jueves, 20 de noviembre de 2025

 

 

 

                                   Imágenes sobre el <Humanismo> en la Época Moderna

 “Fragmentos sobre el texto que acabo de escribir en relación a Carta sobre el <Humanismo> de Martin Heidegger”.

                                                                 Madrid-España a 19/11/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

En la historia de la cultura occidental (en la obra de arte o la literatura, por ejemplo), podemos percibir como lo arcaico se oculta en los pliegues del vestido de lo moderno. “No porque las formas arcaicas parecen ejercer en el presente una fascinación particular, sino porque la clave de lo moderno está oculta en lo inmemorial y lo prehistórico”.  Así, lo inmemorial se convierte en espejo de la modernidad, que refleja en claro oscuro las figuras de lo primitivo del presente-ahora, que da forma al rostro de la modernidad. En su defecto, “la vanguardia que se extravió en el tiempo, sigue a lo primitivo y arcaico”. En otros términos, “la vía de acceso al presente tiene la forma de una arqueología”.

Hay que tener presente que el hombre inmerso en la velocidad y lo efímero o, en la algarabía de los lenguajes digitales, es decir, en la Cultura del artificio; tal vez den la razón a Heidegger cuando dice: “El lenguaje reclama el justo silencio en lugar de una expresión precipitada.” Y prosigue: “Quizás sea más adecuado elevarse a la verdad del ser y mostrarla como aquello que hay que pensar”.   Si se eleva a la altura de los términos, se sustrae al hecho de opinar y suponer. Así, lo que prevalece en la actualidad es la opinión sobre los hechos.

Somos parte de una época donde predomina la degradación del lenguaje y de los movimientos del pensamiento. Entonces, el espíritu vive inmerso en los flujos de la información rápida e inmediata de la Cultura del artificio, y todos los días por la importancia de las imágenes sobre las palabras, se degrada la verdad del ser y la esencia de existir. En consecuencia, asistimos a marcha forzada a dar prioridad al Gran Poder, y en su defecto, a las imágenes sobre las palabras y a la opinión sobre la reflexión. De ahí que en la actualidad las reflexiones del pensar se encuentran en dique seco.

También somos contemporáneos de una indigencia espiritual que repercute en la cultura y la condición humana; y esto es sumamente grave para los valores fundamentales del hombre y su cultura. Porque la civilización actual no sólo desintegra la cultura y sus “monumentos duraderos” (las obras de arte, los edificios, la música, la poesía, la novela, etc.), sino que esta desintegración se convirtió en “un valor”, es decir, “un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales”- al decir de Hannah Arendt.

En otras palabras, los objetos culturales se banalizan y se convierten en valor de uso, de cambio y de consumo; y, pierden la “facultad de captar nuestra atención y conmovernos”. En este orden, se degradan los valores culturales frente a la capacidad de comprender e interpretar la existencia y el mundo. Ámbito que niega el principio que, el sentido de la vida no es inmanente a la historia; sino trascendente a ella.

Ahora bien, ¿es el umbral de la verdad del ser un espacio sin salida? ¿es el elemento donde la libertad conserva su esencia? ¿de qué modo podemos volver a dar sentido al humanismo? ¿ha perdido el humanismo la cualidad que proviene de los griegos y romanos, judíos y cristianos? Heidegger dice que se trata de ver el humanismo desde el umbral histórico más antiguo, que hasta el momento no ha proporcionado la historiografía, y tampoco el historicismo. La palabra “humanun” remite a humanitas, es decir, a la esencia del hombre.

Por tanto, su cualidad consiste en ser humano, no anti-humano; devolverle un sentido al humanismo, que sólo puede significar redefinir el sentido de la palabra. Cree que esto exige, por una parte, experimentar de modo más inicial la esencia del hombre, y mostrar en qué medida esa esencia se torna destino a su modo. En él la esencia se revela en el camino del ser. Éste posibilita el acontecer en cuanto existente en su verdad. Además, el hombre es guardián del ser. La palabra humanismo significa la esencia del hombre es esencial para la verdad del ser.

Sin la esencia del hombre se oculta el ser; entonces, el lenguaje sería incapaz de dar sentido al mundo, a la historia y a la realidad.

Heidegger pregunta, ¿se puede seguir llamando “humanismo” a este “humanismo” que se declara en contra de todos los humanismos existentes hasta la fecha, que al tiempo no se alza como portavoz de lo inhumano? ¿seguimos nadando en compañía de las corrientes reinantes, que se encuentran ahogadas por el subjetivismo metafísico y sumidas en el olvido del ser? A la vista de esa humanitas más esencial del homo humanus se abre la posibilidad de devolverle a la palabra humanismo un sentido histórico más antiguo que el sentido que historiográficamente se considera más antiguo.

 Si la historia no está apremiada en esa dirección, se podría despertar una reflexión que no sólo piense al hombre, sino también la “naturaleza” del hombre, y no sólo la naturaleza, sino de modo más inicial todavía, la dimensión esencial del hombre, determinada desde el ser mismo.   

Recordemos que está hablando después de la Segunda Guerra Mundial, donde la humanidad del hombre se degradó y se desgarró por completo. Y en su lugar invita a reflexionar la naturaleza del hombre, de modo más inicial, esto es, el hombre determinado por el ser. Es decir, que en la historia universal encuentre su lugar. Sabemos que la experiencia del siglo XX desgarró el humanismo que heredamos en la historia de Occidente, el de la razón clásica, el humanismo cristiano y renacentista. Humanismos que no estuvieron a la altura para contener la barbarie.

Heidegger olvida que son las condiciones morales, espirituales, subjetivas e históricas, las que dan sentido al humanismo. Y, no ubicarlo como hace él, en la verdad del ser, la esencia del hombre y el lenguaje. Lo que aquí hace es darle prioridad al ser en sí, a la esencia del pensar y del lenguaje, sobre el hombre concreto de carne y hueso con sus generaciones históricas. Estos tres presupuestos de Heidegger, prevalecen sobre el ser humano que tiene esperanza, sufre, ama, odia y va al encuentro de sí y del otro, para reconocerse a sí mismo como hombre.

Sabemos que la negación del “sujeto” atenta contra el sentimiento, el espíritu y el alma. Y, niega los presupuestos del humanismo o, estar en el mundo y exaltar el en sí del ser humano.

Las monstruosidades en la historia de la cultura occidental, no en modo fecundas son para el Humanismo. Además, un mundo lleno de atrocidades, dolor, odios, sufrimientos, violencia y guerras, infunde temor en las almas de los hombres, para alcanzar el sentido de lo humano. Thomas Mann nos recuerda que, “la piedad, el respeto, el decoro espiritual, la religiosidad, sólo son posibles en el hombre y por el hombre dentro del marco terrenal y humano. Su fruto debiera ser, puede ser y será un humanismo con ribetes religiosos, inspirado por el sentimiento del secreto trascendente del hombre, por la orgullosa consciencia que el hombre tiene de ser algo más que un fenómeno biológico.

 De estar ligado por una parte esencial de su ser a un mundo espiritual, de que la noción de lo absoluto le ha sido dada con las ideas de Verdad, de Libertad, de Justicia, de que le ha sido impuesto el deber de ir en busca de la perfección. En ese patetismo, en esa obligación, en esa veneración del hombre por sí mismo descubre a Dios. Pero soy incapaz de encontrarle en cien millones de vías lácteas”.

Es, además, preocupante y abominable cómo el humanismo en el mundo actual, se reemplaza por la técnica, la ciencia, la Inteligencia Artificial, el dinero o, el poder. Por la técnica que no responde a las necesidades materiales y espirituales del hombre. De ahí que la ciencia no sea enemiga del humanismo, sino que ésta debe responder a los requerimientos humanos. Es imposible calificar de diabólicos los temas y objetos de la ciencia sin que la acusación alcance a la ciencia misma.

