miércoles, 23 de abril de 2014

Fragmentos de imágenes sobre una lectura de Ernst Jünger.





<<El camino para romper el círculo vicioso en el que estamos es la obra bien hecha>>.

                                         Rafael Argullol




Antonio Mercado Flórez                                   


¿Qué dispensa el tiempo? Dispensa el hilo que teje y desteje las runas de la vida y la muerte. El reloj de rueda dispensa tiempo abstracto, tiempo espiritual. Algo creado por el espíritu, de ahí que se distinga del reloj telúrico y cósmico. De él se emite un tiempo que no es  regulado por  las fuerzas naturales ni cósmicas, sino uno que el hombre se dispensa a sí mismo y toma sobre sí. En consecuencia, se gana poder domando el tiempo, aprisionándolo. Así, la Época Moderna responde al tiempo abstracto que se concatena con el mundo globalizado.

   En fin, las aristas del tiempo que circunda, envuelve y atraviesa la existencia cotidiana, son menos libres y autónomas, que las del tiempo cósmico, telúrico, eterno, que beben de las fuentes primitivas. Las primeras, pertenecen al mundo fenoménico y aparente de las cosas; las segundas, al ámbito de lo fundamental. Eso que Carl Gustav Jun llamaba el “arquetipo “de los  “arquetipos “; o la Figura- al decir de Jünger. Por estar inmerso en el mundo del palpito vital, el ser humano no percibe el umbral del espíritu;  eso que realmente da sentido a la existencia individual. Sí pertenecemos al mundo del Titán y de la fragua de Vulcano, de las máquinas y el automatismo.  No quiere decir que los Antiguos poderes del tiempo  y del espíritu, no nos exijan el estatus  y el sacrificio que es debido.

  
Así que, el tiempo que prima en la actualidad, es el abstracto, el del trabajo, de la gran ciudad, con sus horas uniformes e intercambiables. Así, bajo su hechizo los flujos de la gran ciudad son hervideros humanos desalmados, materialistas, hedonistas e indiferentes ante el Otro. Por eso, el Espíritu del Tiempo y sus juicios, no puede trascender los límites del mundo  y las fronteras de lo humano. Somos prisioneros de las redes que tejen y destejen los ritmos de la vida cotidiana: la publicidad, el consumo, los espejismos del dinero  y del poder, el confort de la técnica y las maquinaciones malvadas de los poderosos.

   Esa sensación de seguridad que otorga la técnica y sus espejismos. Es sólo un débil reflejo del Mundo del Espíritu. Porque a su alrededor se cristaliza un ámbito de terror, dolor, hambre, enfermedades, sufrimiento, violencia y muerte. Éste no es otro que, el ámbito del desarrollo de los procesos, la técnica, la física y la biología. El cambio es atmosférico se siente en el aire que respiramos. Porque se están consolidando unas fuerzas que trascienden el sentido de la existencia. Esos valores que posibilitan que el ser humano adquiera la jerarquía de persona.  

    Se anuncian sorpresas nuevas para el siglo XXI, al que Nietzsche consideraba su patria espiritual. De ahí que pensó que la moral se había ido quedando retrasada con respecto al desarrollo de la ciencia y la técnica. Por eso  Zaratustra proclamó en la plaza pública la transvaloración de todos los valores. Pero en momentos como éste donde los volcanes ya empiezan a vomitar encendidas lavas y las ruedas están llegando al rojo vivo, parece imposible parar. Pero la vida se guarda sus runas  y la dynamis histórica parece devolvernos las perdidas. Sabemos, que los instrumentos técnicos no son  los medios adecuados para dar cuenta del sentido de la vida y la trascendencia.  Porque en los últimos espacios de tiempo, han fragmentado la visión que teníamos del mundo y la realidad. Pero también porque la cultura se alió con el sin sentido y la barbarie política.

