lunes, 22 de septiembre de 2025

 

                                                   El Autoritarismo Digital

                                                           Madrid-España a 20/09/2025

<<No está comenzando un tiempo nuevo, lo que está comenzando es otro tiempo, un tiempo diferente>>.  

                                                                          Ernst Jünger

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

Somos parte de una época en la que los Poderes Tecnológicos se manifiestan contrarios al Estado de Derechos y al Sistema democrático (los derechos civiles, la tolerancia, las diferencias políticas, la dignidad e integridad de la persona humana, la aceptación de la diversidad y el compromiso, etc.). En este orden de ideas, la vanguardia tecnológica niega la libertad, el respeto a los Derechos Humanos, al Derecho Internacional Humanitario. También niegan la igualdad social, la soberanía popular y la consciencia crítica del individuo y la sociedad. Así que, el espíritu que se configura en la actualidad es un espíritu cruel, porque el autoritarismo digital desconoce la condición humana: la mundanidad, la pluralidad, la solidaridad, la fraternidad, la libertad, los valores éticos y morales, que dan vida, vida en abundancia.

Hemos llegado a un momento de la historia y del pensar, “en que los problemas como tales proporcionan únicamente molestias”. Los tecnócratas y los técnicos consideran “que más bien que ser planteados, son liquidados con rapidez, liquidados en estado embrionario, por así decirlo: es una consecuencia de la aceleración”. (Ernst Jünger). Están multiplicándose los sectores –en lo político, lo económico, lo social, lo cultural, etc., en que los problemas son resueltos con las máquinas que otorgan el técnico y el colectivo técnico. O, en otras palabras, por los técnicos o los tecnócratas.

Como lo expresa Imre Kertész en Diario de la galera: “Desde que Dios abandonó el mundo, no existe la objetividad. ¿La mirada de quién ha de ser la objetiva? ¿La del tecnócrata? Le falta interioridad, convierte al ser humano en pieza de recambio que ya nada tiene que ver con su propia vida y entra en la estadística, en el cementerio de los datos – lo contrario de la cultura imperante, esto es, de la ideología- se separa cada vez más de la vida. Ya es la secta de unos pocos, de guías de ciegos”.

Este tipo de personas cree que los problemas políticos sólo tienen solución técnica, y que no es necesario otros métodos, otras visiones o proposiciones para resolverlos. Piensan que con la visión técnica o tecnocrática basta. Desconocen que los aparatos o la estadística no pueden sustituir la libertad del ser humano. “Incluso en los errores esa presencia se acerca más a lo perfecto que todas las exactitudes. La realidad causa un efecto más fuerte al ser mostrada que al ser dicha. Se la enseña”. (Jünger).

          La técnica se presenta en la actualidad como un sustituto de la política.

Así que, las democracias parlamentarias liberales serian un estorbo, sus procedimientos de deliberación, de consensos y decisiones, son un obstáculo cuando se dispone de instrumentos técnicos, del cálculo, la velocidad que proporciona la técnica. El debate político lo consideran los tecnócratas como una pérdida de tiempo, el acuerdo político o social, un freno a las tecnologías y la soberanía popular representada en los parlamentos, un homenaje a la mediocridad y la incompetencia.

El mundo digital en que nos movemos dominado por tecnócratas, por técnicos y el colectivo técnico, pretenden que los instrumentos técnicos decidan por nosotros, y, a la vez, sin considerar otras visiones de los problemas de la sociedad. Descartan el análisis y el racionamiento como instrumentos para resolver los problemas sociales, económicos, políticos y culturales del cuerpo social. Es decir, el manejo responsable de la autonomía de la voluntad y de la libertad, se delega a los instrumentos técnicos y la estadística.

Dijo Daniel Innerarity en El País de Madrid-España del17 SEPT 2025: La promesa de los tecnólogos “tiene como objetivo terminar con la condición humana que consideran deplorable y su cortejo de incertidumbre, complejidad y necesidad de decidir. Se trataría de escapar de la indeterminación, complejidad y necesidad de decidir. Se trata de escapar de la incertidumbre que nos caracteriza: la del porvenir. Gracias al desarrollo de la técnica la humanidad llegaría a un estadio fijo y determinado, sin incertidumbre ni controversias, protegidas por los riesgos de decisión, es decir, sin humanidad”. 

En el mismo orden de ideas, “Ray Kurzweil lleva años augurando el adelanto de la inteligencia artificial a la humana y, entre otras cosas, la solución al envejecimiento. Sam Altman, el fundador de OpenAI, anuncia otros triunfos como la reparación del clima, el establecimiento de una colonia en el espacio y el descubrimiento de la totalidad del mundo físico. Estos y otros anuncios similares se apoyan en la convicción de que nuestro futuro se decidirá en la técnica”.

Creen que la técnica resolverá todos los problemas de la humanidad, lo cual es mentira. Quieren disolver la naturaleza humana ambigua, contradictoria, multifocal e insondable, en la técnica y la estadística. Que la reflexión sobre la moral, la ética, la libertad y la autenticidad del ser humano, se delegue a la técnica. Que el análisis, la crítica y el raciocinio dejen de ser instrumentos para resolver los problemas del hombre, del mundo y su realidad. Pasan por alto que una red de información no representa a la realidad, sino que crea realidades paralelas.

Aunque la IA pueda tomar decisiones y crear nuevas ideas por sí misma, “jamás conseguiría arrebatarnos el verdadero fondo a que nosotros nos aferramos, más aún, no podría hacernos dudar ni por un instante de la confianza que hemos cobrado en ello”. (Jünger). De ahí que, toda tentativa de la IA de averiguar el sentido último de la vida y del mundo conduce al absurdo y le arrebata su misterio a la realidad y al mundo.

El técnico y el mundo del colectivo técnico creen en la inmortalidad digital, que implica una mutación existencial de la naturaleza humana, del concepto de tiempo, de la indeterminación del futuro y de la libertad. Por eso liberarse del porvenir significa liberarse de decidir por sí mismo y delegarlo a los instrumentos técnicos o a la estadística.

Como expresa Innerarity: “Si nuestra vida fuera prolongada ilimitadamente por la técnica, no tendríamos que tomar ninguna decisión relevante, ni nos encontraríamos frente a opciones en las que se jugara nuestra supervivencia o la de nuestras instituciones. Estaríamos en un presente continuo en el que solo nos correspondería la tarea de optimizarlo, sin cuestionamientos radicales”.

La técnica concebida de esa manera nos protege de posibles males futuros, nos libra de las tomas de decisiones y del manejo de la libertad, y nos convierte en seres que no puede pasarles nada. Se trata que desaparezca de la vida del ser humano la incertidumbre del futuro y del presente, como todo acaecer imprevisible. Viviríamos un presente-actual continuo sin preguntas y cuestionamientos del tejido vivo de la existencia individual y social.

