La era de la negación del humanismo
Antonio Mercado Flórez. Filósofo
y Pensador.
Madrid-España a 07/04/2026
En esta época de alto desarrollo
técnico y científico, ¿de qué se trata realmente en la vida del ser humano?
¿qué ocurre cuando se quebranta la fe en el hombre? ¿cuál es el sentido de la
vida cuando no está en el interior de sí misma? En el tiempo actual existe una
desconfianza en el ser humano; en el entorno que lo rodea. Existe, a la vez,
una desconfianza en el Estado técnico,
el Gran Poder Tecnológico y, en el Poder Político y Económico Mundial. Es
decir, en la “selecta minoría” que
ejerce la Gobernanza Mundial.
Casi
siempre de estas condensaciones de tiempo, surge una época de crisis. Por eso
se hace necesario buscar otra idea de hombre, de felicidad, de justicia, lo
bello, lo ético, lo bueno y, en esa medida, el ser humano recupere la fe en sí
mismo y la ilusión de vivir.
Dice Francesco De Nigris: “Hay
épocas que el individuo tiene la posibilidad de vivir más feliz e ilusionado
que en otras épocas. Se trata de épocas que hay confianza en el hombre, que es,
en mi opinión, el estado de las épocas humanistas. En realidad, cada época
tiene su grado de humanismo en la medida que consigue creer en el hombre, y
cada una tiene sus razones antropológicas para serlo.”
En este orden de ideas, la época
contemporánea tiene su propio pathos
(lo significativo para el hombre), que va unido a modos de obrar, sentimientos
o pensamientos diferentes de épocas anteriores. Dado que una comunidad, una
civilización o una cultura, conecta su pathos
a modos de obrar, pensamientos o sensibilidades distintos. El hombre se
confunde y cree que la grandeza, el reconocimiento social, la sabiduría, la
experiencia, la destreza o, el significado de la vida, reside en el pathos dominante. Si esa creencia se
reduce al absurdo por un cambio de paradigmas, de valores, una transvaloración.
Entonces, el auténtico pathos se coloca ahora en otro modo de
actuar, pensar o sentir.
Esto induce a pensar la
esterilidad intelectual y cognitiva de nuestra época. Porque una civilización
que prioriza el éxito económico y político, sobre las verdaderas necesidades y
esperanzas humanas. Es una civilización que coloca el pathos fuera de la obra. El ser humano “se ha salido de ella; ésta
se ha vuelto autónoma”, y ahora éste “deviene cada vez más sustituible y
prescindible”.
Esto sucede en nuestra época con
la revolución técnica en los medios de información, la importancia de la imagen
en la vida o, la primacía de la Inteligencia Artificial generativa. Nos indica
que, somos parte de un tiempo, que colocó su pathos, fuera de él. De ahí se deduce que el valor, el auténtico
valor no reside en la cualidad del ser, sino en algo exterior a él. Se está
dando una trastocación ontológica; en el orden del “Ser” y el “existir”.
El
hierro está al rojo vivo y a punto de desencadenar energías tan potentes, que
hay que mirarlas por la rendija del ser humano, como fenómenos telúricos o
cósmicos.
En la actualidad estamos bajo el
dominio de potencias políticas, económicas, militares y tecnológicas y, la
deriva del devenir es la instauración de sociedades de control, sumisión,
vigilancia, simulación o coacción. Estamos viviendo la lucha atroz de potencias
imperialistas y la posible irrupción bélica de orden internacional. Es decir,
estamos a las puertas de generar una catástrofe atómica. Pero, esto no es tan
raro como parece, viendo quienes son los líderes de la Gobernanza Mundial.
Walter
Benjamín observó que los adelantos en el orden de lo físico, lo material o de
la cosa, en este mundo donde la barbarie penetra todos los ámbitos de la
realidad y de la vida, expresa simultáneamente un olvido de lo inasible, lo
sagrado, la espiritualidad y lo trascendente, que se asocia al olvido del
logos, del habla o la palabra.
Ahora en la actualidad se percibe
en el lenguaje populista, nacionalista y autoritario, de Trump, de Putin y de
Xi. El lenguaje sirve a la demagogia, la mentira, la posverdad y a las falacias
de la Cultura del artificio: medios de comunicación de masas, las redes sociales,
las imágenes en movimiento y, a la subcultura de las Plataformas Digitales y, a
la IA. Porque amenazan la creatividad, el talento y el intelecto, es decir, las
bases de las civilizaciones humanas. Que esconden en sus relatos la destrucción
del Estado de Derecho, las Democracias liberales parlamentarias, la libertad
-de pensar, de expresarse, de escribir-, de imaginar un mundo donde los seres
humanos puedan vivir en tolerancia, en paz y concordia.
En
este orden, libertad significa lucha, riesgo, angustia, pregunta, porque la
verdad es hermana de la “luz” y la “dulzura”, nos enseñan los Evangelios.
Principios cristianos que se entrelazan en una boda nupcial con la palabra
amor.
