domingo, 8 de octubre de 2023

 

                                          Martin Heidegger

                          La esencia de la técnica moderna

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Somos parte de un movimiento universal que corresponde relativamente al Estado tecnológico absoluto. El Estado tecnológico atañe poquísimo al mundo y a la sociedad, determinados por la esencia de la técnica. Frente al poder de la técnica el Estado técnico es su servidor. Heidegger dice que la esencia de la técnica la ve en lo que denomina –imposición-. También la percibe como Ge-stell: aquello que está por debajo o detrás de la técnica moderna. Así, pues, la “imposición” significa que el hombre está “colocado”, “requerido” y “provocado” por un poder que está por detrás de la esencia de la técnica. Para Heidegger, la técnica es la forma en que el ser se revela a través de los seres al hombre. El hombre no la controla, sino que responde adecuadamente a la esencia de la técnica.  

Por tanto, la imposición de la técnica somete, domina, a la naturaleza e instrumentaliza al mismo tiempo al hombre. La imposición oculta la aleteia –el desvelamiento del ser y del mundo en general. El hombre está situado en la esencia de la técnica. Así que, el hombre es requerido por la esencia de la técnica. El hombre no sólo se tecnifica, sino también la técnica lo instrumentaliza y lo domina. Por la técnica y en la técnica, el hombre se convierte en número, en objeto o cosa.

En este orden, en la época actual el hombre vive un proceso de deshumanización, de ruptura con lo sagrado e inefable, lo espiritual, los valores, las ideas y el pensamiento, y, además quiebra la coherencia del Yo concreto. Este proceso licua lo sólido que queda del hombre y lo entrega a los poderes de la tecnología. Ahora, quien predomina en la actualidad es el Estado tecnológico absoluto. Además, la técnica se convierte en un medio de ocultación del ser; también en conducto de des-ocultación de la verdad. Según Heidegger la técnica cumple una función contradictoria y ambigua, velar y desvelar el ser y el mundo. Aquí adquiere relevancia “la pregunta por la técnica”.

El movimiento mundial que corresponde a la historia universal hace lo mismo con el Estado tecnológico. De ahí, el Estado tecnológico no acude al llamado del mundo y de la sociedad, sino que responde a la estructura y las funciones del poder. O, en otros términos, al Gran Poder. Así, la esencia de la técnica, sus posibilidades, deja las necesidades morales, espirituales y materiales del hombre en la estacada. El Estado técnico se sitúa por encima de las necesidades del ser-hombre y del destino que teje sobre éstos.

En este espacio el hombre deja de ser el pastor del ser, el guardián y protector del ser. La esencia de la técnica, las posibilidades que contiene en sí, trascienden las necesidades y requerimientos humanos. Ahora, sí el hombre se sitúa a la luz del ser, es provocado o requerido, por un poder enorme que se manifiesta en la esencia de la técnica. En consecuencia, la imposición del Estado técnico oculta la esencia de la técnica, es decir, las posibilidades del ejercicio del poder y del saber.

En el Estado tecnológico “el hombre está necesitado por el ser”. Por lo que hace posible a todo lo que existe. Por eso, “el ser” necesita del hombre, el ser no es ser sin que el hombre le sea necesario para su manifestación, salvaguardia y configuración”. El pensar lleva a cabo la relación del ser con la esencia del hombre. No es el origen ni produce esta relación. El pensar se limita ofrecérsela al ser como aquello que a él mismo le ha sido dado por el ser. Esta ofrenda consiste en que en el pensar el ser llega al lenguaje. El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son sus guardianes. Su guarda consiste en llevar a cabo la manifestación del ser, en la medida en que, mediante su decir, ellos la llevan al lenguaje y allí la custodian.

Por tanto, el pensar sólo actúa en la medida en que piensa. Este actuar es, seguramente, el más simple, pero también el más elevado, porque atañe a la relación del ser con el hombre. Por el contrario, el pensar se deja reclamar por el ser para decir la verdad del ser. El ser necesita del hombre, para ser en lo ente, en la naturaleza, la historia y el mundo en general.

Las posibilidades de la técnica requieren al hombre para que le sirva; y la esfera adecuada para el servicio es, el Estado tecnológico absoluto. Éste desarrolla a su máxima potencia la esencia de la técnica. El hombre se convierte en medio de realización de la esencia de la técnica. Sin el hombre la técnica no tendría valor. Así, el hombre está colocado por el poder que se manifiesta en la esencia de la técnica. Ahora, sí el hombre está colocado o requerido o provocado, por algo que, no es él mismo, en esa medida, se le muestra la posibilidad que es requerido o necesitado, por el ser. Por tanto, le es propio a la técnica que el hombre es necesitado por el ser. ¿Para qué? Para su salvaguardia y permanencia en el mundo.

Así, pues, la técnica le niega al hombre, por el ocultamiento o el velo, estar dispuesto a nuevas posibilidades. Que el hombre, por ejemplo, no se reduzca al poder de la técnica. Sabemos que éste porta en sí una pluralidad de posibilidades o atributos, que no se reducen a la función o la esencia de la técnica.

Entonces, ¿cuál es el fin del pensamiento o, de la filosófica? Ayudar al hombre a comprender esto. Darle las herramientas conceptuales o el legado de la experiencia, para que trascienda la instrumentalización y la esencia de la técnica. Porque la filosofía posibilita que la técnica salga de su ocultamiento al ser y lo que lo rodea, en particular, al hombre. Ahora, ¿cuál es el legado de la filosofía en el mundo moderno? Mejor, ¿cuál es el compromiso del hombre respecto a la esencia de la técnica? La filosofía, entre otros, posibilita la crítica del ser en el mundo, de la objetivación y la instrumentalización del hombre, por parte de la esencia de la técnica. También posibilita que surjan corrientes de pensamiento, de actuar, de experiencia y de comunicación entre los hombres. Que le ayuden a desvelar que oculta tras de sí la esencia de la técnica.

Heidegger cree que el pensamiento, indirectamente, puede ser la causa de un cambio en el estado de cosas del mundo. Él puede valerse de la economía, de la técnica, de la ciencia, de la política o de la cultura, para el cambio. Así que, la filosofía y el hombre no pueden hacer otra cosa que, allanar el camino para el advenimiento o ausencia de Dios o, del ser. Por tanto, la experiencia de esa ausencia no es algo negativo, sino una liberación para el hombre, que Heidegger llama la caída en el ente. Así, el pensamiento ha de preparar la disposición a la reflexión sobre lo que hoy hay. Estar dispuesto a la aletheia, -a quitar el velo, al des-ocultamiento de la verdad. En la aletheia la verdad se desvela y el fenómeno se muestra.

Por tanto, para cambiar lo existente el hombre necesita del impulso exterior (de Dios o de otra fuerza), porque el pensamiento en sí mismo no lo logra. Sólo lo puede hacer indirectamente. El papel que la filosofía ha tenido para cambiar el estado de las cosas del mundo moderno, lo asume hoy la ciencia. Desde entonces la “filosofía” se encuentra en la permanente necesidad de justificar su existencia frente a las “ciencias”. Y cree que la mejor manera de lograrlo es elevarla a sí mismo al rango de ciencia. Pero este esfuerzo equivale al abandono de la esencia del pensar. Así que, la filosofía se siente atenazada por el temor a perder su prestigio y valor sí no es una ciencia. En la interpretación técnica del pensar se abandona el ser como elemento del pensar. (Heidegger).

Desde una perspectiva simbólica, la ciencia es la punta de una lanza y la reflexión filosófica el mango que la sigue. Por tanto, en el “efecto” del pensamiento hay que dilucidar qué significan aquí efecto y acción de producir. Heidegger dice que, sería necesario distinguir cuidadosamente entre ocasión, impulso, fomento, ayuda, impedimento y cooperación. En la actualidad, la filosofía se disuelve en las ciencias particulares: como la psicología, la lógica, la física, las matemáticas, la politología, la economía, la biología, etc.

En la Época Moderno el puesto de la filosofía lo ocupa la cibernética. La cibernética es ese campo de estudio interdisciplinario de la estructura de los sistemas reguladores. La cibernética es la ciencia que estudia los flujos de energía estrechamente vinculados a la teoría de control y a la teoría de sistemas. Esta ciencia se encarga de estudiar los sistemas de comunicación entre los seres vivos, y se aplica a los sistemas electrónicos y mecánicos, de amplias similitudes con ellos. Se aplica en los campos de las prótesis o la robótica, también en el ámbito de las ciencias humanas con el fin de resolver los problemas de relaciones y mediaciones socio-técnicas entre seres humanos y los objetos de diferente naturaleza.

De otra parte, Walter Benjamín parece rechazar que la verdad pueda encontrar su determinación a través de la realidad empírica y su expresión en el lenguaje degradado del conocimiento: “La filosofía sólo puede aspirar al discurso de la Revelación mediante el regreso de la memoria a la percepción original” –afirma Benjamín. De ahí que le confió a Hugo Hofmannsthal que acogió con benevolencia su ensayo Las afinidades electivas, lo siguiente: “la convicción de que toda verdad tiene su morada o palacio ancestral en la lengua, que ese palacio está hecho de los más antiguos logoi y que, frente a una verdad así fundada, las aspiraciones de las ciencias particulares siguen siendo algo subalterno”. Hay que tener presente que Benjamín alude aquí a su ensayo Del lenguaje en general a la lengua de los hombres en particular (1916), a un estado paradisíaco del lenguaje que aún no estaba sumido en la función de la comunicación y que no había caído en la charla maligna, mediata entre los hombres.

La filosofía y el ser humano han de mantenerse abiertos para la llegada o ausencia de Dios o del ser. La caída del ser en el ente. Y preparar la disposición a la reflexión sobre lo que hoy existe. Por tanto, el pensamiento por sí mismo no puede producir efectos necesita de algo exterior. O, lo que es lo mismo, necesita de Dios, del arte o, de cualquier otra cosa. Para Heidegger se trata de interpretar la filosofía occidental. Del retorno a las bases históricas del pensamiento, de repesar las cuestiones no debatidas desde la filosofía griega, no es disolver la tradición. Pero afirma que el modo de pensar de la metafísica tradicional, que acabó con Nietzsche, no ofrece ya posibilidad alguna de experimentar con el pensamiento la era técnica que ahora comienza.