Que la técnica sustituya el antropocentrismo en esta época de masas y de cultura de masas, no es una mera evidencia, sino que ataca al humanismo. Lo que preocupa es que, la ciencia, la técnica, la estadística, sustituyan la Libertad, la Verdad o la Justicia en los asuntos humanos. Lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y son pesimistas. No hay en ellas magia; con la técnica basta. En Huxley y Orwell, “el avance del cálculo y de su aplicación práctica hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras o números”.

 Así que, el avance de la ciencia y de la técnica sustituyen todo rasgo de Humanismo, de Justicia y de Trascendencia. De ahí que se instrumentalizan en nombre del Gran Poder. Y, en consecuencia, el planeta adquirió un aura nueva, una epidermis más sensible.

El famoso elogio de la ciencia contenido en el “Ensayo sobre Bacon” de Thomas Macaulay, escrito en 1837, reza así:

“[La ciencia] prolongó la vida; mitigó el dolor; extinguió enfermedades; aumentó la fertilidad de los suelos; dio nuevas seguridades al marino; suministró nuevas armas al guerrero; unió grandes ríos y estuarios con puentes de formas desconocida para nuestros padres; guio el rayo desde los cielos a la tierra haciéndolo inocuo; iluminó la noche con el esplendor del día; extendió el alcance de la visión humana; multiplicó la fuerza de los músculos humanos; aceleró el movimiento; anuló las distancias; facilitó el intercambio y la correspondencia de acciones amistosas, el despacho de todos los negocios.

Y permitió al hombre descender a las profundidades del mar; remontarse en el aire; penetrar con seguridad con los mefíticos recovecos de la tierra; recorrer países en vehículos que se mueven en caballos; cruzar el océano en barco que avanzan a diez nudos por hora contra el viento. Estos son sólo una parte de sus frutos, y se trata de sus primeros frutos, pues la ciencia es una filosofía que nunca reposa, que nunca llega a su fin, que nunca es perfecta. Su ley es el progreso.

La exaltación que hace el positivismo científico de Auguste Comte, el cientificismo filosófico de Claude Bernard, la evolución de las especies de Charles Darwin, Charles Sanders Pierce, el historicismo de Hegel con la autorrealización del espíritu, el materialismo científico de Karl Marx, expresan confianza en el despliegue de los hechos y la historia. Ahora miramos con desconcertada ironía todas estas cosas”.

El avance de la ciencia, la técnica y el cálculo en la vida humana, tiene que ver con profundas necesidades psicológicas, espirituales, morales, históricas y materiales. Pero en esta alta civilización técnica y de masas, la idea de Progreso está seriamente cuestionada porque en los siglos XIX y XX, vimos el desarrollo de las ciencias positivas, pero no el deterioro de las sociedades y la naturaleza. En la actualidad observamos la polución en las grandes ciudades, la arquitectura sin alma, la contaminación de los mares y los ríos, el cambio climático como consecuencia del progreso y la técnica en los asuntos humanos.

Desde otro umbral, el reconocimiento de la ciencia, del arte y del humanismo, también viene de Abraham Flexner, pedagogo estadounidense. En una conferencia que tituló La Utilidad de los Conocimientos Inútiles de octubre de 1939, dijo: “¿No es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen por completo o parcialmente de la tormentosa vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, a la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicaran al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento?

El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo. Mi pretensión es ocuparme hasta qué punto la búsqueda de estas satisfacciones inútiles se revela inesperadamente como la fuente de la que deriva una utilidad insospechada.

Un gran número de jóvenes se dedica a los estudios seguidos por sus padres y los dirige al estudio, igualmente importante y no menos urgente, de los problemas sociales, económicos y gubernamentales. No me quejo de esta tendencia. El mundo en el que vivimos es el único que nuestros sentidos pueden atestiguar. A menos que se construya un mundo mejor, un mundo más justo, millones de personas continuaran yendo a la tumba silenciosas, afligidas, llenas de amargura. Nuestras escuelas deberían prestar mayor atención al mundo en el que sus alumnos y estudiantes están destinados a vivir.

Podemos considerar esta cuestión desde dos puntos de vista: el científico, el humanístico o, espiritual. De una cosa podían estar seguros, teniendo presente los trabajos de Heinrich Hertz y Clerk Maxwell, de que habían realizado su trabajo sin pensar en la utilidad y de que a lo largo de la historia de la ciencia la mayoría de descubrimientos realmente importantes que al final se han probado beneficiosos para la humanidad se debían a hombres y mujeres que no se guiaron por el afán de ser útiles sino meramente por el deseo de satisfacer su curiosidad.

La curiosidad que puede conducir o no a algo útil es probablemente la característica más destacada del pensamiento moderno. No se trata de algo nuevo se remonta a Galileo, Bacon y sir Isaac Newton, y hay que darle total libertad. Las instituciones científicas deberían entregarse al cultivo de la curiosidad. Cuanto menos se desvíen por consideraciones de utilidad inmediata, tanto más probable será que contribuyan al bienestar humano y a otra cosa asimismo importante: a la satisfacción del interés intelectual, que se ha convertido en la pasión hegemónica de la vida intelectual de los tiempos modernos”.

Ojalá fuera capaz de dar una argumentación cargada de promesas en este mundo, que se deshace como hongos podridos en la boca. “Ya no es posible”, observaba Eliot, “hallar consuelo en tinieblas proféticas”. Las “apremiantes necesidades de una situación crítica”, que se refiere Eliot, se han hecho más evidentes en la actualidad.

Nos sentimos enredados constantemente en una urdimbre de crisis que nos flagela”.

                                                                    George Steiner.

lunes, 10 de noviembre de 2025

 

 

 

                                    ¿Qué configura el espíritu de la época actual?

                                                            Madrid-España a 09/11/2025

A los seres humanos que creen que, todavía es posible una segunda oportunidad del hombre sobre la Tierra”.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

En las Reflexiones sobre la Historia Universal –decía en el siglo XIX Jacob Burckhardt que, en vez de la Cultura, vuelve a estar sobre el tapete la existencia escueta. El Estado volverá a asumir la alta tutela sobre la Cultura e incluso a orientarla de nuevo, en muchos aspectos, según sus propios gustos. Y no está descartada la posibilidad de que ella misma le pregunte al Estado cómo quiere que se oriente. Ante todo, habrá que recordarle a la industria y al comercio, del modo más crudo y constante, que no son lo fundamental en la vida del hombre.

La crisis iniciada por una causa es soplada por el viento poderosísimo de muchas otras causas, sin que ninguno de los coparticipes individuales pueda decir nada acerca de la fuerza que en definitiva prevalecerá. Se adjudicará al Estado, entre sus deberes sin cesar crecientes, todo aquello que se cree o se sospecha que no hará por sí sola la sociedad. Tengo una premonición –dice en una carta a su amigo Preen– que, aunque parezca insensatez, no puedo alejar de mi mente, es que el Estado militar que se avecina va a convertirse en una gran fábrica.

Esta premonición de Burckhardt se hizo realidad en los años de la Primera y Segunda Guerra Mundial y, cómo los fascismos de Europa, de izquierda o de derecha, implementaron políticas que arrasaron con la vida, la libertad, el espíritu y la Cultura. En nuestros tiempos observamos anonadados la reencarnación del fascismo, el autoritarismo, el nacionalismo y el populismo, allende del Atlántico, y muchos países periféricos.

