lunes, 27 de abril de 2026

 

                                          La palabra poética en la encrucijada

          Las cosas geniales no se inventan; son consecuencia de una inspiración.

          El niño es genial por naturaleza – al recordar el origen. Este es algo que

         se pierde no sólo con el paso del tiempo, sino también por causa del tiempo”.

                                                                      Ernst Jünger, La tijera.

“Aunque parezca un exabrupto o algo que no está de acuerdo con los tiempos actuales, donde predomina el odio, la polarización política, la violencia, la guerra, la sed por el dinero y las injusticias sociales; hablar sobre poesía, arte, música, teología, posibilita hablar sobre el mundo, la realidad y la Vida. Permite hablar sobre los más sutiles procesos psicológicos y anímicos del ser humano, sobre la memoria y la rememoración, el amor que es el secreto de la maestría, la amistad, el respeto al otro ser humano, la convivencia pacífica y la libertad”.

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Madrid-España a 27/04/2026

Estamos en el despertar de una nueva irracionalidad política y militar –el nacional-populismo dogmático, del neofascismo y del autoritarismo– que inducen a la Gobernanza Mundial al deterioro de las leyes internacionales y la ruptura con el orden que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial. En la relación de los Sujetos Internacionales lo que predomina son las armas, la fuerza, el poder y la guerra.

 El siglo XX fue el siglo de la esperanza y la frustración de millones de seres humanos. Pero, ante todo, y, sobre todo, el primado de la técnica y el deterioro de las lenguas naturales. Un siglo que puso las demandas y las posibilidades del lenguaje, al servicio de la demagogia política y la degradación de la dignidad humana. Un siglo que exaltó el Totalitarismo (de izquierda o de derecha), también de las diferentes formas de autoritarismo en los países periféricos.

Un siglo que degradó la palabra poética, la literatura, el arte o la teología, en nombre de la ideología, la raza, el Estado, la técnica y el ejercicio del poder. El siglo XX fue el tiempo del primado de la comunicación llana y simultánea. De los medios de comunicación de masas, y el preámbulo de las redes sociales, de la imagen en movimiento, las Plataformas Digitales y la Inteligencia Artificial, etc. Que ahora determinan y condicionan la vida privada y pública de las personas y los pueblos.

Investigadores en IA dicen que, es, una herramienta que posibilitará ir más allá las limitaciones biológicas, mentales o espirituales. Y predicen que, la IA ha de aliarse a los valores humanos y posibilitar un nuevo “tipo” de vida. Y otros piensan que la IA, suplirá y destruirá a los seres humanos en pocos espacios de tiempo.

Entonces sorprendidos y anonadados vemos cómo se cumple la metáfora de Karl Marx:

Todo lo sólido se desvanece en el aire; cuanto es sagrado se profana, y los hombres se ven obligados a mirar finalmente con ojos desencantados su propia condición real y sus propias relaciones con sus semejantes”.

Así pues, el devenir de los procesos lingüísticos y los asuntos humanos, trastocó el mundo de nuestros mayores y convirtió a la palabra en algo medial de sí misma. Por la balcanización de la condición humana y la retirada de la palabra, el hombre sufre una nueva Caída. Walter Benjamín lo ilustra con esta metáfora: “Hemos caído en la charla enferma”. Esta Caída pasa del Árbol del conocimiento, al Árbol biológico y al Árbol lingüístico. Y el lugar que una vez ocupó el espíritu lingüístico y los recursos de la imaginación creadora, lo ocupa ahora, el Dragón de mil escamas, el Estado, la cifra, la técnica o, el Gran Poder Tecnológico.

La Cultura, el respeto a la pluralidad y a la convivencia pacífica, en esta alta civilización abstracta, habita el desierto y lo puebla con sus espejismos. A los hombres se les compele a vivir sin escuchar el canto de las musas, a no mirar hacia las alturas donde moran los dioses, a no escuchar siquiera el susurro de los otros, a desdeñar lo que está escrito en las estrellas o, en el alma de los humanos.

En un mundo como éste “resulta indispensable la labor de los poetas, pues sólo con la imaginación que otorga su fuerza básica a las acciones, el mundo de la Técnica podrá revitalizarse, si accede al reino de las Musas; la enorme superioridad de este reino del arte y de la veneración podrá proporcionar al mundo de la Técnica, el milagro del Ser, y entonces quién sabe qué sorpresas nos estén deparadas cruzadas ya las cimas del Maelstrom”.

En la nueva Caída, la palabra se desgarra y, las proezas del mundo técnico, (los grandes modelos de lenguajes artificiales, los LLM, que tienen comprensión multimodal y deterioraran las lenguas naturales). También la indiferencia dineraria, la voluntad de poder, transforman el tiempo mítico, la memoria verbal o la consciencia étnica, por “la bandera de la peste, el dominio universal de la decadencia y del nihilismo”.