Preguntamos, ¿cómo se experimenta con el pensamiento la era técnica que vivimos? Se necesita pensar el desvelamiento del ser, la esencia de la técnica y su instrumentalización, no sólo para someter a la naturaleza, sino también como domina al hombre y a las sociedades actuales. Así que, lo que la filosofía no abarca les concierne a las ciencias positivas, las ciencias sociales y a las humanidades.

Entonces, ¿qué permanece impensado? Por supuesto, la esencia de la técnica. Esta es una de las labores del pensamiento actual. Pensar el poder de la esencia de la técnica posibilita comprender, entre otros, la instrumentalización de la técnica en las relaciones de fuerza y de poder. Heidegger expresa que hay que pensar el poder de la esencia de la técnica para la transformación inmediata del actual estado de cosas del mundo, en el supuesto que tal cosa sea humanamente posible. El pensamiento podría despertar la disposición, esclarecerla y fortalecerla. Se trata de pensar el futuro a partir de los rasgos decisivos de la época actual, apenas pensado.

Se trata de pensar los rasgos en el umbral de las ciencias positivas, la técnica, la Inteligencia Artificial, las redes sociales, las imágenes en movimiento, la robótica, los datos algorítmicos, la cibernética, etc. Describiendo qué se esconde detrás de esos rasgos. Heidegger cree que el pensar no es pasividad, sino la acción que está en dialogo con el destino del mundo.

El premio nobel de literatura húngaro (2002), Imre Kertész nos otorga una luz -para comprender en este mundo tan convulsionado y caótico, lleno de cambios repentinos y asombrosos, donde prevalece la banalidad, el lujo, el consumo, el dinero, el confort, la técnica, el progreso y el poder -la exigencia de felicidad y la creatividad, y su manifestación en la esfera de lo ético, del arte y el pensamiento-. Cuando en Diario de la galera dice: “Es posible que la exigencia de felicidad y la creatividad no sean compatibles, al menos en el plano en que la creatividad es manifestación de lo ético, es decir, en el plano de determinadas formas del arte y del pensamiento. La vida vivida felizmente es una vida sencilla: por consiguiente, muda. El ser humano –en contraposición a los pájaros cantores, por ejemplo- habla preferentemente sobre sus problemas. El pensamiento es el lamento de los hombres: pensar sobre la vida equivale a cuestionarla; ahora, sólo cuestiona su propio elemento vital aquel que se ahoga o se mueve en su interior de manera contraria a la naturaleza”.

Heidegger en Carta sobre el <<Humanismo>>, reflexiona la vida y la cuestiona desde diferentes umbrales y, en especial su relación con el humanismo y la técnica. Porque su pensamiento se mueve de manera contraria a lo establecido como verdad, en esta alta civilización del artificio y de masas. Nada a contracorriente a lo establecido por el Gran Poder y las selectas minorías que gobiernan el mundo. Por eso el lamento de sus pensamientos ahonda en la condición humana de todos y cada uno de nosotros.

De ahí que vea la situación del hombre en el mundo de la técnica planetaria no como un destino confuso e inevitable, sino que, precisamente, observa que la tarea del pensador está en cooperar, con sus límites, a que el hombre logre una relación satisfactoria con la esencia de la técnica. Piensa que el nacionalsocialismo iba sin duda en esa dirección; pero esa gente era demasiado inexperta en el pensamiento como para lograr una relación realmente explicita con lo que hoy acontece y está en marcha hace tres siglos. (Heidegger). Es decir, que el nacionalsocialismo no estaba a la altura espiritual, cultural, política, científica y técnica, para que lograra una relación satisfactoria con la esencia de la técnica.

El ser humano no es consciente que detrás de la esencia de la técnica se esconde el problema de la libertad. Los nacionalsocialistas eran de pensamientos torpes e inexpertos –dijo Heidegger. Así que, no comprendieron la técnica como esencia, sino como instrumento de poder, de dominio, de coacción, de destrucción y de barbarie. No quiere decir que el pensamiento de Heidegger, en lo profunda que lo define (como expresó en los Cuadernos Negros), no estuviera comprometido con el Fascismo alemán.

Así que, la técnica no se reduce sólo a la producción de mercancías, al confort, al lujo, sino que tiene una pluralidad de funciones. Y, en la actualidad la técnica para la guerra es, una de las fundamentales. Benjamín dijo: “en el desarrollo de la técnica se han podido percibir los progresos de las ciencias naturales, pero no los retrocesos de la sociedad”. Ahora se trata de resarcir el equilibrio entre la técnica, el progreso, el hombre, la naturaleza, el mundo y su realidad. Y, esto ha de hacerse desde los umbrales del ser y del pensar, la práctica política y los discursos dadores de “sentido”.

Reflexiona Heidegger que, los americanos no han encontrado el camino para una relación satisfactoria con la técnica moderna; tampoco han encontrado el camino explicito, como buenos pragmáticos, para ayudar sin duda al operar y manipular técnico. Que al mismo tiempo destruye el camino de una reflexión sobre lo peculiar de la técnica moderna. En los EE. UU. se suscitan aquí y allí intentos de liberarse del pensamiento pragmático-positivista. (Heidegger).  

Entonces, preguntamos ¿qué han encontrado los americanos en la técnica moderna? El camino de la instrumentalización de la esencia de la técnica; más no una relación satisfactoria entre el hombre y la técnica. O, en otras palabras, han encontrado el camino del operar y el uso de la instrumentalización de la técnica. Ya que la instrumentalización de ésta desemboca en relaciones de poder, de dominio y de fuerza. Vistas las cosas desde esta perspectiva, esta atmósfera rompe con la relación libre del hombre moderno con el mundo de la técnica. Ni en Rusia, ni en China –dice Heidegger- se ha alcanzado esa relación; tal vez se intente alcanzar desde distintas antiguas tradiciones del “pensamiento”.

En la entrevista con Der Spiegel (1966), plantea que la experiencia pensante abre la posibilidad al hombre moderno de establecer una relación libre con la esencia de la técnica moderna. Su investigación la relaciona con el poeta Hölderlin. Es el que propone desde la palabra poética una relación diferente con lo que se “espera”, lo “desconocido”, que espera a Dios o al Ser. Por tanto, esto no puede reducirse ser un simple objeto de investigación histórico-literario. De ahí que Jünger crea en la inmensa superioridad del mundo de las Musas sobre el mundo de la Técnica. El poeta ayuda al ser humano a encontrar el camino de vuelta a sí mismo: él es un emboscado. Que el Dasein (Ser-Ahí, o, el hombre-en-el-mundo), tenga proyecto de vida, responsabilidad moral, condición auténtica (libre de su existencia).

De ahí que sufra angustia ante la responsabilidad histórica, ética, política, social o cultural que vive, ya que su habla porta un mensaje y no es una simple opinión. Por que conduce a la existencia histórica, a la humanidad del hombre en el mundo. Así, el ser humano responsable, el Dasein adquiere la consciente de su muerte. Al contrario, Hannah Arendt crítica a Heidegger, y dice, “el Dasein le parece una versión sofisticada del subjetivismo romántico, un canto a la muerte que desemboca en la exaltación de lo colectivo e impersonal”. Y afirma que, “frente a la aniquilación de lo individual, yo reivindico la pluralidad que se renueva con cada nacimiento”.

En la entrevista que concede a Der Spiegel plantea que, sólo partiendo del mismo lugar del que ha partido la técnica moderna puede prepararse un cambio, que no puede producirse mediante la adopción del budismo zen o de cualquier otra experiencia oriental del momento. Para una transformación del pensamiento debemos apoyarnos en la tradición europea y reapropiárnosla. El pensamiento sólo se transforma por uno que tenga su mismo origen y determinación.

Así que, sólo se prepara el cambio del pensamiento respecto a la esencia de la técnica, sí logramos sumergirnos en las fuentes del pensar técnico europeo. Ver la técnica moderna desde el origen de la técnica greco-latina. Que haya entre ellas un juego de espejos o de ecos, que nos sumerjan en el lenguaje de la técnica moderna. Así se podrá interpretar y conocer las contradicciones que la técnica porta en sí. Ya que el lenguaje de la ciencia, es, no obstante, el lenguaje matemático, que es en sí universalista. Además, es traducible a todas las lenguas y, por ende, trasciende el provincialismo.

De ahí que, Der Spiegel le pregunte, ¿no debería el filósofo estar dispuesto a pensar cómo pueden los hombres arreglar su convivencia en este mundo, que ellos mismos han tecnificado y quizá le supere? Heidegger cree que, un individuo no está en condiciones de captar la totalidad del mundo con el pensamiento, para poder dar orientaciones prácticas. Y esto es así incluso en lo que se refiere a la tarea de encontrar una nueva base para el propio pensamiento. En la actualidad, se le exige demasiado al pensamiento si se aplica a dar orientaciones.

Se pregunta Heidegger, ¿con qué derecho podría hacerlo? Cree que en el ámbito del pensamiento no hay autoridad. La única medida del pensamiento proviene de la cosa misma que ha de pensar. Pero ésta es ante todo problemática. Para hacer comprensible esta situación sería necesario ante todo una dilucidación de las relaciones entre la filosofía y las ciencias, cuyo resultado técnico-práctico hacen que un pensamiento al estilo de la filosofía aparezca hoy cada vez más superfluo. El pensamiento no tiene que responder a las cuestiones prácticas e ideológicas, que la realidad exige. (Heidegger).

