domingo, 16 de abril de 2023

LA LENGUA Y LA LITERATURA SON SIEMPRE UN HOY

      A todos los seres humanos que todavía son capaz de captar la manifestación 

de la belleza o del sentimiento estético por medio de la Palabra, el Arte y la Música.

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

En esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y de cultura de masas, no podemos olvidar que los cambios en el ámbito del lenguaje que se gestaron en el transcurso del siglo XX, afectaron el espíritu lingüístico del hombre y su estructura sintáctica. De otra parte, diluyeron las fronteras de la identidad, la magia de la vida y de la muerte. Además, esa distinción entre Yo y Tú, por la que el animal hablante entró en la historia, ya no resulta tan evidente. Atravesamos un período de cambios profundos. Donde el estado transitorio del tiempo y la identidad personal, del Yo y la muerte física, influyen en la condición y las posibilidades del lenguaje.

 En pocos espacios de tiempo hemos podido ver como la conciencia étnica e histórica, las gramáticas heredadas, el recuerdo, la memoria, algunas veces no dan cuenta del “Ser” y el “sentido” de trascendencia. Y, esto se convirtió en un fenómeno ontológico que se concatena a uno histórico, metafísico y epistemológico. Ahora bien, sí los universales históricos cambian –dice George Steiner-, si las estructuras sintácticas de la percepción se modifican, se modifican también las formas de comunicación. Entonces el discutido papel de las tecnologías de la información, los medios electrónicos, las redes sociales, la comunicación simultánea, las Plataformas Digitales, la Inteligencia Artificial, serían sólo un fenómeno secundario en la economía de la existencia.

Además, somos parte de un mundo que vive bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el descrédito de las instituciones, el nepotismo político, las injusticias sociales, el racismo, el nacional-populismo, la crisis económica y financiera internacional, son apenas señales de la quiebra de los valores públicos y la disolución de las referencias colectivas. Esta atmósfera nos deja perplejo e inermes, porque las pautas y los puntos de referencia a los que nos agarrábamos, se están disolviendo. Esto se concatena en otras instancias, a una implícita añoranza de la coherencia moral y del Yo concreto.

 En este orden, Nietzsche y Kierkegaard en el siglo XIX, Benjamín y Steiner, Lévinas y Ernst Bloch en el siglo XX, vislumbraron la catástrofe que se veía venir. Una catástrofe que dañó los centros vitales de la cultura y la civilización occidental. Este acontecer inexorablemente repercutió en el lenguaje, ya “que rechazó la semejanza entre los hombres; el principio fundamental del Humanismo” –al decir de Benjamín.

Si la crítica del lenguaje surgió de una situación de crisis. No es ajena a los soportes técnicos, a las condiciones y modalidades del lenguaje. La relación contradictoria entre lenguaje y poder, posibilita observar que, en la civilización tecnológica y la sociedad de masas, continúa siendo un instrumento de manipulación y opresión del ser humano. Por eso no nos extraña que la crítica del lenguaje en el transcurso del siglo XX, venga en su mayoría de escritores y pensadores judíos.

 Porque perciben lo que acaeció entre 1914 y 1945, estupefactos y desconcertados, en un mundo que se desmoronaba como un castillo de naipes. Por entereza moral y necesidad histórica dan cuenta del “grado de disolución de las normas civilizadas y las esperanzas humanas” (Steiner).

Son conscientes que las políticas autoritarias y totalitarias de la primera mitad del siglo XX, degradaban la condición humana, también que resquebrajaron los cimientos del lenguaje natural. En una atmósfera como esa “las palabras, esos guardianes del sentido, no son inmortales, no son invulnerables”, escribió Arthur Adamov en su cuaderno de notas correspondiente a 1938; “algunas quizás sobrevivan, otras son incurables”.  Cuando la guerra estalló, se limitó a añadir: “Agotadas, roídas, las palabras se han vuelto esqueletos de palabras, palabras fantasmas; todos rumian y eructan sus sonidos entre dientes”. Quizás en la actualidad estas elocuentes palabras de Adamov se pueden aplicar no sólo a la guerra de Ucrania, de Afganistán, de Etiopía, de Colombia, de Yemen, la israelí-palestino, entre otras; sino también a la atmosfera que se respira en el contexto internacional.

En la actualidad controlar el lenguaje, las imágenes, los signos, los algoritmos; como también Facebook, Twitter, WhatsApp, Internet, las redes sociales, significa el control de los medios y los modos de comunicación globales. Pero también el control del cerebro, del gusto, del sentimiento, el cuerpo y la subjetividad del hombre. Esto genera un tipo de experiencia y vivacidad que permite vislumbrar su “telos” siniestro.

 Desde el umbral político, el que ejerce el poder se preocupa por el pensador, el poeta, el narrador, el artista, el dramaturgo, el cantautor, el periodista, el humorista, etc. Porque son los que cuestionan la realidad y reflexionan sobre la condición humana. Es decir, sobre la retícula donde descansa la naturaleza del Ser y el existir. Así como la policía se preocupa por el hombre de carne y hueso, más no por sofismas deliberados. En este orden, la economía del poder es consciente que un modelo autoritario y uniforme de sociedad, aspira a dominar el cuerpo y el alma de las personas. En un tipo de sociedad como ésta se tiraniza, se manipula, se vacían deliberadamente las palabras de sus significados esenciales.

 Y estos cambios permiten que se transforme el orden de la existencia -la libertad en esclavitud, la esperanza en desesperanza, la paz en guerra, el amor en odio, la libertad de expresión y de prensa en miedo, la tolerancia en xenofobia, la vida en muerte-. Algunas naciones y Estados de corte nacional-populista de izquierda o de derecha en la actualidad, se ponen la máscara de la libertad y de la justicia social para implementar la desconfianza hacia el Otro, la defensa de la lengua, de la cultura y las tradiciones nacionales, en nombre de la discriminación, la tortura, el racismo, el exilio, la libertad de expresión, de ser y estar en el mundo y su realidad. Y esto es sumamente grave que se de en sociedades y Estados democráticos modernos.

Los gobiernos autoritarios o las democracias populistas desean extirpar el pasado de la memoria humana. Para que las personas no se remonten a las fuentes verbales de la historia. Significa en la actualidad remontarse a la memoria y el recuerdo para “detener el avance catastrófico que nos repugna”. Desean borrar las huellas dejadas tras de sí, la experiencia y la historia del ser humano. Así, el pasado se reinventa para justificar el presente. “El tiempo pasado –nos recuerda Steiner refiriéndose a la sintaxis surrealista de Jerry y Artaud- debe ser excluido de la gramática política y de la conciencia individual”. Porque en el tiempo presente, “recordar es exponerse a la desesperación: y el tiempo pasado del verbo ser no da por sentada otra cosa que la realidad de la muerte. No deja de ser comprensible esta metafísica del instante, este cerrar de golpe las puertas que dan a las extensas galerías de la conciencia histórica” (Steiner).

Ahora bien, sí los fenómenos históricos, las experiencias, los mitos, las costumbres, los usos, los nombres, la existencia misma, son borrados por decretos. La memoria del artificio, las ficciones y mentiras deliberadas, remplazan la diversidad de la memoria individual. Y, entonces el olvido favorece a la falsificación. Por así decir, cuando el pasado verbal, la memoria histórica o el recuerdo, se cambian por un presente impersonal y un futuro utópico, “al ser una mentira constantemente modificada y renovada, el pasado se vuelve presente” (Steiner).

