martes, 29 de marzo de 2022

El PROGRESO TÉCNICO EN LA ECONOMÍA BÉLICA

 

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

En el siglo XX y principios del XXI, pudimos o podemos observar el genio de la guerra entrelazarse al espíritu del progreso. Ambos fenómenos, la guerra mundial y la revolución mundial guardan entre sí una relación mucho más estrecha de lo que a primera vista parece; son los dos lados de un acontecimiento cósmico y en muchos aspectos dependen el uno del otro tanto en lo que concierne a su génesis como en lo que se refiere a su estallido. Aunque surja la sospecha sobre el progreso –que trae consigo la superficialidad y la uniformidad a que nos enfrentamos-, resulta más significativo el fondo del que esas formaciones brotan. (Ernst Jünger).

En la actualidad aflora la duda que el progreso no es un avance; que el auténtico significado del progreso es otro, que se esconde detrás de la máscara de la razón; sabemos que la razón es cruel. De este maridaje se revela que la crueldad, el sufrimiento, el dolor o la muerte, se ponen el vestido del progreso. Así que, el progreso esconde tras de sí su verdadero fondo del que surge; el confort técnico sólo es una manifestación superficial y uniforme de las formaciones de poder y de saber. El progreso técnico trata de cosificar y objetivar la vida y, adquiere el carácter de instrumento que obedece a relaciones de poder.

Y, efectivamente, en esa relación es donde hay que buscar el auténtico factor moral de este tiempo, un factor provisto de irradiaciones tan sutiles e imponderables que con ellas no pueden competir ni siquiera los ejércitos más fuertes, pertrechados en las últimas armas de aniquilación de la edad de las máquinas y los lenguajes digitales. (Jünger). Topamos hoy con algo que a los hombres nos resulta incomprensible: la renuncia al progreso como una fuerza de índole cultual, de fe, de extender hasta el infinito la perspectiva de la finalidad y, a la vez, el aumento del perfeccionamiento de los equipamientos bélicos. Sabemos que detrás del perfeccionamiento se esconde una amenaza no sólo contra las sociedades modernas, sino también contra la supervivencia del hombre sobre la Tierra. Las armas nucleares son como la espada de Damocles sobre la nuca de la humanidad. Son y no dejan de ser una agresión indirecta sobre los pueblos y la humanidad.

En los equipamientos bélicos participan las formas abstractas del Espíritu, del Dinero, del Pueblo, en suma, las relaciones de poder de la nación que conjugan el Gran Poder. Hoy podemos decir, sin duda, que hasta los pacifistas participan de la guerra; ella arrastra tras de sí recursos humanos y materiales, que es imposible cuantificarlos en la naturaleza que les corresponde. Más cuando el desarrollo de los procesos científicos y técnicos traspasan las fronteras nacionales y se aventuran en el cosmos. 

Ahora cabe ir observando cómo la creciente trasmutación de la vida en energía y la progresiva volatilización del contenido de todos los vínculos en beneficio de la movilidad otorga un carácter cada vez más incisivo al acto de la movilización. (Jünger). Así es como, el predominio de la técnica en los asuntos humanos y de la guerra, posibilita la segunda consciencia, esto es, la conversión de la vida en objeto y número. Esto es válido para el combatiente o para el civil; más si se diluye la zona de la sentimentalidad y todo vínculo de valor.

Así es también como la imagen de la guerra en cuanto acción armada va penetrando cada vez más en la imagen más amplia de un gigantesco proceso de trabajo; junto a los ejércitos que se enfrentan en los campos de batalla surgen los ejércitos del tráfico, del abastecimiento, de la industria de armamento – el ejército del trabajo en general. (Jünger). En la actualidad al proceso técnico lo acompaña la revolución en las comunicaciones digitales. 

Así pues, los Estados industrializados hacen de los equipamientos bélicos algo prioritario; inclusive ante las necesidades materiales, espirituales y culturales de la sociedad. Estamos viendo al progreso acompañado por equipamientos bélicos (maquinas, drones, sonares, satélites, mapas digitales, comunicaciones digitales, etc.), que llegan hasta el tuétano más íntimo, hasta el nervio vital más fino. Por eso, movilizar la sociedad hacia la guerra se concatena con el acto mediante el cual una única maniobra ejecutada en el cuadro de distribución de la energía conecta la red de la corriente de la vida moderna –una red dotada de amplias ramificaciones y de múltiples venas- a una gran corriente de la energía bélica. (Jünger).

El progreso entrelaza la industria y los procesos bélicos convirtiéndose en un despliegue de poder en general. Estamos viendo de igual manera que toda vida alumbra ya también, al nacer, el germen de la muerte, así la salida a escena de las grandes masas implica una democracia de la muerte. (Jünger). La guerra entre Rusia y Ucrania está confirmando por parte de los ucranianos, empero, no una movilización parcial ni una movilización general, sino una movilización total, la cual se extiende a todos los estratos de la sociedad. Basta contemplar las imágenes para vislumbrar un sentimiento de horror mezclado de angustia y dolor, que constata como la gran corriente de la energía bélica arrastra tras de sí al país en general. 

La movilización total tanto en la guerra como en la paz, se convierte en la expresión misteriosa y coercitiva a que nos somete esta vida en la edad de las masas y las máquinas. Es penosa la impresión que causa en el ánimo toda la monotonía del espectáculo de la guerra –un espectáculo que hace pensar en el funcionamiento exacto de una turbina alimentada con sangre-, ninguna duda puede caber, empero, de su significado simbólico inmanente. (Jünger).

Estamos viendo en esta guerra como el decurso técnico (máquinas, radares, lenguajes digitales, etc.), se mezcla al estrato elemental –esa mezcla de las pasiones más salvajes del ejército ruso y las pasiones más excelsas del pueblo ucraniano, que es consubstancial al ser humano. Aquí en este ámbito no valen explicaciones económicas, ni morales ni culturales, se lucha por la defensa de la patria y de la libertad; aún a expensa de morir. Después de una larga paz en Europa, Estados Unidos de Norteamérica, Asia y América Latina, toparnos con esfuerzos de tal envergadura, hacen vibrar hasta el último nervio vital, hay que dirigir la mirada a un fenómeno de rango cultual, de fe.

El Progreso es la gran iglesia popular de los siglos XIX y XX, estaba señalado como la punta de lanza y el pueblo el mango que la impulsaba. En Ucrania la llamada eficaz de la movilización total para que participen en la guerra se apeló a sus convicciones, al fervor patriótico, que responde al ideal de la civilización y la cultura ucraniana. Vemos como Rusia pone en marcha la destrucción global de la estructura del Estado y de la sociedad civil. Esto no se separa de la técnica para la guerra, el automatismo y los lenguajes digitales, en la infraestructura de ataques –tanques, satélites balísticos, mapas, -etc. Que abren camino para la toma de Odesa. Vista a esa luz la guerra aparece como una piedra de toque insobornable, que efectúa sus valoraciones de conformidad con unas leyes estrictas y propias – como un terremoto que pone a prueba los cimientos de todos los edificios. (Jünger). 

Vladimir Putin y sus asesores no sólo planearon mal los cálculos de la guerra, sino que la fuerza de resistencia, incluso en una situación de debilidad física ante las fuerzas rusas, es digna de admirar en todo el mundo. En este tipo de guerra no importa que el Estado fuese o no un Estado militar, sino el grado de partición de la sociedad civil. Es un tipo de guerra popular, de guerrilla, de resistencia, de emboscadura, de desgaste, crear en el enemigo zozobra e inseguridad en el combate. Se trata de obstruir o destruir las líneas de provisiones –de armamentos, alimentos, vestidos, etc., y, de desencriptar las ordenes de combate. Bien entendido que aquí estamos hablando de cuestiones técnicas, de cuestiones de escenificación – de la movilización de la sustancia, pero no de la substancia misma. (Jünger).

