viernes, 7 de agosto de 2015

EL JUDAÍSMO DE HERMANN COHEN: EL FORASTERO Y EL PRÓJIMO EN LA RELIGIÓN DE LA RAZÓN.


<<A todos los seres humanos que por el sólo hecho de ser diferentes, sufren persecución política, racial, moral, religiosa o cultural>>.
                                         
                                               
                                               A modo de prefacio
                                                               I

  

Antonio Rafael Mercado Flórez

   
   Hermann Cohen es un filósofo alemán, de origen judío. Fundador de la Escuela Neo-kantiana de Marburgo. Al lado de Heinrich Rickert y con frecuencia a través de Ernst Cassirer, encarnan el momento neo-kantiano de un procedimiento crítico extendido a los dominios del hombre y la sociedad. Así, establecen la posibilidad de una re-apropiación del legado de Kant, a partir de la primera de las preguntas de su sistema: << ¿qué puedo saber?>>. Pero es en su obra, La religión de la razón desde las fuentes del judaísmo, donde establece la unidad de su sistema con el kantiano: <<qué debo hacer>> y <<qué me está permitido esperar>>.1 Lo que le interesa a Cohen, <<es asegurar el paso del hombre universal abstracto a la persona reconocida a través de su sufrimiento, es decir, la religión completa a la ética>>.2 
   
  <<Heredero de la ilustración judía inaugurada por Mendelsshon, Hermann Cohen recordaba a los estudiantes que partían para combatir en el invierno de 1914 el ideal profético de una humanidad orientada a la paz eterna. Símbolo del judaísmo liberal, oponía a los ideales nacientes del sionismo la idea de Israel presente entre las naciones y que testimonia para ellas el porvenir mesiánico del hombre>>.3 Este simbolismo fue criticado por Gershom Scholem, que consideraba su obra, una <<metafísica de la asimilación>>. El entrecruzamiento jadeo-alemán configura para Scholem una <<inquietante y trágica ilusión>>. Confirma que el ideal de Cohen, volará por los aires como una costra seca, cuando el nacionalsocialismo de Hitler, instaura políticas de persecución, exterminio, barbarie y muerte, a todo lo que tenga rostro judío.
   
   Además, ¿Quién hubiera profetizado la catástrofe venidera, el destino que les estaba reservado a los judíos de Alemania y de otros lugares?4 Además, Cohen creía que <<el espíritu del judaísmo y las formas alemanas de la razón dan cumplimiento a la herencia de los griegos>>. Para Cohen la pluralidad de correlaciones del hombre con su semejante, sirven como conductos para la correlación de Dios y el hombre. Sitúa el sufrimiento del hombre concreto de carne y hueso, en el centro de la reflexión ético-religiosa. Sí la ética formal kantiana no responde en su totalidad, a las apetencias y requerimientos humanos, la religión sale al encuentro de la ética. <<Desde un punto de vista de la filosofía de la historia -dice-, en la medida que tiene su base en la Ética, Dios es el redentor de la humanidad>>.
   
   Recordemos que la obra de Cohen contiene una idea fundamental: << la idea monoteísta del prójimo: con-sanguíneo, vecino, compatriota, pobre, huérfano, forastero, inmigrante, extranjero, enemigo, singularidad, pluralidad, universalidad, humanidad>>.5 Esto encarna el ideal mesiánico de historia universal, porque contiene una dimensión lógica, ética, estética y religiosa. Como dice Andrés Ascona en el prólogo de El Prójimo: <<Idear es poner un fundamento, proponer una tarea, crear una forma, ejercer una función. La idea media conocimiento, tiene eficiencia, construye comunidad, constituye al ser humano en cuanto ser humano. El ser humano se constituye al generar ideas, al compartirlas, al realizarlas. Al producir cultura, al enriquecerla, al purificarla y heredarla>>.6
   
   Bien por la educación, la globalización de las culturas y las civilizaciones, los valores compartidos, la internacionalización de los conflictos humanos, los pueblos y naciones del mundo, han cobrado consciencia de si mismos en cuanto a humanidad. En cuanto a los ojos del Dios Uno, el Señor, no existe racismo, xenofobia, discriminación, distinción y jerarquía, por la raza, la lengua, las técnicas, sino que el hombre, es todos los hombres y, estos la humanidad misma. En este tiempo donde prima la hibrys del progreso, predominan sobre el espíritu y los valores humanos, el dinero y el materialismo. Además, nos duele en lo hondo de nuestro corazón que se persiga, se torture, se secuestre, a un ser humano. Que millones de seres humanos pasen hambre, y se inflija sobre ellos la trata de seres humanos, que un niño no tenga comida, salud, educación, y la familias no tengan donde vivir, y se violen los derechos y las libertades del ser humano. Somos parte de un mundo, de un proceso histórico-político, donde se está dañando no sólo la condición humana, sino también el espíritu del hombre. De ahí la crisis ética, estética y cultural, del ser humano. Por eso, al descubrir que el Otro, no es un no-Yo, sino el Yo, un hombre de carne y hueso, el ser humano se observa como en espejo, y así se revela nuestra identidad, nuestro Ser en sí y para sí, adquiriendo la jerarquía de persona. Así pues, Cohen en sintonía con Jesús de Nazaret, tal como está escrito en el Sermón de la Montaña, nos invita no sólo a amar al prójimo, sino también <<amar a nuestros enemigos>>.


                                                          II


   Es digno de creer que el Dios Uno, Creó al hombre y, de esta creación nació la humanidad misma. Así, Cohen quiere dejar claro que el amor al prójimo, no es algo particular, nacional, de Israel. Sino que el amor al prójimo es un concepto universal valido para todos los hombres, los pueblos y naciones del mundo. En el Antiguo Testamento, Rea significa el otro, y ciertamente éste es a veces también el compatriota. Esto no podría ser de otra forma, ya que la Biblia no es sólo un libro religioso sino también una obra histórica nacional y, finalmente, también un libro de normas jurídicas y de doctrina del Estado.7 

   De ahí que en su replica al Prof. Rudolf Kittel, exegeta del Antiguo Testamento, en relación a sus opiniones sobre Judenfeindschaft oder Gotteslästerung, […], expresa que en la antigua Biblia está destinado al fracaso el análisis filológico, sino se pone en primera instancia el amor al hombre. Y dice Cohen: <<Sólo entonces se podrá comprender también lo que significa el forastero y el modo en que este concepto sirve de mediación para descubrir al ser humano como aquel al que se ha de amar. Y lo reafirma con el viejo Michaelis en su Derecho mosaico (1793): <<Moisés manda, como puede hacerlo todo legislador, amar a los forasteros, y todos los subsume bajo el nombre del prójimo al que uno debe amar como a sí mismo>>. En “subsumir” se puede barruntar la idea metódica según la cual la legislación jurídico-política relativa al forastero sirve de medio para descubrir el concepto ético por excelencia: el concepto de prójimo.8
   
   De ahí que Cohen exprese, <<todas las leyes de excepción que se pueden referir al extranjero sólo conciernen, en primer lugar, la erradicación de la idolatría y, luego, las relaciones jurídicas rituales, como cobrar y pagar intereses, exigir el pago de las deudas; una crítica objetiva no puede confundir todas estas leyes de excepción con el mandamiento fundamental del amor al ser humano. Este es el pensamiento fundamental del monoteísmo, tal cual llega a su perfección en el mesianismo de los profetas>>. 9 (1Reyes 8, 41, Salmo 15). ¿Quien alcanzará la altura ética, el lugar donde mora Yahavé-Dios? <<Quien no hace mal a su rea>>. En su replica a Kittel, permanece firme en la exortacion:<<Descubrid y aprended, por fin, que es un deber amar al ser humano simple y llanamente. Porque donde se permiten grados, no se puede evitar que haya niveles y grados y relativismo y, finalmente, atenuantes y reducciones en el amor al ser humano>>.10  
   
