lunes, 15 de mayo de 2023

POLÍTICAS SOBRE EL CUERPO EN LA ACTULIDAD


Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.


Ernst Jünger en el texto Sobre el dolor expresó que, la técnica no sólo se limita a la zona propia del instrumento, sino que intenta someter también a si el cuerpo humano.1 En el mismo orden Michel Foucault dijo en Microfisica del Poder: el cuerpo, y todo lo que se relaciona con el cuerpo, Herkunft, la fuente, la procedencia; es la vieja pertenencia a un grupo –el de sangre, el de tradición, el que se establece entre aquellos de la misma altura o de la misma bajeza-- Con frecuencia el análisis de la Herkunft hace intervenir a la raza o el tipo social.

Allí donde el alma pretende unificarse, allí donde el Yo se inventa una identidad o una coherencia, el genealogista parte a la búsqueda del comienzo -de los comienzos innombrables que dejan esa sospecha de color, esta marca casi borrada que no sabría engañar a un ojo poco histórico-; el análisis de la procedencia permite disociar al Yo y hace pulular, en los lugares y plazas de síntesis vacía, mil sucesos perdidos hasta ahora.2

Por tanto, la procedencia se enraíza en el cuerpo. Se inscribe en el sistema nervioso, en el aparato digestivo. El cuerpo -y todo lo que se relaciona con él, la alimentación, el clima, el sol-, es el lugar de la Herkunft: sobre el cuerpo se encuentra el estigma de los sucesos pasados, de él nacen los deseos, los desfallecimientos y los errores; en él se entrelazan y de pronto se expresan, pero también en él se desatan, entran en lucha, se borran unos a otros y continúan su inagotable conflicto. El cuerpo: superficie de inscripción de los sucesos (mientras que el lenguaje los marca y las ideas lo disuelven), lugar de disociación del Yo.3

En Foucault representa un sentimiento fantasmagórico, la idea de un cuerpo social que estaría constituido por la universalidad de las voluntades. No es el consensus el que hace aparecer el cuerpo social –piensa Foucault-, es la materialidad del poder sobre los cuerpos mismos de los individuos. En las relaciones de poder, de dominio, la conciencia del cuerpo no ha podido ser adquirida más que por el efecto de la ocupación del cuerpo por el poder: la gimnasia, los ejercicios, el desarrollo muscular, la desnudez, la exaltación del cuerpo bello. Todo está en la línea del deseo del propio cuerpo mediante un trabajo insistente, obstinado, meticuloso que el poder ha ejercido sobre el cuerpo de los niños, de los soldados, sobre el cuerpo sano.

Pero en el momento en que el poder ha producido este efecto, en la línea misma de sus conquistas, emerge inevitablemente la reivindicación del cuerpo contra el poder, la salud contra la economía, el placer contra las normas morales de la sexualidad, del matrimonio, del pudor. El poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo. De hecho, la impresión de que el poder se tambalea es falsa porque puede operar un repliegue, desplazarse, investirse en otra parte, y la batalla continua.4

Según Foucault, el cuerpo pasa por el filtro de la vigilancia y el control. Son relaciones de fuerza que abarcan al Estado, las instituciones, la esfera pública y política de los ciudadanos, también la sexualidad, el deseo, porque tienden al control, la normalización de la sociedad. Pienso –dice Foucault-: que desde el siglo XVIII hasta comienzos del XX, se ha creído que la dominación del cuerpo por el poder debía ser pesada, maciza, constante, meticulosa. Pero a partir de los años sesenta, se da uno cuenta que este poder tan pesado no era tan indispensable como parecía, que las sociedades industriales podrían contentarse con un poder sobre el cuerpo mucho más relajado. 

La distribución del poder en el Estado y el cuerpo social, es lo que permite su elasticidad y ejercicio. Que se ejerza no sólo en las instituciones, sino también por encima, por debajo, a los lados y atraviese los puntos y las cuerdas donde se solidifican. Es decir, se expresan como poder que disciplina y normaliza el cuerpo social o a los individuos en particular.

Foucault llegó a la conclusión que el ser humano no existe. Sino que es consecuencia de una multiplicidad de variables reales o supuestas, por las circunstancias en que transcurre su vida. Que el poder no está localizado en los aparatos de Estado, y que nada cambiaría en la sociedad si no se transforman los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos de Estado, por debajo de ellos, a su lado, de una manera mucho más minuciosa, cotidiana.

Si se consiguen modificar estas relaciones o hacer intolerables los efectos de poder que en ellas se propagan, se dificultará enormemente la funcionalidad de los aparatos de Estado. El poder, lejos de estorbar el saber, lo produce. Si se ha podido constituir un saber sobre el cuerpo, es gracias al conjunto de una serie de disciplinas militares y escolares. Es a partir de un poder sobre el cuerpo como un saber fisiológico, orgánico ha sido posible.6 

Foucault cree que los seres humanos son efectos corporales de fuerzas que interactúan incansable sobre él. Así que, en el decurso histórico nunca es el mismo, la identidad se convierte en una categoría metafísica. En el tiempo y el espacio siempre se encuentra en perpetua transformación. Son las representaciones que tenemos de la realidad las que permiten nuestra razón de ser. 

Por tanto, para que el hombre tenga la posibilidad de llevar sobre la Tierra una vida de gran estilo sobre elevados criterios. Debe cambiar los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos de Estado, que se ejercen en las instituciones, el cuerpo, la sexualidad, el deseo, el saber, y lo nombra, lo toca, lo designa, lo atraviesa, lo circunda y lo interroga, en la medida que lo convierte en objeto o en número. Si se modifican las variables o se hacen insoportables las relaciones de fuerza que actúan sobre él, se dificulta la estructura y la función del Estado, pero también el pulular de los micropoderes.

Asimismo, las políticas sobre el cuerpo y el valor del dolor en él, no es la misma en todas las épocas. Existen actitudes que capacitan al ser humano para alejarse donde el dolor manda como dueño absoluto. Semejante apartamiento se manifiesta en que el ser humano es capaz de tratar el cuerpo –es decir, el espacio mediante el cual participa en el dolor– como un objeto. Además, la objetividad del cuerpo es la expresión más elevada que pueda considerar la vida.

Como afirma Jünger: es considerada como un puesto avanzado que el ser humano es capaz de lanzar al combate y sacrificar desde gran distancia. Así, todas las medidas que se toman abocan no a escapar del dolor, sino a resistirlo. Foucault cree, en cambio, que el poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo. Se convierte en objeto de preocupación, análisis y reflexión, pero también en blanco de vigilancia y control. Esto engendra al mismo tiempo la intensificación de los deseos de cada uno por, en y su propio cuerpo. 

Entonces en los combates de la vida, a cada uno de los movimientos del adversario responde el movimiento del otro. La vida libra luchas indefinidas, lo cual no quiere decir, que no terminen alguna vez. Y, uno de los puntos donde terminan las luchas de la vida es la muerte.

En el ámbito de la ciencia se llevan a cabo investigaciones y experimentos al borde de lo trascendente y divino. La neurociencia, la biología genética, la cibernética, la física cuántica, la medicina deportiva, la Inteligencia Artificial, están demostrando que el cerebro puede convertirse en objeto. Que el cerebro humano puede ser clonado por un cerebro digital, en la que éste puede llegar a ser mejor que el cerebro biológico. 