Cabe tener presente que el interés propio de Putin, los oligarcas y la casta militar, posee un rango de limpieza ideológica, política y étnica – se combate para limpiar a Ucrania de nazis y de un régimen que se opone a las políticas de Putin en Ucrania -, la substancia misma de la guerra está en crear un corredor de Moscú a la península de Crimea y sus intereses estratégicos y geopolíticos, de una parte; también las riquezas elementales como el litio, por ejemplo, de otra. De la misma manera, poner un Gobierno títere que defienda los intereses del Gobierno de Putin y los oligarcas. Y ante la opinión pública de Rusia con la manipulación de los medios de información, cumplen una función humanitaria. Es el colmo de la insensatez, la mentira, la demagogia, que deja a la vera del camino cientos de muertos –ancianos, mujeres, hombres y niños, que nada tienen que ver con la guerra. También miles de desplazados de su hogar, su patria, con el dolor y el sufrimiento del recuerdo de lo que una vez fue suyo.

Así, la materia elemental, la fuerza primordial del pueblo ucraniano, fue afectada en su totalidad. De ahí que, bajo la cruzada de la sinrazón del Gobierno de Putin, y del sortilegio de una dogmática tan clara y evidente, todos los pueblos del mundo, ven unas tropas ávidas de sangre y de muerte como no ha habido otra en los últimos tiempos. Si a los soldados rusos le preguntaran porqué están luchando, les aseguro que la gran mayoría no sabe dar una respuesta clara. Difícilmente se les habría oído decir, por el pueblo ruso, luchan contra la barbarie y la reacción, luchan por la civilización y la libertad del pueblo ucraniano. Porque la gran mayoría de ellos no sabe porque combate y porqué está ahí. ¿Saben por qué? Porque no poseen ideales, ni una dirección objetiva y diáfana, una consciencia que les sirva como fundamento para alcanzar la victoria.

Sabemos que la guerra será tanto más segura y tanto más imperturbable en su decurso para los ucranianos cuanto más unitaria y profundamente sepan reclamar de antemano para sí la suma de todas las fuerzas. (Jünger). Vemos en esta guerra el espíritu del progreso entrelazado a la substancia de ésta. Los Estados y las sociedades occidentales son conscientes que la historia del mundo cambiará para siempre si dejan que Putin gane la guerra. Si pierde la guerra Occidente gana un mayor espacio, y gana la civilización, la libertad, la democracia y la paz entendidas en su acepción profunda. Eso presupone un alumbramiento de los valores propios, presupone otras ideas y otros aliados. Así el espíritu del progreso y la energía bélica se ponen al servicio de grandes ideales y principios para la humanidad en general.

Sin cesar va aumentando la índole abstracta y, por tanto, también cruel de las relaciones humanas. La segunda consciencia está ubicada en el palpito de las sociedades modernas, esto es, la conversión del hombre en número o en objeto. El patriotismo está siendo sustituido por un nacional-populismo nuevo, fuertemente impregnado de elementos conscientes. Son muchos los sitios donde el progreso se ha desprendido de la máscara humanitaria; en su lugar aparece un fetichismo medio grotesco medio bárbaro de la máquina, un ingenuo culto de la técnica. (Jünger). 

Y esto está ocurriendo en todos los países del mundo, aunque no se tenga una relación profunda con la esencia de ésta y las relaciones de poder que esconde tras de sí. Vemos como la marcha de los relojes cambian su curso a favor de la expresión bélica – carros de combate, cañones de largo alcance, drones, aviones de guerra que sobrepasan la barrera del sonido, escuadrillas de combate equipadas con bombas, buques de guerra, portaviones, etc.-.

El progreso técnico incide directamente en las masas cada vez más uniformes, en la economía, la política, la industria de armamentos, la cultura y, en el Weltgeist, el Espíritu del Mundo. Quien tiene el poder reina sobre todas esas esferas y la evolución de las técnicas de la guerra lo confirma. Así que, el <<el genio de la guerra>> y el <<espíritu del progreso>> se funden en una íntima ligazón, que se traduce en la primacía del elemento técnico y la movilización de energías cada vez más considerables. (Alain De Benoist). 

En este orden, la guerra se ha convertido en una empresa técnica, las distinciones tradicionales entre combatiente y no combatiente, militar y civil, se han desvanecido. Ya no hay guerra o paz, combate global permanente que sin distinciones moviliza a todos los hombres. Este proceso surge de las entrañas de la técnica y sobrepasa toda ideología. (Benoist).

En la guerra de Ucrania observamos que el progreso técnico (que va del maquinismo a los lenguajes digitales), no es indiferente ni neutral. A un nivel más profundo, en los dominios donde se aplica la dialéctica de las finalidades de la guerra, el pueblo ucraniano se ha encontrado consigo mismo. Así, la guerra le ha dado la oportunidad de realizarse y unificarse como pueblo. 

Esta guerra confirma una vez más que los equipamientos bélicos de las potencias mundiales han adquirido unas dimensiones planetarias; con ello está en correspondencia el potencial de esos equipamientos. (Jünger). Ahora veremos que es un concepto que ha penetrado en la política, tanto en su polémica como en su realidad. Una guerra que ha posibilitado un punto de inflexión mundial y todos los países correrán presto a los equipamientos bélicos y caminaremos sobre un desfiladero estrecho y profundo que conduce a la destrucción o, a la muerte. Ello modificará el significado histórico de la situación actual; y se utilizarán valores nuevos para tener un sentido de realidad completamente diferente al precedente.

martes, 22 de marzo de 2022

Las Guerras Hibridas

 


Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

La modernidad se caracteriza por los principios de la Ilustración y, la importancia de la ciencia y la técnica en las sociedades diversificadas. Las guerras hibridas han existido siempre, en la actualidad las tecnologías, la revolución en los medios de comunicación de masas, la cultura de masas y la sociedad de masas, revelan su nuevo rostro. Se caracterizan por ser conflictos de baja intensidad que no son pacíficos, pero tampoco son violentos. Porque el umbral en el que se ubican sus actores se sitúan entre la paz y la guerra. En el siglo XXI adquieren relevancia por razones geopolíticas, geoestratégicas y tecnológicas. Migraciones orquestadas por Estados para desestabilizar a otros y crear zonas de tensión en las fronteras, como lo que hizo el Gobierno bielorruso en la polaca o, el Gobierno venezolano en la colombiana de Norte de Santander o la Guajira.

Estos Gobiernos utilizan una pluralidad de variables, la manipulación de la información, la ciberexpiación o, la ciberagresion, como armas de recursos estratégicos que afectan la infraestructura o la administración pública del Estado agredido, entre otros. Por eso, el campo de batalla son las sociedades diversificadas o, las mentes de los ciudadanos, como sucedió en la campaña presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton, por parte de Rusia.

Observamos en el mundo actual cambios generados por las nuevas tecnologías, que inciden en la seguridad de los Estados de diversas maneras. Convertir uno de los pilares fundamentales de las democracias modernas como la libertad de expresión, en una debilidad. También las guerras directas tal la de Rusia y Ucrania, que alteran el contexto geopolítico y estratégico que desestabilizan una región. Particularmente el ataque directo o indirecto a los Estados y las democracias occidentales.

Así que, los lenguajes y las armas digitales sirven a China y a Rusia, para cuestionar el liderazgo de Estados Unidos, de Inglaterra y la Unión Europea, con tácticas asimétricas obviando las frontales. Esto provoca en las zonas <<calientes>> una intensa actividad de las variables correspondientes. Ahora bien, ¿qué buscan China y Rusia en Occidente? Fortalecer sus intereses nacionales debilitando al adversario. De ahí que utilicen tácticas y estrategias diversas: a través de partidos nacional-populistas o, ataques directos para crear desconfianza en las instituciones democráticas occidentales, debilitar el Sistema o, la Estructura en su conjunto, romper la unidad de los Estados aliados, penetrar en las mentalidades para crear zozobra y angustia en la sociedad, promover líderes de derecha o de extrema derecha, nacionalistas o populistas, que generen daño a las instituciones democráticas, como hizo Carles Puigdemont en Cataluña al Estado Español.

