martes, 10 de enero de 2017

SOBRE EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR QUE LA GUERRA DEJA TRAS DE SÍ.


      



Antonio Rafael Mercado Flórez.


Después de la firma por la paz en Colombia entre el Gobierno y la guerrilla, y el varapalo del Referéndum, el Premio Nobel de la Paz al Presidente Juan Manuel Santos, deseo reflexionar sobre la crueldad, el dolor, el sufrimiento y el sentido de la existencia en el mundo actual. Así, pienso que la crueldad de la guerra,  consiste en que, los verdugos del Estado, la guerrilla y los paramilitares, no reconocen la barbarie, los horrores y los dolores de las víctimas. Así mismo, acontece con los que ejercen el poder, las corporaciones, la estructura, la economía y el capital financiero, la educación y la cultura como un bien de consumo. ¿Saben por qué? Porque la muerte se convirtió en un pretexto para el control social, el dominio y la exclusión de la sociedad. Pero, a la vez, en la redistribución social del PIB y las oportunidades de los necesitados.

Los colombianos se dieron cuenta de lo insoportable de la existencia, porque el Gran Poder, el Estado y los hombres poderosos, imponen lo colectivo, la estructura, el sistema, sobre el individuo y la personalidad. Crearon un mundo con <<un mecanismo que funcionaba bien, con sus correspondientes impulsos eléctricos e instintos, una estructura cerrada, hecha para comer, nacer y reproducirse>>. Y no les importó el individuo, la sociedad, los desplazados, los campesinos, los jornaleros, los desaparecidos, los obreros, los explotados, los discriminados, los hambrientos y las madres que tenían que vender su cuerpo para alimentar a sus hijos. Entonces Colombia se convirtió en una Tierra tomada por el demonismo.

Ahora se trata de resarcir a los que han vivido el sufrimiento, el dolor, el miedo y la muerte; y el objeto de la historia sean los olvidados del Estado, del sistema y del poder. Como dice Imre Kertész: <<El derrumbamiento ha alcanzado tales dimensiones  que ya no queda nada para adornar entre las ruinas>>. No podemos olvidar, que el sentido de la historia y la realidad del presente, la memoria y el recuerdo, son un acto vital, una función vital del ser humano. Para así de esa manera, no olvidar lo que acaeció en la sociedad. De ahí que los narradores, los poetas, los pintores, los dramaturgos, los músicos, los filósofos, los historiadores, los periodistas, tienen que dar testimonio de lo ocurrido. Es un deber moral dar testimonio de lo que verdaderamente aconteció.

Ahora bien, lo que aconteció fue una degradación del individuo, de la persona individual, de la sensibilidad, de la experiencia de la vida y del conocimiento. Porque afectó los centros vitales de la cultura, los valores éticos y morales y la subjetividad del ser humano. Este es el mundo donde nacimos y crecimos generaciones de colombianos. Lo bárbaro y atroz como movimiento político, lo insoportable de la existencia en un mundo en llamas. Porque ávidos de limpieza (física, psíquica, intelectual, ideológica, política y espiritual), instauraron el Infierno dentro de nuestras fronteras. Entonces, ¿qué es la vida? Según Charles Sumner, <<consiste únicamente en conservar la existencia, en <<intereses>>, en <<placer>>, en evitar el sufrimiento y el tormento>>. Ahora, si el individuo tiene algún valor, <<lo alcanza enfrentando lo colectivo, la muerte. Porque éste sufre, dice Kertész, incluso en el pensamiento bajo el yugo de la determinación por la especie, el género, lo colectivo, las <<costumbres populares>>. Sólo existe una salida de lo colectivo, igual que del individuo: la muerte […] en nombre de ésta podemos oponernos a lo colectivo y enfrentarnos a nosotros mismos>>. Y así podemos alcanzar ser <<verdaderos individuos en cuyo lugar nadie vive, en cuyo lugar nadie muere>>. En este estado de cosas el individuo da paso a la persona individual que tiene muchas más cosas que ofrecer. La persona individual no se reduce a la individualidad, la supera incluso.

Por eso, el Gran Poder o los que trafican con la muerte, no admiten la tarea individual, aquella que se opone a lo colectivo, a lo establecido, y son capaces de hacer un punto de inflexión en su vida y en la sociedad. Quizás, <<por el momento, las normas de comportamiento sintonizan con los objetivos individuales, pero tan sólo por un período transitorio, porque si mañana las normas cambian de tal modo que el individuo y la masa, la sociedad, ya no coinciden, el individuo se adaptará y renunciará a sus objetivos individuales>>. Ahora bien, <<si se puede sacar, a pesar de todo, una conclusión, expresa Kertész basado en el pensamiento de Sumner: la vida es para unos pocos. La mayoría no sabe qué hacer con ella, ni siquiera sabe que vive, por así decirlo>>.

En un mundo como el nuestro el ser humano se vale de las fuerzas creativas para seguir existiendo, para conservar la vida, <<no es un don divino venido de afuera, sino una función vital, el instrumento necesario para quedar con vida>>. De lo contrario, el Gran Poder, el Estado, el sistema, la estructura o, las personas que trafican con la vida y la muerte, se convierten en una aplanadora que arrasa todo lo que encuentra a su paso. Se trata de existir, de conservar la vida, a costa de la determinación, de entregar los valores morales y éticos, la subjetividad, los ideales de la vida, al Estado para poder subsistir. Porque lo que desean es, extirpar la capacidad de asombro, la sensibilidad, el sentido estético de la realidad y de la vida; y entonces, por así decir, te convierten en objeto o, en número.

Los hombres poderosos detestan la voluntad libre y a la personalidad, porque lo que buscan es que la vida pierda la alegría de vivir, la audacia, como dice Kertész: <<asesinan de manera circunspecta, cobarde, con los ojos cerrados, por así decirlo>>. Ya que no quieren cargar con el peso de la culpa, la inquina de la consciencia, contaminan al individuo y la masa, la sociedad, con palabras huecas e imágenes que son más fuerte que la propia vida. Se trata de dominar al otro, su vida, su existencia, pero el ser humano tiende a conservarla en la atmósfera de odio, dolor, sufrimiento y muerte, en que se desenvuelve. Es un fenómeno desconcertante y, a la vez obvio, para el que ejerce el poder: <<Aplastar a cualquiera con el único fin de no sucumbir>>.

Ahora, ¿Estamos los seres humanos ávidos de redención? En una sociedad como la colombiana, ¿Qué significa este fenómeno? En el saber filosófico, en el saber psicológico, en el saber en torno a la muerte, en el saber en torno a lo trascendente y divino, que significa la economía, las relaciones de producción, el capital financiero, el dinero bancario, el <<progreso>>, la revolución de la imagen y los lenguajes digitales, algo que sólo se ubica en la capa exterior del ser del hombre. En la esfera de la subjetividad, de la moral y de la ética, no se vive ninguna revolución racional, porque estas ayudan a precisar la condición humana. Aquello que tiene que ver con el dolor, el sufrimiento, el amor, el odio, la muerte, la solidaridad, la paz, la guerra, la convivencia, el respeto a la vida y a la dignidad del hombre. Eso que posibilita en medio del horror y la barbarie, alcanzar la categoría de persona. 

De ahí que en la guerra, la muerte pierde su carácter sagrado y divino, el misterio que encierra. Porque se objetiza en nombre de la patria, la ideología, la religión, el partido, la sociedad y el ejercicio del poder. Durante cincuenta años se nos privó de soñar, de tener ternura, de respetar al otro, de amar y solidarizarnos con el necesitado; y en su lugar, primó el dolor, la muerte y el sufrimiento. En esta atmósfera nauseabunda y repugnante en la que vivimos, << ¿existe la carga que podamos soportar, existe la responsabilidad que podamos asumir? La vida privada, la muerte privada. Hay en ello una miseria que no se puede decir. Hemos sido despojados y vejados; vivimos y lo que nos han quitado no es más que la vida. ¿Quién nos la ha quitado?>>. El Gran Poder, el Estado, la guerrilla, los paramilitares, los narcotraficantes, y lo paradójico consiste que, en su nombre hemos sido humillados y ultrajados, despojados por la violencia del derecho a vivir, a vivir dignamente como seres humanos. Y en lugar de la vida y de la alegría de vivir, si miramos atrás, vemos un montón de ruinas humanas y materiales tirados a la vera del camino. Ahora se trata de reconstruir desde lo destruido, reconstruir desde los tormentos sufridos, o, por así decir, reconstruir un mundo más humano para las nuevas generaciones de colombianos.