Desarrollar una máquina o un ordenador que no sólo supere al cuerpo humano, sino que sean más eficientes que el cerebro biológico. Por ejemplo, el cuerpo es el ámbito donde se mueve el guerrero o el deportista. Donde se implementan relaciones de fuerza, de coacción y dominio, que responden a dispositivos, que están situados más allá de la sentimentalidad y el amor.

Son expresiones objetivas de la cultura del artificio, que imperceptible y sutil disciplinan, normalizan, al cuerpo, la mente y la personalidad. Se trata, en este orden de destruir todo vestigio espiritual y sentimental, para convertir al ser humano en objeto. Esto es algo degradante para la condición humana, el ser existencial y los valores espirituales, que configuran la existencia. Afortunadamente todavía existen personas que son capaces de ver las pérdidas: la numerificación, la aniquilación del valor y la simplificación de la existencia.

Asimismo, el cristianismo concibe el cuerpo como el templo donde mora el Espíritu de Dios. Simbólicamente la Iglesia es el cuerpo de Cristo en la Tierra. Afirma el evangelista: si se profana con adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicería, contiendas, disensiones, herejías, homicidios. No se hereda el Reino de los cielos. Más el fruto del Espíritu es, caridad, gozo, paz, amor, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre. Contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.7 

Para el cristiano el Espíritu de Cristo, rescata el cuerpo de los espejismos de la carne y de la idolatría. Para la Cábala mística, en cambio el cuerpo es producto de las doscientas treinta y una combinaciones posibles de las veintidós letras del Tetragrámaton, que componen el alfabeto del Nombre de Dios; si se violenta como un campo de batalla, se violenta la esencia de Dios, el Nombre, configurado en el cuerpo, el alma, el espíritu, el mundo y el tiempo.

Jünger piensa que, en el marco de la edad de Acuario, de la que cabe aguardar una elevación del nivel medio espiritual. El cuerpo es divisible; no lo es, en cambio, el individuo al que el cuerpo sirve de vestido. Esto toca uno de los motivos por los que los médicos antiguos declinaban tratar con la lanceta a los pacientes. Un eco de eso se ha conservado en la relación del internista con el cirujano. El individuo es único e invulnerable; el fuego no puede causarle ningún daño.

La objetivación del cuerpo se percibe con mayor claridad en el proceso peculiar que denominamos “deporte” y que cabe diferenciar de los juegos de la Antigüedad en la misma medida en que cabe diferenciar nuestras olimpiadas de las griegas. La diferencia esencial es la siguiente: para nosotros no se trata tanto de una competición cuanto de un proceso de medición exacta. Es algo que se deriva ya del hecho de que no se requiere que estén presentes ni el adversario ni los espectadores. 

Lo decisivo es, antes bien, la presencia de la “segunda consciencia”, que registra el resultado con la ayuda de la cinta métrica, del cronómetro, de la corriente eléctrica o de la fotografía. (Jünger).

Ahora en la actualidad se tienen una serie de instrumentos, de redes artificiales, de medios, que proporcionan las imágenes pictóricas en movimiento, los lenguajes digitales y analógicos. Al contemplar a los deportistas de elite, al soldado, tenemos la impresión de que ya han quedado sustraídas en gran medida las zonas de la sentimentalidad. Esa carne disciplinada y uniformada por la voluntad con unos cuidados tan meticulosos suscita la idea de que se ha vuelto más indiferente a las heridas.

En el deporte y la disciplina del soldado observamos las áreas, en que el perfil humano está endureciéndose, aguzándose o también galvanizándose. Se trata de estar informados con máxima exactitud de los resultados que es capaz de alcanzar el cuerpo humano como instrumento. A la vez, cómo es lanzado a la vanguardia del combate y capaz de entregar la vida en sacrificio. El hecho de que ya hoy nos encontramos en condiciones de soportar con mayor frialdad la visión de la muerte se explica en no pequeña medida porque ya no estamos en nuestro cuerpo, a la manera antigua, como en nuestra casa. (Jünger).

En este orden, la objetividad de la vida se concatena con la disolución de los valores espirituales, la sentimentalidad y la profanación del misterio de la muerte. Se constata en las imágenes, los periódicos y revistas ilustradas, al mostrar el rostro carente de alma, frío, distante, trabajado como en metal, tallado en maderas especiales, y que posee una auténtica relación con la fotografía, los medios y modos de comunicación.

 Se observa en el mundo actual como la objetivación del ser humano, se concatena con relaciones de poder, de saber, de dominio y control; así entonces, estamos en una época de transición donde preponderan las valoraciones técnicas. Con alta convicción moral Jünger dice: pero nada de eso exime de responsabilidad al ser humano.

 Además, las personas formadas para pensar tienen una responsabilidad ética y moral, con la sociedad. De ellos depende desvelar que ocultan los fenómenos técnicos y a qué voluntad de poder obedecen sus exigencias. Poner los fenómenos en una situación crítica, de crisis, depende el contexto de la representación de una idea para que sus fuerzas explosionen en el mundo de la Revelación –que es la Historia.

Como dice Benjamín al respecto de la alegoría: todo lo que la historia desde un principio tiene de intempestivo, de doloroso, de fallido, se plasma en un rostro; o, mejor dicho: en una calavera. Por eso la alegoría pone en escena la secularización de la existencia y del mundo, expone la historia sufriente de los hombres, sin hacer referencias teológicas que transfiguren su dolor. De esa manera, se podrán restaurar los portillos que la historia deja tras de sí. Es decir, el detritus de la vida urbana y del mundo en general

Recordemos que el principio erótico que posibilita la conversación y fluye bajo el follaje del Árbol de la Vida, anuncia un nuevo despertar. Se entronca con las cosas rítmicas, que son las que se oponen a los espejismos de la ciencia, la técnica y la cifra. El cuerpo y la sexualidad, el cuerpo y la moda, la técnica y el cuerpo, la ciencia y el cuerpo, el saber y el poder, habitan un mundo diferente al del lector, del poeta o del artista. 

Esto lo corrobora Jünger: “El oído interno es el que capta las grandes composiciones musicales; llegan de otro mundo”. Así pues, “los cuentos y las poesías” se mueven en un orden superior de aconteceres. La realidad atraviesa diversos grados, semejante en eso a la materia, que puede aparecer como sólida, como liquida, como gaseosa y que puede asimismo tornarse invisible. (Jünger).

La poesía y la novela llevan a un mundo de mayor libertad, donde también queda vencido lo imposible. El placer y el dolor del cuerpo son sentidos en una dimensión diferente; también el lector tiene su Olimpo. De ahí que el Aladino que reposa en el lecho junto a la princesa esté más cerca del mundo de la tijera que no corta que el insaciable Don Juan. La rosa amenaza con la espina. A la vez crece el impulso instintivo que lleva a emprender tanto excursiones ideales como excursiones fantásticas. Ese impulso echa raíces en la vida cotidiana; pone en peligro el mundo real. El poema establece marcas que no son alcanzadas en la vida. En diversos niveles amenaza el destino de Hamlet –al decir de Jünger.

