viernes, 18 de febrero de 2022

LA BANALIDAD DEL MAL

 

        

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt en su obra Eichmann en Jerusalén se refiere a la banalidad del mal para reflexionar sobre la ambigüedad del concepto de maldad. Por el cual algunas personas pueden ser manipuladas por sus conceptos vacíos, triviales, sobre lo bueno y lo malo; así, cuya banalidad no excluye la crueldad de sus efectos.

Acuñó la palabra banalidad del mal en referencia al juicio que en Jerusalén le hicieron a Eichmann. Que lejos de significar que el mal no tiene importancia, representa que empieza a tornarse banal cuando se considera que deriva de alguna <<verdad>>. Que proviene del Estado, del Führer, del partido o, la moral social aceptada. No se cuestiona porque viola lo legítimo y legalmente constituido como <<verdad>> ante la sociedad. Porque todo en el Estado totalitario, se politiza,

Las personas que cometen actos monstruosos, horrorosos, son individuos comunes y corrientes, insignificantes, superficiales, sin ningún fundamento teórico o practico, sobre la realidad y el mundo. Por eso, la banalidad del mal se enraíza en las instituciones sociales, políticas, jurídicas o culturales –el Estado, el ejército, la policía, la administración pública, etc. –que se valen de personas vacías y anodinas para que ruede la ruedecita del engranaje del Sistema. Necesitan de una inteligencia precisa, de buena calidad. Hay en todos los asuntos de la práctica un cierto número de seres humanos que forman la pequeña y bien diseñada ruedecita que da impulso y trabajo a la obra. (Jünger).

En ellos se encarna cierta ironía y frialdad al impartir órdenes. Cada uno de los seres humanos encuentra en la vida el puesto que le resulta adecuado. Nacemos exactamente con el potencial social que haremos realidad. A estas personas el mundo se les presenta como una arquitectura confusa. Hay un único factor que es terrible en todos los tiempos y que nunca deja de serlo –el ser humano; las armas son únicamente miembros que le han sido adosados y sentimientos a los que se le ha otorgado forma. (Jünger).

La banalidad del mal es la expresión de la <<pura>> maldad, en la ferocidad de los actos humanos. Heidegger señaló: la esencia de la maldad no consiste en lo malvado de los actos humanos, sino en la <<pura>> maldad de la ferocidad. (Heidegger). Por eso se origina en la parte oscura e inconsciente del corazón y el cerebro humano. Quien lleva a cabo estos actos abominables y detestables, en su mayoría no son conscientes de lo que hacen, bien por falta de educación o de capacidad de pensar. Bien porque han extirpado del alma y del corazón la zona de la sentimentalidad. El concepto de alma para los griegos psyché era el principio del movimiento interno que potencia la vida. Este tipo de hombre de gustos gruesos y barbaros activa la psyché para develar en sus acciones lo bestial y los instintos asesinos que moran en ella.

Cuenta George Steiner que el escritor Arthur Kloestler, estaba convencido de que el cerebro consta de dos partes: una pequeña parte ética y racional (todavía muy pequeña y una enorme trastienda cerebral, bestial, animal, territorial, cargada de miedos, de irracionalidades, de instintos asesinos, y que harían falta millones de años para que la evolución moral alcance nuestra condición, nuestras técnicas de agresión y destrucción. (Steiner).

Es evidente que el desarrollo científico, la técnica, la prosperidad, el confort, la paz, en la cultura occidental, no son indiferentes al mal, a la violencia o a la guerra, pero no exclusivamente. Walter Benjamín dijo: todo lo que abarca el arte y la ciencia tiene una procedencia que no podrá considerarse sin horror. Debe su existencia no sólo al esfuerzo de los grandes genios que lo han creado, sino en mayor o en menor grado a la prestación anónima de sus contemporáneos. Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea al mismo tiempo de la barbarie. Si la ciencia es el fundamento de la técnica. Resulta patente que ésta no es un hecho puramente científico-natural. Al mismo tiempo es un hecho histórico. 

Así que, la técnica sirve al Estado totalitario no sólo para la producción de mercancías, sino también para producir armas para la guerra, carreteras o cámaras de gas, entre otros. Las energías que la técnica desarrolla más allá de las necesidades de la sociedad. En primera línea favorecen la técnica de la guerra y su preparación publicitaria. El siglo pasado no fue consciente de las energías destructoras de la técnica. (Benjamín). El Estado nazi la utilizó en las cámaras de gas para exterminar a millones de judíos y minorías étnicas y, éste los presentaba con el barniz de una muerte indolora. Es el colmo de la ironía y lo inhumano ante la dignidad y el respeto a la vida del otro. Sabemos que el demonio utiliza varias máscaras y éste utilizó la del sufrimiento, el dolor, la tortura y la muerte.

Según Arendt le impresionó sobremanera la superficialidad del acusado, que hacía imposible vincular la maldad de sus actos a ningún nivel más profundo de motivación. Los actos fueron monstruosos, pero el responsable –al menos el responsable efectivo que estaba siendo juzgado- era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso. No había ningún signo en él de firmes convicciones ideológicas ni de motivaciones especialmente malignas, y la única característica notable que se podía detectar en su comportamiento pasado y en el que manifestó a lo largo del juicio y de los exámenes policiales anteriores al mismo fue algo enteramente negativo: no era estupidez, sino falta de reflexión

Así pues, ni el hombre civilizado hijo de la cultura greco-romana y judeo-cristiana, ni hombre el culto, ni el hombre creyente, ni el hombre común, pudo controlar o parar la bestialidad política de la banalidad del mal. El burócrata que la ejecuta, es, un hombre <<con las mismas cualidades de agresión, de brutalidad, de astucia y de inventiva estratégica>>, que aquel que lucha en la guerra por conservar la vida. 

La banalidad del mal tomó máscaras nuevas en los Estados contemporáneos. Desveló que el estilo de vida burocratizado lleva en sí como un germen maligno, la deshumanización de los hombres. Benjamín piensa que, la cosificación no sólo hace opacas las relaciones entre los hombres; sino que además envuelve en niebla a los sujetos reales de dichas relaciones.

Entre los que detentan el poder en la vida económica y los trabajadores se desliza todo un aparato de burocracias administrativas y jurídicas, cuyos miembros no son capaces de desempeñar funciones en cuanto sujetos morales plenamente responsables; su conciencia de la responsabilidad no es otra cosa que la expresión inconsciente de ese encanijamiento. (Benjamín).

Preguntamos, ¿por qué Eichmann fue incapaz de sentirse culpable como si no tuviera consciencia? Porque la conciencia de la sociedad que le hablaba era una voz respetable. De ahí que actuaba amparado por las órdenes que recibía. Eran órdenes superiores que determinaban su conducta y acciones; y eran tan fuertes que su incapacidad de pensar y juzgar, le imposibilitaban cuestionar el <<sentido>> de sus acciones. Además, el pensamiento como la actividad espiritual de autorreflexión que busca el <<significado>> en el sentido Kantiano, brillaba por su ausencia.

Así que, el burócrata sólo conoce una falta, trasgredir el orden, lo legítimo y legalmente constituido por el Gran Poder. La lógica del burócrata expresa: si no lo hago yo, otro lo llevará a cabo. Existe entonces una relación entre la estadística y el criminal en el Estado totalitario. Pues, el genocidio es una matanza administrativa y estadística que responde a las apetencias del Gran Poder. Ellos son personas siniestras y abominables, su capacidad de pensar la sustituyen por el cumplimiento de las normas y las reglas.

Cuenta Viktor E. Frankl (1995), que en los campos de concentración había individuos dispuestos a torturar o matar. De ahí que la élite del partido nazi competía por el honor de llevar a cabo el dolor, el sufrimiento y la sangría, al otro ser humano. A Eichmann lo que le hacía sentir mal y culpable, era trasgredir el orden y las normas establecidas, no lo moralmente incorrecto. Cuando ordenaba gasear a miles de judíos, se sentía feliz y orgulloso, de haber cumplido con su deber.