En el mundo que vivimos es <<lícito buscar salidas, escapatorias, refugio, alivio, y abandonar el sufrimiento>>. Pero buscamos ayuda en lugares y personas inadecuadas, y no nos damos cuenta <<que no es ésa la verdadera ayuda>>. Si nos ponemos a pensar la verdadera ayuda está dentro de nosotros, en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestro espíritu, en nuestra sensibilidad, en nuestra imaginación, en nuestra mente.  Desperdiciamos nuestra vida porque queremos encontrar el sentido de ella, fuera de nosotros. Y se trata realmente, es, de mirar en nuestro interior y ordenar las cosas de debajo de acuerdo al orden de arriba. Así, podemos leer en la historia reciente de Colombia que la guerra, la violencia, el hambre, el odio, el dolor, el sufrimiento, la muerte, se tejen a manera de un destino. De un destino que garantiza la destrucción.

La maldad, la crueldad y la fraternidad son parte de la naturaleza humana. Es fácil desatender el llamado de una imagen, de una voz trémula o el grito del que está atrapado en una guerra, atrapado por el dolor, el miedo y la crueldad, más si se encuentra lejos. La situación cambia cuando nos toca de cerca, por medio de un familiar o un amigo; entonces somos incapaz de asimilar el dolor, el sufrimiento o la crueldad. Así, en un estado de violencia, guerra o convulsión social, la pasividad embota los sentidos. De la misma manera que el miedo y el dolor, paraliza los sentimientos y las reflexiones del pensamiento. Sabemos que en un estado mental y sensitivo de violencia y muerte, sufrimiento y dolor, el Gran Poder y los hombres poderosos que lo ejercen, buscan paralizar a las personas para ejercer el dominio y el control social. En esa medida entran en juego una serie de relaciones de fuerzas y de poder, que presentan un orden natural de las cosas como irremediable y un destino común que tiende a la destrucción.

De ahí que los medios de comunicación de masas no solo denotan la atención del oyente o del observador, sino que las imágenes crean un mundo en que cada vez somos más insensible al dolor, al sufrimiento y la muerte, del Otro. Somos parte de un mundo donde las imágenes están sustituyendo a las palabras, donde somos cada vez más insensibles a la barbarie y al llamado del Otro. Entonces los medios neutralizan la fuerza moral del ser humano frente a las atrocidades. Esto es sumamente peligroso para el sentido de humanidad, la subjetividad y la ética del ser humano. Porque implementan el totalitarismo, el autoritarismo, el desprecio al Otro y se atenta contra la libertad. Como expresó el escritor Javier Marías: <<Demasiadas personas no entienden ya la libertad, o no la desean para los demás […] La libertad está hoy rodeada de enemigos, y no son los únicos los miembros del DAES y los talibanes>>.

Para confrontar estos poderes temporales y terrenales el ser humano se vale del espíritu. Porque <<la riqueza del ser humano es infinitamente mayor de lo que él presiente. Es una riqueza de que nadie puede despejarlo y que en el transcurso de los tiempos aflora una y otra vez a la superficie y se hace visible, sobre todo cuando el dolor ha removido las profundidades>>. El Gran Poder y los hombres poderosos que lo ejercen, lo que desean es, despojar al ser humano de esa riqueza enorme e inconmensurable que posee, y convertirlo en esclavo del Estado, del sistema y las colectividades. Pero el hombre porta en sí, aunque no sea consciente de ello, veneros de aguas espirituales, que como espadas flamígeras en sus manos lucha contra el materialismo, el odio, el racismo, el hambre, la discriminación, la numerificación y la objetización del ser humano. Por tanto, <<el modo propio de ser su daimonion>>, al decir de Heráclito, habita en las profundidades, en la cripta del alma. Encima de ella se alza la bóveda del mundo de las apariencias, el presente-ahora, que responde a las relaciones de poder. En la época actual, lo vemos en las sociedades, en la acción y el saber, lo <<difícil>> que resulta <<salvaguardar el modo propio de ser […] En cambio, la riqueza que forma parte del modo propio de ser no es sólo incomparablemente más valiosa; es el manantial del que brota cualquier riqueza visible>>.  

Es necesario que, el hombre actual empiece a edificar un mundo nuevo sobre las ruinas humanas y materiales, que la historia deja tras de sí. Para llevar a cabo esa labor, se necesita, una voluntad libre, un espíritu libre, que posibilite el movimiento hacia lo Superior en detrimento de lo Inferior. Entonces, el ser humano podrá ordenar <<las cosas visibles de acuerdo con su rango invisible. Toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio>>. No podemos olvidar que, pese a las atrocidades del mundo actual, del miedo, el dolor y la crueldad, el ser humano porta en sí una esperanza, de que surja un hombre nuevo de los escombros de la historia y que <<cuyo cometido se anuncie en el cielo por una constelación. Presiente que el mito, lugar donde se guarda el tesoro, reposa directamente debajo de la historia, inmediatamente por debajo del terreno medido por el tiempo>>.

Desde la antigüedad sabemos que la parte numinosa del espíritu está ahí. Existen poderes cósmicos, poderes telúricos, que desean acabar con el alma, la parte eterna del ser humano. <<Siempre será evidente que la agresión a él brota necesariamente del más tenebroso de los abismos>>. Sólo un espíritu batido, debilitado, inerme, entrega el ser del hombre a estos poderes devastadores. En la actualidad los conceptos dominantes captan la superficie del proceso, y no se sumergen en las profundidades de todos y cada uno de nosotros. Espíritus que se dejan seducir por las apariencias de los fenómenos temporales e históricos; que dejan tras de sí un montón de ruinas. La <<cultura del espectáculo>> o la <<la cultura de lo efímero>>, son sólo expresiones degradadas del espíritu de la cultura y del sentido de realidad. Son espíritus que desagradan a aquellos que poseen una noción de eternidad, de inmortalidad, del ser en el hombre. Sabemos que existen ámbitos en que el ser humano no puede ser alcanzado por ningún poder de la Tierra. <<Frente a esto –dice Ernst Jünger- es importante saber que el ser humano es inmortal y que hay en él una vida eterna, una tierra que aún está por explorar, pero que se halla habitada, un país que acaso él mismo niegue, pero que ningún poder terrenal es capaz de arrebatarle>>.

Además, la violencia y la guerra contribuyen para que el lenguaje pierda una parte de su energía y el hombre se convierta en menos humanos. Lo que busca el dolor, el sufrimiento y el miedo, causado por la violencia y la guerra o aquel que se interioriza en las instituciones. Es paralizar al ser humano y entregar la autonomía de la voluntad, la libertad y el pensamiento, a poderes que lo trasciende: la Iglesia, el Partido, el Estado, el Gran Poder o la moral ordinaria del hombre común. Se trata en un mundo como el nuestro de <<exponer la Vida en su significación intemporal>>, para que no quede subsumida sólo en la historia que <<la describe en su decurso temporal. De ahí que la protohistoria sea siempre la historia que más próxima nos queda, sea la historia del ser humano en sí>>. Este tipo de historia se opone al sufrimiento y al dolor, porque nos acerca a <<las cosas rítmicas que son las que luchan contra el tiempo; y contra él es contra quien luchamos en el fondo>>. Ahora, sí <<el ser humano lucha siempre contra el poder del tiempo>>, lucha contra el dolor, el sufrimiento y la muerte. Como dice Kertész al respecto: <<En la vivencia y la realización del estado del mundo […] sólo se ofrece la catástrofe, a falta de la fe, de la cultura y de otros recursos solemnes>>.






















viernes, 1 de julio de 2016

FRAGMENTOS SOBRE LA CRUELDAD EN LA ACTUALIDAD.





            A mis abuelos y a mis padres, que no vieron el renacer de una nueva Colombia.