   Somos parte de un tiempo donde surgen nuevos medios  y modos de poder. Entonces, la percepción y la realidad de nuestros mayores están quedando a la vera del camino. Por eso es importante la memoria, el saber, el recuerdo y la experiencia, porque son como antorchas en medio de la oscuridad de lo actual. Estamos en los umbrales del paso del lenguaje natural al artificial, y esto trae como consecuencia la cultura del espectáculo y con ella banalidad de la existencia.

   Somos parte del mundo de los titanes, de los ciclopes y el trabajo del hierro, sus aparatos e inventivas. Por eso, en nuestro tiempo la técnica se relaciona con el sentido de rentabilidad. No importa el saber, la ética, los valores heredados, importan los beneficios que reportan. Observamos entonces como responden a las razones y la lógica de las elites dirigentes. Son tan excitantes y embriagadores que el hombre no tiene tiempo para pensar, venerar o recordar. Desandar esos instantes únicos que dignifican la existencia. Por este estado de cosas, hemos entregado las fuentes de la vida, la libertad creadora, la soledad que dignifica, el lenguaje,  a cambio de los ritmos de lo actual. Y, esto hace del hombre un ser sumamente desgraciado.


   Asimismo, podemos observar que los grandes sueños en que ha venido ocupándose el espíritu de la humanidad, tratan de reducirlos al concepto de progreso y de rentabilidad. Pero afortunadamente, en esta alta civilización tecnológica, como dijo Ernst Jünger: aún hoy continua habiendo en nuestra investigación un rasgo alquímico, una voluntad misteriosa, cuya nobleza se delata en que no alcanza su meta. A eso se debe que en nuestro mundo  –que es un mundo creado por el espíritu--  perdure un resto que el intelecto es incapaz de disolver. 


jueves, 10 de abril de 2014

LOS LENGUAJES DIGITALES Y LA POLÍTICA

  



<<La tiranía consiste en el deseo de dominación, universal y fuera de orden>>.
                                                                                              Pascal


   En este mundo que vive de flashes y frases cortas e ingeniosas tipo twitter, es una expresión del tránsito de la política <<clásica>>, con programas que responden a las necesidades y esperanzas de la sociedad, a otro que responde a las exigencias de cosas breves, rápidas, digestivas y ocurrentes. Pero resulta sumamente grave cuando estas herramientas de la cultura de masas, se utilizan como plataforma de palabras incendiarias, bacías, sin contenido político. Que responden sólo, absolutamente sólo, a la soberbia del poder y del dinero.

   Digo esto porque en nombre de la <<Patria>> o, de la <<Nación>>, algunos desean que el miedo, el dolor, el sufrimiento y las potencias oscuras de la muerte, se conviertan en una segunda naturaleza de la sociedad. Que el carácter destructivo de la sociedad deje a la persona individual en la estacada. De ahí que valerse de los medios y los modos de comunicación y las instituciones del Estado en un <<Programa Político>>. Y poner en marcha una agresión para frenar otra agresión, casi siempre termina en populismo autoritario o, en figura del totalitarismo. Además, valerse del terrorismo como bandera política, no sólo es un acto de irresponsabilidad política, sino de insulto a las víctimas del terror. Sólo se alcanzan éxitos en la lucha contra el terrorismo, la violación de las libertades y los derechos fundamentales, si el Gobierno y la sociedad civil acatan el Derecho internacional, incluidos los derechos humanos, y el Estado Derecho.
  
   Sabemos que la violencia arrastra tras de sí un motón de escombros humanos y materiales. Una ciega voluntad de poder que  arrasa todo lo que encuentra a su paso, porque necesita espacio para el orden, la disciplina y la coacción. Esos hombres que se han aliado criminalmente con las armas, tratan de eliminar de la vida todo vestigio de sentimentalidad, de reflexión y critica de la sociedad. Porque desean convertir la existencia del ser humano en objeto. Esto atenta no sólo contra la libertad, sino que incluye en sí la enseñanza generalizada. Entonces un pueblo amedrentado y coaccionado niega la libertad de pensar, actuar y existir. Por eso las personas que no han perdido la capacidad de asombro y de interrogarse sobre el destino del hombre en la Tierra, son capaces de ver las pérdidas: sentir la aniquilación del valor, la superficialización y simplificación del mundo. Por eso es necesario tender esfuerzos a ganar un mundo en que tengan vigencia valoraciones nuevas y más poderosas. Se trata de mantener sujeta a nuestro poder la vida, para que no prime la desesperanza, el dolor, el miedo, el horror y la muerte. A esos que desean que el hombre se entregue a la fuerza y la barbarie. Para que indiferentes al día y la noche empujen la sociedad hacía el abismo.
  