Asimismo, el devenir histórico muestra hoy día, que la crítica del lenguaje nos enfrenta a otros actores. A la alta civilización tecnológica, a la sociedad de masas y a la cultura de masas, al lenguaje político banalizado por la primacía de la imagen y los lenguajes digitales. Un ámbito donde se entrelazan los signos de unificación común. Un lugar donde el pensamiento y el escrutinio del espíritu salen mal parados. Así, los “grupos de poder” hacen del lenguaje un “instrumento”, donde la “situación política o social dominante urge idealizarse a sí misma para justificar moralmente su existencia” (Walter Benjamín). 

En un tipo de sociedad como ésta los “instrumentos especulativos” o las “palabras”, no responden a las apetencias y esperanzas humanas. En consecuencia, cuando un pueblo no está acostumbrado a escuchar la voz de su lengua, la poesía, el arte, la literatura, estará más predispuesto a la esclavitud. De ahí, precisamente, la importancia de la lengua natural, “más antigua y perdurable que todo lo existente”. Que hace participe al poeta y al escritor como “portavoces de su sabiduría y de su conocimiento del futuro”. Por eso, “la lengua y la literatura son siempre “hoy” y a menudo –sobre todo allí donde haya un sistema político digno- puede llegar a constituir “mañana” (Joseph Brodsky).

Desde una perspectiva política la crítica del lenguaje posibilita develar que, en todas las épocas de la humanidad, han existido embaucadores, demagogos, los que, en nombre de la verdad, la justicia, la libertad o, de Dios, se convierten en falsarios de la historia y del lenguaje. O, de la memoria verbal de los pueblos y las naciones. En una época se ponen la máscara del revolucionario o del conservador; en otra la del progresista o reformista de la sociedad. Pero en nombre de sus principios o de sus ideales, se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad, lo cual no es tan raro como parece.

 

                                     Madrid-España a 15/04/2023

martes, 4 de abril de 2023

 PINCELADAS SOBRE EL PENSAMIENTO DE HANNAH ARENDT

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt (1906-1975), es una escritora y filosofa de origen judío que entrelazó la historia, la política, la filosofía, el arte y la literatura, en sus obras. Trata de resaltar y revelar la posibilidad de conocer el importante papel que en sus reflexiones desempeñan la poesía, el arte, la narración literaria y la crisis de la cultura. Comprender la articulación de la genealogía de algunos de sus textos más relevantes y de ciertos temas que atraviesan su obra es de suma importancia. Trabaja, por ejemplo, las iluminaciónes de autores como Bertolt Brech, Herman Broch, Nathalie Sarraute y Rainer María Rilke, entre otros.

Pero es importante resaltar que la época en que escribe está marcada por el ascenso de la sociedad de masas, la cultura de masas, y el paso de la sociedad a la sociedad de masas, la técnica y la ciencia, que le posibilitan una reflexión sobre el papel del arte en el Mundo Moderno. El arte en su pensamiento es fundamental, porque contribuye a entender el contexto histórico, político y cultural, en el que escribe. El arte y la cultura y, en general, la estética, son importantes en los movimientos de su pensamiento.

La teoría de la acción que expone en la Condición humana, concatena las interacciones y las analogías entre el fenómeno estético y el político. Así que, desarrolla su teoría a través de comentarios, criticas, análisis, reseñas, artículos, sobre escritores. Pero en la Condición humana podemos leer una breve teoría fenomenológica que gira en torno a la relación del arte y la tripartición de la vita activa y la temporalidad –sobre el significado político y social de la crisis en la cultura. (Fina Birulés y Ángela Lorena Fuster).

Para ella uno de los conceptos más importante es el de mundo a través de su relación con la vita activa. El mundo común no se reduce a las personas que viven en él; es el espacio que hay “entre” ellos. Así pues, el mundo común no es idéntico a la naturaleza o a la Tierra, sino que se relaciona con “los objetos fabricados por las manos del hombre, así como con los asuntos de quienes habitan juntos en el mundo hecho por el hombre”. Convivir en el mundo significa compartir los objetos hechos por los hombres; un mundo de cosas está entre quienes lo habitan. El mundo relaciona y separa a los que lo habitan; como a la vez impide la reducción del uno al otro.

Asimismo, es importante recordar que el mundo humano es el espacio para relacionarse, desplazarse y compartir con el otro o los otros. De ahí que la libertad no es algo natural a los hombres, se adquiere en el tejido de las relaciones humanas. El ser humano adquiere la libertad cuando interactúa con los otros en la sociedad. La libertad no es un don divino, ni la adjudica el poder político, ni el técnico, ni el científico, ni económico, ni el cultural, sino que se adquiere en el tejido de relaciones con los demás seres humanos. Asimismo, “se diferencia de otros pensadores, porque valora positivamente la dimensión artificial derivada del hacer humano”. (Birulés y Fuster).

Así, en la esfera de la vita activa, diferencia la labor del trabajo. El producto del laborante es inmediatamente consumido; los productos del trabajo –sean objetos de uso, objetos de goce como las obras de arte- una vez terminados, persisten. La estabilidad, la durabilidad de los objetos del trabajo, son los que posibilitan la objetividad. Para el mundo, lo esencial es la estabilidad, la durabilidad, la artificiosidad e intersubjetividad.

De otra parte, aunque sea un mundo artificial es, un mundo que perdura después de la muerte de quienes lo construyen. Este espacio público no está constituido tan solo por los productos del trabajo sino también por la cultura y las instituciones. Por eso, el caos, la violencia, la guerra, el sufrimiento, el dolor, la crisis política o social, se expresan en el arte; o, en otros términos, en las formas estéticas. El arte no es un mero adorno. Como lo expresó Giambattista Vico (S. XVIII), es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión en una forma material concreta. En su origen la facultad peculiar de todos los objetos: “captar nuestra atención y conmovernos” –dice Arendt.    

De otra parte, considera que el mundo es habitable y posibilita trascender la vida biológica, gracias a la acción y la palabra. Si se corrompe la acción y la palabra (la poesía, la novela, la música, el discurso político, la sabiduría, la comunicación entre los hombres, etc.); expresan la crisis en la cultura. En toda comunidad que construye un mundo vivible la crisis de la vida pública se comunica en el lenguaje y la cultura. Sólo percibimos los efectos de la acción en la intangible trama de relaciones humanas. O, en la estabilidad de las relaciones intersubjetivas. De ahí es necesario mirar detrás del forro de los fenómenos y develar el verdadero sentido de la vida, del mundo y su realidad.

Para elaborar su concepción política se basa en la poli griega, y reconoce que las personas son libres para desplazarse y no están condicionadas por sus necesidades biológicas. Se reconocen así mismas como agentes, libres, pares. Cuando analiza la sociedad moderna, su crítica no se reduce a un simple lamento acerca de cómo los modernos conceden tanto valor a la técnica, sino que su preocupación básica gira en torno a las consecuencias que detecta en el hecho de que la sociedad moderna esté organizada según la labor. Mejor dicho: no le interesa en demasía el problema de la técnica en la modernidad, sino como está organizada según el trabajo.

La Edad Moderna la muestra no como un retroceso paulatino de la naturaleza, sino como un desmesurado avance de la misma y, por ello, como una progresiva pérdida de mundo común. (Birulés y Fuster). Piensa que la modernidad prioriza la vida biológica sobre la del espíritu, el pensamiento, las artes y el mundo común. El mundo que compartimos por la palabra y la acción.