Debemos tener claro que, el pensamiento no es una muletilla de la ideología, del partido, del movimiento, la economía, las instituciones o del Estado, éste obtiene su altura en las cosas que piensa. De lo contrario, se falsea el objeto que se piensa sí responde a relaciones de poder o saber; se vio en el transcurso del siglo XX, con el Fascismo, el Comunismo o el Falangismo.

Sí en el ámbito del pensamiento no hay argumentos de autoridad; en el de la estética Heidegger no cree que el arte moderno pueda darnos una orientación. El artista o el poeta se encuentran en una situación semejante a la del pensador. Y, se expresa al respecto: “Si se toma como marco la coordinación de arte, la poesía y la filosofía la “actividad”, entonces se tiene que poner al mismo nivel. Pero si se vuelve problemática no sólo la actividad, sino lo que se denomina “cultura”; la reflexión sobre la problemática del pensamiento, cuya crítica situación apenas puede dejar de pensarse.Por lo tanto, “no existe un pensador lo suficientemente “grande” como para llevar el pensamiento, inmediatamente y de forma plástica, ante su tema y ponerlo así en su camino”. (Heidegger).

Es de resaltar que Heidegger es consciente del destino amenazador de la civilización técnica. La técnica como intervención en la dinámica del mundo para beneficio humano, ha penetrado en el hombre porque ésta se ha convertido en su segunda naturaleza. El hombre no puede imaginarse desprendido del pensamiento técnico-científico, porque sobre él se alza la civilización moderna. Así, pues, el problema surge cuando el hombre instrumentaliza la técnica de tal manera que, va más allá de los límites éticos que le son propios.

Así que, una técnica sin consciencia es la expresión de la mentalidad de la modernidad, que tiene su origen en los albores del siglo XVI. Si tenemos en cuenta que sus raíces se encuentran en la metafísica clásica; es una mentalidad que tiene como principio fundamental la explotación, el cálculo, la mecanización, la eficacia y la eficiencia de la técnica. Y, en particular, el dominio, la coacción y la explotación del hombre y la naturaleza. Por tanto, es una mentalidad de conquista, de odio, de destrucción y de barbarie. La esencia de la técnica se instrumentaliza en beneficio de selectas minorías. Pienso que se necesita restaurar el sentido de la esencia de la técnica y darle la orientación debida a su nombre. De lo contrario, caeremos en el hoyo profundo y oscuro de la desesperanza, el sufrimiento, el dolor y la muerte.

Jünger piensa que, en el supuesto de la peor de las catástrofes, siempre subsiste una diferencia, como aquella que se da entre la luz y las tinieblas. En el primer caso, el de la luz, el camino va ascendiendo hacia reinos que están en las alturas, hacia la muerte en sacrificio o hacia el destino de quien sucumbe con las armas en la mano; en el segundo caso, el de las tinieblas, el camino desciende hacia los hondones de los campos de esclavos y los mataderos, donde unos hombres primitivos se asocian criminalmente con la técnica. En este último caso no hay destino, lo único que hay son números. O bien poseer un destino propio o bien tener el valor de un número: esa es la disyuntiva que hoy nos viene impuesta a todos y a cada uno de nosotros, impuesta ciertamente a la fuerza; pero el decidirse por lo uno o por lo otro es algo que cada cual ha de hacer por sí solo. (Heidegger).

En el siglo XX pudimos ver el desarrollo de las ciencias naturales, biológicas y químicas; pero no el deterioro de las sociedades. Entonces el cambio climático es una de las manifestaciones más evidentes del mal uso de la técnica en relación a los recursos naturales y la consciencia que son finitos. El mal uso de la técnica y del poder político y económico conduce a la humanidad a un callejón sin salida. A la destrucción de los recursos naturales, de los elementos y la desaparición de la vida sobre la Tierra. Ahí tenemos las armas atómicas como la espada de Damocles en la nuca de la humanidad; sólo basta un error para que desaparezca del planeta tierra toda vida y la especie humana.

Pregunto ¿qué significa la esencia de la técnica? Las posibilidades que contiene en sí y, la más significativa es la libertad.

                                            Madrid-España a 08/10/2023

 

sábado, 7 de octubre de 2023

 

                                             Luigi Ferrajoli

                        Fragmentos de ideas e imágenes sobre la actualidad

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Debemos tener presente que el Estado de derecho y el derecho en particular, se constituyen en un sistema vinculante con el ámbito político que define a la democracia. En este orden puede existir derecho sin democracia, pero no democracia sin derecho. Una democracia constitucional sin Constitución que ordene y regule el Orden Jurídico, no garantiza la protección de la vida y la libertad de los ciudadanos. Bebiendo de las fuentes de Montesquieu la separación de poderes es importante para el Orden Jurídico (el poder judicial) y el poder ejecutivo y el legislativo que deben aplicarse en la separación de los partidos políticos y las instituciones.

Con la democracia en entredicho (por el nacional-populismo y el autoritarismo político), el espíritu vivo de la política se ha reducido a espectáculo donde prevalece el presente-actual, lo fútil y pasajero de vida social. Un ámbito donde la representación de la representación degrada la política y lo común de los ciudadanos. Es decir, la pluralidad y la vida en común en el cuerpo social.

Qué alternativas hay a la real politik cuando solo le interesa la producción y el comercio de armas como implementar la guerra a escala planetaria. Vivimos en un combate permanente y aún los pacifistas y humanistas hacen parte de ella. Se trata de desplazar la visión que se tiene de la humanidad, de las personas, los bienes naturales de las naciones y los derechos fundamentales para ponerlos al servicio de la humanidad y no de su destrucción. Como dice el filósofo del derecho Luigi Ferrajoli: “Se trata de asumir la existencia real de una humanidad mestiza, en la que se asegure la salud y la subsistencia de las personas, que puedan desplazarse donde quieran. Hay un nexo claro entre la salud de las personas y la del planeta”.

Que en política internacional y nacional todo es un proceso. Y la estatura moral y política de una clase dirigente se mide no por incentivar la polarización, la exclusión, el enfrentamiento armado o, el que se da en los medios de información de masas y las redes sociales, sino en la búsqueda del dialogo y el consenso, en temas fundamentales para la nación. No es un proceso simple e inmediato, pero es imprescindible la consumación de la paz como un valor prioritario, para las naciones del mundo. Porque la guerra y la violencia en todas sus formas, es un crimen grave contra las poblaciones nacionales y la humanidad, ya que viola todos los derechos y las libertades, enfrentando hasta la muerte a los seres humanos entre sí. Quienes así piensan y actúan son los grandes estadistas y personas de los pueblos y las naciones de la humanidad.

En Colombia, por ejemplo, la clase dirigente llevó durante la segunda mitad del siglo XX, la “grave labor de deseducación masiva, civil, moral y política”, para enfrentarnos a un estado de guerra permanente sin consideración por la vida de la persona humana. Se trata en la actualidad que las ideas y las opiniones políticas se combatan con la razón, la dialéctica y, no con la violencia, la discriminación y la muerte. Esto es válido en el contexto nacional como en el internacional. Estas opiniones tienen importancia tanto en un ámbito de autoritarismo populista o nacionalista de izquierda o, de derecha.

Creo en la idea de Kant que el filósofo Luigi Ferrajoli hace suya:

           Sin la esperanza de tiempos mejores no habría espacio para la moral y para la política. La       política es la construcción del futuro, que se basa, en que es posible un mundo diferente”.

Todo acontecimiento de convivencia y de paz implica integración social y política, y también crecimiento de la democracia. Se trata de un despertar de la razón que nos eleve a las fuentes del espíritu y de la zona de la sentimentalidad: tener presente que “el sentimiento de cercanía, del valor no simbólico, fundado en sí mismo, se desvanece y a cambio el movimiento de las unidades vivientes es dirigido a gran distancia”, y la razón baje llena de sentido para la vida, el mundo y su realidad. Y así, superar lo que Martin Heidegger dijo en “Carta sobre el <<Humanismo>>, refiriéndose a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y el proceso destructivo en marcha que fueron las matanzas en masa, los fusilamientos y el Holocausto:

La razón se mal interpretó como racional. Y lo irracional en tanto engendro de lo racional impensado, prestó curiosos servicios”.

Esto demostró que la razón es cruel y ahora se expresa la crueldad en los instrumentos técnicos: los medios de comunicación social, las redes sociales, Internet y las imágenes en movimiento. Observamos que el proceso destructivo de la razón que empieza en la Primera Guerra Mundial y llega a su máxima expresión durante la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, todavía está en marcha. Esto demuestra que el hombre en esta alta civilización tecnológica, de masas y de cultura de masas, se convirtió en número o en objeto.

                            En este orden dijo Ernst Jünger:

                                          “el hombre vive un proceso de aceración”.

Y, en el texto “Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939 – 1943)”, expresó: “El ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible. Se lo puede cambiar como se cambia una parte de una máquina, y también los resultados a que el hombre llega y aun sus conocimientos han nacido fuera de él; más que intervenir en los acontecimientos, lo que esos resultados y conocimientos hacen es orquestarlos. A medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él”.

La visión de la izquierda en la actualidad debe ser convincente y sus propuestas en caminadas a la búsqueda de la justicia, las reformas sociales que posibiliten un mundo mejor, más igualitario y justo. Posibilitar un lenguaje basado en la libertad, la ecología, la sostenibilidad y la inclusión de las minorías étnicas y el respeto a las decisiones sexuales. Tener consciencia que la democracia no se reduce al insulto, la agresividad, la violencia, sino en alcanzar la convivencia, la tolerancia y el respeto a la dignidad de la persona humana. Una de las manifestaciones de la degradación de la democracia es, que se está reduciendo a la aclamación y los insultos de los miembros del partido en los parlamentos y las propuestas programáticas se sustituyen por la Cultura del espectáculo de los medios de información y las redes sociales.