La migración es una variable de las guerras hibridas, el uso de inmigrantes para crear problemas al adversario. Como hizo Bielorrusia en la frontera polaca o Marruecos jalonando la llegada a Ceuta de miles de inmigrantes, para fomentar la polarización de valores e intereses, de los estados de la Unión. Que dan espacios de maniobras a partidos que desestabilizan el orden institucional nacional y de la Unión Europea. En el fondo, buscan agrietar las bases del Estado democrático Social de Derecho. Bielorrusia y Rusia fracasaron en sus objetivos; porque lo que buscaban era debilitar la Unión Europea y la unidad dentro de la OTAN.

Ahora bien, con el primado de la técnica en las sociedades diversificadas y de los medios de información, incentivan la propaganda, la mentira, la desinformación, la agitación de la opinión pública, la difusión de bulos, en un entorno donde se ponen en práctica tácticas y medios diferentes a los del pasado. La interconexión en el mundo global permite infinitas posibilidades en las esferas de la información, donde confundir y crear un tipo de receptor, anula suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. Como la capacidad de asombro, de análisis, de crítica o de juicio, sobre los hechos históricos, los fenómenos naturales o las acciones de los seres humanos y de los que ejercen el Gran Poder. De ahí que el desarrollo técnico y la inteligencia artificial, amplifican la polarización que tiene efectos negativos y destructivos sobre la seguridad nacional.

En la actualidad el mundo del ciber y de la información rápida y simultánea, rompen con los paradigmas del pasado. Estas variables han penetrado hasta los átomos del cerebro y el tejido del espíritu, que alteran la concepción del mundo y del ser. Así que, el ciber es espacio y herramienta de violencia o de guerra. Existen tres umbrales del ciber: la del espionaje, la del sabotaje y el chantaje. Que van desde el control de las mentalidades de una sociedad hasta actos criminales. La dificultad es la identificación y la atribución de las autorías, que dejan afluir márgenes de dudas y ambigüedades. Son ataques a ministerios, empresas, industrias, y bloquear las conexiones de telefonía móvil o ataques a infraestructuras civiles, en Estados Unidos y la Unión Europea o, Australia. O, en otras palabras, a sistemas de infraestructuras críticas del Estado y la sociedad.

Desde otro umbral emergen los recursos estratégicos, como el petróleo o el gas que se convierten en elementos de presión o chantaje por parte de Rusia; las tecnologías punta por parte de Estados Unidos frente a China, impidiendo el acceso a sus empresas. También el uso del dólar como divisa de referencia en reservas y sistemas de pago, por parte del Gobierno de Washington como herramienta de presión. Estados Unidos ha recurrido a ella como instrumento de presión ante países como Corea del Norte o Irán. Pero no ha sido utilizada a gran escala frente a Grandes economías.

Los expertos definen estas variables como <<armas de perturbación masiva>>, que rompen con las dicotomías del pensamiento occidental: lo público y lo privado, lo legal y lo ilegal, la guerra y la paz, lo militar y lo civil. El reto de las democracias occidentales consiste en crear y desarrollar mecanismos de defensa que impidan agrietar sus valores fundamentales. Desde Bruselas se están ideando dispositivos para dotar a los ciudadanos de las claves para afrontar la guerra de la desinformación, la mentira y la manipulación. Como sucede en países como Letonia, Estonia o Polonia. Sabemos que la tarea no es fácil para controlar o desarticular las <<armas de perturbación masiva>>.

Preguntamos, ¿dónde se librarán las guerras del presente y del futuro? En la Red. Y sus protagonistas son Internet, las Plataformas Digitales, TikTok, Twitter, YouTube o Instagram. Pero la guerra del futuro no la definirá la Inteligencia Artificial que monitorea un dron o un tanque que masacra a pueblos y ciudades, a personas inocentes (ancianos, adultos y niños), sino la capacidad del Dictador, del Autoritario, del Jefe de Estado o, del Sátrapa, de manipular lo que pensamos y lo que somos. No culpemos de todo al algoritmo, los aparatos son y no dejan de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior. El ser humano es quien ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos o bien darles un sentido nuevo. Es posible hacer saltar las cadenas de la técnica y quien puede hacerlo es la persona individual. (Ernst Jünger).

La Red es el nuevo frente de batalla y lo vemos en la guerra de Ucrania, donde los lenguajes digitales trastocan la información del presente y del futuro, en el campo de batalla. Eso no evita que cientos de ancianos, hombres y mujeres, buenos y valientes vuelen por los aires como una costra seca. Vemos que Anonymous como si fuera una brigada internacional ha salido en defensa de Ucrania frente al CiberSátrapa. En esta guerra atroz como en todo tipo de violencia, los hackers se convierten en agentes fundamentales para salvar la democracia y la libertad. Como dice el analista de datos del diario El País de Madrid-España, Kiko Llaneras:

Ha cambiado la inteligencia bélica y mucha información relevante ya no la aportan espías ni satélites militares. Son recursos al alcance de cualquiera, como los mapas de tráfico de Google. De ahí que se multipliquen los expertos en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT). Que se dedican a recolectar, analizar y tomar decisiones con estos datos.

Muchos analistas creen que Vladímir Putin cometió errores de cálculo al planear la invasión. Uno de los errores fue subestimar las consecuencias de un ataque que iba a ser emitido en directo, por gente corriente y celebridades. Gracias a la ubicuidad de las cámaras, la capacidad de las redes para amplificar y al escrutinio colectivo, para Putin ha sido imposible ocultar la realidad del campo de batalla.

Preguntamos, si el Presidente de Ucrania no hubiese inundado las redes con mensajes de resistencias, ¿hubiera eso cambiado la guerra? ¿habrían sido tan rápidas y decisivas las sanciones de Occidente sobre Rusia? ¿los bombardeos rusos serían peores, si Putin no supiera que, una hora después del ataque las imágenes de la barbarie recorrerán el mundo? Como escribió John Thornhill en Financial Times: Ucrania ha movilizado la sociedad civil y hay una colaboración entre su Estado y la gente. En cambio, el Estado ruso domina casi toda su comunicación. Es una competición entre una red horizontal y una estructura vertical, entre un coro y un megáfono.

 

Como dijo Bertol Bretch en un poema:

                                               General, el hombre es muy útil.

                                                Puede volar y puede matar.

                                                Pero tiene un defecto:

                                                puede pensar.

A los nuevos Sátrapas, como a los viejos, deben derribarlos sus pueblos.

 

                                     Madrid-España a 18/03/2022

 

viernes, 18 de febrero de 2022

LA BANALIDAD DEL MAL

 

        

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt en su obra Eichmann en Jerusalén se refiere a la banalidad del mal para reflexionar sobre la ambigüedad del concepto de maldad. Por el cual algunas personas pueden ser manipuladas por sus conceptos vacíos, triviales, sobre lo bueno y lo malo; así, cuya banalidad no excluye la crueldad de sus efectos.

Acuñó la palabra banalidad del mal en referencia al juicio que en Jerusalén le hicieron a Eichmann. Que lejos de significar que el mal no tiene importancia, representa que empieza a tornarse banal cuando se considera que deriva de alguna <<verdad>>. Que proviene del Estado, del Führer, del partido o, la moral social aceptada. No se cuestiona porque viola lo legítimo y legalmente constituido como <<verdad>> ante la sociedad. Porque todo en el Estado totalitario, se politiza,

Las personas que cometen actos monstruosos, horrorosos, son individuos comunes y corrientes, insignificantes, superficiales, sin ningún fundamento teórico o practico, sobre la realidad y el mundo. Por eso, la banalidad del mal se enraíza en las instituciones sociales, políticas, jurídicas o culturales –el Estado, el ejército, la policía, la administración pública, etc. –que se valen de personas vacías y anodinas para que ruede la ruedecita del engranaje del Sistema. Necesitan de una inteligencia precisa, de buena calidad. Hay en todos los asuntos de la práctica un cierto número de seres humanos que forman la pequeña y bien diseñada ruedecita que da impulso y trabajo a la obra. (Jünger).