Es posible afirma Steiner, que aún no hayamos podido encontrar al hombre una salida para su enorme energía animal que, en la rutina de la monotonía, de la mediocridad sexual de la mayor parte de las vidas, busca afirmarse. Como si la cultura para algunos fuera algo superficial y fugaz, un amontonar y no la cualidad del ser y de la existencia que posibilita la experiencia, la imaginación, y <<la posesión de un conjunto elásticos de sistemas que confieren la intuición, el dominio y la valoración de la realidad>>. (Sábato). Por eso, los filósofos la perciben como una cualidad del ser, que permite trascender la vida instintiva, animal y agresiva del ser humano.

Freud creyó que, el estrato entre la civilización y la barbarie, la cultura y la animalidad política, era muy delgado. Que la cultura y la civilización, no podrían resistir a las pulsiones más profundas de destrucción y sadismo del ser humano. El animal humano es muy perezoso, probablemente de gustos muy primitivos, mientras que la cultura es exigente, cruel por el trabajo que exige. (Steiner).

Bueno, ¿qué buscan los que incrementan el miedo, el dolor y la muerte, en la sociedad? Que el hombre desista de sus sentimientos, de la libertad y de la autonomía de la voluntad, como del pensamiento crítico que los enfrenta a la realidad y a los requerimientos más profundos de la condición humana. Además, Eichmann representaba la ausencia de pensamiento –que es común en nuestra vida cotidiana, donde apenas tenemos el tiempo, y menos aún la propensión, de detenernos y pensar. (Arendt).

En el Estado absoluto tecnológico y totalitario, donde es una pieza más del engranaje del Sistema, es imposible detenerse y pensar. Porque el capitalismo industrial y empresarial, el conocimiento y la técnica, el capital financiero, se politizan y, lo que desean es configurar en la sociedad un hombre banal, mediocre, frustrado, uniforme y con miedo, que no altere la función del Estado. Que no se atreva a actuar, hablar o pensar, ya que el peso de las imágenes, de las instituciones, de los modelos de conducta y del ejercicio del poder, lo paralizan. Porque lo que le espera es el exilio, la cárcel, la tortura o la muerte.

En este orden de ideas, el miedo es uno de los síntomas de nuestro tiempo. La consternación causada por el miedo es tanto mayor cuanto que ese miedo viene a continuación de una época en la cual hubo una gran libertad individual. (Jünger). Además, ¿qué buscan los que incrementan el miedo, el dolor, el sufrimiento y la tortura, en la sociedad? No es sólo la parálisis del pensamiento, sino también de actuar y soñar. Que el hombre desista de la imaginación, de la libertad y la deposite en el Estado y las instituciones, el partido y la hybris del progreso y las comodidades técnicas. Porque se proponen convertir a los seres humanos, en seres vacíos, pusilánimes, disciplinados, ante el gran despliegue del poder: el Gran Poder.

De hecho, el número, el maquinismo, el automatismo, la disciplina militar, la demagogia, son las esferas en las que se manifiesta el Gran Poder. Jünger dice, en su defecto, el automatismo y el miedo van estrechamente unidos, por cuanto el ser humano coarta sus propias decisiones en beneficio de las facilidades técnicas. Pero también aumenta, y ello de manera necesaria, la pérdida de la libertad.

La Época Moderna concatenó el progreso, la técnica y el automatismo, con la superficialidad de los hombres del común. Porque les falta la capacidad de reflexionar sobre los hechos de la vida cotidiana. Así que, esos hombres que incrementan el dolor, el miedo y la muerte, los define Arendt como hombres totalmente corrientes, del montón, ni demoníacos ni monstruosos.

Ahora bien, ¿qué está en juego en un Estado totalitario? Fundamentalmente la manera de pensar y la libertad individual. Pero nuestra capacidad de pensar no está en juego; somos lo que los hombres han sido siempre –seres pensantes. Con esto se entiende, simplemente, que los hombres tienen una inclinación, una necesidad quizá, de pensar más allá de los límites del saber, de ejercer esta capacidad para algo más que ser un simple instrumento para hacer y conocer. (Arendt).

Así que, a los hombres banales no sólo les falta la reflexión, sino que ajustan sus vidas y conductas a estereotipos, expresiones estandarizadas, clichés, ya que cumplen la función socialmente reconocida de protegerlos frente a la realidad; o, lo que lo mismo, frente a los requerimientos de nuestra atención del pensar que ejercen todos los hechos y acontecimientos en virtud de su misma existencia. Porque si tuviéramos que ceder continuamente a estas solicitudes acabaríamos agotados; en cambio, Eichmann se distinguía del resto de nosotros únicamente en que ignoró del todo estos requerimientos. (Arendt).

Por eso, es necesario que nos desprendamos de ciertas creencias, conceptos y razonamientos, cuando se examinan críticamente, resultan, en ocasiones, mucho menos firmes, y su significado e implicaciones, mucho menos claros y firmes que lo que parecían a primera vista. Al analizarlas y cuestionarlas, los filósofos amplían el autoconocimiento del hombre. (Isaiah Berlin). Sí llegamos a desprendernos de ellos, quizá, nuestra capacidad de pensar nos eleve más allá de la realidad y de la vida, que responde a los requerimientos del Gran Poder. Quizá esta capacidad como algo natural al hombre posibilite <<exiliarse en esa sobre naturaleza>>, que Eugenio Trías <<llamó mundo, mundo humano, mundo de vida saturada de inteligencia lingüística, técnica y simbólica>>.

No para huir de la banalidad del mal, individual, institucional o social, sino para encontrar las categorías fundamentales de la existencia y la realidad, que posibiliten enfrentarlo con tenacidad. Y ser conscientes que estos hombres superfluos, banales e irreflexivos, son instrumentos de <<la pura maldad de la ferocidad>>. Esa que, en los tiempos primitivos, mágicos o divinos, devela la inteligencia simbólica del hombre.

Los que llevan a cabo los actos de la <<pura maldad de la ferocidad>>, son en su mayoría hombres mediocres, anodinos, en la sociedad. Son individuos incapaces de pensar y, su característica esencial, consiste, en adolecer de la capacidad de juzgar. De distinguir en términos racionales lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo y, donde se encuentran las líneas <<rojas>> que limitan el comportamiento humano. Expresó Arendt: los actos fueron monstruosos, pero el responsable era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso.

El <<puro>> mal es uno de los síntomas de nuestro tiempo. Un fenómeno intrínseco a la naturaleza humana que se da desde el Primer Adán. Ahora porta sus máscaras propias: los campos de internamiento, las matanzas de obreros, de campesinos o de estudiantes, los inmigrantes, los indigentes de las Grandes ciudades, la pobreza absoluta, etc. Y cómo la crueldad se convirtió en elemento constitutivo de la banalidad del mal y de las nuevas formaciones de poder.

Así que, la banalidad del mal la percibimos en la esfera económica, política, social, científica, técnica, moral, ética y cultural. Y, lo más sorprendente es, que la crueldad de la banalidad del mal se convirtió en parte constitutiva de la vida cotidiana, de las instituciones y del Estado. Se trata de ver, por otra parte, que el pensamiento racional que está ligado a la ciencia y a la técnica, es un pensamiento cruel. Que responde a las apetencias del Gran Poder.

En un mundo como éste observamos como <<el Estado permanentemente somete a una parte de su población a intromisiones horrorosas>>. Las nuevas formaciones de poder lo que buscan, no es sólo la distancia entre los seres humanos, sino incrementar la deshumanización entre ellos. Y sólo se puede revelar la banalidad de la crueldad si nos valemos de la <<vida saturada de inteligencia lingüística, técnica y simbólica>>. Estas esferas del saber y de la experiencia compartida posibilitan que todavía haya en las sociedades modernas, personas capaces de ver las perdidas: la aniquilación del valor, la estandarización de la sociedad o, la parálisis de los movimientos espirituales del pensamiento.