Asimismo, la crítica de la experiencia histórica hay que situarla en el lenguaje y los movimientos del pensar. Porque la actualidad representa una crisis del lenguaje, asociada al olvido de sus secretos. El lenguaje como instrumento de revelación podrá restituir los escombros que la historia y el ejercicio del poder deja a la vera del camino y los celebra como patrimonio. Entonces podrá perfilar algo más elevado y digno para el hombre contemporáneo. Si la Revelación es el saber que anida en la historia, la filosofía, el arte, la teología, la literatura, la poesía, la teoría de la cultura, etc. Han de posibilitar las herramientas estéticas, gnoseológicas e históricas, para que los fenómenos develen su verdadero gesto. Lo que el Surrealismo llamaba: el gesto estético.

 Sabemos que estamos en los umbrales de las nuevas tecnologías del poder, que están configurando el espíritu de la época actual. Tienen que ver con el cuerpo como campo de batalla. Donde convergen placer y dolor, dominio y objeto; figuras donde se hace patente la vida actual. También con el espíritu, donde se llevan a cabo los combates más atroces entre las huestes celestiales y las demoniacas, el mundo del titanismo y del espíritu. Además, el fin de la voluntad de poder es menguar las corrientes del espíritu, para batirlo con las fuerzas del sin-sentido y la barbarie. En la medida que lo consiga se intensifica el dolor, el miedo y el sufrimiento en la vida del ser humano. Pero, el ser humano es capaz de levantarse de sus cenizas como hace la Lechuza de Minerva al anochecer.

 En este mundo de alto desarrollo técnico, de sociedad de masas y cultura de masa, tengo la absoluta convicción que el pensamiento no se puede separar de la dimensión corporal, espiritual, ética y moral del ser humano, como lo percibe la antropología semita-hebrea. Es en el lenguaje donde la consciencia moral adquiere prestancia para el hombre. De ahí que,

   la razón se mal interpretó como racional. Y lo racional en tanto engendro de lo irracional impensado, presto curiosos servicios” –dijo Martín Heidegger.

 

                                         Bibliografía

        1.  Jünguer, Ernst. Sobre el dolor. TusQuets Editores, 2003. pág. 77.

2. Foucault, Michel. Microfisica del Poder. Madrid: Las Ediciones de la Piqueta, 1979. pág. 20.

3.         Ib. pág. 12.

4.         Ib. pág. 12.

5.         Ib. pág. 104.

6.         Ib. pág. 107 y 108.

7.         Los Evangelios. Galatás 5: 16 – 24.

 

                                        Madrid-España a 15/05/2023

miércoles, 10 de mayo de 2023

 

                                    VASILI GROSSMAN

                            Fragmentos de Vida y destino

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

Vasili Semiónovich Grossman (1905-1964), ruso-ucraniano. Fue periodista, escritor y corresponsal de guerra (1930-1960). Vida y destino narra las vicisitudes, el terror, el dolor, el sufrimiento y la muerte, en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en corresponsal de guerra del Ejército Rojo, publicando para el diario Krásnaya Zvezdá, haciendo crónicas de primera mano sobre las batallas de Moscú, Stalingrado, Kursk y Berlin. Su testimonio acerca de los campos de exterminio nazis, escritos tras la liberación de Treblinca, se encuentra entre uno de los primeros escritos sobre el Holocausto judío, que fue utilizado como prueba en los juicios de Núremberg.

 Después de la Segunda Guerra Mundial se quebranta su fidelidad al Estado soviético por la inflexión de Stalin y el establecimiento al antisemitismo. Así que, sus dos obras más importantes (Vida y destino y Todo fluye), son censuradas. La obra se publicó en el exterior-Suiza y, más tarde, en la Unión Soviética en 1988 durante la apertura de Mijaíl Gorbachov. La obra alcanzó un éxito enorme y fue aclamada como una de las mejores de la literatura universal del siglo XX.

Así que, Vida y destino es una novela que emociona al lentor, despierta y conmueve la sensibilidad y la condición humana y se compara con obras maestras como “Guerra y paz” o “Doctor Zhivago”. Sabe que la historia está hecha de ripios y escombros de la vida de gente que se enfrenta a las vicisitudes de la existencia y “al terror del régimen estalinista y el horror del exterminio en los campos, para que la libertad no se diluya y se aplaste bajo el yugo del totalitarismo”. Y el ser humano no pierda su capacidad de asombro, de imaginar, de sentir y de amar.

Esta novela nos dona un presente Divino, las herramientas intelectuales, las experiencias, las palabras y el pensamiento, para hacer frente a las máscaras que toma el totalitarismo, el autoritarismo, el populismo, el nacionalismo, que acechan la libertad, la dignidad, la justicia, la igualdad, entre los seres humanos en la actualidad.

Es una evidencia que la vida se sitúa sobre el abismo del pozo de la desesperanza, del dolor, la tragedia, el desamor y la espera. Una espera de retazos de vivacidad que abran las puertas del amor y la libertad. Es un mirar atrás con sus claros oscuros, la historia que jamás llegamos a comprender y asir en nuestras manos, por ser misteriosa y oscura para la consciencia de la vigilia.

Como dijo Vasili Grossman en la novela Vida y destino:

“Pero la historia está hecha de pequeños retazos de vida de la gente que lucha para sobrevivir al terror del régimen estalinista y al horror al exterminio de los campos, para que la libertad no sea aplastada por el yugo del totalitarismo, para que el ser humano no pierda su capacidad de sentir y amar”.

Así, lo que desea todo régimen autoritario, totalitario, o todo nacional-populismo, no es sólo exterminar la alteridad en la vida de las personas, sino ante todo la libertad de hablar, de pensar, de obrar, y que caiga sobre él como una loza el miedo, el silencio, el terror, que los paralice en el pensar, hablar y actuar. Que las palabras se vacíen de sus contenidos y sólo escuchemos su susurro en la distancia y, se conviertan en harapos de palabras sucias y corrompidas, como el Sistema que las coarta, las limita o las ensucia del estiércol del sufrimiento, del dolor, la sangre y la muerte que deja tras de sí.

De ahí que tengan miedo al nacimiento, la pluralidad y la mundanidad, al espacio público que afirma la individualidad y la razón de ser humano y no inhumano. Porque “todo lo que vive es irrepetible. Es inconcebible que dos seres humanos, dos arbustos de rosas silvestres sean idénticos. La vida se extingue allí donde hay empeño en borrar las diferencias y las particulares por la vía de la violencia”. (Grossman). 

La violencia lo que hace es dejar a la vera del camino un montón de escombros humanos y materiales; como esquirlas de huesos rotos, de carnes desgarradas y esperanzas truncadas. En estos regímenes los únicos lamentos que se escuchan no son los de los dolientes, los pobres y excluidos, sino los de los poderosos.

En las circunstancias de la vida los seres humanos comparten un destino común: en la cárcel, el barrio, la ciudad, el pueblo, la clase social a la que pertenecen o en las fábricas, un destino que los empuja lentamente y persistente al mismo punto. Casi siempre el hombre común ignora el destino y lo que ha de encontrar más allá de lo que divisa su mirada. Son destinos compartidos que en la mayor parte de las circunstancias comparten el dolor, el miedo, el sufrimiento, el recuerdo o la esperanza, pero todos saben que están unidos por un destino común.

El destino del hombre del campo y del pueblo a pesar de su diversidad, acaban por semejarse. Están atados a la misma cadena que los arrastra a lo desconocido. Este estado de cosas produce en lo profundo del alma del ser humano angustia y zozobra. Los que padecen bajo el totalitarismo o una democracia autoritaria, el pasado es maravilloso. Siempre muestra cosas nuevas para entender el presente y el futuro.

