miércoles, 21 de agosto de 2019

LAS SECUELAS DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA









Antonio Mercado Flórez


En 1950 Hannah Arendt reflexionó sobre las secuelas del régimen nazi en Alemania. Expresó que, en menos de seis años, Alemania arrasó con las estructuras morales de la sociedad occidental, cometiendo crímenes que nadie hubiese creído posible. Después de la guerra, a la tierra devastada y minada, exhausta y desmoralizada por las penurias de la guerra, afluyen millones de personas de las provincias del este, de los Balcanes y de Europa Oriental, añadiendo al cuadro general de la catástrofe el toque peculiarmente moderno de la expatriación, el desarraigo social y la carencia de derechos políticos.

El caso colombiano posee unas caracteristas similares con lo que narra Hannah Arendt en el texto El presente. Ensayos políticos. Las secuelas del régimen nazi: Un reportaje desde Alemania (1950). Donde expone las secuelas que dejó la guerra en el tejido de la nación. Aquí trato de hacer una especie de literatura comparada entre las secuelas que deja tras de sí la guerra en Alemania y las de la guerra en Colombia.

A la catástrofe se añade también la visión de las ciudades alemanas destruidas y la noticia de los campos de concentración y de exterminio que han extendido sobre Europa una atmósfera lúgubre. La guerra fue una pesadilla de horror y destrucción de personas, de infraestructuras productivas, de ciudades, pueblos y aldeas. Pero en Alemania cayó un manto de silencio sobre ello. La reacción ante las ruinas –materiales o humanas-, consistió en una evasiva a todo a lo que le concierne en cuanto alemanes.

En Colombia los hacedores de la guerra arrasan todo lo que encuentran a su paso, porque necesitan espacio para destruir. Destruyen pueblos y aldeas en nombre de la ideología y la justicia social, masacran a personas inocentes, torturan y desaparecen a los individuos, para justificar los principios que sirven como basamento del horror y la barbarie. El Estado y sus instituciones sociales y administrativas –Ejercito, policía, políticos, terratenientes, industriales, empresarios-, son tan culpables como la guerrilla por lo que aconteció.

Devastaron y minaron a miles de colombianos empujándolos a abandonar sus tierras, como también a desplazarse como parias en el interior de su propio país. A engrosar los cinturones de pobreza y miseria de las grandes ciudades de Colombia: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, y, empujados por el hambre, el dolor y el desarraigo, venden su cuerpo al mejor postor, se dedican a la drogadicción y el trapicheo, el raponismo y la delincuencia común. Y, a la vez, llegan a engrosar los cinturones de miseria, dolor y sufrimiento, de dichas ciudades. Todo ante la mirada indiferente de los poderosos y de las élites gobernantes.

El propósito era destruir la esperanza y la justicia social, de la mayoría de los colombianos. Primero fue la violencia entre el partido conservador y el liberal, después vino la guerra ideológica en nombre del comunismo o del socialismo, que arrastra tras de sí un montón de ruinas materiales y humanas, ríos y charcas de sangre, que atormentan el alma y el corazón de quienes la sufrieron.

Para quienes conocieron en profundidad la Europa de entreguerras ha debido de suponer una conmoción el ver con qué rapidez los mismos pueblos que hace solo unos años se desinteresaban por completo de las cuestiones de estructura política descubren ahora las condiciones básicas para la existencia futura del continente europeo. Bajo la opresión nazi no solo han reaprendido el significado de la libertad, sino que además han recuperado el respeto por sí mismos y el apetito por la responsabilidad.

Así pues, la huida de la realidad es también, por supuesto, una huida de la responsabilidad. En la historia reciente de Colombia, se tiene el hábito de culpar de sus desdichas a fuerzas que están fuera de su alcance; el problema económico internacional, a Venezuela; al castro-chavismo y una serie de eufemismo que la derecha se inventa para justificar la guerra y el ejercicio del poder.  Ante todo, para destruir los Acuerdos de Paz.

Pero en la actualidad lo que está en juego es de suma importancia, el repudio a la vieja casta política y al viejo centralismo gana terreno; la búsqueda de alguna nueva forma de gobernar, que en la vida pública de las personas otorgue al ciudadano mayores deberes, así como derechos y libertades, es característico de la mayoría de los colombianos.

Las élites gobernantes siempre han eludido la responsabilidad que les corresponde. Pero donde mejor se capta la falta de responsabilidad de lo sucedido en los últimos sesenta años, es, en los medios masivos de comunicación de masas. Que expresan deliberadamente las mentiras del poder, las convicciones de una <<selecta minoría>> cuidadosamente cultivada para justificar el sistema general de la información, lo único que es propiamente constante. Así pues, el tiempo de la información es el presente-actual, que se determina por el interés de los que ejercen el poder. Y, no para suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación en el mundo. Entonces la evasión de la realidad viene acompañada de la destrucción y la desidia ante los hechos.

Dice Arendt que las personas con un alto grado de conocimientos, los intelectuales comprometidos con el nazismo, se valieron de la violencia cultural que se ejerce con el conjunto de ideas, de preceptos, de valores, de principios, de imágenes, del lenguaje y la cultura, para justificar el régimen nazi. Son símbolos que legitiman la violencia, la crueldad, el horror, la exclusión o la muerte, en nombre del Estado, el Sistema o del Führer –líder- de Alemania. O, en otros términos, de los empresarios, los banqueros, los industriales y los intereses del partido que manejan la educación y la cultura.

El ejercicio del poder en Colombia elabora mitos legitimadores y justificaciones pseudorracionales. Han utilizado los valores, los principios o las ideas, para justificar las injusticias socioeconómicas, los desplazamientos, las masacres, la xenofobia, los exilios, el hambre, el desempleo, la pobreza o la muerte. Entonces quienes manejan estos valores se valen de las redes sociales para polarizar a la sociedad y el enfrentamiento entre los colombianos.

Encuentran ahora un placer positivo en las tensiones internas, que los evaden de los errores del ejercicio de gobernar. Además, la consciencia de la huida de la responsabilidad no cambiará el destino que el Gran Poder impuso a la sociedad. Porque es imposible trasladar este estado de animo a una política racional, justa y tolerante.

En cualquier caso, la realidad de los crimines nazis, de la guerra y la derrota, ya se asuma o se evada, aún domina todo el tejido de la vida alemana, y los alemanes han desarrollado distintos mecanismos para escapar a la conmoción de su impacto. Esos mecanismos en Colombia, tratan de evadir la responsabilidad de la Guerrilla y el Estado –Generales del ejército, oficiales, suboficiales, policías, paras, narcotraficantes-, que secuestraron, asesinaron, cometieron masacres y desapariciones.

En una atmósfera de violencia, de odio, de descalificaciones, de mentira, que niega la importancia de los hechos en general. Todos los hechos pueden ser cambiados y, todas las mentiras pueden ser convertidas en verdad. La realidad ha dejado de ser inexorablemente la suma de los crudos e indiscutibles hechos, y se ha convertido en un conglomerado de sucesos, chismes y anécdotas, siempre cambiantes en que la misma cosa puede ser hoy verdad y mañana falsa. La política se explica como una eficaz campaña de venganza, odio y descalificaciones, que son consecuencia de sesenta años de mentira, de falsedad, violencia y muerte.

En Alemania sucedió durante el nazismo, lo que ahora acontece en Colombia, que la transformación de los hechos en opiniones trastoca la realidad. Las opiniones se convierten en el manto que cubre la realidad. Lo que se escucha o trasmite en la superficie de la sociedad, no es ver dad, sino las opiniones que falsean la realidad.
Así, las opiniones se expresan como la columna vertebral de la nación; como lo que posibilita la coherencia del Estado, las instituciones, la moral y el espíritu de la sociedad. Desde un punto de vista temporal, es completamente falso, porque las redes sociales, la noticia o la opinión, son otra cosa, la reproducción artificial de la realidad: se sostienen por el sistema general de la información, lo único propiamente constante.

Esta constancia que allana las diferencias entre noticias u opiniones, que tejen el tejido de las redes sociales, las hacen conmensurables en función del interés que el sistema administra: de los gremios económicos, del capital financiero, partidos políticos, iglesia, colegios, universidades, terratenientes, empresarios o industriales. Que diluyen la textura de la experiencia, la percepción y la participación, en las tomas de decisiones. Porque lo que tenemos ante nuestros ojos es la incapacidad o la falta de voluntad de distinguir entre hechos y opiniones. 
                                                                                                                                                  
El fenómeno del poder y la democracia, no es la instrumentalización de la voluntad ajena para alcanzar los propios fines. Sino la formación de una voluntad común que busca una comunicación orientada al entendimiento. Así que, esta pone en el centro de las relaciones sociales al dialogo y el consenso. El poder se deriva de la capacidad de actuar en común. O, en otros términos, este surge allí donde las personas se juntan y actúan concertadamente.

El peligro para la vida democrática en Colombia consiste en que, los que defienden la libertad, la diversidad de ideologías, de creencias, de visión del mundo y de la realidad, se enfrentan a aquellos que poseen una sola e infundada opinión, que ha de adquirir el monopolio sobre las demás. Y, entonces ignoran los hechos y la realidad y tratan de establecer sus opiniones, como únicamente válidas. Parafraseando a Ernst Jünger en sus Diarios sobre la Segunda Guerra Mundial, <<Radiaciones>>, 1949: <<A menudo se tiene la impresión que las élites y los que ejercen el poder en Colombia, están poseídos por el Diablo>>.

