lunes, 10 de noviembre de 2025

 

 

 

                                    ¿Qué configura el espíritu de la época actual?

                                                            Madrid-España a 09/11/2025

A los seres humanos que creen que, todavía es posible una segunda oportunidad del hombre sobre la Tierra”.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

En las Reflexiones sobre la Historia Universal –decía en el siglo XIX Jacob Burckhardt que, en vez de la Cultura, vuelve a estar sobre el tapete la existencia escueta. El Estado volverá a asumir la alta tutela sobre la Cultura e incluso a orientarla de nuevo, en muchos aspectos, según sus propios gustos. Y no está descartada la posibilidad de que ella misma le pregunte al Estado cómo quiere que se oriente. Ante todo, habrá que recordarle a la industria y al comercio, del modo más crudo y constante, que no son lo fundamental en la vida del hombre.

La crisis iniciada por una causa es soplada por el viento poderosísimo de muchas otras causas, sin que ninguno de los coparticipes individuales pueda decir nada acerca de la fuerza que en definitiva prevalecerá. Se adjudicará al Estado, entre sus deberes sin cesar crecientes, todo aquello que se cree o se sospecha que no hará por sí sola la sociedad. Tengo una premonición –dice en una carta a su amigo Preen– que, aunque parezca insensatez, no puedo alejar de mi mente, es que el Estado militar que se avecina va a convertirse en una gran fábrica.

Esta premonición de Burckhardt se hizo realidad en los años de la Primera y Segunda Guerra Mundial y, cómo los fascismos de Europa, de izquierda o de derecha, implementaron políticas que arrasaron con la vida, la libertad, el espíritu y la Cultura. En nuestros tiempos observamos anonadados la reencarnación del fascismo, el autoritarismo, el nacionalismo y el populismo, allende del Atlántico, y muchos países periféricos.

La disciplina, la uniformidad, se impone al toque de tambor y trompeta. Y la crisis de la condición humana tocó fondo. Y los centros vitales de la cultura occidental se degradaron y se respira en Europa y EE. UU, nuevamente la atmósfera del viento fétido y oscuro de la discriminación, el racismo y la segregación. No hay que olvidar que, “el mundo espiritual tiene su centro fijo –afirmó Hermann Cohen-, que irradia en toda la extensión infinita de la cultura, pero que los intereses de la cultura, sean cuales sean, nunca logran desplazar”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la revolución tecnológica y, de las comunicaciones artificiales, traen una concepción nueva de la realidad y de la existencia individual. Los valores heredados no responden a los requerimientos de las nuevas generaciones embriagadas por los instrumentos técnicos y los lenguajes digitales. Y se instaura poco a poco un “orden nuevo”, que responde al entrelazamiento entre la técnica y la nueva voluntad de poder.

El industrialismo automatizado, el mundo dinerario o, el mercado o, el armamentismo, situados en el umbral de la economía inferior del ser humano, tampoco son ajenos a los nuevos lenguajes digitales y a la Inteligencia Artificial. Es de suponer que esto influyó de manera poderosa en la condición natural del lenguaje y los movimientos del pensamiento. Porque si cambian los medios y los modos de comunicación humana, cambia el sentido del mundo y la vida en general.

Así que, el ser humano se sitúa en un “orden nuevo” de coordenadas. Porque hay que recordar que la realidad y el mundo, son un constructo lingüístico y de las reflexiones del pensamiento. Así pues, todo lo que somos, hemos sido y seremos, es pensamiento, sensibilidad, imaginación y lenguaje. Lo demás, ilusión óptica y auditiva del entrecruzamiento de la técnica y la voluntad de poder.

Es importante anotar que el Zeitgeist, Espíritu del Tiempo y sus juicios, no percibe los profundos cambios que se están dando en la naturaleza del hombre. Porque los sitúa sobre la cripta, en la superficie de la bóveda de lo actual, del presenta-ahora. Preguntamos, ¿qué es lo fundamental para el ser humano en esta época abstracta? Que la palabra conserve la magia y su relación con lo luminoso o, las potencias del espíritu. Y nos permita salir de los yermos espacios donde se ubican los sistemas racionalistas y materialistas, que nos sujetan a la coacción de sus dialécticas.

Así que, en estados como éstos sabemos que los átomos de la palabra liberan una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva la naturaleza espiritual que le corresponde. Por eso la custodia del lenguaje o, de la comunicación verbal, no hay que dejarla en manos irresponsables. Pero a la vez, tener en cuenta, que la primacía de los mass-media e Internet -átomos, bits, microchips, etc.-, en las civilizaciones actuales. Posibilitó no sólo otros medios y modos de comunicación, sino también de cognición y de experiencia individual.

Pero, cuando se manipulan al servicio de los poderosos, la vida toda, se ubica en el umbral del ensimismamiento, la melancolía, ante la añoranza de lo fundamental. De ahí que nuestras ensordecidas y grises vidas, puedan obtener de la cadencia de la poesía, del lenguaje de la novela, las “formas” del arte, la veneración o, los ritmos de la música; algo así como “un sentimiento del movimiento interior y de la coherencia del ser individual y nuestras sociedades algo de la perdida visión de una concordia humana”.

En un estado como éste, nos preguntamos, ¿cómo es posible que lo novedoso y exigente, lo que vale la pena decir, pensar o hacer, encuentre un auditorio entre el estrépito de inflación verbal y auditiva de la civilización actual? George Steiner piensa que, mediante la música, las artes y las ciencias exactas puede llegar a una sintaxis común. Un ámbito donde los modos y los medios de comunicación posibiliten un mundo más humano y vivible, un espacio donde se transfigure una nueva Gramática de la vida.

Así que, por la prevalencia de la imagen gráfica en movimiento, las redes sociales, “ya no se puede decir la verdad desnuda”. Ionesco, Hofmannsthal, Bühl, Kraus, Beckett, pensaban que la palabra en el espacio de la técnica, la economía dineral y la política, vive un rebajamiento fundamental. Que en el Canto del destierro Kurt Wolfskehl, “proclamaba que la palabra verdadera, la lengua del espíritu vivo, había muerto”. Y, Walter Benjamín, en De la lengua de los hombres en particular, a la lengua de los hombres en general, expresó: “Hemos caído en la charla maligna”. George Steiner en El castillo de Barba Azul, acotó que la animalidad política del siglo XX, la situación de pos-humanidades y sub-humanidades en la que nos encontrábamos, posibilitaron la “retirada de la palabra”.

Me pregunto, ¿qué se respira en la cultura occidental contemporánea? Una especie de malestar que invade los órganos del lenguaje y la consciencia individual, la convivencia nacional e internacional. Un malestar mundial que se percibe en la polarización de los Gobiernos y Estados. Supone pensar que la animalidad política del siglo XX y principios del XXI, no es indiferente a los recursos verbales, los medios y los modos de comunicación. Sino también a la situación interna de las naciones y la relación de los sujetos internacionales. De ahí que se desgarró la membrana lingüística del hombre, es decir, la comunicación como soporte para una discusión crítica de la vida, la política y la sociedad.

Preguntamos, ¿está la condición del lenguaje en tela de juicio? ¿está perdiendo la palabra algo de la energía viva del genio colectivo? ¿por qué el idioma no expresa la crisis general; lo precario y vulnerable del acto comunicativo? Porque la naturaleza social y convencional del habla, se está sustituyendo a marcha forzada por un código común de significaciones superficiales. Esto trae consigo la disolución del “Yo” concreto, una concepción diferente de la muerte y la esperanza, la amistad y el amor, la libertad y la confianza en sí mismo, la política y la sociedad.

