viernes, 24 de abril de 2015

IMRE KERTÉSZ: LA PALABRA COMO DOLOR Y LLAMA QUE CONSUME.


                                               Con afecto a:
                                                                      Edgar Bonett Villareal.



<<Cuando uno logra la independencia interior, no tarda en conseguir también la exterior>>.
                                                                                             I. Kertész



Antonio Mercado Flórez
 
    
   Imre Kertész, escritor húngaro, Premio Nobel de Literatura de 2002, dice que su “experiencia negativa” de Auschwitz y su ser judío, lo induce a tener conciencia de una iniciación más profunda en el conocimiento del ser humano y la situación del hombre en la época actual. Considera que el acontecimiento más grave y quizá no del todo valorado en el siglo XX,  es el del lenguaje.  Se contagió de las ideologías y se convirtió en un instrumento sumamente peligroso. Señalaba que Wittgenstein, en sus apuntes publicados bajo el título de Cultura y valor, consideraba que en tales casos conviene retirar una u otra expresión de la lengua y “mandarla a limpiar” antes de usarla de nuevo. Como dijo Paul Celan en su discurso de concesión del Premio Literario de Bremen: la lengua “tuvo que atravesar las miles de oscuridades del discurso mortifico”. Así que, los gobiernos totalitarios de izquierda o, de derecha del siglo XX, utilizaron el lenguaje como instrumento de persuasión, dominio y control. Crean una lengua artificial falsa, que no sólo niega la realidad sino la existencia misma de la sociedad.
  
   Saben del poder de seducción del lenguaje para convertir las masas en algo amorfo y abstracto. Son conscientes que el lenguaje se apropia de la mente y del espíritu del hombre. Sí eso sucede, éste “sólo muestra una caricatura de nuestros pensamientos”. En un Estado autoritario somos marionetas manejadas por un poder abstracto, preciso y frío, como el viento no se sabe de dónde viene y para donde va. Además, Kertész en un momento de postración absoluta, toma consciencia de su situación: fue como una caída inesperada –dice- al pozo sin fondo del sometimiento, del miedo, del desprecio, de la condición de extranjero, del asco y de la exclusión.1

   Durante el siglo XX, los gobiernos totalitarios se valen del lenguaje, del concepto de nación, de la cultura, la raza, la patria, del enemigo interno o externo, para legitimar el horror y la barbarie. El Estado y el poder son como un espejo de varias lunas, donde la realidad se percibe sólo por imágenes. “El Estado nunca puede ser nuestro […] El Estado –dice Kertész-, es un poder que guarda en su seno posibilidades secretas y terribles, que a veces más, a veces menos, se disimulan o se moderan, un poder que en raras ocasiones y por breve tiempo puede desempeñar incluso un papel saludable, pero que ante todo y sobre todo sigue siendo un poder al que hemos de enfrentarnos, que –cuando el sistema político lo permite- hemos de civilizar, controlar, tener a raya e impedirle en todo momento que sea lo que debe ser por su naturaleza: puro poder, poder estatal, poder estatal total”.2

   Si la lengua posibilita independencia intelectual y libertad de autodeterminación. Pensar la época actual en su cultura, permite sondearla desde el umbral del arte, la religión, la música, la filosofía; también trascender las barreras idiomáticas y, el exilio en otra lengua extranjera. “El hecho de que la política y la cultura sean opuestas –llega a decir Kertész-, es un fenómeno del siglo XX. Si la política se desvincula de la cultura llega a alcanzar dimensiones de poder, casi absolutos, que conducen a destrucciones nunca antes vista: en vidas humanas, bienes materiales y el interior del ser humano”. Donde el poder más daño hace es en el espíritu del hombre. Porque allí descansan las fuentes primordiales del lenguaje y el pensamiento. Por eso, la política trastoca la cultura por un instrumento horroroso y servil, la ideología. Como expresa Imre Kertész, “en el siglo XX, el terrible siglo de la pérdida de valores, se convirtió en ideología todo en cuanto un día tuvo valor. Pero más peligroso para el hombre, fue que la masa moderna, que nunca participo de la cultura, absorbe las ideologías como si fueran cultura”.3 Los motivos son diversos, la “masa surgió precisamente en el transcurso de una de las más profundas crisis de valores de la civilización occidental”.4

   Piensa que el protagonista de su novela no vive su propio tiempo en los campos de concentración, porque no posee ni su tiempo ni su lengua ni su personalidad. No recuerda, sino que existe. Por tanto, el pobre debía permanecer en la monótona trampa de la linealidad y no podía liberarse de los detalles penosos.5 Al fin y al cabo, la técnica del horror en los campos de concentración vuelve la naturaleza del hombre contra la propia vida. Entonces el hombre se denigra así mismo, por la supervivencia. Por lo acaecido en el siglo XX, “es como sí mirásemos el mundo derrotados y desorientados después de una noche de pesadillas". Kertész decide "elevarse a través del sufrimiento: así se vuelve más comprensible el mundo”. Ahí están las palabras del poeta católico húngaro János Pilinszky, que confirma lo que expresa Kertész: "Lo vivido en el transcurso de los últimos sesenta años es una especie de “escándalo”, porque se produjo en un ámbito cultural cristiano y, por tanto, resulta insuperable para el espíritu metafísico".

   Como dice Ernst Jünger: “El espíritu que desde hace más de cien años viene dando forma a nuestro paisaje es, de ello no cabe duda, un espíritu cruel. Deja sus huellas también en los seres humanos, en los que elimina los lugares blandos y endurece las superficies de resistencia. Nosotros nos encontramos en una situación en la que todavía somos capaces de ver las perdidas; aún sentimos la aniquilación del valor, la superficialización y simplificación del mundo”6. En consecuencia, el mundo del horror segrega “una inteligencia precisa, de buena calidad. Hay en todos los asuntos de la práctica un cierto número de seres humanos que forman parte de la pequeña y bien diseñada ruedecita que da impulso y trabajo a la obra”.7 Y, ésta funcionó cabalmente, en el totalitarismo de izquierda y de derecha. En el nazismo y el estalinismo funcionaron a destajo y con la precisión del reloj. En  un mundo como este, “el mero sobrevivir representa ya un mérito”.

   Las palabras de Ilse Aichinger parecen tomadas de la ficción kafkiana, pronunciadas durante la concesión del Premio Nacional Austriaco: “La inseguridad ante el Estado –cualquier Estado-, la inseguridad ante los departamentos y oficinas de la administración pública, ante los edificios siempre oscos y clasicistas que albergan ministerios y autoridades y los correspondientes negociados y despachos –y en caso de guerra incluso las oficinas de registro civil-, esa inseguridad surgió en mi muy temprano. Como casi todos los niños preguntaba mucho. Pero nunca pregunté nada respecto al Estado; tenía la sensación de que el Estado posee demasiadas caras, que una cara tapa a la otra y que cada órgano estatal se mantiene alerta para defender al otro. Así las cosas, la persona difícilmente saca algo en claro”.

   Kertész piensa que el autoritarismo, el poder Total, visto desde fuera, es un absurdo y desde dentro, la perspectiva que ofrecen las víctimas. “Porque sólo estas dos actitudes, la de la utopía rechazadora y sobre todo la de la existencia de las víctimas, superan el mundo cerrado del totalitarismo y vincula este mundo mudo e insalvable al mundo eterno de los seres humanos”.8 El poder produce cierta pasión, cierto placer, una atracción fascinante y hay que estar preparado, psicológica y culturalmente, para no caer en sus espejismos. En un mundo atroz y espeluznante como el totalitario, ¿Qué espera la existencia de las víctimas? ¿Un lugar donde refugiarse, aún del asedio de sus pensamientos y fantasmas? ¿Un lugar donde refugiarse de la expiación y la culpa, tal como los personajes de la ficción kafkiana? En este ámbito atroz y maligno, ¿Dónde queda la influencia del arte, la religión, la música, la civilización, en los asuntos humanos? Aquello que llaman Cultura, o sea, la creatividad universal de una comunidad más o menos grande, y el esfuerzo del hombre por ser mejor y más perfecto parecen simplemente abolidos.
   
   Así, la ausencia de espíritu queda reflejada en una terrible falta de alegría, el lamento mudo del ser humano que luego busca expresarse a través de frenéticos excesos. Y, Kertész reitera desde lo hondo de su corazón: “Formo parte de quienes participaron en las experiencias históricas y humanas más graves de este siglo”. Una experiencia que asocia a la necrología. Para Ernst Jünger, la técnica sustituye el mito en la modernidad; en cambio, en Kertész, la mitología moderna empieza con un punto negativo: Dios creó el mundo y el ser humano creó Auschwitz.
  
   Kertész nos enseña que en un Estado Total, ¿Quién no ha sentido la indefensión y la soledad, la depresión y la angustia, el miedo y el dolor, cuando el espíritu se contrita? La ausencia de espíritu refleja una terrible falta de alegría y cuando una persona llega a una postración espiritual radical, lo invade la oscuridad absoluta; y la nada se apodera de la vida. Entonces reina la apatía y la desesperanza. Se trata que el espíritu se postre, se denigre y las fuerzas del destino lo empujen cuan trapo sucio, al vientre de la sociedad y del Sistema. El lamento mudo del espíritu trata de expresarse en un frenesí de excesos, que expresa las fuerzas primitivas que moran en el interior del hombre.

   Donde el totalitarismo ideológico golpea con más fuerza es en el espíritu creativo del ser humano. Se trata de arrancar de cuajo la sensibilidad, la capacidad de asombro, de análisis y de crítica. “Es precisamente a la luz de la creatividad donde mejor se manifiesta su carácter de absurdo”. Como dijo Theodor W. Adorno: Hay que subrayar especialmente esa idea de que el tardío habitante de la ciudad es un nuevo nómada. Esa idea no expresa sólo temor y extrañeza, sino también la latente ahistoricidad de un estado en el cual los hombres no se encuentran sino como objetos de  incomprensibles procesos, sin ser ya capaces de una continua experiencia del tiempo, sometido como están al violento choque de aquellos procesos y al inmediato olvido de los mismos. Spengler ha visto la conexión que existe entre la atomización y el tipo humano regresivo, tal como se ha manifestado en las explosiones totalitarias subsiguientes: ‘Una miseria espantosa, una barbarización de todas las costumbres de la vida, que están criando ya, entre altillos y bohardillas, en sótanos y patios, un nuevo hombre primitivo, se encuentran en todas esas lujosas ciudades de masas’.10

   En un Estado totalitario se trata de negar la experiencia del tiempo y los procesos vitales, que dan coherencia a la existencia. Que el olvido prime sobre el espíritu, la memoria, la sensibilidad y los movimientos del pensamiento. En un estado de postración espiritual, los que ejercen el poder no solo buscan negar la creatividad, sino también afirmar la objetización y la banalización de la existencia. El trabajo intelectual se considera algo absurdo y entra en las artes de la distracción y la relajación. El juego de las relaciones de poder, de fuerza, el ensimismamiento vital, el placer y la embriaguez ideología, priman sobre la creatividad. La frivolidad y el absurdo cultivado conscientemente, niegan la tensión dialéctica del espíritu y la realidad, en provecho de los juegos de azar, la excitación nerviosa de la conciencia y la pura lógica del trabajo cotidiano.