   En el Targum de Jonatán ben uziel, rea, significa compañero, y añade: <<No le hagas lo que te es odioso>>. (Lv 19, 33). <<En semejante inocencia original de sentimiento habla una inocente religión original>>. Y concluye esta idea Cohen, con la exaltación al amor al prójimo como fuente de amor a todos los seres humanos. <<El forastero es la causa de que haya surgido el mandamiento del amor. El ser humano fue descubierto en el forastero. El motivo primordial del amor es el amor al forastero>>.11 Dice algo verídico para los pueblos del mundo moderno, son las contradicciones, los antagonismos, que se dan en la historia geopolítica universal:<< ¡Qué florecimiento y que legitimidad habría ganado la cultura política, la cultura histórica, si el conciso mandamiento de amar al forastero se hubiera constituido en la ley fundamental de la religión, en lugar de convertir el amor al prójimo en un eslogan superficial! Nuestra política actual no haría escarnio de la religión de una manera tan hipócrita, si en el lenguaje de una política decente fueran inconcebibles las expresiones <<elementos extraños al pueblo>> o, incluso, <<cuerpos extraños>>. Por consiguiente, la ley fundamental de la moralidad, y probablemente de la religión, es el amor a todo lo que tenga rostro humano>>.12
   
   Así pues, la problemática política se ha convertido en la tribulación y, así lo esperamos confiadamente, también en la renovación de la historia universal. Pero el enemigo, incluso en la guerra, debe ser respetado como prójimo. Sobre esta figura jurídica descansa el derecho de gentes, que por cierto tampoco fue concebido sólo para los tiempos de guerra.13 <<Pero, si la sensibilidad estética no es capaz de proteger suficientemente contra la inhumanidad, entonces debe hacerlo la religión: amarás a tu prójimo como a ti mismo>>.14 Así pues, la sensibilidad estética y la religión sobre el fundamento Ético, en que se basan, se convierten en crítica de la cultura política y la cultura histórica. Por eso, cuando una es incapaz de proteger al individuo de la inhumanidad, la barbarie y la muerte, recurre a la otra para denunciar la violación no sólo del derecho de gentes, en caso de guerra, sino también los derechos fundamentales del ser humano. Pero ante todo, basándose en la dimensión moral del ser humano, denunciar la violación de la dignidad del hombre.
  
   Además, en el Talmud se reglamenta la vida individual y comunitaria del extranjero, desde un ámbito jurídico y político y religioso, en la vida social de la comunidad judía. Así lo expresa Cohen en El amor al prójimo en el Talmud (1888): <<No se exige la fe en el Dios de los judíos. Ni siquiera está permitido imponerle esta fe a un esclavo. Quien tiene hijos cuando se convierte al judaísmo, no tiene derecho de convertir al judaísmo a sus hijos menores de edad: mientras no alcancen la mayoría de edad y puedan decidir por si mismos, no dejan de ser noájidas (Tratado Ketubot 11ª.).
   
   Aunque el extranjero (noájada), no sea, un creyente, en Yahavé-Dios, se considera ciudadano. El extranjero es considerado un ser moral. Para él, la legislación descansa sobre los pilares de una <<correlación teocrática fundamental, sobre la idea de separación entre el Estado y la fe>>. <<Tal es la razón por la que esta institución constituye a todas luces un factum singular en la historia de la política religiosa: la última razón que explica semejante hecho se encuentra en la fuerza de la idea fundamental del monoteísmo: <<Moisés manda, en la medida en que un legislador puede hacerlo, amar a los forasteros, y a todos ellos los abarca explícitamente bajo el nombre de prójimo al que se ha de amar como a sí mismo>>.15 

   Este es un fenómeno que no se da en la Antigua Grecia. Según Ezequiel 47, 21 – 23, los forasteros tienen derecho a gozar del reparto de la tierra de las nuevas fronteras. Tienen derecho a adquirir esclavos y esclavas. Tienen los mismos derechos que los nativos.16 El Dt 27, 19 dice: <<Maldito quien fuerza el derecho del forastero, el huérfano y la viuda>>. Son designados en el Talmud, como <<los justos de las naciones del mundo>>, como <<los piadosos de las naciones del mundo>>. Por ser piadosos y justos, adquieren el derecho de la <<vida eterna>>.
   
   Respondiendo a la pregunta hecha por el Real Tribunal Regional (de Marburgo), Cohen establece que <<La Ley de Moisés>> es valida no <<sólo para las relaciones de un judío a otro>>, sino, con la misma exactitud y precisión, también para todas las relaciones morales y jurídicas del judío con el goy noájida.17
   
   En cuanto al sectarismo religioso el Talmud es claro, enfático y preciso: <<El Talmud rechaza a los sectarios con todo el fanatismo de que es capaz la fe positiva. Las presiones políticas del exterior y las persecuciones religiosas en el seno de su propio campo son suficiente explicación de esta reacción común a toda la humanidad: combatir todas las tendencias centrífugas>>.18 Así pues, el Talmud no se terminó de escribir hasta el año 500, cuando el cristianismo ya se ha establecido como religión de Estado. Por eso, el principio del Talmud: <<El derecho del Estado es Derecho>>, tiene fuerza de ley. Este principio es valido para los Estados persa y romano, que no reconocían <<la creación del mundo ni la doctrina de Moisés>>. Sino que eran Estados idolatras. Se trata de la defensa que hace Cohen ante el Real Tribunal Regional de Marburgo, de los judíos. Cohen se adelanta más de medio siglo a lo que luego acaeció: el Holocausto.
   
   En consecuencia, el odio, la envidia, la calumnia, la persecución, no sólo vendrá del pueblo alemán llano, sino que es alentada por los espíritus más lucidos del momento. Filósofos, poetas, escritores, teólogos, científicos, músicos, ensayistas, periodistas. Ya Cohen en 1888 dice enfáticamente: <<Además de las declaraciones, envenenadas por el odio, que excluyen al idolatra del amor debido al ser humano, hay muchas otras sentencias que ponen al idolatra en el mismo nivel que el israelita cuando este no se puede valer más que de haber nacido judío>>. Ya en esa época se aupaba contra los judíos, la razón de ser de su existencia, ser judío. <<También ha de notarse –prosigue Cohen- que en los juicios más duros contra la idolatría se mencionan judíos, no precisamente infieles o sectarios, sino moralmente malos, como tahúres, usureros, cuatreros que mueven los mojones que marcan el lugar donde se puede llevar el ganado a pastar>>.19
  
   Por eso lanzar juicios morales contra un hombre, una comunidad o una nación, por el simple hecho de ser diferente. Constituye una violación a la dignidad humana. Porque alienta las persecuciones políticas y religiosas dentro de una nación, lo cual constituye una violación de las libertades y los derechos de los ciudadanos. Sino también un ataque frontal contra la consciencia religiosa y la vida de las personas. De ahí que el idolatra que excluye el Talmud, se refiere sólo al que comete asesinato, roba o práctica la sodomía. Estos principios que abarcan el orden jurídico-político y, moral del ser humano, ya están instituidos en el Antiguo Testamento, la Ley mosaica, el Decálogo, y los usos y costumbres del pueblo judío. Por eso para los exegetas de la Palabra, sólo se comete idolatría cuando se niega al Dios Uno, al creador del cielo y de la tierra. El Talmud designa al idolatra como alguien que odia a Dios. Pero desde un punto de vista moral y jurídico, el castigo no se carga sobre los hombros de los hijos. Sólo dice el Antiguo Testamento: <<si me odian>>. Es un punto de inflexión –dice Cohen- donde se entrecruza el derecho, la moral y el credo de la iglesia. Además, prohíbe el Talmud, robarse las ideas del otro: <<Está prohibido robarse las ideas de las criaturas, incluso las de un idolatra>>. (Jullin, folio 94 a; Baba Metsia, folio 58 b), <<Plagio de ideas>> o <<engaño verbal>> -dice Cohen- son expresiones agravantes por las cuales se prohíbe decir mentiras piadosas, ni siquiera al idolatra.
   
   Visto el Talmud con los cristales de la modernidad, el engaño verbal, la demagogia política, el engaño a la buena fe del otro, son expresiones agravantes que tocan la Ética y, la moralidad, de los dirigentes políticos y empresariales. Por eso, el sentido de la historia universal mesiánica trata de redimir a la humanidad de los antagonismos y las contradicciones, de la historia geopolítica universal. De esa forma, la filosofía de la historia descansa en los brazos de la Ética y, ha de proporcionar el fundamento de que Dios, es, el redentor de la humanidad. <<El redentor de Israel ha llegado a ser el redentor de la humanidad gracias al ideal mesiánico>>.
   