La democracia se fortalece cuando sus representantes respetan las instituciones, la división de los poderes públicos. No cuando las necesidades materiales, morales, educativas, culturales y económicas, se reducen a los intereses del partido. Por eso los partidos no deben impedir la acción de la sociedad civil, sino incrementarla. Porque de esa manera se incrementa la libertad y la participación ciudadana en los asuntos públicos. La democracia se fortalece cuando los partidos y el poder ejecutivo, respetan la división de poderes públicos y la libertad de expresarse en todas sus acepciones.

“Hoy prevalece el escepticismo, la desconfianza en las instituciones, la idea de que cada quien debe velar de manera exclusiva por sus propios intereses, aunque sea a costa de los intereses de los demás” –al decir de Luigi Ferrajoli.

Podemos decir que, en las últimas tres décadas el neoliberalismo económico y político, entiende la libertad en el ámbito de la defensa del Gran Capital y de la propiedad, todo lo reducen a “un valor”, “es decir, un bien social que puede ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales o individuales”. Y la libertad sustancial se reduce a las creencias religiosas fundamentalistas, que usan como muro de contención para rechazar los derechos de las mujeres, de las minorías étnicas, el antirracismo y la xenofobia. También abogan por la uniformización y la homogenización de la sociedad y de la persona individual. Es grave en un sistema democrático porque estamos a un paso del nacional-populismo autoritario y del fascismo.

En la tercera década del siglo XX, Jünger y Heidegger creen que los principios de la revolución alemana, unifican lo mítico, lo histórico y lo político como bandera nacional antijudía y anti-burguesa. En la actualidad el autoritarismo agresivo nacional-populista arremete contra el migrante, el negro, el blanco empobrecido, el extranjero, el mestizo, el indio, porque rompe la homogenización y ruptura la economía, la estructura y la función del trabajo de los nacionales.

Somos parte de la Sociedad del espectáculo y de la Cultura de lo efímero que están incrementando la desvalorización de los valores, y se presentan en el ámbito público o en la esfera política como un síntoma de la condición nihilista en que vivimos. El nihilismo no solo niega los valores, sino que los trivializa en la práctica política y la vida en común. Así que, la trivialización de la política se concatena con la trivialización de los valores sociales que dan coherencia y fundamento al mundo y la realidad que vivimos. Si las imágenes son más importantes y fuertes que las palabras, que la educación y el conocimiento; entonces la práctica política se trivializa y el tejido del cuerpo social, responde a los requerimientos de la Cultura de lo efímero y a la condición nihilista que vivimos en la actualidad.

Sabemos que el fascismo todo lo politiza y niega a la persona individual y la libertad, en el Estado fascista, las instituciones, el partido y la ideología. El populismo agresivo y excluyente en la actualidad, no sólo aboga por la condición nihilista, sino que incrementa la polarización porque los hechos y los valores se vacían de sus contenidos, en beneficio de una selecta minoría. Si los valores se debilitan y no hay referentes colectivos para el cuerpo social, la verdad y la realidad se remplazan por la demagogia, la mentira, el odio y la exclusión. En un mundo como éste da igual todo y no es que la gente no crea en nada, sino que cree en todo – al decir de Stevenson.

En la Cultura de lo efímero, la vida, la mortalidad, la mundanidad, el lenguaje y el pensar, pierden peso, el sentido que les corresponde. El hombre se aferra al fanatismo religioso o, a la estridencia ideológica o, a la economía o, a los nacionalismos-populistas autoritarios mítico-rituales, porque no tiene respuesta a los interrogantes esenciales de la existencia. El hombre en la actualidad abandonó el sentido de realidad en el juego de relaciones de poder en la que se encuentra. Porque el ser humano se atiene en primer lugar y solamente a lo que dicen y muestran las imágenes de los medios de información de masas y las redes sociales.

De ahí que una de las tareas del pensar futuro es rescatar al hombre concreto de carne y hueso del ostracismo y el desterramiento al que lo ha inducido la política, la economía y la estadística. Es un compromiso político, ético, moral y de cultura política de los dirigentes, de la sociedad y de los intelectuales que trafican con las ideas, la reflexión y la imaginación creadora de “forma”.

Preguntamos, ¿están en crisis los valores vigentes y el sentido de convivencia ciudadana? ¿existe una relación entre la trivialización de los valores y el poder personal? En el mundo actual la falta de ilustración, de educación y de conocimientos, son las bases fundamentales de los populistas y autoritarios, porque a la sociedad de masas y la cultura de masas les falta capacidad de discernir, de reflexionar, para distinguir la verdad de la mentira, la demagogia de la realidad.

 De ahí que crean en teorías conspirativas provenientes del exterior, porque no ven lo que acontece a su alrededor y creen solo a los medios masivos de información y a las redes sociales, ante lo que viven sus vidas reales y cotidianas. Por eso las redes sociales y los medios son crueles, demasiado crueles con los pobres y excluidos de la sociedad. Es decir, detrás de los instrumentos técnicos se esconden relaciones de poder, de fuerza, de coacción, de dominio y exclusión.

Se trata de dar una “nueva” lectura e interpretación de la historia de la cultura y la civilización occidental, encontrar nuevas alternativas a lo tradicional, lo cercano, mostrando su desarrollo desde y en el lenguaje y el pensamiento; también desde nuevos umbrales de la práctica política. Tener presente en esta Sociedad del espectáculo de rescatar el lenguaje y el pensamiento como medios que cumplen una función al servicio del poder político, económico o cultural de una minoría. Así que, el propósito es resarcirlos de su función política y económica en favor del capital financiero internacional, del dinero bancario, de la iglesia, de la esfera militar, del Estado y sus instituciones, etc. Que la educación y el conocimiento, estén al servicio del ser humano y de sus necesidades materiales, morales y culturales.

Tener presente que en el lenguaje se van haciendo las cosas; y su uso tergiversado lo reduce a huecas palabras y meras habladurías, que hace que pierda su verdadera relación con el mundo y el sentido de la existencia.

En última instancia, la izquierda no puede ser indiferente al problema de la contaminación ambiental, la tala de bosques tropicales, la contaminación de los ríos y la mar, la Antártida y el Ártico, es decir, de lo que depende nuestra vida en Tierra. Estos bienes internacionales no se pueden limitar a simples promesas de los poderes mundiales, sino ponerles límites y garantizar los bienes fundamentales de la humanidad y los bienes vitales de la naturaleza. Que el Derecho Internacional y nacional regulen estos bienes planetarios, con el fin de que estén más allá del comercio y el ejercicio del poder mundial, y de unos pocos países desarrollados. Que no se puedan privatizar y estar a favor de los poderes económicos y políticos mundiales. Que prevalezca desde el derecho el sentido de humanidad y su permanencia vital sobre la tierra, sobre los intereses económicos de las empresas transnacionales y los estados desarrollados.

Se trata en la actualidad que,

el hombre tiene como tarea hacer salir lo oculto de las cloacas del poder; y, en la medida del hacer, revelar la verdad de lo que oculta el ejercicio del poder.

                                                      Madrid-España a 5/10/2023

 

jueves, 5 de octubre de 2023

 

                                                               Ernst Jünger

                                         Iluminaciones Sobre la Época Moderna

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Ernst Jünger pronosticó en los años 30 del siglo XX, una realidad que ahora es cotidiana en la actualidad. El mundo del Titán y del titanismo (del técnico y del colectivo técnico). El predominio científico-tecnológico y, la técnica como “estructura de emplazamiento”. Así como la fotografía: un modo especial de ver, un modo cruel; el cinematógrafo; las relaciones inconexas entre las masas y el dinero; el deporte: que pasó de la competición a un proceso de medición exacta, el rostro carente de alma, trabajado como en metal, en el que se expresa el “tipo”, o sea, la raza del trabajador; el paso de la muerte mítico-ritual a la muerte fría y distante; la cosificación y la objetivación del hombre: la segunda consciencia, vernos como un objeto; el tránsito de la edad de la seguridad, a la época donde predominan las valoraciones técnicas.

Asimismo, el alejamiento de la literatura que describe los más sutiles procesos psicológicos y espirituales, a una especie de relato exacto y objetivo; el trasplante de órganos artificiales; la objetivación de nuestra imagen del mundo, que incide en la relación con el dolor, el sufrimiento, la muerte; los medios de información  como medios totales que esconden formas especiales de disciplina, y que el carácter instrumental no se limita a la zona propia del instrumento, sino que intenta someter también el cuerpo humano. (Ernst Jünger).

Estamos inmersos en una especie de dialéctica artificial en la que el lenguaje natural que comunica contenidos espirituales, da paso a las imágenes y a los lenguajes digitales que responden a la Civilización del artificio. Donde las relaciones artificiales predominan sobre las relaciones de sentido. Igualmente, la cosificación, la numerificación y la objetivación de la existencia, crean la segunda consciencia, en la que ser humano se observa como objeto o número. Tenemos la impresión en que ya han quedado sustraídas las zonas de la sentimentalidad.

Una carne disciplinada y uniformada por la voluntad suscita la idea de que se ha vuelto más indiferente a las heridas. El deporte, por ejemplo, es sólo una de las áreas en que cabe observar que el perfil humano está endureciéndose y aguzándose o también galvanizándose.(Jünger).

En la actualidad son las valoraciones técnicas las que predominan en la Civilización del espectáculo y la Cultura de lo efímero. Ámbitos donde prevalece la futilidad de la vida sobre el sentido de la existencia, del mundo y la realidad. En consecuencia, la objetivación de la imagen del mundo está trastocando el sentido de la existencia y de la muerte. Estamos en una época de tránsito de la muerte mítico-ritual a la cosificación de la vida y la muerte. El “rostro de la muerte” cambia, por una parte, en la sistemática ocultación de ese mismo rostro, su retiro de la mirada colectiva, y, por otra, de manera esencialmente vinculada a lo primero, en lo que se podría llamarse la privatización del morir. Esta transformación en el modo en que los seres humanos se relacionan con la muerte, la de los demás y la suya propia, debe asumirse acaso como la clave desde la cual cabe entender lo que en definitiva está en juego en la valoración benjaminiana de la narración.   