   El poder de la “sociedad cerrada”, es único y absoluto. Que impele al hombre a entregarse desnudo y desamparado, en los pañales sucios del poder Total. Pero, en el fondo, se trata de liberarlo del manejo responsable de la libertad. Por eso, entrega el cuerpo y el espíritu, al poder Total. Y, esperan que el ser humano diga: entrego lo que tengo, mi cuerpo, mi espíritu, mis pensamientos, mis sueños, mi esperanza, la autonomía de mi voluntad, al partido y al Estado. Pero, ante todo y sobre todo, entrego mi libertad. Así entonces empieza la transformación: “Quién sale de este mundo, pierde su hogar. Pierde el escondrijo, la protección amenazada, la seguridad rodeada de alambradas”.11 El principio del Internamiento y la disciplina de la sociedad,  es la pérdida del “ser” y el “existir”. De hecho, el miedo y la seguridad van estrechamente unidos, por cuanto el ser humano coarta sus propias decisiones en nombre de la ideología y el Estado. En un estado de postración espiritual y mental, hay que recordar las palabras de Ernst Jünger en Radiaciones I: “La historia del hombre se desvía hacía lo mecánico o también hacia lo demoníaco, pero regresa a las normas, formándose así un nuevo equilibrio. El secreto de esto está en que el sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas”.  

   Además, para liberarnos del dominio, del dolor, del miedo, del sufrimiento, hay que vivirlos en su “esencia”, por así decir, porque en la “experiencia negativa” de la existencia, está implícita su regeneración. O, en otras palabras, en la naturaleza del miedo y la esclavitud, encontramos la libertad. Como afirma Walter Benjamín en el libro de relatos Sombras Breves, ¿En qué reconoce uno su fuerza? En las propias derrotas. ¿Reconoceríamos nuestra fortaleza en la victoria y en la fortuna? ¿Quién no sabe que nada como precisamente ellas nos revelan nuestras debilidades más hondas? […] Otra cosa son las series de derrotas en las que aprendemos las fintas para ponernos en pie y en las que, avergonzados, nos bañamos como en la sangre del dragón. Ya sea la fama, el alcohol, el dinero, el amor –allí donde uno se siente fuerte, no conoce ni honra, ni miedo a ponerse en ridículo, ni contención alguna […] Tales hombres viven en su fortaleza. Terrible y peculiar modo de vivir desde luego, pero ese es el precio de toda fuerza. Existencia en un tanque. Si vivimos dentro, nos hacemos estúpidos e inaccesibles, caemos en todas las fosas, tropezamos con todos los obstáculos, hozamos en la inmundicia, deshonramos la tierra. Pero sólo cuando estamos bien embadurnados, resultamos imbatibles.

   Ahora bien, después de la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la URSS, existe la sensación en la atmósfera que respiramos que viviéramos en un mundo sin alternativas. Salvo la del economicismo, el capitalismo global. Un mundo sin principios e ideales. “Da la impresión de que los grandes principios que constituyeron el motor de la creatividad europea, la libertad y el individuo, ya no son valores inamovibles”.12 Se ha instaurado la civilización de la Hybris, del saqueo vital y la posesión inmediata de las cosas. “La existencia está ahí para ser tomada –dice Rafael Argullol-, para ser consumida, y no para llegar a un compromiso con ella”. “Auschwitz demostró que debemos cambiar de forma radical la visión del hombre creada por el humanismo del siglo XVIII y XIX; la dinámica productiva de nuestro mundo, que ha barrido todo, y los correspondientes métodos e instrumentos de dirección de masas parecen arrasar, a su vez, con los restos de la libertad individual. Se ha instaurado un Sistema atroz y abominable, que no responde a los requerimientos del ser humano. Sino a los “centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ellas”.13  

   Kertész piensa que existe, sin embargo, otro lenguaje, más racional o, digamos, más pragmático: el de la economía. Este lenguaje habla de la Unión Europea, de los fenómenos globales, de la política monetaria, de la concentración de fuerzas […] El lenguaje espasmódico de los imperativos económicos se separó de forma natural, por decirlo así, de la religión de Estado, de la ideología, creando de esta manera la religión del cinismo, que a los países del entorno les parecía, para colmo, digna de envidia.14 Se tejió un mundo global conectado en Red, que trastocó la existencia individual, diluyó las fronteras del Estado Nacional e instituyó la técnica como lenguaje mundial. Un mundo que responde al capitalismo global,  la técnica, el mercado, la banca y las financias internacionales. Como expresa Kertész: “Este mundo se ha vuelto pos-moderno, y sus valores son relativos; son meras palabras también, como las otras, pero en el mercado de la nueva gerencia occidental, de la globalización cosmopolita, poseen sus sellos y sus cotizaciones y se pueden vender y comprar. Son palabras que escapan al control; a través de ellas el gran valor de la nación se escurre del país, como otrora el uranio va para el extranjero. Hay que enfrentarse a ellas con un Estado fuerte, popular, nacional y cristiano, que restablezca el sistema de valores y devuelva los roles o, para ser exactos, los cree de nuevo y elija a sus incuestionables interpretes garantes”.15

   Se está dando en la pos-modernidad una trastocación del espíritu lingüístico del ser humano. El logos multivoco, ambiguo, divisorio, contradictorio e infinito; el antiguo legado de Babel, ubicado en lo profundo de la naturaleza lingüística del hombre. Está dando paso al logos situado en su parte material y pragmática: el alfabeto electrónico de la comunicación global y simultánea. Donde prima la imagen, el icono y el número. En la palabra está implícita la imaginación, la memoria, el recuerdo y la creatividad. Por eso, tiene un poder de seducción para los que ejercen el poder en las democracias modernas y para los dictadores. Como expresó George Steiner, En el castillo de Barba Azul, son modos de comunicación autónomos que expresan por sí mismo un creciente campo de tareas activas y contemplativas. Las palabras están deterioradas por las falsas esperanzas y mentiras que han proclamado […] Cada vez más la energía de la información necesaria a una sociedad de consumo masiva se trasmite en imágenes pictóricas. Las proporciones de la distribución entre el margen y el artículo impreso se están invirtiendo. Estamos retrocediendo hacía una disposición de los “espacios de significación” en la cual la imagen pictórica lo va invadiendo todo.16

   Esta trastocación lingüística responde a los requerimientos de la sociedad global y al capitalismo internacional. Así, toda una historia de la lengua, la memoria, el pensamiento y la cultura, está dando paso al lenguaje en Red y a las imágenes. Las imágenes –dice Ernst Jünger, en el texto La Tijera-, son más eficaces que las palabras, no necesitan ser traducidas y actúan de manera directa […] La enorme afluencia de imágenes favorece un nuevo analfabetismo. La escritura es sustituida por signos; es observable una decadencia de la ortografía. La consecuencia que de ello se sigue es una vulgarización de la gramática […] Por otra parte los “escribas”, los expertos en la escritura, por escaso que sea su número, se vuelven aún más indispensable de lo que fueron en la Antigüedad y hasta los tiempo de Lutero […] En cada uno de los niveles es posible una mutación, igual que en cada momento es posible la muerte.17

   La construcción del discurso clásico, el carácter central de la palabra, da paso a las imágenes pictóricas en movimiento. Como escribe Denis de Rougemont en su libro La part du diablo: “Ay, ¡qué hemos hecho de la palabra! En algunas bocas no sirve ni para mentir, se ha hundido a más profundidad que la mentira”. Además, el resentimiento, la caótica mezcolanza que bulle bajo las palabras, es real. Por un lado, se alimenta del miedo, la incertidumbre existencial: muchos intelectuales que lucharon a su manera por la libertad (o por lo que prefiguraban como ella) se dieron cuenta de pronto de que les habían movido el terreno bajo los pies. De hecho, sólo se vino abajo el sistema de valores en que desempeñaban cierto papel. La velocidad vertiginosa con se derrumbó ese sistema los conmocionó. Cuando se levantaron del estruendo de la caída y lograron salir arrastrándose de la nube de polvo del derrumbamiento, el mundo a su alrededor hablaba el lenguaje de las bolsas, los capitales y las mafias.18

   Así pues, el Estado Moderno convierte a la víctima en una pieza que funciona correctamente y tiene como medida destruir, el "Yo", que protesta dentro de él. Llega el momento en que las personas no sólo se sienten apáticas, sin fuerzas sin esperanzas. “Sino que creen que todo está perfectamente ordenado”. No necesitan cuestionar sus preocupaciones, interrogar el mundo, ni el lugar que ocupan en la sociedad, preguntarse sobre su destino y la realidad. Y, entonces la realidad que le presentan, es la más lógica y segura para sus necesidades. De igual modo, la alteridad se percibe como algo anti-natura, porque va contra el Sistema y el orden establecido. Entonces argumenta que renuncia a su libertad en interés del “pueblo” y que su vida se sacrifica por la “nación”, por la “patria”, aunque lo empujen al borde del abismo. Sin embargo, el intelectual, el pensador, el escritor, en un Estado autoritario, lo único que conserva es la “casa”, la lengua, esa que mamó desde la niñez. Donde amasó su juventud y pubertad, conoció el “Nombre” y el significado de las cosas. El lugar donde sueña, tiene pesadillas o esperanza. Sabemos que la lengua nos proporciona los instrumentos para explorar el mundo y la existencia humana; y de esa manera, dar forma estética al horror y el dolor. De esa manera, la realidad irreparable del dolor y el sufrimiento, posibilitan la reparación del mundo y de la existencia. Así, nos permite aprender que el dolor y el sufrimiento, no solamente guardan amargura, sino también reservas morales extraordinarias.

   El Holocausto nos recuerda Kertész, es un nombre casi sacro que encubre el asesinato colectivo cotidiano, la rutina del gaseamiento y de las ejecuciones, la solución final, el exterminio de seres humanos.19 Esta visión de la historia reciente de Occidente, rompe con la humanista del siglo XVIII y XIX. Pero “rota en un único instante histórico por la barbarie inconcebible”. Se pudo constatar que el concepto de vida y el lenguaje, habían perdido el sentido que les correspondía. Los que ejercían el poder en los Estados totalitarios, trastocaron lo fundamental de la existencia por lo accesorio y lo ruin. Olvidaron que lo decisivo de un ser humano, era “la relación entre la vida y su ‘finalidad’; con mayor precisión, el hecho de que todos los ‘fenómenos vitales dotados de finalidad’ son orientados hacía la manifestación de una esencia o la expresión de una significación, siendo el lenguaje el lugar por excelencia donde cada singularidad apunta a su propio rebasamiento”.20 Sin embargo, “preservar en el mundo una instancia critica de la cultura y de la historia tal como son” –dijo Hermann Cohen- se convierte para el hombre en responsabilidad ética. En este orden, preservar los tres principios que Dios insufló al hombre: vida, espíritu y lengua. Se convirtió en el siglo XX, en necesidad metafísica. “Y en este punto cero de la ética, en la oscuridad moral y espiritual se presenta como único punto de partida aquello que creó tales tinieblas”: el Holocausto y la barbarie.