La experiencia de sesenta años de violencia, exclusiones e injusticias sociales, ha privado a los colombianos de la capacidad espontanea de expresión y comprensión, de forma que ahora, nos hemos quedado sin palabras, sin la capacidad de articular pensamiento y realidad, voluntad y sentimiento, espíritu y lengua. El problema del lenguaje es traumático, porque ha de comprender y expresar lo que verdaderamente aconteció, y, de otra parte, comunicar los contenidos espirituales de la esperanza, los sueños y las utopías de los colombianos.

En una atmósfera de violencia, de guerra, el lenguaje entra en un estado de somnolencia y de atrofia, y, es incapaz de comunicar los contenidos espirituales que le corresponden. Porque la violencia daña la esfera de la imaginación, las raíces del lenguaje y del pensamiento, que son esferas donde adquiere el hombre la razón de ser. Una cosa está clara: en una atmósfera de violencia o de guerra, la lengua se enmudece o se atrofia, y es incapaz de comunicar los contenidos espirituales de la experiencia humana. La experiencia que mana de boca a oído. Como expresó Walter Benjamín: Se trata de una especie nueva de barbarie.

Dan ganas de gritar que lo que vivimos no es real, que las ruinas no son reales, que el horror no es real, que los desaparecidos no es real y que la muerte no es real, pero desafortunadamente los hechos y el sentido de realidad, lo confirma. Ellos se han convertido en fantasmas vivientes que afectan las palabras, los argumentos, los sentimientos, la mirada de los humanos, el ardor del corazón y del alma. Aquello que compone la condición humana. Eso, que nos distingue de los animales, las plantas, los ríos, los mares, la tierra o las piedras. Porque somos seres racionales y reflexionamos, sentimos y amamos u odiamos, que imaginamos y no perdemos la capacidad de asombro; somos seres que no renunciamos a nuestros sueños, no perdemos la esperanza y asumimos con optimismo las utopías.

Y, el Gran Poder desea que nos olvidemos de lo que verdaderamente aconteció, y nos refugiemos en la fugacidad de la vida cotidiana, el consumo, el alcohol, la droga, el sexo, lo siempre igual, y así, que entreguemos el peso de la realidad, a una espalda más ancha: el Estado, las instituciones, la iglesia, los partidos políticos tradicionales, la moral común ordinaria; y, nos liberemos del tormento de la consciencia, las atrocidades, del dolor y del manejo irresponsable de la libertad. Ya que existen pueblos, que, en medio de la más horrenda destrucción física y humana, conservan el sentido del honor, de la estética y de la integridad moral. Colombia es uno de ellos.

No sé a qué se debe, pero las costumbres, los más pequeños detalles, las tradiciones, las formas de hablar y de sentir y de trato, son tan diferentes de todo lo que se ve y se tiene que soportar. Cuando un pueblo conserva esos valores, el espíritu que lo anima, la lengua y la imaginación, expresa en sus gestos, en las palabras y pensamientos. Que aún en medio de la barbarie y el horror, de la muerte y la desesperanza, es capaz de volar alto como el Cóndor de pico de estrellas y alas de fuego.

Porque la experiencia les ha regalado como un Don Divino, la alegría, el sentido del humor, la solidaridad y la cordialidad. En estados como esos expresa Jünger: el hombre es soberano a condición de que tenga conocimiento de su rango. El ser humano es en este sentido el Hijo del Padre, es el Señor de la Tierra, es la Criatura creada por un milagro. Kant dijo: Lo más sagrado que Dios tiene en la tierra es el derecho de los hombres […] La mentira (“procedente del padre de las mentiras, por el que han llegado al mundo todos los males”) es la auténtica mancha podrida en la naturaleza humana.

Después de seis décadas de guerra y violencia que causaron más de doscientos cincuenta mil muertos y miles de desplazados, así como atrocidades, horrores y barbaries cometidas por los principales actores del conflicto: Fuerzas Militares, guerrilleros, paramilitares; el gobierno del Expresidente Juan Manuel Santos llega a un acuerdo con las FARC: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Un acuerdo cuyo texto describe la hoja de ruta: introducir las demandas de la oposición, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) -un tribunal encargado de regular desde el Orden Jurídico, lo establecido en el acuerdo: se encarga de juzgar con reglas claras y especiales, a todos los protagonistas del conflicto: guerrilleros, militares y otros participes. Entonces el Centro Democrático, el partido del Expresidente Álvaro Uribe se abstiene.

Sin embargo, tres años después, la derecha con el Centro Democrático a la cabeza, arremete contra la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), las Altas Cortes: Corte Suprema, Corte Constitucional, Consejo de Estado. Y, esto ha provocado una crisis de consecuencias incalculables. Una crisis institucional, política y social, de la que muchos colombianos no son conscientes. Esta deriva ha desencadenado un enfrentamiento entre las fuerzas políticas, sociales, culturales, educativas y económicas del establecimiento y la oposición. Han creado un escenario desde las redes sociales, los medios de información, espacios privados o la plaza pública, donde todo vale: insultos, descalificaciones, mentiras, que expresan a ojos vista, la incapacidad de los dirigentes para buscar las soluciones adecuadas para el bien de los colombianos. En síntesis, el poder de la derecha y la filigrana que utiliza tiene un objetivo: destruir las Altas Cortes.

El Centro Democrático con Uribe a la cabeza lo que desea es, forzar una Asamblea Constituyente que tenga como meta, remodelar las Altas Cortes, reducir su número o crear una sola, y ponerla al servicio del poder político, económico y cultural de una <<selecta minoría>>. O, en otras palabras, de los poderes facticos del país. La estrategia de la extrema derecha y la punta de lanza del Centro Democrático, busca romper el orden institucional y constitucional, para cambiar las esferas de la sociedad. Imponer sus propuestas, aun valiéndose de la mentira, la calumnia, el odio, la falsedad y, si es el caso, de la fuerza.

Para el centro derecha, la extrema derecha y el ejército, Alemania no fue derrotada en el campo de batalla. Sino traicionada por los judíos y los socialistas alemanes. Se vivieron motines y episodios de violencia que terminan con el asesinato de dirigentes carismáticos como Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Son años en que la derecha y la extrema derecha fomentan la cultura de la violencia y agitan el antisemitismo. La izquierda simboliza la revolución bolchevique y el ejército apoya a los paramilitares, que se enfrentan a las fuerzas progresistas.

En 1919 se proclama la Constitución de Weimar y los graves problemas a los que tiene que enfrentarse la República, posibilitan que superen la capacidad de los dirigentes demócratas y socialistas, para forjar un consenso y alcanzar la mayoría. Así, el paro, la hiperinflación, el desorden social y el caos institucional, allanan el terreno para que una fuerza política marginal, el nacionalsocialismo y la dictadura presidencial de Paul von Hindenburg, vacíen de contenido la República de Weimar.

Entonces los nazis aprovechan las libertades políticas, el Estado de Derecho, el orden jurídico y la práctica política o el sistema electoral republicano, para hacerse con el poder. Un partido político que se apoya en el ejército y la policía, y una organización de militantes fanáticos que ejercen la violencia contra los demócratas, los comunistas, los socialistas, los judíos y los socialdemócratas.

En 1932 después de las segundas elecciones del año, Hitler y las fuerzas de la extrema derecha se unen en una cruzada anti-Weimar. Aquí se inicia una contra revolución que acaba con las conquistas conseguidas desde 1918 y crea un nuevo Estado basado en la pureza de la sangre, el ario, prototipo del hombre alemán y se basa en valores reaccionarios. La República de Weimar había llegado a su fin y empieza la época del racismo, la xenofobia, el exilio, el dolor, el miedo, y los campos de concentración, la muerte y la Segunda Guerra Mundial.

A veces los hechos y la historia son irónicos, contradictorios y aplican el principio del eterno retorno. El centro derecha, la extrema derecha y un sector del ejército y la policía, se unen en Colombia para no dar paso a las fuerzas progresistas. Piensan que Colombia fue traicionada por el Expresidente Juan Manuel Santos por llegar a un acuerdo de Paz con las FARC –Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-. En la historia reciente de Occidente la literatura comparada nos ayuda a comprender y a analizar lo que acontece en el presente-ahora. Como el caso alemán y colombiano que he tratado hilvanar.

En Colombia se están llevando a cabo en la actualidad, desapariciones, asesinatos de líderes sociales, de políticos, ajustes de cuentas. Donde la derecha y la extrema derecha fomentan la cultura de la violencia, el odio, la mentira y la falsedad, contra las fuerzas progresistas; tal como hicieron en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Desean cubrir con el manto oscuro de la indiferencia y la desidia, lo que verdaderamente sucede en Colombia. Pero, olvidan que todavía hay personas que en medio del caos o del horror, del miedo y la muerte, son capaces de ver las perdidas.

El hombre gasta cantidad de energías en tratar de romper la sofocante atmósfera que lo rodea, pero olvida las cosas fundamentales de la vida: el amor, la solidaridad, la amistad, la fraternidad, la paz, la familia, el fundamento de la existencia. Eso que Huxley llama: <<El conocimiento unitivo de la realidad espiritual>>. En todo tiempo y lugar, el Estado, las instituciones sociales, el poder, tratan de destruir el encanto de la vida y de la realidad. Tratan de convertir al ser humano, en número u objeto. Que se convierta en un hombre disciplinado, desdichado, amargado, solo y ensimismado, por el peso de la vida cotidiana.