La disciplina, la uniformidad, se impone al toque de tambor y trompeta. Y la crisis de la condición humana tocó fondo. Y los centros vitales de la cultura occidental se degradaron y se respira en Europa y EE. UU, nuevamente la atmósfera del viento fétido y oscuro de la discriminación, el racismo y la segregación. No hay que olvidar que, “el mundo espiritual tiene su centro fijo –afirmó Hermann Cohen-, que irradia en toda la extensión infinita de la cultura, pero que los intereses de la cultura, sean cuales sean, nunca logran desplazar”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la revolución tecnológica y, de las comunicaciones artificiales, traen una concepción nueva de la realidad y de la existencia individual. Los valores heredados no responden a los requerimientos de las nuevas generaciones embriagadas por los instrumentos técnicos y los lenguajes digitales. Y se instaura poco a poco un “orden nuevo”, que responde al entrelazamiento entre la técnica y la nueva voluntad de poder.

El industrialismo automatizado, el mundo dinerario o, el mercado o, el armamentismo, situados en el umbral de la economía inferior del ser humano, tampoco son ajenos a los nuevos lenguajes digitales y a la Inteligencia Artificial. Es de suponer que esto influyó de manera poderosa en la condición natural del lenguaje y los movimientos del pensamiento. Porque si cambian los medios y los modos de comunicación humana, cambia el sentido del mundo y la vida en general.

Así que, el ser humano se sitúa en un “orden nuevo” de coordenadas. Porque hay que recordar que la realidad y el mundo, son un constructo lingüístico y de las reflexiones del pensamiento. Así pues, todo lo que somos, hemos sido y seremos, es pensamiento, sensibilidad, imaginación y lenguaje. Lo demás, ilusión óptica y auditiva del entrecruzamiento de la técnica y la voluntad de poder.

Es importante anotar que el Zeitgeist, Espíritu del Tiempo y sus juicios, no percibe los profundos cambios que se están dando en la naturaleza del hombre. Porque los sitúa sobre la cripta, en la superficie de la bóveda de lo actual, del presenta-ahora. Preguntamos, ¿qué es lo fundamental para el ser humano en esta época abstracta? Que la palabra conserve la magia y su relación con lo luminoso o, las potencias del espíritu. Y nos permita salir de los yermos espacios donde se ubican los sistemas racionalistas y materialistas, que nos sujetan a la coacción de sus dialécticas.

Así que, en estados como éstos sabemos que los átomos de la palabra liberan una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva la naturaleza espiritual que le corresponde. Por eso la custodia del lenguaje o, de la comunicación verbal, no hay que dejarla en manos irresponsables. Pero a la vez, tener en cuenta, que la primacía de los mass-media e Internet -átomos, bits, microchips, etc.-, en las civilizaciones actuales. Posibilitó no sólo otros medios y modos de comunicación, sino también de cognición y de experiencia individual.

Pero, cuando se manipulan al servicio de los poderosos, la vida toda, se ubica en el umbral del ensimismamiento, la melancolía, ante la añoranza de lo fundamental. De ahí que nuestras ensordecidas y grises vidas, puedan obtener de la cadencia de la poesía, del lenguaje de la novela, las “formas” del arte, la veneración o, los ritmos de la música; algo así como “un sentimiento del movimiento interior y de la coherencia del ser individual y nuestras sociedades algo de la perdida visión de una concordia humana”.

En un estado como éste, nos preguntamos, ¿cómo es posible que lo novedoso y exigente, lo que vale la pena decir, pensar o hacer, encuentre un auditorio entre el estrépito de inflación verbal y auditiva de la civilización actual? George Steiner piensa que, mediante la música, las artes y las ciencias exactas puede llegar a una sintaxis común. Un ámbito donde los modos y los medios de comunicación posibiliten un mundo más humano y vivible, un espacio donde se transfigure una nueva Gramática de la vida.

Así que, por la prevalencia de la imagen gráfica en movimiento, las redes sociales, “ya no se puede decir la verdad desnuda”. Ionesco, Hofmannsthal, Bühl, Kraus, Beckett, pensaban que la palabra en el espacio de la técnica, la economía dineral y la política, vive un rebajamiento fundamental. Que en el Canto del destierro Kurt Wolfskehl, “proclamaba que la palabra verdadera, la lengua del espíritu vivo, había muerto”. Y, Walter Benjamín, en De la lengua de los hombres en particular, a la lengua de los hombres en general, expresó: “Hemos caído en la charla maligna”. George Steiner en El castillo de Barba Azul, acotó que la animalidad política del siglo XX, la situación de pos-humanidades y sub-humanidades en la que nos encontrábamos, posibilitaron la “retirada de la palabra”.

Me pregunto, ¿qué se respira en la cultura occidental contemporánea? Una especie de malestar que invade los órganos del lenguaje y la consciencia individual, la convivencia nacional e internacional. Un malestar mundial que se percibe en la polarización de los Gobiernos y Estados. Supone pensar que la animalidad política del siglo XX y principios del XXI, no es indiferente a los recursos verbales, los medios y los modos de comunicación. Sino también a la situación interna de las naciones y la relación de los sujetos internacionales. De ahí que se desgarró la membrana lingüística del hombre, es decir, la comunicación como soporte para una discusión crítica de la vida, la política y la sociedad.

Preguntamos, ¿está la condición del lenguaje en tela de juicio? ¿está perdiendo la palabra algo de la energía viva del genio colectivo? ¿por qué el idioma no expresa la crisis general; lo precario y vulnerable del acto comunicativo? Porque la naturaleza social y convencional del habla, se está sustituyendo a marcha forzada por un código común de significaciones superficiales. Esto trae consigo la disolución del “Yo” concreto, una concepción diferente de la muerte y la esperanza, la amistad y el amor, la libertad y la confianza en sí mismo, la política y la sociedad.

Por eso los cambios no han de verse sólo en la superficie del Zeitgeist, del Espíritu del Tiempo; también en los contenidos espirituales del poder estático, en la estructura sustancial. De ahí su incidencia en la naturaleza del ser. Porque en el fondo de la retórica política, del confort técnico, la imagen “pictórica” en movimiento, fluyen las corrientes ontológicas y epistemológicas del mundo contemporáneo. En ello hay la necesidad que el hombre salga de las esferas de las abstracciones, las funciones, los sistemas, el consumo o, las divisiones del trabajo.

En esta época abstracta, ya se vislumbran rasgos alquímicos y luminosos, que nos ponen en relación con la Totalidad, con lo Absoluto, y en ello hay un profundo sentimiento de dicha y tranquilidad.

Desde el umbral del lenguaje, la dynamis histórico-cultural de la civilización occidental reciente, se percibe como inflexiones sintácticas, de las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario. Giros y cortes lingüísticos que truncan el continuo de la historia. El movimiento del espíritu hace que, no sólo la historia sea el motor de la acción política, social o científica, sino también de los “actos de habla”. Entendidos como actos comunicativos y políticos.

El lenguaje entonces contiene la esperanza razonable, que casi siempre está sometida a la tirantez de la vida cotidiana. Steiner nos recuerda que la esperanza y el temor son supremas ficciones potenciadas por la sintaxis. Es tan inseparable la una de la otra como lo son de la gramática. Es precisamente el status de la gramática lo que hoy resulta problemático. En todo nivel, excepto en lo trivial o momentáneo, la esperanza es una inferencia trascendental.

En esta época de alto calibre material el hierro está al rojo vivo, presto para penetrar los lugares más íntimos del ser humano y crear grandes lenguas de fuego, que arrasen con todo lo que encuentren a su paso. No es anómalo que al hombre de hoy lo embarga una especie de zozobra e inseguridad, ante los tiempos nublados que vivimos. Tiempos cargados de energías poderosas y destructoras, prestas a arrasar los movimientos sociales o políticos, éticos o culturales, que confronten a las potencias de los “cuadros de mando” y, a los “Poderes Mundiales Tecnológicos y Políticos.