   Después del Holocausto, recuerda Kertész, la dictadura no sólo le sirvió para mantenerse con vida, sino que le ayudó a encontrar el lenguaje en el que debería escribir. Cuenta que en ninguna parte resulta tan evidente que el “lenguaje no es ni para ti ni para mi” como en una dictadura totalitaria, donde no existe ni el Yo ni el Tu, y cuyo pronombre preferido es el místico y amenazante nosotros, aunque nadie sepa quien se oculta tras él.21 El Holocausto es un valor espiritual y moral y, en consecuencia, cultural, puesto que, a costa de sufrimientos inconmensurables, condujo a un saber inconmensurable, y por tanto lleva implícito un contenido moral igualmente inconmensurable.22 Por tanto, quien inflige dolor, sufrimiento o muerte a un judío, carga sobre sí mismo, la expiación y la culpa, porque él es hijo del Primer Adán. Se trata, por cierto, que “el superviviente, el nuevo tipo humano de la historia, aquel que, según las palabras de Nietzsche, miró a lo hondo del ‘abismo dionisíaco’, se consuma impotente en este proceso”.23 Aunque los que ejerzen el poder no lo quieran, “sin embargo hasta en la desesperación total se vislumbra, si estamos atentos, una promesa lejana, esa esperanza más allá de toda esperanza que mencionó Kierkegaard y que tal vez se oculta en el destino común o, para ser exactos, en el despojamiento del destino.24 En estos casos, la esperanza es la impronta que el hombre libre da al destino.

   Kertész cree que la palabra Holocausto tiende a sustraer cada vez más a los judíos del mundo de experiencias del Holocausto y convertirlos, al mismo tiempo, en propiedad espiritual internacional.25 Nos recuerda que “el Holocausto es una experiencia universal y un trauma europeo. Auschwitz no se produjo en el vacío, sino en el marco de la cultura occidental, de la civilización occidental, y esta civilización es una superviviente de Auschwitz, igual que esas pocas decenas o miles de hombres y mujeres esparcidos por el mundo que aún vieron las llamas de los crematorios e inhalaron el olor de carne humana que ardía; y en ese punto cero de la ética, en la oscuridad moral y espiritual se presenta como único punto de partida aquello que creó tales tinieblas: el Holocausto.26 En el texto La lengua exiliada, Kertész manifiesta, que el Holocausto no tiene ni puede tener lengua. Porque la lengua en que lo narra es una lengua prestada, una lengua europea, que no es la suya ni la de la nación que ha pedido prestada para el relato.27 Pero reconoce que, “toda lengua, todo pueblo, toda civilización tiene un Yo dominante que registra, domina y describe el mundo. Este Yo colectivo que permanece activo es un sujeto con el que el gran público –nación, pueblo o cultura- puede identificarse por lo general, con mayor o menor éxito”.28 Además, reitera, “se puede pensar en las últimas consecuencias sin caer en la tentación de creer en un orden sobrenatural, en la providencia o la justicia metafísica: es decir, sin caer en la trampa del autoengaño y acabar encallado, destruyéndose, perdiendo el contacto profundo y atormentador con los millones que murieron y nunca pudieron conocer la historia […] Somos una excepción, el destino así lo ha querido, por eso tenemos que reconciliarnos con el orden absurdo de los azares, que con el capricho de los pelotones de fusilamiento, gobierna nuestras vidas sometidas a poderes inhumanos y a dictaduras terribles.29

   Así pues, el Estado autoritario exalta las colectividades en detrimento del individuo, la libertad y la cultura. Ya que convierte la discriminación y el genocidio, en instrumentos de control y dominio. Toda forma de autoritarismo ideológico o, de Estado, lleva implícito la discriminación y ésta las masacres. De ahí que “los ideológos inhumanos lo que desean es eliminar precisamente la esencia humana”. Penetrar hasta los átomos del cerebro y hacer del hombre un objeto. El automatismo no solo responde a la técnica, sino también a la disciplina ideológica del partido y el Estado. Somos parte entonces de una civilización donde el odio y el dolor, son como una segunda naturaleza para el hombre. Así, “el odio se ha cristalizado y convertido en forma de concebir el mundo, y el objeto del odio es un pueblo que, a mi entender, de ningún modo está dispuesto a desaparecer de la Tierra”.30 Además, el odio “emerge del pantano del subconsciente como si fuese una irrupción de lava con olor a azufre”. Pero el que más daño hace a los seres humanos, es el religioso o político. Son las dos caras de la moneda de Jano, donde el dolor y el sufrimiento, se apoderan de la vida humana. Sí el odio es una energía que oscurece las relaciones humanas y las vuelve harapos. Dice Kertész: “Es una forma de vida interior basada en la experiencia negativa”.

   El odio y la envidia cargan la atmósfera de una risa frívola y destructiva. Hacen que la realidad sea ininteligible y la sociedad no esté a la altura para proteger al individuo. Los fenómenos pasan delante de nuestros ojos como un espectro fantasmagórico y crean en la consciencia y el alma del ser humano, una especie de desasosiego y desesperanza. Una sociedad amedrentada, vive en una atmósfera oscura y cargada de secretos. Está acompañada por las imágenes, las palabras vacías, sin sentido, que se escurren por la boca. La sensación del odio, el sufrimiento y el dolor, es, como si estuviéramos suspendidos sobre la Tierra. Manipulados a gran distancia por fuerzas invisibles y demoníacas. La impresión que se tiene es de estar dirigidos, por energías destructivas que emanan de los centros de poder. Poderes demoníacos donde se concentra y gasta la energía. Cuando sucede comprendemos “el espanto puro de los hechos o, para ser más preciso, su facticidad simple, misteriosa e insondable”.

   Aunque el dolor y el miedo intensifiquen la sensibilidad y mengüen el espíritu. Hemos nacido para vivir, para recordar y para saber, ya que el recuerdo nos libra no sólo del olvido, sino ante todo, de la numerificación y la objetización. Nos libra de la nada absoluta en que quieren convertir nuestras vidas. Esto es una obligación moral. No podemos olvidar nuestra historia, de dónde venimos y quiénes somos, es decir, nuestra razón de ser. Porque esto nos salva de la abstracción y la objetización a que está sometido el mundo. Mis recuerdos consagrados y santificados en los fragmentos de sueños truncados e ilusiones perdidas, emitirán voces duras y guturales, que retumbaran como el estruendo del fin del mundo. Por eso, “es estúpido la afectación generalizada de la supervivencia o las desgracias humanas, sino vienen acompañadas por la acción”. Y, la acción emana como una fuente de agua fresca de la experiencia y el saber. Es necesario recordar las palabras de T. S. Eliot: “Tuvimos la experiencia pero perdimos el sentido, y acercarse al sentido restaura la experiencia”.

   La experiencia negativa que nos dejó el siglo XX, nos recuerda Walter Benjamín, “no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo […] La pobreza de nuestra experiencia no es sólo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general. Se trata de una especie nueva de barbarie”.31 Una barbarie que tuvo su máxima expresión en el Holocausto, las cárceles de las dictaduras de Latinoamérica y, de pronto, el hombre “se encontró indefenso en un paisaje en el que todo menos las nubes había cambiado, y en cuyo centro, en un campo de fuerzas de explosiones y corrientes destructoras, estaba el mínimo, quebradizo cuerpo humano.32 Así, la tortura, el atentado, el secuestro, las masacres y la barbarie, convierten el cuerpo y el alma del ser humano, en campo de batalla. Después de lo acaecido en el siglo XX, se hace necesario hacer tabula rasa y constructores nuevos, posibiliten un mundo más humano y vivible. Porque la galvanización de las ideas y del espíritu, no pueden primar sobre la posibilidad de la vida y la esperanza.
  
   Esos lugares sombríos y demoníacos no sólo están en nuestra memoria, sino “en el aire desde hace mucho tiempo, como un fruto oscuro que ha madurado bajo los rayos de innumerables infamias y espera el momento oportuno para caer sobre la cabeza de los hombres”. Hay que estar alerta con los sentidos despiertos, los movimientos del pensar y el espíritu, para que esto no vuelva a repetirse. Porque “cuando un loco criminal –expresa Kertész- no acaba en un manicomio o en la cárcel, sino en la cancillería o en cualquier residencia propia de un gobernante, enseguida se ponen a buscar en él lo interesante, lo original, lo extraordinario e incluso, aunque no se atrevan a decirlo, pero sí, en secreto: la grandeza para no tener que verse como enanos y no tener que ver la historia universal como algo inconcebible”.33 ¿De qué se trata realmente en la actualidad? De ver el mundo racionalmente, para que éste nos devuelva una mirada racional y estética de las cosas. Se trata de “restablecer un orden universal racional, o sea, vivible, y los desterrados del mundo vuelvan a entrar entonces a hurtadillas por estas puertas grandes y pequeñas, […] los que creen que a partir de ahora el mundo será un lugar para los hombres”.34

   Después de lo dicho, podemos hablar que en el siglo XX, se instauró una cultura de la violencia y el crimen. Que se coló en lo más hondo de la condición humana, y ahora renace con la máscara del fundamentalismo religioso. Es recurrente que el “eterno retorno” devuelva a los hombres a un estado primitivo, donde se relaciona con la sangre, con el poder de la muerte. En estos estados el talento y la experiencia, se sustituyen por la barbarie y la muerte. El hombre se convierte en un número en el gran engranaje del mundo. Así, de esa manera, tratan de borrar “las huellas de sus días sobre la tierra”.  Es necesario, “que cada uno ceda a ratos un poco de humanidad a esa masa que un día se la devolverá con intereses, incluso con interés compuesto”.