No es anómalo decir que el dolor y el miedo se han situado en el palpito de la vida actual. De ahí que no pueda sorprender que estas categorías hagan parte de la naturaleza material y espiritual del ser humano. No es una sorpresa que un ser humano vuele por los aires en un estadio repleto de gente o, dispare indiscriminadamente en una sala de baile, y lo revindique en nombre de su Dios. Tampoco que el hambre y la enfermedad estén tiradas en las calles de las Grandes ciudades. No es una sorpresa porque la excepción se ha convertido en norma. De igual manera –dice Jünger— que se vea el genio– es decir: la posesión de la salud suprema— como una de las formas de la demencia, de igual forma que se describe el nacimiento como un fenómeno de enfermedad o que ya no se es capaz de distinguir entre el soldado y el carnicero.

Si el ejercicio del poder es indiferente a las necesidades de la sociedad; existen países donde responde con la fuerza y la coacción. Es más, el poder se concatena a maquinaciones malvadas, que expresan la descomposición de los recursos económicos, sociales, políticos y morales. Así, el miedo y el dolor se convierten en elementos constitutivos de las atrocidades del Gran Poder. Y, vemos entonces entregada a la persona individual a las potencias del miedo, del odio y de la muerte. No olvidemos que generaciones de seres humanos crecimos en estrecha proximidad espacial y temporal, con las matanzas, el odio, la muerte selectiva, la violencia y los campos de muerte. Es la estructura y el significado de la proximidad lo que se debe considerar atentamente; si queremos conocer las fuentes de la historia reciente de lo que aconteció en muchos países.

Puedo asegurar que la guerra que se libró en Colombia, por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XX, destruyó generaciones de talentos morales e intelectuales. Y dejó a la vera del camino como escombros humanos muchas de las mejores personalidades del futuro del País. Sabemos que <<reservas decisivas de inteligencia, de elasticidad, de talento político quedaron aniquiladas>>. Es más, ¿Por qué los pilares de la educación, del espíritu religioso, la moral o la ética, resultaron frágiles frente a las potencias de la bestialidad política? ¿Por qué la estética y las reflexiones intelectuales, no estuvieron a la altura para responder a las matanzas y la barbarie política? Creo que todo lo que causa dolor o sufrimiento al ser humano, afecta nuestra sensibilidad, nuestros recursos imaginativos, el pensamiento y la creatividad. Y, por ende, los centros vitales de nuestra cultura y civilización. Simple y llanamente por eso y sólo por eso. Pero, el pensamiento crítico, la estética, los movimientos sociales, están dando testimonio de lo que aconteció en el siglo XX. Así pues, ya nos estamos dejando calentar por el espíritu para que mengue el dolor, la desdicha y el miedo, que aumenta la crueldad en la sociedad.

Aquellos que infligen miedo, dolor y sufrimiento al ser humano, son personas poseídas <<por el ansia de deleites gruesos, opulentos […] Siempre ocurre que es el puro miedo el que provoca los horrores. Así, quien emprende la huida incita ya con ella misma a la persecución; y el hombre que trama maldades se halla al acecho de su víctima -cuando advierte en ésta signos de angustia caerá la última barrera. De ahí que sea importante conservar la presencia de ánimo en los encuentros sospechosos; por ejemplo, cuando alguien nos dirige la palabra en el bosque. En nuestra condición de humanos disponemos de sellos de soberanía que son difíciles de romper si no los estropeamos nosotros mismos; aun los animales sienten el sortilegio de tales sellos. Lo único que se precisa es saber, como el romano Mario, que somos invulnerables>>.

Siempre en lugares de despellejar o, de sudarios <<flota en él también un vaho de lugar siniestro>>. En esos sitios todo se convierte en objeto de dolor y de miedo, y <<es totalmente imposible dejar de reconocer los rasgos de un poder espiritual soberano>>. Este <<espectáculo acontece en un mundo enteramente mecanizado>>, objetizado y numerificado. Un mundo donde el malestar de la cultura hace que opere un <<juego de compensaciones entre el ejercicio estúpido de la fuerza bruta y los sufrimientos estúpidos>> del dolor y el miedo. <<Nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos>>.

Las personas que ocasionan sufrimiento <<viven casi enteramente dentro de la esfera de la consciencia, y se ocupan de modo exagerado en pensar en la situación en la que se encuentran. Ofrecen síntomas de eso que se llama <<miedo al examen>>; y también están completamente en vela, y resulta extraño que tenga en ellas un desarrollo tan débil la voluntad de suerte y también la voluntad de recorrer caminos no transitados. En estos casos se tiene siempre la impresión de estar hablando con corredores de fondo o, y esto resulta más angustioso todavía, con corredoras de fondo. ¿Qué será lo que el Weltgeist, el Espíritu del Mundo, tendrá reservada hoy para sus soñadores y durmientes?>>

Quizá los instintos estén dando un giro de la parte oscura a la luz; ya se observa algo de eso en la esfera cultual. No podemos desconocer que en algunos ámbitos de la vida, se está dando una regeneración espiritual y moral. Acontece en los lugares <<de fontanal, de sobreabundancia de imágenes y de palabras, en cuyo cause van flotando las partículas sólidas>>. Casi siempre en esos lugares se vivifica el espíritu y la existencia. Cuando acontece se trasciende la Muralla del Tiempo y la vida de los seres humanos se entrelaza con el milagro de la Creación.

Casi siempre la degradación del hombre se relaciona a un simbolismo rastrero y degradante. El nazismo, el fascismo, el nacional-catolicismo y el autoritarismo de Latinoamérica en el siglo XX, utilizaban estos epítetos para referirse al enemigo o, al que consideraban la causa de los males. La degradación del otro, el dolor y el sufrimiento, no sólo tienen que ver con la parte física del que sufre, también con el lenguaje. El lenguaje que se habló en los campos de concentración remplazó al lenguaje comunicativo, y sus contenidos espirituales se ubicaron en su parte material. El lenguaje se degradó en nombre del dolor, del sufrimiento y la barbarie. Además, el lenguaje no estuvo a la altura para responder a las necesidades de la condición humana, es decir, del espíritu, la esperanza y la vida. 

Ni la historia de las formaciones sociales, ni los valores ético y moral, ni los contenidos intelectuales, estuvieron a altura para contener lo que <<ni siquiera Wells pudo profetizar la verdadera dimensión de lo que luego acaeció, el grado de disolución de las normas civilizadas y las esperanzas humanas>>. Además, los gulags y los campos de concentración comprobaron, que donde prima el Mal absoluto no se respira una atmósfera de esperanza y de vida, sino de muerte y de sudarios. Por tanto, cuando se sueltan los perros de la guerra, no tiene valor la labor pedagógica del humanismo, ni la religión, ni los valores éticos y morales de la sociedad.

Así pues, después de dos mil años de cultura y civilización, nos encontramos irremediablemente conviviendo en el siglo XXI, con un panorama dantesco. Como dice George Steiner, En el castillo de Barba Azul: <<Y actualmente, en diferentes partes de la tierra, vuelven a ser incineradas, torturadas y deportadas comunidades enteras. Difícilmente haya una metodología de la abyección y de la tortura que no esté siendo aplicada en alguna parte y en este momento a individuos y grupos de seres humanos>>.

Es en la historia de la literatura moderna, el arte y la filosofía, donde se describe con mayor precisión, la degradación de los centros vitales de la cultura occidental. Ese anhelo de disolución violenta que se respira bajo el plomizo cielo de las grandes ciudades europeas, fue formulado por Freud en El malestar de la cultura. <<El ensayo de Freud es él mismo una construcción poética –dice Steiner-, un intento de idear un mito de razón con el cual contener el terror de la historia. El concepto de un deseo de muerte, operante tanto en el individuo como en la consciencia colectiva, es, como el propio Freud lo hace notar con énfasis, un tropo filosófico que va más allá ciertamente de los datos psicológicos y sociológicos accesibles>>.

Las pinceladas grisáceas y de claroscuro que hace Freud de la cultura occidental, trazan <<las tensiones que la vida civilizada impone a fundamentales instintos humanos insatisfechos>>. Esa confluencia de tonalidades se constituye en una pintura valida. Pero también, el estudio de las pulsiones muestra la interrelación de las pulsiones agresivas y el espíritu de la civilización occidental. Y cómo en <<las interrelaciones humanas existe un inevitable impulso hacia la guerra, un inevitable impulso a la aserción suprema de la identidad a costa de la destrucción mutua>>.  