   Asimismo, desde hace medio siglo los grupos de seguridad del Estado, y los que están al margen de la ley (guerrillas, paramilitares, grupos delincuenciales), sostienen una guerra contra los ciudadanos que defienden los derechos y libertades. Una guerra civil que tiene como objetivo defender determinados intereses. Ni el Estado ni los grupos al margen del contrato social, tienen el derecho de intimidar, coartar o limitar, la libertad de pensar y de opinar de los ciudadanos. Porque en un Estado democrático es ilegal que se detengan a personas inocentes, las torturen, las maten y luego desaparezcan sus cuerpos. De ahí que haya épocas de decadencia en las que se desvanece la forma de vida profunda que en cada uno de nosotros está dibujada de antemano. Cuando perdemos sus huellas, vacilamos y nos tambaleamos como a seres a quienes falta el sentido del equilibrio. Entonces pasamos de las oscuras alegrías a los oscuros dolores.
  
   Quien conoce la historia de las órdenes secretas sabe lo difícil que es determinar su auténtico radio de acción. Así pues, comenzamos a soñar con las cosas del poder y de la fuerza y con formas que intrépidamente ordenadas marchan unas junto a otras, dispuestas tanto al desastre como al triunfo. Al combate de la vida. Aquellos que están cómodamente instalados en una burbuja de adulación y de deferencia. Casi siempre se dejan llevar por los espejismos de la violencia y la guerra. Ya que creen que es el camino más corto para alcanzar el fin que se proponen. Pero están equivocados, porque toda forma de sin sentido y de barbarie, desemboca en un profundo malestar moral, material y espiritual en la sociedad. Así que, los que ejercen la violencia sobre la sociedad civil, tratan que el hombre pierda el dominio de sí mismo, para que el miedo se apodere de él y le domine, zarandeándole en sus remolinos como a un ciego.
  
   Entonces lo que está en juego en la actualidad no sólo tiene que ver con la pobreza, el bienestar o la paz de los colombianos. Sino también con la vida y la permanencia de cientos de compatriotas sobre la faz de la Tierra. Esto significa para los que ejercen el poder una gran responsabilidad ética. Se trata que la inteligencia, la consciencia critica de los estudiantes, profesores, artistas e intelectuales; partidos, movimientos y fuerzas democráticas; gremios y la iglesia, su voz se convierta en indignación moral contra el rostro nuevo que ha encarnado la barbarie y la injusticia social.

    De ahí que existen personas que le conceden prioridad a la fuerza, al deber nacional, patriótico, en los asuntos sociales y políticos. Piensan que en tiempos de guerra o de violencia, su <<deber ser>> consiste en identificarse con una filosofía utilitaria, pragmática: de los <<fines por los fines>> para alcanzar la paz y la convivencia social. En el otro campo están los que le conceden prioridad a los principios cristianos, liberales o ideológicos. Son los que creen en las relaciones entre <<Tu>> y <<Yo>>, como fundamento del dialogo y la comprensión. Pero también creen en la palabra como el instrumento adecuado para la búsqueda del entendimiento, la paz y la convivencia. Son personas que conceden un alto valor a la palabra y a la ética; porque creen en valores y verdades universales.