Sabemos que la capacidad de distinguir el bien y del mal, está ligada a la de reflexionar, esto es, al pensar. Así, el hombre que vive inmerso en la vida cotidiana (el trabajo, el consumo, el sexo, el alcohol, la droga, las imágenes, las redes sociales, las Plataformas Digitales, el ocio vacío, etc.), no tiene tiempo para detenerse y pensar. Además, la banalidad del mal no sólo se manifiesta en las instituciones y sus agentes de violencia, en los campos de concentración, en la guerra, sino también en la vida cotidiana que establece el Gran Poder. Que no posibilita divisar la historia y la frontera del mundo, para distinguir en términos morales el bien y el mal, lo aquende y allende de la historia.

Arendt se refiera a Eichmann de la siguiente manera: todo lo que <<hace>> o <<dice>>, está supeditado a <<estereotipos, frases hechas, a códigos de conducta y de expresión estandarizadas que cumplen la función socialmente reconocida de protegerlo frente a la realidad, es decir, frente a los requerimientos del pensamiento que ejercen los hechos, en virtud de su existencia.  

Existe un abismo entre los hombres de concepciones brillantes y fáciles y, los hombres de actos brutales y bestiales, que ninguna explicación intelectual puede resolver. (Arendt). Este tipo de hombres extirpa como un tumor maligno las esferas de la sentimentalidad. El problema radica, no tanto en dormir su consciencia, como en eliminar la piedad meramente instintiva que todo hombre normal experimenta ante el espectáculo del sufrimiento físico.

El truco utilizado por Himmler consistía en invertir la dirección de estos instintos, o sea, en dirigirlos hacia el propio sujeto activo. Por esto, los asesinos, en vez de decir: ¡Que horrible es lo que hago a los demás!, decían: ¡Que horribles espectáculos tengo que contemplar en cumplimiento de mi deber, cuan dura es mi misión! (Sissi Cano Cabildo).              

Resulta comprensible que se haga del gusano el símbolo del dolor y que se compare con un gusano al hombre que sufre indefenso. Está en primer lugar la posición, completamente a ras de suelo, una posición en la que se encarna lo inferior y en la que no se disfruta, como en caso de las serpientes, ni de una marcha rápida ni de escamas ni de armas. Está en segundo lugar la piel desnuda, carente de pelo, falta de toda protección, y está además la ceguera, y está sobre todo la contorsión, que hace que el cuerpo entero se convierta en espejo de la sensación que se experimenta. (Jünger).

En los campos de concentración existía una amalgama de hombres brutales, horrendos y salvajes, y aquellos banales e insignificantes en el trabajo y la vida cotidiana. Que, siguiendo las prescripciones y los códigos de conducta establecidos por el Gran Poder, fueron capaces de cometer los crimines más horrendos de la humanidad. Ese abismo se ahonda, cuando el pensar, la imaginación, la sentimentalidad y la experiencia, no son capaces de contener eso que, George Steiner llamó: lo que luego aconteció: la Soha.

Ahora bien, ¿por qué el vacío conceptual, ideológico y de comportamientos antihumanos, lo llenaron los campos de concentración, la tortura, la mentira organizada y sistematizada, la demagogia, la supresión del pensamiento y del lenguaje? ¿por qué no suficiente con los horrores del presente? Porque resultó difícil guardar el modo propio de ser. Porque la riqueza que forma parte de éste no es sólo incomparablemente más valiosa; es el manantial que brota de las profundidades de cualquier riqueza visible. Olvidamos que los hombres somos hermanos, pero no iguales. Que existen dentro de las masas personas que por naturaleza son ricas de espíritu, bondadosas, felices o poderosas; que conducen a poderes nuevos y riquezas nuevas, a repartos nuevos. (Jünger).

Que el modo propio de ser del hombre no es, en efecto, únicamente creador, benefactor, sino también destructor, es su daimonion. Que existen tipos humanos que mantienen una relación especial con el sufrimiento, el dolor y la muerte. Sino tener presente que el hombre no representa una excepción, no es una minoría selecta. Antes, al contrario, se halla oculto en el interior de todos y cada uno de nosotros. También es posible dar al ritmo superior de la historia la interpretación siguiente: el ser humano se redescubre a sí mismo periódicamente. Desde los tiempos más remotos viene repitiéndose una y otra vez el mismo espectáculo: el hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad. (Jünger).

De lo que se trata en la actualidad es, que, de lo único que el hombre sale garante hoy es de sí mismo. Y es ahora cuando se convierte en el antagonista del Gran Poder, más aún, en su domeñador, en su vencedor. Se ha llegado a una concepción nueva del Gran Poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantearles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que nada tiene que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra. (Jünger).

Tener consciencia que la libertad del ser humano se enfrenta a unos tipos de violencia que se han modificado en la actualidad. Dar el primer paso para salir del mundo dominado por la estadística, la vigilancia, la cosificación y el Gran Poder; y un segundo paso que la libertad nos ayude a salir de las abstracciones, las funciones y las divisiones del trabajo. También desgarrar las ataduras de todo autoritarismo o totalitarismo que niega la libertad y los derechos individuales de las personas.

En última instancia, ¿cuál es el objetivo del Estado totalitario? Diluir en las instituciones y el Gran Poder la base que se halla por debajo de lo individual, la base de la cual irradian las individuaciones. Y así, desgarrar todo lazo comunitario y solidario que posibilite otra <<forma>> y <<sentido>> de convivencia entre las personas. Romper las redes sociales de pertenencia, que el yo se reconozca en el otro. Porque el otro puede ser el hermano, el amigo, la amada, el amado, la persona sola que sufre, el desamparado, el indigente material o espiritual. Al dispensarles ayuda, el yo, el tú, el nosotros, se favorecen en lo imperecedero. En ello se corrobora el orden fundamental del mundo y de la existencia humana.

Sabemos que el ser humano hace parte de una Gran Mecánica que se desvela como una realidad amenazante; por así decir, está presta para aniquilarlo. Ser conscientes que todo racionalismo de Estado, institucional, económico, político, social, técnico, científico o cultural, lleva al mecanismo que conduce a la crueldad, al dolor, al sufrimiento y la tortura que es, su consecuencia lógica. Pero, la persona individual concreta se las ingenia para romper el cerco y alcanzar lo justo, lo bello y lo bueno para el hombre. El milagro siempre está presente, porque en medio de la cosificación, la cifra vacía y la tecnificación, aparece el ser humano y dispensa ayuda. Esas cosas no pueden perderse, de ellas vive el mundo.

                      ¡Son las ofrendas de los dioses a los hombres!

           ¡Se trata de dejar el mundo mejor que como lo encontramos!

 

                               Madrid – España 14/02/2022

martes, 25 de enero de 2022

EL PELIGRO DEL DISCURSO EN LA ÉPOCA MODERNA


 

<<Donde quiera que esté en peligro el discurso, la cuestión se politiza, ya que es precisamente el discurso lo que hace al hombre un ser único>>.

                                                         <<La condición humana>>.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Uno de los peligros del discurso en la actualidad, consiste, en ajustarlo a las necesidades del ejercicio del poder, del pensamiento científico, de la técnica, de la economía, ya que dejaría de tener significado, porque las ciencias de hoy utilizan un lenguaje de símbolos matemáticos que, si bien, al principio eran expresiones del discurso hablado, ahora contiene otras expresiones imposibles de traducir a discurso. Así, el discurso de las ciencias y las matemáticas, se separa, cada vez más, del de las lenguas naturales. De ahí que esté situado, en su parte material o en los umbrales de las abstracciones.

Este tipo de discurso no sólo es diferente, sino que se aleja del discurso del hombre común y corriente. Porque las expresiones que contiene son las simbólicas, de las matemáticas, que no contienen contenidos espirituales. Tener presente que los científicos se mueven en un mundo donde el discurso a perdido su poder. De ahí que cualquier cosa que el hombre haga, sepa o experimente sólo tiene sentido en el grado que pueda expresarlo. Según el pensamiento científico, de lo contrario, se ubica en las esferas de la falsedad o las falacias.