Según el mito de Prometeo, “el malestar de no ser como los animales lo calmamos con un robo que hacemos a los dioses: el del fuego que posibilita la técnica de forjar, que es un poder divino de crear y moldear las propias facultades, convertir nuestra originaria inutilidad en versatilidad. El robo prometeico compensa nuestra falta de animalidad predeterminada con el poder de hacer casi cualquier cosa gracias a la técnica. Hemos robado el poder de hacer, pero no hemos dejado de ser animales, es decir, seres vivos cuya vida depende de lo que hagamos, una supervivencia que no está garantizada por naturaleza, sino que se asegura artificialmente”.

No podemos olvidar que “el futuro depende de nosotros, no está prefijado. Los humanos no podemos asegurar el porvenir ni con la fijación natural de los animales en un mundo determinado ni por asimilación a los dioses; nuestra viabilidad futura debe ser continuamente creada, protegida, decidida, y mediante una técnica que no está inscrita en nuestra naturaleza, sino que será siempre el resultado de un robo, que es una metáfora para designar nuestra artificialidad”. (Innerarity).

Preguntamos, ¿qué pretenden los autoritarios digitales como Putin, Trump o Xi? Que en la técnica todo esté decidido y predeterminado, que abandonemos la autonomía de la voluntad y la libertad, que nos obligan a reflexionar, debatir, llegar a consensos y decidir, que se ubican en el corazón de la democracia. En una sociedad democrática el futuro del individuo o de la sociedad, depende de nosotros mismos, no de los instrumentos técnicos o la estadística.

Así que, el futuro del ser humano debe ser constantemente creado, protegido, de los autoritarios, los demagogos y farsantes de la historia y de la verdad. Porque en nombre de estos principios se han cometido las atrocidades más espantosas de la humanidad.

Como expresó Jianwei Xun en “Hipnocracia”: “Los algoritmos no son solo herramientas de cálculo y predicción: son tecnologías hipnóticas de masas. Y la economía de la atención no es solo un modelo de negocio: es un sistema de inducción colectiva al trance […] El enredo es totalizador y opera en múltiples niveles. Las plataformas sociales no venden publicidad; venden estados alterados de conciencia. Su producto no son datos; es una sugestión profunda […] Los algoritmos de recomendación son auténticas técnicas hipnóticas automatizadas […] La personalización algorítmica no sirve para mostrar lo que nos interesa, sirve para mantenernos en un estado de trance óptimo para el consumo y el control”.

Recordemos lo que Jünger dice en La Tijera: “Lo que hay son centros de gravedad y hombres poderosos en los que se concentra y gasta la energía. La primacía la tiene un elevado nivel de conocimiento, anónimo y desconsiderado, que vencerá las resistencias políticas o sociales allí donde tropiece con ella”.

De ahí que la técnica se convirtió en la condición fundamental de la actualidad. El vestido del hombre actual es la técnica. Sucede que el brillo que irradia enceguece o entorpece al ser humano. De ahí que el hombre contemporáneo entrega su esencia y la libertad, a cambio de las facilidades técnicas. En las esferas del mundo técnico la verdad no tiene solidez, porque detrás de ella se esconde la Cultura del artificio: las máquinas, la velocidad, lo pasajero, los estados de consciencia manipulados, los espejismos del mundo y la realidad, la transcurrencia del tiempo, la simulación y lo que se denomina Civilización del algoritmo.

La técnica no es un instrumento pasivo sino activo, que teje y desteje un campo de fuerzas en un sistema de relaciones sociales, políticas, económicas, militares y culturales, en constante configuración. Que obedece al ejercicio del poder de las Plataformas Digitales, la Praxis Política y las Esferas de la Economía. La técnica no establece un espacio de verdades absolutas, posibilita campos fluidos en devenir, que estructuran y ponen en funcionamiento, relaciones de fuerza y de poder, cada instante, cada minuto, cada hora o, cada día.

Somos parte de un tiempo fragmentado donde unas pluralidades de narrativas compiten en el ámbito de la Cultura de lo efímero, por una representación de una verdad que no poseen. En este ámbito no existe la conversación entre las narrativas, sino enfrentamiento constante para establecer un tipo de verdad fugaz y veloz, como el relampaguear. Aquí la verdad y el simulacro se refractan para ejercer un “tipo” de poder: el Poder de las Plataformas Digitales, las redes sociales y la IA.

En el mundo de los algoritmos se trata de apropiarse de sus engranajes, su estructura profunda de funcionamiento y lógicas internas, para posibilitar desde adentro formaciones discursivas y reflexiones críticas sobre el poder y el saber, que establecen como verdad. El desvelamiento del ejercicio del poder es, uno de los principios del pensar futuro. No se trata de oposición frontal a las narrativas y las imágenes de los dispositivos técnicos, de los algoritmos, sino que de sus tripas salga una reflexión crítica sobre el Gran Poder Tecnológico, que se oculta detrás de los algoritmos.

Lo importante del pensar futuro y la reflexión crítica consiste en que, no es indiferente a la verdad, porque en la época actual el Gran Poder Tecnológico, Político y Económico, construye, sanciona y valida un “tipo” de verdad, en los ecosistemas sociales, culturales o militares. No se trata de ocultar los mecanismos de poder o de saber, de manipulación, vigilancia o coerción del ser humano y las sociedades. Sino de develar procesos sociales, políticos o culturales, que de otro modo no se develarían.

Así que, en los procesos de saber-conocimiento, formación de relatos y experiencias compartidas, no se trata de ocultar desde los dispositivos técnicos o algoritmos, sino de develar la esencia que seduce y adormece a las colectividades. ¡Despertar! ¡Despertar! De su sueño invernal y posibilite la vigilia entre la aurora y el atardecer, para que las imágenes y las narraciones develen su verdadero rostro.

<<En una civilización como ésta los únicos lamentos que se escuchan no son los de los afligidos y menesterosos, sino los de los poderosos>>.

 

lunes, 15 de septiembre de 2025

¿Qué significa el “Humanismo” Ilustrado en la Época Moderna”

 

      

                                              Madrid-España a 15/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

En la época actual se trata de crear la ilusión psicológica que la vida es soportable para todos. Lo cual es mentira. Uno de los senderos que ha de transitar el pensar es develar las mentiras del poder. Así como la esencia de la técnica se extiende por doquier: la política, la economía, la cultura e incluso, la ecología participa de ésta. (José Mª Esquirol). Que oculta y, a la vez devela, la miseria y el peligro que representa para el hombre actual. Su significado político, económico y social de la crisis, en la cultura.