En ellos se encarna cierta ironía y frialdad al impartir órdenes. Cada uno de los seres humanos encuentra en la vida el puesto que le resulta adecuado. Nacemos exactamente con el potencial social que haremos realidad. A estas personas el mundo se les presenta como una arquitectura confusa. Hay un único factor que es terrible en todos los tiempos y que nunca deja de serlo –el ser humano; las armas son únicamente miembros que le han sido adosados y sentimientos a los que se le ha otorgado forma. (Jünger).

La banalidad del mal es la expresión de la <<pura>> maldad, en la ferocidad de los actos humanos. Heidegger señaló: la esencia de la maldad no consiste en lo malvado de los actos humanos, sino en la <<pura>> maldad de la ferocidad. (Heidegger). Por eso se origina en la parte oscura e inconsciente del corazón y el cerebro humano. Quien lleva a cabo estos actos abominables y detestables, en su mayoría no son conscientes de lo que hacen, bien por falta de educación o de capacidad de pensar. Bien porque han extirpado del alma y del corazón la zona de la sentimentalidad. El concepto de alma para los griegos psyché era el principio del movimiento interno que potencia la vida. Este tipo de hombre de gustos gruesos y barbaros activa la psyché para develar en sus acciones lo bestial y los instintos asesinos que moran en ella.

Cuenta George Steiner que el escritor Arthur Kloestler, estaba convencido de que el cerebro consta de dos partes: una pequeña parte ética y racional (todavía muy pequeña y una enorme trastienda cerebral, bestial, animal, territorial, cargada de miedos, de irracionalidades, de instintos asesinos, y que harían falta millones de años para que la evolución moral alcance nuestra condición, nuestras técnicas de agresión y destrucción. (Steiner).

Es evidente que el desarrollo científico, la técnica, la prosperidad, el confort, la paz, en la cultura occidental, no son indiferentes al mal, a la violencia o a la guerra, pero no exclusivamente. Walter Benjamín dijo: todo lo que abarca el arte y la ciencia tiene una procedencia que no podrá considerarse sin horror. Debe su existencia no sólo al esfuerzo de los grandes genios que lo han creado, sino en mayor o en menor grado a la prestación anónima de sus contemporáneos. Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea al mismo tiempo de la barbarie. Si la ciencia es el fundamento de la técnica. Resulta patente que ésta no es un hecho puramente científico-natural. Al mismo tiempo es un hecho histórico. 

Así que, la técnica sirve al Estado totalitario no sólo para la producción de mercancías, sino también para producir armas para la guerra, carreteras o cámaras de gas, entre otros. Las energías que la técnica desarrolla más allá de las necesidades de la sociedad. En primera línea favorecen la técnica de la guerra y su preparación publicitaria. El siglo pasado no fue consciente de las energías destructoras de la técnica. (Benjamín). El Estado nazi la utilizó en las cámaras de gas para exterminar a millones de judíos y minorías étnicas y, éste los presentaba con el barniz de una muerte indolora. Es el colmo de la ironía y lo inhumano ante la dignidad y el respeto a la vida del otro. Sabemos que el demonio utiliza varias máscaras y éste utilizó la del sufrimiento, el dolor, la tortura y la muerte.

Según Arendt le impresionó sobremanera la superficialidad del acusado, que hacía imposible vincular la maldad de sus actos a ningún nivel más profundo de motivación. Los actos fueron monstruosos, pero el responsable –al menos el responsable efectivo que estaba siendo juzgado- era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso. No había ningún signo en él de firmes convicciones ideológicas ni de motivaciones especialmente malignas, y la única característica notable que se podía detectar en su comportamiento pasado y en el que manifestó a lo largo del juicio y de los exámenes policiales anteriores al mismo fue algo enteramente negativo: no era estupidez, sino falta de reflexión

Así pues, ni el hombre civilizado hijo de la cultura greco-romana y judeo-cristiana, ni hombre el culto, ni el hombre creyente, ni el hombre común, pudo controlar o parar la bestialidad política de la banalidad del mal. El burócrata que la ejecuta, es, un hombre <<con las mismas cualidades de agresión, de brutalidad, de astucia y de inventiva estratégica>>, que aquel que lucha en la guerra por conservar la vida. 

La banalidad del mal tomó máscaras nuevas en los Estados contemporáneos. Desveló que el estilo de vida burocratizado lleva en sí como un germen maligno, la deshumanización de los hombres. Benjamín piensa que, la cosificación no sólo hace opacas las relaciones entre los hombres; sino que además envuelve en niebla a los sujetos reales de dichas relaciones.

Entre los que detentan el poder en la vida económica y los trabajadores se desliza todo un aparato de burocracias administrativas y jurídicas, cuyos miembros no son capaces de desempeñar funciones en cuanto sujetos morales plenamente responsables; su conciencia de la responsabilidad no es otra cosa que la expresión inconsciente de ese encanijamiento. (Benjamín).

Preguntamos, ¿por qué Eichmann fue incapaz de sentirse culpable como si no tuviera consciencia? Porque la conciencia de la sociedad que le hablaba era una voz respetable. De ahí que actuaba amparado por las órdenes que recibía. Eran órdenes superiores que determinaban su conducta y acciones; y eran tan fuertes que su incapacidad de pensar y juzgar, le imposibilitaban cuestionar el <<sentido>> de sus acciones. Además, el pensamiento como la actividad espiritual de autorreflexión que busca el <<significado>> en el sentido Kantiano, brillaba por su ausencia.

Así que, el burócrata sólo conoce una falta, trasgredir el orden, lo legítimo y legalmente constituido por el Gran Poder. La lógica del burócrata expresa: si no lo hago yo, otro lo llevará a cabo. Existe entonces una relación entre la estadística y el criminal en el Estado totalitario. Pues, el genocidio es una matanza administrativa y estadística que responde a las apetencias del Gran Poder. Ellos son personas siniestras y abominables, su capacidad de pensar la sustituyen por el cumplimiento de las normas y las reglas.

Cuenta Viktor E. Frankl (1995), que en los campos de concentración había individuos dispuestos a torturar o matar. De ahí que la élite del partido nazi competía por el honor de llevar a cabo el dolor, el sufrimiento y la sangría, al otro ser humano. A Eichmann lo que le hacía sentir mal y culpable, era trasgredir el orden y las normas establecidas, no lo moralmente incorrecto. Cuando ordenaba gasear a miles de judíos, se sentía feliz y orgulloso, de haber cumplido con su deber.

Es posible afirma Steiner, que aún no hayamos podido encontrar al hombre una salida para su enorme energía animal que, en la rutina de la monotonía, de la mediocridad sexual de la mayor parte de las vidas, busca afirmarse. Como si la cultura para algunos fuera algo superficial y fugaz, un amontonar y no la cualidad del ser y de la existencia que posibilita la experiencia, la imaginación, y <<la posesión de un conjunto elásticos de sistemas que confieren la intuición, el dominio y la valoración de la realidad>>. (Sábato). Por eso, los filósofos la perciben como una cualidad del ser, que permite trascender la vida instintiva, animal y agresiva del ser humano.

Freud creyó que, el estrato entre la civilización y la barbarie, la cultura y la animalidad política, era muy delgado. Que la cultura y la civilización, no podrían resistir a las pulsiones más profundas de destrucción y sadismo del ser humano. El animal humano es muy perezoso, probablemente de gustos muy primitivos, mientras que la cultura es exigente, cruel por el trabajo que exige. (Steiner).

Bueno, ¿qué buscan los que incrementan el miedo, el dolor y la muerte, en la sociedad? Que el hombre desista de sus sentimientos, de la libertad y de la autonomía de la voluntad, como del pensamiento crítico que los enfrenta a la realidad y a los requerimientos más profundos de la condición humana. Además, Eichmann representaba la ausencia de pensamiento –que es común en nuestra vida cotidiana, donde apenas tenemos el tiempo, y menos aún la propensión, de detenernos y pensar. (Arendt).

