domingo, 19 de abril de 2020

¿QUÉ ES LO CONTEMPORÁNEO EN LA ÉPOCA DE LA TÉCNICA?



                


 <<Una imagen de la contemporaneidad: las vértebras quebradas de su siglo y su  soldadura, la obra del individuo>>.
                                                                                    Giorgio Agamben



Antonio Mercado Flórez


Agamben se pregunta, ¿De quién y de qué somos contemporáneos? ¿Qué significa ser contemporáneo? Teniendo presente el pensamiento de Nietzsche, Roland Barthes dice: “Lo contemporáneo es lo intempestivo”.  Aquello que irrumpe en el presente y fractura la homogenización del tiempo lineal. <Que intenta entender como un mal, un inconveniente y un defecto, algo de lo cual la época, con justicia,
se siente orgullosa, esto es, su cultura histórica>>.1 <Todos somos devorados por la fiebre histórica>. La contemporaneidad la sitúa Nietzsche respecto del presente, en una desconexión y en un desfase.2

Ser contemporáneo significa no coincidir con su tiempo y no adecuarse a sus fines, entonces, en ese sentido, es inactual. Es a partir de ese alejamiento y de ese anacronismo, lo que lo capacita para percibir y aferrar su tiempo.3 Entonces, la a-historicidad del tiempo presente lo faculta para percibir el tiempo histórico, en el haz de luz que se aleja de la actualidad. Mirar en perspectiva significa percibir la oscuridad de la luz del presente-ahora, luz que se aleja a toda velocidad y no permite asir la contemporaneidad.

Ser contemporáneo no significa alejarse del tiempo histórico en el que vive y situarse en un anacronismo temporal. Sabe que pertenece a su tiempo y no puede huir de él; así que el hombre lleva consigo hasta la muerte su pasado a cuesta. Contemporaneidad: <<Esa relación con el tiempo que adhiere a este a través de un desfase y un anacronismo>>. Quien concuerda con la época no es contemporáneo, porque no consigue verla y poder mantener la mirada en ella.4 

Así que, sólo podemos ver la época sí nos alejamos de la oscuridad que la envuelve y mirar con ojos asombrados lo que esconde tras de sí. Quien está por fuera del presente-ahora, capta la fractura del devenir histórico. Esto no quiere decir que no pertenezca a la época que vive y la capte en discontinuidad. Significa romper la columna de la homogenización del tiempo y ubicarse en la fractura, y así poder captar los hechos en discontinuidad. Y, a la vez recomponer con las ruinas del presente lo contemporáneo. 

Preguntamos, ¿Qué ve quien ve su siglo, la sonrisa demente de su siglo?5 Que la demencia del siglo se esconde en la <<lógica>> (el orden, el rigor del pensar) e instaura en su lugar la arbitrariedad de los instintos y de ese modo proclama la irracionalidad como verdad. El contemporáneo mantiene la mirada fija en la oscuridad de la época para develarla y así anuncia su aurora un nuevo amanecer.

Quien experimenta su tiempo, lo percibe fugaz y oscuro lleno de incertidumbres, miedos y sufrimientos. Por eso, contemporáneo es el que sabe ver en la oscuridad del presente y resarce lo dislocado del devenir histórico en el pensar. El pensar que adviene hay que captarlo en el hábitat del ser y del lenguaje. Para que así revele la esencia de la época que vive y se eleve a la luz que oculta el presente en la cultura del artificio.

Asimismo, quien sabe ver en la oscuridad del presente trasciende con la filosofía, el arte y la religión, las barreras del tiempo histórico. El que está preparado como el profeta para ser el portavoz y el conducto de la verdad del ser y la esencia del hombre. Que ve las tinieblas y la oscuridad del presente en la luz de la lejanía y, posibilita percibir el presente cual rayo en la oscuridad.

El problema surge cuando los seres humanos se dejan enceguecer con las luces del siglo y no ven en las profundidades de su oscuridad, la podredumbre de su época. Este pensar es válido para ver la economía, la política, la ciencia, la técnica, la obra de arte y la cultura. Como dijo Walter Benjamín: ver lo que sucede en la actualidad en su cultura. Por tanto, ser contemporáneo significa interesarse por la oscuridad que lo interpela y pregunta por la época que vive.

Desde la antigüedad lo que importa al hombre es la pregunta por el ser, el tiempo y la trascendencia. <<Contemporáneo es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo>>.6 Se trata de ver en la oscuridad de la época y, al mismo tiempo develar la embriaguez de su siglo; esto significa ser contemporáneo. También percibir en esa oscuridad la luz que, dirigida hacia nosotros, se nos aleja infinitamente.7

Por tanto, elevarse sobre la oscuridad del presente-ahora permite ver lo que oculta al ser y al pensar. Por eso, en el presente la verdad del ser y la esencia del hombre, no se relacionan en el pensar. Sino que están alienados en la oscuridad del tiempo presente y obedecen a fuerzas que los trasciende. Esto es, al emplazamiento de los instrumentos técnicos y la voluntad de selectas minorías. Se trata de tener coraje para develar lo que oculta el Gran Poder y el grupo de hombres que concentra y gasta la energía. Dice Ernst Jünger: <<<La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ellas>>.8 Esto es política.

Por tanto, en el lugar del pensar se devela la esencia de la técnica y la voluntad de poder, de allí que, al pensar le incumba la técnica en la contemporaneidad. Pensar la técnica es pensar el advenimiento del ser, que aclara y oculta, en el lenguaje. La oscuridad de la técnica en la época contemporánea, la percibimos como un haz de luz que se aleja a toda velocidad. Se percibe en el encandilamiento y la embriaguez de la cultura del artificio.

Por eso como un borracho damos tumbos de un lugar para otro sin tener asidero bajo los pies; ya que la técnica como <<plataforma de emplazamiento>>, convierte al hombre en pieza de un engranaje o en número. Ese es uno de los cometidos del pensar, ubicar al hombre contemporáneo en la mitad de la fractura del presente-ahora y devolverle la capacidad de asombro, de indagación e interrogación, que le es propicia.

Así podrá advenir la libertad, la verdadera libertad que proviene del tejido del ser. Hasta que no tengamos una visión de conjunto de la oscuridad del presente, no podemos tener una concepción de la esencia de la libertad; aunque tengamos una de las formas que posee en la contemporaneidad. Así que, lo contemporáneo es el espacio oscuro, ambiguo y contradictorio de pequeñas minorías selectas, que juegan con el destino de la humanidad. Ellos saben qué hace parte del destino del ser y de los hombres, pero también saben algunas cosas más.

La luz que irradia la técnica está rodeada de una espesa niebla que no posibilita que se revele el ser. Esta se aleja en chispazos fosforescentes imposible de captar, salvo para aquellos que miran el devenir del tiempo histórico, en los pliegues del siglo XXI y éste en el tiempo del hombre que lo vive. Se trata de percibir en la oscuridad del presente la luz que trata de alcanzarnos y no puede: eso significa ser contemporáneo. En el pensar adviene la oscuridad que contiene la esencia de la técnica y revela lo <<bueno>> y lo <<justo>> que contiene en sí.

Por tanto, ser contemporáneo de la técnica significa ir más allá del confort que ofrece al ser humano. Pensar, por ejemplo, la técnica como instrumento de poder, de devastación orgánica, natural o biológica; significa pensarla en el torbellino que desciende a la oscuridad, pero también, en el camino que asciende a la luz, hacia reinos que están en las alturas, donde moran los dioses y el <<bien>> del hombre. En este orden no hay que hablar de técnica, sino de <<meta-técnica>>. O, en otros términos, de la esencia de la técnica.

Asimismo, ser contemporáneos de la técnica significa no sólo pensar la oscuridad (las ruinas, los escombros), que la técnica deja tras de sí, sino a la vez pensar las ruinas de la técnica como la esencia que se aleja de la verdad del ser. Por eso el presente-ahora que el pensar percibe tiene su morada en los escombros de la técnica y del mundo actual. <<Por eso el presente que la contemporaneidad percibe tiene las vértebras rotas. Nuestro tiempo, el presente, no es sólo el más distante: no puede alcanzarnos de ninguna manera. Tiene la columna quebrada y nosotros nos hallamos exactamente en el punto de la fractura>>.9

No podemos abarcar el presente-ahora y tampoco alcanzarlo, estamos situados en su punto de fractura, los valores del presente no nos sirven y los nuevos no han llegado del todo. Vivimos en una época de tránsito a la espera del advenimiento del ser y el desvelamiento de la esencia de la técnica. Aquí se confirma que el mito es más fuerte que la historia; ella lo desvela en variantes. Que entre el mundo de la técnica moderna y el arcaico mundo simbólico de la mitología se establecen correspondencias.

