domingo, 2 de junio de 2024

El problema de la libertad en el Mundo Moderno


 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Heidegger resalta que “la filosofía se convierte en una técnica de explicación a partir de las causas supremas. Ya no se piensa, sino que uno se ocupa con la “filosofía”. Esa labor se presenta ahora con la máscara de los “ismos”. Que intentan superarse entre sí. El dominio que ejercen estos títulos no es fruto del azar. En la Edad Moderna se basan en la peculiar dictadura de la opinión pública. Así, pues, “lo que se suele llamar “existencia privada” no es en absoluto el ser-hombre-esencial, o, lo que es lo mismo, el hombre libre.Aquel que advierte reflexivamente el camino en que se halla emplazado y responde adecuadamente.

Aquí nos encontramos con una forma de revelación, y es en este sentido como cabe hablar de destino. En esta esfera el lenguaje de la revelación pasa a la escucha; y la libertad se refiere a esta capacidad de escuchar. Asimismo, el único hacer de la existencia privada, es, negar la esfera pública. Así que, lo público oculta lo privado en las esferas que despliega: la política, la economía, la educación, lo jurídico, lo técnico, lo religioso, lo científico o lo cultural.

Por tanto, la existencia-del-hombre-esencial es, la del hombre libre. En la Época Moderna lo que está en juego es la libertad. La lucha por la libertad configura una idea nueva de ésta. En esta época se despliegan poderes que van más allá del hombre particular, “en que sólo unas pocas potencias tienen capacidad de adoptar un comportamiento estratégico político que, apoyándose en los grandes medios de combate, estén a la altura de unos objetivos planetarios”. (Heidegger). La lucha por la libertad será posible, en cambio, en todos los lugares de la Tierra. Parece que estuviéramos inmersos en un dinamismo que induce inexorablemente a la extinción de ésta. Pero es comprensible la situación en la que se encuentra el hombre de hoy, entrega la libertad por la seguridad. Sentirse seguro de la crueldad, el dolor, el sufrimiento, el odio, que se convierten en parte constitutiva de las instituciones.

Sentirse seguro de los que rompen el pacto social, del radicalismo religioso, del extremismo ideológico, del nacional-populismo, los terroristas, los paramilitares, el autoritarismo y los avatares de la existencia. En el Mundo Moderno la libertad se depositó en el Estado y sus instituciones políticas, económicas, sociales, administrativas, religiosas, policivas, militares, de seguridad y culturales. En su devenir diversas formas de dominio y control, se configuraron. “Este mundo ha cambiado y sigue haciéndolo, y lo hace por necesidad; más con ello ha cambiado también la libertad; no ha cambiado en su esencia, desde luego, pero sí en su forma”. (Ernst Jünger).                                                                                                                                                                                                   Parece que ganara terreno cada día la extinción de la libre voluntad o del libre albedrio. Se impone el querer de la voluntad que se quiere así misma, como voluntad de poder y de saber. “En la voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder”. “En este orden de ideas, el automatismo parece quebrantar con gran facilidad, como si lo hiciera jugando, lo que queda de la voluntad libre. Se ha llegado a una concepción nueva del poder, a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantarles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una idea que no tiene nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra”. (Jünger). 

Por la técnica vivimos una época en que la libertad se ha domesticado y diluido no sólo en el huero concepto de sí misma, sino en las relaciones de fuerza –del Estado y sus instituciones, del Gran Poder o los big data, las imágenes en movimiento o los números. Cada vez gana terreno en la sociedad, la uniformidad y la estadística. Así que asistimos a una época de vigilancia constante del Estado técnico absoluto. La libertad dejó de ser en el ámbito público, una “Figura” del ser y del hombre. Aquí deja de pertenecer a la esencia del hombre libre e independiente, “autor” de su propia vida. “El ser humano ha de saber cuáles son aquellos puntos donde no le es licito traficar con su decisión soberana”. (Jünger).

 Estamos asistiendo por la primacía del Estado técnico absoluto, el recorte de las libertades y el autoritarismo en algunos países, a que haya un punto de inflexión en la vida privada y la vida pública. Porque el populismo, el nacionalismo, el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, se correlacionan con la desaparición del “sujeto”, del “Yo”, como protagonistas de la historia actual. De otra parte, el Capitalismo Global desea romper los lazos comunitarios de la vida. En países como Hungría, Polonia, Rusia, EE. UU, desean destruir el Humanismo y, la modernidad ilustrada, que toman como principio fundamental al hombre de carne y hueso: como individuo de acción y de reflexión crítica; con capacidad de análisis y de teorización del mundo; y su poder para transformarlo. Y, esto es sumamente grave en el momento actual.

Vuelvo y repito, el devenir de partidos autoritarios, la derecha, la extrema derecha, el populismo, el nacionalismo, el autoritarismo, la xenofobia, el rechazo al otro y a la inmigración; requieren un Estado democrático Social de Derecho que defienda la libertad de prensa y de expresión, la independencia y la crítica de los medios de información, la lucha contra la corrupción y un sistema judicial imparcial. De esa forma se defiende la modernidad ilustrada y la democracia.

También no olvidar que, en Carta sobre el <<Humanismo>>, Heidegger aparca los principios de la democracia liberal, los valores del mundo burgués; y prioriza el nacionalismo alemán, el espíritu alemán, y el Estado técnico totalitario que niega las libertades y los derechos fundamentales del ser humano. Recuperar, en última instancia, la grandeza destinada del pueblo y la tierra alemana. Esto nos llena de consternación al ver que algunas veces, el pensamiento realiza tareas repugnantes, obscenas, “donde lo racional impensado presta curiosos servicios”.

Estamos entregando la libertad a los instrumentos técnicos y desnudos nos precipitamos a los brazos del Gran Poder. Así que, “el peligro está en que el hombre confíe demasiado en las ayudas de otros y, cuando faltan aquellas, quede desvalido. Todas las comodidades hay que pagarlas.”   El hombre ha de ser consciente que no ha de perder la esperanza que mora él y la fuerza intima que destruye las barreras del tiempo. Esa impulsa allende de las murallas del tiempo y del espacio, y así podemos asistir al Ser, a los Dioses o, a las Musas.

En esta civilización técnica las seguridades y el miedo funcionan cual muros de contención, así los hombres se conforman con lo establecido. Para que el hombre salga adelante necesita ser libre, al amparo del pensamiento y las formas estéticas. Así puede analizar, criticar y trascender el ser que oculta la voluntad de poder y, al tiempo posibilitar caminos y umbrales que permitan percibir y entender la vida y el mundo al que pertenece. Romper las murallas del tiempo-ahora-continuo para poder enfrentar el enigma de la existencia.

Esas herramientas las posibilita la literatura, el arte, la música, la religión, la filosofía y el encuentro con Dios. En otras palabras, la teología o, las Humanidades. En su defecto, se revelará el ser de la vida, la naturaleza y lo divino, que mora en todos y cada uno de nosotros. Es decir, el Absoluto. Sólo basta que el ser humano se detenga a la orilla del camino de lo fugaz y automático, para que observe y escuche la armonía entre Hombre y Mundo, Hombre y Dios. Porque los signos de lo divino, lo bello y lo eterno, moran en el interior de todos y cada uno de nosotros. Aquí el mundo y la vida se revelarían con un rostro estético y sagrado.

Hay que tener presente que el problema de la libertad está implícito y, a la vez manifiesto, en el pensamiento filosófico de la Grecia Antigua hasta la actualidad. Y, Heidegger no es indiferente a él, como Descartes, Spinoza, Leibniz, Schilling, Fichte, teniendo presente también a Kant y G. F. Hegel, en su pensar y su traza filosófica. Así, la corriente del pensamiento metafísico moderno se caracteriza, por su interés en el problema de la libertad. Además, la libertad en el pensamiento moderno filosófico aparece como un problema metafísico. Para Kant, por ejemplo, la libertad se convierte en la piedra del ángulo que fundamenta y sostiene el edificio entero del sistema de la razón pura.

Recuerda Alejandro Vigo (Universidad de Navarra), que ya en la Antigüedad, a partir de la época de la filosofía helenística, se plantea el problema de la oposición entre determinismo y libertad, se percibe de inmediato la insatisfacción de esas dos posibles respuestas. Se buscan de inmediato estrategias de carácter compatible, entre las cuales destaca la correspondiente a la concepción estoica, tal como ésta fue elaborada, sobre todo, por Crisipo. Por su parte, en el ámbito de la filosofía moderna, el intento compatible más sofisticado e influyente ha sido elaborado, como se verá, el punto de referencia inmediato del intento de superación llevado a cabo por Heidegger. En tales modelos compatibles, ni la concepción de la libertad como un tipo peculiar de causa ni tampoco la concepción del “universo” o la “naturaleza” en términos de un entramado causal, incluso cerrado, son puestas en cuestión, ya que lo que se intenta mostrar es, precisamente, la compatibilidad de la “causa libre” con la admisión del carácter del sistema cerrado del sistema de las causas naturales.

Por lo mismo, en el contexto de dichos modelos compatibles, el problema metafísico de la libertad adquiere también una impostación de carácter fundamentalmente cosmológico, en el sentido preciso de que se trata pura y exclusivamente de intentar asegurar a la libertad su lugar dentro del “mundo”, vale decir, en el interior del ámbito total constitutivo del “universo” o la “naturaleza”. (Vigo),

Así que, el “problema metafísico” de la libertad inscribe el abordaje heideggeriano de ésta. Más precisamente, lo que Heidegger pone radicalmente en cuestión es el supuesto básico en el cual dicho “problema” se sienta, a saber: el ya mencionado enmarcamiento causal, que, en su carácter previo y fundante, desde el punto de vista metódico, determina desde el comienzo mismo la orientación básica que adquiere la consideración del fenómeno de la libertad, en la tradición metafísica que culmina en la filosofía de la Modernidad. (Vigo).

Asimismo, la filósofa Rossana Marotta en el ensayo: “La libertad como fin en Martín Heidegger”, piensa que, “la libertad es la voluntad de ser libre del ser hombre: no es nunca una voluntad incondicionada como una forma de autosuficiencia del yo, sino el sólo hacerse cargo de su falta de poder sobre la vida misma, en la cual se deja escuchar una voz que merece la pena recoger”. Y, prosigue: “La libertad, entonces, es la condición de posibilidad para el Dasein de alejarse de su facticidad, y sobre todo de su Verfallen por la realización de un proyecto: el único que pertenece a su “sustancia” pero también el único que se deja ver como un precipicio y como un abismo donde nunca se sabe cómo actuar”.