Sabemos que los megalómanos del
poder imperial tienen especial afecto por la fuerza, la violencia, la guerra,
que no sólo militarizan los conflictos sino también el lenguaje, los gestos,
los ademanes, que configuran la escenografía del ejercicio del poder. Trump,
por ejemplo, utiliza un discurso que militariza la política, el lenguaje
obedece a la guerra como espectáculo mediático. Utiliza un discurso excluyente,
safio, brutal, agresivo y visceral. En Trump las reflexiones del pensamiento,
la conciencia crítica, las esferas de la ética o de la moral, brillan por su
ausencia.
Por eso las escamas que cubren a Leviatán, ya empiezan a resquebrajarse
en muchos lugares del mundo y muestran sus partes blandas. Somos parte de una
época que está desgarrando el Orden Internacional establecido después de la
Segunda Guerra Mundial y la caída del muro de Berlín; por otro, donde el poder
hegemónico de un Nuevo Imperialismo, sitúan a Estados Unidos, Rusia y China, a
la cabeza de ese Nuevo Orden Internacional basado en la tecnología de la
información, la fuerza, el caos, la mentira, la coerción, la violencia o la
guerra.
Por eso el ser humano es capaz de
desvelar el ritmo superior de la historia; el ritmo donde se “redescubre a si
mismo periódicamente”. En el devenir de la humanidad han existido poderes, que
“quieren colocarnos sus máscaras propias, poderes que unas veces son totémicos,
y otras mágicas, y otras técnicas”. En este orden de cosas, existen épocas que
han sumido a los hombres en una degradante miseria moral, material y cognitiva,
cuando sus vidas son arrastradas a la más espantosa destrucción.
Hasta ahora, la “fascinación de
potentes ilusiones ópticas, o auditivas”, generadas por los instrumentos técnicos,
presentan al hombre de hoy, como un simple grano de arena en el desierto. Pero
olvidamos que todos los aparatos -los inventos técnicos, la ciencia, la
industria militar, la IA-, son sólo el “decorado del teatro colocado por una
imaginación inferior”. Olvidamos, que el creador es el hombre de carne y hueso
y, es él a quién le corresponde configurar un sentido nuevo a la existencia.
“Es
posible hacer saltar las cadenas de la técnica; y quien puede hacerlo es la
persona individual”.
Si “las poderosas ficciones de
nuestro tiempo y las amenazas que irradian de ellas”, dan cuenta de la
existencia del hombre sobre la Tierra. En la arena de la historia se percibirán
con la máscara del terrorismo internacional, el juego de las finanzas
internacionales, la guerrilla, el narcotráfico; de gobiernos corruptos,
autoritarios, populistas, que violan los derechos humanos y la libertad; de
Estados donde se degrada la dignidad de las personas o la libertad de
expresión, de escribir, etc. Que en el tejido de las redes sociales y la IA, se
configuran como espejismos o realidades que trascienden los límites de la
existencia.
En lugares de sudarios y sufrimientos, se
desea convertir el mundo en algo adverso a la existencia humana.
Por eso es necesaria la libertad
o, la autonomía de la voluntad o, la fraternidad o, la solidaridad o, el amor,
que es el secreto de la maestría, para que indiquen las sendas de las fronteras
del tiempo y lo trascendente. Porque no podemos olvidar que el hombre es un ser
fronterizo. Así que, una autentica inmersión en la realidad y las profundidades
de la subjetividad, aseguraran desde el individuo la creación de un nuevo
camino existencial.
En la Cultura, estas categorías contribuyen a cambiar la visión de las
cosas, la percepción del mundo y de la realidad o, la existencia individual.
“Pues la descripción de la sociedad que progresa o se descompone va dejando
paso a la confrontación de la persona individual con el colectivo técnico y con
el mundo peculiar de ese colectivo”. La obra poética, por así decir, pone de
manifiesto la superioridad del mundo de las Musas
o, de la Palabra, sobre la técnica.
“El poeta ayuda al ser humano a encontrar el
camino de vuelta a sí mismo: él es un emboscado”. No sólo ayuda al
retorno, también “nos orienta hacia los padres y hacia los órdenes que les
fueron propias”. Posibilita al ser humano remontar las fuentes de las raíces de
la lengua, de la cultura, que nos es propicia.
La literatura prepara al ser
humano para sentir la aniquilación del valor, preguntar sobre la existencia
individual o colectiva, sobre aquello que da nuestra razón de ser. Y por la
magia de la palabra nos enfrenta a la superficialización y simplificación del
mundo técnico y político del que somos parte. Estamos observando como un número
de seres humanos, se vale de la literatura, del arte, la teología o, la
filosofía, del espíritu o la música, para soportar las energías destructoras
del mundo técnico y científico, económico y militar.
Esto es digno de admiración y
respeto en sociedades enloquecidas por el dinero, la política, el lujo, las
bellas materias y las tecnologías de la información, la industria
armamentística, la comunicación llana y simultanea o, la IA.
En
la superficie del mundo ya se están sintiendo sus partes blandas; son síntomas
que indican que soñando nos acercamos a un nuevo despertar.