Por eso los cambios no han de verse sólo en la superficie del Zeitgeist, del Espíritu del Tiempo; también en los contenidos espirituales del poder estático, en la estructura sustancial. De ahí su incidencia en la naturaleza del ser. Porque en el fondo de la retórica política, del confort técnico, la imagen “pictórica” en movimiento, fluyen las corrientes ontológicas y epistemológicas del mundo contemporáneo. En ello hay la necesidad que el hombre salga de las esferas de las abstracciones, las funciones, los sistemas, el consumo o, las divisiones del trabajo.

En esta época abstracta, ya se vislumbran rasgos alquímicos y luminosos, que nos ponen en relación con la Totalidad, con lo Absoluto, y en ello hay un profundo sentimiento de dicha y tranquilidad.

Desde el umbral del lenguaje, la dynamis histórico-cultural de la civilización occidental reciente, se percibe como inflexiones sintácticas, de las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario. Giros y cortes lingüísticos que truncan el continuo de la historia. El movimiento del espíritu hace que, no sólo la historia sea el motor de la acción política, social o científica, sino también de los “actos de habla”. Entendidos como actos comunicativos y políticos.

El lenguaje entonces contiene la esperanza razonable, que casi siempre está sometida a la tirantez de la vida cotidiana. Steiner nos recuerda que la esperanza y el temor son supremas ficciones potenciadas por la sintaxis. Es tan inseparable la una de la otra como lo son de la gramática. Es precisamente el status de la gramática lo que hoy resulta problemático. En todo nivel, excepto en lo trivial o momentáneo, la esperanza es una inferencia trascendental.

En esta época de alto calibre material el hierro está al rojo vivo, presto para penetrar los lugares más íntimos del ser humano y crear grandes lenguas de fuego, que arrasen con todo lo que encuentren a su paso. No es anómalo que al hombre de hoy lo embarga una especie de zozobra e inseguridad, ante los tiempos nublados que vivimos. Tiempos cargados de energías poderosas y destructoras, prestas a arrasar los movimientos sociales o políticos, éticos o culturales, que confronten a las potencias de los “cuadros de mando” y, a los “Poderes Mundiales Tecnológicos y Políticos.

En el siglo XX y, ahora a principios del XXI, la actitud razonable de la esperanza en su versión laica, no responde a las necesidades humanas. El mesianismo marxista en el que millones de hombres creyeron, no estuvo a la altura para responder a los requerimientos psicológicos, de justicia y razón del hombre occidental. Pero tampoco, el capitalismo industrial-financiero del nacionalsocialismo, porque encarnó las vísceras del Demonio. Además, el humanismo burgués o cristiano no estuvo a la altura para contener lo que Steiner llamó la Shoah: el viento oscuro de la muerte; o el agotamiento de los recursos de la esperanza: el eclipse de lo mesiánico.

Esta inflexión en la vida de los seres humanos, se configuró como logos del artificio. Ese proceder técnicamente hacia delante encuentra su figura en el Progreso. Esto pone de relieve a la Cultura del artificio y con ella, unos medios y modos de comunicación, que inciden en la naturaleza del Ser y el Existir. Por lo que respecta al lenguaje, el quebrantamiento de la palabra y la existencia en el siglo XX, es esencialmente ontológica y epistemológica. Los filósofos de origen judío –como Walter Benjamín, Hermann Cohen, Gershom Scholem, Martin Buber, Hannah Arendt, Emmanuel Lévinas, entre otros-, proponen no sólo pensar el alcance de la razón, sino de re-pensar todas las categorías de la razón, a la luz de lo que acaeció y del mesianismo.

Por tanto, “los cambios que afectan hoy a la experiencia de la comunicación, de la información, del conocimiento, de la génesis del sentido y de la forma”, se perciben preferentemente desde la gramatología. Porque el lenguaje posibilita el análisis de las palabras y del pensamiento, la crítica del mundo y de la realidad. Esto posibilita ahondar y precisar la condición humana. De ahí que el problema vital e histórico del ser humano, se convierta en gramatical. Por eso comprenderlo en su acepción más profunda significa percibir la Gramática de la transmutación.

En este umbral se devela el sentido oculto del problema. Comprender que los giros léxico-gramaticales, los fonemas, los morfemas, los verbos, los adverbios, los adjetivos, etc.; no son inalterables en el tiempo y el espacio. Son átomos del lenguaje, los conductos que comunican el sentimiento, de conformidad con los máximos valores morales e intelectuales de la persona humana. Posibilitan, entre otros, que aun en medio de la desgracia y el dolor, la humillación y el odio, la vida tenga sentido y valor trascendente, divino o laico.

Una época como la nuestra incapaz de reaccionar intelectual o moralmente ante la banalidad de la Civilización del espectáculo –su frivolidad y esnobismo-, permite que el tejido que la constituye se diluya en las redes del artificio.                                                                                                                                                                 

A su vez, uno de los medios adecuados para comprender y conocer el enigma de la existencia, se encuentra en las letras, el arte, la teología, la filosofía y las humanidades en general. Esferas que posibilitan que la ética, la estética y el espíritu de la libertad, dignifiquen a la persona humana. O, en otras palabras, que el espíritu latente de paso a la exaltación de la nobleza o, a la virtud de la vida. Son umbrales donde el ser humano se vivencia a sí mismo y logra alcanzar la jerarquía de persona.

En un tipo de investigación como ésta, se trata que las humanidades o las esferas del espíritu, posibiliten las herramientas necesarias para estar a la altura de las circunstancias históricas, los requerimientos psicológicos y morales de la actualidad. Para poder reaccionar a los mínimos requerimientos de la condición humana, se necesita develar el estado de postración espiritual y sensitiva del hombre contemporáneo. Son las esferas del espíritu, las potencias de la razón y la sensibilidad, las herramientas adecuadas para disipar el lastre de la consciencia individual, la degradación moral y política de nuestras sociedades.

Posibilitan que los seres humanos seamos conscientes de la importancia de la palabra; cómo el vientre donde germina el deseo de ser mejor. Una tendencia que trasciende los límites de la norma, la ley, las costumbres y los usos de la sociedad y, se convierte en fenómeno enteramente estético. Así pues, la literatura es crítica de la sociedad, la refleja y la transforma. Por tanto, la disolución de las normas civilizadas, más que una actitud moral fue un fenómeno estético. De ahí que Harold Bloom dijo: “Somos parte de un mundo grotescamente impresionante”.

Ahora, ¿por qué en esta alta civilización técnica, de masas y de cultura de masas, se perdió el buen sentido del gusto? Mejor, ¿por qué la apreciación estética de la existencia y la realidad, se reemplazó por lo inmediato del aquí-ahora? ¿está acaso el hombre contemporáneo sumergido en una atmósfera de degradación moral y estética? ¿se debe a que los máximos valores morales e intelectuales no responden ya al ideal de humanidad, a la búsqueda de lo bueno y lo bello como pensó Platón?

Un sentimiento de gratitud y de exaltación me compele a considerar, que la “infelicidad banal y la alegría trágica de la vida”, no estén a la altura de la consciencia de la vida cotidiana. Como si estuviéramos investidos por esa ola y por momentos sumergidos en los ritmos de esas energías tan sutiles y persistentes, que desgarran el interior del hombre. Y muestran que estamos en medio de una atmósfera putrefacta y pestilente, que manifiesta un “cierto agotamiento de los recursos verbales de la cultura y de la política de masas”.

