“Fragmentos del
libro La Lengua Herida que acabo de
escribir”
<<A todas las personas que
creen en la “Palabra” como medio de
conversación y persuasión en el espacio de las balas, la violencia, el caos y
la guerra>>.
<<En la actualidad no solo
hemos perdido la fe en Dios, sino también en el hombre mismo y, en particular,
en aquellos que nos rodean>>.
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
Madrid-España a 28/03/2026
En la Gran ciudad, la clara y profunda llama de la vida que arde en los
corazones de los hombres, parece que se hubiera nublado. Porque en su lugar priman
los grisáceos y negruzcos nubarrones que preceden las tempestades. En un ámbito
como éste, en medio del sol más radiante, las cosas son lúgubres y frías. Y la
vida cotidiana se convierte en objeto y cifra. No podemos negar que la mayor
parte de las veces, el dolor y el sufrimiento trascienden nuestras fuerzas.
El habitante de la Gran ciudad le hace fintas y los
esquiva, pero no prepara la vida para enfrentarlos, como hace el torero con el
toro. Esto tiene sus causas y una fundamental es, la pérdida de la libertad.
Hemos ido entregando poco a poco el fuerte donde mora la libertad, al “Dragón de mil escamas”, el Estado,
a cambio de la seguridad. También al Poder
de las Tecnologías Digitales, las redes sociales y las imágenes en
movimiento. Observamos anonadados y sorprendidos que la seguridad que el Estado
técnico una vez nos brindó, se resquebraja.
Porque se han despertado de su
letargo sueño fuerzas míticas y atemporales, que creíamos que, con la razón y
el pensamiento técnico-científico, estaban dominadas. Y en forma de creencias
atávicas, terrorismo islámico, ideológico, guerras nacionales o entre naciones,
el nacional-populismo-autoritario, el neo-fascismo, se abren camino en las
ciudades, los pueblos y los campos del mundo. Que dejan tras de sí desolación,
odio, sufrimiento, hambre, indigencia y muerte.
El otro problema que surge en la
actualidad, ¿cómo brindamos seguridad a la humanidad, a una nación o una
comunidad, cuando el orden internacional que se estableció después de la
segunda Guerra Mundial, voló por los aires como una costra seca? Se viola el
derecho internacional, se destruyen las Naciones Unidas, los tratados e
instituciones que velaban por la vida en común y el respeto al frágil consenso
de los Sujetos internacionales. Se ruptura los convenios de seguridad con
aliados como la Unión Europea, por parte de EE.UU. Ahí está unos de los
problemas a resolver en pocos espacios de tiempo, el paso del multilateralismo
a la unipolaridad de los nuevos imperios como Estados Unidos, Rusia y China.
Esto nos permite percibir que
estamos viviendo en esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y
cultura de masas, una disminución del sentido de la existencia y la realidad. Y
el optimismo, la confianza y la consciencia de poder que genera la técnica, el
progreso y el desarrollo, se resquebrajan ante las fuerzas de lo elemental y
atemporal. No sólo hacen evidente el resquebrajamiento de los anillos de
seguridad que garantiza el Estado, sino también una visible falta de libertad.
De tener conciencia que vivimos
en un mundo que, en pocos espacios de tiempo, la inteligencia alienígena lo
determinará en algunas de sus formas. Nuestra preocupación estriba en que, la
IA no tiende a la inteligencia humana, sino a algo diferente que encierra en sí
un potencial enorme, que no comprendemos ni controlamos. De ahí que los
peligros que representa la IA y la tecnocracia autoritaria, son variados y
disimiles.
En un ambiente así quedamos a
merced de los espíritus fuertes y voluntad recia, los hombres que permanecen firme
en medio de las tempestades y las tragedias. Cobra validez que, “lo automático
no se torna terrible hasta que no se revela como una de las modalidades de la
fatalidad, como su estilo, tal como fue descrito de manera insuperable por
Jerónimo Bosco”.