                                                    Bibliografía
     
1. Kertész, Imre. Un Instante de silencio en el paredón. Editorial Herder, S.A., Barcelona 2002. pág. 20.
       2.    Ib. pág. 20.
      3.    Kertész. La lengua exiliada. Editorial Taurus, Madrid 2007. pág. 116.
        4.   Ib. pág. 116.
        5.   Ib. pág. 152.
     6.  Jünger, Ernst. Sobre el dolor. Tusquets Editores, S.A., Barcelona 2003. Págs. 81 y 82.
     7.   Jünger. Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939 – 1943). pág. 176.
       8. Kertész. Un instante de silencio en el paredón. Pág. 23.
        9.   Ib. pág. 18.
10. Adorno, W. Theodor. Prismas. La crítica de la cultura y la sociedad. Ediciones Ariel, Barcelona., 1962. Pág. 28.
11. Kertész. Ib. pág. 24.
12. Ib. pág. 27.
13. Jünger. La Tijera. Tusquets Editores, S.A., Barcelona 1997. Pág. 198.
14. Kertész. La lengua exiliada. pág. 60.
15. Ib. pág. 61.
16. Steiner, George. En el casillo de Barba Azul. Aproximación a un nuevo concepto de cultura. Editorial Gedisa, S.A., Barcelona 1998. págs. 45 y 46.
17. Jünger. Ib. pág. 159.
18. Kertész. La lengua exiliada. pág. 60.
19. Ib. pág. 94.
20. Bouretz, Pierre. Testigos del futuro. Filosofía y mesianismo. Editorial Trotta 2012. págs. 271 y 272.
21. Kertész. La lengua exiliada. págs. 98 y 99.
22. Ib. pág. 101.
23. Ib. pág. 93.
24. Ib. pág. 98.
25. Ib. pág. 100.
26. Ib. pág. 101.
27. Ib. pág. 121.
28. Ib. pág. 123.
29. Ib. pág. 106.
30. Ib. pág. 131.
31. Benjamín, Walter. Experiencia y Pobreza. Editorial Taurus, Madrid 1980. Pág. 168 y 169.
32. Ib. pág. 168.
33. Kertész. Ib. pág. 50.
34. Ib. pág. 50.



miércoles, 15 de abril de 2015

EVOCACIÓN A LA VERDAD QUEBRANTADA

                
                                                      I

                                                A mi amigo y hermano:
                                      José Francisco Castillo Tuiran

    


Antonio Mercado Flórez

   
   Es notable la admiración que se siente cuando estamos de regreso a nuestras raíces. De retorno después de un tiempo largo y ver los cielos estrellados y las nubes, las montañas y los valles, las animales y los pájaros, la lluvia y los ríos, el mar, los pueblos y las ciudades, de nuestra infancia y juventud. Pero ante todo y sobre todo, escuchar la lengua de nuestros mayores y ver el rostro de nuestros amigos y familiares. Aún de aquellos que ya no están entre los vivos. Sentir el afecto sincero de gente que una vez dejamos atrás. Gente que nunca nos ha abandonado, porque hace parte de nuestra memoria y de nuestra lengua. Esa lengua que durante siglos sus corrientes espirituales vienen comunicando el mundo de las cosas y la subjetividad, la relación con lo Sublime y lo trascendente.
   
   Para los pueblos contiene y expresa la experiencia, la memoria, las artes y el pensamiento, de una comunidad. Pero también el dolor, el horror, el temor, el sufrimiento, la esperanza, los desaciertos, las creencias, los usos, las costumbres, los rituales, de una sociedad. Eso que los antropólogos llaman Cultura. En y por la lengua y el pensamiento, el hombre cultiva el mundo que lo rodea y el interior de sí mismo. Para recoger los frutos en forma de cultura y civilización. Por eso tiene que ver con los sueños y lo irracional de los hombres; más que con el mundo claro y distinto de la razón y los números. Sin desconocer que ellos hacen parte del lenguaje humano, pero situados en la superficie de la naturaleza lingüística del ser humano. La lengua, se entronca al inconsciente: a los contenidos disparatados, contradictorios, ambiguos, irrazonables, del espíritu de los hombres.
   
   A través de ella se revelan los sueños y pesadillas, los abrazos truncados y las esperanzas, la guerra y la violencia, en un lenguaje de símbolos ambiguos, que expresan la realidad de la existencia humana. De ahí que el lenguaje del sueño, la mitología y el arte, revelan un mundo que de otro modo no podría revelarse. Como dijo Ernesto Sábato, entre el lenguaje del arte y la literatura moderna, existe algo en común: “Una sumersión en el yo, en la psicología”, que expresa “ansiedad, cierto aire de pesadilla, cierta búsqueda desesperada […] Ni las novela de Balzac, ni la poesía de los románticos ingleses, ni la obra de Goethe, ni los dramas de Shakespeare, ni las sinfonías de Beethoven y Brahms, ni las Pasiones de Bach, ni la Divina Comedia, ni el Quijote, ni toda la pintura de Rembrandt ni la de nadie ha servido jamás para que un niño no muera de hambre en algún lugar del mundo”. Tampoco para que no se derrame sangre, o, prime en la sociedad el poder del dolor y la muerte, que genera la guerra y la violencia.
    
   De ahí que, “el hombre sea capaz de todos los extremos; desde la perversidad de la tortura hasta la grandeza más excelsa”. Esto lo prueban los sádicos que torturan o asesinan en nombre de una religión o una ideología, los que realizan matanzas, secuestran, o, atentan contra la vida de un ser humano. Y dejan un montón de ruinas humanas y materiales a la vera del camino. Pero también existen los santos y los artistas, los hombres buenos donde se refleja hálito luminoso de la bondad, la misericordia y la libertad. F. Nietzsche dice en El origen de la tragedia: “Estoy convencido de que el arte es la tarea más elevada y la verdadera actividad metafísica de esta vida”. Como expresó Sábato Entre la letra y la sangre: “Sus obras se levantan sobre la sangre y el estiércol de esta triste humanidad como inmaculadas estatuas que miden hasta dónde puede llegar el espíritu humano”.
   
   Ahora bien, ¿Cómo se puede alcanzar la justicia social asesinando, secuestrando o extorsionando, a otro ser humano? ¿Cómo se puede negar la libertad, la educación y la cultura, a las personas más humildes por el simple hecho de que no están a la altura de sus requerimientos espirituales y sensibles? Esas personas que se sitúan en los extremos, deberían luchar para que un día cualquier hombre, por pobre que haya sido su cuna, no sólo tenga acceso a la justicia social, la libertad, la educación y la cultura. Sino también sí tiene la sensibilidad adecuada pueda escuchar y comprender La pasión según San Mateo, los cuartetos de Beethoven, las Sonatas de Scarlatti. Quizás ese hombre humilde y analfabeta sea un sabio sobre lo fundamental de la existencia humana, sobre el bien y el mal, la muerte y el infortunio, la paz y la guerra, el amor y el odio. Porque no existe contradicción entre la justicia social, la libertad y la cultura, expresadas en las grandes obras de la humanidad.
   
   Se trata del contraste entre una civilización abstracta, automatizada y acelerada, donde priman los lenguajes digitales, el icono y la imagen, el dinero y la política, sobre la palabra, los sueños, los sentimientos, las pasiones y aún las bajas pasiones. Eso que sirvió a los narradores de la cultura oral, a la escritura, la pintura, la música, la escultura, etc., plasmar los contenidos espirituales y materiales, de la condición humana. No olvidemos que la lengua es portadora de una sabía mitología, enseña que existe un hermoso equilibrio con el universo, el hombre y la naturaleza, una amistad con la muerte y un respeto con la vida. Son esas formas de cultura las que comunican al ser humano, que existe “un sentimiento sagrado de los grandes momentos de esta existencia tan desdichada, hoy tan desacralizada”: el dolor, el sufrimiento, la desesperanza, que unos pocos por el lucro y el poder, imponen a los hombres.
   
   Así, pues, los problemas de la existencia se reducen al lucro fácil, al consumo de mercancías, el lujo, la fama, y se olvida que el hombre de carne y hueso es mucho más que eso: una intrincada y sutil red, de emociones, sentimientos, mitos, rituales, lenguajes, donde se evocan las regiones más íntimas del ser: como el amor, el crimen, la tragedia, la guerra, la paz, los sueños y los mitos.
   
   Nada de lo que respecta al hombre es puro y sagrado, y ante toda la lengua. Las lenguas –dice Sábato-, cada lengua, es un proceso, no un estado; es algo en perpetua transformación, por motivos psicológicos, históricos, geográficos, sociológicos […] Todas las lenguas son dinámicas, se llenan constantemente de “impurezas”, sufren el embate de las culturas más prestigiosas. Aman y viven en otras condiciones que las originarias […] Si hay algo esencialmente ajeno a la razón pura es la lengua. Sábato expresa que la lengua nada tiene que ver con la lógica ni con la tradición petrificada; tampoco con lo Siempre Igual que remite la vida de los hombres a un destino inexorable. Sino con la sorpresiva y siempre disparatada imaginación del hombre, con sus misteriosos mecanismos psicológicos. Por eso, la razón y la lógica, no disciernen sobre la parte oscura del hombre, la condición humana. El hombre –prosigue Sábato- es, un sutil, intrincado, irracional y absurdo resultado de emociones, fantasías, delirios, sueños y mitos.
   
   Así que, quien proscriba la oscuridad humana, los dioses desde la antigüedad se vengan de ellos. Por eso, no le pidamos pureza a la lengua, ni a la existencia del hombre. Porque nuestro existir despierto –dijo Walter Benjamín en el Libro de los Pasajes, es un territorio en el que, en ciertos lugares escondidos, es posible bajar al inframundo; un territorio lleno de todos esos lugares invisibles en donde los sueños desembocan. Todos los días pasamos junto a ellos, aunque sin llegar a sospecharlo; pero tan pronto como llega el sueño, volvemos a palparlos como a tientas […] perdiéndonos en sus oscuros corredores.
   
   Por eso el sueño de la Historia Universal es el sueño de la vida y la muerte. Somos pasajeros de éste mundo y cada estación de la existencia, cada instante puede contener el final. Como expresó Ernst Jünger en La Tijera: “La historia no tiene meta; existe. El camino es más importante que la meta por cuanto puede convertirse en meta a cada momento, ante todo en de la muerte”. Se trata que el hombre despierte, despierte la Historia y que en ella adquiera la jerarquía de persona. Que la Historia despierte significa ante todo y sobre todo que salga del sueño en la que la ha tenido la clase dirigente: y posibilite un despertar donde la Historia se hace lenguaje y escritura. “El despertar –dice Benjamín-, es pues especialmente aquel giro dialéctico, copernicano, de tener un presente”. Un presente cargado de esperanza donde lo justo y lo bello, primen sobre el dolor, el sufrimiento y la muerte. Y, la Historia y el presente ofrezcan al hombre, la posibilidad de resarcirse a sí mismo como hombre. Entonces cada época sueña con la que viene y soñando se acerca a un nuevo despertar.
   
   La figura del tiempo es una herida. Una herida en la lengua y la vida. Una herida en el tiempo, justamente, en el cuerpo del tiempo y de la lengua, hecho de faltas, de retazos, de escombros, de ruinas, que se unen sobre su propia falta. En el despertar de la Historia implícito el conocer, las verdades y mentiras, que han tejido nuestro cuerpo y nuestra lengua. Se trata de despertar y resarcir el despojo de la Historia y de la vida. Materiales de un nuevo despertar en el conocimiento del presente-ahora. Así entonces el hombre como Tiempo, es enteramente atemporal, porque bebe de la fuente de lo Sublime y Eterno. El despertar que viene está ya ahí, en la Troya del sueño, como el caballo de madera de los griegos –dijo Benjamín en el Libro de los Pasajes. Se trata de despertar, despertar de la continuidad de la Historia como Siempre Igual, despertar las runas del Tiempo y la historia. Así las cosas adquieran su verdadero rostro. El rostro de la cognoscibilidad en la lengua del presente-ahora. Como dijo George Didi-Huberman: Las imágenes portadoras de supervivencias no son sino montajes de significados y temporalidades heterogéneas.
   