Un cansancio que se concatena con la disolución de los valores compartidos y las referencias colectivas; y con cierto despilfarro de la energía vital. De ahí los altos ideales que han compartido los hombres a través de la historia, son ya cosa del pasado; y en su lugar se percibe cierta extenuación de la Gramática de la existencia individual. Así que, por la fragilidad y el vacío del Espíritu de la Época, prestos corremos a refugiarnos en paraísos artificiales: la droga, el alcohol, el sexo, el consumo, el dinero, el lujo, el poder, la violencia, etc. Y olvidamos que el verdadero sentido de la existencia está en el interior de todos y cada uno de nosotros. En esos fragmentos de Absoluto, que nos levantan del hoyo profundo y oscuro de la desesperanza o, el sufrimiento.

En el mundo actual el ser humano ha de prepararse para responder a los requerimientos de la existencia. Prepararse para revitalizar los valores morales e intelectuales, y poder asumir el peso de la existencia individual. Prepararse pedagógica y gramaticalmente como imperativos de los espíritus sensibles y libres. Si permitimos que la vida se convierta en torrentes de desaciertos y despropósitos, el mundo y la realidad se configurarán como el escenario donde las fuerzas atávicas (mítico-rituales) y, los despropósitos del poder, se apropien de la existencia de los seres humanos. Y olvidemos la sentencia de Wittgenstein: “La vida es demasiado seria”.

Ya que el umbral donde se restaura la abnegación, el respeto, la dignidad, el amor, la rectitud o la paciencia, no es otro, que el interior de las personas. En este orden, se convierte en “deber ser” formar pedagógica y culturalmente a las nuevas generaciones, para que sean “capaz de acoger la sugerencia que debemos soportar tanto el haber nacido como el que tenernos que morir; es decir, de madurar” -al decir de Harold Bloom.

En el mundo actual, es imprescindible formar para la vida y la muerte, la guerra y la paz, los triunfos y las derrotas, la felicidad y los infortunios; y, así de esa manera, elevarnos sobre nuestras propias inmundicias y posibilitar el encuentro con lo que Dickenson llamó: “Lo sublime precario”.

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

 

                                                              Hannah Arendt

                                  El humanismo: el juicio como capacidad del gusto  

                                               Madrid-España a 03/11/2025

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Hannah Arendt en el texto Entre el pasado y el futuro (Ocho ejercicios sobre la reflexión política) nos recuerda que la actitud del griego antiguo, liberado de las necesidades biológicas, dedica su tiempo libre al pensar, la poesía, el arte, la política y la esfera pública. O, en otros términos, al pensamiento, la acción y la estética. Es decir, la vida en la poli como ser libre. De ahí que se dieran cuenta que, la estética es la madre de la ética. La esfera de la ética es el principio de acuerdo consigo mismo.

Lo descubrió Sócrates, tal como lo formuló Platón, y está en la siguiente expresión: “Es… mejor que muchos hombres no estén de acuerdo conmigo y me contradigan, antes de que yo, que no soy más que uno, esté en desacuerdo conmigo mismo y me contradiga”. De esta frase nace la ética occidental, con su acento en el acuerdo con su propia consciencia. (Arendt).

Es en la Crítica del juicio donde Immanuel Kant lleva a cabo un punto de inflexión a partir de la capacidad del gusto. Que sólo estaba referido a fenómenos estéticos y considerado ajeno al campo político y al de la razón. Entonces descubre que, en los juicios estéticos, como en los políticos, se adopta una decisión de que el mundo mismo es un dato objetivo, algo común a todos los habitantes. (Arendt).

La capacidad del gusto posibilita ver y mostrar las cosas que pueblan al mundo, independiente de su función y utilidad. El gusto juzga al mundo en sus apariencias y en su mundanidad (más allá del interés privado del ser humano). Para los juicios de gusto su interés se centra en el mundo y no en el hombre y su vida privada. (Arendt).

      Descubrió Kant que, en los juicios estéticos, tanto como en los políticos, se adopta una decisión.

Además, los juicios de gusto comparten con las opiniones políticas su persuasividad; que tiene como meta buscar un acuerdo con los demás. Que permitan persuadir por la palabra y el gusto, como “formas” de la práctica política. Un ámbito donde las persones hablan entre sí para llegar acuerdos y consensos sobre la vida pública y el mundo en común.

Arendt dice al respecto: la cultura y la política, pues, van juntas porque no es el conocimiento o la verdad lo que en ellas está en juego, sino más bien el juicio y la decisión, el cuerdo intercambio de opiniones sobre la esfera de la vida pública y el mundo común. (Arendt). El gusto como actividad de una mente cultivada –cultura animi- le quita la barbarie al mundo de lo bello, porque no se deja abrumar por ella. Se preocupa de la belleza según su modo “personal” y, así produce una “cultura”.

El mundo de la belleza (obras de arte, partituras musicales, un poema, una novela, un atardecer, etc.), se oponen a la barbarie política, al odio, la mentira, las injusticias sociales o humanas. Es un mundo que dignifica la condición humana y exalta el Humanismo. El gusto es la capacidad política que humaniza la belleza y crea una cultura. La belleza posibilita que el hombre despierte la imaginación, la capacidad de asombro, de interrogación y de juicio.

    Es el ámbito de la vida humana donde se devela el Humanismo: la semejanza entre los hombres.

Sabemos que el humanismo y la cultura es de origen romano; se refiere al sentido romano de humanitas, de humanidad, a la integridad de la persona como persona. Porque en él se sacrifica el valor humano y la categoría personal, junto con la amistad, en aras de la primacía de una verdad absoluta. En traza de Cicerón podemos ver la exaltación que hace Arendt del humanismo y del humanista.

En Cicerón al verdadero humanista, ni las verdades de los científicos ni la verdad del filósofo ni la belleza del artista pueden ser absolutos; el humanista no está especializado y ejercita una facultad de juicio y gusto, que está más allá de las acciones que cada especialidad nos impone. Esta humanidad romana se aplicó a todos los hombres libres en todos los sentidos, para quienes el problema de la libertad, de no sentirse coaccionado, era decisivo, incluso en la filosofía, las ciencias y las artes. (Arendt).

Un hombre libre es no estar coaccionado en su asociación con los hombres y los objetos, ni por la verdad ni por la belleza.

                                      Cicerón

El gusto de una mente de verdad cultivada –cultura animi- que se puede confiar en ella para que se ocupe y cuide las cosas que pueblan el mundo, cuyo criterio básico es la belleza. Este humanismo es el resultado de la cultura animi, de una actitud que sabe cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo. (Arendt). Una mente cultivada se preocupa no sólo de las cosas, sino también de los seres que lo rodean y, en especial, de los demás seres humanos. Por eso el humanista se preocupa por la verdad y la belleza; pero no por lo absoluto que se quiera imponer a través de ellas.

Aquí un punto de contradicción entre una mente que todo lo convierte en “valor” de cambio y una mente, que trata de ocuparse y cuidar el mundo natural y lo hecho por el hombre. El humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre las actividades puramente políticas y las de pura elaboración. (Arendt). Porque en él no prevalece el ejercicio del poder y la función o, la utilidad de las cosas, sino el dialogo, el consenso, el acuerdo y la cualificación de la vida personal.

Eso que eleva en libertad a la esencia del “ser” y del “existir”. En otros términos, le interesa la cultura, el cuidado de las cosas del mundo, la amistad, la fraternidad, la ternura que comparte entre los seres humanos, el pensar y la búsqueda de un mundo más humano, libre y solidario.