Cree que en la modernidad prevalece la vida biológica del ser humano (la subsistencia, la reproducción, el consumo, el ocio vacío que envilece la personalidad y obstruye al espíritu a elevarse en el tiempo y el espacio, etc.), sobre los más altos valores subjetivos y mentales del ser humano. Ahora, sí la vida biológica gana terreno sobre la subjetividad y prevalece el mundo de la técnica, las relaciones artificiales priman sobre las relaciones de sentido. En otros términos, prevalece la “civilización del artificio”.

Este devenir histórico trae consigo la crisis de la esencia humana: el amor, la felicidad, la fraternidad, la libertad, el sentido de la vida y de la muerte, etc. Asimismo, degrada los elementos que componen la condición humana: la vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra –al decir de Arendt.

Por tanto, la Época Moderna está estructurada, organizada y funciona, de acuerdo a las satisfacciones biológicas del ser humano. Así que, el sistema del capitalismo global o el sistema del capitalismo tecnológico, lo expresa en el mercado de “valores” y bienes de consumo. En el mundo objetivo hecho por las manos del hombre y, a la vez mundo artificial, el hombre no sólo produce mercancías para ser consumidas. Sino también una trama de relaciones que se manifiestan en la esfera política, social, religiosa, el Estado y las instituciones, el arte y la cultura.

 El mundo adquiere durabilidad, estabilidad, permanencia, en la civilización del artificio y las relaciones intersubjetivas. Un tejido que en el espacio público expresa el mundo común, el que se comparte “entre” todos los seres humanos. Además, la Época Moderna prioriza el mundo objetivo sobre el subjetivo; donde prima el consumo de mercancías desechables (neveras, televisores, colchones, casas, carros, máquinas, móviles, ordenadores, etc.), sobre el mundo del espíritu, la esfera de la sentimentalidad, el ámbito del pensamiento, los valores de la moral y de la ética, y el sentido estético del mundo y la vida. Es aquí en estas esferas donde entra en juego la crisis de la condición humana y la cultura. 

Para ella el mundo común, por decir, que posibilita la convivencia entre iguales y la pluralidad, se deteriora en nombre de la seguridad biológica del ser humano. Pienso que lo importante es el dialogo y la pluralidad de umbrales para poder captar y comprender el mundo y la vida humana.

En Diario filosófico, La condición humana y Entre el pasado y el futuro, expone su teoría del arte. Y refiriéndose a la estética de Kant escribe: “en lo bello, sin embargo, aparece el mundo, no la humanidad sino el mundo habitado por el hombre”. Así que, la esfera del mundo le posibilita definir la relación del arte y la reflexión política; y concatenarlo con lo bello y la convivencia social. De ahí que el arte no es ajeno al devenir histórico y social de los pueblos y las personas.

                                     Madrid-España a 04/04/2023

sábado, 25 de marzo de 2023

LA ÉPOCA ACTUAL COMO UN TIEMPO DE TRANSITO


 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Reconozcamos que una época como la actual, es, un tiempo de tránsito, paradójico y preñado de zozobra. Las innovaciones en el “canon” científico-tecnológico y el ámbito de las comunicaciones, nos compelen a procesos discontinuos, fragmentados. Procesos donde los signos vitales y las formas léxico-gramaticales se están dilatando. Estas transformaciones inciden en el espíritu del lenguaje y los contenidos semánticos de la Gramática de la vida. En este estado de cosas, las presiones que ejerce la tecnología, la comunicación rápida y simultánea -los modelos computacionales, la teoría de los juegos, la concepción cognitiva de la psicología y de la lingüística- sobre la naturaleza del Ser, están erosionando la vivacidad de las gramáticas heredadas.

 Cambios que se manifiestan enfáticamente en la esclerosis de los clichés, la parálisis de la imaginación, de la capacidad de asombro y la facultad de interrogar; como también el olvido de la memoria verbal y las corrientes del espíritu. Los instrumentos tecnológicos de la comunicación rápida y simultánea –por ejemplo-, están creando una nueva manera de abordar la información, la comunicación, la relación con el mundo y su realidad, la relación del Ser y el pensar, del Ser y el lenguaje. Además, los soportes tecnológicos están posibilitando un nuevo ecosistema para la cultura y la civilización contemporánea. Lo cual no es tan raro como parece, en una civilización abstracta, automatizada y veloz como la nuestra.

 Sabemos que las técnicas de la inteligencia artificial (IA), son múltiples que van desde la teoría y las prácticas de juegos hasta los sistemas de traducción automática, la forma en que las máquinas interpretan, traducen y clasifican imágenes. Se trata que la inteligencia artificial iguale o supere a la de los seres humanos. Las máquinas tendrán capacidad intuitiva, de imaginar y de conocer, para intentar igualar los tiempos verbales del ser humano. Ese será el reto afrontar en los próximos treinta años.

 Así que, la técnica de repetición algorítmicas capacitará a las máquinas para estructurar frases con sentido. Lo paradójico consiste en que el lenguaje natural se remplace por la probabilidad matemática que ofrecen los algoritmos en una conversación. La mate-matización del mundo y su realidad, de los contenidos espirituales del lenguaje, trastocarán en el futuro próximo la naturaleza del Ser y del existir. 

De ahí que los algoritmos que se crean, se desarrollan y se acumulan, brindan la posibilidad de aplicarse en diferentes áreas de la inteligencia artificial. Así, usando los “algoritmos de aprendizaje forzado”, posibilitan, entre otros, estudiar la fusión nuclear, las predicciones meteorológicas observando el movimiento de las nubes y entender las consecuencias del cambio climático. 

Lo importante de estos algoritmos es que son una metaciencia: que se puede aplicar a la física, la biología, las matemáticas, etc. La metaciencia tiene una pluralidad de aplicaciones y multimodalidades que se utilizan en los diversos algoritmos de inteligencia artificial.

 Así que, en las investigaciones en inteligencia artificial por avanzadas que lleguen a ser, las máquinas no tienen consciencia. Estas pueden decir qué hora es, que días es, que clima tenemos, pero con limitaciones básicas. No tienen consciencia de su existencia y tampoco memoria y rememoración. Porque cuando hablan de algo empiezan de cero y estructuran lo que quieren decir desde el presente que hablan. 

Es tan compleja la estructura y la función del cerebro, que no entendemos en su totalidad nuestra inteligencia a pesar de los avances neurocientíficos. Por eso, la filosofía, la sociología, la politología, la historia, la antropología, el arte, las humanidades, etc., se implican en las investigaciones sobre IA.  Por tanto, los avances epistemológicos, técnico-científicos hay que percibirlos en su cultura. Porque las consecuencias a corto o largo plazo de la IA en la naturaleza humana, hay que analizarlos, criticarlos, pensarlos, desde diversos umbrales, desde la experiencia, el saber y el lenguaje.

 Se hace necesario en este estado de cosas, que el hombre se mire como en espejo a sí mismo, y no se deje embriagar por los espejismos de la informática, la tecnología automatizada del proceso de datos, la inteligencia artificial, y haga un punto de inflexión y mire y reflexione qué se esconde detrás de ellos. En el mundo y la realidad que vivimos, es necesario, “que el hombre de la calle Tú y Yo –es decir: el hombre civilizado, el hombre del movimiento y los fenómenos históricos, tome sus criterios de la esencia inmóvil y sobre-temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la Historia. Entonces podamos salir de las abstracciones, las funciones, las divisiones del trabajo”. (Ernst Jünger).