No desean que el ser humano se refiera a ciertos presupuestos, en los que se fundamentan una gran cantidad de creencias generalizadas. Porque saben que cuando se examinan críticamente, resultan, mucho menos firmes de lo que son a primera vista. Ya que, al analizarlos y cuestionarlos, el ser humano amplia el autoconocimiento de sí mismo, del mundo y de la realidad. Por eso, no desean que los seres humanos recuerden lo que Platón hace decir a Sócrates: <<Que una vida sin examen no merece la pena vivirse>>.

El tránsito desde la entrega de armas por parte de las FARC hasta ahora, se está convirtiendo en un viacrucis para muchos colombianos. Unos son asesinados o desaparecidos, sumidos muchos en la incertidumbre del miedo y la desesperanza; otros, en tiempos de posguerra viven una experiencia descorazonadora respecto a la seguridad, la supervivencia, la pedagogía política, la tolerancia hacia el otro recién insertado a la vida civil; y prevalece una atmósfera de incomprensión hacía aquellos que bajaron del monte, de desconfianza mutua entre autoridades civiles y militares o sociedad civil y exguerrilleros, que ponen en peligro los Acuerdos de Paz.  Porque fuerzas oscuras en el ámbito militar, político o económico, desean desgarrar el tejido vivo de los Acuerdos. Para ellos es más rentable la violencia o la guerra, que la Paz.

Así que, la derecha, la extrema derecha y el Centro Democrático con Álvaro Uribe Vélez a la cabeza, son reacios a que se sepa la Verdad. Evitar a toda costa que la verdad salga a la luz. Porque los testimonios de los Generales, oficiales o suboficiales, ante la JEP, pone en peligro el poder, el honor y el estatus de las Fuerzas Militares, políticos, industriales, empresarios o terratenientes. Porque este testimonio, es, sumamente grave, para el establecimiento y los que ejercen el poder. La verdad sobre los guerrilleros, en cambio, todos los colombianos la conocen, como la lista de atrocidades y horrores de la que son culpables.

La otra esfera que tiene que ver con la verdad, se centra en la Tierra. En Colombia el setenta por ciento de las tierras cultivables están en manos de terratenientes. Los terratenientes que muchos están en el Congreso de la Nación, son gobernadores o alcaldes de Colombia, se oponen a una reforma de la tenencia de la tierra. Este es el caballo de Troya de la práctica política. Porque entre los grandes terratenientes de Colombia, está Álvaro Uribe.

El problema consiste en que mucho de los títulos de propiedad de las tierras no está legalizado y, por tanto, arrastran la estela de la duda y la oscuridad. Porque están ligados al dolor, el sufrimiento, la muerte y los desplazamientos. Por eso, se oponen a revisar los títulos de propiedad y regular el catastro implica cuestionar dichos títulos. Ahora, si esto llega a suceder la reacción de los terratenientes suele ser violenta. No queda títere con cabeza. Porque ellos utilizan la amenaza, la violencia y la muerte, para defender lo que presumiblemente es suyo. El problema surge del propio Acuerdo de Paz: ya que su aplicación exige una reforma agraria en profundidad. Los terratenientes, con Álvaro Uribe a la cabeza no lo van a tolerar.

El sector más radical del Centro Democrático se opone a reconocer los derechos políticos y sociales y deberes individuales de determinados sectores –Indígenas, comunidad afrocolombiana, colectivo LGTB, etc.- El Presidente Iván Duque se convierte en un rehén del Centro Democrático y, en particular de su mentor, Álvaro Uribe Vélez. Porque sus propuestas de centro y de unidad nacional, están siendo boicoteadas por su propio partido. Colombia necesita soluciones de Estado, pero la intransigencia de la extrema derecha y el uribismo, le impiden al Presidente sacar a delante proyectos y leyes, que así lo requiere. Hay que reconocer que, al Presidente Iván Duque, los de su propio partido lo están abandonando y lo están dejando solo ante la oposición y la sociedad colombiana.

Preguntamos, ¿Qué alternativas le quedan al Presidente Iván Duque para salvar su gestión de gobierno? Tener el carácter de poner a Uribe en su sitio y al sector radical del Centro Democrático y, además abrirse a las fuerzas democráticas y a la oposición, para llegar a consensos y cumplir con lo que propuso en su Programa de Gobierno. Esta apertura pondrá furibundos a la extrema derecha, los radicales de su partido y al propio Uribe; y tendrá un coste político que estas personas no lo van a tolerar. Entonces el Presidente se encuentra entre la espada y la pared, entre la involución o acometer las reformas que el país necesita. De ello depende su credibilidad y la gestión de su Gobierno.

El tercer umbral de la verdad consiste en que, la extra derecha, el Centro Democrático con Álvaro Uribe a la cabeza, tratan de concentrar todas las miradas en la JEP –Justicia Especial para la Paz-, y así conseguir que los otros puntos del Acuerdo pasen a segundo plano: sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, la reforma agraria integral, etc. Entonces, ¿Cuál es el objetivo central de la extrema derecha colombiana? Posibilitar que los Acuerdos vuelen por los aires como una costra seca. Así de esa manera, utilizar las redes sociales, los medios de comunicación, la esfera pública y el Parlamento, para decir que el Acuerdo con las FARC fue un fracaso. Y, así pregonar que el Expresidente Juan Manuel Santos engañó a todos los colombianos con dicho Acuerdo. Lo cual es completamente falso, porque la realidad dice todo lo contrario tanto a nivel nacional como internacional.

Si el Acuerdo de Paz no funciona las consecuencias son impredecibles. Se reactivará el monstruo de la guerra y haremos parte del espectáculo del derramamiento de sangre y de muertes. Es crear en la mente de los colombianos, el artificio de la imagen de la necesidad del Caudillo, que nos rescatará y nos protegerá de los males del presente y del futuro. Tal como hizo Alemania en la década del treinta con Hitler y la cura será peor que la enfermedad. Y, Álvaro Uribe será no sólo el Caudillo, sino el Mesías que nos salvará de los males del presente y del porvenir. Y, por supuesto, se silenciará la Verdad.

Un país que lleva seis décadas matándose los unos y los otros, la Paz con las FARC es una bendición de Dios para toda la nación. El desarme de los espíritus y la no-violencia deben ir acompañados por la tolerancia, la convivencia y el respeto a la Vida. Esta es una oportunidad para que podamos vivir como personas civilizadas y estar a la altura del Mundo Moderno.

Decía el Expresidente Juan Manuel Santos en El País, en un artículo que titula Dejar la paz en paz (Madrid 11 de agosto de 2019), que la Paz se va a enfrentar con muchos problemas y contradicciones. Y, se pregunta, ¿Problemas? Por supuesto, y muchos. Nadie dijo que sería fácil ni que Colombia sería un paraíso al día siguiente de firmar la paz. Todo lo contrario. Se advirtió que el camino sería largo y culebrero, y que requeriría el concurso de todos. No es la paz de Santos como dicen algunos, es la paz de todos.

Una guerra –prosigue Santos- de más de cincuenta años, atravesada por la flecha venenosa del narcotráfico, genera todo tipo de intereses macabros que se benefician con la violencia y el desorden. Y, por supuesto, a los intereses políticos que se nutren del miedo y de la guerra tampoco les interesa la normalidad. Necesitan enemigos. Por eso hicieron todo lo posible para que fracasara la paz y muchos siguen tratando de sabotearla. Por fortuna no han podido ni podrán.

Expresa Santos en el mismo Artículo de Opinión: El tren de la paz no se detiene: ya pasó el punto de no retorno y los intentos de descarrilarlo seguirán fracasando. La esperanza de los pueblos acaba derrotando el miedo. La reconciliación, por más difícil que sea, se acaba imponiendo sobre el odio.

Ahora, sin el apoyo de los militares, los empresarios, los industriales, los banqueros, los funcionarios y nobles, Hitler jamás habría alcanzado el poder. Solo hubiera sido un extravagante en medio de una época convulsa y caótica. Así, el partido nacionalsocialista hubiera seguido siendo un partido marginal, en el espectro político alemán. De ahí que, una de las lecciones de Weimar es alertar sobre los peligros que acechan a las democracias occidentales, cuando los partidos y los grupos de presión que las defienden, no alcanzan los consensos en las cuestiones fundamentales.

La lección de Weimar consiste en que las amenazas contra la democracia y la libertad, no sólo provienen de los enemigos externos. Sino ante todo de aquellos que desde adentro, utilizan las libertades democráticas y sus ventajas constitucionales para destruir su estructura y funcionamiento. Colombia se encuentra en la misma deriva que la alemana de los años treinta, por eso, más allá de los intereses de los partidos y del poder económico, lo fundamental consiste en la defensa de los Acuerdos de Paz, el Estado de Derecho, las Altas Cortes, las libertades y la democracia.

jueves, 8 de agosto de 2019

REFLEXIÓN SOBRE EL TOTALITARISMO EN EL MUNDO MODERNO


 



           
      A todos los judíos y minorías étnicas que murieron en los campos de                                                                                            concentración.



Antonio Mercado Flórez


Ante la crisis de la política y la filosofía de la historia, Hannah Arendt cree que es necesario percibir los valores del ser humano: la vida, el amor, el dolor, la libertad, la fraternidad, ya que hacen parte de la esfera política y la historia. De ahí que se pregunte, ¿Cómo es posible vivir en el mundo, amar al prójimo –o incluso tú mismo- y no aceptas quién eres? El totalitarismo es un fenómeno histórico y político de principal importancia, así se convierte en objeto de reflexión filosófica. Pone en la esfera social, el protagonismo de las masas; el surgimiento de un nuevo sujeto histórico y su relación con las élites. De ahí que porte en sí unos rasgos que lo determinan: en él todo se presenta como político -el orden jurídico, el económico, la esfera científico-técnica, la educación o la cultura. En el totalitarismo todas las cosas se vuelven públicas. Para comprender su fenómeno en la sociedad, hay que hacerlo en su cultura.