Admiro que Arendt, en una civilización de alto desarrollo científico y técnico, de capitalismo global y políticas de bloques, se preocupe por la libertad y el humanismo. Y diga siguiendo las ideas de Cicerón: como humanistas podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista. Como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que debemos conocer y buscar. Así logramos estar por encima de las ideas y las acciones del filisteísmo, siempre que aprendamos ejercer nuestro gusto con libertad.

La libertad para Arendt, no es un Don divino ni natural al hombre, sino que se adquiere en las relaciones que establecemos con los demás, con los seres que vivimos en comunidad y hacemos del mundo algo común. El problema está en que el hombre entregue su libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual y, cuando falten estas, quede desvalido.

El humanista, en cambio, se propone llevar adelante una lucha, una lucha que para algunos no tiene ningún valor. El humanista posee una relación originaria con la libertad, con el tejido del cuerpo social; de ahí que se opone a todo automatismo, a todo autoritarismo, a todo populismo político, económico, social, cultural y, a las especialidades que niegan el libre conocer y buscar.

Si la contemplamos de ese modo, no dejará de hacérsenos evidente el papel desempeñado por el humanista en el conflicto entre el hombre de Estado y el artista, sino también en sus pensamientos y la apreciación estética de la existencia y del mundo. La realidad de estos años que estamos atravesando hacen del humanista algo esencial para confrontar todo tipo de coacciones y determinismos que atenten contra la libertad.

Así elevarse en libertad sobre el automatismo y el Gran Poder, significa reservarse la decisión propia y que el gusto por el mundo y las cosas que lo pueblan, nos ayuden a precisar nuestra condición estética y ética.

El lugar de la libertad es diferente al de todo autoritarismo, populismo o dogmatismo, porque ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo y trascender los muros de contención del Gran Poder. El humanista que cree en el ser humano y la libertad que le es propia, emprende la tarea de encontrarle sentido a unos acontecimientos históricos, políticos, sociales y culturales. Que dejan a la vera del camino muchos sufrimientos, dolor, miedo, muerte y, se convierte en piedra de escándalo.

El hecho de que el hombre de hoy, el hombre masa renuncie en amplia medida a la libertad, no significa que el hombre de –cultura animi- de la mente y del espíritu, también lo haga.

Como expresó Ernst Jünger: “De ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario si no queremos entregarnos a meras ilusiones. La libertad viene a la vez que lo necesario y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La libertad, en cambio, aunque siempre se encubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal”.

¿Qué pensaban los romanos que era una persona culta? La que sabe cómo elegir compañía entre los hombres, entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado.

                                                                                       Arendt

 

                                          

viernes, 31 de octubre de 2025

 

                                                       Byung-Chul Han

Fragmentos sobre el discurso del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025

                                                                        Madrid-España a 30/10/2025

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Byun-Chul Han es un filósofo alemán de origen surcoreano. Profesor de la Universidad de las Artes de Berlin. Nació en Seul, Corea del Sur en 1959. Sus libros, “La sociedad del cansancio, La expulsión de lo distinto, El aroma del tiempo, La sociedad de la transparencia”, etc., publicados en España por Editoriales como Herder y Taurus. Es un pensador que ha reflexionado sobre la sociedad contemporánea desde diversos puntos de vista: El neoliberalismo, el Sistema del Capitalismo Global, el tiempo, la transparencia, etc. Y, su repercusión en el comportamiento, la mente, el lenguaje y el pensamiento.

Han reflexiona sobre la «transparencia» como norma cultural creada por el mercado neoliberal, que él entiende como el insaciable impulso hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de información que raya en lo pornográfico. Según Han, los dictados de la transparencia imponen un sistema totalitario de apertura a expensas de otros valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad. Se rebela contra el capitalismo digital y lo desarrolla en sus textos como resistencia política.

Para Han los tiempos del otro o, de los otros, han pasado. El otro como amigo, como hermano, como comunidad, como misterio, etc., están dando paso a lo igual. Lo igual en todos los ámbitos de la sociedad, que pasan como crecimiento, esconden tras de sí las enfermedades patologías del cuerpo social. En la actualidad lo que enferma a la sociedad, no es el extrañamiento, la alienación, la prohibición y la represión, sino el exceso de información, la sobreproducción y el consumo excesivo. Por eso la expulsión de lo diferente y de lo otro del cuerpo social, repercute en las enfermedades mentales, la depresión y la autodestrucción.

“La psicopolítica es el sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, que reprime y expulsa, utiliza un poder seductor, inteligente, que busca que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación”.

                                                                 Byung-Chul Han

Han es consciente que somos habitantes de un mundo, donde estamos interconectado las veinte y cuatro horas del día y, vivimos una existencia vacía de contenidos espirituales, de experiencias. Los movimientos del pensar no expresan ni comunican, la esencia del ser, del hombre y del lenguaje. Esta deriva del mundo contemporáneo, analizada y criticada por pensadores como Michel Foucault, Zigmunt Bauman o Guy Debord, muestran en la Cultura de lo efímero o, la Civilización del espectáculo. Un malestar contemporáneo que la filosofía toma como objeto de crítica y de análisis.

Nos estamos convirtiendo en una prolongación de los instrumentos técnicos, de los teléfonos móviles, de los ordenadores y de las imágenes <pictóricas> en movimiento y de los lenguajes digitales. Y esto repercute en las capacidades mentales (la concentración, la lectura de textos complejos, la capacidad de asombro, la curiosidad, etc.). Que repercute en la esencia del ser humano, el lenguaje y el pensamiento. Porque “la utilización espontanea del lenguaje define al hombre”.

También porque el pensamiento es una forma del lenguaje. Como expresó George Steiner: “Lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles”.

Los filósofos en la historia de la cultura occidental han relacionado la capacidad de volar, la música y el amor. “Heidegger dice que el pensamiento lo eleva el ala de Eros y esa ala permite llegar a un lugar que todavía no ha pisado nadie, a un espacio que nadie ha experimentado” –nos recordaba Byun-Chul Han, en la entrevista que concedió al periódico el País por la concesión al premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025.  Para Platón –dijo- Eros nos acerca a la idea de lo Bueno y lo Bello. Que significa despegar y volar hacia el cielo de las ideas.

Somos parte de la sociedad “del trabajo, del rendimiento, de la comunicación, del electorado, del consumo”. No somos capaces de ver, analizar, criticar o, pensar el mundo y la realidad. No estamos educados para ello y, más que todo, no tenemos cultura, cultura general. El alimento del espíritu y del pensamiento, es escaso, lo posee una “selecta minoría”.

Los medios de comunicación de masas, las plataformas digitales y las redes sociales, exaltan lo banal, lo fútil y vació de contenidos espirituales, en detrimento de lo que tiene sentido y posibilita la capacidad de interrogación, de crítica, de análisis, al tejido vivo de la existencia, del mundo y la realidad.

Ahora por la algarabía de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, se deteriora la sintaxis, la gramática, “el estado transitorio e inestable del tiempo y la identidad personal, del yo y la muerte física, influyen en la condición y las posibilidades del lenguaje. Si los <<universales históricos>> cambian, si las estructuras sintácticas se modifican, se modifican también las formas de comunicación” –indicó George Steiner en Extraterritorial. Por eso “considerando estos niveles de transformación, el discutido papel de los medios electrónicos”, de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, son apenas un síntoma secundario.

Estamos en una dinámica en la vida cotidiana, donde los instrumentos técnicos y el capitalismo global, determinan el devenir de las sociedades y de la Humanidad. Donde la aceleración, “la cultura del rendimiento”, la artificialidad y la tecnificación de las relaciones personales y sociales; también la existencia, el hiperconsumo, la mercantilización del sistema del capitalismo global, están alterando la naturaleza esencial del ser humano. Que traen consigo disfuncionalidades físicas y psicológicas. Como la ansiedad, la depresión, la soledad, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y la esquizofrenia. A la vez, las enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas, la diabetes y el cáncer.