            La muerte es la sanción de todo lo que el narrador puede referir”. 

La muerte, en cierto modo, es la bisagra de la narración. Porque la confirma y adquiere carácter solemne y alcance de autoridad. Además, la índole auratica de la narración, el arcaísmo que porta en sí misma, no es otro que, el fundamento de la comunicación y, así también, fundamento de comunidad. En el presente y el mundo técnico, la narración se encuentra en crisis por la primacía de la técnica, la objetivación de la vida, la estadística y la cosificación de la existencia.

En la civilización técnica, de sociedad de masas y cultura de masas, pasa por alto que, la muerte marca el límite del lenguaje y la posibilidad constitutiva del silencio. Porque en esta civilización predomina la algarabía de los lenguajes digitales y las imágenes en movimiento. Así, la Civilización del artificio se estructura y funciona como un mundo cruel. Donde la segunda consciencia, esto es, la objetivación de la vida quebranta la condición humana. La posibilidad que el ser humano alcance la categoría de persona y una escala de valores horizontal que reconozca y respete los derechos y la libertad humana.

En todo caso, se trata de un concepto que pertenece al núcleo de la filosofía de la historia de Walter Benjamín que anuncia en su época temprana en El origen del drama barroco alemán. Que evocando el relato de Hebel, lo que hace el narrador es reinscribir la historia humana en la historia natural, apelando precisamente a la muerte como la instancia, el lugar, el acontecimiento en que se cruzan de modo absoluto y no resuelto una y otra. Así se puede pensar en los procesos de simbolización de la muerte guiados por el afán de sustraerla a la dimensión puramente natural de su incidencia histórica.

Se trata de ver también, como la narración pasa a un segundo plano en el sistema general de la información, que está dirigida a informar a los sujetos receptores, determinando su interés, y no a suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. (Benjamín). Se trata de iluminar la narración y la comunicabilidad de los contenidos de la experiencia, en la historia humana y la historia natural. Para que la comunicación restaure los contenidos espirituales que le corresponden y comunique el sentido de la existencia animada o inanimada, del mundo y su realidad.

Somos parte entonces de una época de transición donde el ethos clásico da paso al de la ciencia y la técnica. Donde la idea de Progreso no manifiesta en la consciencia de los hombres la esperanza y la seguridad que brindaba en el siglo XIX. En el mismo orden en el progreso se percibe la relación entre el desarrollo de la técnica y los instrumentos bélicos para la guerra. Pero también como la Gran ciudad es el espacio donde la civilización y el progreso se entrelazan y, se oponen al concepto de Cultura.

Y, cómo la idea de progreso se convierte en instrumento de poder, dominio o coacción del ser humano. Como el progreso coarta la libertad y la igualdad entre las personas. Y como vivimos el paso del logos clásico al logos situado en su parte material; en otros términos, el predominio de las imágenes sobre la palabra, de las redes sociales o de las Plataformas Digitales. En este orden del pensar, la lengua se ha situado en su parte material y, deviene cada vez más objetivada y vacía de contenidos espirituales. Esto genera en la vida una degradación de los valores y de la condición humana.

Este tránsito de la cultura occidental posibilitó a Ernst Jünger pensar la ubicación del hombre en la época actual. Así que, por ejemplo, en la edad de la técnica los medios y los métodos de la conducción de la guerra llevan a cabo modificaciones más rápidas y radicales que las realizadas en épocas anteriores. (Jünger). La globalización, por ejemplo, posibilita la comercialización, la producción del rendimiento, la venta y el consumo de mercancías; como también la proliferación de los aparatos tecno-militares y las guerras globales La técnica, por tanto, no sólo influye en la confrontación bélica, sino que crea modos nuevos de combatir.

   Y permite percibir la 

           mortal rivalidad entre la fuerza del hombre y la fuerza de la máquina”.

Desde otra perspectiva la globalización pone en práctica el paradigma ideológico del liberalismo político y económico que confunde la libertad y el mercado, la libertad y la propiedad. El mercado entonces es un espacio de ejercicio del poder, no de la libertad. El poder de los mercados se hace evidente con la globalización. Desde el momento que los mercados trascienden las fronteras nacionales, los poderes económicos han revelado ser el poder global y su fortaleza va más allá de las fronteras nacionales. Porque no existe esfera pública nacional e internacional que los limite y regule en derecho, por eso nada ni nadie está a la altura del poder que ejercen en el mundo.

Precisamente, en la historia de la cultura y la civilización occidental, el espacio de lo técnico se relaciona con los instrumentos técnicos para la guerra y las máquinas como una expresión nueva del espíritu. El espíritu que viene tomando forma desde hace mucho tiempo en nuestro paisaje es, de ello no cabe duda, un espíritu cruel. (Jünger). Porque responde a las apetencias de la razón y no del sentimiento, del amor o la fraternidad humana. Ahora se percibe en Internet y las redes sociales. Donde el Estado técnico es la expresión sofisticada de la crueldad, la discriminación y la segregación de las minorías étnicas y sexuales.

Somos parte de la época de la velocidad, del maquinismo y los medios de transporte, y vemos como la capacidad de los aparatos con que se reproduce la palabra y la escritura, sobrepasan las necesidades. Las energías que la técnica desarrolla más allá de ese umbral son destructoras. En primera línea favorecen la técnica de la guerra y su preparación publicitaria. Dicho desarrollo se realizó a espaldas del siglo XIX. No fueron conscientes de las energías destructoras de la técnica –dijo Walter Benjamín.

De ahí que los Estados son más amenazadores y se hallan más pertrechados de armas que nunca. Que, en cada uno de esos detalles, los Estados se orientan al despliegue del poder; y que disponen de tropas y arsenales sobre cuyo destino no es posible albergar ninguna duda. Estamos viendo cada vez más claramente como el ser humano en las batallas o fuera de ellas, puede ser sacrificado sin reparos. (Jünger). De ahí que las máquinas teletanatologicas producidas por las tecnologías punta de Investigación Artificial –drones, robots, Ordenadores cuánticos, etc.), han sofisticado el dolor, el sufrimiento, la habituación y la insensibilidad ante la muerte. Y expresan un desaliento moral, político y social, en el mundo globalizado. Porque prevalece la segunda consciencia sobre el cuerpo y la vida en general.

El ser humano vive un proceso de aceración. Recordemos a Jünger en Sobre el dolor: “la cuestión que se plantea es que si esa segunda consciencia que vemos entregada tan insaciablemente a su trabajo le está dando también un centro a partir del cual quepa justificar en su sentido más hondo la creciente petrificación de la vida. También la cuantía del dolor susceptible de ser soportado crece a medida que progresa la objetivación. Casi parece que el ser humano posee un afán de crear un espacio en el que resulte posible considerar el dolor como una ilusión, y ello en un sentido enteramente distinto que hasta hace poco tiempo. (Jünger).

Observamos también como en las sociedades diversificadas se están dando articulaciones nuevas en el cuerpo social, que responden al primado de la técnica en los asuntos humanos. Además, en la Cultura del artificio percibimos las articulaciones obedeciendo a “órdenes superiores” que organizan la sociedad de masas y la cultura de masas, en la uniformidad y la objetivación. En el pensamiento de Jünger todas las situaciones se entrecruzan para dar lugar a la “Figura”. Percibe en ella una totalidad, una globalidad, también un tipo significativo. De ahí que reacciona contra la razón disociadora y el pensamiento analítico y, precisa que constituye un conjunto dotado de propiedades que no se encuentran específicamente en ninguno de sus elementos, y así la “Figura” posee un sentido.

          La “Figura” es “un conjunto que posee más que la suma de sus partes”.

Que encarna el espíritu dominante de una época y concede al mundo su principal significación. Por “Figura”, escribe Jünger, entendemos una realidad superior que da sentido a los fenómenos. Desde un punto de vista histórico, la “Figura” no es el producto de la historia como aquello que permite a la historia realizarse. La “Figura” determina el movimiento de la historia, una “Figura” histórica es, en lo más profundo, independiente del tiempo y de las circunstancias de las que ella parece brotar. La historia no engendra “Figura” alguna, sino que se transforma en su contrario gracias a ésta. La historia revela así una metafísica del Ser.

En el Tratado del Rebelde, Jünger dice que nuestra época es pobre en grandes hombres, pero rica en figuras. O, en otras palabras, somos parte de una época de hechos significativos y de actores insignificantes. Esto expresa la cultura de la futilidad, lo pasajero y fugaz de la época actual. En lo político domina la Civilización del espectáculo, la publicidad, las imágenes sobre lo programático del partido; por eso, prevalece la aclamación y la estridencia en la vida pública.

Piensa que la magnitud de las masas informes, pasa de ser una dimensión moral y política a un mero objeto, número o cosa. La sociedad de masas y la cultura de masas, representan en la consciencia del ser humano las relaciones inconexas de la Gran Ciudad, también la segunda consciencia que percibe al hombre como objeto. Así que, la Cultura del artificio está posibilitando la conformación de la objetivación de la persona individual y de sus articulaciones. Además, la zona de la sentimentalidad, el sentimiento de cercanía, del valor no simbólico, fundado en sí mismo, se desvanece y a cambio el movimiento de las unidades vivientes es dirigido a gran distancia.(Jünger).

La Gran ciudad es el ámbito donde prevalecen las relaciones inconexas de las sociedades de masas, el lujo, el poder y el dinero. Así que, la coseidad de las articulaciones posibilita que el hombre responda a los requerimientos del Gran Poder. Estas ramificaciones y múltiples venas se entrelazan con el orden técnico en sí, ese gran espejo donde se revela con máxima claridad la objetivación de nuestra vida y que se halla impermeabilizado de manera especial contra el acoso del dolor. La técnica es nuestro uniforme. (Jünger).

 Así podemos percibir como el

  carácter de confort de la técnica” se entrelaza con el “carácter instrumental de poder”.