Además, la experiencia en que se funda el totalitarismo es la soledad. Porque ésta brota en la ausencia de las demás personas; la soledad es ausencia de identidad, porque ésta se manifiesta en relación con los demás. La soledad que caracteriza a la vida humana encuentra en la política totalitaria su complemento en el aislamiento. Con el totalitarismo empieza para el hombre una nueva etapa de soledad, porque <<padece cada vez más a causa de la sociedad; también esta empieza a desmoronarse>>. En fin, lo que <<desea la persona individual es liberarse>>.

Así, el totalitarismo tiene como objeto destruir la vida privada e incrementar el desarraigo del hombre respecto al mundo, ya que anula el sentido de pertenencia a éste. De ahí que profundiza la experiencia de la soledad. Exalta el individualismo gregario que <<comprime los unos contra los otros, y cada uno está absolutamente aislado de los demás>>. Se convierte en una característica fundamental de organizar a las masas. Lo que caracteriza a las masas es, ser puro número, mera agregación de personas incapaces de integrarse en ninguna organización basada en el término común: <<Las masas […] carecen de esa clase especifica de diferenciación que se expresa en objetivos limitados y obtenibles>>.

Ahora bien, ¿De qué instrumentos se sirve el poder totalitario? La mentira, la ignominia, la delación, el odio, la discriminación, el miedo, la xenofobia, el racismo, la inseguridad, la violencia, la guerra y la falta de novedad. Entonces, ¿Cuál es la lógica profunda del totalitarismo? Posibilitar pensar tales dimensiones como efectos. Si se accede a ellas se revela el mal radical; el mal absoluto que invade la totalidad de la vida humana. En el totalitarismo el catálogo de las cosas posibles está siempre ahí –para que una posibilidad salga a escena es preciso que se la acepte. En él todo puede ser destruido, todo es posible. Como dijo David Rousset: <<Los hombres normales no saben que todo es posible>>. Así que: <<El totalitarismo deja a la persona singular en la estacada>>.

El totalitarismo aísla a las personas para que se incapaciten para actuar, las sume en un vacío existencial, un desgarramiento de la voluntad, de pensamiento, de fuerza y de poder. Por eso <<busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en que los hombres sean superfluos>>. Busca un hombre solo, aislado, insolidario, desprotegido, sustituible, vacío, gregario, numerificado u objetivado. Que responda a la norma, la ley, el orden, la publicidad, la ideología, el sistema, la estructura, los ideales del Estado fascista. Se centra en la superficialidad de los actos humanos, sin conexión alguna con la profundidad de sus motivaciones.

En el totalitarismo no existe la individualidad, ni el proyecto común, ni el telos plural. Porque estas acepciones necesitan de la esfera social, esto es, de las relaciones políticas, económicas, sociales o culturales. Que en el totalitarismo el ser humano es incapaz de alcanzar, porque todo está mediado por el Estado, las instituciones, la ideología, la masa, que niega los principios de la Ilustración: la libertad, la solidaridad, la fraternidad y la otredad. Por eso, el totalitarismo se contrapone al Estado democrático Social de Derecho. Él representa la estructura y la función del Estado Total.

En el totalitarismo <<el hombre del montón es un hombre de la masa, y la característica principal del hombre-masa no es la brutalidad ni el atraso, sino su aislamiento y su falta de relaciones sociales>>. El poder no consiste en la instrumentalización de la voluntad plural o social, para alcanzar unos fines determinados, sino en la formación de una voluntad común orientada al entendimiento. Una voluntad que pone en el centro de las relaciones comunitarias al dialogo. 

En una sociedad democrática <<el poder se deriva de la capacidad de actuar en común>>. También en la voluntad de dialogar en común. <<El poder surge allí donde las personas se juntan y actúan concertadamente>>. La política en tanto que disciplina contiene en su telos un fin práctico: la conducción de una vida buena y justa en la esfera social.

Hannah Arendt dice:<<La dominación totalitaria como un hecho establecido, que en su carácter sin precedentes no se puede aprehender mediante las categorías habituales del pensamiento político y cuyos <<crimines>> no se pueden juzgar según las normas de la moral tradicional ni castigar mediante la estructura legal de nuestra civilización, rompió la continuidad de la historia de Occidente [...] La ruptura de nuestra tradición es hoy un hecho consumado>>. 

Sabemos que <<la ruptura nació de un caos de incertidumbres masivas en la escena política y de opiniones masivas en la esfera espiritual, que los movimientos totalitarios, merced al terror y la ideología, hicieron cristalizar en una nueva forma de gobierno y dominación>>. La ruptura se manifiesta en la historia de Occidente como catástrofe. Catástrofe de la cultura y la civilización, las categorías políticas, la moral y la ética, el orden jurídico de la civilización occidental, consuman la ruptura con nuestra tradición.

 <<El hecho real de la dominación totalitaria va mucho más allá de las ideas más radicales o más aventuradas>> de los pensadores modernos, como Marx, Kierkegaard o Nietzsche. Ellos <<desafiaron las premisas básicas de la religión, del pensamiento político y de la metafísica tradicionales>>; sin embargo, no ocasionaron la ruptura en nuestra historia. <<La dominación totalitaria como un hecho establecido […] rompió la continuidad de la historia de Occidente>>. 

Rompe con la tradición del pensamiento político occidental y las normas de la moral, la cultura y la civilización. El propio hecho marca la división entre la época moderna y la estructura del siglo XX. <<Que llegó a la existencia a través de la cadena de catástrofes ocasionadas por la Primera Guerra Mundial>>. El totalitarismo no sólo rompe con <<el hilo de la continuidad de la historia, sino también con la autoridad y las creencias del pasado>>.

Ni Marx, ni Kierkegaard, ni Nietzsche; que se rebelan contra la tradición no son responsables <<de la estructura y las condiciones del siglo XX>>. Además de ser un juicio irresponsable, injusto y peligroso, no responde a la realidad histórica. La grandeza de ellos consiste en que <<percibieron su mundo como un ámbito invadido por nuevos problemas e incertidumbres que nuestra tradición de pensamiento era incapaz de enfrentar>>. Sin embargo, rompen el orden de las cosas, los valores y los rasgos que nos identifican como cultura y civilización.

Según Arendt, el nazismo no debe nada a ninguna parte de la tradición occidental, sea germana o no, sea católica o protestante, sea cristiana, griega o romana. Nos gusten más o menos Tomás de Aquino, Maquiavelo, Lutero, Kant, Hegel o Nietzsche […], lo cierto es que ninguno de ellos tiene la más mínima responsabilidad por lo ocurrido en los campos de exterminio. En términos ideológicos, el nazismo comienza sin ninguna base en la tradición, y convendría tomar conciencia del peligro que entraña esta negación de toda tradición, que fue el rasgo principal del nazismo desde su comienzo. 

Arendt cree que el nazismo no tiene ningún basamento en la tradición del espíritu alemán ni europeo. <<Las propias atrocidades del régimen nazi deberían habernos puesto sobre aviso de que aquí nos enfrentamos a algo inexplicable incluso en relación con los peores períodos de la historia. Y es que nunca antes ni en la historia antigua ni en la medieval ni en la moderna, se había desarrollado semejante programa explícito de destrucción, jamás dicha destrucción se había ejecutado mediante un proceso altamente organizado, burocratizado y sistematizado>>. 

<<Muchos signos premonitorios anunciaban la catástrofe que amenazaba la cultura europea desde hacía más de un siglo, y que Marx previó, aunque no la describió correctamente, en sus famosas palabras sobre la disyuntiva entre socialismo y barbarie>>. Una catástrofe que no sólo destruyó las obras más insignes del espíritu europeo, la tradición y la cultura, sino que <<se hizo visible en forma de la más violenta de la destructividad jamás experimentada por las naciones europeas. En ese momento, el nihilismo cambió de significado>>. 

El nazismo se basa en <<la embriaguez de la destrucción como experiencia real, cayó en el estúpido sueño de producir el vacío. La devastadora experiencia se reforzó enormemente en la posguerra, cuando la inflación y el desempleo arrojaron a la misma generación de la guerra a la situación opuesta de completo desamparo y pasividad en el marco de una sociedad aparentemente normal>>. 

Además, existen varias causas para el surgimiento del nazismo, entre otras, el Estado-nación, que había sido el símbolo del pueblo alemán, ya no representaba a ese pueblo, se había vuelto incapaz de salvaguardar la seguridad interna o externa. Que los pueblos europeos habían sobrepasado la organización de sus Estados nacionales y no respondían a las expectativas de esos Estados. A la disgregación de los Estados nacionales, los nazis responden con la mentira y el odio, basados <<en la complicidad en el crimen y regida por una burocracia de gásteres. Se trataba de una respuesta con la que los desclasados podían simpatizar>>.  

Si los pueblos europeos creyeron las mentiras de los nazis, fue porque <<las mentiras de estos aludían a ciertas verdades fundamentales […] Pero al menos esos pueblos han aprendido una gran lección: ninguna de las antiguas fuerzas que produjeron el Maelstrom de vacío es tan terrible como la nueva fuerza surgida del propio Maelstrom, cuyo propósito es organizar a los pueblos de acuerdo con la ley de esta corriente trituradora –que es la destrucción en sí misma>>. 