Así, los lenguajes digitales, las imágenes en movimiento y el teléfono móvil, nos convierten en agentes depresivos. Somos una extensión de los instrumentos técnicos y del teléfono móvil. Esta transformación de la naturaleza humana, nos induce a perder el sentido de realidad, la relación con el otro y con el mundo en general. ¿Qué suministran las plataformas digitales a sus usuarios? Información. Lo que suministra y recibe el ser humano, es información. Por tanto, “el poder, la riqueza y el significado de la riqueza pasan de tener mucho dinero a tener muchos petabytes de información”. –dijo Yuval Harari en <<Nexus>>.

En la actualidad las grandes empresas y el poder que representan en las sociedades y las naciones, están determinados por la cantidad de información acumulada. Ellas obtienen lo que desean a cambio de información. O, en otros términos, la información nos sirve para comprar bienes y servicios. Así mismo, manipulan, coartan, vigilan o, alteran los estados de consciencia del ser humano. Que responden al ejercicio del poder de las plataformas digitales y los Estados técnicos.

Dice Han: “Necesitamos que se calle la información. Sino acaba explotándonos en el cerebro. Hoy percibimos el mundo a través de las informaciones”. Porque de lo contrario, “se pierde la vivencia presencial”. Nos estamos “desconectando del mundo de forma creciente. Vamos perdiendo el mundo”. Como dijo Walter Benjamín: “De qué nos sirve la experiencia, sino va unida a ella la educación”.

Ahora bien, ¿cuál es el papel del filósofo en el mundo que vivimos? Dice Han: “El papel del filósofo, según Platón, consiste en despertar, criticar, incomodar y exhortar a los atenienses”. Esa misión socrática de la filosofía, la han interiorizado los filósofos en el devenir de la cultura occidental. Se trata de ¡Despertar! a los demás seres humanos, para que perciban el gesto estético, la experiencia y el pensar, del mundo que vivimos.

Han cree que el sistema económico neoliberal nos posibilita vivir una libertad ficticia: “Hoy pensamos –dice- que somos más libres que nunca. En realidad, vivimos en un régimen neoliberal despótico que explota precisamente la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria gobernada por la prohibición y la orden (tal como lo percibe Michel Foucault y Guilles Deleuze), sino en una sociedad del rendimiento que se cree libre y está regida por el poder “hacer”. Pero ese poder sin límites sólo al principio produce una sensación de libertad; pronto genera más coacción que los antiguos “debes”.

Han no está en contra del teléfono móvil ni de la digitalización, que pueden ser herramientas muy útiles. Pero piensa “que somos nosotros seres humanos, quienes nos hemos convertido en su herramienta. El Smartphone nos usa a nosotros y no al revés. No es que el Smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos su producto”. Pienso que la tecnología contiene en sí misma, en la esencia que la determina, relaciones de poder y de saber, que responden a las minorías que gobiernan el mundo. Por ejemplo, a Silicón Valley y a los Estados técnicos como Estados Unidos, Rusia o China.

El problema consiste en que la tecnología sirve al Gran poder económico y político, para difundir el odio, el racismo, la xenofobia, las fake news, y termina creando en las sociedades polarización, discriminación, al extranjero, al inmigrante, al negro y al blanco empobrecido. Han critica el determinismo tecnológico y piensa, que son los poderes públicos, quienes deben limitar a las tecnologías. “La tecnología sin control político, sin ética, puede adquirir una forma monstruosa y volver a esclavizar al ser humano”. De ahí la crítica a la IA generativa, que como agente pueda sustituir algún día al ser humano, en las tomas de decisiones y de pensar por sí misma.

Para implementar y conservar la democracia, recuerda a Alexis de Tocqueville, donde se necesitan virtudes y valores universalistas como “el sentido común, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto”. Sin esas virtudes la democracia se convierte en algo vacío y sin sentido. Es decir, se convierte en un aparato que legitima y legaliza un determinado poder, y no se gobierna desde sus instituciones para alcanzar la justicia social, la legalidad, los derechos fundamentales del hombre, el respeto al otro, a la diversidad y al pensamiento.

La democracia debe garantizar la libertada en todas sus acepciones: libertad de escribir, de pensar, de criticar, religiosa, económica y política.

Por eso la política no ha de reducirse a luchar sólo por la consecución del poder, a la aclamación en los parlamentos, al electoralismo, sino responder a las verdaderas necesidades materiales, espirituales, éticas y culturales de las sociedades. Porque la creciente desigualdad económica y social, educativa y cultural, conduce a la sociedad a la seducción del autócrata, del populista y del demagogo. Que genera violencia, odio, mentira y opresión.

El compromiso de la democracia y los demócratas es, luchar contra las injusticias sociales e individuales, el sufrimiento, el dolor, y ponerla al servicio de la libertad y de la verdad.

En las sociedades contemporáneas la vida toda, está determinada por la velocidad, el dinero, el poder, el lujo, las bellas materias, el consumo y los espejismos de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento. Existe una desestructuración del interior del sujeto, una devaluación de la zona de la sentimentalidad, de los valores éticos y morales, que dan sentido a la personalidad. El hombre en la actualidad no ocupa el centro del mundo, sino que deviene “colocado fuera de la obra, se ha salido de ella. Esta se ha vuelto autónoma” y, el hombre es cada vez “más sustituible y prescindible”.

       Hemos olvidado las enseñanzas del mito y las Grandes religiones:

Que “en las cosas visibles están todas las indicaciones relativas al plan invisible” –dijo Ernst Jünger

En la sociedad contemporánea todo se convierte en “valor”, (la amistad, el amor, el sexo, el lujo, el consumo masivo, aún la educación y la “cultura en general”), es decir, en “un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales”. En otras palabras, todo se “convierte en valor de cambio, los valores culturales reciben el mismo trato que cualquier otro valor”; son “valores de cambio y al pasar de mano en mano se desgastan como monedas antiguas”. Como dice Hannah Arendt: “Así perdieron la que en su origen es la facultad peculiar de todos los objetos culturales: La facultad de captar nuestra atención y conmovernos”.

Somos parte de una época en que “el mundo se asemeja a un inmenso centro comercial donde todo se puede consumir. El scroll infinito promete información sin límites. Las redes sociales hacen posible una comunicación ilimitada” –dijo Han en su discurso por el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. Por la vorágine de la conectividad digital y de imágenes en movimiento, las relaciones de sentido seden su espacio a las relaciones artificiales, que obedecen a la Cultura del artificio. En las esferas de la vida, los vínculos reales y sentimentales, son débiles, vacíos y parece que hemos perdido la empatía.

Somos consciente que el Sistema Capitalista Global y, en particular, el neoliberalismo, deja tras de sí un montón de escombros humanos y materiales, tirados a la vera del camino. Deja un vacío en el interior del ser humano, que no se puede llenar con ideales, ni valores éticos ni morales, tampoco con la educación y la cultura en general. El neoliberalismo deviene en destrucción de las vidas de los seres humanos, de la naturaleza, de los mares, de los ríos, de los polos, e induce a vivir en el mundo del fuego, que es el mundo de la técnica, del poder y del dinero.

                                                  De ahí que:

Nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”.

                                                           Ernst Jünger.