Así que, “como voluntad, el hombre puede ir más allá de su propio yo, hacia un ser que es ein Wesen der Ferne, en relación con la distancia”. “Sin embargo, el Yo deja de ser neutral para llegar a ser trascendencia entre sí, porque tiene que hacerse cargo entre sí, de los demás, y también del mundo en su totalidad”. La libertad posibilita que el hombre se encargue de sí mismo, del otro, de la historia, de la naturaleza y responda al llamado trascendente de la existencia en la Tierra: de Dios o la estética.

Hacerse cargo de su destino en la tierra, por eso, él es, el único ser que deja su impronta en la historia como un faro para que alumbre en la oscuridad del día técnico. Además, hacerse cargo de sí mismo, de los demás y del mundo y su realidad, posibilita que la libertad lleve a cabo su obrar. Por lo tanto, lo que busca la libertad consiste en que el hombre se redescubra a sí mismo y posibilitar que los demás seres humanos encuentren el camino de regreso dentro de sí, del mundo, de la historia; y el fundamento de la ontología, la pregunta por el ser, se devele en la raíz de la libertad.

En la filosofía heideggeriana “el Dasein de hecho es la medida entre Ser y Vida y, por eso la libertad es siempre deseada: porque se agarra a una paradoja imprescindible, es decir, se sitúa entre la cercanía material al mundo de las cosas y la inspiración de subir hacia un sentido del Ser invisible que nunca se puede aprovechar del todo. El deseo de libertad implícito a la naturaleza de ser hombre y la dualidad de estar cerca al mundo de las cosas y la inspiración de subir a un sentido del Ser invisible hace de ella algo fundamental en la vida del hombre. La libertad es la punta de una lanza y el Dasein el mango que mide la relación entre Ser y Vida. Es la libertad la que posibilita que el hombre devele el sentido del Ser y de la Vida, en el mundo de las cosas.

Por eso, la libertad se oculta detrás del Ser y posibilita que la Vida pueda ser vivida en la historia, el mundo y su realidad. En este orden, Hannah Arendt dice: “El hombre no se ha hecho a sí mismo como ser en el mundo, sino que su Ser ha sido arrojado a éste. Pero él intenta salir de éste su “estado de yecto” con su proyecto, adelantándose a la muerte que es su posición extrema. Sólo que “tanto en la estructura de su estado de yecto como en la de su proyecto, se encuentra en esencia una nulidad”. Pues, el hombre no ha entrado en el Ser por manipulación propia, y está claro que tampoco va a conseguir salirse del mismo por su cuenta. En otras palabras, el carácter del Ser del hombre queda fundamentalmente definido por aquello que el hombre no es, a saber, su nulidad. Lo único que puede hacer el sí mismo para convertirse en sí mismo, es asumir “resueltamente” esta facticidad de su Ser, con lo cual es, en su existencia, “nula razón de su nulidad”. (Arendt).

De ahí que Heidegger dijo en Ser y Tiempo, que el ser humano es formador de mundo” (Der menschist weltbildend). Y esa formación está fundada en la libertad. Las cosas hechas por las manos del hombre (una casa, un edificio, una carretera, un barco, una partitura musical, una novela, etc.), advienen al mundo por la libertad. Así, la libertad se convirtió en problema filosófico, histórico, político, cultura y, fundamento para comprender la cuadratura: Hombre-Mundo, Hombre-Dios. De ahí que pensar la libertad es, pensar la esencia del hombre, del Ser y del lenguaje. Además, la historia, la cultura, la técnica, la ciencia, el mundo como totalidad, descansan en la raíz de la libertad.

Podemos afirmar que, la acción es en cuanto destino de la libertad. Sin ésta la acción política se condiciona a los procesos históricos o al determinismo político. La libertad hay que blandirla como hace el guerrero con la espada; porque del manejo responsable de ella depende la justicia, la fraternidad, la convivencia pacífica, la educación, la cultura, los Derechos Humanos, la paz. El advenimiento de la libertad trae consigo el evento de la acción política. Huir a refugiarse en lo siempre-igual no lo exime de peligros. El peligro adviene cuando la libertad posibilita que la acción entre en discordia con lo establecido como verdadero. Que amenace al Estado y sus instituciones, que posibilite el pensar, el análisis, la crítica, de las relaciones de poder y de saber. Así pues, la libertad contiene en sí el catálogo de las cosas posibles que siempre está ahí – para que una posibilidad salga escena es preciso que se la acepte –al decir Ernst Jünger.

Ya es hora de desacostumbrarse a sobreestimar la política, la economía, la imagen o los leguajes digitales y, por así decir, no pedirles más de lo que pueden ofrecernos. En la actual precariedad y mediocridad del mundo es necesaria más acción y más atención a los fines de la política y de los políticos. Por eso la política se encuentra en vías de descenso hacia la pobreza de su esencia; porque priman los intereses del partido y del Gran Poder, sobre el bienestar y el progreso de la sociedad. Ahora vemos que las Grandes Empresas Tecnológicas (Amazon, Telefónica, Facebook, Instagram, etc.), se están convirtiendo en un nuevo Estado dentro de los Estados Modernos y, es sumamente grave para la libertad y la autodeterminación de los pueblos o las naciones. Ahora se trata de luchar contra un enemigo que nos vigila las 24 horas del día y se convierte en el Gran Hermano técnico y del mundo técnico, es decir, del técnico y del colectivo técnico.

Arendt piensa que, en los procesos históricos los períodos de libertad han sido relativamente cortos en la historia de la humanidad. Lo que permanece intacto en épocas de petrificación y ruina es, la facultad de la libertad misma. La capacidad de comenzar, que anima e inspira todas las actividades humanas. Y, constituye, por así decir, la fuente oculta de producción de las cosas grandes o bellas. Por eso la estética es la madre de la ética y de toda capacidad de juzgar. La libertad no es una virtud del hombre, sino un Don supremo que el hombre entre todas las criaturas de la Tierra crea. Pero es a través de la acción, cuando devela la luz que se esconde detrás del forro de los fenómenos históricos. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, una capacidad para realizar milagros debe estar dentro del rango de las actividades humanas.

Hannah Arendt piensa que la libertad no es algo esencial o natural al ser humano, sino que se adquiere en la pluralidad, la relación del ser humano con el otro o, los otros. Aquí la palabra libertad adquiere un significado político y social. Por eso hay que cuidarla y defenderla, ante la acción de los autoritarios, de los totalitarios, de los populistas o nacionalistas. Los gobiernos autoritarios o, totalitarios, afirman la voluntad de poder que elimina la fiabilidad en el otro y la libertad. Este “tipo” de gobernante no soporta el carácter imprevisible del otro o, de los otros; porque objetivan (en el Estado, la policía, las instituciones, los cuerpos de seguridad, el partido o, la ideología, etc.), la libertad, es decir, la posibilidad de fiarnos de nosotros mismos. ¿Saben por qué? Porque aman la uniformidad, la homogenización, la coacción, la discriminación, la intolerancia, la vigilancia, la violencia y el ejercicio del poder.

Por tanto, “el afán de dominio y la voluntad de poder del solitario brotan de la ambigüedad, de la duplicidad de sí mismo. En efecto, ésta tiene como consecuencia que el afán de dominio y la voluntad de poder sean tan insaciables e imprevisibles como lo son para nosotros todos los otros hombres”. (Arendt). Es la confianza en sí mismo lo que posibilita la imprevisibilidad y la libertad de los otros. De ahí que una persona débil en su interior (del espíritu, del pensar, de la ética o la moral o del lenguaje, etc.), no es capaz de soportar el libre albedrío y lo imprevisible de los otros. Por tanto, sólo el hombre libre que confía en sí mismo, es capaz de dejar su impronta en la historia. Impronta cual luz que iluminé y guie a los hombres, a los otros, por los caminos del mundo de la larga noche de la iluminación técnica.

La confianza en sí mismo sólo “se realiza en la promesa y en el mantener la promesa. Sin esta fiabilidad, que sólo el hombre hecho uno puede experimentar en el intercambio con los demás, el mundo de los hombres es simplemente un caos. En la política se trata de dejar en su puesto este caos en sus rasgos esenciales, no hay otra garantía de la libertad, y dejar que todo orden brote del hacerse uno consigo mismo en el encuentro con el otro, confiando por lo demás en que cada uno, en el hacerse uno, tenga en sí aquel mínimo de fiabilidad sin el cual estaría perdido”. (Arendt).

Desde el umbral político, “la voluntad de poder quiere hacer el mundo fiable como la voluntad apetecería ser, fiabilidad que no logra en la soledad, pues permanece por esencia ambivalente. De acuerdo con esto, el tirano, para asegurarse, tiene que eliminar del mundo la espontaneidad (el fundamento de la falta de fiabilidad y de la libertad). (Arendt). Por eso el autoritarismo y el totalitarismo, destruyen la libertad y el nacimiento como parte de la espontaneidad. Porque trascienden al Estado y la autoridad, la institucionalidad y la ley, que se expresan y ponen en práctica, en el seno de la sociedad. Todo nacimiento trae consigo al mundo la incertidumbre, la ambigüedad y la espontaneidad, que son adversas a la verdad, lo lógico, al poder y los discursos, que legitiman y legalizan lo establecido como verdadero.

Dice Arendt de Nietzsche, sobre la “Voluntad de poder”: “Pues la impotencia frente al hombre, no la impotencia frente a la naturaleza, engendra la amargura más desesperada contra la existencia”. Así que, la fuerza del querer de la voluntad de poder, que se manifiesta frente al hombre, le crea en su ánimo un desvalimiento que paraliza su acción. También paraliza sus pensamientos y le engendra amargura en lo hondo de la existencia. Por eso los más fuertes, “aman una buena parte de casualidad, de absurdo”.

Los más fuertes aman las circunstancias que no se pueden prevenir ni evitar. Por ser fuertes frente al hombre son presa del frenesí que causa el ejercicio del poder y perciben a los otros paralizados por el miedo o el sufrimiento. Ellos no creen en lo “lógico”, porque saben que lo “lógico” esconde casi siempre tras de sí la debilidad y la fragilidad de lo establecido, como verdadero. No es que sean anti-lógicos a-lógicos frente la realidad y la historia, sino que tienen otras perspectivas para percibirla.

Arendt en “Diario”, Cuaderno VIII (14). Reflexiona sobre Schelling, Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad. El entendimiento es “propiamente la voluntad en la voluntad”. Por tanto, aquello “en las cosas” que “no puede disolverse en el entendimiento”, es decir, aquello que no ha de entenderse como querido, es “la base inaprensible de la realidad, el resto que nunca se abre” que “permanece siempre en el fondo”. Ese principio enigmático y oscuro de la realidad nunca se devela, permanece oscuro para el hombre. Salvo si su enigma se interioriza en el Estado y las instituciones, y se manifiesta en la sociedad como “voluntad ciega que no se deja subordinar”. Que esconde tras de sí el poder, el ejercicio del poder, que no tiene contemplación con nadie ni con nada. Que trasciende toda limitación humana, material o social. Más si “la voluntad en la voluntad” como “voluntad ciega” se manifiesta en el Orden Jurídico, el Estado, las instituciones, la cultura y se viste con el uniforme de las armas.