   Hermann Cohen siguendo las investigaciones de José Albo y éste de Jasdai(1412), equipara el amor y la unidad en su libro sobre los fundamentos de la fe (ikkarim) valiéndose de ese juego de azar que es el simbolismo de los números. Y Cohen dice que las dos palabras hebreas para decir amor y único (….) tienen el mismo valor numérico: 13. Y se pregunta, ¿Responde este valor numérico a los trece atributos? ¿O se formaron de acuerdo a las trece reglas hermenéuticas de Rabí Ismael? Sea de ello lo que fuere, el amor es su quintaesencia, su unidad.20 Así pues, <<los trece atributos de Dios están contenidos en las segundas tablas de la Ley (Ex 34, 6-7) :<<El Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados, y no deja nada impune>>. Por tanto, lo importante es que los trece atributos han sido recopilados en el concepto de amor, uno sólo bajo trece nombres distintos. La sabiduría de Dios le ha hedido el puesto al amor.21
   
   El amor de Dios se entrelaza a las palabras expresadas en el Talmud: <<El Señor pasó ante él proclamando (Ex 34, 6). Los atributos del Santo, Bendito sea tu Nombre –nos recuerda Rabí Yojana- se muestra bajo el velo de mensajero de la comunidad y se muestra a Moisés el orden de la oración>>. Pero lo que quiere resaltar el Rabí Yojana, es, el perdón y la misericordia, del Señor, ante los israelitas. <<Mientras Israel peque, los israelitas procederán ante mí siguiendo este orden, y yo los perdonaré. Yo soy el Eterno, yo soy el Eterno, aun antes de que el ser humano peque, y lo siga siendo, aun después de que el ser humano haya pecado y hecho penitencia>>.22 El amor de Dios, carga sobre sí el pecado, aun antes de que el hombre lo cometa, <<el amor quiere ser corresponsable en el pecado>>. El amor de Dios, se practica con los buenos y los malos, ya está establecido en el Antiguo Testamento y el Talmud. Por eso el Talmud instituye esta revelación como atributos divinos, y por consiguiente, revelación de la esencia de Dios. <<De  esa manera los trece atributos cómo la exegesis de los diez mandamientos. Y como los atributos determinan la esencia de Dios en la moralidad, así también la moralidad se convierte en la quinta esencia de los diez mandamientos>>. En fin, lo que se quiere decir es, que los trece atributos <<sólo significan amor, y amor puro>>.23
   
   Como expresa Cohen: <<Todos ellos no son sino variaciones del único motivo que es el amor: el amor es también el apetito, el instinto natural, innato, propiamente humano. Conduce a los seres humanos a formar una familia. De la horda, el amor hace la gens y el pueblo. Arranca de raíz el aislamiento que impide la moralidad. Crea y nutre a la comunidad humana>>.24  
   
   <<Y no sólo es la condición natural de la familia y el Estado, sino también de esas comunidades relativas que se tejen en el seno de esas redes coherentes que son la familia y el pueblo. El amor busca y descubre al amigo y cultiva la amistad>>.25 Así, <<el apetito amoroso se vuelve inmediatamente alma y espíritu. El placer sensual mismo se vuelve espiritual. El trato y la conversación se vuelven necesidad ideal>>.26 En Cohen reconocer la energía del sentimiento, posibilita la igualdad de todos los seres humanos. Así pues, el amor en su dimensión moral, despierta el sentimiento hacia el otro, y la moralidad del sentimiento posibilita la igualdad de todos los seres humanos.
   
   Si el amor es el hontanar de la familia, del pueblo y el Estado, posee también su dimensión estética en la amistad. <<El proceso de espiritualización, sin embargo, progresa en y por ella>>. Aquí toma altura y fundamento,la correlación entre lo que expresa Cohen y Joseph Brodsky, en su obra Del dolor y la razón: En general toda nueva realidad estética hace más definida la realidad ética del hombre. Pues la estética es la madre de la ética. Las categorías de <<bueno>> y de <<malo>> son, ante todo, categorías estéticas, previas, al menos etimológicamente, a las de <<bien>> y <<mal>>. El hecho de que en ética no <<todo esté permitido>> se debe precisamente que en estética no <<todo está permitido>>, pues su gama de colores es limitada>>. Además, el arte enseña que, la vida, más que una lección moral es, una elección estética.
   
   <<Así se puede comprender lo que de otra manera nos dejaría perplejos: que en el alba de nuestros documentos sagrados el amor llegó a ser el concepto fundamental de la religión y el omnicomprensivo atributo de Dios>>.27 Lo sublime de estas palabras de Cohen, tienen como colofón que en el amor de Dios. El amor se vuelve amistad. O, en otras palabras, que el atributo de los atributos, <<el amor, el amor puro>>, es una actitud estética. Por eso, se instituye como fuente de la dimensión Ética, y moral del ser humano. <<El amor es ante todo el amor materno; el derecho materno al amor […] La protección, de la que el hombre noble no deja de estar necesitado: el consuelo>>: <<Cómo a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo>>.28 (Is 66, 13).
  
  Correlativamente del amor a la madre –dice Cohen- se transfiere el amor al padre. Y al cuidado y manutención se agrega la educación. <<Cómo un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles>>. (Sal 103, 13). En consecuencia, <<al concebirse el concepto de Dios como padre, se funda también el concepto de hijo como a si mismo el de familia. El padre es el padre de familia. Por consiguiente, los seres humanos no son sólo sus hijos, sino también hermanos entre sí. El amor de Dios como padre produce el concepto de igualdad de todos los seres humanos>>.29 Ante el padre todos los hijos son iguales y, así todos los seres humanos son hermanos. Así el concepto de padre, lleva al concepto de comunidad e igualdad. La comunidad proteje, como el padre a sus hijos. Por eso, es un deber moral proteger a los que moran en ella.
   
   De ahí que el amor de Dios al hombre, aparece también en relación esponsal: <<Te desposaré conmigo para siempre. Te desposaré conmigo en justicia y derecho, en amor y misericordia. Te desposaré conmigo en fidelidad>>. (Os 2, 21 s). Y en Jr 2, 2, podemos leer: <<Recuerdo tu amor de joven, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra yerma>>. Aquí se entrelaza el deseo, el anhelo tierno y ardiente, entre Dios e Israel. <<Dios siente gratitud por el regalo del amor […] La imagen estética promueve la idea ética>>. Como dijo Thomas Mann, en La Montaña Mágica: << El hombre es divino en la medida que es sensible. Es la sensibilidad de Dios. Dios le ha creado para sentir a través de él. El hombre no es más que el órgano mediante el cual Dios realiza sus bodas con la vida despierta y embriagada. Si el hombre falta a la sensibilidad, falta a Dios, es la derrota de la fuerza viril de Dios, constituye una catástrofe cósmica, un terror inimaginable>>. Estas imágenes estructuran y expresan, la posibilidad de amar al prójimo. El hombre es la lengua de Dios, hecha carne en la tierra. Así pues, la fuente de posibilidad de la existencia y del amor al otro, está en Yahvé-Dios. Vista esta idea desde la filosofía mesiánica, el Dios Uno, es, la posibilidad de la posibilidad.
   
    Sabemos tal como lo fundamenta el filósofo de Marburgo, que todos estos conceptos tienen su consistencia en el concepto de Dios, en el de monoteísmo. Dios es el Único Dios. Sin el Dios Único la religión no es más que mitología. La mitología es sólo religión natural. El monoteísmo sólo funda la religión histórica.30 Por eso la lucha contra Dios y la religión del Antiguo Testamento, no es sólo una lucha de la filosofía de la religión, la ciencia bíblica, la teología, y del fanatismo religioso. Sino que en ella están en juego los principios fundamentales de la filosofía de la historia, cuya condición de posibilidad es el Dios Único.31
   
De ahí que toda forma de fascismo antijudío, xenofobia y racismo, según el Antiguo Testamento, el Talmut y la Mishná, es un atentado contra la esencia del Dios Uno. Esto representa al Ángel de la historia, perseguido por la tormenta del progreso, el fascismo y la politización del arte. Somos parte de una cultura política y de una cultura histórica, que atenta contra la dignidad y el espíritu del hombre. Somos parte de un Sistema donde el amor, el respeto, la dignidad, la solidaridad, se sustituyen por el dolor, el miedo, el sufrimiento y la muerte. Cohen escribió El Prójimo, siguiendo los principios de la filosofía y la teología para expresar que la relación con Dios, pasa inexorablemente por la correlación entre el hombre y el hombre. Pero en el fondo de esas redes correlativas se sitúa cual hontanar la Ética, en la medida que Dios es el redentor de la humanidad.
   