Tal vez haya verdades más allá del discurso, y tal vez sean de gran importancia para el hombre en singular, es decir, para el hombre en cuanto no sea un ser político, pero los hombres en plural, o sea, los que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan, y se sienten unos a otros a sí mismos. Las verdades más allá del discurso son verdades trascendentes que responden a las necesidades espirituales, mentales, morales, religiosas, del hombre en particular. Pero no a las necesidades materiales y políticas del hombre en la pluralidad de humanos, donde vive, piensan o actúa.

En Arendt el artificio humano del mundo separa la existencia humana de toda circunstancia meramente animal, pero la propia vida queda al margen de este mundo artificial y, a través de ella, el hombre se emparenta con los restantes organismos vivos. Desde hace tiempo, el esfuerzo de numerosos científicos se está encaminando a producir vida <<artificial>>, a cortar el último lazo que sitúa al hombre entre los hijos de la naturaleza. Esto lo dijo Arendt en la segunda mitad del siglo XX. 

Crear vida en el tubo de ensayo, ya es una realidad sobre la tierra. Como producir prótesis que sustituyen los órganos y los miembros del cuerpo humano. Demuestra que el conocimiento científico y la técnica están construyendo el artificio humano del mundo, que separa la existencia del hombre de la vida biológica, espiritual y mental. Posibilitando, entre otros, la crisis de la naturaleza humana que repercute en las esferas del espíritu, del cuerpo y de la mente.

La ciencia y la técnica son la punta de una lanza y los hombres el mango que la impulsa. Así, su deseo de escapar de la condición humana lo lleva a trascender la vida en la Tierra e imaginar mundos allende donde vivir. El hombre desea sustituir el mundo natural tal creado por Dios, por uno creado por él mismo. Y, esto está produciendo no sólo una crisis de la condición humana, sino también un punto de inflexión en la vida del hombre sobre la Tierra.

Su reconocimiento en cuanto a humano, a homo, lo adquieren debido a que se hablan y se sienten unos a otros, en el mundo que comparten. Así que, el reconocimiento que hace el espacio público a los hombres en plural, se debe a la singularidad única del discurso, el lenguaje, que lo capacita para la política. Aquí el lenguaje se convierte en la cualidad fundamental del ser humano para la convivencia, el dialogo, el consenso y, la búsqueda del bien común.

Así, el espacio público no sólo está constituido por los productos del trabajo, sino también por la cultura y las instituciones. El trabajo elabora objetos de uso –una casa, un coche, un barco, una máquina, un ordenador-, y a la vez, objetos de placer estético, la actitud de gozo desinteresado que producen –las obras de arte, un edificio, una partitura musical-.

De la misma forma, lo componen las instituciones públicas y privadas. Pero el mundo objetivo se revela habitable gracias a la acción y a la palabra. Lo importante para Arendt es, la pluralidad de perspectivas para comprender el mundo y la vida. Porque el mundo no se reduce a las personas, sino que lo constituye el espacio que hay “entre” los hombres.

Así, son los objetos del trabajo los que posibilitan la objetividad y con ella, la durabilidad y la estabilidad. Para el mundo lo importante es la estabilidad, la durabilidad, el artificio y la intersubjetividad. El mundo del artificio es el mundo hecho por las manos del hombre; el mundo objetivo. En el mismo orden, la reificación considera al ser humano consciente y libre como objeto. Se refiere a la cosificación de las relaciones humanas y sociales determinadas por el consumo y la utilidad. Asimismo, la intersubjetividad es el tejido de relaciones humanas, en el ámbito de la política, la economía, lo religioso, lo técnico, lo científico, lo cultural, del Estado y las instituciones.

El mundo artificial relaciona la naturaleza y al hombre. Un mundo hecho por objetos o cosas, y permanece después de la muerte del ser humano. Los hombres desafían al tiempo con la creación de actividades (obras de arte, la música, etc.) y, de instituciones que les permite cierta cuota de inmortalidad. De ahí que Arendt defina la política, la poli, la historia, la filosofía y el arte; en relación al mundo que es para los hombres morada y espectáculo.

Así que, relaciona el arte con el juicio reflexionante político; el gusto por cultivar lo bello. Además, como el arte consigue salvar de la ruina del tiempo algunos humanos efímeros. La actitud de gozo desinteresado que producen las obras de arte sólo es posible, cuando se han atendido las exigencias del organismo. Esa que Arendt llama en <<La condición humana>> vita activa que divide en tres esferas: la labor, el trabajo y la acción. Expresa que, en el Mundo Moderno, predomina la labor sobre el trabajo. La labor se caracteriza por el predominio de la naturaleza sobre la técnica; y con ella, la pérdida de mundo común.

Por tanto, en la Época Moderna la labor se expresa en la reproducción, la supervivencia, el consumo, el lujo y el tiempo de ocio. Eso que llama en otro texto, la cultura de masas y la sociedad de masas, que aparca las reflexiones en nombre del consumo, del ocio vacío y la conversión de la cultura en espectáculo. Como consecuencia del predominio de la reproducción sobre la técnica y el mundo común, se devalúa la capacidad de pensar, de juzgar y la cultura en general. Por eso, hay que ver la Época Moderna en su cultura.

                                

                                          Madrid-España 25/01/2022

sábado, 15 de enero de 2022

LA CONDICION HUMANA EN LA CIVILIZACION DEL ARTIFICIO


 

<<Dos hombres, dos arbustos de rosas silvestres jamás podrán ser idénticos. Lo que busca el poder a través de la violencia, es terminar con la singularidad y la pluralidad de la condición humana; aquello que posibilita la existencia del hombre en la Tierra>>.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt en el texto la Condición humana habla sobre tres categorías fundamentales en la vida del hombre. Dice que la vita activa se expresa a través de tres esferas: la labor, el trabajo y la acción. Condiciones sobre las que se ha dado al hombre la vida en la Tierra. La labor es la actividad correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano, y a las necesidades producidas y satisfechas en el proceso de la vida. La condición humana de la labor es la propia vida; conservarla y reproducirla.

El trabajo corresponde a lo no natural de la exigencia del hombre, no está inmerso en el correspondiente siclo vital de la especie, y la mortalidad queda compensada por dicho siclo. El trabajo proporciona un <artificial> mundo de cosas o de objetos, claramente distintas de todas las circunstancias naturales. Así que, la condición humana del trabajo es la mundanidad.

La acción, la actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materias, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo. Así que, todos los aspectos de la condición humana están relacionados con la política. La pluralidad humana es la condición de toda política. La acción no es la repetición de un modelo, adquiere sentido porque se da en el mundo plural de los hombres, esto es, la sociedad. Por tanto, los hombres no son interminables repeticiones reproducibles del mismo modelo. Cada hombre es único e irrepetible en la pluralidad humana de la política.

De ahí que su esencia no es predecible del mismo modelo, como naturaleza o esencia. La pluralidad es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos. Así que, en el ámbito de la acción los seres humanos desarrollan y ponen en práctica la libertad. Estas tres categorías (labor, trabajo y acción), se relacionan con la condición más general de la existencia: nacimiento y muerte, natalidad y mortalidad.

Asimismo, el trabajo y su producto artificial hecho por el hombre, concede durabilidad a lo pasajero de la vida mortal y al carácter efímero del tiempo humano. La acción se compromete a establecer y conservar los cuerpos políticos para la memoria, esto es, para la historia. La labor y la acción, tienen relación con la condición humana de la natalidad. El nuevo comienzo inherente al nacimiento se deja sentir en el mundo sólo porque el recién nacido posee la capacidad de empezar algo nuevo, es decir, de actuar. En este sentido de iniciativa, un elemento de acción, y, por lo tanto, de natalidad, y no la mortalidad, puede ser la categoría central del pensamiento político, diferenciado del metafísico.