Así que, el control de la técnica sobre el hombre, no puede reducirse sólo a algo técnico. En el dominio técnico el humanismo salta por los aires como una costra seca, porque se entiende como el dominio del hombre sobre sí mismo. Técnica y humanismo son dos expresiones de la esencia de la técnica. Así, la planificación total de la vida –coincidente con la objetivación, el pensar y el conocimiento científico-técnico -, nos llevan a creer, que sabremos ordenar y arreglar las cosas y la vida incluso la felicidad. (Josep María Esquirol).

 En la época actual el pensar y las esferas de la vida cotidiana responden a las exigencias del Gran Poder. Que lo induce a caminar por un desfiladero estrecho y funesto que lo lleva al vació total. Y lo compele a vivir en la esfera de la consciencia, de las relaciones artificiales, y de ocuparse de manera exagerada a pensar en la situación en que vive. El Gran Poder le arrebata al hombre la capacidad de asombro, de imaginar o soñar; y lo compele a vivir en las esferas de las necesidades biológicas y materiales.

Se trata de crear la ilusión psicológica que la vida es soportable para todos. Lo cual es mentira. Uno de los senderos que ha de transitar el pensar es develar las mentiras del poder. Que la técnica se extiende por doquier: la política, la economía, la cultura e incluso, la ecología participa de ella. (Esquirol). Que oculta y, a la vez, devela, la miseria y el peligro que representa para el hombre actual. El significado político, económico y social de la crisis, en la cultura.

Existe una correspondencia entre el vaciamiento de los valores de la cultura y la mediocridad. En esta alta civilización técnica y de masas, unos órdenes nuevos han ocupado ya unas posiciones muy avanzadas, pero los valores correspondientes a esos órdenes aún no se han hecho visibles. (Esquirol). Martín Heidegger no percibe el final de la cultura y la civilización de Occidente como Spengler, sino un crepúsculo que deviene oportunidad para iniciar la reconstrucción. Reconstruir desde el montón de ruinas materiales o humanas que han dejado tras de sí –al decir de Walter Benjamín.

Sabemos que la Época Moderna se basan en la peculiar dictadura de la opinión pública. Así pues, lo que se suele llamar “existencia privada” no es en absoluto el ser-hombre-esencial, o, lo que es lo mismo, el hombre libre.(Esquirol). Porque el único hacer de la existencia privada, es, negar la esfera de lo público. Ya que lo público oculta lo privado en las esferas que despliega: en la política, la economía, la educación, lo jurídico, lo técnico, lo científico o lo cultural.

Para Heidegger, la existencia-del-hombre-esencial es, la del hombre libre. Por eso, en la Época Moderna lo que está en juego es la libertad. Parece que estuviéramos inmersos en un dinamismo que induce inexorablemente a la extinción de ésta. Es comprensible la situación en la que se encuentra el hombre de hoy, entrega la libertad por la seguridad. Y olvida que, “la libertad es capaz por sí sola de alimentar los sentimientos de las almas nobles, de dar alas a la esperanza”. (Nuccio Ordine). Porque posibilita reflexionar sobre la crueldad, el miedo, el odio, el amor, la solidaridad, la fraternidad entre los seres humanos. También reflexionar como la crueldad, la violencia, la injusticia, se convirtieron en parte constitutiva de las instituciones modernas. 

Recordemos que

“el mundo ha cambiado y seguirá haciéndolo y, lo hace por necesidad; más con ello ha cambiado también la libertad; no ha cambiado en su esencia, desde luego, pero sí en su forma”.(Esquirol).

Parece que gana terreno cada día la extinción de la libre voluntad o del libre albedrio. Se impone el querer de la voluntad que se quiere así misma, como voluntad de poder y de saber. En la voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder.18 (Martin Heidegger). En este orden, el automatismo parece quebrantar con gran facilidad, como si lo hiciera jugando, lo que queda de la voluntad libre. Hemos llegado a un nuevo poder, a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantarles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una idea que no tiene nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra. (Jünger).

En la Época Moderna vivimos un tiempo en que la libertad se ha domesticado y diluido no sólo en el huero concepto de sí misma, sino en las relaciones de fuerza –del Estado y sus instituciones, los big data, las imágenes, los números o el Gran Poder. Cada vez gana terreno en la sociedad, la uniformidad y la estadística. Así que, asistimos a una época de vigilancia constante del Estado técnico absoluto. La libertad dejó de ser en el ámbito público, una “figura” del Ser y del hombre. Aquí deja de pertenecer a la esencia del hombre libre e independiente, “autor” de su propia vida. El ser humano ha de saber cuáles son aquellos puntos donde no le es licito traficar con su decisión soberana. (Jünger).

Así, la deriva de partidos autoritarios, la extrema derecha, la xenofobia, el rechazo al otro y a la inmigración; requieren un Estado democrático Social de Derecho, que defienda la libertad de prensa y de expresión, la independencia y la crítica de los medios de información, la lucha contra la corrupción y un sistema judicial imparcial. De esa forma se defiende la modernidad ilustrada y la democracia participativa. También no olvidar que, en Carta sobre el “Humanismo”, Heidegger aparca los principios de la democracia liberal y del mundo burgués; y prioriza el nacionalismo alemán y al Estado técnico totalitario, que niega las libertades y los derechos fundamentales del ser humano.

        Sabemos que,

 algunas veces el pensamiento realiza tareas horribles y degradantes sobre el ser humano.

Estamos entregando la libertad a los instrumentos técnicos y desnudos nos precipitamos a los brazos del Gran Poder. El gran peligro está en que el hombre confíe demasiado en las ayudas de otros y, cuando faltan aquellas, quede desvalido. Todas las comodidades hay que pagarlas. (Jünger). El hombre ha de ser consciente que no ha de perder la esperanza que mora él y la fuerza intima que destruye las barreras del tiempo. Esa impulsa allende de las murallas del tiempo, para asistir al Ser, a los Dioses o, a las Musas.

En esta civilización técnica las seguridades y el miedo funcionan cual muros de contención, así los hombres se conforman con lo establecido. Para que el hombre salga adelante necesita ser libre, al amparo del pensamiento y las formas estéticas. Así puede trascender y criticar el ser que se oculta detrás de la voluntad de poder y, al mismo tiempo, posibilitar caminos y umbrales que permitan ver y entender, la vida y el mundo al que pertenece. Romper las murallas del tiempo para poder enfrentar el enigma de la existencia. Esas herramientas las posibilita la literatura, el arte, la música, la religión, la filosofía o, el encuentro con Dios.

En su defecto, se revelará el ser de la vida, la naturaleza y lo divino, que mora en todos y cada uno de nosotros. Sólo basta que el ser humano se detenga a la orilla del camino de lo fugaz y automático, para que observe y escuche la armonía entre Hombre y Mundo, Hombre y Dios. Porque los signos de lo divino, lo bello y lo eterno, moran en el interior de todos y cada uno de nosotros. Aquí el mundo y la vida se revelarían con un rostro estético y sagrado.

Estamos en un devenir en el que la realidad se falsea en nombre del poder y el dominio sobre el otro. En este ámbito, lo interesante no es el Ser, el lenguaje o el pensar, sino lo automático, lo pasajero y placentero, que ofrece el Sistema como realidad. Todo se consume y pasa en el devenir del tiempo como la tersura de la piel joven a las arrugas de la vejez. Lo sorprendente de la Cultura de lo efímero, consiste en que, lo pasajero y automático no dejan huellas en la vida del ser humano. Todo fenómeno hace parte de lo siempre-igual, la alteridad espacio-temporal de los hechos, la experiencia, se ocultan en la publicidad, el consumo masivo, el deporte, el dinero, el lujo, o, el Gran Poder.

En un mundo como este, la seducción que ejerce la opinión pública sobre el ser humano, se dirige a las pasiones, los sentimientos, los instintos, los mitos, las leyendas, que él crea para legitimar el ejercicio del poder y del saber. De ahí que la opinión pública es efímera como el artificio de la realidad que comunica. Esta tiene una relación intrínseca con la Cultura del artificio. Fugaz al final del día como la noticia que se sostiene sobre el sistema general de la información. El hombre en este ámbito debe dejarse interpelar por el Ser. Sólo así se le vuelve a regalar a la palabra el valor precioso de su esencia y al hombre la morada donde habitar en la verdad del Ser.(Heidegger).

Hay que tener presente que la intromisión del Estado en la vida del ser humano, es, cada vez mayor con pretextos de seguridad, salud pública o sociales. Es algo que resulta sospechoso y hay que manejar con cautela. Porque estamos entregando la libertad, en nombre de la seguridad y la salud. Se recomienda la desconfianza, ya que en tiempos aciagos nos convertimos en objetos del poder. Así, en nombre de un “fichero” o, de una “nube”, podemos ser vigilados, encarcelados o liquidados. De esto se nutren los demagogos, los populistas, los nacionalistas, los autoritarios, para ganarse el favor de las masas.  Frente a la manera en que todo se está volviendo estadístico. Esto es sumamente grave en un Estado democrático Social de Derecho.

Porque una sociedad cuando los demagogos y charlatanes determinan la vida privada o la vida pública, respiramos el aire fétido de las cloacas del poder y las relaciones sociales se degradan en nombre del Sistema o la Estructura. No hay que olvidar que, la sustancia humana permanece y que sólo hay que invocarla para que el hombre desgarre las ataduras de lo funcional, lo siempre-igual; y la done como un presente divino con bondad, con misericordia, con fraternidad, con libertad, con coraje para asumir una responsabilidad diferente.

                  Vivimos gracias a ése elevarnos por encima de las funciones”.   

Recordemos que, en el Estado total, el ser humano es capaz de tratar el cuerpo como objeto. Todas las medidas abocan no a escapar del dolor, sino a resistirlo. Tanto el mundo heroico como en el cultual encontramos una relación con el dolor, el sufrimiento o la muerte, en todo distinta de la que hallamos en el de la sentimentalidad. Mientras que en este último lo que importa es, expulsar el dolor, el sufrimiento, la muerte y excluirlo de la vida; en el mundo heroico y en el cultual es de incluirlos en la vida y de disponer ésta de tal manera que en todo tiempo se halle pertrechada para el encuentro con el dolor, el sufrimiento y la muerte. (Jünger).

