sábado, 6 de marzo de 2021

OSWALD SPENGLER: LA DECADENCIA DE OCCIDENTE LA IDEA DE PROGRESO EN LA CIVILIZACIÓN FAUSTICA

 

            

 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Para Spengler, la Decadencia de Occidente significa nada menos que, el problema de la civilización. Nos hallamos frente a una de las cuestiones fundamentales de la historia. ¿Qué es <<civilización>>, concebida como plenitud y término de una <<cultura>>? Porque cada <<cultura>> tiene su <<civilización>> propia. La <<civilización>> es el inevitable sino de toda <<cultura>>. La <<Civilización>> es el extremo y más artificioso estado al que llega una especie superior de hombres. Es un remate, subsigue a la acción creadora como lo ya creado, a la vida como a la muerte, a la evolución como al anquilosamiento, al campo y la infancia de las almas –que se manifiesta, por ejemplo, en el dórico y en el gótico- como decrepitud espiritual y la urbe mundial, petrificada y petrificante. Es un final irrevocable, al que inexorablemente se llega de nuevo, íntima necesidad. (Spengler).

 Este devenir de la materia, del espíritu y de las formas artísticas de la civilización occidental, en su estado artificial y decadente, expresa la Época Moderna como cultura del artificio. Además, un ámbito en el que prevalecen las relaciones artificiales sobre las relaciones de sentido. Así se puede comprender a los romanos en cuanto sucesores de los griegos. Así se coloca la última etapa de la Antigüedad bajo una luz que revela sus más hondos secretos.

Pues bien, ¿qué significa que los romanos hayan sido bárbaros, que no preceden a una época de gran crecimiento, sino que, al contrario, la terminan? Sin alma, sin filosofía, sin arte, animales hasta la brutalidad, sin escrúpulos, pendientes del éxito material, se hallan situados entre la cultura helénica y la nada. Su imaginación enderezada exclusivamente a lo práctico –poseían un derecho sacro que regulaba las relaciones entre hombres y dioses como si fueran personas privadas y no tuvieron nunca mitos-, es una facultad que en Atenas no se encuentra. (Spengler).

Los griegos, en cambio, tienen alma; los romanos, intelecto. Entre ambos se diferencia la cultura, de la civilización. Y esto no vale solo para la Antigüedad. Una y otra vez, en la historia, se presenta ese tipo de hombre de espíritu fuerte, completamente a-metafísico. En sus manos está el destino material y espiritual de toda época postrimera. Ellos son los que han llevado a cabo el imperialismo babilónico, egipcio, indio, chino, romano. En tales períodos se desarrolló el budismo, el estoicismo, el socialismo, y emociones definitivas que pueden, captar y transformar en su sustancia una humanidad mortecina y decadente. Así, la civilización pura, como proceso histórico consiste en una gradual disolución de formas muertas, de formas que se han tornado inorgánicas. (Spengler). Este no es otro que, el mundo del Titán y del titanismo, del Técnico y del colectivo técnico en la actualidad. Son los descendientes de Prometeo en la Tierra. Prometeo es el que lleva a los dioses el mensaje de los titanes; compite con los dioses, pero no llega a donde estos se hallan.

 Por tanto, la civilización moderna que alcanza su exponente máximo en la sociedad norteamericana, deriva todas sus <<formas>> de la cultura europea. Su imaginación enderezada exclusivamente al pragmatismo, no se interesa por la elevación del espíritu, las formas artísticas, la cualidad del ser y el existir, ni por el devenir de la historia, sino por el presente-actual. Es ella una civilización donde prevalece el materialismo y el hedonista. Los europeos tienen alma y espíritu, ellos sólo intelecto. Que se decantan por la ciencia y la técnica. Mejor, no se inclinan por la esencia del ser, ni de la técnica, ni la esencia del hombre, sino por la función, la organización y la utilidad como <<valor>> de cambio, un bien social que se pone en circulación y se convierte en dinero. Además, implementan en la publicidad, la cultura del entretenimiento, el hiperconsumo y el ocio vacío, que no cualifica la esencia del ser y el existir.

Por eso, lo que les interesa es la instrumentalización de la técnica y no su esencia, que pone ésta al servicio del hombre y de la Humanidad. Ellos son los que han llevado el imperialismo occidental a través del mundo en su expresión máxima. Así que, su brutalidad, lo bárbaro, la violencia, la guerra, la insensibilidad y de espíritu, en tratar los asuntos humanos, es su característica. Por eso, Spengler dice que es un pueblo sin alma, sin filosofía, sin escrúpulo. El éxito material, económico, científico y técnico; prevalece sobre las necesidades espirituales o morales del ser humano. Son la manifestación del Gran Poder y del Espíritu del Tiempo, en todas sus formas y materialidades.

 Spengler plantea que, el tránsito de la cultura a la civilización se lleva a cabo, en la Antigüedad, hacia el siglo IV; en Occidente, hacia el siglo XIX. A partir del momento, las grandes decisiones espirituales no se toman ya <<en el mundo entero>>, como sucedía en tiempos del movimiento órfico y la Reforma, ya que no había una sola aldea que no tuviera importancia. 

Ahora se ejerce el poder en cuatro o cinco ciudades que han absorbido el jugo de toda la historia y frente a las cuales el territorio restante de la cultura queda rebajado al rango de provincia. (Spengler). En el presente se toman las decisiones desde un cuadro de mando, donde todas las piezas encajan a su perfección, un acto mediante el cual una única maniobra ejecutada en el cuadro de distribución de la energía conecta la red de la corriente de la vida –una red dotada de amplias ramificaciones y múltiples venas- a una gran corriente que proviene de las minorías selectas. (Jünger).

 En el presente actual existe la ¡Ciudad mundial y provincial! En lugar de un pueblo lleno de formas, creciendo con la tierra misma, tenemos un nuevo nómada, el habitante de la Gran ciudad, un hombre atenido a los hechos, un hombre sin tradición, que se presenta en masas informes y fluctuantes; un hombre sin religión, inteligente, improductivo, imbuido de una profunda aversión a la vida agrícola, un hombre que representa un paso gigantesco hacia lo inorgánico, hacia el fin. (Spengler).

Hoy, en cambio, predomina la Gran ciudad en todas sus acepciones sobre las provincias y las aldeas, la urbe mundial significa el cosmopolitismo sobre el pueblo, el sentido frío de los hechos sustituye a la veneración de la tradición. Todo esto significa la irreligión científica como petrificación de la religión del alma y del corazón, sociedades en lugar del Estado, los derechos naturales en lugar de los adquiridos. Por tanto, el dinero como factor abstracto inorgánico, desprovisto de toda relación con el sentido del campo fructífero y con los valores de una economía de la vida, es lo que ya los romanos tienen antes que los griegos y sobre los griegos. A partir de aquí, una concepción distinguida y elegante del mundo es también cuestión de dinero. (Spengler).

El dinero y el poder en la Gran ciudad establecen relaciones inconexas (sin sentimientos, ni respeto, sin tradiciones compartidas, sin humildad, etc.). O, en otras palabras, relaciones políticas, jurídicas, culturales o económicas. Que diluyen el tejido del amor, la amistad, las creencias, los usos, hacia el otro o los otros. De ahí que, en la Gran ciudad no habita un pueblo, sino una masa. Una masa, informe y uniforme, sin tradiciones, usos y religiones compartidas. Una masa sin lazos de afectos, sin espíritu que eleva al ser humano a la libertad y la dignidad humana; y, por ende, a lo trascendente y eterno, que mora en el interior de todos y cada uno de nosotros.