 <<Los nacionalistas de todo pelaje y los predicadores del odio>>, en la historia reciente de Occidente, han sido colaboracionistas del fascismo. Y estas acciones han quedado registradas y <<probadas a ojos de poblaciones enteras>>. Ahora, con el desmembramiento del Estado-nación y lo que simbolizaba para los europeos, la lucha contra el fascismo se convierte en <<piedra angular>>, para la consecución de la libertad. 

Europa <<bajo la opresión nazi no sólo no han reaprendido el significado de la libertad, sino que además han recuperado el significado por sí mismos y el apetito por la responsabilidad>>. Además, la resistencia y los diferentes sectores de la sociedad que hicieron frente al nazismo, abogan por una Europa federativa y Estados federados, porque el <<Estado centralista, está abocado a volverse totalitario>>.

De igual forma las exigencias económicas, sociales o culturales, son de importancia para todas las sociedades que componen los Estados de Europa. <<Todos quieren un cambio en el sistema económico, control de la riqueza, nacionalizaciones y propiedad pública de los recursos básicos y las grandes industrias>>. Políticas que de una u otra forma se llevan a cabo en Europa de posguerra con el Keynesianismo. De ahí que los franceses en boca de Louis Saillant digan, no deseamos <<una reedición de algún programa socialista o de otro tipo>>, les importa principalmente <<la defensa de esa dignidad humana por la que los hombres de la resistencia combatieron y se sacrificaron>>. 

En mi texto Sobre el dolor, el sufrimiento y la muerte, expreso que, después de la Segunda Guerra Mundial, Europa y la civilización occidental, vivió una época de prosperidad y seguridad relativa. El Estado de Bienestar en Europa posibilitó que gran parte de la población tuviera una vida digna. Se extendió la cobertura de la educación, la saludad universal y la asistencia social a gran parte de la población. De esa forma, el dolor, el sufrimiento, la discriminación y la inseguridad, fueron trasladados a la periferia de los barrios de la gran ciudad. Ahora bien, los problemas fundamentales del ser humano que componen el tejido vivo de la existencia no se tocaron ni resolvieron. Además, ¿qué tipo de felicidad, de bienestar espiritual o material trajo el Estado de Bienestar?

Los problemas que surgen como productos intelectuales del estado particular de las tecnologías de su tiempo, de las relaciones de propiedad y, por tanto, de las relaciones sociales permanecen sin resolver. Es más, los conceptos fundamentales del hombre –la justicia y la injusticia, lo bueno y lo malo, la dicha y la desdicha, la percepción estética de la realidad, la moral y la ética, como los propósitos de la existencia-, nos acompañan como preguntas sin resolver. 

Desde hace cuatro décadas se vienen implementando políticas neoliberales que han desmontado el Estado de Bienestar. Posibilitando la quiebra de los valores heredados, el hilo de tradición, la pobreza, el desempleo, el desamparo, la privatización del Estado y el Modelo de Desarrollo del capitalismo global. Este Modelo de Desarrollo trajo políticas de austeridad extensivas, de recortes en educación, salud y bienestar social, que degradan la dignidad del ser humano.

Detrás de las políticas neoliberales, se esconden mecanismos de poder y de dominio que responden a los intereses del capital bancario, de las empresas multinacionales y del poder político, y a los requerimientos de las élites que gobiernan el mundo. Estos son los cimientos donde descansan las políticas populistas, el nacionalismo-neofascista, que actualmente recorre las calles y los campos de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

jueves, 11 de julio de 2019

La cultura occidental frente a la revolución digital







                                                                           II




Antonio Mercado Flórez.



Ernst Jünger en el texto El Trabajador dice que el siglo XXI, es, el siglo de las luchas titánicas: enfrentamiento entre dioses. Se está formando la <<Figura>> de un nuevo tipo de hombre. Visto bajo el principio de las ideas y las formas platónicas, se percibe una visión de la substancia titánica. Una lucha infinita e intemporal. En estos momentos el tiempo está en floración. El enfrentamiento entre tiempos e intemporalidades crea un nuevo tipo de hombre. Un cambio en la substancia espiritual y material del hombre. Será un hombre más especializado en algunas funciones de la vida, pero más espiritual. Porque el contacto con lo intemporal posibilita que la espiritualidad esté contenida en la luz.

El enfrentamiento titánico entre dioses y hombres, se reflejará en el Universo. Las huestes celestiales y las titánicas lucharán por el dominio de la Tierra. En este espacio la substancia de la historia no tiene razón de ser; y si el hombre permanece sobre la tierra se interesará por la técnica, la ciencia, la filosofía, las artes, la música, por Dios o el Demonio, y en ese momento, la lucha ocupa un sentido trascendental, metafísico, porque afecta la naturaleza del ser y de la existencia. La lucha política, religiosa, económica o militar, entre los hombres será un débil reflejo de la cósmica. Ya que lo fundamental permanece y el hombre de la civilización, el hombre del movimiento y de los fenómenos históricos ha de tomar sus criterios de su esencia inmóvil y sobre temporal, la cual se pone de manifiesto y se modifica en la historia. Aquí en estos lugares de fontanal se alimentan los espíritus fuertes. En el siglo XXI se augura, y no sólo por parte de los astrólogos, que habrá en él una espiritualización formidable.

Como no podía ser menos en el comienzo de un milenio, la atmósfera que reina en el mundo es contradictoria e inextricable – en unos sitios es prometeica, con grandes fuegos y manos tendidas hacia las estrellas, en otro es apocalíptica, con sentimientos de culpa que remuerden la consciencia. El planeta está adquiriendo un aura nueva, una epidermis más sensible. Los titanes actúan y padecen en el tiempo y con el tiempo. Asimismo, lo acortan y lo alargan. El movimiento se hace cada vez más preciso y a la vez gira sin fin; los ruidos se convierten en una tortura y a la vez en una amenaza. Las noches están pidiendo un Bosco. Quien entra en esta posada queda afectado por todo lo que en ella ocurre. A eso corresponde la esperanza de que alguna vez quedemos liberados de la posada de este mundo, de que estemos en ella sólo en calidad de huéspedes –dijo Jünger. Por tanto, la voluntad de poder del Ciberleviatán tiene sed de dominio y de sangre. Ha traído una dimensión nueva a nuestra vida. La conversión del hombre en número o en objeto, la velocidad, el automatismo y los espejismos de la ciencia y la técnica.

Cuando los algoritmos biométricos y el machine learning, sean capaces de interpretar las emociones, los sentimientos, traerán como correlato la sustitución de la libertad, de la autonomía de la voluntad. Seremos parte de un determinismo cognitivo donde el pensamiento obedecerá a los algoritmos matemáticos. En el orden del mundo vemos como los algoritmos son el instrumento a través del cual, las corporaciones y la tecnocracia manejan los bienes transables en el mercado de valores - (energéticos, metales, alimentos e insumos), -con datos. En este orden, la numerifición del mundo está permitiendo una nueva naturaleza del capitalismo global; está generando una riqueza sin propiedad; ya que los datos no poseen propiedad. Por tanto, es necesario en esta esfera de la vida saber dónde reside lo mío y lo tuyo y, delimitar el espacio público de los datos. Ahora bien, quien controla la información o los datos, hace parte del ejercicio del poder. Así, las empresas tecnológicas se desarrollan exponencialmente.

Además, lo que unas décadas era una fantasía, ahora se ha convertido en la realidad del presente. Donde los riesgos distopicos están ahí y convivimos con ellos diariamente. O, en otros términos, las utopías de la revolución tecnológica se están concretando en el mundo de la digitalización. Así que, la tecnocracia que domina el mundo tiene una idea nietzscheana del hombre que se expresa en el transhumanismo o el poshumanismo. Una idea global y tecnológica que diluye los límites, los contornos que diferencian al uno del otro, a una cultura de otra y, esto es sumamente grave, porque hace volar por los aires como una costra seca, la coherencia de nuestra cultura y civilización. Aquello que da razón de ser a la esencia de lo humano en una cultura determinada.

Lasalle plantea que el modelo del capitalismo global -basado en las tecnologías de la información, la digitalización, el algoritmo-, posibilita un capitalismo cognitivo que despoja al poder político de las tomas de decisiones y neutraliza la democracia liberal parlamentaria. Así pues, posibilita la concentración de la riqueza mundial. En consecuencia, el capitalismo global donde prevalece la cognición y la digitalización, fomenta la concentración del poder y la riqueza en una selecta minoría.

Las cuestiones que la humanidad expone a la naturaleza o, a la vida, están condicionadas por el estadio de su producción. Es el ámbito en el que fracasa el conocimiento científico y la <<cultura del artificio y digital>>. En el desarrollo de la técnica hemos percibido los progresos de las ciencias naturales, biológicas o digitales, pero no los retrocesos de la sociedad. Dice Walter Benjamín al respecto: las energías que la técnica desarrolla más allá de ese umbral son destructoras. En primera línea favorecen la técnica de la guerra y de su preparación publicitaria. En consecuencia, en el proceso de desarrollo científico, el ser humano no es consciente de las energías destructoras de la técnica.
Además, lo que configura la época actual es, un tipo de determinismo tecnológico que se presenta a los seres humanos como autónomo y libre. Así, el desarrollo del capitalismo técnoglobal avanza sin control de las apetencias humanas. Los que ejercen el Gran Poder olvidan que existe un resto alquímico en el hombre, que el desarrollo es incapaz de disolver. En los Estados Unidos y en China se está dando un proceso de control social a través de las tecnologías y la Inteligencia Artificial, una forma disciplinización y reglamentación de las sociedades.