En el mundo heroico y cultual, del técnico y del colectivo técnico, la vida va al encuentro del dolor, el sufrimiento y la muerte. Así que, la vida y el cuerpo se objetivan en nombre del Estado técnico absoluto, de Alá o del Líder, que coagula la diversidad de la nación. La lealtad se jura en nombre del Líder, hasta el momento de entregar la vida en sacrificio. Esto sucedió en la Segunda Guerra Mundial con Stalin, Hitler y, ahora en Rusia con Putin.

En el Estado fascista o, autoritario o, nacionalista o, populista, la vida se enajena en nombre del Jefe de Estado, del Presidente, el Primer Ministro, la nación, el partido, la lengua, la cultura o la ideología. La vida individual no tiene valor ante el poder absoluto del Estado y sus instituciones, de la ideología y del partido. En el Estado fascista o, autoritario o, nacionalista, todo se politiza. El Estado incita al ser humano a permanecer en contacto con el dolor, el sufrimiento y la muerte. Aquí predomina la disciplina, tanto la disciplina ascética del sacerdote, dirigida a la mortificación, como la heroica del guerrero, de los grupos de seguridad del Estado, la policía, dirigida a lograr un endurecimiento como el acero, una “aceración”. (Jünger).

Ahora bien, ¿cuál es el rango de los valores existentes? El máximo es tratar al cuerpo como un objeto. En este orden no cabe la esfera de la sentimentalidad, de la subjetividad, ni los Derechos Humanos, tampoco la libertad, el pensamiento, la palabra; lo que importa es la objetivación o, la estadística. Preguntamos, ¿qué respuesta tiene Heidegger o, Jünger, para este mundo in-humano donde prevalece la “aceración”?

Desde una perspectiva metodológica, lo que piensan no se reduce a la solución ni a la superación del problema de la técnica en la época actual. Se trata, por así decir, hacer frente a la penuria y al peligro; a la penuria de la experiencia, del espíritu, del lenguaje, del pensamiento y de la condición humana. Así, el dominio de la técnica coincide con la penuria, que es, a la vez, vecina del peligro. En este orden, el hombre experimenta un vació enorme y al hacerlo se convierte en una pieza más del engranaje. El ser humano piensa que lo que existe lo controla, pero no es consciente de su situación de penuria material, del alma, del espíritu o de la mente. Porque la existencia, la realidad y el mundo, lo trasciende

La penuria es la ausencia de penuria en la vasta extensión de lo disponible –al decir de Heidegger.

La disposición de recursos del hombre moderno, lo condujo a su miseria espiritual, mental y física. En medio de la abundancia, abunda la miseria. Es un sentir del hombre moderno. La miseria predomina en medio de la abundancia de recursos naturales, inorgánicos y humanos. Somos ricos en existencias disponibles, pero pobres en contenidos espirituales, mentales y culturales. Por tanto, dentro del engranaje del Sistema Capitalista, del predominio de la técnica, sólo se cumplen funciones establecidas por el Gran Poder.

Tengamos presente que el peligro que representa la técnica, el mundo como existencia devela que cerca ilumina lo que salva. Se trata de otorgar a los hombres las herramientas conceptuales, sensitivas y reflexivas para develar la verdad del Ser, del mundo y la realidad, para ofrecer a los humanos una nueva oportunidad sobre la Tierra.

Que la esencia del hombre resida en el Ser, el pensamiento y el lenguaje y, no ser tratado como objeto o número. Porque el hombre alberga en su esencia o, la naturaleza que lo constituye, el sentido ontológico de su vida, el metafísico-teológico y el estético de la existencia. Que son los que le dan sentido a la Vida, al Mundo y su Realidad.

          En este orden de ideas:

      La libertad es un complemento de lo posible” –dijo Christian von Wolf.

                                                        Madrid-España a 28/08/2023

 

 

sábado, 16 de septiembre de 2023

EL ESPÍRITU DE LA RAZÓN TÉCNICA EN LA ACTUALIDAD

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Sabemos que el mundo que habitamos está poseído por los espejismos de la tecnología y el desarrollo de los procesos. Sus configuraciones son cada vez mayores y todas las resistencias abren paso a su ley. “En el automatismo está el movimiento completo, el despliegue imperial, la seguridad Total” –nos recuerda Ernst Jünger. ¿Para quién? Para los que ejercen el poder y se valen de él para descargar su peso, su fuerza, su vigor, sobre el hombre que sufre; sobre el hombre que se encuentra solo y desprotegido; y cuya inseguridad también es total. Son conscientes de la concatenación que existe entre el poder, la técnica y el miedo. Este tipo de poder cae con toda su fuerza sobre el desamparado, el inmigrante, el negro, la prostituta, el blanco empobrecido, el excluido, el desempleado, el lumpen; y en particular, sobre los que luchan por la defensa de la libertad, la justicia social, los derechos humanos; por el Estado de Derecho, la defensa de la vida, la libertad de expresión, la libertad de creencias religiosas y la dignidad humana.

Es del miedo de lo que vive el despliegue del poder Total. Y su acción adquiere especial eficacia en aquellos campos donde se ha intensificado la sensibilidad. Son insaciables como la loba que está a las puertas del Infierno descrito por Dante en la Divina Comedia. Se alimentan del terror y la desesperanza de los débiles que en el mundo que habitamos, son siempre los muchos.

En los tiempos actuales vemos que el avance de los procesos y la utilización de los instrumentos técnicos, en efecto, están llegando hasta las profundidades de la naturaleza humana. Pero lo más dramático se expresa en los caminos de las tinieblas, caminos que descienden hacia los hondones de campos de esclavos y los mataderos, donde unos hombres primitivos se asocian criminalmente con la técnica. Afganistán, Yemen, Colombia, Oriente Medio, Ucrania, entre otros, son la expresión vigorosa y tenaz de la estructura técnica y la nueva tecnología del poder.

“En este ámbito no hay destino, lo único que existe son números. O bien poseer un destino propio o bien tener el valor de un número –esa es la disyuntiva que nos viene impuesta a todos y cada uno de nosotros, impuesta ciertamente a la fuerza; pero decidirse por lo uno o por lo otro es algo que cada cual ha de hacer por sí solo”. Pero también existe el camino de la luz, el que asciende hacia reinos que están en las alturas, hacia la muerte en sacrificio” o, al destino que tejen las musas o los dioses –expresó Jünger en el texto La emboscadura. Este no es otro, que el camino del encuentro del hombre consigo mismo, o con la estructura esencial, lo trascendente; y sólo se pueden alcanzar cuando nos conocemos más así mismos o, por la Revelación en el interior del ser humano.

Ahora bien, ¿cómo se le puede plantar cara al poder que encierra la técnica en los nuevos lenguajes digitales? Por supuesto, en la medida que gane terreno la autonomía de la voluntad, el umbral de la libertad y la consciencia reflexiva de los seres humanos. La consciencia de que somos seres lingüísticos y que ahí descansan nuestras fragilidades; pero también, nuestras fortalezas. Que el ser humano no es un agregado numérico, sino la expresión sublime de la cualidad del Ser. Que la experiencia enriquecedora – de la palabra y el relato - permitan que los hombres se preparen para la batalla. Los criminales que se han asociado con la técnica saben que su poder no es tan fuerte y eficaz como parece. Porque cuando se cuestionan los presupuestos sobre los que se asientan sus creencias o ideas, se ponen demasiado molestos y furibundos; y se convierten en seres intolerantes y no les queda otro camino que asociarse criminalmente con los instrumentos técnicos.

El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia de este tipo de ralea, que cree que la maldad y la indiferencia, son potencias mucho más frecuentes en los actos humanos, que las bellas acciones o la bondad. Desconocen el encanto de la existencia o de la realidad. La categoría de anhelo o de esperanza le repugna a este tipo de personas. “Ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar – recuerda Albert Camus-. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible”.  

Sabemos entonces que la seguridad que brindan las máquinas y sus aparatos, son sólo espejismos con relación al peso de la realidad y de la existencia en particular. Sometidos como estamos –dice Jünger– a la fascinación de potentes ilusiones ópticas, nos hemos habituado a ver en el ser humano un simple grano de arena, si se lo compara con sus máquinas y sus aparatos. En esta alta civilización técnica los aparatos son y no dejan de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior. El ser humano es quién ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos, o bien darles un sentido nuevo.

Por eso, es posible hacer saltar por los aires las cadenas de la técnica y quien puede hacerlo, es el hombre de carne y hueso. De lo que aquí se trata, no es de cifras ni del espejismo de los nuevos lenguajes digitales; tampoco de la Cultura del espectáculo, sino de la naturaleza del Ser, lo que constituye el espíritu de la realidad y de la existencia humana.

Además, junto al desierto visual se abre paso el infierno acústico. Pero el lugar donde más se siente el golpe virulento de la ola al romper, es en el lenguaje. Las imágenes desplazan a las palabras y las relaciones artificiales reemplazan a las relaciones de sentido. En la civilización actual el efecto que las imágenes causan, es más fuerte que el de las palabras. En consecuencia, el mundo no solo está adquiriendo un “aura” nueva, sino también una epidermis más sensible. Así pues, ¿cómo ha podido ocurrir esto en tan pocos espacios de tiempo y extenderse al mundo en general? No podía darse sino en un mundo en tránsito. Un mundo donde la atmósfera que reina es contradictoria e inextricable. Los nuevos valores no están vigentes del todo; los viejos ya no están.

Parece que el ser humano estuviera suspendido sobre la epidermis de la realidad; y existieran fuerzas que lo trascienden. Esta trastocación de los valores permite pensar que tenemos una imagen distorsionada de la existencia y la realidad. Porque el mundo que habitamos se presenta fluido, sin peso y fugaz, ante el sentido de la vida y del mundo. Por eso reina la sensación que todo, absolutamente todo, se mueve bajo los pies.