Asimismo, Jünger se pregunta, ¿quién discutiría que la civilización tiene con el progreso una ligazón más íntima que la que posee la Kultur y que aquella es capaz de hablar en las grandes urbes su lenguaje natural y sabe manejar medios y conceptos a los que la cultura se enfrenta sin tener ninguna relación con ellos e incluso de manera hostil? En la Gran ciudad podemos observar que la civilización y el espíritu del progreso se entrelazan y responden al tiempo actual. Hoy cabe aportar ciertamente buenas razones para probar que el progreso ya no es un avance; si el auténtico significado del progreso no es otro, un significado diferente, más secreto, que se sirve, como de un escondite magnifico, de la máscara de la razón, muy fácil en apariencia de abarcar con la mirada. (Jünger).

 Sabemos que la razón es cruel, más si se pone al servicio del progreso. El ser humano empieza a sospechar que a la idea de progreso se impone por doquier en la vida, unos impulsos diferentes y más ocultos. Con toda razón se ha complacido el espíritu en despreciar de múltiples modos las marionetas de madera del progreso –más los delgados hilos que ejecutan los movimientos de las marionetas son invisibles. (Jünger) Si nos ocupamos de los movimientos más secretos del progreso, tenemos la sospecha que éste responde al vaho fétido del ejercicio del Gran Poder.

El progreso no sólo rompe la relación que tienen los pueblos con la tierra, sino que destruye el hilo de la tradición: los mitos, la religión, los usos, las costumbres, el arte, que constituyen el ser y el núcleo de toda historia. El hombre de la Gran ciudad, el hombre masa es un hombre incomunicado pero adaptado a la sociedad, un hombre nervioso y excitado, un hombre carente de reglas y de normas compartidas, un hombre con capacidad de consumo y de entretenimiento e incapaz de analizar y juzgar, un hombre egocéntrico y alienado del mundo.

Además, la relación que la sociedad moderna establece con el progreso y la técnica, es completamente utilitaria y funcional. Y, en esa relación es donde hay que buscar el auténtico factor moral de nuestro tiempo, un factor provisto de irradiaciones tan sutiles e imponderables que con ella no pueden competir ni siquiera los ejércitos más fuertes. Es, de suponer que, la creciente trasmutación de la vida en energía y la progresiva volatilización del contenido de todos los vínculos en beneficio de la civilización de la Gran ciudad, de la técnica y el progreso, han trasmutado la relación del hombre con la naturaleza y con el mundo que lo rodea. (Jünger).

En este orden, Ludwig Wittgenstein entrelaza su pensamiento con el de Spengler y de Ernst Jünger y, dice: en la civilización de la Gran ciudad el espíritu sólo puede retirarse a un rincón. Pero no por ello es algo así como atávico & superfluo, sino que se cierne sobre las cenizas de la cultura como testigo (eterno) -casi como vengador de la divinidad.

 Como si esperara una nueva encarnación (en una nueva cultura).

 ¿Qué aspecto habría de tener el gran satírico de este tiempo?

 Además, si se quiere comprender la crisis del mundo actual –no hay que hacerlo desde las relaciones causales, de causa a efecto, tampoco desde el ángulo del partido, la ideología, el dogma, el determinismo material o espiritual -, sino desde la altura intemporal donde la mirada domina al mundo de las formas históricas repartido por miles de años. Si se quiere comprender realmente la decadencia de la época actual.

En este orden, el imperialismo se corresponde con la civilización fáustica símbolo del fin de una época. Produce petrificaciones como imperio, pero también en las formas y posibilidades de la cultura. El imperialismo se constituye en civilización pura. El sino del Occidente lo condena, irremediablemente, a tomar el mismo aspecto. El hombre culto dirige su energía hacía dentro; el civilizado hacía fuera. La tendencia expansiva es una fatalidad, algo demoníaco y monstruoso, que se apodera del hombre en el postrer estadio de la Gran ciudad y, quiéralo o no, sépalo o no, le constriñe y le utiliza en su servicio. Aquí la vida es la realización de posibilidades, y para el hombre cerebral no hay más que posibilidades expansivas. Esto es válido tanto para el imperialismo y la civilización fáustica: el espíritu es el complemento de la extensión. (Spengler).

Como Roma en el año 60 a. de Cristo, las ciudades del Mundo Moderno, viven en una miseria espantosa espiritual y material, sus habitantes hacinados en edificios en los cinturones de la Gran ciudad, y espoleados por el vicio, el alcohol, la droga, el desempleo y el hambre. Y, como en el reinado de Craso del año 60 a. de C. los que ejercen el Gran poder son indiferentes a las necesidades materiales, morales y espirituales de los pueblos. 

Así pues, en la esfera pública de las sociedades prevalecen los partidos políticos, el dinero bancario, las finanzas internacionales, la técnica, la ciencia, el desarrollo armamentístico, los grupos de presión, los lenguajes digitales, el Estado y las instituciones; más no el hombre que calla y sufre, y que se encuentra desprotegido, y cuya inseguridad es también total. Es del miedo de lo que vive el despliegue del Gran poder, y la coacción y el control adquieren especial eficacia en aquellos sitios donde se ha intensificado la sensibilidad. (Jünger).

                

                                                       Madrid – España – 04/03/2021

domingo, 28 de febrero de 2021

LA CAPACIDAD DE JUICIO COMO CAPACIDAD DEL GUSTO SOBRE EL HUMANISMO EN HANNAH ARENDT


 

 

           A mis padres y abuelos: Rafael y Cielo, Antonio e Inés

                                    y a mi tía Lucila con Amor.

 

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Hannah Arendt en el texto Entre el pasado y el futuro (Ocho ejercicios sobre la reflexión política) nos recuerda que la actitud del griego antiguo, liberado de las necesidades biológicas, dedica su tiempo libre al pensar, la poesía, el arte, la política y la esfera pública. O, en otros términos, al pensamiento, la acción y la estética. Es decir, la vida en la poli como ser libre. De ahí que se dieran cuenta que, la estética es la madre de la ética. La esfera de la ética es el principio de acuerdo consigo mismo. En rigor lo descubrió Sócrates, tal como lo formuló Platón, y está en la siguiente expresión: <<Es… mejor que muchos hombres no estén de acuerdo conmigo y me contradigan, antes de que yo, que no soy más que uno, esté en desacuerdo conmigo mismo y me contradiga>>. De esta frase nace la ética occidental, con su acento en el acuerdo con su propia consciencia. (Arendt).

Es en la Crítica del juicio donde Kant lleva a cabo un punto de inflexión a partir de la capacidad del gusto. Que sólo estaba referido a fenómenos estéticos y considerado ajeno al campo político y al de la razón; entonces descubre que, en los juicios estéticos, como en los políticos, se adopta una decisión de que el mundo mismo es un dato objetivo, algo común a todos los habitantes. (Arendt). La capacidad del gusto posibilita ver y mostrar las cosas que pueblan al mundo, independiente de su función y utilidad. El gusto juzga al mundo en sus apariencias y en su mundanidad (más allá del interés privado del ser humano); para los juicios de gusto su interés se centra en el mundo y no en el hombre y su vida privada. (Arendt). Descubrió Kant que, en los juicios estéticos, tanto como en los políticos, se adopta una decisión.