   Piensa Cohen que desde la Antigüedad el conocedor de hombres estableció preceptos y principios, que reconocen y expresan, que el prójimo se constituye como tal, cuando se reconocen y respetan los derechos y las libertades del noajidas, del extranjero. Y además, que en el prójimo se configura el rostro del ser humano como hombre de carne y hueso. De ahí que el libro religioso, instituya norma jurídica y doctrina de Estado.
   
   Quizá Cohen quiso responder en sus obras El Prójimo y La religión de la razón desde las fuentes del judaísmo, lo que se venía planteando desde mediados del siglo XIX en Alemania, el problema de la asimilación. El judío puede ser ciudadano pero a expensas de abandonar sus raíces. Pero el mundo al que tienen que asimilarse el de la modernidad, es hostil a sus raíces, su memoria y al espíritu del judaísmo. Ese mundo se derrumba como un castillo de naipes. Como dice Reyes Mate: <<Hegel, Nietzsche y posteriormente Heidegger, lo convierten en un solar. El judío con su experiencia de exilios y persecuciones, no puede instalarse en lo que hay, como pide Hegel; ni puede aceptar que el bien y el mal sea cosa de gustos, como predica Nietzsche; ni puede seguir a un Heidegger que desconoce el humanismo en nombre de oscuras llamadas del ser>>.
  
   Cohen creía en la asimilación, pero sin abandonar las fuentes del judaísmo. Pensó su tiempo sobre dos pilares fundamentales, la Ética Kantiana y las fuentes del espíritu judío. Pero no vislumbró la tragedia que se venía encima sobre todo lo que tuviera rostro judío: Auschwitz, Treblinka. Era un filósofo de la razón y de razones, que utilizaba sus pensamientos y acciones, para defender el espíritu del judaísmo en Alemania. No podemos negar que La religión de la razón, quiere dar cuenta no sólo de la esfera ética y religiosa del ser humano. Sino que responde a las preguntas sobre la <<santidad y las leyes de la hospitalidad>>, contenidas en la Tradición, la Ley oral y la Ley escrita del pueblo hebreo, fuentes del derecho natural moderno. Cohen –dice Bouretz- sabe que <<la filosofía moral y religiosa de Kant se cruza con una idea proveniente de la tradición judía>>.32 Pero descubre más allá de la constitución del sujeto en referencia a la ley moral, su relación con el prójimo. Un ámbito donde la moralidad deja de verse como <<autonomía abstracta para realizarse como relación intersubjetiva>>. De esta depende no sólo el ámbito de la moralidad <<sustantiva>> de Cohen, sino también la relación con Dios.
    
   Así, las esferas de la moralidad humana, dejan de verse sólo como esqueleto abstracto para fundamentarse en la relación del hombre y el hombre. La moralidad se convierte para Cohen en la bisagra que une las dos alas de la puerta: la relación entre el hombre y el prójimo, y la relación del hombre con Dios. Por tanto, el punto de inflexión llevado a cabo por Cohen en el terreno de la filosofía, se fundamenta en las fuentes del judaísmo. No es la esfera de la autonomía abstracta la que determina la moralidad humana, sino la relación intersubjetiva. Cohen -dice Bouretz- la ve desplegarse en el interior de una responsabilidad hacia el prójimo que se confirma a través de dos conceptos expresados en el Deuteronomio: el pobre y el extranjero. Cohen entonces se propone – expresa Bouretz-: <<la voluntad de liberar la Ley del paradigma de una heteronomia injuriosa; el anhelo de demostrar que la relación ética que une a uno mismo con el prójimo en el dominio de la intersubjetividad produce un vinculo entre el hombre y Dios susceptible de ser conocido en el orden religioso>>.33
   
   Sus alumnos Gershom Scholem, Walther Benjamín, Franz Rosenzweig, concatenan sus reflexiones colocando el mesianismo en el centro de sus pensamientos. Pero su heterogeneidad no es causa para no <<pensar su tiempo desde la tradición judía. Su tiempo, del que se ha apoderado el positivismo, es el de un desencanto sin esperanza>>. Por eso, el poeta, el músico, el escultor, el filósofo, son especialistas en sentir, oír y conocer, el futuro. De esos escombros materiales y humanos, que Cohen no vio y que han quedado a la vera del camino. Ellos no son visionarios, ni augures, sino <<abogados de cusas perdidas, de sueños incumplidos o esperanzas insatisfechas>>. Se trata de refundar la razón, la razón en la que creía Cohen, para que trascienda los límites donde se ha recluido. Saben que a la razón también pertenecen la memoria y el recuerdo, y tienen como obligación hacerse cargo de las preguntas de los vencidos. El pensador, el historiador o el filósofo, trascendiendo las particularidades y los nacionalismos trasnochados, quien quiera remover los escombros del pasado y remitirse al futuro, dice Reyes Mate, <<ha de dar testimonio del pasado y escuchar algo que ocurría aunque fuera impensable. No se trata sólo de enriquecer el alcance racional de la razón, como antes, sino de re-pensar todas las categorías de la razón a la luz de ese impensado que tuvo lugar>>.
   
   Asimismo, el amor al prójimo, los derechos del inmigrante, a las minorías étnicas, lingüísticas y culturales, ha de ser la piedra de toque para la defensa de los pobres, los desempleados, los perseguidos, los refugiados y excluidos del mundo, bajo la luz de las exigencias de justicia universal propias del mesianismo. Se trata de develar un tipo de pensamiento que ha sido ocultado por los Sistemas de pensar y la barbarie que vivió el hombre en el siglo XX, porque tienen mucho que decir y que contar. Como dice Reyes Mate elocuentemente: <<La diferencia está en que hay pensamientos que responden a preguntas verdaderas, y otros, que las ocultan>>. Por eso en la actualidad de tiempos confusos, oscuros,  donde prima la mediocridad, lo fugaz y pasajero, la <<cultura del artificio>>. El pensador ha de estar alerta, ojo visor, contra el fascismo antijudío, la xenofobia y el racismo, de cualquier ser humano. Porque el pensador se convierte en luz de la verdad, indiferente a la raza, la lengua, la religión, la cultura, de donde provenga. Ese es el testimonio que ha de dar todo aquel que tiene un compromiso Ético, estético, moral, histórico, filosófico, con la realidad del momento actual.

                                                   Bibliografía

1. Bouretz, Pierre. Testigos del futuro. Filosofía y mesianismo. Editorial Trotta, S.A. Madrid. pág. 23.
2. Ib. pág. 23.
3. Ib. págs. 23-24.
4. Cohen, Hermann. El Prójimo. Anthropos Editorial, 2004. Barcelona. pág. 24.
5. Ib. pág. 10.
6. Ib. pág. 11.
7. Ib. pág. 20.
8. Ib. pág. 20.
9. Ib. pág. 21.
10. Ib. pág. 22.
11. Ib. pág. 23.
12. Ib. p. 24.
13. Ib. p. 24.
14. Ib. pág. 24.
15. Ib. pág. 46.
16. Ib. pág. 46.
17. Ib. pág. 48.
18. Ib. pág. 49.
19. Ib. pág. 51.
20. Ib. pág. 55.
21. Ib. pág. 55.
22. Ib. pág. 56.
23. Ib. pág. 57.
24. Ib. pág. 56.
25. Ib. pág. 56.
26. Ib. pág. 56.
27. Ib. pág. 58.
28. Ib. pág. 58.
29. Ib. pág. 58.
30. Ib. pág. 2.
31. Ib. pág. 2.
32. Ib. pág. 43.
33. Ib. pág. 44.



viernes, 24 de abril de 2015

IMRE KERTÉSZ: LA PALABRA COMO DOLOR Y LLAMA QUE CONSUME.


                                               Con afecto a:
                                                                      Edgar Bonett Villareal.