   Por eso en el mundo abstracto y mecanizado, digitalizado y numerificado, como el actual. Es necesario que evoquemos el espíritu, la sensibilidad y la imaginación creadora de forma. Esas corrientes espirituales que sirvieron a Vossler, Herder, Humboldt, Vico, para crear sus obras y oponerse a los Sistemas, que convierten al hombre en objeto o número. Consideran la lengua como un dinamizador de la sociedad, umbral creador e individual, que sirve al hombre para trascender las fronteras del Tiempo, los Sistemas y las formas establecidas por la sociedad. Por tanto, el arte que se vale de la lengua como instrumento creativo –escribió Thomas Mann en la Conferencia sobre Lessing de 1929-, producirá siempre creaciones extremadamente críticas, pues la lengua es en sí misma una crítica de la vida: la nombra, la toca, la designa y la juzga, en la medida que le otorga vida.
  
  
  
  


lunes, 30 de marzo de 2015

EL GOBIERNO DE COLOMBIA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS.


<<A todos los colombianos que están siendo hostigados por el actual Gobierno>>.

Antonio R. Mercado Flórez.
    
   La democracia y la libertad son el Don más preciado de las sociedades modernas. Es necesario cuidarlas del abuso del poder. Por eso, la democracia y la política incluyen valores, concepciones del bien, procesos de interacción y comunicación social, acciones informales, cultura política. Pero al operar dentro de las instituciones, valerse de ellas o utilizarlas para alcanzar fines determinados; vulnera los valores de la cultura democrática. Así, la Administración Publica se encuentra sometida a la influencia política de forma superlativa, ya que hay una multiplicidad de intereses en conflicto, que hay que articular mediante distintos mecanismos de transacción. De ahí que hacer y ejercer la política, supone conceder un peso relativo a unos intereses frente a otros, eligiendo una salida de entre las varias posibles. Pero no ejerciendo el poder para intimidar, hostigar y perseguir, a todo aquel que no comulgue con el Gobierno de turno.

   En la actualidad para el poder, <<las redes son el perturbador más dominante>>; decía recientemente Ignacio Ramonet, en una entrevista al periódico El País, de Madrid. Porque perturban la tranquilidad de la clase dominante y de las minorías que poseen el poder económico. Cuando la forma clásica del poder –político, tecnológico, económico, cultural-, se cuestiona. Es deber de la sociedad y las redes, mostrar su fragilidad y vulnerabilidad. Cuando el comportamiento de los medios de comunicación tradicionales, los medios como empresa, que representan el poder político y económico del país, creen que manipulando la información y la comunicación, contrarrestan la participación de la sociedad en los problemas que los aquejan. Se constituyen en legitimadores oficiales, cuando los intereses del Gobierno o los Grupos de Presión a los que pertenecen, así lo exigen. Dejan aparcada la función social y ética de informar y comunicar, y se convierten en partidos o movimientos políticos. En Colombia asumen la responsabilidad de expiar, ser fiscales, jueces, inquisidores, defensores de la moral pública, que responde a los intereses del Gobierno y del poder actual. No a las necesidades morales, materiales y psicológicas de la sociedad. Ya que es una responsabilidad ética del Gobierno, proteger, garantizar, la integridad y la libertad, de todos los colombianos.
  
   De ahí que el periodismo afín al Gobierno, quiera incidir en elecciones, puestos públicos, programas de gobierno, partidos y movimientos de oposición, convirtiéndose en un <<poder>> al margen del control y la normatividad existente. Sabemos que la ética periodística, la libertad de información y comunicación, nada tiene que ver con los intereses del Gobierno y la Fiscalía de la Nación. Porque en una sociedad democrática son la voz de los que no tienen voz. Están para informar de acuerdo a los principios que determinan la libertad de expresión y la ética del periodista. No siguiendo las directrices de las minorías políticas y económicas del país.
 
    En Colombia se han convertido en acusadores, juez y parte, y arremeten contra cualquier ciudadano que no responda al toque de corneta del Gobierno actual. Se está dando una especie de hipertrofia del Poder Ejecutivo, todo lo arregla con prebendas y dinero del erario público que pertenece a los colombianos. Además, quiere apropiase de los poderes estratégicos del Estado, puestos de relevancia y control en la Administración Pública y el ámbito privado. De esa forma, racional y planificada, los intereses de los colombianos –de los mineros, los campesinos, los empleados, los ganaderos, los jornaleros, los obreros, los microempresarios, los indígenas, las minorías étnicas, los profesores, los comerciantes-, son conculcados en nombre de la <<selecta minoría>> que gobierna Colombia.
  
   Recuerde Sr. Presidente las palabras de Lord Acton: <<El poder absoluto corrompe absolutamente>>. Ahí está el ejemplo de las dictaduras de derecha e izquierda en el transcurso del siglo XX. Ahora bien, si pedí el voto por usted en mi blogs, no lo hice por su programa, ni porque soy afín ideológicamente a usted. Lo hice como colombiano que ha sufrido la violencia en carne propia, que cree en la paz y la reconciliación, también como humanista y persona que cree en el ser humano.
  
   En Colombia se está dando un punto de inflexión en el terreno político. No son los órganos públicos elegidos popularmente los que legitiman el comportamiento de los funcionarios y las cuestiones apremiantes de la sociedad. Sino las filtraciones, el chismorreo y las chuzadas, a todo aquel que ocupe un puesto de relevancia. Se está degradando y corrompiendo el Estado de Derecho y la Admiración Pública. En otras palabras, el Gobierno y la Fiscalía de la Nación, están convirtiendo el Estado Democrático Social de Derecho, en un Estado policivo, disciplinado y autoritario. Ese fantasma que recorrió a Europa y a Latinoamérica, en la segunda mitad del siglo XX, y que dejó a la vera del camino a millones de vidas humanas y escombros materiales.
  
   Es necesario que los que ejercen el poder político, se conviertan en comunicadores políticos, desde un punto de vista teórico y académico. Porque en una democracia como la colombiana, ha de estructurarse y poner en funcionamiento, un contrapoder mediático, que vele por los intereses de la gran mayoría. Están allí las redes sociales –Facebook, Twitter, WhatsApp, etc.-, que posibilitan los instrumentos adecuados para que la sociedad civil defienda sus derechos. En la medida que el periodismo tradicional y los periodistas pierden el monopolio de la información. Es indispensable que se activen las redes sociales y ejerzan el análisis y la consciencia crítica de la sociedad. Porque todavía hay personas que son capaces de ver las perdidas.
  
   Estamos en tiempos de cambio y transformación global, que afectan la economía, la política, la técnica, la industria, la empresa, la ciencia, la educación y la cultura. Somos parte de la <<cultura del artificio>>, que exalta el icono y la imagen, sobre la revolución de Gutenberg. No son los poderes tradicionales los que jalonan las transformaciones socio-económicas y políticas, tecnologías y culturales. Sino las personas, los investigadores, los intelectuales, los gobiernos progresistas, las empresas que implementan I+D, las universidades, los institutos de investigación científica. Que concatenan las tecnologías de la información y los conocimientos; las redes como instrumento de información, educación, innovación y desarrollo, con el bienestar del país. Esto posibilita la verdadera democracia y no unos medios de comunicación, que violan el derecho a la intimidad, la libre expresión y el respeto a la dignidad humana.
  
   El análisis y la crítica a los medios, ha de estar concatenado con una reflexión que integre a las redes sociales, como uno de los instrumentos que posibilite la movilización social. De lo contrario, el análisis y la crítica periodística, estará determinada por los intereses de la <<selecta minoría>>, que no responde a las necesidades materiales y psicológicas de la sociedad. Se trata de respetar y proteger los principios elementales de la democracia participativa y la libertad de los ciudadanos. Queremos educación, empleo, ingresos, seguridad, paz; pero no a costa de los principios democráticos y la libertad.
  
   Con la incertidumbre institucional y la tendencia a instituir un Estado policivo, autoritario, por parte del Gobierno y la Fiscalía General de la Nación. Nos equivocamos al pensar que la Constitución de 1991 nos ubicaba en el ámbito internacional de las democracias occidentales. No ha sido así, porque el espacio público, la Administración del Estado y el respeto a los funcionarios de bien, está siendo violado por el actual Gobierno. Cuando el Gobierno viola la dignidad humana y la libertad de los ciudadanos, está violando la Constitución de 1991. Sí, queremos una justicia limpia, honorable, un mínimo de respeto y una parte de la renta nacional, pero no pensando que la clase dirigente hace gala de la magnanimidad de los poderosos. ¡Mamola! Es un derecho de todos los colombianos y no un regalo de los que ejercen el poder actualmente en Colombia.


lunes, 23 de marzo de 2015

REFLEXIÓN A PROPÓSITO DE LA OBRA DE FRANZ KAFKA

                                                                                                                 

Los códigos: Los tormentos que hubo que sufrir Grete por culpa de su marido. <<Estos son los códigos que se estudian aquí>>.
               
                “El proceso” de Franz Kafka

El flagelador: <<Me pagan para azotar, de manera que azoto>>.
                                                                                 
                                                                                                                         
Los abogados: <<Los grandes abogados […] incomparablemente más altos […] que estos de los despreciados picapleitos>>.
                                                                                

Fin: << ¡Como un perro! >>, dijo; fue como la si la vergüenza debiera sobrevivirlo.
                                                                                 


Antonio Rafael Mercado Flórez  

      La obra de Kafka posibilita leer e interpretar los escombros de la modernidad, en lo prehistórico de lo actual. Tal como la alegoría contempla la existencia bajo el signo de la disgregación y la ruina. Por tanto, el dolor, el sufrimiento, la injusticia, la muerte, la desesperanza, son configuraciones del mito en la época moderna. Por eso, la gravosa pesadez de la existencia –lo natural y primitivo-, siempre está latente en la profundidad del alma. Las quiebras y deformaciones de la modernidad, son las huellas de la Edad de Piedra. Además, se construye en la historia el mito del poder ciego, Total, que se reproduce infinitamente así mismo. Cuando la violencia, las guerras nacionales o internacionales, diluyen la línea que separa la vida de la muerte, el hombre, por así decir, expresa lo natural y primitivo que mora en él. Aquí el Caínismo se manifiesta en toda su crudeza y barbarie. Además, las fuerzas de carácter mítico se refieren a los hombres y sus relaciones. En este ámbito se cumple la profecía Kafkiana sobre el terror, el sufrimiento y la tortura.
   