Así que, el totalitarismo odia todo nacimiento, porque lleva implícito no sólo la acción, sino la alteridad y la aventura. Un elemento de acción y de natalidad que es inherente a todas las actividades humanas. Asimismo, el totalitarismo sitúa en el centro de la política, lo siempre igual, el servilismo, lo gregario y la muerte. Los totalitarios odian la natalidad y la acción de la individualidad, en la pluralidad de la política. La política no es para ellos, la acción plural de la condición humana, sino el dominio y la homogenización de la sociedad. Como lo expresa Arendt, se convierte en la categoría central del pensamiento político.

La cosa está clara: el hombre es un ser condicionado; todas las cosas con las que entra en relación lo condicionan. Así, la condición humana trasciende y abarca toda actividad del hombre, todas las cosas naturales y reificadas, hechas por el hombre, condicionan la vida de los hombres. Arendt ubica en la misma balanza con las mismas pesas, los condicionantes naturales y artificiales del hombre. Cualquier cosa que entra en contacto o se relaciona con la vida del ser humano, se define como condicionante de la existencia del hombre.

La objetividad del mundo –su carácter de objeto o cosa- y la condición humana se complementan mutuamente; debido a que la existencia humana es pura existencia condicionada, sería imposible sin cosas, y estas formarían un montón de artículos no relacionados, un no-mundo, si no fueran las condiciones de la existencia humana. Sólo el mundo adquiere valor –las cosas o los objetos-, cuando se relacionan con la existencia humana. De su condicionalidad depende su existencia como cosas u objetos; ya que son objetos y cosas para el hombre. Si no fueran para el hombre, se constituirían en un montón de cosas inertes y sin importancia dentro del mundo natural de las cosas. Quien les da existencia verdadera y eficaz, es el hombre; la relación o condición que establecen con los hombres. Cuando se relacionan con la existencia humana, las cosas adquieren <<Figura>>, esto es, existencia para el otro, el hombre.

La naturaleza humana no es lo mismo que la condición humana, y la suma total de capacidades y actividades que corresponden a la condición humana no constituyen nada semejante a la naturaleza humana. Ni la razón, ni el pensamiento constituyen las características esenciales de la existencia, en el sentido de que sin ellas dejaría de ser nuestra existencia. Labor, trabajo, acción y pensamiento, son categorías que condicionan la condición humana; pero no la existencia del hombre sobre la Tierra.

Así pues, en la esfera de la vita activa, diferencia la labor del trabajo. El producto del laborante es inmediatamente consumido; los productos del trabajo –sean objetos de uso, objetos de goce como las obras de arte- una vez terminados, persisten. Así que, la estabilidad, la durabilidad de los objetos del trabajo, son los que posibilitan la objetividad. Para el mundo, lo esencial es la estabilidad, la durabilidad, la artificiosidad e intersubjetividad. De otra parte, aunque sea un mundo artificial es, un mundo que perdura después de la muerte de quienes lo construyen. Este espacio público no está constituido tan solo por los productos del trabajo, sino también por la cultura y las instituciones.

Por eso, el caos o la crisis política o social, se expresan en el arte; o, en otros términos, en las <formas> estéticas. El arte no es un mero adorno. Como expresó Vico, es una voz que habla, un esfuerzo para plasmar una visión en una forma material concreta. En cambio, Arendt considera que el mundo es habitable, porque posibilita trascender la vida en su sentido no biológico, gracias a la acción y la palabra. Si se corrompe la acción y la palabra (la poesía, la novela, la música, el discurso político, la comunicación entre los hombres, etc.); expresan su crisis en la cultura.

En toda comunidad que construye un mundo vivible, la crisis de la vida pública se comunica en su cultura. Por eso, sólo percibimos los efectos de la acción en la intangible trama de relaciones humanas. O, en la estabilidad de las relaciones intersubjetivas. De ahí que sea necesario mirar detrás del forro de los fenómenos y develar el verdadero sentido del mundo y de la vida.

Cuando Arendt analiza la sociedad moderna, su crítica no se reduce a un simple lamento acerca de cómo los modernos conceden tanto valor a la técnica, sino que su preocupación básica gira en torno a las consecuencias que detecta en el hecho de que la sociedad moderna esté organizada según la labor. El Mundo Moderna lo muestra no como un retroceso paulatino de la naturaleza, sino como un desmesurado avance de la misma y, por ello, como una progresiva pérdida de mundo común.

El Mundo Moderno está estructurado, organizado y funciona, de acuerdo a las satisfacciones biológicas del ser humano. Así, el sistema del capitalismo global lo expresa en el mercado de <<valores>> y bienes de consumo. En el mundo objetivo hecho por las manos del hombre y, a la vez mundo artificial, el hombre no sólo produce mercancías para ser consumidas. Sino también una trama de relaciones que se manifiestan en la esfera política, social, religiosa, el Estado y las instituciones, las obras de arte y la cultura.

El mundo adquiere durabilidad, estabilidad, permanencia, en la civilización del artificio y las relaciones intersubjetivas. Un tejido que en el espacio público expresa el mundo común, el que se comparte <entre> todos los seres humanos. Así que, el Mundo Moderno prioriza el mundo objetivo sobre el subjetivo; el consumo de mercancías desechables (neveras, televisores, colchones, casas, carros, máquinas, móviles, ordenadores, etc.), sobre el mundo del espíritu, de la esfera de la sentimentalidad, el ámbito del pensamiento, los valores de la moral y de la ética, y el sentido estético del mundo y de la vida. Es aquí en estas esferas donde entra en juego la crisis de la condición humana y la cultura. 

En La condición humana, en el capítulo La permanencia del mundo y la obra de arte, considera la temática del arte y, cómo éste consigue salvar de la ruina del tiempo algunos gestos humanos efímeros. La obra de arte se distingue de todo el resto de objetos que el hombre produce mediante el trabajo, por su capacidad como por su modalidad de como permanece en el mundo como monumento y testimonio de la cultura, que posibilita trascender la utilidad y la función que cosifica al ser humano consciente y libre como si fuera un objeto no consciente ni libre.

El poeta J. M. Rilke dijo: <<el arte redime lo que toca de la destrucción con que la naturaleza empuja a sus productos hacia el final de su tiempo>>. En otros términos, el arte redime de la destrucción de la naturaleza y la muerte como monumento y testimonio de la cultura en la historia, la memoria y el recuerdo. Las obras de arte, en general, desde las artes plásticas hasta la literatura, la poesía y la música, son consideradas por ella, las más mundanas entre las obras manufacturadas. Porque son capaz de expresar la civilización y la cultura, sobre todo en cuanto a su capacidad de hacer experimentar el mundo como morada perdurable. De ahí que su durabilidad no se debe a su materialidad, que es importante, sino, ante todo, a permanecer en el tiempo debido a la memoria, el recuerdo y la relevancia de la belleza entre los hombres. La belleza de las obras de arte trasciende toda necesidad y las hace perdurar a través de los siglos; pero nunca van más allá del mundo.

De la misma manera, la belleza transforma los intereses, los contenidos religiosos y no mundanos en realidades mundanas tangibles; en este sentido, todo arte es secular, y la diferencia con el arte religioso está en su capacidad de <secularizar> -reificar y transformar en una presencia mundana <objetiva>, tangible- lo que antes había existido fuera del mundo. De ahí que una obra de arte bien lograda –la Gioconda, de Leonardo da Vinci; el Guernica de Picasso-, expresan un modo estético y especial, en que los hombres se relacionan con el mundo y los demás hombres. La obra de arte irradia belleza, armonía y expone una particularidad única e irrepetible.

Por decir así, la vita activa: la labor, el trabajo y la acción, configuran el Mundo Moderno y al hombre moderno. Que la política es la acción plural de la condición humana y, no el dominio y la homogenización de la sociedad. Así que, la acción plural de la condición humana, se convierte en la categoría central del pensamiento político. Que todo nuevo nacimiento lleva implícito la acción, como alteridad y aventura. Por eso, los gobiernos totalitarios y autoritarios, detestan la natalidad y la acción de la individualidad, en la pluralidad de la política. Porque rompe lo establecido por el ejercicio del poder como <verdadero> e incuestionable. De ahí que el nuevo nacimiento se hermane con la libertad.