<<Cuando uno logra la independencia interior, no tarda en conseguir también la exterior>>.
                                                                                             I. Kertész



Antonio Mercado Flórez
 
    
   Imre Kertész, escritor húngaro, Premio Nobel de Literatura de 2002, dice que su “experiencia negativa” de Auschwitz y su ser judío, lo induce a tener conciencia de una iniciación más profunda en el conocimiento del ser humano y la situación del hombre en la época actual. Considera que el acontecimiento más grave y quizá no del todo valorado en el siglo XX,  es el del lenguaje.  Se contagió de las ideologías y se convirtió en un instrumento sumamente peligroso. Señalaba que Wittgenstein, en sus apuntes publicados bajo el título de Cultura y valor, consideraba que en tales casos conviene retirar una u otra expresión de la lengua y “mandarla a limpiar” antes de usarla de nuevo. Como dijo Paul Celan en su discurso de concesión del Premio Literario de Bremen: la lengua “tuvo que atravesar las miles de oscuridades del discurso mortifico”. Así que, los gobiernos totalitarios de izquierda o, de derecha del siglo XX, utilizaron el lenguaje como instrumento de persuasión, dominio y control. Crean una lengua artificial falsa, que no sólo niega la realidad sino la existencia misma de la sociedad.
  
   Saben del poder de seducción del lenguaje para convertir las masas en algo amorfo y abstracto. Son conscientes que el lenguaje se apropia de la mente y del espíritu del hombre. Sí eso sucede, éste “sólo muestra una caricatura de nuestros pensamientos”. En un Estado autoritario somos marionetas manejadas por un poder abstracto, preciso y frío, como el viento no se sabe de dónde viene y para donde va. Además, Kertész en un momento de postración absoluta, toma consciencia de su situación: fue como una caída inesperada –dice- al pozo sin fondo del sometimiento, del miedo, del desprecio, de la condición de extranjero, del asco y de la exclusión.1

   Durante el siglo XX, los gobiernos totalitarios se valen del lenguaje, del concepto de nación, de la cultura, la raza, la patria, del enemigo interno o externo, para legitimar el horror y la barbarie. El Estado y el poder son como un espejo de varias lunas, donde la realidad se percibe sólo por imágenes. “El Estado nunca puede ser nuestro […] El Estado –dice Kertész-, es un poder que guarda en su seno posibilidades secretas y terribles, que a veces más, a veces menos, se disimulan o se moderan, un poder que en raras ocasiones y por breve tiempo puede desempeñar incluso un papel saludable, pero que ante todo y sobre todo sigue siendo un poder al que hemos de enfrentarnos, que –cuando el sistema político lo permite- hemos de civilizar, controlar, tener a raya e impedirle en todo momento que sea lo que debe ser por su naturaleza: puro poder, poder estatal, poder estatal total”.2

   Si la lengua posibilita independencia intelectual y libertad de autodeterminación. Pensar la época actual en su cultura, permite sondearla desde el umbral del arte, la religión, la música, la filosofía; también trascender las barreras idiomáticas y, el exilio en otra lengua extranjera. “El hecho de que la política y la cultura sean opuestas –llega a decir Kertész-, es un fenómeno del siglo XX. Si la política se desvincula de la cultura llega a alcanzar dimensiones de poder, casi absolutos, que conducen a destrucciones nunca antes vista: en vidas humanas, bienes materiales y el interior del ser humano”. Donde el poder más daño hace es en el espíritu del hombre. Porque allí descansan las fuentes primordiales del lenguaje y el pensamiento. Por eso, la política trastoca la cultura por un instrumento horroroso y servil, la ideología. Como expresa Imre Kertész, “en el siglo XX, el terrible siglo de la pérdida de valores, se convirtió en ideología todo en cuanto un día tuvo valor. Pero más peligroso para el hombre, fue que la masa moderna, que nunca participo de la cultura, absorbe las ideologías como si fueran cultura”.3 Los motivos son diversos, la “masa surgió precisamente en el transcurso de una de las más profundas crisis de valores de la civilización occidental”.4

   Piensa que el protagonista de su novela no vive su propio tiempo en los campos de concentración, porque no posee ni su tiempo ni su lengua ni su personalidad. No recuerda, sino que existe. Por tanto, el pobre debía permanecer en la monótona trampa de la linealidad y no podía liberarse de los detalles penosos.5 Al fin y al cabo, la técnica del horror en los campos de concentración vuelve la naturaleza del hombre contra la propia vida. Entonces el hombre se denigra así mismo, por la supervivencia. Por lo acaecido en el siglo XX, “es como sí mirásemos el mundo derrotados y desorientados después de una noche de pesadillas". Kertész decide "elevarse a través del sufrimiento: así se vuelve más comprensible el mundo”. Ahí están las palabras del poeta católico húngaro János Pilinszky, que confirma lo que expresa Kertész: "Lo vivido en el transcurso de los últimos sesenta años es una especie de “escándalo”, porque se produjo en un ámbito cultural cristiano y, por tanto, resulta insuperable para el espíritu metafísico".

   Como dice Ernst Jünger: “El espíritu que desde hace más de cien años viene dando forma a nuestro paisaje es, de ello no cabe duda, un espíritu cruel. Deja sus huellas también en los seres humanos, en los que elimina los lugares blandos y endurece las superficies de resistencia. Nosotros nos encontramos en una situación en la que todavía somos capaces de ver las perdidas; aún sentimos la aniquilación del valor, la superficialización y simplificación del mundo”6. En consecuencia, el mundo del horror segrega “una inteligencia precisa, de buena calidad. Hay en todos los asuntos de la práctica un cierto número de seres humanos que forman parte de la pequeña y bien diseñada ruedecita que da impulso y trabajo a la obra”.7 Y, ésta funcionó cabalmente, en el totalitarismo de izquierda y de derecha. En el nazismo y el estalinismo funcionaron a destajo y con la precisión del reloj. En  un mundo como este, “el mero sobrevivir representa ya un mérito”.

   Las palabras de Ilse Aichinger parecen tomadas de la ficción kafkiana, pronunciadas durante la concesión del Premio Nacional Austriaco: “La inseguridad ante el Estado –cualquier Estado-, la inseguridad ante los departamentos y oficinas de la administración pública, ante los edificios siempre oscos y clasicistas que albergan ministerios y autoridades y los correspondientes negociados y despachos –y en caso de guerra incluso las oficinas de registro civil-, esa inseguridad surgió en mi muy temprano. Como casi todos los niños preguntaba mucho. Pero nunca pregunté nada respecto al Estado; tenía la sensación de que el Estado posee demasiadas caras, que una cara tapa a la otra y que cada órgano estatal se mantiene alerta para defender al otro. Así las cosas, la persona difícilmente saca algo en claro”.

   Kertész piensa que el autoritarismo, el poder Total, visto desde fuera, es un absurdo y desde dentro, la perspectiva que ofrecen las víctimas. “Porque sólo estas dos actitudes, la de la utopía rechazadora y sobre todo la de la existencia de las víctimas, superan el mundo cerrado del totalitarismo y vincula este mundo mudo e insalvable al mundo eterno de los seres humanos”.8 El poder produce cierta pasión, cierto placer, una atracción fascinante y hay que estar preparado, psicológica y culturalmente, para no caer en sus espejismos. En un mundo atroz y espeluznante como el totalitario, ¿Qué espera la existencia de las víctimas? ¿Un lugar donde refugiarse, aún del asedio de sus pensamientos y fantasmas? ¿Un lugar donde refugiarse de la expiación y la culpa, tal como los personajes de la ficción kafkiana? En este ámbito atroz y maligno, ¿Dónde queda la influencia del arte, la religión, la música, la civilización, en los asuntos humanos? Aquello que llaman Cultura, o sea, la creatividad universal de una comunidad más o menos grande, y el esfuerzo del hombre por ser mejor y más perfecto parecen simplemente abolidos.
   
   Así, la ausencia de espíritu queda reflejada en una terrible falta de alegría, el lamento mudo del ser humano que luego busca expresarse a través de frenéticos excesos. Y, Kertész reitera desde lo hondo de su corazón: “Formo parte de quienes participaron en las experiencias históricas y humanas más graves de este siglo”. Una experiencia que asocia a la necrología. Para Ernst Jünger, la técnica sustituye el mito en la modernidad; en cambio, en Kertész, la mitología moderna empieza con un punto negativo: Dios creó el mundo y el ser humano creó Auschwitz.
  
   Kertész nos enseña que en un Estado Total, ¿Quién no ha sentido la indefensión y la soledad, la depresión y la angustia, el miedo y el dolor, cuando el espíritu se contrita? La ausencia de espíritu refleja una terrible falta de alegría y cuando una persona llega a una postración espiritual radical, lo invade la oscuridad absoluta; y la nada se apodera de la vida. Entonces reina la apatía y la desesperanza. Se trata que el espíritu se postre, se denigre y las fuerzas del destino lo empujen cuan trapo sucio, al vientre de la sociedad y del Sistema. El lamento mudo del espíritu trata de expresarse en un frenesí de excesos, que expresa las fuerzas primitivas que moran en el interior del hombre.