En el siglo XX y, ahora a principios del XXI, la actitud razonable de la esperanza en su versión laica, no responde a las necesidades humanas. El mesianismo marxista en el que millones de hombres creyeron, no estuvo a la altura para responder a los requerimientos psicológicos, de justicia y razón del hombre occidental. Pero tampoco, el capitalismo industrial-financiero del nacionalsocialismo, porque encarnó las vísceras del Demonio. Además, el humanismo burgués o cristiano no estuvo a la altura para contener lo que Steiner llamó la Shoah: el viento oscuro de la muerte; o el agotamiento de los recursos de la esperanza: el eclipse de lo mesiánico.

Esta inflexión en la vida de los seres humanos, se configuró como logos del artificio. Ese proceder técnicamente hacia delante encuentra su figura en el Progreso. Esto pone de relieve a la Cultura del artificio y con ella, unos medios y modos de comunicación, que inciden en la naturaleza del Ser y el Existir. Por lo que respecta al lenguaje, el quebrantamiento de la palabra y la existencia en el siglo XX, es esencialmente ontológica y epistemológica. Los filósofos de origen judío –como Walter Benjamín, Hermann Cohen, Gershom Scholem, Martin Buber, Hannah Arendt, Emmanuel Lévinas, entre otros-, proponen no sólo pensar el alcance de la razón, sino de re-pensar todas las categorías de la razón, a la luz de lo que acaeció y del mesianismo.

Por tanto, “los cambios que afectan hoy a la experiencia de la comunicación, de la información, del conocimiento, de la génesis del sentido y de la forma”, se perciben preferentemente desde la gramatología. Porque el lenguaje posibilita el análisis de las palabras y del pensamiento, la crítica del mundo y de la realidad. Esto posibilita ahondar y precisar la condición humana. De ahí que el problema vital e histórico del ser humano, se convierta en gramatical. Por eso comprenderlo en su acepción más profunda significa percibir la Gramática de la transmutación.

En este umbral se devela el sentido oculto del problema. Comprender que los giros léxico-gramaticales, los fonemas, los morfemas, los verbos, los adverbios, los adjetivos, etc.; no son inalterables en el tiempo y el espacio. Son átomos del lenguaje, los conductos que comunican el sentimiento, de conformidad con los máximos valores morales e intelectuales de la persona humana. Posibilitan, entre otros, que aun en medio de la desgracia y el dolor, la humillación y el odio, la vida tenga sentido y valor trascendente, divino o laico.

Una época como la nuestra incapaz de reaccionar intelectual o moralmente ante la banalidad de la Civilización del espectáculo –su frivolidad y esnobismo-, permite que el tejido que la constituye se diluya en las redes del artificio.                                                                                                                                                                 

A su vez, uno de los medios adecuados para comprender y conocer el enigma de la existencia, se encuentra en las letras, el arte, la teología, la filosofía y las humanidades en general. Esferas que posibilitan que la ética, la estética y el espíritu de la libertad, dignifiquen a la persona humana. O, en otras palabras, que el espíritu latente de paso a la exaltación de la nobleza o, a la virtud de la vida. Son umbrales donde el ser humano se vivencia a sí mismo y logra alcanzar la jerarquía de persona.

En un tipo de investigación como ésta, se trata que las humanidades o las esferas del espíritu, posibiliten las herramientas necesarias para estar a la altura de las circunstancias históricas, los requerimientos psicológicos y morales de la actualidad. Para poder reaccionar a los mínimos requerimientos de la condición humana, se necesita develar el estado de postración espiritual y sensitiva del hombre contemporáneo. Son las esferas del espíritu, las potencias de la razón y la sensibilidad, las herramientas adecuadas para disipar el lastre de la consciencia individual, la degradación moral y política de nuestras sociedades.

Posibilitan que los seres humanos seamos conscientes de la importancia de la palabra; cómo el vientre donde germina el deseo de ser mejor. Una tendencia que trasciende los límites de la norma, la ley, las costumbres y los usos de la sociedad y, se convierte en fenómeno enteramente estético. Así pues, la literatura es crítica de la sociedad, la refleja y la transforma. Por tanto, la disolución de las normas civilizadas, más que una actitud moral fue un fenómeno estético. De ahí que Harold Bloom dijo: “Somos parte de un mundo grotescamente impresionante”.

Ahora, ¿por qué en esta alta civilización técnica, de masas y de cultura de masas, se perdió el buen sentido del gusto? Mejor, ¿por qué la apreciación estética de la existencia y la realidad, se reemplazó por lo inmediato del aquí-ahora? ¿está acaso el hombre contemporáneo sumergido en una atmósfera de degradación moral y estética? ¿se debe a que los máximos valores morales e intelectuales no responden ya al ideal de humanidad, a la búsqueda de lo bueno y lo bello como pensó Platón?

Un sentimiento de gratitud y de exaltación me compele a considerar, que la “infelicidad banal y la alegría trágica de la vida”, no estén a la altura de la consciencia de la vida cotidiana. Como si estuviéramos investidos por esa ola y por momentos sumergidos en los ritmos de esas energías tan sutiles y persistentes, que desgarran el interior del hombre. Y muestran que estamos en medio de una atmósfera putrefacta y pestilente, que manifiesta un “cierto agotamiento de los recursos verbales de la cultura y de la política de masas”.

Un cansancio que se concatena con la disolución de los valores compartidos y las referencias colectivas; y con cierto despilfarro de la energía vital. De ahí los altos ideales que han compartido los hombres a través de la historia, son ya cosa del pasado; y en su lugar se percibe cierta extenuación de la Gramática de la existencia individual. Así que, por la fragilidad y el vacío del Espíritu de la Época, prestos corremos a refugiarnos en paraísos artificiales: la droga, el alcohol, el sexo, el consumo, el dinero, el lujo, el poder, la violencia, etc. Y olvidamos que el verdadero sentido de la existencia está en el interior de todos y cada uno de nosotros. En esos fragmentos de Absoluto, que nos levantan del hoyo profundo y oscuro de la desesperanza o, el sufrimiento.

En el mundo actual el ser humano ha de prepararse para responder a los requerimientos de la existencia. Prepararse para revitalizar los valores morales e intelectuales, y poder asumir el peso de la existencia individual. Prepararse pedagógica y gramaticalmente como imperativos de los espíritus sensibles y libres. Si permitimos que la vida se convierta en torrentes de desaciertos y despropósitos, el mundo y la realidad se configurarán como el escenario donde las fuerzas atávicas (mítico-rituales) y, los despropósitos del poder, se apropien de la existencia de los seres humanos. Y olvidemos la sentencia de Wittgenstein: “La vida es demasiado seria”.

Ya que el umbral donde se restaura la abnegación, el respeto, la dignidad, el amor, la rectitud o la paciencia, no es otro, que el interior de las personas. En este orden, se convierte en “deber ser” formar pedagógica y culturalmente a las nuevas generaciones, para que sean “capaz de acoger la sugerencia que debemos soportar tanto el haber nacido como el que tenernos que morir; es decir, de madurar” -al decir de Harold Bloom.

En el mundo actual, es imprescindible formar para la vida y la muerte, la guerra y la paz, los triunfos y las derrotas, la felicidad y los infortunios; y, así de esa manera, elevarnos sobre nuestras propias inmundicias y posibilitar el encuentro con lo que Dickenson llamó: “Lo sublime precario”.