Ahora en la actualidad, ese rol lo cumplen también la verborrea ininterrumpida de la sociedad de los medios de comunicación de masas, Internet, las redes sociales y la Inteligencia Artificial. Así, “el principio, en cuanto procede del fondo y es oscuro, es la voluntad propia de la criatura, la cual … es la voluntad ciega”. (A ella) se opone el entendimiento como voluntad universal, que usa dicha voluntad ciega y la somete como mero instrumento”. La voluntad ciega, que no se deja subordinar, es decir, que permanece pura voluntad propia, (es) el mal como la voluntad mala, como la “elevación de la voluntad propia”. (Arendt).

 Por tanto, “la voluntad ciega”, es decir, “la pura voluntad propia”, ambigua y dual, que se comunica a sí misma, “aferrada a su dualidad solitaria”, Heidegger dice de ella que, “su esencia no consiste en lo malvado de los actos humanos, sino en la pura maldad de la ferocidad”. De ahí que la “ferocidad” evoque un tipo de maldad no humana, sino más “pura”, que se origina en el estado primitivo del hombre. Esto manifiesta “el doble desamparo moderno: el desamparo de Dios en medio de un movimiento masivo de individuos sin relaciones y contacto, un movimiento que no podemos abrazar con nuestra mirada”. Y, “la soberanía” del individuo “ha dado un vuelco al desamparo, a un desamparo en el que ni siquiera se siente la necesidad”. (Arendt).

Así que, “la doctrina de los filósofos que han querido dar respuesta al hombre y a los hombres en plural sobre el acontecimiento de la “voluntad ciega”. Que se aferra a “su dualidad solitaria”, que se vuelven superfluos ante el monstruo de “la pura voluntad propia”, no han logrado sugerir qué camino tomar en este tránsito por el mundo triste, oscuro y contradictorio, ante el dolor, el miedo, el sufrimiento, el odio y la muerte, y también ante las esperanzas materiales, espirituales y culturales del ser humano.

Ya vemos que, las personas que beben del pozo de los pensadores, que meditan sobre los avatares de la existencia, la sentimentalidad y los ideales de la vida, tratan de escarbar en el recuerdo de su exaltación y de su libre plenitud, para hacer de la vida más llevadera y agradable, en medio del desgarramiento de la existencia.

Imre Kertész dijo en Diario de galera: “La enfermedad intelectual de la época es el objetivismo, algo así como una pseudoobjetividad. La pseudocultura no se adquiere: se nace pseudoculto. Podríamos decir que la pseudocultura es una cuestión de inteligencia o, mejor dicho, de falta de inteligencia. Se trata de quitarle el vestido a la pseudocultura para que devele su esencia y el sujeto (el intelectual o el creador) vuelvan a ocupar el lugar del que fueron expulsados”. Como dijo Abraham Flexner: “El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso”; y, por otra parte, el mecanismo es tan complejo y perfecto como a la vez cuestionable: “convierte a los hombres en esclavos. Y los esclavos son imprevisibles, alevosos y proclives a la violencia. Resulta imposible calcular cuándo estallarán estas características” –al decir de Kertész.

Aquí se desvela lo que oculta el Estado técnico y el Gran Poder: el sentido “oculto” del capital financiero nacional e internacional, de las empresas y las fábricas transnacionales, los grupos de inversión, los lenguajes digitales, la industria cultural, la industria militar, la religión, los mitos, las narraciones, los discursos, es decir, el logos que los legitima ante los ciudadanos. Eso que en su quehacer posibilita la “estabilidad” del Sistema; pero a la vez el dominio y el control sobre el hombre y las humanidades históricas. Se trata que el pensar futuro no sólo guie a los hombres a la proximidad del ser, sino también que sus reflexiones posibiliten la libertad, la diversidad de las personas, la pluralidad política y la autonomía de la voluntad.

Lo importante no se encuentra sólo en la tecnología y lo científico, la estadística, sino también en el tejido del ser o, el devenir de la historia. Que el pensar futuro posibilite en su cultura, la capacidad de pensar, de juicio y de acción de los individuos y colectivos. Que contribuya a la inclusión del individuo y los colectivos sociales, su vida mental, espiritual o moral en los fines comunes de la sociedad. Eso que se define como condición humana: la libertad, la dignidad del hombre, la justicia, los valores morales, la ética y la estética, etc. Donde el tejido vivo de la existencia esté presto al servicio de la persona individual y los fines de la sociedad.

Además, el hombre dispensa la salud y la curación del cuerpo, del alma y del espíritu, que sustrae de los dispensadores ocultos dentro de sí. Cuando se pierden las corrientes que emanan de las profundidades del espíritu, el cuerpo enferma y se convierte en sequedades de verano. Por eso la fuente de agua viva está siempre ahí, esperando la llamada para brotar a la superficie y dar de beber al sediento. Opínese lo que se opine del mundo, lo mejor y lo peor del ser humano, reposa en el interior de todos y cada uno de nosotros. No hay que buscarlos en los instrumentos técnicos, la ciencia, el poder, las riquezas, sino dentro de sí.

Ahora, ¿dónde está la fortaleza del hombre en el mundo tecnificado? Quién renuncia a las ayudas exteriores y hace de ellas sólo una extensión de las fuerzas que residen en su interior. Esa es la fortaleza del emboscado o el autor de su propia vida; el hombre libre que determina el destino sobre la Tierra. (Jünger). Sólo él deja su impronta en la historia que sirve como antorcha para que los demás seres humanos se guíen por los caminos oscuros y escabrosos de la vida.

La intromisión del Estado en la vida del ser humano es mayor con pretextos de seguridad, de salud pública o de bienestar social. En estos casos es algo que resulta sospechoso y, por eso hay que manejarlo con cautela, con prevención. Porque estamos entregando la libertad, la intimidad, la sentimentalidad, la privacidad, en nombre de la seguridad y la salud. En momentos como estos se recomienda la desconfianza, en tiempos aciagos nos convertimos en objetos del poder. Así que, en nombre de un “fichero” o, una “nube”, podemos ser vigilados, encarcelados o liquidados. De esto se nutren los demagogos, los populistas, los nacionalistas, los autoritarios, para ganarse el favor de las masas. 

Además, todo se está volviendo estadístico. Esto es sumamente grave en un Estado democrático Social de Derecho. Porque una sociedad cuando los demagogos y charlatanes determinan la vida privada o pública, respiramos el aire fétido de las cloacas del poder y las relaciones sociales se degradan en el Sistema o la Estructura. No hay que olvidar que, la sustancia humana permanece y sólo hay que invocarla para que el hombre desgarre las ataduras de lo funcional, lo siempre-igual; y como un presente divino con bondad, con misericordia, con fraternidad, con amor, con libertad, con coraje pueda asumir una responsabilidad diferente. “Vivimos gracias a ése elevarnos por encima de las funciones” –dijo Jünger en La emboscadura.

Heidegger desprecia la realidad y trata de neutralizar su carácter imprevisible. “El mismo error que Platón, que intentó suprimir el azar mediante la ilusión de lo inmutable y eterno”. (Rafael Narbona).   

Sabemos que el mundo y las sociedades donde vivimos ha creado hombres pusilánimes, sin arrojo para enfrentar las adversidades de la vida y la muerte, y por ser pequeños y bajos de ideales delegan la libertad a una espalda mayor: El Estado técnico, las instituciones, la iglesia, la religión, la técnica, las opiniones rápidas y simultaneas de los medios de información, las redes sociales, Internet, las ONG, las costumbres, el ethos (el carácter), la Inteligencia Artificial, las instituciones que prestan servicios sociales. Y, esto repercute en el manejo de la libertad, de la libertad responsable. Que posibilita la curiosidad, el pensamiento, la capacidad de asombro, la experiencia y la comunidad. Eso Arendt lo llama pluralidad, mundanidad, vida y Tierra.

En este orden de ideas, estar a la altura del Tiempo y sus juicios, significa que el hombre tome en sus manos el poder del ser, y se sitúe por encima de las cosas del mundo, ya sea una obra de arte, un edificio, una piedra, un coche o una máquina. Se trata que trascienda la excesiva objetividad. Ya que en la Época Moderno vivimos la objetivación del ser humano como predominio de las matemáticas, la estadística, la imagen, la ciencia y la técnica, sobre la esencia de la existencia. Esto trajo como consecuencia la crisis de los valores de la cultura occidental y de la condición humana. Una crisis que se expresó en el siglo XX en dos Guerras Mundiales y millones de seres humanos exiliados, torturados, perseguidos o muertos. Así que, los valores de la Ilustración y el humanismo que heredamos de la cultura greco-romana y renacentista, volaron como una pluma arrastrada por el viento. Vivíamos en una época donde la falta de libertad (de pensar, de escribir o ser), se identificaba con el miedo a actuar, hablar o pensar.

Entonces, “la razón se mal interpretó como racional. Y lo irracional en tanto engendro de lo racional impensado, prestó curiosos servicios”. (Heidegger). En los campos de concentración del estalinismo, el nazismo, el falangismo, con la muerte de síes millones de judíos, el exterminio de minorías étnicas y religiosas. Que el totalitarismo del siglo XX implementó en Europa. George Steiner le llamó: Soha: el viento oscuro de la muerte.

Heidegger invita a ponerse por encima del ser de lo ente (de la existencia de lo existente), a desandar lo andado, a beber de las fuentes del ser. Y se opone al pensamiento que privilegia el interrogante fundamental, a Dios, para que el humanismo occidental no provenga de la subjetividad o de la zona de la sentimentalidad. Sino que el hombre en su esencia muestre libremente su carácter de humano. Así, la “altura esencial del hombre” no se alcanza mientras éste sea la “substancia” de las cosas que pueblan el mundo. O, en otras palabras, la “substancia” de las cosas en cuanto sujeto. Implícito Heidegger opone el hombre heroico tal como hace Ernst Jünger, al hombre sentimental que se interroga a sí mismo y al entorno que lo rodea. En la época de ambos pensadores la valoración del dolor, no es la misma que la que se tiene a finales del siglo XVIII o principios del XIX. Jünger expresó: “La valoración del dolor no es la misma en todas las épocas”.