   Donde el totalitarismo ideológico golpea con más fuerza es en el espíritu creativo del ser humano. Se trata de arrancar de cuajo la sensibilidad, la capacidad de asombro, de análisis y de crítica. “Es precisamente a la luz de la creatividad donde mejor se manifiesta su carácter de absurdo”. Como dijo Theodor W. Adorno: Hay que subrayar especialmente esa idea de que el tardío habitante de la ciudad es un nuevo nómada. Esa idea no expresa sólo temor y extrañeza, sino también la latente ahistoricidad de un estado en el cual los hombres no se encuentran sino como objetos de  incomprensibles procesos, sin ser ya capaces de una continua experiencia del tiempo, sometido como están al violento choque de aquellos procesos y al inmediato olvido de los mismos. Spengler ha visto la conexión que existe entre la atomización y el tipo humano regresivo, tal como se ha manifestado en las explosiones totalitarias subsiguientes: ‘Una miseria espantosa, una barbarización de todas las costumbres de la vida, que están criando ya, entre altillos y bohardillas, en sótanos y patios, un nuevo hombre primitivo, se encuentran en todas esas lujosas ciudades de masas’.10

   En un Estado totalitario se trata de negar la experiencia del tiempo y los procesos vitales, que dan coherencia a la existencia. Que el olvido prime sobre el espíritu, la memoria, la sensibilidad y los movimientos del pensamiento. En un estado de postración espiritual, los que ejercen el poder no solo buscan negar la creatividad, sino también afirmar la objetización y la banalización de la existencia. El trabajo intelectual se considera algo absurdo y entra en las artes de la distracción y la relajación. El juego de las relaciones de poder, de fuerza, el ensimismamiento vital, el placer y la embriaguez ideología, priman sobre la creatividad. La frivolidad y el absurdo cultivado conscientemente, niegan la tensión dialéctica del espíritu y la realidad, en provecho de los juegos de azar, la excitación nerviosa de la conciencia y la pura lógica del trabajo cotidiano.

   El poder de la “sociedad cerrada”, es único y absoluto. Que impele al hombre a entregarse desnudo y desamparado, en los pañales sucios del poder Total. Pero, en el fondo, se trata de liberarlo del manejo responsable de la libertad. Por eso, entrega el cuerpo y el espíritu, al poder Total. Y, esperan que el ser humano diga: entrego lo que tengo, mi cuerpo, mi espíritu, mis pensamientos, mis sueños, mi esperanza, la autonomía de mi voluntad, al partido y al Estado. Pero, ante todo y sobre todo, entrego mi libertad. Así entonces empieza la transformación: “Quién sale de este mundo, pierde su hogar. Pierde el escondrijo, la protección amenazada, la seguridad rodeada de alambradas”.11 El principio del Internamiento y la disciplina de la sociedad,  es la pérdida del “ser” y el “existir”. De hecho, el miedo y la seguridad van estrechamente unidos, por cuanto el ser humano coarta sus propias decisiones en nombre de la ideología y el Estado. En un estado de postración espiritual y mental, hay que recordar las palabras de Ernst Jünger en Radiaciones I: “La historia del hombre se desvía hacía lo mecánico o también hacia lo demoníaco, pero regresa a las normas, formándose así un nuevo equilibrio. El secreto de esto está en que el sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas”.  

   Además, para liberarnos del dominio, del dolor, del miedo, del sufrimiento, hay que vivirlos en su “esencia”, por así decir, porque en la “experiencia negativa” de la existencia, está implícita su regeneración. O, en otras palabras, en la naturaleza del miedo y la esclavitud, encontramos la libertad. Como afirma Walter Benjamín en el libro de relatos Sombras Breves, ¿En qué reconoce uno su fuerza? En las propias derrotas. ¿Reconoceríamos nuestra fortaleza en la victoria y en la fortuna? ¿Quién no sabe que nada como precisamente ellas nos revelan nuestras debilidades más hondas? […] Otra cosa son las series de derrotas en las que aprendemos las fintas para ponernos en pie y en las que, avergonzados, nos bañamos como en la sangre del dragón. Ya sea la fama, el alcohol, el dinero, el amor –allí donde uno se siente fuerte, no conoce ni honra, ni miedo a ponerse en ridículo, ni contención alguna […] Tales hombres viven en su fortaleza. Terrible y peculiar modo de vivir desde luego, pero ese es el precio de toda fuerza. Existencia en un tanque. Si vivimos dentro, nos hacemos estúpidos e inaccesibles, caemos en todas las fosas, tropezamos con todos los obstáculos, hozamos en la inmundicia, deshonramos la tierra. Pero sólo cuando estamos bien embadurnados, resultamos imbatibles.

   Ahora bien, después de la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la URSS, existe la sensación en la atmósfera que respiramos que viviéramos en un mundo sin alternativas. Salvo la del economicismo, el capitalismo global. Un mundo sin principios e ideales. “Da la impresión de que los grandes principios que constituyeron el motor de la creatividad europea, la libertad y el individuo, ya no son valores inamovibles”.12 Se ha instaurado la civilización de la Hybris, del saqueo vital y la posesión inmediata de las cosas. “La existencia está ahí para ser tomada –dice Rafael Argullol-, para ser consumida, y no para llegar a un compromiso con ella”. “Auschwitz demostró que debemos cambiar de forma radical la visión del hombre creada por el humanismo del siglo XVIII y XIX; la dinámica productiva de nuestro mundo, que ha barrido todo, y los correspondientes métodos e instrumentos de dirección de masas parecen arrasar, a su vez, con los restos de la libertad individual. Se ha instaurado un Sistema atroz y abominable, que no responde a los requerimientos del ser humano. Sino a los “centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ellas”.13  

   Kertész piensa que existe, sin embargo, otro lenguaje, más racional o, digamos, más pragmático: el de la economía. Este lenguaje habla de la Unión Europea, de los fenómenos globales, de la política monetaria, de la concentración de fuerzas […] El lenguaje espasmódico de los imperativos económicos se separó de forma natural, por decirlo así, de la religión de Estado, de la ideología, creando de esta manera la religión del cinismo, que a los países del entorno les parecía, para colmo, digna de envidia.14 Se tejió un mundo global conectado en Red, que trastocó la existencia individual, diluyó las fronteras del Estado Nacional e instituyó la técnica como lenguaje mundial. Un mundo que responde al capitalismo global,  la técnica, el mercado, la banca y las financias internacionales. Como expresa Kertész: “Este mundo se ha vuelto pos-moderno, y sus valores son relativos; son meras palabras también, como las otras, pero en el mercado de la nueva gerencia occidental, de la globalización cosmopolita, poseen sus sellos y sus cotizaciones y se pueden vender y comprar. Son palabras que escapan al control; a través de ellas el gran valor de la nación se escurre del país, como otrora el uranio va para el extranjero. Hay que enfrentarse a ellas con un Estado fuerte, popular, nacional y cristiano, que restablezca el sistema de valores y devuelva los roles o, para ser exactos, los cree de nuevo y elija a sus incuestionables interpretes garantes”.15

   Se está dando en la pos-modernidad una trastocación del espíritu lingüístico del ser humano. El logos multivoco, ambiguo, divisorio, contradictorio e infinito; el antiguo legado de Babel, ubicado en lo profundo de la naturaleza lingüística del hombre. Está dando paso al logos situado en su parte material y pragmática: el alfabeto electrónico de la comunicación global y simultánea. Donde prima la imagen, el icono y el número. En la palabra está implícita la imaginación, la memoria, el recuerdo y la creatividad. Por eso, tiene un poder de seducción para los que ejercen el poder en las democracias modernas y para los dictadores. Como expresó George Steiner, En el castillo de Barba Azul, son modos de comunicación autónomos que expresan por sí mismo un creciente campo de tareas activas y contemplativas. Las palabras están deterioradas por las falsas esperanzas y mentiras que han proclamado […] Cada vez más la energía de la información necesaria a una sociedad de consumo masiva se trasmite en imágenes pictóricas. Las proporciones de la distribución entre el margen y el artículo impreso se están invirtiendo. Estamos retrocediendo hacía una disposición de los “espacios de significación” en la cual la imagen pictórica lo va invadiendo todo.16