Además, los juicios de gusto comparten con las opiniones políticas su persuasividad; que tiene como meta buscar un acuerdo con los demás. Que permitan persuadir por la palabra y el gusto, como <<formas>> de la práctica política. Un ámbito donde las persones hablan entre sí para llegar acuerdos y consensos sobre la vida pública y el mundo en común. Arendt dice al respecto: la cultura y la política, pues, van juntas porque no es el conocimiento o la verdad lo que en ellas está en juego, sino más bien el juicio y la decisión, el cuerdo intercambio de opiniones sobre la esfera de la vida pública y el mundo común. (Arendt). El gusto como actividad de una mente cultivada –cultura animi- le quita la barbarie al mundo de lo bello porque no se deja abrumar por ella; se preocupa de la belleza según su modo <<personal>> y así produce una <<cultura>.

El mundo de la belleza (obras de arte, partituras musicales, un poema, una novela, un atardecer, etc.), se opone a la barbarie política, al odio, la mentira, las injusticias sociales o humanas. Es un mundo que dignifica la condición humana y exalta el Humanismo; el gusto es la capacidad política que humaniza la belleza y crea una cultura. La belleza posibilita que el hombre despierte la imaginación, la capacidad de asombro, de interrogación y de juicio. Es el ámbito de la vida humana donde se devela el Humanismo: la semejanza entre los hombres.

Sabemos que el humanismo y la cultura es de origen romano; se refiere al sentido romano de humanitas, de humanidad, a la integridad de la persona como persona, porque en él se sacrifica el valor humano y la categoría personal, junto con la amistad, en aras de la primacía de una verdad absoluta. En traza de Cicerón podemos ver la exaltación que hace Arendt del humanismo y del humanista.

En Cicerón el verdadero humanista, ni las verdades de los científicos ni la verdad del filósofo ni la belleza del artista pueden ser absolutos; el humanista no está especializado y ejercita una facultad de juicio y gusto que está más allá de las acciones que cada especialidad nos impone. Esta humanidad romana se aplicó a todos los hombres libres en todos los sentidos, para quienes el problema de la libertad, de no sentirse coaccionado, era decisivo, incluso en la filosofía, las ciencias y las artes. (Arendt). Un hombre libre dice Cicerón es no estar coaccionado en su asociación con los hombres y los objetos, ni por la verdad ni por la belleza.

El gusto de una mente de verdad cultivada –cultura animi- que se puede confiar en ella para que se ocupe y cuide las cosas que pueblan el mundo cuyo criterio básico es la belleza. Este humanismo es el resultado de la cultura animi, de una actitud que sabe cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo. (Arendt). Una mente cultivada se preocupa no sólo de las cosas, sino también de los seres que lo rodean y, en especial, de los demás seres humanos. Por eso, el humanista se preocupa por la verdad y la belleza; pero no por lo absoluto que se quiera imponer a través de ellas.

Aquí un punto de contradicción entre una mente que todo lo convierte en <<valor>> de cambio y una mente que trata de ocuparse y cuidar el mundo natural y lo hecho por el hombre. El humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre las actividades puramente políticas y las de pura elaboración. (Arendt). Porque en él no prevalece el ejercicio del poder y la función o la utilidad de las cosas, sino el dialogo, el consenso, el acuerdo y la cualificación de la vida personal, que eleva en libertad a la esencia del ser y el existir. En otros términos, le interesa la cultura, el cuidado de las cosas del mundo, la amistad, la fraternidad, la ternura que comparte entre los seres humanos, el pensar y la búsqueda de un mundo más humano, libre y solidario.

Es de admirar que Arendt en una civilización de alto desarrollo científico y técnico, de capitalismo global y políticas de bloques, se preocupe por la libertad y el humanismo. Y diga siguiendo las ideas de Cicerón: como humanistas podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista, como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que debemos conocer y buscar. Podemos estar por encima de las ideas y las acciones del filisteísmo siempre que aprendamos ejercer nuestro gusto con libertad.

La libertad para ella no es un Don divino ni natural al hombre, sino que se adquiere en las relaciones que establecemos con los demás, con los seres que vivimos en comunidad y hacemos del mundo algo común. El problema está en que el hombre entregue su libertad a cambio de unas pocas monedas de lo actual y, cuando falten estas, quede desvalido. El humanista, en cambio, se propone llevar adelante una lucha, una lucha que para algunos no tiene ningún valor. El humanista posee una relación originaria con la libertad, con el tejido del cuerpo social; de ahí que se opone a todo automatismo, a todo autoritarismo, a todo absolutismo político, económico, social, cultural y, a las especialidades que niegan el libre conocer y buscar.

Si la contemplamos de ese modo, no dejará de hacérsenos evidente el papel desempeñado por el humanista en el conflicto entre el hombre de Estado y el artista, sino también en sus pensamientos y la apreciación estética de la existencia y del mundo. La realidad de estos años que estamos atravesando hacen del humanista algo esencial para confrontar todo tipo de coacciones y determinismos que atenten contra la libertad. Así, elevarse en libertad sobre el automatismo y el Gran Poder, significa reservarse la decisión propia y que el gusto por el mundo y las cosas que lo pueblan, nos ayudan a precisar nuestra condición estética y ética.

El lugar de la libertad es diferente al de todo absolutismo o dogmatismo, porque ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo y trascender los muros de contención del Gran Poder. El humanista que cree en el ser humano y la libertad que le es propia, emprende la tarea de encontrarle sentido a unos acontecimientos históricos, políticos, sociales, culturales, que dejan a la vera del camino tanto sufrimiento, dolor, miedo, muerte y, se convierte en piedra de escándalo. El hecho de que el hombre de hoy, el hombre masa renuncie en amplia medida a la libertad, no significa que el hombre de –cultura animi- de la mente y del espíritu, también lo haga.

Como expresó Ernst Jünger: de ahí que hagamos bien en no perder de vista lo necesario si no queremos entregarnos a meras ilusiones. La libertad viene a la vez que lo necesario y la nueva estructura del mundo no hará acto de presencia hasta que la libertad no entre en relación con lo necesario. La libertad, en cambio, aunque siempre se encubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal.

En este caso, ¿qué pensaban los romanos que era una persona culta? La que sabe cómo elegir compañía entre los hombres, entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. (Arendt).

 

                                              Madrid – España – 28/02/2021

jueves, 11 de febrero de 2021

LA ENCRUCIJADA DEL INDIVIDUO EN EL MUNDO MODERNO

 

 

 

        Al Dr. Julio Betin López con respeto y admiración.

 

<<A la memoria de su madre Dña. Julia Isabel López Guzmán, 

que en la Casa de la Cultura, me enseñó amar los libros y a pensar>>.

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Al Mundo Moderno lo define el humanismo europeo y la modernidad ilustrada, y toma como principio la centralidad del hombre: un ser como sujeto de acción y pensamiento crítico; su capacidad de clarificación y teorización de la naturaleza y el mundo; y, su poder para transformarlo. La modernidad se construye sobre la idea del individuo que inventa, que persigue ideales como la libertad, la justicia, la igualdad y la fraternidad. En este umbral se ubica el “vitalismo” de Nietzsche y el espíritu de Hegel. En la modernidad el individuo también está atrapado en las redes de la sociedad, su cotidianidad y pierde su autenticidad; la razón de ser de su existencia individual.