Es digno resaltar y avivar en la consciencia de los hombres, que lo que desea este tipo de personas es crear uno uniforme, disciplinado, que exalte los valores patrios, del Estado y sus instituciones, aún en medio de la inmundicia, la tortura y la muerte. De ahí que “el nacionalsocialismo había creado un nuevo tipo de prisioneros políticos: los criminales que no habían cometido ningún crimen”. (Grossman).

De lo único de lo que se les podía acusar es de ser diferentes, en cultura, en lengua, en creencias, en religión, en ideología, en manera de ser y comportarse. Porque odian la alteridad, la diferencia y la discontinuidad social, histórica y política. En el Estado totalitario o autoritario, las autoridades se apoyan en delincuentes comunes para vigilar a los políticos, los intelectuales o aquellos que estén en condiciones de alterar la convivencia social y el orden. O, en otros términos, vigilar a los que tienen consciencia crítica y sensibilidad con lo que sucede.

Para ciertas personas sean políticos u hombres del común, el fin justifica los medios y los medios que emplean son despiadados. “En la actual tiniebla, veo claramente vuestra fuerza y el terrible mal contra el que lucha […] Allí donde hay violencia impera la desgracia y corre la sangre”. (Grossman). Los grandes sufrimientos del pueblo se llevan a cabo en nombre del Estado, la seguridad, la libertad, la democracia y el bien. “¡Yo no creo en el bien creo en la bondad ¡– expresa irritado Grossman.

¿Acaso es la debilidad o el miedo la causa del silencio, lo que impele a no enfrentarnos con lo que no estamos conforme? Por eso cuando hablamos con uno de los funcionarios comprendemos de inmediato con media palabra a que nos enfrentamos. Y siempre o casi siempre, el ser humano desvalido, solo y despojado de sus derechos opta por el silencio. En estos casos es más elocuente que la palabra; y eso los desespera y los irrita, porque el silencio porta en su esencia un poder enorme, que trasciende las algarabías del lenguaje del torturador, del funcionario, de las autoridades competentes, del militar, del policía, y eso los convierte en seres violentos e impredecibles.

Tal como soportó Ulises el canto de las sirenas; para expresar que en todo tiempo existen individuos que desean resaltar la inteligencia y las fuerzas del espíritu frente a las adversidades de la vida, la historia y las fuerzas oscuras.  

En tiempos de violencia o de guerra muchas cosas del alma se vuelven extrañas. Que se puede hacer ¿Cuándo una parte de sí mismo se vuelve extraña? “Con uno mismo no se puede romper relaciones, ni dejar de encontrarse”. Quien rompe relaciones consigo mismo, rompe con lo que es, su razón de ser y también con su pasado. No podemos huir de nuestro pasado, porque éste nos acompaña hasta muerte.

¿Qué desea alcanzar el ejercicio del poder totalitario, autoritario o populista? Busca personas que rompan con su mismidad, su identidad, con las raíces de donde procede, sus sueños y fracasos, sus esperanzas y desdichas, ya que desea hombres sumisos, superficiales y no se pregunten, ¿por qué estoy en el mundo? ¿cuál es el destino que me depara la vida? ¿qué lugar ocupo en la sociedad? ¿Qué debo hacer o pensar para ir allende de lo establecido? Así que, no podemos romper con uno mismo y dejar de encontrarse cada instante; para que la vida adquiera valor y dignidad.

Con palabras sencillas el ser humano expresa lo esencial de la existencia y la relación con el mundo y los demás seres humanos. Ellas contienen lo fundamental de la vida y del mundo. Así el pensamiento, los sentimientos, el mundo y su realidad, son “formas” del lenguaje. Heidegger lo expresó con palabras sencillas, más tenues que los surcos que se dejan a la orilla de la mar: “El lenguaje es la casa del ser”. Y sus guardines son el poeta y el pensador. El ser está pensado en el sentido de la realidad absoluta; y comprendido como voluntad incondicionada que se quiere a sí misma como voluntad de saber y de amor. En la voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder.

Grossman percibe el ejercicio del poder del estalinismo desde el discurso o la palabra (el logos) y dice: “En aquel gemido de mudos y discursos ciegos, en aquella espesa mezcla de individuos, unidos por el horror, la esperanza y la desgracia, en aquel odio e incomprensión entre hombres que hablan una misma lengua, se perfilaba de un modo trágico una de las grandes calamidades del siglo XX”.  

Así que, “para los fascistas cada día de vida” del Estado democrático Social de Derecho, los principios de la Ilustración y la libertad, “es insoportable. El fascismo no tiene alternativa. O nos devora y nos aniquila, o se extingue”. El fascismo odia la vida y más la que acaba de nacer. Porque lo que porta esa vida es algo nuevo y novedoso para el hombre; en ella se expresa la libertad, el amor, la fraternidad y el asombro ante lo cotidiano y desconocido. El fascista odia la vida nueva, porque ella hace cortes a lo establecido y rompe con la verdad. Una vida que está preñada de asombro; por eso el fascista la tritura. El odio del fascista contiene la justicia y el amor, de aquel que lo sufre.

Es una desgracia que los nuestros nos odien por creer en la justicia, la libertad, la igualdad, la fraternidad y el amor. Las élites sólo piensan en sí mismas y en lo que poseen, lo demás les importa nada, absolutamente nada. Que tristeza la del ser humano situado en las esferas del poder y del dinero; y la indiferencia hacia el Otro sea el principio que determine su vida.

                                     Madrid-España a 09/05/2023

lunes, 8 de mayo de 2023

DE LOS ELEMENTOS A LA CIVILIZACIÓN DE LA TÉCNICA

Fragmentos sobre el texto Carta sobre el “Humanismo”, de Martín Heidegger.

 

Antonio Mercado Flórez. Pensador y Ensayista.

 

La impresión que hay en la actualidad es, que la economía, la técnica, la industria se han alejado de los elementos y situados por encima de ellos, se nutren más o menos de su sustancia. (Ernst Jünger). En la época actual el ser humano es incapaz de ver las perdidas. En el desarrollo de la técnica se han podido percibir los progresos de las ciencias naturales, biológicas o químicas, pero no los retrocesos de la sociedad. (Walter Benjamín). No se percibe el lado destructivo del desarrollo de la tecnología, porque somos extraños al lado destructivo de los elementos.

Así, los elementos se deterioran en nombre del poder, el dinero, la técnica y el progreso. Si la iluminación técnica nos enceguece, no podemos ver lo que oculta tras de sí. Estamos anestesiados por la técnica e incapaces de percibir el dolor, la destrucción, el sufrimiento, el peligro, el miedo o la muerte, que arrastra tras de sí. Sólo se percibe como instrumento, pero no la esencia que la determina.

Ya empiezan a verse en sus grietas personas que luchan por conservar la estabilidad del sistema ecológico y la relación que tiene el hombre con las estrellas. El ser humano se ha dado cuenta que la técnica sirve a la sociedad no sólo para la producción de mercancías o, de armas para la guerra o, la acumulación de ríos de oro en selectas minorías, sino también para dar “confort” y bienestar al ser humano. La técnica no es algo neutro. La esencia que la constituye obedece a relaciones de poder. La esencia de la técnica esconde también el ser de la voluntad de poder. Se trata de convivir con la técnica y llevar a cabo un punto de inflexión para que esté al servicio del hombre.