    Vuelvo y repito. Es sumamente peligroso para la democracia que el panfleto, el artículo periodístico, twitter e Internet, y la inquina de quienes escriben, se levanten como bandera política. En un democracia como la colombiana, esta especie de patriotismo o de nacionalismo trasnochado. Se convierte en algo peligroso para la existencia de partidos opositores, presa libre y justicia independiente. Toda forma de patriotismo o de nacionalismo, es funesto. Es el patriotismo de los no patriotas. Asimismo, es peligroso para el latido de la democracia que las confusiones lingüísticas  --denotaciones, significaciones, adjetivos, etc. --, desencadenen en irracionalidad política. En otros términos, violencia, discriminación, xenofobia, miedo, dolor, calumnia, atentado o muerte. Las palabras expresan las intenciones de quienes las escriben. Pero también, la animalidad política de la sociedad.

En el fondo, se trata de conseguir un nuevo acceso a la libertad, la justicia y la dignidad humana. Porque la soberbia del dinero y del poder, y los grupos alzados en armas y delincuenciales, han negado un nuevo acceso a estos principios éticos. Los adversarios dentro del sistema han llegado a ser tan semejantes que puede adivinarse sin ninguna dificultad que son meros disfraces de un solo y único poder. Es en el ámbito de la libertad y de la crítica a los poderes vigentes, donde se confronta a los reinos de los demonios y a los que se han aliado criminalmente con las armas. Como dijo Ernst Jünger: Lo que aquí estamos rozando es lo necesario, el destino que determina a la sociedad venidera. Los nacimientos no se producen nunca sin dolor. Los procesos continuarán; y como siempre ocurre en todas las situaciones en que interviene el destino, todas las tentativas de detener los procesos o de hacerlos volver a la línea de partida lo que harán será más bien fomentarlos y acelerarlos.

De ahí que el Estado y el poder empiecen a mostrar síntomas de decadencia. Porque no están a la altura de las circunstancias históricas. La libertad viene dada a la vez con lo necesario, y la sociedad que ha venido gestándose responderá a los nuevos requerimientos humanos. Dice Jünger: La oposición exige grandes sacrificios; eso explica el ingente número de seres humanos que prefieren la coacción. No obstante, sólo los hombres libres pueden hacer autentica historia. La historia es la impronta que el hombre libre da al destino.

Pero quien ha sobrevivido a la catástrofe, al horror de la guerra, al miedo y al sufrimiento, es la persona sencilla. De la que no se ha apoderado ni el odio ni el temor, porque sabe resistir a la propaganda, a la manipulación de la información, y a esos hombres que se han aliado con la corrupción, la inmoralidad o, las potencias de la muerte. Eso posibilita que estén a la altura del Espíritu de la Época, porque en el cual no hay otra cosa que maldad demoníaca. Por eso, el devenir histórico debe responder a las necesidades materiales y espirituales de la sociedad. Así, podrá conjurar los fantasmas de la técnica, la barbarie y la sin-razón, entonces que sorpresas nuevas nos estén deparadas para la época venidera.


martes, 25 de junio de 2013

PHOTOESPAÑA2013 Emmet Gowin: universos íntimos en blanco y negro.




                                           


    Es un fotógrafo norteamericano que nació en Danville, Virginia, 1945. Su tema fundamental es el misterio de la vida privada, las salas, las habitaciones, los patios, los jardines, los pasillos, la naturaleza, componen su universo. En una atmósfera poética, mágica, nos conecta con el universo de la fotografía de un Atget o, de un Sander. Se abandona a la cosa o a la figura humana, y libera de la fotografía el aura que encierra. Es uno de los fotógrafos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Y su trabajo un universo que llena de poesía visual, las salas de la Fundación Mapfre.

    El objeto de su obra: la naturaleza y los ciclos de la vida. Es a partir de 1964 cuando se casa con Edith Morris, su musa, compañera y madre de sus hijos; se convierten en objetos misteriosos, alegóricos, de sus fotografías. Estas revelan que la magia de la naturaleza y de la vida, está siempre delante de nuestros ojos. Nos invita, nos sugiere una percepción distinta del tópico y del lugar común. Porque nos adentra en los misterios de la condición humana y del entorno. O, en otros términos, a través de la fotografía el mundo y la realidad se presentan como siempre nuevo, inagotables, dispuestos a darnos sus más preciosos presentes.