Así, el dolor, el temor y la violencia, son sólo síntomas exteriores del malestar esencial de nuestra cultura. <<Me parece irresponsable toda teoría de la cultura –dice Steiner-, todo análisis de nuestras actuales circunstancias que no tenga como eje la consideración de los modos de terror que acarrean la muerte por obra de la guerra, del hambre y las matanzas deliberadas>>. El ser humano que <<emplee tiempo y recursos imaginativos en el examen de estos lúgubres lugares>>, no quedará psicológica y moralmente intacto. En esos ámbitos lúgubres está el vaho del malestar de nuestra cultura. <<Si los pasamos por alto, no puede establecerse ninguna discusión seria de las potencialidades humanas>>. Se trata de mostrar la crueldad de la época actual, su ley y su lógica interna independiente de nuestros momentos racionales y de las necesidades humanas.

<<Al inclinarse uno con demasiada fijeza sobre la fealdad, se siente singularmente atraído por ella>>. Así, pues, el ser humano se da cuenta que la realidad trasciende la estructura de la racionalidad y los conceptos generales de nuestra cultura. ¿Es la fenomenología del odio y del anhelo por la disolución violenta un hecho constante en la historia de las formaciones sociales e intelectivas del ser humano? Por supuesto, quizás podamos leer sus rasgos en los actos extremos de una joven generación sin esperanza, una realidad excluyente y agresiva. Así pues, el extremismo religioso está engendrando en la consciencia individual o colectiva de ciertas personas, fantasías de purificación e inminente fracaso. <<El fanatismo se convierte –dice Thomas Mann- en un medio de salvación>>.

Además, la mayor parte de lo que sucede tiene sus orígenes en la larga tensión entre la negación de la realidad, las injusticias sociales y los mecanismos de opresión de las minorías. No podemos negar que este malestar general está en la esencia de nuestra cultura, ni dejar de luchar contra la resignación, porque es renunciar a la vida. Pero, ante todo, tener presente lo que alguien le preguntó Lutero, sí los hombres tenían derecho a la felicidad, el declaró: << ¿La felicidad? ¡No! ¡Sufrir, Sufrir; la Cruz, la Cruz!>>. Lo interesante de esta afirmación es que se convierte en el <<núcleo de ciertas formas de religión cristiana –dice Berlin-; una de las más arraigadas creencias; visiones de la realidad sobre la que ha construido sus vidas una gran cantidad de seres humanos, tremendamente profundos. Sin duda, esto no es trivial>>. Además, <<a fin de descubrir –dice Berlin- lo que esas palabras significan para Lutero, y para otros como él, lo que significan, es este sentido de “significan”, en nada nos ayudan a buscarla en el diccionario>>.

En la actualidad el examen de las palabras y el pensamiento ha de develar los propósitos de futuro del ser humano. Porque hacen visible lo invisible, aquello que las fuerzas del Gran Poder no quiere que veamos o sepamos: la injusticia, el hambre, las migraciones, el desempleo, el odio, la xenofobia, el racismo. En la actualidad este pensamiento se relaciona con la participación de la sociedad en la toma de decisiones y la libertad. <<Ya que en ocasiones las palabras mismas son actos y que, por tanto, el examen de las palabras es el examen del pensamiento y, ciertamente, de todas las perspectivas; de todas las formas de vida>>. El Gran Poder es consciente que el hombre dispone de anillos de soberanía y cual guerrero con una espada flamígera en la mano, defiende los lugares que lo hace invulnerable a los espejismos de la actualidad.

Así pues, lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; y hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje pierde una parte de su energía, el hombre se vuelve menos humano. La historia reciente y la ruptura de comunicación entre enemigos y generaciones de colombianos, muestra de manera inquietante lo que significa esa disminución de humanidad. Por eso, la primacía de la palabra sobre el horror, la barbarie, la violencia y la muerte; es una concepción particular de la identidad humana. De ahí que la paz, la convivencia y la tolerancia, en una sociedad civilizada, han de primar sobre el miedo, el dolor, las armas que atraviesan y cortan, y ante todo, sobre la muerte. Porque no podemos olvidar, que la realidad y la vida, es una forma y una función del lenguaje.



                                    

viernes, 29 de abril de 2016

LA ENCRUCIJADA DEL HOMBRE ACTUAL.






               Uno sólo no aprende de las derrotas, sino también de los dolores.




Antonio Rafael Mercado Flórez.



En el mundo global interconectado en Red podemos observar la estrecha conexión que hay entre el miedo, el dolor y el sufrimiento, con los peligros que nos amenazan. Por eso resulta difícil decir cuál mecanismo activa al otro para que se generen estás angustias particulares. De ahí que es necesario ir a las fuentes del miedo, del dolor y del sufrimiento, para conjurar sus acechanzas. Más cuando en la sociedad actual la soledad es nuestra compañera. Entonces lloramos y creemos que estamos solos, pero no, los dioses nos acompañan y muestran la luz al final del camino. Esto ha sido así desde los tiempos ancestrales de la humanidad. Así pues, tomamos conciencia que el Árbol del Mundo es manantial inagotable de la vida cósmica, ya que deposita lo sagrado en la vida de los seres humanos. Las culturas arcaicas de Asía septentrional se concatenan con las precolombinas, en que el Árbol simboliza el Cielo y la Sabiduría. Entonces el Árbol de la Vida, representa el universo humano en continua regeneración. Manantial inagotable de la vida de los seres humanos.

Sabemos que es peligroso ponerse en el lugar del que amenaza. <<Si tratamos de hacernos más peligrosos que aquellos a quienes tememos no contribuiríamos a la solución>>. Lo agravaríamos más incluso. En momentos de angustia y de miedo, las armas de la razón, la sensatez y el espíritu, son más fuertes que las de fuego y las bombas. Son más poderosas que aquellos que buscan en el fuego purificador, el más allá. Porque lo que busca quien impone miedo, dolor y terror, es la destrucción de los valores, las costumbres y los signos de unificación de la sociedad. <<El terror es semejante a un fuego que se dispone a devorar el mundo entero>>. De ahí que destruya todo lo que encuentra a su paso, porque necesita espacio para construir un mundo donde se impone el Caínismo, la ironía diabólica y la destrucción. Sabemos que los signos globales son como el azar, no tienen miramientos con nadie. Se trata de poner fin al terror y al dolor, por eso <<quien pone fin al terror y al miedo se legitima como llamado a ejercer el dominio. Y quien pone fin al terror es el mismo que antes ha vencido al miedo>>.

Sabemos que no es posible expulsar el miedo, el dolor y la desdicha de nuestras vidas. <<Tal cosa no llevaría tampoco allende el automatismo –dice Ernst Jünger- al contrario, lo introduciría en el interior del ser humano. Siempre que este delibere consigo mismo continuará teniendo al miedo como su gran interlocutor en el diálogo. En esa operación el miedo aspira al monólogo, a ser él el único en hablar; el miedo se reserva la última palabra tan sólo cuando representa ese papel>>. Pues bien, a medida que se disuelven los poderes colectivos, el hombre individual y su libertad, adquieren poder. Por eso ante la agresión de las potencias atávicas o del Estado; <<de lo único que el hombre sale garante ahora es de sí mismo>>. <<Y es ahora cuando se convierte en antagonista de Leviatán>>, de las fuerzas atávicas, lo irracional, los Sistemas y los mecanismos de poder, que lo dominan.

En la actualidad se trata es de la importancia de la persona individual. Nos estamos refiriendo al hombre común y corriente, al hombre de carne y hueso. Nos referimos al diminuto y frágil ser humano, <<a la persona libre, tal como fue creada por Dios. Ese hombre no representa una excepción, no es una minoría selecta. Antes al contrario, se halla oculto en el interior de todos y cada uno de nosotros; las diferencias que aquí aparecen son únicamente el resultado de la diferencia de grado en que el ser humano haya sido capaz de hacer realidad la libertad que le ha sido otorgada. Para eso es preciso prestarle ayuda  –y se le ha de prestar con el pensamiento, con el conocimiento, con la amistad, con el amor>>. En estos momentos de lazos disueltos y de valores en entredicho, la libertad, el pensamiento y el carácter, son las tres herramientas adecuadas para confrontar los poderes que se entrelazan criminalmente con la técnica, las armas y la muerte. Casi siempre habitan las regiones del mundo subterráneo, oscuras y frías, donde moran los demonios.