Así el arte se ocupa de manera
especial de la nueva situación del ser humano; su objeto va más allá de la mera
descripción. En éste campo se están realizando tales ensayos que trascienden
las valoraciones vigentes, los “órdenes” de valores establecidos. El arte
contemporáneo nos sugiere participar del “aura”
de las imágenes; como lo percibe Benjamín y Borges en el hecho estético.
Además, pensar las imágenes de la
realidad como la inminencia de una Revelación.
Y captarlas en un campo donde se entrecruzan sus sentidos de diversas maneras.
Por eso el arte, la literatura, la poesía, la música, nos revelan que vivimos
en un mundo de imágenes entrelazadas y buscamos descifrar el enigma de lo
actual. Que posibilita, entre otros, reflexionar sobre el presente-actual, los
lugares comunes y la tarea de destruir las fronteras de lo cotidiano. Ya que el
hombre es un ser fronterizo.
Asimismo, la pérdida de la
libertad individual, es una de las cuestiones que hoy se halla detrás de todas
las congojas del presente. El ser humano se está convirtiendo en cifra, también
en un ser manipulado, vigilado, cercenado, atravesado y trascendido, por
fuerzas que desconoce, no comprende ni controla. A la vez, podemos decir que,
se “cosificó”, se “objetivó” o se convirtió en un “almacén de existencias”.
Dando paso a un ámbito donde sólo moran los titanes y las personas de espíritus
fríos.
Parece que somos parte de un
mundo del que se apoderó un pánico que dice mucho de la época que vivimos. Un
terror a lo desconocido, lo diferente, a la alteridad –al color de la piel, al
ritmo de lenguas diversas, la religión, la cultura distinta –, que acrecientan
la angustia y la debilidad de la persona que sufre, tiene miedo y está
desprotegida ante el poder Total. Ya se observa en Estados Unidos, con las
deportaciones masivas de inmigrantes, la xenofobia, el racismo, a las minorías
étnicas, a los blancos empobrecidos y a los negros nacionales.
También se vislumbra algo de eso
en Europa, con la acogida de una parte de las sociedades, a propuestas
políticas, culturales, lingüísticas, de extrema derecha, del
nacional-populismo-autoritario, a los principios ideológicos fascistas. Lo cual
es sumamente grave en un Estado de Derecho y un Sistema democrático. Se observa
que la coacción, la vigilancia, la simulación, tienen especial eficacia en los
desplazados, los desempleados, las prostitutas, los homosexuales y, en las
minorías étnico-lingüísticas.
Esto nos devela que el miedo es
el que domina y controla a esos hombres y mujeres; y se ubica en el pálpito de
lo azarosa y violenta en que han convertido sus vidas. Se percibe “que esos
hombres y esas mujeres se precipitan en su miedo cual si fueran unos posesos y
que subrayan con franqueza y sin rubor los síntomas de ese miedo”.
Naturalmente, el pánico, el miedo, el odio y el dolor, se están convirtiendo en
característico de la época.
Con relación al desarrollo de los
instrumentos técnicos, “el pánico se hará más compacto todavía en aquellos
sitios donde el automatismo aumenta y está aproximándose a formas perfectas,
como ocurre en Norteamérica. En esos sitios es donde encuentra el pánico su
mejor alimento; es difundido a través de redes que compiten en rapidez con el
rayo”.
Pero existen personas que en medio
del caos o la violencia que vivimos (de guerras nacionales y guerras entre
naciones), se levantan por encima de las adversidades. Y, son conscientes que,
“hay épocas de decadencia en las que se desvanece la forma de vida profunda que
en cada uno de nosotros está dibujada de antemano. Cuando perdemos sus huellas,
vacilamos y nos tambaleamos como a seres a quienes les falta el sentido del
equilibrio. Entonces, pasamos de las oscuras alegrías a los oscuros dolores.
