sábado, 4 de febrero de 2023

LA JOVEN GENERACIÓN EN EL MUNDO ACTUAL

 

            

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

 Sabemos que la muerte, la enfermedad, el odio, la violencia, el dolor, entre otros, nos enseñan a apreciar ese Don misterioso y divino que es la vida. El hombre sigue su camino de destrucción, de violencia y de guerra para alcanzar la ilusión del honor, el poder y el dinero. Pero olvida que lo esencial del ser humano está dentro de él: la amistad, el amor, la fraternidad, la solidaridad, la libertad y el respeto, etc. Que lo empuja a seguir adelante en la lucha de la existencia y, admitir que el hombre contiene a todos los hombres dentro de sí.

En el mundo, el pasajero mundo de honores, prestigio, poder y dinero, la muerte espera su momento, su momento oportuno para hacer polvo nuestras ilusiones y ambiciones. Por eso el juicio que tiene de ellos, los considera por los beneficios que reportan. Casi siempre en los actos humanos, las ambiciones se imponen sobre la sensatez y lo justo. De ello provienen las desgracias que carga sobre sus hombros como un peso insoportable de llevar. De ahí que la existencia sea triste, gris y caótica, sólo vemos, oímos o sentimos, lo que se devela o se muestra en la superficie. No somos capaces de ordenar el Mundo de Abajo de acuerdo al Mundo de Arriba.

Por la velocidad de la vida cotidiana y el maquinismo, no nos detenemos un momento a meditar sobre lo fundamental de la existencia. Eso que da sentido a la vida. ¿Será que estamos destinados por el Todopoderoso a que los hombres no podamos comprendernos recíprocamente? ¡No hay mejor manera de servir al Creador que amando a sus criaturas! Todo, lo más ínfimo, insignificante, como la hoja de un árbol al caer a la tierra, un grano de arena en el desierto, revelan belleza y armonía para el goce del espíritu. Resulta difícil tener fe en la benevolencia del Señor, pero su Sabiduría resplandece en cada brizna de hierba, en cada mosca, en cada flor, en cada mota de polvo. (Thomas Mann).

El ser humano parece no darse cuenta que, en esas cosas se escode el sentido de la vida. Así que, está enajenado por la ilusiones ópticas y auditivas del colectivo técnico y por el mundo de ese colectivo. Pero también por el mundo del dinero y del poder. Por eso no tiene tiempo para mirar dentro de sí y piensa sólo en las cosas de la vida que le producen poder y beneficio. Pues, hay que recordarles a los malvados que el mundo sólo subsiste mediante la paz y el amor, la fraternidad y la amistad, divinas o humanas.

No sabemos mientras andamos por el mundo que nos depara el destino; pero el que se quita las talanqueras de los ojos del corazón, sabe que, el hombre alimenta su espíritu de las migajas que dejan caer los dioses sobre la Tierra. Por eso, vemos la realidad que vivimos como en espejos, cóncavos espejos, ya que los ojos son incapaces de soportar la luz de las alturas donde moran los dioses. Es como el trabajo del creador, del autor de un libro o una obra de arte, capta la luz que luego se refleja en el lector o el que observa la obra de arte. No sólo hay en la obra de arte una gigantesca fuerza de orientación, sino que la luz que porta en sí desvela la oscuridad de las cosas.

Lo que hay que hacer es, armonizar la muchedumbre de imágenes y luego valorarlas –es decir: dotarles, conforme a una clave secreta, de la luz que corresponde a su rango. Aquí la luz significa sonido, significa vida que está oculta en las palabras. Esto sería entonces un curso de metafísica realizado entre parábolas: la ordenación de las cosas visibles de acuerdo con su rango invisible. Toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio. Si procuramos hacerlo realidad en la palabra, en la frase, en el juego de las imágenes que la vida cotidiana trae consigo, entonces estamos entrándonos en la más alta disciplina, la metafísica. (Ernst Jünger).

La joven generación, la juventud, en su acepción más profunda y elevada nada tiene que ver con la historia económica, con la práctica política, con la ciencia o con la técnica. Es un Don metafísico, algo esencial, una estructura, y una predestinación. (Thomas Mann). Es la luz de la aurora, la claridad sensitiva y racional, que indica el camino cuando los pueblos están en la oscuridad, el caos, la violencia o la guerra. Es la juventud con preocupaciones intelectuales o culturales, la que acompaña a los espíritus despiertos.

Así que, la insolencia del poder se manifiesta cuando quiere solapadamente someter a la juventud bajo el dominio de la civilización, la velocidad y los instrumentos técnicos. Así pues, el deslumbramiento no está en las preocupaciones intelectuales, sino en el confort técnico y los beneficios que reportan. Es falta de pulcritud espiritual reducir ese Don metafísico, a ilusiones ópticas o auditivas o, al lucro o, al ejercicio del poder.

Es una verdad que atormenta al disciplinador, al autoritario, al déspota, o, los que se ponen la máscara de demócratas, que la joven generación trascienda lo establecido por el poder: el Estado y sus instituciones, el presente-ahora, la moral común ordinaria; también el ejercicio del poder que implementa la injusticia, la desigualdad, la intolerancia, el odio, el resentimiento, el revanchismo o, la voluntad de venganza. Quienes quieren domesticarlos casi siempre se encuentran con lo inesperado. Goethe dijo de la joven generación: es embriaguez sin vino.

En su acepción más elevada, es, irascibilidad, movimiento ascendente al encuentro del Espíritu y sus juicios. Sí la juventud es la edad romántica por naturaleza –dijo Mann-. No es el romanticismo que huye de las responsabilidades éticas, sociales o intelectuales y se refugia en paraísos primitivos. ¡No! ¡Mil veces no! ¡De la juventud que hablo es la que siente la espontaneidad de espíritu y la capacidad de asombro! Es la que busca dentro de sí la forma y el contenido de lo que vive.

La juventud está adherida a las raíces de lo elemental y divino que mora en ella. En ella se entrecruza el presente-actual y lo primitivo, el origen como fenómeno originario, que da paso a una nueva estructura, a un nuevo arte, y se constituye en el lugar adecuado para la revelación del lenguaje. Para una persona que anda en los caminos del espíritu, en las preocupaciones intelectuales, la juventud misma, es, la revelación de lo sublime, que mora en el hombre.

De ello depende la develación de la libertad, de la libertad sustancial, primitiva y divina, que aúna forma y contenido, materia y espíritu. Así que, la juventud ha de participar de una u otra forma, en la vida objetiva del espíritu. Esto es: de la historia y de la existencia, de los aspectos problemáticos de la vida. Es un deber moral, espiritual e intelectivo, que haga parte del devenir histórico de los pueblos.

Sabemos que el sentimiento de la vida se identifica con la consciencia de sí mismo. Con los más altos valores de la existencia y del mundo. No se puede suprimir la forma de la vida que posibilita la existencia espiritual. Ni anular la forma de la vida profunda, con estados de inconciencia que responden a la brutalidad y la barbarie. Así que, la juventud debe tender a la afirmación articulada de los sentimientos propios y a una forma de vida especifica. (Mann). Estos hechos e ideales posibilitan que el mundo reconozca que la juventud tiene un sentimiento específico de la vida. En esas circunstancias ésta adquiere el status debido a su nombre. Por eso, es natural que la juventud y la época de la juventud se comprendan mutuamente. (Mann).

Las autoridades establecidas desean que la juventud acepte y se adapte a la idea de comunidad. Al convencionalismo social, a los prejuicios, a la moral común ordinaria, para moldearlos como hace el alfarero con el barro. Si esto sucede ¿dónde queda la libertad individual, los derechos y el libre albedrio de la joven generación? Entre las posibilidades que le ofrece la vida, la juventud debe manejar responsablemente su libertad. Más allá o más acá, si acierta o yerra. Porque no solo se aprende de los errores sino también de los fracasos y los sufrimientos.