En el orden mundial irónico, diabólico que vivimos, el ser humano se está convirtiendo en número o, en objeto; esto expresa el gran malestar de la cultura actual. Porque detrás del concepto de cultura, de la técnica y el progreso, se esconde la destrucción y la catástrofe. Así que, todo lo que abarca el arte <<tiene una procedencia -dice Walter Benjamín- que no podrá considerarse sin horror. Deben su existencia no sólo al esfuerzo de los grandes genios que lo han creado, sino en mayor o menor grado a la prestación anónima de sus contemporáneos. Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea al mismo tiempo de la barbarie>>. Sabemos que el malestar de la cultura que hemos arrastrado detrás de sí, <<estaba recogido de una vez por todas en los graneros del presente>>. Si el futuro abre un resquicio de esperanza, sólo podrá devenir del hombre individual, del hombre de carne y hueso, Tú y Yo, con sus dolores y sufrimientos a cuesta. Porque los poderes actuales no sólo reclaman nuestras vidas, sino también la esperanza, el espíritu y la imaginación. De lo que tiene necesidad el hombre es de liberarse.

En el orden mundial es necesario <<dar al ritmo de la historia –dice Jünger-, la interpretación siguiente: el ser humano se redescubre a sí mismo periódicamente>>. Siempre en la historia de la humanidad los poderes establecidos han tratado de <<colocarle sus máscaras propias, poderes que unas veces son totémicos, y otras mágicos, y otras técnicos. Entonces aumenta la rigidez; y al aumentar la rigidez, crece también el miedo>>. Y como colofón <<las artes se petrifiquen y el dogma se absolutiza>>. Los que beben del tiempo abstracto creen que se debe al reinado de los Titanes y del titanismo, del técnico y del colectivo técnico. Y los que se sitúan en el tiempo cósmico, piensan que cada cierto tiempo retornan los dioses y los elementos con sus frutos y destrucciones. Los que así piensan, se ubican detrás del Muro del Tiempo, donde mora el misterio, lo mágico y absurdo de la existencia. Sabemos que los dioses y las musas, retornan cada cierto tiempo, ya que traen y restituyen cosas. Hoy en día se trata de rebelarse contra lo establecido y posibilitar que el hombre ocupe el lugar que le corresponde. Lo importante en la actualidad es <la rebelión de la indulgencia>. Esa que posibilita ver que <<las horas dispensan obsequios. También son distintas pues hay horas cotidianas y horas festivas. Hay ortos y hay ocasos, hay mareas altas y mareas bajas, constelaciones y culminaciones>>.  

Se trata de la vida y su organización, que no esté determinada por el tiempo abstracto, frío, de la estructura, el Estado y los hombres poderosos que ejercen el poder. Que el tiempo valido para la vida, no es sólo, el tiempo cuantitativo, sino que existen otros estratos de tiempo, desde donde podemos mirar la existencia del ser humano. Una especie de tiempo que posibilita la alegría de vivir, y no sólo, la temporalidad que genera dolor, sufrimiento y miedo, al ser humano. Se trata de destruir esa forma de temporalidad que simboliza la vida como un castillo al que el ser humano nunca puede acceder. Según Imre Kertész sólo el castillo podría simbolizar un mundo trascendental. Un mundo dice Kafka donde <<la mentira se convierte en principio universal>>. Ahora porqué K. quiere entrar al castillo: <<por el paradigma, para romper el orden mundial>>. Como dice Kertész: << El castillo no es más que la imagen universal de la servidumbre del consenso […] no deja de ser la imagen universal de la servidumbre del consenso>>. Pues bien, ahora se trata de romper esa simbología y dar a los hombres otras posibilidades de vida.

Ahora sabemos que el tiempo de los Titanes y del titanismo, del técnico y del colectivo técnico, es <<el tiempo que avanza, que progresa –dice Jünger-, no se mide por siclos y rondas, sino por escalas graduadas; es el tiempo uniforme. A cambio, el tiempo mismo adquiere más peso>>. En el mundo actual estamos situados sobre el lomo del tiempo lineal, uniforme, de las manecillas del reloj. En la época actual el tiempo que predomina, es el que camina, que fluye, se escurre y se desliza. Por eso, los poderes actuales se preocupan por el tiempo, como lo hacen por el hombre de carne y hueso, la individualidad y la libertad. Somos parte de una época que responde a las apetencias del capital, de los Sistemas, del dinero bancario, las tecnologías del poder. Así pues, los que se sitúan en el umbral del tiempo abstracto, no son capaz de ver el tiempo que retorna. El de los astros y las estaciones, los dioses y las musas. La idea del eterno retorno –expresa Mircea Eliade- la encontramos en las hierofanías donde manifiestan <<un “eterno volver a empezar”, un eterno retorno a un instante intemporal, un deseo de abolir la historia, de borrar lo pasado, de recrear el mundo>>.

 En la época actual, en cambio, <<nuestros ojos han experimentado una modificación>>. El hombre es incapaz de ver, por ejemplo, como poderes que creíamos conjurados por la razón, el conocimiento y la técnica, se levantan de sus tumbas. Son fuerzas atávicas que destruyen lo que encuentran a su paso. Aunque el tiempo tome la máscara del horror, del dolor y la muerte, desde las épocas remotas viene repitiéndose el mismo espectáculo: <<El hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad>>.  Es posible que la servidumbre y la creatividad no sean compatibles en plano ético, tampoco en el de la libertad; porque <<la creatividad es manifestación de lo ético, es decir, en el plano de determinadas formas del arte y el pensamiento>>.

Se trata de darnos cuenta que la vida vivida en la servidumbre y la quietud, es una vida muda. Porque el lenguaje se refiere a la experiencia; la designa y le otorga valor. Esto es: el lenguaje le otorga sentido a la vida. <<El ser humano –dice Kertész- habla preferentemente sobre sus problemas. El pensamiento es el lamento de los hombres: pensar sobre la vida equivale a cuestionarla; ahora bien, sólo cuestiona su propio elemento vital aquel que se ahoga o se mueve en su interior de manera contraria a la naturaleza>>. Se trata de no resignarse, como dijo Platón: una vida que no se cuestiona, no merece la pena vivirla.


                                                          













jueves, 7 de abril de 2016

A PROPÓSITO DE UNA ENTREVISTA A ALBERT CAMUS.



      

    A todos aquellos que quedaron tirados a la vera del camino sin saber por qué.



Antonio Rafael Mercado Flórez.



En un mundo donde la vida no tiene valor, y lo que un ser humano hace se pierde en la fugacidad de la existencia. Estamos circundados, atravesados y trascendidos por la mentira y el odio. Como dijo Albert Camus: <<Nos ahogamos bajo la mentira, estamos arrinconados sobre la pared […] La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifera la mentira la tiranía se anuncia o se perpetua>>. En la actualidad la mentira se pone la máscara de la verdad, <<está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia […] todo es posible para quien acepta empresa y riesgo>>. Uno de los presupuestos de la libertad es luchar contra la mentira y el odio. <<De todos los días son la injusticia y la verdadera rebelión>>; de ahí que <<el odio es en sí mismo una mentira>>. Una mentira que instaura el Gran Poder, el capital o los políticos, para que se apropie del hombre el miedo, el dolor y el sufrimiento.

<<Se calla instintivamente sobre una parte del hombre>>: con relación al hambre, el desempleo, la xenofobia, el racismo, los desplazados, la violencia. Estas son las figuras que toma la mentira y el odio en la actualidad, la lengua silenciosa de la muerte. El odio niega la compasión, el amor, la tolerancia, la convivencia, la ternura, la piedad, y ante todo <<miente sobre el orden de las cosas>>. El odio enceguece la consciencia y el espíritu; por eso se contrapone con la fuerza al pensamiento y al lenguaje. Las palabras no son sólo palabras; meras fichas en un juego filológico. Recordemos que las palabras expresan ideas. El lenguaje se refiere a la experiencia; la expresa y la transforma. El que odia, miente y mata, sabe de la importancia del lenguaje en la sociedad.