Una época en la que, el pensar cede su lugar al inventar, a la estadística o a la práctica política. Aquí la proposición de Ernesto Sábato acierta: “La cultura no es una capacidad del amontonar y el saber, es una cualidad del ser”. Ahora, se pregunta Sábato: “¿Quién es un hombre de cultura? El que está en posesión de un conjunto elástico de sistemas que confieren la intuición, el dominio y la valoración de la realidad”. Existe una diferencia entre pensar y planificar, porque las reflexiones del pensamiento requieren un esfuerzo especial y el beneficio que reporta no es parte de la estadística, ni del poder ni de la voluntad.

Sino de la cualificación del ser y del existir; aquello que posibilita el conocimiento de la realidad, del mundo y de la existencia. Como también la trascendencia, el encuentro del hombre consigo mismo o, con Dios. Y, esta trascendencia la puede aportar, el arte, la música, la arquitectura, la creencia en Dios, la teología, la mística judía, o la filosofía, etc.

Siguiendo la estela de T.S. Eliot y de Sábato, Ernst Jünger expresa en Radiaciones I: “El autor capta la luz, que luego se refleja en el lector. En este sentido lo que el autor realiza es un trabajo preliminar. Lo primero que ha de hacerse es armonizar la muchedumbre de las imágenes y luego valorarlas –es decir: dotarles, conforme a una clave secreta, de la luz que corresponde a su rango. Aquí la luz significa sonido, significa vida que está oculta en las palabras. Esto sería entonces un curso de metafísica realizado entre parábolas: la ordenación de las cosas visibles de acuerdo a su rango invisible. Toda obra y toda sociedad deberían estar estructuradas según ese principio.

Así que el escribir no deja de entrañar un riesgo muy alto, exige un examen y una reflexión más profunda que los que se necesitan para conducir regimientos al combate. Y si aún existen anillos mágicos, estarían en los sitios donde la voluntad de creación vence esa resistencia. El oficio, el ministerio de poetas es uno de los más excelso de este mundo. A su alrededor se concentran los espíritus cuando él transustancia la Palabra; huelen que allí está haciéndose una ofrenda de sangre. No sólo allí son vistas cosas futuras; también son conjuradas o proscritas”.

Sabemos que la cultura occidental llegó a su máxima expresión con el poder de la técnica. Lo que caracteriza indudablemente a los actores es la nivelación de los viejos cultos, la esterilidad de las culturas, la mezquina mediocridad. (Jünger) Existe una correspondencia entre el vaciamiento de los valores de la cultura y la mediocridad. En esta alta civilización técnica, de sociedad de masas y cultura de masas, unos órdenes nuevos han ocupado unas posiciones muy avanzadas, pero los valores correspondientes a esos órdenes aún no se han hecho visibles.

Estamos viviendo una situación ambigua en que el orden nuevo no ha llegado del todo y el viejo no se ha ido. Lo nuevo se viste con la ropa de lo viejo y esto trae confusión en aquellos que no comprenden el paso de una época a otra. En correspondencia con lo expuesto, el ser humano se ha colocado fuera de los valores de la cultura de la Ilustración, del sujeto cartesiano del cogito, la Kantiana comunidad de los seres racionales, o en términos sociológicos, del sujeto ciudadano, titular de derechos y propietario; se sitúa en el umbral de la filosofía del ser y el pensar.

El sujeto se ha salido del sistema de valores éticos y morales de la Ilustración, y, al mismo tiempo, la ciencia y la técnica se han vuelto autónomos. Y los valores devienen cada vez más sustituibles y prescindibles. Y esto genera en la consciencia o, en los centros vitales de la cultura occidental, una fractura fundamental. Se trata que desde el montón de ruinas que la civilización y la cultura dejan a la vera del camino de la historia y de la realidad, reiniciar la reconstrucción en su cultura.

Los ideales de la Ilustración son aquellos que establecen la razón como instrumento del pensar con lógica y racionalidad; no se basan en dogmas religiosos, en ideologías o, en la autoridad, las costumbres, el carisma o las verdades subjetivas; sino que instauran la ciencia y la aplicación de la razón en el mundo natural y humano. Y, a la vez, abogan por el humanismo, el componente moral o ético del ser humano que posibilita la prosperidad de los seres conscientes, las personas, en la búsqueda de la salud, de la felicidad, de la convivencia pacífica, del respeto a la otredad, la seguridad, la libertad y los placeres que ofrece la vida.

Por eso el humanismo se opone a que “la cultura se convierta en “un valor”, es decir, un bien social que puede ponerse en circulación y convertirla en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales e individuales.” (Hannah Arendt). En este orden, el humanismo que nos legó Cicerón es el resultado de la cultura animi, una actitud que sabe cómo cuidar, conservar y admirar las cosas del mundo.

De este modo, el humanista asume la tarea de arbitrar y mediar entre actividades puramente políticas y las de pura elaboración, opuestos mutuos en varios aspectos. Como humanistas, podemos elevarnos por encima de esos conflictos entre el hombre de Estado y el artista, como podemos elevarnos en libertad por encima de las especialidades que todos debemos conocer y buscar. (Arendt).

Ahora bien, si observamos el mundo que ha surgido de las catástrofes de la Primera y Segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que aumenta sin cesar la índole abstracta y, por tanto, también cruel de todas las relaciones humanas. (Jünger). La abstracción aleja al hombre del otro y, de las necesidades morales, materiales y espirituales que comparten en común. Asimismo, la substancia de la solidaridad, la fraternidad, el dialogo o, el amor, se diluyen, en nombre de la estadística, el cálculo y la objetivación de las valoraciones técnicas.

En la actualidad la crueldad no solo está implícita en el Estado técnico y sus instituciones, sino que ahora se ha trasladado a Internet y las redes sociales. Es un tipo de crueldad indolora, pero letal para la mente y el espíritu. En 1930 Jünger, en el ensayo Movilización total, dijo: “Tras un círculo recorrido por la dialéctica artificial, el progreso da un vuelco con el fin de proseguir su movimiento en un plano muy sencillo.

Ahora está empezando a someter a sí los pueblos bajo las formas que ya son poco distintas de las de un régimen absolutista, si se quiere prescindir de la cantidad mucho menor de libertad y bienestar. Son muchos los sitios donde ya casi se ha desprendido la máscara humanitaria; en su lugar aparece un fetichismo medio grotesco medio bárbaro de la máquina, un ingenuo culto a la técnica”.

Es un espectáculo grandioso y terrible ver los movimientos de las masas – unas masas de conformación cada vez más uniforme-, a las que está tendiendo sus redes el Weltgeist, el Espíritu del Mundo. Así que, en la sociedad de masas y la cultura de masas predomina la ciencia, la técnica, la velocidad, lo fútil, el lujo, el dinero, el maquinismo o, la robótica. Y, esto se convierte en una característica de la Gran ciudad moderna. Porque las diferencias entre los seres humanos las diluye el consumo y la conversión de los bienes en “valor”.