De ahí que tenga importancia desplazar el ángulo de visión para que salga a la luz del día, algo distinto y positivo del presente-ahora. La necesidad de llevar a cabo una apocatástasis de la historia, en que todo el pasado haya sido llevado al presente. Algo similar debía tener en mente Walter Benjamín cuando escribió que, en la medida en que las diversas épocas del pasado quedan afectadas en un grado distinto por el presente del historiador, es irrealizable una exposición continua de la historia. Así, ser contemporáneo de la técnica no tiene lugar sólo en el tiempo cronológico, sino que emerge desde dentro de él y lo transforma.

Dicha emergencia podemos verla como anacronismo, algo intempestivo, <<demasiado temprano>>, pero también, <<demasiado tarde>>. Esto posibilita reconocer en la oscuridad del presente, la luz que no puede alcanzarnos jamás, y adviene permanentemente hacia nosotros. Aquí se constata que las hechuras del mundo de abajo, son un débil reflejo de las hechuras del mundo de arriba.

Dice Agamben: <<La contemporaneidad se inscribe, en efecto, en el presente, signándolo sobre todo como arcaico, y sólo aquel que percibe en lo más moderno y reciente los índices y las signaturas de lo arcaico puede ser su contemporáneo>>.10 Quien no percibe en lo presente lo primitivo significándolo como moderno, no es nuestro contemporáneo. Lo presente jamás se puede percibir y asir del todo, porque al intentarlo se aleja presto en su cabalgadura a lo primitivo. He ahí su magia, arcaico significa: próximo al arché, es decir, al origen.11 Así que, lo moderno es lo primitivo, porque al significarlo cronológicamente como presente-ahora, se esfuma presto a la lejanía de lo arcaico, es decir, del origen.

La memoria de la palabra divina dice que en el desierto se revela el ser y se muestra como fenómeno originario, como <<figura>>, de las que emergen las cosas, la vida orgánica y natural. O, en otros términos, estamos más cerca del origen. Pero el origen visto de esa manera, no se ancla en el pasado, sino que es contemporáneo al devenir histórico y no cesa de incidir en él. El fenómeno originario está presente en el devenir histórico de lo contemporáneo. Como el niño que se asoma en la vida psíquica del adulto. Es la doble cara de Jano: una mira hacia adelante y otra hacia tras. Entonces, la distancia y la cercanía del presente-actual, la contemporaneidad, se fundamenta en la proximidad del origen, que se observa con mayor intensidad en el presente.

En la historia de la cultura occidental (la obra de arte o la literatura), podemos percibir como lo arcaico se oculta en los pliegues del vestido de lo moderno. <<No porque las formas arcaicas parecen ejercer en el presente una fascinación particular, sino porque la clave de lo moderno está oculta en lo inmemorial y lo prehistórico>>.12 Así, lo inmemorial se convierte en espejo de la modernidad; espejo que refleja en claro oscuro las figuras de lo primitivo del presente-ahora, que da forma al rostro de la modernidad. En su defecto, <<la vanguardia, que se extravió en el tiempo, sigue a lo primitivo y arcaico>>.13 O, en otros términos, <<la vía de acceso al presente tiene la forma de una arqueología>>.

Se trata de mirar el presente con los ojos del pasado y revelar el origen como fenómeno originario. El lugar donde la existencia restaura su frescura para comprender, pensar y trascender, la finitud de la vida. <<El presente […] la parte de lo no-vivido en todo lo vivido>>. ¿Qué impide comprender el presente? El conglomerado de fenómenos que no hemos logrado vivir en éste. <<La atención de lo no vivido es la vida del contemporáneo>>. Por estar preocupados por lo no vivido, se esfuma lo vivido. En el centro de la estela de los fenómenos, no somos capaces de pensar el presente. Sino que somos arrastrados tras los espejismos de los fenómenos del mundo actual. Ahora bien, <<y ser contemporáneo significa, en ese sentido, volver a un presente en el que nunca estuvimos>>.

Para poder pensar la contemporaneidad hay que parcelar la homogenización del tiempo cronológico en varios tiempos e introducir la discontinuidad. La cesura del presente en la discontinuidad del tiempo lineal posibilita al contemporáneo instalar una relación especial entre los tiempos. En este sentido el contemporáneo es quien divide e interpola el tiempo, y está en capacidad de transformarlo y de leer en él de manera inédita la historia.14 Es como si esa luz invisible que es la oscuridad del presente proyectase su sombra sobre el pasado y este, tocado por ese haz de sombra, adquiriese la capacidad de responder a las tinieblas del ahora.15

Se trata de leer en la vida del presente y, en las formas perdidas y aparentemente secundarias de aquella época, la vida y las formas del contemporáneo. Esto es: hay que leer e interpretar el presente en la oscuridad del pasado; y allí responder a las tinieblas del tiempo-ahora. Tinieblas que se presentan a los contemporáneos en <figuras> mentales, materiales o espirituales. <Figuras> que atormentan la existencia del hombre; por eso es necesario resarcirla de la oscuridad en que está sumida desde tiempos inmemoriales.

Que las imágenes históricas del pasado, en un determinado momento de su historia alcancen su legibilidad e interpretación. Ser contemporáneo no sólo de nuestro siglo y del aquí-ahora, sino de los contenidos ocultos en los documentos o libros que leemos o interpretamos. De eso depende ser contemporáneo, de traer a la luz la oscuridad de su historia y que revelen la magia del presente-ahora. Que la indagación histórica sobre el pasado proyecte su sombra en la interrogación del presente-ahora. Y de esa manera, tener unas imágenes que posibiliten entender las sombras del presente, es decir, nuestra contemporaneidad. Aquí tiene razón Benjamín al decir: <<No hay épocas de decadencia>>.

Que esta reflexión sobre lo contemporáneo nos ayude a comprender la pregunta sobre el pasado y, siga siendo siempre, la pregunta por el presente del hombre que grita y llora como un recién nacido, en los pañales sucios de esta época. No olvidar lo que legó Hölderlin: <<Llena de mérito, más poéticamente mora / el hombre sobre la tierra>>.



      Bibliografía

  1. Agamben, Giorgio. <<Desnudez. ¿Qué es lo contemporáneo?>>. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2011. pág. 18.
  2. Ib. pág. 18.
  3. Ib. pág. 16.
  4. Ib. pág. 19.
  5. Ib. pág. 21.
  6. Ib. pág. 21.
  7. Ib. pág. 23.
  8. Jünger, Ernst. <<La Tijera>>. Tusquets Editores. Barcelona, 1997. pág. 198.
  9. Agamben. Ib. pág. 23.
  10. Ib. pág. 26.
  11. Ib. pág. 26.
  12. Ib. pág. 27.
  13. Ib. pág. 27.
  14. Ib. págs. 28 y 29.
  15. Ib. pág. 29.





lunes, 30 de marzo de 2020

LA SOLIDARIDAD EN ÉPOCAS DE EPIDEMIAS Y CATÁSTROFES


Antonio Mercado Flórez.


Con la pandemia del coronavirus estamos en los umbrales de un nuevo mundo, un hombre y pueblos diferentes. Youval Noah Harari, publicó un ensayo en el Financial Times: <<El mundo después del coronavirus>>, de 20 de marzo de 2020. Donde expresa que la humanidad se enfrenta a una crisis global. Quizás la mayor crisis de nuestra generación. Las decisiones que las personas y los gobiernos tomen en las próximas semanas darán forma al mundo del futuro. Una crisis que cambiará la percepción de la salud, la economía, la política y la cultura. La naturaleza de las emergencias sanitarias, económicas o políticas, determinaran los procesos históricos.

Las tecnologías posibilitan enfrentar las catástrofes o las pandemias; pero también transforman las comunicaciones entre los seres humanos y dan prioridad a las artificiales. Se pregunta, ¿Qué sucede cuando se trabaja desde casa y se comunican solo a distancia? ¿Qué sucede cuando universidades y escuelas enteras se conectan? En momentos normales las autoridades educativas, los gobiernos y las empresas no lo permiten. Pero el mundo se encuentra en una situación excepcional.