Como dijo Ernst Jünger: <<La palabra es, a la vez, como una reina y una bruja. Con el cetro de la palabra en la mano se puede construir un reino mucho más hermoso que todos los imperios conquistados a punta de espada […] pues el hombre siente la necesidad de imitar con su débil espíritu el milagro de la creación, de la misma manera que el pájaro siente la necesidad de construir su nido […] el orden y la ley incluso están presentes en lo que nosotros llamamos desorden y azar. Cuanto más ascendemos, más nos acercamos al misterio que el polvo oculta>>.

El odio presenta un orden de las cosas basado en la mentira y la falsedad. Se distorsiona el sentido real del mundo, en nombre de la cultura del artificio. Que responde al Gran Poder y a las personas que presentan al odio como algo natural. Ocultan que el miedo, el dolor y el odio, son instrumentos de control y dominio. Existen épocas de inquietud donde el hombre no tiene otra salida que resistir más que con la fuerza del espíritu. En la vida existen armas más fuertes que aquellas que cortan y atraviesan. Y, ellas están en el interior de todos y cada uno de nosotros. Es necesario desgarrar la máscara del odio para que el orden natural de las cosas revele la magia del mundo y de la realidad. Si el <<odio es en sí mismo una mentira. El hombre que odia se detesta en cierto modo a sí mismo. No hay pues un lazo lógico entre la mentira y el odio, pero existe una filiación casi biológica entre el odio y la mentira>>.

En el mundo el odio se pone la máscara de la mentira. Se constituye en una de sus armas, quizás la más pérfida y la más peligrosa. <<El odio no puede tomar otra máscara, no puede privarse de esta arma. No se puede odiar sin mentir. E inversamente, no se puede decir la verdad sin sustituir el odio por la compasión>>. Si la gran prensa, la radio, la televisión, Internet, <<en grados diferentes son portavoces del odio y de la ceguera>>. Es más, <<cuanto mejor odian, más mienten>>. Ellos se han convertido en el instrumento adecuado para sembrar el fruto del odio y la mentira en el corazón de los hombres. No sólo porque son porta voz del Gran Poder, sino de la cultura de lo efímero donde la vida se trivializa para que reine la brutalidad. Ellos no generan pensamiento crítico, ni movimientos sociales contra el orden natural de las cosas, el odio y la mentira. Sino apaciguamiento de nuestros sentimientos, parálisis del pensamiento, la imaginación y el lenguaje.

Ahora bien, ¿cuáles son los rostros del odio en la actualidad? La violencia, la guerra, el odio frío con el maridaje de la objetizacion y la numerificación del ser humano. Las matanzas de inocentes y los ajustes de cuenta, la xenofobia y el racismo. La amenaza y el miedo que se ejerce contra la sociedad civil. Los millones de personas –hombres, mujeres y niños-, que son privados de hogar, deportados o asesinados. He ahí en lo que se ha convertido el mundo, en una tierra donde prevalece la injusticia, la tiranía y la falta de libertad.

Es más, la embriaguez de lo irracional posibilita que las desgracias sean inevitables. No podemos olvidar que el sufrimiento es parte de la vida; pero la existencia no puede negar el mundo para agarrarse a una felicidad venidera. La felicidad no es un concepto metafísico, ni un presupuesto religioso, es el placer de vivir cada día. El odio en la actualidad se pone la máscara de lo llamativo, pero lo que importa es el rostro de lo significativo. La persona que odia sabe que ningún sentimiento es más rico en variantes que el miedo. Buscan que el miedo a la vida se le una el miedo a la muerte, como al tono fundamental sus innumerables armónicos. Uno de los rostros del odio en la actualidad, es crear miedo e incertidumbre en la sociedad. Porque en la silenciosa inmersión que hace el hombre en sí mismo, el miedo se manifiesta en toda su crudeza y paraliza al ser humano. Se trata que el odio utilice el miedo y el sufrimiento como instrumentos de control y dominio. Por eso la maldad y el odio prosperan cuando los hombres de bien se quedan cruzados de brazos.

El privilegio de la mentira consiste en que <<ninguna virtud puede aliarse con ella sin perecer. Siempre vence al que pretende servirse de ella. Por ello los servidores de Dios y amantes del hombre traicionan a Dios y al hombre desde el momento que consienten la mentira por razones que creen superiores. Ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la mentira. La mentira, a veces, hace vivir, pero nunca eleva>>. La justicia no consiste en perseguir y encarcelar al hombre solo y desprotegido; tampoco en <<abrir unas prisiones para cerrar otras>>.  La libertad entonces es el paso previo a un sentimiento íntimo de derecho y justicia. La libertad no consiste en la proliferación de medios de información o, del manejo de Internet, sino en la lucha contra la mentira, la pobreza, el odio, el miedo, la violencia y el Gran poder.

<<La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifera la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetua>>. La tiranía y la demagogia se ponen la máscara de la democracia y la libertad, para legitimar el odio y la mentira. La libertad no se reduce sólo a la libertad de opinión, pensar o escribir. Sino que es como una espada flamígera en manos de las personas que desenmascaran el Gran Poder, el odio y la tiranía. Ahora bien, ¿dónde están los hombres justos, los misericordiosos, los bondadosos, las personas que creen en la justicia y la ética del ser humano? La mayor parte en las prisiones, las casas de acogida a los pobres, en los barrios periféricos de las grandes ciudades, en los pueblos olvidados por los que ejercen el poder, en los conventos, en los seminarios, en las fábricas o en las oficinas para llevar un mendrugo de pan a su hogar. <<Pero también están allí los hombres libres. Los verdaderos esclavos están en otra parte, dictando sus órdenes al mundo>>. El hombre libre sabe reconocer la fuente más honda del dolor, el miedo y el sufrimiento del ser humano. La libertad es la impronta que el hombre libre da al destino.

La libertad –dice Jünger- es, la que posibilita que seamos <<nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro estado interior el que atrae y selecciona cosas: El mundo es como lo hemos creado nosotros. Cada uno de nosotros es capaz de trasformar el mundo –ese es el enorme significado que le ha sido conferido al ser humano. Y de ahí que sea también tan importante el que trabajemos en nosotros>>. De ahí que <<hoy el mero sobrevivir representa ya un mérito>>. Existen en el mundo cierta clase de personas que no rehacen a los hombres. Pero tampoco los rebajan. <<Por el contrario, los levantan un poco a fuerza de obstinación, de lucha contra la injusticia, en nosotros mismos y en los demás>>. Pero también hay hombres que protegen a la humanidad a fuerza de luchar contra la resignación.

En nuestro tiempo donde el reino de las sombras abarca casi todo el espectro humano. Es necesario mirar hacia las estrellas y el lugar donde moran los dioses, pero ante todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Porque el tiempo de las musas y los dioses está cerca. El odio y la maldad que moran en lo profundo de la condición humana, sustituyen la diversidad y la personalidad. Sustituye lo que nuestros antepasados llamaban costumbre, usos, tradiciones y, en último término cultura. El odio se concatena al sufrimiento y, se constituye en enemigo de las cosas rítmicas, el arte, la música, la diversidad de la vida y de la realidad. El odio no aporta nada a la calidad del arte, ni a la riqueza de la existencia y la realidad; salvo dolor, sufrimiento y muerte. El arte, en cambio, abre puertas y ventanas para mirar que hay detrás del mundo que vivimos. Así pues, el odio y la mentira son la máscara de los enemigos de la época actual, por eso producen desdicha, soledad, dolor y sufrimiento en el ser humano. El amor, la ternura, el arte, la música, en cambio, se abre a las personas como si despertaran de un sueño invernal, posibilitando que se acerquen más a sí mismas. De ahí que las personas que generan odio, dolor y muerte, son enemigas de las que beben del pozo de los pensadores, de la verdad y del amor.