En la Gran ciudad existe una relación entre la Civilización del artificio y el lenguaje situado en su parte material. Es decir, situado en un dispositivo técnico. Así, la sociedad de masas y la cultura de masas no sólo tienden a la estandarización, a la Civilización del espectáculo, sino también a establecer relaciones abstractas e inconexas entre los individuos. Que George Simmel el sociólogo de la modernidad llamó, la distancia psicológica entre sus habitantes. Y, en consecuencia, el filisteísmo cultural de las sociedades de masas degrada los valores de la alta cultura y de la cultura popular. Porque los convierte en bien social que pueden ponerse en circulación y convertirse en dinero a cambio de todo tipo de valores, sociales o individuales. (Arendt).

Bueno bien, lo que Jünger pronosticó en la década del 30 del siglo XX, es una realidad cotidiana en la actualidad: el mundo del titanismo, el desarrollo científico-tecnológico, la técnica como “estructura de emplazamiento”, el ser humano convertido en “cosa”, en existencias de “cosas” consumibles y desechables. Observó que “la fotografía: un modo especial de ver, un modo cruel; el cinematógrafo; las relaciones inconexas entre las masas y el dinero; el deporte: pasó de la competición a un proceso de medición exacta, el rostro carente de alma, trabajado como en metal, el rostro en el que se expresa el tipo, o sea, la raza del trabajador; el paso de la muerte mítico-ritual a la fría y distante;

La cosificación y la objetivación del hombre: la segunda consciencia, vernos como un objeto; tránsito a la edad de la seguridad, donde predominan las valoraciones técnicas; el alejamiento de la literatura que describe los más sutiles procesos psicológicos a una especie de relato exacto y objetivo; el trasplante de órganos artificiales; la objetivación de nuestra imagen del mundo, que incide en la relación con el dolor, el sufrimiento, la muerte; los medios de información como medios totales que esconden formas especiales de disciplina, y que el carácter instrumental no se limita a la zona propia del instrumento, sino que intenta someter también el cuerpo humano. (Jünger).

Somos parte entonces de una época de transición donde el ethos (el carácter) clásico da paso al de la ciencia y la tecnología. Donde la idea de progreso no manifiesta en la consciencia de los hombres la esperanza y la seguridad, que brindaba en el siglo XIX. La esperanza de un nuevo y “más auténtico existir del hombre”, mirando a modo de indicación el “Principio de esperanza”, de Ernst Bloch. Principio que establece en oposición a la angustia, el miedo, el dolor y el nihilismo que identifica con Heidegger. No se trata de criticar al sujeto burgués, sino de resarcirlo en la actualidad. Como dice José Molinuevo: “Bloch piensa que se trata de una sociedad en decadencia y de una clase social en retirada. Que reflejan su propia agonía en categorías ontológicas”.

En el mismo orden, se percibe la relación entre el desarrollo de la técnica y los instrumentos bélicos para la guerra. También como la Gran ciudad es el espacio donde la civilización y el progreso se entrelazan y, se oponen a la Cultura. Como la idea de progreso se convierte en instrumento de poder, dominio, manipulación o, coacción del ser humano o, del cuerpo social. Como el progreso coarta la libertad y la igualdad entre las personas.

En este orden del pensar, la lengua se ha situado en su parte material y, deviene objetivada y vacía de contenidos espirituales. Esto genera una degradación de los valores humanísticos y de la condición humana, de la estética de la existencia individual y la filosofía.

Este tránsito de la cultura occidental posibilitó a Jünger pensar la ubicación del hombre en la época actual. Así que, por ejemplo, en la edad de la técnica los medios y los métodos de la conducción de la guerra llevan a cabo modificaciones más rápidas y radicales que las realizadas en épocas anteriores. (Jünger). Lo mismo sucede con la globalización en las comunicaciones artificiales, así que el mundo virtual está remplazando al real. Además, la globalización permite la comercialización, la venta y el consumo en todas sus formas, como la proliferación de los aparatos tecno-militares y las guerras globales.

La técnica, por tanto, no sólo influye en la confrontación bélica, sino que crea modos nuevos de combatir. Y permite percibir la “mortal rivalidad entre la fuerza del hombre y la fuerza de la máquina”. Precisamente, en la historia de la cultura y la civilización occidental, el espacio de lo técnico se relaciona con los instrumentos técnicos para la guerra y las máquinas como una expresión nueva del espíritu.

“El espíritu que viene tomando forma desde hace mucho tiempo dando forma a nuestro paisaje es, de ello no cabe duda, un espíritu cruel”.

Un espíritu que se ha despojado del vestido del humanismo y, ahora deviene con el de la crueldad, la zozobra, la inseguridad, la soledad, el odio, el dolor, el sufrimiento y la muerte. Un espíritu que está siendo jalonado por la informática y la tecnología del proceso de datos, que va de la estadística y la objetivación del ser humano, hasta penetrar en los más sutiles procesos psicológicos que determinan la conducta y la visión que tiene el hombre de sí mismo, del mundo y su realidad.

Pero la realidad vivida en los últimos años nos permite percibir la gran potencia de cambio que están generando las tecnologías de la información; desde los drones, los autómatas, el fluido de imágenes en banda ancha, el paso del átomo a los bits, la seguridad de los Estados y la ciudadanía, hasta el control, la homogenización, la numerificación de las sociedades y del individuo. Estamos viviendo en la actualidad una revolución en la estructura y la función de las sociedades, en la esencia del Ser y del existir, es decir, epistemológicas y ontológicas.    

domingo, 7 de septiembre de 2025

El lenguaje columna vertebral del Humanismo

 

                                    Madrid-España a 06/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 Sabemos por lo acontecido en los últimos tiempos que, en esta alta civilización tecnológica, el hombre asiste a marcha forzada a una ruptura con los lazos culturales, el asombro y la memoria. Se le obliga renunciar a desandar lo andado. Umbral donde la disolución del “Yo” concreto, los contenidos de la lengua, salen mal parados. Podemos decir, son manifestaciones de la existencia donde no existe relación entre el sentido de realidad y la significación de la vida. Esto resulta preocupante para el origen de la cultura Judeo-cristiana y Greco-latina, ya que diluyen las lenguas y los elementos de la civilización moderna. Pero también para el hombre de acción libre e independiente, que desea romper el cerco de las abstracciones, las funciones, los movimientos y las divisiones del trabajo.

Así que, el desarrollo del “canon” científico-tecnológico de las civilizaciones contemporáneas, está develando que la revolución en los lenguajes digitales y la imagen en movimiento, son sólo un débil reflejo de las potencias del espíritu. El espíritu del hombre recibe aquí fogonazos que producen alucinaciones en la conciencia, pero en el fondo, se trata de descifrar el jeroglífico del mundo. Que existe un rayo de luz, por ejemplo, que nos indica las esferas de las profundidades. En la estela del encuentro consigo mismo, es favorable para la naturaleza humana, que se esté dando un giro de la oscuridad a la luz –de los espejismos de la superficie a las profundidades de las criptas, donde mora el sentido de Humanidad.