En primer lugar, los pueblos se enfrentan a la vigilancia totalitaria y la independencia del ciudadano. Los gobiernos monitorean y castigan a quienes infringen las prohibiciones. En esta época de alto desarrollo técnico, las personas son vigiladas, controladas permanentemente. Así, los instrumentos técnicos son conductos y medios del ejercicio del poder. Así que, los que ejercen el poder pueden valerse de sensores y algoritmos, que penetran hasta el tejido profundo del ser.

En el mismo orden, Byung-Chul Han, filósofo surcoreano radicado en Berlín, publicó en El País de Madrid–España, un ensayo que titula: <<La emergencia viral y el mundo del mañana>>, de 22 de marzo de 2020. Donde expone que Estados asiáticos como China, Japón, Corea, Hong Kong, Taiwan o Singapur, que tienen una mentalidad autoritaria por tradición cultural; las personas son menos renuentes, más obedientes, que en Europa. Creen que los big data, la vigilancia digital, son medios que pueden salvar vidas. Estos Estados no sólo combaten las pandemias con médicos, enfermeras, el personal sanitario, los virólogos y los epidemiólogos, sino también utilizando los macrodatos. En estos países los big data, son fundamentales en situaciones excepcionales, como las pandemias y las catástrofes elementales.

La consciencia crítica respecto a la vigilancia digital, es inexistente. En China, por ejemplo, dice Byung-Chul Han, la vida cotidiana está sometida a observación permanente. Que abarca la vida privada y pública de los ciudadanos. No existe la libertad de pensar, de escribir, de hablar, de comunicarse en las redes sociales; el régimen lo controla todo. El Estado total tecnológico, intercambia información con las compañías que manejan los datos: Internet, telefonía móvil, redes sociales. En China la esfera privada de las personas y la protección de datos, no existe. La vigilancia social, política, económica o cultural, la manejan las autoridades. 

Así que, China posee 200 millones de cámaras de vigilancia, lo que hace imposible escapar de ellas. Un Estado tecnológico como el chino, el funcionamiento de la estructura y la vigilancia digital, es fundamental para combatir el coronavirus. Se monitorea a los enfermos, como se hace con el disidente político. El ser humano es un apéndice del Estado.

El Estado sabe dónde estoy, que pienso, con quién me relaciono, cuáles son mis gustos y mis fobias; concatena la biopolítica a la psicopolítica digital. Las libertades fundamentales de las personas, sus derechos y deberes, no existen en China. El Estado total digitalizado, es soberano. Porque dispone de los big datas, las herramientas políticas, jurídicas y militares, para controlar y coaccionar a los ciudadanos. También no sólo controla el pensamiento y el lenguaje de las personas; asimismo, la infraestructura de productos médicos y farmacéuticos. Que son indispensable para la salud pública. En China se hipoteca la libertad al Estado, en nombre de la salud. Por tanto, la vida privada y pública de los ciudadanos, se entrelazan en nombre del Gran Poder.

El problema surge cuando los gobiernos de sociedades abiertas se valen de las pandemias o catástrofes, para utilizar la tecnología en el recorte de las libertades y derechos del ciudadano. Sabemos que los gobiernos y las corporaciones, utilizan la tecnología para vigilar y coaccionar al ser humano. ¿Estamos a las puertas de un Estado total como Huxley lo imaginó? Un Estado tecnológico absoluto. Del que nos habló Heidegger. Huxley camina unos pasos por delante del desarrollo y nosotros seguimos esos pasos. La técnica ha evolucionado hasta el punto de transformarse en lenguaje mundial. Dice Ernst Jünger. La vigilancia no sólo controla los órganos del cuerpo, sino también la mente y el espíritu del ser humano.

Los algoritmos podrán prevenir las pandemias o las catástrofes, pero también posibilitarán datos para el control social. El problema surge cuando una selecta minoría y el Gran Poder, los utiliza para concentrar en pocas manos el poder político y económico. Así, lo que hace unos años era ciencia ficción, es, la realidad del presente-ahora. Estamos a las puertas de una nueva estructura, un poder nuevo, una nueva estética y relatos diferentes. Donde el ritmo de la vida cotidiana lo marca el Estado, las corporaciones y la tecnología de la vigilancia digital.

El sistema puede controlar la pandemia del coronavirus, pero a la vez, implementa la vigilancia intensiva, que llega a los átomos del cerebro. He ahí la dualidad, de una parte, entregamos por el miedo la estructura y el funcionamiento del cuerpo humano; y de otra, la imaginación, la intuición, el pensamiento y el lenguaje. El Sistema y el Estado, por los datos biométricos que manejan, pueden elaborar un perfil de nuestra identidad, y conocernos mejor que nosotros mismos. No solo predicen los gustos o las fobias, la risa y el enojo, sino que pueden manipular los sentimientos y los pensamientos del ser humano. El hombre en los juegos que establecen las corporaciones y el Gran Poder, es, un artículo que se ofrece en el mercado de la circulación y la demanda. Así pues, las corporaciones venden los datos, como un tendero vende leche.

El problema de las sociedades abiertas es que, las medidas biométricas en un estado de excepción, no desaparecen por completo, están ahí para ser utilizados cuando las circunstancias lo ameriten. Bien en términos médicos o políticos. En este orden, los sistemas de datos biométricos están al servicio de vigilancias masivas de los ciudadanos. Y, es grave en un Estado democrático Social de Derecho. Preguntamos, ¿Dónde queda la esfera de la privacidad y de la libertad del ciudadano? ¿Cómo el hombre independiente y libre puede salir del mundo vigilado y dominado por la técnica y la estadística? ¿Estamos preparados lo suficiente para asumir semejante riesgo?

Sabemos que el mundo ha cambiado y sigue cambiando; y con ello ha cambiado la vida espiritual y mental, del ser humano. Pero, con ello ha cambiado también la libertad; no en su esencia, sino en sus formas. Por eso, en momentos como estos el hombre encuentra salidas, si se le presta ayuda con las potencias: del arte, la teología y la filosofía. Los saberes humanísticos y estéticos, se convierten en algo indispensable. En la historia de la humanidad los seres humanos han encontrado las respuestas cuando se miran así mismos; y allende de la civilización y la seguridad que les presta, la saluda y las esperanzas dependen que las raíces del Árbol de la Vida, continúen nutriéndose del reino telúrico: de la jovialidad, la solidaridad, el amor, el dialogo, la comprensión, la cooperación y la libertad. También de los saberes de las ciencias, de la experiencia y de los instrumentos técnicos al servicio del hombre.

Para alcanzar una visión diferente de los políticos, la ciencia y los medios de comunicación, se necesita confianza y cooperación. El poder político puede verse tentado por el populismo, el nacionalismo o el autoritarismo. Hay que tener presente que los instrumentos técnicos de vigilancia pueden ser utilizados por el Estado y las corporaciones, y también las personas pueden vigilar los gobiernos. En épocas de catástrofes o epidemias, permiten averiguar en qué medida siguen conservando los hombres y los pueblos, un fundamento originario. Que les posibilita trascender el egoísmo y el odio, hacía el otro ser humano. Porque el coronavirus no porta banderas, no tiene fronteras, ni religión, ni razas; le es indiferente la pobreza o la riqueza, porque ataca a todos por igual. Por eso, los ciudadanos han de tomar las decisiones correctas, no se puede renunciar a las libertades y derechos fundamentales, entregando a los gobiernos el monitoreo de las personas, por el miedo al contagio y la salvaguarda de la salud.

Las enfermedades infecciosas (viruela, sarampión, tuberculosis), desde hace aproximadamente de 15.000 a 10.000 años se transferían a los humanos por los animales domésticos, y alcanzó la transferencia hasta después de la revolución industrial. (Harari). Pero, ahora, los gobiernos y las corporaciones trasmiten gérmenes de laboratorios. Para controlar, coaccionar y asesinar, a pueblos enteros, por las riquezas naturales, el comercio internacional, el poder político y religioso. Esto es, sumamente grabe, para toda la humanidad. Una pequeña selecta minoría y el Gran Poder, hacen del ser humano que pase de un animal viviente a uno de matadero. 