Y un mundo frío, distante psicológicamente e indiferente a las apetencias humanas, obstruye escuchar el lenguaje de las montañas y los valles; de las tierras altas y las tierras bajas; de las olas del mar y ver los linderos del desierto y el alba; también imposibilita escuchar el canto de los poetas; las narraciones de los novelistas; los ritmos, los tonos, las configuraciones, las temporalidades de una obra de arte; o develar el lugar donde la palabra obtiene Significación Cósmica.

Y, como el poeta, los dioses moran en la imaginación de los hombres; y, por la naturaleza que los define descienden sólo excepcionalmente al mundo de los fenómenos.

                                Entonces,

                    Resplandecen cromáticos tornasoles”- al decir de Goethe.

De ahí el interés de Walter Benjamín de restituir desde la lectura hermenéutica lo profundo y esencial de la lengua. ¿Para qué? Para que comunique la esencia del espíritu lingüístico y logre comunicarse a sí misma. Porque desde el mito del Génesis, cuando se da la ruptura entre el Árbol de la vida y el Árbol del conocimiento, la lengua se convierte en algo medial de sí misma. Esta se ubica en la superficie del Árbol de la vida y, Benjamín busca desde el retorno a las fuentes del misticismo judaico, la Tradición, la Torá, re-encantar los dominios del conocimiento y de la existencia.

Así que, la lengua del Primer Adán puede volver a beber de las fuentes de la de Dios. Entonces, ella se distanciará de los espejismos que ofrecen las profecías del nihilismo. En el devenir de ese danzar polifónico, la lengua y la poesía –en una síntesis dialéctica y sensitiva– definen la identidad del hombre. Que en la naturaleza que lo expresa es esencialmente lingüística. Entonces, tomamos consciencia que el hombre es sentimientos, imaginación, lenguaje, creatividad y pensamiento.

Significa situar al ser humano en el centro del mundo y reconocer que la vida que Dios nos regaló, tenemos que defenderla y honrarla, luchando como un bravo saldado hasta el instante de la muerte.  

En la Cultura y la Civilización occidental contemporánea, se observa la irrupción de las nuevas utopías de lo inmediato concatenadas a la Cultura del artificio y la Civilización del espectáculo. En la consciencia común existe la sensación que las vidas se presentan como algo efímero y sin peso; y, prevalece el aquí-ahora de la comunicación simultánea e inmediata o, el despilfarro de la energía vital. Ante los más altos valores éticos y morales, estéticos y filosóficos, religiosos y culturales, que le han otorgado a la Cultura y a la Civilización occidental, su razón de ser y existir en la Historia Universal.

        Y esto se presenta a la consciencia moderna occidental como una tragedia cósmica y existencial.

En la época actual hablar de “los cuentos, las poesías y las novelas” es hablar de algo que se mueve en un orden superior de aconteceres. Que la realidad atraviesa diversos grados de existencia y la vida trasciende las Murallas del Tiempo y del Espacio. La poesía, la literatura y el arte en general, llevan a un mundo de mayor libertad, donde se vence lo imposible. En estado de literatura el placer y el dolor, el sufrimiento y el amor son sentidos en una dimensión diferente; también el lector y el oyente tienen Olimpo.

El lector necesita de ocio y libertad, de silencio e introspección como del aire para respirar. Vive alejado de la velocidad y del maquinismo, los negocios y el consumo –peculiar modo de vivir y sentir la realidad. Si no encuentra ocio y tranquilidad, utiliza la paciencia y la espera –en cualquier circunstancia. Tanto en los viajes ideales como en las excursiones fantásticas, ese impulso echa raíces en la vida cotidiana, pone en peligro el mundo real.

                                    Como expresa Ernst Jünger en La Tijera:

El poema establece marcas que no son alcanzadas en la vida. En diversos niveles amenaza el destino de Hamlet”.

En estado de literatura el lector aprende que “existe un instinto de conservación vital”, y también que “hay un instinto de conservación ideal, que pone límites al acercamiento”. A la vez, hay “instancias desde cuya esfera es vista como un robo o como una insolencia. En todos los niveles, hasta en la más liviana transgresión de la norma, se exige en cualquier caso un peaje o una multa”.

La literatura y el poema, en particular, nos enseñan: “De la luz, que ilumina, separa la llama que quema. Van Gogh vio más cosas de la que estaba permitido ver –en su girasol y en sus cipreses vio la zarza en llamas. Vio la luz como pintor, igual que Novalis vio la noche como poeta. Ahí no se da ya separación”.