La época de Heidegger y de Jünger exaltó el Estado total, el uniforme militar, los instrumentos técnicos para la guerra, la relación entre saber y trabajo al servicio de la tierra y la sangre, el hombre como trabajador que se entrega al partido y al Estado. Exaltaron la delación, el miedo, el odio, el racismo, la xenofobia y, todo se politizó por el Estado, la nación, la raza o el Führer (el líder). Esto demostró que el pensamiento de Heidegger y Jünger, no pueden estar al margen de las circunstancias del hombre histórico y sus pueblos. Todo pensamiento es manifestación de la época y las circunstancias históricas. De ahí que tengan su valor en oro. Así, el poeta, el novelista, el filósofo, el científico o el técnico, no pueden estar al margen de su realidad. Ya que ellos y sus creaciones son hijos de su época. 

Así que, por la falta de libertad, de pensar y ser, la vida pública y privada del ser humano, se está entregando a demagogos, corruptos, asesinos y farsantes, que le compelen a caminar por un desfiladero estrecho y funesto, y que se coloque fuera de la obra, que se salga de ella; ya que ésta se ha vuelto autónoma y el ser humano deviene cada vez más sustituible y prescindible. Este espectáculo acontece en un mundo cada vez más tecnificado y mecanizado, donde el ejercicio del poder y de la fuerza bruta hacen del hombre un número o un grano de arena en desierto.

Así que, en un mundo como este los únicos lamentos que se escuchan no son los de los humildes y humillados, ultrajados y excluidos, sino los de los poderosos. Por eso “tiene tanta fuerza el poder de la libertad que nos es suficiente soñar con ella” –dijo Jünger en Radiaciones I.

                                           Madrid-España a 02/06/2024

viernes, 24 de mayo de 2024

Imágenes sobre el “Humanismo” en la actualidad


 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Teniendo presente los avatares del mundo y de la existencia, preguntamos, ¿es el umbral de la verdad del ser un espacio sin salida? ¿es el elemento donde la libertad conserva su esencia? ¿de qué modo podemos volver a dar sentido al humanismo? ¿ha perdido el humanismo la cualidad que proviene de los griegos y romanos, judíos y cristianos? Heidegger dice que se trata de ver el humanismo desde el umbral histórico más antiguo, que hasta el momento no ha proporcionado la historiografía, y tampoco el historicismo. La palabra “humanun” remite a humanitas, es decir, a la esencia del hombre. (Heidegger).

Su cualidad consiste en ser humano, no anti-humano; devolverle un sentido al humanismo, que sólo puede redefinir el sentido de la palabra. Heidegger cree que esto exige, por una parte, experimentar de modo más inicial la esencia del hombre, y mostrar en qué medida esa esencia se torna destino a su modo. En él la esencia se revela en el camino del ser. Éste posibilita el acontecer en cuanto existente en su verdad. Además, el hombre es guardián del ser. La palabra humanismo significa la esencia del hombre es esencial para la verdad del ser. (Heidegger). Sin la esencia del hombre se oculta el ser; entonces, el lenguaje sería incapaz de dar sentido al mundo, a la historia y a la realidad.

Heidegger pregunta, ¿se puede seguir llamando “humanismo” a este “humanismo” que se declara en contra de todos los humanismos existentes hasta la fecha, que al tiempo no se alza como portavoz de lo inhumano? ¿seguimos nadando en compañía de las corrientes reinantes, que se encuentran ahogadas por el subjetivismo metafísico y sumidas en el olvido del ser? A la vista de esa humanitas más esencial del homo humanus se abre la posibilidad de devolverle a la palabra humanismo un sentido histórico más antiguo que el sentido que historiográficamente se considera más antiguo. (Heidegger). Si la historia no está apremiada en esa dirección, se podría despertar una reflexión que no sólo piense el hombre, sino también la “naturaleza” del hombre, y no sólo la naturaleza, sino de modo más inicial todavía, la dimensión esencial del hombre, determinada desde el ser mismo.  (Heidegger).  

Recordemos que está hablando después de la Segunda Guerra Mundial, donde la humanidad del hombre se degradó y se desgarró por completo. Y en su lugar invita a reflexionar la naturaleza del hombre, de modo más inicial, esto es, el hombre determinado por el ser. Es decir, que en la historia universal encuentre su lugar. Sabemos que la experiencia del siglo XX rompió el humanismo que heredamos del hilo de la historia de Occidente, el de la razón clásica, el humanismo cristiano y renacentista. Humanismos que no estuvieron a la altura para contener la barbarie.

Heidegger olvida que son las condiciones morales, espirituales, subjetivas e históricas, las que dan sentido al humanismo. Y, no ubicarlo como hace en la verdad del ser, la esencia del hombre y el lenguaje. Lo que propone es darle prioridad al ser en sí, a la esencia del pensar y del lenguaje, sobre el hombre de carne y hueso con sus generaciones. Estos tres presupuestos de Heidegger, prevalecen sobre el ser humano que tiene esperanza, sufre, ama, odia y va al encuentro de sí y del Otro, para reconocerse a sí mismo como hombre. Sabemos que la negación del “sujeto” atenta contra el sentimiento, el espíritu y el alma. Niega los presupuestos del humanismo, o, estar en el mundo y exaltar el en del ser humano.

Las monstruosidades en la historia de la cultura occidental moderna, no en modo fecundas son para el Humanismo. Así, un mundo lleno de atrocidades, dolor, odios, sufrimientos, violencia y guerras, infunde temor en las almas de los hombres, para alcanzar el sentido de lo humano.

Thomas Mann nos recuerda que, la piedad, el respeto, el decoro espiritual, la religiosidad, sólo son posibles en el hombre y por el hombre dentro del marco terrenal y humano. Su fruto debiera ser, puede ser y será un humanismo con ribetes religiosos, inspirado por el sentimiento del secreto trascendente del hombre, por la orgullosa consciencia que el hombre tiene de ser algo más que un fenómeno biológico, de estar ligado por una parte esencial de su ser a un mundo espiritual, de que la noción de lo absoluto le ha sido dada con las ideas de Verdad, de Libertad, de Justicia, de que le ha sido impuesto el deber de ir en busca de la perfección. En ese patetismo, en esa obligación, en esa veneración del hombre por sí mismo descubre a Dios. Pero soy incapaz de encontrarle en cien millones de vías lácteas. (Thomas Mann).

Es, además, preocupante y abominable cómo el humanismo en el mundo actual, se reemplaza por la técnica, la ciencia, la Inteligencia Artificial, el dinero o, el poder. Por la técnica que no responde a las necesidades materiales y espirituales del hombre. De ahí que la ciencia no sea enemiga del humanismo, sino que ésta debe responder a los requerimientos humanos. Es imposible calificar de diabólicos los temas y objetos de la ciencia sin que la acusación alcance a la ciencia misma. (Mann). Que la técnica sustituya el antropocentrismo en esta época de masas y de cultura de masas, no es una mera evidencia, sino que ataca al humanismo.

Lo que preocupa es que, la ciencia, la técnica, la estadística, sustituyan la Libertad, la Verdad o la Justicia en los asuntos humanos. Lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y son pesimistas. No hay en ellas magia; con la técnica basta. En Huxley y Orwell, el avance del cálculo y de su aplicación práctica hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras o números. (Jünger). Así que, el avance de la ciencia y la técnica sustituyen todo rasgo de Humanismo, de Justicia y Trascendencia. De ahí que se instrumentalizan en nombre del Gran Poder y de las selectas minorías. Y, en consecuencia, “el planeta adquirió un aura nueva, una epidermis más sensible”.  

El famoso elogio de la ciencia contenido en el “Ensayo sobre Bacon” de Macaulay, escrito en 1837, reza así:

“[La ciencia] prolongó la vida; mitigó el dolor; extinguió enfermedades; aumentó la fertilidad de los suelos; dio nuevas seguridades al marino; suministró nuevas armas al guerrero; unió grandes ríos y estuarios con puentes de formas desconocida para nuestros padres; guio el rayo desde los cielos a la tierra haciéndolo inocuo; iluminó la noche con el esplendor del día; extendió el alcance de la visión humana; multiplicó la fuerza de los músculos humanos; aceleró el movimiento; anuló las distancias; facilitó el intercambio y la correspondencia de acciones amistosas, el despacho de todos los negocios; permitió al hombre descender a las profundidades del mar; remontarse en el aire; penetrar con seguridad con los mefíticos recovecos de la tierra; recorrer países en vehículos que se mueven en caballos; cruzar el océano en barco que avanzan a diez nudos por hora contra el viento. Estos son sólo una parte de sus frutos, y se trata de sus primeros frutos, pues la ciencia es una filosofía que nunca reposa, que nunca llega a su fin, que nunca es perfecta. Su ley es el progreso”. (Steiner).

La exaltación que hace el positivismo científico de Auguste Comte, el cientificismo filosófico de Claude Bernard, la evolución de las especies de Charles Darwin, Charles Sanders Pierce, el historicismo de Hegel con la autorrealización del espíritu, el materialismo científico de Karl Marx, expresan confianza en el despliegue de los hechos y la historia. Ahora miramos con desconcertada ironía todas estas cosas. (Steiner).

El avance de la ciencia, la técnica y el cálculo en la vida humana, tiene que ver con profundas necesidades psicológicas, espirituales, morales, éticas, históricas y materiales. Pero en esta alta civilización técnica y de masas, la idea de Progreso está seriamente cuestionada porque en los siglos XIX y XX, vimos el desarrollo de las ciencias positivas, pero no el deterioro de las sociedades y la naturaleza. En la actualidad observamos la polución en las grandes ciudades, la arquitectura sin alma en la Gran ciudad, la contaminación de los mares y los ríos o, el cambio climático como consecuencia del progreso y la técnica en los asuntos humanos.

Desde otro umbral, el reconocimiento de la ciencia, del arte y del humanismo, también viene de Abraham Flexner, pedagogo estadounidense. Que en una conferencia que tituló La Utilidad de los Conocimientos Inútiles de octubre de 1939, dijo: ¿No es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen por completo o parcialmente de la tormentosa vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, a la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicaran al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento? El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta.

Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo. Mi pretensión es ocuparme hasta qué punto la búsqueda de estas satisfacciones inútiles se revela inesperadamente como la fuente de la que deriva una utilidad insospechada.

Un gran número de jóvenes se dedica a los estudios seguidos por sus padres y los dirige al estudio, igualmente importante y no menos urgente, de los problemas sociales, económicos y gubernamentales. No me quejo de esta tendencia. El mundo en el que vivimos es el único que nuestros sentidos pueden atestiguar. A menos que se construya un mundo mejor, un mundo más justo, millones de personas continuaran yendo a la tumba silenciosas, afligidas, llenas de amargura. Nuestras escuelas deberían prestar mayor atención al mundo en el que sus alumnos y estudiantes están destinados a vivir.