El pensador, el artista, el músico, el poeta, el novelista, el ensayista, etc., causa irritación por lo que dice y piensa; más a los que ejercen el poder político, económico, social y cultural. Como expresó George Steiner: “Hoy es cada vez más difícil <<ser uno mismo>>, encontrar un espacio diferenciado para el idioma, el estilo y la sensibilidad. Bajo la presión del embolo de los medios de comunicación, (las redes sociales) y la publicidad, hasta nuestros sueños se han uniformado”. Así que, “sólo en secreto celebramos la insolente maravilla del yo; sólo en secreto aspiramos - ¡oh enigma de la sensualidad! - el olor de nuestra propia inmundicia”.

Es algo evidente en los tiempos actuales, que la Cultura de lo efímero y las Nuevas utopías de lo inmediato, “les resulte fascinante que nuestras vidas sean insignificantes y estén destinadas al olvido” y que el presente-actual sólo se proyecte en los instrumentos técnicos, los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento.

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 21 de octubre de 2025

 

                               La importancia de la literatura y de las humanidades en general

                                                                 Madrid-España a 20/10/2025

  A la memoria de los profesores, de las aldeas, los pueblos y las ciudades de mí país y del mundo.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

El escritor Antonio Scurati en la ceremonia de concesión de la medalla del Circulo de Bellas Artes de Madrid 2025, decía refiriéndose a Albert Camus y el compromiso de la literatura con el mundo actual. “Respecto a la naturaleza del compromiso con el que la literatura debía contribuir a impedir la destrucción, el autor de El extranjero y La peste no tenía dudas: ponerse al servicio de la verdad y de la libertad, rechazar la mentira y resistir a la opresión”.

También preguntaba, “¿qué significa servir a la libertad en una época en la que la política soberanista triunfa por doquier reivindicando de manera obscena la libertad de suprimir y humillar la libertad ajena? ¿Y cómo podemos servir a la verdad en una era de posverdad, cuando no se trata ya de contrarrestar la falsedad, sino de evitar ahogarnos en una avalancha mediática de emotividad, prejuicios e ideología que niegan en su propia raíz los hechos objetivos, la ciencia y el conocimiento?”

En el mundo actual la posverdad se ha convertido en fundamento de las creencias colectivas, que niegan y sustituyen la relación con el mundo y la realidad. Porque las informaciones llanas y simultaneas de los medios masivos de comunicación, las redes sociales, que informan a los sujetos receptores determinando su interés, no suministran elementos para la conducción de la vida o la orientación en la realidad. Que las relaciones de poder sostienen sobre el sistema general de la información, lo único que realmente interesa y es propiamente constante.

Así que, la verdad en este tejido de información fugaz y pasajero, se convierte imperceptible e indetectable, irrelevante e inoportuna. Es decir, los que manejan el Poder Tecnológico y el Poder Político, superponen la falsedad sobre la verdad, mediante la alteración de la conciencia y de la zona de la sentimentalidad, con imágenes e ideologías que niegan los hechos verdaderos, el conocimiento y la ciencia.

En los Estados Modernos existe una relación intrínseca entre periodismo, novela y democracia. La novela se desarrolla en un ámbito democrático, que afirma que toda vida del ser humano merece ser narrada, con un lenguaje popular en consonancia con sus modernos antihéroes. La novela refleja al mundo y enriquece al ser humano a través de la ficción. También ofrece entretenimiento y fomenta el desarrollo integral de la personalidad. Además, es un registro histórico, social y cultural, que posibilita comprender otras épocas, realidades socio-políticas y culturales.

En la actualidad con el predominio de la técnica en los asuntos humanos, los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento, paralizan las funciones del cerebro como la atención y las habilidades de lectura profunda de textos complejos. De ahí que los lenguajes digitales y las redes sociales, han generado un resurgimiento del analfabetismo literario, del análisis y la crítica de textos y de la realidad.

Por tanto, el declive de la capacidad de leer, se relaciona con el declive de las capacidades cognitivas y del lenguaje natural. La saturación de información digital y de las imágenes en movimiento, entorpecen el libre desarrollo de la imaginación y del lenguaje en general. Se olvida que, el pensamiento es una forma del lenguaje. Esto trae como consecuencia, la parálisis del pensamiento, del análisis crítico de la vida, la realidad y el mundo. En consecuencia, la memoria, la rememoración y los movimientos del pensamiento, no respondan a las necesidades morales, éticas, espirituales y materiales, del individuo y de la sociedad.

En la actualidad los discursos rupturistas, populistas, nacionalistas y autoritarios, que se diseminan en las redes sociales crean miedos paranoicos, creencias irracionales, emociones pasajeras, que aíslan a la joven generación y a la sociedad en general, de los umbrales del conocimiento y las experiencias. Que posibilitan desandar lo andado y develar el presente desde el pasado para comprender el futuro. Por eso los “analfabetos y las analfabetas digitales” responden a los discursos y las imágenes, agresivas y excluyentes del ejercicio del poder, que se implementan en las redes sociales, el periodismo y los medios de comunicación de masas.

                           Ahora bien,

existe un vínculo, causal e histórico, entre el desarrollo de la literatura y el desarrollo de la democracia” -al decir de Antonio Scurati.

En la Época Moderna el estado de literatura, de poesía y de novela, está concatenado a la capacidad de leer, al advenimiento de las sociedades abiertas, al Estado de Derecho y los Sistemas democráticos. Como expresó Albert Camus: ¿en qué consiste la “misión del escritor”? o, ¿Cómo la literatura debe contribuir a impedir la destrucción del individuo, de la sociedad, del mundo y la realidad? Cuando se pone al servicio de la libertad, de la verdad, rechaza la mentira y resiste a la opresión. La literatura contribuye a formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma.

Porque el nacional-populismo en la actualidad, en nombre de la libertad nacional discrimina y oprime la diversidad de la libertad y de la vida. De ahí que la lectura, la literatura, la poesía, la pintura o, la cultura en general, se convierten en herramientas para desenmascarar las mentiras ideológicas y del ejercicio del poder. Por eso impulsan a aumentar la excelencia de nuestra naturaleza, hacer del hombre un ser más sensible y más inteligente.

A que la Cultura posibilite el perfeccionamiento del espíritu y de la vida. En la oscuridad y los espejismos de los lenguajes digitales o, de las imágenes, la Cultura contribuye a alcanzar la “dulzura” y la “luz”, en la armoniosa perfección humana.

Uno de los problemas del nacional-populismo separatista, consiste en que, mal interpreta el concepto de nación, de lengua, de identidad, de usos y de costumbres, como racional y lógico. “Y lo irracional en tanto engendro de lo irracional impensado presta curiosos servicios”: al racismo, la xenofobia, la discriminación, al odio y al autoritarismo. Creo que no podemos dejar de ser capaces de leer, de analizar, de criticar y de pensar, el mundo y la realidad, que nos ha tocado vivir. Porque existe una relación intrínseca entre lectura, democracia, periodismo, libertad y Estado de Derecho.

La vida de la joven generación se transforma de muchos modos –dijo Nuccio Ordine en “Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal”: “educando a los alumnos en la legalidad, la tolerancia, la justicia, el amor al bien común, la solidaridad humana, el respeto a la naturaleza y al patrimonio artístico, se realiza en silencio y lejos de los focos, un pequeño milagro que se repite cada día en cada escuela de cada país, rico o pobre, del mundo. Así que, la buena escuela la hacen ante todo los buenos profesores”.

Sabemos que la “escuela digital” produce en la mente de los estudiantes y en su capacidad de aprendizaje, transformaciones profundas. Pero no educa para la vida, el sufrimiento, la fraternidad, el amor, la amistad, la justicia, la libertad, el dolor, la muerte, la democracia y el Estado de Derecho. Sino para otros menesteres que responden a las Plataformas Digitales, al Gran Poder Político y al Poder Económico Digital, que entiende la escuela y la sociedad, como un vasto mercado que explotar.