En el Estado absoluto tecnológico y totalitario, donde es una pieza más del engranaje del Sistema, es imposible detenerse y pensar. Porque el capitalismo industrial y empresarial, el conocimiento y la técnica, el capital financiero, se politizan y, lo que desean es configurar en la sociedad un hombre banal, mediocre, frustrado, uniforme y con miedo, que no altere la función del Estado. Que no se atreva a actuar, hablar o pensar, ya que el peso de las imágenes, de las instituciones, de los modelos de conducta y del ejercicio del poder, lo paralizan. Porque lo que le espera es el exilio, la cárcel, la tortura o la muerte.

En este orden de ideas, el miedo es uno de los síntomas de nuestro tiempo. La consternación causada por el miedo es tanto mayor cuanto que ese miedo viene a continuación de una época en la cual hubo una gran libertad individual. (Jünger). Además, ¿qué buscan los que incrementan el miedo, el dolor, el sufrimiento y la tortura, en la sociedad? No es sólo la parálisis del pensamiento, sino también de actuar y soñar. Que el hombre desista de la imaginación, de la libertad y la deposite en el Estado y las instituciones, el partido y la hybris del progreso y las comodidades técnicas. Porque se proponen convertir a los seres humanos, en seres vacíos, pusilánimes, disciplinados, ante el gran despliegue del poder: el Gran Poder.

De hecho, el número, el maquinismo, el automatismo, la disciplina militar, la demagogia, son las esferas en las que se manifiesta el Gran Poder. Jünger dice, en su defecto, el automatismo y el miedo van estrechamente unidos, por cuanto el ser humano coarta sus propias decisiones en beneficio de las facilidades técnicas. Pero también aumenta, y ello de manera necesaria, la pérdida de la libertad.

La Época Moderna concatenó el progreso, la técnica y el automatismo, con la superficialidad de los hombres del común. Porque les falta la capacidad de reflexionar sobre los hechos de la vida cotidiana. Así que, esos hombres que incrementan el dolor, el miedo y la muerte, los define Arendt como hombres totalmente corrientes, del montón, ni demoníacos ni monstruosos.

Ahora bien, ¿qué está en juego en un Estado totalitario? Fundamentalmente la manera de pensar y la libertad individual. Pero nuestra capacidad de pensar no está en juego; somos lo que los hombres han sido siempre –seres pensantes. Con esto se entiende, simplemente, que los hombres tienen una inclinación, una necesidad quizá, de pensar más allá de los límites del saber, de ejercer esta capacidad para algo más que ser un simple instrumento para hacer y conocer. (Arendt).

Así que, a los hombres banales no sólo les falta la reflexión, sino que ajustan sus vidas y conductas a estereotipos, expresiones estandarizadas, clichés, ya que cumplen la función socialmente reconocida de protegerlos frente a la realidad; o, lo que lo mismo, frente a los requerimientos de nuestra atención del pensar que ejercen todos los hechos y acontecimientos en virtud de su misma existencia. Porque si tuviéramos que ceder continuamente a estas solicitudes acabaríamos agotados; en cambio, Eichmann se distinguía del resto de nosotros únicamente en que ignoró del todo estos requerimientos. (Arendt).

Por eso, es necesario que nos desprendamos de ciertas creencias, conceptos y razonamientos, cuando se examinan críticamente, resultan, en ocasiones, mucho menos firmes, y su significado e implicaciones, mucho menos claros y firmes que lo que parecían a primera vista. Al analizarlas y cuestionarlas, los filósofos amplían el autoconocimiento del hombre. (Isaiah Berlin). Sí llegamos a desprendernos de ellos, quizá, nuestra capacidad de pensar nos eleve más allá de la realidad y de la vida, que responde a los requerimientos del Gran Poder. Quizá esta capacidad como algo natural al hombre posibilite <<exiliarse en esa sobre naturaleza>>, que Eugenio Trías <<llamó mundo, mundo humano, mundo de vida saturada de inteligencia lingüística, técnica y simbólica>>.

No para huir de la banalidad del mal, individual, institucional o social, sino para encontrar las categorías fundamentales de la existencia y la realidad, que posibiliten enfrentarlo con tenacidad. Y ser conscientes que estos hombres superfluos, banales e irreflexivos, son instrumentos de <<la pura maldad de la ferocidad>>. Esa que, en los tiempos primitivos, mágicos o divinos, devela la inteligencia simbólica del hombre.

Los que llevan a cabo los actos de la <<pura maldad de la ferocidad>>, son en su mayoría hombres mediocres, anodinos, en la sociedad. Son individuos incapaces de pensar y, su característica esencial, consiste, en adolecer de la capacidad de juzgar. De distinguir en términos racionales lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo y, donde se encuentran las líneas <<rojas>> que limitan el comportamiento humano. Expresó Arendt: los actos fueron monstruosos, pero el responsable era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso.

El <<puro>> mal es uno de los síntomas de nuestro tiempo. Un fenómeno intrínseco a la naturaleza humana que se da desde el Primer Adán. Ahora porta sus máscaras propias: los campos de internamiento, las matanzas de obreros, de campesinos o de estudiantes, los inmigrantes, los indigentes de las Grandes ciudades, la pobreza absoluta, etc. Y cómo la crueldad se convirtió en elemento constitutivo de la banalidad del mal y de las nuevas formaciones de poder.

Así que, la banalidad del mal la percibimos en la esfera económica, política, social, científica, técnica, moral, ética y cultural. Y, lo más sorprendente es, que la crueldad de la banalidad del mal se convirtió en parte constitutiva de la vida cotidiana, de las instituciones y del Estado. Se trata de ver, por otra parte, que el pensamiento racional que está ligado a la ciencia y a la técnica, es un pensamiento cruel. Que responde a las apetencias del Gran Poder.

En un mundo como éste observamos como <<el Estado permanentemente somete a una parte de su población a intromisiones horrorosas>>. Las nuevas formaciones de poder lo que buscan, no es sólo la distancia entre los seres humanos, sino incrementar la deshumanización entre ellos. Y sólo se puede revelar la banalidad de la crueldad si nos valemos de la <<vida saturada de inteligencia lingüística, técnica y simbólica>>. Estas esferas del saber y de la experiencia compartida posibilitan que todavía haya en las sociedades modernas, personas capaces de ver las perdidas: la aniquilación del valor, la estandarización de la sociedad o, la parálisis de los movimientos espirituales del pensamiento.

Sabemos que la capacidad de distinguir el bien y del mal, está ligada a la de reflexionar, esto es, al pensar. Así, el hombre que vive inmerso en la vida cotidiana (el trabajo, el consumo, el sexo, el alcohol, la droga, las imágenes, las redes sociales, las Plataformas Digitales, el ocio vacío, etc.), no tiene tiempo para detenerse y pensar. Además, la banalidad del mal no sólo se manifiesta en las instituciones y sus agentes de violencia, en los campos de concentración, en la guerra, sino también en la vida cotidiana que establece el Gran Poder. Que no posibilita divisar la historia y la frontera del mundo, para distinguir en términos morales el bien y el mal, lo aquende y allende de la historia.

Arendt se refiera a Eichmann de la siguiente manera: todo lo que <<hace>> o <<dice>>, está supeditado a <<estereotipos, frases hechas, a códigos de conducta y de expresión estandarizadas que cumplen la función socialmente reconocida de protegerlo frente a la realidad, es decir, frente a los requerimientos del pensamiento que ejercen los hechos, en virtud de su existencia.  

Existe un abismo entre los hombres de concepciones brillantes y fáciles y, los hombres de actos brutales y bestiales, que ninguna explicación intelectual puede resolver. (Arendt). Este tipo de hombres extirpa como un tumor maligno las esferas de la sentimentalidad. El problema radica, no tanto en dormir su consciencia, como en eliminar la piedad meramente instintiva que todo hombre normal experimenta ante el espectáculo del sufrimiento físico.

