evocando precisamente razones de seguridad para quienes quedamos protegidos dentro, pero proyectan la inseguridad hacia quienes son empujados extramuros. Numerosas organizaciones de la sociedad civil han denunciado por ejemplo el acuerdo de la Unión Europea con Turquía que externaliza la gestión de la última gran crisis de refugiados, acuerdo que España también ha suscrito. Las relaciones de cooperación internacional en materia de seguridad y defensa no siempre atienden a criterios de justicia global ni se basan en una comprensión recíproca y multipolar de la seguridad mundial.

EL MOVIMIENTO GLOBAL DE LAS PERSONAS SE VE FORZADO EN MUCHAS OCASIONES JUSTAMENTE POR LA MANERA EN QUE NUESTROS PAÍSES CONDUCEN EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA

Parecería que en el mundo vivimos hoy una paradoja. En la sesión de trabajo sobre cooperación económica y comercial, la mayoría de sus señorías han hecho hincapié en la necesidad de abrir las fronteras y ampliar la interacción económica entre nuestros países y respectivos continentes en un mundo globalizado. Se diría que esta imagen de un planeta cada vez más integrado se contradice con aquella otra de un mundo partido por enormes vallas fronterizas. Pero en realidad se trata de la doble cara de una misma moneda. La libertad de los capitales, las inversiones económicas y las grandes empresas se dan la mano con el control sobre la circulación de las poblaciones más empobrecidas y desprotegidas. El movimiento global de las personas se ve forzado en muchas ocasiones justamente por la manera en que nuestros países conducen el proceso de globalización económica. Baste pensar por ejemplo en la actuación de las grandes multinacionales extractivas en Latinoamérica, que provoca oleadas de refugiados socioambientales y afecta al derecho de comunidades enteras sobre sus territorios de origen. Se trata de uno de los aspectos más visibles de la indisociable relación entre la globalización económica y el desplazamiento masivo sobre el que vienen advirtiendo desde hace ya muchos años incontables organizaciones independientes, de entre las cuales me permito ahora llamar su atención sobre los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica de la UNAM en México. No es un dato menor que Berta Cáceres, coordinadora del Consejo de Pueblos Indígenas de Honduras (COPINH), cuyo asesinato estremeció a la opinión pública de todo el mundo, haya sido sólo uno de los alrededor de 200 activistas medioambientales asesinados en todo el continente latinoamericano en apenas estos tres últimos años. 

Existe entonces también una relación estrecha entre el diálogo sobre la globalización económica y este otro que ahora comenzamos sobre seguridad y defensa. Porque en la situación actual del mundo, un debate como éste requiere poner en contraste las diferentes percepciones sobre qué significa seguridad y cuál es la mejor manera de proteger a nuestros pueblos. Esta mañana, sin ir más lejos, pensaba cómo resultaría necesario traducir los lugares comunes de nuestro lenguaje institucional para captar qué imágenes provocan nuestras palabras en la gente común. Cuando decimos competencia y liberalización, estoy seguro de que hay quienes piensan en la frontera sur europea, con la separación entre África y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla reforzada por una valla fronteriza coronada por cuchillas y donde se ejecutan lo que se llaman “devoluciones en caliente”, que están incomprensiblemente permitidas por la legislación española aunque atentan claramente contra la legislación internacional en materia de derechos humanos. O piensan también en el endurecimiento de los controles españoles y europeos sobre los emigrantes latinoamericanos: según el Informe CIE 2016 del Servicio Jesuita a Emigrantes, España ejecuta una media diaria de 25,66 expatriaciones forzosas, y 7.597 personas, por supuesto que muchas de ellas provenientes de América Latina, fueron internadas en Centros de Internamientos de Emigrantes por una situación de irregularidad administrativa que no está tipificada como delito. De la misma manera, cuando nosotros decimos reformas estructurales, inversiones extranjeras o tratados de libre comercio, tendríamos que preguntarnos cómo se sienten esos conceptos si se escuchan en Ciudad Juárez Ayotzinapa

A la vista de estos datos y de estas imágenes que he evocado, resulta comprensible que las mayorías sociales se pregunten cada vez más para qué les sirven sus gobiernos y para qué valemos nosotros, sus legisladores. Aumenta el descreimiento de nuestros pueblos frente a las instituciones que deberían protegerlos. Y eso explica que se inclinen por opciones políticas de castigo, que en foros institucionales como éste se califican de equivocadas, populistas, antidemocráticas. Tenemos que preguntarnos seriamente de dónde proviene y adónde conduce esa desafección e incluso esa indignación. Qué responsabilidad tenemos como instituciones que se dicen democráticas.

El borrador de acuerdo que se nos ha facilitado pone en el centro las “amenazas para la paz y la estabilidad en el mundo”. He mencionado al comienzo que se trata de una preocupación insoslayable. Pero a tenor de las problemáticas y los casos que acabo de citar, sorprende que el documento propuesto no mencione en ningún lado, además de los programas de cooperación militar y policial, el grave deterioro internacional en materia de derechos humanos. Defender los derechos de nuestros pueblos debería figurar en el centro mismo de las políticas de seguridad. Derechos humanos debería ser un concepto que figurara en el encabezado mismo de nuestros acuerdos sobre seguridad y defensa. No se trata de una cuestión opcional o debatible por diferencias políticas. El informe 2016–2017 de Amnistía Internacional sobre la Situación de los Derechos Humanos en el mundo dedica algunas páginas a nuestros respectivos países que deberían hacernos reflexionar seriamente en un foro como el nuestro sobre qué significa hoy la seguridad en el mundo.

Les quedo muy agradecido por su atención.
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Marcelo Expósito es secretario tercero del Congreso de los Diputados y vocal en la Comisión de Interior por el Grupo Parlamentario Confederal de Unidos Podemos – En Comú Podem – En Marea.