    En sus últimas fotografías se puede admirar como la técnica se pone al servicio del hombre. No el hombre como una prolongación de los instrumentos técnicos, sino la técnica como lenguaje que posibilita ahondar en la subjetividad y lo sagrado de la naturaleza. Es, algo “milagroso… maravilloso”, -dijo E. Gowin. De ahí que “la fotografía da cuerpo físico a nuestras experiencias”, -insiste. “Lo que nos conmueve no depende sólo de la forma, sino de esa idea que se hace visible”, -nos recuerda. Lo sacro de la naturaleza en sus fotografías bebe de las fuentes de la escultura, la poesía y el mito griego; pero también de la pintura figurativa o, de la pintura de los expresionistas abstractos.

    E. Gowin invita a comprender la sexualidad como parte de la naturaleza, donde el cuerpo es aceptado en todos los estados y funciones. Su obra es un mosaico donde se entrelaza la naturaleza, el cuerpo humano, los sueños y deseos del fotógrafo. Lo importante no es ver el proyecto, sino cómo se instauran las piezas en su obra. Por eso, el tejido de las fotografías de Gowin desvela a los ojos del observador, la sencillez y el milagro del entorno donde vivimos.

    Se adentra en la selva panameña y realiza la obra: Mariposas nocturnas. Edith en Panamá. La sombra de ella –dice el comisario de la exposición Carlos Gollonet- sobrevuela a los insectos en un aparente juego de tintas conseguido a base de contra luz. También le encantan los paisajes urbanos, en Italia realiza un trabajo sobre las calles de Matera; en Jordania, escoge a Petra y, sus casas esculpidas en las rocas; en España, los paisajes andaluces.

    Sus fotografías son poemas que contienen trazos e imágenes de sus pensamientos y sentimientos, más íntimos. A través de las imágenes construye un mundo a base de intimas percepciones y vivencias. De ahí que revelan no sólo la fragilidad del ser humano, sino también la posibilidad del hombre de hacerse a cada instante. Además, no conducen a ser un hombre <<mejor>>, sino a ser sencillamente <<un hombre>>. Ese hombre no representa una excepción, antes al contrario, se halla oculto en el interior de todos y cada uno de nosotros. Sus elementos componen un lugar extraño y misterioso, pero cercano para el observador: la familia, las calles, los paisajes, la voz cristalizada en el tiempo de un ser querido, el recuerdo del que partió, etc. Son imágenes que rememoran la belleza, la espiritualidad de la materia animada o inanimada, y de ahí ver las cosas, todo ya visto, de un modo nuevo. Ese es el encanto del lenguaje visual de Emmet Gowin.

ILUMINACIONES SOBRE LA GUERRA EN COLOMBIA.



                         


Antonio Mercado Flórez
  

   La estética de la guerra actual se presenta de la manera siguiente: mientras que el orden de la <<propiedad>> y los <<centros de poder>> impiden el aprovechamiento natural de la sociedad, el crecimiento de los medios técnicos, de la economía financiera, de los ritmos, de la velocidad, de las fuentes de energía, de los conocimientos, de los medios y los modos de información, urge un aprovechamiento antinatural. Y lo encuentra en la guerra que, con sus destrucciones, proporciona la prueba de que la sociedad no está todavía lo bastante madura para hacer de la técnica su órgano, y que los dirigentes tampoco están suficientemente preparados para dominar las fuerzas  –destructivas y violentas-  de la sociedad. Por eso, ha predominado lo atávico en el ejercicio del poder y las relaciones sociales.