 Cuando esto acontece, el ser humano se pone en relación con la Totalidad, lo Absoluto, lo trascendente, que retorna sobre las alas de la “Revelación” y la “Redención” que moran dentro de él. Sólo podemos salir de los sistemas racionales, de la maquinaria del Estado –con su aparato de burocracias administrativas o jurídicas, policivas o de seguridad, del círculo de la producción, la mercancía y el consumo, del mensaje vacío de las redes sociales -si conservamos las reflexiones del pensamiento, el espíritu crítico y el lenguaje. O, mejor dicho, si retorna el viento de la Historia Universal encarnado en el concepto de “salvación”. Por eso el sentido de la historia universal mesiánica trata de redimir a la humanidad de los antagonismos, las injusticias sociales, las contradicciones de la historia universal.

En este orden, la filosofía de la historia descansa en los brazos de la ética, y proporciona el fundamento de que Dios es el redentor de la humanidad. Como expresó Herman Cohen: “El redentor de Israel ha llegado ser el redentor de la humanidad”. Entonces nos embarga un intenso sentimiento de dicha. Se trata de restaurar el rango de la naturaleza humana, a condición de que se eleve sobre sus miserias, las limitaciones de la técnica, lo automático y lo estadístico. Ese rango sólo lo alcanza quien gira sobre sí mismo y, no alberga “la posibilidad de verse hipnotizado por el rostro del poder, que monstruoso o maquillado, es siempre temporal”.

Para comprender lo que sucede en la actualidad, es necesario organizar el Mundo Inferior de acuerdo al Mundo Superior.

 Ahora bien, si se transforman los contenidos materiales y espirituales del lenguaje, inciden en las diversas formas de comunicación, representación e interpretación del mundo y la realidad. En otros términos, inexorablemente se transforma la naturaleza del Estado, las instituciones públicas o privadas, los partidos políticos, los grupos de presión o los sistemas de gobierno, etc. Si en la “estructura profunda del lenguaje” descansan los “universales lingüísticos”, los diversos cambios en la cultura y la civilización actual, son sólo su débil reflejo.

 En este orden, podemos leer, interpretar, describir, analizar o criticar, la vida o la realidad, en y por el lenguaje. Porque son los contenidos lingüísticos de la cultura, los que expresan la construcción verbal de la historia y la sociedad. Por así decir, en el mundo actual la perversidad, el odio, el horror, la corrupción, la muerte que se advierten en los asuntos humanos, casi siempre empiezan por el lenguaje. Se confirma que los aparatos donde se reproduce la palabra y la escritura, los signos y las imágenes, no son ajenos a la política y a la destrucción de la cultura.

 Porque las ruinas de la Historia y de la cultura “guardan” atenta y necesariamente el instante infinito que se espera. (Juan Barja). Por eso Benjamín funda el concepto de progreso sobre la idea de catástrofe. Que esto “siga sucediendo es la catástrofe”. “Construcción” presupone “destrucción”. Piensa que “el progreso no está en su elemento en la continuidad del curso del tiempo, sino en sus interferencias: allí donde por primera vez, con la sobriedad del amanecer, se hace sentir algo verdaderamente nuevo”.

Así que, el concepto de progreso aplicado al desarrollo de los lenguajes digitales y, en particular, al de las ciencias particulares, lo que deja a la vera del camino, es un montón de ruinas materiales y lingüísticas. Somos propenso en esta sociedad tecnológica y de masas, a ver el desarrollo de las ciencias particulares y de los lenguajes digitales y no el deterioro de las sociedades y de las lenguas naturales. El concepto de progreso encierra el de “catástrofe” y el de “destrucción”. Donde el hombre inmerso en la vigilia de la vida cotidiana ve “progreso”, el hombre que sueña ve “catástrofe”. “El hombre que sueña y soñando se acerca a un nuevo despertar” – al decir de Benjamín.

Entonces el mundo de la vigilia es tocado por las imágenes del sueño y, presto se abre a vivencias, interpretaciones y conocimientos. Sabemos que no existe contradicción entre las ciencias del espíritu, las humanidades, las artes y la filosofía y las ciencias positivas, cuando lo que prima es el bien social. Porque las primeras, han de contribuir a no percibir “el mundo como un lugar triste y confuso”, sino también lleno de matices multicolores y discontinuos, de amor y felicidad, solidaridad y fraternidad. Así el mundo es más soportable y vivible. Y, las segundas, que contribuyan en esta época materialista y hedonista en que vivimos, a la búsqueda “de un interés más amplio de distribución de los bienes y oportunidades materiales”.

Que los problemas sociales, económicos y gubernamentales, sean asumidos desde lo político, humanístico y científico-técnico, para alcanzar la justicia social, el bienestar de la humanidad, la paz, el dialogo entre generaciones y naciones. Por eso, la educación ha de prestar mayor atención “al mundo en que vivimos”, porque estamos destinados a la muerte. Hay que dejarlo mejor que como lo encontramos.

 Estas consideraciones humanísticas, filosóficas, lingüísticas y cientifico-tecnicas, a las que he aludido, hacen “hincapié abrumadoramente en la importancia de la libertad espiritual e intelectual”. Por eso, la ciencia experimental, la ciencia médica, la biológica, las matemáticas, la física; son tan importantes como la teoría del lenguaje, la música, el arte, la arquitectura, la filosofía, como expresiones ilimitadas del espíritu humano.

Como dijo Abraham Flexner: “Ninguna de estas actividades necesita otra justificación que el simple hecho de que sean satisfactorias para el alma individual que persigue una vida más pura y elevada”. En esta época interconectada en Red y de imágenes en movimiento, importantes es, develar las relaciones de poder y el sentido del saber que ocultan tras de sí. El asunto que estoy reflexionando presenta hoy en día una relevancia interesante. Porque no sólo está en juego la libertad espiritual e intelectual del individuo, sino también de la sociedad en general.

Estamos entregando poco a poco las posibilidades de reflexionar, la capacidad de crítica, los contenidos de las experiencias, la sensibilidad estética de la existencia; aquello que eleva y dignifica la vida del hombre sobre la tierra, por unas pocas monedas de lo actual. Sabemos que en ciertas áreas del mundo y en determinados países se está efectuando una “caza de brujas” sobre la libertad del espíritu humano (libertad de expresión, libertad de pensar, libertad de escribir, libertad de movimiento, libertad de culto, etc.), que presionan a millones de seres humanos a migrar, a pasar necesidades materiales y espirituales, a sufrir xenofobia, racismo y hambre.

El enemigo real de la libertad y del espíritu humano es, quien lo quiere someter a unos principios ideológicos, religiosos, de control y vigilancia, en su vida privada y pública. Que se sitúe en un nivel irreflexivo e instintivo que responda al llamado de la voluntad y a las relaciones de poder.

En esta época de alto desarrollo técnico, de cultura de masas y de sociedad de masas, la justificación de la libertad espiritual, sin embargo, no se puede desconocer o abolir en nombre de las tecnologías de la información (la informática más telecomunicaciones). Tener consciencia que la tecnología de los procesos de datos y las telecomunicaciones eléctricas informatizadas hacen inevitable la conjunción entre el poder y el saber. El filósofo Michel Foucault dijo: “el poder crea saber y el saber crea poder”.