Dejemos que la propia juventud adquiera el sentimiento consciente de la vida. Y la juventud es algo distinto a lo establecido, a la estructura y la función de la sociedad, del Estado y las instituciones. Es la relación inmediata con lo primitivo, la aventura y la profundidad de la vida personal. Es la capacidad y la voluntad de afrontar y superar lo que la existencia tiene de natural y de demoniaco. (Mann). En esto se asemeja a lo religioso y a los requerimientos espirituales y morales de todo ser humano. Como expresó Durero: en el sentido de juventud espiritual, de espontaneidad, como fe en la vida, como carrera entre la muerte y la existencia.

La juventud tiene una forma de vida especifica que se corresponde con su tiempo y su espacio. Sus apetencias espirituales o morales responden a sus ideales, no a lo establecido por el Sistema. Por eso, se identifica con la subversión, ya que rompe con lo establecido y caduco de la sociedad. Sabemos que su autoanálisis, el análisis de su subjetividad destruye lo que la vida tiene de inmediato, de natural y sublime. Pero en relación a su propio ser la juventud contribuye a vigorizar la existencia. Adquiere las herramientas de la experiencia, intelectuales o, reflexivas que le posibilitan orientarse en el mundo y conducir su propia vida.

En todos los pueblos la juventud tiende a afirmar su personalidad, más allá de prejuicios, usos y tradiciones. Por eso, la falta de madurez empuja a la juventud al espíritu que le es propio y propicio, para poder enfrentar los avatares de la existencia cotidiana. Así que, lo inacabado e inmaduro que porta en sí, posibilita desgarrar lo establecido por las familias, las religiones, las ideologías, las costumbres o, las autoridades.

En un mundo materialista y hedonista como el actual, ¿qué significa el sentimiento religioso? Es algo distinto de la racionalidad, del mundo dineral o de la técnica, es, quizá la juventud misma, la relación inmediata con lo ignoto, la intrepidez y la profundidad de la vida personal. (Mann). Es una percepción estética del mundo y su realidad, de los avatares de la existencia individual; porque la estética es la madre de la ética. Ello sintetiza lo bueno, lo justo y lo bello de la Humanidad. Es el Humanismo en su expresión trascendente, divina, pero humana. En esta civilización técnica y del espectáculo, de las redes sociales, se hermana con el arte y la filosofía. Estas disciplinas y la juventud misma, responden a los más profundos requerimientos y esperanzas humanas.

Ser joven significa ser original, permanecer cerca de las fuentes vitales. Capaz de levantarse, orientarse y romper las cadenas de una civilización superada, tener el valor que hace falta, y que otros no tienen, para sumergirse de nuevo en las fuentes de lo elemental. (Mann). En la juventud está latente la rebeldía, la aventura y lo inesperado respecto a lo establecido. Por eso el análisis y la crítica sobre la joven generación hay que hacerlo en su cultura. Porque ésta en todas sus acepciones, es la expresión de su cultura.

La juventud porta en sí una secreta marca, oscura e ilegible al comienzo de su vida, que en el transcurso del tiempo se va develando en el gusto, el espíritu, la sensibilidad, la reflexión, la llaneza o profundidad de su vida vivida. Pero, casi siempre, las personas del común no se detienen a descifrar esta oscura e ilegible marca. Sino que le dejan el trabajo al Estado, las instituciones, la iglesia, al poder o, ese grupo de hombres que lo ejercen sin contemplaciones. Por eso los jóvenes son incomprendidos por la sociedad, la moral común ordinaria, el Tiempo y sus juicios. Suscita la juventud cierta oposición critica entre él y el mundo, él y la sociedad. Estimula en el joven la obstinación y la ironía contra el orden social y le induce a buscar protección y refugio en la libertad espiritual, en los libros, en las ideas. (Mann).

Así pues, la juventud es mal comprendida por su tiempo, porque busca la iluminación, la elevación, el entusiasmo y la trascendencia; ante lo fugaz de la vida cotidiana y el presente-ahora. Algunos se quedan tirados en la cuneta que son los muchos, ya que salen corriendo detrás del deslumbramiento del poder, las riquezas, el reconocimiento social y, olvidan lo fundamental de la vida, preocuparse por lo noble, lo inefable, lo superior y divino. Tener la sabiduría que el sentido de la existencia está en el interior de todos y cada uno de nosotros.

Somos parte de tiempos aciagos, tiempos de tensión espiritual, de penas y de zozobras, oscuros y tristes, y la juventud es la fina sensibilidad que los capta, tal como hace el sismógrafo con las placas tectónicas. Por eso están dispuestos a lo imprevisto y son una invitación constante a la innovación. Se cree a pie juntillas que los jóvenes al protestar, oponerse o criticar lo establecido, viven en una alucinación de sus sentidos. Pero están completamente equivocados. Lo que hacen con sus acciones es, derribar los obstáculos, suprimir las inhibiciones y estorbos, que impiden el encuentro consigo mismo, la justicia o la libertad.

Ahora bien, ¿qué hacen en su soledad? Tratar de comprender el mundo y su realidad, que no los entiende; de ahí su ensimismamiento o su carácter interrogativo. Así que, la joven generación se enfrenta a los flageladores del hogar o la sociedad. Es uno de los caminos que le ofrece la vida, para alcanzar la iluminación, la elevación, contra la ignominia y la tiranía. Está expresa en el espíritu, el lenguaje y el pensamiento, de la época que viven.

El mundo y lo objetivo como verdad, niegan lo subjetivo, la aventura interior, lo elemental, como algo sin valor. Por eso, la juventud se opone a la realidad con las armas del presente oportuno y los sentimientos. Porque lo eleva, le aumenta su sensación de energía, de fuerza y dominio propio. (Mann).  Saben que la mentira estimula el odio y se opone a la verdad. A la verdad que tiene como fundamento la libertad. La juventud no sólo consigue dominar las dificultades paralizadoras de estos tiempos. Sino también el tiempo mismo, la época de la cultura y la cultura de la época. Porque posibilita la creación de una época venidera donde la verdad y lo justo, la igualdad y la lucha contra el fascismo, el racismo, la injusticia social, florezcan como prados en flor.

Y ella se apropiará de los instrumentos de la creación y montada en su cabalgadura, absorberá los obstáculos y, en atrevido galope, saltando de un borde a otro los barrancos, y este acto es, mil veces más agradable a la vida que una existencia que arrastra sus pies detrás de las ilusiones ópticas y auditivas de la realidad cotidiana. Ellos saben captar la disolución en la luz de todos los crepúsculos, tal como el pecador que soporta el tormento y la ignominia como partes de la contrición que lo conduce a los pies del Señor.

La juventud desde la esfera del espíritu y la soledad, responde a la llamada del Destino, a abrirse paso desde la subjetividad liberadora, y acceder al mundo para desgarrar la red de la soledad y el dolor, que le impiden relacionarse con las cosas y las demás personas. Expresa la libertad de inteligencia, la libertad de pensar, de interpretación elevada de los hechos elementales.

Un mundo como el actual le pone obstáculos a la juventud para que se habrá paso, para que dé un paso adelante ante los acontecimientos históricos. Saben que el mundo presenta una atmósfera llena de incertidumbres, de penurias y desazón; la guerra, el Dios de la guerra parece marcar el paso de los acontecimientos históricos, acompañado por su consorte de la crisis económica internacional, el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China, la guerra de Ucrania, el Dios de la guerra se manifiesta con crueldad en Yemen, Medio Oriente, Colombia y otros pueblos que son abrazados por el fuego del dolor, del sufrimiento y la muerte.

Existen pueblos en que una “selecta minoría” ha controlado la renta, la riqueza, la tierra, el poder político, la educación y la cultura, y esto se convierte en un problema fundamental en la historia del país. Son pueblos con crecimiento económico, pero con grandes desigualdades. Porque se eleva el beneficio de las entidades financieras y aumenta la marginación social. En este orden de ideas, se percibe en las relaciones internacionales el renacer del neo-nacionalismo y el proteccionismo, del populismo, agresivos y barbaros, que inducen a los gobiernos de las potencias mundiales a invertir en desarrollo armamentístico, más cuando se ha rota el Acuerdo Nuclear entre Rusia y Estados Unidos.  