   La guerra es un levantamiento de la técnica y de un <<grupo de personas>>, que se cobra en el material humano las exigencias a las que la sociedad ha sustraído su fuerza natural.  Y esto nos revela que no podemos atenernos al lado superficial del asunto, sino levantar la mirada sobre la estructura profunda de lo que acaece.  En lugar de esparcir granos sobre los campos y veredas, de darle seguridad a los campesinos, ganaderos y agricultores, se esparcen bombas, tiros, minas quiebra patas, dolor y desesperanza, se secuestra y se intimida a la sociedad civil. Y la guerra  encuentra  un medio para acabar con la libertad y la vida de las personas.

   La guerra está determinada en sus rasgos atroces por la discrepancia entre los poderosos y la sociedad civil, que lo único que posee es la fuerza de trabajo, la libertad y la dignidad humana. Los generadores de violencia creen que matando, secuestrando, violando la libertad y la dignidad del ser humano, la sociedad alcanza la convivencia que necesita. Pero están sumamente equivocados, porque la violencia provenga del Estado, la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico, la delincuencia organizada; no es otra cosa que, focos de fuego ardiendo en los corazones de los creen en la paz y la convivencia. Ya que la guerra lo que deja tras de sí, es un montón de escombros materiales y humanos, a la vera del camino.

   Esta destruye el tejido social, acaba con la familia, la solidaridad, la seguridad, el amor, la escuela, la comunidad, pilares del control social y formación en valores. Por eso, el cuerpo social de los colombianos en el transcurso del siglo XX, ha sido víctima de la injusticia social, del servilismo y la cobardía, ante los generadores de violencia y de muerte. Pero también fue escenario de las grandes carnicerías humanas, del fanatismo ideológico y la estupidez. De ahí que el proceso histórico actual conduce  a una fuerte conmoción de lo trasmitido, a una conmoción de la tradición, que es el reverso de la actual crisis y de la renovación de la sociedad.

   Por la miopía y el egoísmo de unas elites dirigentes; pero también por el fanatismo y la estupidez de la guerrilla y el narcotráfico, la sociedad fue sacada de sus goznes y encajada en la violencia y la guerra. Así que,  no está comenzando un tiempo nuevo, lo que está comenzando es otro tiempo, un tiempo diferente. Las grandes inflexiones de la historia van precedidas de tiempo de transición; los nuevos valores no están aún vigentes, los viejos ya no lo están. Pudimos percibir que mucho más frecuente que la espiritualización, que libera del miedo, es el aumento de la sensibilidad, que lo hace crecer. La señal del comienzo de esta inflexión de los tiempos la constituye la sangre derramada ilegal e injustamente, sobre la tierra de los colombianos. La sangre de las victimas dejadas a la vera del camino.
  
   Ahora, ¿qué se espera de un estado de guerra y violencia permanente? Que las energías constructoras y creadoras del país, se volaticen en medio de las balas y la muerte. Resulta patente que esto es la realización acabada de una clase dirigente, cuando empieza a mostrar los primeros signos de decadencia, y la izquierda no está a la altura para responder a las necesidades de la época. Por eso se hace necesario que el <<centro>> democrático, ocupe el lugar que le corresponde en la actualidad.

   Y si la violencia y la guerra se convierten en un espectáculo de sí mismos, la vida se transforma en artificio y pierde valor. Porque lo único que importa en una atmósfera como ésta, es la conversión del hombre en objeto o, en número. Porque los generadores de  violencia desean a toda costa, destruir lo más preciado de la civilización contemporánea, la democracia y la libertad. Pero en nombre de la democracia y la libertad,  algunos sectores de las elites políticas y económicas, generan violencia y muerte.

   El hecho de que el poder se tambalea –según los enemigos de la paz-, es una impresión falsa, porque puede operar un repliegue, un desplazamiento, investirse en otro punto, y el ejercicio del poder continúa. Es el desarrollo estratégico normal de una lucha. Por eso, a cada movimiento del adversario, se responde con otro. Se da entonces una lucha que no termina salvo si se llega a un acuerdo de paz.