Desde la perspectiva socio-política mundial resulta preocupante las diferencias en el ámbito de la educación y la cultura, la ciencia y las tecnologías de la información, el ingreso per cápita y el PIB, la cualificación de la mano de obra y las oportunidades de trabajo, bienestar social y respeto a la libertad individual –porque rompen el equilibrio entre los sujetos internacionales y ahondan las diferencias entre individuos y naciones. Podemos vislumbrar que unos utilizan gran parte de la economía de la existencia, al éxito económico y político, al bienestar social, a la educación y la cultura, la ciencia y la técnica; otros que son mayoría, a la supervivencia diaria. Esto representa para la naturaleza esencial del ser humano, una degradación de los órganos vitales y las esferas del espíritu.

En realidad, somos parte de un conjunto de naciones y civilizaciones, donde se prioriza el poder y la economía, las tecnologías y las armas, la eficacia y la eficiencia. Sobre la educación y la cultura, las artes y la música, la filosofía y las humanidades, el lenguaje y los movimientos del pensamiento. Eso que posibilita alcanzar la libertad y dignidad de persona. O, en otros términos, las esferas del espíritu, la ética, la imaginación y el pensamiento, que posibilitan el sentido de la existencia. Esto induce a pensar la esterilidad intelectual y cognitiva de nuestra época. Porque una civilización que prioriza el éxito económico y político, sobre las verdaderas necesidades y esperanzas humanas. Es una civilización que coloca el pathos fuera de la obra. El ser humano “se ha salido de ella; ésta se ha vuelto autónoma”, y ahora éste “deviene cada vez más sustituible y prescindible”.

En la actualidad estamos bajo el dominio de potencias políticas, económicas y tecnológicas y, la deriva del devenir es la instauración de sociedades de control, sumisión, simulación y coacción. Estamos viviendo la lucha atroz de potencias imperialistas y la posible irrupción bélica de orden internacional. Es decir, estamos a las puertas de generar una catástrofe atómica. Pero esto no es tan raro como parece, viendo los líderes de la Gobernanza Mundial.

Como expresó Edgar Morín ante las adversidades y los peligros del presente: “La resistencia primera y fundamental es la del espíritu. Significa resistir a la intimidación de toda mentira blandida como verdad y al contagio de toda embriaguez colectiva. Significa no ceder jamás al delirio de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Exige resistir al odio y al desprecio. Impone una preocupación por comprender la complejidad de los problemas y los fenómenos en lugar de ceder a una visión parcial, unilateral. Requiere investigación, verificación de la información y aceptación de las incertidumbres”.

Así, “nuestro tiempo guarda semejanza con un desfiladero estrecho y funesto por el que se compele a pasar a los seres humanos”. Estas superpotencias (los Estados técnicos absolutos, económica y militarmente poderosos), no sólo juegan con las vidas de los seres humanos, sino también con el destino del hombre como especie sobre la Tierra.

Sorprendidos y anonadados en esta alta civilización tecnológica, nos enfrentamos a marcha forzada, al predominio de los instrumentos técnicos, las máquinas y el automatismo. También a la disolución del “Yo” concreto, de los contenidos espirituales y al sin sentido de la trascendencia. Son manifestaciones del tejido de la existencia que expresan la disyunción entre la realidad y el significado de la vida. En las sociedades contemporáneas, este tipo de contradicción se manifiesta como problema histórico, político, epistémico y lingüístico. Porque toca la esencia del Ser: el lenguaje y el pensamiento.

Si éstos se sustituyen por gramáticas artificiales, la esencia del hombre no responderá a los requerimientos fundamentales de la economía de la existencia. Esto es: al verdadero sentido de humanidad –el amor, la solidaridad, la fraternidad, la esperanza, la libertad, la verdad, la religión, la amistad, la ética, al espíritu; y al respeto de la dignidad del hombre o, a la otredad, etc. Porque son categorías esencialmente lingüísticas y trascendentes. Ya que el mundo del que somos parte, es un mundo lingüístico. Porque lo que comunica la lengua de las cosas y de los hombres, son contenidos espirituales. De ahí la relación entre los fenómenos de la naturaleza y el lenguaje.

Si las palabras encarnan el mundo y la vida de los hombres, y no son ajenas a los medios técnicos, a la política de masas, la ciencia, las artes, la música, al teatro, etc. Las condiciones y posibilidades del lenguaje, responden a las necesidades y esperanzas humanas. Por eso los desaciertos y las atrocidades de los hombres, no son indiferentes al lenguaje, la experiencia y el pensamiento. La barbarie, por así decir, que vivió centro Europa a mediados del Siglo XX, afectó profundamente los órganos vitales de la cultura occidental. Y demostró cuan frágil y deleznable es la vida humana. Esto supuso no sólo la ruptura entre los hombres, también la destrucción del sentido de Humanidad.

Se demostró que la relación entre lenguaje y política, algunas veces se trivializa convirtiéndola en instrumento de opresión, de demagogia, de dominio y exclusión. Más cuando en nombre de la nación, del partido, la ideología, la religión o la cultura, se discrimina, se desprecia, se odia, se humilla y se asesina al ser humano.  Lo cual significa, una vez más, que la relación entre lenguaje y política se convierte en referente para evaluar el estatus de la dignidad humana.

Y, observamos como la razón se pone al servicio de las potencias de la muerte: se configuró en centro Europa, como “el eclipse de lo mesiánico”: la Shoah, una fractura fundamental de la existencia humana. Y, ahora se observa en Ucrania y Palestina. Entender que la historia es cruel y contradictoria, el escarnecido se pone en el lugar del escarnecedor, la victima ocupa el lugar del verdugo, como está pasando en Palestina con respecto a Israel.

Desde otra perspectiva, socio-lingüística e histórica, existen pueblos y naciones ajenos a la evolución de la sintaxis, al asombro de la sensibilidad, a las energías de las gramáticas heredadas. A otros en cambio, se les permite estar a la altura de las circunstancias históricas y lingüísticas. George Steiner lo expresa elocuente en el texto, “Después de Babel”: “Las lenguas son conjuntos totalmente arbitrarios de señales e índices convencionales. Algunas civilizaciones han vivido épocas en que la sintaxis se vuelve rígida, épocas en que se marchitan los recursos disponibles de percepción viva y reformulación. En lugar de actuar como una membrana viva, la gramática y el vocabulario erigen barreras contra los nuevos sentimientos”.

Además, señala que la parálisis de las formas y contenidos idiomáticos, tiene como consecuencia en algunas lenguas, su muerte. Para otras en cambio, las dota de las herramientas necesarias para responder a los requerimientos psicológicos, materiales, éticos y morales de sus pueblos. Si las palabras antiguas y el fundamento semántico común, no responden a los requerimientos de la condición humana, resulta preocupante para la vivacidad de las culturas y las lenguas heredadas. En todo caso, por la primacía de la imagen y los lenguajes digitales están en entre dicho.