El truco utilizado por Himmler consistía en invertir la dirección de estos instintos, o sea, en dirigirlos hacia el propio sujeto activo. Por esto, los asesinos, en vez de decir: ¡Que horrible es lo que hago a los demás!, decían: ¡Que horribles espectáculos tengo que contemplar en cumplimiento de mi deber, cuan dura es mi misión! (Sissi Cano Cabildo).              

Resulta comprensible que se haga del gusano el símbolo del dolor y que se compare con un gusano al hombre que sufre indefenso. Está en primer lugar la posición, completamente a ras de suelo, una posición en la que se encarna lo inferior y en la que no se disfruta, como en caso de las serpientes, ni de una marcha rápida ni de escamas ni de armas. Está en segundo lugar la piel desnuda, carente de pelo, falta de toda protección, y está además la ceguera, y está sobre todo la contorsión, que hace que el cuerpo entero se convierta en espejo de la sensación que se experimenta. (Jünger).

En los campos de concentración existía una amalgama de hombres brutales, horrendos y salvajes, y aquellos banales e insignificantes en el trabajo y la vida cotidiana. Que, siguiendo las prescripciones y los códigos de conducta establecidos por el Gran Poder, fueron capaces de cometer los crimines más horrendos de la humanidad. Ese abismo se ahonda, cuando el pensar, la imaginación, la sentimentalidad y la experiencia, no son capaces de contener eso que, George Steiner llamó: lo que luego aconteció: la Soha.

Ahora bien, ¿por qué el vacío conceptual, ideológico y de comportamientos antihumanos, lo llenaron los campos de concentración, la tortura, la mentira organizada y sistematizada, la demagogia, la supresión del pensamiento y del lenguaje? ¿por qué no suficiente con los horrores del presente? Porque resultó difícil guardar el modo propio de ser. Porque la riqueza que forma parte de éste no es sólo incomparablemente más valiosa; es el manantial que brota de las profundidades de cualquier riqueza visible. Olvidamos que los hombres somos hermanos, pero no iguales. Que existen dentro de las masas personas que por naturaleza son ricas de espíritu, bondadosas, felices o poderosas; que conducen a poderes nuevos y riquezas nuevas, a repartos nuevos. (Jünger).

Que el modo propio de ser del hombre no es, en efecto, únicamente creador, benefactor, sino también destructor, es su daimonion. Que existen tipos humanos que mantienen una relación especial con el sufrimiento, el dolor y la muerte. Sino tener presente que el hombre no representa una excepción, no es una minoría selecta. Antes, al contrario, se halla oculto en el interior de todos y cada uno de nosotros. También es posible dar al ritmo superior de la historia la interpretación siguiente: el ser humano se redescubre a sí mismo periódicamente. Desde los tiempos más remotos viene repitiéndose una y otra vez el mismo espectáculo: el hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad. (Jünger).

De lo que se trata en la actualidad es, que, de lo único que el hombre sale garante hoy es de sí mismo. Y es ahora cuando se convierte en el antagonista del Gran Poder, más aún, en su domeñador, en su vencedor. Se ha llegado a una concepción nueva del Gran Poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantearles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que nada tiene que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra. (Jünger).

Tener consciencia que la libertad del ser humano se enfrenta a unos tipos de violencia que se han modificado en la actualidad. Dar el primer paso para salir del mundo dominado por la estadística, la vigilancia, la cosificación y el Gran Poder; y un segundo paso que la libertad nos ayude a salir de las abstracciones, las funciones y las divisiones del trabajo. También desgarrar las ataduras de todo autoritarismo o totalitarismo que niega la libertad y los derechos individuales de las personas.

En última instancia, ¿cuál es el objetivo del Estado totalitario? Diluir en las instituciones y el Gran Poder la base que se halla por debajo de lo individual, la base de la cual irradian las individuaciones. Y así, desgarrar todo lazo comunitario y solidario que posibilite otra <<forma>> y <<sentido>> de convivencia entre las personas. Romper las redes sociales de pertenencia, que el yo se reconozca en el otro. Porque el otro puede ser el hermano, el amigo, la amada, el amado, la persona sola que sufre, el desamparado, el indigente material o espiritual. Al dispensarles ayuda, el yo, el tú, el nosotros, se favorecen en lo imperecedero. En ello se corrobora el orden fundamental del mundo y de la existencia humana.

Sabemos que el ser humano hace parte de una Gran Mecánica que se desvela como una realidad amenazante; por así decir, está presta para aniquilarlo. Ser conscientes que todo racionalismo de Estado, institucional, económico, político, social, técnico, científico o cultural, lleva al mecanismo que conduce a la crueldad, al dolor, al sufrimiento y la tortura que es, su consecuencia lógica. Pero, la persona individual concreta se las ingenia para romper el cerco y alcanzar lo justo, lo bello y lo bueno para el hombre. El milagro siempre está presente, porque en medio de la cosificación, la cifra vacía y la tecnificación, aparece el ser humano y dispensa ayuda. Esas cosas no pueden perderse, de ellas vive el mundo.

                      ¡Son las ofrendas de los dioses a los hombres!

           ¡Se trata de dejar el mundo mejor que como lo encontramos!

 

                               Madrid – España 14/02/2022

martes, 25 de enero de 2022

EL PELIGRO DEL DISCURSO EN LA ÉPOCA MODERNA


 

<<Donde quiera que esté en peligro el discurso, la cuestión se politiza, ya que es precisamente el discurso lo que hace al hombre un ser único>>.

                                                         <<La condición humana>>.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Uno de los peligros del discurso en la actualidad, consiste, en ajustarlo a las necesidades del ejercicio del poder, del pensamiento científico, de la técnica, de la economía, ya que dejaría de tener significado, porque las ciencias de hoy utilizan un lenguaje de símbolos matemáticos que, si bien, al principio eran expresiones del discurso hablado, ahora contiene otras expresiones imposibles de traducir a discurso. Así, el discurso de las ciencias y las matemáticas, se separa, cada vez más, del de las lenguas naturales. De ahí que esté situado, en su parte material o en los umbrales de las abstracciones.

Este tipo de discurso no sólo es diferente, sino que se aleja del discurso del hombre común y corriente. Porque las expresiones que contiene son las simbólicas, de las matemáticas, que no contienen contenidos espirituales. Tener presente que los científicos se mueven en un mundo donde el discurso a perdido su poder. De ahí que cualquier cosa que el hombre haga, sepa o experimente sólo tiene sentido en el grado que pueda expresarlo. Según el pensamiento científico, de lo contrario, se ubica en las esferas de la falsedad o las falacias.

Tal vez haya verdades más allá del discurso, y tal vez sean de gran importancia para el hombre en singular, es decir, para el hombre en cuanto no sea un ser político, pero los hombres en plural, o sea, los que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan, y se sienten unos a otros a sí mismos. Las verdades más allá del discurso son verdades trascendentes que responden a las necesidades espirituales, mentales, morales, religiosas, del hombre en particular. Pero no a las necesidades materiales y políticas del hombre en la pluralidad de humanos, donde vive, piensan o actúa.

En Arendt el artificio humano del mundo separa la existencia humana de toda circunstancia meramente animal, pero la propia vida queda al margen de este mundo artificial y, a través de ella, el hombre se emparenta con los restantes organismos vivos. Desde hace tiempo, el esfuerzo de numerosos científicos se está encaminando a producir vida <<artificial>>, a cortar el último lazo que sitúa al hombre entre los hijos de la naturaleza. Esto lo dijo Arendt en la segunda mitad del siglo XX. 

Crear vida en el tubo de ensayo, ya es una realidad sobre la tierra. Como producir prótesis que sustituyen los órganos y los miembros del cuerpo humano. Demuestra que el conocimiento científico y la técnica están construyendo el artificio humano del mundo, que separa la existencia del hombre de la vida biológica, espiritual y mental. Posibilitando, entre otros, la crisis de la naturaleza humana que repercute en las esferas del espíritu, del cuerpo y de la mente.