En el Mundo Moderno el conflicto entre individuo y sociedad, se repite una y otra vez, tanto en la realidad como en la ficción. Así, el individuo moderno hace parte de la sociedad ante la que trata de autoafirmarse y que siempre obtiene de él lo mejor. Lo importante del papel de éste en la esfera social, consiste en que, se convierte en consciencia crítica de la misma y, además le da unos rasgos humanitarios, al quererla transformar por otro <tipo> de sociedad.

El contenido intelectual y ficcioso del conflicto toma así mismo, un tinte político. Los explotados, los marginados, los lumpen, los desclasados, los obreros, los campesinos, y ciertas clases sociales de la Gran ciudad, se convierten en punta de lanza para luchar y cambiar la sociedad y el ejercicio del poder. Aquí la realidad copia a la ficción. Aparecen grupos sociales o minorías que la sociedad había excluido en las tomas de decisiones, que empiezan a ser actores políticos, sociales o culturales, en la sociedad de masas y la cultura de masas. Que dinamizan las relaciones intersubjetivas de la sociedad y la pluralidad de acción política, en búsqueda de un mundo más vivible, más humano y más libre.

                                               Madrid-España 15/07/2022

miércoles, 12 de enero de 2022

PUÑALADAS CONTRA LA DEMOCRACIA

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Así tituló Juan Luis Cebrián su ensayo de análisis político publicado en el periódico El País de Madrid-España del 10 de enero de 2022. Donde hace una especie de literatura histórico-política comparada entre lo que dijo el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter que avisara que el país se encontraba al borde del abismo de un conflicto civil y lo que expresó el Presidente Joe Biden que acusa a Donald Trump de poner una daga en el cuello a la democracia americana. Como también la toma del Capitolio, y cuestionar la legitimidad y la legalidad de su elección como Presidente de Estados Unidos. Y, como colofón un sector del Partido Republicano cree que hubo fraude y la elección del Presidente es ilegal.

Asimismo, el secesionismo nacional-populista catalán trata de erosionar el Estado de Derecho y las instituciones democráticas, dentro y fuera de España, enfrentando a la sociedad civil entre sí y a estos con el resto de españoles. También utilizando el Sistema educativo para ideologizar a los alumnos, basándose en falsos mitos, fantásticas leyendas e historias sin fundamento e irrealidades del presente-actual.

A la vez, utilizan los medios de comunicación social, las redes sociales y la televisión pública o privada, para divulgar bulos falsos y noticias que no corresponden con la verdad que vive Cataluña y España. En ellos predomina la mentira y la falsedad para alcanzar los objetivos políticos y conservar el ejercicio del poder. De esta manera, buscan erosionar las instituciones democráticas desde dentro del Sistema democrático. Y, esto es grave en un Estado democrático Social de Derecho.

Lo importante del ensayo es que advierte de la fragilidad y los enemigos de los regímenes democráticos. Las democracias son sistemas jóvenes, respecto a los autoritarios y totalitarios. Un sistema que se basa en el sufragio universal, los derechos de los ciudadanos, y, en particular, la defensa de la libertad. Sabemos que en un sistema autoritario todo puede ser destruido: todo es posible –expresó Hannah Arendt. Ernesto Sábato dijo: creo en la gris y mediocre democracia, la única que en definitiva permite pensar libremente y preparar una sociedad mejor. 

La crisis que vivimos en la actualidad, emana de la financiera de 2008, que trajo un empobrecimiento económico y un deterioro moral de las clases medias. Donde estas son empujadas por políticas neoliberales y un capitalismo salvaje, a diluirse en los sectores más pobres de la sociedad. Que trajo la polarización y la concentración del PIB en estratos minoritarios del cuerpo social. Donde el desmantelamiento del Estado de Bienestar y las políticas sociales, son trasladadas al capital privado. Entonces la sociedad civil se privatiza en nombre del neoliberalismo y la globalización. 

Cebrián dice que, la globalización, la revolución tecnológica, los movimientos migratorios y la pandemia, han contribuido a fomentar el descontento social y, la distancia entre gobernantes y gobernados. De este modo, las democracias están amenazadas, quizá como nunca lo han estado desde la victoria aliada contra el nazismo, y la caída del telón de acero medio siglo más tarde.

El desafío no procede ahora de un enemigo exterior, sino del interior del Sistema: la fragmentación de los partidos políticos; la polarización entre bloques; la ausencia de liderazgo; el populismo rampante; el acoso a una justicia independiente; la desinformación y la mentira. Son males que deterioran las democracias actuales. Que si no se conjuran se asume el riesgo de potenciar las soluciones autoritarias que encuentran cada vez más espacio y eco, en las nuevas generaciones.

Dice si las democracias están amenazadas por el comportamiento de sus propios dirigentes políticos, no debe servir de consuelo al analizar el caso español. La polarización extrema, la fragmentación y el descontrol en nuestros debates parlamentarios, no son consecuencia de la protesta y la insatisfacción ciudadana como del comportamiento irresponsable e ineficiente de los partidos centrales. Partidos que fueron importantes en el sistema político actual y que hoy desprecian los valores en los que se sustenta. Podemos sentir el punzón en el cuello del llamado Régimen del 78; lo conforman la deslealtad institucional y la vulneración del Estado de Derecho por parte del Gobierno de la Generalidad de Cataluña.

Dice que el secesionismo catalán es el único peligro, para la estabilidad política e institucional, y para la solidez del Sistema democrático. Dada la capacidad de poder real y los apoyos con que cuenta dentro y fuera del Estado. Si los independentistas lograrán sus objetivos, provocarían el ascenso del ultranacionalismo español, a la cabeza de la derecha y la extrema derecha; también el retorno del centralismo y por qué no, la negación de la libertad y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

El nacional-populismo catalán ha logrado que la sociedad sea menos democrática, intolerante, autoritaria y excluyente, con la diversidad social, política, ideológica, lingüística, cultural, que convive en Cataluña. El incumplimiento de las leyes, el irrespeto a la independencia del poder judicial y a los derechos de los ciudadanos, lo abalan. Posibilitó que la sociedad catalana no sólo es menos democrática, sino que excluye la pluralidad política, social y cultural, que componen el cuerpo social.

En España la polarización política se ha reducido a la conquista o, la tenencia del ejercicio del poder; omitiendo las verdaderas necesidades materiales, morales, políticas, económicas, sociales y culturales, de la sociedad en general. Sabemos que el Sistema democrático no niega o elimina las contradicciones sociales, sino al contrario las promueve en busca y defensa del interés general.

Cebrián piensa que los manuales de ciencia política, en la medida en que la política sea una ciencia, explican que hay dos causas fundamentales para la inestabilidad de los gobiernos en las democracias: la deslealtad de la oposición y la incorporación al poder de partidos antisistema, dispuestos a ocupar el régimen para destruirlo desde dentro. Asimismo, Europa, América del Norte y América del sur, ejemplos donde el Sistema democrático se deteriora por el espacio y la tolerancia con partidos nacional-populistas, que buscan dentro de las instituciones destruir la democracia, la convivencia pacífica y la libertad.

Sabemos que la democracia está amenazada por algunos que ejercen o aspiran ejercer el poder y, es necesario que se cumplan las leyes y el pacto constitucional, (España debe buscar a través del dialogo parar la amenaza secesionista y llegar a un acuerdo para la renovación del Poder Judicial, la Ley Electoral o la reforma de los partidos centrales Socialista y Popular), y, así fortalecer las bases fundamentales de una democracia social y libertaria.

Vivimos una época de tránsito y de grandes convulsiones espirituales y mentales. Que se expresan en una multiplicidad de esferas –sociales, políticas, económicas, científicas, técnicas, morales, éticas y culturales, etc. Ante todo, una revolución en el lenguaje, que está pasando de la lengua natural a situarse en la esfera material: medios de comunicación, redes sociales, las imágenes en movimiento, Plataformas Digitales, etc.- que están transformando la naturaleza del ser humano. La visión que tiene el hombre de sí mismo, del entorno y del mundo en general.