   Sabemos que el verdadero poder no está encallado en los aparatos de Estado y sus instituciones, sino en <<mecanismos>> que funcionan por fuera, por delante, a los lados, por encima o alrededor, de una manera silenciosa, sin ruido, y a veces poco perceptibles. El verdadero poder está en los <<Grupos de Presión>> o en los <<Gremios>>. Son  los que componen la <<estructura profunda>> del poder, es decir, el verdadero poder: el capital financiero, los partidos y movimientos políticos, la iglesia, las instituciones militares, las ONG, los sindicatos, los industriales, los empresarios, etc. Son los que en tiempos de violencia o de guerra deciden si hay paz o no. Todo depende de las estrategias y las tácticas que se utilicen para llegar a un acuerdo de paz. 

   Sabemos que vivimos en un mundo de medias verdades y mentiras, de <<estructuras de poder>>  no reveladas a la sociedad, de grupos de poder dentro de los poderes públicos, supuestamente para defender los intereses de la sociedad. Pero en la estructura y la función que los constituye, defienden los intereses o poderes de los grupos que representan.  O, en otros términos, existen estructuras dentro del poder que escapan incluso de los que tienen la representación democrática.

   Existe en el Estado, un enorme poder discrecional, que ha de estar en estas circunstancias históricas, al servicio de la consecución de la paz, aun por encima de los intereses particulares. Porque no estamos obligados de por vida,  a ser del secreto y la mentira los pilares de nuestra democracia. Ya que la guerra o la paz, es algo que nos compete a todos los colombianos.
  
   Para que haya paz deben modificarse las relaciones y los efectos que la guerra propaga en la sociedad. Entonces, el funcionamiento de los aparatos de Estado, establecerá otras relaciones de poder, jurídicas y políticas, que responderán a las necesidades históricas de la sociedad. Si se llega alcanzar la paz entre el <<Gobierno>> y las <<Farc>>, se trata de reconstruir la imagen de los aparatos de Estado, de las instituciones sociales, a la vista no sólo de los actores políticos-militares, sino también ante la sociedad. Esto significa combatir con las herramientas político-administrativa, jurídico-policiva del Estado, la corrupción, la inmoralidad, el nepotismo político, en la Administración Pública. Esto es, ir construyendo una sociedad más justa, más libre y más igualitaria para los colombianos.

jueves, 13 de junio de 2013

EL CIBERESPIONAJE EN LA EPOCA ACTUAL: el caso Edward Snowden





Estamos como colectivo, inherente e históricamente opuestos a sociedades secretas, juramentos secretos y procedimientos secretos. […] Se trata de un sistema que ha reclutado gran cantidad de recursos materiales y humanos en la construcción de una bien unida y eficiente máquina que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas. Les pido a ustedes su ayuda en la gran tarea de informar y alertar a la gente de América, con la confianza de que su ayuda, el hombre pueda ser lo que nació para ser: Libre e independiente.”

                                                               J. F. Kennedy


Decía Ernst Jünger en el texto <<La emboscadura>>, (1988) que el pánico se hará más compacto todavía en aquellos sitios donde el automatismo aumenta y está aproximándose a formas perfectas, como ocurre en Norteamérica. En esos sitios es donde encuentra el pánico su mejor alimento; es difundido a través de redes que compiten en rapidez con el rayo. […] El gran mecanismo político no es lo único que mueve a sentir ese miedo. Hay además una cantidad innumerable de angustias particulares. Todo puede convertirse en objeto de miedo. Y esto es uno de los signos indicadores de la catástrofe, un indicador más diáfano que todos los peligros físicos.

Preguntamos, ¿es posible librar del miedo al ser humano? Tal cosa es mucho más importante que proporcionarle armas o que proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo. Por otro lado, el miedo pone cerco también a quienes van armados hasta los dientas –es precisamente a ellos a quienes pone cerco. Y esto mismo puede decirse de quienes nadan en la abundancia. Ni con las armas ni con los tesoros se conjugan las amenazas; armas y riquezas son solamente medios auxiliares.