Además, el desarrollo tecnológico tiende inexorablemente a un punto disruptivo con lo que <<somos>> o <<hemos sido>>. La experiencia y la memoria histórica son vaciadas de sus contenidos y sólo perdura en el mundo digital, la <<cultura del artificio>>. Y, esto es sumamente grave para la coherencia del Yo concreto, la subjetividad y la condición humana. Porque lo que prevalece en la civilización del artificio es, el dinero, el poder, la esfera de lo útil –lo que se produce o consume-, pero no la utilidad de lo inútil: la literatura, la poesía, la filosofía, las artes, la música, las disciplinas que posibilitan alcanzar la categoría de persona. Y, precisar el interior de todos y cada uno de nosotros.

Ahora, el mundo digitalizado entronca la revolución ontológica y epistemológica con el desarrollo de la técnica. La naturaleza del ser-en-la tierra y su forma-de-ser, se trastoca y afecta la esencia del ser-de-lo humano; esto es, el tejido del Yo concreto y la subjetividad. Por tanto, la percepción de la realidad, de la historia, la experiencia, la ética, la moral y la cultura, se sustituye por la base de datos y los algoritmos. La esfera política disuelve en las redes globales, la identidad, la pluralidad de la ciudadanía, el discurso –tal como lo percibe Hannah Arendt: Dónde quiera que esté en peligro el discurso, la cuestión se politiza, ya que es precisamente el discurso lo que hace al hombre un ser único.

Si ajustamos el discurso a las necesidades del pensamiento científico, el discurso dejaría de tener significado, ya que las ciencias de hoy utilizan un lenguaje de símbolos matemáticos que, si bien, al principio eran expresiones abreviadas del discurso hablado, ahora contiene otras expresiones imposibles de traducir a discurso. Así pues, los científicos se mueven en un mundo donde el discurso a perdido su poder […] Tal vez haya verdades más allá del discurso, y sean de gran importancia para el hombre en singular, es decir, para el hombre en cuanto no sea un ser político, pero los hombres en plural, o sea, los que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan, y se sienten unos a otros a sí mismos.

Vivimos en el mundo de la automatización, que libera al hombre del trabajo y la servidumbre de la necesidad; el progreso científico y el desarrollo técnico sólo han sacado partido de la liberación del trabajo, que otras épocas ya han experimentado. El deseo de liberación de la “fatiga y molestias”, no es moderna sino tan antigua como la historia registrada. La realización del deseo puede ser contraproducente; se trata de una sociedad de trabajadores que está a punto de ser liberada de las trabas del trabajo, y dicha sociedad desconoce esas otras actividades más elevadas y significativas por cuyas causas merecería ganarse la libertad. Esas causas en la actualidad son: el maquinismo, la robótica, la Inteligencia Artificial, los lenguajes digitales, los algoritmos, etc. Nos enfrentamos a una sociedad de trabajadores sin trabajo, es decir, sin la única actividad que les queda.

La cultura del artificio, la digitalización algorítmica, están configurando unas categorías políticas, morales, éticas, sociales, económicas, que responden a los intereses de las corporaciones, el capital financiero internacional, el Gran Poder y no a las necesidades más apremiantes del ser humano. Además, al perder el hombre el contacto con el otro, la sentimentalidad y el espíritu, se reemplaza por el mundo de la instrumentalización y las funciones. Y los sentimientos como el dolor, la crueldad, el sufrimiento o la muerte, se materializan. En un mundo como éste las maquinas se constituyen en los instrumentos adecuados para solucionar los problemas sociales. Cada vez más, las matemáticas y la estadística sustituyen al hombre de carne y hueso en la libre voluntad, la elección y las tomas de decisiones. En la esfera política observamos como la aclamación reemplaza a la libre elección. Por eso, se observa en la práctica política una crisis de la democracia parlamentaria liberal.

La Salle cree que la esclavitud de la antigüedad se está sustituyendo por la esclavitud de las máquinas y los robots. Así que, los esclavos del siglo XXI serán los robots. Se trata, de otra parte, de darle un sentido humanístico a las máquinas; sino los trabajos manuales se sustituirán por robots. Los trabajos técnicos remplazarán a las disciplinas liberales y esto creará una crisis humanitaria que va desde la supervivencia a la disolución de las clases sociales y la personalidad. Somos parte de una época de desconcierto y zozobra por lo desconocido, y, a la vez, de esperanza en lo venidero. En cada época, el pasado es la tendencia que el cadáver deja tras de sí. Cada época sueña con la que viene y soñando se acerca a un nuevo despertar.

lunes, 8 de julio de 2019

La cultura occidental frente a la revolución digital.


            

                                                                                            I


Antonio Mercado Flórez


José María Lasalle acaba de publicar un texto que titula: Ciberleviatán, el colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital. Donde devela que los datos y algoritmos conforman un binomio de control y dominio de la técnica sobre los seres humanos. Este ejercicio del poder desemboca en la administración matematizada del mundo. El sujeto de la Ilustración y la democracia representativa, tal como los valores y la civilización de Occidente, están en jaque. La técnica reemplazó al mito en el Mundo Moderno, y su estilo carece magia. Estamos abocados a la disolución del Yo concreto, la coherencia de la personalidad por la matematización y la objetivación de la existencia. El mundo reificado hecho por el hombre, es, un mundo artificial que responde a las élites gobernantes - (Facebook, Twitter, VK, Snapchat, Messenger, Pinteres, etc.); y, los operadores más grandes de las telecomunicaciones: AT y T, NTT, T, Verinzón, Telefónica; en este orden, también las organizaciones y corporaciones transnacionales-, no a las verdaderas necesidades morales, espirituales y materiales de la sociedad global.     

Así pues, se avecina un reino político desprovisto de ciudadanía, sin derechos y libertades. Una época donde se extinguirá la democracia liberal y los principios de la Ilustración. Se instaurará una era mítica tal como la imaginó Hesíodo, de una raza de humanos sometidos al orden y a la seguridad. Una época donde el libre albedrío y la alteridad, la disensión y la crítica, serán vistos como rupturas con el statu quo, las reglas del juego político y el orden social establecido por las minorías selectas. Primará un mundo de fibra óptica y tecnología 5G, dominado por una visión poshumana. Que trasciende el concepto de hombre que hemos heredado de la cultura Grecolatina y Judeocristiana.

El mundo que evoluciona tras la tendencia que la técnica deja tras de sí, es, el de la revolución digital, la robótica y la velocidad. Un mundo que trae consigo una nueva experiencia de la realidad y de la vida. Una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre al tiempo que ese enorme desarrollo de la técnica […] Pero desde luego está clarísimo: la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo […] ¿Para qué valen los bienes de la educación si no nos une a ellos la experiencia? […] Sí, confesémoslo: la pobreza de nuestra experiencia no es sólo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general […] La pobreza de la experiencia: no hay que entenderla como si los hombres añorasen una experiencia nueva. No; añoran liberarse de las experiencias –dijo Walter Benjamín.

En el siglo XIX el mundo fue sacado de sus goznes y encajado en la ciencia […] En el saber están a punto de producirse modificaciones que aún no cabe calibrar […] La tarea se vuelve anónima, también más peligrosa. Pronto empezará a hablar la materia misma, tras haber estado largo tiempo mascullando […] Las grandes inflexiones de la historia van precedidas de tiempos de transición; las dinastías, de interregnos. Los nuevos valores no están aún vigentes, los viejos ya no lo están –escribió Ernst Jünger. Esto produce en las personas una sensación de desamparo, confusión y caos.

Ahora, ¿Cuál es el papel de la historia, el pensamiento y el lenguaje, en un mundo técnodigitalizado? ¿Cuál es el lugar del hombre en la esfera pública y política, donde predomina la vigilancia, el miedo, el orden y la seguridad? ¿Se trata entonces de la interiorización de la técnica como parte sustancial de la idea de hombre? ¿Dejaría el ser humano el centro del mundo y lo ocuparía la robótica, la digitalización, los algoritmos, la automatización? ¿Qué consecuencias traen en la naturaleza del ser y del existir, el pensar y la experiencia? Son preguntas que están en la atmósfera que respiramos en la cotidianidad. Y, el ser humano trata de dar las respuestas adecuadas de acuerdo a sus necesidades vitales y espirituales.

José María Lasalle traza siguiendo las propuestas posmodernas de Jean-François Lyotard, algunas directrices el pensamiento posmoderno supera las variables que definen la Ilustración del siglo XVII y la Época Moderna. Lyotard plantea que la condición posmoderna es el final de las grandes narrativas, que han interpretado el mundo y la existencia dentro de un relato coherente de progreso y racionalidad. Para Lasalle la estructura y el funcionamiento intelectual de la Ilustración en la actualidad, es insostenible debido a los avances tecnológicos y los cambios posindustriales que priorizaron las telecomunicaciones de la sociedad de la información. La crisis de los relatos y de la Ilustración según Lyotard, dinamita el concepto de progreso, de razón y configura en la esfera política el fracaso de los gobiernos (su institucionalidad) y la legitimidad de las sociedades abiertas, por estar insertas en una crisis de identidad.