Sabemos que el Estado tecnológico actual expresa la voluntad de poder y de saber, que es insaciable con los elementos. En el Génesis el mundo es dado al hombre por Dios como despena y morada. Una despensa que el hombre alteró y está agotando ahora. El cambio climático y su efecto invernadero. Ora, la abundancia de los elementos a la que se refiere Hesíodo, tocan su fin. Se necesita un nuevo reordenamiento del mundo, de las sociedades y una relación distinta con los elementos y el universo.

Quizás podría establecerse la tesis que el “orden visible” se ordene de acuerdo al “orden invisible”. Así, las cosas visibles que aumentan la sensibilidad -el dolor, el sufrimiento, el odio, el horror, el hambre, la guerra, la muerte-, den paso a las cosas invisibles, inefables, sagradas. El hombre técnico abandonado a la sociedad de masas y a la cultura de masas, está perdiendo la armonía interior. Como, asimismo, aumenta el número de médicos en la misma proporción en que se pierde la capacidad curativa. (Jünger).

Es necesario que se nos caigan las escamas de los ojos como se le cayeron a Pablo en el camino de Damasco. Para que los elementos se abran a los hombres llenos de magia y color como campos en flor. Entonces, con los ojos abiertos veamos lo íntimo e inviolable de los elementos y de esa manera brille la luz del ser o, de las musas. En momentos como esos la naturaleza y la vida cobran a menudo un sentido prodigioso. Un sentido sagrado y eterno para el hombre, que va allende del espacio y el tiempo. En este acto humano, divino y estético, se transustancia la palabra y la vida de los hombres.

En esos momentos acuden poderes mágicos o sagrados que llenan el vaso interior de cada uno de nosotros. Son encuentros numinosos que ayudan a soportar el peso de la existencia y, además, ver que se oculta detrás del forro de los fenómenos. 

En esta época de alto desarrollo tecnológico, estamos anonadados por los instrumentos técnicos, la función y la utilidad que desempeñan en la sociedad. Hemos ido entregando la libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual. La seguridad y la vigilancia brindan la experiencia de lo estable. El hombre planifica y su hacer está supeditado a la técnica, la ciencia y la estadística. Se trata que el pensar futuro desenmascare lo que oculta la experiencia de lo estable en el Estado, las instituciones, el orden jurídico o los parlamentos.

Además, el Estado técnico absoluto, los técnicos y el mundo técnico, darán paso a la ciudadanía libre, igualitaria y fraterna para la democracia. Sabemos que el mundo técnico y el colectivo técnico ponen en tela de juicio la esencia de la civilización democrática. Se necesitan actores significativos que prevalezcan sobre el mundo técnico y el colectivo técnico; así se develaran a los hombres, cosas prodigiosas y divinas jamás imaginadas.

Por eso Heidegger dice que, la esencia de la técnica porta en sí la iluminación y la verdad del ser. Se trata de develarla en su claro para que se manifieste la verdad del ser y la esencia del hombre y del lenguaje. Esto posibilitaría un mundo más humano y vivible.

Abriéndose en el camino del ser y la esencia del hombre, la experiencia de lo estable llega al lenguaje. En efecto, en su decir, lleva al lenguaje sólo lo inexpresable, las mentiras del poder. De este modo, el lenguaje se alza por encima de la experiencia de lo estable y comunica el brillo de los contenidos espirituales en medio de la oscuridad del mundo. La verdad no como algo establecido e inamovible, sino como advenimiento del ser y la esencia del hombre. Sólo así el lenguaje es misterioso y reina en nosotros. (Martín Heidegger).

Sabemos por los anales de la historia y de la cultura, que lo misterioso, la miseria y la grandeza del ser humano, desembocan en el lenguaje. Éste comunica las desdichas y las grandes virtudes de los seres humanos. Desde la antigüedad se expresa en las formas estéticas, los mitos, los rituales, la música, el arte, la religión, la filosofía; el arte es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión en una forma material concreta- al decir de Giambattista Vico.

El lenguaje posibilita que advenga el ser y el hombre exista, que aclara y oculta su esencia. Sólo cuando el lenguaje es llevado a la plenitud de su esencia es histórico, el ser queda preservado en la memoria. (Heidegger). De este modo, el ser humano y las generaciones históricas, alcanzan la memoria y la rememoración. Por eso, el decir que piensa trae a colación la relación de la verdad del ser y la esencia del hombre. Entonces, podemos percibir la humanidad del hombre en el lenguaje y en su obrar. 

Cuando el lenguaje oculta la verdad del ser y la esencia del hombre, el decir se falsea. Hace que lo aparente, fútil y mentiroso ocupen la “casa del ser” y la morada del hombre. Esto posibilitó que el lenguaje se convirtiera en signo o, en imagen.

En la actualidad las imágenes son más fuertes que las palabras. Estas no necesitan ser traducidas y actúan de manera directa. Así, la enorme afluencia de imágenes favorece un nuevo analfabetismo. La escritura se sustituye por signos; pues, observamos una decadencia de la ortografía. La consecuencia que se sigue es una vulgarización de la gramática. (Jünger). 

Recordemos que, en la década del treinta del siglo XX, toma el poder en Alemania el totalitarismo nazi. Entonces, el lenguaje es vaciado de sus contenidos, y se convierte en instrumento de poder, de demagogia, de engaño y de odio.

Como también en la actualidad hace el lenguaje de los populistas, los nacionalistas, los autoritarios, el radicalismo religioso, los demagogos, que se valen de las necesidades humanas y de la parálisis de los partidos tradicionales y de las elites del poder, para destruir la acción política desde dentro de las instituciones y las libertades democráticas. Destruir la vida en común entre los ciudadanos. Entonces, en un Estado democrático Social de Derecho agrietan las bases donde se asienta.

Sabemos que la democracia es frágil como un niño recién nacido, por eso tenemos que cuidarla y fortalecerla cada día de nuestra vida. Porque el destino de los pueblos se fundamenta en la libertad, la libre decisión, la libertad de actuar, la libertad de pensar, la voluntad popular y la democracia participativa, y, no en el odio, el racismo, la xenofobia, la discriminación, la violencia, la guerra, el hambre, el sufrimiento o la muerte.

Estamos caminando sobre un desfiladero estrecho y funesto, que impele a los hombres a la destrucción de la vida, del pensar, de la experiencia y del lenguaje. En cada uno de los niveles es posible una mutación, igual que en cada momento es posible la muerte. (Jünger). Asistimos por la primacía de las imágenes sobre el sentido de las palabras, al final de un ciclo. Lo que sigue es un tiempo sin historia, de duración indefinida, que puede resultar agradable o, en todo caso, no trágico, según el modelo de ese “último hombre” que nos anunció Nietzsche y que nos ha descrito Huxley. (Jünger).                                                                         

Se necesita un “tipo” de hombre que contribuya a restaurar la esencia que mora en él y en cada uno de nosotros. Que todos formemos parte de un nuevo “orden” en la historia universal y que la capacidad de juicio como una actividad importante, permita compartir-el-mundo-con-los-demás. Que nos posibilite orientarnos en el ámbito público y en el mundo común. Un orden que trascienda el nihilismo, los anti-valores o el irracionalismo, y posibilite la proximidad Tierra y Cielo, Mortales y Divinos. Para que así de esa manera, pueda advenir la verdad del ser, la esencia del hombre o, la Revelación divina.