Estos saben que es lo que vine exigido por nuestro tiempo, pero saben también algunas cosas más. (Jünger). Saben, por ejemplo, que el miedo es uno de los síntomas de nuestro tiempo. Saben que el automatismo y el miedo van estrechamente unidos. Que el ser humano coarta sus decisiones en beneficio de las facilidades técnicas y la salud. (Jünger). Las confortables comodidades que ofrece la ciencia y la técnica se trasladan a otros ámbitos, a las esferas de la vigilancia y hace visible la falta de libertad. Y, esto se pone de manifiesto en el triunfo de las fuerzas de las enfermedades infecciosas y el poder de una selecta minoría.

Aquí es importante traer a colación que, han existido otros tiempos de miedo (a las enfermedades infecciosas), tiempos de pánico apocalíptico, que no han estado acompañados por el automatismo y la vigilancia. Nos preguntamos ¿Qué se esconde detrás de las congojas de nuestro tiempo y sí los hombres y mujeres pueden escapar a la aniquilación? De ellos se ha apoderado un pánico que no se veía desde la Edad Media; ni el pánico que generó la Primera y la Segunda Guerra Mundial. 

Observamos como el miedo y el pánico es difundido a través de redes electrónicas que alimentan la angustia de nuestro tiempo. Y, los seres humanos se precipitan en sus miedos y angustias ancestrales como si fueran unos posesos; los medios de comunicación que emiten noticias, hacen que la imaginación gire y gire y se paralice. En todos los lugares del mundo se vive este miedo, y precipitan a los hombres y mujeres, a depositar su confianza en brujos, políticos irresponsables, sacerdotes, pastores evangélicos, salvadores o taumaturgos. Entonces olvidamos que la verdadera fortaleza del ser humano reside en el interior de todos y cada uno de nosotros y, por supuesto, allende de las estrellas donde moran los dioses.

La epidemia del coronavirus es, por tanto, una prueba importante de ciudadanía y solidaridad. En tiempos venideros, el ser humano ha de optar por la confianza en los datos científicos, la experiencia de los expertos en atención médica, el personal sanitario y no en teorías de conspiración, políticos irresponsables y egoístas. (Harari). Se necesita un plan global que responda a las necesidades materiales, científicas, económicas y de infraestructura, a las necesidades de la pandemia del coronavirus. Que hasta el momento los líderes del mundo (G7, FMI, BM, UE, etc.), no lo han puesto en práctica. Pesan más los nacionalismos egoístas y la economía de las minorías selectas y las corporaciones, que la salud de los seres humanos. Vivimos en una época de <hechos significativos> y <actores insignificantes>.

Ahora, más que nunca, es fundamental para salvar millones de vidas, de la solidaridad mundial. No podemos desconocer que la crisis económica está concatenada a la pandemia global. Se necesita que los expertos y científicos, compartan información. Que no se cierre a ellos el espacio de los vuelos internacionales, para recabar la información y la experiencia, que pueda salvar vidas en los pueblos y países de donde provengan. Son las ventajas de las comunicaciones, la experiencia y la cognición que el ser humano posee sobre la vida biológica. Los animales no intercambian información con el lenguaje hablado, el escrito y las técnicas de las comunicaciones rápidas y simultaneas. Que ofrecen los relatos y la cooperación que intercambiamos. Ser conscientes que, después de vivir esta epidemia, el mundo no volverá a ser el mismo. Que la epidemia es semejante a un fuego que se dispone a devorar el mundo entero.

Observamos que en las relaciones internacionales existe un vacío de poder, lo que no sucedió con la crisis financiera de 2008 y la del ébola de 2014. Donde EE. UU. asumió el papel de líder mundial. Prevalecen en la actualidad, los intereses nacionales, estratégicos, comerciales, y la seguridad del Gran Poder, que el futuro de la humanidad. La Unión Europea ha de actuar con un espíritu de cooperación y de confianza, con todos los estados de la unión. Priorizando la ayuda económica, científica, técnica y de personal sanitario, a todos sus miembros. 

Dijo el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, implementando una especie de Plan Marshall, para enfrentar y reconstruir el futuro de 300 millones de habitantes. De ello depende la supervivencia de la Unión Europea y no reducirla a la defensa de los intereses económicos, políticos y militares, de la selecta minoría, las corporaciones y el Gran Poder. Que el sistema productivo, de distribución y consumo vital de los Estados, ha de estar al servicio de la sociedad en general. Esto es: <internalizar> la industria y empresas, el capital financiero, para que el Gobierno y las autoridades sanitarias, los grupos de presión, las fuerzas militares, posibiliten luchar juntos contra la pandemia. De lo contrario, estaremos perdidos.

De la cooperación y la solidaridad internacional entre países ricos y pobres, depende que se gane la guerra contra la pandemia. Esta crisis hará de la persona individual y los pueblos, una especie de catarsis para humanizar no sólo las relaciones entre los Estados, sino que, salvando a la humanidad, salvamos el planeta. Darnos cuenta que las crisis son una especia de pedagogía. Una oportunidad de vernos a nosotros mismos como seres humanos, el entorno en que habitamos y las relaciones que tenemos con el Otro; aún con los que están lejos. 

Porque más allá o acá de la lengua, las costumbres, los mitos, las religiones, las naciones, las banderas, las ideologías, el color de piel, la cultura, la Historia y el Estado y sus instituciones, somos seres humanos. Sólo hay dos caminos, el de la solidaridad y la cooperación internacional, para combatir el coronavirus entre las personas, los pueblos y las naciones juntos; o, el camino de la desunión y la catástrofe de la humanidad. De ahí que todos los pueblos del mundo, tengan una nueva oportunidad sobre la Tierra; o, en otros términos, dejar el mundo mejor que como lo encontramos.

Antonio Mercado Flórez, es filósofo y ensayista profesor universitario. Autor entre otros, de <<Sobre el dolor, el miedo y la muerte>>, Editorial Mundopalabras; y del blog <<El Umbral de las Ideas>>.

lunes, 2 de diciembre de 2019


                                       LA PREGUNTA POR LA TÉCNICA
                                                     MARTÍN HEIDEGGER



<<En esta alta civilización técnica y de masas, el mundo del espectáculo es lo verdaderamente opuesto al mundo de lo sagrado, de lo inefable, de lo espiritual, al mundo de las ideas y del pensar. También al mundo del arte y del inconsciente; ya que la técnica, la comercialización y el Yo concreto están inextricablemente unidos.>>
                                                     
                                                                         Antonio Mercado Flórez.


<<La técnica no es lo mismo que la esencia de la técnica […] De este modo, la esencia de la técnica tampoco es en manera alguna nada técnico>>.

                                                                           Martín Heidegger.



Antonio Mercado Flórez.



Heidegger en La Pregunta por la técnica, desde una perspectiva metafísica, piensa la relación de la técnica con el Ser y el ente y el hombre. Sigue un camino que lo lleva desde el Dasein, ser-en-el-mundo hasta el lenguaje y la poesía. Y, así de esa manera, poder llegar al concepto de técnica. ¿Cómo la técnica se relaciona con el ser humano y se inserta en la vida y el entorno de éste? La técnica es una actividad del ser humano, una herramienta que desde sus orígenes la emplea para satisfacer sus necesidades, su adaptación a la naturaleza y el entorno que lo rodea.

No se puede pensar al hombre sin técnica, el estilo de éste es su técnica y, como instrumento posibilita transformar la naturaleza; y, permite asimismo la supervivencia del hombre sobre la Tierra. La tecnología entendida como la unidad entre técnica y ciencia, es un constructo de la Época Moderna. Ésta facilita que el ser humano no sólo trasforme la naturaleza, sino que se apropie de sus recursos para dominarla y hacer lo mismo con los humanos. En la Época Moderna la tecnología no es indiferente a las apetencias humanas; tampoco es neutral. Porque responde a las apetencias e intereses del Gran Poder: las Corporaciones, los Estados, Sistemas, las instituciones sociales, los poderes económicos y financieros internacionales.

A Heidegger le interesa preguntar no por la técnica en sí, sino por la esencia de ésta. Que para él no es algo técnico, se encuentra más allá de la mera instrumentalización de la técnica. Ésta se convierte en un sendero más en la búsqueda del Ser; en posibilidad de desocultacion del Ser. La técnica brinda la posibilidad de ofrecer las huellas donde el hombre lee e interpreta la develación del Ser. Descubrir como la técnica se convierte en un modo de aletheia, de desvelamiento del Ser.