Quiero decir que son las dificultades, los retos espirituales e históricos lo que hace la grandeza de las naciones, no sus facilidades. Y, uno es la defensa del Estado de Derecho, el Sistema democrático y la libertad. Ante aquellos que buscan destruirlos dentro y fuera de las instituciones, de la legalidad y la legitimidad. Tratar desde la enseñanza primaria y secundaria que los alumnos tengan una visión integradora, reflexiva y crítica de la realidad. Porque la educación se propone un modelo de hombre y de convivencia; por eso, forma o deforma la individualidad. Es necesario que las instituciones públicas y privadas implementen la cultura política y la coexistencia en el cuerpo social: la tolerancia, la convivencia, el respeto al otro, el dialogo, el plurilingüismo, y todos los aspectos que hacen las naciones más fuertes y unidas en la diversidad.

 

                                               Madrid-España de 12/01/2022

jueves, 2 de diciembre de 2021

                                                

                                              LA VOLUNTAD DE PODER            

                                                      Hannah Arendt


<<No podía ser menos en los frontispicios del nuevo milenio, la atmósfera que reina en el mundo es contradictoria e inextricable –en unos sitios es prometeica, con grandes fuegos y manos tendidas hacia las estrellas, en otros es apocalíptica, con sentimientos de culpa que remuerden la consciencia. Nietzsche es optimista, Spengler ve parcialmente la fatalidad –como el acabamiento normal de una cultura>>.

                                                                    Ernst Jünger.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

La voluntad, la voluntad de poder o la voluntad de dominio, han sido objeto de reflexión desde la Antigüedad y en la época moderna ha sido abordada por filósofos, teóricos de la política, teólogos, historiadores, sociólogos, etc., han enriquecido el significado de ésta. Schopenhauer, Nietzsche, Jünger, Arendt, Heidegger, ayudan a comprender y pensar el sentido de la palabra voluntad. Pregunto, ¿somos parte de ese mundo que profetizó Nietzsche, sólo como voluntad de poder y nada más?

<<Este mundo es la voluntad de poder - ¡y nada más! Y también ustedes mismos son esa voluntad de poder - ¡nada más!>>.

En el umbral de la esencia del ser, la esencia del hombre y el pensar, Martín Heidegger aborda la Voluntad. Que en el idealismo absoluto de Hegel y Schilling aparece el no de la nada en cuanto negatividad de la negación de la esencia del ser. Que éste está pensado allí en el sentido de la realidad absoluta, comprendida como voluntad incondicionada que se quiere a sí misma como voluntad de saber y de amor. En esa voluntad se esconde también el ser como voluntad de poder.

En el Mundo Moderno el efecto determinante de la voluntad es la de mandar y ser obedecida. En el pensamiento de Arendt el fenómeno de la voluntad originalmente se manifestó en la experiencia de que yo no hago lo que querría, la experiencia de que existe un quiero-y-no-puedo.

Que en el interior del hombre se presenta un <<hecho monstruoso>> la presencia simultánea de un yo-quiero y un yo-no-quiero. En esta lucha interior del hombre el griego Antiguo se decanta por el destino; que la razón, el conocimiento, el discernimiento, son frágiles umbrales ante la potencia del deseo y la pasión.

En otras palabras, voluntad, fuerza de voluntad y ansias de poder son para nosotros ideas casi idénticas; consideramos que la sede del poder es la facultad de la volición tal como la conoce y experimenta el hombre en relación consigo mismo. Y, por esta fuerza de voluntad hemos desvirtuado no sólo nuestro razonamiento y nuestras facultades cognitivas sino también otras facultades más <<prácticas>>. Porque centra su fuerza en el ejercicio del poder. El poder de apropiación, de coacción y dominio, sobre la naturaleza y los demás hombres.

Así que, la fuerza de la voluntad no sólo se quiere a sí misma, sino que es insaciable con lo que se encuentra exterior a ella. La necesidad que me impide hacer lo que se y quiero puede provenir del mundo, de mi propio cuerpo, de una insuficiencia de talentos, dones y cualidades que el hombre recibe al nacer, y sobre los que cada uno tiene el mismo poder que sobre las demás circunstancias.

Además, todos esos factores, sin excluir los psicológicos, condicionan a la persona desde fuera en la medida que el quiero y el sé, es decir, el Yo, están implicados. El poder que se enfrenta a estas circunstancias, que libera, por así decirlo, el querer y el saber de su servidumbre ante la necesidad es el puedo. Sólo cuando el quiero y el puedo coinciden se concreta la libertad.  

Somos seres determinados por circunstancias exteriores o interiores, el Yo mismo, donde el poder y el saber sólo encuentran su servidumbre ante la necesidad. De ahí que el libre albedrío no exista ante el poder de la necesidad exterior. Porque sólo es válido para el Yo, el mundo interior, más no para satisfacer las necesidades materiales o psicológicas del hombre.

Sólo cuando deseo y tengo la fuerza, el poder de poseerlo, se concreta la libertad. La voluntad es a la vez poderosa e impotente, libre y sometida. Cuando hablamos de impotencia y de los límites impuestos a la fuerza de voluntad, por lo común pensamos en la impotencia del hombre respecto del mundo circundante. Las necesidades físicas o psicologicas que impone el mundo o la sociedad trascienden el libre albedrío y la concreción de la libertad, propiamente dicha. De ahí que la libertad esté determinada, en estas circunstancias a las necesidades del hombre. Pero cuando deseo y poder coinciden se concreta la libertad.

A causa de la impotencia de la voluntad, de su incapacidad de generar poder genuino, de su constante derrota en la lucha con el Yo, en la que la fuerza del quiero se autoagotaba, el ansia de poder se convertía de inmediato en fuerza de opresión. Esta idea trae consecuencias fatales para la teoría política que tuvo la ecuación de libertad y capacidad humana de voluntad; fue una de las causas que aún hoy identificamos el poder con la opresión o, al menos, con el dominio ejercido sobre los demás.

Esta contradicción entre el yo-quiero-y-no-puedo, el conflicto entre el yo voluntarista y un yo activo, significa que el quiero está sujeto al Yo, le devuelve el ataque, lo estimula o, es eliminado por el Yo. De ahí que la impotencia del hombre respecto del mundo circundante, la primacía de las necesidades sobre los deseos o la libertad, crea en él frustración, desasosiego, y la ausencia de poder se convierte en fuerza de opresión, por no ver satisfecho el yo-quiero en el mundo que vive.

Esta frustración del hombre ante el poder de las necesidades desde el umbral psicológico o psicoanalítico, crea disfuncionalidad en la relación del hombre con el entorno y, a la vez, su conducta rompe lo establecido como <<normal>> en la sociedad. Esta disfunción se expresa en el lenguaje o la conducta del hombre y, se observan en lo patológico del decir y el obrar; la disyunción entre las necesidades del hombre y el poder de satisfacerlas. Es decir, el deseo y el poder no coinciden y, en consecuencia, no se concreta la libertad.

Lo importante consiste en darse cuenta que detrás del bienestar, de las facilidades técnicas, de la ciencia, del desarrollo económico, del social, del confort, de la educación y la cultura, se esconde la voluntad de poder. Esta reflexión nos hace ver con claridad que la valoración de la voluntad no es la misma en todos los tiempos. La concepción schopehaueriana de la voluntad ciega como principio motor es válida para el mundo titánico. Schopenhauer conoce ese mundo, Nietzsche lo afirma. No puede dejar de ocurrir que ambos padezcan bajo él.