Así, podemos darnos cuenta que existe una relación entre el odio, la maldad, el aburrimiento y el despilfarro de la existencia. Lo que desean los poderes actuales es separarnos de lo que despierta la imaginación y la creatividad estética, las ideas y la filosofía. En nuestra época se trata de aunar el mundo y el espíritu; porque todo lo que existe es creación del espíritu. Es más, la religión, el arte, la música, la lengua y la poesía, son contenidos espirituales. Nos ayudan con sabiduría a confrontar la desesperanza, los desaciertos humanos y la resignación. En nuestro tiempo cabe observar que ya disponemos de una relación nueva con el dolor, el odio y la maldad. Pero también con el espíritu que vivifica la vida. Se trata que la libertad desvele que el mundo que vivimos es un mundo cruel y siniestro, donde el odio y la muerte acampan a sus anchas. De ahí que ningún ser humano pueda sustraerse a sus espejismos y padecimientos. El destino nos impone los poderes establecidos, tanto si queremos o no, se trata de sopórtalo y eludir sus fintas, para que reine la vida sobre la muerte.  

Nota: La entrevista a Albert Camus fue hecha por Le Progrès de Lyon en diciembre de 1951.



viernes, 25 de diciembre de 2015

LILITH LA PRIMERA MUJER DE ADÁN.






Antonio Rafael Mercado Flórez.


En la historia de las religiones y los mitos existe una recurrencia a pensar o imaginar, que hubo en los tiempos inmemoriales rebeldías de algunos dioses a la estructura y el funcionamiento de la jerarquía divina. Eso se ha trasmitido en la tradición y los usos de los pueblos.  De ahí que, lo mundano sea un trasunto de lo divino. En la cultura Judaica algunas interpretaciones rabínicas aseguran que durante la Creación aparece insinuada una tercera presencia humana. Esa presencia en el Génesis se denomina Lilith, un nombre que hunde sus raíces en la tradición mesopotámica. El Judaísmo no la ha deificado, pero simboliza el concepto del Mal ligado al erotismo femenino.

Como expresa el Génesis: «Y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada». Así pues, no en vano, una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó», significa que hubo otra mujer antes de Eva.  Esa mujer abandona el Paraíso. Ahora bien, según la tradición judía, Lilith se convierte en la mujer que precede a Eva. Entonces según el mito Judaico  una vez lejos de Adán, se convirtió en un Demonio que rapta a los niños de sus cunas por la noche y, simboliza la encarnación de la belleza maligna y la madre del adulterio. Por tanto, aquí podemos darnos cuenta el Mundo Inferior es un trasunto del Mundo Superior.

Más allá de la tradición hebrea, el origen del mito de Lilith parece contar con raíces sumerias y acadias. Había en Mesopotamia según el arqueólogo británico Reginald Campbell Thompsonun grupo de demonios femeninos derivado de la criatura Lilitú (Lilu, Lilitú y Ardat Lili), con unas características que responden a la figura mitológica del relato del Génesis. Que era mitad humanas y mitad divinas, y usaban la seducción  y el erotismo como armas. De esa forma, la noche era su hábitat natural. Todos estos súcubos, en cualquier caso, tenían las cualidades de lo que luego se ha representado como los vampiros, aunque cubiertos de pelo. Que en el origen de las palabras  significa «viento» o «espíritu». Esta tradición mesopotámica pasa más tarde a la judaica a través de los semíticos residentes en Babilonia. Los judíos adaptaron así al hebreo el nombre de esta criatura maligna hasta vinculo a la palabra «laila» (que se traduce como noche).

Así pues, según la tradición oral Judaica, Lilitú perdió varias cualidades en su versión hebrea.  Como su carácter divino, pero adquirió una personalidad más compleja. Su presencia es frecuente en el folclore y los textos del Judaísmo, entre ellos el Génesis. Así, frente a las dudas que ha generado el fragmento del Génesis que dice: «y creó Dios al hombre (Adán) a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó». Así, han surgido interpretaciones de diferentes rabinos a lo largo de la historia que plantean que bien,  Adán fue creado inicialmente como un Andrógino –que poseía un cuerpo femenino y uno masculino unidos por la espalda–. Como diceen su obra el mitólogo inglés Robert Graves: hubo otra mujer antes que Eva, la rebelde y lujuriosa Lilith, que finalmente abandonó el Paraíso. Y ella dice: “Yo también fui hecha con polvo».

Así pues, el Yalqut Reubeni –una colección del siglo XVII de midrashim (interpretaciones de textos antiguos) por el rabino Rubén Hoschke Kohen–, «Dios formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán. Aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad». Estos demonios hembras se dedicaban a atacar a las madres durante los partos con el fin de robar al recién nacido para luego matarlo, como retrata un sello cilíndrico expuesto en el Museo de Oxford.

En este sentido, existe otra interpretación que presenta a Lilith como una criatura igual a Adán, hecha de polvo puro, que se rebela contra los designios divinos y muestra un marcado carácter. En el Alfabeto de Ben Sira (escrito entre el siglo VIII y el XI), se narra cómo Lilith se resistió a yacer por debajo de Adán: «¿Por qué he de yacer debajo de ti? Yo también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual», afirmó Lilith. Por eso, al ser forzada por Adán a obedecerle, pronunció el nombre de Dios en vano y decidió abandonar el Edén con dirección al Mar Rojo.

Esta versión de Lilith se ha emplazado como una representación de las mujeres cananeas y su visión de las relaciones sexuales en un periodo, hacia el 586 a.C, en el que se fusionaron parcialmente los panteones de los canaanitas con los hebreos. De esta manera, la demonización de Lilith es una crítica a las prácticas de las mujeres cananeas dadas a mantener relaciones sexuales pre-matrimoniales  y una sexualidad más abierta que la mostrada por las hebreas. Lilith es el demonio rebelde, el mal ejemplo que precedió a Eva, más obediente a lo que Adán esperaba de su mujer. No en vano, algunas de las cualidades de esta versión de Lilith parecen haberse inspirado en el principal culto femenino de los canaanitas –el pueblo que según el Antiguo Testamento conquistaron los judíos tras el éxodo por el desierto–, Asheráh, diosa de los partos y la fertilidad.

Tras abandonar el Paraíso, Lilith se asentó en la costa del Mar Rojo. Esta región se caracterizaba según esta tradición mitológica, por la presencia de innumerables demonios, con los cuales engendró nuevas criaturas, «a razón de más de cien por día». Ante este hecho, Dios envió a un grupo de ángeles para exigirla que volviera con Adán: «Regresa con Adán de inmediato o te ahogaremos». Ella respondió que ya no podía regresar porque «Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los recién nacidos, de los niños hasta el octavo día de vida (el de la circuncisión) y de las niñas hasta el vigésimo día». Finalmente, Dios permitió vivir a Lilith, pero la castigó haciendo que cientos de sus hijos demoniacos perecieran cada día. Desde entonces, la hermosa criatura se propuso matar a todos los hijos de Adán y a todas las madres durante el nacimiento y los días siguientes al parto.

La leyenda Lilith es posiblemente el origen del popular mito griego de la reina Lamia, que, tras matar a sus propios hijos por culpa de un engaño de Hera, sintió envidia de las otras madres y se dedicó a devorar a sus hijos. Transformada en una bestia, tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Este relato dio lugar a que, en la Antigüedad, las madres griegas y romanas acostumbraran a amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. La creencia grecorromana a su vez se transmitió a leyendas medievales, repartidas por toda la geografía europea, donde estos seres son representados con rostro de mujer y el cuerpo de dragón. También se alimentaban de niños.


Así entonces la presencia del nombre de Lilith en la Biblia se limita a una única mención. Aparece en Isaías 34:14: «Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilith y en él encontrará descanso», lo cual fue traducido en la Vulgata como Lamiasu versión medieval. No obstante, resulta imposible saber con certeza si para el autor del texto era un nombre propio –la célebre criatura del folklore judío– o simplemente se trata de una bestia salvaje o de una rapaz nocturna.

lunes, 7 de diciembre de 2015

EL HOMBRE SABIO.

                                             


                                                           

Antonio Rafael Mercado Flórez.