En esta proximidad es donde se consuma, si lo hace, la decisión si acaso Dios o los dioses se niegan a sí mismos y permanece la noche, si acaso alborea el día de lo sacro, si puede comenzar de nuevo en ese amanecer de lo sacro una manifestación de Dios o de los dioses y cómo será. (Heidegger). Así que, en el mundo actual lleno de atrocidades, mentiras, discriminación, odio, violencia, guerras y muertes; hora es, que los dioses salgan de sus escondites – como dijo el poeta Hölderlin. 

Heidegger piensa que lo sacro, el único espacio de la divinidad, posibilita la dimensión de los dioses, y que llega a manifestarse si previamente, y tras largos preparativos, el ser se ha abierto en su claro y llega a ser experimentado en su verdad. Sólo así comienza, a partir del ser, la superación de ese desterramiento por el que no sólo los hombres, sino la esencia del hombre, vagan sin rumbo.

No podría ser menos, la atmósfera que reina en el mundo es contradictoria e inextricable -en unos sitios es prometeica, con grandes fuegos y manos tendidas hacia las estrellas, en otros es apocalíptica, con sentimientos de culpa que remuerden la conciencia. Nietzsche es optimista, Spengler ve parcialmente la fatalidad –como el acabamiento normal de una cultura. (Jünger). 

Algunos seres humanos perciben el milenio con optimismo y alegría; mientras otros, con el pesimismo de la fatalidad. Se perfila un tiempo en que los lenguajes digitales abarcarán el espectro humano, que se esconde detrás de las Redes y las imágenes para ocultar su verdad. Y, otro donde las calamidades elementales y las guerras globales darán cuenta de la existencia del hombre sobre la Tierra. Entonces, una única maniobra ejecutada en el cuadro de distribución de la energía conecta la red de la corriente de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas- ponen en movimiento el Gran Poder.

Desde ese umbral se configura un mundo donde los seres humanos son incapaz de ver y detenerse a pensar. Un mundo donde somos incapaz de tenerlo en común y compartir con otros. Un mundo determinado por las Plataformas Digitales, la Inteligencia Artificial, que condicionan la vida “subjetiva” y “objetiva” de los seres humanos. En este orden, cada ser humano cumple la función que le corresponde y está ubicado fuera de la obra, se ha salido de ella. Ésta se ha vuelto autónoma, y ahora el ser humano deviene más sustituible y prescindible. (Jünger). Parece que nos convirtieran en esclavos, y, por ende, no disfrutamos de la libertad ni de la realidad que vivimos. Porque ésta es un constructo velado de la técnica, de las selectas minorías y del Gran Poder.

Además, el ámbito construido por las máquinas, la física, la Inteligencia Artificial, la neurobiología, el ciberespacio, la biotecnología, se convirtió en prisión para la mente y el espíritu. Se trata de trascender el sentido instrumental de la técnica y ponerla al servicio del hombre. Entonces, viviríamos una especie de catarsis y los fenómenos naturales o los elementos, tanto como los hechos humanos, se percibirían no sólo con los sentidos, sino, ante todo, con los ojos del espíritu.

En el mundo actual el hombre masa es siervo de las máquinas y del Gran Poder; niegan la libertad y afirman el determinismo. Estamos vigilados las 24 horas del día, saben dónde estoy, qué hago, qué pienso, cómo actúo, qué gustos tengo. El ejercicio del poder necesita que se diluyan los sueños, las esperanzas y el amor, en el ámbito de objetos virtuales. Se trata de destruir la capacidad de asombro, de percepción, de análisis o, de crítica. O, en otros términos, que el sentido de realidad esté prisionero en las imágenes y las representaciones del mundo y su realidad, que ofrece el Gran Poder como verdad.

Por eso el mundo de las máquinas y de las redes de información rápida y simultánea, se expresan sustituyendo la experiencia de lo estable. La experiencia del sentido común que nos desvela la naturaleza del mundo y su realidad en la medida que se trata de un mundo común. (Hannah Arendt).

Sabemos que en este ámbito no existe correspondencia entre el mundo simbólico de la mitología y el mundo de la técnica moderna. Y, esto produce una cierta angustia respecto al destino del hombre sobre la Tierra. Porque no sólo destruye el hilo de la historia, sino también los usos, las costumbres, las tradiciones, los mitos, los rituales, los lenguajes naturales y el pensar, aquello que ha dado coherencia a los pueblos con sus generaciones.

                                    Madrid-España a 08/05/2023

domingo, 16 de abril de 2023

LA LENGUA Y LA LITERATURA SON SIEMPRE UN HOY

      A todos los seres humanos que todavía son capaz de captar la manifestación 

de la belleza o del sentimiento estético por medio de la Palabra, el Arte y la Música.

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

En esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, no podemos olvidar que los cambios en el ámbito del lenguaje que se gestaron en el transcurso del siglo XX, afectaron el espíritu lingüístico del hombre y su estructura sintáctica. De otra parte, diluyeron las fronteras de la identidad, la magia de la vida y de la muerte. Además, esa distinción entre Yo y Tú, por la que el animal hablante entró en la historia, ya no resulta tan evidente. Atravesamos un período de cambios profundos. Donde el estado transitorio del tiempo y la identidad personal, del Yo y la muerte física, influyen en la condición y las posibilidades del lenguaje.

 En pocos espacios de tiempo hemos podido ver como la conciencia étnica e histórica, las gramáticas heredadas, el recuerdo, la memoria, algunas veces no dan cuenta del “Ser” y el “sentido” de trascendencia. Y, esto se convirtió en un fenómeno ontológico que se concatena a uno histórico, metafísico y epistemológico. Ahora bien, sí los universales históricos cambian –dice George Steiner-, si las estructuras sintácticas de la percepción se modifican, se modifican también las formas de comunicación. Entonces el discutido papel de las tecnologías de la información, los medios electrónicos, las redes sociales, la comunicación simultánea, las Plataformas Digitales, la Inteligencia Artificial, serían sólo un fenómeno secundario en la economía de la existencia.

Además, somos parte de un mundo que vive bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el descrédito de las instituciones, el nepotismo político, las injusticias sociales, el racismo, el nacional-populismo, la crisis económica y financiera internacional, son apenas señales de la quiebra de los valores públicos y la disolución de las referencias colectivas. Esta atmósfera nos deja perplejo e inermes, porque las pautas y los puntos de referencia a los que nos agarrábamos, se están disolviendo. Esto se concatena en otras instancias, a una implícita añoranza de la coherencia moral y del Yo concreto.

 En este orden, Nietzsche y Kierkegaard en el siglo XIX, Benjamín y Steiner, Lévinas y Ernst Bloch en el siglo XX, vislumbraron la catástrofe que se veía venir. Una catástrofe que dañó los centros vitales de la cultura y la civilización occidental. Este acontecer inexorablemente repercutió en el lenguaje, ya “que rechazó la semejanza entre los hombres; el principio fundamental del Humanismo” –al decir de Benjamín.

Si la crítica del lenguaje surgió de una situación de crisis. No es ajena a los soportes técnicos, a las condiciones y modalidades del lenguaje. La relación contradictoria entre lenguaje y poder, posibilita observar que, en la civilización tecnológica y la sociedad de masas, continúa siendo un instrumento de manipulación y opresión del ser humano. Por eso no nos extraña que la crítica del lenguaje en el transcurso del siglo XX, venga en su mayoría de escritores y pensadores judíos.