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

 

                                                              Hannah Arendt

                                  El humanismo: el juicio como capacidad del gusto  

                                               Madrid-España a 03/11/2025

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Hannah Arendt en el texto Entre el pasado y el futuro (Ocho ejercicios sobre la reflexión política) nos recuerda que la actitud del griego antiguo, liberado de las necesidades biológicas, dedica su tiempo libre al pensar, la poesía, el arte, la política y la esfera pública. O, en otros términos, al pensamiento, la acción y la estética. Es decir, la vida en la poli como ser libre. De ahí que se dieran cuenta que, la estética es la madre de la ética. La esfera de la ética es el principio de acuerdo consigo mismo.

Lo descubrió Sócrates, tal como lo formuló Platón, y está en la siguiente expresión: “Es… mejor que muchos hombres no estén de acuerdo conmigo y me contradigan, antes de que yo, que no soy más que uno, esté en desacuerdo conmigo mismo y me contradiga”. De esta frase nace la ética occidental, con su acento en el acuerdo con su propia consciencia. (Arendt).

Es en la Crítica del juicio donde Immanuel Kant lleva a cabo un punto de inflexión a partir de la capacidad del gusto. Que sólo estaba referido a fenómenos estéticos y considerado ajeno al campo político y al de la razón. Entonces descubre que, en los juicios estéticos, como en los políticos, se adopta una decisión de que el mundo mismo es un dato objetivo, algo común a todos los habitantes. (Arendt).

La capacidad del gusto posibilita ver y mostrar las cosas que pueblan al mundo, independiente de su función y utilidad. El gusto juzga al mundo en sus apariencias y en su mundanidad (más allá del interés privado del ser humano). Para los juicios de gusto su interés se centra en el mundo y no en el hombre y su vida privada. (Arendt).

      Descubrió Kant que, en los juicios estéticos, tanto como en los políticos, se adopta una decisión.

Además, los juicios de gusto comparten con las opiniones políticas su persuasividad; que tiene como meta buscar un acuerdo con los demás. Que permitan persuadir por la palabra y el gusto, como “formas” de la práctica política. Un ámbito donde las persones hablan entre sí para llegar acuerdos y consensos sobre la vida pública y el mundo en común.

Arendt dice al respecto: la cultura y la política, pues, van juntas porque no es el conocimiento o la verdad lo que en ellas está en juego, sino más bien el juicio y la decisión, el cuerdo intercambio de opiniones sobre la esfera de la vida pública y el mundo común. (Arendt). El gusto como actividad de una mente cultivada –cultura animi- le quita la barbarie al mundo de lo bello, porque no se deja abrumar por ella. Se preocupa de la belleza según su modo “personal” y, así produce una “cultura”.

El mundo de la belleza (obras de arte, partituras musicales, un poema, una novela, un atardecer, etc.), se oponen a la barbarie política, al odio, la mentira, las injusticias sociales o humanas. Es un mundo que dignifica la condición humana y exalta el Humanismo. El gusto es la capacidad política que humaniza la belleza y crea una cultura. La belleza posibilita que el hombre despierte la imaginación, la capacidad de asombro, de interrogación y de juicio.

    Es el ámbito de la vida humana donde se devela el Humanismo: la semejanza entre los hombres.

Sabemos que el humanismo y la cultura es de origen romano; se refiere al sentido romano de humanitas, de humanidad, a la integridad de la persona como persona. Porque en él se sacrifica el valor humano y la categoría personal, junto con la amistad, en aras de la primacía de una verdad absoluta. En traza de Cicerón podemos ver la exaltación que hace Arendt del humanismo y del humanista.

En Cicerón al verdadero humanista, ni las verdades de los científicos ni la verdad del filósofo ni la belleza del artista pueden ser absolutos; el humanista no está especializado y ejercita una facultad de juicio y gusto, que está más allá de las acciones que cada especialidad nos impone. Esta humanidad romana se aplicó a todos los hombres libres en todos los sentidos, para quienes el problema de la libertad, de no sentirse coaccionado, era decisivo, incluso en la filosofía, las ciencias y las artes. (Arendt).

Un hombre libre es no estar coaccionado en su asociación con los hombres y los objetos, ni por la verdad ni por la belleza.

                                      Cicerón

El gusto de una mente de verdad cultivada –cultura animi- que se puede confiar en ella para que se ocupe y cuide las cosas que pueblan el mundo, cuyo criterio básico es la belleza. Este humanismo es el resultado de la cultura animi, de una actitud que sabe cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo. (Arendt). Una mente cultivada se preocupa no sólo de las cosas, sino también de los seres que lo rodean y, en especial, de los demás seres humanos. Por eso el humanista se preocupa por la verdad y la belleza; pero no por lo absoluto que se quiera imponer a través de ellas.

Aquí un punto de contradicción entre una mente que todo lo convierte en “valor” de cambio y una mente, que trata de ocuparse y cuidar el mundo natural y lo hecho por el hombre. El humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre las actividades puramente políticas y las de pura elaboración. (Arendt). Porque en él no prevalece el ejercicio del poder y la función o, la utilidad de las cosas, sino el dialogo, el consenso, el acuerdo y la cualificación de la vida personal.

Eso que eleva en libertad a la esencia del “ser” y del “existir”. En otros términos, le interesa la cultura, el cuidado de las cosas del mundo, la amistad, la fraternidad, la ternura que comparte entre los seres humanos, el pensar y la búsqueda de un mundo más humano, libre y solidario.

Admiro que Arendt, en una civilización de alto desarrollo científico y técnico, de capitalismo global y políticas de bloques, se preocupe por la libertad y el humanismo. Y diga siguiendo las ideas de Cicerón: como humanistas podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista. Como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que debemos conocer y buscar. Así logramos estar por encima de las ideas y las acciones del filisteísmo, siempre que aprendamos ejercer nuestro gusto con libertad.

La libertad para Arendt, no es un Don divino ni natural al hombre, sino que se adquiere en las relaciones que establecemos con los demás, con los seres que vivimos en comunidad y hacemos del mundo algo común. El problema está en que el hombre entregue su libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual y, cuando falten estas, quede desvalido.

El humanista, en cambio, se propone llevar adelante una lucha, una lucha que para algunos no tiene ningún valor. El humanista posee una relación originaria con la libertad, con el tejido del cuerpo social; de ahí que se opone a todo automatismo, a todo autoritarismo, a todo populismo político, económico, social, cultural y, a las especialidades que niegan el libre conocer y buscar.

Si la contemplamos de ese modo, no dejará de hacérsenos evidente el papel desempeñado por el humanista en el conflicto entre el hombre de Estado y el artista, sino también en sus pensamientos y la apreciación estética de la existencia y del mundo. La realidad de estos años que estamos atravesando hacen del humanista algo esencial para confrontar todo tipo de coacciones y determinismos que atenten contra la libertad.

Así elevarse en libertad sobre el automatismo y el Gran Poder, significa reservarse la decisión propia y que el gusto por el mundo y las cosas que lo pueblan, nos ayuden a precisar nuestra condición estética y ética.

El lugar de la libertad es diferente al de todo autoritarismo, populismo o dogmatismo, porque ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo y trascender los muros de contención del Gran Poder. El humanista que cree en el ser humano y la libertad que le es propia, emprende la tarea de encontrarle sentido a unos acontecimientos históricos, políticos, sociales y culturales. Que dejan a la vera del camino muchos sufrimientos, dolor, miedo, muerte y, se convierte en piedra de escándalo.

El hecho de que el hombre de hoy, el hombre masa renuncie en amplia medida a la libertad, no significa que el hombre de –cultura animi- de la mente y del espíritu, también lo haga.

Como expresó Ernst Jünger: “De ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario si no queremos entregarnos a meras ilusiones. La libertad viene a la vez que lo necesario y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La libertad, en cambio, aunque siempre se encubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal”.