Uno de los signos de la inflexión de los tiempos actuales, los dioses se retiran y los titanes van haciéndose cada vez más poderosos. Y los seres humanos se convierten en números o, cosas de poner y quitar. Eso se percibe en los ejércitos y los mercenarios que se venden al mejor postor. Como dijo Jünger: “Los cambios sociales no mejoran la posición de la persona singular, la agravan incluso”. Pero existen personas libres, de carácter recio y espíritu profundo, que creen en el ser humano, por ejemplo, que los aparatos técnicos no pueden sustituir la presencia del hombre.

Poseen la convicción que “incluso en los errores esa presencia se acerca más a lo perfecto que todas las exactitudes. La realidad causa un efecto más fuerte al ser mostrada que al ser dicha”.

En la Gran ciudad, los seres humanos sienten que se enfrentan a tempestades de acero, y el resplandor de sus hechizos arrastra tras de sí, espejismos de imágenes y lenguajes digitales, que configuran las nuevas utopías de lo inmediato. Por ende, el nuevo “tipo” de hombre que está configurando la arena de la historia, se presenta como un denigrador nato de todos los “tipos superiores” y de los modos y los medios naturales de comunicación humana. Este “tipo” de hombre rompe los lazos con el mundo del mito y la niñez; también con las fuentes de lo mágico y maravilloso de la realidad y de la Vida. Que entrelaza el poeta con los hilos de las palabras y el novelista desgarra el velo nocturno de la oscuridad de las cosas.

Así que, la creación poética, los ritmos, los compases, que marca la literatura, la poesía, la creación popular-colectiva, contienen y descifran la vitalidad del lenguaje. Ahora bien, ¿por qué la palabra es el átomo fundamental de la magia del lenguaje y de la Vida? Porque permite que desandemos lo andado y podamos tejer la red del lenguaje y la moralidad, para que el hombre alcance la jerarquía de persona. Es el ámbito donde el ser humano reúne todo un mundo, y desvela los gestos de la vida en su Belleza.

                 Como lo expresa esta metáfora de Charles Baudelaire:

                          Lo Bello no es más que la promesa de felicidad”.

El respeto, por ejemplo, por la dignidad de los seres o, el aprecio de la persona por la libertad, son en su naturaleza un “hecho estético”. Es en la esfera de la moralidad -nos enseñó Hermann Cohen- donde la “tarea” del hombre consiste en alcanzar el amor y la justicia en correlación con los otros seres humanos. Y esto lo alcanza el “hecho estético”, porque facilita un encuentro nuevo con el mundo, la realidad y la Vida.

No podemos olvidar que la literatura y la poesía son fuentes de manantiales de palabras, sonidos, ritmos, cadencias, susurros, silencios, donde el hombre sueña la vida y permite precisarla. La literatura es una de las vías para mejorar nuestra conducta y condición en el mundo. El lugar donde lo más insignificante de la realidad puede deslumbrarnos. Así que, existen campos como el de la religión o, el de la poesía, que permanecen oscuros al tópico común y al demagogo de turno. En ésta alta civilización técnica y tecnocrática, la literatura, el arte, la música, el teatro, la poesía, la filosofía o lo sagrado, deben tomarse muy en serio.

Porque la Civilización del espectáculo, induce al despilfarro de la energía vital, también a la degradación de los valores de la cultura, y en especial del lenguaje natural. Se olvida la promesa de liberación que hay en la literatura y la Cultura. Por tanto, la cultura posibilita el perfeccionamiento del espíritu y de la vida. En la oscuridad y los espejismos de los lenguajes digitales o, de las imágenes, la cultura contribuye alcanzar la “dulzura” y la “luz”, en la armoniosa perfección humana. Sí somos conscientes de las repercusiones del lenguaje en la vida de las personas, por ende, cada palabra o cada acción, abre o cierra una puerta; por eso, la literatura o el arte en general, son dignos de atención y respeto.

De ahí que la literatura y la cultura deben estar guiadas por el libre juego del pensamiento sobre la vida, la realidad y el mundo.

“El lenguaje del artista está en su obra. Si ese lenguaje está bien logrado, hablará a los hombres, los interpelará en algún lugar y en algún tiempo”. Como un buen “Libro escrito”; llevará a cabo las nupcias con el Universo, con el mundo y la vida, porque han salido bien.

                                       Como dice Jünger:

Una ofrenda hecha a Apolo, aunque sea modesta, aunque no esté bien lograda, merece la atención del dios; también en ella hay un mérito, se asemeja al óbolo de la viuda pobre de que habla el evangelio”.

En la actualidad es de suma importancia distinguir entre la Cultura y la técnica. Es un presupuesto de pulcritud espiritual, como lo es así-mismo distinguir entre el creer y el saber. La vida se convertiría en una tragedia sino se hace tal distingo. Saber, por ejemplo, que el artista no inventa –muestra. El libro representa un momento bienaventurado para el lector, porque le permite no perder la esperanza en la poesía y la literatura, en un mundo tan controvertido como el actual.

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