La idea de George Steiner trae a colación la preocupación que existe hoy en día, en los estudiosos del lenguaje. Ven por así decir, cómo la lógica interna que organiza las articulaciones espacio-temporales, se degradan y arrastran tras de sí, el idioma común y las significaciones alrededor del “logos” clásico. También, cómo poco a poco el lenguaje natural sede parte de su espacio a los nuevos lenguajes digitales. Perciben que en todas las formas léxico-gramaticales, el sentido de las palabras está cada vez más subordinado a la imagen. Esta trastocación en la cultura occidental reciente, afecta la estructura psíquico-somática y lingüística del hombre. Su mutación repercute en la percepción e interpretación de la experiencia y la realidad.

Esto induce a pensar que la crisis de las civilizaciones actuales, es concomitante con la idea de las Utopías de lo efímero. Se presentan fascinantes y atractivas en la atmósfera del hechizo de los medios de comunicación de masas, la algarabía de los lenguajes digitales y la estridencia de las Plataformas Digitales. Porque presentan la vida y los fundamentos de la existencia como algo insignificante y destinadas al olvido. Esta potencia liberada de todo propósito, constata la inmensa capacidad de los mass-media y los nuevos lenguajes digitales, para instaurar un nuevo orden de existencias.

Así mismo, aprenden a servirse del lenguaje y la imagen “pictórica”, como instrumentos de dominio, de control y de acción sobre los hombres. Son medios prácticamente infalibles. No respetan las reglas de juego, la diferencia entre verdad y falsedad, las fronteras entre pensamiento y realidad, los límites de la imagen y el lenguaje, las esperanzas y posibilidades humanas. No les importa lo que dice o representa la imagen pictórica en movimiento, sino a quién se dice, para qué se dice y cómo se dice. Liberados entonces de sus propósitos éticos y prácticos, morales y estéticos, se convierten ipso facto en instrumentos de poder, coerción y control.

Las Utopías de lo efímero presentan al ser humano en la Sociedad del espectáculo, como un ser sin memoria, sin recuerdos, sin experiencias, sin pensamientos, sin huellas dejadas tras de sí, sin esperanza. Las Utopías de lo efímero no posibilitan que las personas concatenen el pasado con el presente, la actualidad con los mitos, tampoco que vivencien los triunfos, las pesadillas, los sueños, las leyendas, porque presentan al hombre sin memoria situado en el presente-ahora. “La concepción que Hugo saluda en William Shakespeare testimonia lo acaecido: “El progreso es el paso del mismísimo Dios”.

El concepto de autonomía de la voluntad como querer desde la consciencia y la libertad, se degradan aquí tristemente. Además, éstas envuelven en niebla las relaciones entre los hombres por estar inmersos en una especie de hechizo del presente-actual. Su papel como instrumentos de dominio y de coacción, no se les escapa. Porque el ser humano se convierte en objeto de oscuras fuerzas que lo trascienden. Así, al perder las señales de identidad, las particularidades de lo singular y la consciencia de lo trascendente, se entrega al juego de la rutina de la vida cotidiana. Esto coloca al ser humano en una posición crítica, porque no es éste el que guía a los objetos, sino que se deja llevar por ellos y sus espejismos.

Recordemos que la Cultura de lo efímero se contrapone a lo mejor del hombre: el milagro del lenguaje, la sensibilidad, el pensar y el espíritu. Hasta ahora la humanidad y ese milagro han sido indivisibles. Si el lenguaje pierde una parte de los contenidos espirituales que comunica, el hombre se vuelve menos humano. Es en el lenguaje donde el ser humano alcanza la categoría de persona. Por eso la lengua de la estética es la madre de la ética. Es en el ámbito del pensamiento y el lenguaje, donde la filosofía reflexiona el mundo y la realidad. La disolución del lenguaje común por la política, muestra cuanto significa la disminución de humanidad.

Esta reflexión expone polémicamente las energías políticas de la época. Que pueden leerse e interpretarse en las esferas del arte y la literatura. Porque se convierten en la “vanguardia de la libertad y la cultura”. De igual modo muestra las diferencias más sutiles entre los modos y los medios de comunicación técnicos, y su repercusión en los diversos universos del habla. Cómo en la historia de la cultura occidental reciente, es cada vez más difícil que las categorías léxico-gramaticales, la semántica y el vocabulario, posibiliten precisar las verdaderas necesidades y esperanzas humanas.

A la vez develar los intereses del modo de producción global y los “centros de poder” distribuidos en las redes globales. Ahora bien, sí la política es incapaz de aunar palabra y realidad, los recursos imaginativos y verbales se transforman en instrumentos de demagogia, mentiras y despropósitos humanos. Se trata del “choque frontal –dice Walter Benjamín- contra el pasado mediante el presente”. Para que los fenómenos sean “salvados cuando se evidencia en ellos la discontinuidad”. Estos fenómenos no pueden estar al margen del decurso material de la historia y de las verdaderas necesidades psicológicas, morales y materiales del ser humano.

Resulta preocupante que en esta alta civilización técnica y de masas, gran parte de la inteligencia mundial esté comprometida con las nuevas tecnologías de la información, las tecnocracias de las instituciones públicas o privadas, la industria armamentística, las finanzas internacionales, el dinero bancario, las guerras globales, los neo-nacionalismos trasnochados, que desembocan en un profundo malestar moral para la sociedad global. Además, que estén al servicio de los “centros de poder” distribuidos en las redes que tejen y destejen las relaciones de fuerza. Lo que está en juego no sólo tiene que ver con el bienestar o la pobreza de gran parte de la población mundial. Sino fundamentalmente con la permanencia de millones de seres humanos sobre la faz de la tierra.

Este acontecer significa para los que ejercen el poder, una gran responsabilidad moral. Porque la inteligencia mundial debe tener un compromiso ético con los más débiles de las sociedades. Es decir, “un sentimiento de responsabilidad social, así como su convicción de que es un deber de la sociedad proteger al individuo”. Su voz proclamará indignación moral ante ese rostro nuevo de la barbarie y la injusticia, la xenofobia y la exclusión, el racismo y la muerte. Que se expresan en la violencia y el odio, las guerras nacionales y globales, al migrante y desprotegido del poder Total, de aquel que sufre y está batido por el Gran Poder Tecnológico.

En este orden de cosas, “las personas que trafican con ideas no deben ser indiferentes con el mundo que los rodea. No hay duda que el deber de aquellos que tratan con ideas –nos recuerda Isaías Berlín– es ser racional y adecuar la acción a la palabra, vivir vidas integradas, no divorciar sus pensamientos de sus actos y no decirse a sí mismo que ser un profesor o un artista es una profesión tal y como lo son la de un herrero o un contable, que no implican responsabilidades sociales especiales”.