Estos elementos estructuran un tejido de relaciones de fuerza, que se distribuyen en las redes sociales y las instituciones. En suma: el espíritu de la lengua responde a la economía del poder. De ahí que las personas formadas para pensar se convierten en algo incómodo para los que ejercen el poder. El filósofo, el artista, el poeta, el escritor, el músico, el dramaturgo, el pensador, entre otros, son la voz de los que no tienen voz. Son la conciencia crítica del mundo y de la realidad, frente a los “centros de poder” distribuidos en las redes globales. Son seres política y socialmente repudiados por el Sistema y los guardianes del “status quo”. Por esa razón, considerar la preocupación por la condición actual y la vitalidad futura del lenguaje, como algo coyuntural –dice Steiner– equivale sencillamente a no comprender lo que sucede.

Como consecuencia de la barbarie política de siglo XX y principios del XXI, del mal uso del lenguaje, la manipulación de los medios masivos de comunicación, de las redes sociales, al servicio de los políticos y las Grandes Corporaciones –se tiraniza el lenguaje, se viola la intimidad, se manipula la autonomía de la voluntad o, se coarta la libertad. Estas transformaciones del espíritu lingüístico del ser humano, intensifican los procesos de falsificación en los asuntos públicos y privados, que siempre forman parte de las difíciles relaciones entre el lenguaje y el poder.

 

                                      Madrid-España a 25/03/2023

jueves, 9 de marzo de 2023

LOS LENGUAJES ARTIFICIALES EN LA "CULTURA DE LO EFIMERO"

  “Sólo en el silencio de nuestros pensamientos tenemos el control de lo que decimo y el poder de ser libres”.

                                                       Julio Betin López

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Los lenguajes artificiales son el espacio privilegiado para hacer del hombre algo fútil destinado al olvido. En estos códigos verbales que están situados en la materialidad de la cultura (medios de comunicación, redes sociales, imágenes en movimiento, etc.), la vida adquiere un cansancio en el devenir de lo siempre igual. En la actualidad vivimos en las sociedades de masas y de cultura de masas, la contradicción entre el discurso de las redes sociales y el mundo y su realidad. En este ámbito, se contraponen la homogenización (del pensar, de hablar, de actuar, de imaginar y de la experiencia cotidiana), a la heterogeneidad de la vida individual y social del ser humano.

Se trata que la diversidad se ubique y actué, en los cinturones de la sociedad y de la Gran ciudad. Porque lo que prevalece para el Sistema o la Estructura, es lo siempre igual. Y, en profundidad se busca “romper el cerco” que teje y desteje, el Gran Poder y develar las relaciones de poder y los discurso que los legitima y legaliza. Para así llegar a la diversidad discursiva o de acción de los lenguajes naturales, la estética, la imaginación y los movimientos del pensamiento.

Ser conscientes que en la actualidad existe una pluralidad de lenguajes que van del hablado-escrito hasta las imágenes y el pictórico. Porque el lenguaje es el que da “forma” y “sentido” a la cultura. Por eso la cultura es una forma del lenguaje. En el mundo actual hay que ampliar las manifestaciones artísticas, filosóficas, humanistas y el dinamismo de la cultura. Porque en esta sociedad de masas y de cultura de masas, somos pobres en las formas estéticas y las creaciones culturales. Porque prevalece la mate matización del mundo y su realidad, la estadística y la política, la técnica y la ciencia, sobre el sentido humanístico de la existencia. La política no está a la altura para cuidar las obras de arte, que son un bien público. (Hannah Arendt).

En este orden la cultura del artificio –un mundo donde la tabla de valores vigente exalta el entretenimiento, la publicidad, el ocio vacío, el consumo de masas y una literatura leve, ligera, fácil de leer, etc.-, se opone a la cultura del libro y de la lectura. Que abre el imaginario individual y una concepción del tiempo discontinuo, que Oswaldo Spengler llamó la necesidad orgánica del sino – lógica del tiempo-:

Es un hecho de profunda certidumbre interior, un hecho que llena el pensamiento mitológico, religioso y artístico, un hecho que constituye el ser y núcleo de toda historia, en oposición a la naturaleza pero que es accesible a las formas del conocimiento analizadas en la Crítica de la razón pura. Por tanto, la historia universal es nuestra imagen del mundo, no la imagen de la “humanidad”. (Spengler). Por eso, en la civilización de Occidente, la historia universal se convierte en la forma enérgica de la consciencia vigilante.

De ahí que las diversas prácticas culturales posibiliten el enriquecimiento de la cultura, la escritura, la música, el arte, la poesía, etc., enriquecimiento del universo cultural actual y universal. Así que, la cultura del artificio se concatena con el desarrollo técnico, y se expresa en los sistemas en Red, la conectividad, que los lenguajes artificiales han transformado en Internet. La técnica es transgresora y está posibilitando una nueva cultura. Por eso hay que percibir la técnica en su cultura. Somos parte de la cultura de lo efímero que responde a las apetencias de la técnica, del capitalismo global y del Gran Poder.

Somos parte dijo Mario Vargas Llosa, en el ensayo “La civilización del espectáculo”, en “Letras Libres”: Del momento en que la obra artística y literaria pasó a ser considerada un producto comercial que jugaba su supervivencia o su extinción nada menos y nada más que en los vaivenes del mercado. Cuando una cultura ha relegado al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituido las ideas por las imágenes, los productos literarios y artísticos pasan a ser promovidos, y aceptados y rechazados, por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados en un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorciones de que es víctima. (Vargas Llosa).

La técnica y, en particular, Internet, están cambiando la estructura piramidal del habla, de la escritura y del pensar humano. Por otro horizontal, que sitúa el “ágora” del mundo en los lenguajes digitales. Se está pasando del logos natural al logos artificial, donde prevalecen las imágenes sobre las palabras, la escritura y los movimientos del pensamiento. Estas transformaciones culturales posibilitan nuevas formas del ejercicio del poder. Porque están “erosionando” no sólo el antiguo pacto social, sino también el Estado y las instituciones públicas y privadas. Y la técnica de la información, la vigilancia masiva, las redes sociales, entre otros, están posibilitando el paso del Estado democrático de Derecho a un Estado Punitivo.

Por eso, el ejercicio del poder o, del orden del discurso, se han diluido en la Red o Internet. Erosionan los puntos de referencia o de orientación, sociales o individuales: líderes políticos, líderes sociales, intelectuales etc. Y en este orden, la concepción y la experiencia de la vivienda, del trabajo, la familia, la comunidad, la amistad, etc. Así que, lo público no sólo prevalece sobre lo privado, sino que se diluyen en la Red. En el teletrabajo, por ejemplo, confluyen producción, recepción y circulación. Se trata de tener presente que, la técnica violó o transgredió la intimidad. Así, el dispositivo técnico prevalece sobre el recogimiento, los sentimientos, la contemplación y la sociedad que da prioridad al maquinismo y la velocidad.

De ahí que en la cultura del artificio existe una crisis de la capacidad de asombro, de la imaginación, de análisis, de crítica y de juicio. Estamos en tiempos de tránsito y, por supuesto, observamos como los valores viejos, tradicionales, que daban sentido a la vida, al mundo y su realidad, se están retirando y los nuevos no se han instalado del todo. Sabemos que los tiempos de crisis arrastran tras de sí, dolor, sufrimiento, y escombros humanos y materiales tirados a la vera del camino. Pero también abre las puertas a grandísimas oportunidades.