Siguiendo la lectura de Heidegger sobre la modernidad y el humanismo, el hombre como <<pastor del ser>>, se ubica en los márgenes, como ser meditativo que espera alguna iluminación. Y ubicado en el umbral de la tradición judeo-cristiana dice: <<Sólo un dios puede salvarnos>>. A su alrededor hay un montón de escombros humanos y materiales, que Benjamín y Adorno definen como <<catástrofes>>: el peso de la técnica y la ciencia que ha caído sobre el hombre; la Primera y Segunda Guerra Mundial; el Holocausto judío; las bombas atómicas; la visión mecánica-materialista de la naturaleza y tecno-capitalista del mundo. En el que el ser humano se vuelve objeto o número, y todas las relaciones humanas y sociales se transforman en meras relaciones de consumo de unas personas respecto a otras. Eso que Arendt denomina reificación del ser humano consciente y libre como si fuera objeto o cosa no consciente ni libre.

Preguntamos, ¿esto que acontece ha posibilitado en el hombre moderno una transformación de su modo de pensar y ser? ¿por qué no piensa su relación con lo fundamental y las motivaciones últimas de la existencia? Porque el pensamiento se encuentra en dique seco –dijo Heidegger. La humanidad europea y occidental sigue jactándose de su humanismo, que sólo es una costra seca que voló por aires ante las exigencias del presente. Y también por las crisis y las catástrofes que el siglo XX dejó tras de sí. El logos (el lenguaje) está situado en su parte material (medios de comunicación de masas, el predominio de la imagen sobre la palabra, las redes de información rápida y simultanea), y, las lenguas naturales, el ámbito antropotécnico de la palabra, la escritura y el pensamiento, están en retirada. Entonces, la tradición ilustrada se encuentra en crisis; porque no responde a las necesidades morales, espirituales y materiales del ser humano.

De lo que existió las nuevas versiones humanistas del existencialismo y del marxismo, fueron intentos fallidos. El devenir histórico ha cambiado y la instrumentalización, la coacción, la domesticación y el ejercicio del poder, pasa a otros protagonistas. Así, las diferentes técnicas de dominio y control, pasan por un proceso civilizador de la <bestia> humana. Que dan como resultado eso que llamamos falta de imaginación, perdida de la capacidad de asombro, de pensar y de los contenidos espirituales del lenguaje. En la época actual predomina aquello que el griego antiguo denominó filisteo, un hombre adherido a la banausía, a la vulgaridad y, ahora es una mentalidad exclusivamente utilitaria, una incapacidad de pensar y juzgar las cosas como no sea por su función o utilidad. (Arendt). Esta incapacidad de discernir, de discriminar, proviene de la capacidad llamada gusto. El hombre se entrega desnudo y desprevenido, a la falta de gusto de la cultura del entretenimiento y el consumo masivo.

Ahora, ¿podría ser que el gusto fuera una de las facultades políticas? (Arendt). Si la política se expresa en la acción y el discurso, el gusto por las cosas bellas y buenas para el hombre, se relacionan con lo justo, la vida del ser humano en sociedad, la participación activa en los asuntos públicos, la justicia y la seguridad de los ciudadanos. Es decir, el gusto por la buena vida, privada o pública, es una facultad de la política. Así, la apreciación estética de la existencia se relaciona con las esferas de la política y la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Esta es una de las razones que la cultura y las obras de arte, se relacionan con un conjunto de variables que van más allá de la función y la utilidad de las cosas y la política como fin en sí misma. Y esto es sumamente grave para la democracia y la convivencia pacífica entre los seres humanos.

Porque al corromperse la práctica política toca todas las esferas de la sociedad. Y, en su defecto, manifiestan dos principios estéticos: libertad o cohibimiento. Ese es el destino que decide sobre la dicha o la desdicha, que permite a los unos considerar este mundo como un hogar y condena a los otros a un incurable y soberbio aislamiento. (Thomas Mann). En una atmósfera así el deseo del ser humano es abrirse paso o romper el cerco. En el mundo actual la cultura, las obras de arte y el gusto como facultades políticas, se transforman en vehículos de salvación; o, en otros términos, en facultades que posibilitan salvar a la humanidad de lo inmediato y efímero de la civilización del artificio. Por eso, la acción política es reflejo, expresión, instrumento, del espíritu profundo de los pueblos. De ahí que el porvenir encontrará en el arte y la cultura, una fuerza al servicio del ser humano y de la sociedad; un elemento de educación y libertad. Que estará al lado de otras esferas del saber y del conocimiento, al servicio de la Humanidad.

Se trata que frente a la inactividad de la existencia y el pensar, se situé la meditación y la vigilancia intelectual, para enfrentar con valentía los tranquilizadores presupuestos del poder y el saber. De esta manera, el pensamiento de Heidegger nos situaría en lo inhóspito, los márgenes e inquietante, de las seguridades, del bienestar del humanismo ilustrado y el Gran Poder. La auténtica esencia del hombre tiene que ver con la verdad, la libertad, el lenguaje y el pensamiento. O, en otros términos, su relación con el ser: el lenguaje como <<casa del ser>> y el hombre como <<pastor del ser>>.

La naturaleza del hombre fáustico, de expansión y dominio, del mundo y del hombre mismo, Heidegger las sustituye por habitar la proximidad del ser; el silencio más que la retórica; la escucha y la espera más que las prácticas sociales, discursivas o políticas. Por eso, su pensamiento da prioridad al silencio y la soledad del individuo que se escucha a sí mismo, que a la algarabía de las sociedades de masas y la cultura de masas. Heidegger propone en Carta sobre el Humanismo, ir más allá del humanismo, pero no lo hace en la dirección adecuada. Se remite al griego antiguo y, a la historia y el nacionalismo alemán, que desembocó en totalitarismo. Dice Peter Sloterdijk: <<qué amansará al ser humano, si hasta ahora sus esfuerzos para autodomesticarse a lo único que en realidad y sobre todo le han llevado es a la conquista del poder sobre todo lo existente?

No podemos olvidar que, el hombre existe en el mundo y se relaciona con los otros. El individuo en su particularidad, Heidegger lo define como <<inauténtico>>, que ha sido despojado de su esencia y, ahora nada sin rumbo empujado por las olas de la civilización del espectáculo, el artificio del artificio, el consumo, la publicidad y la cultura de masas. Y al respecto reflexiona:

 <<El uno (“el individuo, el Sistema o la Estructura”), despliega una   auténtica dictadura. Gozamos y nos divertimos como se goza; leemos, vemos y juzgamos sobre literatura y arte como se ve y se juzga; pero también nos apartamos del montón como se debe hacer; encontramos irritante lo que se debe encontrar irritante. El uno que no es nadie determinado y que son todos (pero no como la suma de ellos), prescribe el modo de ser de la cotidianidad>>.

La uniformización del individuo en las sociedades de masas, se convierte en <norma>> y <medianía>>. La nivelación de la sociedad obstruye las cualidades espirituales, mentales y físicas del individuo. Por tanto, las posibilidades del ser y de la existencia, se diluyen en las colectividades abstractas y uniformes. Y expresa Heidegger al respecto:

             <<En la previa determinación de lo posible o permitido intentar, la medianía vela sobre todo conato de excepción. Toda preminencia queda silenciosamente nivelada. Todo lo originario se torna de la noche a la mañana banal, cual si fuera cosa ya largo tiempo conocida>>.

En las sociedades modernas y la cultura del espectáculo, el catálogo de las cosas posibles, que marca la diferencia con lo siempre igual, lo oculta la banalidad, la función y la utilidad. Cristian von Wolf expresó que, la palabra Dasein (existencia) es, un complemento de lo posible. Para Hölderlin los dioses griegos no sólo eran posibles, sino que estaban presente. (Jünger). La persona individual representa lo posible, pero sus formas posibles y excepcionales, son borradas por <<decreto>>, por la uniformidad y la nivelación de la sociedad. Todo cambio individual es precedido por una exigencia: un llamado a la puerta, que viene desde lo posible, desde lo imparcelado. La persona individual vive eso en horas silenciosas en que la asaltan pensamientos incitándola a obrar. (Jünger).