   De ahí que la violencia desenfrenada sea ejercida por figuras subalternas, tipos como suboficiales, guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes y lumpen, sin escrúpulo espiritual. Como en las obras de Kafka, la historia se hace infierno, porque se perdió lo salvador. El Salvador y Absoluto, se presenta escurridizo, ambiguo y multiforme, como un Dios de terror y castigo. El mundo por ende se convierte en infierno y todo resquicio de la existencia y la realidad, debe ser llenado por el Mal absoluto. Por eso, en la época actual la esperanza y la libertad hay que encontrarlas en el interior del individuo. No en los Sistemas ni en el Estado ni en lo colectivo, sino en lo profundo del alma individual. Adorno lo expresó en referencia al Internamiento y el quebrantamiento del espíritu de la modernidad: <<En los campos de concentración del fascismo se borró la línea de demarcación entre la vida y la muerte>>. Tal como ahora sucede en Colombia, Afganistán, Siria, Yemen, México, Irak, etc.
   
   En un ámbito como este creer en el Progreso significa no creer que haya tenido ya lugar un progreso. Se presenta con la basura y la ruina de la historia: torturas, desapariciones, desplazamiento forzado de la población civil, secuestro, violaciones, hambre, pobreza, matanzas, decapitaciones, campos de concentración. De ahí que el arte en la modernidad, haya tomado como material único la basura de la realidad. El artista con las ruinas dispersas de la historia actual, no sólo ha creado su obra, también resarce al hombre del quebrantamiento de la subjetividad. Sabemos que el hombre no está en el mundo para ser clasificado ni sistematizado ni cosificado ni numerificado, está en el mundo para vivir la vida como hombre y alcanzar la categoría de persona. Pero son las mediaciones artificiales –las imágenes, los lenguajes digitales, el poder, el dinero, la moral común, la delegación de la libertad, la inmovilidad del pensar, la ortodoxia del dogma, la negación de la sentimentalidad-, lo que determina la existencia del hombre actual. Se trata de configurar la vida de acuerdo con lo establecido y que repita Siempre lo mismo. Que la uniformidad prime sobre la diversidad y la unicidad de la individualidad. Según una parábola de Kafka, Prometeo se va identificando con la roca a la que está aherrojado, y luego es olvidado.1 Entonces los hombres son empujados a identificarse como algo natural con su miseria material y espiritual. Con la degradación de la condición humana. Como hacen los imputados en <<El Proceso>>, en las relaciones que establecen con fiscales, abogados, administradores, asistentes, porteros y jueces. Es la expresión más evidente de la corrupción, el soborno, el cohecho, de la justicia del Estado Moderno.
   
   El poder quiere a toda costa, que nos olvidemos de nosotros mismos, del semejante, de las necesidades espirituales y materiales, de las relaciones humanas y el proceso productivo, de la reproducción de la vida, del lenguaje y la escritura, la reflexión y el análisis, la explotación y la discriminación del ser humano, y nos arrojemos desnudos como un recién nacido en los brazos de Morfeo de la civilización actual. Esa que desea convertir al ser humano en número o en objeto. Así, pues, el hombre y su memoria, el intelecto y los sentimientos, por supuesto, la vida y la realidad, deben ser olvidados en nombre de la economía, el mercado, las finanzas internacionales, los lenguajes digitales y las imágenes. De esa forma predomina en la vida del hombre la cosificación y la numerificación de la existencia. No es la alteridad ni la diversidad de la existencia lo que importa, sino lo Siempre Igual. Entonces los hombres en un estado de sufrimiento, de postración y desesperación, han de recorrer el mismo camino que recorren las palabras en las obras de Kafka, especialmente las metáforas, se segregan del resto y cobran existencia propia.2
   
   Kafka desafía a la burguesía y a la política con la literatura. Porque la cultura y, en particular, la literatura, es socialmente sospechosa y políticamente se la considera un lujo, un capricho de selectas minorías. En la civilización moderna existe un desdén por la cultura. Porque la cultura es contrapoder. Cuanto más instruida es la sociedad, más aumenta la capacidad de análisis y de crítica e intelectiva de poner en tela de juicio los dislates del poder. De ahí que la civilización actual tiene con el progreso, el poder, el capital financiero, las transnacionales, las imágenes y los lenguajes digitales, una ligazón más íntima que la que posee con la cultura. Como expresa Ernst Jünger: <<Aquélla es capaz de hablar en las grandes urbes su lenguaje natural y sabe manejar medios y conceptos a los que la cultura se enfrenta sin tener ninguna relación con ellos e incluso de manera hostil>>.
   
   La obra de Kafka describe y critica la vida del hombre actual. Porque hoy en día, el ser humano ya solo se adapta a lo establecido. Es el hombre funcional, como lo llama Imre Kertész, en <<Diario de la galera>>. Dice que las formas e instituciones de la estructura moderna de la vida, entre las cuales la vida del hombre funcional como en un alambique perfectamente aislado. El hombre funcional es un hombre alienado, pero aun así, no es el héroe de la época: el hombre alienado, el hombre funcional eligió, pero su elección consiste básicamente en una renuncia. ¿A qué? A la realidad, a la existencia.3 Este tipo de hombre renuncia a la verdadera vida y soberana aparece la existencia que corresponde a una pseudorrealidad, como en Kafka la vida de los hombrecitos menores, un tipo de vida que sustituye a la Vida. Además, la Ley no responde a las necesidades materiales y psicológicas de la sociedad, sino que <<viene impuesta por la necesidad de equilibrio del sistema social –siempre absurdo desde el punto de vista del individuo>>.
   
   Tampoco debe olvidarse que al principio de <<El Castillo>> K. pregunta: << ¿En qué castillo me he extraviado? ¿Es esto un castillo?>> Según la parábola de Kafka, en el mundo moderno no sólo se olvida el nombre, sino a la persona misma. La iluminación de Kafka consiste en recordarnos no perder la memoria y el recuerdo, porque allí como en un baúl antiguo están los ripios del pasado, lo primitivo, la tradición y las ruinas del presente actual. Ahora, ¿Se ha convertido el mundo y la sociedad en una gran cárcel? <<El principio de literalidad, seguramente recuerdo de la exegesis de la torá en la tradición judaica, encuentra apoyo y confirmación en muchos textos de Kafka>>. Por eso, lo que importa en la obra de Kafka son las palabras que van encajando una por una hasta formar una parábola o una metáfora, sobre la realidad. Ellas siempre están en movimiento y en esta dialéctica adquieren perdurabilidad más allá del tiempo. Las palabras rompen los barrotes de la gran cárcel en la que se ha convertido el mundo actual. No son los conceptos lo que importa a Kafka, sino la vivacidad de las palabras para que den cuenta del mundo que se deshace como hongos podridos en la boca.
   
   De ahí que su obra sea discontinua, fragmentaria, porque los fragmentos de los fenómenos, las ruinas y la basura de la historia y la realidad, sólo las puede utilizar en las metáforas que forman las palabras. <<El principio de literalidad, sin cuya medida lo multivoco se desdibujaría en indiferente, prohíbe seguir el frecuentísimo intento de unir en las concepciones de Kafka profundidad con arbitrariedad>>.4 Además, <<los gestos son los restos de las experiencias recubiertas por el significar. El último estadio de una lengua que se cuaja en la boca de los que hablan; la segunda confusión babilónica, a la que por lo demás se resiste incansablemente la intimidada dicción de Kafka, le obliga a invertir especularmente histórica concepto-gesto. El gesto es el <<así es>>; la lengua, cuya configuración debe ser la verdad, es, como rota, la no verdad>> […] A las experiencias sedimentadas en los gestos seguirá la interpretación, la cual tendrá que reconocer en su mimesis una generalidad desplazada por el sano sentido común>>.5  
   
   En y a través de las palabras, Kafka <<produce arte tomando como material la basura de la realidad>>. Eso que Walter Benjamín llama escombros de la cultura. Por eso describe los más sutiles procesos psicológicos del ser humano, que se anteponen a una especie nueva de relato exacto, objetivo. <<Kafka no esboza directamente la imagen de la sociedad naciente – pues, como en todo gran arte, también en el suyo domina la ascesis sobre el futuro -, sino que la monta con productos de desechos separados de la sociedad muriente por lo nuevo que se forma. En vez de sanar la neurosis, Kafka busca en ella misma la fuerza salvadora, que es la del conocimiento: las heridas que la sociedad infiere al individuo son leídas por éste como cifras de la no-verdad social, como negativo de la verdad. Su potencia es potencia de descomposición. Kafka arranca la fachada conciliatoria que recubre la desmesura del sufrimiento, cada vez más sometido a los controles racionales. En la descomposición que desmantela –esta palabra no fue jamás tan popular como en el año de la muerte de Kafka– el artista no se queda, como la psicología, junto al sujeto, sino que, sin detenerse, penetra hasta lo material, hasta lo meramente existente que se ofrece sobre el fondo subjetivo en la irrefrenada caída de la consciencia que cede, perdida toda autoafirmación>>.6 
   
   Así, la imagen de la sociedad del futuro de Kafka, se monta desde los escombros y desechos, que ésta deja a la vera del camino. Desechos materiales y humanos, configurando un nuevo despertar desde el conocimiento. Por eso, lee e interpreta las heridas que la sociedad infiere al individuo, como no-verdad, como negativo de la realidad. Como en Freud la psicosis del individuo no manifiesta su rostro verdadero, sino, de soslayo, fugaz y enmascarado, por el inconsciente. Son los materiales en descomposición, disgregados, en ruinas, los que posibilitan el futuro del individuo y la sociedad. Freud se vale de los actos fallidos, los sueños, los síntomas neuróticos, y a partir de ellos hace que el individuo llegue hasta el quebrantamiento de la subjetividad y desvele su verdadero rostro. <<La huida a través del hombre hasta lo no-humano es la trayectoria épica de Kafka>>. Los fragmentos del Mal, el carácter simbólico del Mal en la sociedad, Kafka se vale de ello en su naturaleza descarnada para configurar la esperanza del hombre. Pero, en opinión de Benjamín, la teoría de la alegoría no puede darse por satisfecha con la consideración del tesoro lúgubre de la muerte o del infierno asociado a las visiones por las que las cosas se convierten en ruinas. También debe tomar en cuenta la perspectiva de su vuelco a la salvación.7 Rescatar al hombre de carne y hueso de la soledad, del miedo, protegerlo del dolor, del olvido, del desamparo, aún de aquellos con los que convive. Es un deber ético de la sociedad. <<Aquello sobre lo cual se levanta la individuación, aquello que ella recubre y da de sí, es común a todos, pero no puede apresarse sino en el abandono y en el hundimiento que no miran en torno de sí mismo>>.8
   
   En el mundo moderno donde lo colectivo prima sobre la individualidad, la individuación se hace tan difícil, tosca, por los grilletes del poder. <<Y tan oscilante ha sido para ella hasta el día de hoy, que sienten mortal terror cuando se le levanta un ángulo a su velo>>. Por eso es tan cómodo para el individuo perderse en lo colectivo, que aún, en el terror y el dolor más obsceno, prefiere lo Siempre Igual. Les produce horror tener que obedecer a su interior, a sí mismo, y optan por delegar la libertad. <<Ese malestar es en Kafka pánico […] Hay al mismo tiempo copias de todo, hombres producidos en cadena sin fin, ejemplares mecánicamente reproducidos, épsilons de Huxley>>. Así pues, <<el origen social del individuo se descubre al final como poder de destrucción. La obra de Kafka es el intento de absorber ésta>>.9 Se trata de resistir, forzar la vida hasta el último hálito a la resistencia exterior, colectiva. La monotonía de lo cotidiano lleva en su naturaleza el malestar de lo pánico y la disolución de la individualidad. <<El horror, que antes vibraba invisible en la palabra, rodea ahora como un vapor, como una emanación, visible, al dueño de casa. La técnica literaria que se fija a las palabras por vía de asociación, como la de Proust al involuntario recuerdo sensible, produce su contrario: en lugar de la reflexión sobre el hombre y su recuerdo, la prueba por ejemplo de deshumanización. Su precisión impone a los sujetos una involución casi biológica, del tipo de la preparada por las parábolas animales de Kafka>>.
   