En la época actual la crítica al capitalismo global es una crítica a un territorio en el que predomina la locura. Un territorio natural, del sueño y del mito, que expresa e interpreta la locura del tiempo actual. Una locura que se manifiesta desde diferentes umbrales: la violencia físico-psicológica, el desempleo, la guerra, el hambre, la drogadicción, la falta de vivienda, la inmigración, el racismo, los medios de comunicación, los lenguajes digitales o las imágenes en movimiento. Eso que se denomina cultura de lo efímero o cultura del espectáculo.

Walter Benjamín piensa que el suelo del mito tuvo una vez que quedar entreverado con la razón, y que, por tanto, debe ser limpiado de la locura y del mito. Es lo que debe hacerse con el territorio del siglo XIX. Pienso que también ha de hacerse con el territorio del siglo XX. Lo importante del pensamiento de Benjamín sobre el incipiente capitalismo del siglo XIX, no sólo es la limpieza del mito; sino tener presente que la “sensación de lo más novedoso, de lo más moderno”, y la imagen de un “eterno retorno de lo mismo”, son formas oníricas soñadas por una sociedad que “no conoce historia alguna”. Por eso, la define como época del infierno. Se trata de liberar del mito y la locura con el hacha de la razón significa liberarla de las potencias del miedo, la violencia y la sinrazón. Se trata ahora de des-potenciar el mito, despertar de él. ¡Despierto cuando conozco!

Lo importante del pensamiento de Benjamín expresado en el Libro de los Pasajes, consiste en la conjunción de las fuentes metafísicas, histórico-filosóficas y teológicas, que había esbozado en “Origen del drama barroco alemán”. También se encarga de la cultura en la época del alto capitalismo industrial y traduce el hecho económico del fetichismo de la mercancía a nivel filosófico. A la vez, emplea la categoría de reificación para resaltar las antinomias del pensamiento burgués. Considera la reificación del ser humano consciente y libre como si fuera un objeto o cosa no consciente ni libre; también se refiere a la reificación o cosificación de las relaciones humanas y sociales que se transforman al referirse en meras relaciones de consumo de una persona a otra.

Así que, el carácter social del trabajo según Marx, como carácter cósico de los productos del trabajo. Benjamín la traduce como “concepción reificada de la cultura”. Como la cultura en el alto desarrollo industrial y tecnológico, la sociedad de masas y la cultura de masas, se cosifica. El deterioro de la cultura que se genera a fines del siglo XIX, “se alimentó del kitsch, cuya falta del sentido de la forma y del estilo –tan interesante desde un punto de vista histórico- tiene una conexión directa con el divorcio de las artes y la realidad.

Aún después del nacimiento del arte moderno, lo que ocurrió fue una desintegración de la cultura. En esta desintegración, la cultura, aún más que otras realidades, se había convertido en lo que sólo entonces la gente empezó a llamar un “valor”, es decir, un bien social que podía ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales o individuales”. (Hannah Arendt).

Que “las creaciones del espíritu humano no deben sólo su nacimiento, sino también su trasmisión, a un trabajo social continuado”. Así que, el destino de la cultura en el siglo XIX y XX, no fue otro que precisamente su carácter mercantil, que según Benjamín se representaba como fantasmagoría en los “bienes culturales”. En la sociedad de masas y la cultura de masas en el siglo XX, la cultura se transforma en entretenimiento de masas, que se alimenta de los objetos culturales del mundo. (Arendt).

La cultura en la civilización de lo efímero pierde el aura que la caracterizaba y deviene cosificada en objetos de “valor”. La mercantilización y la fantasmagoría de los “bienes culturales”, representan para Benjamín la banalización de las obras culturales: una obra de arte, una partitura musical, una composición poético-musical de la cultura popular, y en consecuencia la cosificación de las creaciones del espíritu humano.

Esto representa la degradación del espíritu de la cultura occidental; y, con la primacía de la técnica en la actualidad, hay que ver las obras culturales y la técnica, en su cultura. Y la cultura que prevalece en la actualidad es, la de la digitalización, las redes sociales, la imagen “pictórica” en movimiento, de la estadística y la banalización de la política, sobre el mundo y su realidad.

Para la cultura de lo efímero y la banalización del lenguaje existe algo fascinante en que nuestras vidas sean insignificantes y estén destinadas al olvido. Que el presente sólo se proyecte a través de la Red, las imágenes en movimiento, la mentira, el odio, la violencia, la guerra, y el hombre “una existencia en reserva” como una mercancía en el mercado de la circulación y la demanda.

George Steiner dijo en el texto “Extraterritorial”: “Lo mejor del hombre se relaciona con el milagro del lenguaje; y hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje perdiera una parte de su energía, el hombre se volvería menos humano. La historia reciente y la ruptura de comunicación entre enemigos y generaciones muestran de manera inquietante lo que significa esa disminución de humanidad”. En la cultura de lo efímero “es cada vez más difícil “ser uno mismo”, encontrar un espacio diferenciado para el idioma, el estilo y la sensibilidad. Bajo la presión del émbolo de los medios de comunicación y la publicidad, hasta nuestros sueños se han uniformados”.

Por la primacía de la cultura de lo efímero, las redes sociales y la conectividad, en la vida de las personas, “la distinción entre yo y tú por la que el animal hablante entro en la historia ya no resulta tan evidente. Atravesamos un período de cambios profundos. Pienso que ese estado transitorio e inestable del tiempo y la identidad personal, del yo y la muerte física, influirán en la condición y las posibilidades del lenguaje. Si los “universales históricos” cambian, si las estructuras sintácticas de la percepción se modifican, se modificarán también las formas de comunicación”. (Steiner).

 La importancia y el discutido papel de la Red, Internet, las imágenes en movimiento, ante “estos niveles de transformación, serían sólo un fenómeno secundario”. Por eso, nuestro sentido de ubicación del hombre en el mundo y su realidad, la forma en que se relaciona el pensamiento y el entorno humano, lenguaje, experiencia y pensamiento, se modifican en la “nuevas utopías de lo inmediato”.

Estamos a las puertas de un nuevo orden de cosas, de los “cánones de imaginación” y de los contenidos de la experiencia, que no representan fielmente el mundo y su realidad. Porque entre los instrumentos cognitivos y el cuerpo social, se interponen distractores, que alteran el tejido de la sociedad y del Ser. De ahí que el lenguaje se constituye en el lugar donde interpretamos y vivenciamos, la existencia individual y las relaciones que tenemos con el entorno.

Como expresó George Steiner: “La utilización espontánea e innovadora del lenguaje define al hombre”.

                                     Madrid-España a 04/03/2023

 

sábado, 11 de febrero de 2023

LA IMPORTANCIA DE LA CULTURA EN LA ACTUALIDAD

 

                                           

 

Numerosas son las maravillas del mundo; pero, de todas, la más sorprendente es el hombre”.

                                                             Antígona.

“El ser humano, en tanto ser político y no sólo productivo, carga consigo la preocupación en torno a la preservación del mundo”.

                                                           Hannah Arendt.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

En verdad vivo en tiempos sombríos”: palabras de Bertolt Brech. Sugiere que los tiempos sombríos no son solo de horror, de dolor o de sufrimiento, sino también de confusión, pues, la palabra o la teoría ya no vienen en nuestra ayuda. Así mismo, Arendt en su colección de ensayos, Hombres en tiempos de oscuridad, sugiere que el espíritu humano camina entre tinieblas. Donde las formas tradicionales de explicación ya no explican nada, esto no significa que no podamos dar con ciertas formas de iluminación que nos permita acercarnos a lo real.