La ciencia y la técnica son la punta de una lanza y los hombres el mango que la impulsa. Así, su deseo de escapar de la condición humana lo lleva a trascender la vida en la Tierra e imaginar mundos allende donde vivir. El hombre desea sustituir el mundo natural tal creado por Dios, por uno creado por él mismo. Y, esto está produciendo no sólo una crisis de la condición humana, sino también un punto de inflexión en la vida del hombre sobre la Tierra.

Su reconocimiento en cuanto a humano, a homo, lo adquieren debido a que se hablan y se sienten unos a otros, en el mundo que comparten. Así que, el reconocimiento que hace el espacio público a los hombres en plural, se debe a la singularidad única del discurso, el lenguaje, que lo capacita para la política. Aquí el lenguaje se convierte en la cualidad fundamental del ser humano para la convivencia, el dialogo, el consenso y, la búsqueda del bien común.

Así, el espacio público no sólo está constituido por los productos del trabajo, sino también por la cultura y las instituciones. El trabajo elabora objetos de uso –una casa, un coche, un barco, una máquina, un ordenador-, y a la vez, objetos de placer estético, la actitud de gozo desinteresado que producen –las obras de arte, un edificio, una partitura musical-.

De la misma forma, lo componen las instituciones públicas y privadas. Pero el mundo objetivo se revela habitable gracias a la acción y a la palabra. Lo importante para Arendt es, la pluralidad de perspectivas para comprender el mundo y la vida. Porque el mundo no se reduce a las personas, sino que lo constituye el espacio que hay “entre” los hombres.

Así, son los objetos del trabajo los que posibilitan la objetividad y con ella, la durabilidad y la estabilidad. Para el mundo lo importante es la estabilidad, la durabilidad, el artificio y la intersubjetividad. El mundo del artificio es el mundo hecho por las manos del hombre; el mundo objetivo. En el mismo orden, la reificación considera al ser humano consciente y libre como objeto. Se refiere a la cosificación de las relaciones humanas y sociales determinadas por el consumo y la utilidad. Asimismo, la intersubjetividad es el tejido de relaciones humanas, en el ámbito de la política, la economía, lo religioso, lo técnico, lo científico, lo cultural, del Estado y las instituciones.

El mundo artificial relaciona la naturaleza y al hombre. Un mundo hecho por objetos o cosas, y permanece después de la muerte del ser humano. Los hombres desafían al tiempo con la creación de actividades (obras de arte, la música, etc.) y, de instituciones que les permite cierta cuota de inmortalidad. De ahí que Arendt defina la política, la poli, la historia, la filosofía y el arte; en relación al mundo que es para los hombres morada y espectáculo.

Así que, relaciona el arte con el juicio reflexionante político; el gusto por cultivar lo bello. Además, como el arte consigue salvar de la ruina del tiempo algunos humanos efímeros. La actitud de gozo desinteresado que producen las obras de arte sólo es posible, cuando se han atendido las exigencias del organismo. Esa que Arendt llama en <<La condición humana>> vita activa que divide en tres esferas: la labor, el trabajo y la acción. Expresa que, en el Mundo Moderno, predomina la labor sobre el trabajo. La labor se caracteriza por el predominio de la naturaleza sobre la técnica; y con ella, la pérdida de mundo común.

Por tanto, en la Época Moderna la labor se expresa en la reproducción, la supervivencia, el consumo, el lujo y el tiempo de ocio. Eso que llama en otro texto, la cultura de masas y la sociedad de masas, que aparca las reflexiones en nombre del consumo, del ocio vacío y la conversión de la cultura en espectáculo. Como consecuencia del predominio de la reproducción sobre la técnica y el mundo común, se devalúa la capacidad de pensar, de juzgar y la cultura en general. Por eso, hay que ver la Época Moderna en su cultura.

                                

                                          Madrid-España 25/01/2022

sábado, 15 de enero de 2022

LA CONDICION HUMANA EN LA CIVILIZACION DEL ARTIFICIO


 

<<Dos hombres, dos arbustos de rosas silvestres jamás podrán ser idénticos. Lo que busca el poder a través de la violencia, es terminar con la singularidad y la pluralidad de la condición humana; aquello que posibilita la existencia del hombre en la Tierra>>.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt en el texto la Condición humana habla sobre tres categorías fundamentales en la vida del hombre. Dice que la vita activa se expresa a través de tres esferas: la labor, el trabajo y la acción. Condiciones sobre las que se ha dado al hombre la vida en la Tierra. La labor es la actividad correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano, y a las necesidades producidas y satisfechas en el proceso de la vida. La condición humana de la labor es la propia vida; conservarla y reproducirla.

El trabajo corresponde a lo no natural de la exigencia del hombre, no está inmerso en el correspondiente siclo vital de la especie, y la mortalidad queda compensada por dicho siclo. El trabajo proporciona un <artificial> mundo de cosas o de objetos, claramente distintas de todas las circunstancias naturales. Así que, la condición humana del trabajo es la mundanidad.

La acción, la actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materias, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo. Así que, todos los aspectos de la condición humana están relacionados con la política. La pluralidad humana es la condición de toda política. La acción no es la repetición de un modelo, adquiere sentido porque se da en el mundo plural de los hombres, esto es, la sociedad. Por tanto, los hombres no son interminables repeticiones reproducibles del mismo modelo. Cada hombre es único e irrepetible en la pluralidad humana de la política.

De ahí que su esencia no es predecible del mismo modelo, como naturaleza o esencia. La pluralidad es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos. Así que, en el ámbito de la acción los seres humanos desarrollan y ponen en práctica la libertad. Estas tres categorías (labor, trabajo y acción), se relacionan con la condición más general de la existencia: nacimiento y muerte, natalidad y mortalidad.

Asimismo, el trabajo y su producto artificial hecho por el hombre, concede durabilidad a lo pasajero de la vida mortal y al carácter efímero del tiempo humano. La acción se compromete a establecer y conservar los cuerpos políticos para la memoria, esto es, para la historia. La labor y la acción, tienen relación con la condición humana de la natalidad. El nuevo comienzo inherente al nacimiento se deja sentir en el mundo sólo porque el recién nacido posee la capacidad de empezar algo nuevo, es decir, de actuar. En este sentido de iniciativa, un elemento de acción, y, por lo tanto, de natalidad, y no la mortalidad, puede ser la categoría central del pensamiento político, diferenciado del metafísico.

Así que, el totalitarismo odia todo nacimiento, porque lleva implícito no sólo la acción, sino la alteridad y la aventura. Un elemento de acción y de natalidad que es inherente a todas las actividades humanas. Asimismo, el totalitarismo sitúa en el centro de la política, lo siempre igual, el servilismo, lo gregario y la muerte. Los totalitarios odian la natalidad y la acción de la individualidad, en la pluralidad de la política. La política no es para ellos, la acción plural de la condición humana, sino el dominio y la homogenización de la sociedad. Como lo expresa Arendt, se convierte en la categoría central del pensamiento político.

La cosa está clara: el hombre es un ser condicionado; todas las cosas con las que entra en relación lo condicionan. Así, la condición humana trasciende y abarca toda actividad del hombre, todas las cosas naturales y reificadas, hechas por el hombre, condicionan la vida de los hombres. Arendt ubica en la misma balanza con las mismas pesas, los condicionantes naturales y artificiales del hombre. Cualquier cosa que entra en contacto o se relaciona con la vida del ser humano, se define como condicionante de la existencia del hombre.