En el Mundo Moderno se superponen los pensamientos viles, vulgares, feos, que ascienden desde las cloacas de la existencia, sobre los nobles, buenos, fantásticos o trascendentes, que provienen de las corrientes del espíritu. En momentos de soledad y de charla consigo mismo, es lícito sospechar que hay una extraordinaria afluencia de fuerzas, que vienen del más allá, allende del tiempo y del espacio.

Un mundo desgarrado, conquistado y convertido en <<existencias>>, naturales o humanas, como el actual. Se convierte en el ámbito propicio para actuar como los demás actúan, pensar según las imágenes o, las categorías de los medios de comunicación y las plataformas digitales. Un mundo donde prevalecen las relaciones inconexas determinadas por el dinero o el poder, se convierte en un mundo demoníaco. Armados con los cocimientos de las ciencias y los instrumentos de la técnica, vivimos una época de transito respecto al lenguaje, el pensar y la experiencia. Lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y que son pesimistas. No hay en ellas magia con la técnica basta. (Jünger).

De ahí el avance del cálculo y de su apreciación práctica hace imparable la transformación de la sociedad en puras cifras o números. La técnica ha evolucionado tanto hasta transformarse en lenguaje mundial; ello hace que la participación de los individuos en la sociedad se convierta en una participación estadística. (Jünger). Los <<medios>> y las <<redes sociales>> no sólo anticipan la opinión y las imágenes del mundo; sino que se convierten en el <Ágora> de nuestro tiempo. Estamos asistiendo a una especie de analfabetismo y de ignorancia, por la incapacidad de juzgar, de discernir y de analizar del hombre actual. Así que, el planeta adquirió un aura nueva, una epidermis más sensible. Las ondas en sí carentes de lenguaje, están a disposición de cualesquiera textos o imágenes, que golpean con la virulencia de la ola al romper. (Jünger).

En el Mundo Moderno la ciencia por antonomasia es la de la naturaleza y se presenta como fundamento de la técnica. Pero ésta no es un hecho puramente científico-natural; al mismo tiempo es un hecho histórico. Además, las cuestiones que la humanidad expone a la naturaleza están condicionadas por el estadio de su producción. En el desarrollo de la técnica se han podido percibir los progresos de las ciencias naturales, pero no los retrocesos de la sociedad. (Benjamín). El lado destructivo del desarrollo, no reconoce el lado destructivo de la sociedad. La técnica al servicio del capitalismo industrial, empresarial o financiero, tiene como meta la producción de mercancías. Su proceso de producción está determinado por el <<valor>>, la conversión de las cosas en dinero intercambiables en el mercado de la circulación y la demanda, sociales o individuales.

En el siglo XX se vivió como la velocidad de los medios de trasporte, o la capacidad de los aparatos con que se reproduce la palabra y la escritura, llevan a cabo una revolución en la percepción, el sentido de la vida y del mundo. Nos dimos cuenta que las energías que la técnica desarrolla más allá de ese umbral son destructoras. En primera línea favorecieron la técnica de la guerra y su preparación publicitaria. (Benjamín). Y se constató en la Primera y Segunda Guerra Mundial y los conflictos de las naciones del mundo; y también como el hombre no fue consciente de las energías destructoras de la técnica.

De otra parte, la revolución en los medios de comunicación de masas y los lenguajes digitales, posibilitan el paso de las leguas naturales a las artificiales. Se da una ruptura epistemológica y lingüística en el hombre. En este orden, la sociedad de masas y la cultura de masas, exaltan la futilidad de la existencia, el entretenimiento y la diversión, la función y la utilidad, de las cosas y de la vida. Las unas y la otra, se devalúan y pierden su valor intrínseco, independiente, y se convierten en puro medio: de la industria de la cultura, el dinero, la política y el ejercicio del poder. Ahora, la crítica (literaria, de la obra de arte, de la música, de la poesía o de la filosofía), que asesoran a las personas en la tarea de juzgar, analizar, criticar, comprender el mundo y la vida del ser humano, es una <<forma>> de la cultura que propaga el conformismo, la complacencia y la autosatisfacción. De este modo, las industrias del entretenimiento y la publicidad, sustituyen las preguntas fundamentales de la existencia: sobre la libertad, la justicia, el odio, el hambre, la violencia, el racismo, la tolerancia, la guerra, la paz y el amor, entre otros.

Somos parte de la civilización del espectáculo, vacía y oropel, donde el actor de cine o el futbolista, sustituyen a los grandes creadores de la alta cultura: la filosofía, la ciencia, la literatura y las artes. Personas que nos enseñan a afrontar los problemas y no los trivializan, que intentan dar respuestas serias y no fútiles a los grandes enigmas, interrogaciones y conflictos de la existencia humana. Ahora, una de las características de la época actual es la poca importancia que tiene el intelectual y la ínfima vigencia del pensamiento. Entonces el empobrecimiento de las ideas es la fuerza motora de la cultural. Los medios audiovisuales, la televisión, el cine y las plataformas digitales, sustituyen a los libros, los conciertos, el dialogo, la experiencia y la aventura interior. De ahí que el individuo se encuentra en una ambivalente encrucijada, de privilegiar el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, la burla sobre la seriedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio; a eso se enfrentan los seres humanos en la actualidad.            

 

                                                                               Madrid-España, 11/02/2021

 

                                                                                                      

sábado, 16 de enero de 2021

EL HOMBRE FÁUSTICO EN LA ÉPOCA MODERNA

 

                 

 

 Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Para el hombre fáustico, ¿cuál es la esencia de la técnica? Sólo partiendo del alma humana puede descubrirse la significación de la técnica. La técnica es la táctica de la vida entera. La técnica no debe comprenderse partiendo de la herramienta. No se trata de la fabricación de cosas, sino del manejo de ellas; no se trata de las armas, sino de la lucha. (Oswaldo Spengler). Lo importante en el mundo de la técnica no son los instrumentos, sino el uso de ellos. Así, la técnica, la táctica y la lucha por la vida, van estrechamente unidos en el devenir del tiempo humano. En el mundo del hombre fáustico no se trata aquí de cosas, sino siempre de una actividad que tiene un fin.

En el animal no humano existe, por el contrario, la <<técnica de la especie>>. Es una técnica no personal, que no hace parte de la naturaleza humana, sino que es fija y repetitiva. En la técnica del hombre que es táctica de la vida y vida que lucha, es inventiva y, transforma el trabajo humano. En la esfera animal cada individuo se limita a ejecutar lo aprendido de generación en generación. No existen puntos de inflexión históricos, del pensar y el lenguaje; porque se ubican en la parte biológica del ser animal.

El hombre, por el contrario, se asombra, imagina, reflexiona, crea, innova y con el manejo de la libertad, la experiencia y el saber, rompe con el poder y la verdad. El ser humano es impredecible, ambiguo, contradictorio, insondable e infinito, en estas esferas descansa lo humano y lo divino de la naturaleza humana. Por eso, rompe las cadenas del determinismo económico, político, social y cultural, del mundo que vive. Esto es política.

La Edad Moderna significa desarrollo de la técnica, la economía y la ciencia, y el despliegue de pensamientos determinados por la estadística y el cálculo. La experiencia de la civilización fáustica es el fin de un siclo de la civilización occidental. Así que, perdiendo el alma se comprende la significación de la técnica; la técnica de la vida entera. La pregunta por la técnica desde la esfera del pensar filosófico, es la pregunta sobre el ser y la verdad. Al filósofo no le interesa el qué de la técnica, sino el destino de ésta en la verdad del ser.