Para comprender el fenómeno humano, no sólo bastan las ciencias sociales o la mirada científica, sino también la iluminación de la palabra. O, dicho, en otros términos, la iluminación de la lectura, de la imaginación y del lenguaje. No podemos olvidar lo que la aproximación del logos, la palabra, la narración, posibilitan con los hechos reales. En este orden, la lectura, el relato, el poema, serían, en ocasiones, caminos de aproximación a la vida y a los hechos históricos.

De ahí nos recuerda Arendt que “la ruptura de la tradición es un hecho consumado”. Esta cadena de catástrofe empieza con la Primera Guerra Mundial y alcanza su punto máximo con el totalitarismo del siglo XX. Como apunta ya en su artículo sobre Hermann Broch, se trata de “la ruptura de un mundo que si se ha mantenido unido y ha conservado su sentido no ha sido gracias a sus “valores” sino al automatismo de sus costumbres y sus clichés”.

Por eso la lectura, la palabra y la cultura en general, ayudan en medio del caos y del horror, a desenmascarar ese mundo, a encontrar la iluminación. Porque permiten a los hombres bajar a las profundidades de la Cripta donde mora la palabra.

Asimismo, nos recuerda Ernst Jünger: “Si se quiere que la palabra sea eficaz, entonces en ella ha de permanecer siempre la magia. Ahora bien, esta ha de ser soterrada en las profundidades, en la Cripta. Encima de ella se alza la bóveda del lenguaje hacia una libertad nueva, que cambia y a la vez conserva a la palabra. La parte de la palabra que suscita el movimiento puro, ya sea de la voluntad o ya sea de los sentimientos, tendría que desaparecer en provecho de la otra parte, la que desvela el núcleo milagroso del lenguaje”.                                                                                            

El lenguaje y la reflexión posibilitan, entre otros, “distinguir entre la cultura y la técnica”. Porque se constituyen en “presupuestos de pulcritud espiritual, como lo es asimismo entre el creer y el saber”. Así pues, “los éxitos políticos y económicos aceleran la superficialización”; favorecen el consumo, la estadística y la manipulación de la consciencia. La lectura, en cambio, precisa la individualidad, interroga la subjetividad y alimenta a la conciencia, para que el ser humano sea más libre, justo y ético. Permite percibir en épocas de tránsito como las imágenes sustituyen el sentido; y, como prevalecen los hechos significativos sobre los actores insignificantes.

Sabemos que lo bello, lo agradable, lo sublime, habla a los hombres, los interpela en el tiempo y el espacio. De ahí que, el “lenguaje del artista esté en su obra”. Una novela, una sinfonía, un cuadro, un ensayo, un poema, si está bien logrado exalta la condición humana, las angustias y las preocupaciones, las alegrías y los sufrimientos, el odio y el amor, el sueño y la vigilia, para que el lenguaje interrogue al mundo y su realidad y, a la naturaleza humana.

Es propio de la condición humana desafiar al tiempo con la creación de actividades que permiten disfrutar a los hombres de cierta cuota de inmortalidad: entre estas encontramos la política, la historia, la filosofía, el arte. Así que, en la estética de Kant vislumbramos estas palabras: “En lo bello, sin embargo, aparece el mundo, no la humanidad sino el mundo habitado por el hombre”. En consecuencia, no son los conceptos sino las imágenes, las intuiciones, la experiencia, la imaginación, la metáfora, los que posibilitan ir allende del tiempo y el espacio. Son figuras que permiten al ser humano interrogar y enfrentar el mundo en el que vive; para que éstos den frutos en uno más humano, más libre y más justo.

Ernst Jünger nos recuerda que “el fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia”. Así, la petulancia toma figura en los inventos técnicos, el consumo, la velocidad, la política o la economía. En tiempos de desiertos espirituales, de oscuridad que nubla la imaginación, es necesario andar por los caminos de la lectura, el lenguaje y el pensamiento. Porque posibilitan el encuentro con lo numinoso, lo mágico y trascendente, que mora en todos y cada uno de nosotros.

En la época actual se trata de la diversidad, la heterogeneidad que posee la fuerza inimaginable que reposa en sí misma. Aquí “el modelo es más fuerte que la copia, el mito es más fuerte que la historia; esta lo repite en variantes. En la decadencia también las propias copias se vuelven más flojas”. Arendt expresa que los escritores y los artistas que le interesan son aquellos cuya obra “no mira hacia atrás ni con nostalgia […] ni constituye una certificación “del lamento ante lo que se ha perdido, sino de la expresión de la propia perdida”.

Walter Benjamín en este orden dice: “¿De qué peligro son salvados los fenómenos? No sólo ni principalmente, del descredito y el desprecio en que han caído, sino de la catástrofe que representa determinada manera de trasmitirlos “celebrándolos” como “patrimonio”. Son salvados cuando se evidencia en ellos la fisura. Hay una tradición que es catástrofe”. Para Arendt, rescatar es tanto un predicado del arte como una parte fundamental de una metodología encaminada a no perder lo valioso en épocas donde se está rodeado de ruinas.

Además, “no cabe negar que las artes eleven los fenómenos a un nivel más elevado de percepción”. No sólo tienen que ver con los fenómenos del Mundo de Abajo, sino también con lo intemporal del Mundo de Arriba. Por eso, lo importante es que el hombre nazca primero dentro de sí. Ya que en el presente-actual, se desvío hacía lo mecánico, lo demoníaco, lo pasajero y, es necesario que se restaure el equilibrio entre la luz y la oscuridad, las huestes celestiales y las demoniacas. “El secreto de esto está en que el sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas”. (Jünger).

Asimismo, “tiene razón Heráclito: nadie cruza dos veces el mismo rio. Lo que en ese cambio hay de misterioso es que responde a las modificaciones de nuestro interior”. Son transformaciones que tienen que ver con la parte curativa de nuestro interior, –“somos nosotros los que nos formamos el mundo, y lo que nosotros vivimos no está sujeto al azar. Es nuestro estado interior el que atrae y selecciona las cosas: el mundo es como lo hemos creado nosotros”. (Jünger)

Ahí reside el misterio de la palabra, lo mítico, lo religioso, lo mágico, que expresa el espíritu, el lenguaje y la experiencia. Esto permite darnos cuenta que no somos ajenos a lo que hemos sido y a lo que somos en la actualidad. Porque sus contenidos espirituales nos posibilitan que nos movamos en el interior de nuestro elemento. “De ahí que sea también importante el que trabajemos en nosotros”. Que nos valgamos de la lectura, la escritura y el lenguaje, para alcanzar la categoría de persona.

Que demos el salto de individuo a persona, porque el primero está más cerca de su parte biológica, instintiva, agresiva, egoísta; la persona, en cambio, linda con las esferas del espíritu y las tablas de valores éticos, morales, espirituales y el sentido estético de la existencia. La persona se relaciona con el “tú”, el “nosotros”, el “Otro”; son principios que exaltan la solidaridad, el respeto, la fraternidad, o el amor. De ahí que la lógica del Capital, del ejercicio del poder, de las finanzas internacionales, se relaciona con la parte instintiva y racional del individuo; más no con los valores espirituales de la persona humana.