La objetividad del mundo –su carácter de objeto o cosa- y la condición humana se complementan mutuamente; debido a que la existencia humana es pura existencia condicionada, sería imposible sin cosas, y estas formarían un montón de artículos no relacionados, un no-mundo, si no fueran las condiciones de la existencia humana. Sólo el mundo adquiere valor –las cosas o los objetos-, cuando se relacionan con la existencia humana. De su condicionalidad depende su existencia como cosas u objetos; ya que son objetos y cosas para el hombre. Si no fueran para el hombre, se constituirían en un montón de cosas inertes y sin importancia dentro del mundo natural de las cosas. Quien les da existencia verdadera y eficaz, es el hombre; la relación o condición que establecen con los hombres. Cuando se relacionan con la existencia humana, las cosas adquieren <<Figura>>, esto es, existencia para el otro, el hombre.

La naturaleza humana no es lo mismo que la condición humana, y la suma total de capacidades y actividades que corresponden a la condición humana no constituyen nada semejante a la naturaleza humana. Ni la razón, ni el pensamiento constituyen las características esenciales de la existencia, en el sentido de que sin ellas dejaría de ser nuestra existencia. Labor, trabajo, acción y pensamiento, son categorías que condicionan la condición humana; pero no la existencia del hombre sobre la Tierra.

Así pues, en la esfera de la vita activa, diferencia la labor del trabajo. El producto del laborante es inmediatamente consumido; los productos del trabajo –sean objetos de uso, objetos de goce como las obras de arte- una vez terminados, persisten. Así que, la estabilidad, la durabilidad de los objetos del trabajo, son los que posibilitan la objetividad. Para el mundo, lo esencial es la estabilidad, la durabilidad, la artificiosidad e intersubjetividad. De otra parte, aunque sea un mundo artificial es, un mundo que perdura después de la muerte de quienes lo construyen. Este espacio público no está constituido tan solo por los productos del trabajo, sino también por la cultura y las instituciones.

Por eso, el caos o la crisis política o social, se expresan en el arte; o, en otros términos, en las <formas> estéticas. El arte no es un mero adorno. Como expresó Vico, es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión en una forma material concreta. En cambio, Arendt considera que el mundo es habitable, porque posibilita trascender la vida en su sentido no biológico, gracias a la acción y la palabra. Si se corrompe la acción y la palabra (la poesía, la novela, la música, el discurso político, la comunicación entre los hombres, etc.); expresan su crisis en la cultura.

En toda comunidad que construye un mundo vivible, la crisis de la vida pública se comunica en su cultura. Por eso, sólo percibimos los efectos de la acción en la intangible trama de relaciones humanas. O, en la estabilidad de las relaciones intersubjetivas. De ahí que sea necesario mirar detrás del forro de los fenómenos y develar el verdadero sentido del mundo y de la vida.

Cuando Arendt analiza la sociedad moderna, su crítica no se reduce a un simple lamento acerca de cómo los modernos conceden tanto valor a la técnica, sino que su preocupación básica gira en torno a las consecuencias que detecta en el hecho de que la sociedad moderna esté organizada según la labor. El Mundo Moderna lo muestra no como un retroceso paulatino de la naturaleza, sino como un desmesurado avance de la misma y, por ello, como una progresiva pérdida de mundo común.

El Mundo Moderno está estructurado, organizado y funciona, de acuerdo a las satisfacciones biológicas del ser humano. Así, el sistema del capitalismo global lo expresa en el mercado de <<valores>> y bienes de consumo. En el mundo objetivo hecho por las manos del hombre y, a la vez mundo artificial, el hombre no sólo produce mercancías para ser consumidas. Sino también una trama de relaciones que se manifiestan en la esfera política, social, religiosa, el Estado y las instituciones, las obras de arte y la cultura.

El mundo adquiere durabilidad, estabilidad, permanencia, en la civilización del artificio y las relaciones intersubjetivas. Un tejido que en el espacio público expresa el mundo común, el que se comparte <entre> todos los seres humanos. Así que, el Mundo Moderno prioriza el mundo objetivo sobre el subjetivo; el consumo de mercancías desechables (neveras, televisores, colchones, casas, carros, máquinas, móviles, ordenadores, etc.), sobre el mundo del espíritu, de la esfera de la sentimentalidad, el ámbito del pensamiento, los valores de la moral y de la ética, y el sentido estético del mundo y de la vida. Es aquí en estas esferas donde entra en juego la crisis de la condición humana y la cultura. 

En La condición humana, en el capítulo La permanencia del mundo y la obra de arte, considera la temática del arte y, cómo éste consigue salvar de la ruina del tiempo algunos gestos humanos efímeros. La obra de arte se distingue de todo el resto de objetos que el hombre produce mediante el trabajo, por su capacidad como por su modalidad de como permanece en el mundo como monumento y testimonio de la cultura, que posibilita trascender la utilidad y la función que cosifica al ser humano consciente y libre como si fuera un objeto no consciente ni libre.

El poeta J. M. Rilke dijo: <<el arte redime lo que toca de la destrucción con que la naturaleza empuja a sus productos hacia el final de su tiempo>>. En otros términos, el arte redime de la destrucción de la naturaleza y la muerte como monumento y testimonio de la cultura en la historia, la memoria y el recuerdo. Las obras de arte, en general, desde las artes plásticas hasta la literatura, la poesía y la música, son consideradas por ella, las más mundanas entre las obras manufacturadas. Porque son capaz de expresar la civilización y la cultura, sobre todo en cuanto a su capacidad de hacer experimentar el mundo como morada perdurable. De ahí que su durabilidad no se debe a su materialidad, que es importante, sino, ante todo, a permanecer en el tiempo debido a la memoria, el recuerdo y la relevancia de la belleza entre los hombres. La belleza de las obras de arte trasciende toda necesidad y las hace perdurar a través de los siglos; pero nunca van más allá del mundo.

De la misma manera, la belleza transforma los intereses, los contenidos religiosos y no mundanos en realidades mundanas tangibles; en este sentido, todo arte es secular, y la diferencia con el arte religioso está en su capacidad de <secularizar> -reificar y transformar en una presencia mundana <objetiva>, tangible- lo que antes había existido fuera del mundo. De ahí que una obra de arte bien lograda –la Gioconda, de Leonardo da Vinci; el Guernica de Picasso-, expresan un modo estético y especial, en que los hombres se relacionan con el mundo y los demás hombres. La obra de arte irradia belleza, armonía y expone una particularidad única e irrepetible.

Por decir así, la vita activa: la labor, el trabajo y la acción, configuran el Mundo Moderno y al hombre moderno. Que la política es la acción plural de la condición humana y, no el dominio y la homogenización de la sociedad. Así que, la acción plural de la condición humana, se convierte en la categoría central del pensamiento político. Que todo nuevo nacimiento lleva implícito la acción, como alteridad y aventura. Por eso, los gobiernos totalitarios y autoritarios, detestan la natalidad y la acción de la individualidad, en la pluralidad de la política. Porque rompe lo establecido por el ejercicio del poder como <verdadero> e incuestionable. De ahí que el nuevo nacimiento se hermane con la libertad.

En el Mundo Moderno el conflicto entre individuo y sociedad, se repite una y otra vez, tanto en la realidad como en la ficción. Así, el individuo moderno hace parte de la sociedad ante la que trata de autoafirmarse y que siempre obtiene de él lo mejor. Lo importante del papel de éste en la esfera social, consiste en que, se convierte en consciencia crítica de la misma y, además le da unos rasgos humanitarios, al quererla transformar por otro <tipo> de sociedad.

El contenido intelectual y ficcioso del conflicto toma así mismo, un tinte político. Los explotados, los marginados, los lumpen, los desclasados, los obreros, los campesinos, y ciertas clases sociales de la Gran ciudad, se convierten en punta de lanza para luchar y cambiar la sociedad y el ejercicio del poder. Aquí la realidad copia a la ficción. Aparecen grupos sociales o minorías que la sociedad había excluido en las tomas de decisiones, que empiezan a ser actores políticos, sociales o culturales, en la sociedad de masas y la cultura de masas. Que dinamizan las relaciones intersubjetivas de la sociedad y la pluralidad de acción política, en búsqueda de un mundo más vivible, más humano y más libre.

                                               Madrid-España 15/07/2022