   Esta trastocación lingüística responde a los requerimientos de la sociedad global y al capitalismo internacional. Así, toda una historia de la lengua, la memoria, el pensamiento y la cultura, está dando paso al lenguaje en Red y a las imágenes. Las imágenes –dice Ernst Jünger, en el texto La Tijera-, son más eficaces que las palabras, no necesitan ser traducidas y actúan de manera directa […] La enorme afluencia de imágenes favorece un nuevo analfabetismo. La escritura es sustituida por signos; es observable una decadencia de la ortografía. La consecuencia que de ello se sigue es una vulgarización de la gramática […] Por otra parte los “escribas”, los expertos en la escritura, por escaso que sea su número, se vuelven aún más indispensable de lo que fueron en la Antigüedad y hasta los tiempo de Lutero […] En cada uno de los niveles es posible una mutación, igual que en cada momento es posible la muerte.17

   La construcción del discurso clásico, el carácter central de la palabra, da paso a las imágenes pictóricas en movimiento. Como escribe Denis de Rougemont en su libro La part du diablo: “Ay, ¡qué hemos hecho de la palabra! En algunas bocas no sirve ni para mentir, se ha hundido a más profundidad que la mentira”. Además, el resentimiento, la caótica mezcolanza que bulle bajo las palabras, es real. Por un lado, se alimenta del miedo, la incertidumbre existencial: muchos intelectuales que lucharon a su manera por la libertad (o por lo que prefiguraban como ella) se dieron cuenta de pronto de que les habían movido el terreno bajo los pies. De hecho, sólo se vino abajo el sistema de valores en que desempeñaban cierto papel. La velocidad vertiginosa con se derrumbó ese sistema los conmocionó. Cuando se levantaron del estruendo de la caída y lograron salir arrastrándose de la nube de polvo del derrumbamiento, el mundo a su alrededor hablaba el lenguaje de las bolsas, los capitales y las mafias.18

   Así pues, el Estado Moderno convierte a la víctima en una pieza que funciona correctamente y tiene como medida destruir, el "Yo", que protesta dentro de él. Llega el momento en que las personas no sólo se sienten apáticas, sin fuerzas sin esperanzas. “Sino que creen que todo está perfectamente ordenado”. No necesitan cuestionar sus preocupaciones, interrogar el mundo, ni el lugar que ocupan en la sociedad, preguntarse sobre su destino y la realidad. Y, entonces la realidad que le presentan, es la más lógica y segura para sus necesidades. De igual modo, la alteridad se percibe como algo anti-natura, porque va contra el Sistema y el orden establecido. Entonces argumenta que renuncia a su libertad en interés del “pueblo” y que su vida se sacrifica por la “nación”, por la “patria”, aunque lo empujen al borde del abismo. Sin embargo, el intelectual, el pensador, el escritor, en un Estado autoritario, lo único que conserva es la “casa”, la lengua, esa que mamó desde la niñez. Donde amasó su juventud y pubertad, conoció el “Nombre” y el significado de las cosas. El lugar donde sueña, tiene pesadillas o esperanza. Sabemos que la lengua nos proporciona los instrumentos para explorar el mundo y la existencia humana; y de esa manera, dar forma estética al horror y el dolor. De esa manera, la realidad irreparable del dolor y el sufrimiento, posibilitan la reparación del mundo y de la existencia. Así, nos permite aprender que el dolor y el sufrimiento, no solamente guardan amargura, sino también reservas morales extraordinarias.

   El Holocausto nos recuerda Kertész, es un nombre casi sacro que encubre el asesinato colectivo cotidiano, la rutina del gaseamiento y de las ejecuciones, la solución final, el exterminio de seres humanos.19 Esta visión de la historia reciente de Occidente, rompe con la humanista del siglo XVIII y XIX. Pero “rota en un único instante histórico por la barbarie inconcebible”. Se pudo constatar que el concepto de vida y el lenguaje, habían perdido el sentido que les correspondía. Los que ejercían el poder en los Estados totalitarios, trastocaron lo fundamental de la existencia por lo accesorio y lo ruin. Olvidaron que lo decisivo de un ser humano, era “la relación entre la vida y su ‘finalidad’; con mayor precisión, el hecho de que todos los ‘fenómenos vitales dotados de finalidad’ son orientados hacía la manifestación de una esencia o la expresión de una significación, siendo el lenguaje el lugar por excelencia donde cada singularidad apunta a su propio rebasamiento”.20 Sin embargo, “preservar en el mundo una instancia critica de la cultura y de la historia tal como son” –dijo Hermann Cohen- se convierte para el hombre en responsabilidad ética. En este orden, preservar los tres principios que Dios insufló al hombre: vida, espíritu y lengua. Se convirtió en el siglo XX, en necesidad metafísica. “Y en este punto cero de la ética, en la oscuridad moral y espiritual se presenta como único punto de partida aquello que creó tales tinieblas”: el Holocausto y la barbarie.

   Después del Holocausto, recuerda Kertész, la dictadura no sólo le sirvió para mantenerse con vida, sino que le ayudó a encontrar el lenguaje en el que debería escribir. Cuenta que en ninguna parte resulta tan evidente que el “lenguaje no es ni para ti ni para mi” como en una dictadura totalitaria, donde no existe ni el Yo ni el Tu, y cuyo pronombre preferido es el místico y amenazante nosotros, aunque nadie sepa quien se oculta tras él.21 El Holocausto es un valor espiritual y moral y, en consecuencia, cultural, puesto que, a costa de sufrimientos inconmensurables, condujo a un saber inconmensurable, y por tanto lleva implícito un contenido moral igualmente inconmensurable.22 Por tanto, quien inflige dolor, sufrimiento o muerte a un judío, carga sobre sí mismo, la expiación y la culpa, porque él es hijo del Primer Adán. Se trata, por cierto, que “el superviviente, el nuevo tipo humano de la historia, aquel que, según las palabras de Nietzsche, miró a lo hondo del ‘abismo dionisíaco’, se consuma impotente en este proceso”.23 Aunque los que ejerzen el poder no lo quieran, “sin embargo hasta en la desesperación total se vislumbra, si estamos atentos, una promesa lejana, esa esperanza más allá de toda esperanza que mencionó Kierkegaard y que tal vez se oculta en el destino común o, para ser exactos, en el despojamiento del destino.24 En estos casos, la esperanza es la impronta que el hombre libre da al destino.

   Kertész cree que la palabra Holocausto tiende a sustraer cada vez más a los judíos del mundo de experiencias del Holocausto y convertirlos, al mismo tiempo, en propiedad espiritual internacional.25 Nos recuerda que “el Holocausto es una experiencia universal y un trauma europeo. Auschwitz no se produjo en el vacío, sino en el marco de la cultura occidental, de la civilización occidental, y esta civilización es una superviviente de Auschwitz, igual que esas pocas decenas o miles de hombres y mujeres esparcidos por el mundo que aún vieron las llamas de los crematorios e inhalaron el olor de carne humana que ardía; y en ese punto cero de la ética, en la oscuridad moral y espiritual se presenta como único punto de partida aquello que creó tales tinieblas: el Holocausto.26 En el texto La lengua exiliada, Kertész manifiesta, que el Holocausto no tiene ni puede tener lengua. Porque la lengua en que lo narra es una lengua prestada, una lengua europea, que no es la suya ni la de la nación que ha pedido prestada para el relato.27 Pero reconoce que, “toda lengua, todo pueblo, toda civilización tiene un Yo dominante que registra, domina y describe el mundo. Este Yo colectivo que permanece activo es un sujeto con el que el gran público –nación, pueblo o cultura- puede identificarse por lo general, con mayor o menor éxito”.28 Además, reitera, “se puede pensar en las últimas consecuencias sin caer en la tentación de creer en un orden sobrenatural, en la providencia o la justicia metafísica: es decir, sin caer en la trampa del autoengaño y acabar encallado, destruyéndose, perdiendo el contacto profundo y atormentador con los millones que murieron y nunca pudieron conocer la historia […] Somos una excepción, el destino así lo ha querido, por eso tenemos que reconciliarnos con el orden absurdo de los azares, que con el capricho de los pelotones de fusilamiento, gobierna nuestras vidas sometidas a poderes inhumanos y a dictaduras terribles.29

   Así pues, el Estado autoritario exalta las colectividades en detrimento del individuo, la libertad y la cultura. Ya que convierte la discriminación y el genocidio, en instrumentos de control y dominio. Toda forma de autoritarismo ideológico o, de Estado, lleva implícito la discriminación y ésta las masacres. De ahí que “los ideológos inhumanos lo que desean es eliminar precisamente la esencia humana”. Penetrar hasta los átomos del cerebro y hacer del hombre un objeto. El automatismo no solo responde a la técnica, sino también a la disciplina ideológica del partido y el Estado. Somos parte entonces de una civilización donde el odio y el dolor, son como una segunda naturaleza para el hombre. Así, “el odio se ha cristalizado y convertido en forma de concebir el mundo, y el objeto del odio es un pueblo que, a mi entender, de ningún modo está dispuesto a desaparecer de la Tierra”.30 Además, el odio “emerge del pantano del subconsciente como si fuese una irrupción de lava con olor a azufre”. Pero el que más daño hace a los seres humanos, es el religioso o político. Son las dos caras de la moneda de Jano, donde el dolor y el sufrimiento, se apoderan de la vida humana. Sí el odio es una energía que oscurece las relaciones humanas y las vuelve harapos. Dice Kertész: “Es una forma de vida interior basada en la experiencia negativa”.