¿Qué pensaban los romanos que era una persona culta? La que sabe cómo elegir compañía entre los hombres, entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado.

                                                                                       Arendt

 

                                          

viernes, 31 de octubre de 2025

 

                                                       Byung-Chul Han

Fragmentos sobre el discurso del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025

                                                                        Madrid-España a 30/10/2025

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Byun-Chul Han es un filósofo alemán de origen surcoreano. Profesor de la Universidad de las Artes de Berlin. Nació en Seul, Corea del Sur en 1959. Sus libros, “La sociedad del cansancio, La expulsión de lo distinto, El aroma del tiempo, La sociedad de la transparencia”, etc., publicados en España por Editoriales como Herder y Taurus. Es un pensador que ha reflexionado sobre la sociedad contemporánea desde diversos puntos de vista: El neoliberalismo, el Sistema del Capitalismo Global, el tiempo, la transparencia, etc. Y, su repercusión en el comportamiento, la mente, el lenguaje y el pensamiento.

Han reflexiona sobre la «transparencia» como norma cultural creada por el mercado neoliberal, que él entiende como el insaciable impulso hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de información que raya en lo pornográfico. Según Han, los dictados de la transparencia imponen un sistema totalitario de apertura a expensas de otros valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad. Se rebela contra el capitalismo digital y lo desarrolla en sus textos como resistencia política.

Para Han los tiempos del otro o, de los otros, han pasado. El otro como amigo, como hermano, como comunidad, como misterio, etc., están dando paso a lo igual. Lo igual en todos los ámbitos de la sociedad, que pasan como crecimiento, esconden tras de sí las enfermedades patologías del cuerpo social. En la actualidad lo que enferma a la sociedad, no es el extrañamiento, la alienación, la prohibición y la represión, sino el exceso de información, la sobreproducción y el consumo excesivo. Por eso la expulsión de lo diferente y de lo otro del cuerpo social, repercute en las enfermedades mentales, la depresión y la autodestrucción.

“La psicopolítica es el sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, que reprime y expulsa, utiliza un poder seductor, inteligente, que busca que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación”.

                                                                 Byung-Chul Han

Han es consciente que somos habitantes de un mundo, donde estamos interconectado las veinte y cuatro horas del día y, vivimos una existencia vacía de contenidos espirituales, de experiencias. Los movimientos del pensar no expresan ni comunican, la esencia del ser, del hombre y del lenguaje. Esta deriva del mundo contemporáneo, analizada y criticada por pensadores como Michel Foucault, Zigmunt Bauman o Guy Debord, muestran en la Cultura de lo efímero o, la Civilización del espectáculo. Un malestar contemporáneo que la filosofía toma como objeto de crítica y de análisis.

Nos estamos convirtiendo en una prolongación de los instrumentos técnicos, de los teléfonos móviles, de los ordenadores y de las imágenes <pictóricas> en movimiento y de los lenguajes digitales. Y esto repercute en las capacidades mentales (la concentración, la lectura de textos complejos, la capacidad de asombro, la curiosidad, etc.). Que repercute en la esencia del ser humano, el lenguaje y el pensamiento. Porque “la utilización espontanea del lenguaje define al hombre”.

También porque el pensamiento es una forma del lenguaje. Como expresó George Steiner: “Lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles”.

Los filósofos en la historia de la cultura occidental han relacionado la capacidad de volar, la música y el amor. “Heidegger dice que el pensamiento lo eleva el ala de Eros y esa ala permite llegar a un lugar que todavía no ha pisado nadie, a un espacio que nadie ha experimentado” –nos recordaba Byun-Chul Han, en la entrevista que concedió al periódico el País por la concesión al premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025.  Para Platón –dijo- Eros nos acerca a la idea de lo Bueno y lo Bello. Que significa despegar y volar hacia el cielo de las ideas.

Somos parte de la sociedad “del trabajo, del rendimiento, de la comunicación, del electorado, del consumo”. No somos capaces de ver, analizar, criticar o, pensar el mundo y la realidad. No estamos educados para ello y, más que todo, no tenemos cultura, cultura general. El alimento del espíritu y del pensamiento, es escaso, lo posee una “selecta minoría”.

Los medios de comunicación de masas, las plataformas digitales y las redes sociales, exaltan lo banal, lo fútil y vació de contenidos espirituales, en detrimento de lo que tiene sentido y posibilita la capacidad de interrogación, de crítica, de análisis, al tejido vivo de la existencia, del mundo y la realidad.

Ahora por la algarabía de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, se deteriora la sintaxis, la gramática, “el estado transitorio e inestable del tiempo y la identidad personal, del yo y la muerte física, influyen en la condición y las posibilidades del lenguaje. Si los <<universales históricos>> cambian, si las estructuras sintácticas se modifican, se modifican también las formas de comunicación” –indicó George Steiner en Extraterritorial. Por eso “considerando estos niveles de transformación, el discutido papel de los medios electrónicos”, de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, son apenas un síntoma secundario.

Estamos en una dinámica en la vida cotidiana, donde los instrumentos técnicos y el capitalismo global, determinan el devenir de las sociedades y de la Humanidad. Donde la aceleración, “la cultura del rendimiento”, la artificialidad y la tecnificación de las relaciones personales y sociales; también la existencia, el hiperconsumo, la mercantilización del sistema del capitalismo global, están alterando la naturaleza esencial del ser humano. Que traen consigo disfuncionalidades físicas y psicológicas. Como la ansiedad, la depresión, la soledad, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y la esquizofrenia. A la vez, las enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas, la diabetes y el cáncer.

Así, los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento y el teléfono móvil, nos convierten en agentes depresivos. Somos una extensión de los instrumentos técnicos y del teléfono móvil. Esta transformación de la naturaleza humana, nos induce a perder el sentido de realidad, la relación con el otro y con el mundo en general. ¿Qué suministran las plataformas digitales a sus usuarios? Información. Lo que suministra y recibe el ser humano, es información. Por tanto, “el poder, la riqueza y el significado de la riqueza pasan de tener mucho dinero a tener muchos petabytes de información”. –dijo Yuval Harari en <<Nexus>>.

En la actualidad las grandes empresas y el poder que representan en las sociedades y las naciones, están determinados por la cantidad de información acumulada. Ellas obtienen lo que desean a cambio de información. O, en otros términos, la información nos sirve para comprar bienes y servicios. Así mismo, manipulan, coartan, vigilan o, alteran los estados de consciencia del ser humano. Que responden al ejercicio del poder de las plataformas digitales y los Estados técnicos.

Dice Han: “Necesitamos que se calle la información. Sino acaba explotándonos en el cerebro. Hoy percibimos el mundo a través de las informaciones”. Porque de lo contrario, “se pierde la vivencia presencial”. Nos estamos “desconectando del mundo de forma creciente. Vamos perdiendo el mundo”. Como dijo Walter Benjamín: “De qué nos sirve la experiencia, sino va unida a ella la educación”.

Ahora bien, ¿cuál es el papel del filósofo en el mundo que vivimos? Dice Han: “El papel del filósofo, según Platón, consiste en despertar, criticar, incomodar y exhortar a los atenienses”. Esa misión socrática de la filosofía, la han interiorizado los filósofos en el devenir de la cultura occidental. Se trata de ¡Despertar! a los demás seres humanos, para que perciban el gesto estético, la experiencia y el pensar, del mundo que vivimos.

Han cree que el sistema económico neoliberal nos posibilita vivir una libertad ficticia: “Hoy pensamos –dice- que somos más libres que nunca. En realidad, vivimos en un régimen neoliberal despótico que explota precisamente la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria gobernada por la prohibición y la orden (tal como lo percibe Michel Foucault y Guilles Deleuze), sino en una sociedad del rendimiento que se cree libre y está regida por el poder “hacer”. Pero ese poder sin límites sólo al principio produce una sensación de libertad; pronto genera más coacción que los antiguos “debes”.