Somos parte de una época donde la información utilitaria está reemplazando a los procesos mentales que desembocan en el pensamiento y la Sabiduría. Las <<relaciones artificiales>> se sitúan en el palpito de la cultura actual. La lengua y el pensamiento se deterioran para darle paso a la brutalidad y a la mecanización de la existencia. Así, podemos darnos cuenta que existe un deterioro intelectivo de la humanidad, que se relaciona con la degradación de la intelectualidad. Como dice Javier Marías: <<La gente tiende a ser más simple, más torpe, ya que existe una complacencia en la ignorancia>>. Esto se concatena con el auge del <<fanatismo, de la superstición, de la eliminación de los matices y sobre todo de la complejidad>>. Por eso en todos los ámbitos de la existencia está creciendo <<la vehemencia, la intolerancia, la irracionalidad más extrema>>. Nos despojamos de las herramientas intelectivas e intelectuales, para darle prioridad a la información, a la imagen <<pictórica>> en movimiento, a la técnica y a la velocidad. Somos pobres en experiencias comunicables, en los contenidos espirituales del lenguaje, en los movimientos del pensamiento y la apreciación estética de la realidad. Entonces los fundamentos de la existencia se deterioran en nombre del dinero, del consumo, del confort, de la banalidad, la trivialidad, el poder, la técnica y los lenguajes digitales.

En el mundo actual ninguna sociedad quiere que seas Sabio. Porque la Sabiduría va en contra de los fundamentos y los intereses del poder. Si una persona es Sabia no puede ser manipulada, explotada, forzada a vivir mecánicamente, como robot. El ser humano que porta en sí la cualidad de la Sabiduría, busca su individualidad. Se hace preguntas sobre el mundo que lo rodea, la sociedad de la que hace parte y el lugar que ocupa en ella. El Sabio se da cuenta que la objetizacion y la numerificación del ser humano responde a las tácticas y estrategias de los que ejercen el poder. Pero también cómo la Sabiduría se concatena a la libertad; a la búsqueda incansable de la libertad. Y quién es libre llevará consigo la fragancia de la rebeldía y la desobediencia, a toda forma de fascismo, de autoritarismo, de dogmatismo, de xenofobia, y creará un armazón filosófico e histórico, para confrontar a aquellos que niegan la vida y el derecho a pensar.

Los hombres libres saben que han de romper con lo funcional, con el Sistema, con el proceso económico y las relaciones de producción, que niegan el derecho a vivir y a ser persona. Ellos saben que lo rompen con su bondad, o con su amor, o con su libertad, o con su fraternidad, o con su coraje para asumir una responsabilidad por encima de las funciones y la objetización. Porque lo que desean los poderes actuales es adormecer la capacidad de asombro, la imaginación y la sensibilidad del ser humano. Vivimos gracias a ese elevarnos por encima de nuestras miserias, nuestras limitaciones, nuestras desgracias, nuestras virtudes. La libertad es el tema de la historia en cuanto tal, como dijo Ernst Jünger: <<La libertad es la impronta que el hombre libre da al destino>>. La libertad es lo que deslinda al ser humano frente a los reinos de los demonios y de la oscuridad de la sinrazón. <<Por supuesto, la libertad viene dada a la vez que lo necesario, y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. Vistas las cosas así históricamente, todo cambio acaecido en lo necesario comporta también una modificación de la libertad>>.

En la actualidad resulta sumamente difícil sostener la libertad. <<La oposición exige grandes sacrificios; eso explica el ingente número de seres humanos que prefieren la coacción>>. Porque es más fácil para los hombres y mujeres, delegar el manejo de la libertad, a la Iglesia, al Partido Político, al Sindicato, la Religión, la Ideología, el Estado, las Instituciones Sociales, que asumir responsablemente el manejo de ésta. Así que, los hombres Sabios amarán la libertad aun  arriesgando su propia vida. La libertad viene con Sabiduría; ninguna sociedad quiere que seas libre. Porque desde el instante que empiezas a utilizar tú inteligencia y tú libertad, te vuelves peligroso para el Sistema y la sociedad. Sí utilizas responsablemente tú libertad, eres peligroso para los eruditos, los tecnócratas, los políticos, los burócratas, los banqueros, las multinacionales y las finanzas internacionales. Así, los que ejercen el poder dicen que eres un loco, un desadaptado social, un demagogo, un inútil, una escoria, y en su nombre te dilapidan.

De hecho un hombre Sabio es un poeta, un soñador, un filósofo, un teólogo, preñado de sensatez un fuego viviente en el corazón frío de las sociedades. Es la llama de la vela que permite que veamos en medio de la oscuridad del día. Él no puede vender su vida al mejor postor, como lo hacen los ejércitos de delincuentes y asesinos. Él no puede ser un sirviente de los poderes actuales, porque atenta contra los valores éticos que lo constituyen. Él prefiere morir antes de convertirse en esclavo. Él sabe dónde encontrar los veneros espirituales que dan vida, vida en abundancia. Él es consciente de las épocas de tránsito, y ante todo, de tránsito a la conciencia y a la luz del Espíritu. Él porta en sí la belleza y el amor, como dijo Simone Weil: <<Porque en un ser humano es equivalente al orden del mundo>>.

El Sabio sabe mirar detrás del forro de los fenómenos, mirar cara a cara el horror y la barbarie del mundo actual. Él toma sus criterios no de lo pasajero del tiempo, de las máscaras con que cubren las cosas y las acciones humanas. Sino de su <<esencia inmóvil y sobre temporal>>, del <<Mundo Superior>>, el cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia. El Sabio sabe cómo hacer frente al automatismo, a la velocidad del que maneja el tiempo y la vida de los hombres. Sabe cómo hacer frente a la violencia y a las desgracias humanas. Porque ellas casi siempre responden a la crueldad de los poderosos. El Sabio porta en sí <<la antigua libertad vestida con el traje propio de la época: es la liberad sustancial, la libertad elemental, la que se despierta en los pueblos cuando el país es oprimido por la tiranía de los partidos>>, de los banqueros y las multinacionales. <<No es una libertad que se limita simplemente a protestar o a emigrar; es una libertad que está dispuesta a luchar>>.

Sabemos que en esta alta civilización técnica y de masas, la vida espiritual cobra mayor fuerza. Si la miramos con el vestido técnico, del movimiento y las transformaciones históricas, <<dispone de formas que son más eficaces que la propia disciplina militar, más eficaces que el entrenamiento en los deportes o que el ritmo del mundo del trabajo>>. El Sabio sabe que ese <<grupo de hombres donde se concentra y se gasta la energía>>, su propósito es poner trabas al flujo metafísico, trascendente y espiritual del ser humano. Ese <<grupo de hombres>> tratarán de convencer a la sociedad que está ante un peligro inminente y por tanto son necesarios los ejércitos, la policía y los grupos de seguridad del Estado. De convencer al hombre común y corriente, Tú y Yo, que necesitamos ser vigilados y disciplinados. Y, en cuanto esto acontezca, los hombres y mujeres son empujados a su oscura soledad. Por eso tratan de romper todo lazo de amistad, de fraternidad, de solidaridad, que despierte en los seres humanos el sentido de Humanidad.


Ser Sabio es darse cuenta que la soledad es <<uno de los signos de nuestro tiempo>>. Por eso nos cercan, nos circundan con la urdimbre de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, que reflejan un mundo atroz donde no merece la pena vivir. Estamos cercados por el miedo, el dolor y el sufrimiento, que desgarran nuestras entrañas como hace el águila con Prometeo, por haberle regalado a los hombres el misterio del fuego, del conocimiento y del saber. Como dice Ernst Jünger: <<El miedo toma formas reales – en las cárceles, en la esclavitud, en la batalla de cerco>>, Y ahora, en las calles de las grandes ciudades, los barrios periféricos, las religiones radicales, los ejércitos y la policía. 

En un mundo como el nuestro lleno de maldad, de demonismo y de sinrazón, es necesario que el hombre Sabio, el que contiene tesoros que los poderes actuales han sido incapaces de agotar. Su tarea es como la del Teólogo, hacer vislumbrar al hombre, <<cuáles son las cosas de que está despojado, aun en la mejor de sus situaciones, y cuáles son las fuerzas poderosas que en él se hallan latentes>>. Cuan necesarios son los Sabios y los teólogos en la actualidad. Porque nos quieren despojar de la capacidad de soñar, de imaginar y allende del Tiempo, donde se esconde <<la ciencia de la abundancia, el enigma de las fuentes eternas, las cuales son inagotables y están siempre cerca>>.