Heidegger lleva a cabo un análisis del concepto griego de techne, que ahonda la idea de creación y de causalidad. Asocia la técnica a cuatro causalidades: la causa material, la formal, la final y la eficiente. A partir de aquí empieza a desvelar para poder llegar a la esencia de la técnica artesanal y posteriormente la compara con la moderna. En primer lugar, la técnica se entrega a la naturaleza y, en segundo lugar, la naturaleza se subordina a la técnica. La técnica es un modo de salir de lo oculto. También un ámbito en el que actúan e interactúan una multiplicidad de fuerzas y de poder.

Teniendo presente las cuatro causas analizadas por Aristóteles, Heidegger introduce el concepto de responsabilidad y de manifestación, entendido como fenómeno, aquello que adviene a nuestra presencia. Esto posibilita aplicar el concepto de aletheia a la causalidad, ya que permite representar lo que todavía no está presente. Se vale de la idea de creación y producción (poiesis), para hablar desocultación del Ser. Porque el producir conduce de lo oculto a lo no oculto, lo trae a la presencia del ser humano. En este orden, Heidegger establece una relación entre aletheia técnica y la idea de techne, que es algo poético.

La techne en la filosofía griega está vinculada a la episteme, en este sentido, contribuye a la desocultacion. La técnica entonces despliega su esencia en el ámbito donde ocurre el desocultar. Para Heidegger la técnica moderna, aunque es un camino para la desocultación del Ser, se pregunta ¿cuál es la esencia de la técnica moderna para que ésta desemboque en el empleo de la ciencia exacta de la naturaleza? El desocultar de la técnica moderna no se despliega en el producir, en el sentido de la poiesis griega, sino en el <provocar>, la técnica moderna le exige a la naturaleza que suministre energías que puedan ser extraídas y almacenadas por el hombre. La técnica moderna por medio del <provocar> transforma y almacena energía. De este modo, la techne antigua se entrega a la naturaleza y la moderna la transforma y se apropia de ella. Entonces, la desocultacion de la técnica moderna pasa por el filtro de imponerse a la naturaleza.

Ahora, ¿cuál es el telos de la técnica moderna? Que el ser humano domine y someta a la naturaleza. Ideas que defendieron los pensadores del SXVI y el positivismo del siglo XIX. El Renacimiento posibilitó que el hombre se convirtiera en el centro del mundo, que se conozca a sí mismo, que explore su interioridad y las posibilidades de su intelecto. El antropocentrismo posibilita el dominio de la naturaleza y de su entorno, en aras del progreso, el bienestar y la libertad. Aquí el concepto de libertad se pone la máscara del conocimiento, de la economía y del bienestar social. Que oculta la esencia de la técnica moderna y de las relaciones de poder; en este ámbito no puede darse la aletheia, la desocultacion verdadera del Ser. Esto constituye un punto de inflexión para que se cristalice el concepto de deshumanización.   

Así pues, Heidegger analiza las consecuencias de la técnica moderna sobre el hombre, y cómo lo aleja de su esencia natural y lo sitúa en el constructo artificial que determina nuestro mundo y nuestro entorno. Como expresó Hannah Arendt en La condición humana: <<El artificio humano del mundo separa la existencia humana de toda circunstancia meramente animal, pero la propia vida queda al margen de este mundo artificial y, a través de ella, el hombre se emparenta con los restantes organismos vivos>>.

La prevalencia de la técnica sobre el hombre, posibilitó que la vida se sustituya en su devenir por la abstracta, determinada por la concatenación entre técnica y ciencia, o, en otras palabras, por la tecnología. En el mundo del artificio se puede percibir con claridad, como las relaciones artificiales predominan sobre las relaciones de sentido. Como el sentido de la vida, del mundo y las cosas, se ubican más allá de las apetencias humanas.

Responden, por así decir, a relaciones de poder y fuerza, que posibilitan la alienación y la desnaturalización del ser humano. El último resquicio del hombre, su vida biológica, espiritual y mental, se sustituyen poco a poco por lo abstracto donde prevalece el artificio del artificio. Y, esto constituye en la vida humana: una fractura fundamental.

Según Heidegger, a la naturaleza se la requiere que esté siempre disponible, que define como <fondo>, y su sentido de <fondo> ya no se encuentra frente al ser humano como un objeto. El modo de proceder de la técnica moderna, consiste en transformar los entes, las cosas en puro <fondo>, hace desaparecer el objeto del representar, es decir, el carácter de objeto pasa a un segundo plano. Entonces se convierte en una especie de utensilio, aunque imponiendo su ley a la naturaleza. 

Además, el modo de desocultar de la técnica consiste en la <imposición> a la realidad y esto es, precisamente, su esencia. Desocultar lo real como <fondo> supone una <imposición> a la naturaleza, y lo lleva a cabo a través de la física, que la convierte en un conjunto calculable de fuerzas. Entonces, posibilita la <imposición> a la naturaleza mediante la experimentación que lleva a cabo la ciencia.

El peligro consiste según Heidegger, en su carácter totalizador, pretender abarcar toda la realidad y que se erija como el fundamento en todas las áreas de la realidad humana. Y, convierta la <imposición> en el destino del hombre. El problema surge cuando éste vivencia su carácter totalizador como algo normal, creyéndose ser libre. El hombre en este ámbito coarta su libertad, en beneficio de la utilización de la técnica. Se convierte en un apéndice de la técnica, que llega hasta los átomos del cerebro.

Así, la técnica se convierte en una segunda naturaleza para el hombre. La dependencia del hombre de la técnica no sólo lo cosifica, sino que limita sus capacidades mentales, sensitivas o espirituales. En transcurso del siglo XX pocos comprendieron la cuestión sobre las relaciones internas entre las estructuras de lo inhumano y la matriz de una elevada civilización técnica. Una cultura que no estuvo a la altura de las exigencias morales, espirituales y materiales del hombre.

La barbarie que hemos experimentado refleja en numerosos y precisos puntos las relaciones internas entre la técnica y el Gran Poder. Así que, la cultura de Occidente contenía en su vientre el germen de la barbarie, del dolor y la muerte. Que se expresaron en la Gran Guerra de 1914-1918 y la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945. De ahí que George Steiner haya expresado: <<En un sentido biológico lo que ahora estamos contemplando es una cultura disminuida o una “poscultura”>>.

En este orden, la esencia de la técnica es ambigua y tal ambigüedad apunta hacia la verdad e induce a percibir dos cosas: la <imposición> obstruye todo desocultamiento, de una parte, y de otra, la <imposición> acaece en aquello que deja que el hombre siga siendo quien es, en pro de la custodia de la esencia de la verdad. Y, es aquí donde aparece lo <<salvador>>. Heidegger se pregunta si existe una actividad en la que se dé el desocultar tal y donde el hombre represente el custodio de la verdad. 

En Heidegger esa actividad se lleva a cabo en el arte. Éste representa una forma de desocultacion más cercana a la aletheia originaria, a la verdad, pero debe alejarse de la técnica o, en otras palabras, no ha de tecnificarse. Lo que despliega su esencia en el ámbito del arte es el Ser; por eso, la verdad estética es la que estudia la manifestación del Ser en las obras de arte.

Heidegger dice:
                           

                      <<Cuanto más nos acercamos al peligro, con mayor claridad empezarán a lucir los caminos que llevan a lo que salva, más intenso será nuestro preguntar. Porque el preguntar es la piedad del pensar>>.


Heidegger reflexiona en La pregunta por la técnica, sobre ésta, su esencia y la relación con el arte; y cómo éste se convierte en camino para encontrar la desocultacion del Ser y, el peligro que impone la técnica sobre el ser humano y el mundo que lo rodea. El pensar para Heidegger posibilita la búsqueda de caminos para la desocultacion del Ser y la superación de la metafísica tradicional desde el griego Antiguo, que olvida al Ser. Porque la techne desde Platón aliena y desnaturaliza al ser humano.

El arte se constituye en modo de desocultacion, de aletheia.  Porque en la Antigüedad griega y judeocristiana, no se concebía desde un punto de vista estético, sino religioso. El arte era el modo de salir de lo oculto que trae-de y trae-ahí-delante; en él prevalece la Verdad. La esencia de lo poético o del arte, revela <<todo lo que esencia lo bello>>. De ahí que la técnica original es el arte. Porque devela lo velado de la esencia de la Verdad.

Ahora, ¿qué se emparenta con la esencia de la técnica? Según Heidegger, el arte. Porque el arte posibilita que se establezca contacto con el Árbol de la Vida. Que palpemos las partes blandas del Ser y nos sumerjamos en el tiempo originario, para que advenga un nuevo renacimiento del ser-ahí, del hombre en el mundo.