Y la consciencia de una infinita
perdida hace que el pasado y el porvenir se nos aparezcan llenos de atractivos,
y mientras el instante huye para no volver más, nos balanceamos en épocas
remotas o en fantásticas utopías”. Esa capacidad de percibir la forma de vida
profunda en medio del caos y los instantes únicos de la vida cotidiana, los Dioses y las Musas lo donan sólo a sus elegidos. Son los que perciben el sentido
de las cosas y de la existencia en general, expresados en el hecho estético del mundo y la realidad.
Su ofrenda se dona en obras de
arte, música, teatro, literatura, teología, poesía, ciencia o filosofía.
Gracias a ellos, la vida es agraciada con una nueva y desconocida luz. Y nos
damos cuenta que, la existencia que vivimos con un espíritu lleno de prejuicios
o anclados en el tópico y el lugar común, se libera de las ataduras. Entonces,
se torna piedra preciosa que brilla en medio del camino y la que todo el mundo
toma como un trozo de vidrio. Se trata de una piedra preciosa, que tenemos que
pulirla correctamente. Por eso hay que trabajar primero en el interior de todos
y cada uno de nosotros.
Así que, por estar inmersos en
los ritmos de la vida cotidiana, no nos damos cuenta que las personas son
inestimables tesoros que están siempre a nuestro lado, a lo largo del viaje de
nuestra existencia. Cada una de ellas forma parte de la aristocracia natural de
este mundo –como la solía llamar el hermano Othón, uno de los personajes de la
novela Sobre los acantilados de mármol
de Ernst Jünger -, y que cada una de ellas, no obstante, puede hacernos un gran
bien. Concebía a los hombres como depositarios de algo maravilloso y a todos
les dispensaba un trato principesco.
Por eso todas las personas que se
acercaban a él se abrían como plantas que despertaran de un sueño invernal, y
no porque se hicieran mejores de lo que eran, sino porque se acercaban más a sí
mismas. En los ritmos de la vida cotidiana no nos damos cuenta que la
existencia es algo sencillo, profundo y sublime, porque cada instante nos abre
la comunicación consigo mismo, con el otro o, con Dios. En cualquier momento se puede dar la Revelación divina o, abrir las puertas del hecho estético, que nos posibilite alcanzar lo bello y eterno, que
mora en todos y cada uno de nosotros.
En este orden de la existencia,
la vida no puede ser arrojada en manos del primer postor. Aunque una doctrina
afirme: la vida con todos sus placeres y dolores no es nada. “La vida -dice
Ludwig Wittgenstein- no está ahí para
eso. Tiene que ser algo mucho más
absoluto. Tiene que tender a lo absoluto. Y lo único absoluto es defender
victoriosamente la vida luchando como un bravo soldado por ella hasta la
muerte. Todo lo demás es vacilación, cobardía, comodidad, miseria”.
Debemos vivir de tal modo que
podamos morir bien. Y sólo lo alcanza quien logra conocerse a sí mismo,
confesarse a sí mismo, lo que “es”. También sabemos que “conocerse a sí mismo
es terrible porque a la vez se conoce la exigencia vital, y que uno no la
satisface. Pero no hay un medio mejor de conocerse a sí mismo que mirar al
perfecto. Por eso el perfecto tiene que desatar una tempestad de indignación en
los seres humanos; si no quieren humillarse completamente. Creo que las
palabras: “Bienaventurado quien no se escandaliza de mí” quieren decir:
“Bienaventurado quien sostiene la mirada del perfecto”.
Albert Camus dijo alguna vez: “En
el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias. El
juicio del cuerpo vale tanto como el del espíritu y el cuerpo retrocede ante la
aniquilación. Cogemos la actitud de vivir antes de adquirir la de pensar”.
La tarea de la filosofía, en este
estado de cosas, es tranquilizar el espíritu con respecto a preguntas carentes
de significado. Quién no es propenso a tales preguntas no necesita la
filosofía. Esto no es una opinión cualquiera, tampoco una convicción, sino una
visión frente a las cosas y la vida en particular.
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