Ahora bien, en una atmósfera turbulenta y caótica en que vivimos, ¿cuál es el papel de la juventud? Desvelar y criticar el sentido oculto de los procesos históricos y de la guerra, la violencia, el hambre, la injusticia y la violación de los derechos humanos, en particular. Frenar con acciones prácticas el avance de la xenofobia, el racismo, el cambio climático y el recorte de las libertades. Así que, tengamos presente en estos tiempos de nubarrones oscuros sobre la existencia humana y el espíritu, que éste será en su elevada presencia la llama de la vela, que alumbrará en tiempos aciagos y peligrosos para la creación y la acción que dirige y da forma al espíritu.

Como dijo Thomas Mann, en El Doctor Fausto: Tengo, por otra parte, el convencimiento de que las osadas empresas del espíritu, las más libres, las que estarán al frente de los acontecimientos humanos provienen de la joven generación y acabarán siempre por ser benéficas para los hombres.

Sabemos que somos parte de tiempos donde prevalecen los hechos significativos sobre los actores insignificantes. Esto es válido para la política, la economía y la cultura en general. En el horizonte se percibe un nuevo derrumbamiento que afectará todas las instancias de la vida humana. Estamos como pueblo, como nación y como hombres de carne y hueso, expuestos a fuerzas que trascienden moral y físicamente los diques de contención que permiten la “Vida” sobre la Tierra.

Estamos de hecho expuestos a la ley de la fuerza, la barbarie y la muerte. Parece que en el mundo prevaleciera la incomprensión, la irracionalidad y el odio, a toda empresa humana que posibilite, el juicio de los hombres y de Dios, la permanencia de la “Vida” sobre la Tierra. Por eso, la joven generación es la luz que alumbra en medio de la oscuridad y de las desavenencias humanas del mundo que vivimos. En ella se encarna la libertad, la vida profunda de los pueblos y sus generaciones.

                                            Madrid-España a 04/02/2023

IMÁGENES SOBRE El LIBRO DEL GÉNESIS


 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

El Libro del Génesis impregna la materia y la vida de lo trascendente y divino. Algo de eso se conserva en la actualidad, aunque su reflejo sea una débil copia. Con razón se considera como el documento de un acercamiento incomparable. Cabe advertir que contiene fragmentos de un texto primitivo trasmitido hasta nosotros como desde una Atlántida sumergida. Imágenes de encuentros numinosos que se desprendieron como chispas de historias que todavía hoy nos dan que pensar. Diferenciaciones como las que se hacen entre el Árbol de Conocimiento y el Árbol de la Vida, es difícil que procedan del Sinaí; lo que sin duda procede de él, en cambio, es la serpiente de bronce y la zarza en llamas. (Ernst Jünger).

Así que, el fallo del ser humano se traspasa al Mundo, a la Naturaleza, tal vez incluso al Cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de petulancia. Desde la antigüedad el hombre quiere ser semejante a los dioses o a los titanes, y sólo es un pasajero del mundo que no sabe de dónde viene y para donde va. En el frágil y diminuto cuerpo humano, el espíritu, el alma y la mente, se asoma ahora en la actualidad lo primitivo y lo bárbaro del ser humano. Por eso es necesario mirar la oscuridad del pasado, para entender la iluminación del presente.

De ahí que el sisma del Paraíso todavía nos afecta en las esferas de la condición humana: la propia vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra –nunca pueden <<explicar>> lo que somos o, responder a la pregunta de quiénes somos por la sencilla razón de que jamás nos condicionan absolutamente. (Hannah Arendt). Esta trasmutación en el Paraíso afectó a las plantas, a los animales y a los hombres. A eso podría responderse que lo que adquirió eficacia con la expulsión del Paraíso fue únicamente una función del diente, a saber, su función de arma. También es preciso tener en cuenta que tanto en la Naturaleza como en la técnica echan dientes órganos e instrumentos extremadamente diversos. (Jünger).

En el Jardín del Edén se contenían todos los desarrollos posibles, tanto si luego se efectuaron como si no. El catálogo de las cosas posibles está siempre ahí –para que una posibilidad salga a escena es preciso que se la acepte. La posibilidad de algo está contenida <<en sí>>, <<de suyo>>, <<propiamente>>, en la naturaleza esencial de las cosas y de la vida. (Jünger). Así que, todo lo que respira bajo el cielo y las estrellas, continúa viviendo en el Paraíso. La lluvia, los terremotos, el sufrimiento, la violencia o el amor, están contenidos en la Naturaleza que les es propia. Sólo basta que rasquemos un poquito en la superficie, tal como hace Aladino con la lámpara, y, de inmediato, el mago se brinda generoso a lo que pidas.

Así que, en el Árbol de la Vida estaba contenido el Árbol del Conocimiento y todas las formas posibles. Esto confirma la tesis wolfiana de que <<la existencia es un complemento de lo posible>>, podríamos sacar la conclusión de que también la vida tiene que ser aceptada. (Jünger). Lo que sucede es que la existencia queda determinada, desterrada, a una de sus posibilidades. En la esfera social o política la posibilidad se reduce casi siempre al determinismo económico o del ejercicio del poder. Las posibilidades de que el ser humano desarrolle sus potencialidades, son limitadas. De ahí que se piense que el libre albedrío no existe, sino una red de determinismos que condicionan la existencia. La existencia de lo existente, es parte de una Red de sutiles determinaciones. Esto se observa en la familia, los pueblos, las instituciones o, el Estado.

Lo posible es lo ignoto, lo que viene al encuentro de los hombres desde lo atemporal, allende del tiempo. El ser humano en las horas de soledad corre el riesgo de tener un encuentro con lo luminoso y sagrado, el hombre aquí se enfrenta a un misterio profundo y divino. Se enfrenta a un misterio trascendente, místico y espiritual, como lo expresa el Libro del Génisis. En los que le asaltan pensamientos que lo inducen a obrar. La creación de una obra de arte, una partitura, una novela, un poema, contiene, si es buena, sus raíces en la eternidad, o, en otros términos, en la atemporalidad. Por eso resiste aquende del tiempo-ahora, a la arena del desierto que cae en el reloj de arena, al tiempo mecánico que marcan las manecillas del reloj, o, al tiempo abstracto del presente-ahora. Existen lugares donde el ser humano siente que allí hubo un encuentro con lo numinoso o lo demoniaco. Es licito sospechar que hubo un extraordinario aflujo de fuerzas. (Jünger).

Aquende del muro del tiempo la creación queda degradada y pasa hacer procreación, generación. Es una rama que se separa del eros cósmico y produce seres mortales. Así, visiones cósmicas, mágicas, demoniacas, totémicas, heráldicas, fueron cambiando con el nivel del conocimiento, pero también se conservan en el tiempo recuerdos de la veneración de antaño y los terrores tempranos. (Jünger). De ahí que, la rememoración posibilite entender y comprender, lo que acontece en el presente-actual. En el Libro del Génesis están contenidas todas las historias, los mitos, las técnicas, los conocimientos, las experiencias y las lenguas, que han tomado Figura en la actualidad.

Es evidente que el Libro del Génesis se apoya en versiones más antiguas, trasmitidas por vía oral. En su texto está entretejida la heterogeneidad de aquellos animales y plantas con respectos a los actuales, pero también la heterogeneidad del ser humano. (Jünger). Con el predominio de la cultura del artificio, del tiempo abstracto y los lenguajes digitales, en la actualidad. El ser humano está abocado a separase más y más, del logos numinoso y divino, que reinaba en el Jardín del Edén. Así, la experiencia que mana de boca a oído, es, sustituida, por la que ofrecen los medios de comunicación, Internet, y, las Plataformas Digitales, esto produce en la naturaleza humana, una fractura fundamental. Un horror inimaginable del hombre actual, ser incapaz de comunicar los contenidos espirituales de la lengua humana.