Que nos conduzca de la mano del poeta, del músico o del pintor, a las reservas del mundo y de la vida. Porque lo que hemos hecho hasta ahora, es, arañar por encima de su superficie. Entonces, si esto acontece se desvelaría una dimensión nueva de la técnica y del Ser en el mundo de los hombres. La técnica no se vería sólo como instrumento y lugar donde se ocultan o manifiestan relaciones de poder. Porque estaría al servicio del ser humano. Esto posibilitaría la primacía de la luz sobre la oscuridad, de la razón sobre la sinrazón, del amor sobre la barbarie, el dolor y la muerte.

domingo, 10 de noviembre de 2019

El MUNDO DEL ARTIFICIO HUMANO


                             




Antonio Mercado Flórez.


Estamos asistiendo jalonados por la ciencia y la técnica a transformaciones materiales, mentales, espirituales y morales, que confirman que el mundo de nuestros mayores ha quedado atrás. Así que, <el artificio humano del mundo separa la existencia humana de toda circunstancia meramente animal, pero la propia vida queda al margen de este mundo artificial y, a través de ella, el hombre se emparenta con los restantes organismos vivos>; expresó Hannah Arendt en el texto La condición humana.

El mundo del artificio no sólo separa al hombre de toda circunstancia de vida animal, sino que la vida biológica del hombre está siendo sustituida por la vida abstracta, determinada por la ciencia y la técnica. En el mundo del artificio podemos ver con claridad, como las relaciones artificiales predominan sobre las relaciones de sentido. El último resquicio del hombre, la vida biológica, psicológica y espiritual, se sustituye por lo abstracto donde prima el artificio de los artificios.

Somos parte de un tiempo donde prevalece la velocidad, el maquinismo, la robótica, el dinero bancario, la política, y la Inteligencia Artificial que limitan la libertad, expía y colecciona datos, para el control y el dominio del ser humano. El tiempo anímico, psicológico, pierde terreno ante el abstracto y cuantitativo. Ora, en la actualidad las cosas rítmicas, la memoria y la imaginación, que luchan contra el tiempo abstracto, están destruyendo el tejido vivo del Ser. El acto de Ser y de existir, está cada vez más determinado por las relaciones artificiales. De igual modo, la existencia humana está rompiendo a marcha forzada, los lazos naturales de la Vida. El mundo de nuestros mayores ha quedado atrás.

De ahí que el pensamiento científico y la técnica, sean indiferentes a la felicidad, el amor, la bondad, la solidaridad; no nos dicen como ser felices, ni bondadosos, ni amorosos, ni siquiera si hay que cultivar la ciencia y la técnica. No por ello son menos verdaderas. En cambio, la filosofía, el arte, la poesía, la música, no sólo nos son más indispensables, sino que se refieren a la naturaleza humana. Ellas hacen parte de la esfera ética, moral y estética del hombre. Por tanto, no es a través de la ciencia, la economía o la técnica, como el hombre se emparenta con los demás seres vivientes; es por medio de la propia Vida. La construcción lógica, las matemáticas o la física, no se acercan a la vida, a aquello que realmente experimentamos.

La vida artificial corta los lazos del hombre con la naturaleza. El artificio del artificio prevalece sobre la vida biológica y natural del hombre. Y esto se expresa en la actualidad, como una figura de la crisis de nuestro tiempo. Por tanto, la vida artificial producto de la ciencia y la técnica, están alterando la vida biológica, natural del ser humano. Ernst Jünger dijo: los hombres productos del desamor y del afecto, fríos y distantes, serían los verdugos del mañana. Arendt pensó que la creación de estos hombres del artificio no debe dejarse en manos de científicos y técnicos, ni de políticos profesionales, sino de personas que prioricen la condición humana y la naturaleza del hombre, sobre lo económico, el poder y el conocimiento. Porque es un problema político y moral de alta envergadura para el destino del Hombre. (Esto lo escribió Hannah Arendt, en 1953 y ya su visión es una realidad hace muchos años).

En este orden, los conocimientos – pensamientos se ponen a merced de las máquinas; el ser humano pierde la capacidad de asombro, pierde la facultad de preguntar, y se convierte en objeto o número. Es una manifestación de la crisis de la naturaleza del hombre. Dice Arendt: <Irreflexivas criaturas a merced de cualquier artefacto técnicamente posible, por muy mortífero que fuera […] La situación creada por las ciencias es de gran significado político>>. Ahora, ¿qué se encuentra en juego con el predominio de las ciencias en la vida del hombre? El discurso, y si está en peligro el lenguaje la cuestión se politiza, ya que es precisamente el discurso lo que hace del hombre un ser único.

Si ajustamos la actitud cultural al desarrollo de las ciencias y la técnica, el discurso o el lenguaje dejarían de tener significado. Porque el lenguaje de la ciencia es el número o, los símbolos, <que en sus comienzos sólo eran abreviaturas de las expresiones habladas>, y en la actualidad <contiene otras expresiones que resulta imposible traducir al discurso>. Dice Arendt que la razón por lo que hay que ser prudentes del discurso político de los científicos, consiste, en que, el desarrollo científico-técnico de armas de destrucción masiva-armas atómicas, serían los últimos en ser consultados y que se <mueven en un mundo donde el discurso ha perdido su poder>. El desarrollo científico-técnico no sólo se mueve en un mundo abstracto, sino que el lenguaje científico es cada vez más abstracto.

La automatización, un fenómeno que vaciará las fábricas y las empresas, y las maquinas ocuparan los puestos de trabajo de los hombres, y liberará a los hombres de la indigencia (necesidad) y del peso del trabajo. Lo último visto desde una perspectiva positiva. Porque ya se vive en la actualidad. La automatización y el maquinismo crearán ejércitos de desempleados en el mundo, arrastrarán masas de hambrientos, de enfermos, que cuestionarán los Poderes Mundiales. Y la única forma de parar a esos desgraciados y excluidos de una vida digna, cree el Gran Poder es, utilizando las máquinas para su exterminio. Jünger piensa que: la primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas y sociales allí donde tropiece con ellas.

Los lenguajes digitales y las maquinas coartan las relaciones naturales entre los hombres, la libertad de movimiento y de acción, y nos olvidamos que el hombre como ser político, plural, necesita de la presencia y la coexistencia de los demás hombres. <Sólo experimentan el significado debido porque se hablan y se sienten unos a otros a sí mismos>. Y, además en el centro de la pluralidad, de la diversidad, de la coexistencia y el consenso, se establece el lenguaje. Porque el discurso es el único que posibilita la conversación, el entendimiento y la convivencia entre los hombres en comunidad.

Arendt dijo: las maquinas liberaran al hombre del trabajo y la servidumbre de la necesidad. El deseo de liberar de la necesidad, la “fatiga y molestia” no es moderna sino antigua como la historia registrada. En el mismo orden Marx expresó: el trajo libera a los dueños de los medios de producción y del dinero, del valor. El obrero o el hombre común, sólo ofrece como valor su fuerza de trabajo. El valor del trabajador se mide por la fuerza de trabajo; no por la cualidad de su persona. Así, el trabajo que exime de su esfuerzo agotador a una selecta minoría, aliena, en cambio, a la gran mayoría y la desnaturaliza, la expulsa de su condición natural de ser hombre.

De una parte, el desarrollo científico saca al hombre de la indigencia y del trabajo, un sueño que se teje desde el tiempo de los tiempos, y, de otra parte, lo expulsa de su condición natural cuan indigente a las calles y los parques de los parados. Así, la automatización y las maquinas posibilitan que el hombre pierda la naturaleza que lo constituye, ya que lo convierte en número o en objeto.

La Edad Moderna trajo la glorificación teórica del trabajo y su consecuencia ha sido la transformación de toda la sociedad en una sociedad de trabajo. El deseo resulta ser contra producente a la realidad, se trata de liberar a la sociedad de trabajadores del trabajo. Pero ésta no es consciente de las actividades elevadas y significativas que la conduzcan a ganarse esa libertad. No existen en la actualidad hombres que posibiliten la restauración de las otras capacidades de los hombres; de otra, los presidentes, los ministros, consideran sus cargos como tarea necesaria para la vida en sociedad; y otrora, los intelectuales mantienen que su actividad es trabajo y no un medio de ganarse la vida. El capitalismo global convierte a la técnica y el trabajo, en la Gran iglesia de nuestra época.