En la Edad Moderna el hombre fáustico es el hombre de la fuerza y el poder. Un ser que tiene como meta el dominio de la naturaleza y de los hombres. No es el que nace por generación espontánea, sino como producto de una espiritualización severa y enérgica. Una espiritualización que se apropia de la naturaleza y la vida de los otros, y en su defecto, los convierte en objetos o números, sustituibles y consumibles. La espiritualización de la existencia tiende a la abstracción y a la estadística de la vida y, la objetivación se pierde en el tejido de los lenguajes digitales.

En esta esfera de la existencia la condición humana y, en particular la acción entra en crisis. Porque la técnica y la ciencia en la vida de las personas, deteriora la esfera de la política con distractores que ocultan el sentido de realidad y de la vida del ser humano. Así, los medios de comunicación de masas, las plataformas digitales, las técnicas de mensajería rápida y simultánea, implementan la cultura del artificio sobre los valores del momento oportuno. Esos que posibilitan las preguntas fundamentales de la existencia del hombre sobre la Tierra.

El hombre fáustico que conquista y coloniza tierras lejanas está dando paso a la conquista del mundo interior del hombre: el alma, el espíritu, la zona de la sentimentalidad y el cerebro. La antigua ciudadela en la que el hombre se refugiaba de los avatares de la existencia -el sufrimiento, el dolor, la enfermedad, el hambre, las injusticias, las discriminaciones, el odio o, la muerte-, da paso a relaciones de fuerza y de poder, que llegan a lo más profundo de la condición humana.

La acción, la esfera donde el hombre desarrolla la capacidad de ser libre, y de relacionarse con los otros, de crear valores de cultura y obras de arte, es decir, construir un mundo común, se remplaza por un mundo en el que predominan las categorías, los valores y la realidad de la cultura del artificio. Se olvida que sólo el hombre está implicado en el destino de la existencia; por eso, es la verdad del ser, lo que posibilita la existencia del hombre. En Heidegger lo único que es mundo se expresa en la verdad y el lenguaje.

De ahí que la crisis de la cultura se manifiesta como del pensar, del lenguaje y del ser. Así, en esta alta civilización técnica y de masas, el humanismo no se determina en función de la historia, el mundo y el fundamento del mundo. Sino en función de la política, la economía, la técnica y las relaciones de poder. La crisis de la condición humana tiene que ver con la crisis del logos, del pensar y de la libertad, porque la historia, el mundo y su fundamento, no posibilitan al ser humano los senderos para guiar y poder dejar ver, la apertura del ser y de la existencia. El Dasein –el ser ahí, la realidad histórica. Se trata no de respuestas, sino del preguntar, dejar ver lo interrogado y cuestionado, para que el ser y el hombre alcancen la altura que les corresponde en la historia y la vida.

El hombre fáustico en esta época de desarrollo científico-técnico, los convierte en instrumento de coacción, dominio y poder. Este tipo de hombre impone la voluntad de poder, en la que la vida se erige como poder y se levanta con la fuerza que contiene sobre el arte, la música, el mito, la novela y la filosofía. Para esta estirpe de hombres el núcleo de la historia está en la acción conquistadora de bienes y servicios, el dinero y el poder. Por eso, la degradación de la condición humana está ligada a la conversión del hombre en objeto o número.

Ernst Jünger expresó al respecto: son climáticas las causas de tal <<numerificación>> o <<conversión en cifras>>; es preciso buscarlas por debajo de la esfera política, buscarlas por debajo incluso del lenguaje. (La Tijera). Podemos ver como la estadística determina cada vez más la vida privada y pública del ser humano. Es necesario que el hombre encuentre el camino para que ordene las cosas visibles de acuerdo a su rango invisible. Por tanto, toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio. (Jünger). Si procuramos hacerlo realidad en la palabra, el pensamiento, la política, la economía, o el sentimiento estético de la existencia, el juego de las imágenes que la vida trae consigo, posibilitarían la capacidad de ser libre y que el hombre trascienda las limitaciones de la vida privada y pública, que implementa el Gran Poder.

Por estar inmerso en el mundo de la fugacidad del tiempo y de la vida, no se percibe que todas las cosas visibles deben ordenarse de acuerdo a su rango invisible. Es un susurro que se escucha en la lejanía que se acerca como la alegoría, que lo fundamental de la existencia, lo que está detrás del forro de los fenómenos, es lo que importa y cambia nuestras vidas. Aunque el lenguaje envejezca y el pensamiento no responda a las apetencias humanas, debemos asombrarnos del delicadísimo equilibrio que se extiende luego a las demás zonas de la vida.

jueves, 31 de diciembre de 2020

LA IMPORTANCIA DE LA LIBERTAD Y LA CONSCIENCIA: GEORG W. HEGEL


 

      <<Sólo el hombre libre deja su impronta en la historia y el destino>>.

                                                        Antonio Mercado Flórez

<<La historia mundial es el proceso por el cual el espíritu llega a una  consciencia de sí mismo como libertad. Así pues, la historia mundial es el progreso de la consciencia de la libertad>>.

                                                          G. F. Hegel

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

 G. F. Hegel es considerado uno de los filósofos más importantes de la cultura occidental en la Época Moderna. En su obra Fenomenología del Espíritu lleva a cabo una reflexión sobre la consciencia, la Ciencia o, el Saber absoluto. Sigue el camino de unificar la naturaleza con el espíritu, sin que dejen de ser lo que son. Se propuso convertir el filosofar en algo “científico”, es decir, el pensar está orientado hacia a la consecución de un fin para el caso de la Ciencia o, el Saber absoluto. Así, lo absoluto garantiza que la Ciencia es el todo, y no el saber parcial de las ciencias particulares desde los siglos XVIII y XIX.

El filósofo ha devenir Sabio, es decir, el hombre satisfecho por lo que es y por lo que Sabe. El Sabio debe aspirar a la Sabiduría hasta identificarse con ella y, describiendo el Ser por medio del Discurso. El lenguaje para Hegel posibilita la marcha de la consciencia a la Ciencia, o al Saber absoluto. Así que, el lenguaje se convierte para el filósofo en algo importante como es el aire para el ser humano. Algo esencial para la vida, la conciencia, el saber y la ciencia. Cada una de ellas son <formas> del lenguaje y el pensamiento.

Lo más radical de Hegel consiste en lo absoluto que “unifica” naturaleza y espíritu, sujeto y objeto, acto de conocimiento y cosa conocida, que las filosofías anteriores habían separado. Desde un punto metafísico, lo que ve Hegel en el horizonte de la Creación es la unidad de Dios y las cosas. Ese horizonte es lo formalmente absoluto. Pero siendo principio y fin, es el Todo, es decir, la razón debe aprehender ese todo en su verdad. El problema fundamental es la aprehensión del todo en su verdad racional.

Ahora, en la Fenomenología del Espíritu desarrolla las etapas del sujeto para ser consciente de sí mismo. Construye tres esferas que conducen a la libertad del ser humano desde el umbral de la consciencia: el temor a la muerte, la vida del ser humano al servicio del amo y del trabajo. En Hegel lo importante consiste en que piensa la libertad en relación con la vida. La libertad no es algo abstracto, ni independiente del que la piensa. Creemos que somos libres porque realizamos tareas cotidianas que tienen que ver con la supervivencia o, por la necesidad de pertenecer a una comunidad. Por eso, es un reducido número de personas las que se preguntan por la importancia de la libertad en la existencia de sí mismas.