Esta preocupación sobre la libertad, la verdad, la opresión, la educación, la cultura y la condición humana, no le incumbe sólo a quienes hacen parte de las ciencias humanas y la estética. Sino también a los que se desenvuelven en las esferas del derecho, la política, la economía o las ciencias positivas. Basta con recordar un pasaje de un artículo sobre la escuela de Albert Einstein, que reza así:

La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista. En mi opinión, esto es aplicable, en cierto sentido, incluso a las escuelas técnicas, cuyos alumnos se dedicarán a una profesión totalmente definida. Lo primero debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados.

Lo importante para los alumnos y los seres humanos en general, no es la meta, sino el viaje que debemos llevar a cabo para alcanzarla. Ilustremos esta metáfora con un poema de Costantino Cavafis (1863 – 1933):

 

                                                        <<ÍTACA>>

 

                                    Mantén siempre Ítaca en tu mente.

                                    Llegar allí es tu destino.

   

                                   Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.

                                   Es mejor que dure muchos años

                                   Y que viejo al fin arribes a la isla,

                                    rico por todas las ganancias de tu viaje,

                                    sin esperar que Ítaca te vaya a ofrecer riquezas.

 

                                    Ítaca te ha dado un viaje hermoso.

                                    Sin ella no te habrías puesto en marcha.

                                    Pero no tiene ya más que ofrecerte

 

                                    Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha

                                    burlado.

                                    Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,

                                    Ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

 

Como expresó Nuccio Ordine: “Sacrificar a una meta el valor intrínseco de la experiencia misma de la aventura del conocimiento significa empobrecer nuestro proyecto”. Así que, el ser humano siempre debe estar dispuesto al libre cultivo del espíritu y de su mente, de sus intereses y de su curiosidad. Tener presente, que la educación forma o deforma la individualidad para siempre.

Que educar en una atmosfera democrática y libre, que nos ayude alcanzar la libertad y luchar contra el autoritarismo, el fascismo o el Totalitarismo. Se ha apoyado en la historia de la cultura y la civilización moderna, en el estudio de las lenguas antiguas, la filosofía, la literatura, la música y el arte en general.

Que nos permiten percibir el valor intrínseco de la belleza y la función civil que el arte o las humanidades pueden ejercer en la formación de la identidad, del pensamiento crítico; como también en el fomento del crecimiento humano y cultural de un pueblo. Se trata, en última instancia, de valorar el patrimonio de la humanidad, porque la “dulzura” y la “luz”, la libertad y la dignidad humana. Está en todos y cada uno de nosotros.

 

 

 

                              

 

 

lunes, 22 de septiembre de 2025

 

                                                   El Autoritarismo Digital

                                                           Madrid-España a 20/09/2025

<<No está comenzando un tiempo nuevo, lo que está comenzando es otro tiempo, un tiempo diferente>>.  

                                                                          Ernst Jünger

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Somos parte de una época en la que los Poderes Tecnológicos se manifiestan contrarios al Estado de Derechos y al Sistema democrático (los derechos civiles, la tolerancia, las diferencias políticas, la dignidad e integridad de la persona humana, la aceptación de la diversidad y el compromiso, etc.). En este orden de ideas, la vanguardia tecnológica niega la libertad, el respeto a los Derechos Humanos, al Derecho Internacional Humanitario. También niegan la igualdad social, la soberanía popular y la consciencia crítica del individuo y la sociedad. Así que, el espíritu que se configura en la actualidad es un espíritu cruel, porque el autoritarismo digital desconoce la condición humana: la mundanidad, la pluralidad, la solidaridad, la fraternidad, la libertad, los valores éticos y morales, que dan vida, vida en abundancia.

Hemos llegado a un momento de la historia y del pensar, “en que los problemas como tales proporcionan únicamente molestias”. Los tecnócratas y los técnicos consideran “que más bien que ser planteados, son liquidados con rapidez, liquidados en estado embrionario, por así decirlo: es una consecuencia de la aceleración”. (Ernst Jünger). Están multiplicándose los sectores –en lo político, lo económico, lo social, lo cultural, etc., en que los problemas son resueltos con las máquinas que otorgan el técnico y el colectivo técnico. O, en otras palabras, por los técnicos o los tecnócratas.

Como lo expresa Imre Kertész en Diario de la galera: “Desde que Dios abandonó el mundo, no existe la objetividad. ¿La mirada de quién ha de ser la objetiva? ¿La del tecnócrata? Le falta interioridad, convierte al ser humano en pieza de recambio que ya nada tiene que ver con su propia vida y entra en la estadística, en el cementerio de los datos – lo contrario de la cultura imperante, esto es, de la ideología- se separa cada vez más de la vida. Ya es la secta de unos pocos, de guías de ciegos”.

Este tipo de personas cree que los problemas políticos sólo tienen solución técnica, y que no es necesario otros métodos, otras visiones o proposiciones para resolverlos. Piensan que con la visión técnica o tecnocrática basta. Desconocen que los aparatos o la estadística no pueden sustituir la libertad del ser humano. “Incluso en los errores esa presencia se acerca más a lo perfecto que todas las exactitudes. La realidad causa un efecto más fuerte al ser mostrada que al ser dicha. Se la enseña”. (Jünger).

          La técnica se presenta en la actualidad como un sustituto de la política.

Así que, las democracias parlamentarias liberales serian un estorbo, sus procedimientos de deliberación, de consensos y decisiones, son un obstáculo cuando se dispone de instrumentos técnicos, del cálculo, la velocidad que proporciona la técnica. El debate político lo consideran los tecnócratas como una pérdida de tiempo, el acuerdo político o social, un freno a las tecnologías y la soberanía popular representada en los parlamentos, un homenaje a la mediocridad y la incompetencia.

El mundo digital en que nos movemos dominado por tecnócratas, por técnicos y el colectivo técnico, pretenden que los instrumentos técnicos decidan por nosotros, y, a la vez, sin considerar otras visiones de los problemas de la sociedad. Descartan el análisis y el racionamiento como instrumentos para resolver los problemas sociales, económicos, políticos y culturales del cuerpo social. Es decir, el manejo responsable de la autonomía de la voluntad y de la libertad, se delega a los instrumentos técnicos y la estadística.

Dijo Daniel Innerarity en El País de Madrid-España del17 SEPT 2025: La promesa de los tecnólogos “tiene como objetivo terminar con la condición humana que consideran deplorable y su cortejo de incertidumbre, complejidad y necesidad de decidir. Se trataría de escapar de la indeterminación, complejidad y necesidad de decidir. Se trata de escapar de la incertidumbre que nos caracteriza: la del porvenir. Gracias al desarrollo de la técnica la humanidad llegaría a un estadio fijo y determinado, sin incertidumbre ni controversias, protegidas por los riesgos de decisión, es decir, sin humanidad”. 

En el mismo orden de ideas, “Ray Kurzweil lleva años augurando el adelanto de la inteligencia artificial a la humana y, entre otras cosas, la solución al envejecimiento. Sam Altman, el fundador de OpenAI, anuncia otros triunfos como la reparación del clima, el establecimiento de una colonia en el espacio y el descubrimiento de la totalidad del mundo físico. Estos y otros anuncios similares se apoyan en la convicción de que nuestro futuro se decidirá en la técnica”.