Según Lasalle el humanismo y la posición del hombre en el mundo, la cultura y la civilización occidental, son desplazados como ámbitos de interpretación por una visión científica donde prevalece la técnica y la voluntad de poder. Donde la revolución de la <<cultura del artificio y digital>> arrastra tras de sí, la visión posmoderna en que se configura un nuevo poder y los problemas humanos se solucionan con datos que manejan las maquinas. Para Lasalle los datos que genera Internet y los algoritmos que los selecciona, discrimina y organiza para nuestro consumo, componen un binomio de control y dominio. Así, los seres humanos adquieren una fisonomía donde prevalece la parálisis del pensamiento, la incapacidad de juzgar, de criticar y de decidir. Las maquinas gestionarán nuestras vidas como “objetos” a través de una base de datos.

Tiene razón Jünger cuando expresa: la carga que hay en la atmósfera es de naturaleza plutónica y eléctrica. El hecho de que se trasmitan imágenes y sonidos en el cinturón eléctrico que ahora rodea a la Tierra, es un detalle secundario y discrecional en comparación con el hecho de que el cuerpo sea traspasado por ondas que llegan hasta los átomos, incluidos los del cerebro. De ello tampoco quedan libres, claro está, ni los vegetales ni los animales ni los minerales. A pesar de todo ello, hay que tener presente que, los aparatos no pueden sustituir la presencia del ser humano.

Por la revolución en la <<cultura del artificio y digital>>, la humanidad vive un proceso de mutación identitara. Donde los hombres pierden el espesor y el contorno, porque mutan en pos-humanos programables algorítmicamente. Seres tecnológicos y amorales, al convertirse en objetos o números. Así, lo orgánico y psíquico del hombre se diluye en la Red. En esta esfera, el cinturón eléctrico que rodea la Tierra, disuelve las fronteras y la identidad. Los hombres se convierten en un enjambre masivo sin capacidad de crítica, de análisis, de pensar, de aventura o, de experiencias. De esa forma, se entrega inerte al consumo masivo de aplicaciones tecnológicas dentro de un flujo de información que crece exponencialmente.

Para Lasalle la técnica posibilita la configuración de una figura titánica que instaura una dictadura tecnológica. Un poder que descansa sobre la gestión digital. O, lo que es lo mismo, el rostro del Gran Poder se oculta detrás de la <<cultura del artificio y digital>>. De ahí que la gestión tecnológica ofrezca dos umbrales: la que ofrece orden dentro del caos y seguridad en medio de la catástrofe. Así pues, el protagonista político ya está con nosotros. No hemos tardado mucho en reconócelo y nombrarlo. Es el Gran Poder tecnológico. De ahí que los gigantes de la tecnología como son Estados Unidos y China, giren alrededor de la Inteligencia Artificial, la robótica, los algoritmos, los datos, etc.

Jünger devela el enorme valor que hoy se le otorga a la <<protección de datos>> es un testimonio de que las necesidades de seguridad han crecido mucho. Parece perdida de antemano la batalla de la persona singular contra el <<tratamiento de datos>>, si tenemos en cuenta que, además del Estado, de la sociedad, de la economía y, ante todo, de los medios de comunicación, hay también grupos que se ocupan de examinarnos a todos y cada uno de nosotros con rayos X, hasta en los menores detalles. Eso comporta que siempre <<haya algo>> contra uno […] La protección de datos podrá a lo sumo suavizarla algo, pero no podrá hacer nada contra la <<númerificacion>>. En cuestión de segundos se averigua quien es una persona individual. De ello depende que pueda atravesar o no una frontera.

El Gran Poder que ejercen las tecnológicas digitales, es, anónimo y desconsiderado, amoral, ya que acumula una cantidad de energías desproporcionadas, y además no necesita la fuerza ni la violencia, para imponer las reglas de juego, como tampoco unos relatos para legitimar su práctica social. Dice Lasalle al respecto: se vale del monopolio del ejercicio del poder basado en una estructura de sistemas algorítmicos que instaura una administración matematizada del mundo. Esto hace que la participación del individuo en la sociedad vaya convirtiéndose cada vez más en una participación estadística. Son climáticas las causas de tal <<númerificacion>> o <<conversión en cifras>>; es preciso buscarlas por debajo de la esfera política, buscarlas incluso por debajo del lenguaje –dijo Jünger.

Estamos inmersos por la revolución tecnológica en las comunicaciones y la digitalización como en un sistema totalitario. Como consecuencia del colapso de nuestra democracia liberal y el desbordamiento de nuestra subjetividad. Esto se constituye en una mutación antropológica que altera la identidad cognitiva y existencial de los seres humanos. Se está dando una mutación en el <<ser>> y el <<existir>> del hombre sobre la Tierra. O, en otros términos, una mutación epistemológica y ontológica del ser humano. Está provocando una revolución ontológica que afecta la naturaleza del ser humano, cambia nuestra subjetividad, el lenguaje natural por el artificial, crea relaciones humanas inconexas donde prevalecen las redes sociales, el dinero o el poder; y posibilita que el cuerpo se retire de la percepción de la realidad y de la vida. Ora, en términos políticos diluye los ideales de la Revolución Americana y Francesa y la idea de ciudadanía plural. Por una libertad vigilada que controla y coacciona al ser humano y que atenta contra el Estado de Derecho y sustituye la ley por los algoritmos.

Piensa Lasalle que para el siglo XXI, es, inevitable la aparición de un Ciberleviatán. Éste traerá malestar, incertidumbre y miedo, porque ruptura los relatos establecidos, el statu quo y volatiza los puntos de orientación y las bases materiales o teóricas, donde nos asentamos. Instaurará una dictadura sin violencia sin tortura, estableciendo un nuevo orden de vida. Así que, en la esfera política (del ciudadano, el Estado, las instituciones y la sociedad), no habrá ni debate ni conflicto, como producto de una necesidad requerida por la aclamación y no por la deliberación, la crítica y el juicio. Es una civilización tecnológica que responde a las apetencias de una selecta minoría que gasta y concentra la energía del mundo actual. En una civilización como ésta los únicos lamentos que se escuchan no son los de los afligidos y menesterosos, sino los de los poderosos.

viernes, 5 de julio de 2019

DEL NACIONAL-POPULISMO AL NEOFASCISMO EN LA ACTUALIDAD


       



Antonio Mercado Flórez



Quien iba a imaginar hace veinte años que los principios de la Ilustración (la libertad, la igualdad, la fraternidad, la autonomía de la voluntad), y la democracia liberal, iban a estar cuestionados nuevamente. Sabemos que la época moderna surge con las ciencias naturales del siglo XVII, y llega a su máxima expresión política con las revoluciones del siglo XVIII y despliega sus aristas hasta después de la Revolución Industrial; y se distingue del mundo del siglo XX, porque llegó a la existencia a través de la cadena de catástrofe ocasionadas por la Primera Guerra Mundial. 1 En el siglo XX se produce la <<ruptura de nuestra historia>>, que nace de un caos de incertidumbres masivas en la escena política y de opiniones masivas en la esfera espiritual, que los movimientos totalitarios, merced al terror y la ideología, hicieron cristalizar en una nueva forma de gobierno y dominación […] La dominación totalitaria […] rompió la continuidad de la historia de Occidente. La ruptura de nuestra tradición es hoy un hecho consumado. 2

Como expreso en mi libro <<Sobre el dolor, el miedo y la muerte>>, que los rasgos que tejen a Europa en la actualidad son semejantes en algunos aspectos, a los que precedieron a la Segunda Guerra Mundial: <<Un conjunto de potencialidades mentales y físicas, de nuevos elementos híbridos con sus variantes, demasiados numerosos como para poder medirlos>>, se entrelazan a la cultura occidental: emigración que huye de la violencia, el hambre y la falta de oportunidades, la falta de libertad y la guerra. También el desplazamiento de europeos empobrecidos en el interior de su territorio. Con políticas neoliberales de recortes y austeridad, que destruyen el Estado de Bienestar y benefician a los monopolios, los mercados financieros desregulados, la precariedad del trabajo, la privatización de los bienes públicos, la educación y la salud etc.

Asimismo, el descontento social ante las desigualdades extremas, el débil crecimiento económico, el estancamiento de algunos Estados; también los conflictos políticos internacionales que se expresan en el juego de la geopolítica, el proteccionismo y las guerras en la esfera del comercio. Este estado de cosas, contribuye a fomentar un pesimismo y una desidia en la vida privada y pública de las personas. Se tiene la sensación que hemos llegado al fin de un siclo histórico y que la humanidad entra a un túnel oscuro donde prevalece la inseguridad, el miedo, la desolación, con el futuro que se avecina. Ahora bien, es necesario comprender y articular estos aspectos socio-económicos, históricos, políticos, étnico-religiosos con el espíritu de la cultura occidental. Y, además, percibir, analizar y reflexionar, estas variables en su Cultura.

Estamos asistiendo en las sociedades occidentales, a una crisis de la democracia representativa liberal. Provocada por la globalización, las burbujas financieras que traen como consecuencia el aumento de la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la exclusión social, el hambre, en los países avanzados. Que han posibilitado el auge de los movimientos nacional-populistas indignados con el Sistema, con soluciones simples para problemas complejos. Además, cómo las innovaciones tecnológicas y sociales destruyen el orden emanado después de la Segunda Guerra Mundial. Que se conoce como la Unión Europea, en el que prevalecen los principios de la Ilustración y la democracia representativa.