El mundo del artificio y trivial en que vivimos, da prioridad a lo “Siempre-Igual”, al “Aquí-Ahora”. De ahí que la publicidad, las redes sociales, la producción en masa y el consumo, posibilitan que se acumulen cosas vacías como escombros de la Naturaleza y la Vida. Así, la pobreza de experiencia, del lenguaje o del pensamiento, incrementan la velocidad y menguan el espíritu que afluye a los hombres.

Por eso, “los hijos de la fortuna son pobres de espíritu; de ahí que resulte comprensible de que no se hallen a la altura del poder que afluye a ellos”. Al ser pobres de espíritu, lo son del lenguaje, la imaginación y los movimientos del pensamiento. También la pobreza del espíritu se manifiesta en la falta de solidaridad, de ser justos, o de tolerancia hacia el Otro. Una esfera sitúa al hombre en su parte material; la otra, en la del espíritu. Una mira hacia el perpetuum mobile; la otra, hacia lo eterno, lo que permanece en el tiempo.

Son la palabra, la escritura, la lectura y la experiencia, los que sitúan al ser humano en el umbral de comprensión del amor, del dolor, la felicidad, del sufrimiento y la muerte. Así, la palabra comunica contenidos espirituales que facilitan comprender que “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”.

Estas esferas de la vida develan que “el ser humano se ha colocado fuera de la obra, se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma, y ahora aquel deviene cada vez más sustituible y prescindible”. Porque “a medida que va desapareciendo la originalidad del ser humano desaparece también su imprescindibilidad; con ello desaparece asimismo el respeto a él”. (Jünger).

 En nuestro tiempo de aridez espiritual, ¿por qué es importante la lectura? Quien lee en soledad desarrolla lo fundamental que mora en él; y tiende al encuentro consigo mismo. Si no leemos nuestros pensamientos son pobres y débiles. La lectura es una “caja de herramientas” que permite desandar lo andado, vivir lo que otros han vivido, imaginar mundos alternos al que vivimos; por eso la palabra y la escritura se revelan como “enemigos” del poder. De las instituciones, los prejuicios, las costumbres, los dogmas ideológicos o religiosos que responden al ejercicio del poder. O, en otros términos, del Gran Poder.

Así que, la lectura ayuda a develar una “luz mágica y soberana sobre la oscuridad natural de las cosas”. A descubrir la analogía universal entre Mundo y Hombre, Mundo y Cosmos. Para Baudelaire era una forma del conocimiento. Por eso la considera una ciencia. Como dice Roberto Calasso: “Quizá incluso la ciencia suprema, si la imaginación es la <<reina de las facultades”. Como lo explica Baudelaire en una carta a Alfonso Toussenel, “la imaginación es la más científica de las facultades, puesto que es la única que comprende la analogía universal, o aquello que una religión mística llama la correspondencia”.

El vaciamiento del espíritu tiene su correspondencia con la falta de lectura. Ya que surte a la memoria, a la conciencia, de las imágenes, la experiencia, el concepto, que facilitan pensar. Nos enseña que el pensamiento es una forma del lenguaje. Así, el hombre no puede existir sin sentir, sin palabra o sin pensamiento, porque para él se convierten en potencias trascendentes y divinas. Por eso la tarea del poeta, del novelista, del artesano de la palabra, se unen al sentimiento estético, a las cosas rítmicas, que son las que luchan contra el tiempo. Es decir, las que luchan contra la muerte.

 

El poeta Hölderlin percibió la alteridad de los usos, las tradiciones; y donde algunos veían costumbre, él vio asombro. Y, elocuente dice:

    Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,

   Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,

   Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,

   Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

 

Me pregunto, ¿por qué leemos? Harold Bloom nos regala un presente divino: “Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás, y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más profundo y auténtico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil”.

Con la lectura y la cultura alcanzamos la “trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos “enamorarse”. Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar […] Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más”. (Bloom).

Quizá en tiempos oscuros como el nuestro, de aridez del espíritu y del lenguaje, exista la esperanza que el arte y el pensamiento vengan a nuestro encuentro para reparar los portillos de la historia y de la vida. Que la cultura y, en general, la dimensión estética de la existencia, contribuyan a percibir las intercepciones entre el fenómeno estético y el político. O, en otras palabras, comprender el fenómeno social y político de la crisis en la cultura. Que permitan percibir el mundo a través de su relación con la vita activa –según la reflexión de Hannah Arendt.

De construir un mundo humano común a todos los hombres, en cuyo seno haya espacio para desplazarse y compartir perspectivas distintas; y recordar que la libertad aparece aquí en el intercambio con los demás y no con nosotros mismos. Un mundo que ha de garantizar la permanencia del hombre sobre la tierra a través de las obras de arte, la política y las cosas “artificiales” hechas por manos humanas. Es importante la lectura, la escritura, el lenguaje, los movimientos del pensamiento y la cultura en general, para testificar la permanencia del hombre sobre la Tierra. 

Ernesto Sábato dijo: “lo primero y esencial es leer con pasión […] Lo único que vale es lo que se lee por necesidad espiritual […] La única cultura que vale y espiritualmente sirve es la que responde a nuestros más profundos y apasionados requerimientos”. Una persona culta, nada tiene que ver con la estadística, con la causa y el efecto, el manejo de una fórmula matemática o de la física, con un tipo de conocimiento especializado. Sino dice Sábato: “quien está en posesión de un conjunto de elásticos sistemas que confieren la intuición y la valoración de la realidad”. Por eso, la cultura en su acepción profunda tiene que ver con una cualidad del Ser y del existir.

“El hombre culto no tiene por qué saber detalles, todo ese galimatías para especialistas: su cultura se enriquecerá, en cambio, si logra saber en qué consiste la idea esencial de esa ciencia, cómo fue inventada, a qué fines humanos sirvió. Así sentirá la ciencia, la filosofía, el arte como campesinos inundados por el agua de rio o de mar sienten los diques que permiten la colonización de nuevas tierras. El maestro debe conducir esos descubrimientos e invenciones”. (Sábato).

En el mundo actual se está perdiendo el habito de la lectura y el interés por la cultura viva, “más vale que el profesor logre fascinar el espíritu de sus educandos enseñándoles a leer unas cuantas de esas obras cumbres que nos dicen todo lo que un ser humano debe saber acerca de la vida y de la muerte, de la cobardía y el coraje, de la desventura y la felicidad, de la esperanza y la desesperación”. (Sábato).

Lo que posibilita no sólo precisar la condición humana, sino también que la educación y la cultura sienten las bases de un modelo de hombre y de convivencia. Porque hoy la violencia, el crimen político, el secuestro, la guerra, el odio, el racismo, el dogmatismo religioso o ideológico, y las diferentes formas de injusticia social, tienden a remplazar el dialogo, la tolerancia y la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Hay que fortalecer y defender ante las diferentes modalidades de autoritarismo, de totalitarismo, de nacionalismos y de populismos, el Estado democrático Social de Derecho. Porque la educación y la cultura, en un Estado democrático, no es la misma, que en un Estado autoritario o nacional-populista.  

De ahí que la educación y la cultura dijo Sábato:

    “Nos servirán para convivir, para comprender a los que están cerca y aún a los que están lejos, para aceptar las desgracias con coraje, para tener mesura en el triunfo, para saber qué debemos hacer con el mundo; para envejecer con grandeza y para morir con humildad”.

                                               Ernesto Sábato

                                       Entre la letra y sangre

                                          Madrid-España a 09/02/2023