Han no está en contra del teléfono móvil ni de la digitalización, que pueden ser herramientas muy útiles. Pero piensa “que somos nosotros seres humanos, quienes nos hemos convertido en su herramienta. El Smartphone nos usa a nosotros y no al revés. No es que el Smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos su producto”. Pienso que la tecnología contiene en sí misma, en la esencia que la determina, relaciones de poder y de saber, que responden a las minorías que gobiernan el mundo. Por ejemplo, a Silicón Valley y a los Estados técnicos como Estados Unidos, Rusia o China.

El problema consiste en que la tecnología sirve al Gran poder económico y político, para difundir el odio, el racismo, la xenofobia, las fake news, y termina creando en las sociedades polarización, discriminación, al extranjero, al inmigrante, al negro y al blanco empobrecido. Han critica el determinismo tecnológico y piensa, que son los poderes públicos, quienes deben limitar a las tecnologías. “La tecnología sin control político, sin ética, puede adquirir una forma monstruosa y volver a esclavizar al ser humano”. De ahí la crítica a la IA generativa, que como agente pueda sustituir algún día al ser humano, en las tomas de decisiones y de pensar por sí misma.

Para implementar y conservar la democracia, recuerda a Alexis de Tocqueville, donde se necesitan virtudes y valores universalistas como “el sentido común, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto”. Sin esas virtudes la democracia se convierte en algo vacío y sin sentido. Es decir, se convierte en un aparato que legitima y legaliza un determinado poder, y no se gobierna desde sus instituciones para alcanzar la justicia social, la legalidad, los derechos fundamentales del hombre, el respeto al otro, a la diversidad y al pensamiento.

La democracia debe garantizar la libertada en todas sus acepciones: libertad de escribir, de pensar, de criticar, religiosa, económica y política.

Por eso la política no ha de reducirse a luchar sólo por la consecución del poder, a la aclamación en los parlamentos, al electoralismo, sino responder a las verdaderas necesidades materiales, espirituales, éticas y culturales de las sociedades. Porque la creciente desigualdad económica y social, educativa y cultural, conduce a la sociedad a la seducción del autócrata, del populista y del demagogo. Que genera violencia, odio, mentira y opresión.

El compromiso de la democracia y los demócratas es, luchar contra las injusticias sociales e individuales, el sufrimiento, el dolor, y ponerla al servicio de la libertad y de la verdad.

En las sociedades contemporáneas la vida toda, está determinada por la velocidad, el dinero, el poder, el lujo, las bellas materias, el consumo y los espejismos de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento. Existe una desestructuración del interior del sujeto, una devaluación de la zona de la sentimentalidad, de los valores éticos y morales, que dan sentido a la personalidad. El hombre en la actualidad no ocupa el centro del mundo, sino que deviene “colocado fuera de la obra, se ha salido de ella. Esta se ha vuelto autónoma” y, el hombre es cada vez “más sustituible y prescindible”.

       Hemos olvidado las enseñanzas del mito y las Grandes religiones:

Que “en las cosas visibles están todas las indicaciones relativas al plan invisible” –dijo Ernst Jünger

En la sociedad contemporánea todo se convierte en “valor”, (la amistad, el amor, el sexo, el lujo, el consumo masivo, aún la educación y la “cultura en general”), es decir, en “un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales”. En otras palabras, todo se “convierte en valor de cambio, los valores culturales reciben el mismo trato que cualquier otro valor”; son “valores de cambio y al pasar de mano en mano se desgastan como monedas antiguas”. Como dice Hannah Arendt: “Así perdieron la que en su origen es la facultad peculiar de todos los objetos culturales: La facultad de captar nuestra atención y conmovernos”.

Somos parte de una época en que “el mundo se asemeja a un inmenso centro comercial donde todo se puede consumir. El scroll infinito promete información sin límites. Las redes sociales hacen posible una comunicación ilimitada” –dijo Han en su discurso por el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. Por la vorágine de la conectividad digital y de imágenes en movimiento, las relaciones de sentido seden su espacio a las relaciones artificiales, que obedecen a la Cultura del artificio. En las esferas de la vida, los vínculos reales y sentimentales, son débiles, vacíos y parece que hemos perdido la empatía.

Somos consciente que el Sistema Capitalista Global y, en particular, el neoliberalismo, deja tras de sí un montón de escombros humanos y materiales, tirados a la vera del camino. Deja un vacío en el interior del ser humano, que no se puede llenar con ideales, ni valores éticos ni morales, tampoco con la educación y la cultura en general. El neoliberalismo deviene en destrucción de las vidas de los seres humanos, de la naturaleza, de los mares, de los ríos, de los polos, e induce a vivir en el mundo del fuego, que es el mundo de la técnica, del poder y del dinero.

                                                  De ahí que:

Nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”.

                                                           Ernst Jünger.

El pensador, el artista, el músico, el poeta, el novelista, el ensayista, etc., causa irritación por lo que dice y piensa; más a los que ejercen el poder político, económico, social y cultural. Como expresó George Steiner: “Hoy es cada vez más difícil <<ser uno mismo>>, encontrar un espacio diferenciado para el idioma, el estilo y la sensibilidad. Bajo la presión del embolo de los medios de comunicación, (las redes sociales) y la publicidad, hasta nuestros sueños se han uniformado”. Así que, “sólo en secreto celebramos la insolente maravilla del yo; sólo en secreto aspiramos - ¡oh enigma de la sensualidad! - el olor de nuestra propia inmundicia”.

Es algo evidente en los tiempos actuales, que la Cultura de lo efímero y las Nuevas utopías de lo inmediato, “les resulte fascinante que nuestras vidas sean insignificantes y estén destinadas al olvido” y que el presente-actual sólo se proyecte en los instrumentos técnicos, los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento.

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 21 de octubre de 2025

 

                               La importancia de la literatura y de las humanidades en general

                                                                 Madrid-España a 20/10/2025

  A la memoria de los profesores, de las aldeas, los pueblos y las ciudades de mí país y del mundo.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

El escritor Antonio Scurati en la ceremonia de concesión de la medalla del Circulo de Bellas Artes de Madrid 2025, decía refiriéndose a Albert Camus y el compromiso de la literatura con el mundo actual. “Respecto a la naturaleza del compromiso con el que la literatura debía contribuir a impedir la destrucción, el autor de El extranjero y La peste no tenía dudas: ponerse al servicio de la verdad y de la libertad, rechazar la mentira y resistir a la opresión”.

También preguntaba, “¿qué significa servir a la libertad en una época en la que la política soberanista triunfa por doquier reivindicando de manera obscena la libertad de suprimir y humillar la libertad ajena? ¿Y cómo podemos servir a la verdad en una era de posverdad, cuando no se trata ya de contrarrestar la falsedad, sino de evitar ahogarnos en una avalancha mediática de emotividad, prejuicios e ideología que niegan en su propia raíz los hechos objetivos, la ciencia y el conocimiento?”

En el mundo actual la posverdad se ha convertido en fundamento de las creencias colectivas, que niegan y sustituyen la relación con el mundo y la realidad. Porque las informaciones llanas y simultaneas de los medios masivos de comunicación, las redes sociales, que informan a los sujetos receptores determinando su interés, no suministran elementos para la conducción de la vida o la orientación en la realidad. Que las relaciones de poder sostienen sobre el sistema general de la información, lo único que realmente interesa y es propiamente constante.