Walter Benjamín en La tarea del traductor, en esa introducción de 1923 para la traducción de los Tableaux parisiens de Baudelaire, pone en juego una posibilidad de invertir la degradación del lenguaje en la actualidad. A partir de ahí, en su opinión, el mundo ha conocido tres edades: la de una palabra divina creadora, cuando el lenguaje coincidía perfectamente con las realidades que designa; la de la lengua humana original mediante la cual Adán nombraba a los animales; por último, la que sucede a la decadencia del estado paradisíaco a través de la transformación de las palabras en vulgares signos de comunicación. Filtrada por ese descubrimiento, la verdadera esencia de la traducción sería devolver el recuerdo de la unidad perdida escrutando la presencia del Verbo tras la diversidad lingüística de la humanidad. (Pierre Bouretz).

En el Jardín del Edén el sentido de las palabras está relacionado con lo elemental, con la naturaleza esencial que comunica. Aquí ha de pensarse en una comunicación que no ha menester ni de una lengua materna ni de un vocabulario. Por ende, toda verdad –dice Benjamín en Las afinidades electivas-, tiene su morada o palacio ancestral en la lengua, que ese palacio está hecho de los más antiguos logoi y que, frente a una verdad así fundada, las aspiraciones de las ciencias particulares siguen siendo algo subalterno. (Bouretz). Aquí el pensamiento de Benjamín se concatena al de Heidegger, ¿hasta qué punto tiene la verdad su morada en el lenguaje? La música, pudo ser en el lenguaje del Edén, el último de la humanidad tras la construcción de la Torre de Babel.

Por tanto, no hay arte más intelectual que la música, en ella, forma y contenido se entrelazan como en ningún otro; son, una y misma cosa. Quizá el deseo profundo de la Música es el de no ser oída, ni tocada o vista, sino percibida y contemplada, en un más allá de los sentidos y del alma misma.  Pero ligada al mundo de los sentidos, es natural que se anhele, su realización sensorial, vigorosa y hasta apasionada. (Mann). El encuentro inmediato con las cosas se da a través de los sentidos: vista, oído y tacto. Así como las sensaciones provocadas por el calor, el sonido, la esperanza y la dureza, las cosas se nos meten literalmente en el cuerpo. (Martín Heidegger).

De los instrumentos musicales el piano es el representante directo y soberano de la música misma considerada en su intelectualidad. La enseñanza del piano es considerada, en su esencia más íntima, la Música misma. Por ello, lo elemental en la música es lo original en el sentido de originario. Su estado primitivo nos acerca a la comunicación primitiva del hombre. A la fuente de los más antiguos logoi. Está en el curso de los siglos, por muy desarrollado que sea el edificio de su creación histórica, nunca se ha desposeído de una piadosa inclinación a tener presente sus más rudimentarios comienzos, a evocarlos con solemnidad, a celebrar, en suma, sus elementos. La música conmemora su identidad con el cosmos. (Mann).

La música en su estado primitivo se hermana con la lengua Adánica. En ella se unifica el mito de la música y el mito del mundo, tal como está descrito en el Libro del Génesis. La música se concatena a las cosas del mundo exterior y estas, a la vez, a la música. Así, entre el mundo de las cosas y la música existe un juego de espejos o de ecos que se escucha desde la eternidad. Las revelaciones de lo elemental y primitivo que se comunica en la música, responde a los más antiguos sentimientos de la humanidad.

Así, el ser humano en su esencia intima es, ritmo, sonoridad, cadencia, voz, que expresa lo más sencillo, lo más fundamental, de la naturaleza humana. Para ser digno de la pureza, de la originalidad de la música, de lo que hay en ella de único, es preciso que el corazón pueda llegar al estado de vacío absoluto de predisposición que las Santas Escrituras imponen como necesario a quien desee recibir el cuerpo de Dios. (Mann). Así que, la música en su esencia más íntima, primitiva, evoca siempre su estado primitivo y elemental. En sus comienzos, la música era algo caótica, sin normas, donde lo sensorial y lo vocal, posibilitaban sumergirse en lo profundo de las cosas y la eternidad. En esta esfera, el tiempo eterno, inmóvil, expresa la lengua y la alegría de Dios; las maravillosas cimas de la más excelsa belleza. 

En la esfera intelectual de la música, un arte que al margen de la época y de su propia corriente histórica, es capaz de crear una manifestación particular como la descrita en la música, y, provoca por secundarios caminos ocultos, tales explosiones de espiritualidad, es ciertamente un arte de primera magnitud. (Mann). La música es para los hombres un regalo celeste a la vida humana. ¿Puede el hombre vivir sin música? Creo que lo más elevado del pensamiento y el sentimiento, se relaciona con la música y los números. La palabra es música y la música es palabra en estado sublime y trascendente. La palabra se entreteje con la música para darle forma y sentido, a la vida y las cosas del mundo. En el arte, la palabra y la música se entrelazan hasta el punto de ser imposible distinguir uno del otro. Para algunas personas el principio de las cosas es, la música y, para otros, los números como creían los pitagóricos. Para ningún ser humano la música le es indiferente; porque el sentimiento que despierta es, como el amor poseído de calor humano. La música hay que amarla como hace el hombre con el ser que adora.

Desde la antigüedad la música viene considerándose en relación con las demás manifestaciones del espíritu, la forma, el pensamiento y la cultura. Todas forman un todo, y conservan su especificidad debida; son como una potencia extraña, un fenómeno maravilloso, que se extiende más allá de aquende del tiempo y se conjuga con el cosmos. En un mundo como el actual, el ser humano es incapaz de oír y escuchar, por estar inmerso en la velocidad y el maquinismo. Ahora, los lenguajes digitales y las imágenes pictóricas en movimiento, no sólo están degradando la naturaleza del ser, sino que, a la vez, ruptura la coherencia del Yo y disuelve en relaciones abstractas y artificiales, los sentimientos, el lenguaje y el pensamiento. Esto trajo consigo en la civilización actual, la crisis del ser y el existir.

                                         Madrid-España a 04/02/2023

lunes, 23 de enero de 2023

¿QUÉ SE CONSIDERA LENGUAJE?


 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

 Walter Benjamín se pregunta en Sobre el lenguaje en cuanto tal y sobre la lengua del hombre, ¿Qué se considera lenguaje? A “toda expresión que sea una comunicación de contenidos espirituales”. La lengua, en particular, “es la expresión inmediata de todo cuanto en ella se nos comunica”. El ser espiritual es lo que las cosas comunican, es decir, sus contenidos espirituales. “Esto nos deja claro que el ser espiritual que se comunica en el lenguaje no es el lenguaje mismo, sino algo a distinguir respecto de él […] La idea de que el ser espiritual de una cosa consiste en su lenguaje es el gran abismo en el que toda teoría del lenguaje amenaza caer, y la tarea de la teoría del lenguaje consiste en mantenerse sobre él suspendida”.

Para Benjamín la “distinción entre el ser espiritual y el ser lingüístico a través del cual aquel se comunica es la distinción primordial en una teoría del lenguaje”. Entonces, ¿qué comunica el ser espiritual? Contenidos espirituales; o, en otros términos, la lengua espiritual que le corresponde. Lo crucial es saber que este ser espiritual se comunica sin duda en el lenguaje y no mediante el lenguaje”. O, en otras palabras, el ser espiritual se comunica en la esencia del lenguaje y no mediante el lenguaje.

 A todo ser espiritual le es inherente su lenguaje, no es algo exterior a él. “Que el ser espiritual se comunique en una lengua y no mediante la lengua, visto desde el exterior el ser espiritual no es igual al ser lingüístico. El ser espiritual es tan solo idéntico al lingüístico, en la medida que es comunicable. Lo que en un ser espiritual es comunicable es su ser lingüístico”. El ser espiritual está contenido en el lingüístico, por eso es comunicable.