Es tan estrecha la conexión que hay entre el miedo y los peligros amenazadores que resulta muy difícil decir cuál de esos dos poderes es el que engendra al otro. El miedo es más importante; por eso hay que desatar el nudo si se quieren entender algunas cosas. [La emboscadura. P. 66-67]. Pero realmente, ¿qué está en juego en las sociedades actuales? La libertad. Los procesos continuarán; de ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario. La libertad viene dada a la vez que lo necesario, y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La libertad aunque se recubra con los ropajes de cada época, es inmortal. A lo cual se añade que es preciso readquirirla una y otra vez. [Ib. P.87].

Es la libertad lo que está en juego en la actualidad; porque el poder Total, trata de negársela a la persona individual. Decir o revelar la verdad al poder comportar sus riesgos. En un mundo interconectado en Red, la libertad de expresión y el derecho a la intimidad. Son violados en nombre de la seguridad nacional y del terrorismo. De ahí que el ser humano no puede renunciar a su independencia, porque es su razón de ser. Los reflejos del poder se expresan en la autoridad, la acción a espalda de los ciudadanos, la manipulación de la información para alcanzar débitos políticos, la defensa del establisment sobre los derechos y las garantías de los ciudadanos.
En los linderos del atardecer ya se observan las tinieblas. La orfandad del espíritu de nuestra época, atraviesa un tiempo de frío en las tinieblas. Lo que importa es la rendición ante el poder y los intereses financieros; más no el hombre que calla y sufre. Por eso, el periodista independiente y la conciencia crítica de la sociedad, son generadores de democracia. Porque sacrifican su libertad personal y su seguridad, para defender la libertad de expresión. Daniel Coronell y León Valencia, en Colombia; Edward Snowden, en Estados unidos.

Edward Snowden desde Hong Kong denuncia los ciberataques que la NASA ha realizado sobre la universidad, funcionarios del Gobierno, empresarios y estudiantes, pirateando las redes troncales que dan acceso a las comunicaciones de cientos de miles de ordenadores en el país. El rastreo de las llamadas telefónicas y trasmisiones por Internet en grandes compañías como Google, Microsoft, Facebook, Skype, es una nueva forma de espionaje que vienen llevando a cabo los países desarrollados. Pero el objetivo del ciberespionaje es diverso va desde los centros educativos hasta la infraestructura civiles de un país. La NASA ha llevado a cabo –dice Snowden- más de 61.000 operaciones en el mundo. Preguntamos, ¿es el ciberespionaje un hecho criminal? Por supuesto que es un hecho criminal; porque no sólo viola la seguridad y la defensa de un país, sino también la libertad y la privacidad de la sociedad.

De ahí que la sociedad civil es la que tiene que exigir responsabilidades y supervisión a sus gobernantes. Para que el mundo no se convierta en un mudo de ojo avizor y plano para las personas. Por eso, se hace necesario que estos actos se tipifiquen como un hecho criminal, como la legislación internacional ha hecho con la violación de los Derechos Humanos y los Crímenes de Lesa Humanidad. Porque filtraciones de seguridad, violación de secretos de Estados, de defensa y de política exterior, atentan contra la soberanía de un país.

Se hace necesario en este mundo conectado en Red, que las nuevas herramientas tecnológicas de la información puedan generar un vuelco en la sociedad para fiscalizar y denunciar las mentiras entre el tejido del poder y los intereses financieros. Defender la libertad de expresión es una de las grandes condiciones para que haya verdadera libertad y democracia; es exactamente lo contrario de lo que desean las mafias del poder. Por lo cual, el ser humano y el periodismo independiente, no pueden renunciar a la convicción de que es un deber de la sociedad proteger al individuo. En suma: la historia es la impronta –la dirección, el propósito, el fin-, que el hombre libre da al destino. De ahí que no se pueda dejar en manos de los centros de poder y las personas donde se concentra y gasta la energía. Sino en las del hombre libre y la sociedad civil.