Así que, la verdad en este tejido de información fugaz y pasajero, se convierte imperceptible e indetectable, irrelevante e inoportuna. Es decir, los que manejan el Poder Tecnológico y el Poder Político, superponen la falsedad sobre la verdad, mediante la alteración de la conciencia y de la zona de la sentimentalidad, con imágenes e ideologías que niegan los hechos verdaderos, el conocimiento y la ciencia.

En los Estados Modernos existe una relación intrínseca entre periodismo, novela y democracia. La novela se desarrolla en un ámbito democrático, que afirma que toda vida del ser humano merece ser narrada, con un lenguaje popular en consonancia con sus modernos antihéroes. La novela refleja al mundo y enriquece al ser humano a través de la ficción. También ofrece entretenimiento y fomenta el desarrollo integral de la personalidad. Además, es un registro histórico, social y cultural, que posibilita comprender otras épocas, realidades socio-políticas y culturales.

En la actualidad con el predominio de la técnica en los asuntos humanos, los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, paralizan las funciones del cerebro como la atención y las habilidades de lectura profunda de textos complejos. De ahí que los lenguajes digitales y las redes sociales, han generado un resurgimiento del analfabetismo literario, del análisis y la crítica de textos y de la realidad.

Por tanto, el declive de la capacidad de leer, se relaciona con el declive de las capacidades cognitivas y del lenguaje natural. La saturación de información digital y de las imágenes en movimiento, entorpecen el libre desarrollo de la imaginación y del lenguaje en general. Se olvida que, el pensamiento es una forma del lenguaje. Esto trae como consecuencia, la parálisis del pensamiento, del análisis crítico de la vida, la realidad y el mundo. En consecuencia, la memoria, la rememoración y los movimientos del pensamiento, no respondan a las necesidades morales, éticas, espirituales y materiales, del individuo y de la sociedad.

En la actualidad los discursos rupturistas, populistas, nacionalistas y autoritarios, que se diseminan en las redes sociales crean miedos paranoicos, creencias irracionales, emociones pasajeras, que aíslan a la joven generación y a la sociedad en general, de los umbrales del conocimiento y las experiencias. Que posibilitan desandar lo andado y develar el presente desde el pasado para comprender el futuro. Por eso los “analfabetos y las analfabetas digitales” responden a los discursos y las imágenes, agresivas y excluyentes del ejercicio del poder, que se implementan en las redes sociales, el periodismo y los medios de comunicación de masas.

                           Ahora bien,

existe un vínculo, causal e histórico, entre el desarrollo de la literatura y el desarrollo de la democracia” -al decir de Antonio Scurati.

En la Época Moderna el estado de literatura, de poesía y de novela, está concatenado a la capacidad de leer, al advenimiento de las sociedades abiertas, al Estado de Derecho y los Sistemas democráticos. Como expresó Albert Camus: ¿en qué consiste la “misión del escritor”? o, ¿Cómo la literatura debe contribuir a impedir la destrucción del individuo, de la sociedad, del mundo y la realidad? Cuando se pone al servicio de la libertad, de la verdad, rechaza la mentira y resiste a la opresión. La literatura contribuye a formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma.

Porque el nacional-populismo en la actualidad, en nombre de la libertad nacional discrimina y oprime la diversidad de la libertad y de la vida. De ahí que la lectura, la literatura, la poesía, la pintura o, la cultura en general, se convierten en herramientas para desenmascarar las mentiras ideológicas y del ejercicio del poder. Por eso impulsan a aumentar la excelencia de nuestra naturaleza, hacer del hombre un ser más sensible y más inteligente.

A que la Cultura posibilite el perfeccionamiento del espíritu y de la vida. En la oscuridad y los espejismos de los lenguajes digitales o, de las imágenes, la Cultura contribuye a alcanzar la “dulzura” y la “luz”, en la armoniosa perfección humana.

Uno de los problemas del nacional-populismo separatista, consiste en que, mal interpreta el concepto de nación, de lengua, de identidad, de usos y de costumbres, como racional y lógico. “Y lo irracional en tanto engendro de lo irracional impensado presta curiosos servicios”: al racismo, la xenofobia, la discriminación, al odio y al autoritarismo. Creo que no podemos dejar de ser capaces de leer, de analizar, de criticar y de pensar, el mundo y la realidad, que nos ha tocado vivir. Porque existe una relación intrínseca entre lectura, democracia, periodismo, libertad y Estado de Derecho.

La vida de la joven generación se transforma de muchos modos –dijo Nuccio Ordine en “Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal”: “educando a los alumnos en la legalidad, la tolerancia, la justicia, el amor al bien común, la solidaridad humana, el respeto a la naturaleza y al patrimonio artístico, se realiza en silencio y lejos de los focos, un pequeño milagro que se repite cada día en cada escuela de cada país, rico o pobre, del mundo. Así que, la buena escuela la hacen ante todo los buenos profesores”.

Sabemos que la “escuela digital” produce en la mente de los estudiantes y en su capacidad de aprendizaje, transformaciones profundas. Pero no educa para la vida, el sufrimiento, la fraternidad, el amor, la amistad, la justicia, la libertad, el dolor, la muerte, la democracia y el Estado de Derecho. Sino para otros menesteres que responden a las Plataformas Digitales, al Gran Poder Político y al Poder Económico Digital, que entiende la escuela y la sociedad, como un vasto mercado que explotar.

Esta preocupación sobre la libertad, la verdad, la opresión, la educación, la cultura y la condición humana, no le incumbe sólo a quienes hacen parte de las ciencias humanas y la estética. Sino también a los que se desenvuelven en las esferas del derecho, la política, la economía o las ciencias positivas. Basta con recordar un pasaje de un artículo sobre la escuela de Albert Einstein, que reza así:

La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista. En mi opinión, esto es aplicable, en cierto sentido, incluso a las escuelas técnicas, cuyos alumnos se dedicarán a una profesión totalmente definida. Lo primero debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados.

Lo importante para los alumnos y los seres humanos en general, no es la meta, sino el viaje que debemos llevar a cabo para alcanzarla. Ilustremos esta metáfora con un poema de Costantino Cavafis (1863 – 1933):

 

                                                        <<ÍTACA>>

 

                                    Mantén siempre Ítaca en tu mente.

                                    Llegar allí es tu destino.

   

                                   Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.

                                   Es mejor que dure muchos años

                                   Y que viejo al fin arribes a la isla,

                                    rico por todas las ganancias de tu viaje,

                                    sin esperar que Ítaca te vaya a ofrecer riquezas.

 

                                    Ítaca te ha dado un viaje hermoso.

                                    Sin ella no te habrías puesto en marcha.

                                    Pero no tiene ya más que ofrecerte

 

                                    Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha

                                    burlado.

                                    Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,

                                    Ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

 

Como expresó Nuccio Ordine: “Sacrificar a una meta el valor intrínseco de la experiencia misma de la aventura del conocimiento significa empobrecer nuestro proyecto”. Así que, el ser humano siempre debe estar dispuesto al libre cultivo del espíritu y de su mente, de sus intereses y de su curiosidad. Tener presente, que la educación forma o deforma la individualidad para siempre.

Que educar en una atmosfera democrática y libre, que nos ayude alcanzar la libertad y luchar contra el autoritarismo, el fascismo o el Totalitarismo. Se ha apoyado en la historia de la cultura y la civilización moderna, en el estudio de las lenguas antiguas, la filosofía, la literatura, la música y el arte en general.

Que nos permiten percibir el valor intrínseco de la belleza y la función civil que el arte o las humanidades pueden ejercer en la formación de la identidad, del pensamiento crítico; como también en el fomento del crecimiento humano y cultural de un pueblo. Se trata, en última instancia, de valorar el patrimonio de la humanidad, porque la “dulzura” y la “luz”, la libertad y la dignidad humana. Está en todos y cada uno de nosotros.