Dice Arendt al respecto: Nos enfrentamos con la perspectiva de una sociedad de trabajadores sin trabajo, es decir, sin la única actividad que les queda. Está claro que nada podría ser peor. En la actualidad crece el ingente número de desempleados y las energías que la técnica y el conocimiento desarrollan más allá de sí misma, inexorables se utilizan para la preparación publicitaria de la guerra.

El capitalismo concatena automatismo, maquinismo, velocidad, con la destrucción de la vida y la naturaleza. Desde una perspectiva económica, la globalización exalta la ortodoxia neoliberal: la desocialización, las rebajas fiscales, las privatizaciones masivas de servicios públicos básicos. Esto trae como consecuencia que se está dando el paso de la condición de ciudadanos a simples individuos. En consecuencia, la política se siente impotente ante los poderes globales. Entonces la fractura económica y social cae sobre los más necesitados y los beneficios a una selecta minoría. Somos parte de sociedades cada vez más polarizadas donde el 30 por ciento de la sociedad mundial posee el 80 por ciento del PIB mundial. Los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos. Ahí tenemos las protestas de Ecuador y Chile en Latinoamérica.

De ahí que los poderosos desean destruir la naturaleza y toda conexión del hombre con la naturaleza. Son expresiones de la objetivación del mundo actual que se contraponen a la subjetividad, la moral y la estética. Por eso la destrucción del interior del hombre se observa como catástrofe. No podemos olvidar que, la Edad Moderna se edificó sobre los cimientos de la destrucción y la catástrofe; y lo que deja tras de sí es un montón de ruinas materiales y humanas. Así que, claro está que somos hijos de una época que naturalizó lo más antinatural del mundo, la reificación del mundo y la catástrofe.

Los problemas de la sociedad son objeto de la política práctica, del acuerdo, del consenso entre muchos; nunca consiste en consideraciones teóricas o en la opinión de una persona. De ahí Arendt propone la reconsideración de la condición humana desde la perspectiva de <nuestros más recientes temores y experiencias>. Y es que, <la falta de meditación es una de las sobresalientes características de nuestro tiempo>. De este modo, el pozo de los pensadores se está secando y los contenidos espirituales no comunican la lengua y la experiencia de los hombres. Así, a las élites gobernantes se les une un grupo de expertos, del que se puede abstener el ciudadano.

Y, desconocen que en el mundo todavía existen personas que son capaces de ver las pérdidas: la simplificación de la existencia, del mundo y de los valores. Como la coerción de la libertad, de la capacidad de soñar y de compartir la vida vivida. Estas hermosas palabras de George Simmel sobre la libertad, de que la libertad sólo surge en relación con algo, siempre en contra de algo. Y estas otras de Imre Kertész: Yo también alcancé la libertad contra algo; mi libertad se convirtió en arte: mi arte va dirigido contra algo.

Nietzsche tiene razón cuando dijo: <La política ha de ordenarse de manera que inteligencias mediocres sean suficientes para ella, y no tenga que saber todo el mundo de este tema>. Y afirma Arendt: <Hacia ahí camina toda la tradición del pensamiento de Occidente, incluido Marx>. Arendt propone pensar lo que hacemos, las más elementales articulaciones de la condición humana, esas actividades que se encuentran a la mano del hombre común y corriente. Piensa que no hay nada más sencillo <que pensar en lo que hacemos>.

En una época donde prevalece la banalidad y lo efímero sobre el sentido de realidad y de la vida, el pensamiento deja de ser el lamento de los hombres: <Porque pensar sobre la vida –escribió Kertész- equivale a cuestionarla; ahora bien, sólo cuestiona su propio elemento vital aquel que se ahoga o se mueve en su interior de manera contraria a la naturaleza>>. Quien no se cuestiona la realidad que vive pertenece a la servidumbre del consenso y a las reglas de juego que establece el Gran Poder: el Estado, el Sistema, las instituciones, las corporaciones internacionales, el poder financiero, los partidos tradicionales y la <selecta minoría> que encarna el poder político, económico y cultural. Ora, es necesario pensar el mundo donde vivimos, compartimos, soñamos y amamos. Porque así alcanzamos la categoría de personas.

Imre Kertész en Diario de la galera: <<Existe un modo de pensamiento serio y otro poco serio. El serio está representado por los intereses, los poderes del Estado, los negocios, la policía secreta y el principio de poder que rige en un mundo dado. El poco serio, por los artistas, los filósofos, los poetas, los santos: los que no cuentan>>. Eso que Nuncio Ordine llama: la utilidad de lo inútil.

En ciertas grandes áreas del mundo se está ahora mismo efectuando un esfuerzo para restringir la libertad del espíritu humano, de pensar y juzgar. El enemigo del ser humano no es el pensador irresponsable, tenga razón o no. El enemigo real es quien trata de moldear la mente y el espíritu del ser humano, con políticas que incrementan la discriminación, la xenofobia, el racismo, el odio, la polarización de la sociedad y las injusticias sociales.

Abraham Flexner (1886-1959) fue un famoso pedagogo estadounidense y en una conferencia que tituló <La utilidad de los conocimientos inútiles>, expresó: <El mundo ha sido siempre un lugar triste y confuso; sin embargo, poetas, artistas y científicos han ignorado los factores que habrían supuesto su parálisis de haberlos tenido en cuenta. Desde este punto de vista práctico, la vida intelectual y espiritual es, en la superficie, una forma inútil de actividad que los hombres se permiten porque con ella obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo. El problema consiste hasta qué punto la búsqueda de estas satisfacciones inútiles se revela inesperadamente como la fuente de la que deriva una utilidad insospechada>.

Así, Flexner no ve contradicción entre el saber científico y humanístico. Al contrario, se complementan mutuamente. Que la ciencia tiene mucho que enseñarnos de la utilidad de lo inútil. Y, junto a los humanistas (poetas, filósofos, escritores, ensayistas, pintores, músicos), también los científicos han desempeñado y desempeñan una función importantísima en la batalla contra la dictadura del beneficio, en defensa de la libertad y la gratitud del conocimiento y la investigación. Por eso, el saber constituye por sí mismo un obstáculo contra el delirio de omnipotencia del dinero, el utilitarismo y el poder.

El Gran Poder reitere que la época actual es, una época materialista que debería tener como principal cometido la acumulación de riquezas, de bienes, de oportunidades materiales y la satisfacción hedonista de la vida. No es curioso que un mundo saturado de odios irracionales que amenazan a la civilización misma algunos hombre y mujeres, se entregan al cultivo de la belleza, la extensión del conocimiento, la cura de enfermedades, salvar vidas en el mediterráneo, al alivio de los que sufren. 

Una actitud que se contrapone a los furibundos fanáticos que se dedican a difundir el dolor, el sufrimiento, la fealdad, la tristeza y la muerte. Mientras los que creen en el desarrollo y la elevación del espíritu del ser humano, son personas que se dedican cada día de su existencia sobre la Tierra, a aportan su granito de arena para que el mundo que vivimos sea más humano y más justo. Por eso, no hay que perder la capacidad de asombro y la curiosidad, el ámbito del saber y de la convivencia se alimentan de sus fuentes para crear un mundo más humano y más libre. 

jueves, 17 de octubre de 2019

EL SIMBOLISMO DE LA MUERTE


                                


 Antonio Mercado Flórez.


Humberto Eco en Apostillas al Nombre de la Rosa, expresó: <<El hombre por naturaleza es un animal simbólico>>. Las culturas viven mientras viven sus símbolos. Así pues, la función de los símbolos es defendernos del terror –dijo Oswaldo Spengler en Decadencia de Occidente. Ni el movimiento trágico ni el movimiento técnico –si es licito emplear estos términos para distinguir los fundamentos de lo que es vivido- agotan la realidad del ser viviente. El hombre tiene más cosas que ofrecer que, la técnica, la economía, la política y que el pensamiento científico.

Estas esferas hacen parte de las formas del conocimiento; de otra parte, existe la necesidad orgánica –el decurso biológico propio-, que es un hecho de profunda intuición interior, un hecho que llena el pensamiento mitológico, religioso, artístico, histórico, y, no está en contradicción con las formas del conocimiento. Sino que interiormente se complementan; esto es, que existen relaciones internas entre el arte, la matemática y el cosmos. O, entre la técnica, la política y la economía. Que es necesario desvelar para comprender la relación entre Hombre-Mundo, Hombre-Cosmos, Hombre-Dios.