Nietzsche capta ya el mundo titánico con una cercanía mayor –no de una manera más consciente que Schopenhauer, pero sí de una manera más instintiva; él es el campeón de ese mundo, participa de él. No lo mira con ojos pesimistas, sino que lo afirma como profeta. Para él la voluntad no es ciega, sino que tiene metas; pronto se supo del parentesco que había entre el superhombre y Prometeo. Somos parte entonces del mundo del Titán y del titanismo (del técnico y del mundo técnico). Así que, viendo la indigencia del hombre ante el poder del Titán y de la técnica, Hölderlin solicita a las estrellas : <<Es hora que los dioses salgan de sus escondites>>.                                                                                                                                 

 Sobre Schelling, Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana; Arendt apunta los siguiente:

<<Pero en última y suprema instancia no hay otro ser que el querer. Querer es ser originario […] La filosofía entera aspira solamente a encontrar esta expresión suprema>>. Por tanto, para Schelling, cuyo problema fundamental es siempre la vida como ser-vivo, las cosas son lo querido (voluntad congelada, digamos) y la vida de la voluntad. (Pienso, luego soy. Quiero luego vivo […] En el querer tengo la evidencia de que soy un viviente.

El principio de la voluntad lo que experimento queriendo, es la libertad, <<una capacidad para el bien y para el mal>>. <<Sólo el que ha gustado la libertad puede sentir la aspiración a convertirlo todo en una analogía de la misma, a extenderla a lo largo del universo>>.

<<El principio, en cuanto procede del fondo y es oscuro, es la voluntad propia de la criatura, la cual … es voluntad ciega. (A ella) se opone el entendimiento como voluntad universal, que usa dicha voluntad ciega y la somete como mero instrumento. La voluntad ciega que no se deja subordinar, es decir, que permanece pura voluntad propia, (es) el mal como voluntad mala, como la elevación de la voluntad propia>>.

Frente a la identificación del mal con lo sensible y terrestre: aquellos que <<contra lo que era procedente, no opusieron al cielo el infierno, sino la tierra>>.

La auténtica imposibilidad de este enfoque de la voluntad viva como ser radica en que la muerte se hace completamente incomprensible. Bajo estas condiciones <<el vínculo de las fuerzas que constituyen la vida, … también podría ser indisoluble, y … una criatura que repare por su propia fuerza lo que se ha hecho defectuoso en ella [el mal se equiparaba con la enfermedad] está destina a ser un Perpetuum mobile. Con ello propiamente habría debido quedar liquidada toda la filosofía de la voluntad (y de la fuerza = energía).

La paradoja fundamental de la experiencia está en que, mientras estamos solos, es decir, sin ninguna representación concreta de otro, nos experimentamos necesariamente como dos. Pensar en la soledad es siempre un dialogo consigo mismo. En la voluntad me ligo a mí mismo; la mera voluntad, que de hecho consiste en el <<mandarse>> y me aferro a mi duplicación solitaria. Ésa es también la razón de que de la voluntad brote inmediatamente la voluntad de dominio y la voluntad de poder. La voluntad es la expresión de la duplicidad y la ambigüedad de la soledad.

El afán de dominio y la voluntad de poder del solitario brotan de la ambigüedad, de la duplicidad de sí mismo. En efecto, ésta tiene como consecuencia que el afán de dominio y la voluntad de poder sean tan incalculables como son para nosotros todos los otros hombres. Sólo podemos soportar el carácter imprevisible de los otros, es decir, su libertad, si nosotros por lo menos podernos fiarnos de nosotros mismos.

La voluntad de poder en la política quiere siempre hacer del mundo tan fiable como la voluntad apetecería ser, fiabilidad que no logra en la soledad, pues permanece por esencia ambivalente. De acuerdo con esto, el tirano, para asegurarse, tiene que eliminar del mundo, en lo posible la espontaneidad (el fundamento de la falta de fiabilidad (confianza) y de la libertad). La aspiración a la seguridad se hace desmedida cuando ya no puede estar segura ni siquiera de sí misma.

Si la voluntad de poder quiere hacer del mundo algo fiable, de confianza, que no logra en la soledad de sí misma, el poder autoritario o totalitario, niegan la espontaneidad, la imprevisibilidad, la confianza y la libertad, porque cuestiona o ruptura lo establecido como verdadero. Ernst Jünger piensa que el poder de la libertad es tan poderoso que sólo basta soñar con ella para que se haga realidad.

En oposición a estos regímenes, la democracia y la libertad son una y la misma cosa, dos caras de la misma moneda. Al comienzo está siempre la fuente de la libertad. Ni la tiranía de la razón en nosotros, ni la cocción de la deducción necesaria, ni la tiranía autoritaria y totalitaria, coartan y limitan, la libertad y la acción política. Porque el comienzo como fuente de libertad, es imprevisible e impredecible. Así que, todo hombre es un <<comienzo>> como si el mundo surgiera de nuevo con él. El comienzo contiene la voluntad de poder que desconfía de sí misma, la libertad y la acción política. Por eso, el tirano, el populista, el fascista, el nacionalista, detestan estas <<figuras>> que posibilitan alcanzar la democracia, la solidaridad, la fraternidad, la justicia, y así mismo, el Estado de Derecho, la pluralidad, el respeto a la dignidad humana, la democracia libertaria, justa e igualitaria.

                                              

                                      A MODO DE COLOFÓN

                                            Hannah Arendt

Hannah Arendt reflexiona sobre el poder y nos sugiere que existe una diferencia entre la razón impotente, que ve el <<bien>>, y la voluntad poderosa, que quiere el <<mal>>. De ahí la identificación una y otra vez de la impotencia con el bien y del poder con el mal.

De ahí toma a Kant, a Hegel, a Nietzsche y a Marx, para dilucidar desde sus perspectivas teóricas y prácticas, la relación entre la impotencia de la razón y el poder de la voluntad.

Kant cree encontrar la solución uniendo la razón con la voluntad, por el hecho de que la razón prescribe a la voluntad lo que ha de querer. La consecuencia de Kant, consiste, en que despoja de poder a la voluntad y destruye el centro de poder. Necesita de la <<astucia de la naturaleza>>, a través de la cual de hecho se le promete poder a la razón, quedando la voluntad intacta en su poderío. Por tanto, el fin de la astucia de la naturaleza es doble: es importante dejar que permanezca la voluntad como voluntad, es decir, como centro de poder, para que suceda algo y se pueda actuar, lo es también conferir una racionalidad a esta acción.

La posición de Kant la contradice Hegel: tan pronto como la razón se realiza, se convierte por eso mismo en poder; poder no es otra cosa que realidad. Razón realizada es voluntad racional. Si el absoluto se realiza en la historia y la razón no está en sí misma en la simple reflexión, pero es poderosa dentro de la realidad que ella comprende. En Hegel el poder pierde el estigma del mal, porque está sustraído al ámbito del actor particular. A la vista de la realidad que se atestigua en la historia, la única que tiene poder, son impotentes por igual la voluntad y la razón. En otras palabras, la realidad que tiene poder es la histórica, por eso son impotentes la voluntad y la razón.

Nietzsche no toca ni la racionalidad impotente de la razón, ni el poder malo de la voluntad, porque se limita a decir, la voluntad es <<mala>> sólo bajo el presupuesto impotente de la razón, y somete la razón impotente a la sentencia de la voluntad poderosa. Nietzsche dice que es posible que las cosas sean a la inversa.

En Marx, el poder es producto del trabajo, y el poder justo o injusto se rige en adelante por la distribución justa o injusta de los productos del trabajo. Desde esta perspectiva podemos ver como el trabajo lo cambia todo. Así que, la filosofía descansa en el hecho de que era desconocido el trabajo en el sentido moderno, que no era conocido bajo la dimensión de la producción y del homo faber (el hombre que fabrica).

La forma clásica con que la filosofía sale del dilema razón-voluntad o, en otros términos, resuelve el problema del poder, está en el invento de la lógica o de la evidencia lógicamente necesaria. Así que, para acabar con el problema de la voluntad, la razón libre se puso bajo las leyes coactivas de los argumentos. Por eso desapareció de la filosofía la sentencia, que pone luz dentro, hace transparente las cosas y las ilumina; en su lugar, se introducen cadenas de argumentos, que son en todo caso cadenas, en el doble sentido de la palabra. 

                                                       Madrid a 02/12/2021