 Ahora bien, “el lenguaje comunica el ser lingüístico propio de cada cosa, mientras que su ser espiritual solo lo comunica en la medida en que está inmediatamente contenido en el ser lingüístico”. Así que el ser espiritual comunica sus contenidos espirituales, porque hace parte del ser lingüístico.

 Por tanto, “el lenguaje comunica el ser lingüístico de las cosas”. Ahora, “¿qué comunica el lenguaje? “Cada lenguaje se comunica a sí mismo”. El lenguaje de la justicia, la poesía, la arquitectura, la pintura, se comunica a sí mismo. Porque es algo inherente y no exterior a él. Ahora bien, “el ser lingüístico de las cosas es su lenguaje”. Esto quiere decir que, “lo que es comunicable en un ser espiritual es su lenguaje. El lenguaje de un ser espiritual es inmediatamente lo que en él es comunicable. Todo lenguaje se comunica a sí mismo”. Además, “todo lenguaje se comunica en sí mismo”, porque “dado que él es, el medio de la comunicación”.

 De este modo, “lo medial, que es la inmediatez de toda comunicación espiritual, es el problema fundamental de la teoría del lenguaje”. Lo medial significa inmediatamente de toda comunicación espiritual. Entonces, “el problema primigenio del lenguaje es su magia”. Y esto “remite a otra cosa: a su infinitud”. Y es que, “mediante el lenguaje no se comunica nada”, entonces “lo que se comunica en el lenguaje no puede ser medido o limitado a partir de fuera, por lo que todo lenguaje posee su única e inconmensurable infinitud”.

  El problema fundamental del lenguaje es su magia, es decir, su infinitud.

 Ahora bien, “el ser lingüístico del hombre es su lenguaje”. Así “el hombre comunica su propio ser espiritual, y lo comunica en su lenguaje. Pero el hombre habla en palabras”. Entonces, ¿cómo comunica el hombre su ser espiritual? “Al darle nombre a las cosas”. Es en el nombre donde el hombre derrama su espíritu y le impregna de su hálito. El lenguaje humano es un lenguaje denominador: dador de nombre.

   El ser lingüístico del hombre consiste en que éste da nombre a las cosas.

 Pues bien, “¿para qué da nombre el hombre? ¿a quién se comunica el ser humano? ¿a quién se comunican la lámpara, la montaña, o el zorro?”. Por supuesto, “al ser humano”. “El hombre, en efecto, les da nombre, él se comunica al darles nombre”. El ser lingüístico del hombre se comunica con la naturaleza animada e inanimada, al nombrarlas.

 Benjamín se pregunta, ¿a quién se comunica? El hombre se comunica a otro hombre; y “el ser humano comunica una cosa a otras personas” mediante la palabra. Esta según Benjamín es la concepción burguesa del lenguaje. “De acuerdo con ella, el instrumento de la comunicación es la palabra; su objeto es la cosa; su destinatario es un ser humano”. En la otra concepción del lenguaje, no se conoce instrumento, objeto, ni destinatario.

      En el nombre el ser espiritual del ser humano se comunica a Dios”.

 Para Benjamín “el nombre es la esencia más interior del lenguaje. El nombre es aquello mediante lo cual nada más se comunica, y en lo cual el lenguaje absolutamente se comunica a sí mismo. El ser espiritual que se comunica en el nombre es pues el lenguaje”. El lenguaje se comunica a sí mismo en el nombre; con el lenguaje que nombra, el ser espiritual del hombre se comunica a Dios. El nombre es la impronta de Dios a través del ser espiritual del hombre.

 Por tanto, “el nombre, en cuanto patrimonio del lenguaje humano, garantiza que el lenguaje en cuanto tal es el ser espiritual del hombre”. Aquí se produce el punto de inflexión del lenguaje humano respecto al lenguaje de las cosas. Esto aclara que el hombre no se comunica mediante el lenguaje, sino en el lenguaje. O, en otros términos, inmediatamente o infinitamente en el lenguaje.

 Así el nombre garantiza que el lenguaje, el ser espiritual del hombre se comunique a sí mismo. Por tanto, de los seres espirituales no todos se comunican completamente, solo lo puede hacer el hombre. Porque el ser espiritual de las cosas es incompleto, ya que le falta la “voz”. De ahí que, si el ser espiritual del hombre es el lenguaje, no se puede comunicar mediante algo exterior a él, sino en la naturaleza que lo constituye; y esta no es otra, que el ser espiritual que es lenguaje.

 Benjamín dice al respecto: “El núcleo de esta totalidad intensiva del lenguaje, en tanto que ser espiritual del hombre, es justamente el nombre. El hombre es el que da nombre; esto nos permite comprender que desde él habla el lenguaje puro”. Si toda la naturaleza se comunica en el lenguaje, “el hombre” se convierte en “el señor de la naturaleza, y por eso puede dar nombre a las cosas”. Empero, el hombre conoce las cosas, lo que éstas son, en el nombre. El ser lingüístico de las cosas, las conoce el hombre, en el nombre.

 Así pues, “la Creación de Dios queda completa al recibir las cosas su nombre del hombre, desde el cual, en el nombre sólo habla el lenguaje”. El nombre entonces es el “lenguaje del lenguaje”, y “en este sentido el ser humano habla en el nombre, es también el habla del lenguaje, su único hablante”. El hombre como ser hablante, según la Biblia, es el que da nombre: “todos los seres vivos llevarían el nombre que el hombre les diera”.

 El nombre devela la ley esencial del lenguaje, ésta contiene que hablar de uno mismo y hacerlo de los demás, es lo mismo. El lenguaje, y en él un ser espiritual, se expresa puramente donde habla en el nombre, en la denominación universal. En otros términos, el lenguaje se expresa puramente en el nombre, esto es, en la denominación universal. En su defecto, “sólo el ser humano tiene el lenguaje perfecto de acuerdo con la universalidad y la intensidad”. Así que, la total intensidad del lenguaje culmina en el ser espiritual absolutamente comunicable; que, a la vez, es universal. Es decir, el lenguaje perfecto se expresa en su universalidad e intensidad.

 Según Benjamín el lenguaje es el ser espiritual de las cosas y, según la teoría del lenguaje, el ser espiritual es idéntico al lingüístico. En efecto, “el ser lingüístico de las cosas es idéntico a su ser espiritual en la medida en que éste es comunicable”. De este modo, “no hay pues contenido del lenguaje; en efecto, en cuanto comunicación, el lenguaje comunica un ser espiritual, una comunicabilidad en cuanto tal”. En este orden, el lenguaje de nombres que es el del ser humano, comunica un ser espiritual, también en el lenguaje de las cosas, se comunica un ser espiritual. Así, el ser espiritual del hombre y el ser espiritual de las cosas, son seres lingüísticos.

 “La equiparación del ser espiritual con el ser lingüístico es tan relevante metafísicamente para la teoría del lenguaje porque se relaciona con la filosofía de la religión”. Por tanto, “cuanto más profundo (o más real y existente) venga a ser el espíritu, tanto más decible y dicho es”. De ahí que la relación entre espíritu y lenguaje, nos aclare que “lo más dicho es al tiempo lo puramente espiritual.

 Benjamín piensa que sólo el ser espiritual supremo, tal como aparece en la religión, que reposa puramente sobre el hombre y sobre el lenguaje que hay en él, se diferencia del lenguaje del arte, ya que reposa sobre el espíritu lingüístico cosificado. Como dijo Johann Hamann: “La lengua, madre de la razón, y de revelación, su alfa y omega”. En consecuencia, “los lenguajes propios de las cosas son imperfectos, mudos. Y es que a las cosas les está negado el principio formal lingüístico puro, a saber: el sonido”.