En una entrevista reciente el autor del libro <<Ciberleviatán, el colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital>>, José María Lasalle decía: La revolución digital está siendo una revolución ontológica, que afecta a la esencia de lo humano, cambia nuestra subjetividad, provoca por primera vez en la Historia que el cuerpo se retire de la percepción directa de la realidad. Es también una revolución política, que está triturando los ideales de la Revolución Francesa y la construcción de la idea de ciudadanía por la mayoría de edad, y propone una libertad asistida que sustituye la ley por los algoritmos. Y supone otro cambio radical: sustituye a la Revolución Industrial: el modelo de desarrollo económico basado en el capital y el trabajo está arrojando al trabajo y sustituyéndolo por IA y la robótica. La mayor revolución de la historia se está produciendo ahora. Y está empezando por nosotros mismos.

El nacional-populismo, es atávico, primitivo, porque desea regresar a las fuentes de la religión, la lengua y la cultura: y, de otra parte, se vale de una simbología política y ritual, que exalta la nación, la raza, la lengua, la tradición, y tiende inexorablemente a repudiar lo diferente, lo diverso, aquello que <<ruptura>> la homogenización. Niegan el universalismo de la Ilustración en beneficio de la nación, la lengua y sus mitos propios. Viven en una esfera política y espiritual, que alienta la xenofobia, el racismo, la discriminación, el rechazo a la pluralidad y crean chivos expiatorios para justificar el neofascismo. Porque los extremistas lo que desean es romper la cohesión social, la convivencia y el respeto al otro. O, en otros términos, buscan destruir la democracia representativa, la libertad, la igualdad, en beneficio de una <<selecta minoría>> que concentra y gasta la energía. Una de sus categorías consiste en buscar los extremos para polarizar a la sociedad y crear la desinformación y el caos en la esfera social y política. Porque responden a la ideología y los principios nacional-populistas, cual viento fétido y frío como la muerte recorre a Europa y todos los países del mundo.

Sabemos que la globalización liberal que se puso en marcha a finales del siglo pasado, entró en una época de crisis y de implosión. Por eso, es necesario un nuevo Modelo de Desarrollo que responda con políticas reales y concretas, a las verdaderas necesidades morales, espirituales y materiales, de las sociedades globales. También fortalecer la democracia liberal representativa que apueste por políticas sociales y económicas, que contribuyan a reducir la brecha que deja tras de sí la globalización económica de las élites del mundo. Políticas de integración, solidaridad, tolerancia, respeto y dignidad, en la esfera pública y social, con las minorías y los más necesitados de la sociedad.

De ahí que, el ideario nacional-populista carezca de programas y se valga de los instrumentos y los medios de la <<cultura del artificio y digital>>, para descalificar, calumniar, excluir, y recurrir a un lenguaje demagogo llamando a la unidad de la nación, denunciando la decadencia de los partidos tradicionales y a la recuperación de los valores, las tradiciones y creencias, que posibiliten la grandeza perdida de la nación. El principio de la retórica demagoga del nacional populismo neo-fascista, se centra contra los fundamentos de la Ilustración y la democracia representativa, el rechazo a la igualdad, la tolerancia y a la diversidad de la ciudadanía.

Así, los fundamentos de la Ilustración y la democracia representativa luchan en dos frentes: la revolución digital que es a la vez una revolución político-social, económica-cultural, desea convertir a los ciudadanos en números u objetos, para que respondan a la secuencia de los algoritmos. Donde la visión de la élite tecnocrática de la <<cultura del artificio y digital>>, se concatena con la de Nietzsche y Spengler sobre la voluntad de poder. Donde se exalta la superioridad de las fuerzas activas sobre las reactivas, como un rango inmutable e innato de la jerarquía: el problema de la jerarquía es el mismo que el de los espíritus libres. Esto es: ser un animal depredador, un ser de rapiña, que domina y somete al otro, que coacciona y mata. Spengler considera que la técnica (la <<cultura del artificio y digital>>), es la táctica de la vida entera. Es la forma intima de manejarse en la lucha. Así, la técnica es la forma de afirmase luchando, venciendo y aniquilando.

Se trata como pensó Ernst Jünger, que la maleabilidad del valor técnico en cuanto fuerza despersonalizada no brote la posibilidad abominable de que la mediocridad <<vaya asociada a un poder funcional enorme>>. Donde las élites gobernantes y su civilización se sobrepongan al realismo histórico de la humanidad, empleando a la técnica como una fuente de penurias, de sinsentido y de nihilismo planetario. Jünger es un escritor que sigue en algunos aspectos el pensamiento de Nietzsche y Spengler, y encarna un nuevo tipo humano, que propone la superación del individualismo burgués y del hedonismo. Esta superación sólo puede ser entendida en una vía nietzscheana: a la universalización del nihilismo corresponde una universalización de la técnica.3 La técnica no sólo desgarra las lenguas naturales, sino que se convirtió en lenguaje universal. Esa es una de las razones que la técnica reemplace al logos y al mito en la modernidad.

Porque lo que llama la atención en las utopías de nuestro siglo es que se presentan con el estilo de la ciencia y la técnica; y, además, que son pesimistas. No hay en ellas magia con la técnica basta […] La técnica ha evolucionado hasta el punto de transformarse en un lenguaje mundial; ello hace que la participación de los individuos en la sociedad vaya convirtiéndose cada vez más en una participación estadística.4 Con la revolución de la <<cultura del artificio y digital>>, el mundo se transforma en un ágora en el que, de un día para otro, los llamados medios anticipan la opinión. Los oyentes se cuentan por millones, hablan muchos idiomas; de ahí que las imágenes no sean simples ilustraciones, sino lo principal. Los efectos que ellas causan son más fuertes que los causados por las palabras. El planeta ha adquirido un aura nueva, una epidermis más sensible. Las ondas, en sí carentes de lenguaje, están a disposición de cualesquiera texto e imágenes, que golpean con la virulencia de la ola al romper.5

Jünger señala en el texto La emboscadura, que la técnica está dejando atrás su período titánico, para ser reemplazada por una era de bienestar universal dominada por el símbolo del burgués. A ello se agrega en la posmodernidad el surgimiento de una sociedad individualista, narcisista y hedonista que rechaza sobre todas las cosas la doctrina del gran dolor y de las fraguas de Vulcano en que se asienta toda genuina grandeza y toda <<política universal de gran estilo>>.Nietzsche y Spengler, las fuentes de las que bebe el nacional-populismo neo-fascista actual. Porque no creen en la cultura humanística, en la Ilustración y la democracia representativa. Sino en la cultura de la violencia y del odio, de la discriminación y el racismo, el dominio del fuerte sobre el débil. Porque creen que este tipo de hombre dispone de grandes medios que contrastan con la mediocridad; ese hombre que cree a pie juntillas en los periódicos, la televisión y las redes sociales, pero desdeña mirar lo que está escrito en las estrellas.7

En este orden, vemos en Europa, EE. UU. y Latinoamérica, que emergen movimientos de nacionalistas de derecha que ganan espacio, porque los partidos tradicionales no han sabido manejar las consecuencias de la crisis financiera de finales del siglo pasado, la des-regularización de los mercados, el desempleo, la privatización de las políticas neoliberales, el hambre, la falta de educación y salud públicas, que la globalización deja tras de sí. Son movimientos autoritarios y violentos, que alientan la islamofobia, el antisemitismo, el populismo, el conservadurismo, el nacionalismo y el desprecio a la pluralidad de la ciudadanía. Así, los problemas sociales se sustituyen por problemas religiosos, identitarias y étnico-culturales. Y, la crítica y la oposición al Sistema, devela que llega un momento en que los problemas como tales proporcionan únicamente molestias. Por ahora, más bien que ser planteados, son liquidados en estado embrionario: es una consecuencia de la aceleración y la intolerancia. Están multiplicándose los sectores en que los problemas son resueltos por las máquinas y la violencia.8

A saber, el espíritu de la cultura occidental está amenazado, pero lo que ahora causa consternación es, que, en nombre de los valores y principios que le dan la razón a su existencia, el nacional-populismo, lo fracture en nombre del neofascismo, el antisemitismo y la xenofobia. Sabemos que el logos se ha situado en su nivel material y responde a las necesidades del Gran Poder y el pensamiento se deteriora; de ahí que, mucho más frecuente que la espiritualización, que libera del miedo, es el aumento de la sensibilidad, que lo hace crecer.9 Por eso, el catálogo de las cosas posibles está siempre ahí –para que una posibilidad salga a escena es preciso que se la acepte.10 Y, esa posibilidad nos advierte que se acercan tiempos aciagos. <<El más incómodo de los huéspedes ya está a las puertas>>, escribió Nietzsche. No es un monstruo mitológico, un Leviatán, cuya irrupción marcará inevitablemente el fin de los tiempos. Porque no hemos tardado mucho en reconócelo y en nombrarlo. Ahora sabemos dónde está situado. Su nombre es autoritarismo, populismo, neofascismo, el imperio del lucro y del miedo, la trivialización de la vida y de la muerte.

                                                          


                                                                        Bibliografía


1.      1. Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política.    Ediciones Península, Barcelona 2016, pág. 47.
2.    2. Ib. pág. 46.
3.     3.De Benois, Alain. Ernst Jünger y El Trabajador. Una trayectoria vital e intelectual entre los dioses y los titanes. Ediciones Barbarroja, Madrid 1995. pág. 7 y 8.
4.       4.Jünger, Ernst. La Tijera. Tusquets Editores, S.A. Barcelona 1997. pág. 74.
5.     5.Ib. pág. 75.
6.    6. DE Benois. Ib. pág. 12.
7.     7. Ib. pág. 12.
8.    8. Jünger. Ib. pág. 184.
9.     9. Ib. pág. 141.
10 Ib. pág. 173