Preguntamos ¿somos libres en un mundo lleno de prejuicios, dogmas, tradiciones, usos, que sirven como umbrales para percibir la realidad? O, ¿son ideas, conceptos, principios, valores, imágenes, que ayudan a coartar la libertad? Si estamos determinados por la economía, la técnica, el poder, y los múltiples distractores sociales, ¿qué posibilidad tiene la libertad de consciencia? Por tanto, el mundo objetivo -el Estado, las instituciones políticas y administrativas, las corporaciones, la iglesia, los grupos de presión, los gremios económicos, las redes sociales, etc. -, ¿por qué tratan de imponerse al mundo subjetivo en beneficio del Gran Poder y la “selecta minoría” que gobierna? Pocos seres humanos se preguntan por la libertad y qué importancia tiene para su existencia. Porque no es común y corriente que se reflexione en relación a nuestra existencia. Por ejemplo, ¿qué implicaciones tienen las tomas de decisiones en la vida privada y pública de las personas?

En Hegel la relación entre el amo y el esclavo, es una relación desigual y además ve el mundo de una forma exterior a él; depende del cristal de las ideas, los prejuicios, las normas, las reglas y las diferentes formas como percibe el amo al mundo. Una relación fundamental en las formas y sentidos de la esencia de lo humano; como también de la consciencia, de las relaciones intersubjetivas y la manera como están estructuradas y funcionan en nuestra realidad social. Esta relación entre amo y esclavo ha tomado diversas configuraciones a través de la historia: esclavo-Amo, siervo y Señor, trabajador y Jefe, Estado e instituciones y cuerpo social. Aquí hay que tener presente que, estas relaciones reproducen prácticas sociales que establecen relaciones de saber, de coacción, de dominio y de poder. Y quien lo ejerce se vale del miedo, el sufrimiento, la falta de libertad y la muerte, para imponerse sobre el otro o, los otros.

Así que, la idea de Hegel sobre la libertad descansa sobre los pilares de la relación entre la consciencia de sí y el reconocimiento del otro. Que las relaciones humanas tienen su origen en el reconocimiento de sí y del otro, en la consciencia. Esto es, ser consciente de sí y, a la vez, que el otro me reconozca igual y semejante a él. O, en otros términos, la subjetividad y la corporeidad de mi ser, esté en todos y cada uno de nosotros. Este es el principio que define el humanismo: la semejanza entre los hombres. Pero también en las sociedades modernas los derechos y deberes del hombre. Así que, mi libertad termina donde empieza la del otro. Arendt lo confirma en las democracias modernas: la pluralidad, la equidad, la justicia, la estabilidad, la libertad; como también el derecho a pensar, escribir y criticar el mundo en el que vivo. Estas “figuras” configuran el Estado democrático de Derecho –entre otras-.

Hegel creía que el reconocimiento por parte del otro, no es inmediato y fácil; sino una lucha ardua y permanente del sujeto para ser reconocido por el otro o, los otros. Tiene que arriesgar su vida para ser reconocido como ser consciente y libre. Es el camino del ser humano que conduce a la ascensión de la consciencia y de la libertad. Sólo los seres conscientes pueden ser libres. La consciencia posibilita la libertad del ser humano.

Para Hegel existen tres etapas para alcanzar la consciencia de sí mismo: la primera, enfrentarse al miedo a la muerte; la supervivencia biológica es un impulso animal, que en el hombre puede impedir el desarrollo de la consciencia. El temor al hambre, a la soledad y a la desprotección; el miedo a hacer algo prohibido o indebido, configura en el fondo el temor a morir. Conservar la vida aun en estado vegetativo, que arriesgar la vida por la consciencia y la libertad. Por eso, sólo el hombre libre da forma y sentido al destino.

La “dialéctica del amo y el esclavo” nos enseña que, el hombre prefiere la esclavitud cuando está en riesgo la supervivencia y la reproducción. Por eso, la mayoría de los seres humanos delegan el manejo de la libertad y la autonomía de la voluntad. Ya que el manejo responsable de la libertad conduce a asumir riesgos que la mayoría no lo lleva a cabo. Y esto lo impulsa a conservar no sólo la vida, sino también la familia, el entorno social y natural, las cosas materiales que posee. De ahí que el ascenso a la consciencia y la libertad, induzca a la búsqueda de nuevos horizontes y al riesgo de la aventura.

Desde hace treinta mil años aproximadamente, se viene dando la lucha a muerte con el otro. Un enfrentamiento que lo lleva a poner en riesgo su propia existencia y, aquí hay un punto de inflexión de arriesgar la vida a cambio del reconocimiento de la consciencia y de ser amo y, a la vez, ejercer el poder. Piensa Hegel, para el esclavo el temor a la muerte le trae sus beneficios: aprende a desplazar el deseo propio en beneficio del otro. Porque se convierte más tarde en fundamento de la convivencia comunitaria. Por tanto, cuando el ser humano renuncia a sus deseos individuales beneficia al otro; ahora cuando piensa en el bien común, aparece la posibilidad de la cooperación, la solidaridad y la fraternidad. Por así decir, aparecen los principios morales, éticos y espirituales, de las grandes religiones monoteístas. Pero también de la moral y la ética racional filosófica.

Así, la segunda etapa, consiste en distanciarnos del mundo instintivo y controlar los impulsos, distingue la consciencia del ser humano de las esferas instintivas del animal. Dice Hegel que en el ámbito donde el animal es esclavo de sus necesidades instintivas, el ser humano puede controlarlas, postergarlas o sublimarlas. La muerte y la sublimación de los instintos, posibilitan las fabulas, la narración, el arte, la religión, la música y la cultura en general. Como expresa Hegel: sólo se aprende cuando se está bajo la tutela del amo.

La tercera esfera la sitúa Hegel en el trabajo y la importancia para el ser humano. Ahora bien, desde una perspectiva intelectual comprende el entorno donde vive y lo transforma en su beneficio. A través del trabajo el ser humano pone a su disposición la naturaleza y la sociedad en la que vive. El trabajo posibilita transformar la realidad y transformarse así mismo. El ser humano transforma el mundo de acuerdo a las ideas que tiene en su consciencia. Así, el trabajo refleja objetivamente la vida del espíritu y el desarrollo de la consciencia, un lugar en que trabajo y consciencia coinciden necesariamente. El ser humano necesita que su creación encuentre expresión y un espacio en el mundo, que tome forma y pueda ser reconocida por otros.

Ahora bien, el miedo a la muerte; la consciencia de distinguir y diferir un deseo; la importancia del trabajo para la vida del ser humano. Son temporalidades y formas que posibilitan la adquisición de la libertad para la consciencia. Que, en última instancia, por decir, se convierte en algo fundamental para la libertad general. El pensar filosófico de Hegel, no solo abarca la libertad objetiva del ser humano, sino ante todo la libertad sustancial. Que posibilita que la vida transforme continuamente la realidad de la que hace parte. Que el hombre rompa las cadenas de las costumbres, los usos, las tradiciones, las ideas heredadas como verdad; con el manejo responsable de la libertad. Que ésta posibilite <<valores nuevos y más altos>>; o, en otros términos, el poder, la vida y el amor del hombre hacia su existencia terrena.

lunes, 14 de diciembre de 2020

PINCELADAS SOBRE EL CUADRO DE LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LA ACTUALIDAD

 

     

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Ensayista.