Podemos considerar esta cuestión desde dos puntos de vista: el científico, el humanístico o, espiritual. De una cosa podían estar seguros, teniendo presente los trabajos de Heinrich Hertz y Clerk Maxwell, de que habían realizado su trabajo sin pensar en la utilidad y de que a lo largo de la historia de la ciencia la mayoría de descubrimientos realmente importantes que al final se han probado beneficiosos para la humanidad se debían a hombres y mujeres que no se guiaron por el afán de ser útiles sino meramente por el deseo de satisfacer su curiosidad.

La curiosidad que puede conducir o no a algo útil es probablemente la característica más destacada del pensamiento moderno. No se trata de algo nuevo se remonta a Galileo, Bacon y sir Isaac Newton, y hay que darle total libertad. Las instituciones científicas deberían entregarse al cultivo de la curiosidad. Cuanto menos se desvíen por consideraciones de utilidad inmediata, tanto más probable será que contribuyan al bienestar humano y a otra cosa asimismo importante: a la satisfacción del interés intelectual, que se ha convertido en la pasión hegemónica de la vida intelectual de los tiempos modernos. (Flexner).

El interés del hombre por la curiosidad intelectual, no sólo llevó a Heidegger a pensar la historia del hombre y del mundo, sino también la esencia del tejido de la condición humana. Pensar cómo el lenguaje como casa del ser posibilita dar cuenta del hombre y del mundo. Desde la historia del hombre o, desde la biología, la cultura, la interpretación que se hacen de él todas son válidas. La que lleva a cabo Yunval Harari, por ejemplo, tiene como objeto la naturaleza del homo sapiens y los elementos históricos, materiales y culturales que lo determinan. Su evolución histórica desde los primeros tiempos (20.000 a.C.) hasta la actualidad.

En este orden, no significa que su visión no sea importante en la historia, sino que es un punto de vista con un “valor” interesante para comprender al ser humano. Heidegger, en cambio, centra su reflexión en la esencia del hombre, que se fundamenta en la verdad del ser. El ser del hombre consiste “ser-en-el-mundo”, que el hombre ha sido rebajado a un ser que sólo está acá, de este lado, con lo que la filosofía se hunde en el positivismo. (Heidegger). Esta visión de Heidegger, lo conduce a situarse aquende del tiempo, es decir, en el mundo de los fenómenos del Daseyn (el ser-ahí-del-hombre). Esa que afirma a éste en el saber y el mundo y no se preocupa por lo allende, no le interesa la trascendencia. O, mejor en la creencia en Dios. En Dios trascendente y revelado, tal como lo perciben los judíos y cristianos. 

Atreverse a pensar significa traer a la luz lo oscuro de la verdad del ser. De todo lo que existe en la realidad efectiva de la historia y el presente. El pensar futuro se vale de la imaginación, la memoria y la rememoración para que, desde el pasado del presente comprendamos la actualidad y el futuro. Observa Benjamín: “leer en la vida y las formas perdidas y aparentemente secundaria de aquella época, la vida y las formas de hoy”. En la historia del hombre han cambiado las formas de leer e interpretar la naturaleza y la existencia humana, no su sentido. El ser humano ha dicho las mismas cosas a través de la historia universal con palabras diferentes. Por eso el ser humano desde hace 20 o 30.000 años ha cambiado poco, con respecto al hombre actual. Estudiar al homo sapiens (desde la cognición, la experiencia y el lenguaje), posibilita comprender al hombre. Develar sus miedos, sus angustias, sus esperanzas, sus sufrimientos, las razones y sin razones de la existencia.

Por tanto, lo importante en la actualidad es repensar lo pensado y de esa manera, el pensar futuro posibilite un mundo más humano y vivible. Que el pensar se levante del polvo y se eleve a las esferas donde moran las Musas y los Dioses y, descienda cargado de sentido para la vida, el mundo y su realidad. Así que, el pensar futuro ha de pensar el logos y la esencia de la razón que funda. El pensar futuro debe mostrar que lo lógico y lo verdadero establecido por el Gran Poder, no es tan lógico ni verdadero, si reflexionamos sobre las razones en que se basan.

De ahí que lo irracional del Estado, de la religión, de la política, de la ciencia, de las financias internacionales, de la educación y de la cultura, develen la sin-razón de la que se originan. Porque el pensar crítico debe desnudar las cloacas del poder y del saber. Así se convierte en un pensar liberador de lo siempre-actual, de la homogenización, que trasfiere al hombre el miedo, la mentira, la desesperanza, el odio y el desamor. Heidegger comprendió que pensar consiste en pensar el ser y nada más. Significa pensar sin condiciones ni determinismos, para que la escritura se vuelva fecunda y se abra paso por sí sola.

Así pues, somos contemporáneos sin saber por qué lo somos. Incapaz de desandar lo andado y rememorar la historia, caímos en el hoyo profundo y oscuro de la desesperanza, el dolor y el sufrimiento. Vivimos una especie de desierto espiritual, mental y sentimental; ya que el hombre de la civilización, el hombre del movimiento y de los fenómenos históricos, dejó de tomar sus criterios de su esencia inmóvil y sobre temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia. (Jünger).

 Somos parte de una época de actores insignificantes y de hechos significativos, hay que abrirles paso a los espíritus fuertes. Porque son capaces de percibir en el borde del abismo, lo que oculta la oscuridad. En ese proceso lo heredado medita sobre aquello que está en el fondo de todas las herencias. (Jünger). Esto se constituye en una confrontación solitaria y en eso reside su encanto, porque el ser humano se enfrenta a sí mismo. Y ese desafío no necesita de juez, de sacerdote, de burócrata, de banquero, de político. En esa soledad el hombre es soberano a condición que tenga conocimiento de su rango. Así, el ser humano es: el Hijo de Dios y Redentor de los hombres.

En Heidegger,

pensar la verdad del ser es pensar la humanitas del homo humanus. Porque el pensar correlaciona la verdad del ser y la esencia del hombre. Y, se expresa ante todo en el lenguaje. De ahí que el lenguaje es la casa del ser; y el hombre su guardián.

                                       Madrid-España a 24/05/2024

jueves, 23 de mayo de 2024

La Técnica Moderna


 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Hannah Arendt en el texto En el presente. Ensayos políticos. Europa y América (1954). Visualizó la catástrofe del dominio de la técnica. En la Europa de hoy en día -dijo-, el desarrollo, la posesión y la amenaza del uso de armas atómicas por parte de los Estados Unidos es un hecho fundamental de la vida política. Los europeos, por supuesto, han participado durante años en los debates ahora cotidianos sobre el carácter desalmado de un país dominado por la tecnología moderna, sobre la monotonía de la máquina, la uniformidad de una sociedad basada en la producción en masa y asuntos similares. Pero hoy la cuestión va mucho más lejos: la conexión íntima entre la guerra contemporánea y la sociedad tecnificada se ha hecho obvia para todos, con el resultado de que amplios sectores de la población –no sólo intelectuales- temen y se oponen apasionadamente al progreso tecnológico y a la creciente tecnificación de nuestro mundo.

Así que, la tecnología y su transformación del mundo son parte esencial de la historia europea desde la Edad Moderna, por lo que, evidentemente, es absurdo culpar de sus consecuencias a América. Los europeos solían ver el progreso técnico de América del mismo modo que Tocqueville vio el progreso de la democracia americana, esto es, como algo que concernía de manera fundamental a la civilización occidental en su conjunto, aunque por ciertas razones especificas dicho progreso técnico hubiese encontrado su primera y más clara expresión en los Estados Unidos.

Esta actitud cambió desde el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima; desde entonces, ha habido una tendencia creciente a considerar que todo logro técnico es intrínsecamente perverso y destructivo, y a ver en América, principalmente, y a veces en Rusia el epítome de una tecnificación destructiva que es hostil y ajena a Europa. (Arendt). Esto expresó en la década del cincuenta, y ahora existen otros Estados que poseen la bomba atómica, como Israel, Corea del Norte, India, Paquistán, China, etc.; y también se convierten en peligro para extinguir toda vida sobre la Tierra.

Esta tendencia ve los desarrollos técnicos recientes como esencialmente no europeos; se miran desde fuera del devenir histórico contemporáneo. La potencialidad destructiva de las nuevas armas es tan grande, y la posibilidad de destrucción física de los países europeos es sentida como tan inminente, que el proceso de tecnificación ya no se ve fundamentalmente como algo que atenta contra el espíritu o el alma, sino como algo cargado con el peligro de la pura destrucción física. Así pues, las masas ya no consideran el desarrollo técnico como una fuente de mejora material. (Arendt).

Además, lo que caracteriza los desarrollos tecnológicos recientes más que los métodos de producción, es la liberación de fuerzas naturales. La reacción en cadena de la bomba atómica puede convertirse en símbolo de una conspiración entre el hombre y las fuerzas elementales de la naturaleza, las cuales, una vez desencadenadas por el saber del hombre, pueden tomar algún día su venganza y borrar toda vida de la superficie de la tierra, quizás incluso la propia Tierra. Por consiguiente, el poder político americano se identifica cada vez más con la fuerza aterradora de la tecnología moderna, con un supremo e irresistible poder de destrucción. (Arendt).

Esto lo pensó Arendt en 1954 durante la Guerra Fría entre Estado Unidos y la Unión Soviética; y en la actualidad la tecnología sigue rodeada de ese halo de misterio, de destrucción y barbarie. Más cuando la vida o la muerte dependen del dron, los misiles, los lenguajes digitales dominados a gran distancia o, de la Inteligencia Artificial. Aquí no es la vida ni la seguridad ni la saludad ni el bienestar, lo más sagrados, sino los intereses económicos, estratégicos o geopolíticos de los Estados, las Corporaciones, las finanzas internacionales, la industria militar, las empresas y las industrias multinacionales y el poder de las selectas minorías, etc. Se sacrifica la vida en nombre de la seguridad de los Estados, la técnica, la política y la economía. Dicho, en otros términos, en nombre del Gran Poder.

Sabemos que el desarrollo tecnológico tiene su origen en el conjunto de la historia de la cultura occidental y se concatena al conocimiento, al bienestar social, también al confort y la guerra contemporánea. Éste ha transformado al hombre-mortal-individual en un miembro consciente de la raza humana. Desde el momento en que llega a ser concebible que una guerra pueda amenazar la existencia del hombre en la tierra, la disyuntiva entre libertad y muerte pierde su antigua plausibilidad.  (Arendt). Se trata de desenmascarar que el desarrollo tecnológico no es indiferente a la guerra, al dominio, la coacción y el control del hombre. Tampoco a la libertad que sede la acción pública y privada, al ejercicio del poder tecnológico.

Walter Benjamín confirma lo que expresó Arendt: “Cuando la velocidad de los medios de transportes, o la capacidad de los aparatos con que se reproduce la palabra y la escritura, sobrepasan las necesidades. Las energías que la técnica desarrolla más allá de ese umbral son destructoras. En primera línea favorecen la técnica de la guerra y su preparación publicitaria. Del desarrollo, el hombre no fue consciente de las energías destructoras de la técnica”.