 Porque perciben lo que acaeció entre 1914 y 1945, estupefactos y desconcertados, en un mundo que se desmoronaba como un castillo de naipes. Por entereza moral y necesidad histórica dan cuenta del “grado de disolución de las normas civilizadas y las esperanzas humanas” (Steiner).

Son conscientes que las políticas autoritarias y totalitarias de la primera mitad del siglo XX, degradaban la condición humana, también que resquebrajaron los cimientos del lenguaje natural. En una atmósfera como esa “las palabras, esos guardianes del sentido, no son inmortales, no son invulnerables”, escribió Arthur Adamov en su cuaderno de notas correspondiente a 1938; “algunas quizás sobrevivan, otras son incurables”.  Cuando la guerra estalló, se limitó a añadir: “Agotadas, roídas, las palabras se han vuelto esqueletos de palabras, palabras fantasmas; todos rumian y eructan sus sonidos entre dientes”. Quizás en la actualidad estas elocuentes palabras de Adamov se pueden aplicar no sólo a la guerra de Ucrania, de Afganistán, de Etiopía, de Colombia, de Yemen, la israelí-palestino, entre otras; sino también a la atmosfera que se respira en el contexto internacional.

En la actualidad controlar el lenguaje, las imágenes, los signos, los algoritmos; como también Facebook, Twitter, WhatsApp, Internet, las redes sociales, significa el control de los medios y los modos de comunicación globales. Pero también el control del cerebro, del gusto, del sentimiento, el cuerpo y la subjetividad del hombre. Esto genera un tipo de experiencia y vivacidad que permite vislumbrar su “telos” siniestro.

 Desde el umbral político, el que ejerce el poder se preocupa por el pensador, el poeta, el narrador, el artista, el dramaturgo, el cantautor, el periodista, el humorista, etc. Porque son los que cuestionan la realidad y reflexionan sobre la condición humana. Es decir, sobre la retícula donde descansa la naturaleza del Ser y el existir. Así como la policía se preocupa por el hombre de carne y hueso, más no por sofismas deliberados. En este orden, la economía del poder es consciente que un modelo autoritario y uniforme de sociedad, aspira a dominar el cuerpo y el alma de las personas. En un tipo de sociedad como ésta se tiraniza, se manipula, se vacían deliberadamente las palabras de sus significados esenciales.

 Y estos cambios permiten que se transforme el orden de la existencia -la libertad en esclavitud, la esperanza en desesperanza, la paz en guerra, el amor en odio, la libertad de expresión y de prensa en miedo, la tolerancia en xenofobia, la vida en muerte-. Algunas naciones y Estados de corte nacional-populista de izquierda o de derecha en la actualidad, se ponen la máscara de la libertad y de la justicia social para implementar la desconfianza hacia el Otro, la defensa de la lengua, de la cultura y las tradiciones nacionales, en nombre de la discriminación, la tortura, el racismo, el exilio, la libertad de expresión, de ser y estar en el mundo y su realidad. Y esto es sumamente grave que se de en sociedades y Estados democráticos modernos.

Los gobiernos autoritarios o las democracias populistas desean extirpar el pasado de la memoria humana. Para que las personas no se remonten a las fuentes verbales de la historia. Significa en la actualidad remontarse a la memoria y el recuerdo para “detener el avance catastrófico que nos repugna”. Desean borrar las huellas dejadas tras de sí, la experiencia y la historia del ser humano. Así, el pasado se reinventa para justificar el presente. “El tiempo pasado –nos recuerda Steiner refiriéndose a la sintaxis surrealista de Jerry y Artaud- debe ser excluido de la gramática política y de la conciencia individual”. Porque en el tiempo presente, “recordar es exponerse a la desesperación: y el tiempo pasado del verbo ser no da por sentada otra cosa que la realidad de la muerte. No deja de ser comprensible esta metafísica del instante, este cerrar de golpe las puertas que dan a las extensas galerías de la conciencia histórica” (Steiner).

Ahora bien, sí los fenómenos históricos, las experiencias, los mitos, las costumbres, los usos, los nombres, la existencia misma, son borrados por decretos. La memoria del artificio, las ficciones y mentiras deliberadas, remplazan la diversidad de la memoria individual. Y, entonces el olvido favorece a la falsificación. Por así decir, cuando el pasado verbal, la memoria histórica o el recuerdo, se cambian por un presente impersonal y un futuro utópico, “al ser una mentira constantemente modificada y renovada, el pasado se vuelve presente” (Steiner).

Asimismo, el devenir histórico muestra hoy día, que la crítica del lenguaje nos enfrenta a otros actores. A la alta civilización tecnológica, a la sociedad de masas y a la cultura de masas, al lenguaje político banalizado por la primacía de la imagen y los lenguajes digitales. Un ámbito donde se entrelazan los signos de unificación común. Un lugar donde el pensamiento y el escrutinio del espíritu salen mal parados. Así, los “grupos de poder” hacen del lenguaje un “instrumento”, donde la “situación política o social dominante urge idealizarse a sí misma para justificar moralmente su existencia” (Walter Benjamín). 

En un tipo de sociedad como ésta los “instrumentos especulativos” o las “palabras”, no responden a las apetencias y esperanzas humanas. En consecuencia, cuando un pueblo no está acostumbrado a escuchar la voz de su lengua, la poesía, el arte, la literatura, estará más predispuesto a la esclavitud. De ahí, precisamente, la importancia de la lengua natural, “más antigua y perdurable que todo lo existente”. Que hace participe al poeta y al escritor como “portavoces de su sabiduría y de su conocimiento del futuro”. Por eso, “la lengua y la literatura son siempre “hoy” y a menudo –sobre todo allí donde haya un sistema político digno- puede llegar a constituir “mañana” (Joseph Brodsky).

Desde una perspectiva política la crítica del lenguaje posibilita develar que, en todas las épocas de la humanidad, han existido embaucadores, demagogos, los que, en nombre de la verdad, la justicia, la libertad o, de Dios, se convierten en falsarios de la historia y del lenguaje. O, de la memoria verbal de los pueblos y las naciones. En una época se ponen la máscara del revolucionario o del conservador; en otra la del progresista o reformista de la sociedad. Pero en nombre de sus principios o de sus ideales, se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad, lo cual no es tan raro como parece.

 

                                     Madrid-España a 15/04/2023

martes, 4 de abril de 2023

 PINCELADAS SOBRE EL PENSAMIENTO DE HANNAH ARENDT

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt (1906-1975), es una escritora y filosofa de origen judío que entrelazó la historia, la política, la filosofía, el arte y la literatura, en sus obras. Trata de resaltar y revelar la posibilidad de conocer el importante papel que en sus reflexiones desempeñan la poesía, el arte, la narración literaria y la crisis de la cultura. Comprender la articulación de la genealogía de algunos de sus textos más relevantes y de ciertos temas que atraviesan su obra es de suma importancia. Trabaja, por ejemplo, las iluminaciónes de autores como Bertolt Brech, Herman Broch, Nathalie Sarraute y Rainer María Rilke, entre otros.

Pero es importante resaltar que la época en que escribe está marcada por el ascenso de la sociedad de masas, la cultura de masas, y el paso de la sociedad a la sociedad de masas, la técnica y la ciencia, que le posibilitan una reflexión sobre el papel del arte en el Mundo Moderno. El arte en su pensamiento es fundamental, porque contribuye a entender el contexto histórico, político y cultural, en el que escribe. El arte y la cultura y, en general, la estética, son importantes en los movimientos de su pensamiento.