En este orden, más allá de la filosofía utilitaria y del historicismo, los que así piensan son amigos de la humanidad y fervientemente desean que el ser humano se quite la máscara del progreso, la técnica, las ilusiones ópticas o auditivas. Para que se pongan al servicio del hombre de carne y hueso.  De ese que calla y sufre y, se encuentra desprotegido y solo, indefenso ante la fuerza del poder Total. Estas personas formadas para pensar deben desvelar una nueva dirección de los propósitos humanos, que tanta falta hace a la humanidad en general.

martes, 2 de septiembre de 2025

Apostillas sobre la situación actual

 

 

                                                   En Madrid-España a 02/09/2025

 

Antonio Mercado Flórez. Filósofo y Pensador.

 

Vista la situación del mundo actual desde alguna perspectiva histórica, los orígenes de la cultura y la civilización occidental son enteramente grecolatinos y helénico-cristianos, son enteramente “verbalista”. Sabemos que el discurso hablado, escrito y recordado es la columna vertebral de la consciencia. Es algo evidente en la actualidad que el estudio de los medios de comunicación, las redes sociales, las imágenes en movimiento, los algoritmos y la IA. Expresan el deterioro de lo que organizó las articulaciones de tiempo y espacio en el ámbito del lenguaje, que están tocando a su fin. Cada vez más el logos (la palabra y la razón), se subordina a los lenguajes digitales.

Dijo George Steiner, “En el castillo de Barba Azul. Aproximación a un nuevo concepto de cultura”: “Son modos de comunicación autónomos que expresan por sí mismo un creciente campo de tareas activas y contemplativas. Las palabras están deterioradas por las falsas esperanzas y mentiras que han proclamado. El alfabeto electrónico de la comunicación global inmediata y de la simultaneidad no es el antiguo legado de Babel, divisorio, sino la imagen en movimiento”. Estamos viviendo una decadencia de la palabra, de la conversación y de los ideales del discurso literario y poético.

“Estamos retrocediendo hacia una disposición de los “espacios de significación” donde la imagen pictórica” en movimiento, los algoritmos, lo van abarcando todo. La construcción del discurso clásico, el carácter central de la palabra y del ser humano, ceden su espacio al logos situado en su parte material, al sin sentido del discurso y la verborrea demagógica de los políticos y los medios de comunicación de masas. No podemos olvidar que, la magia del entroncamiento del tiempo y la muerte, la vida y la trascendencia, beben de las fuentes del Árbol de la vida y del Árbol de la lengua. Por eso la naturaleza humana es enteramente lingüística.

Sabemos que la contracultura sabe dónde debe comenzar el trabajo de destrucción. La algarabía de los lenguajes digitales, las redes sociales, la demagogia política, el silencio de la juventud, el insulto y la mentira de los políticos, son una triste realidad de lo que vivimos en la actualidad. Preguntamos, ¿de qué se trata realmente ahora? Se trata de llevar a cabo una ruptura total con las historias heredadas, la memoria, la rememoración, los mitos y en particular, con el lenguaje y el pensamiento. Porque detrás de cada destrucción se ocultan relaciones de poder y de saber. Cuando esto sucede en una sociedad la mendacidad del discurso abre las puertas a la falacia de la imaginación, de la mentira, del odio, del engaño y al despilfarro de la existencia. 

La mendacidad del discurso deja al ser humano a merced de fuerzas que no comprende y lo trascienden. De ahí su angustia, sus sufrimientos, la soledad, su dolor, y el desierto espiritual en que se encuentra. Ahora si impedimos el discurso a otros, impedimos sus derechos y su libertad, entonces “la Medusa trabajará hacia dentro”. Trabajará destruyendo la condición humana: la vida, la solidaridad, la fraternidad, la amistad, el amor, el espíritu y los valores éticos, morales y espirituales. “Debemos mantener vivo en nosotros un sentido del escándalo tan abrumador que afecte todo aspecto significativo de nuestra posición en la historia y en la sociedad”.

Preguntamos, ¿el clima bestial de nuestros conflictos nacionales, sociales e internacionales, es algo parecido a un demente retorno a la barbarie? “No hay nada natural en nuestra condición actual”. En el presente-ahora “nuestra familiaridad con el horror es una radical derrota humana”. De ahí que la confianza en la palabra, en el progreso de la justicia y de las relaciones humanas, se reemplaza en la Gobernanza del Mundo por la violencia, el odio, el terror, la guerra y la muerte. De manera que hay relaciones entre el capitalismo de consumo, el armamentismo, el capital financiero internacional, el hombre como almacén de mercancías, la Cultura del artificio y la tendencia a la deshumanización del ser humano. Esto es política.

La nueva barbarie ha adoptado los instrumentos del sadismo que no sólo se aplican al cuerpo, sino también a la sensibilidad y al flujo de consciencia. Así que los aspectos de la técnica y de la práctica política, están dirigidos a la coerción, la manipulación, la homogenización, del espíritu y la conducta humana. Cobra validez la afirmación que existen relaciones entre la uniformización del lenguaje y los medios de comunicación técnicos. En este ámbito el hombre perdió el sentido de realidad y se mueve embriagado en una atmósfera de irrealidades sugestivas. Viendo y escuchando todos los días noticias sobre atentados políticos, masacres, terrorismo, guerras; así los hombres corrientes pierden toda percepción cabal de sí mismos, de la realidad y del mundo. 

Este malestar de la cultura y la civilización occidental, viene acumulándose desde hace tiempo, el aumento de la pobreza, el aumento de las injusticias sociales, el aumento del ritmo de trabajo y de movimiento, el aumento del racismo y la xenofobia, el aumento del nacional-populismo, el aumento de la polarización social y política, el aumento del autoritarismo, etc., que pueden desencadenar instintos de barbarie y devastación. Hemos llegado a este estado vital porque nos falta temple interior, presencia, poder personal y contenidos espirituales, para afrontar el mundo y la realidad. No vemos a las personas y su relación con sus semejantes y las cosas que lo rodean, sino la ropa que visten, el dinero, el poder, la capacidad de consumo, el lujo y las bellas materias. Y, esto ha convertido a hombres y mujeres, en seres desgraciados y dignos de atención y respeto.

Hemos llegado a un estado de postración interior, intelectual y moral, porque toda nuestra fuerza y el temple vital, se ha delegado a los instrumentos técnicos, a las ficciones de la Civilización del espectáculo, al dinero y al poder. Hemos perdido la capacidad de soñar, de asombro y la curiosidad por las cosas cotidianas. “La teoría de la personalidad, tal como se desarrolla desde Hegel a Nietzsche y Freud, es esencialmente una teoría de agresión”. En el análisis de las relaciones humanas, “el amor es fundamentalmente amor de sí mismo y la libido no desea ir más allá de las fronteras del sí mismo interior”. Parece que Freud da en el clavo al decir: “Al final, uno debe comenzar a amar para no enfermarse”.