   El odio y la envidia cargan la atmósfera de una risa frívola y destructiva. Hacen que la realidad sea ininteligible y la sociedad no esté a la altura para proteger al individuo. Los fenómenos pasan delante de nuestros ojos como un espectro fantasmagórico y crean en la consciencia y el alma del ser humano, una especie de desasosiego y desesperanza. Una sociedad amedrentada, vive en una atmósfera oscura y cargada de secretos. Está acompañada por las imágenes, las palabras vacías, sin sentido, que se escurren por la boca. La sensación del odio, el sufrimiento y el dolor, es, como si estuviéramos suspendidos sobre la Tierra. Manipulados a gran distancia por fuerzas invisibles y demoníacas. La impresión que se tiene es de estar dirigidos, por energías destructivas que emanan de los centros de poder. Poderes demoníacos donde se concentra y gasta la energía. Cuando sucede comprendemos “el espanto puro de los hechos o, para ser más preciso, su facticidad simple, misteriosa e insondable”.

   Aunque el dolor y el miedo intensifiquen la sensibilidad y mengüen el espíritu. Hemos nacido para vivir, para recordar y para saber, ya que el recuerdo nos libra no sólo del olvido, sino ante todo, de la numerificación y la objetización. Nos libra de la nada absoluta en que quieren convertir nuestras vidas. Esto es una obligación moral. No podemos olvidar nuestra historia, de dónde venimos y quiénes somos, es decir, nuestra razón de ser. Porque esto nos salva de la abstracción y la objetización a que está sometido el mundo. Mis recuerdos consagrados y santificados en los fragmentos de sueños truncados e ilusiones perdidas, emitirán voces duras y guturales, que retumbaran como el estruendo del fin del mundo. Por eso, “es estúpido la afectación generalizada de la supervivencia o las desgracias humanas, sino vienen acompañadas por la acción”. Y, la acción emana como una fuente de agua fresca de la experiencia y el saber. Es necesario recordar las palabras de T. S. Eliot: “Tuvimos la experiencia pero perdimos el sentido, y acercarse al sentido restaura la experiencia”.

   La experiencia negativa que nos dejó el siglo XX, nos recuerda Walter Benjamín, “no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo […] La pobreza de nuestra experiencia no es sólo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general. Se trata de una especie nueva de barbarie”.31 Una barbarie que tuvo su máxima expresión en el Holocausto, las cárceles de las dictaduras de Latinoamérica y, de pronto, el hombre “se encontró indefenso en un paisaje en el que todo menos las nubes había cambiado, y en cuyo centro, en un campo de fuerzas de explosiones y corrientes destructoras, estaba el mínimo, quebradizo cuerpo humano.32 Así, la tortura, el atentado, el secuestro, las masacres y la barbarie, convierten el cuerpo y el alma del ser humano, en campo de batalla. Después de lo acaecido en el siglo XX, se hace necesario hacer tabula rasa y constructores nuevos, posibiliten un mundo más humano y vivible. Porque la galvanización de las ideas y del espíritu, no pueden primar sobre la posibilidad de la vida y la esperanza.
  
   Esos lugares sombríos y demoníacos no sólo están en nuestra memoria, sino “en el aire desde hace mucho tiempo, como un fruto oscuro que ha madurado bajo los rayos de innumerables infamias y espera el momento oportuno para caer sobre la cabeza de los hombres”. Hay que estar alerta con los sentidos despiertos, los movimientos del pensar y el espíritu, para que esto no vuelva a repetirse. Porque “cuando un loco criminal –expresa Kertész- no acaba en un manicomio o en la cárcel, sino en la cancillería o en cualquier residencia propia de un gobernante, enseguida se ponen a buscar en él lo interesante, lo original, lo extraordinario e incluso, aunque no se atrevan a decirlo, pero sí, en secreto: la grandeza para no tener que verse como enanos y no tener que ver la historia universal como algo inconcebible”.33 ¿De qué se trata realmente en la actualidad? De ver el mundo racionalmente, para que éste nos devuelva una mirada racional y estética de las cosas. Se trata de “restablecer un orden universal racional, o sea, vivible, y los desterrados del mundo vuelvan a entrar entonces a hurtadillas por estas puertas grandes y pequeñas, […] los que creen que a partir de ahora el mundo será un lugar para los hombres”.34

   Después de lo dicho, podemos hablar que en el siglo XX, se instauró una cultura de la violencia y el crimen. Que se coló en lo más hondo de la condición humana, y ahora renace con la máscara del fundamentalismo religioso. Es recurrente que el “eterno retorno” devuelva a los hombres a un estado primitivo, donde se relaciona con la sangre, con el poder de la muerte. En estos estados el talento y la experiencia, se sustituyen por la barbarie y la muerte. El hombre se convierte en un número en el gran engranaje del mundo. Así, de esa manera, tratan de borrar “las huellas de sus días sobre la tierra”.  Es necesario, “que cada uno ceda a ratos un poco de humanidad a esa masa que un día se la devolverá con intereses, incluso con interés compuesto”.


                                                    Bibliografía
     
1. Kertész, Imre. Un Instante de silencio en el paredón. Editorial Herder, S.A., Barcelona 2002. pág. 20.
       2.    Ib. pág. 20.
      3.    Kertész. La lengua exiliada. Editorial Taurus, Madrid 2007. pág. 116.
        4.   Ib. pág. 116.
        5.   Ib. pág. 152.
     6.  Jünger, Ernst. Sobre el dolor. Tusquets Editores, S.A., Barcelona 2003. Págs. 81 y 82.
     7.   Jünger. Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939 – 1943). pág. 176.
       8. Kertész. Un instante de silencio en el paredón. Pág. 23.
        9.   Ib. pág. 18.
10. Adorno, W. Theodor. Prismas. La crítica de la cultura y la sociedad. Ediciones Ariel, Barcelona., 1962. Pág. 28.
11. Kertész. Ib. pág. 24.
12. Ib. pág. 27.
13. Jünger. La Tijera. Tusquets Editores, S.A., Barcelona 1997. Pág. 198.
14. Kertész. La lengua exiliada. pág. 60.
15. Ib. pág. 61.
16. Steiner, George. En el casillo de Barba Azul. Aproximación a un nuevo concepto de cultura. Editorial Gedisa, S.A., Barcelona 1998. págs. 45 y 46.
17. Jünger. Ib. pág. 159.
18. Kertész. La lengua exiliada. pág. 60.
19. Ib. pág. 94.
20. Bouretz, Pierre. Testigos del futuro. Filosofía y mesianismo. Editorial Trotta 2012. págs. 271 y 272.
21. Kertész. La lengua exiliada. págs. 98 y 99.
22. Ib. pág. 101.
23. Ib. pág. 93.
24. Ib. pág. 98.
25. Ib. pág. 100.
26. Ib. pág. 101.
27. Ib. pág. 121.
28. Ib. pág. 123.
29. Ib. pág. 106.
30. Ib. pág. 131.
31. Benjamín, Walter. Experiencia y Pobreza. Editorial Taurus, Madrid 1980. Pág. 168 y 169.
32. Ib. pág. 168.
33. Kertész. Ib. pág. 50.
34. Ib. pág. 50.