La teoría de la acción que expone en la Condición humana, concatena las interacciones y las analogías entre el fenómeno estético y el político. Así que, desarrolla su teoría a través de comentarios, criticas, análisis, reseñas, artículos, sobre escritores. Pero en la Condición humana podemos leer una breve teoría fenomenológica que gira en torno a la relación del arte y la tripartición de la vita activa y la temporalidad –sobre el significado político y social de la crisis en la cultura. (Fina Birulés y Ángela Lorena Fuster).

Para ella uno de los conceptos más importante es el de mundo a través de su relación con la vita activa. El mundo común no se reduce a las personas que viven en él; es el espacio que hay “entre” ellos. Así pues, el mundo común no es idéntico a la naturaleza o a la Tierra, sino que se relaciona con “los objetos fabricados por las manos del hombre, así como con los asuntos de quienes habitan juntos en el mundo hecho por el hombre”. Convivir en el mundo significa compartir los objetos hechos por los hombres; un mundo de cosas está entre quienes lo habitan. El mundo relaciona y separa a los que lo habitan; como a la vez impide la reducción del uno al otro.

Asimismo, es importante recordar que el mundo humano es el espacio para relacionarse, desplazarse y compartir con el otro o los otros. De ahí que la libertad no es algo natural a los hombres, se adquiere en el tejido de las relaciones humanas. El ser humano adquiere la libertad cuando interactúa con los otros en la sociedad. La libertad no es un don divino, ni la adjudica el poder político, ni el técnico, ni el científico, ni económico, ni el cultural, sino que se adquiere en el tejido de relaciones con los demás seres humanos. Asimismo, “se diferencia de otros pensadores, porque valora positivamente la dimensión artificial derivada del hacer humano”. (Birulés y Fuster).

Así, en la esfera de la vita activa, diferencia la labor del trabajo. El producto del laborante es inmediatamente consumido; los productos del trabajo –sean objetos de uso, objetos de goce como las obras de arte- una vez terminados, persisten. La estabilidad, la durabilidad de los objetos del trabajo, son los que posibilitan la objetividad. Para el mundo, lo esencial es la estabilidad, la durabilidad, la artificiosidad e intersubjetividad.

De otra parte, aunque sea un mundo artificial es, un mundo que perdura después de la muerte de quienes lo construyen. Este espacio público no está constituido tan solo por los productos del trabajo sino también por la cultura y las instituciones. Por eso, el caos, la violencia, la guerra, el sufrimiento, el dolor, la crisis política o social, se expresan en el arte; o, en otros términos, en las formas estéticas. El arte no es un mero adorno. Como lo expresó Giambattista Vico (S. XVIII), es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión en una forma material concreta. En su origen la facultad peculiar de todos los objetos: “captar nuestra atención y conmovernos” –dice Arendt.    

De otra parte, considera que el mundo es habitable y posibilita trascender la vida biológica, gracias a la acción y la palabra. Si se corrompe la acción y la palabra (la poesía, la novela, la música, el discurso político, la sabiduría, la comunicación entre los hombres, etc.); expresan la crisis en la cultura. En toda comunidad que construye un mundo vivible la crisis de la vida pública se comunica en el lenguaje y la cultura. Sólo percibimos los efectos de la acción en la intangible trama de relaciones humanas. O, en la estabilidad de las relaciones intersubjetivas. De ahí es necesario mirar detrás del forro de los fenómenos y develar el verdadero sentido de la vida, del mundo y su realidad.

Para elaborar su concepción política se basa en la poli griega, y reconoce que las personas son libres para desplazarse y no están condicionadas por sus necesidades biológicas. Se reconocen así mismas como agentes, libres, pares. Cuando analiza la sociedad moderna, su crítica no se reduce a un simple lamento acerca de cómo los modernos conceden tanto valor a la técnica, sino que su preocupación básica gira en torno a las consecuencias que detecta en el hecho de que la sociedad moderna esté organizada según la labor. Mejor dicho: no le interesa en demasía el problema de la técnica en la modernidad, sino como está organizada según el trabajo.

La Edad Moderna la muestra no como un retroceso paulatino de la naturaleza, sino como un desmesurado avance de la misma y, por ello, como una progresiva pérdida de mundo común. (Birulés y Fuster). Piensa que la modernidad prioriza la vida biológica sobre la del espíritu, el pensamiento, las artes y el mundo común. El mundo que compartimos por la palabra y la acción.

Cree que en la modernidad prevalece la vida biológica del ser humano (la subsistencia, la reproducción, el consumo, el ocio vacío que envilece la personalidad y obstruye al espíritu a elevarse en el tiempo y el espacio, etc.), sobre los más altos valores subjetivos y mentales del ser humano. Ahora, sí la vida biológica gana terreno sobre la subjetividad y prevalece el mundo de la técnica, las relaciones artificiales priman sobre las relaciones de sentido. En otros términos, prevalece la “civilización del artificio”.

Este devenir histórico trae consigo la crisis de la esencia humana: el amor, la felicidad, la fraternidad, la libertad, el sentido de la vida y de la muerte, etc. Asimismo, degrada los elementos que componen la condición humana: la vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra –al decir de Arendt.

Por tanto, la Época Moderna está estructurada, organizada y funciona, de acuerdo a las satisfacciones biológicas del ser humano. Así que, el sistema del capitalismo global o el sistema del capitalismo tecnológico, lo expresa en el mercado de “valores” y bienes de consumo. En el mundo objetivo hecho por las manos del hombre y, a la vez mundo artificial, el hombre no sólo produce mercancías para ser consumidas. Sino también una trama de relaciones que se manifiestan en la esfera política, social, religiosa, el Estado y las instituciones, el arte y la cultura.

 El mundo adquiere durabilidad, estabilidad, permanencia, en la civilización del artificio y las relaciones intersubjetivas. Un tejido que en el espacio público expresa el mundo común, el que se comparte “entre” todos los seres humanos. Además, la Época Moderna prioriza el mundo objetivo sobre el subjetivo; donde prima el consumo de mercancías desechables (neveras, televisores, colchones, casas, carros, máquinas, móviles, ordenadores, etc.), sobre el mundo del espíritu, la esfera de la sentimentalidad, el ámbito del pensamiento, los valores de la moral y de la ética, y el sentido estético del mundo y la vida. Es aquí en estas esferas donde entra en juego la crisis de la condición humana y la cultura. 

Para ella el mundo común, por decir, que posibilita la convivencia entre iguales y la pluralidad, se deteriora en nombre de la seguridad biológica del ser humano. Pienso que lo importante es el dialogo y la pluralidad de umbrales para poder captar y comprender el mundo y la vida humana.

En Diario filosófico, La condición humana y Entre el pasado y el futuro, expone su teoría del arte. Y refiriéndose a la estética de Kant escribe: “en lo bello, sin embargo, aparece el mundo, no la humanidad sino el mundo habitado por el hombre”. Así que, la esfera del mundo le posibilita definir la relación del arte y la reflexión política; y concatenarlo con lo bello y la convivencia social. De ahí que el arte no es ajeno al devenir histórico y social de los pueblos y las personas.

                                     Madrid-España a 04/04/2023