Así que, somos seres en constante movimiento; aun cuando las cortinas de la noche cierren los ojos y el espíritu y los sentidos duerman. De ahí que, todo movimiento propio tiene expresión, todo movimiento ajeno produce impresión; de suerte que todo cuanto se da en nuestra consciencia, sea cual fuere su forma –alma y mundo, vida y realidad, historia y naturaleza, ley y sentimiento, sino, Dios, futuro y pasado-, todo, para nosotros, encierra otro sentido, que es el más profundo. Y el único medio supremo para hacer comprensible lo incomprensible, consiste en una especie de metafísica, para lo cual todo, sea lo que fuere, tiene la significación de un símbolo.

Los símbolos son signos sensibles, impresiones últimas, indivisibles y, sobre todo, involuntarias, que poseen una significación determinada. Un símbolo es un rasgo de la realidad que, para un hombre con sus sentidos alerta, designa inmediata y evidente algo que no puede comunicarse por medio del intelecto. De este modo, todo lo que existe en la naturaleza y el mundo hecho por el hombre, es símbolo. Todo es impresión simbólica que el universo produce cuando estamos despiertos. De ahí, percibimos ese lenguaje en las horas de recogimiento y soledad. Por otra parte, Expresa Spengler: el sentimiento de una comprensión homogénea es el que, sobre la humanidad universal, reúne y destaca ciertos grupos, familias, clases, tribus y, finalmente, todas las culturas.

Tal es la idea del macrocosmos, de la realidad como conjunto de todos los símbolos de un alma. Nada puede eximirse de esta propiedad de ser significativo. Todo lo que existe es símbolo. Desde la apariencia corporal: rostro, estatura, gesto, porte de los individuos, de las clases sociales, de los pueblos –en donde siempre se ha reconocido el simbolismo-, hasta las formas del conocimiento, la matemática y la física, que se suponen eternas y universales, todo es símbolo, todo manifiesta la esencia de un alma determinada, con exclusión de cualquier otra. 

En el momento que el hombre empieza a reflexionar sobre la muerte, y la incluye en su espíritu, sus sentimientos, sus obras, previsiones, cesó la inmediata e instintiva vida animal, y nace lo que Spengler llamó: la Cultura. Desde el momento de la existencia, cuando el hombre se hace hombre y conoce su inmensa soledad en el universo, es cuando despunta en su corazón el terror cósmico, bajo la forma puramente humana del terror a la muerte. Spengler piensa que, toda religión, toda filosofía, toda ciencia natural, tiene aquí su punto de partida.

La muerte entonces posibilita un <<punto de inflexión>> en relación a la vida inmediata, instintiva y, la aparición de la Cultura se convierte en una <<forma>> de la muerte. Cuando el hombre se enfrenta a su soledad experimenta el terror cósmico, bajo la forma puramente humana del terror a la Muerte. Toma conciencia de su fragilidad y su finitud, en el devenir del tiempo. Así que, toda filosofía, todo arte, todo mito, toda religión, toda ciencia y toda técnica; tiene en la muerte su punto de partida. Entonces, el lenguaje simbólico va unido a la Muerte: al culto de la Muerte. O, en otras palabras, a la forma del enterramiento, a la tumba y sus adornos, a los rituales o mitos mortuorios.

Además, el terror primigenio es el origen de todo sentimiento histórico. La solicitud vigilante por la vida, que aún no ha pasado, es la que inspira la solicitud por el pasado. Un animal tiene futuro solamente; el hombre conoce también el pasado. Toda nueva cultura despierta también con una nueva <<intuición del mundo>>; esto es, con una súbita visión de la muerte. No existe cultura que no tenga en su intuición interior una percepción de la muerte. La cultura representa una forma simbólica de relacionarnos con la muerte. La esencia de todo simbolismo autentico -inconsciente e íntimamente necesario— se origina en el conocimiento de la muerte, que nos descubre el misterio del espacio.

Así, tomamos consciencia que todo producto es transitorio. Dentro de pocos siglos no habrá cultura y civilización occidental; y, no porque la serie de generaciones humanas se hubiese acabado, sino porque no existe ya la forma interior de un pueblo, la que había reunido a un gran número de generaciones en un gesto común. Cuando se diluye en sus contradicciones o se degrada el hálito de vida de un pueblo, desaparece la esencia que le da <<forma>> y <<contenido>>. Esa intuición interior posibilita la expresión de un pueblo, en las formas del conocimiento o en sus sentimientos: en el arte, la música, la arquitectura, la poesía, la novela, la técnica, la ciencia y el pensamiento en general. Y, la muerte se convierte en el vehículo que eleva el espíritu a lo trascendente y divino. 

Walter Benjamín en el texto El Narrador afronta el problema de la muerte desde la narración. Asocia la narración al valor de eternidad y, la opone en la actualidad a las noticias, al sistema general de información, que es lo único propiamente constante. La in-formación tiene interés en desdibujar la textura de los contenidos espirituales de la experiencia como percepción y participación en lo diferente de los acontecimientos; es lo contrario, al valor de eternidad que Benjamín asocia a la narración. Así que, toda narración está rodeada de un halo de antigüedad, como sí se tratará de una historia que se ha venido contando desde siempre de generación en generación.

También acerca de eternidad habla en El Narrador, como un pensamiento que extrae su sentido del factum de la muerte; y, que progresivamente desaparece para la consciencia del Orden Burgués: del sujeto burgués. Que en la modernidad se relaciona con la pérdida de comunicabilidad de los contenidos de la experiencia y con el fin del arte de narrar. Esta evanescencia dice Benjamín sólo puede explicarse por el cambio <<en el rostro de la muerte>>. Cambio que consiste en la ocultación de ese rostro, su retiro de la mirada colectiva, y, de otra parte, en lo que se podría en llamar la privatización del morir. Además, esta privatización del <<rostro de la muerte>> es, para Benjamín la clave para valorar la narración.

<<La muerte es la sanción de todo lo que el narrador puede referir>>. Ahora, ¿Qué significa que la muerte sea tal sanción? Una sanción es la confirmación o aprobación de una ley, acto o costumbre. Ahora bien, Benjamín concibe a la muerte como fuente de autoridad de la narración y que la misma narración no agota. Así, la muerte es la paradoja de la narración; porque marca el límite absoluto del lenguaje y el silencio. Asimismo, teniendo presente la muerte como sanción, Benjamín dice que las historias del narrador <<nos remiten a la historia natural>>. Lo que hace el narrador es reinscribir la historia humana (historia universal), en la historia natural; siendo la muerte en punto de encuentro, la bisagra, el acontecimiento en que se cruzan la una y la otra.

En este orden, según Benjamín la muerte posibilita la narración, el valor de eternidad y la opone a la actualidad, al presente-ahora como noticia e información. Y que la muerte pasa de ser un acontecimiento colectivo a convertirse en la época moderna en algo enteramente privado. Así, pierde el aura de arcaísmo (la aparición irrepetible de una lejanía por muy cercana que esta pueda hallarse) para transformarse en mercancía.

La muerte entonces nos sustrae del lenguaje y nos precipita al silencio. En la actualidad estos procesos de simbolización de la muerte la ubican tanto en la dimensión puramente natural en su incidencia histórica y, de la Cultura y la alejan cada vez más de su dimensión sagrada y divina. En la actualidad se hace un corte, un punto de inflexión respecto a la muerte y el morir. No sabemos que es la muerte y pensar en ello nos ayuda a saber lo que ésta es, por lo cual se convierte en lo imposible. En la disolución del límite, en la caída en el vacío, donde todo lo posible, lo que es posible ingresa en el no-saber. 

A partir de que el hombre se hace consciente de la muerte, la continuidad de la existencia se rompe, se desgarra y, en consecuencia, tiene una experiencia final de desaparición, porque conoce el tiempo y, por ende, es consciente de su propia muerte, que hay una experiencia final de desaparición. Ernst Jünger pregunta, ¿Qué es lo que queda del hombre una vez que le ha llegado la hora de la muerte? ¿Desaparecemos realmente o sólo nos esfumamos nos desvanecemos? ¿A dónde conduce el viaje y con qué equipaje? ¿Nos está permitido llevarnos el cerebro o es preciso hacer entrega de él?