Pero esto no niega que las cosas tengan su magia y que se comuniquen mutuamente en una comunidad inmediata e infinita; porque también existe la magia de la materia. Ello la diferencia del lenguaje humano, que “su mágica comunidad con las cosas es una comunidad inmaterial, puramente espiritual; y el símbolo de ello es el sonido”. Este acto simbólico remite inexorablemente a lo manifestado en la Biblia, que Dios insuflo al hombre el hálito: que es al mismo tiempo vida, y espíritu, y lenguaje”.

 Preguntamos, “¿qué se desprende del texto bíblico en relación con la naturaleza del lenguaje? La Biblia expresa que el lenguaje es realidad última, inexplicable y mística, solamente accesible en su despliegue”. En la segunda historia de la Creación la Biblia expresa que el hombre fue hecho a partir de la tierra. Esta segunda historia de la Creación nos dice que el hombre no fue creado a partir de la palabra (“dijo Dios”, y sucedió). Sino que al hombre Dios le concede el don del lenguaje, con lo cual se eleva por encima de la naturaleza.

 Este acto confirma “la especial conexión establecida entre el ser humano y el lenguaje a partir del acto de creación”. Benjamín nos dice que según el Génesis el acto de la creación de la naturaleza expresa lo siguiente: “Que exista […]; Él hizo (creo); Él llamó”. Y, continúa diciendo: “En algunos actos de creación (I: 3 y 14) figura solamente ese “Que exista […]” y “Él llamó”, al comienzo y al fin de cada acto, va apareciendo cada vez más la profunda y clara relación del acto creador con el lenguaje”.  

Además, “el acto creador”, empero, “comienza de hecho con la omnipotencia creadora del lenguaje; y al final el lenguaje se anexiona lo creado, a saber, le da nombre. Así pues, el lenguaje es creador y consumador, es palabra y nombre. En Dios el nombre es creador porque es palabra, y la palabra de Dios es a su vez conocedora sin duda porque es nombre”. “Vio entonces Dios cuanto había hecho, y todo era muy bueno”, es decir, Dios lo conoció mediante el nombre”

Desde un punto epistémico, “la relación absoluta del nombre con el conocimiento tan sólo se da en Dios: tan sólo ahí el nombre es medio puro del conocimiento. Es decir, que Dios hizo las cosas como cognoscibles en sus nombres. Y el hombre por su parte les da nombre en virtud del conocimiento”.  

En este orden, “Dios no creó pues al hombre en absoluto a partir de la palabra, y además no le dio nombre. Porque no quiso subordinarlo al lenguaje, sino que desplego en él libremente el lenguaje, el mismo que a él le había servido como medio de la Creación. Dios al fin descansó cuando, en el hombre, abandonó lo creativo a sí mismo”. Entonces lo creativo separado de lo divino, se convierte en conocimiento. El hombre es el conocedor del lenguaje con el que Dios es creador: y Dios hace al hombre a su imagen y semejanza.

Ahora, ¿por qué el ser espiritual del hombre es el lenguaje? Porque su ser espiritual es el lenguaje con el que tuvo lugar la Creación. O, en otros términos, “la Creación tuvo lugar en la palabra, y el ser lingüístico de Dios es la palabra”. Es importante tener presente que, “la infinitud del lenguaje humano es siempre limitada y analítica si se compara con la infinitud absoluta, ilimitada y creadora que caracteriza a la palabra de Dios”.  

El ser espiritual del hombre es el lenguaje y el ser lingüístico de Dios es la palabra.

Según la teoría del lenguaje de Benjamín, “de todos los seres, el ser humano es el único que da nombre a sus semejantes, y también el único al que no le ha dado nombre Dios”. Según el Génesis el hombre da nombre a los seres, “pero para el hombre ninguna ayudadora fue encontrada, para que estuviera en torno a él”. Adán le da nombre a su mujer en cuanto la recibe (la llama Varona en el capítulo segundo; Eva en el tercero). 

 Así “el nombre propio es palabra de Dios en sonidos humanos. Con él se garantiza a cada persona el hecho de que ha sido creada por Dios, y, en este sentido, el nombre es sin duda creador, según lo dice la sabiduría mitológica con la idea de que el nombre ya es el destino de una persona. Así, el nombre propio es la comunidad del ser humano con la divina palabra creadora de Dios”.  

Por tanto, la comunidad del ser humano y su destino está inscrita en el nombre. También “mediante la palabra, el ser humano se encuentra conectado con lo que es el lenguaje de las cosas. Dado que la palabra humana es el nombre mismo de las cosas”. Por eso cuando se corrompe el lenguaje las cosas se falsifican y el nombre pierde su halito espiritual. No hay correspondencia entre las palabras y las cosas.

En este orden, el resquebrajamiento de los pilares del lenguaje como consecuencia de la animalidad política del siglo XX, el odio, el racismo, el populismo o el nacionalismo en la actualidad, no son indiferentes a la sensibilidad, los sentimientos, la experiencia, la reflexión, y la capacidad de asombro del hombre actual.

Por eso el alto grado de descomposición que ha alcanzado el lenguaje, no permite que en ocasiones de cuenta del tejido vivo de la existencia. Porque en el lugar del logos clásico y el verbalismo, de los contenidos de la experiencia que dan sentido a la vida, se instauró la balcanización y la animalidad política. Entonces el análisis del lenguaje develó que hay una correlación entre él y la política, la técnica y las nuevas modalidades de poder.

En la actualidad el lenguaje que da sentido y posibilita la imaginación, la concentración y la creación, se está remplazando por la imagen en movimiento, la influencia de las redes sociales en la dependencia y la polarización de la sociedad. Por eso la sociedad actual se ha vuelto una sociedad del cansancio, cansancio de la información y de la política. Este momento de dependencia y polarización, se convierte a la vez, el momento de la toma de consciencia individual y colectiva, porque el lenguaje, el pensamiento y los sentimientos, son residuos de la digitalización y de la pantalla.

Por eso el ser espiritual del hombre que se expresa en el lenguaje como ser lingüístico, está ubicado en su parte material: medios de información, redes sociales, Plataformas Digitales, Zoom o Skype, etc. No posibilitan la comunicación del espíritu lingüístico del hombre; porque responden al modelo económico de las redes sociales o de los algoritmos que clasifican los mensajes según su eficacia económica. De ahí que el espacio público que se construye en las redes, no es el reflejo de nuestras sociedades sino el de nuestras emociones.

Desde un punto de vista político en las democracias actuales no hay un debate de ideas o de opiniones sino de emociones. La práctica política no posibilita el análisis, la crítica del pensamiento y del lenguaje en la sociedad. De ahí que el espíritu lingüístico del hombre no corresponda a los contenidos espirituales de la lengua y del pensamiento. Por eso la crisis del lenguaje hay que captarla, analizarla, criticarla o reflexionarla, en su cultura. Porque el mundo y su realidad, los movimientos del pensamiento y la “forma” estética del tejido de la existencia, son formas del lenguaje.

                                      Madrid-España a 23/01/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 20 de enero de 2023

DEL VERBO DE DIOS A LA LENGUA DE LOS HOMBRES

 

                 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

El filósofo de origen judío Walter Benjamín, escribe un ensayo que nomina Sobre el lenguaje en cuanto tal y sobre la lengua del hombre (1916). Donde trata el origen divino del lenguaje, la importancia del nombre, la lengua adánica y posadánica del hombre, la pluralidad de las lenguas y el anhelo de la lengua pura de Dios, en la traducción. La lengua del hombre que nomina a las cosas, a los seres del mundo; y ésta como aquella que se comunica a sí misma en su esencia lingüística. Y la lengua como medio, donde las palabras son convenciones socio-históricas-culturales espontáneos, signos arbitrarios que los hombres asignan a las cosas o a los objetos.