Ahora en la actualidad el progreso científico-técnico no solo hay que verlo desde el umbral de las armas para la guerra; también se cuestiona porque está deteriorando los Sistemas Ecológicos, los mares, los ríos, la Antártida, el Ártico. Y, en las selvas tropicales se pone en peligro la extinción de especies de animales y el ecosistema tropical. Entonces, observamos tristes y desencantados como el mundo de nuestros mayores se desase como hongos podridos en la boca.  

En la Civilización del artificio el hombre adquiere seguridad en el mundo de la técnica. A cambio entrega la voluntad y la libertad, a poderes que lo trascienden. El hombre masa determinado por los instrumentos técnicos adquiere coherencia interior y orden a sus actos, en los instrumentos técnicos. Este tipo de hombre entrega su “vida privada” y su “vida pública” a los instrumentos técnicos. Por eso la desdicha y la soledad, el miedo y los sufrimientos, son las figuras que toma en la actualidad.

Su lugar lo ocupan las plataformas de los lenguajes digitales: Facebook, Twitter, WhatsApp, Google, Apple etc. Medios desde donde se ejerce el Gran Poder: del Estado y sus instituciones, de las Corporaciones, del Capital bancario, de la Industria militar, etc. En este espacio el hombre de carne y hueso, el hombre común, es un grano de arena en el desierto. Porque está vigilado, interrogado, domesticado, coaccionado, homogenizado, uniformado, por fuerzas anónimas que están más allá de su comprensión.

Dejar que la técnica determine la vida del hombre es abandonarlo al Gran Poder. Que convierte la existencia humana en material de “existencias” para ser utilizados, sustituidos, desechados o, consumidos, en el Sistema del Capitalismo Global. O, en otros términos, en pieza de recambio en el engranaje del Gran Poder. En el Estado técnico el hombre abandonado a la masa, pierde sus límites como individuo. A este hombre no le interesa la esencia de la técnica, sino ésta como “instrumento de emplazamiento” –al decir de Jünger.

Asimismo, al hombre tecnificado se le niega la zona de la sentimentalidad, de la subjetividad y del espíritu, para dar prioridad a las máquinas y los lenguajes digitales. Así nos preguntamos, ¿en un mundo cómo éste existe el ser humano? o, ¿quién pasa por alto la situación de precariedad del hombre? Esta situación no exime a quienes ejercen el poder de sus responsabilidades éticas y morales ante la sociedad o, ante la consciencia mundial.

En el momento actual al asunto del pensar le corresponde la pregunta por la técnica. Como fenómeno originario de todo ente en el mundo de los entes. La pregunta por la técnica posibilita la pregunta por las figuras de lo ente. Partiendo de la esencia del ser y pensada de modo adecuado y conforme a su asunto, un día podremos pensar qué sea “casa” y qué “morar”. (Heidegger). En el texto La pregunta por la técnica, Heidegger tiene presente tres principios: la determinación especifica de la época, la carencia y la reorientación.

Desde una perspectiva metodológica, su reflexión no se reduce a la solución ni a la superación del problema de la técnica en la época actual. Se trata, por así decir, de confrontar la penuria, el peligro, la carencia. Hacer frente a la penuria de la experiencia, de la imaginación, de la capacidad de asombro, del lenguaje, del pensar o, de la condición humana. En este orden, el dominio de la técnica en esta época especifica coincide con la penuria, que es, a la vez, vecina del peligro. Quien vive en la penuria, no sólo está al borde del peligro, sino de dejarse llevar por los espejismos de ésta.

Se trata de reorientar el sentido de la técnica y ponerla al servicio de las necesidades del ser humano y que éste recupere su dignidad y los valores morales y éticos, que lo eleven sobre las limitaciones de la historia, de la vida cotidiana, de la economía y de la política.

Heidegger nos recuerda que el sentido original de la técnica no era el dominio, la coacción o, el ejercicio del poder técnico, sino una forma de conocimiento que fabricaba útiles al servicio de metas auténticas, verdaderas. La técnica en la actualidad, en cambio, perdió el impulso originario y se convirtió en “confort”, instrumento de poder, de coacción, de vigilancia o de dominio. La técnica reduce lo existente a mera funcionalidad en un sistema instrumental. Así, pues, la interpretación técnica del pensar provocó el olvido de su cometido esencial.

Como dijo Ernst Jünger:

Lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y que son pesimistas. No hay en ellas magia; con la técnica basta”.

Esto quiere decir que, no hay ningún misterio más allá de ella. A la época actual hay que percibirla en su cultura; y la cultura de la civilización habla el lenguaje de la técnica. Por eso el hombre se siente solo, desdichado, desamparado y gira alrededor de sí mismo como ser racional; y los poderes cargados de sentido, numinosos, sagrados, eternos, se remplazan por la futilidad y lo fugaz. Se olvidó que el verdadero sentido de la existencia no está en la razón, la técnica, la ciencia, el dinero o, el poder, sino en la estructura psíquica, los mitos, las religiones, los sueños, el inconsciente, los “arquetipos”, la memoria, la rememoración, la experiencia, el lenguaje, que han acompañado al individuo y los pueblos desde el alba de los tiempos.

La pregunta por la técnica supone “un pensar, un modo de sabiduría o, una episteme que devela la esencia de la verdad de ésta”. La pregunta por la técnica es lo que caracteriza la esencia de la técnica moderna como “estructura de emplazamiento”. La cual define Heidegger como el modo de salir de lo oculto que prevalece en la esencia de la técnica, un modo que él mismo no es nada técnico. Desde este umbral obtiene un carácter liberador. El ser humano se libera de la alienación de la técnica, de ésta como instrumento de homogeneización, de dominio, de coacción y control.

Se trata de pensar la técnica como un modo de sabiduría, pensarla develando la esencia de su verdad. También supone reflexionarla desde el umbral de los valores morales y éticos, desde las necesidades espirituales y materiales del ser humano. Así que, la develación de la esencia de la técnica obtiene su carácter liberador cuando se pone al servicio del hombre y de la libertad y, lo justo, lo bueno, lo bello, lo trascendente y divino, revelan su verdadero rostro.

En la actualidad el Gran Poder induce al ser humano a caminar por un desfiladero estrecho y funesto que lo conduce al vació total. También compele a vivir en la esfera de la consciencia, de las relaciones artificiales, y nos ocupamos de manera exagerada a pensar en la situación en que vivimos. Se trata, en última instancia, de arrebatar al hombre su halo misterioso y divino que mora en él, la capacidad de asombro, de soñar, de imaginar, de preguntar, de curiosidad, las experiencias compartidas y las memorias colectivas. También controlar o eliminar de la práctica política todo proyecto común que beneficie a los más necesitados de la sociedad. Por eso este tipo de hombre (el tecnificado y homogenizado), no se arriesga a desandar lo andado o, caminar por los caminos no transitados.

En este orden, Jünger pregunta, qué será lo que el Weltgeist, el Espíritu del Mundo, ¿tendrá reservado hoy para sus soñadores y durmientes? Se trata de crear la ilusión psicológica que la condición humana es soportable para todos; lo cual es mentira. Este es uno de los senderos que ha de transitar el pensar, develar las mentiras del poder. Así, “la esencia de la técnica se extiende por doquier, la política, la economía, la cultura, la ecología participan de esa esencia”. (Josep M. Esquirol). O, lo que es lo mismo, es el concepto cognitivo en lo que se basa toda fabricación y producción. Lo que interesa no es el movimiento de las manipulaciones de los instrumentos técnicos como actividad, sino entender los procedimientos técnicos. De ahí que la esencia de la técnica porta en sí la iluminación y la verdad del ser.

Por tanto, con la esencia de la técnica moderna nos encontramos en un camino, es una forma de revelación, y este camino nos abre la posibilidad de hablar de destino (geschick). En este orden Heidegger transita del lenguaje de la revelación, de lo que aparece, a la escucha; y la libertad se refiere a esta capacidad de escucha. De otra parte, las esferas de la esencia de la técnica no son indiferentes al arte, la literatura, la música, la poesía, al lenguaje, la filosofía y la cultura en general.

   De ahí que hay que percibir la técnica como instrumento y la esencia que la determina, en su cultura.

                                     Madrid-España a 123/05/2024

 

miércoles, 24 de abril de 2024

El quebrantamiento de las instituciones democráticas y los valores actuales


 

“Para el mundo lo importante es la estabilidad, la durabilidad, la artificiosidad e intersubjetividad”

                                                                       Hannah Arendt

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

En la vida del ser humano existen Canónes de imaginación, de experiencia y de conocimientos que posibilitan representarnos la sociedad y el mundo donde vivimos. Que se relacionan con la memoria, el recuerdo, y traen a la actualidad los escombros del pasado materiales y humanos. Eso, que la ciencia social llama historia o, filosofía de la historia. De ahí que el poder, el poder autoritario, nacional-populista se interese por la memoria y la rememoración, porque luchar contra el poder es luchar por la vivacidad de la memoria. Por eso la vida se vuelca al pasado para entender el presente y poder proyectarse al futuro. Pero es en el lenguaje donde las vidas truncadas y los escombros humanos recobran vitalidad. De ahí que la memoria se convierte en el faro que alumbra en medio de la fugacidad oscura del presente.

Cuando los Canónes de imaginación no representan fielmente la realidad, la imagen que se tiene de ella se presenta tergiversada y un velo oculta la verdad de ésta. Porque entre los instrumentos cognitivos y el cuerpo de la sociedad se interponen distractores: medios de comunicación de masas, redes sociales, Plataformas Digitales, la publicidad, el mundo dineral, la competencia en todos los órdenes de la existencia y de las relaciones sociales, las relaciones de poder, las fuerzas del saber o, de la información llana y vacía. Pero también existen signos, símbolos, normas, mitos, imágenes, que en cuanto lenguajes posibilitan que el hombre estructure la consciencia y el mundo donde vive. De ahí que el lenguaje se constituya en el lugar donde interpretamos, vivenciamos, juzgamos, el mundo y su realidad.

En las sociedades actuales donde prevalece la Cultura de lo efímero, la velocidad y el maquinismo, de suma importancia es, el espíritu despierto y atento, para desvelar no solo los distractores sino también lo que ocultan tras de sí: relaciones de dominio, de coacción, de saber o de poder. Por eso es necesario que la capacidad de análisis, de crítica y juicio, posibiliten develar su verdadero rostro. Ahora bien, sí los instrumentos especulativos y cognitivos, no posibilitan representarnos a la sociedad, no cumplen la función que les corresponde. Presentan una imagen distorsionada, enajenada, del mundo y su realidad. Porque desde el umbral político, las personas que componen el cuerpo social no se ven representadas en el Estado o, las instituciones públicas o privadas.