Creen que la técnica resolverá todos los problemas de la humanidad, lo cual es mentira. Quieren disolver la naturaleza humana ambigua, contradictoria, multifocal e insondable, en la técnica y la estadística. Que la reflexión sobre la moral, la ética, la libertad y la autenticidad del ser humano, se delegue a la técnica. Que el análisis, la crítica y el raciocinio dejen de ser instrumentos para resolver los problemas del hombre, del mundo y su realidad. Pasan por alto que una red de información no representa a la realidad, sino que crea realidades paralelas.

Aunque la IA pueda tomar decisiones y crear nuevas ideas por sí misma, “jamás conseguiría arrebatarnos el verdadero fondo a que nosotros nos aferramos, más aún, no podría hacernos dudar ni por un instante de la confianza que hemos cobrado en ello”. (Jünger). De ahí que, toda tentativa de la IA de averiguar el sentido último de la vida y del mundo conduce al absurdo y le arrebata su misterio a la realidad y al mundo.

El técnico y el mundo del colectivo técnico creen en la inmortalidad digital, que implica una mutación existencial de la naturaleza humana, del concepto de tiempo, de la indeterminación del futuro y de la libertad. Por eso liberarse del porvenir significa liberarse de decidir por sí mismo y delegarlo a los instrumentos técnicos o a la estadística.

Como expresa Innerarity: “Si nuestra vida fuera prolongada ilimitadamente por la técnica, no tendríamos que tomar ninguna decisión relevante, ni nos encontraríamos frente a opciones en las que se jugara nuestra supervivencia o la de nuestras instituciones. Estaríamos en un presente continuo en el que solo nos correspondería la tarea de optimizarlo, sin cuestionamientos radicales”.

La técnica concebida de esa manera nos protege de posibles males futuros, nos libra de las tomas de decisiones y del manejo de la libertad, y nos convierte en seres que no puede pasarles nada. Se trata que desaparezca de la vida del ser humano la incertidumbre del futuro y del presente, como todo acaecer imprevisible. Viviríamos un presente-actual continuo sin preguntas y cuestionamientos del tejido vivo de la existencia individual y social.

Según el mito de Prometeo, “el malestar de no ser como los animales lo calmamos con un robo que hacemos a los dioses: el del fuego que posibilita la técnica de forjar, que es un poder divino de crear y moldear las propias facultades, convertir nuestra originaria inutilidad en versatilidad. El robo prometeico compensa nuestra falta de animalidad predeterminada con el poder de hacer casi cualquier cosa gracias a la técnica. Hemos robado el poder de hacer, pero no hemos dejado de ser animales, es decir, seres vivos cuya vida depende de lo que hagamos, una supervivencia que no está garantizada por naturaleza, sino que se asegura artificialmente”.

No podemos olvidar que “el futuro depende de nosotros, no está prefijado. Los humanos no podemos asegurar el porvenir ni con la fijación natural de los animales en un mundo determinado ni por asimilación a los dioses; nuestra viabilidad futura debe ser continuamente creada, protegida, decidida, y mediante una técnica que no está inscrita en nuestra naturaleza, sino que será siempre el resultado de un robo, que es una metáfora para designar nuestra artificialidad”. (Innerarity).

Preguntamos, ¿qué pretenden los autoritarios digitales como Putin, Trump o Xi? Que en la técnica todo esté decidido y predeterminado, que abandonemos la autonomía de la voluntad y la libertad, que nos obligan a reflexionar, debatir, llegar a consensos y decidir, que se ubican en el corazón de la democracia. En una sociedad democrática el futuro del individuo o de la sociedad, depende de nosotros mismos, no de los instrumentos técnicos o la estadística.

Así que, el futuro del ser humano debe ser constantemente creado, protegido, de los autoritarios, los demagogos y farsantes de la historia y de la verdad. Porque en nombre de estos principios se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad.

Como expresó Jianwei Xun en “Hipnocracia”: “Los algoritmos no son solo herramientas de cálculo y predicción: son tecnologías hipnóticas de masas. Y la economía de la atención no es solo un modelo de negocio: es un sistema de inducción colectiva al trance […] El enredo es totalizador y opera en múltiples niveles. Las plataformas sociales no venden publicidad; venden estados alterados de conciencia. Su producto no son datos; es una sugestión profunda […] Los algoritmos de recomendación son auténticas técnicas hipnóticas automatizadas […] La personalización algorítmica no sirve para mostrar lo que nos interesa, sirve para mantenernos en un estado de trance óptimo para el consumo y el control”.

Recordemos lo que Jünger dice en La Tijera: “Lo que hay son centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ella”.

De ahí que la técnica se convirtió en la condición fundamental de la actualidad. El vestido del hombre actual es la técnica. Sucede que el brillo que irradia enceguece o entorpece al ser humano. De ahí que el hombre contemporáneo entrega su esencia y la libertad, a cambio de las facilidades técnicas. En las esferas del mundo técnico la verdad no tiene solidez, porque detrás de ella se esconde la Cultura del artificio: las máquinas, la velocidad, lo pasajero, los estados de consciencia manipulados, los espejismos del mundo y la realidad, la transcurrencia del tiempo, la simulación y lo que se denomina Civilización del algoritmo.

La técnica no es un instrumento pasivo sino activo, que teje y desteje un campo de fuerzas en un sistema de relaciones sociales, políticas, económicas, militares y culturales, en constante configuración. Que obedece al ejercicio del poder de las Plataformas Digitales, la Praxis Política y las Esferas de la Economía. La técnica no establece un espacio de verdades absolutas, posibilita campos fluidos en devenir, que estructuran y ponen en funcionamiento, relaciones de fuerza y de poder, cada instante, cada minuto, cada hora o, cada día.

Somos parte de un tiempo fragmentado donde unas pluralidades de narrativas compiten en el ámbito de la Cultura de lo efímero, por una representación de una verdad que no poseen. En este ámbito no existe la conversación entre las narrativas, sino enfrentamiento constante para establecer un tipo de verdad fugaz y veloz, como el relampaguear. Aquí la verdad y el simulacro se refractan para ejercer un “tipo” de poder: el Poder de las Plataformas Digitales, las redes sociales y la IA.

En el mundo de los algoritmos se trata de apropiarse de sus engranajes, su estructura profunda de funcionamiento y lógicas internas, para posibilitar desde adentro formaciones discursivas y reflexiones críticas sobre el poder y el saber, que establecen como verdad. El desvelamiento del ejercicio del poder es, uno de los principios del pensar futuro. No se trata de oposición frontal a las narrativas y las imágenes de los dispositivos técnicos, de los algoritmos, sino que de sus tripas salga una reflexión crítica sobre el Gran Poder Tecnológico, que se oculta detrás de los algoritmos.

Lo importante del pensar futuro y la reflexión crítica consiste en que, no es indiferente a la verdad, porque en la época actual el Gran Poder Tecnológico, Político y Económico, construye, sanciona y valida un “tipo” de verdad, en los ecosistemas sociales, culturales o militares. No se trata de ocultar los mecanismos de poder o de saber, de manipulación, vigilancia o coerción del ser humano y las sociedades. Sino de develar procesos sociales, políticos o culturales, que de otro modo no se develarían.

Así que, en los procesos de saber-conocimiento, formación de relatos y experiencias compartidas, no se trata de ocultar desde los dispositivos técnicos o algoritmos, sino de develar la esencia que seduce y adormece a las colectividades. ¡Despertar! ¡Despertar! De su sueño invernal y posibilite la vigilia entre la aurora y el atardecer, para que las imágenes y las narraciones develen su verdadero rostro.

<<En una civilización como ésta los únicos lamentos que se escuchan no son los de los afligidos y menesterosos, sino los de los poderosos>>.