Benjamín dijo, que, El Génesis, pone en evidencia la relación del acto de creación de la lengua. La creación del mundo por Dios acontece en el verbo. Las cosas son creadas por el verbo de Dios. Así la lengua es la creadora y realiza, es el verbo y el nombre. La lengua pura y omnipotente de Dios se encarna y convierte en realidad lo que Dios nombra.

Así el nombre que Dios da a los seres es creador porque es verbo, éste es conocimiento porque es nombre. Dios hace que conozcamos las cosas en virtud del nombre. Sólo en Dios el nombre es idéntico al verbo creador y por medio de ello conocimiento. Además, sólo en Dios se da la relación absoluta entre el nombre y el conocimiento.

Benjamín advierte que Dios, no ha creado al hombre mediante el verbo ni tampoco lo ha nombrado, sólo “ha dejado surgir libremente la lengua” en él; no es otra mediante la cual ha ejercido su acción creadora. La lengua es un presente que Dios dona al hombre y lo eleva sobre todas las cosas. Dios ha otorgado al hombre su propia fuerza creadora, y ha posibilitado a éste la lengua con la que creo el mundo y su realidad, los seres animados e inanimados.

En su teoría del lenguaje, Benjamín se aparta de la concepción burguesa de la lengua, en la cual las palabras son convenciones socio-históricas-culturales espontáneos, signos arbitrarios que los hombres asignan a las cosas o a los objetos.

Así que, el hombre puede dar nombre a los diversos seres con palabras que encierran el conocimiento inmediato y concreto de ellos, mientras vive en el Edén, en el estado paradisiaco se halla en total comunidad y comunicación con las cosas. En este estado, todo lo que el hombre oye, ve o toca, todo aquello con lo que está en contacto es palabra viviente, palabra emanada de Dios, porque Dios es también palabra.

De esta manera si el hombre adánico está en contacto con la palabra divina creadora de todas las cosas y de ello tiene el conocimiento directo de ellas, así la lengua paradisiaca es conocedora. El conocimiento del verbo con el cual las cosas han sido creadas le posibilita al hombre primigenio darles un nombre, aquel que nombra y expresa el auténtico ser de las mismas, por eso el nombre que el hombre da a las cosas depende las formas en que las cosas se comunican con él.

Así que, el nombre es la resonancia en el hombre de lo que existe o vive, es el eco audible de las cosas en el ser del hombre. De ahí que, la palabra humana tenga un aspecto receptivo, que capta en mayor o menor medida la lengua de los seres a través de la cual “se irradia, sin sonido y en la muda magia de la naturaleza, la palabra divina”.

Por tanto, una vez que el hombre sale del estado edénico, donde habla una sola lengua, aparecen una pluralidad de lenguajes, los cuales diversifican el conocimiento originario, que posibilita una pluralidad de traducciones. Así el hombre posadánico abandona la contemplación de las cosas, se aparta de la íntima comunión con ellas que le posibilitaba escuchar su lenguaje sin palabras –como residuos del verbo de Dios.

Este acto humano que posibilita el cisma edénico con el verbo de Dios, permite surgir la lengua como palabra humana, diferente y distante de la lengua nominal que el hombre hablaba en el Paraíso. Este lenguaje de la “caída” actúa sólo como medio, como signo, que no expresa el nombre originario de los seres; el hombre que se ha apartado de Dios, que desobedeció su mandato y, se dejó seducir por la serpiente para conocer lo que es el bien y el mal, un conocimiento que no tiene nombre y es pura “cháchara”, pura “charla”.

           “El bien y el mal son […] como innominables, sin nombre, fuera de la lengua nominal, que el hombre abandona”, al decir de Benjamín.

El pecado original, según Benjamín, consiste en el acto de nacimiento de la palabra humana, la palabra de la abstracción y el juicio, que ocurre por el conocimiento del bien y del mal. Pero este conocimiento carece de valor y de existencia, ya que acarrea la ruina de la dicha del espíritu lingüístico originario y se expresa en una lengua exterior a él, como imitación del verbo creador, de la lengua pura de Dios.

La palabra posadánica, que se refiere a la inmediatez de lo concreto que habita en el nombre, “cae en el abismo de la mediatización de toda comunicación […] en el abismo de la charla”, se convierte en palabra vacía, y se manifiesta como palabra juzgadora, que da lugar a que el primer hombre sea expulsado del paraíso.

Aquí empieza el errar del hombre por el mundo y el “cisma” de la pluralidad de las lenguas y la añoranza de la lengua divina en la traducción. La pérdida de la capacidad creadora de la lengua humana es correlativa a la abstracción y al juicio, también a la lengua como “medio” y a la charla vana. En este contexto, el pensamiento o la palabra del hombre obtienen el poder creador de realidad como imitación pálida de la creación del verbo de Dios, que es conocimiento.

                                              Madrid-España a20/01/2023

 

 

 

 

                               

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 13 de enero de 2023

EL PENSAR FUTURO EN LA ÉPOCA DE LA TÉCNICA

 

 

                                                                      A mi amigo el pintor:

                                                                   Juan Francisco Fermín. 

 “La cultura, como el amor, no posee la capacidad de exigir –observa Rob Riemen-. No ofrece garantías. Y, sin embargo, la única oportunidad para conquistar y proteger nuestra dignidad humana nos la ofrece la cultura, la educación liberal”.

                                          Nuccio Ordine: “La utilidad de lo inútil”.                                         

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.               

 

Ernst Jünger pensó que la magnitud de las masas informes pasa de ser una dimensión moral y política a un mero objeto, número o cosa. La sociedad de masas y la cultura de masas, representan en la consciencia del ser humano las relaciones inconexas de la Gran Ciudad, también la segunda consciencia en la que el hombre se percibe como objeto. Así que, la cultura del artificio está posibilitando la conformación de la objetivación de la persona individual y de sus articulaciones. En este espacio la zona de la sentimentalidad, el sentimiento de cercanía, del valor no simbólico, fundado en sí mismo, se desvanece y a cambio el movimiento de las unidades vivientes es dirigido a gran distancia. (Ernst Jünger).

Una única maniobra en el cuadro que los dirige conecta las articulaciones de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas– a la corriente de los lenguajes digitales. La Gran ciudad es el ámbito donde prevalecen las relaciones inconexas de las sociedades de masas, el lujo, el dinero y el poder. Además, la objetividad de las articulaciones posibilita que el hombre responda a los requerimientos del Gran Poder. Estas ramificaciones y múltiples venas se entrelazan con el orden técnico en sí, con ese gran espejo donde se revela con máxima claridad la objetivación de nuestra vida y que se halla impermeabilizado de manera especial contra el acoso del dolor. La técnica es nuestro uniforme. (Jünger).

Desde esta perspectiva podemos percibir como el “carácter de confort de la técnica” se entrelaza con “un carácter instrumental de poder”. Es decir, de dominio, de control, de coacción, de vigilancia, de dolor y de miedo. Un carácter que porta en sí, el rostro de la barbarie y de la muerte. La técnica y la razón se convierten en algo cruel. En esta época el poder no solo se relaciona con el saber, sino también con la técnica y la muerte.

Por tanto, en el espacio y el tiempo donde prevalece la racionalidad, la técnica y el poder, “hay quien se enfrenta a lo místico –y al misterio—sobre la base de la racionalidad. Su racionalidad es cuestionable –dijo Imre Kertész. Pero ¿qué es lo místico? Se pregunta el escritor. La totalidad universal que no es abarcable con el lenguaje, el gran curso inamovible detrás de los fenómenos, el gran acontecimiento oculto en las honduras de los acontecimientos, tal vez nuestra propia vida en sí, de la cual estamos excluidos debido al individuo y la racionalidad.