Herder tenía razón cuando en su día nos habló de la vida de la humanidad –al igual que Mill, Schopenhauer o Carlyle– nos hablaron de las trivialidades y del pesimismo de la vida cotidiana. De esa especie de entumecimiento de los sentidos, de la parálisis del pensamiento, de la que está cargada la atmósfera del presente–ahora. Esto está representado en los procesos refinados, precisos y abstractos de la técnica y la ciencia. Procesos que poco a poco van minando la capacidad de asombro, los contenidos de la experiencia individual, la memoria étnico-verbal que tanto han aportado a la historia de la cultura occidental. Cuando el pensamiento racional está cargado de maldad y esa cualidad suya contagia a todo plan humano, hay que dar un giro, buscar otros caminos de experiencia y de saberes.

De ahí que la vida en la Gran ciudad sea gris, sórdida, lúgubre y agitada. Porque la condensación de la rutina cotidiana es tan densa y se manifiesta en una especie de excitación rabiosa, que no permite visualizar el negro absoluto. En la Gran ciudad, la luz, el frescor de la naturaleza, la tranquilidad, se convierten en propiedad de unos cuantos poderosos. En la Gran ciudad, todo se compra y se vende, sólo basta poseer el mundo dineral. Se compra la salud, el agua que bebemos, el sosiego, la soledad, la educación, el sexo, la amistad, la cultura, etc. Pero también se escucha a lo lejos la voz que dice: no es en el terreno de la economía ni de la política ni de la técnica, tampoco de la ciencia, donde residen los fragmentos de Absoluto, sino en lo profundo de la condición humana. Por eso, en esta alta civilización técnica y de masas, vale la pena mirar hacia el hombre concreto de carne y hueso, hacia su mundo interior.

En este mundo que habitamos, existe la sensación de que el ser humano no posee las herramientas necesarias para batirse con la técnica y la nueva estructura del poder. Como si la vida fuera un grano de arena en el desierto arrastrado por el viento sin fronteras. De ahí que Walter Benjamín nos recuerde las novelas de Paul Scheerbart, que de lejos parecen como de Julio Verne, como se ha interesado (a diferencia de Verne que hace viajar por el espacio en los más fantásticos vehículos a pequeños rentistas ingleses o franceses), por cómo nuestros telescopios, nuestros aviones y cohetes convierten al hombre de antaño en una criatura digna de atención y respeto. Por cierto, que esas criaturas hablan ya en una lengua enteramente distinta. Y lo decisivo en ellas es un trazo caprichosamente constructivo, esto es contrapuesto al orgánico. Resulta inconfundible en el lenguaje de las personas o más bien en las gentes de Scheerbart; ya que rechazan la semejanza entre los hombres, principio fundamental del humanismo.

Sabemos que el Mundo Moderno realizó la concatenación entre el poder en sí y para sí, en el Estado. El liberalismo político del siglo XIX, creía que “el individuo sólo accedía a la libertad por y en el Estado”. Esta amenaza de tiranía se hace patente en el siglo XX, porque configura “una concepción de la razón incapaz de atajar su deriva en fuente” de sin sentido y penuria, dolor y sufrimiento, violencia y muerte. Franz Rosenzweig en Hegel y el Estado (1920), se refiere a una concepción de la razón incapaz de contener la violencia en la historia. En su defecto, intuye cómo la razón se pone al servicio de la guerra y de unos hombres demoniacos, haciendo patente el trágico destino del hombre sobre la Tierra.

Fue a partir de la fractura de la razón y de los despropósitos humanos, donde percibe que se “vuelve imposible pensar que la aspiración última del hombre puede satisfacerse dentro de la historia”. Y, que la vida obtiene su fundamento en el gobierno de la temporalidad histórica. De ahí que recurra al concepto de Revelación, “tal como Rosenstock se lo ha definido en su correspondencia: un acontecimiento en virtud del cual existe en la naturaleza una “orientación”, un arriba y un abajo, un antes y un después”.

Esto constata la “fascinación que sentía hacía mucho tiempo por el momento 1800 y el asco que le inspiraba, por el contrario, la esterilidad intelectual de su propia época”. En cuanto a “un antes y un después”, su nombre es, precisamente, “1800”, que Rosenzweig lo encarna en dos personajes, “Hegel” y “Goethe”: Hegel, como “último filósofo, último cerebro pagano”; Goethe como último cristiano, tal como quiso Cristo y, por tanto, primer “hombre a secas”. Para Rosenzweig “1800” representó una especie de “milagro de la historia mundial”.

Este milagro alcanzó su máxima expresión hasta el célebre verano sin nubes de 1914, cuando la guerra convierte la existencia y la civilización occidental, en campos de sin sentido, de dolor y muerte. Y a partir de ahí, el Estado Moderno se transforma en una gran máquina de producción técnica e instrumentos de poder y dominio. Entonces, se pudo observar que, en el transcurso del siglo XX, la nueva estructura de la técnica no sólo afectó la naturaleza lingüística del hombre, sino también la estructura de la razón y los valores de la cultura y la civilización occidental.

La primacía del lenguaje técnico en su deriva se metamorfosea en Cultura de lo efímero, y los altos valores de la cultura de Occidente, se deterioran en nombre del entrelazamiento de la técnica y la nueva estructura de poder. Así que, no se trata sólo de una renovación técnica del lenguaje, sino de la utilización del lenguaje y el pensamiento al servicio del poder, del colectivo técnico y del mundo de ese colectivo.

Por tanto, “es un movimiento que hay que atisbar más que demostrar”; las falacias ópticas y auditivas del progreso, por ejemplo, se han convertido en una fuerza de índole cultual: “de exceso, aventura en las profundidades de la existencia y pasión mística en la barbarie y la muerte”. Por eso, hay que situarlas en el pálpito de la civilización contemporánea. En cualquier caso, al servicio de la “modificación” de la realidad y no de su “descripción”. La prescripción llega de repente como un rayo que cae de un cielo sereno; tú eres un rojo, un blanco, un negro, un ruso, un alemán, un coreano, un sudaca, un jesuita, un masón; eres, en cualquier caso, mucho peor que un perro.  Sobre ellos cae el poder Total, sin contemplación; el que teje y desteje el mundo del colectivo técnico, la nueva voluntad de poder y las esferas del dinero. Esta mutación en el orden de la existencia, ha llegado a concentraciones tan vigorosas, inmediatas y universalistas, que no tiene parangón en la historia de la humanidad.

En este orden causa estupor imaginar, que la nueva estructura de poder convierta la crueldad, el miedo, el sufrimiento, el dolor, la inseguridad y el desasosiego de la vida cotidiana, en elementos constitutivos de las nuevas formaciones de poder. Así que, la indiferencia ante el dolor y el miedo, el sufrimiento y la soledad, se convierten en una de las representaciones evidentes de las sociedades contemporáneas. Esto hace del hombre de hoy, un ser sumamente desgraciado. 

Sabemos que la razón técnica en esta alta civilización abstracta, trastocó el sentido y la magia de las lenguas naturales. Por eso, se convierte en “imperativo”, que la razón trascienda los límites donde está recluida, ya que los espejismos de la técnica son sólo materializaciones de la especulación de los despliegues del” Yo” en la historia. Sabemos también por el estado de cosas que han sucedido, que a la deriva de la razón y a la historia reciente de la civilización occidental, le pertenecen los escombros de la memoria y del recuerdo, tanto como el relampaguear de las reflexiones del pensamiento, que han de hacerse cargo de las preguntas de los humillados, excluidos y vencidos.

Por tanto, re-pensar el alcance de la razón técnica, es hacerlo bajo las exigencias de justicia universal, propias del mesianismo. Re-pensar, por ejemplo, que la frescura de lo elemental que una vez contenía el lenguaje y las categorías de la razón, no responden con la misma energía a los requerimientos humanos. Esto resulta sumamente preocupante para el hombre de hoy. Porque en algunas esferas del saber y de la vida parece que la memoria verbal, los medios y los modos de la comunicación humana, estén completamente batidos. La conversación, por ejemplo, que ahonda y enriquece las vivencias espirituales, brilla por su ausencia. Esta mutación en el orden de la existencia, configura una civilización donde las redes de la comunicación simultánea e inmediata, pautan los ritmos de la vida. Como consecuencia nunca en la historia de la humanidad, los hombres se han sentido tan solos y desprotegidos como ahora.

Por eso, en efecto, la estructura de la técnica y el poder en sí y para sí, no tienen otro legado que cortar las amarras con lo permanente, los mitos y los ritos, las tradiciones y las costumbres, la memoria étnica y verbal de la Cultura, para imponer su impronta en la actualidad. Desean que el individuo portador de experiencia o el hombre vivo, que se enfrenta a la realidad cognoscible y a la experiencia histórica, se diluya en las redes de la razón técnica y la nueva voluntad de poder. “Cada vez más la palabra está subordinada a la imagen. Sectores cada vez mayores de los hechos y las sensibilidades, especialmente en las ciencias exactas y las artes no representativas, están fuera de la expresión verbal y de la paráfrasis” –expresó George Steiner en “El castillo de Barba Azul”.

Esto constata que la preponderancia de la razón técnica en los asuntos humanos, hace mella el mundo del espíritu lingüístico. Eso no significa que la armoniosa lira de la cultura de la palabra, no se escuche en momentos excepcionales; en el instante que la lengua humana bebe de las fuentes de la divina o de lo elemental. De las canciones que velaron nuestros sueños y pesadillas; los ecos fragmentados de la lengua de nuestros mayores; la que posibilita las experiencias comunes compartidas; esa que revela los sueños colectivos de una memoria ancestral, y aún en los momentos más oscuros otorga sentido a la existencia.

                                 Madrid-España a 16/09/2023