   En el mundo de Kafka, el hombre se da cuenta que no es un ser humano, sino cosa. Una cosa entre las cosas. La objetización del hombre, su coseidad, lo lleva al quebrantamiento de sí mismo, a la disgregación de la subjetividad. Y en la cadena de la producción y las relaciones humanas alienadas, se convierte en cosa consumible y desechada. Triturado por el Sistema le toca huir o refugiarse dentro de sí. Se trata de desgarrar el caparazón de Chinche, para que soberana libere la antigua, natural y primitiva, libertad. Así, el mundo imaginativo de Kafka es reacción al poder ilimitado. Un poder que se cristaliza en la norma, las costumbres y el sufrimiento. Benjamín llamó parasitario a ese poder, el poder de los coléricos patriarcas: consume la vida sobre las que pesa […] Kafka pone bajo la lupa los indicios de porquería que dejan los dedos del poder en la edición de lujo del libro de la vida.10
   
   Kafka sabía que la vida es el misterio de todo ser humano: es tan admirable que siempre se la puede amar. La pasión necesita gritos, el amor mismo se complace con las palabras, pero la simpatía puede ser silenciosa. La he sentido no sólo en minutos de gratitud y de paz, sino hacia seres a los que no asocio a ninguna idea de placer. No puede ser violentada, porque es la extensión del verbo divino, en la tierra de los hombres. Kafka lo sabía, que nada es más atroz y espeluznante para el ser humano, que la cuadriculación del mundo. Todo se cierra a su alrededor, las puertas y ventanas, los pasillos, los umbrales donde se contempla, se cierran herméticamente para que nadie pueda escapar a su condena y su lógica. <<Pues ningún mundo podría ser tan unitario como el mundo paralizador que condensa en totalidad gracias al miedo del pequeño burgués, mundo lógicamente cerrado por los cuatro costados y tan desprovisto de sentido como cualquier sistema. […] Las laberínticas descripciones de Kafka dependen unas de otras como ocurre a las mitologías. Pero lo interior, abstruso y buscado es tan esencial a su continuo como la corrupción y la asocialidad criminal son esenciales al dominio totalitario, o como el amor a la porquería lo es al culto de la higiene>>.11  
   
   Por tanto, <<los sistemas de pensamiento y de política no desean nada que no sea igual que ellos; pero cuanto más se robustecen, cuanto más unifican el nombre de lo que existe, tanto más lo oprimen y tanto más se alejan de ello. Por eso les resulta insoportable la menor <desviación>, como amenaza al principio entero, como a las potencias y a los poderes los extraños y solitarios en la obra de Kafka. Integración es desintegración, y en ella el lazo mítico coincide con la racionalidad del dominio. El llamado problema de la causalidad o del azar, tortura de los sistemas filosóficos, es producido por ellos mismos: por la propia inexorabilidad de los sistemas, todo lo que se cuela por las mallas de sus redes se les convierte en mortal enemigo, como le ocurre a la reina mítica de los cuentos que no puede vivir tranquila mientras siga viviendo en las montañas la niña más hermosa que ella>>.12  

   En cuanto a la imagen del padre, Walter Benjamín en su ensayo sobre Kafka, establece dos figuras en las que polariza su escritura: la del padre que castiga remitiendo incansablemente al hijo a <<una especie de pecado original>> y las de las extrañas criaturas que constituyen un <<pequeño mundo intermedio, a la vez inacabado y cotidiano, a la vez consolador e inepto>>.13 Un mundo que ofrece esperanza, pero una esperanza diluida en la basura de lo actual. Una espera que no logra llenar el vacío del interior del individuo, por eso recurre a las satisfacciones que ofrece la civilización contemporánea: fugaces y sin-sentido. El mundo visto desde la óptica de Kafka se convierte en absurdo e ininteligible, y para poder encontrar un sentido a la existencia, hay que desgarrar el forro de los fenómenos para que revele un resquicio de luz en medio de la oscuridad del mundo actual. Aquí la frase trasmitida por Kafka a Max Brod, cobra vigencia: <<bastante esperanza, una cantidad infinita de esperanza –pero no para nosotros>>. Existe esperanza prosigue Kafka, pero, para Dios – una infinitud de esperanza– pero no para nosotros. A partir de la cosmogonía de Kafka, la tensión entre el padre castigador y las pequeñas criaturas, Benjamín estructura <<la visión de un mundo de lo alto que se ha vuelto ininteligible o absurdo>>.14
   
   Un mundo donde el poder que se ejerce sobre las pequeñas criaturas, es <<un poder privado de sentido>>. <<Pero surge bajo la pluma de Benjamín –expresa Pierre Bouretz- inmediatamente asociada al mundo de los funcionarios y a las atmósferas de embotamiento, degradación y mugre. Que la obra de Kafka gire en torno a la <<inmemorial relación del padre con el hijo>>, el primero es por excelencia <<el que castiga>> y por añadidura no se conforma con consumir la fuerza del hijo, sino que lo priva de <<su derecho a existir>>, todo ello no ofrece duda alguna a Benjamín>>.15 En el texto sobre Fuchs, la reflexión de Benjamín se orienta también a la cosificación de la existencia y al aparato de burocracias administrativas: <<La cosificación no sólo hace opaca las relaciones entre los hombres –dice-; sino que además envuelve en niebla a los sujetos reales de dichas relaciones. Entre los que detentan el poder en la vida económica y los explotados se desliza todo un aparato de burocracias administrativas y jurídicas, cuyos miembros no son capaces de desempeñar funciones en cuanto sujetos morales plenamente responsables; su consciencia de la responsabilidad no es otra cosa que la expresión inconsciente de ese encanijamiento>>.16
   
   <<El padre que castiga>>, que consume la fuerza del hijo y también lo priva de <<su derecho a existir>>, Kafka lo ilustra simbólicamente así: <<El pecado original, esa vieja injusticia cometida por el hombre, consiste en el reproche que el hombre hace y al que no renuncia>>. <<Lo propio de esa justicia, supone K., es que uno no sólo es condenado inocente, sino ignorante>>. Benjamín está sin duda atraído por la perspectiva de una lectura de Kafka –dice Pierre Bouretz- a través de las categorías de la tradición judía a la que le invitaba Scholem, pero parece aún más impulsado por el deseo de refutar lo que llama el <<modelo teológico>>.17 Leer e interpretar la obra de Kafka, según Benjamín, significa, desandar lo andado, sondear lo que el espíritu judío conserva en la Tradición, las palabras y la interpretación de la Toráh, en las diferentes configuraciones del tiempo. Así, pues, Willy Hass, estructura el universo de Kafka en dos niveles superpuestos: <<El universo Kafkiano se despliega alrededor de la oposición entre un dominio de la potencia superior entendida como sede de la Gracia (El castillo) y un universo de las potencias inferiores del juicio o la condena (El proceso); su horizonte se vincula a la idea según la cual el hombre siempre es culpable ante Dios, cuya misericordia en todo caso no puede forzar>>.18
   
   <<En cuanto a las figuras de éstas, se vincula a una doble certeza: los relatos de Kafka se reclaman de las potencias de un <mundo primitivo> que también es el mundo actual; pero su autor no ha encontrado su camino entre ellas>>.19 En cualquier caso, Benjamín en el <<Libro de los Pasajes>>, dice: <<Del mismo modo que Giedion nos enseña a leer las características principales de la edificación actual en construcciones de 1850, queremos leer en la vida y en las formas perdidas y aparentemente segundarias de aquella época, la vida y las formas de hoy>>.20 Freud también percibe este <<mundo primitivo>> en las potencias libidinosas, naturales y primitivas, del alma humana. Potencias de horror, sangre y muerte, en la vida del hombre. Los mitos y leyendas de los pueblos no son otra cosa que sueños y deseos <<descargados>> de su tiempo primitivo. Todo lo que la humanidad ha rechazado siempre como barbarie -nos recuerda Stefan Zweig-, sed de sangre, incesto y violación, aquellos lúgubres extravíos de los tiempos salvajes, todo esto se estremece en deseo una vez más en la infancia, ese período prehistórico del alma humana: cada individuo debe repetir simbólicamente en su desarrollo ético toda la historia cultural de la humanidad.21
   
   Piensa Benjamín que ninguna parábola de Kafka es más significativa que la de Odradek, el pequeño carrete de hilo y viejos tejidos de apariencia rasgada, pero que parece capaz de mantenerse en pie como sobre patas.22 <<La forma que adoptan las cosas caídas en el olvido. Están deformadas>>. Para Benjamín en la literatura de Kafka hay una dualidad: <<Por un lado, existe un elemento de esperanza, como la espera de un aplazamiento del procedimiento que representa la única salida posible para el acusado de El proceso: Pero, al punto, es el predominio de la oscuridad lo que sin tregua oscurece las alegorías. A fin de cuentas, ese último motivo es el que Benjamín ve triunfar>>.23 En Kafka todo lo que el hombre hace en el mundo, está abocado al fracaso. Ya que en la vida del ser humano, casi siempre, prima su parte oscura y no la luz del espíritu y el entendimiento. Como lo expresa el Gran Inquisidor en Dostoievski: <<El hombre está en presencia de un misterio insondable que le prohíbe predicar la libertad o el amor, imponiéndole, por el contrario, someterse sin más a un secreto o enigma que no puede evitar>>. Ahora, ¿tiene sentido el mundo o la vida para Kafka? No, porque el hombre está sometido a la Ley. Ésta cohíbe, limita la voluntad y cualquier posibilidad de escapar, es inimaginable. El hombre en el mundo está como en una cárcel, que Kafka simboliza en las parábolas de El proceso. Un desdichado que tiene que romper la red de hierro, fría, oscura, del mundo con la luz de la esperanza, la espera reposa dentro de sí.
   