 

Jorge Luis Borges dijo que, la mente que una vez lo soñó volverá a soñarlo; mientras la mente siga soñando, nada se habrá perdido. Schopenhauer pensó en la posibilidad de la mente humana como una y única, donde la forma permanece, sólo cambia la máscara de esa forma en el devenir histórico. Que no es otra cosa que la Historia misma. Así, el pasado es indestructible; porque siempre vuelve en las formas del mito, la historia, el saber y la cultura. Aun en medio de la felicidad que viva el ser humano está condenado a soportar sobre sus hombros el peso de la historia y la tragedia de su vida. Así, la visión del espíritu y del alma es inconmensurable, abarca más allá del horizonte donde se ancla la visión sensible; y explora con las herramientas que ofrece el arte, la música, la filosofía; la condición humana y la cultura.

La cultura no goza de libertad, sí se identifica con el Estado y sus instituciones, el <valor>, que la convierte en mercancía en el mercado de la circulación y la demanda. Así que, la cultura no es el Estado, ni el ejercicio del poder, ni el dinero bancario, tiene que ver con el espíritu, la sensibilidad, la imaginación, y <<la facultad peculiar de todos los objetos culturales: la facultad de captar nuestra atención y conmovernos>>. (Arendt). Por tanto, el Estado y la cultura no son lo mismo, porque al ponerse al servicio de éste degrada sus cualidades fundamentales y se convierte en mendiga de las dadivas del ejercicio del poder. En otros términos, de los intereses de los gobernantes y del Gran Poder.

La hybris del progreso exalta la avidez, la economía, el despilfarro material y vital. Dice Rafael Argullol: <<Aprender sería aprender a desarticular la civilización de la hybris. Educar al hombre en un nuevo contrato existencial, con sus derechos y sus deberes, en que la vida, lejos de ser un objeto de saqueo, fuese un objeto de armonía. Claro que eso implicaría hacer una verdadera revolución espiritual, algo más delicado que cualquier revolución de otro tipo>>. Se trataría de una transformación pedagógica que forma o distorsiona la individualidad para siempre. <<Un nuevo concepto de educación desbordaría, con mucho, el marco de las escuelas y universidades para afectar la mente del hombre>>. Se trata de despertar la inquietud, la imaginación, la sensibilidad, y elevar el espíritu del educando a las esferas del arte, el conocimiento, la sabiduría y la cultura. En un ámbito como este hay que tener en cuenta que al hombre hay que dejarlo que crezca primero dentro de sí. (Jünger). 

En la sociedad de masas y la cultura de masas, los iconos de la sociedad de consumo, son el equivalente proletario de la riqueza burguesa, y la ostentación vulgar del bienestar de los trabajadores proporcionado por el Estado social de Derecho […] La privacidad de los pobres se esfuerza en disimular esa penuria espiritual en una aparente opulencia que se acredita mediante su exhibición constante. (Argullol).

Somos parte de una época que ha convertido en irrisorio todo lo que tiene valor y, en particular, los valores éticos y morales que dignifican la vida humana. En el mundo actual los valores ligados al individuo: la libertad, la justicia, la igualdad, el derecho, la razón, etc., pierden su contenido teórico para entrar en ligazón con la soberana violencia, el autoritarismo, la guerra o, la dictadura de la fe. En los últimos tiempos los conceptos de los que dominan no han sido siempre los espejos en los cuales ha nacido la imagen de un <orden>. Que posibilite al hombre confrontar la vida objetiva (las injusticias, el dolor, el hambre, la dignidad, el sufrimiento, la libertad, etc.), con los saberes inútiles: como el arte, la música, la literatura, la filosofía o, la cultura. En la actualidad hay que tener presente que, en todo movimiento vital, las fuerzas demoniacas se ocultan detrás de las cualidades ordenadoras. (Jünger).

La pérdida de confianza en sí mismo del hombre moderno, lo obliga a recurrir a un violento sentimiento subjetivo, que lo induce dice Nuccio Ordine: a apropiarse la utilidad de los saberes inútiles. Saberes que se contraponen a la utilidad dominante del interés económico que mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico; aquí el horizonte civil debería inspirar toda actividad humana.

En las esferas del utilitarismo, a saber, una maquina vale más que un poema, un coche más que una novela, una vaca más que una sinfonía: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia y la eficiencia, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué sirve el arte, la música, la literatura, o, la filosofía. Nadamos en un mar de mendicidad espiritual y mental, donde en las olas de la vida del ser humano prevalece lo abstracto y cuantitativo, las máquinas y la velocidad, que desembocan en la cultura del artificio. Donde predomina lo fugaz, el consumo, y las cosas vacías del mercado de la circulación y la demanda. En momentos de crisis de la condición humana como la actual, ciertas personas deberían abstenerse de hablar de libertad, de justicia, de razón, de humanidad; deberían abstenerse de ello por escrúpulo espiritual. (Arendt).

De lo que se trata en la actualidad es, mostrar y trasmitir que la educación, la sabiduría y la cultura, pueden desafiar una vez más las leyes del mercado, el poder y el progreso. Yo puedo poner en común mis conocimientos sin empobrecerme. Puedo ensañar a un alumno la teoría de la relatividad o leer junto a él una página de Montaigne dando vida a un proceso virtuoso en el que se enriquece, al mismo tiempo, quien da y quien recibe. (Ordine). Por eso, la educación y la cultura son algo mágico, ya que forman o, transforman la cualidad del ser. Eso que posibilita a los hombres alcanzar la categoría de persona.

En este orden, sí lo sublime y eterno se envilecen, desaparece el sentimiento del humanismo: la semejanza entre los hombres. Y, así, <<precipitándose en la parte baja de la rueda de la Fortuna, toca fondo. El hombre se empobrece cada vez más mientras cree enriquecerse:

Como dice Cicerón en las paradojas de los estoicos: Si diariamente defraudamos, engañamos, buscas y hacer componendas, robas y arrebatas con violencia, si despojas a tus socios, si saqueas el erario entonces, dime: ¿significa esto que te encuentras en mayor abundancia de bienes o que careces de ellos?

Así también lo percibe el Pseudo Longino (vivió entre el Siglo I y el III d. C.), en Sobre lo sublime: <<Ese afán insaciable de lucro que a todos nos infecta […] es lo que nos esclaviza […] La avaricia es, ciertamente un mal que envilece>>. Siguiendo estos falsos ídolos, el hombre egoísta no dirige <<ya su mirada hacia lo alto>> y <<la grandeza espiritual>> acaba marchitándose. En esta degradación moral <<se cumple la paulatina corrupción de la existencia, no queda espacio para ningún sitio de sublimidad. Lo sublime dice el Pseudo Longino, para existir requiere también libertad: <<La libertad es capaz por sí sola de alimentar los sentimientos de las almas nobles, de dar alas a la esperanza>>. (Ordine).

En un mundo limitado por las necesidades biológicas, la técnica y el Gran Poder; la libertad, la educación y la cultura se domestican y se diluyen en el huero concepto de sí mismas. El ser humano tiende a edificar la existencia sobre los aparatos, la economía y el poder; por eso ha de saber cuáles son aquellos sitios donde no es licito traficar con su decisión soberana. Y, frente a esto la única esperanza que queda es no entregarse indefenso de la mente y el espíritu, a la crueldad, la violencia, el odio, la discriminación, el racismo, la pobreza, la xenofobia y la muerte, por unas pocas monedas de lo actual. O, desde otra perspectiva, por así decir, el predominio en el espacio público y privado, de la civilización del artificio.

 

                                                               Madrid, España 12/12/2020