De ahí que las democracias representativas y el Estado democrático Social de Derecho, muestren síntomas de debilidad y cansancio ante el Gran Poder. Porque la insatisfacción de las necesidades sociales, económicas, educativas, tecnológicas y culturales, ha creado indiferencia y hastío ante los partidos tradicionales, las instituciones y sus representantes. Y, esto posibilitó un espacio político y social, que ha dado cabida a los partidos populistas, nacionalistas y autoritarios. Que se presentan como los Mesías de las sociedades con propuestas racistas, xenófobas, excluyentes, con los opositores políticos, los extranjeros y las minorías blancas empobrecidas. Como Trump en Estados Unidos, Milei en Argentina, Orbán en Hungría, Meloni en Italia, Ortega en Nicaragua, Bukele en el Salvador, Maduro en Venezuela, etc. Han deteriorado las instituciones democráticas y el Estado de Derecho y han negado la libertad. Y esto es sumamente grave para las sociedades actuales.

Así, cuando esto sucede la sociedad política, económica y cultural, no responde a las verdaderas necesidades materiales, morales y espirituales de los ciudadanos. Entonces, irrumpe el caos, la violencia, el odio, la mentira, la intolerancia, la amoralidad y la corrupción. Cuando los Canónes de la imaginación, de la cognición y de la cultura se quebrantan, se deteriora el cuerpo social. Y, a la vez, la estructura interior de la individualidad sufre una fractura fundamental. Que en términos ontológicos afecta la coherencia interior del Ser y el Existir. Este problema se constituye en problema lingüístico y político, porque la naturaleza del Ser, del “animal phonata”: es enteramente lingüística. El lenguaje que estructura la experiencia, la realidad y la cognición, no es ajeno a la política.

Se trata de percibir cómo las formas y los modos de cultura, estructuran la experiencia según los umbrales de percepción y los hábitos cognitivos. Porque gracias al saber intuitivo de la experiencia se desvela el tejido vivo de la existencia. En ámbitos como este la libertad recobra un vigor especial, porque posibilita la reflexión, la crítica y la creación. Para Nietzsche la libertad es un modo de vida que presupone generaciones enteras orientadas a la voluntad de creación. No es una cualidad fruto del azar o del destino; ésta es la condición esencial del espíritu libre. Por eso simboliza una desviación respecto al espíritu decadente; no obstante, es la fuerza creadora que constituye al superhombre.

Hoy la hostilidad hacia el conocimiento y lo académico parece estar en auge. Existe una revuelta mundial hacia lo académico, el conocimiento y la cultura; y, esto da paso a la mediocridad y a la ignorancia. El auge de la extrema derecha en Europa, en Estados Unidos y Latinoamérica lo confirman. Los líderes de la extrema derecha o de la izquierda, utilizan epítetos que tienen que ver con el nacionalismo, la cultura, el trabajo, la justicia social, la lengua, los mitos primitivos y religiosos. Para así de esa manera, crear una ola de rechazo y persecución a lo diferente, al negro, al blanco empobrecido, a los excluidos del Sistema (lumpen, alcohólicos, drogadictos, prostitutas, ladrones, desempleados, etc.), también a los gitanos, los judíos, los indígenas, los mulatos, tal como hizo Hitler y Stalin en la primera mitad del siglo XX. Y, esto es sumamente grave para la convivencia social, la paz, la libertad, el respeto a los Derechos Humanos y al Estado democrático Social de Derecho.

Se trata de percibir que los Cánones de imaginación, de cognición y de cultura, que estructuraron la civilización contemporánea, viven inflexiones donde las tecnologías de la información, la Inteligencia Artificial, las redes sociales, las imágenes y el lenguaje digital, están transformando la naturaleza humana. Vivimos mutaciones imperceptibles en el lenguaje natural, la imaginación, la percepción de la realidad, la relación del hombre con el entorno y el pensamiento. Y esto en vez de fortalecer la democracia, las instituciones políticas o sociales, las debilita y crea en las sociedades sensaciones de incertidumbre, ignorancia, dejadez hacia los asuntos públicos, que se rebelan contra lo político, lo académico, lo intelectual y el conocimiento. Entonces en vez de fortalecer los lazos sociales, políticos, culturales del cuerpo social, los diluye y da paso a otras formas de convivencia, que degradan el tejido vivo de la existencia.

En un mundo gobernado por la falacia, la paranoia, el odio, el miedo, la fuerza, la violencia y la guerra, es necesario que el conocimiento y la verdad recuperen su status. Porque es sumamente importante para la democracia, la libertad, los derechos humanos, económicos y políticos, la búsqueda de la igualdad y la justicia social. Sí esto no se fortalece en la actualidad, se da paso a fracturas sociales, al odio, al resentimiento, o los movimientos nacionalistas, xenófobos, racistas y antisemitas; que son sumamente peligrosos para la estabilidad y el desarrollo de la civilización occidental y la cultura de la convivencia, la tolerancia y la paz.

Ahora, con el auge de la extrema derecha, el nacionalismo y el populismo, en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, observamos la pérdida de autoridad de la cultura, del conocimiento y la libertad, el auge del resentimiento, el odio, lo primitivo, los extremos, sino también la falta de sentido de la pluralidad, la dignidad humana, ante lo fuerte, lo excluyente y bárbaro, de la radicalización de la derecha y la extrema derecha. Ese odio y horror que se expresó en la década de 1920 y 1930 en Alemania, contra el judío y las minorías étnicas. Que posibilitaron el nazismo y el fascismo en Alemania e Italia. Ese autoritarismo se presenta con sus máscaras propias en la actualidad, es importante fortalecer el Estado de Derecho y las instituciones democráticas, que integren a la sociedad y a cada individuo en relación a los valores que posibiliten un mundo más vivible, más humano, más libre y democrático.

En este orden, el dolor, el miedo y la libertad, son principios fundamentales en la economía de la vida moderna. Se concatenan con el mundo técnico y la nueva naturaleza del poder. La crueldad es algo presente en el fondo de las cosas; y no es indiferente al ejercicio del poder. La crueldad que se vive en la Gran ciudad, en los campos de batalla, se convierte en una especie de gas de los pantanos que embriaga y controla la vida cotidiana. Con la rapidez como suceden las cosas y la indiferencia psicológica con que se nos presentan, casi nunca nos detenemos a pensar en ellas. Como en sueños y en virtud de un mágico poder, los habitantes de la Gran ciudad, de los pueblos y las aledas, son arrastrados y dominados por la fuerza del dolor, el miedo y la indiferencia hacia el Otro. La atmósfera que se respira es embriagadora, paraliza los sentidos, la imaginación y el pensamiento. Pertenecemos, entonces, al mundo de lo “necesario” –de los instrumentos técnicos, lo colectivo, lo típico y el lugar común. Y sentimos al mismo tiempo, cómo decrecen las fuerzas que nos permiten afrontar los avatares de la existencia, dominarlos y conducirlos como caballos por las sabanas.

Habitamos un mundo de desconfianza, de inseguridad, de violencia y de injusticias, donde los Cánones de imaginación, de conocimiento y de cultura, seden su espacio a “unas maquinaciones malvadas que están produciendo en nosotros una descomposición tanto en nuestros recursos económicos, espirituales y morales, como también raciales”. Hemos tomado consciencia que el miedo, la fragilidad y el sufrimiento son parte de la naturaleza humana. Ese sentimiento evoca no sólo un estado de inculpación general, sino también de degradación de la condición humana.

Sí los principios generales se degradan, es porque ya no responden a las necesidades humanas. Parece que la percepción que tenemos del mundo, no les atañe a los ideales de los seres humanos. Esto crea una especie de disyunción entre el sentido de realidad y la imaginación creadora. De ahí que los instrumentos técnicos y la nueva voluntad de poder, representan la doble cara de Jano, el haz y el envés de las nuevas relaciones de saber y poder. El mundo técnico y el colectivo de ese mundo, sirven como distractores de las apetencias y las esperanzas de la sociedad. En momentos de rebelión –de alteración del orden público, de una revuelta o, de guerra– son tan eficaces que su utilización pasa desapercibida. Estas relaciones de fuerza cumplen la función que les corresponde, según las necesidades del mecanismo y la economía del poder.

De ahí que los problemas sociales, de orden público y de seguridad, “como tales proporcionan únicamente molestias. Por ahora, más bien que ser planteados, son liquidados con rapidez, liquidados en estado embrionario, por así decirlo: es una consecuencia de la aceleración. Están multiplicándose los sectores en que los problemas son resueltos por las máquinas”. (Jünger). En la actualidad “lo que hay son centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas, sociales y militares, allí donde tropiece con ellas”. (Jünger).

Somos parte de tiempos insólitos y sobrecogedores donde la amenaza del dolor, del miedo, de la inseguridad, la violencia, el hambre, la guerra, se tornan significativamente más visibles. Cuando borran de la faz de la tierra miles de vidas inocentes (ancianos, niños, jóvenes y adultos), sentimos que ningún grado de inteligencia, valor, experiencia ni virtud o coraje, es capaz de librarnos de la fatalidad. Somos entonces una civilización amedrentada y amenazada, y algunas veces nos sentimos incapaces de contener la amenaza y la agresión, y, entonces, nos invade la nostalgia, o la duda de la validez de nuestros valores.

Por eso en esta alta civilización técnica y de política de masas, aun en medio de la crisis financiera atroz de los últimos tiempos, del ataque a las instituciones democráticas y a la libertad, del paro y el hambre de millones de seres humanos, la discriminación y la xenofobia, las diversas figuras del terrorismo internacional, la violencia y las guerras periféricas (Rusia-Ucrania, Israel-Palestina, etc.); el espíritu no debe inclinarse a una concepción catastrófica de la historia ni de la existencia individual. Porque esa visión de las cosas y de la vida niega el precepto divino:

Que el sentido de la existencia no es inmanente a la historia, sino trascendente a ella.

                                               Madrid-España a 24/04/2024

 

 

jueves, 11 de abril de 2024

 

                                       El humanismo de la cultura animi

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Hannah Arendt en el texto, Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, dijo: “Sabemos que el humanismo, como la cultura es de origen romano; además, el gusto es la capacidad política que humaniza de verdad la belleza y crea una cultura”. Se refiere al “sentido romano de humanitas, de la integridad de la persona como persona, porque en él se sacrifica el valor humano y la categoría personal, junto con la amistad, en aras de la primacía de una verdad absoluta”. Siguiendo la traza de Cicerón podemos ver la exaltación que hace Arendt del humanismo y del humanista.