   En el Diario, 25 de septiembre de 1917, Kafka dice: <<Pero la dicha sólo podré alcanzarla si logro elevar el mundo para hacerlo entrar en lo verdadero, puro y lo inmutable>>. Como afirma Simone Weil: <<En todos los problemas desgarradores de la existencia humana, la única elección posible es la que debe optar entre el bien sobrenatural y el mal. […] Solo lo que viene del cielo es susceptible de imprimir realmente una marca sobre la tierra. […] La verdad, la justicia, la compasión son un bien siempre y en todas partes. […] La desdicha dispone al alma a recibir con avidez, a beber todo lo que procede de allí>>. En la misma tendencia Ernst Jünger, expresó: Es necesario <<la ordenación de las cosas visibles de acuerdo con su rango invisible. Toda obra y toda sociedad debería estar estructuradas según ese principio>>. De ahí que Benjamín diga: <<Los fragmentos Kafkianos no se integran del todo en las formas de la prosa occidental y se relacionan con la doctrina como la Haggadah con la Halakah>>. Esto es: <<La Ley de la tierra es la Ley>>.
   
   Para Benjamín se trata de comprender la figura de Odradek, en la obra literaria de Kafka, y su relación con la del <<jorobadito>>: <<Ese hombrecillo es el habitante de la vida deformada y desaparecerá con la llegada del Mesías, de la que un gran rabino dijo que no cambiaría el mundo a la fuerza, sino que sólo pondría las cosas un poquito en orden>>. Así, la experiencia de Kafka se ubica en dos perspectivas: de una parte, la mística, tiene que ver con la Tradición; de otra, la experiencia del hombre en la gran ciudad moderna. En ésta, el hombre ha olvidado la escritura y la exégesis; a la vez es la experiencia que tiende a la cosificación y objetización de la existencia. La relación que establece Kafka con la mística judía se percibe en el simbolismo y las parábolas de sus obras. Por estar la Torah preñada de significaciones innumerables, lo planteado por el universo Kafkiano de una Tradición que se ha vuelto intransmisible es la posibilidad de preservar lo que compensaba la desesperación de la mayor parte de los místicos del Nombre, <<la creencia en el lenguaje concebido como un absoluto, por desgarrado que esté por la dialéctica, la fe en un misterio que puede oírse en el lenguaje>>.24
   
   <<Kafka –dijo Benjamín- estaba a la escucha de la tradición y quien escucha esforzadamente no ve. […] Kafka vive en un mundo complementario. (Y en ello está emparentado con Klee, cuya obra se alza en la pintura tan esencialmente aislada como la de Kafka en la literatura) […] Lo que se quiere atrapar al vuelo no es algo determinado por el oído. […] La obra Kafkiana expone una enfermedad de la tradición. En ocasiones se ha querido definir la sabiduría como el lado épico de la verdad. Con ello queda la sabiduría caracterizada como un bien tradicional; es entonces la verdad en su consistencia. Esa consistencia de la verdad es la que se ha perdido>>.25 Para Benjamín, Kafka percibe que el mundo moderno se atiene a la verdad; pero, renuncia a su transmisibilidad. Y además da la espalda al filón del espíritu judío, en nombre de la ciencia y la razón. <<Abandona la verdad para atenerse a su transmisibilidad, a su elemento hagádico>>.
   
   De ahí que Kafka no habla de sabiduría  –le escribe Benjamín a Scholem- Sólo se queda con los productos de su ruina. Y estos son dos: el rumor de las cosas verdaderas (trata de lo desacreditado y obsoleto); el otro producto de esta diástasis es la locura, que si ha malgastado por completo el valor propio de la sabiduría, ha conservado en cambio el garbo y la tranquilidad que por todos lados se le escapa al rumor.26 Si para Kafka, la locura es el signo de sus personajes; para Thomas Mann la enfermedad es el estado donde el hombre alcanza la creatividad estética; en Kafka renuncian a la verdad y a la sabiduría. Por eso dice Benjamín que <<la obra de Kafka es profética>>. No le queda otro remedio que responder con asombro, en el cual desde luego, se mezcla un terror pánico, a esas dislocaciones, casi incomprensibles de la existencia>>.27 Así pues, <<todo lo que describe enuncia otra cosa>>. Kafka se vale del mundo talmúdico y la Tradición, para dar una descripción del mundo actual. <<El hombre actual –dice Benjamín-  vive en su cuerpo como K. en la aldea al pie de la montaña del castillo: como un extraño, como un paria que nada sabe de sus leyes que unen a ese cuerpo con otros órdenes superiores>>. Estar encerrado dentro de sí, escondido en los bajos fondos y en las madrigueras, le parece al Kafka <<lo adecuado para sus miembros de su generación, aislados, desconocedores de la ley, y para su mundo entorno>>. Sin embargo, el mundo del que habla Kafka, es viejo, corrompido, degradante, vivido en demasía, polvoriento. <<Pero no sólo en las figuras femeninas –expresa Benjamín-, que todas viven en una promiscuidad sin barreras, podemos palpar la depravación de ese mundo>>. Sino también en un mundo deshilachado, roto y arrugado, desvergonzado, tanto para los de arriba como para los de abajo. En él no hay esperanza, sólo miedo, terror y olvido.
   
   En el Estado Moderno podemos percibir que <<ambos mundos son un laberinto medio oscuro, polvoriento, estrecho, mal airado, de cancillerías, despachos, salas de espera, con una jerarquía imprevisibles de empleados pequeños y grandes y enteramente inasequibles, empleados inferiores, conserjes, abogados, auxiliares, botones, que externamente hacen el efecto de una ridícula y absurda parodia burocrática>>. Es un mundo sin ley, tanto para los superiores y los inferiores; donde se cuela la solidaridad <<sólo en único sentimiento, el miedo. Un miedo que no es reacción sino órgano>>. Sabemos que en el mundo moderno, es del miedo de lo que vive el poder. Como dijo Ernst Jünger: El miedo es uno de los síntomas de nuestro tiempo. En la época actual el miedo y el automatismo van de la mano, el hombre coarta sus decisiones en beneficio de las facilidades técnicas.28 También respecto a Kafka, insiste Benjamín, <<el miedo es a la par y por partes iguales miedo ante lo muy antiguo, ante lo inmemorial, y miedo ante lo más próximo, ante lo que está surgiendo. Para decirlo en una frase: es miedo ante la culpa desconocida y su expiación, cuya única, imperiosa bendición es que se dé a conocer la culpa>>.29 Por tanto, <<la dislocación más precisa, tan característica para el mundo de Kafka, procede que en él lo nuevo, grande y liberado se representa tras la figura de la expiación>>.30
  
   Sabemos que en el mundo actual, no sólo es <<el gran mecanismo político lo único que lleva a sentir ese miedo. Hay además una cantidad de miedos particulares>>.31 Pero también el miedo mítico de la culpa y la expiación, son síntomas de la dislocación e indicadores de la catástrofe. <<Por eso Willy Hass ha descifrado con toda razón como olvido la culpa desconocida que conjura el proceso contra Joseph K. >>. Se pregunta Ernst Jünger, ¿es posible liberar del miedo al ser humano? Tal cosa es mucho más importante que proporcionarle armas o que proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quién no siente miedo. Por otro lado, el miedo pone cerco también a quienes van armados hasta los dientes –es precisamente a ellos a quienes pone cerco.32 De hecho el mundo actual es el del terror, el sufrimiento, el dolor, el olvido, la culpa, la expiación y en la obra de Kafka, es lo característico.
   
   De este mundo rebajado, deformado y arrugado, Benjamín dice: <<La creación literaria de Kafka rebosa de configuraciones del olvido –mudas suplicas de que por fin llegue a ocurrírsenos. Pensemos en el <cuidado del padre de familia>, en la extraña madeja parlante Odradek, de la que nadie sabe lo que es, o en el escarabajo, el héroe de Metamorfosis, del que sabemos muy requetebién lo que era, un hombre, o en el <cruce>, el animal que es mitad felino, mitad cordero, para el cual el cuchillo del matarife tal vez fuera una redención>>.33 Simbólicamente hablando la redención del sufrimiento y la culpa, que es la de todos y cada uno de nosotros, se representa en las obras de Kafka. De lo que aquí se trata no es de relaciones numéricas, sino de la objetización y del interior del ser humano; de la esperanza y la salvación de poderes míticos y de espejismos actuales. Como expresó Jünger: Es posible dar al ritmo superior de la historia la interpretación siguiente: el ser humano se redescubre a sí mismo periódicamente. […] Pero desde los tiempos más remotos viene repitiéndose una y otra vez el mismo espectáculo: el hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad.
                  
                                                          
                                                            Bibliografía

1. Adorno, W. Theodor. Prismas. La crítica de la cultura y la sociedad. Ediciones Ariel, S.A. Barcelona, 1962. P. 163.
2. Ib. p. 163.
3. Kertész, Imre. Diario de la galera. Acantilado. Barcelona, 2004. p. 11.
4. Adorno. Ib. p. 163.
5. Ib. p. 164.
6. Ib. p. 166.
7. Bouretz, Pierre. Testigos del futuro. Filosofía y mesianismo. Editorial Trotta, S.A. 2012. Madrid. p. 267 y 268.
8. Ib. p. 166.
9. Ib. p. 167.
10. Adorno. Ib. p. 169 y 170.
11. Ib. p. 170.
12. Ib. p. 170.
13. Ib. p. 170.
14. Bouretz. Ib. p. 248.
15. Ib. p. 250
16. Benjamín, Walter. Historia y Coleccionismo: Eduard Fuchs. Editorial Ariel. Madrid, 1982. p. 123.
17. Bouretz. Ib. p. 250.
18. Ib. p. 250.
19. Ib. p. 250.
20. Benjamín. Libro de los Pasajes. Ediciones Akal, S.A., Madrid, 2005. [N1, 11].
21. Zweig, Stefan. La curación por el espíritu. (Mesmer, Mary Baker-Eddy, Freud). Acantilado, Barcelona 2006. p. 412.
22. Bouretz. Ib. p. 251.
23. Ib. p. 251.
24. Ib. p. 371 y 372.
25. Benjamín.  Dos Iluminaciones Sobre Kafka. Una carta Sobre Kafka (Escrita a Gershom Scholem en París a 12 de junio de 1938).
26. Ib.
27. Ib.
28. Jünger, Ernst. La emboscadura. Tusquets Editores. Barcelona 2002. p. 63.
29. Benjamín. Ib.
30. Ib.
31. Jünger. Ib. p. 66.
32. Ib. p. 67.

33. Benjamín. Ib.