Una de las formas más desalentadoras de la racionalidad: la racionalidad histórica, la que limita y se limita a la historia. La mera razón, la árida llanura de lo “objetivo”; y la mera razón nunca es, en el fondo, razón, sino más bien defensa, síntoma de la incapacidad de emprender la aventura espiritual, rechazo. La –mera- racionalidad es carácter, como lo es la irracionalidad, la erotomanía o la cesaromanía. (Kertész)

La aventura del espíritu no afluye a quienes permanecen inmersos en los espejismos de la razón, del dinero, del poder o, de la técnica. La crueldad de la razón se percibe en la cotidianidad del mundo actual: la práctica política, la economía, la ciencia o, los instrumentos técnicos para la guerra. La razón adolece de pulcritud espiritual; de ahí que sus hijos son pobres de espíritu. Porque no se hallan a la altura del poder que afluye a ellos. Son incapaz de penetrar en la profunda noche, en “la noche del mundo inconsciente de las pulsiones”, donde “Freud introdujo audazmente la mirada” (en palabras de Thomas Mann). Así que, el espíritu afluye al creador y como “el poema establece marcas que no son alcanzadas en la vida. Semejantes a la capa de ozono, los misterios otorgan a la vida protección contra un ardor demasiado vivo. La visión directa de la belleza despojaría de lenguaje al espíritu, amenazaría con la muerte al cuerpo” (dijo Jünger).

Es algo evidente en la actualidad que somos pobres de espíritu e incapaz de crear grandes obras como Thomas Mann, Goethe, Milton, Tolstoi, Cervantes, García Márquez; que son espejos para que el hombre y la humanidad se miren y se conozcan a sí mismos. Observamos en el presente-ahora que el ethos de la técnica (su forma común de vida, su costumbre, su conducta), se entrelaza al espíritu de la crueldad y de la barbarie. Esto se expresa en las armas para la guerra. También en las Plataformas Digitales, Internet, redes sociales o, los medios de comunicación de masas. Pero todavía somos capaces de ver las pérdidas; aún sentimos la aniquilación del valor, la superficialización y la simplificación del mundo. (Jünger).

Aunque la zona donde se ubica la sentimentalidad esté siendo atacada por el mundo heroico o cultual, el dinero bancario o el poder político, los valores que dieron forma y sentido a la Época Moderna y, a la cultura occidental, todavía están vivos. Observamos en las Grandes ciudades como se defienden los valores de la Ilustración –el “estatus” de la persona individual, el “sujeto”, los derechos fundamentales, la justicia social, la libertad individual, de hablar, de escribir, de pensar, la democracia, etc. Somos conscientes que devienen valoraciones nuevas, pero no impiden que bebamos del pozo de los pensadores, del arte o la poesía. Eso que nos posibilita dignificar la vida humana.

Observamos como las generaciones nuevas son hijos e hijas de la cultura del artificio. Donde la revolución de los medios de información, la informática, las redes sociales, Internet, hacen que sean nativos del mundo digitalizado. Pero no hay que olvidar que, el ser humano tiene un resto misterioso y divino, que la técnica es incapaz de disolver. Humberto Eco afirmó que, “toda tentativa de averiguar el sentido último conduce al absurdo y le arrebata su misterio al mundo”.

El desarrollo de los procesos científicos y la técnica, sólo se sitúan en la fina capa que los cubre. La fuente del destino que administra Mímir, está cerrada para el mundo técnico y el colectivo técnico. Aunque se crea que se está evaporando la substancia de la Edad Moderna, es decir, la edad copernicana, por el primado de la civilización del artificio, sus valores hay que buscarlos incluso por debajo de la moral y la política.

¿Somos parte del mundo que profetizó Nietzsche, sólo como voluntad de poder y nada más? Este mundo es la voluntad de poder - ¡y nada más! Y también ustedes mismos son esa voluntad de poder - ¡nada más!

En Carta sobre el <<Humanismo>>, Heidegger afirma: el ser está pensado como realidad absoluta; y comprendido como voluntad incondicionada que se quiere a sí misma. Y dice que en la voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder. (Heidegger). Que la voluntad contiene tres esferas la del saber, la del amor y el querer. En esas esferas se devela el Ser, el pensar y el lenguaje. También los elementos que componen la condición humana: la vida, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad y la Tierra. (Hannah Arendt).

Es interesante observar que la subjetivación del valorar se objetiva en el Estado técnico absoluto, y lo valorado sólo es admitido como mero objeto del Estado, del poder, la ideología y la política. Porque en el Estado totalitario todo se politiza. Heidegger piensa que, aquello que es algo en su ser (su esencia), no se agota en su carácter de objeto y mucho menos cuando esa objetividad tiene carácter de valor. Para Heidegger, lo que es en su esencia, se piensa desde la verdad del Ser. Aun lo ente no es su ser, porque la objetivación del valor no lo permite en su quehacer.

Se trata de pensar el humanismo no desde la objetivación de la subjetividad o de las cosas, sino en el claro del Ser cuando se refiere a sí mismo. Heidegger omite la acción –es decir, la pluralidad, la política, las relaciones sociales, la tolerancia, la diversidad entre los hombres y mujeres y, el nacimiento de los seres humanos- y, así prioriza la vecindad, la escucha y el silencio del habitar en la proximidad del Ser.

La necesidad de objetivar el mundo y su realidad y, también la vida humana, proviene de la voluntad de poder. Del querer como voluntad de dominio, de coacción o de negación. Se trata de arrebatar al Estado técnico absoluto, al poder, la ideología y la política, la individualidad diluida en la Historia. Mediante la libertad que le es propicia, despertar la capacidad de asombro, la imaginación y someter al mundo que lo tiene sometido. La objetivación limita, determina el libre albedrío y la autonomía de la voluntad, en nombre de la disciplina o la homogenización. En este mundo hasta el lenguaje se objetiva y se vacía de sus contenidos espirituales.

Así que, la tarea del intelectual y del creador, aquí-ahora, consiste, en demoler con la reflexión, la imaginación y la creación, la superficie objetiva, metálica, de la voluntad de poder y de saber. Kertész corrobora lo dicho desde el umbral de la pseudocultura y la enfermedad intelectual: “La enfermedad intelectual de la época es el objetivismo, algo así como una pseudoobjetividad. La pseudocultura no se adquiere: se nace pseudoculto. Podríamos decir que la pseudocultura es una cuestión de inteligencia o, mejor dicho, de falta de inteligencia”. (Kertész).

Se trata de quitarles el vestido para que develen su esencia y el sujeto (el intelectual o el creador) vuelvan a ocupar el lugar del que fueron expulsados. Abraham Flexner: “El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso”; y, por otra parte, el mecanismo es tan complejo y perfecto como a la vez cuestionable: “convierte a los hombres en esclavos. Y los esclavos son imprevisibles, alevosos y proclives a la violencia. Resulta imposible calcular cuándo estallarán estas características” (Kertész).

Aquí se desvela lo que oculta el Estado técnico absoluto y el Gran Poder: el sentido “oculto” del capital financiero nacional e internacional, de las empresas y las fábricas transnacionales, los grupos de inversión, los lenguajes digitales, de la industria cultural, la industria militar, de la religión, los mitos, las narraciones, los discursos, que los legitiman ante los ciudadanos. Que en su quehacer posibilita la “estabilidad” del Sistema; pero a la vez el dominio y el control sobre el hombre y las humanidades históricas.

Se trata que el pensar futuro no sólo guie a los hombres a la proximidad del Ser, sino también que sus reflexiones posibiliten la libertad, la seguridad de las personas, la pluralidad y la autonomía de la voluntad. Que lo importante no se encuentra sólo en la tecnología y lo científico, la estadística y la numerificación, sino también en el tejido del Ser o, el devenir de la historia.

Que el pensar futuro posibilite en su cultura, la capacidad de pensar, de juicio y de acción de los individuos y colectivos. Que contribuya a la inclusión del individuo y los colectivos sociales, en la vida mental, espiritual, política o moral de la sociedad. Eso que se define como condición humana: la libertad, la dignidad del hombre, la justicia, los valores morales, la ética y la estética del ser humano.

 

                                                  Madrid-España a 13/01/2023