Lo que dice Cicerón es que, para el verdadero humanista, ni las verdades de los científicos ni la verdad del filósofo ni la belleza del artista pueden ser absolutos; el humanista, porque no está especializado, ejercita una facultad de juicio y gusto que está más allá de las acciones que cada especialidad nos impone. Esta humanitas romana se aplicó a todos los hombres libres en todos los sentidos, para quienes el problema de la libertad, de no sentirse coaccionado, era decisivo, incluso en la filosofía, las ciencias y las artes. (Arendt).

Un hombre libre para Cicerón era no estar coaccionado en su asociación con los hombres y los objetos, ni por la verdad ni por la belleza.

El gusto de una mente de verdad cultivada –cultura animi- que se puede confiar en ella para que se ocupe y cuide las cosas que pueblan el mundo cuyo criterio básico es la belleza. Este humanismo es el resultado de “la cultura animi, de una actitud que sabe cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo”. Una mente cultivada se preocupa no sólo de las cosas, sino también de los seres que lo rodean y, en especial, de los demás seres humanos. Por eso el humanista se preocupa por la verdad y la belleza; pero no por lo absoluto que se desea imponer a través de ellas.

He aquí un punto de contradicción entre una mente que todo lo convierte en “valor” de cambio y una que trata de ocuparse y cuidar el mundo natural y el mundo hecho por el hombre.

El humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre las actividades políticas y las de pura elaboración. Porque en él no prevalece el ejercicio del poder y la función o, la utilidad, sino el dialogo, el consenso, el acuerdo y la cualificación de la vida personal, que eleva en libertad a la esencia del ser y el existir. Le interesa la cultura, el cuidado de las cosas del mundo, las cosas bellas que hacen más soportable los avatares de la existencia; así que le importa la amistad, la fraternidad, la ternura que comparte con los otros seres humanos, el pensar y la búsqueda de un mundo más humano, libre y solidario.

Es de admirar que Arendt, en una civilización de alto desarrollo científico y técnico, de alto capitalismo industrial y financiero, políticas de bloques, nacionalistas o populistas, nos oriente a preocuparnos por la libertad y el humanismo. Y diga siguiendo las ideas de Cicerón: “como humanistas podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista, podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que todos debemos conocer y buscar. Podemos estar por encima de toda clase de especializaciones y de filisteísmo siempre que aprendamos a ejercer nuestro gusto con libertad”. (Arendt)

La libertad para ella no es un don divino ni natural del hombre, sino que se adquiere en las relaciones que establecemos con los demás seres humanos, con los que vivimos en comunidad y hacemos del mundo algo común. El problema está en que el hombre entregue su libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual y, cuando falten estas, quede desvalido. El humanista se propone llevar adelante una lucha, una lucha que para algunos no tiene valor. El humanista posee una relación originaria con la libertad, con el tejido del cuerpo social; de ahí que se opone a todo automatismo, al autoritarismo, al absolutismo político, económico, social, cultural y, a las especialidades que niegan el libre conocer y buscar.

Si contemplamos la libertad no dejará de hacerse evidente el papel desempeñado por el humanista entre el hombre de Estado y el artista, sino también en sus pensamientos y la apreciación estética de la existencia y del mundo. La realidad de estos años que estamos atravesando hacen del humanista algo esencial para confrontar todo “tipo” de coacciones, violencias y determinismos que atenten contra la libertad. Así, elevarse en libertad sobre el maquinismo, el automatismo, el mundo comunicado en Red y el Gran Poder, significa reservarse la decisión propia y que el gusto por el mundo y las cosas que lo pueblan, nos ayuden a precisar nuestra condición estética y ética.

 El lugar de la libertad es diferente al del totalitarismo, el autoritarismo o, el dogmatismo, porque ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo y trascender los muros de contención del Gran Poder.

El humanista que cree en el hombre y la libertad que le es propia, emprende la tarea de encontrarle sentido a unos acontecimientos históricos, políticos, sociales, culturales, que dejan a la vera del camino sufrimientos, odios, dolores, miedos, muertes y, se convierten en piedra de escándalo. El hecho de que el hombre de hoy, el hombre masa renuncie en amplia medida a la libertad, no significa que el hombre de –cultura animi- que cultiva la mente y el espíritu, también lo haga.

Como expresó Ernst Jünger: “De ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario si no queremos entregarnos a meras ilusiones. La libertad viene a la vez que lo necesario y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La Libertad, en cambio, aunque siempre se encubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal”.

En la actualidad donde prevalece el materialismo, el utilitarismo, el “valor”, el dinero, el poder, la ciencia y la técnica, sobre el humanismo, las esferas del espíritu y la sabiduría. El humanismo expresión de los saberes inútiles enseña que el “gusto es la capacidad política que humaniza de verdad la belleza y crea una cultura”.

Abraham Flexner el famoso pedagogo estadounidense, a mediados del siglo XX dijo:

“¿No es curioso que en un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombres y mujeres –viejos y jóvenes- se alejen de la vida cotidiana para entregarse al cultivo de la belleza, a la extensión del conocimiento, a la cura de las enfermedades, al alivio de los que sufren, como si los fanáticos no se dedicaran al mismo tiempo a difundir dolor, fealdad y sufrimiento? El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde un punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que puede conseguir de otro modo. Mi pretensión en este artículo es ocuparme del problema de hasta qué punto la búsqueda de esas satisfacciones inútiles se revela inesperadamente como la fuente de la que deriva una utilidad insospechada”.

En cambio, Martín Heidegger ve el humanismo desde otra perspectiva; en respuesta al filósofo francés Jean Beaufret, que le formula la pregunta: ¿comment redonner un sens au mot, Humanismo? Se traduce: ¿cómo se le puede dar un nuevo sentido a la palabra, Humanismo? Para él existen dos umbrales: el Humanismo ha perdido su sentido y, es importante volver a dárselo. En Carta afirma decisivamente lo primero, pero no ve la necesidad de lo segundo. Piensa que la pérdida del sentido del Humanismo está ya en su naturaleza.

Que el Humanismo está ubicado en la metafísica de la subjetividad, característica de la Edad Moderna y, es una realidad en la actualidad. Ahora, ¿qué distingue a la metafísica de la subjetividad? El olvido del ser por el predominio del sujeto desde donde se proyecta el ser del ente. Por eso darle un nuevo sentido al Humanismo significa verlo desde la esencia del ser, del hombre y del lenguaje; y no desde la percepción del hombre como ser racional o biológico.

En Heidegger y el Humanismo, (1990), José Luis Molinuevo expresa: Heidegger parece centrar la consideración humanista del hombre en torno a su “dignidad”, lo que le permitiría seguir una continuidad en la Ilustración y el Romanticismo. Y repite que su rechazo del Humanismo no quiere significar que vaya contra ella, o que en su propio pensamiento no pueda alcanzar la “humanitas” la verdadera dignidad. (REVISTA ISEGORÍA/1 (1990).

Preguntamos, ¿cuál es el cometido de la humanitas? El deseo de Heidegger es pensar y cuidar que el hombre sea humano, esto significa Humanismo; y no inhumano, porque sería estar fuera de su esencia. El humanismo sería la manifestación de la esencia de la humanidad. Desde la esfera del pensar, ¿cómo se transforma el “homo”, en “humanus”? Cuando se tiene presente la palabra esencia, esto es, cuando se habla del ser. Es el ser el que posibilita al hombre la cualificación de humano. Por eso el hombre se refiere al ser, en tanto que, ser humano. La esencia del hombre deviene en la revelación del ser al hombre. De lo contrario, el hombre sería un ente entre los entes. Sería una cosa entre las cosas sino se reconoce la diferencia en el ser. Lo que le permite al hombre alcanzar su esencia es el ser y no el ente entre los entes.

Heidegger dice:

“Humanismo es el esfuerzo para que el hombre sea libre para su humanidad y encuentre en ello su dignidad”. 

Así que, en Carta sobre el “Humanismo”, la palabra humanismo se reflexiona desde una multiplicidad de puntos de vista, entre otros, la temática del ser. Sobre el ser funda la esencia del hombre y sobre ésta define al humanismo. Pensar la esencia del obrar en el despliegue del ser, es decir, en la plenitud de su esencia. Define al ser como lo que es. Establece que a través del pensamiento se produce la relación del ser con el hombre y que en el pensar el ser viene al lenguaje. Y establece: el lenguaje es la casa del ser. Aquí instaura la relación del ser, el pensar, el lenguaje y el hombre.

                 Y dice:

Por eso el lenguaje es a un tiempo la casa del ser y la morada de la esencia del hombre”.  

Heidegger advierte: hombre no es un ser viviente que junto con otras facultades posee también el lenguaje. Más bien, es el lenguaje la casa del ser en la que el hombre sigue morando, existe en cuanto guardando esta verdad, pertenece a la verdad del ser. Este llamado a ser el hombre el “pastor del ser” es precisamente lo humano y de ahí deriva el nombre de humanismo. Se trata de la renovación de la palabra humanismo.

Heidegger ha recibido muchas críticas sobre la Carta, que su concepción del humanismo es in-humana; que es irracional; que niega los valores; que niega la trascendencia; que es atea; que es nihilista. Él vuelve a definir desde su punto de vista el sentido de lo humano; la verdad del ser; de los valores; del ser-en-el-mundo; de la frase de Nietzsche: “Dios ha muerto” y, su concepto de la nada. En este orden de ideas, “se está tan lleno de lógica que todo lo repugnante a lo habitual, al opinar, se calcula como contrario, reprobable”.

Heidegger reflexiona, el pensar conduce la existencia histórica, es decir, a la humanitas del homo humanus, al reino de la aurora de la gracia. Con la gracia revela la iluminación de lo malo. Así mismo, reflexiona sobre la ira, el no y el anonadamiento. Y al final del texto piensa: ¿queda por preguntar si, ciertamente, todo sí y no, no son ya existentes en la verdad del ser, puesto que el pensar pertenece a la existencia? Una proposición: el ser viene iluminándose, al lenguaje. Él está siempre en camino hacia el lenguaje. Trae al lenguaje en su decir, al pensar existente de su ser. El lenguaje mismo es elevado a la iluminación del ser. En esta proposición observamos que, el ser deviene iluminándose al lenguaje; siempre camina hacia él. El ser trae en su decir al lenguaje y al pensar existente de su ser. Así, el lenguaje se eleva a la iluminación del ser.

En este caso, volviendo a Arendt:

¿Qué pensaban los romanos que era una persona culta? La que sabe cómo elegir compañía entre los hombres, entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. (Arendt). Es necesario en la actualidad pensar y juzgar la crisis del Estado, de las instituciones, del poder, de los partidos políticos, de la condición humana, del ser y el existir, en su cultura.

                                     Madrid-España a 09/04/2024