Uno de los problemas del hombre actual consiste en que su espíritu no capta la catástrofe. Su captación “es más temible que los horrores reales del mundo del fuego. Esa captación es un riesgo que sólo pueden correr los espíritus más osados, los capaces de soportar grandes cargas, de hacer frente a las dimensiones de los acontecimientos, bien que no a su peso” –dijo Ernst Jünger en Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943). Hemos olvidado que la catástrofe cuando es prevista en todos los órdenes; hay que leerla e interpretarla como jeroglíficos. Pero en la actualidad no estamos preparados como lectores. “Si se quiere que la palabra sea eficaz, entonces en ella a de permanecer siempre la magia […] Y, también el amor a de aportar su contribución; él es el secreto de la maestría”. (Ib.).

Sabemos en nuestros momentos racionales, de afluencia de imágenes o de tiempo inspirado, que la visión histórico-política no responde a las esperanzas humanas. De ahí que la pura inversión del mirar indique, que “dentro del ser humano es donde es menester que se desarrolle un nuevo fruto, no en los Sistemas”. En los Estados Tecnológicos Modernos los que ejercen el poder modifican los argumentos del terror, de la violencia o de la guerra, pero no su práctica. La etapa de Trump, de Xi Jinping, de Putin y de Netanyahu, “es la etapa previa al mundo del fuego”.

Un mundo que no tiene consideración con nadie ni con nada. Porque su análogo en la superficie de la tierra es el Infierno. El Infierno se volvió inmanente a la vida cotidiana, los campos de batalla, la geopolítica y el ejercicio del poder. Es la realización deliberada de mentes enfermas y espíritus corruptos, que tienen su propia medida del tiempo en causar dolor, sufrimiento y muerte, al ser humano. La gente lo está perdiendo todo, “salvo un sentido vagamente siniestro de irrealidad”.

El desciframiento de su jeroglífico devela que, “en las cosas visibles están todas las indicaciones relativas al plan invisible. A eso tienden los ensayos de fusionar el lenguaje jeroglífico con el de la razón”. Estamos gobernados por lunáticos, autoritarios, demagogos y populistas, porque los espíritus de nuestro tiempo no son capaces de dar forma a las ideas de nuestro siglo. He ahí una mendacidad de nuestro interior que no da forma a los acontecimientos histórico-políticos del presente-actual.

    Como dice Ernst Jünger: “En una situación en que son los técnicos quienes administran los Estados y los remodelan de acuerdo con sus ideas, están amenazadas de confiscación no sólo las digresiones metafísicas y las consagradas a las Musas, lo está también la pura alegría de vivir”.

En la civilización y la cultura de Occidente reciente, la estructura funcional del lenguaje político y la democracia representativa, están actualmente erosionados. Vivimos con una abundancia de información, que a la vez se convierte en desinformación. Por la velocidad y el sin sentido del lenguaje político, asistimos al quebrantamiento del Estado de Derecho, del Sistema democrático. Las tecnocracias populistas, nacionalistas y de masas se caracterizan por el semialfabetismo. “Este semialfabetismo o subalfabetismo que no puede ser erradicado por la educación masiva se convierte en algo política y psicológicamente aceptable” –dijo George Steiner. Las personas que no tienen educación ni cultura política, no son capaces de hacer juicios políticos verdaderos sobre el ejercicio del poder, el mundo y la realidad.

“El uso de los medios de comunicación llevado a cabo por los políticos y las corporaciones –ambos igualmente totalitarios y excluyentes atacan la intimidad y la elección individual del ser humano. Que han incrementado los procesos de falsificación y deshumanización que siempre han formado parte de las difíciles relaciones entre lenguaje y Estado”. El insulto, las descalificaciones, las amenazas, la falsedad, en el ámbito de la praxis política son expresiones del “fracaso de la palabra en la política”. El predominio de las imágenes sobre las palabras, se convierte en algo trágico para los contenidos espirituales del lenguaje natural. “Los efectos que ellas causan son más fuertes que los causados por las palabras” –dijo Jünger en La Tijera.

Así que, el “fracaso de la palabra en la política” a posibilitado que el planeta adquiera un aura nueva, una epidermis más sensible. “La mudanza es por lo pronto atmosférica y no tiene signos, es como un folio no escrito”. La escritura y la lectura del tiempo actual que está estableciendo la era Trumpista, de proteccionismo rupturista, belicismo, amenazas, donde predomina la vanidad, la codicia y el resentimiento. Que identifican al presidente de Estados Unidos como las puntas de lanza de su ideario y liderazgo político. No es la lucha entre libertad y democracia como hace más de medio siglo, sino la creciente dinámica de pulsiones autoritarias, nacional-populistas de extrema derecha que regulan y controlan el mercado, la vida social, las empresas privadas y la cultura en general.

Preguntamos, ¿somos parte de un mundo en tránsito que se descarrila tal tren sin frenos hacia el abismo de la fuerza, el miedo, la intimidación, la mentira y la muerte? ¿Son estas las claves para solucionar los problemas nacionales y geopolíticos? Sabemos que el mundo está viviendo una etapa de cambios profundos y turbulentos. Así que, el ascenso de China que cuestiona la hegemonía norteamericana; el renacimiento de Rusia para restaurar el imperio que una vez tuvo y, la metamorfosis de EE. UU en la era Trump. Que abandona el modelo que se instauró después de la Segunda Mundial, inclinándose por la unilateralidad y el autoritarismo que agrieta o destruye sus alianzas internacionales.

Ahora bien, ¿qué nos depara la nueva barbarie que se está estableciendo en el ámbito nacional e internacional? ¿Somos parte del mundo que profetizó Nietzsche, sólo como voluntad de poder y nada más? Este mundo es la voluntad de poder - ¡y nada más! Y también ustedes mismos son esa voluntad de poder - ¡nada más! Que tiene como punta de lanza la mentira, la amenaza, la turbulencia, el caos, la violencia y la guerra como armas para ejercer el poder nacional o mundial.

En esta época que aúna el Capitalismo Global y la tecnología, al servicio de la tecnocracia política y el dinero bancario, los fondos de inversión y la tecnología de Inteligencia Artificial generativa, las corporaciones, el Estado técnico y la política, el pensar se encuentra en crisis. Se trata de restaurar la importancia del pensar en la historia de la cultura y la civilización occidental reciente. Porque estamos en una época de demagogos y farsantes del saber y el obrar. Pero, ante todo, en el ámbito político y digital, somos parte de hechos significativos y actores insignificantes.

    Como dijo Jünger: “Nuestra época es pobre en grandes hombres, pero rica en figuras”.